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Izquierdas

versión On-line ISSN 0718-5049

Izquierdas (Santiago)  no.38 Santiago feb. 2018

http://dx.doi.org/10.4067/S0718-50492018000100257 

Artículos

La superexplotación de la fuerza de trabajo y la especificidad del capitalismo latinoamericano: un aporte al debate

The super-exploitation of the labor force and the specificity of Latin American capitalism: a contribution to the debate

Facundo Lastra* 

* Argentino. Licenciado en Economía y Magíster en Cs. Sociales del Trabajo de la Universidad de Buenos Aires (UBA). Investigador en formación. Becario doctoral del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (CONICET) y miembro del Instituto de Estudios de América Latina y el Caribe (IEALC-UBA). Argentina. E-mail: facundol@hotmail.com

Resumen:

En el presente artículo se estudia la visión de Marini sobre la ‘superexplotación de la fuerza de trabajo’ y se revisa su utilidad para entender el capitalismo latinoamericano. El concepto de la ‘superexplotación’ resulta interesante para entender las condiciones de explotación de la clase trabajadora en América Latina, luego de los cambios en la economía mundial a partir de la década de 1970. Sin embargo, el planteo de Marini le otorga a la superexplotación un papel estancacionista, lo cual significa un límite para entender la dinámica del capitalismo contemporáneo. El debate sobre los alcances y límites de la teoría de Marini es enmarcado en los aportes de autores contemporáneos de la teoría marxista de la dependencia.

Palabras Clave: Superexplotación; América Latina; Trabajo; Marxismo; Dependencia

Abstract:

This article studies Marini’s view on the ‘overexploitation of the labour power’ and it reviews the contributions of this concept to the understanding of the Latin American capitalism. The concept of ‘super-exploitation’ is interesting to explain the exploitation of the working class in Latin America amid the shift of global economy since the 1970s onwards. However, Marini has a ‘stagnationist’ interpretation about overexploitation and this idea does not grasp accurately the current dynamic of capitalism. The debate about the contributions and shortcomings of Marini’s view is framed in the work of contemporary authors from the Marxist dependency theory.

Keywords: Superexploitation; Latin America; Labour; Marxism; Dependency

Introducción

El presente artículo busca aportar al debate sobre la visión de Marini acerca de la ‘superexplotación de la fuerza de trabajo’ y su utilidad para entender la actualidad del capitalismo latinoamericano. Se busca así establecer un diálogo con el trabajo de Felipe Ruiz1 publicado en el número 30 de la revista Izquierdas, donde se discute el tema y se critica nuestra visión sobre la teoría marxista de la dependencia. Allí se realiza un interesante análisis del concepto de la superexplotación, enmarcándolo en los debates dentro de los estudios sobre la dependencia y en las tendencias actuales del capitalismo, el cual buscamos complementar en este texto.

El principal argumento de nuestro artículo es que la superexplotación de la fuerza de trabajo fue planteada por Ruy Mauro Marini como una de las bases de la dependencia y que, si bien su teoría sobre las economías latinoamericanas no es totalmente estancacionista, su visión de la superexplotación sí lo es. Este aspecto significa un límite para entender la dinámica del capitalismo mundial en una etapa de internacionalización de los procesos productivos en base a la búsqueda de mano de obra barata. Más allá de este problema, el concepto de la superexplotación es interesante para entender las condiciones de explotación de la clase trabajadora en América Latina, luego del cambio del capitalismo a nivel mundial a partir de la década de 1970, cuando la fuerza de trabajo comenzó a pagarse sistemáticamente por debajo de su valor en la región.

La primera sección de este texto está dedicada a exponer la teoría de la dependencia y el rol que la superexplotación juega en la visión de Marini. En la segunda parte, se describen las principales tendencias del capitalismo desde el último cuarto del Siglo XX y sus efectos en el mundo de trabajo a nivel mundial y en América Latina. En tercer lugar, se analizan los debates actuales entre los principales exponentes contemporáneos de la teoría marxista de la dependencia, a luz de los cambios en el capitalismo mundial. La cuarta sección está dedicada al debate sobre los límites y alcances del concepto de la superexplotación, en relación a la especificidad de las economías latinoamericanas. Por último, en el quinto apartado se presentan las conclusiones.

I.- La teoría marxista de la dependencia de Marini y el concepto de la superexplotación

La corriente de la dependencia fue un conjunto de intelectuales que se preocupó por explicar el rol específico que cumplen los países latinoamericanos dentro del capitalismo mundial. En cuanto a su contexto histórico, esta corriente nace en el marco de la radicalización de las luchas en el Tercer Mundo, como lo fueron los movimientos de liberación nacional en África y Asia, la Revolución Cubana y el ascenso de la Teología de la Liberación2. En esta coyuntura, la corriente de la dependencia se erigió como una crítica a los procesos económicos que se presentaban como fases de ‘desarrollo nacional’ durante las décadas del '50 y '60, pero que no eran acompañados por un cambio estructural de la economía, es decir, nació como una crítica al desarrollismo3. Los autores de esta corriente hicieron hincapié en las restricciones que ese presunto desarrollo tenía y en cómo la dependencia recreaba condiciones dentro de los países periféricos que acentuaban su carácter dependiente.

Entre sus puntos en común, los pensadores de la dependencia afirmaron que el atraso de los países periféricos no se explica por una ausencia del capitalismo en Latinoamérica, sino que es provocado por la misma difusión del capitalismo en la región y la forma específica que éste adopta. A su vez, estos autores procuraban dar cuenta de la especificidad de la acumulación de capital en las regiones más atrasadas, entendiendo que los países dependientes cumplían un rol distinto al de los países centrales en la economía mundial. Una virtud de esta teoría fue evitar establecer caminos universales y unidireccionales para el desenvolvimiento histórico del capital en las zonas periféricas.

Pero si bien los autores de la corriente de la dependencia compartieron un gran número de preocupaciones teóricas, no conformaron un cuerpo homogéneo de pensadores que se concebían como parte de una misma escuela. Podrían establecerse dos vertientes principales dentro de la corriente de la dependencia. Una es la integrada por el Centro de Estudios Socio-Económicos (CESO)4, cuyos principales referentes son Theotonio Dos Santos y Marini, y la otra es el enfoque que tiene como principales exponentes a Fernando Henrique Cardoso y Enzo Faletto, quienes aplicaron algunas de las ideas del estructuralismo latinoamericano a la problemática de la dependencia5. Para nuestro estudio retomaremos la primera de estas vertientes y, en especial, la obra de Marini, por ser la figura sobresaliente de esta visión y por haber realizado el aporte original de la superexplotación6.

Según Marini, las razones históricas de la dependencia hay que buscarlas en la incorporación de Latinoamérica en el sistema capitalista mundial, en el marco de la expansión mercantilista de los países europeos que se inicia en el Siglo XIV. América Latina se incorpora plenamente al esquema de producción mundial en los tres primeros cuartos del Siglo XIX, con la decadencia de las principales potencias coloniales, España y Portugal. En este marco, la región se incorporó a la economía capitalista mundial como productora de materias primas y como consumidora de la producción liviana que venía de Europa, en particular la de origen inglés7.

La necesidad de alimentos más baratos en Inglaterra, por el proceso de industrialización que allí se estaba realizando, llevó a que se incorporen a la producción capitalista zonas del mundo que aún no habían sido totalmente integradas al sistema de comercio mundial. De esta manera, América Latina se insertó en el capitalismo, como parte del proceso de desarrollo productivo que sucedió principalmente en Inglaterra, abaratando los alimentos e insumos necesarios para que siga en marcha el proceso de industrialización europeo. Este rol en la división internacional del trabajo significó una inserción subordinada a la economía mundial, que estableció una diferencia específica entre las economías centrales y las dependientes.

La inserción de los países dependientes permitió que Inglaterra profundizara el proceso de creación de plusvalía relativa, ya que se abarató el valor de la fuerza de trabajo en los países centrales, gracias al ingreso de alimentos a un menor costo. De esta manera, aumentó en términos relativos el valor apropiado por los capitales industriales debido al abaratamiento de la fuerza laboral. Por eso, el autor afirma que la participación de América Latina en el mercado mundial contribuyó a que el eje de la acumulación en los países centrales se desplazara de la producción de plusvalía absoluta a la de plusvalía relativa8. A su vez, el ingreso de América Latina como proveedora de materias primas, abarató el capital circulante comprometido en la producción industrial, sirviendo de palanca a la acumulación de capital en las principales potencias mundiales. Mientras tanto, en Latinoamérica no se desarrolló la producción industrial o sólo pudo hacerlo de manera acotada.

Según la visión de Marini, con el desarrollo de las fuerzas productivas originado por la industrialización, los países centrales pueden producir bienes con mayor tecnología aplicada en su elaboración. Estos son imposibles de producir en el ámbito de las economías dependientes, debido al atraso tecnológico y su especialización en la producción de materias primas y alimentos. A partir de esta diferencia entre países industrializados y dependientes, se genera una situación de intercambio desigual entre ellos, basada en la capacidad de las economías industrializadas de vender sus productos a un valor mayor que el socialmente necesario. Con este mecanismo, los países adelantados obtienen ganancias extraordinarias permanentes por su poder monopólico y mantienen siempre una economía productivamente más avanzada, gracias al ‘intercambio desigual’. En palabras del propio autor:

(...) el mero hecho de que unas produzcan bienes que las demás no producen, o no lo puedan hacer con la misma facilidad, permite que las primeras eludan la ley del valor, es decir, vendan sus productos a precios superiores a su valor, configurando así un intercambio desigual. Esto implica que las naciones desfavorecidas deban ceder gratuitamente parte del valor que producen, y que esta cesión o transferencia se acentúe en favor de aquel país que les vende mercancías a un precio de producción más bajo, en virtud de su mayor productividad.9

En este contexto, los capitales de las regiones dependientes intentan revertir esta pérdida de valor que se genera en el intercambio internacional, recurriendo a una mayor explotación de la fuerza de trabajo que emplean. Como no son capaces de tecnificarse, generando un proceso de creación de plusvalía relativa, estos capitales tienen la necesidad económica de volcarse a la producción de plusvalía absoluta. Es decir, acuden a la intensificación del trabajo y a la extensión de la jornada laboral para compensar la pérdida de valor que ocurre en la esfera de la circulación. Así, las características del intercambio y la circulación internacional de mercancías hacen que, al interior de los países periféricos, la acumulación de capital se base en la producción de plusvalía absoluta como compensación de la riqueza perdida en el intercambio desigual.

Esta necesidad del capital dependiente de revertir su desventajosa situación en el mercado mundial lo lleva a recurrir a otro modo de aumento del tiempo del trabajo excedente: la compra de la fuerza de trabajo por debajo de su valor. Este fenómeno se basa en reducir el consumo del obrero más allá de su límite normal, convirtiendo así parte del fondo de valor necesario para la reproducción de la familia trabajadora, en fondo de valor para la acumulación del capital individual en cuestión.

La superexplotación de la fuerza de trabajo incluye los tres mecanismos para aumentar el trabajo excedente apropiado en la esfera de la producción mencionados hasta aquí: el aumento de la jornada laboral, la intensificación del trabajo y la compra-venta de la fuerza de trabajo por debajo de su valor. Con esta categoría, Marini intentó dar cuenta de la situación en que el capital extiende más allá de su nivel “normal” la explotación hacia la clase trabajadora, ya sea mediante la intensificación-prolongación de la jornada laboral o mediante el pago del trabajo por debajo de su valor10.

La superexplotación del trabajo genera un ciclo del capital particular, dado que los países latinoamericanos no dependen de su capacidad interna de consumo para la venta de la producción nacional. En cambio, estos países dependen del mercado mundial para vender su producto, ya que la superexplotación determina que el mercado interno sea muy pequeño debido al bajo poder adquisitivo de su clase trabajadora. En Dialéctica de la dependencia, Marini presenta la cuestión de la siguiente manera:

Se opera así, desde el punto de vista del país dependiente, la separación de los dos momentos fundamentales del ciclo del capital -la producción y la circulación de mercancías- cuyo efecto es hacer que aparezca de manera específica en la economía latinoamericana la contradicción inherente a la producción capitalista en general, es decir, las que opone el capital al trabajador en tanto que vendedor y comprador de mercancías.11

El ciclo de realización en las economías dependientes queda entonces trunco ya que la clase trabajadora participa como productora, pero no como compradora de las mercancías que ella misma produce. Por lo tanto, el capital no logra realizar la masa de plusvalor en el mercado nacional, impidiendo así un proceso de acumulación a escala ampliada. Por ello, las clases capitalistas de la región no tienen la capacidad para cambiar la estructura económica de los países dependientes, aún en su intento de establecer procesos capitalistas de desarrollo nacional, como en el caso de los proyectos desarrollistas. El ‘sacrificio’ que la clase trabajadora hace para sostener la producción nacional bajo un régimen de superexplotación no hace más que acentuar el carácter dependiente de la economía:

Es así como el sacrificio del consumo individual de los trabajadores en aras de la exportación al mercado mundial deprime los niveles de demanda interna y erige al mercado mundial en única salida para la producción. Paralelamente, el incremento de las ganancias que de esto se deriva pone al capitalista en condiciones de desarrollar expectativas de consumo sin contrapartida en la producción interna (orientada hacia el mercado mundial), expectativas que tienen que satisfacerse a través de importaciones.12

En esta última cita se puede ver que, según el autor, la superexplotación lleva a una situación de subconsumo y estancamiento. La superexplotación es lo que impide al capital dependiente llevar a cabo un proceso de desarrollo igual al de las economías centrales. Ahora bien, de este planteo no debe concluirse que la visión de Marini es completamente estancacionista, tal como lo hicieron Cardoso y José Serra13. Por el contrario, siguiendo la teoría marxista de la dependencia, es posible que se registre un aumento del producto en un país dependiente y que dicho aumento siga fundado en la superexplotación del trabajo, sin generar plusvalía relativa, ya que una expansión del producto no siempre es sinónimo de producción de plusvalía relativa.

La suba de la productividad es el aumento de la masa de bienes que se realiza con un mismo trabajo, sin importar el valor contenido en esos bienes. Mientras tanto, la generación de plusvalía relativa, además de aumentar los bienes producidos, también desarrolla las fuerzas productivas, genera más valor para el capital individual que se tecnificó e influye en la baja del valor de la fuerza de trabajo, al abaratar las mercancías que componen su valor14. Es decir que, si bien la superexplotación es central para explicar el estancamiento relativo de la región por los límites que genera al mercado interno, esto no quiere decir que, según Marini, las economías dependientes no puedan registrar períodos de crecimiento económico.

Dada la centralidad de la superexplotación para explicar los problemas del desarrollo, los autores actuales de la teoría marxista de la dependencia rescatan el papel ‘esencial’ de esta categoría para entender la especificidad de las economías latinoamericanas. Jaime Osorio afirma que, con la idea de la superexplotación, Marini “postulaba la tesis más significativa generada hasta hoy para identificar el núcleo central de cómo se reproduce el capitalismo dependiente”15 y sostiene que la superexplotación puede pensarse como el ‘motor’ de la dependencia. También existen enfoques que, reconociendo la importancia de la superexplotación, propusieron reactualizar esta categoría para el estudio del capitalismo contemporáneo, en el marco de los importantes cambios que sufrió durante el último cuarto del Siglo XX. En el próximo apartado analizaremos estos cambios, para luego volver nuevamente a los debates actuales dentro de los pensadores de la dependencia.

II.- Los cambios en el capitalismo mundial y el mundo del trabajo

Desde la década de 1970 el capitalismo tendió al empeoramiento de las condiciones de trabajo y de vida de gran parte de la clase trabajadora, a raíz de un cambio en las bases materiales del sistema. Este viraje del capitalismo se vio reflejado en conceptos que fueron creados para aprehender la nueva situación de una parte creciente de los/as trabajadores/as. La emergencia de modalidades más flexibles de contratación ha dado lugar a relaciones laborales ‘atípicas’ si se las comparan con los estándares de la relación salarial fordista16. La organización de las empresas a escala internacional tomó un paradigma que reivindica la flexibilidad del proceso de trabajo y la polivalencia de trabajadores como principales objetivos de la reorganización productiva.

Esto ha revitalizado el estudio en todo el mundo de fenómenos del mercado laboral que antes era pensados como exclusivos de economías con escaso desarrollo de las fuerzas productivas. El concepto de ‘precariedad laboral’, que primeramente fue pensado para estudiar la situación de colonias en África, ahora es utilizado para el análisis de la clase trabajadora a nivel global17. ¿Pero cuáles son las bases de este deterioro general de las condiciones de trabajo? ¿Por qué este retroceso en el poder de la clase trabajadora?

Los países que están a la vanguardia del desarrollo de las fuerzas productivas, principalmente los Estados Unidos y las principales potencias económicas europeas, tuvieron como característica hasta mediados de la década de 1970 que los capitales industriales realizaban allí la totalidad del ciclo industrial. En términos generales, el capital importaba materias primas e insumos básicos desde el exterior, pero llevaba a cabo la totalidad de la producción industrial fronteras adentro. En este marco, la mano de obra calificada y la no calificada tenían calidades de vida y condiciones de trabajo relativamente indiferenciadas18. Es decir que los/as trabajadores/as que realizaban las tareas más simples, si bien no desarrollaban sus pericias en el proceso de trabajo, eran reproducidos universalmente con el conjunto de la clase trabajadora. Esto se expresaba en una fuerte presencia estatal en la provisión de educación, salud, seguridad social y fondos de pensiones, como también en un fuerte poder de negociación por parte de la clase obrera de aquellos países.

A partir de mediados de los '70, se produce un salto técnico a nivel mundial que comienza a romper con esta reproducción relativamente indiferenciada de la fuerza de trabajo dentro de las economías con mayor desarrollo de las fuerzas productivas. Por aquel entonces, comienza un proceso de diferenciación de la fuerza de trabajo que cambia la especificidad de muchas economías nacionales19. El principal cambio técnico consistió en la computarización del ajuste de la maquinaria (las máquinas de control numérico) y la automatización de la línea de montaje, que implican una modificación importante en la materialidad del proceso de trabajo. Con estos cambios se simplifican aún más las tareas de la fuerza de trabajo dedicado al trabajo simple, mientras que se hace necesaria al mismo tiempo una fuerza de trabajo con atributos productivos más desarrollados, ya que se debe realizar un trabajo más complejo. De esta manera, el capital deja de necesitar una reproducción universal de la fuerza de trabajo, que empieza a reproducirse de manera cada vez más diferenciada.

Con el desarrollo de la informática, las tecnologías en comunicación y con el mencionado cambio en la organización del proceso de trabajo, esta diferenciación va tomando formas diversas en función de los diferentes espacios nacionales. Los nuevos avances tecnológicos permitieron a las empresas transnacionales relocalizar su producción buscando menores costos. Este proceso fue bien explicado por los autores que acuñaron el concepto de la ‘nueva división internacional del trabajo’20 para describir la nueva realidad del capitalismo después de la década de 1970. Según los autores, esta nueva división tenía como novedad la internacionalización de los procesos productivos hacia países periféricos con el objetivo de minimizar costos laborales.

En este contexto, los países con un mayor desarrollo de las fuerzas productivas mantienen las partes complejas del proceso de trabajo, por lo que se caracterizan cada vez más en la reproducción de aquella porción de la fuerza de trabajo dedicada al trabajo complejo. Por otro lado, el Sudeste Asiático pasó a ser la región que presenta las mejores características para la realización de las etapas más simples de los procesos productivos basados en esta nueva base técnica. Así fue que se establecieron en esa región procesos de acumulación de capital basados en la superexplotación de la fuerza de trabajo.

Esto sucedió, no sólo por la relativa baratura de la mano de obra de la región, sino también por las características histórico-sociales de la clase trabajadora de esos países, que la hacen una fuerza de trabajo disciplinada y sometida a peores condiciones laborales. Esta forma de explotación es posible debido a las grandes masas campesinas que sobreviven en ámbitos rurales trabajando bajo régimen estrictos y colectivos de organización productiva, conformando así una sobrepoblación relativa latente que ya está acostumbrada al trabajo colectivo organizado en forma jerárquica21. La población que se encontraba en las zonas rurales de esa región comenzó un proceso de emigración a la ciudad y pasó a formar parte de procesos productivos internacionalizados. Así, poco a poco, empezó a ser ocupada como población obrera en activo, para la realización de las etapas más simples de procesos de trabajo que se realizan a escala mundial.

La constitución de una nueva división del trabajo comenzó, aunque de manera preliminar, a fines de la década de 1950 con la internacionalización de la producción hacia Japón. Este proceso tuvo su inicio con la producción de vestimenta y luego continuó con el ensamblaje de dispositivos electrónicos. Como un segundo momento histórico, algunos capitales de este país comenzaron procesos de desarrollo en sectores de mayor complejidad, crearon nuevos métodos de organización de la producción (como el así llamado ‘toyotismo) y alcanzaron el nivel de desarrollo de las fuerzas productivas de otros países con alto grado de industrialización. De esta manera, el país dejó de tener su especificidad marcada por la superexplotación de la fuerza de trabajo.

El proceso de desarrollo capitalista y la misma consolidación de una creciente clase trabajadora industrial en Japón generó un aumento de los salarios y motivó una segunda oleada de intemacionalización de la producción. Es el caso de los denominados ‘tigres asiáticos’, Corea del Sur, Hong Kong, Singapur y Taiwán, que tuvieron un sostenido proceso de industrialización entre 1960 y 1990. En estos países, la baratura de la fuerza de trabajo simple jugó un rol central, pero también lo hicieron los bajos costos laborales de la mano de obra más calificada, ya que, como muchos procesos productivos complejos se simplificaron, éstos comenzaron a ser relocalizados22. Por ejemplo, las empresas productoras de chips y semiconductores profundizaron sus procesos de deslocalización hacia el Sudeste Asiático en búsqueda de salarios más bajos para el caso de ingenieros altamente calificados, que además poseían una mayor disciplina para aquellos puestos que gradualmente perdían su componente ‘creativo’ y comenzaban a asemejarse al trabajo fabril23. En esta segunda oleada de internacionalización, el proceso de acumulación de capital en Corea del Sur fue apuntalado por los bajos salarios y luego logró ubicarse en la vanguardia del desarrollo de las fuerzas productivas.

Una tercera oleada de internacionalización puede identificarse en los casos de relocalización de la producción en Tailandia, Malasia, Filipinas, Indonesia, Bangladesh, Sri Lanka y Mauricio. Allí, la baratura de la fuerza de trabajo y las extensas jornadas laborales, son la base para la reproducción del capital que se apoya en la disciplina de la población y en la explotación capitalista de relaciones patriarcales, que imponen salarios más bajos a las mujeres24. Por último, la inserción de China en este proceso desde inicios de la década del 1990 significó una fuente virtualmente inagotable de mano de obra barata. En este caso, la sobreexplotación de la fuerza de trabajo también parece haber dado lugar a un proceso de desarrollo capitalista que todavía sigue curso, pero que también podría ubicar al país entre las economías productivamente más avanzadas.

El principal efecto de la constitución de esta nueva división internacional del trabajo para la clase trabajadora a nivel mundial fue el empeoramiento de sus condiciones de vida y trabajo. En los países industrializados, la deslocalización y la internacionalización de la producción significó una disminución del empleo y una amenaza para el poder de negociación de los trabajadores y las trabajadoras. En estudios sobre estas economías, se encuentra que la ‘amenaza’ de la relocalización por parte de las empresas ha disminuido el poder de negociación de la clase trabajadora estadounidense25, mientras que la intemacionalización significó una ‘activación de los mecanismos de ejército de reserva’ y ha permitido el aumento de la precarización también Europa26. La expresión política de este debilitamiento fueron las reformas neoliberales en las principales potencias industriales y el desmantelamiento del Estado de Bienestar. Ello significó la erosión de los derechos sociales relacionados al trabajo para algunos sectores de la población y el progresivo establecimiento de una estructura del empleo más segmentada y polarizada.

América Latina no tomó parte activa del proceso de internacionalización de la producción a gran escala, pero igualmente fue profundamente afectada por estos cambios. Algunos países de la región habían emprendido, en mayor o menor medida, procesos de ‘industrialización por sustitución de importaciones’ durante el período que va desde la crisis de 1929 hasta comienzos de la década de 1970. Estos procesos consistieron, a comienzos de los años ‘30, en la proliferación de pequeños capitales nacionales que producían en una escala restringida para el mercado interno. En términos generales, a partir de la década de 1950 comenzó el ingreso de capitales extranjeros que se ubicaron en la región para producir con tecnologías relativamente atrasadas con respecto a las que se utilizaban en sus países de origen27.

La proliferación de producciones nacionales a pequeña escala significó un aumento del empleo, de los salarios y una mejora en las condiciones de vida para la población trabajadora en su conjunto. Estas experiencias de industrialización, algunas de ellas ideológicamente apoyadas por las ideas desarrollistas, tenían como base principal el proteccionismo comercial y la transferencia de recursos desde las actividades primarias hacia las actividades industriales. Es decir, la menor productividad de los capitales industriales era compensada por la transferencia de los ingresos obtenidos por la renta de la tierra desde el sector primario hacia el capital industrial.

Con el cambio en las bases materiales de la producción a partir de la década de 1970, los proyectos de desarrollo nacional en América Latina sufrieron un fuerte revés. Por un lado, el capital localizado en la región no contaba con el grado de concentración, ni con la escala necesarias para internacionalizar partes de sus procesos de trabajo. Por ello, dichos proyectos no pudieron participar del salto adelante en la productividad que dieron los capitales de los países más avanzados al internacionalizarse. Por otro lado, la clase trabajadora de la región poseía cierta experiencia organizativa y había conquistado considerables derechos laborales, por lo que no era la más apta para la realización de las etapas más simples de los procesos de trabajo internacionalizados. Los procesos de industrialización latinoamericanos mostraron así sus límites estructurales marcados por la especificidad de sus economías, que giran en torno a la producción de productos primarios. La era neo-liberal tomó una forma particular en la región, marcada por sangrientas dictaduras neo-liberales o por gobiernos democráticos, que impusieron una fuerte caída de los salarios, la aniquilación del pequeño capital nacional y el abandono de los modelos desarrollistas.

Si bien la década de 1970 significó un punto de quiebre para muchas economías que se volcaron hacia modelos de ‘industrialización tardía’ basados en los bajos salarios, la especificidad de los países latinoamericanos en el capitalismo mundial parece no haber cambiado. En la región sigue predominando la producción de productos agrícolas y mineros como base de la acumulación del capital agrario, minero e industrial. Si algo ha cambiado, fue el drástico empeoramiento en las condiciones de vida de la población durante la era neoliberal. Como el capital industrial en Latinoamérica se ha quedado aún más atrasado en el desarrollo de las fuerzas productivas con respecto a la media mundial, éste ahora necesita compensar su atraso productivo recurriendo a la compra-venta de la fuerza de trabajo por debajo de su valor, pero sin avanzar sustancialmente en el desarrollo de las fuerzas productivas28. Así se puede explicar cómo la superexplotación de la clase trabajadora en distintos lugares del mundo ha llevado a trayectorias divergentes, siempre en relación con las necesidades de la acumulación de capital y los condicionantes socio- históricos de la fuerza de trabajo.

III.- Debates actuales sobre la superexplotación de la fuerza de trabajo

A partir de las transformaciones del capitalismo mundial que analizamos más arriba, se instaló un debate en torno a la especificidad de la superexplotación de la fuerza de trabajo y a las consecuencias que ésta tiene en la acumulación de capital en América Latina. Adrián Sotelo Valencia sostiene que en el último cuarto del siglo pasado se estableció un “nuevo orden internacional” y que las condiciones de explotación de la fuerza de trabajo a nivel mundial han cambiado29. Desde la visión de este autor, la superexplotación fue, en un primer momento, una conceptualización elaborada para atender a las especificidades de las economías dependientes y no la de los países desarrollados.

Pero en la actualidad, esta forma de explotación del trabajo se articula con los métodos de producción de plusvalía relativa de las empresas transnacionales más grandes de los centros del capitalismo mundial, que operan con un alto nivel de productividad. Entonces, estas condiciones de explotación del trabajo se encuentran ahora en un proceso de generalización, dado que a través de la mundialización del capital se están homogeneizando las condiciones de los mercados de trabajo. La homogeneización de la fuerza de trabajo crea las bases para que la superexplotación se extienda y deje de ser un fenómeno propio de las economías periféricas, marcando así la necesidad de reactualizar el concepto original formulado por Marini.

En línea con los autores que crearon el concepto de la ‘nueva división internacional del trabajo’, Sotelo Valencia afirma que los procesos de trabajo han sido transformados por la transnacionalización de los procesos productivos y la posibilidad de ubicar distintas fases de un mismo proceso de producción en diferentes lugares del mundo. De esta manera, las etapas de los procesos de trabajo que no pudieron ser totalmente mecanizadas, y que precisan mucha mano de obra de baja calificación, son ubicados en países donde la clase trabajadora está sometida a peores condiciones de explotación. Así, el nivel de empleo se deteriora en los países centrales y se crean puestos de trabajo ‘superexplotados’ en las economías más atrasadas.

Esta idea de internacionalización de las condiciones de superexplotación, si bien no está presente en Dialéctica de la dependencia, sí es compatible con los escritos que Marini publicó durante la década de 1990, apuntados a analizar los fundamentos de la globalización capitalista30. En esta etapa, el autor sostuvo que la globalización imponía una ‘mundialización de la ley del valor’ y que una de las características de esta época es la descentralización de las tecnologías físicas, que permitieron transferir parte de los procesos de trabajo a la periferia buscando fuerza de trabajo más barata y recurriendo a la superexplotación. Sosteniendo esta interpretación, Marini afirmó lo siguiente al estudiar los cambios de la nueva división internacional del trabajo:

Se entiende, así, que se venga acentuando la internacionalización de los procesos productivos y la difusión constante de la industria hacia otras naciones, no ya simplemente para explotar ventajas creadas por el proteccionismo comercial, como en el pasado, sino sobre todo para hacer frente a la agudización de la competencia a nivel mundial. En ese movimiento desempeña un papel destacado, aunque no exclusivo, la superexplotación del trabajo [...]. De este modo se generaliza a todo el sistema, incluso los centros avanzados, lo que era un rasgo distintivo - aunque no privativo- de la economía dependiente: la superexplotación generalizada del trabajo31.

En polémica con esta visión, Osorio coincide en afirmar que el pago de la fuerza de trabajo por debajo de su valor es un fenómeno que no es exclusivo de las economías dependientes, pero sostiene que eso no significa de por sí una internacionalización de la superexplotación. La reducción del salario por debajo de su valor, dice el autor, constituye un mecanismo que utiliza el capital en todo el mundo para aumentar sus ganancias. Sin embargo, esto no significa que cualquier economía con salarios inferiores al valor de la fuerza de trabajo presente las características de una economía dependiente y, por lo tanto, no significa que en estas economías se registre una sobreexplotación de la fuerza de trabajo.

A su vez, en los períodos de crisis el capitalismo recurre a los bajos salarios para contrarrestar la caída de la tasa de ganancia e, incluso en períodos normales, también existe la superexplotación en el caso de las franjas más marginadas de las poblaciones en los países industrializados. No obstante, sostiene Osorio, el pago de la fuerza de trabajo por debajo de su valor no tiene la misma significación en los países centrales que en América Latina. Desde la perspectiva de este autor, para caracterizar una economía nacional o una región es necesario entender cuáles son las formas de explotación predominantes en las distintas formaciones sociales y qué efectos tienen en la reproducción de capital. En el caso de la dependencia, la compra-venta de la fuerza de trabajo por debajo del valor determina que el consumo interno de un país periférico sea pequeño y, por lo tanto, que esté imposibilitado cualquier proceso de industrialización en base al mercado nacional. Así “puede sostenerse que la superexplotación es el fundamento de la dependencia y sólo del capitalismo dependiente, en tanto incide en las formas que asume el conjunto del proceso de reproducción del capital y genera formaciones sociales específicas”32.

Desde nuestra visión, entendemos que es necesario adoptar una postura más flexible con respecto a qué puede ser entendido como parte de un proceso de sobreexplotación de la fuerza de trabajo y qué no. En este sentido, nos parece equivocado reducir la cuestión de la sobreexplotación al caso latinoamericano, sobre todo cuando hay casos novedosos de desarrollos capitalista basados en la compra-venta de la fuerza de trabajo por debajo de su valor. Para entender estos procesos de desarrollo basados en la superexplotación, es necesario incorporar la problemática de la diferenciación de la clase trabajadora en relación con la nueva división internacional del trabajo, tal como lo analizamos en el apartado anterior. En el marco de esta diferenciación, un problema de la visión expresada en Dialéctica de la Dependencia son los límites que tiene su teoría para explicar los procesos de industrialización tardía, que se dieron en Asia durante fines del Siglo XX y principios de este Siglo.

En estos países, el pago a la mano de obra menos calificada por debajo de su valor tuvo un rol fundamental como vía para el desarrollo productivo, que convirtió a algunas naciones periféricas en países que actualmente producen a la vanguardia del desarrollo de las fuerzas productivas. En la visión de la dependencia de Marini, existe una fuerte vinculación entre la superexplotación y el menor desarrollo de las fuerzas productivas dentro de un país, por lo que se vuelve imposible explicar la situación de aquellas economías que han avanzado en la industrialización tomando los bajos salarios como base para su desarrollo.

En este punto, podría indicarse que Marini se equivocó al considerar que los esquemas de reproducción del capital deberían realizarse por completo en el mercado interno para lograr un proceso de desarrollo capitalista33. Por el contrario, la exportación puede formar parte de dicha reproducción sin significar una traba para el desarrollo nacional. Este fue el caso de los procesos de industrialización asiática, donde los bajos costos de la mano de obra fueron esenciales, pero también lo fue la posibilidad de colocar mercancías de producción nacional en el exterior, por lo que la superexplotación no impidió la reproducción ampliada del capital, sino que la apuntaló.

Con respecto al debate recién reseñado, entendemos que existe el riesgo de caer en una discusión semántica con respecto al contenido de la categoría de la superexplotación, que impide ver la extensión de este fenómeno a nivel mundial y su efecto en la especificidad de las distintas regiones del capitalismo. En este sentido, cualquier compra-venta de la fuerza de trabajo por debajo de su valor, en tanto significa un desgaste prematuro de dicha fuerza laboral, es una superexplotación, sin importar en qué marco suceda. Ahora bien, tal como afirma Osorio, si nos atenemos a la visión de Marini, y sobre todo a aquella elaborada en Dialéctica de la dependencia, la sobreexplotación no es sólo el fenómeno de los bajos salarios, sino también su efecto en el ciclo de capital dependiente.

Así, para Sotelo Valencia la superexplotación es la compra-venta de la fuerza de trabajo por debajo de su valor, mientras que para Osorio es ese fenómeno junto al bloqueo de la acumulación ampliada de capital por la falta de un mercado interno que la superexplotación genera. Por ello se podría decir que la definición del último autor es la que utiliza Marini en Dialéctica de la dependencia, mientras que la concepción de la superexplotación de Sotelo Valencia se corresponde a las ideas que Marini desarrolló durante la década de los noventa.

El problema de la visión de Osorio es no considerar como factible que la superexplotación sea la base de una acumulación de capital a escala ampliada, fruto de la posibilidad de realizar en el mercado mundial la plusvalía generada internamente. Si se toma esto como una posibilidad (que efectivamente ocurrió en los casos de industrialización asiática), entonces se puede entender que la sobreexplotación de la fuerza de trabajo coincida con procesos específicos de industrialización, basados en una explotación brutal de la clase trabajadora de esos países. Reconocer esto implica también reconocer que el planteo original de Dialéctica de la dependencia presenta una visión estancacionista de la superexplotación que no permite aprehender las tendencias actuales del capitalismo.

Por eso es que entendemos que la superexplotación siempre se da en relación a la especificidad de cada espacio nacional de acumulación de capital. Teniendo esto en mente, podemos decir que existen distintas ‘variedades de superexplotación’34, en las que la compra-venta de la fuerza de trabajo por debajo de su valor afecta de manera diferente a las distintas economías nacionales. En el caso de América Latina, la superexplotación cumple un rol compensatorio, ya que el pago de la fuerza de trabajo por debajo de su valor sigue siendo una compensación para capitales de poca escala que ponen en movimiento un trabajo menos productivo, y que cuya productividad ha quedado aún más rezagada luego de la década de 1970. En los casos de industrialización asiática, la superexplotación cumple un rol de apuntalamiento de la acumulación, ya que la explotación brutal de la mano de obra barata ha permitido la inserción de estos países en procesos productivos globales y ha apuntalado procesos de desarrollo capitalista. Por último, la superexplotación comienza extenderse en la clase trabajadora de las principales potencias económicas, pero ésta cumple un rol marginal en la acumulación de capital de aquellos países. En todos los casos mencionados existe, en una u otra variedad, la superexplotación de la fuerza de trabajo, pero de ella surgen modalidades de acumulación de capital muy diferentes.

Debido a los cambios en el capitalismo contemporáneo que estudiamos en este artículo, la importancia de los bajos niveles salariales en América Latina amerita una reactualización de la problemática de la superexplotación. Para esta tarea debemos tener en cuenta que el principal aporte de Marini fue marcar la venta de la fuerza de trabajo por debajo de su valor como un rasgo específico de las economías latinoamericanas, mientras que es necesario revisar críticamente su teoría sobre el desarrollo del capitalismo en Latinoamérica.

IV.- La Superexplotación de la fuerza de trabajo y la especificidad de la región: un debate

Marini tuvo la virtud de haber pensado América Latina desde su propia especificidad y también de haber señalado los limitantes estructurales del capitalismo de la región. Por ello, el análisis crítico de sus ideas es un ejercicio útil para entender la sociedad de nuestro tiempo. Siguiendo esta tarea, aquí desarrollaremos más en profundidad algunas ideas que presentamos en otro texto35 sobre los límites y alcances de la teoría marxista de la dependencia, en diálogo con comentarios críticos que se nos hicieron.

En un artículo publicado en la revista Izquierdas donde se revisa el concepto de la superexplotación, Ruiz critica nuestra visión sobre el tema en dos sentidos. Por un lado, el autor afirma que nosotros nos equivocamos al pensar que la superexplotación es la ‘mera venta de la fuerza de trabajo por debajo de su valor’. Por otro lado, Ruiz sostiene que invertimos la causalidad planteada por Marini entre dependencia y superexplotación; es decir, nosotros afirmaríamos que la superexplotación genera la dependencia, mientras en realidad la causalidad es la contraria36.

Con respecto al primer punto, es importante tener en cuenta nuestro comentario al debate entre Osorio y Sotelo Valencia con respecto a la universalidad de la superexplotación. Es necesario ir más allá del debate semántico sobre qué es lo que llamamos superexplotación para llegar a un análisis sobre la relación entre las formas de explotación de la fuerza de trabajo y la especificidad de las economías. Es claro que, en Dialéctica de la dependencia y otras obras de su primera etapa, Marini llama superexplotación al pago de fuerza de trabajo por debajo de su valor generado por el intercambio desigual y que tiene como consecuencia la estrechez del mercado interno. Pero también es claro que, con el avance de la relocalización de la producción, para Marini fue evidente que la sobrexplotación no es algo privativo de las economías dependientes. Por ello afirmó que, gracias a la internacionalización, “se generaliza a todo el sistema, incluso los centros avanzados, lo que era un rasgo distintivo -aunque no privativo- de la economía dependiente: la superexplotación generalizada del trabajo”37.

La relación entre las formas de explotación de la clase trabajadora y la especificidad de las distintas economías nacionales ha cambiado drásticamente con el viraje del capitalismo hacia la nueva división internacional del trabajo. En este sentido, Marini tuvo razón al afirmar que ha habido una extensión de la superexplotación de la fuerza de trabajo a nivel mundial y, al menos en sus últimos trabajos, definió la superexplotación como la ‘mera’ venta de la fuerza de trabajo por debajo de su valor, y no como un fenómeno privativo de los países dependientes. Lo más interesante para clarificar este debate es analizar el cambio en la relación entre las formas de explotación y la especificidad de las economías nacionales. Para ello, veamos ahora cómo se dio esta relación en los países del Sudeste Asiático, en las potencias industriales y en América Latina.

Como lo analizamos anteriormente, la explotación brutal de mano de obra barata en el Sudeste Asiático cambió la especificidad de aquellos países, que ahora son receptores de capitales que buscan relocalizar las secciones simples de sus procesos de trabajo. La superexplotación se basó allí en el aprovechamiento de masas de trabajadores rurales disciplinadas que se ven obligadas a aceptar pésimas condiciones de trabajo en la ciudad. En algunos casos, esa explotación dio lugar a procesos de desarrollo capitalista y no de estancamiento por la contracción del mercado interno. Algunos países de la región dejaron así de depender de la mano de obra poco calificada, para desarrollar procesos productivos alta complejidad.

En los países con mayor desarrollo de las fuerzas productivas, la disponibilidad de mano de obra barata en el exterior significó el deterioro del poder de negociación de la clase trabajadora y, por ende, el empeoramiento de sus condiciones de trabajo y de vida. Esos países siguen concentrando las etapas más complejas de los procesos productivos internacionalizados, pero el nivel de empleo en general ha mermado a raíz de la relocalización productiva. Es por eso que, aunque en una extensión acotada, la superexplotación va extendiéndose allí entre las poblaciones más vulnerables. La progresiva precarización laboral en los principales países industriales ha sido debidamente identificada como un fenómeno relativamente nuevo pero creciente38. Este es parte de un proceso de erosión de los beneficios sociales del Estado de Bienestar y es, por lo tanto, una venta de la fuerza de trabajo por debajo de su valor.

En América Latina, el salto en la productividad mundial que generó la internacionalización de los procesos de trabajo profundizó el rezago productivo de la región con respecto a los países que producen en la vanguardia del desarrollo de las fuerzas productivas. En la región, el capital industrial depende de dos tipos de compensaciones para sobrevivir: la transferencia de recursos desde el sector primario y la superexplotación. La profundización del rezago productivo en Latinoamérica se tradujo en una necesidad aún mayor por estas fuentes de compensación, y allí es que la superexplotación jugó un papel principal. Es así que puede entenderse el deterioro generalizado de las condiciones de reproducción de la clase trabajadora desde la década de 1970, sólo parcialmente mejoradas durante el último período de altos precios en las materias primas que la región exporta.

Con este breve análisis intentamos mostrar que una visión estática acerca de la relación entre superexplotación y la especificidad de las economías nacionales pierde de vista las transformaciones a nivel mundial que ocurrieron en las últimas décadas. Por ello, es necesario enmarcar la venta de la fuerza de trabajo por debajo de su valor con la mundialización del capital y la nueva división internacional del trabajo.

Ahora dirijámonos al segundo punto de la crítica de Ruiz, en la que el autor afirma que la dependencia es la causa de la explotación y no al revés. Nuevamente aquí resulta necesario cambiar los términos del debate. El estudio de las formas nacionales y regionales que toma el capitalismo no pueden pensarse en términos de causa-efecto, por lo que sería incorrecto decir tanto que la superexplotación produce la dependencia, como invertir los términos de la causalidad. Resulta interesante en este punto ver cómo el mismo Marini presenta su propuesta metodológica:

Lo que pretendemos es tan sólo fijar la pauta en que ha de llevarse a cabo ese estudio, pauta que corresponde al movimiento real de la formación del capitalismo dependiente: de la circulación a la producción, de la vinculación al mercado mundial, al impacto que ello acarrea sobre la organización interna del trabajo, para volver entonces a replantear el problema de la circulación .39

Siguiendo la pauta presentada por Marini en Dialéctica de la Dependencia, su análisis comienza postulando que existe un intercambio desigual entre naciones periféricas y centrales. Esto lleva al autor a plantear el camino ‘de la circulación a la producción’, es decir la necesidad por parte del capital en América Latina de compensar la pérdida de valor en el intercambio por medio de la superexplotación. Luego, como lo expusimos más arriba, Marini concluye que la superexplotación separa la esfera de la circulación de la producción, comprime el mercado interno y cierra el ciclo de capital dependiente. Por último, volviendo a la circulación, la economía depende del mercado mundial para la venta de materias primas y la importación de artículos manufacturados. En este sentido, no afirmamos que la superexplotación sea ‘la causa’ de la dependencia, sino un factor esencial de su explicación, tal como lo plantean otros autores contemporáneos.

En este sentido, nos parece problemático este rol esencial y estancacionista de la superexplotación para explicar el subdesarrollo. Desde nuestra visión, resulta más interesante pensar la especificidad de América Latina no sólo en relación a la superexplotación, sino también al afluente de recursos hacia la región como parte de la exportación de materias primas. En nuestra visión, el atraso del capitalismo latinoamericano no es por su dependencia del mercado internacional para sobrevivir. Por el contrario, el capital industrial tiene su especificidad marcada por la necesidad de una transferencia constante de recursos de los sectores agrarios y mineros como compensación por su rezago productivo, y eso es lo que marca su relativo estancamiento en términos de desarrollo. Luego del cambio en el capitalismo desde la década de 1970, esta necesidad por una compensación se vio redoblada, y la superexplotación de la fuerza de trabajo suplió la necesidad del capital por una nueva fuente de compensación. Un rescate crítico del concepto de la superexplotación acuñado por Marini es sin dudas útil para entender esta nueva especificidad de la región.

Conclusiones

En este artículo intentamos aportar al debate contemporáneo sobre la superexplotación de la fuerza de trabajo en el marco de los cambios recientes del capitalismo mundial. Para ello, mostramos el rol central que la superexplotación juega en la teoría marxista de la dependencia. En la visión de Marini, la venta de la fuerza de trabajo por debajo de su valor restringe el mercado interno y no permite un proceso de acumulación ampliada del capital en los países dependientes. Si bien su teoría sobre las economías latinoamericanas no es estancacionista, su visión de la superexplotación sí lo es.

Luego analizamos los cambios en el capitalismo mundial a raíz de la nueva división internacional del trabajo, mostrando cómo ha cambiado la relación entre las formas de explotación y las especificidades de las economías nacionales. Por un lado, las principales potencias industriales se han especializado en la realización de las etapas más complejas de los procesos productivos. Sin embargo, la presión generada por la disponibilidad de mano de obra en el exterior ha debilitado a la clase trabajadora y la superexplotación se extiende en aquellos países, aunque de manera acotada. Por otro lado, el capital ha relocalizado parte de la producción en los países del Sudeste Asiático buscando fuerza de trabajo barata. Las exportaciones de producciones manufacturadas con mano de obra barata han permitido a algunos países comenzar procesos de desarrollo capitalista. Allí, la superexplotación fue la base del desarrollo de nuevos capitales que ahora operan a la vanguardia del desarrollo de las fuerzas productivas. Este proceso no puede explicarse aplicando la visión de Marini plasmada en Dialéctica de la Dependencia.

En el caso de América Latina, el capital que opera allí necesita de compensaciones constantes a su menor productividad. Esta compensación es provista por la transferencia de recursos desde los sectores primarios hacia el capital industrial, por medio de la intervención del Estado. Luego de los cambios en el capitalismo mundial en 1970, los modelos desarrollistas fueron abortados ya que el rezago productivo de la región se profundizó. Desde entonces, el capital recurrió a la superexplotación de la fuerza de trabajo para obtener esta compensación. En este sentido, un rescate del concepto primeramente acuñado por Marini es útil para entender la actualidad del capitalismo en América Latina.

Los cambios en el capitalismo mundial suscitaron fuertes debates dentro de los pensadores actuales de la teoría de la dependencia. En este artículo analizamos la posición de Osorio, que se apega a la visión original de Dialéctica de la Dependencia, y el planteo de Sotelo Valencia, que retoma la visión de los últimos escritos de Marini. Por nuestra parte, pensamos que es necesario repensar la superexplotación poniendo en relación la venta de la fuerza de trabajo por debajo de su valor con los cambios en la especificidad de los distintos países, en el marco de la nueva división internacional del trabajo.

Por último, intentamos establecer un diálogo con comentarios críticos que se hicieron sobre nuestro análisis de la teoría marxista de la dependencia. Así es que enfatizamos el rol ‘esencial’ que juega la superexplotación en el planteo de Marini como un factor de contracción de la demanda interna y de estancamiento económico, mientras que también enmarcamos este aspecto de su teoría en la pauta metodológica del autor.

Agradecimientos

El presente artículo fue escrito en el marco de mis actividades de investigación y mis estudios de doctorado en Cs. Sociales dirigidos por Claudio Katz. Agradezco sus comentarios a versiones anteriores de este texto, como así también los comentarios de los/as evaluadores/as. No obstante, todas las ideas expuestas en este artículo son de mi responsabilidad. Becario doctoral del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas.

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1 Felipe Ruiz, “Superexplotación de la fuerza de trabajo en América Latina: consideraciones teóricas”, Izquierdas, 30, 2016, pp. 236-257.

2Rolando Astarita, Economía Política de la dependencia y el subdesarrollo, UNQui Editorial, Buenos Aires, 2010, p. 19.

3Atilio Borón, “Teorías de la dependencia”, Realidad Económica, 238, pp. 20-43.

4El CESO funcionó en la Universidad de Chile desde el año 1965 y fue clausurado en 1973 con la dictadura de Pinochet.

5Esta clasificación es presentada por Heinz Sonntag, Duda, Certeza, Crisis. UNESCO-Nueva Sociedad, Caracas, 1989.

6Adrián Sotelo Valencia, “Dependencia y superexplotación: la perspectiva de Marini”, Aportes. Revista de la Facultad de Economía, 44, 2012, pp. 17-34.

7Ruy Mauro Marini, “Subdesarrollo y revolución en América Latina”, Investigación Económica, 29 (133), 1969, p. 88.

8Ruy Mauro Marini, “Dialéctica de la dependencia”, Sociedad y Desarrollo, 1, 1972, p. 39.

9Ibid., p. 43.

10“Ahora bien, los tres mecanismos identificados —la intensificación del trabajo, la prolongación de la jornada de trabajo y la expropiación de parte del trabajo necesario para que el obrero reponga su fuerza de trabajo— configuran un modo de producción fundado exclusivamente en la mayor explotación del trabajador, y no en el desarrollo de su capacidad productiva. Esto es congruente con el bajo nivel de desarrollo de las fuerzas productivas en la economía latinoamericana, pero también con los tipos de actividades que allí se realizan. (...) En términos capitalistas, estos mecanismos (que además se pueden dar, y normalmente se dan, en forma combinada) significan que el trabajo se remunera por debajo de su valor, y corresponden, pues, a una superexplotación del trabajo” Marini, op. cit., p. 46.

11Marini, 1972, op. cit., p. 49.

12Ibid., p. 50.

13Fernando Henrique Cardoso y José Serra (1978), “Las desventuras de la dialéctica de la dependencia”, Revista Mexicana de Sociología, año XI, número extraordinario, pp. 9-55.

14Esta distinción es presentada en Carlos Martins, “Superexplotación del trabajo y acumulación de capital: reflexiones teórico-metodológicas para una economía política de la dependencia”, Problemas del Desarrollo, 31 (123), 2000, pp. 33-54.

15Jaime Osorio, “Dependência esuperexplotação” en Adrián Sotelo Valencia, Carlos Eduardo Martins, Emir Sader y Theotonio dos Santos (comps.): A América Latina e os desafios da globalização, 2009, p. 92, traducción del autor.

16Arne Kallerberg, “Precarious work, insecure workers: Employment relations in transition”, American sociological review, 74(1), 2009, pp. 1-22.

17John Bellamy Foster y Jamil Jonna, “Marx's Theory of Working-Class Precariousness Its Relevance Today”, Monthly Review, 67(11), 2016, p. 21.

18Juan Iñigo Carrera, El capital: razón histórica, sujeto revolucionario y conciencia, Imago Mundi, Buenos Aires, 2008, p.59.

19Ibid., p. 77.

20Folker Frobel, Jürgen Heinrichs y Otto Kreye, The New International Division of Labour: Structural Unemployment in Industrialised Countries and Industrialisation in Developing Countries, Cambridge University Press, Cambridge, 1980

21Iñigo Carrera, 2008, op. cit., p. 68.

22Guido Starosta, “Revisiting the New International Division of Labour Thesis”, en Greig Charnock y Guido Starosta (eds.): The New International Division of Labour, Palgrave Macmillan, 2016, p. 83.

23Ver Dieter Ernst, “Complexity and internationalisation of innovation—why is chip design moving to Asia?”, International Journal of Innovation Management, 9 (01), 2005, pp. 47-73.

24La importancia de la dimensión de género en este proceso es resaltada por Paul Thompson en sus estudios de la relocalización productiva desde la Silicon Valley hacia Malasia, Filipinas e Indonesia. Ver Paul Thompson, P., The nature of work: An introduction to debates on the labour process, Macmillan, 1989, p. 110.

25Ver William Milberg and Deborah Winkler, Outsourcing Economics. Global Value Chains in Capitalist Development, Cambridge University Press, 2013, p. 179 y Michael Piore, “Trade and the Social Structure of Economic Activity”, en Collins (ed.), Imports, Exports, and the American Worker, Washington DC, EEUU: Brookings Institutions Press, p. 289.

26Klaus Dörre, “Finance Capitalism, Landnahme and Discriminating Precariousness-Relevance for a New Social Critique”, Social Change Review, 10 (2), 2012, p. 126.

27Analizamos este proceso más detalladamente para el caso argentino en Fernando Cazón, Damián Kennedy y Facundo Lastra, “Las condiciones de reproducción de fuerza de trabajo como forma de la especificidad de la acumulación de capital en Argentina: evidencias concretas desde mediados de los '70”, Trabajo y Sociedad, 27, 2016, pp. 305-327.

28Aquí seguimos el planteo de Juan Iñigo Carrera, aunque está fuera de los alcances de este texto desarrollar completamente su visión. Para un análisis de este proceso en el caso argentino, ver Juan Iñigo Carrera, La formación económica de la sociedad argentina. Volumen 1., Imago Mundi, 2007.

29Adrián Sotelo Valencia, La reestructuración del mundo del trabajo, superexplotación y nuevos paradigmas de la organización del trabajo, Editorial Itaca Piraña, México, 2003.

30Martins afirma que es posible encontrar dos etapas en el pensamiento de Marini. La primera se sitúa entre 1969 y 1979, cuando desarrolla su economía política de la dependencia y la segunda etapa es la que desarrolla a partir de los noventa. Ver Carlos Martins, “El pensamiento de Ruy Mauro Marini y su actualidad para las ciencias sociales”, Argumentos, 26 (72), 2013, p. 38.

31Ruy Mauro Marini, “Proceso y tendencias de la globalización capitalista”, en Marini, R.M. y Millán, M. (coords.), La teoría social latinoamericana: cuestiones contemporáneas, UNAM, 1996, p. 78-79.

32Jaime Osorio, Sobre dialéctica, superexplotación y dependencia: Notas acerca de Dialéctica de la dependencia, Argumentos, 26 (72), 2013, p. 66, cursivas del original.

33Juan Kornblihitt. Y Tamara Seiffer, “Crítica a las teorías del intercambio desigual y la dependencia a partir del estudio del desarrollo del capital industrial en Argentina y Venezuela”, en Actas de las V Jornadas de Economía Crítica, Buenos Aires, SAEC, 2012; y Facundo Lastra, “¿Superexplotación o venta de la fuerza de trabajo por debajo de su valor? Un análisis en relación al caso argentino”, Razón y Revolución, 27, 2016, pp. 43-58.

34Este término fue propuesto por uno/a de los/as evaluadores/as del presente artículo.

35Lastra, 2016, op. cit.

36“En relación al primer elemento señalado por el autor [Facundo Lastra, FL], ya hemos señalado que autores como Dias no circunscriben el fenómeno [la superexplotación, FL] a la mera ‘venta de la fuerza de trabajo por debajo de su valor’, pues se plantea que tal particularidad de la superexplotación debe articularse con el papel de mecanismo compensatorio para las economías latinoamericanas, en el contexto del intercambio desigual. Ahora bien, respecto al segundo aspecto señalado, creemos pertinente afirmar que el autor invierte el argumento lógico desplegado por Marini (...): no es la superexplotación la que explica la dependencia, sino la segunda la que explica a la primera” Ruiz, 2016, op. cit., p. 248.

37Marini, 1996, op. cit., p. 79.

38Guy Standing, Precariat: the new Dangerous Class, Bloomsbury Academic, 2011.

39Marini, 1972, op. cit., p. 48, cursivas del original.

Recibido: 19 de Junio de 2017; Aprobado: 14 de Septiembre de 2017

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