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Izquierdas

versión On-line ISSN 0718-5049

Izquierdas (Santiago)  no.37 Santiago dic. 2017

http://dx.doi.org/10.4067/S0718-50492017000600191 

Articles

Ha llegado la hora de decir basta. El movimiento sindical y la lucha por la democracia en Chile, 1973-1990

The time has come. The trade union movement and the struggle for democracy in Chile, 1973-1990

Rodrigo Araya Gómez* 

* Chile. Doctor en Historia Universidad Autónoma de Barcelona. Profesor Escuela de Historia Universidad Academia de Humanismo Cristiano. Correo: rodrhistoria@hotmail.com

Resumen:

El presente artículo tiene por objetivo analizar la trayectoria de las organizaciones más representativas del movimiento sindical chileno opositor durante la dictadura militar. Sostenemos que el sindicalismo fue un actor clave en la recuperación de la democracia, al tener un rol articulador de la oposición social, en base a su trayectoria histórica y sus vínculos con los partidos democráticos, relación que, sin embargo, condicionaría su accionar en el futuro proceso de transición a la democracia.

Palabras clave: sindicalismo; dictadura; plan laboral; movilización social; neoliberalismo

Abstract:

This article aims to analyze the trajectory of the most representative organizations of the Chilean opposition movement during the military dictatorship. We argue that trade unionism was a key player in the recovery of democracy, having an articulating role of social opposition, based on its historical trajectory and its links with democratic parties, a relationship that nevertheless would condition its actions in the future Process of transition to democracy.

Key Words: Syndicalism; dictatorship; labor plan; social mobilization; neoliberalism

Introducción

El presente artículo tiene por objetivo analizar la trayectoria del movimiento sindical durante la dictadura militar del general Pinochet, colocando el énfasis en el periodo posterior a la aprobación del Plan Laboral (1979), porque aquel conjunto de normas de carácter liberal, significó un cambio sustancial en las relaciones laborales, que obligó al movimiento sindical a adaptarse al nuevo marco legal, en medio de profundas transformaciones del aparato productivo a raíz de la aplicación a ultranza del modelo económico neoliberal. Sostenemos que el sindicalismo opositor estableció diversas respuestas a la dictadura, siendo un actor clave en la recuperación de la democracia, al tener un rol articulador de la oposición social y política, en base a su trayectoria histórica y sus vínculos con los partidos democráticos, relación que, sin embargo, condicionaría su accionar en el proceso de transición a la democracia.

La historiografía sobre la dictadura militar ha centrado fundamentalmente sus estudios sobre la trayectoria de los partidos políticos durante el periodo1, el impacto del modelo neoliberal en la sociedad chilena2 y en menor medida en la acción de los movimientos sociales, como el caso de los pobladores y jóvenes universitarios3. Sin embargo, los trabajos dedicados al movimiento sindical durante el periodo dictatorial, han sido escasos, a causa de la pérdida de centralidad del trabajo como categoría de análisis en las ciencias sociales, existiendo en general un vacío historiográfico sobre el tema, aunque encontramos algunas excepciones en el extranjero como los trabajos de Alan Angell, Paul Drake, Joel Stillerman y Peter Winn, quienes han estudiado diversos aspectos del movimiento obrero4. Mientras que desde el ámbito de la historiografía chilena destacan los aportes recientes de Rolando Álvarez, que ha estudiado la política sindical de la dictadura5; Ana López que ha realizado un estudio comparado de la resistencia obrera en Argentina y Chile6 y finalmente el trabajo de Rodrigo Araya sobre las organizaciones sindicales antidictatoriales7.

La escasez de estudios historiográficos sobre el sindicalismo durante la dictadura fue suplido en parte por la obra de la sociología laboral de fines de los años 70 y comienzos de los años 80, periodo donde se observaron los primeros efectos de la aplicación del Plan Laboral en el mundo sindical. Así, los trabajos de Guillermo Campero8, Jaime Ruiz-Tagle9, Manuel Barrera10, Patricio Frías11 y Gonzalo Falabella12, todos ellos investigadores pertenecientes a centros de estudios independientes como el Programa de Economía del Trabajo o el Instituto de Estudios Transnacionales, son indispensables para comprender el desarrollo de la acción sindical durante la dictadura, porque aportan una serie de conceptos e información estadística que permiten comprender las orientaciones generales del sindicalismo y los efectos del Plan Laboral en el periodo, constituyendo las principales fuentes sobre el movimiento sindical en los trabajos más generales sobre la dictadura pinochetista.

Los estudios citados anteriormente, en especial los vinculados a la sociología laboral de la década de los '80, entregan una mirada general sobre el sindicalismo y sus lógicas de funcionamiento, pero sin estudiar al actor en sí, salvo el caso de Falabella, quien analiza diversas organizaciones sindicales, clasificándolas de acuerdo a sus orientaciones programáticas. Campero y Cortázar estudian al movimiento sindical en función de las perspectivas de un futuro proceso político transicional, dividiéndolo en tendencias o lógicas de acción sindical sin una base empírica contundente13. Frías, por su parte, entiende al movimiento sindical como un movimiento laboral, subordinado en parte a los ritmos del proceso político desarrollado durante la dictadura. Jaime Ruiz-Tagle sostiene que el movimiento sindical después de la dictación del Plan Laboral, a pesar de haber quedado en una posición desmedrada, habría impulsado un proceso de democratización a nivel de base, generando una demanda de autonomía respecto a los partidos políticos, los cuales controlarían las organizaciones sindicales de nivel superior14.

Por otra parte, los autores que han estudiado el movimiento sindical desde el extranjero como Alan Angell o Paul Drake se han situado desde una posición que enfatiza el impacto negativo del modelo neoliberal sobre el sindicalismo más que en su capacidad de reacción ante la dictadura15. En este sentido, el aporte del artículo apunta por una parte a rescatar la figura del movimiento sindical como un actor fundamental en la lucha por la democracia, con un proyecto político propio, basado en la conquista de una democracia avanzada y por la otra, discutir el tipo de relación entre el partido y el sindicato, sosteniendo que entre ambos habría existido una relación compleja, que osciló entre la autonomía y la subordinación, según el momento histórico en el cual desarrolló su acción.

La propuesta de trabajo, busca analizar la acción de las principales organizaciones sindicales opositoras de carácter nacional, en cuanto actores político-sociales, considerando para efectos del estudio, la política desarrollada por la Coordinadora Nacional Sindical, el Comando Nacional de Trabajadores y la Central Unitaria de Trabajadores, pues aquellas organizaciones tuvieron un rol fundamental en la resistencia contra la dictadura por su capacidad de influencia en la sociedad civil. El trabajo considerará documentación interna de las citadas organizaciones, boletines de prensa sindical y partidaria e información emanada de medios de comunicación opositores con el objetivo de comprender las diferencias de posiciones políticas entre las organizaciones sindicales.

Sobreviviendo al golpe. El movimiento sindical en los primeros años de la dictadura

El movimiento sindical chileno a lo largo de su historia ha representado un rol fundamental en el desarrollo democrático del país. Desde sus inicios, el sindicalismo estuvo vinculado a las luchas populares y a la conformación de un proyecto político hegemonizado por corrientes políticas afines ideológicamente al marxismo16. En 1953 se constituyó la Central Única de Trabajadores (CUT)17, organización que alcanzó gran relevancia como actor político-social, especialmente durante los años del gobierno de la Unidad Popular (1970-1973), tiempo en que la CUT alcanzó un estatus privilegiado como la máxima organización representativa de la clase obrera y vinculada fuertemente al bloque gobernante liderado por el médico socialista Salvador Allende. La mayoría de la CUT defendió al gobierno de la Unidad Popular de los ataques de la oposición aunque también enfrentó el desafío que significó la creación de los cordones industriales, un tipo de organización sindical-territorial que cuestionó las políticas de la CUT por su moderación, impulsando una radicalización del proceso revolucionario experimentado por la clase trabajadora18. Sin embargo, el potencial proceso de cambios se vio interrumpido por el golpe de Estado del 11 de septiembre de 1973 que marcó un antes y un después respecto a la trayectoria del movimiento sindical chileno.

El golpe de estado de septiembre de 1973 tuvo devastadoras consecuencias para el movimiento sindical. En efecto, la histórica y profunda relación entre el movimiento sindical y la izquierda política, significó que ambos actores fueran una de las principales víctimas de la represión ejecutada por la dictadura cívico-militar que derrocó al gobierno de la Unidad Popular19. De este modo, la CUT fue proscrita y sus dirigentes perseguidos de múltiples formas, incluyendo la eliminación física o la desaparición de ellos. Además, el nuevo régimen suspendió derechos fundamentales para los trabajadores, como los de huelga y negociación colectiva, interviniendo las directivas sindicales al designar como integrantes a personas de su confianza. Algunos personeros de la dictadura, vinculados a la Fuerza Aérea, intentaron establecer una legislación de carácter corporativista, en colaboración con dirigentes sindicales que habían sido opositores a la Unidad Popular20. De este modo, el Ministro del Trabajo, general de la Fuerza Aérea, Nicanor Díaz Estrada, logró en el año 1975 la aprobación de un Estatuto Social de la Empresa, el cual reconocía ciertos derechos sindicales bajo la supervisión del Estado y evitando a su vez la participación de los partidos políticos21. Sin embargo, tal intento no fructificó, en definitiva, al imponer sus puntos de vista el equipo de economistas neoliberales conocidos como "Chicago Boys", quienes apoyaban la idea de una nueva legislación laboral de carácter ultraliberal, que restringuise el poder negociador de los sindicatos.

Esta última mención, nos conduce al carácter refundacional de la dictadura del general Pinochet. Los militares realizaron un diagnóstico negativo del desarrollo político del llamado Estado de Compromiso. Las nuevas autoridades decidieron conformar una nueva democracia, contraria a los valores de las democracias liberales y asumieron los planteamientos económicos de los "Chicago Boys", quienes también evaluaron de forma negativa el desarrollo económico del país de los últimos 40 años, criticando el carácter socializante de las políticas económicas implementadas por los gobiernos de distinto signo que habían dirigido el país22. De este modo, este grupo de economistas realizó una profunda reformulación de las bases económicas del país mediante una política ultraliberal, que implicó una drástica reducción del gasto fiscal, la privatización de la mayoría de las empresas estatales y la liberalización del comercio exterior. Los efectos de estas políticas fueron devastadores para la gran mayoría de la sociedad chilena, sufriéndolos especialmente los sectores populares. Por otra parte, el giro hacia un modelo basado en la exportación de materias primas, generó una grave crisis de la industria nacional, incapaz de competir con los productos importados, de modo tal que se produjo un proceso de desindustrialización, especialmente en sectores desde donde el sindicalismo extraía su fuerza, como fue el caso del textil, el metal y la minería23.

Ante este escenario desfavorable, el movimiento sindical, logró sobrevivir en duras condiciones. Los dirigentes vinculados a la democracia cristiana, partido tolerado en un primer momento por la dictadura24 a diferencia de la izquierda, conformaron grupos sindicales diferenciados respecto a su relación con los grupos marxistas25, destacando entre estas agrupaciones, el llamado Grupo de los Diez que representaba a dirigentes sindicales vinculados a los sectores moderados de la democracia cristiana y el radicalismo26. Este grupo, mantuvo en un primer momento relaciones cordiales con el nuevo régimen, pero se fueron distanciando en la medida que las reformas económicas se fueron profundizando y el Ministerio del Trabajo excluyó a los dirigentes de cualquier tipo de diálogo para discutir soluciones a las graves consecuencias sociales de la aplicación del modelo neoliberal. El Grupo de los Diez asumió una posición favorable a la formación de centrales sindicales ideológicas, rechazando la integración con dirigentes marxistas debido a su fuerte anticomunismo, de modo que su postura ante la dictadura, en ciertas instancias iba a tender hacia la ambigüedad a pesar del rechazo oficial hacia la política laboral del régimen.

Una posición contraria emergió desde la Coordinadora Nacional Sindical (CNS), la cual asumió el legado de unidad sindical de la antigua CUT, planteándose como una organización de carácter transitorio hasta que estuvieran las condiciones para la creación de una central única nacional27. Integrada por dirigentes demócrata cristianos, socialistas y comunistas, asumió desde su creación informal en 1975 una posición frontal contra la dictadura. En este sentido, la oposición sindical logró hacia fines de 1977 mayores niveles de visibilidad y plantear cuestionamientos a las autoridades mediante declaraciones de prensa o cartas a las autoridades militares. Así, la CNS en conjunto con otra pequeña organización sindical, el Frente Unitario de Trabajadores, envió el 22 de septiembre de 1978 una carta pública al general Pinochet denominada "Los trabajadores frente al presente y el futuro de Chile", en que denunciaron las malas condiciones de vida de los sectores populares y reclamando la enmienda de la política económica llevada a cabo por los "Chicago Boys". Sin embargo, las autoridades no reconocieron representatividad a estas organizaciones de modo que las peticiones quedaron sin respuesta o motivaron las represalias de la dictadura.

La CNS liderada por el demócrata cristiano Manuel Bustos se constituyó oficialmente en 1978 y rápidamente enfrentó el acoso de la dictadura. No obstante, la CNS tuvo sólidos apoyos dentro del movimiento sindical internacional, como se vio reflejado en la conferencia internacional de solidaridad con Chile de Madrid, celebrada en noviembre del mismo año, instancia donde el Comité Exterior CUT (Cexcut)28 tuvo a su cargo una mesa redonda sobre la realidad sindical chilena en colaboración con organizaciones sindicales internacionales donde se denunciaron las políticas antisindicales de la dictadura y se llamó a un boicot en contra de los productos chilenos29.

Otro espacio de carácter internacional donde el movimiento sindical chileno pudo expresar sus demandas, fue la Organización Internacional del Trabajo, donde el comité por la libertad sindical escuchó los planteamientos de los dirigentes venidos del interior del país o integrantes del Cexcut, organización que pudo recabar importante apoyo político y financiero a la oposición sindical como fue el caso de la propia CNS30.

Sin embargo, en 1979 el movimiento sindical enfrentó una crisis aun mayor con la promulgación del Plan Laboral. Este conjunto de normas, cuyos principios se encuentran vigentes hasta la actualidad, liberalizaron las relaciones laborales al destruir el poder negociador del sindicato, reduciéndolo al espacio de la empresa y con una mínima capacidad de presión a partir de la restricción del derecho a huelga y la posibilidad de creación de sindicatos paralelos dentro de la misma empresa31. En coherencia con las disposiciones del Plan Laboral, el Ministro del Trabajo José Piñera impuso en 1981 una transformación radical del antiguo sistema de pensiones, creando las administradoras de Fondos de Pensiones (AFP) que reemplazaron el sistema de reparto por uno de capitalización individual que sería administrado por sociedades con fines de lucro.

Las respuestas sindicales ante el Plan Laboral

El sindicalismo sintió el duro golpe que significó la imposición del Plan Laboral. La afiliación disminuyó desde un 30% aproximado hacia 1979 a sólo un 10% en 198332, lo que en números absolutos significaba poco más de 300 mil trabajadores sindicalizados mientras que amplias capas de trabajadores quedaron sin posibilidad de negociar colectivamente como fue el caso de los obreros de la construcción, empleados públicos y temporeros agrícolas. Ante este nuevo escenario, el movimiento sindical, buscó adaptarse mediante un lento y paciente trabajo con las bases, a la vez que las organizaciones intermedias continuaron una activa labor de educación y capacitación de sus sindicatos afiliados33.

Los distintos grupos sindicales crearon el Comité de Defensa de Derechos Sindicales, el cual fue la primera instancia de unidad en la acción de un movimiento sindical dividido y fragmentado por las diferencias políticas, especialmente entre la CNS y el Grupo de los Diez que pasó a llamarse Unión Democrática de Trabajadores (UDT), hecho que consolidó la división orgánica del sindicalismo opositor.

Una vez impuesta la nueva norma laboral se desarrollaron los procesos de negociación colectiva, cuyos escasos resultados reflejaron las dificultades que traía consigo, como fue el caso de la huelga de la textil Panal34, cuyo sindicato la inició el 8 de octubre de 1980 ante el desacuerdo por el monto del reajuste ofrecido por los dueños de la empresa, la huelga contó con el apoyo de otros sindicatos y organizaciones sociales, sin embargo, los dirigentes asumían que la huelga no jugaba ningún rol desde el punto de vista económico, pero

permite nuevas experiencias, recomponer cuadros, sacar conclusiones de lucha y unidad, aunque interrogados sobre el futuro de la huelga "Si no hay solución que nos satisfaga, pretendemos llegar hasta los 59 días. Si bien dejaríamos de ganar sueldos en este periodo, lograríamos renovar con el mismo contrato anterior: en el fondo dejamos de perder35

Otro caso emblemático, fue la huelga de los trabajadores pertenecientes al sindicato Nº 1 de Madeco ocurrida en junio de 1982, acción que puso en evidencia los efectos regresivos del Plan Laboral, porque los trabajadores de la empresa se dividieron ante la petición de la gerencia de renunciar a las últimas tres gratificaciones, medida que fue apoyada por los socios de los sindicatos nº 2 y 3, mientras que los integrantes del sindicato Nº 1 se fueron a huelga, enfrentando la presión de la empresa, que provocó que algunos socios se bajaran de la movilización, obligando al sindicato a aceptar la última propuesta de la empresa, a cambio de revisar la situación de los trabajadores despedidos. El balance de esta acción sindical, publicado en Paginas Sindicales, dio cuenta de la mayor combatividad del sector de los operarios, representados en el sindicato nº 1 mientras que los empleados y técnicos tuvieron una menor disposición de lucha, división que habría condicionado el éxito de la huelga, aunque el mismo medio señaló que de acuerdo a la opinión de los dirigentes del sindicato nº 1 "se ganó conciencia de que han sido las clases dominantes las que han reglamentado a las organizaciones sindicales. Por eso hoy, hay que luchar por construir una reglamentación sindical en los hechos, por los propios trabajadores"36 . Es decir, para los propios trabajadores de base, el carácter patronal de la nueva legislación fue evidente, por lo que era necesaria su derogación, exigencia que se convertiría en una de las demandas principales del movimiento sindical opositor a la dictadura.

No obstante, hubo algunos casos de negociación colectiva relativamente exitosos, llegando a señalar un boletín del Cexcut, de un fracaso del Plan Laboral como instrumento de control del movimiento sindical37, mientras que en otras experiencias de huelgas se logró sobrepasar la legislación vigente como ocurrió con la huelga de los trabajadores de la empresa francesa Compañía de Construcciones Internacionales (CCI), encargada de las faenas de construcción de la central hidroeléctrica Colbún-Machicura, transcurrida entre noviembre de 1982 y marzo de 198338 , acción que rompió la normativa legal y que generó una amplia solidaridad expresada por diversas organizaciones sociales39 .

La huelga terminó con éxito para los trabajadores, porque a pesar de haber traspasado el límite legal, lograron que CCI acogiese sus demandas, situación que planteó la disyuntiva de respetar la legislación y acomodar la acción en procura de atenuar sus efectos contrarios o sencillamente boicotear el Plan Laboral y buscar la unidad desde las bases para defender los derechos de los trabajadores40 .

Ahora bien, la aprobación del Plan Laboral y su desarrollo posterior confirmó los planteamientos de la gran mayoría del movimiento sindical, de que sólo en un sistema democrático se recuperarían los derechos perdidos por los trabajadores, de modo que el movimiento sindical siguió enfrentándose a la dictadura, cuestionando la política económica de los "Chicago Boys" y exigiendo la derogación del Plan Laboral. Sin embargo, Pinochet y sus seguidores, se encontraban seguros de su poder, especialmente después del triunfo en el plebiscito del 11 de septiembre de 1980 mediante el cual se aprobó el nuevo proyecto de constitución, el cual consagró la nueva democracia protegida y autoritaria que defendía el bloque en el poder, aunque no previeron la grave crisis que iba a sufrir con la debacle económica internacional de comienzos de los 80 y que golpeó con especial intensidad a Chile por su extrema dependencia de los flujos financieros mundiales. El deterioro de la situación económica a partir del año 1981 movió a los dirigentes sindicales a buscar caminos de unidad. La CNS envió a Pinochet el Pliego de Chile, documento basado en la discusión de dirigentes de base de la organización, en el cual se exigieron demandas mínimas e intransables sobre diversas materias que apuntaron a anular el Plan Laboral y a obtener el derecho "a participar en la elaboración de las políticas sociales y económicas e institucionales que los afectan"41, mientras que el líder de la Coordinadora Manuel Bustos era detenido por atribuirse la representación de los trabajadores. Por otra parte, el líder de la UDT Tucapel Jiménez intentó generar caminos de unidad para enfrentar a la dictadura, por lo que fue salvajemente asesinado por el servicio de inteligencia del ejército en febrero de 1982, un hecho que vino a simbolizar el carácter antisindical de la dictadura42 .

La CNS continuó exigiendo cambios urgentes a la política económica de la dictadura. Así en agosto de 1982, se envió un memorándum al dictador en que se planteó la recuperación de los derechos de los trabajadores perdidos como efecto del Plan Laboral. De éste modo solicitó el "Restablecimiento de los derechos laborales individuales básicos de orden constitucional y legal de protección al trabajador" considerando entre ellos la estabilidad en el empleo y la reajustabilidad automática de los salarios y junto a ellos "en el derecho colectivo del trabajo" se pidió el derecho a huelga efectiva y la negociación por rama entre otras medidas, mientras que en el caso de la seguridad social, se pidió revisar la legislación porque se estimaba que tenía un futuro incierto. La respuesta de la dictadura fue la negativa a cualquier tipo de diálogo con los dirigentes sindicales. Más aún Manuel Bustos, presidente de la CNS fue expulsado del país a fines del mismo año junto al dirigente comunista de la construcción Héctor Cuevas, acusado por el gobierno de infringir la Constitución de 1980 al atribuirse la representatividad del conjunto de los trabajadores43. Ahora bien, el empeoramiento de la situación económica, trajo un cambio de escenario político porque la dictadura entró en una profunda crisis de legitimidad, que le hizo perder fuerza entre sus propios partidarios. La falta de orientación del gobierno se expresó en las distintas medidas aplicadas por el equipo económico para salir de la crisis, las que hicieron recaer sus costos en los propios trabajadores, quienes vieron como mediante las leyes 18.134 y 18.198 se modificaban los pisos mínimos para iniciar los procesos de negociación colectiva, alterando la reajustabilidad de los salarios. El aumento que se produjo a partir de aquellas leyes fue bajo el IPC, afectando las ya deplorables condiciones de vida de los sectores populares.

En este escenario, Manuel Bustos, quien se encontraba exiliado en Italia, planteó en una Conferencia de Solidaridad con Chile, celebrada en Madrid en marzo de 1983, que:

Bajo estas nuevas condiciones que vive el país, la lucha de la clase trabajadora se desarrolla bajo formas también nuevas (...) Esto no significa olvidar un pasado que nos ha legado ricas experiencias y reivindicaciones, de la misma manera que algunas prácticas sectarias y excluyentes que hicieron crecer a las organizaciones sindicales en forma poco autónoma e independiente. El movimiento sindical resurge hoy reestructurado con una nueva política de alianzas y reivindicando como cuestión fundamental la reconstrucción democrática del país.44

Por lo tanto, el dirigente exiliado planteó como tarea urgente para el movimiento sindical la recuperación de la democracia, bajo una combinación de herramientas que recogieron lo mejor de la tradición de lucha del sindicalismo, pero también adaptado a los cambios que estaba experimentando la sociedad chilena. Además, Bustos planteó con fuerza el concepto de autonomía como eje de la acción sindical, entendiéndola como contraria a la partidización o sindicalismo bajo "correa de transmisión", término con el que se denominaba la acción sindical supeditada al accionar de los partidos políticos.

Este punto es relevante, porque en momentos en que los partidos políticos desarrollaban su acción en forma clandestina o semiclandestina, como en el caso de la democracia cristiana, el movimiento sindical se había constituido en la oposición visible al régimen junto a las organizaciones vinculadas al ámbito de los derechos humanos. La gran mayoría de los dirigentes sindicales nacionales tenían militancia en los partidos de oposición, estableciéndose una relación compleja por las tensiones latentes entre ambas organizaciones, puesto que tradicionalmente los partidos políticos habían determinado las orientaciones generales de los sindicatos, especialmente en federaciones y confederaciones, confluyendo en un proyecto de carácter nacional como lo fue la superación del sistema capitalista. Sin embargo, en el contexto autoritario, con su efecto de quiebre de la relación histórica partido-sindicato, el movimiento sindical necesitó generar fuerza propia y establecer un proyecto que ayudase a la cohesión de los sectores populares con el objetivo de recuperar la democracia y salir de la situación de emergencia económica45 , pudiéndose plantear la existencia de dos tipos de oposición, una política y otra social, ubicando al movimiento sindical en esta última, aunque conservando algún nivel de relación expresada en la doble militancia de algunos dirigentes.

No obstante, el movimiento sindical, supo comprender el cambio de escenario político, asumiendo el rol conductor de la oposición, al convocar a la primera huelga general contra la dictadura. En efecto, los dirigentes de la Confederación de Trabajadores del Cobre (CTC) realizaron un congreso nacional en abril de 1983 en que señalaron:

Nuestro problema no es una ley más o una ley menos, o de una modificación u otra a lo existente, sino que es mucho más profundo y medular: se trata de un sistema completo, económico, social, cultural y político que nos tiene envueltos y comprimidos, que se contradice con nuestra idiosincracia de chilenos y trabajadores (...) Por eso hemos concluido que esta situación no podemos silenciarla porque seríamos cómplices de ella. Si no luchamos para que esto cambie, seríamos traidores a nuestros principios democráticos y sindicales. Si no luchamos es porque no merecemos la representación que nos han entregado los trabajadores. Ha llegado el momento de ponerse de pié y decir BASTA46 .

Por lo tanto, la Confederación concluyó que las condiciones habían madurado de tal manera, que la única respuesta a la dictadura, era la movilización social para terminar con ella. Así, la declaración citada llamó a realizar un paro nacional, convocatoria que sorprendió tanto al gobierno como a la oposición, generándose una discusión entre los grupos sindicales sobre la conveniencia de llamar a un paro nacional, puesto que los factores disuasivos como la posible represión militar, los despidos y la propia debilidad de la organización sindical podrían convertirlo en un fracaso. Sin embargo, en una respuesta audaz, la CTC cambió la convocatoria por una jornada nacional de protesta para el 13 de mayo de 198347 . A pesar de las dudas y temores, la protesta tuvo un éxito extraordinario y marcó el inicio de un ciclo de movilizaciones sociales que pusieron en jaque a la dictadura durante cerca de 3 años.

El movimiento sindical se revitalizó en aquella coyuntura, logrando un importante poder de convocatoria más no de movilización de los trabajadores, porque la gran mayoría presionado por los efectos disciplinarios del desempleo temieron perder sus trabajos. No obstante, si logró movilizar a sectores de jóvenes desempleados, mujeres y habitantes de las barriadas.

En ese periodo, los grupos sindicales buscaron generar instancias de mayor coordinación que les permitiese enfrentar de mejor manera a la dictadura y a la vez, articularse en una relación de igualdad con los partidos políticos, que presionaban por conducir las protestas. Fruto de estos esfuerzos de coordinación, fue la creación con posterioridad a la realización de la primera protesta nacional del Comando Nacional de Trabajadores (CNT), el cual se convirtió en uno de los principales referentes contrarios de la dictadura, destacando además por ser un espacio unitario de toda la oposición, la cual se encontraba dividida por las estrategias para terminar con la dictadura48 . De este modo, en el Comando, se encontraron dirigentes de militancia comunista, demócrata cristiana y pertenecientes a las distintas fracciones socialistas, quienes apoyaron la estrategia de la movilización social para terminar con la dictadura, siendo uno de los principales convocantes de las protestas nacionales y en razón de ello, objeto de una fuerte represión por el aparato policial de la dictadura.

En uno de sus documentos fundacionales, el CNT señaló que era la "la expresión de la unidad en la acción de los trabajadores chilenos, encaminada al restablecimiento de la democracia en nuestro país y del libre ejercicio de los derechos sindicales y ciudadanos"49 , es decir, se asumía como un hecho la diversidad sindical y política, aunque unidos bajo un mismo sistema opresor, agregando "Nos une también el hecho de que al mismo tiempo de ser trabajadores, somos los pobladores, somos en más de un 30% los cesantes, somos los “consumidores”, somos, en definitiva, el pueblo de Chile que quiere decidir su futuro y que protesta y seguirá protestando por recuperar ese derecho a decidir50 . Es decir, el Comando se adjudicó la representación de todos los sectores populares, asumiendo la múltiple identidad del ser trabajador con la de poblador, vecino o consumidor, definición que apuntaba también a ampliar su esfera de acción, al abarcar a otros sectores descontentos con la dictadura, de manera de crear una organización multiclasista que tuviera el poder para desestabilizar a la dictadura y obligarla a negociar su término anticipado.

El Comando reunió en su seno a la CNS, al FUT y a la UDT entre otros grupos y sindicatos nacionales. Sin embargo, las diferencias suscitadas al interior del Partido Demócrata Cristiano respecto a la estrategia de la movilización social y la colaboración activa con los comunistas, motivaron la salida de la UDT del Comando, porque este grupo sindical criticaba la presencia de la izquierda en el CNS por lo que resolvió asumir un camino propio y constituirse en una central independiente. Ahora bien, lo que perdió el Comando en diversidad, lo ganó en coherencia programática y estratégica, porque su liderazgo insistió en la vía de la movilización social como el mejor medio para acabar con el régimen de Pinochet. Este aspecto fue relevante, porque dentro de la oposición no hubo consenso sobre las estrategias para terminar con la dictadura, generándose una división que entorpeció la realización de las protestas o la concreción de un paro nacional, al cual había llamado el CNT de acuerdo a las resoluciones de su ampliado de enero de 1984. El paro nacional como horizonte discursivo motivó a la gran mayoría de la oposición pues recordaba al clásico expediente de la huelga revolucionaria como herramienta de cambio político tal como se puede comprender a partir de la evaluación de la jornada de protesta del 27 de marzo de 1984, calificado por la revista Solidaridad, como "más paro que protesta"51 .

La división política opositora movió al movimiento sindical a formular sus propias propuestas programáticas, labor donde la CNS tuvo relevancia al generar un trabajo paralelo que sirvió para informar y enriquecer el debate al interior del Comando. De este modo, la Coordinadora señaló en su VI Asamblea Nacional de junio de 1984, la necesidad de fortalecer el trabajo al interior del CNT y al mismo tiempo seguir impulsando un proyecto de unidad sindical52 . Es decir, se asumió la necesidad de construir un proyecto de sindicalismo unitario que le diese mayor eficacia a la lucha sindical, en cuanto aglutinadora de intereses diversos, por lo que se afirmó que el CNT asumía también la representación de las grandes mayorías nacionales: "Pero, no hemos querido limitarnos a la defensa egoísta de nuestros intereses. Estamos convencidos que los anhelos y derechos de los trabajadores se identifican con los intereses de la gran mayoría de los chilenos y del país mismo"53 .

Por lo tanto, la estrategia de la CNS confluyó en la propuesta del CNT de asumir la representación de los sectores populares, presentando los Pliegos de Chile, destacando los presentados los años 1984 y 1985 por la variedad de demandas que incluyeron temas vinculados a los pueblos originarios y las organizaciones de derechos humanos. Estas propuestas, que en el fondo constituyeron verdaderos programas de gobierno, respondían a un concepto avanzado de democracia económico-social, que superase el modelo neoliberal y a la vez fuese la base de un gobierno de reconstrucción democrática54 .

El CNT también apostó a la concertación social entendida como herramienta de lucha, es decir, la convocatoria a diversos grupos sociales, al apoyar en marzo de 1986 la conformación de la Asamblea de la Civilidad, la más amplía organización contraria a la dictadura creada hasta ese momento. La Asamblea, con liderazgos provenientes especialmente de los sectores medios, buscó terminar con la dictadura con una acción ascendente de masas que obligase a las FF.AA. a negociar con independencia de Pinochet. Sin embargo, la falta de alternativas a la política represiva del dictador y la negativa a modificar en cualquier aspecto el trazado institucional contenido en la Constitución de 1980, provocó la división de la Asamblea, a pesar del éxito conseguido con sus acciones de protestas, especialmente la jornada de protesta del 2 y 3 de julio de 1986, la cual logró paralizar buena parte del país, pero con un alto costo en vidas.

El sindicalismo, tampoco estuvo ajeno a esas divergencias, especialmente por las diferencias entre comunistas y demócrata cristianos respecto al uso de la violencia como arma política, puesto que alteraron la acción del CNT como instancia unitaria sindical, aunque sin llegar a una división. En ese sentido, el desgaste de las protestas, unido al intento fracasado de ajusticiamiento de Pinochet y el posterior Estado de Sitio a partir del 8 de septiembre de 1986, condujeron al sindicalismo a fortalecer sus procesos de organización interna, convirtiéndose en un objetivo en el corto plazo, la unidad sindical. Así, tanto el CNT como la CNS apostaron por la recuperación de la unidad sindical, mediante la reconstitución de la CUT. En efecto, en diversas asambleas, estas organizaciones fueron preparando el camino a la nueva central, discutiendo también las que deberían ser las bases del sindicalismo cuando se reinstaurase la democracia. El Comando realizó un intenso trabajo programático en su primera Conferencia Nacional, en la cual mediante un trabajo por comisiones, se estudiaron diversas temáticas atingentes al mundo del trabajo, estableciéndose conceptos como sindicalismo sociopolítico, nuevo sindicalismo o concertación social, los cuales se discutieron, destacando, el llamado a ampliar la convocatoria sindical, porque ""La estructura de composición de la clase trabajadora ha variado. Algunos de estos cambios obedecen a la lógica operante del modelo neoliberal de sociedad y, en consecuencia, pueden ser revertidos.", pero, añadió la comisión "hay otros indicadores que muestran, más allá de esta coyuntura, un cierto desfase entre la convocatoria tradicional y la evolución en la estructura social."55

Este cambio en el tipo de convocatoria, respondía a la crítica del "indudable sello obrerista” del movimiento sindical anterior al golpe de Estado. En consecuencia, se requerían nuevos análisis teóricos y prácticos, considerando también la adhesión que había logrado el sindicalismo en otros sectores sociales56 . Es decir, el CNT estaba asumiendo los cambios sociales provocados por la aplicación del modelo neoliberal, los que obligaban a readecuar las políticas tradicionales del sindicalismo chileno, con el fin de recoger las demandas de nuevos actores sociales.

Además, el Comando defendió la autonomía del sindicalismo respecto al Estado y los partidos políticos, agregando que el movimiento sindical debía estar disponible para participar en acuerdos globales "es indispensable establecer mecanismos que articulen las nuevas fuerzas sociales con nuevas formas institucionales, capaces de generar un consenso sobre un proyecto de vida común y sobre la resolución institucionalizada de las divergencias"57 . Por lo tanto, para el Comando, el sindicalismo debía contribuir a la construcción de un consenso como base de un nuevo orden social, en que fuese reconocido como un actor válido e independiente de otras fuerzas sociales, sin que ello significase una visión despolitizada de la sociedad.

Hacia una nueva CUT

La CNS impulsó el proceso constituyente de una nueva central, al presentar unos principios orientadores, cuyas bases debían recoger la herencia del histórico sindicalismo de clase junto a una adecuación a los cambios experimentados por el país por los efectos del modelo neoliberal. Así propuso:

Una declaración de principios que recoja lo mejor de la tradición, los valores y métodos de lucha desarrollados por la Clase Trabajadora Chilena, mediante su historia por alcanzar una sociedad solidaria, libre de la Explotación Capitalista; Democrática, Pluralista y Unitaria, amplia y Solidaria en el plano Interno y abiertas en sus relaciones Internacionales a todas las expresiones del Movimiento Sindical Mundial. Una declaración de principios que además de recoger lo mejor de la tradición e idiosincrasia de nuestro Pueblo Trabajador y del legado histórico del Movimiento Sindical Chileno; refleja conceptos claros y modernos de la realidad en que deberemos desenvolvernos en el futuro.58

De este modo, la propuesta de la CNS se entroncaba con la raíz anticapitalista del sindicalismo chileno, aunque sin mencionar abiertamente su vinculación con algún tipo de proyecto político cercano al socialismo. En ese sentido, la declaración apuntó a un equilibrio entre las posiciones cercanas a la fracción progresista del Partido Demócrata Cristiano y las posturas defendidas por el Partido Comunista. Ahora bien, el mismo texto plantea una visión sustantiva de la democracia, en que se reconociesen los derechos económico-sociales, concepto que expresaría también las expectativas que se tenían respecto a un proceso de transición a la democracia que se estimaba inminente, en la medida que se acercaba también el plebiscito sucesorio de 1988.

En este sentido, las diversas corrientes político-sindicales, convergieron en el apoyo al proceso constituyente de una nueva central unitaria. Así, desde el sindicalismo "renovado", Arturo Martínez, secretario general del CNT y dirigente también de la CNS señaló en una entrevista que "hay que dar un paso importante y constituir una organización sindical capaz justamente de enfrentar ese momento político que se nos viene encima" y junto con ello agregó Martínez:

los trabajadores necesitamos una estructura mejor para enfrentar esos momentos, para enfrentar el plebiscito o para enfrentar las elecciones que vienen después y para exigir que el nuevo gobierno que viene después cumpla, por lo menos con lo que hemos venido pidiendo a través del pliego que hemos entregado hace algunos años59

Es decir, la nueva CUT debería ser un instrumento eficaz para defender los derechos de los trabajadores en el nuevo contexto democrático que se vislumbraba en el horizonte, momento que también sería complejo por las esperanzas que se tenían respecto a la satisfacción de demandas de cambios exigidas por años por el movimiento sindical.

La misma posición favorable al proceso unitario la encontramos en el socialismo de Almeyda60 , donde el dirigente sindical Luis Fuentealba afirmó que la creación de una nueva CUT se sustentaba en un proceso de crecimiento de la afiliación sindical y de democratización de las directivas, de modo que "todo eso hay que convertirlo en una nueva calidad del movimiento sindical chileno. Las cosas están maduras. Si no damos este paso el actual movimiento sindical, la cúpula sindical especialmente, entraría en crisis"61 .

El mundo sindical comunista adhirió también a la creación de una central unitaria, postura vinculada a la defensa del proyecto histórico emancipador del sindicalismo chileno, el cual cobraba relevancia en la coyuntura política previa al plebiscito, en que se esperaba "la generación de la Central, debe mostrar un movimiento sindical influyendo con su peso en el proceso político. Pero también el proceso conducente a la Central debe reflejar la potencialidad de las luchas antidictatoriales que ésta pueda generar."62 Por lo tanto, habría coincidencia en los planteamientos de la izquierda sindical, respecto a la misión que debía tener la CUT como instrumento de la lucha antidictatorial y de defensa de los intereses de los trabajadores. Ahora bien, si esta posición unitaria se suma la postura de los dirigentes sindicales demócrata cristianos del CNT como Manuel Bustos y Diego Olivares, se formó una clara convergencia hacia un proyecto de una nueva central, aunque hubiera diferencias respecto a los principios que debían regir a la nueva organización.

En este sentido, la polémica por el carácter de clasista de la nueva central, fue relevante por la configuración del proyecto político futuro de la CUT. Así tanto socialistas de Almeyda y comunistas defendieron una concepción clasista de la central, planteamiento que se encuentra explicado en detalle en un documento redactado por dirigentes comunistas quienes afirmaron que la central debía ser clasista "en su sentido más profundo, guiándose siempre por el principio de la lucha de clases, es decir, asumiendo su misión de defensa de los derechos de los trabajadores (...) proponiéndose como objetivo, terminar con la explotación del hombre por el hombre y marchar a una sociedad más justa"63 . Mientras que en el caso de la Democracia Cristiana, se rechazó la definición clasista de la central, por su connotación ideológica-partidista, señalando al respecto Manuel Bustos, que aquella discusión era funcional a los intereses del régimen militar de hacer fracasar el proceso constituyente de la nueva central unitaria64 .

A pesar de estas divergencias, los planteamientos unitarios se concretaron finalmente con la constitución de la Central Unitaria de Trabajadores en agosto de 1988. La nueva central, recuperó la vieja sigla CUT, pero al definirse como unitaria, reconoció la existencia de otras organizaciones sindicales de carácter nacional. La CUT se definió además como una organización democrática, representativa, pluralista, autónoma y humanista, heredera de las tradiciones del sindicalismo clásico y a la vez representativa de los grandes intereses populares a través de una amplia plataforma de lucha y declaración de principios que recogió una serie de demandas que se dirigían a exigir una democracia política y social. Por lo tanto, el concepto clasista quedó relegado frente a definiciones que se dirigían a conformar un proyecto sindical adaptado a las nuevas condiciones políticas del país.

Sin embargo, la CUT enfrentó una serie de problemas derivados de su proceso de constitución porque existieron fuertes pugnas respecto a la representatividad de algunos delegados y sus organizaciones. Además, el sistema de votación indirecto, no facilitó mecanismos de transparencia en el control del proceso de elección de la directiva nacional, el cual se vio politizado por la relevancia que adquirió la CUT para los partidos políticos, porque aquel partido que tuviese mayoría en la central, tendría la posibilidad de incidir de mejor manera en la discusión de las políticas laborales del gobierno democrático. De este modo, la democracia cristiana realizó sus mayores esfuerzos por obtener la presidencia de la central, mientras que la izquierda buscó mantener su tradicional poder en el ámbito sindical. Así, de acuerdo a las cifras oficiales, la lista de la democracia cristiana obtuvo sobre el 40 % de los votos, siendo elegido presidente Manuel Bustos, quedando los socialistas en sus distintas expresiones en el segundo lugar y los comunistas relegados al tercer puesto, hecho significativo por su peso tradicional en el mundo sindical. Este cambio político es relevante para comprender el giro "moderado" que tendrá la central, por el tipo de sindicalismo que desarrollaba la democracia cristiana, más cercana a posiciones consociativas o partidarias de un pacto social.

Por otra parte, hay que tener presente que la emergencia de la CUT se explica, como se ha podido vislumbrar a partir de las posiciones de las distintas corrientes político- sindicales, por la coyuntura política de aquel momento, porque la oposición antipinochetista, después del fracaso de la vía de la movilización social para terminar con la dictadura, optó por asumir el itinerario planteado por la Constitución de 1980, el cual contemplaba un plebiscito sucesorio a realizarse en 1988 para ratificar o rechazar el mandato de Pinochet por ocho años más. La oposición con la excepción del Partido Comunista y el MIR se unió en una coalición electoral denominada Concertación de Partidos por el No, para enfrentar a Pinochet.

Por lo tanto, en correspondencia con ese esfuerzo unitario, el mundo sindical opositor se organizó en forma mayoritaria en la CUT, aunque a diferencia de la Concertación por el NO, el proceso sindical unitario incluyó al partido Comunista, hecho que le dio mayor viabilidad a la central por el fuerte arraigo comunista en el mundo obrero. Así, a pesar de la debilidad del movimiento sindical producto de los diversos golpes recibidos por la dictadura, logró resistir y desarrollar un lento proceso de fortalecimiento de sus filas, expresado en el aumento sostenido de las tasas de sindicalización65 , lo cual le daba un potencial movilizador en un futuro proceso democrático. De este modo, para la oposición política, fue vital sumar al mundo sindical a la campaña por el NO, tal como se puede desprender de la competencia por listas políticas para conformar la primera dirección nacional. En consecuencia, con una dirección hegemonizada por los partidos de la Concertación, la CUT se sumó activamente a la campaña del plebiscito, contribuyendo de forma importante al triunfo del NO.

La militancia de Bustos y de la mayoría de la central, constituyó un riesgo para la autonomía de un movimiento sindical, que aspiraba a la satisfacción de sus demandas históricas por parte del futuro gobierno democrático. Bustos tuvo una relación privilegiada con el liderazgo concertacionista, apoyando al candidato demócrata cristiano Patricio Aylwin, comprometiendo a la CUT a respaldar el proceso transicional. El resultado favorable a las fuerzas democráticas en las elecciones presidenciales de diciembre de 1989 abrió un nuevo escenario político, de forma que el sindicalismo se preparó cuando se reinstaurase la democracia, esperando la recuperación de los derechos perdidos durante la dictadura.

Epílogo: ¿Y la alegría llegó?

Sin embargo, la relación entre la CUT y el futuro gobierno de Aylwin implicó una serie de dilemas, porque los objetivos de la central no coincidieron con los del gobierno electo, el cual impuso sus términos, en el sentido de supeditar las demandas sociales al objetivo central de garantizar la estabilidad del proceso transicional, Así, el comienzo del diálogo entre la CUT y la patronal CPC significó una moderación de los objetivos de la central, pues renunció a la movilización social, su tradicional herramienta de lucha, tal como expresó en un protocolo de acuerdo firmado a fines de enero de 1990:

Las organizaciones sindicales y empresariales tienen un importante papel como factor de estabilidad en la sociedad chilena, el que se suma a su rol de defensa de los intereses de sus asociados.(...) El diálogo es la vía natural que empresarios y trabajadores tienen para lograr entendimientos. El hará posible negociaciones que se desarrollen preservando el interés y tranquilidad de la comunidad, en un clima de respeto mutuo y de igualdad de las partes. El diálogo implica la posibilidad de acuerdos y desacuerdos. (...) Los acuerdos a que lleguen no pretenden resolver todas las discrepancias. Sin embargo, las partes que suscriben procurarán con decisión que sus asociados asuman este propósito común de buscar coincidencias que permitan sostener relaciones laborales estables, armónicas y equitativas, respetando las atribuciones y características propias de la empresa.66

Esta posición, sin embargo, no fue consultada a las bases de la CUT, de modo que la central abrió una ventana a un tipo de acción política de tipo cupular, que en aras de la defensa de la estabilidad del orden social y de la propia democracia iba a desmovilizar las bases sindicales, facilitándose la pérdida de proyección de un movimiento sindical que aspiró después de 17 años de dictadura a convertirse en un actor fundamental de la nueva democracia.

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1 En este ámbito destacan los aportes de Rolando Álvarez, Arriba los pobres del Mundo: cultura e identidad política del Partido Comunista de Chile entre democracia y dictadura: 1965-1990, Santiago, LOM Ediciones, 2011; Víctor Muñoz Tamayo, Historia de la UDI: generaciones y cultura política (1983-2013), Santiago, Ediciones Universidad Alberto Hurtado, 2016; Pablo Rubio, Los civiles de Pinochet: la derecha en el régimen militar chileno 1983-1990, Santiago, Ediciones de la Dirección de Bibliotecas, Archivos y Museos, 2013; Verónica Valdivia et al, Su revolución contra nuestra revolución, izquierdas y derechas en el Chile de Pinochet (1973-1981), Santiago, LOM Ediciones, 2006.

2Manuel Gárate, La revolución capitalista en Chile (1973-2003), Santiago, Ediciones Universidad Alberto Hurtado, 2012

3Víctor Muñoz Tamayo, Generaciones: juventud universitaria e izquierdas políticas en Chile y México (Universidad de Chile-UNAM, 1984-2006), Santiago, LOM Ediciones, 2011.

4Véase Alan Angell, "Sindicatos y Trabajadores en el Chile de los 80" en Paul Drake e Ivan Jaksic, El difícil camino a la democracia en Chile. 1982-1990, Santiago, FLACSO, 1993; Paul Drake, "El movimiento obrero en Chile: de la Unidad Popular a la Concertación", Revista de Ciencia Política, Volumen XXIII, n°2, Pontificia Universidad Católica de Chile, 2003; Joel Stillerman, "Continuidades, rupturas y coyunturas en la transformación de los obreros de Madeco S.A", Revista Política 44, Universidad de Chile, 2005 y Peter Winn (Edited), Victims of the chilean miracle: workers and neoliberalism in the Pinochet era, 1973-2002, Durham, Duke University Press, 2012.

5Rolando Álvarez, "¿Represión o integración? La política sindical del régimen militar, 1973-1980", Historia 43, 2010. Del mismo autor véase "El plan laboral y la negociación colectiva: ¿origen de un nuevo sindicalismo en Chile? 1979- 1985" en Boletín del Instituto de Historia Argentina y Americana "Doctor Emilio Ravignani (Buenos Aíres) Tercera Serie, N° 35/36, Buenos Aires, 2011.

6Ana López, Desarticulación y resistencia: movimiento obrero y sindicalismo en dictadura: Chile y Argentina 1973- 1983, Tesis para optar al grado de Magister en Historia, Facultad de Filosofía y Humanidades, Universidad de Chile, 2013.

7Rodrigo Araya ha estudiado el caso del Comando Nacional de Trabajadores en "Continuidad o cambio. El caso del Comando Nacional de Trabajadores, Historia 44, 2014. Véase del mismo autor un planteamiento general del movimiento sindical en el periodo dictatorial en Organizaciones sindicales en Chile. De la resistencia a la política de los acuerdos 1983-1994, Santiago, Ediciones Universidad Finis Terrae, 2015.

8Guillermo Campero y José Antonio Valenzuela, El movimiento sindical chileno en el régimen autoritario, Santiago, ILET, 1984.

9Jaime Ruiz-Tagle, El sindicalismo chileno después del plan laboral, Santiago, PET, 1980.

10Manuel Barrera y Gonzalo Falabella, Sindicatos bajo regímenes autoritarios: Argentina, Brasil, Chile, Santiago, CES, 1989.

11Patricio Frías, El movimiento sindical chileno en la lucha por la democracia, Santiago, PET, 1988.

12Gonzalo Falabella, La diversidad sindical, Santiago, Documento FLACSO, 1986.

13Guillermo Campero y René Cortázar, “Lógicas de acción sindical”, Colección Estudios CIEPLAN º 18, diciembre 1985

14Ruiz-Tagle, op cit, p. 25.

15Angell, op cit, p. 355, Drake, op cit, p. 3.

16Alan Angell, Partidos políticos y movimiento obrero en Chile, México, Editorial Era, 1974; Patricio Frías, Desafíos del sindicalismo en el siglo XXI, Santiago, CLACSO, 2008. Mario Garcés y Pedro Milos, Siglas sindicales, FOCH, CTCH, CUT, Santiago, ECO Comunicaciones, 1988

17Augusto Samaniego, La unidad sindical desde la base. La Central Única de Trabajadores, Chile, 1953-1973, Santiago, Libros FAHU, Ariadna Ediciones, 2016.

18Franck Gaudichaud, "Construyendo "Poder Popular": El movimiento sindical, la CUT y las luchas obreras en el periodo de la Unidad Popular" en Pinto Julio (Coordinador-editor), Cuando hicimos historia. La experiencia de la Unidad Popular, Santiago, LOM Ediciones, 2005. Véase del mismo autor, Poder popular y cordones industriales: testimonios sobre el movimiento popular urbano, 1970-1973, Santiago, LOM Ediciones, 2005. Revisar también Peter Winn, Tejedores de revolución: los trabajadores de Yarur y la vía chilena al socialismo, Santiago, LOM Ediciones, 2004.

19Carlos Bongcam,,Sindicalismo chileno: hechos y documentos 1973-1983, Estocolmo, Círculo de estudios latinoamericanos, 1984

20Véase Álvarez, op.cit, pp.336-337.

21Campero, op.cit. 207-209.

22Véase Gárate, op.cit, en especial capítulo III. También Sergio de Castro, "El ladrillo". Bases de la política económica del gobierno militar chileno, Santiago, Centro de Estudios Públicos, 1992.

23Campero afirmó al respecto "en el marco general de una inferiorización económica de los trabajadores, los sectores sindicales con mayor tradición de lucha se vieron globalmente disminuidos en su base social de reclutamiento y desmejorados en su posición estratégica en la economía. Por otra parte, los sectores productores de servicios, que ganaron en ocupación y en ubicación al interior de la estructura económica, si se considera que este dinamismo está centrado básicamente en el comercio y en la actividad financiera -ambos conglomerados muy dispersos- y que la administración pública -el núcleo sindicalmente más organizado en el sector servicios- fue deprimida, no tienen condiciones efectivas para poner en juego, en plazos cercanos, esos factores estructurales de potencial poder sindical" en Campero, op.cit, 81.

24Algunos dirigentes demócratas cristianos vinculados al sector más progresista de la colectividad, sufrieron la represión de la dictadura, siendo expulsados o debiendo salir del país, como fue el caso de Bernardo Leighton, víctima de un atentado organizado por la DINA en Roma en el año 1975.

25Vamos a entender por grupos sindicales, agrupaciones de dirigentes sindicales, representativos de organizaciones de nivel intermedio como federaciones y confederaciones, vinculados entre sí por posiciones políticas-ideológicas.

26El llamado "Grupo de los diez" fue conocido con ese nombre a partir de una conferencia de prensa dada en 1976 por un grupo de dirigentes sindicales encabezados por Eduardo Ríos y Tucapel Jiménez, en que criticaron la política social de la dictadura, pese a que en los inicios de ella, estos dirigentes respaldaron la acción de los militares.

27Esta organización surgió el 1 de mayo de 1975 a partir de una agrupación de dirigentes sindicales que se reunían al amparo de la fundación José Cardjin de la Iglesia Católica

28El Cexcut nació en 1974 como una organización de dirigentes exiliados de la ilegalizada CUT, presidida por el ex- presidente Luis Figueroa, teniendo como objetivo principal canalizar la ayuda internacional a favor de la resistencia sindical en el interior del país. Véase acta fundacional del Comité en Rodrigo Araya, Movimiento sindical en dictadura. Fuentes para una historia del sindicalismo en Chile. 1973-1990, Santiago, Ediciones Universidad Alberto Hurtado, 2015, pp. 49-50.

29Las conclusiones del Foro Sindical realizado durante la Conferencia, señalaron en una parte: "En el curso de la discusión se nos han propuesto las siguientes actividades en apoyo al pueblo chileno: a) Impulsar y profundizar el boicot a la dictadura, su aislamiento a través de: -Cese de cualquier ayuda crediticia y comercial. -Hostigamiento al transporte y el comercio -Rebajar el nivel de relaciones diplomáticas. Suspender los acuerdos culturales, tecnológicos y deportivos con la Junta. " en Boletín nº 5 Conferencia Mundial de Solidaridad con Chile, Madrid, 9-11 noviembre 1978.

30Hugo Rojas, "Las quejas ante el comité de libertad sindical de la OIT durante el régimen militar" en Elizabeth Lira y Hugo Rojas (Editores), Libertad sindical y Derechos Humanos. Análisis de los informes del Comité de Libertad Sindical de la OIT (1973-1990), Santiago, LOM Ediciones/Universidad Alberto Hurtado, 2009.

31Jaime Ruiz-Tagle, El sindicalismo chileno más allá de la crisis, Santiago, PET, 1984.

32En una entrevista al presidente de la Confederación Nacional de Trabajadores Metalúrgicos (CONSTRAMET) Ricardo Lecaros, el dirigente señaló respecto a la afiliación en su sector "en 1973, FENSIMET tenía 140 sindicatos afiliados. CONSTRAMET, que cuenta con sindicatos no afiliados en ese tiempo, ahora tiene 42. En 1973 eran 82 mil los metalúrgicos en Chile, hoy no existen más de 12 mil" en Boletín Mensual del Codepu, diciembre 1982, p. 9.

33En Páginas Sindicales n°44. Informaciones hasta el 13 de enero de 1982 se indicó respecto al trabajo sindical de capacitación "las prácticas y las necesidades educativas han ido ganando terreno en el sindicalismo nacional. Lo más importante, en todo caso, es la multiplicidad de formas que adquiere esta educación y capacitación sindical y la variedad de temas o aspectos que considera. En efecto, vemos desde cursos formales realizados por organizaciones sindicales o instituciones de apoyo, hasta charlas y discusiones en medio de una huelga, pasando por jornadas, encuentros, talleres de educación popular y/o sindical, etc", Ibid, p. 6.

34Ver detalles de la movilización en Páginas Sindicales n°33, información hasta el 7 noviembre 1980 .Revisar especialmente sección "Experiencia de Lucha", en el cual se recogen los testimonios de dirigentes del sindicato n°1 de la textil.

35Ídem.

36Páginas Sindicales nº 48, informaciones hasta el 30 junio 1982, p. 3.

37El boletín del Cexcut afirmó respecto a la huelga desarrollada por los trabajadores del mineral de cobre El Teniente de 1980 "demostraron con su huelga, la más importante del periodo, que es posible desbordar el "Plan Laboral" y derrotar a la dictadura en sus objetivos", Boletín Informativo del Cexcut, febrero 1980, p.3.

38Véase detalles de la huelga en boletines mensuales del Consejo de Defensa de Derechos del Pueblo (CODEPU) correspondientes al periodo de la huelga

39En una nota del boletín mensual del CODEPU, se informó: "se formó un Comando de Solidaridad con Colbún- Machicura, formado por la Federación de la Construcción, Constramet, Fesema (Federación de Sindicatos de Madeco), la Conferencia Intersindical y CCT de Codepu, destinado a encabezar y coordinar la solidaridad con los trabajadores en huelga. Además de la gran cantidad de declaraciones públicas de apoyo a la huelga, el Sindicato de El Teniente acordó un descuento por planilla para ir en ayuda de los trabajadores de Colbún", Boletín mensual de CODEPU, enero 1983, p. 15.

40El desafío de la superación del Plan Laboral fue planteado en el siguiente párrafo del Boletín de CODEPU: "Esta última, de Colbún Machicura, marca un hito de gran importancia, al abrir camino a la huelga "ilegal". Si su ejemplo es seguido por otros trabajadores, el movimiento sindical puede sobrepasar y dejar sin efecto, en la práctica, la actual legislación laboral, y reconquistar el derecho a huelga con todo su poder de presión, social y económica. Es en este despertar del movimiento sindical de base donde, también, se van dando cada vez más las condiciones para la unidad de la clase trabajadora, y para que sus dirigentes nacionales, contando con un amplio apoyo de masas, puedan plantear con más fuerza y eficacia el pensamiento de los trabajadores frente a las autoridades y a la opinión pública nacional." en Boletín mensual de CODEPU, abril 1983, p. 10.

41El Coordinador, Boletín de la Coordinadora Nacional Sindical, diciembre de 1988, p. 33.

42Este modus operandi de "extirpación quirúrgica" de personajes relevantes de la oposición, se puede observar posteriormente en el caso del triple degollamiento de los profesionales comunistas Santiago Nattino, Manuel Guerrero y José Manuel Parada en marzo de 1985.

43Solidaridad nº 147, primera quincena diciembre 1982, p. 5

44Discurso de Manuel Bustos en Conferencia del Movimiento Sindical Libre por los Derechos Humanos y Sindicales en Chile, Madrid, 11 y 12 de marzo de 1983 en Archivo Histórico Fundación Francisco Largo Caballero, -en adelante AHFFLC- Fondo Secretariado Confederal, signatura 002045-001.

45Al respecto ver Informe nº 21 del SIAL (Servicio de Información y Análisis Laboral), publicación de la Vicaría de Pastoral Obrera, el cual contiene un interesante debate sobre Democracia y Sindicalismo, en que un participante afirmó "En el presente hay algunos signos de apertura y lo más probable es que el pueblo quiera luchar por más libertad(...) al interior de la clase obrera hay un proceso de desarrollo de "vida democrática" que plantea "tipos de estilos del Mov. Sindical", lo que es un fenómeno importante del punto de vista del "quehacer popular·" y que es, producir en el resto de la sociedad la "credibilidad de la vocación democrática del pueblo" y para ello debe luchar por crear espacios de libertad creciente", Ibíd, p. 4.

46Declaración Final Congreso Confederación de Trabajadores del Cobre, 21 de abril de 1983 en Boletín Chile Sindical n°1, Madrid, AHFFLC, Fondo Secretariado Confederal.

47De acuerdo al Informe Mensual de Coyuntura Política de mayo de 1983, "el atractivo del llamado de la CTC es que aparece planteando un problema que afecta a todos los trabajadores (como es la legislación laboral) e incluso a toda la sociedad chilena; y que se muestra dispuesta a movilizar en función de tal planteamiento (...) Habría pues un éxito inicial en el llamado que el Gobierno no tomó suficientemente en cuenta. La Confederación de Trabajadores del Cobre había asumido un problema que era general y había propuesto la realización de una acción que también era general" en Rodrigo Baño, Y VA A CAER...como decíamos Ayer. Informes Mensuales de Coyuntura Política 1980-1984 Tomo I, Santiago, LOM Ediciones/Facultad de Ciencias Sociales Universidad de Chile, 2016, p. 324.

48Eugenio Ortega, Historia de una alianza política, Santiago, CED, 1992.

49Objetivos del Comando Nacional de Trabajadores, 3 de junio de 1983 en Archivo Histórico Patricio Aylwin, Fondo Manuel Bustos.

50Ídem.

51Solidaridad n°174, segunda quincena de marzo de 1984, pp.18-19.

52En la citada Asamblea se afirmó al respecto " Aspiramos a una efectiva y sólida unidad orgánica de la clase trabajadora. Nuestros problemas y nuestros intereses son los mismos. No se justifica, entonces, que haya orgánicas distintas" en VI Asamblea Nacional de la Coordinadora Nacional Sindical, Archivo Nacional de la Administración, Fondo de Organizaciones Sociales, -en adelante ARNAD-FOS- Caja 36. El subrayado es del original.

53VI Asamblea Nacional de la Coordinadora Nacional Sindical, ARNAD-FOS- Caja 36

54Los textos completos de los Pliegos de Chile se pueden consultar en Rodrigo Araya, Movimiento sindical en Dictadura. Fuentes para una historia del sindicalismo en Chile, 1973-1990, Santiago, Ediciones Universidad Alberto Hurtado, 2015.

55Primera Conferencia Nacional del Comando Nacional de Trabajadores, 18-20 abril de 1986 en AHFFLC, Fondo Comisión Ejecutiva Confederal, signatura 002046-002

56En la Primera Conferencia del CNT se planteó al respecto que "Los hechos nos han demostrado, en estos últimos años, que el sindicalismo -como movimiento social- encuentra un eco y una fuerza importante en los sectores marginados, los cesantes y, también en las capas medias. En consecuencia, la reformulación de la convocatoria sindicalista debe ampliar sus marcos tradicionales y ganar legitimidad" en Ídem.

57Primera Conferencia Nacional del Comando Nacional de Trabajadores, 18-20 abril de 1986 en AHFFLC, Fondo Comisión Ejecutiva Confederal, signatura 002046-002.

58Propuesta de la Coordinadora Nacional Sindical a la asamblea a efectuarse los días 26-27 y 28 de junio de 1987 para la constitución de la nueva central unitaria de los trabajadores en ARNAD-FOS, caja 35.

59Revista Convergencia n°13, julio 1988, p. 5.

60Con este nombre se conoce a una tendencia al interior del Partido Socialista liderada por el ex-canciller de Allende, Clodomiro Almeyda.

61Unidad y Lucha n°111, marzo de 1988, p.5.

62"Hacia una nueva Central Unitaria Sindical Unitaria" en Boletín Exterior del Partido Comunista n°90, mayo 1988, p. 31.

63"Ibid, p. 40.

64Fortín Mapocho, 8 de julio de 1988.

65De acuerdo a cifras entregadas por Patricio Frías, los trabajadores sindicalizados en 1983 llegaron a 320.903 representando un 10.2% de tasa de afiliación. En 1987, los sindicalizados llegaron a 422.302 representando un 10.7% de tasa de afiliación y en 1988 llegaron a 446.194 con un 10.7% de tasa de afiliación. Cifras en Frías, op.cit. 159.

66Fortín Mapocho, 1 de febrero de 1990, p. 3.

Recibido: 03 de Mayo de 2017; Aprobado: 06 de Julio de 2017

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