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Izquierdas

versión On-line ISSN 0718-5049

Izquierdas (Santiago) vol.49  Santiago  2020  Epub 20-Ene-2020

http://dx.doi.org/10.4067/S0718-50492020000100203 

Artículos

El Partido Comunista Revolucionario y la construcción de la delimitación con el Partido Comunista argentino (1968-1969)

The Revolutionary Communist Party and the build of the delimitation with the Argentinian Communist Party (1968-1969)

Santiago Siskindovich* 

*Argentino, Licenciado en Historia por la Universidad Nacional de Córdoba. Investigador y profesor independiente. Argentina. sapoamarillito@gmail.com

Resumen:

En este artículo analizamos los primeros años de trayectoria del Partido Comunista Revolucionario (PCR) y su delimitación del Partido Comunista (PC), entre 1968 y 1969. Indagamos acerca de los puntos de diferencia expuestos por el PCR para explicar la ruptura política, y las críticas que éste desarrolló en su etapa inicial. Luego, abordamos el desarrollo del propio corpus teórico-político, la estructuración orgánica de la organización y el análisis que hacía el partido acerca de los eventos de la coyuntura.

Palabras clave: Izquierda; militancia argentina; Partido Comunista Revolucionario; Partido Comunista; maoísmo

Abstract:

In this paper we analyze the initial years of the Revolutionary Communist Party (PCR) and its political delimitation from the Communist Party (PC), between 1968 and 1969. Our inquiry concerns the main points of conflict that the PCR presented to explain their political departure and the criticism that deployed in its initial stage. Then, we address the party’s theoretical and political corpus, their structure and their own assessments of the current political affairs of their time.

Key words: Left; Argentinian political activism; Revolutionary Communist Party; Communist Party; Maoism

Introducción

El Partido Comunista - Comité Nacional de Recuperación Revolucionaria (PC-CNRR), que pasó a llamarse Partido Comunista Revolucionario (PCR) en 1969, se fundó a principios de 19681. Fue producto principalmente de la escisión de gran parte de la Federación Juvenil Comunista (FJC), el espacio de la juventud del Partido Comunista argentino (PC). Una nueva expresión de la crisis presente en este último desde comienzos de la década de 1960, relacionada con el desarrollo de su línea política pensada para el país; con el desarrollo de ciertas discusiones y rupturas en el movimiento comunista internacional; y con el funcionamiento interno de la organización, sus debates y el ejercicio de la democracia partidaria.

El PCR ha sido muy poco estudiado, en el marco de una falta general de estudios sobre el maoísmo en Argentina, en contraposición a la profusión de análisis acerca de otras vertientes de izquierda revolucionaria en el mismo período. Contamos con numerosos trabajos acerca de organizaciones como el PRT, acerca diferentes organizaciones que adoptaron una táctica de guerrilla armada, acerca de diferentes vertientes del troskismo y acerca de organizaciones de izquierda provenientes de una tradición peronista2. La situación llama la atención dada la importancia que alcanzó el partido para el activismo, para la izquierda y para el movimiento obrero y de masas: Surgió de una de las mayores escisiones del PC argentino, logró tener miles de afiliados, desarrolló una importante inserción en el ámbito sindical, condujo la lista Marrón, que logró en abril de 1972 hacerse con la Secretaría General del SMATA3 Córdoba, condujo Centros de Estudiantes en diferentes universidades a lo largo y ancho del país, logró armar una red de intelectuales que se referenciaban en el partido y en sus iniciativas culturales. Y esto sólo abarcando el período entre su fundación y principios de 1972. La falta quizás se debe a un cierto halo de hermetismo que rodea al PCR o al desarrollo de una política que hace décadas lo aleja de otras organizaciones de la izquierda vernácula.

De cualquier manera, el vacío historiográfico del tema ha comenzado paulatinamente a modificarse en los últimos años, principalmente con la publicación de algunos artículos y ponencias y con el desarrollo de proyectos de investigación que abordan diferentes dimensiones del PCR en sus primeros años. La mayoría de éstos están enfocados en los aspectos ideológicos de la organización y en su corpus teórico-político, pero por sus características conforman un todo muy poco cohesionado y muy disperso. Sin lugar a dudas la situación está en camino a revertirse, generando una base de acuerdo historiográfico que permitirá explorar cada vez más elementos y dimensiones de las organizaciones maoístas y del PCR en particular. Entre los principales aportes están los que abordan directamente las discusiones y elaboraciones teórico-políticas del PCR y su evolución como organización, como los artículos y ponencias de Juan Sebastián Califa, Guido Lisandrello, Brenda Rupar, Matías Rubio y Carlos Mignon y Adam Fishwick4. Otros aportes relevantes son aquellos que tratan al PCR subsidiariamente en una investigación que tiene otro objeto de estudio, como los trabajos de Rodolfo Laufer5; y los que se abocan a trabajar sobre otros grupos maoístas o sobre el maoísmo en Argentina en general, como los artículos de Adrián Celentano y otros artículos de la ya mencionada Brenda Rupar6.

La construcción de la delimitación del PCR con respecto al PC fue una de las preocupaciones principales que atravesó al partido en sus primeros años de vida, central en su camino como nueva organización ¿Cómo hacer ésto? ¿Cómo acometer un proceso que implique una ruptura política, que quiebre con una forma de entender el mundo y a la forma en que la militancia socialista debía desarrollarse? ¿Y cómo a pesar de esto mantener y recuperar elementos de la tradición política que se creía que debían ser mantenidos? ¿Y cuáles? En este artículo7 me propongo identificar cuáles fueron los elementos principales y la forma en que se desarrolló ese proceso, haciendo hincapié en las conceptualizaciones que el PCR realizó acerca del PC, en lo que se presentaban como diferencias políticas irreconciliables entre una y otra organización. Parto de la hipótesis de que la ruptura no fue total, aunque el grado de violencia en las críticas pareciera haberlo querido demostrar; y que, a pesar de la fuerte operación de delimitación discursiva evidenciada en la línea política desarrollada por el partido naciente, se pueden encontrar continuidades importantes que prevalecieron de una a otra organización. El análisis, que se enmarca en un estudio de la conformación y evolución del corpus teórico-político del PCR desde su fundación hasta 1972, utiliza como fuentes diferentes documentos oficiales del partido, principalmente folletos, la prensa partidaria y las resoluciones del I Congreso partidario, desarrollado a fines de 1969.

En un primer apartado, abordaré el contexto de crisis del comunismo internacional en el cual se inserta la ruptura y posterior conformación del PCR. En un segundo apartado, las diferencias políticas que el partido expresaba tener con respecto al PC, y cómo éstas se presentaban y desarrollaban en sus documentos y publicaciones. En un tercer apartado veremos cómo el partido fue construyendo su propio corpus teórico-político. En un cuarto apartado, se dilucidará cómo se trabajó estatutariamente la democracia interna de la organización, y cuáles eran los objetivos de ello.

Crisis en el movimiento comunista internacional

La muerte de Stalin y el cambio en el régimen soviético y su línea política, fue uno de los motivos principales del desencadenamiento de la crisis en el movimiento comunista internacional, que se desarrollaría con fuerza en la década de 1960. En el XX Congreso del Partido Comunista de la Unión Soviética (PCUS), que tuvo lugar en febrero de 1956, Nikita Kruschev pronunció el famoso “discurso secreto” en el que se hicieron fuertes críticas al recién fallecido Stalin. Éstas estaban relacionadas principalmente con la promoción del culto a la personalidad y las constantes purgas que desde fines de la década de 1920 habían sido impulsadas para acallar cualquier rebeldía o diferencia al interior del PCUS y de los Partidos Comunistas del mundo. Las resoluciones del Congreso fueron el puntapié para el llamado proceso de “desestalinización”, y el ascenso de Kruschev a la dirigencia del PCUS implicó la adopción por parte de la URSS de la política de “coexistencia pacífica” y de “transición pacífica al socialismo”, según las cuales los países comunistas y los capitalistas podían convivir sin un conflicto expreso, en el marco de la Guerra Fría8.

La relación entre el comunismo chino y el soviético ya había tenido sus tensiones, y la “vía china al socialismo” se intentaba mostrar como una alternativa a la canónica “revolución de Octubre” soviética. Aún así, la ruptura chino-soviética se produjo recién a comienzos de la década del sesenta9. Proclamando la defensa de Lenin10, el comunismo chino planteó que el PCUS estaba desarrollando una línea de capitulación “revisionista”, y que por medio de la tesis de la “coexistencia pacífica”, estaba abandonando la lucha contra el imperialismo de las potencias capitalistas. Esta crítica reivindicaba por oposición a la figura de Stalin, en quien se depositaba la responsabilidad de los aciertos de la política soviética previa a su muerte. La principal diferencia planteada por el Partido Comunista Chino (PCCh) contra la línea “revisionista” del PCUS, era que la tarea inmediata de las potencias socialistas era propagar la revolución más allá de su territorio, haciendo hincapié en la necesidad de apoyar las luchas antiimperialistas en el tercer mundo.

En torno a esas diferencias, gran parte de los partidos comunistas a nivel mundial experimentaron rupturas y quiebres entre sectores que sostenían la ortodoxia soviética y sectores que se alinearon con el PCCh y su doctrina: el maoísmo. En la mayoría de los casos, adaptando a la realidad nacional las críticas que el PCCh le hacía al PCUS, los díscolos conformaron su propio partido u organización en ruptura con el PC “oficial”. Pero en algunos otros casos, los Partidos Comunistas entraron en una fuerte disputa interna, que tuvo como saldo escisiones partidarias que disputaban su referencia histórica. Según Celentano, “los partidos comunistas latinoamericanos sufren varias escisiones de tendencias que se alinearon con las tesis reivindicadas por el PCCh; las primeras y más importantes se produjeron en los PC de Brasil (1962), y Colombia y Perú (1964)”11. Las organizaciones producto de estas rupturas generalmente tenían un estilo e impronta más combativos y confrontativos. De todas formas, en la mayoría de los casos la estructura material había quedado en manos de los PC “oficiales” a la vez que la inserción de masas, que estaba relacionada con el capital político acumulado a lo largo de décadas de militancia.

Otro evento que contribuyó a poner en crisis al comunismo internacional fue el triunfo de la revolución cubana, que llevó a la toma del poder de la isla a un grupo con una táctica basada en la guerrilla rural con apoyo urbano. Su éxito ponía en cuestión la concepción comunista tradicional acerca de las etapas de la revolución, que hacían corresponder a la etapa contemporánea en América Latina y el tercer mundo con la revolución democrático-burguesa y no con la revolución socialista. Para sus adeptos, mostraba que se podía llegar al socialismo sin pasar por esa escala obligada, y ponía de manifiesto que la tarea de desarrollar la tarea revolucionaria en el resto de América Latina era algo actual y no una tarea para el futuro. Además, arrojaba dudas sobre la táctica revolucionaria del comunismo clásico y el protagonismo de la clase obrera urbana en la tan ansiada revolución, que aparentaba haber tenido un papel subordinado en la gesta cubana.

Argentina no fue una excepción en ese proceso a nivel mundial. La revolución cubana repercutió fuertemente en la sociedad, a lo que contribuía el hecho de que uno de sus principales referentes, el “Che” Guevara, fuera argentino. La posibilidad de un proceso revolucionario aquí y ahora era algo que interpelaba a amplias capas de la juventud y la izquierda argentina, y que tensionaba y manifestaba la posibilidad de existencia de una izquierda diferente, más radicalizada y comprometida con el presente y el futuro inmediato. Incluso, para sectores que no estaban especialmente radicalizados, la figura del “Che” Guevara resultaba atractiva, representando al militante comprometido con sus ideales hasta las últimas consecuencias.

Sin embargo, para el PCR la línea política del PC argentino era casi el reverso de esa imagen. Su política se caracterizaba hacía bastante tiempo por ser extremadamente concesiva y poco confrontativa con los diferentes gobiernos que se sucedían durante la institucionalmente inestable década de 1960, y por fomentar alianzas y acuerdos con sectores de la burguesía o la burocracia sindical. La muestra más representativa de eso había sido la participación del PC en la “Unión Democrática”, que en 1945 llevó a un candidato radical a enfrentar a Perón, pero no era el único. El apoyo hacia la candidatura de Frondizi en 195812 y los acuerdos sindicales desarrollados entre el PC y el vandorismo en la década de 1960 eran tomadas como acciones de similar índole. Ese tipo de decisiones del partido no carecían de fundamentos, desde su propia perspectiva política, pero contribuían a sumarse a los ejemplos que servirían de crítica contra la ortodoxia partidaria.

Apenas sucedido el proceso de la Revolución Cubana, el PC se mostró públicamente entusiasta y apoyó al menos discursivamente al nuevo gobierno. Pero su iniciativa se limitó a organizar brigadas de apoyo que no se mantuvieron en el tiempo. A medida que el nuevo gobierno cubano fue diagramando su política interna y externa, la dirigencia del PC enfrió su entusiasmo y planteó una posición crítica con respecto a él13.

Ruptura con el PC y diferenciación política

En el contexto de la crisis del comunismo internacional descripta anteriormente, la dirección política de la FJC desarrolló una serie de críticas a la dirigencia del PC, que cristalizaban las diferencias que se venían macerando desde hacía años, sin posibilidades de darles un curso orgánico satisfactorio14. El resultado de ese proceso fue que la mayoría de la FJC se escindió, expulsada por un PC incapaz de procesar las críticas sin entrar en crisis y demonizando a los que pronto serían “comunistas revolucionarios”. Este grupo conformó a principios de 1968 al PC-CNRR, al que se sumarían otros cuadros, militantes y contingentes militantes, principalmente provenientes del MENAP, de la organización de Obreros Metalúrgicos - Felipe Vallese y del autodisuelto MALENA15. El recientemente conformado PCR no era el primero ni el último caso de ruptura y fuga de militantes del PC. Sin embargo, fue la ruptura más importante en cuanto a la cantidad de militantes y a la relevancia política que alcanzaría el nuevo grupo16.

Durante aproximadamente dos años mantuvieron este nombre, hasta que en la primera mitad de 1969 tomaron definitivamente el nombre de Partido Comunista Revolucionario (PCR)17. Elegido entre los cuadros de mayor edad que no provenían de la FJC, Otto Vargas, un militante de mucha trayectoria en el PC que poco antes de la ruptura había sido virtualmente radiado de la política partidaria, fue el designado para ocupar el cargo de Secretario General del partido.

¿Cómo se explicaba la ruptura que llevó a la conformación del PCR? ¿Cuáles eran los fundamentos que la nueva organización planteaba para ello? Por un lado, los comunistas revolucionarios planteaban críticas hacia el funcionamiento interno del PC, al que acusaban de antidemocrático por estar bajo el mando de una cúpula dirigente prácticamente impermeable a las discusiones planteadas desde la base de la organización. Por otro lado, planteaban críticas hacia las caracterizaciones y acciones del partido en la coyuntura nacional, considerando que el partido había terminado por convertirse en una fuerza reformista funcional a los intereses de las fuerzas de la burguesía. Por último, planteaban críticas hacia las caracterizaciones y el alineamiento que el PC tenía en el plano internacional, en el que la subordinación a la línea política emitida desde Moscú era total y el apoyo a la revolución cubana sólo un mero eco del pasado. Para la nueva organización, era tarea del comunismo nacional e internacional convertirse en una fuerza realmente revolucionaria, que impulsara procesos radicales de transformación social allí donde estuviera presente. Y que apoyara y se identificara con los procesos revolucionarios desarrollados a lo largo del mundo, como la revolución cubana a la que el PC era tan crítico. En ese sentido, el PCR se veía a sí mismo como el que podía ser la continuación consecuente de la histórica línea política del movimiento comunista internacional y del comunismo vernáculo. Pero el camino no estaba exento de obstáculos, con una organización que recién se empezaba a estructurar, con un corpus teórico-político que no estaba consolidado, y con una fuerte herencia en todos los planos de la tradición del PC que se pretendía superar.

El PCR se presentaba a sí mismo como parte del PC, aunque sus miembros no estuvieran formalmente dentro de su estructura orgánica. A pesar de lo confuso del planteo, se pretendía mediante ello disputar la referencia política pública del PC, y sobre todo la influencia y gravitación que el partido ejercía sobre importantes sectores de la juventud, las capas medias y la clase trabajadora. Apenas conformado, el PCR se dedicó a desarrollar en su prensa partidaria y discutir y dejar plasmadas sus caracterizaciones y críticas a su partido de origen.

En los primeros números del periódico “Nueva Hora”, órgano de prensa de los comunistas revolucionarios, los redactores afirmaban que "la Dirección del Partido [Comunista] ha orientado y orienta una política ubicada en la línea de las presiones tendientes a evitar el mal mayor, tras distintas alternativas de la burguesía”18, y que "la línea oportunista hipoteca la política independiente y revolucionaria de la clase obrera en una u otra variante burguesa, incluida las maniobras de los dirigentes sindicales conciliadores"19. Para el PCR, el PC había abandonado una dirección revolucionaria para adoptar una política que terminaba situando al partido como furgón de cola de alguna variante de la burguesía o de la burocracia sindical. En esta tónica, el primer número de Nueva Hora dedicaba las páginas principales a desarrollar una fuerte delimitación política del Comité Central del PC, en la que se concluía que

Estas concepciones y esta práctica del Partido configuran UNA CLARA Y PROFUNDA DESVIACIÓN OPORTUNISTA, que lo ha llevado de derrota en derrota y que, en los momentos decisivos, paralizó o neutralizó al mismo como vanguardia efectiva de la clase obrera y del pueblo, a pesar de la mil veces abnegada labor de sus militantes. (...) Esta desviación ubica permanentemente al Partido tras distintos sectores burgueses, ya liberales ya nacionalistas, y si bien no podemos concluir por ello que la Dirección del Partido cree que la burguesía está capacitada para dirigir y realizar la revolución democrática, agraria y antiimperialista, trabaja con la concepción de que esa burguesía será capaz de abrir ese proceso revolucionario en nuestro país y, en los hechos, posterga la lucha por la hegemonía de la clase obrera20.

A través de esta delimitación, que tiene extensos y repetidos ejemplos en diferentes números de Nueva Hora, se buscaba dejar sentados los graves errores en la línea de la dirección del PC. De esta forma se perseguía el doble objetivo de fortalecer el convencimiento y los argumentos de los jóvenes militantes del PCR; y de intentar interpelar a los militantes que se mantenían dentro del viejo partido y a su periferia, para atraerlos hacia la nueva estructura. A pesar de la fuerte delimitación política, el PCR no dejaba de reivindicar o de caracterizar de aciertos a ciertas políticas del partido, aunque ubicando a éstos siempre en el pasado. Las críticas estaban dirigidas al Comité Central del PC, y nunca al conjunto del partido; y las notas de Nueva Hora siempre hablaban del PC en primera persona del plural, dando a entender que los militantes del PCR eran parte del partido y se identificaban con él y su línea histórica. Para dejar claro esto, en la primera página del primer número de Nueva Hora, la redacción escribía

Nuestro partido tiene 50 años de lucha en donde se forjaron millares de combatientes y héroes que han escrito páginas gloriosas de la historia del movimiento obrero y popular; ha difundido el marxismo-leninismo y las realizaciones de la URSS y los países socialistas; en diferentes momentos ayudó a nuestra clase obrera y a nuestro pueblo a cumplir con sus deberes de solidaridad internacional, uniendo la bandera del internacionalismo proletario a la bandera del auténtico patriotismo; ha analizado el carácter y la etapa de la revolución en nuestro país21.

Así, el PCR se proponía no cortar todos los puentes identitarios y emocionales con el PC, al que veían llevado a la bancarrota por una dirección oportunista y capituladora, y plantearse a sí mismo como su verdadera y consecuente continuación. Para ello, por ejemplo, la redacción de Nueva Hora remarcaba discursivamente la continuidad que creían que existía entre la histórica línea política del PC y la línea política del PCR22.

La construcción del corpus teórico-político propio

A la misma vez que desarrollaba la crítica a la política del PC, el PCR tenía que avanzar en expresar y caracterizar su propia línea política. Las dos cosas se entrecruzaban constantemente, por lo que resultaba difícil definirse por la positiva y no solamente por la negativa. El partido se presentaba como continuador de la ortodoxia marxista leninista, reivindicando la revolución de octubre de 1917 y el legado y la actualidad de la URSS diciendo que "para nosotros, comunistas, la amistad con la URSS y los países socialistas, y su defensa, es una cuestión de principios”23. Lo que era un elemento original en la reivindicación de su herencia comunista era la posición acerca de la revolución cubana, uno de los puntos de ruptura con la dirección del PC:

Así como la Revolución de Octubre demostró en escala mundial la practicabilidad de las ideas de Marx y Engels, el triunfo y el desarrollo de la Revolución Cubana demostró en escala continental, que el socialismo como sistema y el marxismo leninismo como teoría de la revolución, son verdades que no pueden ser desmentidas -como lo pretenden algunos- por ninguna presunta excepcionalidad latinoamericana24.

La revolución cubana se revelaba para el PCR como la continuación histórica de la política comunista en Latinoamérica, que actualizaba las luchas revolucionarias. Reivindicándola en conjunto con la figura del Che Guevara, la posición del PCR era de apoyo al régimen cubano:

Comenzada como una revolución democrática de liberación nacional se transformó en revolución socialista. Así Cuba hizo realidad en América Latina la formulación leninista de que no hay muralla china entre una etapa y otra de la revolución. Demostró que sólo el socialismo es capaz de resolver de un modo radical las tareas democráticas y antiimperialistas. (...) El mérito de Cuba reside [en] haber demostrado que para quebrar la muralla china es necesario que el proletariado en alianza con campesinos pobres y sectores radicalizados de las capas medias debe golpear centralmente, en la primera etapa, a los terratenientes y monopolios extranjeros y el gran capital ligado a ellos y simultáneamente neutralizar a la burguesía nacional, pero nunca considerarla como una fuerza capaz de enfrentar al imperialismo, pues esta línea oportunista lleva inexorablemente al proletariado a la cola de la burguesía25.

El proceso revolucionario y la actualidad cubana eran un ejemplo de una revolución triunfante, que daba tareas concretas hacia Latinoamérica y hacía tambalear la concepción etapista propugnada por el PC. Sin embargo, con respecto a la crisis general del movimiento comunista internacional (MCI), los comunistas revolucionarios no desarrollaron grandes cambios con respecto al alineamiento impulsado por el PC. A pesar de las fuertes críticas realizadas a su dirección y a excepción de la caracterización del “tema cubano”, no sería hasta un tiempo después que el PCR adquiriría definiciones propias y claramente diferenciadas acerca del comunismo internacional. Por el momento, el PCR expresaba que:

Consideramos que la lucha por la unidad y la cohesión del MCI exige: 1 Combatir y derrotar la línea nacionalista, antisoviética y divisionista de Mao-Tse Tung. (...) 2 Combatir y derrotar la línea reformista y nacionalista que expresa coherentemente la Liga de los Comunistas de Yugoeslavia y se perfila e insinúa en otros Partidos comunistas. (...) 3 La polémica y la superación de las concepciones pequeño burguesas, de las cuales es un vocero Regis Debray26.

Esta es una muy clara expresión de principios. En el primer punto, el PCR se alineaba con la URSS ante la polémica y el enfrentamiento con el comunismo chino, caracterizando a éste último de forma muy crítica. En el segundo punto, mantenía su alineamiento con el comunismo soviético en el enfrentamiento con la Yugoslavia de Tito, que comandaba una república comunista de tipo diferente y crítica a la soviética, manteniéndose neutral en la Guerra Fría. El tercer punto tiene una gran relevancia en el contexto latinoamericano y la discusión acerca de la lucha armada. Con esa afirmación, el PCR se desmarcaba de Regis Debray, ideólogo de la “teoría del foco”, a la que se consideraba como una deformación pequeño-burguesa y “aventurera”, sin un basamento real en la lucha de clases. Con respecto a la caracterización de la URSS, el partido explicaba que

Los defectos burocráticos, tecnocráticos y chauvinistas no han afectado la base material del socialismo. Tanto la versión china acerca del "imperialismo soviético" como la "revolución política" que propicia el trotzkismo en los países socialistas dejan de lado esta verdad histórica, y son por eso falsas y nocivas. Donde no hay propiedad privada ni capitalismo no puede haber imperialismo, y no puede hablarse en término marxista de una "revolución" si no se altera la base económica.27

Con esta diferenciación de las caracterizaciones hechas tanto por el maoísmo como por el troskismo acerca del devenir de la URSS, el PCR seguía considerándola como un estado socialista referente en la lucha por la revolución mundial. La caracterización era crítica y para nada obsecuente, pero no rompía completamente con la concepción heredada del PC si no que mantenía bastantes de sus elementos de caracterización.

Las publicaciones del PCR trataban con mucha jerarquía a distintos eventos desarrollados en la coyuntura internacional. Entre ellos, el proceso desarrollado en Checoslovaquia que luego fue llamado como Primavera de Praga entre el 5 de enero y el 20 de agosto de 1968, fue probablemente uno de los que tuvo la mayor repercusión. El partido pretendía realizar un análisis profundo ante un evento que evidentemente hacía tambalear sus preconceptos acerca del accionar de la potencia soviética. Previamente a la intervención militar del Pacto de Varsovia que capitaneaba la URSS, que daría por terminado el proceso, el PCR expresaba que

El proceso checoslovaco debe ser analizado cabalmente. Reconoce orígenes objetivos y reales en la deformación de la democracia socialista y en problemas serios en el desarrollo de la economía. Estas causas originaron una reacción de masas muy amplia que en un principio abarcó esencialmente a los estudiantes e intelectuales. Esa agitación intentó ser aprovechada por elementos de las burguesía para forzar un retroceso histórico, para lo que insinuaba su colaboración grupos oportunistas en el seno del propio PC checoslovaco28.

Sin llegar a desarrollar una caracterización positiva, lo escrito por el partido era bastante benevolente con la movilización de masas checoslovaca, y buscaba entender sus causas. De esta manera, no adhería a las tesis de que el proceso era un intento de restauración del capitalismo y que su solución era la intervención por parte del Pacto de Varsovia, que era la interpretación impulsada por la URSS y reproducida en Argentina por el PC. Los comunistas revolucionarios se manifestaban como contrarios a la intervención porque consideraban que sus consecuencias serían perjudiciales para el pueblo checoslovaco, ya sea por debilitar la imagen del socialismo en el mundo, o por enardecer los sentires nacionalistas de los checos y eslovacos ante la “invasión panrusa”29.

El partido planteaba que la solución “no consiste en continuar con el proceso anterior, que alejaba a las masas del socialismo, ni retroceder hacia la derecha, haciendo concesiones aparentes para dañar al socialismo”. Por el contrario, la solución tenía que buscarse en “recurrir abiertamente a las masas proletarias, discutir todos los problemas con el concurso activo de la clase, tal como lo enseñaron y practicaron Lenin y los bolcheviques rusos”30. Una vez llevada a cabo la intervención militar, la posición del PCR se volvió más crítica al accionar de la URSS. El problema principal era que “esta tarea pasaba por ganar, por convencer a la clase obrera de Checoslovaquia, jamás por suplantarla. Está claro que el proletariado checoslovaco no solicitó ni aprobó la intervención, sino que se opuso a ella”31.

De todas formas, el tema servía para diferenciarse del PC argentino, “con sus reclamos de "fe" a toda acción de la URSS, su tergiversación de la realidad checa, la deformación de las posiciones asumidas por otros partidos, como el cubano, así como su adjetivación francamente provocativa contra los estudiantes y fuerzas antiimperialistas que no han "saludado" la intervención armada"32. Según los comunistas revolucionarios, esta actitud no contribuía a combatir la propaganda anticomunista orquestada por la prensa de los países capitalista ante la invasión a Checoslovaquia, sino todo lo contrario.

Yendo al plano más general de la discusión de estrategia revolucionaria, el PCR defendía la necesidad de tomar el poder por la vía armada. Al hacerlo, desarrollaba una doble delimitación: Principalmente, se diferenciaba del PC y su postulado de la “vía pacífica” al socialismo planteando la necesidad de una ruptura violenta con el orden establecido, que lo pusiera en la senda revolucionaria abandonada.

Adquiere importancia central que los comunistas propaguemos la idea de que el único camino que garantiza al proletariado liberarse de la explotación, es encabezar las luchas populares para tomar el poder por la vía armada. Es necesario que los comunistas vayamos organizando junto con otros sectores a los obreros para esta vía, partiendo de experiencias concretas, aunque sean modestas. Así el obrero comienza a sentirse fuerte para enfrentar la represión patronal y dictatorial y a diferenciar entre el camino revolucionario y la demagogia golpista que intenta apoyarse en él y luego burlar sus aspiraciones33.

Pero, en segundo lugar, al plantear la necesidad de la “vía armada” esquivaba la posibilidad de ser tildado de “reformista”, y ello le daba cierta autoridad moral para plantear que el tipo de lucha armada desarrollada por las organizaciones “guerrilleras” estaba equivocado. Estos puntos que, interrelacionados, formaban parte del corpus teórico-político en conformación del PCR, se conjugaban en una perspectiva estratégica con coherencia interna, a pesar incluso de ciertas mutaciones o inconsistencias que podemos apreciar en el período. El PCR decía: “luchamos por el programa de la revolución de liberación nacional y social, en marcha ininterrumpida al socialismo”34. Esto se desarrollaba de la siguiente manera:

(...) Tal objetivo táctico antidictatorial liberador, se inscribe en nuestra línea de desgaste político del aparato estatal de las clases dominantes, como parte de la lucha de resquebrajar y destruir ese aparato, en un proceso que tiene como objetivo estratégico, la insurrección general de todo el pueblo. (...) Y, al calor de la lucha antidictatorial, perfilar la alternativa revolucionaria que, hegemonizada por el proletariado, cristalice en un frente de Liberación Social y Nacional, desarrollar una poderosa tendencia sindical clasista y el instrumento indispensable para todo ello y la liberación de la clase obrera: El Partido35.

La posición estratégica se consolidó como insurreccionalista, inserta en una perspectiva vanguardista clásica, común a los partidos con orientación marxista-leninista, en las que el rol del Partido era crucial para dirigir a las masas. Un concepto de suma importancia en la perspectiva estratégica del PCR es el del “Frente de Liberación Nacional y Social”. Éste aparece como un frente contenedor y aglutinador de las diferentes fuerzas sociales con la capacidad de desarrollar una perspectiva revolucionaria. Consistía en “la alianza de obreros, campesinos pobres y medios, capas medias urbanas, intelectuales y estudiantes, con hegemonía del proletariado, que podrá neutralizar a la burguesía nacional e incorporar eventualmente a los sectores menos comprometidos de esta clase”36. Aclarando que la dirección del Frente de Liberación Nacional y Social tenía que ser ejercida por el proletariado, se desmarcaban de la línea que denunciaban que había adoptado el PC, de “estar a la cola” de alguna variante de la burguesía.

Estructuración de la forma organizativa

Luego de su fundación, había ciertos indicios de que la posibilidad de una situación de crisis interna podía atenazar al PCR. Como expone Lisandrello37 en su trabajo, en un primer momento convivían tres líneas estratégicas diferentes en su interior. Éstas entraron rápidamente en pugna por el control de la orientación del partido, siendo la principal diferencia la discusión acerca de la hipótesis revolucionaria que el partido debía adoptar. Por un lado, la “guerrillerista”, por otro la “insurreccionalista con propaganda armada”, y por último la “insurreccionalista a secas”, cuyo debate se puede ver plasmado en Teoría y Política, producción teórica del partido. La que salió triunfante del I Congreso partidario, que se llevó a cabo en Córdoba el 11, 12, 13 y 14 de diciembre de 1969, fue la “insurreccionalista a secas”, pero unos meses antes ya era evidente que iba a ser la vencedora. Julio Godio, bajo el seudónimo de Andrés Marín, fue uno de los principales defensores de esa posición en las páginas de Teoría y Política. Una muestra de la prevalencia de esta posición es que fue él, junto a Fígari, seudónimo de José Ratzer, quien redactó los documentos aprobados por el I Congreso. Son muchos los elementos a analizar para dilucidar qué llevó a la victoria de esta posición, que resultan imposible abordar en profundidad en este trabajo. Lo que es insoslayable es que el desarrollo del Cordobazo de mayo de 1969 fortaleció la posición insurreccionalista dentro del partido, interpretado como “un “ensayo” revolucionario que ha permitido bocetar las formas que adquirirá el ajuste final de cuentas del pueblo con las clases dominantes en nuestro país”38; y que sirvió de estímulo a la posición “obrerista” que pondría como prioridad la construcción política en el seno de la clase obrera, impulsando la “proletarización” sistemática de los militantes.

Según Otto Vargas, el mismo que estimó que la cantidad de miembros que fundó el PCR había sido de cuatro mil personas, luego del proceso que llevó a que la línea “insurreccionalista” prevaleciera y tomara control de la orientación del partido, el activo militante se había reducido a 700 militantes39. Incluso suponiendo que esas cifras están sobredimensionadas, es evidente que las disputas internas tuvieron importantes consecuencias al interior de la organización.

En esta etapa fundacional, los desafíos de la creación del partido estaban acompañados por la necesidad de una estructuración orgánica interna que pudiera afrontar las tareas políticas definidas. A causa de la situación descripta, era de vital importancia la definición de mecanismos de control y disciplinamiento para velar que la orientación del partido se llevara adelante y no corriera riesgo de desviaciones o maniobras por parte de grupos internos. ¿Cómo lograr ese objetivo, pero a la vez no caer en la construcción de una estructura que reprodujera las falencias que encontraban en el PC, parte de las cuáles habían sido causal de la escisión?

Lo ideal para generar ese tipo de mecanismos era la aprobación de un estatuto interno, que clarificara la forma de resolución de los disensos, que estableciera las competencias de cada instancia orgánica y que las jerarquizara, dando poder de fiscalización a las instancias superiores sobre las inferiores.

El PCR aprobó su estatuto partidario en su I Congreso, luego de cerca de dos años de funcionamiento como organización. Para ese entonces la pugna entre las tres orientaciones estratégicas ya había sido “solucionada” con la expulsión y el apartamiento de los contingentes militantes que no se fundieron en la línea “ganadora” del debate, entre los que estaba Luis María Aguirre, defensor de la línea “guerrillerista” que terminaría militando en las FAL40.

El estatuto del PCR definía en su artículo 20 que “El Partido se estructura como un sistema de organismos en torno a un centro, su estado mayor político-militar, con tres niveles fundamentales: el centro, la dirección intermedia y la célula”. El centro est aba constituido por el Comité Central elegido por el Congreso, las direcciones intermedias por los Comités de Zonas y los subcomités, y el organismo básico era la célula. El partido definía un sistema basado en el centralismo democrático, con un sistema jerárquico entre instancias, en el que las superiores tenían capacidad de incidencia sobre las inferiores.

Por otro lado, se especificaban una serie de disposiciones que se orientaban a la consecución de los objetivos orgánicos. Con respecto a la prensa, el artículo 25 especificaba que “la prensa y los órganos centrales del Partido dependen del CC, que designa a los directores de los mismos, los que actúan como delegados suyos, asegurando que en ellos se exprese fielmente la línea política del Partido establecida en sus Congresos y las posiciones que derivadas de dicha línea fije en cada momento el CC”. Con respecto a la capacidad de incidencia por parte del Comité Central (CC) en órganos de menor jerarquía, el artículo 26 disponía que “el CC enviará representantes a los distintos Comités de Zona si lo considera necesario, puede crear organismos intermedios, secciones y comisiones de trabajo, como asimismo intervenir a Comités de Zona en casos de que fuera violada la línea política aprobada en el Congreso o en los Estatutos”.

Con respecto a los mecanismos de control por parte del CC sobre la disidencia política en el interior del partido, en el artículo 62 se definía claramente esa relación: “El Partido garantizará a través de los articulados del presente Estatuto la discusión y la diversidad de opiniones en su seno, pero no admite fracciones o grupos que se sitúen por encima de los organismos regulares. La actividad fraccional o de grupos será severamente sancionado con la expulsión o exclusión del Partido”. La expulsión del partido era la sanción máxima, que en el artículo 64 se definía que estaba destinada “a los traidores, a los que actúen débilmente ante el enemigo y develen secretos del Partido, a los que organicen fracciones o grupos, a los infiltrados”.

En definitiva, los estatutos, las disposiciones orgánicas y el impulso de las campañas de autocrítica que se desarrollaron en este período, evidencian que se actuó enérgicamente para mantener la cohesión. La adopción del centralismo democrático iba en el mismo sentido, en consonancia con otras expresiones de la izquierda argentina, buscando disminuir orgánicamente las posibilidades de verse demasiado afectados por las discusiones internas.

A modo de cierre

Las rupturas que se desarrollaron en el comunismo internacional durante la década de 1960 trajeron fuertes repercusiones en el mapa político de la izquierda argentina. El PCR surgió como producto de ese proceso, por un lado; y de la propia dificultad del PC para mantenerse como una alternativa política que pudiera contener las inquietudes “izquierdistas” de sus miembros. Su conformación y consolidación, convirtió a los comunistas revolucionarios en una de las expresiones de esa “nueva izquierda” que rompía con la forma institucionalizada de la izquierda representada por el Partido Socialista y por el PC. Las principales preocupaciones del PCR en este período estaban dirigidas a diferenciarse y delimitarse del PC, y a construir su propia identidad y su corpus teórico-político. El énfasis estaba puesto en la necesidad de construir una identidad con una impronta claramente combativa y de lucha, que dejara atrás el lastre “gorila” que arrastraba el PC. Luego de romper con el que a sus ojos era un anquilosado PC, al que se acusaba de “oportunista” y “reformista”, era necesario para el grupo militante construir una mística y épica que rompiera con esa referencia. En esta dirección estaba la constante reivindicación de los procesos revolucionarios o con tintes revolucionarios en desarrollo en el período en otras partes del mundo, así como una apertura mayor a reivindicar procesos políticos radicalizados a pesar de que no entraran completamente en los esquemas establecidos.

La ruptura política con el PC fue real y tangente. La impronta de la nueva organización no era una simple cuestión de estilo, sino que traía consecuencias directas. El PCR desarrolló un análisis político de la coyuntura nacional e internacional con una perspectiva propia e independiente; desarrolló un marco de alianzas diferenciado del que desarrollaba el PC; y construyó un corpus teórico-político para sustentar la línea política del partido ante la coyuntura. De todas formas, como vimos, al PCR le costó abandonar completamente la totalidad de los planteos históricos del PC, incluso algunos con consecuencias directas en el corpus teórico-político del mismo PC. Se mantuvo el apoyo a la URSS, aunque sin comulgar con la forma en que el PC entendía ello; y se mantuvieron conceptos y perspectivas provenientes del partido de origen tratando de construir una perspectiva propia, como las referidas a una concepción “etapista” de los procesos de cambio radical en los países del tercer mundo. La estructuración de la forma orgánica, por su parte, cumplió con el objetivo de generar un funcionamiento claro y adoptar la forma del centralismo democrático; pero a la vez era la garantía de que los órganos superiores en la jerarquía partidaria tuvieran un control muy fuerte sobre los de menor jerarquía, como forma de evitar posibles “desviaciones” políticas. En este aspecto, la forma orgánica construida tenía bastantes similitudes con la s del PC, o al menos cumplía funciones análogas a aquellas que en su momento los militantes del futuro PCR habían visto como perjudiciales para la democracia partidaria.

Este primer período que abarca desde su creación a principios de 1968 hasta finales de 1969, es un período de difícil de caracterizar como una unidad cohesionada. Los virajes políticos, el desarrollo de la discusión interna acerca de la hipótesis revolucionaria a la que adscribir, el desarrollo de una capacidad de análisis por fuera de la guía canónica de la URSS, configuran a la línea del partido como algo sin una forma acabada. El I Congreso partidario de diciembre de 1969 marcaría un punto de inflexión a partir del cual el partido avanzó cualitativamente en su estructuración y también en cierta consolidación de su corpus teórico-político. En este período se encuentran algunos hitos políticos que influyeron fuertemente en el desarrollo político del partido. Entre ellos destaca el Cordobazo, de una relevancia importantísima en la consolidación de una perspectiva “obrerista” e “insurreccionalista”. Y la Primavera de Praga y la invasión soviética que la aplastó a sangre y fuego, por cómo repercutió en su interior, ya que a partir de ese momento la caracterización acerca de la potencia soviética comenzaría a variar, desanudando al PCR del alineamiento que hasta ese momento tenía con la URSS. Aun así, para que el PCR adoptara la perspectiva política del maoísmo faltarían aún algunos años, y sobre todo el transitar la experiencia de procesos y caracterizaciones a nivel nacional e internacional que seguirían influyendo en el desarrollo del partido.

En este trabajo se analizó la evolución del corpus teórico-político del PCR, y lo acotado del tema y el período abordado abre diferentes interrogantes que deberán ser subsanados en el futuro. En particular, sería muy interesante el desarrollo de un análisis que compare la evolución del corpus teóricos- políticos del PCR en relación al del PC en diferentes períodos, rastreando las diferencias y los acuerdos entre uno y otro. Esto podría incorporar las relaciones desarrolladas entre ellos en cuanto a alianzas y disputas en la inserción en el movimiento estudiantil y el movimiento obrero, así como los planteos desarrollados hacia la política en general. Por otro lado, sería muy relevante definir cuál fue el desarrollo real y la inserción del PCR en el período trabajado y en los años siguientes: Con qué cantidad de militantes contaba (tratando de arribar a una superación de la cifra aportada por Otto Vargas a Andrade), en qué cantidad podría estimarse la periferia más cercana a la organización, qué tipo de extensión nacional tenía, cuántas regionales consolidadas estaban en funcionamiento, que tirada tenía la prensa partidaria. En el mismo tenor, para dar una visión más acabada acerca del desarrollo del partido, sería muy interesante tener una referencia sobre su funcionamiento. Con qué asiduidad se reunía cada uno de los órganos partidarios, qué tipo y cantidad de acciones se desarrollaban en una circunscripción política en una cantidad de tiempo dada, con qué mecanismos de seguridad interna contaba el partido, cuál era el proceso de incorporación de nuevos militantes; y en relación con esto qué tipo de subjetividad se desarrollaba en el interior del partido, cuáles eran los pilares identitarios de la organización y cómo era percibida la experiencia de militar en ellas.

Son muchas las posibilidades que se abren a futuro, con una historiografía que está en desarrollo y explorando temas que quedaron durante mucho tiempo soslayados en los estudios de la izquierda argentina del período. Quizás lo más interesante de este trabajo, como aporte a esa historiografía en construcción, es que indaga en el proceso casi artesanal de construcción de una nueva organización política. Una organización que deja traslucir las evidentes frustraciones, anhelos y expectativas de una generación que no se resignaba, sino que ponía todo su empeño en tratar de crear las herramientas para la construcción de una sociedad nueva.

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1 Para hacer más clara y ágil la lectura, de ahora en más me referiré al partido como PCR, incluso cuando en la mayor parte del período analizado se denominaba como PC-CNRR.

2A continuación, cito sólo una pequeña muestra de la producción historiográfica al respecto. Para las primeras experiencias de organizaciones por la lucha armada, véase Rot, Gabriel, Los orígenes perdidos de la guerrilla en la Argentina. La historia de Jorge Ricardo Masettiy el Ejército Guerrillero del Pueblo , Buenos Aires, El Cielo por asalto, 2000. Para adentrarse en la perspectiva acerca de la lucha armada por parte del troskismo, véase Mangiantini, Martín, El trotskismoy el debate en torno a la lucha armada , Buenos Aires, Colección Controversias, 2014. Para indagar en la historia del PRT-ERP véase Pozzi, Pablo, El PRT-ERP. La guerrilla marxista , Buenos Aires, Imago Mundi, 2004 y Carnovale, Vera, Los combatientes. Historia del PRT- ERP, Buenos Aires, Siglo XXI, 2011. Acerca de la relación entre las organizaciones de izquierda y el peronismo, véase Schneider, Alejandro, Los compañeros. Trabajadores, izquierda y peronismo. 1955-1973 . Buenos Aires, Imago Mundi 2005; y Cullen, Rafael, Clase obrera, lucha armada, peronismos. Génesis, desarrollo y crisis delperonismo original . La Plata, De la Campana, 2009.

3Sindicato de Mecánicos y Afines del Transporte Automotor de la República Argentina, importante sindicato de los trabajadores del sector.

4Califa, Juan Sebastián, Del Partido Comunista al Partido Comunista Comité Nacional de Recuperación Revolucionaria en la Argentina de los años sesenta, Izquierdas [En línea], Santiago de Chile, 2015; Lisandrello, Guido, El Partido Comunista Revolucionario (PCR) y la discusión estratégica en los '70, ponencia presentada en las X Jornadas de Sociología, Facultad de Ciencias Sociales, Universidad de Buenos, 2013; Mignon, Carlos y Fishwick, Adam, Origins and evolution of Maoism in Argentina, 1968—1971, Labor History, DOI: 10.1080/0023656X.2018.1422382, 2018; Rubio, Matías, El Partido Comunista Revolucionario y la definición de una interpretación histórica en su período formativo (1967-1987), Izquierdas, N° 46, 2019 [adelanto de edición]; Rupar, Brenda, El rol de la revolución cultural china en el maoísmo argentino. Las interpretaciones en las visiones oficiales de Vanguardia Comunista y el Partido Comunista Revolucionario, en Leste Vermelho, revista de estudos críticos asiáticos, volumen 3, N° 1, 2017.

5Laufer, Rodolfo, El clasismo en el SMATA Córdoba. La Lista Marrón de 1972, Ponencia presentada en las XI Jornadas de Sociología, 2015; Laufer, Rodolfo, El clasismo en el SMATA Córdoba, 1966-1972, en “Dirán hubo gigantes aquí: izquierda, peronismo y clase obrero en los '60 y '70”, compilado por Brenda Rupar; Ana Costilla; Guido Pascual Galafassi. 1a ed. Ranelagh, Extramuros Ediciones, 2017; Laufer, Rodolfo, Izquierday clasismo en los 70. Debatesfrente al Movimiento de Recuperación Sindical — Lista Marrón del SMATA Córdoba , en Revista Archivos de historia del movimiento obrero y la izquierda N°12, Buenos Aires, 2018.

6Celentano, Adrián, La formación de Vanguardia Comunista, de la crisis del soc i alismo a la adopc i ón del maoísmo y elproblema de la construcc i ón delpartido revolucionario entre 1965y 1969, ponencia presentada en las “VII Jornadas de Historia Política”, Tandil, 2012; Celentano, Adrián, El maoísmo en las iniciativas político-editoriales del grupo pasadopresentista (1963-1976) , En Prismas, Revista de historia intelectual, N° 18, Buenos Aires, 2014; Rupar, Brenda, Elpartido Vanguardia Comunista: elementos para avanzar en una caracterizac i ón del maoísmo ar g entino (1965-1971) . En Izquierdas, N° 36, 2017. Rupar Brenda, Los desafíos en la investigac i ón histórica sobre corrientes políticas: algunas reflexiones a partir del estudio del maoísmo en Ar g entina , en Dirán hubo gigantes aquí: izquierda, peronismo y clase obrero en los '60 y '70, Compilado por Brenda Rupar; Ana Costilla; Guido Pascual Galafassi. 1a ed. Ranelagh, Extramuros Ediciones, 2017.

7Una primera versión de este trabajo fue presentada como ponencia en las Terceras Jornadas de Historia del Socialismo, organizadas por el programa de Historia Contemporánea del Centro de Investigaciones y Estudios sobre Cultura y Sociedad, realizado en Córdoba, Argentina, el 20 de octubre de 2017.

8Tortti, María Cristina, Izquierda y “nueva izquierda ” en la Argentina . El caso del Partido Comunista , Sociohistórica, 1999, pág. 11.

9Para un trabajo pormenorizado acerca del surgimiento del maoísmo como corriente política independiente, en el que se sostiene que sólo fue tal a partir de la década de 1960, a raíz del conflicto chino-soviético, véase el trabajo de Rupar, Brenda, El debate chino-soviético y la emergencia del maoísmo como corriente política diferenciada en el Movimiento Comunista Internac i onal , Historia Contemporánea, 2018.

10En abril de 1960, el mundo comunista celebraba el 90° aniversario de Lenin, fundador del Partido Bolchevique, el Estado Soviético y la Internacional Comunista. Este fue el momento elegido por los dirigentes chinos para lanzar sus hostilidades a los soviéticos. El ataque surgió a partir de tres notas doctrinarias publicadas en Bandera Roja y el Diario del Pueblo entre el 1° y el 22 de abril, reunidas bajo el significativo título de Viva el Leninismo. En las mismas, con el objeto de exponer las concepciones políticas de Lenin, los comunistas chinos denunciaron indirectamente el conjunto de la línea seguida por Moscú desde el XX Congreso del PCUS de 1956. En palabras de Fejto, “(...) la defensa de Lenin, se volvió en un proceso a Krouschev”, en Fran^ois Fejto, Fran^ois Chine/URSS. De Fallíame au conflit 1950/1972 , pág. 165 Éditions du Seuil, Paris, 1973.

11Celentano, Adrián, La formación de Vanguardia Comunista, de la crisis del soc i alismo a la adopc i ón del maoísmo y elproblema de la construcción delpartido revolucionario entre 1965y 1969 , ponencia presentada en las “VII Jornadas de Historia Política”, Tandil, 2012, pág. 3.

12Tortti, ídem.

13Con respecto al Partido Comunista, Tortti establece que: “La admiración que producía «la primera Revolución Socialista de América», no podía sino promover comparaciones que, en muchas ocasiones, llevaban a cuestionar la línea política y la capacidad del grupo dirigente del propio partido. Cuando esto comenzó a percibirse, la dirección partidaria trató de impedir que el entusiasmo diera lugar al debate, y se abroqueló en la defensa cerrada y arrogante de una línea política que, para algunos, ya no era sino la contracara de una revolución triunfante. A partir de entonces, puede decirse que la posición del PC sobre Cuba fue oscilante -o ambigua-, y que la cuestión de la «vía cubana» comenzó a dividir aguas dentro del Partido, aunque la cuestión no fuera oficialmente reconocida”. Tortti, ídem.

14En el artículo de Juan Sebastián Califa, op. cit., se aborda el proceso que llevó a la FJC a la escisión del PC. El autor pone hincapié en la “marca universitaria” de la ruptura, tomando la transformación vivida en el seno de la FJC al calor de la lucha contra la dictadura de Onganía, con una impronta especialmente represiva hacia la juventud y el movimiento estudiantil. A pesar de la larvada crisis que se cocinaba en el interior del partido, el autor identifica que la discusión no circuló en los documentos y publicaciones partidarias hasta el momento inminente de la ruptura.

15Matías Rubio establece que esos fueron los principales afluentes para la conformación del PCR, en consonancia con la mayoría de la bibliografía especializada. Rubio, op. cit., 140. Para una mayor profundización en el tema, ver: Andrade, Mariano Para una historia del maoísmo argentino. Entrevista con Otto Vargas , Buenos Aires, Imago Mundi, 2007; Gilbert, Isidoro, La FEDE. Alistándose para la revolución. La Federación Juvenil Comunista 1921-2005 , Buenos Aires, Sudamericana, 2009; Pacheco, Julieta, El MALENA y la construcción delprograma de liberación nacional (1955-1969) , Buenos Aires, RyR, 2012.

16Otto Vargas, secretario general del PCR hasta la actualidad, en la entrevista concedida a Mariano Andrade en 2007 estima que en el momento de la fundación del partido eran aproximadamente cuatro mil los militantes con los que contaba, la mayoría de los cuales provenían del PC. Es muy posible que sea un número exagerado, pero es la referencia utilizada por la mayoría de los investigadores del tema. Andrade, op. cit.

17Como nota de color, ese era el nombre que la organización maoísta Vanguardia Comunista venía anunciando que iba a tomar, e incluso a principios de 1969 había titulado a un documento “Hacia el 1° Congreso del Partido Comunista Revolucionario”, y se refería a sus propios militantes como “comunistas revolucionarios”. A pesar de ello, el PC-CNRR “les ganó de mano” y tomó el nombre de PCR antes de que se llevara a cabo el congreso anunciado por los vanguardistas.

18Nueva Hora N°1 pág. 1, 12 de febrero de 1968.

19Nueva Hora N°2 pág. 2-3, 8 de marzo de 1968.

20Nueva Hora N°1 pág. 2, 12 de febrero de 1968.

21Nueva Hora N°1, pág. 1, 12 de marzo de 1968.

22Acá, un fragmento más extenso en el que se desarrollaba esa intención: "El partido abandonó la formulación y realización de una política centrada en el desarrollo de comandos obreros y populares que agrupen a los sectores y militantes revolucionarios, como órganos de las luchas para su elevación al plano político y como un pilar para la construcción del Frente de Liberación Social y Nacional. (...) La dirección del Partido no formula una política capaz de cohesionar a las fuerzas de izquierda, antiimperialistas, existentes en los diferentes sectores políticos y busca, por el contrario, permanentemente, el acuerdo con las direcciones de los partidos burgueses, olvidando la caracterización que de ellos hizo el XII Congreso. E ilusiona a las masas con la idea de que los mismos pueden sancionar, en una hipotética constituyente, sin las existencias de un poder popular con la hegemonía de la clase obrera, los cambios de estructura que el país necesita". Nueva Hora N°1 pág. 2, 12 de marzo de 1968.

23El fragmento completo continuaba: “(...) Desde 1917, con el triunfo y consolidación del primer Estado Socialista en el mundo, su decisivo aporte al avance de la clase obrera internacional, la histórica derrota infligida al nazismo, el apoyo a los movimientos de liberación nacional, la transformación de la URSS en la potencia más avanzada del sistema socialista mundial, la han colocado en el centro del proceso revolucionario mundial. La defensa y la unidad con el sistema socialista mundial es, a su vez, una necesidad estratégica de todo el movimiento revolucionario mundial y del desarrollo de nuestra propia revolución”. Nueva Hora N°1 pág. 4, 12 de febrero de 1968.

24Nueva Hora N°1 pág. 3, 12 de febrero de 1968.

25Nueva Hora N°9 pág. 2 y 3, 2da quincena de julio de 1968.

26Nueva Hora N°1 pág. 4, 12 de febrero de 1968.

27Nueva Hora N°14 pág. 4, 1ra quincena de octubre de 1968.

28Nueva Hora N°7 pág. 4, 2da quincena de junio de 1968.

29“(...) Es evidente que, en tales condiciones, el intervencionismo debilitaría mundialmente la idea del socialismo y generaría procesos contradictorios en los países socialistas, procesos en los que posiblemente sería más lo que se pierda que lo que se gane. Un ejemplo de ello son los resultados negativos de la carta de cinco países del pacto de Varsovia, que al reunirse a considerar el caso checoslovaco sin la participación del país interesado lo que han conseguido es exacerbar el sentimiento nacional de checos y eslovacos, en perjuicio del internacionalismo proletario y de la consolidación del socialismo en Checoslovaquia". Nueva Hora N°10, pág. 1 1ra quincena de agosto de 1968.

30Nueva Hora N°10 pág. 1, 1ra quincena de agosto de 1968.

31Nueva Hora N°12 pág. 1, 1ra quincena de septiembre de 1968.

32Nueva Hora N°13 pág. 2, 2da quincena de septiembre de 1968.

33Nueva Hora N°5 pág. 3, 10 de mayo de 1968.

34Folleto “Los comunistas revolucionarios ante la actual situación política nacional e internacional. Partido Comunista (CNRR)” pág. 11, noviembre de 1968.

35Folleto “Los comunistas revolucionarios ante la actual situación política nacional e internacional. Partido Comunista (CNRR)” pág. 10, noviembre de 1968.

36Nueva Hora N°2 pág. 1, 8 de marzo de 1968.

37Lisandrello, Guido, El Partido Comunista Revolucionario (PCR)y la discusión estratégica en los '70 . Ponencia presentada en las X Jornadas de Sociología. Facultad de Ciencias Sociales, Universidad de Buenos, 2013.

38Documentos aprobados por el Primer Congreso del PCR / Córdoba pág. 2 11, 12, 13 y 14 de diciembre de 1969.

39Andrade, op. cit. pág. 39.

40Lisandrello, op. cit. pág. 14.

Fuentes documentales

Documentos aprobados por el Primer Congreso del PCR / Córdoba, 11, 12, 13 y 14 de diciembre de 1969.

Estatuto del Partido Comunista Revolucionario, aprobado por el Primer Congreso del PCR / Córdoba, 11, 12, 13 y 14 de diciembre de 1969.

Folleto “Los comunistas revolucionarios ante la actual situación política nacional e internacional. Partido Comunista (CNRR)”, noviembre de 1968.

Nueva Hora N°1, 12 de febrero de 1968.

Nueva Hora N°2, 8 de marzo de 1968.

Nueva Hora N°5, 10 de mayo de 1968.

Nueva Hora N°7, 2da quincena de junio de 1968.

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Nueva Hora N°10, 1ra quincena de agosto de 1968.

Nueva Hora N°12, 1ra quincena de septiembre de 1968.

Nueva Hora N°13, 2da quincena de septiembre de 1968.

Nueva Hora N°14, 1ra quincena de octubre de 1968.

Recibido: 14 de Septiembre de 2018; Aprobado: 28 de Octubre de 2018

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