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Izquierdas

versión On-line ISSN 0718-5049

Izquierdas (Santiago)  no.35 Santiago set. 2017

http://dx.doi.org/10.4067/S0718-50492017000400318 

Artículos

El grupo Iskra y el "modelo leninista" de organización partidaria: Un debate en el seno de la socialdemocracia rusa

The Iskra Group and the "Leninist model" of Party Organization: A Debate within Russian Social Democracy

Daniel Gaido* 

Maximiliano Jozami** 

* Argentina, Ph.D. (2000), Universidad de Haifa (Israel), es investigador adjunto del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (CONICET) danielgaid@gmail.com

** Argentina, Licenciadoen Psicología, Becario CONICET Programa Doctoral, maximilianojozami@gmail.com

Resumen

En marzo de 1902 Lenin publicó un opúsculo titulado ¿Qué hacer? Problemas candentes de nuestro movimiento, en el cual propuso un modelo de organización partidaria para el naciente movimiento socialdemócrata ruso, que debía organizarse a nivel nacional. Dicho libro ha planteado históricamente una serie de interrogantes, de los cuales los más importantes son los siguientes: ¿Estaba Lenin proponiendo un nuevo modelo de organización partidaria (un “partido de cuadros” en contraposición a un “partido de masas”) o simplemente adaptando el ejemplo del Partido Socialdemócrata de Alemania (SPD, el “partido-guía” de la Segunda Internacional) a las condiciones de la clandestinidad rusa y de la lucha fraccional contra los “economistas”, el Bund judío y una serie de organizaciones locales? ¿Representaba dicho modelo de organización partidaria una iniciativa individual de Lenin, o era el proyecto conjunto del grupo que editaba el periódico Iskra (La chispa), que venía publicándose desde el primero de diciembre de 1900 y que organizaría el Segundo Congreso del Partido Obrero Socialdemócrata de Rusia (POSDR) en julio-agosto de 1903? Finalmente: ¿Qué relación existe entre el modelo de organización partidaria propuesto en el libro de Lenin y la subsecuente escisión entre bolcheviques y mencheviques en el Segundo Congreso del POSDR? En el presente artículo intentaremos responder a estas preguntas a la luz de una serie de documentos primarios recientemente traducidos del ruso, así como de la crítica de Vera Zasulich, una de las representantes más destacadas del grupo editorial de Iskra, a la táctica del terrorismo individual empleada por el recientemente creado Partido Socialista Revolucionario ruso, crítica que fue publicada en el órgano teórico de la Socialdemocracia alemana, Die neue Zeit, en diciembre de 1902.

Palabras clave: Partido Obrero Socialdemócrata de Rusia (POSDR); Partido Socialdemócrata de Alemania (SPD); Lenin; Plejanov; Vera Zasulich; ¿Qué hacer?

Abstract

In March 1902, Lenin published a book entitled What Is to Be Done? Burning Questions of Our Movement, proposing a model of party organization for the nascent Russian social democratic movement, which had to be organized nationally. The book has historically raised a number of questions, of which the most important are: Was Lenin proposing a new model of party organization (a "cadre party" as opposed to a "mass party") or simply adapting the example of the Social Democratic Party of Germany (SPD, the backbone of the Second International) to the conditions of Russian autocracy and to the factional struggle against the "economists", the Jewish Bund and a series of local organizations? Did that model of party organization represent an individual initiative of Lenin, or was it the joint project of the group that published the newspaper Iskra (Spark), which had been appearing since the first of December 1900 and which would organize the Second Congress of the Russian Social Democratic Labour Party (RSDLP) in July-August 1903? Finally, what was the connection between the model of party organization proposed in Lenin’s book and the subsequent split between Bolsheviks and Mensheviks at the Second Congress of the RSDLP? In this article we will try to answer these questions in the light of a number of primary documents recently translated from Russian as well as of the criticism by Vera Zasulich, one of the most prominent representatives of the Iskra editorial board, of the tactics of individual terrorism employed by the newly created Russian Socialist Revolutionary Party, a criticism published in the theoretical organ of the German Social Democracy, Die neue Zeit, in December 1902.

Keywords: Russian Social Democratic Labour Party (RSDLP); Social Democratic Party of Germany (SPD); Lenin; Plejanov; Vera Zasulich; What Is To Be Done?

Los orígenes populistas del movimiento revolucionario ruso

El marxismo surgió históricamente en Rusia como una escisión de los Narodniks (Populistas). Según el principal historiador del movimiento, Franco Venturi, el populismo ruso se originó en 1857 con el lanzamiento del periódico Kolokol (La campana), por Aleksandr Herzen y Nikolái Ogariov desde su exilio en Londres. Al mismo tiempo, Nikolái Chernyshevski promovía las ideas populistas en Rusia, mediante el periódico Sovreménnik (El contemporáneo). Su agitación se centraba originalmente en la abolición de la servidumbre, de forma que los campesinos mantuvieran su tierra y su organización comunal aldeana (la obshchina o mir), a la cual los Populistas rusos consideraban como la base para una futura transición directa de Rusia al socialismo, sin tener que atravesar el purgatorio del capitalismo. Tras la abolición de la servidumbre en 1861, sus demandas se concentraron en la abolición de los pagos de rescate y el otorgamiento de libertades democráticas. En 1862, Chernyshevski fue arrestado y confinado en la fortaleza de San Pedro y San Pablo, donde escribió su famosa novela ¿Qué hacer?, cuyo título tomaría prestado Lenin cuarenta años después, para su libro homónimo. El legado de Chernyshevski fue continuado y desarrollado por distintos individuos y organizaciones, incluyendo la primera sociedad secreta “Tierra y libertad” (Zemlyá i Volya) (1861-1864). El movimiento alcanzó la mayoría de edad con la campaña “Bajar al pueblo” de 1874 y, tras su fracaso, con la creación de la segunda organización “Tierra y libertad” en 1876 (Venturi 1975).

Los populistas consideraban a los campesinos como el sujeto de la revolución social y se establecieron en “colonias” agrícolas para realizar una agitación en las áreas rurales, que fracasó en su mayor parte. Su éxito inesperado entre los trabajadores urbanos convertiría posteriormente a algunos de sus miembros, tales como Vera Zasulich, Georgi Plejánov, Pavel Axelrod y Lev Deich, al marxismo. El partido también tenía secciones “desorganizadoras”, que se convirtieron en la base de los grupos terroristas que eventualmente se apoderaron de “Tierra y libertad” (Zemlyá i Volya) a partir de 1878. El gobierno respondió a los atentados contra figuras del gobierno responsables de actos particularmente crueles con una política de terrorismo de estado que sólo logró fortalecer la tendencia terrorista dentro de Zemlyá i Volya. A partir del 1 de febrero de 1878, los atentados ya no fueron realizados por figuras aisladas, sino por un órgano establecido a tal fin por el partido, llamado 'Comité Ejecutivo del Partido Socialista Revolucionario'.

En San Petersburgo, los opositores al terrorismo político se agruparon en torno a Georgi Plejanov y Mijail Popov, quienes solicitaron el apoyo de los activistas que aún estaban en las “colonias”, los llamados derevenshchiki o “los del campo”. En junio de 1879, en los Congresos de Lipetsk y Vorónezh, la tendencia terrorista resultó victoriosa con la institucionalización del “Comité Ejecutivo”, al que se le asignó el rol de órgano dirigente del partido. Plejanov fue el único delegado que se opuso abiertamente a la nueva orientación terrorista en Vorónezh. Al no obtener ningún tipo de apoyo, se levantó y abandonó la reunión. El 26 de agosto de 1879, el Comité Ejecutivo condenó formalmente a muerte al zar Alejandro II y, el 12 de septiembre, se autoproclamó como “una sociedad secreta totalmente autónoma en sus actividades”. Esto marcó el fin de la organización “Tierra y libertad”.

Se acordó que ninguna de las dos secciones utilizaría el viejo nombre Zemlyá i Volya. El grupo dirigido por Plejanov, apoyado por Zasulich, se mantuvo comprometido con la agitación entre el campesinado y adoptó como símbolo la demanda de los campesinos de que toda la tierra debía dividirse equitativamente y distribuirse entre los ex-siervos. Este grupo, por lo tanto, denominó al órgano partidario Chiorny Peredel (“Repartición negra”). Chiorny Peredel fue infiltrado por un agente provocador que logró impedir la publicación de su órgano en Rusia y obligó a Plejanov, Zasulich y Deich a emigrar, pero jugó un rol histórico importante al insistir en la necesidad de retomar el trabajo entre el pueblo en todas las circunstancias, argumentando que “la liberación del pueblo debe ser obra del pueblo mismo”. Aunque todavía sostenía el planteo populista de que el problema agrario era el elemento central de la revolución rusa, Plejanov comenzó a observar en las páginas del periódico Chiorny Peredel (del cual sólo se publicaron cinco números) que “el centro de gravedad del problema económico se está moviendo hacia la industria”. La comprensión de esta idea llevaría a Plejanov y a sus compañeros al marxismo cuatro años después (Venturi 1960, p. 661).

El grupo que prefería llevar las tácticas terroristas a sus últimas consecuencias buscaba enfatizar su decisión de pelear por la realización de la voluntad del pueblo ruso, que consideraban era la destrucción del absolutismo y, por lo tanto, llamaron al órgano político del Comité Ejecutivo Naródnaya Volia (“La voluntad del pueblo”). El primer número de su periódico Naródnaya Volia apareció en octubre de 1879. El quinto número apareció poco antes de que lograran asesinar al zar Alejandro II el 1 de marzo de 1881. La última edición, con el número 11-12, se publicó en octubre de 1885, pero la organización ya había sido aplastada poco después de la ejecución del zar y del ahorcamiento de Rysakov, Zhelyabov, Mijailov, Kibalchich y Sofya Perovskaya el 3 de abril de 1881. Las esperanzas de Naródnaya Volia de que la eliminación del zar iniciara un levantamiento campesino se vieron frustradas: la mayoría de los campesinos consideró su asesinato como una conspiración de la nobleza en represalia por su liberación de la servidumbre. El timón del Estado pasó a manos del zar Alejandro III y su consejero ultra-reaccionario, Konstantín Pobedonóstsev, quien proclamó en un manifiesto fechado el 29 de abril de 1881 “la firme determinación del Soberano de mantener y defender la autocracia” (Venturi 1960, p. 719).

Las tendencias terroristas siguieron resonando durante la década de 1880. Un intento de asesinato en particular tuvo un impacto central en la vida de Lenin: el 1 de marzo de 1887, el día del sexto aniversario del asesinato de Alejandro II, su hermano mayor, Aleksandr Ulyanov, de veintiún años, integró una conspiración para eliminar a Alejandro III. Fue ahorcado, junto con cuatro de sus compañeros, el 8 de mayo de 1887. Lenin, quien en ese momento tenía diecisiete años, declararía luego: "mi camino fue marcado por mi hermano mayor" (Pomper 2010, p. 210).

Georgi Plejanov, Vera Zasulich y el grupo ‘Emancipación del Trabajo’ (1883)

El 12 de septiembre de 1883 se creó en Ginebra el grupo ‘Emancipación del Trabajo’, la primera organización marxista rusa. Sus miembros incluían a Plejanov, Zasulich, Deich, Pavel Axelrod y Vasily Ignatov. A los dos años de su fundación, su fuerza numérica se redujo de cinco a tres integrantes. Ignatov murió poco después, mientras que Lev Deich, pareja de Zasulich, fue arrestado en febrero de 1884 en Alemania por contrabando de literatura de Suiza a Rusia. Posteriormente fue entregado a la Ojrana y exiliado en Siberia occidental, donde permaneció hasta la primavera de 1901 (sus memorias del exilio en Siberia fueron traducidas al inglés, ver Deutsch 1903).

El grupo “Emancipación del Trabajo” comenzó a publicar una “Biblioteca de socialismo contemporáneo” y a introducirla de contrabando en Rusia. Aunque Vera Zasulich (una famosa heroína terrorista que el 24 de enero de 1878 había atentado contra el brutal Gobernador de San Petersburgo, el General Fiódor Trepov, disparándole a quemarropa) era, con mucho, la figura más conocida del grupo, su ideólogo era el joven Georgi Plejánov, hijo de una familia noble, que tenía veintiséis años en 1883. Plejanov había debutado políticamente en diciembre de 1875, al dirigirse a una pequeña multitud, conformada mayormente por intelectuales, frente a la Catedral de Kazán, en San Petersburgo (un hecho inédito en la Rusia autocrática). Posteriormente, Plejanov estuvo activo como propagandista entre los trabajadores industriales en la capital y se opuso a la tendencia terrorista, en el convencimiento de que sólo la acción de las masas podría derrocar a la autocracia y garantizar los derechos democráticos. A principios de 1880, acosado por la policía, emigró: no volvería a Rusia hasta 1917 (Baron 1976).

El primer gran trabajo teórico de Plejanov fue El socialismo y la lucha política (Plejanov 1883), rápidamente seguido por Nuestras diferencias (Plekhanov 1885), donde sometió las teorías populistas a una crítica exhaustiva. Plejanov argumentaba que la “Santa Rusia” se vería sujeta al desarrollo del capitalismo como cualquier otra nación, creando una creciente clase de trabajadores asalariados cuya organización política debía ser la tarea de los revolucionarios, los cuales ya no serían populistas sino marxistas o, en el lenguaje de la época, socialdemócratas.

El libro de Plejanov, El socialismo y la lucha política, marcó la transición del campesinado a la clase obrera como el sujeto revolucionario para la izquierda rusa. Plejanov señalaba que los marxistas “no conciben las tareas de la revolución socialista como ‘la regeneración de todo el pueblo en general’. Intentan organizar a los obreros en un partido especial, a fin de separar en esta forma a los explotados de los explotadores y dar expresión política al antagonismo económico” (Plejanov 1883, p. 12). Insistía en que los intelectuales socialistas “deben ser los dirigentes de la clase obrera en el próximo movimiento emancipador, presentarle con claridad sus intereses políticos y económicos, el nexo recíproco de esos intereses, inducirla a que adopte un papel independiente en la vida social de Rusia. Tienen que esforzarse por todos los medios para que nuestra clase obrera, durante el primer período de la vida constitucional de Rusia, pueda participar como partido especial, con un programa político-social determinado" (Plejanov 1883, p. 58). Y afirmaba tajantemente que dicho futuro partido obrero, si quería ser consecuentemente revolucionario, debía adoptar un programa y una táctica marxista:

Sin teoría revolucionaria no hay movimiento revolucionario, en el sentido verdadero de la palabra. Toda clase que aspira a su emancipación, todo partido político que llega al poder, son revolucionarios solamente en tanto representan las corrientes sociales más progresistas y, por consiguiente, sustentan las ideas más avanzadas de su tiempo. Una idea de contenido revolucionario es como una dinamita, que no puede ser reemplazada por ningún explosivo (Plejanov 1883, p. 46).

En su polémica con Nikolai Mijailovsky, el teórico de Naródnaya Volia que proponía una “sociología subjetiva”, Plejanov insistió en que la historia no es una serie de eventos aleatorios que pueden manipularse a voluntad de acuerdo a algún ideal arbitrario, por más noble que éste sea, sino un proceso regido por leyes. El individuo sólo puede esperar realizar sus ideales subjetivos alineándose con una clase social progresiva, y quienes exaltaban el rol de los “héroes” individuales por encima de la “multitud” se condenaban a sí mismos a la futilidad. La libertad consistía en la aceptación consciente de la necesidad histórica, que imponía a los revolucionarios rusos una serie de tareas políticas codificadas por primera vez en el Programa del grupo “Emancipación del Trabajo” (Plejanov 1895).

El primer programa del grupo “Emancipación del Trabajo”, esbozado en 1884, aún mostraba fuertes influencias terroristas, e incluso el segundo borrador de programa, escrito tres años después y traducido por primera vez al español como Apéndice I al presente artículo, declaraba que los socialdemócratas rusos no se opondrían a “los llamados actos de terrorismo si se muestran necesarios para los intereses de la lucha” (Plekhanov 1887, p. 360). Sería un proceso gradual hasta que el desarrollo de un movimiento de masas convirtiera a los marxistas rusos en adversarios de las tácticas del terrorismo individual. Sin embargo, el paso principal ya había sido dado: Plejanov declaró en su discurso ante el congreso inaugural de la Segunda Internacional, en 1889, que “¡El movimiento revolucionario en Rusia triunfará sólo como un movimiento de la clase obrera o jamás triunfará! (Plekhanov 1889, p. 400, énfasis en el original).

La visión del grupo “Emancipación del Trabajo” acerca del desarrollo histórico de Rusia y de las tareas políticas que de él se desprendían fue corroborada estadísticamente en el texto de Lenin El desarrollo del capitalismo en Rusia: El proceso de formación de un mercado interno para la gran industria (Lenin 1899a). El subtítulo revelaba la intención política subyacente en la enorme obra de Lenin. Los teóricos populistas habían sostenido que el capitalismo no se podía desarrollar en Rusia porque su llegada tardía impedía el acceso de la industria rusa al mercado mundial, mientras que las masas campesinas, debido a su extrema pobreza, no podían proporcionar un mercado interno adecuado para su desarrollo. Lenin mostró que la diferenciación social entre los campesinos ya había dado paso a una importante clase de trabajadores asalariados que sólo crecería en el futuro, y cuya organización debía ser el objetivo de los revolucionarios, porque sólo a través de los trabajadores urbanos podrían llegar a las masas campesinas de las aldeas.

El tamaño de esta nueva clase social, que saltó a la escena nacional por primera vez con la ola de huelgas de los trabajadores textiles de San Petersburgo en 1896, aún era diminuto. De acuerdo a las estadísticas oficiales, había 2,2 millones de trabajadores en las industrias minera y manufacturera en 1900. Si se incluyen los trabajadores no sujetos a las inspecciones fabriles, se obtiene una cifra de aproximadamente dos millones y medio. A esto puede añadirse otro medio millón de empleados en el transporte y unos 300.000 en la construcción en zonas urbanas, llegando a un total de 3,3 millones. Esto equivalía solamente al 2,5 por ciento de la población total de 129 millones en 1897 (Keep 1963, p. 6). Este predominio aplastante de la población rural proporcionó las bases para la posterior aparición del neopopulismo, en la forma del Partido Socialista Revolucionario creado en 1902 (Hildermeier 2000). Pero los trabajadores industriales estaban concentrados en centros clave, desde los cuales, si actuaban de manera organizada, podían ejercer una influencia política infinitamente mayor que su fuerza numérica.

Las “Uniones de Lucha” y el “marxismo legal”

Los distintos círculos de propaganda de la capital se unieron para formar una organización llamada "Unión de Lucha por la Emancipación de la Clase Obrera" de Petersburgo. En diciembre de 1895, antes de que el nuevo órgano pudiera hacer sentir su existencia, seis de sus dirigentes más destacados, Lenin incluido, fueron arrestados. Fue Martov quien, una semana después, le dio a la Unión su nombre y organizó la publicación de sus primeros panfletos; sin embargo, casi no tuvo tiempo para impulsar la organización antes de ser capturado por la policía junto a varios otros dirigentes. Siguieron otros arrestos y, en agosto de 1896, sólo seguía en libertad uno de los diecisiete integrantes del núcleo original, Stepan Radchenko. La Unión no estuvo por ende en condiciones de dirigir a los trabajadores textiles durante su famosa huelga. En el otoño de 1896, Radchenko estaba demasiado ocupado tratando de evitar su propio arresto como para dirigir adecuadamente a la Unión. Aunque mantenía su cargo oficial, la autoridad pasó a un nuevo equipo liderado por Vladimir Majnovets (Akimov), Vladimir Ivanshin y Konstantin Tajtarev. Los nuevos dirigentes de la Unión enfatizaban la satisfacción de las necesidades económicas inmediatas de los trabajadores en detrimento de la lucha política contra el régimen autocrático: éste fue el origen del “economismo” (Keep 1963, pp. 47-79).

Los editores de periódicos críticos del régimen daban lugar a artículos de escritores marxistas, e incluso aparecieron algunos periódicos que difundían abiertamente sus ideas. En el verano de 1896- 7, un grupo de marxistas de Samara dirigidos por Piotr Maslov obtuvo el control de un periódico local, Samarskiy Vestnik (El Mensajero de Samara), que publicó contribuciones de Piotr Struve y varios de sus compañeros. Poco después, apareció en San Petersburgo, bajo la edición de Struve, una exitosa revista mensual, Nóvoye Slovo (La Nueva Palabra). Distintos individuos con posiciones de influencia, particularmente en el campo cultural, desarrollaron simpatías por el marxismo. Entre los “marxistas legales” de San Petersburgo, las figuras más conocidas eran el economista Mijaíl Tugán-Baranovski y el publicista Piotr Struve, quien más tarde se convirtió en uno de los principales ideólogos del liberalismo ruso.

Ya en 1895, Lenin había llamado a la crítica de Struve del contenido económico del populismo un “reflejo del marxismo en la literatura burguesa”, aunque Struve aún pertenecía a los círculos de “marxistas legales” (Lenin 1894). La advertencia de Lenin fue premonitoria: en 1901, Struve se había convertido en un centro de atención en los círculos liberales de zemstvos. Cuando los dirigentes liberales decidieron, en la primavera de 1902, lanzar un periódico clandestino, Struve fue elegido como editor. Osvobozhdenie (Liberación), como se denominó el periódico, comenzó a aparecer en julio de 1902. Como Iskra, se publicaba en el exterior y lo distribuían en Rusia grupos de simpatizantes. Aunque Struve no hacía un planteo abierto a favor de un gobierno constitucional, prefiriendo hablar de la necesidad de 'derechos y un zemstvo omnipotente de toda Rusia', después de unos meses comenzó a plantear la convocatoria a una asamblea constituyente basada en el sufragio universal. En la esfera táctica, Osvobozhdenie planteaba la colaboración con los socialdemócratas. A mediados de 1903, tras la fundación de la liberal Soyuz Osvobozhdeniya (Unión por la liberación), la revista se convirtió en el órgano oficial de la Unión. En 1905, Struve se convertiría en uno de los fundadores del Partido Democrático Constitucional liberal (Kadetes), el principal partido burgués ruso.

El Primer Congreso del Partido Obrero Socialdemócrata Ruso en 1898

En octubre de 1897 se estableció una organización socialista judía llamada “La Unión General de Trabajadores Judíos de Rusia y Polonia” o, simplemente, “el Bund” (Allgemeinen jüdischen Arbeiterbund), de cuyas filas provino uno de los principales dirigentes de la Socialdemocracia rusa,Yuli Ósipovich Tsederbaum, más conocido como Julius Martov. Fue el Bund el que realizó los arreglos prácticos para el Primer Congreso del Partido Obrero Socialdemócrata Ruso (POSDR), celebrado en Minsk entre 1 y el 3 de marzo de 1898. El Congreso designó a la Unión de Socialdemócratas Rusos en el Extranjero como la agencia del partido en el exterior y a la Rabóchaia Gazeta de Kiev como su órgano oficial. Poco después, la policía realizó una redada de vasto alcance sobre el RSDLP, con unos 500 arrestos, incluyendo 175 en Kiev y más de 50 en Moscú. En enero de 1899, la policía decía haber capturado a ocho de los nueve delegados al congreso. Rabóchaia Gazeta dejó de publicarse y el Comité Central se vio paralizado.

El legado más importante del Primer Congreso del POSDR fue el manifiesto escrito por Piotr Struve (quien, como vimos, pronto se convertiría en uno de los principales portavoces del liberalismo ruso), cuyo principal fragmento decía:

Cuanto más hacia el este de Europa nos desplazamos, más débil, cobarde y despiadada es la burguesía en términos políticos, y mayores son las tareas culturales y políticas cuya responsabilidad recae sobre el proletariado. La clase obrera debe cargar y cargará sobre sus anchas espaldas con la causa del combate por la libertad política. Esto es esencial, pero es sólo el primer paso hacia la realización de la gran misión histórica del proletariado, hacia la creación de ese orden social en el que no habrá lugar para la explotación del hombre por el hombre. (…) Al tomar como tarea inmediata del partido la meta de conquistar la libertad política, la Socialdemocracia avanza hacia la meta ya señalada por los gloriosos activistas de la antigua "Voluntad del Pueblo". Pero los medios y el camino que elige la Socialdemocracia son diferentes. Esta elección está determinada por el deseo consciente de ser y mantenerse como un movimiento clasista de las masas trabajadoras organizadas. La socialdemocracia está firmemente convencida de que "la liberación de la clase obrera sólo puede ser obra de la clase obrera misma" y adecuará todo su accionar sin desvíos a este principio fundamental de la socialdemocracia internacional (Daniels 1993, pp. 5-6).

La represión que siguió al Congreso de Minsk de 1898 fortaleció la tendencia a la descentralización y la autonomía local, y contribuyó a la difusión de la tendencia conocida como “economismo”. El partido se transformó en “un informe conglomerado de organizaciones locales (los llamados comités)”, entre los cuales existía un vínculo puramente ideológico (Lenin 1904c, p. 524) Con el colapso de la iniciativa de Minsk, el centro de gravedad del POSDR volvió al grupo de emigrados de Europa Occidental.

Rosa Luxemburg, en su reseña del libro de Lenin Un paso adelante, dos pasos atrás en Die neue Zeit (reseña en la que acusó erróneamente a Lenin de “ultracentralismo” -ver la respuesta de Lenin en Lenin 1904c-), definió correctamente el problema con el que el grupo que editaría el periódico Iskra tendría que enfrentarse a partir de fines de 1900:

El problema sobre el que la socialdemocracia rusa ha estado trabajando desde hace algunos años es el de la transición del tipo de organización por círculos y a nivel local fragmentada y completamente autónoma, que correspondía a la fase preparatoria, predominantemente propagandística del movimiento, al tipo de organización necesaria para una acción política unificada de las masas en todo el estado. Pero como el rasgo distintivo de las viejas formas de organización, que se han vuelto insostenibles y políticamente obsoletas, era la fragmentación y la total autonomía, el autogobierno de las organizaciones locales, la consigna de la nueva fase, la del trabajo organizativo preparado a gran escala, fue, naturalmente, el centralismo. La afirmación de la idea centralista fue el leitmotiv de la brillante campaña de tres años librada por Iskra para la preparación del reciente congreso del partido, que fue de hecho su congreso de fundación; y la misma idea ha dominado a la totalidad de la generación más joven de los socialdemócratas en Rusia (Luxemburg 1904, p. 486).

La tendencia “economista” en Rusia y la controversia revisionista en Alemania

Diez años antes de la celebración del Primer Congreso del POSDR, en 1888, Plejanov se había visto obligado a aceptar la formación de una organización conocida como la “Unión de Socialdemócratas Rusos en el Extranjero”, a la que el grupo “Emancipación del Trabajo” se incorporó a condición de editar sus publicaciones. En la práctica, el órgano nuevo casi no existía. Pero en 1894, Plejanov y sus amigos, desesperadamente escasos de fondos, se vieron obligados a hacer mayores concesiones, y a fusionar su grupo con la Unión de Socialdemócratas Rusos en el Extranjero. Se acordó que seguirían ejerciendo sus tareas editoriales, que incluían la publicación de un periódico titulado Rabotnik (El Obrero), así como una serie de folletos sobre temas de actualidad. En el otoño de 1898, los veteranos estaban aislados políticamente. Cuando la Unión de Socialdemócratas Rusos en el Extranjero celebró su primer congreso en 1898, los oponentes del grupo “Emancipación del Trabajo”, quienes tenían la mayoría, presentaron una moción para aceptar como miembros a dos personas, Boris Krichevsky y Pavel Teplov (“Sibiriak”), cuya candidatura Plejanov y Axelrod objetaron. Ambos manifestaron su desaprobación renunciando a sus derechos como editores de las publicaciones de la Unión de Socialdemócratas Rusos en el Extranjero. El congreso decidió lanzar un nuevo periódico, en lugar del ahora extinto Rabotnik, llamado Rabócheie Dielo (La Causa Obrera), cuya primera edición vio la luz en abril de 1899. El equipo editorial de Rabócheie Dielo estaba integrado, en aquel entonces, por Krichevsky, Teplov, Vladimir Ivanshin, Vladimir Akimov y Alexander Martynov.

Dos de los principales voceros “economistas” eran Sergei Prokopovich, un economista que había emigrado a Suiza en 1896, y su esposa Yekaterina Kuskova. La pareja se trasladó a Bélgica, donde quedaron impresionados por el apoyo masivo del que gozaban las organizaciones obreras belgas y el énfasis que colocaban en los métodos constitucionales de lucha. En una carta a Axelrod durante la primavera de 1898, Prokopovich realizó una comparación poco halagüeña entre el socialismo belga y el ruso, declarando que ni él ni Kuskova seguirían aceptando el programa oficial del Grupo “Emancipación del Trabajo”, como debían hacerlo los miembros de la Unión de Socialdemócratas Rusos en el Exterior (Keep 1963, pp. 55-56).

En 1899, Kuskova escribió el documento “economista” más famoso, el llamado Credo, publicado primero por los adversarios del “economismo” junto con una “Protesta de los socialdemócratas de Rusia”, redactada por Lenin y firmada por diecisiete exiliados políticos en Siberia (Lenin 1899b, donde se reproduce el texto completo del Credo). Partiendo de la suposición de que “las habladurías sobre un partido político obrero independiente son el producto del trasplante a nuestro suelo de objetivos ajenos y de resultados ajenos”, el Credo llegaba a la conclusión de que “para el marxista ruso existe una sola solución: la participación, es decir, la ayuda a la lucha económica del proletariado, y la participación en la actividad liberal de oposición” (Lenin 1899b, p. 176). Lenin señalaba las implicaciones: los socialdemócratas deberían unirse en un frente político común dirigido por los liberales, dejando que los trabajadores luchen sólo por objetivos puramente económicos, y colocando al movimiento obrero bajo la hegemonía ideológica de la burguesía. En

¿Qué hacer?, Lenin escribió que la celebridad del Credo se debía a la franqueza con la que había “revelado la tendencia política fundamental del ‘economismo’: que los obreros se encarguen de la lucha económica (más exacto seria decir: de la lucha trade-unionista (sindicalista), pues esta última comprende también la política específicamente obrera), y que la intelectualidad marxista se fusione con los liberales para la ‘lucha’ política” (Lenin 1902a, pp. 371).

El desarrollo del “economismo” coincidió con el surgimiento de la controversia revisionista en el partido socialdemócrata alemán (Tudor y Tudor 1988). Ante la iniciativa de Eduard Bernstein de convertir a la socialdemocracia en un partido de reformas dentro del marco de la democracia parlamentaria burguesa, Plejanov se dispuso a defender los principios marxistas revolucionarios. Él fue uno de los primeros escritores marxistas de reputación internacional (otros llamados 'ortodoxos' eran Alexander Helphand -Parvus- y Rosa Luxemburg, provenientes del Imperio Ruso) en abrir fuego sobre Bernstein y sus compañeros revisionistas (Plejanov 1898, 1899a, 1899b). Fueron ellos quienes, junto con el disidente británico Belfort Bax, instaron a Karl Kautsky a confrontar el desafío reformista y a convertirse en el principal portavoz del campo “ortodoxo” contra el revisionismo de Bernstein (Kautsky 1899, Bernstein 1899). La consecuencia última de las teorías de Bernstein fue el ministerialismo de Millerand, una versión temprana de la teoría de Stalin sobre el Frente Popular. En junio de 1899, Alexandre Millerand, un dirigente del Parti Socialiste de France, se sumó al “gobierno de defensa republicana” de René Waldeck-Rousseau junto con el carnicero de la Comuna de París de 1871, el General Gallifet, usando como excusa el caso Dreyfus. En ¿Qué hacer? Lenin denunció el “ministerialismo” de Millerand y su conexión con el revisionismo de Bernstein en las siguientes palabras:

Por si la crítica teórica de Bernstein y sus aspiraciones políticas estaban aún poco claras para ciertas personas, los franceses se han cuidado de demostrar palmariamente lo que es el “nuevo método”. Francia ha justificado, una vez más, su vieja reputación de “país en que las luchas históricas de clases se han llevado cada vez a su término decisivo más que en ningún otro sitio” (Engels, del prefacio para la obra de Marx El 18 Brumario de Luis Bonaparte). En lugar de teorizar, los socialistas franceses pusieron directamente manos a la obra; las condiciones políticas de Francia, más desarrolladas en el sentido democrático, les han permitido pasar inmediatamente al “bernsteinianismo práctico”, con todas sus consecuencias. Millerand ha dado un ejemplo brillante de este bernsteinianismo práctico: ¡no en vano Bernstein y Vollmar se han apresurado a defender y a ensalzar tan celosamente a Millerand! En efecto, si la socialdemocracia es, en esencia, simplemente un partido de reformas, y debe tener el valor de reconocerlo con franqueza, un socialista no sólo tiene derecho a entrar en un ministerio burgués, sino que incluso debe siempre aspirar a ello. Si la democracia implica, en el fondo, la supresión de la dominación de clases, ¿por qué un ministro socialista no ha de encantar a todo el mundo burgués con discursos sobre la colaboración de las clases? ¿Por qué no ha de seguir en el ministerio aun después de que los asesinatos de obreros por los gendarmes han puesto de manifiesto por centésima y milésima vez el verdadero carácter de la colaboración democrática de las clases? ¿Por qué no ha de participar personalmente en la felicitación al zar, al que los socialistas franceses no dan ahora otros nombres que los de héroe de la horca, del knut y de la deportación” (“knouteur, pendeur et deportateur”)? ¡Y a cambio de este infinito envilecimiento y autoflagelación del socialismo ante el mundo entero, de la corrupción de la conciencia socialista de las masas obreras —la única base que puede asegurarnos el triunfo—, a cambio de todo esto, unos rimbombantes proyectos de miserables reformas, tan miserables, que se había logrado obtener más de los gobiernos burgueses! (Lenin 1902a, p. 361)

Según Lenin, “el adepto más franco y más honrado del economismo” era el periódico Rabóchaia Misl (Pensamiento Obrero) (Lenin 1902a, p. 371). La “Unión de Lucha por la Emancipación de la Clase Obrera” de Petersburgo lanzó Rabóchaia Misl en octubre de 1897. Después del segundo número, en diciembre del mismo año, una serie de arrestos destruyó al grupo original. El emprendimiento fue absorbido por un grupo de intelectuales. El más destacado de ellos era Karl August Kok, un simpatizante de Bernstein que en ese momento vivía en Berlín y siguió publicando el periódico en el extranjero. A partir de la cuarta edición, que apareció en octubre de 1898, se sumó al grupo editorial de exiliados Konstantin Tajtarev, quien había sido presentado a Kok por Kuskova.

Rabóchaia Misl decía ser la voz de los trabajadores de San Petersburgo, aunque era publicada por un comité editorial de intelectuales exiliados que cultivaban un arrogante desprecio por las controversias teóricas. Los intelligenty (intelectuales), advertían los editores, eran defensores poco fiables de la causa popular, y el partido establecido en Minsk era una creación artificial, que debía ser reemplazada por una unión de trabajadores de base amplia. Su rechazo a los intelectuales, sin embargo, era selectivo, ya que la “Separata” publicada como suplemento a Rabóchaia Misl No. 7, en julio de 1899, incluía un artículo del revisionista Eduard Bernstein, así como un análisis solidario con el revisionismo (Lih 2006, pp. 240-278). Reflejando las ilusiones generadas en algunos círculos obreros por la tolerancia por parte del gobierno a las huelgas ilegales a fines de la década de 1890 (Sergei Zubatov, jefe de la Ojrana de Moscú, crearía sindicatos amarillos), Rabóchaia Misl proclamaba que el objetivo del movimiento obrero era la satisfacción de sus demandas inmediatas en lo económico y lo político. Se entendía a la política como la proyección de esta lucha sindical más que como la preparación ideológica y organizativa para una revolución. El editorial del primer número de Rabóchaia Misl proclamaba que la lucha económica, “la lucha contra el capital en el campo de las necesidades esenciales cotidianas y la huelga como el medio de esta lucha” era “la consigna del movimiento obrero”. Los trabajadores debían agruparse en torno a fondos de huelga, que proporcionarían “medios, no para cursos de formación ni para libros, sino para que haya pan en la mesa cuando la lucha está más caldeada, durante una huelga”. De esta forma, sabrían “que no están luchando por alguna generación futura, sino por ellos mismos y sus hijos” (citado en Lih 2006, p. 278).

Como escribía Boris Savinkov (por entonces un activista socialdemócrata en San Petersburgo y luego un destacado miembro de la “Organización de Combate” del Partido Socialista Revolucionario), en un artículo publicado en abril de 1900:

Mientras la organización activa se dé a sí misma el objetivo de reflejar los reclamos, los puntos de vista y el estado de ánimo de la parte menos avanzada del proletariado fabril, mientras deje sin atención la madurez política de su sector más avanzado, su actividad práctica, sin darse cuenta, tomará principalmente el carácter de una agitación sobre los intereses económicos inmediatos, y el centro de gravedad de esta actividad será la publicación de proclamas que exploten cada hecho individual y cada abuso local en una fábrica (B-v, ‘Peterburgskoe dvizhenie i prakticheskie zadachi sotsial' demokratii’ (“El movimiento de Petersburgo y las tareas prácticas de los socialdemócratas”), Rabócheie Dielo, No. 6, abril de 1900, pp. 28-42, citado en Lih 2006, p. 357).

De este modo, la tendencia economista reflejaba los reclamos inmediatos del sector menos avanzado del proletariado, mientras que, según Plejanov y Lenin, la socialdemocracia debía aspirar a organizar ante todo a su sector más avanzado.

Rabócheie Dielo e Iskra

Aunque Rabócheie Dielo se oponía formalmente al “economismo” (publicó la protesta de Lenin contra el Credo cuando ésta llegó a Ginebra), su actitud era equívoca: planteaba que el Credo era la opinión errada de unos cuantos individuos aislados, y no parte de una tendencia más amplia que incluía a Rabóchaia Misl. Uno de los miembros del comité editorial de Rabócheie Dielo, Boris Krichevsky, proporcionó apoyo a los “economistas” al plantear una “teoría de las etapas”, según la cual los trabajadores llegarían a la conciencia de clase primero que nada a través de la agitación económica. Contra esto, Plejanov argumentó que Rabócheie Dielo estaba bajando la mira del movimiento para adaptarse a los trabajadores más atrasados (Keep 1963, p. 63). En 1899, Krichevsky escribió una serie de informes sobre la situación francesa para el órgano de la socialdemocracia alemana, Vorwärts, donde elogiaba el ministerialismo de Millerand, dando lugar a una agria disputa con Martov y Parvus. Cuando Plejanov descubrió que el revisionismo había infectado la Unión de Socialdemócratas Rusos en el Extranjero, él y los miembros del grupo “Emancipación del Trabajo” rompieron con los “jóvenes”. En marzo de 1900, el grupo “Emancipación del Trabajo” publicó un panfleto agudamente polémico de Plejanov, titulado Un vademécum para los editores de Rabócheie Dielo (versión inglesa en Mullin 2015, pp. 76-163). En abril del mismo año, en el segundo congreso de la Unión de Socialdemócratas Rusos en el Extranjero, Plejanov, Zasulich y Axelrod se fueron, y junto con algunos seguidores, formaron la “Organización Revolucionaria ‘Socialdemócrata’”.

La vieja guardia recibió el apoyo de una nueva camada de activistas recientemente vueltos del exilio en Siberia, que incluía a Martov, Alexander Potresov y Lenin (este último abandonó Rusia y se trasladó a Europa en julio de 1900), lo cual permitió al grupo “Emancipación del Trabajo” refutar la acusación de Rabócheie Dielo de que su “dogmatismo” era producto de su aislamiento de la realidad rusa. Los integrantes de la vieja y de la nueva guardia lanzaron juntos, en diciembre de 1900, un nuevo periódico llamado Iskra (La chispa), nombre tomado de los versos del poeta decembrista Alexander Odóyevski: “Nuestro sacrificio no será en vano / De la chispa brotará la llama”. La “Declaración del comité editorial de Iskra” establecía claramente: “Antes de unirnos, y para poder unirnos, debemos comenzar por trazar una línea de demarcación con decisión y claridad” (Lenin 1900, p. 362). Al mismo tiempo, Plejanov comenzó a editar un órgano teórico llamado Zariá (Amanecer), donde polemizó con los “marxistas legales”, cada vez más liberales.

La falta de principios firmes de Rabócheie Dielo los llevó a hacer un giro de 180 grados durante los “eventos de primavera” de febrero-marzo de 1901, cuando los trabajadores salieron a las calles en apoyo a los estudiantes en protesta. Tras el atentado contra el Ministro de Educación Nikolai Bogolepov por parte de Pyotr Karpovich, un simpatizante del Partido Socialista Revolucionario, el 15 de marzo de 1901, los editores de Rabócheie Dielo se convirtieron no sólo en defensores de la acción política sino incluso del terrorismo individual, lo que obligó a Lenin a recapitular “el punto de vista ya establecido de la socialdemocracia rusa” sobre “el problema del terror” (Lenin 1901, p.

15) y a explicar su plan para “la creación de un periódico político para toda Rusia” como el núcleo en torno al cual se conformaría el futuro partido unificado (Lenin 1901, p. 17).

Cuando se vieron frustradas sus expectativas de una revolución inmediata, los editores de Rabócheie Dielo decidieron sumarse a una organización común con Iskra, firmando a ese fin una declaración de principios conjunta en junio de 1901, en la que renunciaban a su apoyo previo al revisionismo, pero luego se retractaron, lo que llevó a la ruptura final. El conflicto entre Iskra y Rabócheie Dielo finalmente alcanzó un nivel crítico en octubre de 1901, con la celebración del tercer congreso de la Unión de Socialdemócratas Rusos en el Extranjero. Tras la ruptura, el grupo Iskra creó su propia organización de emigrados, llamada la “Unión en el Extranjero de la Socialdemocracia Revolucionaria”. Durante el transcurso de 1901, Rabócheie Dielo perdió influencia sistemáticamente, y en febrero de 1902 dejó de publicarse por completo (Keep 1963, pp. 86-87).

El desarrollo de un movimiento de masas en Rusia en 1901-1902

El desarrollo de un movimiento de masas en Rusia había sido augurado por las protestas que estallaron en la Universidad de San Petersburgo en febrero de 1899, que fueron reprimidas por la policía. El castigo infligido el año siguiente a los estudiantes que habían tomado parte en la protesta dio lugar a una nueva ola de protestas. Más de doscientos estudiantes fueron reclutados forzosamente al ejército en el otoño de 1901. A las marchas estudiantiles en San Petersburgo y Moscú se sumaron trabajadores, y fueron dispersadas por tropas cosacas durante los “eventos de primavera” de febrero-marzo de 1901. Estos eventos culminaron en el asesinato del Ministro de Educación Bogolepov por parte de Karpovich, un estudiante expulsado, el 14 de marzo de 1901, y en una movilización masiva en la Plaza Kazán en San Petersburgo, el 4 de marzo de 1901.

Mientras tanto, en mayo de 1900, varios miles de personas habían marchado en procesión por las calles de Jarkov. Las consignas en sus pancartas incluían demandas de derechos civiles, así como una jornada laboral de ocho horas. En agosto de 1900 hubo una huelga de dos semanas por parte de los ferroviarios de Tbilisi, la capital de Georgia, y el 1 de mayo de 1901 se realizaron manifestaciones en varias ciudades. Poco después, en la fábrica de armas de Obujov, cerca de San Petersburgo, tuvo lugar una batalla campal entre huelguistas y la policía, reforzada por tropas; hubo muchos arrestos y se envió a juicio a 37 hombres.

Hubo derramamiento de sangre en Batumi, Georgia, en marzo de 1902, cuando las tropas enfrentaron a trabajadores petroleros que protestaban contra despidos. Al menos 14 personas murieron y unas 80 fueron heridas. En 1902, el primero de mayo se celebró a una escala más extensa que nunca, con reuniones y manifestaciones en 36 localidades. Hubo serias revueltas campesinas en la primavera de 1902 en las provincias de Poltava y Jarkov. Los manifestantes fueron brutalmente reprimidos y obligados a compensar a los propietarios de las tierras por daños a sus propiedades (Keep 1960, pp. 70-71).

Fue este contexto de crecientes movilizaciones y choques con las fuerzas de represión el que hizo que los problemas organizativos abordados por Lenin en ¿Qué hacer? adquirieran una actualidad urgente

Lenin: ¿Qué hacer? Problemas candentes de nuestro movimiento

En su libro ¿Qué hacer? Problemas candentes de nuestro movimiento, publicado en marzo de 1902, Lenin enfatizó la conexión entre el “economismo” ruso y el revisionismo alemán, y rechazó la “libertad de crítica” revisionista. Parafraseando a Plejanov, afirmó: “Sin teoría revolucionaria, no puede haber tampoco movimiento revolucionario” (Lenin 1902a, p. 376). Destacó el rol de la conciencia, en contraste con el elemento espontáneo en el desarrollo de un movimiento obrero socialista. Citó a Karl Kautsky, quien en su artículo “La revisión del programa de la socialdemocracia en Austria”, había escrito que “la conciencia socialista es algo introducido en la lucha de clases del proletariado desde afuera, no algo que surja naturalmente de ésta” (‘Das sozialistische Bewußtsein ist also etwas in den Klassenkampf des Proletariats von außen Hineingetragenes, nicht etwas aus ihm urwüchsig Entstandenes’, Kautsky 1902, p. 80). Según Lenin, la historia de todos los países mostraba que, espontáneamente, contando solamente con sus propios esfuerzos, la clase obrera era capaz de desarrollar sólo una conciencia “sindicalista”, y “la política trade-unionista (sindicalista) de la clase obrera es precisamente la política burguesa de la clase obrera” (Lenin 1902a, p. 433):

Se habla de espontaneidad. Pero el desarrollo espontáneo del movimiento obrero marcha precisamente hacia su subordinación a la ideología burguesa, marcha precisamente por el camino del programa del “Credo”, pues el movimiento obrero espontáneo es trade- unionismo, es Nur-Gewerkschaftlerei (lucha “únicamente sindical”), y el trade-unionismo implica precisamente la esclavización ideológica de los obreros por la burguesía. Por esto es por lo que nuestra tarea, la tarea de la socialdemocracia, consiste en combatir la espontaneidad, consiste en apartar el movimiento obrero de esta tendencia espontánea del trade-unionismo a cobijarse bajo el ala de la burguesía (Lenin 1902a, pp. 391-392).

Una revisión anónima del libro de Lenin, publicada en el periódico liberal de Struve Osvobozhdenie

(Liberación) resumía las cuestiones en disputa del siguiente modo:

El programa (de los “economistas” delineado en el Credo) sostiene que el sueño de crear un partido político basado en los trabajadores no puede llevarse a cabo y, precisamente por eso, es dañino. El proletariado ruso, dicen los defensores de este programa, aún no ha madurado lo suficiente para comprender demandas políticas específicas; por ahora sólo es capaz de luchar por sus necesidades económicas. El trabajador ruso aún no siente necesidad alguna de libertad política, no puede elevarse a una lucha con la autocracia, se siente atraído sólo por la lucha por salarios más altos y una jornada laboral más corta. Pero un programa de este tipo, dada la naturaleza misma de la vida rusa actual, no tuvo y no podía tener ningún éxito. En un país que tiene un régimen despótico como el nuestro en Rusia, en un país donde los derechos democráticos elementales como el derecho de libre expresión, de reunión y demás, no existen, donde cada huelga obrera es considerada un crimen político y los trabajadores son forzados mediante balas y látigos a volver al trabajo - en un país así, ningún partido puede restringirse al estrecho marco de una lucha exclusivamente económica. Y el Sr. Lenin protesta con justicia contra un programa de ese tipo. Basándose en el hecho de que una sección definida del proletariado ruso ya ha madurado a una comprensión de la necesidad de la lucha contra la autocracia, considera posible y necesario llevar a cabo una lucha no sólo por las demandas económicas inmediatas del proletariado, sino también por la transformación de la forma de gobierno existente (Osvobozhdenie, Kn. 1, 1903, pp. 235-5, citado en Lih 2006, pp. 212-213).

La reseña citaba luego el siguiente pasaje de ¿Qué hacer?, que muestra que Lenin quería transformar no solamente “la forma de gobierno existente”, sino la sociedad entera:

El ideal del socialdemócrata no debe ser el secretario de una trade-union, sino el tribuno popular, que sabe reaccionar contra toda manifestación de arbitrariedad y de opresión, dondequiera que se produzca y cualquiera que sea la capa o la clase social a que afecte; que sabe sintetizar todos estos hechos para trazar un cuadro de conjunto de la brutalidad policíaca y de la explotación capitalista; que sabe aprovechar el menor detalle para exponer ante todos sus convicciones socialistas y sus reivindicaciones democráticas, para explicar a todos y a cada uno la importancia histórico-mundial de la lucha emancipadora del proletariado (Lenin 1902a, p. 430).1

Lenin planteaba que la raíz de la crisis que afectaba al POSDR era la falta de unidad resultante de sus “métodos artesanales” (kustarnichestvo) de organización, como los llamaba, en referencia al trabajador artesanal ruso, el kustar. La tarea inmediata era construir una organización centralizada de revolucionarios profesionales, conformada por hombres que no tuvieran otra ocupación más que la actividad política clandestina, y que fueran capaces de llevar a cabo un trabajo organizativo en el más estricto secreto bajo el estado zarista autocrático. El embrión de dicha organización ya existía - era la red de activistas profesionales que producían y distribuían el periódico político para toda Rusia, Iskra, editado en el extranjero para garantizar su continuidad ante la persecución política, e introducido por contrabando a Rusia.

Lenin mismo describió el contenido de su libro, cinco años más tarde, de la siguiente manera: “¿Qué hacer? es el compendio de la táctica y de la política iskrista en materia de organización durante los años 1901 y 1902. Un ‘compendio’, ni más ni menos. Quien se tome el trabajo de ver la Iskra de 1901 y 1902, indudablemente se convencerá de ello” (Lenin 1907, p. 96). Lenin afirmaba que el libro estaba “consagrado a la crítica del ala derecha (revisionista, cuyo referente internacional era Eduard Bernstein), no ya en las corrientes literarias, sino en la organización socialdemócrata” (Lenin 1907, p. 94). E insistía en que no había intentado desarrollar un nuevo modelo de partido, sino simplemente explicar la táctica y el accionar del grupo Iskra: “El folleto ¿Qué hacer? expone sistemáticamente las causas de la divergencia (con la “Unión de Socialdemócratas Rusos en el Extranjero”) y el carácter de la táctica y de la actividad orgánica iskrista” (Lenin 1907, p. 95). Y finalizaba afirmando el carácter coyuntural de la polémica: “El error principal de los que hoy polemizan con ¿Qué hacer? consiste en que desligan por completo esta obra de una situación histórica determinada, de un período concreto del desarrollo de nuestro partido que ha pasado hace mucho” (Lenin 1907, p. 95). Lenin hacía referencia en esta frase al estallido de la revolución rusa de 1905 y a la consecución, como resultado de la misma, de ciertas libertades democráticas, tales como el derecho a sindicalizarse y la celebración de elecciones a la Duma (parlamento), libertades arrancadas al zar por la huelga general que dio lugar a la proclamación del “Manifiesto de Octubre”.

La controversia en torno al primer párrafo de los estatutos

La disputa comenzó, como es bien sabido, en torno al párrafo 1 de los Estatutos, escrito por Lenin, pero apoyado plenamente por Plejanov durante el congreso. Según la versión que Lenin dio de los hechos:

El artículo 1 de los estatutos define quién es miembro del partido. En el proyecto presentado por mí, se daba la siguiente definición: “Se considerará miembro del Partido Obrero Socialdemócrata de Rusia a quien acepte su programa y apoye al partido, tanto financieramente como mediante su participación personal en una de sus organizaciones”. Martov proponía que en vez de las palabras que he subrayado se dijera: colabore personalmente con el mismo de un modo regular bajo la dirección de una de sus organizaciones. Mi fórmula contaba con el apoyo de Plejanov; la de Martov, con el de los demás miembros de la Redacción (ante el Congreso la apoyó Axelrod). Nosotros sostuvimos que era necesario restringir el concepto de miembro del partido para separar a los que trabajan de los que simplemente charlan, para acabar con el caos en materia de organización, y con la monstruosa y absurda posibilidad de que existieran organizaciones que, aun estando integradas por miembros del partido, no fueran organizaciones de partido, etc. Martov proponía ampliar el partido, y habló del amplio movimiento de clase que requería una organización amplia (es decir, difusa), etc. ¡Es curioso que casi todos los partidarios de Martov se remitieran en apoyo de sus ideas al ¿Qué hacer?! Plejanov se opuso vivamente a Martov, señalando que su fórmula jauresista abría las puertas a los oportunistas, quienes no podían desear nada mejor que estar en el partido sin pertenecer a su organización. “Bajo control y dirección” —dije yo— significa que no habría control ni dirección. Martov obtuvo la victoria en este caso: fue aprobada su fórmula (por una mayoría aproximada de 28 votos contra 23, o algo así, no recuerdo exactamente), gracias al Bund, el cual, por supuesto, percibió al instante donde estaba la brecha y aportó sus cinco votos a favor de la “peor alternativa” (¡así fue, en efecto, como el delegado de Rabócheie Dielo explicó su voto a favor de Martov!). La acalorada discusión librada en torno del § 1 de los estatutos y la correspondiente votación pusieron de relieve una vez más el agrupamiento político que existía en el Congreso y demostraron de manera palpable que el Bund + Rabócheie Dielo podían decidir la suerte de cualquier asunto, apoyando a la minoría de los iskristas contra la mayoría” (Lenin 1903d, pp. 29-30)

En su intervención en el debate sobre el párrafo 1 de los Estatutos, Lenin recordó que en su libro

¿Qué hacer? había propuesto “toda una serie de diversos tipos de organización, desde los más conspirativos y más restringidos hasta los relativamente más amplios y ‘libres’” (Lenin utiliza el término alemán lose). Pero al mismo tiempo advirtió “que el partido debe ser sólo el destacamento de vanguardia, el dirigente de la inmensa masa de la clase obrera, que actúa toda ella (o casi toda) ‘bajo el control y la dirección’ de las organizaciones del partido, pero que en su conjunto no pertenece ni puede pertenecer al ‘partido’” (Lenin 1903c, pp. 548-549). Lenin afirmó que, de ser aceptada la definición de Martov, el Comité Central no estaría en condiciones de ejercer un control real sobre los que trabajaban para el partido, pero no pertenecían a ninguna de sus organizaciones:

En las condiciones de actividad política en que debemos trabajar, dado el estado rudimentario de la actual organización política, sería sencillamente peligroso y nocivo conceder los derechos de miembro del partido a quienes no son miembros de una organización del partido, responsabilizar a éste por personas que no integran una organización (y que tal vez no se afiliaron deliberadamente) (Lenin 1903c, p. 550).

Los partidarios de Martov utilizaron su breve período de superioridad numérica en el Congreso antes de que se retiraran los delegados del Bund para modificar los Estatutos del partido redactados por Lenin. En la votación, la formulación de Lenin fue rechazada por 28 votos contra 23, mientras que la fórmula de Martov fue aceptada por 28 votos contra 22, con una abstención. Adjuntamos al presente artículo una versión castellana de los Estatutos organizativos del POSDR resultantes de esta votación, como Apéndice III.

En su famoso ensayo Un paso adelante, dos pasos atrás (La crisis en nuestro partido), escrito en mayo de 1904, Lenin definió la formulación de Martov como un “pequeño error”, que sin embargo tuvo enormes consecuencias debido a la dinámica posterior de los acontecimientos: “El pequeño error del camarada Martov y del camarada Axelrod fue y pudo seguir siendo un error pequeño hasta que se convirtió en el punto de partida para una alianza duradera entre ellos y toda el ala oportunista de nuestro partido” (Lenin 1904b, p. 374).

Las exégesis posteriores del debate en torno al párrafo 1 de los Estatutos han tendido a centrarse en los requisitos personales para la definición de miembro del partido, y sin duda dichas discrepancias existieron. Por ejemplo, Pavel Axelrod, uno de los miembros fundadores del grupo “Emancipación del Trabajo” y futuro líder del menchevismo, afirmó: “tomemos por ejemplo a un profesor que se considera a sí mismo un socialdemócrata y así lo declara. Si adoptamos la fórmula de Lenin, estaremos tirando por la borda un sector de aquellos que, incluso si no pueden ser admitidos directamente a una organización son, no obstante, miembros” (RSDLP 1903a, p. 308). A lo cual Plejanov -otro de los miembros fundadores del grupo “Emancipación del Trabajo”, pero aliado de Lenin en el congreso- respondió mordazmente:

Según el borrador de Lenin, sólo alguien que entra en una organización particular puede ser considerado un miembro del Partido. Aquellos que se oponen a su borrador dicen que éste causará dificultades innecesarias. ¿Pero en qué consisten estas dificultades? Hablan de personas que no quieren entrar o no pueden entrar en alguna de nuestras organizaciones. Pero, ¿por qué no pueden? Como alguien que ha tomado parte en las organizaciones revolucionarias rusas, digo que no admito la existencia de condiciones objetivas que constituyan un obstáculo insuperable para que entre cualquiera. Y en cuanto a esos caballeros que no quieren entrar, no les necesitamos. Aquí se ha dicho que algunos profesores que simpatizan con nuestras posiciones podrían encontrar humillante entrar en una organización local. En esto, recuerdo a Engels diciendo que donde el destino de uno es el de tratar con profesores, te tienes que preparar para lo peor (carcajadas). El ejemplo es, de hecho, uno particularmente malo. Si algún profesor de Egiptología considera que, como sabe de memoria los nombres de todos los faraones y todas las oraciones que los egipcios rezaban al toro Apis, entrar en nuestra organización se encuentra por debajo de su dignidad, no tenemos necesidad de ese profesor. Hablar del control del partido sobre personas que están fuera de la organización es simplemente jugar con las palabras. En la práctica semejante control es imposible (RSDLP 1903, p. 321).

Pero ya en los debates durante el Segundo Congreso el propio Martov reconoció que la discusión giraba no sólo en torno a la definición de los miembros individuales del partido, sino también de las organizaciones que quisieran pertenecer a él4:

Para Lenin no existen organizaciones dentro del partido que no sea las organizaciones del partido. En mi opinión, por el contrario, deben existir estas organizaciones. La vida crea y engendra las organizaciones con mayor rapidez de lo que podemos incluirlas en la jerarquía de nuestra organización combativa de revolucionarios profesionales. (...) Creo que si este tipo de organización está preparada para aceptar el programa del partido y el control de partido, entonces podemos admitirla al partido, sin convertirla por eso en una organización del partido (Harding 1983, note 279).

Según el propio Martov lo reconoció en su Historia de la Socialdemocracia rusa, redactada en 1919, los mencheviques demandaban “una cierta autonomía para los comités locales y una cierta libertad de movimiento para el Comité Central (residente en Rusia) en la implementación práctica de las directivas partidarias” emanadas del Consejo del Partido y del Consejo de Redacción del Órgano Central Iskra, ambos residentes en el extranjero para evitar redadas policiales como las que desarticularon al partido luego de la celebración de su primer congreso en 1898 (Martow 1919, p. 83). Además de “una mayor independencia de las organizaciones locales”, los mencheviques demandaban “una posición más moderada hacia los elementos oportunistas” (Martow 1919, p. 82). Mediante estas concesiones al localismo y al oportunismo, los mencheviques esperaban “facilitar la integración de las tendencias vencidas del partido -de los ‘economistas’ de diferentes matices- dentro del partido unificado” (Martow 1919, p. 81). Por supuesto, Martov justificaba estas concesiones como necesarias para combatir “el centralismo extremo así como las tendencias conspirativas y dictatoriales de Lenin” (Martow 1919, p. 87).

Para comprender la escisión de Iskra en el segundo congreso del POSDR es necesario consultar no solamente sus minutas (ver la edición inglesa en RSDLP 1903a), sino también los comentarios posteriores sobre el congreso escritos por varios participantes en el mismo (Mullin 2016). En el Informe de la Delegación Siberiana sobre el Segundo Congreso del Partido Obrero Social- Demócrata de Rusia -un documento políticamente muy débil- Trotsky aporta algunas precisiones al respecto:

No es un secreto para nadie que en toda una serie de ciudades hay, al lado del Comité del Partido, una gran oposición organizada (Petersburgo, Odesa, Ekaterinoslav, Vorónezh...). La fórmula del camarada Lenin pone a los miembros de todas estas Organizaciones Obreras fuera del Partido, cuando sus ediciones han aparecido siempre bajo su patrocinio. Para no excluir del Partido a estos grupos, el Comité central habría debido declararlos -según la fórmula de Lenin- organizaciones del Partido. Pero no lo hará, no podrá hacerlo porque no están construidas según los principios que el Partido juzga adecuados. Sólo queda decir a los miembros de estas Organizaciones: Señores, si ustedes desean seguir en el Partido, disuélvanse y adhiéranse a las organizaciones legales del Partido (Trotsky 1903).

Pero, en opinión de Trotsky, “la Organización Obrera se preocupará poco de saber si es ‘miembro’ o no, y no se disolverá”. Trotsky temía por ende que el centralismo condujera a la exclusión del partido de toda una serie de organizaciones locales, lo que lo llevó a apoyar temporalmente a los “blandos” enrolados detrás de la fórmula de Martov. En su opinión, el Partido “haría mejor reeducando, reestructurando y utilizando racionalmente todas las Organizaciones obreras posibles, engendradas durante la época de descomposición del Partido”:

La fórmula de Martov puede convertirse en un instrumento excelente en manos del Comité Central (y Martov mismo lo ha indicado). “Si ustedes desean permanecer en el Partido, les dirá a los representantes de la Organización Obrera, deben ponerse bajo la dirección de la organización del Partido, el Comité local”. Esto bastará para que la Organización Obrera acepte entre ellos a un representante del Comité, y éste intentará (!) hacer pasar en los hechos la “línea” conforme a los puntos de vista generales del Partido, sólo por la fuerza de su influencia, bien entendido (Trotsky 1903).

Este “intentará” revela el carácter de compromiso de la fórmula de Martov, que en la práctica conduciría a la fracción menchevique a llegar a acuerdos con antiguos oponentes de Iskra -como Lenin lo denunció en repetidas ocasiones- y a comprometer la idea misma de centralizar el accionar del partido que había guiado al grupo Iskra desde sus inicios.

Una versión similar de los hechos aparece en la “Carta a los camaradas sobre el Segundo Congreso del POSDR” de Pavlovich (Petr Krasilov), un partidario de Lenin y, al igual que Trotsky, delegado al segundo congreso. Tanto Pavlovich como Trotsky, a pesar de estar en lados opuestos de la escisión de Iskra, compartían una comprensión común de las fórmulas diferentes para el párrafo uno: ambos veían la versión de Martov como un resquicio constitucional que habría permitido a los grupos fraccionales oficialmente disueltos en el Segundo Congreso -organizaciones locales como Iuzhni Rabochi (Obrero del Sur), los partidarios de Rabócheie Dielo (Causa Obrera), el grupo Borba (Lucha, formado en París en el verano de 1900 por David Riazanov, Yuri Steklov y Emmanuil Gurevich) y los “economistas” de la “Unión de Socialdemócratas Rusos en el Extranjero”- continuar operando dentro del POSDR (Pavlovich 1903, Trotsky, 1903). De tal modo, los grupos opuestos a Iskra y toda una serie de grupos puramente locales no tendrían que disolverse e integrarse a los comités locales del POSDR para que sus miembros siguieran siendo parte del POSDR. Utilizando la definición de miembro del partido, Lenin estaba tratando de forzar a estos grupos a fusionarse con los comités, mientras que Martov les permitía permanecer independientes. En este sentido, la diferencia era tanto acerca de los derechos y responsabilidades de las organizaciones y fracciones que se consideraban a sí mismas parte del POSDR, como acerca de los derechos y responsabilidades de los miembros individuales del partido, a pesar de que la primera consideración apenas se refleja en las actas del Segundo Congreso.

Los partidarios de Iskra que temían una escisión con las facciones no-iskristas en el Congreso, liderados por Martov, trataron de llegar a diversos compromisos con estas facciones, y en el proceso escindieron Iskra, creyendo que podían formar una mayoría contra los “duros” (que en aquel entonces incluían no solo a Lenin sino también a Plejanov) usando los votos de los bundistas, de los “economistas” y de delegados indecisos. Martov esperaba incluir en el Comité Central al menos un partidario del periódico centrista Iuzhni Rabochi (Obrero del Sur), y pensaba que esta iniciativa sería apoyada por los partidarios del Bund, por los economistas de Rabócheie Dielo y por los pocos neutrales en el Congreso, debido a la incapacidad de estos grupos para presentar una lista propia. Este plan fracasó cuando los representantes del Bund se retiraron del Congreso, porque habían recibido instrucciones vinculantes de su propia organización de abandonarlo si sus pautas federativas de organización no eran aceptadas. Las propuestas del Bund fueron rechazadas por todas las otras facciones en el Congreso, por lo que sus cinco delegados abandonaron el Congreso, seguidos por los representantes de la “Unión de Socialdemócratas Rusos en el Extranjero”, privando a los iskrisitas “blandos” (martovistas) de su mayoría y transformándolos en miembros de la minoría (mensheviki).

El viraje de Plejanov

Al no haber obtenido una mayoría en el Consejo Editorial de Iskra, el nuevo plan de los martovistas fue el boicot de los órganos centrales del partido -el Comité Central, la redacción de Iskra y el Consejo del Partido- y la creación de un aparato fraccional "menchevique" para agitar a favor de un boicot similar por parte de los comités locales. El objetivo declarado de esta campaña era conseguir un cambio en la composición personal de estas instituciones que devolviera el predominio en el Consejo Editorial de Iskra a los partidarios de Martov. En Un paso adelante, dos pasos atrás, Lenin atribuyó la escisión en el Segundo Congreso al “individualismo intelectual de la minoría” (Lenin 1904b, p. 394), que había negado a someterse a las decisiones tomadas por la mayoría del congreso y había reavivado el viejo espíritu de círculo.

Martov y sus partidarios organizaron, en octubre de 1903, el Segundo Congreso de la “Liga de la Socialdemocracia Revolucionaria Rusa en el Extranjero”, la organización de emigrados pro-Iskra que había sido designada organismo oficial del POSDR para los emigrados por el Segundo Congreso (Lenin 1903e). En dicho congreso, celebrado en Ginebra, los mencheviques obtuvieron una mayoría y consiguieron quebrar la resistencia de Plejanov, quien dio un viraje de 180 grados y se pasó al bando menchevique. Como consecuencia, Lenin dimitió del consejo de redacción de Iskra el 1 de noviembre de 1903 y los martovistas fueron cooptados al mismo el 21-26 de noviembre de 1903.

Plejanov, en un artículo titulado ¿Qué no hacer?, publicado el 7 de noviembre de 1903 en el número 52 de la nueva Iskra, inmediatamente después del congreso de la Liga y de la dimisión de Lenin del consejo de redacción, comenzó a hablar abiertamente de la necesidad de hacer concesiones a los martovistas, afirmando que ello era indispensable para evitar una escisión (ver la versión inglesa del artículo en Plekhanov 1903 y la respuesta de Lenin en Lenin 1903f). De esta manera, mediante maniobras fraccionales, los organismos centrales del partido pasaron a ser dominados por la minoría del congreso.

Como resultado de todo esto, Lenin acusó a “la nueva Iskra” de “oportunismo en problemas de organización” (Lenin 1904b, p. 407) y de “defender el autonomismo contra el centralismo, característica fundamental del oportunismo en materia de organización” (Lenin 1904b, p. 424). Este autonomismo, un producto del “individualismo intelectual”, implicaba volver a “la época de la desunión y de los círculos separados”. Contra esta regresión, Lenin apelaba a las decisiones del congreso del partido y a los organismos centrales designados por éste (Lenin 1904b, p. 425).

Lenin también respondió desafiantemente a las acusaciones que se le hacían de jacobinismo, afirmando: “Un jacobino que se identifica totalmente con la organización del proletariado, un proletariado consciente de sus intereses de clase, es un socialdemócrata revolucionario. Un girondino que añora los profesores y los estudiantes secundarios, que teme a la dictadura del proletariado y suspira por el valor absoluto de las reivindicaciones democráticas es un oportunista” (Lenin 1904b, p. 411).

De divergencias sobre organización a diferentes perspectivas estratégicas

Para enfatizar el hecho de que no estaba defendiendo ningún nuevo modelo “jacobino” de organización partidaria, sino solo “las viejas ideas de Iskra sobre organización” (Lenin 1903a, p. 255), reimprimió en enero de 1904 el bosquejo de su libro ¿Qué hacer?, publicado en septiembre de 1902 bajo el título “Carta a un camarada sobre nuestras tareas de organización”. En dicho bosquejo, Lenin describe las tareas necesarias para “la unificación práctica del partido” y para “la creación de un centro dirigente” (Lenin 1903a, p. 270) de la siguiente manera:

Es preciso reducir el número de miembros del comité; asignar, en lo posible, a cada uno de ellos una función importante y de responsabilidad, de la que rendirá cuentas; crear un centro especial de dirección, de número muy limitado; organizar una red de representantes ejecutivos que vinculará al comité con cada gran fábrica, se ocupará de la distribución regular de literatura y proporcionará al centro una imagen exacta de esta labor de distribución y de todo el mecanismo del trabajo; y por último, formar numerosos grupos y círculos que se encarguen de diversas funciones o reúnan a las personas cercanas a la socialdemocracia, que las ayuden y preparen para llegar a ser socialdemócratas, a fin de que el comité y el centro estén siempre al tanto de las actividades (y la composición) de estos círculos; tales son las características que debe reunir la reorganización del comité de San Petersburgo y otros comités del partido (Lenin 1903a, pp. 217-272)

En su introducción de enero de 1904, Lenin recomendaba a “la nueva Redacción de Iskra” “las viejas ideas de Iskra sobre organización” (Lenin 1903a, p. 255). Y en su respuesta a la reseña de su libro Un paso adelante, dos pasos atrás publicada por Rosa Luxemburg en Die neue Zeit (Luxemburg 1904), Lenin afirmó tajantemente:

El artículo de Rosa Luxemburg publicado en Neue Zeit no da a conocer al lector mi libro, sino otra cosa distinta. Ofreceré algunos ejemplos para probarlo. La camarada Luxemburg dice, por ejemplo, que mi libro es una expresión clara y detallada del punto de vista del “centralismo intransigente”. De tal modo, la camarada Luxemburg supone, que yo defiendo un sistema de organización contra otro. Pero en realidad no es así. Lo que defiendo a lo largo del libro, desde la primera hasta la última página, son los principios elementales de cualquier organización de partido que pueda imaginarse. En mi libro no se examina el problema de la diferencia entre tal o cual sistema de organización, sino el problema de cómo es necesario apoyar, criticar y corregir el sistema que sea, siempre que no contradiga los principios del partido (Lenin 1904c, p. 519)5.

Los leninistas consideraron las maniobras de los mencheviques como un accionar indisciplinado y antidemocrático, debido a que contradecían las decisiones del Segundo Congreso, y comenzaron a convocar a un Tercer Congreso, boicoteado por los mencheviques. El primer paso en esta campaña tomó la forma de una reunión de los seguidores de Lenin en Suiza en agosto de 1904, en la que la facción “bolchevique” fue de hecho fundada. Se elaboró un plan para persuadir a las organizaciones locales a que apoyaran la demanda de convocar un nuevo congreso del partido. El 22 de diciembre de 1904 la facción bolchevique lanzó su propio periódico, Vpered (Adelante).

Fue sólo durante la revolución rusa de 1905 que la escisión entre bolcheviques y mencheviques, que inicialmente giró solamente en torno a cuestiones de organización, adquirió una base programática, cuando Lenin comenzó a plantear la perspectiva de una “dictadura democrática del proletariado y el campesinado” -democrática porque Lenin aun no caracterizaba a la revolución rusa como socialista y se limitaba a demandar la socialización de la tierra, es decir la nacionalización de la renta agraria, que en principio es compatible con el capitalismo (“Tenemos una consigna nueva: la democrática dictadura revolucionaria del proletariado y los campesinos”, Lenin 1905, p. 55).

Por aquel entonces, ciertas tendencias, tanto dentro de la Socialdemocracia rusa como dentro de la Segunda Internacional, ya habían comenzado a ir más allá del análisis de Lenin y a plantear la perspectiva de que la revolución rusa se embarcaría en un proceso de revolución permanente, combinando tareas democráticas y socialistas, una perspectiva que Lenin adoptaría recién en 1917 (ver los documentos en Day y Gaido 2009).

La herencia de la falsificación de la historia por el estalinismo

Uno de los obstáculos que distorsionan la visión de la historia del movimiento revolucionario ruso y alemán durante la época de la Segunda Internacional es la herencia de su grosera falsificación por Stalin, quien en su ensayo de 1931 “Sobre algunas cuestiones de la historia del bolchevismo” calumnió a Rosa Luxemburg, afirmando “que el bolchevismo, desde el día en que surgió, sostenía la línea de la ruptura con el centro kautskista, mientras que Rosa Luxemburg en esa época apoyaba a Kautsky desde la izquierda” (Trotsky 1932). Según Stalin:

Todo bolchevique sabe, si es realmente un bolchevique, que Lenin, mucho antes de la guerra, a partir, más o menos, de 1903-1904, cuando se formó en Rusia el grupo de los bolcheviques y cuando por primera vez se dieron a conocer los izquierdistas en la socialdemocracia alemana, se orientó hacia la ruptura, hacia la escisión con los oportunistas, tanto en el Partido Socialdemócrata de Rusia como en la II Internacional, particularmente en la socialdemocracia alemana. Todo bolchevique sabe que, precisamente por esto, los bolcheviques, ya entonces (1903-1905), se conquistaron en las filas de los oportunistas de la II Internacional el honroso título de "escisionistas" y "desorganizadores" (Stalin 1931).

Trotsky refutó estas tergiversaciones y distorsiones en su artículo “¡Fuera las manos de Rosa Luxemburg!”, donde afirma: “Es cierto que en 1903-1904 Lenin era un enemigo irreconciliable del oportunismo de la socialdemocracia alemana. Pero consideraba oportunista sólo a la tendencia revisionista liderada teóricamente por Bernstein” (Trotsky 1932). Trotsky continuaba mencionando los testimonios que hemos citado más arriba, a la vez que agregaba otros:

En ese entonces Kautsky luchaba contra Bernstein. Lenin consideraba a Kautsky su maestro y no perdía oportunidad de señalarlo. En los trabajos de Lenin de esa época y de varios años después no hay ni siquiera indicios de una crítica principista contra la tendencia Bebel-Kautsky. En cambio, hay un montón de declaraciones acerca de que el bolchevismo no es una tendencia independiente sino una traducción a las condiciones rusas de la tendencia Bebel-Kautsky. He aquí lo que escribía Lenin a mediados de 1905, en su famoso folleto Dos tácticas de la socialdemocracia en la revolución democrática: "¿Dónde y cuándo dije que el revolucionarismo de Bebel y Kautsky es ‘oportunismo’? (...) ¿Dónde y cuándo salieron a la luz discrepancias entre Bebel y Kautsky por una parte, y yo por otra?" (...) La completa unanimidad de la socialdemocracia revolucionaria internacional en todos los grandes problemas del programa y la táctica es un hecho incontrovertible" (Lenin 1905a, pp. 61-62, nota). Las claras, precisas y categóricas palabras de Lenin agotan la cuestión.

Un año y medio después, el 7 de diciembre de 1906, Lenin escribía en el artículo La crisis del menchevismo: “desde el primer momento declaramos (véase Un paso adelante, dos pasos atrás): nosotros no creamos una tendencia ‘bolchevique’ especial, simplemente, siempre y en todas partes sostuvimos el punto de vista de la socialdemocracia revolucionaria. Y hasta llegar a la revolución social en la socialdemocracia habrá, inevitablemente, un ala oportunista y un ala revolucionaria” (Lenin 1906b, p. 391).

Al referirse al menchevismo como ala oportunista de la socialdemocracia, Lenin no lo comparaba con el kautskismo sino con el revisionismo. Más aun; consideraba al bolchevismo como la forma rusa del kautskismo, que en su opinión era en ese momento idéntico al marxismo. Además, el párrafo transcripto demuestra que Lenin no estaba en absoluto a favor de la ruptura con los oportunistas; no sólo los aceptaba, sino que consideraba “inevitable” la existencia del revisionismo dentro de la socialdemocracia hasta el momento de la revolución social.

Trotsky agregaba como testimonio de la verdadera relación existente entre Kautsky y Lenin hasta 1914 la respuesta del primero al cuestionario de Plejanov sobre las fuerzas motrices y perspectivas de la revolución rusa, de octubre de 1906, respuesta que hemos traducido y editado en la revista Izquierdas y que constituye una clara refutación de las perspectivas mencheviques sobre la revolución rusa (Kautsky 1906a):

Dos semanas después, el 20 de diciembre de 1906, Lenin saludaba entusiasmado la respuesta de Kautsky al cuestionario de Plejanov sobre el carácter de la revolución rusa: “Kautsky confirma plenamente nuestra afirmación de que defendíamos la posición de la socialdemocracia revolucionaria contra el oportunismo, y no creábamos una tendencia bolchevique ‘peculiar’” (Lenin 1906c, p. 402).

Confío en que, dentro de estos límites, la cuestión esté absolutamente clara. Según Stalin, ya en 1903 Lenin exigía romper en Alemania con los oportunistas, no sólo con los del ala derecha (Bernstein) sino también con los de la izquierda (Kautsky). Pero en diciembre de 1906, Lenin, como ya lo hemos visto, señalaba orgullosamente a Plejanov y a los mencheviques que la tendencia de Kautsky en Alemania y la del bolchevismo en Rusia eran... idénticas. Esta es la primera parte de la incursión de Stalin por la historia ideológica del bolchevismo. ¡La escrupulosidad de nuestro investigador es semejante a sus conocimientos! (Trotsky 1932).

En realidad, el centrismo kautskista hizo su aparición siete años después de la escisión en el POSDR, en 1910, durante la polémica sobre la huelga de masas; polémica que Kautsky libró, no contra Lenin, sino contra Rosa Luxemburg (ver los documentos en Luxemburg, Kautsky et al. 1976). Cuando Rosa Luxemburg comenzó a polemizar con Kautsky

Lenin no participó en esta lucha ni apoyó a Rosa Luxemburg hasta 1914. Absorbido totalmente por los problemas rusos, mantuvo una extrema cautela en los asuntos internacionales. Para Lenin, la estatura revolucionaria de Bebel y Kautsky era infinitamente mayor que a los ojos de Rosa Luxemburg, que los observaba muy de cerca, en la acción, y estaba metida directamente en la atmósfera de la política alemana. A Lenin lo tomó totalmente por sorpresa la capitulación de la socialdemocracia alemana el 4 de agosto. Se sabe que creyó que el número de Vorwärts donde se publicó la declaración patriótica de la fracción socialdemócrata era una falsificación del Estado Mayor alemán. Sólo después de que quedó absolutamente convencido de la horrible verdad revisó su caracterización de las tendencias fundamentales de la socialdemocracia alemana, y lo hizo a la manera leninista, de una vez y para siempre (Trotsky 1932).

Vemos cómo, según el testimonio de Trotsky, en fecha tan tardía como agosto de 1914 Lenin estaba simplemente tratando de adaptar el modelo partidario de Bebel y de Kautsky a las difíciles condiciones de la autocracia zarista. Todo esto sugiere que debemos ser cautelosos ante las lecturas anacrónicas que proyectan la controversia entre bolcheviques y mencheviques hacia atrás en el tiempo, hacia el nacimiento mítico de un “leninismo” comprendido como un tipo particular de organización partidaria. Este mito se originó en la política de “bolchevización” (en realidad, burocratización) de Zinoviev, lanzada en 1924 para erradicar a los simpatizantes de Trotsky de los partidos comunistas del mundo, en el marco de su alianza con Kamenev y Stalin, conocida como la “troika” (Broué 1997, pp. 267-385, Paris 1980) y fue recogido por el líder del trotskismo norteamericano -que por default quedó al frente de la Cuarta Internacional durante la Segunda Guerra Mundial- James Cannon, un ex-zinovievista (Cannon 1924, 1943).

Conclusiones

En este artículo hemos intentado demostrar, utilizando fuentes de la época, que el modelo de organización partidaria propuesto por Lenin en su libro ¿Qué hacer? para el naciente movimiento socialdemócrata ruso no representaba un “partido de nuevo tipo” (un “partido de cuadros” en contraposición a un “partido de masas”), sino simplemente una adaptación del ejemplo del Partido Socialdemócrata de Alemania (el SPD, el “partido-guía” de la Segunda Internacional) a las condiciones de la clandestinidad rusa y de la lucha fraccional contra los “economistas”, el Bund judío y una serie de organizaciones localistas.

Al mismo tiempo, dicho modelo de organización partidaria no representaba una iniciativa individual de Lenin, sino que era el proyecto conjunto del grupo que editaba el periódico Iskra (La chispa), que venía publicándose desde el primero de diciembre de 1900, y que organizaría el Segundo Congreso del Partido Obrero Socialdemócrata de Rusia (POSDR) en julio-agosto de 1903. Esto queda demostrado no sólo por el apoyo del “padre del marxismo ruso”, Georgi Plejanov, a Lenin en el Segundo Congreso, sino también por la crítica de Vera Zasulich, una de las representantes más destacadas del grupo editorial de Iskra, a la táctica del terrorismo individual empleada por el recientemente creado Partido Socialista Revolucionario ruso. Dicha crítica - publicada en el órgano teórico de la Socialdemocracia alemana, Die neue Zeit, en diciembre de 1902, el mismo año en que fue publicado el libro de Lenin- defiende exactamente los mismos argumentos que Lenin y de hecho parafrasea pasajes del ¿Qué hacer?

La subsecuente escisión entre bolcheviques y mencheviques en el Segundo Congreso del POSDR se originó debido a divergencias que surgieron entre los “duros” nucleados en torno a Lenin y los “blandos” nucleados en torno a Martov, divergencias que se centraban, por un lado, en los requisitos necesarios para ser aceptado como miembro individual del partido (más estrictos en el caso de Lenin, que insistía en la necesidad de un cuerpo de revolucionarios profesionales capaces de escapar a las redadas de la policía zarista y en la necesidad de poner fin a los “métodos artesanales” de lucha generados por la dispersión de la actividades de los comités, y más laxos en el caso de Martov), y por el otro, en la posibilidad que la definición de Martov ofrecía a toda una serie de organizaciones anti-Iskra de continuar existiendo dentro del POSDR, una concesión que Lenin rechazaba como “oportunismo en cuestiones de organización”, y que Martov consideraba necesaria para impedir una escisión entre los partidarios y oponentes de Iskra.

Esta contextualización histórica del texto de Lenin es particularmente importante para refutar la falsificación de la historia del marxismo por el stalinismo, según la cual Lenin ya en 1903 había iniciado una polémica con el (en realidad aun inexistente) centro kautskista, en contraposición a la posición supuestamente centrista de Rosa Luxemburg. De hecho, hasta agosto de 1914 Lenin estaba simplemente tratando de transportar el modelo partidario de Bebel y de Kautsky a las difíciles condiciones de la autocracia zarista.

En cuanto a la actitud de Lenin hacia los partidos de masas, tenemos el siguiente testimonio de una carta que le envió a Inessa Armand en abril de 1914:

Es incorrecto decir que el partido alemán es el partido más oportunista en Europa. A pesar de todo, es el mejor partido, y nuestra tarea es adoptar de los alemanes todo lo que es más valioso (la masa de periódicos, el gran número de miembros del partido, la afiliación masiva a los sindicatos, la suscripción sistemática a los periódicos, el estricto control sobre los parlamentarios -los alemanes son mejores en este control que los franceses e italianos, por no hablar de Gran Bretaña-, y así sucesivamente), adoptar todo esto sin hacerle el juego a los oportunistas (Lenin 1914, p. 396).

Apéndice I: Segundo Proyecto de Programa de los Socialdemócratas Rusos (1887)

Redactado por el grupo “Emancipación del Trabajo”

Fuente: Georgi Plekhanov: Selected Philosophical Works, Moscow: Progress Publishers, 1974, Vol. I, pp. 358-362.

Los socialdemócratas rusos, como los socialdemócratas de otros países, aspiran a la emancipación completa del trabajo del yugo del capital. Esta liberación se puede lograr mediante la transferencia a la propiedad social de los medios y objetos de producción, una transferencia que implicará:

la supresión de la actual producción de mercancías (es decir, la compra y venta de productos en el mercado) y

su sustitución por un nuevo sistema de producción social planificada con el fin de satisfacer las necesidades tanto de la sociedad en su conjunto como de cada uno de sus miembros, dentro de los límites permitidos por el estado de las fuerzas productivas en el momento dado.

Esta revolución comunista dará lugar a los cambios más radicales en toda la constitución de las relaciones sociales e internacionales.

Sustituyendo el actual dominio del producto sobre el productor por el dominio del productor sobre el producto, introducirá la conciencia donde ahora reina la necesidad económica ciega, simplificando y dando un propósito a todas las relaciones sociales; al mismo tiempo proporcionará a cada ciudadano la posibilidad económica real de participar directamente en la discusión y resolución de todos los asuntos sociales.

Esta participación directa de los ciudadanos en la gestión de los asuntos sociales presupone la abolición del actual sistema de representación política y su sustitución por la legislación popular directa.

Por otra parte, ya ahora se puede prever el carácter internacional de la revolución económica inminente. Dado el actual desarrollo del intercambio internacional, es posible consolidar esta revolución sólo si todas o por lo menos varias de las sociedades civilizadas toman parte en ella. De ahí se desprende la solidaridad de intereses entre los productores de todos los países, ya reconocida y proclamada por la Asociación Internacional de los Trabajadores.

Pero, dado que la emancipación de los trabajadores debe ser obra de los trabajadores mismos, que los intereses del trabajo en general son diametralmente opuestos a los intereses de los explotadores, y que, por lo tanto, las clases dominantes siempre obstaculizan la reorganización anteriormente descrita de las relaciones sociales, la condición previa necesaria para esta reorganización es la toma del poder político por la clase obrera en cada uno de los países en cuestión. Sólo esta dominación temporal de la clase obrera puede paralizar los esfuerzos de contrarrevolución y poner fin a la existencia de las clases y su lucha.

Esta tarea política introduce un elemento de variedad en los programas de los socialdemócratas en los diferentes estados, de acuerdo con las condiciones sociales particulares en cada uno de ellos.

Las tareas prácticas, y por consiguiente, los programas de los socialdemócratas deben ser, naturalmente, más complicados en los países donde la producción capitalista moderna está sólo esforzándose por llegar a ser dominante y donde las masas trabajadoras están oprimidas por un doble yugo - el del capitalismo en ascenso y el de la economía patriarcal obsoleta. En estos países, los socialdemócratas deben aspirar a introducir, como etapas de transición, las formas de estructura social que ya existen en los países avanzados, y que son necesarias para el desarrollo ulterior del partido de la clase obrera. Rusia está precisamente en tal posición. El capitalismo ha alcanzado un gran éxito allí desde la abolición de la servidumbre. El viejo sistema de economía natural está dando lugar a la producción de mercancías y abriendo con ello un enorme mercado interno a la industria en gran escala. Las formas patriarcales, comunales de tenencia de la tierra campesina se desintegran rápidamente, la comuna rural se está transformando en un simple medio de esclavizar a la población campesina al estado y en muchas localidades es también un instrumento para la explotación de los pobres por los ricos. Al mismo tiempo, uniendo a la tierra los intereses de una gran parte de los productores, dificulta su desarrollo intelectual y político, al limitar su perspectiva a los estrechos límites de las tradiciones de la aldea. El movimiento revolucionario ruso, cuya victoria sería ante todo ventajosa para los campesinos, no encuentra casi ningún apoyo, simpatía o comprensión entre ellos. El principal baluarte del absolutismo es precisamente la indiferencia política y el atraso intelectual del campesinado. Una consecuencia inevitable de esto es la falta de poder y la timidez de las secciones educadas de las clases dominantes, cuyos intereses materiales, intelectuales y morales están en contradicción con el sistema político actual. Cuando elevan su voz en nombre del pueblo, se sorprenden de ver al pueblo indiferente a sus llamadas. De allí la inestabilidad de los puntos de vista políticos de nuestros intelectuales, y ocasionalmente su desánimo y decepción total.

Tal estado de cosas sería absolutamente sin salida si el desarrollo de las relaciones económicas rusas antes mencionado no hubiera creado nuevas oportunidades de éxito para los que defienden los intereses del pueblo trabajador. La desintegración de la comuna rural está creando en nuestro país una nueva clase: el proletariado industrial. Al ser más receptiva, móvil y desarrollada, esta clase responde a la llamada de los revolucionarios más fácilmente que la población rural atrasada. Mientras que el ideal del miembro de la comuna rural se encuentra en el pasado, en las condiciones de la economía patriarcal, el complemento político de las cuales fue la autocracia zarista, la suerte del trabajador industrial puede mejorarse sólo gracias al desarrollo de las formas más modernas y libres de vida comunal. En esta clase nuestro pueblo se encuentra por primera vez en condiciones económicas que son comunes a todos los pueblos civilizados, y por lo tanto es sólo a través de la intermediación de esta clase que el pueblo puede tomar parte en los esfuerzos progresivos de la humanidad civilizada. Por estos motivos, los socialdemócratas rusos consideran como su primera y principal obligación la formación de un partido revolucionario de los trabajadores. El crecimiento y desarrollo de dicho partido, sin embargo, encuentran un obstáculo muy poderoso en el absolutismo ruso moderno.

Es por eso que la lucha contra el absolutismo es obligatoria incluso para aquellos grupos de la clase trabajadora que son ahora el embrión del futuro partido de los trabajadores rusos. El derrocamiento del absolutismo debe ser la primera de sus tareas políticas.

El principal medio para la lucha política de los grupos de trabajadores contra el absolutismo, en opinión de los socialdemócratas rusos, es la agitación entre la clase obrera y la propagación de las ideas socialistas y de las organizaciones revolucionarias entre esta clase. Estrechamente unidas en un todo armónico, estas organizaciones, no contentas con enfrentamientos aislados con el gobierno, no tardarán en pasar, en el momento conveniente, a ataques generales y resueltos contra él, y no se detendrán incluso ante los así llamados actos de terrorismo, si éstos se revelan necesarios en interés de la lucha.

El objetivo de la lucha del partido de los trabajadores contra el absolutismo es obtener una constitución democrática, que garantice:

El derecho a elegir y ser elegido miembro de la Asamblea Legislativa, así como a los órganos de autogobierno provinciales y comunales, para todos los ciudadanos que no hayan sido condenado por un tribunal a la privación de sus derechos políticos por ciertas actividades vergonzosas estrictamente determinadas por la ley.

Un sueldo fijado por la ley para los representantes del pueblo, que les permita ser elegidos entre las clases más pobres de la población.

Educación pública, universal, gratuita y obligatoria; obligación del estado de proporcionar a los niños pobres alimentos, ropa y útiles escolares.

Inviolabilidad de la persona y el hogar de los ciudadanos.

Libertad ilimitada de conciencia, expresión, prensa, reunión y asociación.

Libertad de circulación y empleo.

Completa igualdad de todos los ciudadanos con independencia de la religión y el origen

Sustitución del ejército permanente por el armamento general del pueblo.

Revisión de toda nuestra legislación civil y penal; abolición de la división por estamentos y de las penas incompatibles con la dignidad humana.

Basándose en estas demandas políticas fundamentales, el partido obrero presenta una serie de demandas económicas inmediatas, tales como:

La revisión radical de nuestras relaciones agrarias, es decir, de las condiciones para la redención de la tierra y su asignación a las comunas campesinas. El derecho a renunciar a las asignaciones de tierra y dejar las comunas rurales para aquellos campesinos que encuentren esto conveniente, etc.

La abolición del actual sistema fiscal y la institución de un sistema de impuestos progresivos.

La regulación legislativa de las relaciones entre los trabajadores (en la ciudad y en todo el país) y los empleadores, y la organización apropiada de la inspección de los lugares de trabajo con representación de los trabajadores.

Ayuda del estado a las asociaciones de producción organizados en todas las ramas posibles de la agricultura, la minería y la manufactura (por campesinos, mineros, trabajadores fabriles, artesanos, etc.).

Estas demandas son tan favorables a los intereses de los campesinos como a los de los trabajadores de la industria; por lo tanto, luchando por su implementación, el partido obrero se abrirá por sí mismo un amplio camino para un acercamiento a la población rural. El proletario expulsado del campo como miembro empobrecido de la comuna rural volverá a la misma como un agitador socialdemócrata. Su aparición en dicho rol va a cambiar el actual destino sin esperanzas de la comuna rural. La desintegración de esta última es inevitable sólo mientras esta misma desintegración no haya creado una nueva fuerza popular capaz de poner fin al reino del capitalismo. Esa fuerza es la clase obrera y el campesinado más pobre al que arrastra detrás de sí.

Nota. Como se puede ver, los socialdemócratas rusos consideran que el trabajo de los intelectuales, en particular bajo las condiciones actuales de la lucha social y política, debe dirigirse primero a la parte más avanzada de la población activa, que consiste en los trabajadores industriales. Una vez asegurado el poderoso apoyo de esta sección, los socialdemócratas pueden tener mucha mayor esperanza de éxito en extender su acción a los campesinos, sobre todo cuando hayan obtenido libertad de agitación y propaganda. Por cierto, no hace falta decir que incluso en la actualidad, las personas que están en contacto directo con el campesinado podrían, mediante su trabajo entre ellos, proporcionar una ayuda valiosa al movimiento socialista en Rusia. Los socialdemócratas, lejos de rechazar a estas personas, ejercerán todos sus esfuerzos para acordar con ellos los principios básicos y los métodos de trabajo.

Apéndice II: Programa del Partido Obrero Socialdemócrata de Rusia (1903)

Fuente: Marxism in Russia: Key Documents 1879-1906, edited by Neil Harding, translated by Richard Taylor, Cambridge University Press, 1983, pp. 288-293.

El desarrollo del comercio ha forjado un vínculo tan fuerte entre todas las naciones del mundo civilizado que el gran movimiento emancipador del proletariado tenía que llegar a ser, y hace mucho tiempo ha llegado a ser, un movimiento internacional.

Considerándose a sí misma como un destacamento del ejército mundial del proletariado, la socialdemocracia rusa está persiguiendo el mismo objetivo al que aspiran los socialdemócratas de todos los demás países.

Este objetivo está determinado por el carácter de la sociedad burguesa contemporánea y por su vía de desarrollo.

La característica principal de esta sociedad es la producción de mercancías sobre la base de relaciones de producción capitalistas, en las que la parte más importante y significativa de los medios de producción e intercambio pertenece a una clase numéricamente pequeña de personas, mientras que la gran mayoría de la población se compone de proletarios y semiproletarios, obligados por su posición económica a vender su fuerza de trabajo, ya sea en forma permanente o temporal (es decir, a convertirse en asalariados de los capitalistas), y a crear por medio de su trabajo los ingresos de las clases dominantes de la sociedad.

La esfera de la predominancia de las relaciones de producción capitalistas se expande todo el tiempo en la medida en que las mejoras constantes de la tecnología, que aumentan la importancia económica de las grandes empresas, conducen a la exclusión de los pequeños productores independientes, transformando a una parte de ellos en proletarios y reduciendo el papel del resto, haciéndolos más o menos completamente, más o menos obviamente, en mayor o menor medida, dependientes del capital.

Ese mismo progreso tecnológico da a los empresarios, además, la posibilidad de emplear a gran escala mujeres y niños en el proceso de producción y distribución de mercancías. Pero dado que esto conduce a una reducción correspondiente en la necesidad de los empresarios de la mano de obra de los obreros, la demanda de fuerza de trabajo, inevitablemente, deja de estar a la altura de la oferta y, en consecuencia, la dependencia del trabajo asalariado del capital aumenta y el nivel de su explotación se intensifica.

Tal es el estado de cosas en los países burgueses, y la cada vez más feroz competencia entre ellos en el mercado mundial hace que sea cada vez más difícil vender las mercancías producidas en cantidades constantemente crecientes. La sobreproducción, que se manifiesta en las crisis industriales más o menos agudas, seguidas por períodos más o menos prolongados de estancamiento industrial, aparece como la consecuencia inevitable del desarrollo de las fuerzas productivas en la sociedad burguesa. Las crisis y los períodos de estancamiento industrial a su vez causan aún más estragos en los pequeños productores, aumentan aún más la dependencia del trabajo asalariado del capital y llevan aún más rápidamente a un deterioro relativo, e incluso a veces absoluto, en la situación de la clase obrera.

De esta manera la mejora de la tecnología, que implica una mejora de la productividad laboral y un aumento de la riqueza social, provoca en la sociedad burguesa un aumento de la desigualdad social, un ensanchamiento de la brecha entre los propietarios y los no propietarios, una existencia más precaria, y un aumento del desempleo y de las diversas formas de privación para estratos cada vez más amplios de las masas trabajadoras.

Pero a medida que todas estas contradicciones propias de la sociedad burguesa crecen y se desarrollan, el descontento de los trabajadores y de las masas explotadas con el orden de cosas existente también crece, el número y la cohesión de los proletarios aumenta, y su lucha con sus explotadores se agudiza. Al mismo tiempo, la mejora de la tecnología, la concentración de los medios de producción y de intercambio, y la socialización del proceso de trabajo en las empresas capitalistas están creando cada vez más rápidamente las condiciones materiales para la sustitución de las relaciones de producción capitalistas por las socialistas, es decir, para la revolución social. Ese es el objetivo de toda la actividad de la socialdemocracia internacional como expresión consciente del movimiento de clase del proletariado.

Mediante la sustitución de la propiedad privada de los medios de producción y de intercambio por la propiedad social y la introducción de la organización planificada del proceso productivo social para garantizar el bienestar y el desarrollo integral de todos los miembros de la sociedad, la revolución social del proletariado va a destruir la división de la sociedad en clases y emancipará así a toda la humanidad oprimida, al mismo tiempo, poniendo fin a todas las formas de explotación de una parte de la sociedad por otra.

Una condición necesaria para esta revolución social es la dictadura del proletariado, es decir, la conquista por el proletariado del poder político que le permita suprimir cualquier resistencia de los explotadores.

Asignándose la tarea de hacer que el proletariado sea capaz de cumplir su gran misión histórica, la socialdemocracia internacional se organiza en un partido político independiente en oposición a todos los partidos burgueses, dirigiendo todas las manifestaciones de su lucha de clase, revelándole el conflicto irreconciliable entre los intereses de los explotadores y los intereses de los explotados, y explicándole la importancia histórica de la revolución social inminente, así como las condiciones necesarias para la misma. Además, revela a todos los demás trabajadores y a las masas explotadas lo desesperado de su posición en la sociedad capitalista y la necesidad de la revolución social en beneficio de su propia emancipación del yugo del capital. El partido de la clase obrera, la socialdemocracia, invita a sus filas a todos los estratos trabajadores y explotados de la población, en la medida en la que adopten el punto de vista proletario.

En el camino hacia su objetivo común, condicionado por la hegemonía del modo de producción capitalista en todo el mundo civilizado, los socialdemócratas de diferentes países se ven obligados a fijarse a sí mismos diferentes tareas inmediatas, porque este modo de producción no está desarrollado en todas partes en el mismo grado, y porque su desarrollo en diferentes países se está llevando a cabo en diferentes condiciones socio-políticas.

En Rusia, donde el capitalismo ya se ha convertido en el modo de producción dominante, aún se conservan numerosos vestigios de nuestro viejo orden pre capitalista, basado en la esclavización de la masa de los trabajadores por parte de los propietarios de tierras, el estado o el jefe de estado. Actuando como un obstáculo considerable para el progreso económico, estos vestigios impiden el desarrollo integral de la lucha de clases del proletariado y ayudan a preservar y fortalecer las formas más brutales de explotación de los muchos millones de campesinos por parte del estado y de las clases poseedoras, y a mantener a todo el pueblo en una oscuridad desprovista de derechos.

El más importante de todos estos vestigios y el más poderoso baluarte de toda esta barbarie es la autocracia zarista. Por su propia naturaleza es hostil a todo movimiento social y no puede dejar de ser el oponente más insidioso de todas las luchas de emancipación del proletariado.

Por esta razón, el POSDR establece como su tarea política más urgente el derrocamiento de la autocracia zarista y su sustitución por una república democrática, cuya constitución estipulará:

La autocracia del pueblo, es decir, la concentración del poder supremo del estado en manos de una asamblea legislativa compuesta por representantes del pueblo y conformada por una sola cámara.

El derecho a voto universal, igual y directo en las elecciones a la asamblea legislativa y a todos los órganos locales de autogobierno para todos los ciudadanos de ambos sexos que hayan alcanzado la edad de veinte años; elecciones mediante voto secreto; el derecho de cada elector a ser elegido a todas las instituciones representativas; parlamentos de dos años; el derecho de petición a los representantes populares.

Autogobierno local de base amplia; autonomía regional para aquellas localidades que se distingan por condiciones especiales relativas a la forma de vida o a la composición de la población.

Inviolabilidad de la persona y de su hogar.

Libertad ilimitada de conciencia, de expresión, de prensa, de reunión, de asociación y de huelga.

Libertad de circulación y empleo.

Supresión de los estamentos y plena igualdad de derechos para todos los ciudadanos sin distinción de sexo, religión, raza o nacionalidad.

El derecho de la población a recibir educación en su lengua materna, que se realizará mediante la construcción, a expensas del estado y de los órganos de gobierno autónomo, de las escuelas necesarias; el derecho de todos los ciudadanos a utilizar su lengua materna en las asambleas; la introducción de las lenguas nativas a la par de la lengua oficial en todas las instituciones sociales y estatales locales.

El derecho a la autodeterminación de todas las naciones que constituyen el estado.

El derecho de toda persona a demandar judicialmente a cualquier funcionario ante un jurado.

Elección de los jueces por el pueblo.

Sustitución del ejército permanente por el armamento general del pueblo.

Educación gratuita y obligatoria, general y profesional, para todos los niños de ambos sexos hasta la edad de dieciséis años; provisión para los niños pobres de alimentos, ropa, libros de texto y útiles escolares a expensas del estado.

El POSDR demanda, como condición básica para la democratización de la economía de nuestro estado: la derogación de todo tipo de impuestos indirectos y la introducción de un impuesto progresivo sobre la renta y la herencia.

Para proteger a la clase obrera contra la degeneración moral y física y desarrollar su capacidad para luchar por su emancipación, el partido demanda:

La limitación de la jornada laboral a ocho horas diarias para todos los trabajadores asalariados.

El establecimiento por ley de un período de descanso semanal, con una duración de al menos cuarenta y dos horas sin interrupción, para los trabajadores asalariados de ambos sexos en todos los sectores de la economía nacional.

La prohibición total de las horas extras.

La prohibición del trabajo nocturno (9 p.m.-6 a.m.) en todos los sectores de la economía nacional, con excepción de aquellos en los que es absolutamente necesario por razones técnicas que hayan sido aprobadas por las organizaciones de trabajadores.

La prohibición de emplear a niños en edad escolar (hasta dieciséis años) y la limitación de la jornada laboral para los adolescentes (de dieciséis a dieciocho años) a seis horas.

La prohibición del trabajo femenino en aquellas ramas en las que es perjudicial para el organismo femenino; licencia por maternidad para las mujeres, cuatro semanas antes y seis semanas después del parto, manteniendo el sueldo normal durante todo el período.

La creación en todas las obras, fábricas y otras empresas donde trabajen mujeres de guarderías para bebés y niños pequeños; descansos del trabajo para las mujeres que estén amamantando a sus bebés al menos una vez cada tres horas durante no menos de media hora a la vez.

Seguro estatal para los trabajadores, tanto para las jubilaciones como para casos de pérdida total o parcial de la capacidad de trabajo, a ser cubierto por un fondo especial que será financiado por un impuesto especial sobre los capitalistas.

Prohibición del pago de salarios en especie; pago semanal de los salarios en un día y hora acordados y durante las horas de trabajo.

Prohibición a los empleadores de hacer deducciones de los salarios por cualquier razón o propósito (multas, despilfarro, etc.).

Nombramiento de un número suficiente de inspectores de fábrica en todos los sectores de la economía nacional y extensión de la supervisión de la Inspección de fábrica a todas las empresas que emplean mano de obra asalariada, incluidas las de propiedad estatal (el servicio doméstico también debe entrar en el ámbito de esta supervisión); designación de inspectores mujeres en aquellos sectores que emplean mano de obra femenina; participación de los trabajadores y de los representantes elegidos pagados por el estado en la supervisión de la aplicación de las leyes fabriles y en el cálculo de las tasas de salarios, en la recepción e inspección de material de baja calidad y en la inspección de los resultados del trabajo.

Supervisión de los órganos de autogobierno local, con la participación de los representantes elegidos de los trabajadores, para controlar el estado sanitario de las viviendas destinadas a los trabajadores por los empleadores, y también para controlar el orden interno de estos alojamientos y las condiciones del contrato de alquiler, con el fin de proteger a los trabajadores asalariados de la interferencia de los empleadores en su vida cotidiana y en sus actividades como individuos y como ciudadanos.

Introducción de una inspección sanitaria organizada de forma correcta en todas las empresas que emplean mano de obra asalariada; toda la organización médica y sanitaria debe ser completamente independiente de los empleadores; asistencia médica gratuita a los trabajadores a expensas de los empleadores con los salarios mantenidos por la duración de la enfermedad.

Establecimiento de la responsabilidad penal de los empleadores por el incumplimiento de las leyes de protección laboral.

Establecimiento en todos los sectores de la economía nacional de tribunales industriales, compuestos en partes iguales por representantes de los trabajadores y de los empleadores.

Los órganos de autogobierno local deben hacerse responsables de establecer oficinas de intermediación para la contratación de la mano de obra local y de los recién llegados (bolsas de trabajo) en todas las ramas de la producción, con representantes de las organizaciones de trabajadores que participen en su gestión.

Con el objetivo de eliminar los vestigios de la servidumbre que constituyen una pesada carga para los campesinos, y en interés del libre desarrollo de la lucha de clases en el campo, el partido por encima de todo exige:

Cancelación de los pagos de redención al estado (pagos de amortización fijados por el estado como “compensación” por la abolición de la servidumbre en 1861), de los censos pagados a los terratenientes para librarse de los servicios feudales y de todas las deudas que pesan sobre al campesinado como un estamento que paga impuestos.

Derogación de todas las leyes que limitan la libertad del campesino para disponer de su tierra.

El retorno a los campesinos de las sumas de dinero que les fueron arrebatadas en forma de pagos de redención al estado y de censos pagados a los terratenientes para librarse de los servicios feudales; confiscación a este fin de todas las propiedades monásticas y eclesiásticas, y también de las fincas pertenecientes a los ministros, a la nobleza y a los miembros de la familia del zar, y al mismo tiempo, la percepción de un impuesto especial sobre las tierras de la nobleza terrateniente que se benefician de los préstamos de reembolso; la desviación de las sumas percibidas de esta manera a un fondo nacional especial para cubrir las necesidades culturales y caritativas de las comunidades de aldea.

El establecimiento de comités campesinos: (a) para devolver a las comunidades de aldea (mediante la expropiación o, cuando las tierras han pasado de persona a persona, a través de la compra por parte del estado a expensas de la nobleza terrateniente) las tierras que fueron tomadas de los campesinos cuando se abolió la servidumbre, y que sirven en manos de los terratenientes como un medio para esclavizarlos; (b) para transferir a la propiedad de los campesinos en el Cáucaso las tierras que utilizan como semi-siervos, jornaleros, y así sucesivamente; (c) para eliminar los restos del régimen de servidumbre que sobreviven en los Urales, en la región de Altai, en el territorio occidental y en otras zonas del país.

Los tribunales deben tener el derecho de reducir los alquileres excesivamente altos y declarar inválidas las transacciones que despierten sospechas de unilateralidad.

En su deseo de alcanzar sus objetivos inmediatos, el POSDR apoya todo movimiento de oposición y revolucionario que se dirija contra el orden social y político existente en Rusia, y al mismo tiempo rechaza todos los proyectos reformistas que impliquen cualquier tipo de ampliación o refuerzo de la tutela burocrático-policial sobre las clases trabajadoras.

Por su parte, el POSDR está firmemente convencido de que la consecución completa, consistente y duradera de los cambios políticos y sociales que se han mencionado sólo es posible mediante el derrocamiento de la autocracia y la convocatoria de una asamblea constituyente, elegida libremente por todo el pueblo.

Apéndice III: Estatutos organizativos del Partido Obrero Socialdemócrata de Rusia (1903)

Fuente: Marxism in Russia: Key Documents 1879-1906, edited by Neil Harding, translated by Richard Taylor, Cambridge University Press, 1983, pp. 293-294.

(“Art. 1 del proyecto de Martov: ‘Se considerará miembro del Partido Obrero Socialdemócrata de Rusia a quien, luego de aceptar su programa, trabaje activamente para la realización de sus objetivos bajo el control y la dirección de los órganos del partido’.

Art. 1 del proyecto de Lenin: ‘Se considerará miembro del partido a quien acepte su programa y apoye al partido tanto financieramente como mediante su participación personal en una de sus organizaciones’.

Art. 1, en la formulación propuesta por Martov en el Congreso y aprobada por éste: ‘Se considerará miembro del Partido Obrero Socialdemócrata de Rusia a quien acepte su programa, apoye al partido financieramente y colabore personalmente con el mismo de un modo regular, bajo la dirección de una de sus organizaciones’” (Lenin 1904b, p. 271).)

Resolución. Los estatutos generales del partido son vinculantes para todas las secciones del partido.

Estatutos

Se considerará miembro del Partido Obrero Socialdemócrata de Rusia a quien acepte su programa, apoye al partido financieramente y colabore personalmente con el mismo de un modo regular, bajo la dirección de una de sus organizaciones.

El órgano supremo del partido es el Congreso del partido. Es convocado (de ser posible, al menos una vez cada dos años) por el Consejo del partido. El Consejo del partido tiene la obligación de convocar un Congreso si así lo solicitan las organizaciones del partido que, juntas, tienen derecho a más de la mitad de los votos decisivos.

Los siguientes órganos están representados en el congreso: (a) el Consejo del partido; (b) el Comité Central; (c) el Órgano Central (Iskra); (d) todos los comités locales que no hayan entrado en uniones especiales; (e) otras organizaciones a las que, en este contexto, se les otorga el mismo rango que los comités; (f) todas las uniones de comités reconocidas por el partido. Cada una de las organizaciones designadas está representada en el Congreso por un delegado que tiene dos votos; el Consejo del partido está representado por todos sus miembros, que tienen un voto cada uno.

La representación de los sindicatos se rige por estatutos especiales.

Nota 1. El derecho de representación es disfrutado sólo por aquellas organizaciones que han sido aprobadas, al menos, un año antes del congreso.

Nota 2. El Comité Central está facultado para invitar al Congreso, con voz pero sin voto, a delegados de organizaciones que no cumplan con las condiciones indicadas en la Nota 1.

El Congreso designa al quinto miembro del Consejo, al Comité Central y la Junta Editorial del Órgano Central.

El Consejo del partido es propuesto por el comité de redacción del Órgano Central y por el Comité Central, que envían dos miembros cada uno al Consejo: los miembros del Consejo que lo abandonan son reemplazados por candidatos propuestos por sus instituciones; el reemplazante del quinto miembro es nombrado por el propio Consejo.

El Consejo del partido es la más alta institución del partido. La tarea del Consejo es aprobar y coordinar la actividad del Comité Central y de la Junta Editorial del Órgano Central, y representar al partido en sus relaciones con otros partidos. El Consejo del partido tiene el derecho de reemplazar al Comité Central y la Junta Editorial del Órgano Central en caso de que los miembros de una de estas instituciones las abandonen todos juntos.

El Consejo se reúne cada vez que lo solicite uno de los órganos centrales: es decir, la Junta Editorial del Órgano Central, o el Comité Central o dos miembros del Consejo.

El Comité Central organiza los comités, uniones de comités y todas las demás instituciones del partido y orienta su actividad; organiza y orienta las iniciativas que tengan un significado para todo el partido; distribuye las fuerzas y los recursos del partido y gestiona los fondos centrales del partido; investiga los conflictos, tanto entre las diferentes instituciones del partido como dentro de ellas y, en general, coordina y dirige toda la actividad práctica del partido.

Nota. Los miembros del Comité Central no pueden ser al mismo tiempo miembros de ninguna otra organización del partido, con excepción del Consejo del partido.

La orientación ideológica del partido es responsabilidad de la Junta Editorial del Órgano Central.

Todas las organizaciones que forman parte de la estructura del partido llevan a cabo independientemente todas las actividades relacionadas en forma particular y exclusiva con el campo de actividad partidaria del que son responsables.

Aparte de las organizaciones aprobadas por el Congreso del partido, todas las organizaciones restantes son aprobados por el Comité Central. Todas las resoluciones del Comité Central son vinculantes para todas las organizaciones del partido, las cuales están obligadas a aportar a los fondos centrales del partido sumas determinadas por el Comité Central.

Todo miembro del partido, y cualquier individuo que tenga cualquier tipo de relación con el partido, tiene el derecho de exigir que su declaración sea transmitida en su forma original al Comité Central o a la Junta Editorial del Órgano Central, o al congreso del partido.

Toda organización del partido está obligada a facilitar tanto al Comité Central como a la Junta Editorial del Órgano Central la información que necesitan para tener conocimiento de toda su actividad y de sus miembros.

Todas las organizaciones del partido y todas las instituciones colectivas del partido toman decisiones por simple mayoría de votos y tienen el derecho de cooptación. Se requieren dos tercios de los votos para cooptar o excluir nuevos miembros, en ausencia de una protesta justificada. Se

permite el recurso de apelación ante el Consejo del partido contra las decisiones adoptadas por las organizaciones en cuestiones relacionadas con la cooptación o exclusión de miembros.

La cooptación de nuevos miembros al Comité Central o a la Junta Editorial del Órgano Central se efectúa por votación unánime. En casos en que no se alcance la unanimidad en la cooptación para el Comité Central o para la junta editorial del Órgano Central, una queja puede ser presentada ante el Consejo y, si el Consejo anula la decisión de la institución colectiva pertinente, la cuestión se resuelve finalmente por mayoría simple de votos.

El Comité Central y la Junta Editorial del Órgano Central se notifican mutuamente acerca de los nuevos miembros cooptados.

La Liga de la Socialdemocracia Revolucionaria Rusa en el Extranjero, como la única organización del POSDR en el extranjero, tiene como objetivo (la realización de) la propaganda y la agitación en el extranjero, pero, igualmente, la (prestación de) asistencia al movimiento ruso. La Liga tiene todos los derechos de los comités, con la única excepción de que proporciona apoyo al movimiento ruso sólo a través de individuos y grupos especialmente designados por el Comité Central.

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1 Esto no significa de ninguna manera que los bolcheviques desdeñaran el trabajo sindical, sino todo lo contrario. Según el testimonio del diputado bolchevique en la cuarta Duma, Alexei Badayev: "En el verano de 1914, los bolcheviques tenían la mayoría en la dirección de 14 de los 18 sindicatos existentes en San Petersburgo; en uno de los otros había un número igual de bolcheviques y mencheviques, y sólo 3 podían ser considerados mencheviques. Todos los sindicatos más grandes, incluyendo los metalúrgicos, apoyaban a los bolcheviques" (Badayev 1929, p. 189).

2En su libro, Bernstein afirmaba: "Para poner en su justa perspectiva el método de lucha de Plejanov bajo la luz adecuada, debo añadir que si no la máxima parte, sí la gran parte de los socialdemócratas rusos que trabajan en Rusia, entre los que se cuenta la redacción del diario obrero ruso [Rabócheie Dielo], se pronunciaron decididamente por un punto de vista muy cercano al mío, traduciendo además al ruso y difundiéndolos en opúsculos muchos de mis artículos 'carentes de sentido'" (Bernstein 1899, p. 259, nota 1)

3La segunda parte del artículo de Zasulich, publicado en dos entregas, ofrecía una crítica sistemática de la táctica de terrorismo individual y propaganda armada del recientemente creado Partido Socialista Revolucionario (ver Hildermeier 2000). Dicha crítica también coincidía exactamente con la crítica de Lenin a los eseristas (ver Lenin 1902b, 1902c, 1902d, Lenin 1902e, 1902f y 1906). Ver nuestra edición crítica del artículo de Zasulich en el presente número de Izquierdas.

4Ver la descripción del estado de las organizaciones socialdemocráticas en vísperas del Segundo Congreso en la Historia del Partido Bolchevique de Vladimir Nevski: “I gruppi di Pietroburgo: Rabočee Znamja, Sotsialist, Unione di lotta e il gruppo dell’Iskra” y “Le organizzazioni provinciali socialdemocratiche alla vigilia del 2° Congress” (Nevskij 1926, pp. 209-223). El libro de Nevski, un militante socialdemócrata desde 1899 y miembro de la fracción bolchevique desde 1903, es una buena historia de la Socialdemocracia rusa y del Partido bolchevique desde sus orígenes hasta 1917, si bien se hace eco de la leyenda, en aquel entonces propagada por la troika Zinoviev-Kamenev-Stalin, de que Trotsky “subestimaba el campesinado”. A pesar de ello, Nevski fue detenido en el marco de las Grandes Purgas de Stalin y fusilado el 26 de mayo de 1937.

5Sin identificarse plenamente con la tendencia bolchevique, la experiencia llevaría a Rosa a alterar su visión de la disputa fraccional en Rusia. En su discurso ante el Quinto Congreso del Partido Obrero Socialdemócrata de Rusia, celebrado en Londres, el 25 de mayo 1907, por ejemplo, afirmó: “Ustedes, compañeros de la derecha, se quejan largo y tendido sobre la estrechez, la intolerancia, y una cierta disposición mecanicista en las opiniones de nuestros compañeros, los llamados bolcheviques. [...] ¿Pero saben ustedes, compañeros, de dónde vienen todas estas características desagradables? [...] La rigidez es la forma adoptada por la táctica socialdemócrata de una de las fracciones, cuando la otra fracción presenta el estado informe de la jalea que se desliza en todas direcciones bajo la presión de los acontecimientos. [Aplausos de los bolcheviques y partes del centro]” (Luxemburg 1907, p. 559).

Recibido: 03 de Octubre de 2016; Aprobado: 08 de Diciembre de 2016

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