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Izquierdas

versión On-line ISSN 0718-5049

Izquierdas (Santiago) vol.49  Santiago  2020  Epub 22-Abr-2020

http://dx.doi.org/10.4067/S0718-50492020000100210 

Artículos

El pasado puede ser discutido en el futuro: de la modernización de Deng Xiaoping a las tensiones que despierta China como potencia mundial

The past can be discussed in the future: from the modernization of Deng Xiaoping to the tensions of China becoming a world power

Mariano Treacy* 

*El autor es argentino y se desempeña como Investigador y Docente de la Universidad Nacional de General Sarmiento (UNGS). Argentina. Es también Licenciado en Economía (UBA), Magister en Economía Política (FLACSO) y Candidato a Doctor en Ciencias Sociales (UBA). Contacto: mtre acy@ungs .edu.ar

Resumen:

En este trabajo se aportan elementos para entender cómo fue posible y qué características adoptó la política de modernización de la formación social China desde 1978 y cómo llega 40 años después a establecerse como un serio contrincante de los Estados Unidos en la disputa por la hegemonía mundial. Para ello estudiaremos los principales lineamientos de la planificación económica durante la presidencia de Mao Zedong, las reformas económicas implementadas bajo la dirección de Deng Xiaoping y los principales problemas de China en la actualidad.

Palabras Clave: China; Planificación Económica; Reforma Estructural; Hegemonía

Abstract:

In this work we hope to provide elements to a better understanding of the policy of modernization of China's social formation since 1978 and how it arrived 40 years later to establish itself as a serious opponent of the United States in the dispute over world hegemony. For this we will study the main guidelines of economic planning during the presidency of Mao Zedong, the economic reforms implemented under the direction of Deng Xiaoping and the main problems of China today.

Key Words: China; Economic Planning; Structural Reform; Hegemony

Introducción

La modernización de China y la disputa por la hegemonía global que se da en la actualidad no pueden ser comprendidas por fuera de la historia reciente que ha sabido transitar el gigante asiático en la segunda mitad del Siglo XX.

En una primera aproximación a las reformas de apertura del sistema económico de la República Popular China en los años '80 uno de los aspectos que debería llamarnos la atención es el hecho de que se haya pasado en tan pocos años y bajo el comando del mismo Partido Comunista Chino (PCCh) de una economía centralizada y cerrada a una economía más abierta, descentralizada y diversificada pero manteniendo el sistema político de partido único y las principales empresas estratégicas en manos del estado.

Cómo fue posible un cambio de tal magnitud en la dirección del Partido es difícil de saber, pero conocer la historia nos puede ayudar a explorar algunas hipótesis. La muerte de Mao Zedong, la severa crisis de legitimidad a la que se enfrentó el PCCh tras la catástrofe política, social, cultural y humanitaria que habían significado las hambrunas del “gran salto adelante” y la Revolución Cultural y el momento histórico que se estaba viviendo en los ’80 con la apertura de la URSS, la crisis del campo socialista y la agudización de la internacionalización productiva y el libre comercio son algunos de los factores más relevantes a la hora de comenzar a buscar explicaciones.

Algunos autores todavía sostienen que el modelo de desarrollo chino puede conducir al socialismo y otros son bastante más críticos con respecto al rumbo que ha tomado. Hay quienes suscriben a las definiciones oficiales del PCCh de la formación socioeconómica china como una “Ec onomía de Mercado socialista” (Suliman, 1998), un tipo de “Socialismo de Mercado” (Amin, 2005) o directamente un “Socialismo con características chinas” (Deng, 1984). Desde otra óptica algunos lo caracterizan como un tipo particular de capitalismo de estado (Xing and Shaw, 2013), un capitalismo burocrático (Meisner, 2013) un capitalismo de estado en transición a un “capitalismo liberal” o “neoliberal” (Petras, 2006), un “capitalismo de amigos” o incluso un “corporativismo leninista” (Domenach, 2008). También hay quienes lo conciben como “el experimento de autoritarismo más grande y exitoso del mundo” apoyado en un “Partido-estado con una élite privilegiada” (Pan, 2008).

Muchos autores plantean que el “milagro chino” del crecimiento económico que se da des de 1978 con el ascenso de Deng, es en realidad consecuencia del abrazo a “reformas de mercado”. Sin embargo, para entender el desarrollo de China es indispensable considerar el período de consolidación territorial, cohesión nacional y acumulación del capital que se da en la etapa previa y comprender las particularidades del esquema de planificación económica que se implementó. La planificación económica en China tuvo singularidades que permitieron, luego de una severa crisis política derivada del fracaso del gran salto adelante y de la brutal revolución cultural, un recambio político hacia un modelo mixto y no el desmantelamiento absoluto del sistema de dominación como en otras experiencias del socialismo real.

El potencial de China en la actualidad por disputar la hegemonía mundial es el resultado de una construcción histórica deudora tanto de la planificación económica y el autoritarismo político de la etapa comunista del maoísmo (1949-1976) como de la posterior reforma de Deng hacia una economía socialista de mercado o “socialismo de características chinas” (1978- ).

El establecimiento de la República Popular no solo permitió el control político sobre el territorio y el control económico sobre los principales recursos de la economía, sino que permitió la incubación de una fuerza de trabajo que portaría sobre sus hombros el peso del progreso y la modernización y se convertiría en la real hacedora del “milagro chino”. La capacidad que tiene actualmente el Estado chino para controlar su territorio, disciplinar a su clase obrera y planificar su desarrollo y el proceso de urbanización proletarización masiva de su clase trabajadora no se pueden separar del control efectivo que consolidó el Partido Comunista sobre el territorio y sobre los distintos actores políticos y económicos nacionales y extranjeros en la historia reciente. La unificación nacional, la construcción de proyectos de infraestructura, la industrialización y las campañas sanitarias y alfabetización han sido ejes fundamentales de este proceso.

El objetivo de este trabajo consiste en aportar elementos que nos permitan comprender cómo fue posible y qué características adoptó la política de modernización de la formación social China desde 1978 y cómo llega 40 años después a establecerse como un serio contrincante de los Estados Unidos en la disputa por la hegemonía mundial. El desarrollo chino, como veremos, está muy lejos de estar exento de tensiones y contradicciones. Comprender el fenómeno chino, por lo tanto, significa avanzar en una mejor caracterización del modo en que se va a configurar el orden global en el próximo siglo.

Con este propósito, en la primera parte del trabajo desarrollaremos el modo en que llega a darse la disputa de la hegemonía mundial en el siglo XXI entre Estados Unidos y China partiendo de una construcción teórica del concepto de ciclo sistémico de acumulación. En la segunda parte se caracterizarán la planificación del desarrollo y las derivas autoritarias del gobierno de Mao. Luego se estudiará el tipo de formación social que resultó China luego de la implementación de las reformas de modernización realizadas por Deng. Finalmente discutiremos los principales problemas del desarrollo chino en la actualidad y algunas elucidaciones sobre la capacidad de la República Popular China de convertirse en potencia hegemónica en las próximas décadas.

Disputas de la hegemonía mundial hacia el ciclo chino

La hegemonía mundial1 es resultado de una construcción histórica, consecuencia a su vez de las disputas por el poder entre las grandes potencias. En palabras de Arrighi, "el sistema mundo moderno se ha formado y se ha expandido en virtud de reestructuraciones fundamentales recurrentes dirigidas y gobernadas por sucesivos Estados hegemónicos" (Arrighi, 1999: 46). Para el autor, el sistema moderno de dominio se ha desarrollado estrechamente junto al desarrollo del capitalismo como sistema de acumulación a escala mundial. Así, el surgimiento y la expansión del sistema interestatal moderno se entrelaza con la acumulación del capital.

En economía, los ciclos expresan los períodos de expansión, depresión y crisis. Los ciclos sistémicos de acumulación (Arrighi, 1999) representan períodos de larga duración vinculados al ascenso, descenso y crisis de los Estados hegemónicos. La fase de auge se caracteriza por la expansión productiva y material y el liderazgo político y tecnológico del hegemón. Mediante un control de innovaciones tecnológicas y cambios geopolíticos asociados a este control, los países en ascenso consolidan su liderazgo, que se ve disputado en la fase crítica. La fase de declinación pone de manifiesto la pérdida de liderazgo competitivo por la financiarización del excedente y la aparición de nuevos competidores y la disputa por el liderazgo político.

Los conflictos por la hegemonía han marcado las transiciones entre ciclos sistémicos de acumulación. Hasta el Siglo IX Europa había sido considerada una región "atrasada" en comparación con China, India y el mundo Islámico, donde se había desarrollado una revolución agrícola que había permitido el incremento del excedente económico y la expansión comercial (Wolf, 2005). El ciclo de la modernidad, ubicado desde fines del Siglo XV, está asociado al eurocentramiento de la economía mundo y a la expansión colonial histórica y estructural (Quijano, 2000). El traslado del eje de acumulación desde Asia hacia Europa, el tráfico de esclavos, el saqueo y la transferencia de los recursos de " las Indias" y el proceso de acumulación originaria son puntos ineludibles en la conformación del moderno sistema interestatal y la expansión del capitalismo a escala mundial, que se consolida entre los siglos XVIII y XIX.

El capitalismo contemporáneo ha consolidado la tendencia hacia una mayor movilidad geográfica del capital y hacia un régimen de acumulación flexible mediante la reubicación de una parte de los procesos productivos en los países subdesarrollados gracias al cambio tecnológico provocado por la tercera revolución industrial (telecomunicaciones, transporte, electrónica, organización industrial) (Arrighi, 1999).

Bajo la hegemonía norteamericana, se han dado por finalizados los acuerdos que regían el sistema monetario internacional de Bretton Woods2 finalizando unilateralmente el patrón oro-dólar, y constituyéndose la moneda norteamericana como dinero mundial, regulado por su propio banco central. La construcción del orden global neoliberal consolidó la hegemonía de los Estados Unidos y las grandes empresas transnacionales mediante políticas de flexibilización del trabajo, apertura económica, privatización de empresas públicas y desregulación de los movimientos de capital. Estas tendencias, presentes en el mundo occidental desde fines de la década del ‘70, se agudizaron con las revoluciones del Este Europeo, el fin del Pacto de Varsovia y la perestroika soviética que culminaron con la caída del muro de Berlín en 1989 y el fin del campo socialista en 1991. El fin del mundo "bipolar" y de la guerra fría llevó un mundo multipolar de competencia bajo hegemonía norteamericana.

Si bien los Estados Unidos lograron consolidarse como potencia hegemónica en lo económico, lo político, lo militar y lo tecnológico, su hegemonía comenzó a verse amenazada. Desde la década del ’70 nos encontramos en la transición hacia un nuevo ciclo sistèmico de acumulación en donde la hegemonía norteamericana ha sido disputada por Japón (en los ’90), la Unión Europea (en los ’00) y China en la actualidad. La crisis del ciclo sistémico de acumulación se vincula a las tensiones que provoca la transición entre “modernidad” y “posmodernidad” con el paso del fordismo al toyotismo, la introducción de las computadoras y la automatización en el proceso productivo.

La amenaza para la hegemonía norteamericana no radica únicamente en el crecimiento económico ni tampoco en el hecho de que sea China su principal acreedor3, ni en la invasión de manufacturas baratas chinas al mercado norteamericano. La competencia por los recursos escasos y estratégicos -y la “amenaza” que representa para la 'Seguridad Nacional' norteamericana4-, por lo contrario, es lo que enciende una luz de alerta. China ha venido ampliando considerablemente su capacidad bélica y su gasto en presupuesto militar.

La presencia de China no es todavía una amenaza, sino que hasta el momento ha actuado más bien como un socio estratégico, proveyendo crédito y artículos baratos que permitieron elevar y sostener el nivel de vida de la población norteamericana sin que Estados Unidos tuviera que ingresar en una trampa de deuda ni en procesos devaluatorios o inflacionarios. Esto permitió que los Estados Unidos puedan mejorar el frente interno mientras el frente externo se agravaba. Sin embargo, en los últimos años se ha tensionado la relación bilateral y los últimos movimientos indican que estaríamos en vísperas de una guerra comercial, con las dos potencias ejercitando prácticas proteccionistas de forma recíproca5.

La crisis de 2008 ha puesto de manifiesto las tensiones que hacen a la transición hegemónica en el presente. Los efectos de esta crisis han marcado hasta el día de hoy las relaciones económicas y políticas internacionales. Diez años después, todavía no se han logrado recuperar los niveles del comercio internacional previo, se han debilitado las instituciones multilaterales y se han abierto flancos posibles de guerras comerciales entre los países con más peso. El “estancamiento de la globalización” se verifica no solo en el repliegue de la apertura comercial sino también en una caída de los flujos de capital internacionales, que se redujeron entre 2007 y 2016 un 65%6.

De existir, el “ciclo chino” será el resultado de una construcción histórica que viene dándose desde hace ya varias décadas, con una estricta planificación económica y de las relaciones internacionales. En los últimos años China ha superado el modelo de crecimiento orientado a las exportaciones y espera consolidar el mercado interno. En paralelo, ha promovido inversiones extranjeras para abastecerse de recursos y se ha convertido en uno de los principales socios comerciales de la gran mayoría de los países del mundo. En los últimos años, sin todavía desafiar abiertamente la hegemonía norteamericana, la diplomacia china ha promovido la negociación de mega-acuerdos regionales que persiguen el objetivo de consolidar paulatinamente el área de influencia del Yuan y tensionar hacia una transición hegemónica con eje en Asia. El “asia-centramiento” de la economía mundo, parafraseando las palabras de Aníbal Quijano, dependerá del modo en que se encauce la relación entre China y los Estados Unidos y del liderazgo que puedan establecer en la transición hacia un nuevo ciclo sistémico de acumulación.

La planificación del desarrollo y la oscuridad del culto a la personalidad y de la revolución cultural

En el Siglo XX, el llamado “Socialismo Real”7 llegó a abarcar, en su período de máxima extensión, casi un tercio de la población y casi la mitad del territorio global, formando un “subuniverso autónomo y en gran medida autosuficiente política y económicamente” (Hobsbawm, 2001). El sistema político implementado fue, en la gran mayoría de los casos, el del “ centralismo democrático”: un partido único jerarquizado que monopolizaba el poder estatal y gestionaba una economía de planificación centralizada. En la gran mayoría de las experiencias del Socialismo Real (y particularmente en los países que tenían un mayor atraso relativo), la propuesta económica se basó en la conquista de una modernización de tipo autárquico mediante un programa de crecimiento acelerado basado en el sector industrial combinado con un programa cultural y sanitario que elevara el nivel de educación y de salud de la población. El mecanismo para realizar esta estrategia fue, en aquellos países con mayor atraso relativo, la planificación estatal centralizada, que permitió asignar recursos para construir las industrias básicas (carbón, hierro, acero, electricidad, petróleo) y las infraestructuras esenciales de las sociedades industriales modernas.

Con el triunfo de la revolución y la conformación de la República Popular China en 1949 y el modelo de desarrollo que se implementó en sus primeros años no fue la excepción, ya que continuó en gran medida con estos lineamientos generales. El programa de Mao Zedong, su principal líder político8, se basó centralmente en la consolidación de la unidad nacional, en la edificación de proyectos de infraestructura, en la reforma agraria9, en la planificación de la industrialización10 y en el establecimiento de programas universales de alfabetización y campañas sanitarias.

La planificación centralizada tuvo como objetivo cumplir las metas del primer plan quinquenal (1953-1957) en el que China todavía seguía los lineamientos de la Unión Soviética, que había brindado ayuda económica, militar y logística durante la invasión japonesa, la guerra civil y la consolidación del gobierno comunista (Jung, 2016). En los primeros años se nacionalizó el crédito, la industria pesada y el comercio exterior, promoviendo un modelo de desarrollo económico basado en el crecimiento de los bienes de producción, de los bienes de consumo, la elevación del poder adquisitivo y la expansión agrícola. La reforma agrícola colectivizó la agricultura campesina y obtuvo relativamente buenos resultados durante los primeros años: entre 1952 y 1958 la producción de alimentos se incrementó de 154 a 215 millones de toneladas y la producción per cápita pasó de 217 a 265 kg/año (Mukherjee, 1972).

Para 1956 el PCCh había consolidado su poder en los centros urbanos y ya había nacionalizado prácticamente todas las empresas privadas organizando cooperativas. Con el antecedente de los levantamientos populares en Hungría y Polonia contra el Partido Comunista en mente, la cúpula del Partido Comunista encabezada por Zhou Enlai y Mao Zedong orquestó la llamada “Campaña de las Cien Flores”11. Esta medida buscaba incentivar a estudiantes e intelectuales a involucrarse en política y realizar críticas constructivas sobre los problemas políticos y económicos que identificaban. Pese a que no se ha demostrado si fue deliberado (Pan, 2008), lejos de utilizar las críticas de forma constructiva, el Partido Comunista Chino comenzó a perseguir a quienes habían alzado la voz en una campaña anti-derechista, rótulo con el que se calificaba a todo “enemigo de la revolución”, enviando a los disidentes a campos de trabajo forzoso, encarcelándolos o ejecutándolos12.

Junto a la persecución política y a las purgas intestinas, se produjo uno de los errores de planificación económica más caros en la historia de la humanidad. El Segundo plan quinquenal (1958 1963), tristemente célebre conocido como “gran salto adelante” intentó acelerar aún más el ritmo de crecimiento organizando comunas a gran escala mediante la unificación de tierras y posesiones, movilizando a las masas a la producción en acerías caseras de baja calidad abandonando sus cultivos y reemplazando los salarios por un sistema de puntos de trabajo13. La ruptura sino-soviética, las sequías y el fracaso del “gran salto adelante” producirían entre 195 8 y 1961 una terrible hambruna donde según diversas fuentes murieron entre 18 y 33 millones de personas14. En esos años, la producción de alimentos cayó desde 215 a 189 millones de toneladas y la producción per cápita pasó de 265 a 218 kg/año (Mukherjee, 1972).

Mao estaba sumamente preocupado por los hechos que habían conmovido a Moscú tras la muerte de Stalin y la apertura del proceso de denuncias inaugurado por Nikita Khrushchev 1956 con la publicación del Informe Secreto15. Sospechaba que la URSS había abandonado el socialismo y estaba acercando posiciones con los Estados Unidos y temía que se quisiera llevar a China por el mismo camino. Por otro lado, debido al fracaso del “gran salto adelante” Mao había perdido poder en la cúpula del PCCH y había sido desplazado de la toma de las decisiones centrales por Deng Xiaoping, Liu Shaoqi y Peng Zhen, pertenecientes a la tendencia “pragmática”, contraria a la suya.

En este contexto, con el apoyo de la “banda de los 4”16 lanza en mayo de 1966 la trágica Revolución Cultural induciendo a jóvenes estudiantes a organizarse en cuadrillas paramilitares (llamadas guardias rojos) con un llamado a denunciar a representantes “derechistas” en la academia, la educación, las noticias, las artes y los círculos publicitarios. El objetivo era rebelarse para eliminar viejas costumbres,

viejas ideas, viejos hábitos y vieja cultura17, desenmascarar “revisionistas” y “roedores capitalistas escondidos en posiciones de autoridad”. Las purgas y envíos a campos de trabajo forzado y a centros rurales de reeducación forzosa se justificaron con el principio de conciencia de clase heredada, que establecía que solamente los hijos de trabajadores o campesinos podían ser “verdaderos revolucionarios”. El resultado de la Revolución Cultural fue una persecución política sin precedentes, con saldos que según algunos analistas ascienden a 36 millones de perseguidos políticos y entre 750 mil y 1 millón de asesinatos (Pan, 2008).

A pesar de las calamidades humanitarias, las derivas autoritarias, las tensiones y las contradicciones del desarrollo chino, entre 1949 y 1976 (año de la muerte de Mao), el consumo medio de alimentos, la esperanza media de vida al nacer, las condiciones de vida, el acceso a la educación y el índice de mortalidad habían mejorado notablemente (Hobsbawm, 2001)18. Entre 1949 y 1978 la población prácticamente se duplicó, creciendo de 540 a 962 millones, la esperanza de vida se incrementó de 32 a 65 años, la tasa de alfabetización subió del 15% al 90% y la urbanización creció del 10% al 18% (China Statistical Yearbook 2017). En este período, además, se consolidó el territorio nacional y se cohesionó a la población bajo el control del Partido Comunista Chino (PCCh).

La constitución de la República Popular China establece los principios de respeto mutuo a la soberanía e integridad territorial; no agresión; no injerencia en asuntos internos de otros Estados, igualdad y beneficio mutuo y coexistencia pacífica en el desarrollo de las relaciones diplomáticas e intercambios económicos y culturales con otros países. Desde 1949 se ha priori zado la defensa del principio de “una sola China”, es decir, el no reconocimiento de Taiwan como Estado independiente19. Además, se han organizado regiones autónomas en Guangxi, Mongolia Interior, Ningxia, Xinjiang y Tíbet con el objetivo de mantener la unidad nacional en regiones ocupadas por minorías étnicas que podrían organizar movimientos separatistas.

La expulsión del enemigo tras muchos años de conflictos armados y guerras civiles y a consolidación de la frontera interior; la política de “una sola China”; la reforma agraria y la liquidación de sistemas semifeudales, señores de la guerra y clases dominantes tradicionales; la construcción de infraestructura, la centralización y posterior descentralización de la gestión del capital; la creación de las Empresas de Propiedad Estatal (EPE), las Empresas de Pueblo y de Ciudad (EPC); la planificación de la economía, entre otras, fueron propias de estos años. Gran parte de las “reformas estructurales” de la economía china que se llevarían adelante en los ’80 y que darían lugar al “milagro chino” se asentaron sobre los cambios que ocurrieron en este período.

Un país, dos sistemas

Si bien la crisis mundial de la década de los años '70 no afectó directamente a la economía china, el país oriental experimentó su propia crisis producto de disputas políticas intestinas en el seno del PCCh entre “maoístas” y “pragmáticos”. El fracaso del segundo plan quinquenal o “gran salto adelante” entre 1958 y 1961 debilitó el poder de la tendencia maoísta y permitió a la tendencia pragmática hacerse de crecientes espacios de poder entre 1962 y 1966 hasta que con la Revolución Cultural pasaron a ser ferozmente perseguidos, reprimidos y encarcelados. Deng Xiaoping, que había sido Secretario general del Partido Comunista de China entre 1956 y 1967 y trató de revertir las políticas del Gran Salto Adelante junto a Liu Shaoqi y Peng Zhen, sufrió la persecución política y la reclusión a un campo de trabajo forzoso durante la Revolución Cultural, siendo condenado por Mao y la “banda de los cuatro”20 como “capitalista” y “derechista” y marginado de los espacios de poder.

La historia oficial que presenta el PCCh con respecto a la Revolución Cultural la describe como la responsable del revés más severo y de las pérdidas más pesadas sufridas por el partido, el estado y el pueblo desde la fundación de la República. Sin embargo la revisión de la historia que realizó Deng Xiaoping tuvo como objetivo la supervivencia del Partido 21. Hasta el día de hoy el PCCh se desresponsabiliza afirmando que fue un error derivado de “una fracción ultraizquierdista” y lo toma como una advertencia del supuesto caos que podría provocar una reforma democrática del sistema político. Según Arrighi (2007:382) "hay al menos dos buenas razones por las que el PCCh repudió bajo la dirección de Deng la Revolución Cultural pero no la tradición establecida por la Revolución China". La primera es las luchas entre fracciones y el caos político que generó la Revolución Cultural y que amenazaron con destruir los logros de la Revolución China. La segunda es que la Revolución Cultural afectó tanto al PCCh que socavó sus propios fundamentos burocráticos del poder y los privilegios de sus cuadros y funcionarios, que tuvieron que reconstruir su poder sobre nuevas bases para no perder sus privilegios.

Las reformas de modernización de la economía China comenzaron tras la muerte del "Gran Timonel" Mao Zedong en 1976. Tras una serie de disputas por su sucesión, el general Deng Xiaoping, que había sido víctima de la revolución cultural, logró arrebatarle el control del Partido al sucesor designado por Mao, Hua Guofeng. Los principales objetivos fueron lograr la modernización de la estructura económica de China y recuperar la legitimidad del PCCh.

Luego de 1978 Deng Xiaoping junto a Zhao Ziyang22 llevarían a China por un camino más pragmático a la construcción de un “Socialismo de Mercado” o “de características Chinas” mediante la implementación de una serie de reformas estructurales de apertura económica, cultural y política23, introduciendo una economía de mercado que se combinó con la dirección política centralizada del PCCh. Esta apertura se pensó de forma gradual y en estrecha relación al interés nacional, encarnado según los parámetros de Deng en el propio PCCh. De este modo, a diferencia de lo que ocurriría en otros casos de modernización y apertura en economías planificadas, China adaptaría las recomendaciones de políticas a sus propias circunstancias culturales, sociales, políticas y económicas y mantendría el poder del Partido Comunista en la dirección de este proceso.

Hasta ese momento, la economía se había centrado en las empresas de propiedad pública, que ofrecían seguridad en el empleo, prestaciones sociales y protección laboral. La agricultura se organizaba conforme a un sistema comunal (con cierto rezago tecnológico) y sus habitantes se encontraban separados de las zonas urbanas mediante un sistema de permisos de residencia. El estado elaboraba un sistema de planificación en el que asignaba a las regiones objetivos productivos y distribución de insumos.

Las reformas estructurales implementadas por Deng Xiaoping modificaron los rasgos centrales del modelo económico chino manteniendo el poder centralizado en manos del Partido Comunista. La modernización y la construcción de un “Socialismo de Mercado” se concentró básicamente en cuatro ejes con el objetivo de incrementar la productividad y el crecimiento económico: la agricultura, la industria, la defensa nacional y la ciencia y tecnología, introduciendo competencia entre empresas públicas y mecanismos de mercado en la fijación de precios, descentralizando parte del poder político y permitiendo cierta apertura externa bajo control del estado. Entre las principales reformas se pueden listar la apertura económica (1978), la reforma rural con la disolución de las granjas colectivas y la expropiación de las tierras de los campesinos24 (1979), la creación de Zonas Económicas Especiales (1980), la reforma urbana (1984), la descentralización del poder y de los recursos y el desarrollo paulatino de una economía de mercado25 con un sostenido proceso de urbanización26 y el fin del doble sistema de precios (1988).

Con respecto a la agricultura, hasta 1978 se había basado en la colectivización de la tierra, donde la mayor parte de la tierra era de propiedad pública. Deng puso en marcha tres reformas para un aumento en la productividad: la disolución de antiguas comunas campesinas, la extensión de las parcelas privadas y la modernización del trabajo de tierras. Esto permitió el alquiler y subarrendamiento de las tierras, la contratación de mano de obra y la venta de los productos a precios de mercado, creando un espacio para el crecimiento de las rentas y de la producción. Por otro lado, la modernización agrícola estableció un sistema de responsabilidad familiar (1978-1983) que devolvió a los hogares rurales el control del excedente agrícola27 y permitió que se eleven los precios en origen28.

En 1983 se dio permiso para que se realicen negocios fuera de los pueblos de residencia y para trabajar en las Empresas de Pueblo y Ciudad (EPC) de propiedad colectiva. Las EPC fueron clave en el ascenso chino ya que generaron absorbiendo el excedente de mano de obra rural y permitiendo que se incrementen los ingresos del campo sin que las ciudades tuvieran que absorber esa población29. Las EPC fueron también una fuente de recaudación tributaria y debieron reinvertir localmente los beneficios y las rentas (Arrighi, 2007).

Otra de las reformas clave radicó en el impulso de la competencia entre empresas de propiedad estatal, en la creación de mecanismos mercantiles para fijación de precios y en la descentralización del poder político y económico y su traslado a las regiones. Se crearon empresas municipales que pudieron implementar su propia lógica empresarial y flexibilizaron algunas prácticas laborales. Asimismo, se introdujeron políticas que relajaron las restricciones a la iniciativa individual (apelando a la figura de "sistema de responsabilidad personal") y se abrió el país al comercio exterior y a la inversión extranjera (Harvey, 2007). En la lógica de estos cambios, Hong Kong operó como intermediaria en las operaciones de comercio exterior de China, canalizando la inversión extranjera y los préstamos.

La modernización de la industria se basó en el abandono de la estrategia de autosuficiencia económica y la desconfianza hacia lo extranjero. Para ello se abrieron distintas zonas económicas especiales (ZEE)30 donde se radicaron empresas estatales, mixtas y privadas, que compitieron entre sí. Las ZEE son hasta el día de hoy enclaves territoriales con beneficios específicos para atraer inversiones extranjeras que favorezcan el desarrollo de actividades orientadas a la exportación o a la sustitución de importaciones, cierta transferencia de tecnologías, encadenamientos con empresas locales y generación de empleos.

Allí se permitió incentivos a los trabajadores, y la libre elección del trabajo. Se terminó parcialmente la fijación de precios por parte del estado. Se concedió más libertad para fijar salario, contratar y despedir los trabajadores. Se permitió la creación de empresas privadas. El establecimiento de Zonas Económicas Especiales , la apertura de ciudades costeras, de fronteras y del interior31 fue una de las razones que contribuyeron a la inserción de China en el Comercio Mundial y al cambio estructural que permitió un sostenimiento del crecimiento económico. El objetivo de estas ZEE consistió en fomentar el ingreso de inversión extranjera, la creación de empleos, la transferencia de tecnología y el ingreso de divisas y oficiar como laboratorio para probar las reformas económicas y las técnicas modernas de administración. Se ofreció infraestructura apropiada, servicios bancarios, comunicaciones, transporte y vivienda. Las empresas trasnacionales fueron atraídas por el bajo costo relativo de la mano de obra del país y por el conjunto global de incentivos especiales que ofrecían las zonas. En esos años, el capital extranjero se orientó hacia la instalación de aquellos segmentos de la producción que fueran intensivos en mano de obra, que era considerablemente más barata que en otros países32. Por esta razón, en esta época, las exportaciones de China se encontraban concentradas en manufacturas de bajo valor agregado (productos textiles, juguetes y productos de plástico), importando maquinaria y tecnología.

Con la modernización de los años '80, la estructura de la producción y la generación de empleo de la economía China se modificaron radicalmente33. Por un lado, el ingreso de inversiones extranjeras orientó el modelo de crecimiento hacia la exportación de bienes de consumo. Por otro lado, las empresas públicas dejaron de tener el peso que tenían en la generación de empleo y de crecimiento y los actores privados fueron creciendo en relevancia. Muchas de las empresas previamente estatales fueron convertidas en compañías de responsabilidad limitada o de capital dividido en acciones. A pesar de estas transformaciones, sin embargo, el PCCh ha mantenido un rol protagónico en la orientación de la producción y el desarrollo económico y ha mantenido bajo su égida una gran cantidad de empresas estatales. A diferencia del resto de los casos de neoliberalización mediante terapias de shock, la apertura china a las inversiones extranjeras se dio mediante un férreo control por parte del estado, que introdujo barreras tanto a la inversión directa como en cartera, y controló también la proliferación de formas de intermediación financiera distintas a las de los bancos estatales.

Desde entonces, el desarrollo chino ha transitado varias etapas distintas, que se fundamentaron en diversas estrategias. En la década del ’90 las reformas económicas y financieras se aceleraron. Muchas empresas estatales cerraron o se fusionaron, se desreguló el sector agrícola y se abrió al capital extranjero la posibilidad de emprender Joint Ventures (empresas mixtas con capitales chinos). China recibió fuertes oleadas de capitales japoneses, estadounidenses y europeos.

En los ’90 y ’00 se modificó rotundamente la base del éxito del modelo, ya que se incrementó el mercado interno y la estructura productiva adquirió un dinamismo mucho mayor, convirtiendo a China en productor y exportador de bienes avanzados como electrónicos o maquinas herramienta, lo que requirió una mayor calificación de la mano de obra y mejoras salariales. Estas mejoras provocaron la generación de sectores medios que, dada la escala demográfica, han impulsado el crecimiento del mercado interno chino, constituyendo uno de los más grandes del mundo. En la actualidad, la geografía industrial china está planificada, y se pueden encontrar zonas con industrias intensivas en mano de obra (piezas de recambio, ensamblado), zonas con industrias intensivas en capital (automóviles, semiconductores, teléfonos móviles, ordenadores) y zonas tecnológicas como Zhongguan Cun, una especie de Sillicon Valley chino.

En este período, el capital extranjero se aprovecharía, además de la baratura de la mano de obra34, de su calificación y de las potencialidades que le ofrecía el mercado interno chino, orientando la producción y las exportaciones hacia las ramas de electrónica y máquinas herramienta, compitiendo con Corea del Sur, Japón, Taiwán, Malasia y Singapur.

El dinamismo de la producción, el crecimiento del comercio exterior, de la inversión extranjera directa y las mejoras en el ingreso per cápita permitieron que se pudiera pasar en treinta años de un modelo de acumulación centrado en las exportaciones de bienes intensivos en el uso de trabajo y bajos salarios a otro basado en bienes intensivos en el uso de tecnología y mejoras en el poder adquisitivo. Con el ingreso de China a la Organización Mundial del Comercio en 2001 se culminó su adecuación como “economía de mercado” y se consolidó su importancia como un actor principal en el mercado mundial.

El éxito de China radicó por lo tanto en la alta calidad en términos de salud, educación y capacidad de autogestión de sus trabajadores, así como también en la expansión de su oferta y demanda.

Según Arrighi (2007), el origen de esta “riqueza” no es el capital extranjero sino un proceso de desarrollo basado en tradiciones autóctonas. El capital chino de la diáspora permitió facilitar el encuentro entre capital extranjero, trabajadores, empresarios y funcionarios, pero el modelo de desarrollo se construyó sobre una base interna muy consolidada previamente. La alianza entre el Partido Comunista Chino (PCCh) y las empresas chinas en el extranjero se basó en que estos tenían un conocimiento de normas, costumbres y lengua que les otorgaban fuertes ventajas con relación al resto de los actores.

China ha logrado convertirse en desarrollador y comercializador de artículos de alta tecnología, escalando en la cadena productiva. El modelo chino exigió al capital extranjero que junto a las fábricas de bienes finales aporten también las fábricas de componentes, que les permitieran aprender las mejores prácticas. Además, la desregulación y privatización fueron selectivas. En palab ras de Arrighi, “el capital extranjero saltó al vagón de cola de una expansión económica que ni puso en marcha ni encabezaba” (Arrighi, 2007: 367). El capital extranjero invirtió en china para beneficiarse de la baratura del trabajo y del mercado pujante para no quedarse afuera de un negocio de una magnitud histórica.

Para Arrighi, la reforma clave no fue la privatización sino la exposición de las Empresas de Propiedad Estatal (EPE) a la competencia mutua con empresas extranjeras y con empresas privadas, semiprivadas y de propiedad comunal. El papel del gobierno chino en la promoción del desarrollo fue central ya que el estado financió el desarrollo de nuevas industrias, estableció Zonas de Procesamiento de las Exportaciones (ZPE), expandió y modernizó la educación superior y apoyó proyectos de infraestructura. El gobierno chino ha mantenido supremacía en su vinculación con el capital chino de la diáspora y con los capitales locales y extranjeros.

El desarrollo smithiano35 chino, tiene que ver con la planificación del crecimiento industrial, de las exportaciones y del mercado interno y con una liberalización gradual que no comprometa la estabilidad política ni la armonía social. El incentivo de la competencia capitalista, el aliento de la división de trabajo y la inversión en educación, el desarrollo agrícola como fuente de la industrialización y de la inversión y el comercio exterior son parte de una política planificada de desarrollo.

Si bien las reformas de modernización lograron sostener un proceso de crecimiento elevado durante años y mejorar el nivel de vida de la población, también se produjo una degradación medioambiental y un incremento de la desigualdad social (principalmente entre el área rural y el área urbana) debido a la pérdida de las estructuras de protección laboral y de las redes de seguridad social. En este proceso se remodelaron y cerraron miles de empresas estatales acabando con la seguridad del empleo, las prestaciones sociales36 y los privilegios que garantizaban el “cuenco de arroz de hierro”. Comenzaron a surgir, debido a esto, mayores desigualdades de ingresos, desempleo e inflación, hasta llegar a 1989 a una crisis integral que terminó con protestas populares y una fuerte represión en la plaza central de Pekín. La celebérrima masacre de Tianamen ahogó las demandas de democratización del sistema político, de ampliación de derechos civiles y de redistribución del ingreso de una gran parte de la población insatisfecha.

Los principales problemas del desarrollo chino en la actualidad

El modelo de desarrollo de “socialismo con característica s chinas” ha permitido al país asiático mantener un ritmo de crecimiento sin precedentes y transformar su sociedad de forma radical. El crecimiento de su PBI per cápita se ha mantenido en los últimos 40 años en un promedio del 11% anual, una cifra única en el mundo37. Sin embargo, el viraje hacia el “socialismo de mercado” ha traído aparejados una serie de conflictos y tensiones vinculadas a la desigualdad social, a la falta de derechos políticos, a la contaminación ambiental y a la corrupción gubernamental, entre otros.

El incremento de la desigualdad de ingresos se da tanto entre quienes más ganan y quienes menos ganan como entre las regiones más ricas y las más pobres. La desigualdad en la distribución de los ingresos se ha convertido en una problemática central. El derrame del crecimiento ha alcanzado principalmente a los residentes de las ciudades, así como a los oficiales del gobierno y del partido (Harvey, 2007). La brecha en la diferencia de ingresos entre la población urbana rica y la población rural pobre se ha ensanchado. La desarticulación de las empresas estatales, que otorgaba a los trabajadores seguridad social y bienestar, y la creciente desregulación del ámbito laboral dejan abiertos los espacios para la explotación de la mano de obra. La disolución de las comunas y la posterior distribución de las tierras generaron, por un lado, prosperidad en aquellas familias que obtuvieron tierras productivas y, por el otro, pobreza en aquellas que recibieron tierras improductivas.

El problema de la desigualdad social se expresa asimismo en la existencia de ciudadanos de primera y de segunda en los grandes centros urbanos. Los trabajadores migrantes que afluyeron masivamente del campo a la ciudad38 no tienen cobertura y viven en condiciones de extrema explotación laboral, hacinados y sin derechos. Son los principales actores que posibilitaron el “milagro chino”. Trabajan de forma intensiva por salarios extremadamente bajos39 y no logran conseguir estabilidad en los grandes centros urbanos debido al antiguo Sistema Hukou tristemente célebre debido a las restricciones que establece sobre las migraciones internas. Al no contar con el permiso de residencia, los Mingong no pueden asentarse en las ciudades ni escolarizar a sus hijos, por lo que deben dejarlos en sus lugares de origen40. Si bien en los últimos años se relajaron las restricciones para moverse desde zonas rurales a ciudades menores, los controles migratorios para los movimientos a las grandes ciudades siguen estando fuertemente regulados41. Según las últimas estadísticas, la población urbana de china asciende al 57% del total (alrededor de 793 millones) de los cuales la mitad no cuenta con Hukou urbano42.

La mitad de la población mundial sin derechos políticos elementales vive en China. El sistema político reproduce situaciones de corrupción y abuso de poder e impone límites a la libertad política, religiosa, sindical43 y de prensa. China ocupa uno de los últimos puestos (176 de 180) en la clasificación de libertad de prensa de Reporteros sin Fronteras44, que ha caracterizado al presidente Xi Jinping como el “principal censor del mundo”. Mediante un sofisticado aparato de seguridad y espionaje45, censura información sobre conflictos políticos en regiones separatistas como Taiwán, Xinjiang y Tíbet, movimientos de defensa de derechos civiles o espirituales (como el Falun gong o Falun Dafa), altera los resultados de las búsquedas sobre conflictos como la Masacre de Tiananmen o palabras como dictadura o reeducación por el trabajo y bloquea mediante el “gran cortafuegos” inaugurado en 2003 el acceso a sitios y aplicaciones extranjeras como Google, Youtube, Facebook, Twitter, Instagram, Whatsapp o Telegram46.

Otro de los problemas centrales que experimenta China hoy es la contaminación y la presión del desarrollo sobre el medio ambiente. El crecimiento a tasas “chinas”, la polución y la densidad demográfica han generado presiones ambientales, lo que ha obligado a la comunidad internacional a ejercer presiones para que se tomen medidas de control. Actualmente China es el mayor consumidor de energía del mundo. Su estructura energética depende en un 70% del carbón, que es una de las fuentes más contaminantes, lo que tiene consecuencias sanitarias y sobre la productividad. En los últimos años se han intensificado las presiones internacionales para que reduzca antes de 2020 un 30% las emisiones de gases con efecto invernadero. El gobierno chino ha estado implementado planes de reforestación, de renovación de la flota de autos, de traslado de industrias contaminantes y de generación de energía limpia.

Las reformas estructurales permitieron que cuadros y funcionarios del PCCh aumenten su poder en alianza con funcionarios del gobierno y gestores de las Empresas de Propiedad Estatal, apropiándose de propiedades públicas, malversando fondos públicos y vendiendo el derecho de uso de la tierra. En los últimos años han salido a la luz numerosos hechos de corrupción de miembros del politburó que se han enriquecido de forma ilícita, lo que ha deslegitimado fuertemente la imagen del Partido Comunista. Existen graves denuncias de corrupción que vinculan a los magnates de las empresas públicas con los altos funcionarios del Zhongnanhai, la oficina central del Partido Comunista Chino47. El culto a la personalidad48 y al partido49, los privilegios de pertenecer50 y las penurias que deben pasar los disidentes son también rasgos problemáticos del sistema político y de incentivos chino.

Frente a las amenazas que plantean los hechos de corrupción, las tensiones entre el gobierno central y los espacios descentralizados y los desafíos que implican los proyectos de urbanización a gran escala en China y su posicionamiento como potencia mundial se están discutiendo en la actualidad proyectos de reforma política basados en el incremento de la participación de la sociedad51. El curso de la reforma política se terminará de dimensionar en los próximos años en función de los resultados de las tensiones entre la democratización y el control centralizado. La reforma política está siendo pensada de la mano de un viraje en la dirección del modelo de crecimiento económico. Para los años por venir, se planifica un crecimiento a tasas más bajas que sea compatible con un traslado del eje del crecimiento desde las exportaciones y la recepción de IED hacia la ampliación del mercado doméstico, las clases medias y el consumo local y la generación de valor agregado local mediante la innovación tecnológica.

Lo valioso del pasado, las necesidades del presente y las expectativas del futuro

La República Popular China es actualmente el país más poblado del mundo con más de 1382 millones de habitantes, el tercer país en extensión territorial52 (9.326.410 km2) y el país con más vecinos limítrofes del mundo (16 en total). La bolsa de Shanghai es la segunda en importancia luego de Wall Street y su puerto, en el delta del Río Yangtse, el segundo con más movimientos del mundo. Su presupuesto militar asciende a 215 mil millones de dólares (13% del total mundial), el segundo en importancia detrás del de Estados Unidos, que asciende a 611 mil millones de dólares anuales (36%) (Stockholm International Peace Research Institute, 2017). Según muchas proyecciones China se va a convertir en la principal potencia mundial para el año 2030, superando a los Estados Unidos en el tamaño de la economía y convirtiéndose nuevamente en el centro de gravedad de la economía mundial tras siglos de dominación occidental.

Ningún otro país en el mundo ha experimentado en el período reciente un ciclo de crecimiento tan elevado y tan sostenido en el tiempo como la República Popular China. Entre 1960 y 2016 el PBI per cápita chino pasó de 89 a 8123 dólares corrientes. En términos de poder adquisitivo, el PBI per cápita se multiplicó desde el año 2000 casi cuatro veces, pasando de 3700 a 14400 USD PPA (World Bank, 2018).

En la actualidad existen 14.618.448 empresas en China de las cuales 132.373 (0,9%) son estatales (China Statistical Yearbook, 2017). Sin embargo, las empresas estatales son en promedio 14 veces más grandes que las privadas, y el estado chino controla sectores estratégicos como el petróleo, el gas, el acero, los seguros, las telecomunicaciones y la banca y mantiene fluidas relaciones con los empresarios privados. De las 500 empresas transnacionales de mayor facturación del mundo, 89 son de origen chino y las principales son, además, de origen estatal (Forbes, 2016).

China tiene la clase trabajadora más numerosa del mundo y uno de los mercados internos más grandes y con mayor potencial de crecimiento. El flujo de recursos financieros provenientes del comercio, de las altas tasas de acumulación de las empresas estatales y del ahorro interno permiten que la República Popular China cuente con cuantiosos recursos para financiar proyectos de desarrollo tecnológico e infraestructura, como así también la expansión de empresas nacionales en el exterior.

En los últimos años, China se ha consolidado como la segunda economía del mundo y como el principal acreedor de bonos del tesoro de los EEUU, el país con mayores reservas en dólares y como uno de los países más exportadores de manufacturas y emisores de Inversión Extranjera Directa. El incremento de su importancia económica ha ido de la mano con el fortalecimiento de su peso militar y político, ya que la República Popular China ha conseguido desde 1971 también un asiento permanente en el Consejo de Seguridad de la Organización de las Naciones Unidas y ha encabezado numerosos proyectos de integración y cooperación internacionales.

Al sostener consistentemente el ritmo de crecimiento, la economía china se ha convertido en una potencia hegemónica regional a la vez que ha incrementado la dependencia de fuentes extranjeras de materias primas (soja, madera), minerales (cobre, estaño, mineral de hierro, platino, aluminio) y energía (petróleo, carbón). Esta necesidad de abastecimiento de recursos naturales, minerales y energía ha configurado las relaciones internacionales del gobierno chino y las estrategias de política exterior. China ha tenido una activa política de internacionalización de sus empresas, que se han radicado en prácticamente todos los continentes para garantizar el acceso a los recursos53.

La reforma del sistema político tiene una importancia central en el proyecto de conservación del poder del PCCh en la etapa de consolidación de China como potencia mundial. Cuando todo indicaba que el paso de China a potencia mundial iba a implicar una mayor democratización y apertura de su sistema político, tras la finalización del XIX Congreso del PCCh (2017) el Comité Central del PCCh propuso eliminar de la Constitución la restricción que le impide al presidente ser reelegido más de una vez. Esta medida fue ratificada en marzo de 2018 por la Asamblea Nacional Popular de China, que habilitó el mandato ilimitado de Xi Jinping en lo que muchos analistas internacionales han denominado su paso a “emperador” o su “putinización” (por el premier ruso Vladimir Putin). Su "pensamiento sobre el socialismo de características chinas para una nueva era" figura ahora junto a los otros dogmas que rigen la ideología del partido como el pensamiento de Mao Zedong, la teoría de Deng Xiaoping, el "pensamiento importante de las tres representatividades" de Jiang Zemin y el "concepto del desarrollo científico" de Hu Jintao. Con esta medida se termina el lineamiento iniciado en 1982 por Deng Xiaoping de limitar a dos los mandatos consecutivos para evitar el culto a la personalidad.

En la etapa actual, China piensa construir su hegemonía hacia afuera utilizando el poder blando con el objetivo de consolidar paulatinamente un área de influencia del Yuan y tensionar hacia una transición hegemónica con eje en Asia. Su estrategia se basa en la construcción de grandes proyectos de integración e inversión como Partenariado Económico Comprehensivo Regional (RCEP)54, del Área de libre comercio del Asia Pacífico (FTAAP) y de la Iniciativa del Cinturón y la Ruta de la Seda (BRIZNA)55 o el Banco Asiático de Inversiones en Infraestructura (AIIB). También ha desplegado una estrategia diplomática para incrementar sus posiciones de poder en organismos internacionales como la Organización de las Naciones Unidas (ONU), la Organización Mundial del Comercio (OMC), el Fondo Monetario Internacional (FMI), el Banco Mundial (BM), el Banco de Pagos Internacionales (BIS), el Foro de Estabilidad Financiera (FSB), la Junta de Normas Internacionales de Contabilidad (IASB), la Organización Internacional de Comisiones de Valores (IOSCO) y la Asociación Internacional de Supervisores de Seguros (IAIS).

Los antecedentes de la disputa por la hegemonía mundial a los Estados Unidos incluyen las pujantes economías de Alemania en la posguerra, la “guerra de las galaxias” frente a la Unión de las Repúblicas Socialistas Soviéticas en la guerra fría y de Japón en los años ’80 y ’90. En todos los casos, la estrategia norteamericana para conservar su hegemonía ha sido distinta, pero logró su cometido. China representa un desafío particular, ya que a todas luces se trata de un 'gigante dormido que, tras un largo siglo de reconstrucción, busca recuperar para sí la importancia que tuvo hasta el Siglo XVIII, cuando poseía el mayor mercado nacional del mundo y era eje del sistema tributario asiático. El Siglo XXI será el escenario de la nueva disputa y el resultado, si bien está abierto, parece tener también “características chinas”.

Consideraciones Finales

China es en la actualidad, con total certeza, el país con la economía más pujante del mundo y el que está llamado a disputarle la hegemonía a los Estados Unidos en lo que queda del Siglo XXI. Tras más de un largo siglo de reconstrucción luego de haber perdido las guerras del opio con Gran Bretaña en el Siglo XIX, busca recuperar para sí la importancia que tuvo hasta el Siglo XVIII, cuando supo ser el eje del sistema tributario asiático y poseer el mayor mercado nacional del mundo.

El “milagro chino”, como se conoce al proceso de desarrollo más acelerado de la historia, suele ser explicado por las reformas de mercado introducidas en la economía china por Deng Xiaoping desde 1978. En este trabajo intentamos contextualizar históricamente las reformas para aportar elementos que desmitifiquen este relato.

Lejos de reducir las explicaciones del crecimiento económico chino a reformas que abrazaron una economía de mercado, mostramos que el proceso chino ha estado marcado por una complejidad que lo hace único en la historia, con características particulares, irrepetibles e irreplicables. Los factores que lo hicieron posible son a la vez históricos, culturales, políticos y económicos y lo que ocurrió entre 1978 y 2001 resulta inescindible de lo ocurrido entre 1949 y 1976.

Durante la etapa maoísta ocurrió la mayor masacre planificada de la historia, con una catástrofe alimentaria que provocó entre 18 y 30 millones de muertes durante el trágico “gran salto adelante”. También ocurrió un proceso de persecuciones políticas sin precedentes, con saldos que ascienden a 36 millones de perseguidos políticos y entre 750 mil y 1 millón de asesinatos. Purgas internas, campos de trabajo forzado, procesos de reeducación forzosa, fusilamientos sumarios y tendencias totalitarias forman parte de este proceso junto a la duplicación de la esperanza de vida al nacer, la duplicación de la población total, la mejora en la tasa de alfabetización y del consumo medio de alimentos de la población, la consolidación del territorio nacional, la reforma agraria y la construcción de la infraestructura básica, el control de las fuerzas productivas, el disciplinamiento de las clases sociales y la cohesión social bajo el mando del Partido Comunista Chino.

Las reformas estructurales y la permanencia del PCCh en el poder durante los años ’80 no podrían comprenderse sin estos antecedentes, como así tampoco sin considerar el contexto internacional con la apertura de la URSS, la crisis del campo socialista y la agudización de la internacionalización productiva y el libre comercio. La introducción de la competencia entre empresas públicas, la propiedad privada, las zonas económicas especiales y la acción del capital extranjero han sido planificadas por el estado chino, que mantuvo bajo su control empresas estratégicas y la potestad de disciplinar a empresarios locales, extranjeros y a la clase trabajadora. El fuerte proceso de crecimiento de la economía, de la población y de las ciudades ha tenido que ver con la capacidad de planificación y de negociación del estado.

El “milagro chino” sin embargo no está exento de tensiones y contradicciones. Con la “modernización” de la economía china se acabó con la seguridad del empleo y de las prestaciones sociales garantizadas por el “cuenco de arroz de hierro” y se agudizó la desigualdad social.

entre el campo y la ciudad y entre ciudadanos-residentes y migrantes rurales sin permiso de residencia (Mingong). Las degradaciones ambientales y la presión sobre los bienes comunes son hoy en día uno de los problemas más desafiantes que enfrenta el proceso de crecimiento chino. El Partido Comunista Chino, lejos de haber democratizado sus estructuras, continúa ejerciendo su control sobre la población condicionando la libertad política, religiosa, sindical y de prensa. La corrupción, el culto a la personalidad y los privilegios de pertenecer al Partido continúan siendo rasgos centrales del ordenamiento económico, político y social.

Con este trabajo esperamos haber podido aportar elementos para comprender cómo fue posible y qué características adoptó la política de modernización de la formación social China desde 1978 y cómo China llega 40 años después a establecerse como un serio contrincante de los Estados Unidos en la disputa por la hegemonía mundial. La complejidad, las tensiones y las contradicciones forman parte sin lugar a dudas de este proceso. Poder trascender la simplicidad de muchas explicaciones ya es un gran paso para entender uno de los fenómenos más relevantes de nuestros tiempos.

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1El concepto gramsciano de Hegemonía es redefinido por Arrighi (1991), quien refiere a la "Hegemonía como el modo específico que asume el poder de un Estado para ejercer funciones de liderazgo y gobierno sobre un sistema de Estados Soberanos. Este liderazgo se ejerce tanto mediante la dominación como a través del liderazgo intelectual y moral, volviéndose tanto una dominación coercitiva como consensuada.

2Los acuerdos de posguerra establecieron el marco de la construcción de una nueva institucionalidad multilateral para garantizar la paz, la cooperación y el desarrollo en occidente bajo hegemonía de los Estados Unidos. La creación de instituciones como la Organización de las Naciones Unidas (UNO), el Fondo Monetario Internacional (IMF), el Banco Mundial (WB), el Banco Interamericano de Desarrollo (IADB) acompañó un proceso de creciente interdependencia entre naciones en materia de comercio, crédito y flujo de inversión extranjera. Junto con el nuevo sistema monetario y financiero, se crearon también organismos para establecer las reglas de juego y promover el libre comercio como el Acuerdo General Sobre Aranceles Aduaneros y Comercio (GATT), que en 1995 pasó a llamarse Organización Mundial del Comercio (WTO).

3Estados Unidos tiene un déficit comercial y de cuenta corriente sostenido de forma prácticamente ininterrumpida desde 1975. La brecha externa se salda gracias a que es el único país con la capacidad de emitir la moneda de circulación global. Además de los dólares que tiene en su Reserva, China la financia, al menos hasta ahora, comprando Bonos del Tesoro.

4La Doctrina de Seguridad Nacional se inaugura luego de los atentados de septiembre de 2001 y establece que las fuerzas estadounidenses “deben ser lo bastante fuertes como para disuadir a potenciales adversarios de emprender un fortalecimiento militar con la esperanza de sobrepasar o igualar el poder de Estados Unidos” (Arrighi, 2007: 297). El caso que despierta el interés público es el intento de compra de la compañía petrolera norteamericana UNOCAL por la petrolera china CNOOC (China National Offshore Oil Company) en 2005. La cámara de representantes consideró esta inversión china una amenaza a la seguridad nacional de los Estados Unidos (Arrighi, 2007).

5El 22 de Marzo de 2018 Donald Trump afirmó “Tenemos el mayor déficit que ningún país ha tenido en toda la historia” para justificar la imposición de aranceles a importaciones, multas, restricción a inversiones y una demanda ante China en la OMC. China, por su parte, acaba de lanzar los contratos a futuro de petróleo en Petro Yuanes como respuesta a las sanciones arancelarias de Trump y planea imponer aranceles de 25% a 128 productos originarios de los EEUU y dejar de comprar deuda pública norteamericana.

6El Flujo de Capitales extrafrontera incluye Inversión Extranjera Directa, Bonos y Acciones, Préstamos y otras Inversiones (Informe McKinsey, 2017).

7El campo socialista, en su momento de máxima extensión, estuvo conformado por la Unión de las Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS), la República Popular de Polonia, la República Socialista de Checoslovaquia, la República Popular de Hungría, la República Federativa Socialista de Yugoslavia, la República Socialista de Rumania, la República Popular de Bulgaria, la República Socialista Popular de Albania, la República Democrática Alemana (RDA), la República Popular China, la República Popular de Mongolia, la República Popular Democrática de Corea (RPDC), República Socialista de Vietnam, la República Democrática Popular Lao (Laos), la República Popular de Kampuchea (Camboya) y la República de Cuba.

8Mao Zedong (1893-1976) fue el máximo dirigente del Partido Comunista Chino y de la República Popular China. Ocupó los cargos de Presidente del PCCh (1943-1976), Presidente del Comité Nacional de la Conferencia Consultiva Política del Pueblo Chino (1949-1954), Presidente del Gobierno Central de la República Popular China (1949-1954) , Presidente de la República Popular China (1954-1959) y de Presidente de la Comisión Militar Central de la República China (1943-1976).

9La reforma agraria transformó el régimen semifeudal de propiedad en un régimen de pequeña producción afectando a 450 millones de campesinos y 47 millones de hectáreas (Lajugie, 2001).

10La producción de acero y carbón sumado al sector de bienes de equipo crearon la base para industrias ligeras y la creación de artículos de consumo barato (Lajugie, 2001).

11Este nombre poético responde a una de las frases de Mao que lo harían pasar a la historia: “Permitir que 100 flores florezcan y que cien escuelas de pensamiento compitan es la política de promover el progreso en las artes y de las ciencias y de una cultura socialista floreciente en nuestra tierra”.

12Phillip Pan reconstruye en su libro “Out of Mao's shadow” (Simon and Schuster, 2008) la historia de Lin Zhao, una estudiante de Pekin, escritora y ex guardia roja que alzó su voz durante la campaña de las cien flores y fue asignada a un campo de trabajo forzoso, luego perseguida y encarcelada y finalmente ejecutada por disidente. El caso de Lin Zhao no es aislado, sino que fueron más de 500 mil los disidentes reasignados a campos de trabajo forzoso.

13En estos años catastróficos, China logró avances en lo que respecta al control de inundaciones, la recuperación de tierras baldías, irrigación, construcción de terrazas y de terrazas protegidas, construcción de caminos y programas de utilización de mano de obra ociosa (Mukherjee, 1972).

14Esta cifra, como muchas de las que se discuten de estos años, no son oficiales. En particular, se trata de una estimación de Hobsbawm (2001).

15Luego de la muerte de Joseph Stalin en 1953 y principalmente tras la presentación del “Informe Secreto” por parte de Nikita Khrushchev en el XX Congreso del PCUS en 1956, comenzó un proceso de “desestalinización” del modelo soviético que permitió que se fueran conociendo de a poco las calamidades que habían sucedido en la URSS.

16La banda de los cuatro es el nombre que recibió un grupo de altos dirigentes del Partido Comunista Chino compuesto por Jiang Qing (la viuda de Mao), Zhang Chunqiao, Yao Wenyuan y Wang Hongwen (sus colaboradores). Fueron responsables políticos de los crímenes y abusos de la Revolución Cultural tras la muerte de Mao en 1976.

17Se produjeron saqueos y destrucción de edificios tradicionales como el Templo de la Celebración de la Longevidad (del Siglo XII), templos, museos y residencias históricas.

18“Los avances de China en la renta per cápita (...) han tenido lugar después de 1980, pero los mayores avances en la esperanza de vida adulta, y en menor medida de la alfabetización, esto es, en bienestar básico, tuvieron lugar antes de 1980” (Arrighi, 2007: 384)

19Sería recién en 1971 que la Asamblea General de las Naciones Unidas (mediante la famosa Resolución 2758) reconocería a la República Popular China como la única representante legítima de China frente a las Naciones Unidas expulsando a los representantes de la República China (Taiwán). En esa resolución Estados Unidos lideró un grupo de 35 países que se opusieron. Hasta el día de hoy 18 naciones todavía reconocen a Taiwan como la verdadera República China: Nicaragua, Honduras, Guatemala, Belize, Haití, Federación de San Cristóbal y Nieves, Santa Lucía, San Vicente y las Granadinas, Paraguay, Palau, Islas Marshall, Kiribati, Nauru, Islas Solomón, Tuvalu, Suazilandia y Ciudad del Vaticano.

20Si bien fue un proyecto del propio Mao, la historia oficial responsabiliza a su esposa Jiang Qing y a “La banda de los cuatro” de su elaboración, dejando a Mao en el lugar de “héroe trágico”, un líder trabajando bajo un error que sin embargo siguió siendo un “gran revolucionario proletario” (Pan, 2008).

21En todos los años que pasaron desde 1976 no se produjo una política de memoria en la reconstrucción de los hechos y en el juicio a los responsables. Prácticamente no hay registros oficiales de cifras ni de identidades. No existen museos ni se conocen cementerios donde visitar a los caídos. Los archivos de la época fueron desclasificados recién en el año 2009.

22Zhao Ziyang fue primer ministro de China (1980-1987) y secretario general del Partido Comunista de China (1987-1990). Impulsó la implementación de la apertura económica y de una reforma política gradual que combatiera la corrupción e incluyera elecciones competitivas e incrementara las autonomías regionales y locales. La cúpula del Partido (encabezada por Deng Xiaoping) lo expulsó y le impuso arresto domiciliario luego de que abogara contra la represión de las manifestaciones estudiantiles en la Plaza de Tiananmén en 1989.

23A la par de este proceso, la sociedad China experimentó una suerte de primavera “democrática” que finalizó con una brutal represión en la Plaza de Tiananmén en 1989, que terminó en una masacre de la que todavía no se conocen cifras oficiales. Los estudiantes y movimientos que se manifestaban exigían al Partido una transformación en un sentido de ampliar los derechos civiles y políticos de la ciudadanía. Pese al fuerte descrédito de la sociedad debido al ahogamiento de las demandas de reforma democrática, el Partido logró sostener su autoridad empleando el poder represivo, pero también mediante una sólida estrategia de construcción de hegemonía basada en la desacreditación de las “viejas ortodoxias” marxistas-leninistas.

24Según los datos que presenta Ana Fuentes (2012) desde 1980 se registran al menos 40 millones de campesinos cuyas tierras les fueron expropiadas.

25Muchas empresas estatales transfirieron ilegalmente sus activos al sector privado, generando una nueva capa social de “nuevos ricos” vinculados al Partido y con información interna.

26La población urbana pasó en 40 años del 17% del total (1976) al 57% del total (2016).

27A diferencia de los procesos de transición al capitalismo en Europa, en China las reformas agrarias distribuyeron la tierra desmantelando el poder de la clase terrateniente, y la revolución industrial se dio sin desposesión de la tierra.

28“Entre 1952 y 1978, las comunas más que duplicaron la tierra de cultivo regada en China y habían difundido una tecnología mejorada, así como un mayor uso de fertilizantes y de arroz de alto rendimiento” (Arrighi, 2007: 383)

29La política que ponía el máximo de un hijo por matrimonio fue conocida a nivel mundial y se trató de una política demográfica. Asimismo, se establecieron controles migratorios internos que obstaculizaban la movilidad del campo a la ciudad.

30En China hay cuatro grandes ZEE ubicadas en Shenzen, Zhuhai, y Shantou en la Provincia de Cantón y la de Xiamen en la Provincia de Fujian. En estas ZEE se ofrece suelo, mano de obra barata y exenciones fiscales para atraer inversiones extranjeras (CIEM, 2005)

31Se establecieron 15 zonas libres de derechos aduaneros, 32 zonas de desarrollo industrial y tecnológico y 53 zonas de desarrollo industrial de altas y nuevas tecnologías.

32En EEUU el costo laboral por hora en promedio ascendía a 10 dólares, en Hong Kong y Taiwan a 5, en México y Corea del Sur a 2,75 y en China a 0,30 (Dicken, 2003)

33Tras las reformas, en 2002 las empresas estatales sólo generaban el 14% del empleo del sector industrial (cuando en los '90 habían generado el 40%).

34Según Arrighi (2007), la ventaja competitiva de los productores chinos no son los bajos salarios sino el uso de técnicas que utilizan trabajo cualificado barato en lugar de máquinas y directivos caros. Si bien sus obreros cobran en promedio un 5% del salario de los obreros estadounidenses, la diferencia central se da en los ingenieros y jefes de planta, que cobran el 35% o menos. Los sistemas de automatización flexible y manejo de material reducen el costo laboral pero elevan el coste del capital y los sistemas de apoyo. Las fábricas chinas ahorran capital físico y también ahorran en trabajo cualificado.

35Para Arrighi (2007), el desarrollo consiste en el gradualismo en la implementación de reformas, la modernización de la división social del trabajo, la expansión masiva de la educación, una subordinación de los intereses capitalistas al interés nacional, el aliento a la competencia intercapitalista, la formación del mercado interno y una mejora de las condiciones de vida en las áreas rurales.

36Desde 1977 desaparecieron los servicios de salud gratuitos, que habían sido un signo de la revolución china desde las cuadrillas de doctores descalzos que visitaron las aldeas rurales desde su origen (Pan, 2008)

37Según las estadísticas del Banco Mundial, el PBI per cápita chino (en USD corrientes) pasó de 156 en 1978 a 8123 en 2016 (World Bank national accounts data, and OECD National Accounts data files, 2018).

38Las estadísticas del National Bureau of Statistic of China (NBS) para el año 2013 señalan que el número de migrantes rurales ascendió a 270 millones, prácticamente un cuarto de la población total china. Provienen generalmente de las provincias de Sichuan, Henan o Anhui, las más pobres del país.

39En la investigación de Pun Ngai, Jenny Chan y Mark Selden publicada en el libro “Morir por un Iphone” se muestra el caso de 18 jóvenes que se suicidaron en 2010 en la fábrica de Foxcomm, el principal proveedor de Apple, debido a las condiciones de explotación laboral a las que eran sometidos.

40El fenómeno de los niños abandonados por sus padres por cuestiones migratorias que son criados por sus abuelos se conoce como y afecta en la actualidad a más de 60 millones.

41El Sistema cumple hoy la función de garantizar mano de obra sin papeles extremadamente barata para la producción, aunque antiguamente también fue utilizado para distribuir ayudas sociales y subsidios del gobierno, controlar la migración para impedir la generación de bolsones de pobreza en las ciudades y controlar la población mediante la vigilancia.

42“El hukou. una condena que frena los sueños de los jóvenes chinos”, Diario El Mundo, Noviembre de 2013.

43En 2010 estallaron una serie de huelgas de trabajadores migrantes que exigían subas salariales y mejores condiciones laborales. El gobierno chino sofocó las huelgas para evitar la sindicalización de los obreros pero elevó el salario mínimo.

44Clasificación Mundial 2017, Reporteros Sin Fronteras, 26 de Abril de 2017

45Este aparato inteligencia está compuesto por el Departamento de Propaganda, el Ministerio de Seguridad Pública, el Ministerio de Seguridad del Estado y la Policía.

46Los chinos tienen su propio ecosistema de aplicaciones y redes sociales “Made in China”: WeChat (Whatsapp/Instagram/Amazon), Weibo (Twitter), Baidu (Google), Ren Ren (Facebook), Taobao (Ebay), Didi (Uber), Tudou/Youku (Netflix), QQ/Weixin (Tinder)

47Los informes del periodista Liu Binyan sobre la corrupción del Partido Comunista Chino en el condado de Heilongjiang (“¿Personas o monstruos?”, 1979) le valieron el mote de “derechista” y “subversivo” por parte del presidente Deng Xiaoping y su expulsión del partido en 1987 y el exilio en 1989.

48En la plaza de Tiananmen, la principal de Pekin, se puede visitar un Mausoleo donde resta el cuerpo embalsamado de Mao Zedong, a quien el Partido denomina el gran maestro o el gran líder y lo califica como el gran comandante, el gran timonel, el más rojo de los soles rojos, el más grande genio y maestro de la revolución de la era actual (Pan, 2008).

49El Partido Comunista Chino ha invertido un gran presupuesto en propaganda desde su llegada al poder. En distintos momentos de su gobierno (principalmente durante la revolución cultural) ha sido calificado como el más poderoso, el más glorioso, el más correcto, el más encantador, el gran emancipador de las masas trabajadoras de la nación China, y hasta ha sido presentado como nuestro querido padre y madre. La propaganda del Partido Comunista Chino puede verse en el espacio público y en anuncios publicitarios por doquier (Pan, 2008).

50El 33% de los miembros del PCCh son dueños de empresas privadas, y hay 320 mil billonarios chinos que son o bien miembros del PCCh o bien tienen conexiones íntimas con él (Yan and Huang, 2017).

51El sistema político actual está basado en la planificación y en el conocimiento de los expertos. No incluye elecciones universales ni elecciones de la cúpula directiva pero sí elecciones de autoridades y representantes locales. El gobierno utiliza un sistema de encuestas para saber el nivel de satisfacción de sus gobernados.

52Su territorio se divide en 22 provincias (sin contar Taiwan que, según el gobierno chino, sería el número 23), 5 regiones autónomas, 4 munincipalidades y 2 regiones administrativas especiales con autonomía y moneda propia (Hong Kong y Macao). Shanghai (en el mar), con más de 24 millones de habitantes, es una de las ciudades más importantes de China ya que representa su centro financiero y comercial.

53Entre 2005 y 2013, China otorgó más de 100 mil millones de dólares en préstamos a países de América Latina para inversiones sociales e infraestructura y sus firmas absorbieron empresas privadas (adquisiciones directas, participación mayoritaria, préstamos garantizados por petróleo, fusiones). Se radicaron principalmente en los sectores de Cobre, Petróleo, Gas y Transporte. Los casos paradigmáticos de la internacionalización de empresas chinas en América Latina son los de SINOPEC (China Petroleum and Chemical Corporation) en Venezuela, Brasil (Galp, Repsol) y Argentina (Occidental Petroleoum), CNPC (Corporación Nacional de Petróleo de China) y CNOOC (China National Offshore Oil Corp.) en Venezuela, Argentina (Bridas, PanAm Energy, Esso, YPF.) (Donaubauer, J., López, A., and Ramos, D., 2017).

54El acuerdo RCEP incluye a China, Australia, India, Japón, Corea del Sur, Nueva Zelandia y los 10 miembros de ASEAN (Malasia, Indonesia, Brunéi, Vietnam, Camboya, Laos, Birmania, Singapur, Tailandia y Filipinas).

55La Nueva ruta de la seda o Iniciativa del Cinturón y Ruta de la Seda (BRIZNA) es actualmente el principal proyecto de política exterior de China. Consiste en la construcción de cinco o seis corredores terrestres y un corredor marítimo, reconstruyendo el viejo camino comercial hacia el Oeste que unía Asia con Europa. El proyecto afecta en 60 países, el 75% de las reservas energéticas conocidas al mundo, el 70% de la población mundial, generaría el 55% del PIB mundial y demandaría una inversión de 1,4 mil millones de dólares. El objetivo es la cohesión territorial, para asegurarse el control de los territorios “rebeldes” de occidente, pero también geopolítico, ya que el comercio por el pacífico está marcado por una disputa con los Estados Unidos y sus aliados.

Recibido: 24 de Agosto de 2018; Aprobado: 28 de Noviembre de 2018

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