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Polis (Santiago)

versión On-line ISSN 0718-6568

Polis v.7 n.20 Santiago  2008

http://dx.doi.org/10.4067/S0718-65682008000100020 

 

Polis. Revista de Universidad Bolivariana , v.7 n°20; pags: 345-349

COMENTARIOS Y RESEÑAS DE LIBROS

 

Políticas Bibliotecarias: análisis y diagnóstico de las bibliotecas chilenas
Ariel Rementería Piñones
Editorial Universidad Bolivariana, Santiago, 2008, 479 pgs.

 

Josefina Reyes*

* Desarrollo de Tecnologías y Sistemas Ltda., Santiago, Chile. Email: joreyes@dts.cl


Este libro desarrolla un exhaustivo análisis y diagnóstico de la situación actual de las políticas bibliotecarias en Chile, su definición, aplicación y contexto en el ámbito escolar, universitario y público; buscando determinar cuáles y cómo son las políticas bibliotecarias existentes en Chile, reconociendo que se trata de una realidad escasamente observada e investigada sistemáticamente. La publicación entrega además resultados en base a un análisis profundo de las bibliotecas chilenas con el objeto de establecer futuros escenarios de mediano y largo plazo, proveyendo un aporte teórico sobre situaciones concretas o consumadas, y estimando posibles soluciones.

La línea investigativa se enmarca en la formulación de políticas, programas y proyectos bibliotecarios centrados en el futuro. La investigación exploratoria y descriptiva se encamina a saber cómo funcionan las bibliotecas chilenas en relación a las políticas bibliotecarias y qué papel juegan los profesionales bibliotecarios en ellas.

Las hipótesis que pretende develar son: si existe coordinación, cooperación y solidaridad en estas organizaciones, planteando que si existen políticas bibliotecarias en Chile deberían reflejarse en la cantidad y calidad de los recursos que las hacen funcionar. Intenta a su vez revelar si las políticas existentes son suficientes para el desarrollo y progreso de las bibliotecas chilenas, y si el recurso humano (profesionales bibliotecarios) posee sus capacidades desarrolladas para apoyarlas.

Asimismo, busca definir la prioridad de las Bibliotecas en Chile como agentes sociales, analizando qué está sucediendo con los profesionales de la información y su rol social, las entidades a las que pertenecen y que tienen la responsabilidad de formular o proponer políticas bibliotecarias a las autoridades pertinentes y los conflictos inherentes a ello.

La metodología utilizada consistió en la investigación documental, recopilación de datos muéstrales, y recopilación de información a través de sitios web de las entidades involucradas. Frente a la obsolescencia y/o escasez de información se apoya en recopilación de otras realidades latinoamericanas, evidenciando las distancias y semejanzas con los países en estudio. Incluye un fuerte respaldo estadístico histórico, que avala la relación entre las declaraciones de las políticas y la concordancia con la realidad estudiada.

La ausencia de estudios publicados respecto a políticas de información y documentación a nivel nacional y especialmente de políticas bibliotecarias en Chile, es la justificación necesaria para realizar esta investigación. Los escasos aportes datan de la década del 60 y posteriores actualizaciones quedan en recomendaciones, sin transformarse en reales políticas, o en documentos oficiales publicados o promocionados adecuadamente, debido, entre otras razones, a la desarticulación existente en la comunidad bibliotecaria nacional.

A lo largo de los capítulos se presenta sistemáticamente, primero, el objeto y método de la investigación y el estado del tema; luego, las políticas de estado, sociales y públicas, los aspectos jurídicos (leyes simples, leyes orgánicas constitucionales y la Constitución Política de la República de Chile), los aspectos bibliotecarios (definiciones y concepciones internacionales, las acciones de la UNESCO y la política bibliotecaria y recursos humanos). Enseguida se expone la investigación científica y tecnológica en Chile, con aspectos tales como Ciencia e Información, el Estado como promotor de la ciencia y tecnología (incluyendo CONICYT y el Sistema Nacional de Información), el Programa Nacional de Acceso a la Información Científica y finalmente la Investigación Científica y Tecnológica en las universidades.

Se incluye luego la descripción de las Bibliotecas Universitarias, en relación a aspectos del sistema de educación superior (aspectos legales, tipologías, matrícula), el financiamiento de las universidades , el Consejo de Rectores de la Universidades Chilenas, Instituciones de educación superior y privadas, Definiciones de biblioteca universitaria, Declaración de misión de las instituciones universitarias, Clasificación y Organización de las Bibliotecas Universitarias, y Acciones Cooperativas; para pasar luego a las Bibliotecas Escolares, describiendo el sistema escolar chileno (en cuanto a organización, niveles de enseñanza, matrícula, JEC, indicadores de la educación, financiamiento de la educación básica y media, ayudas del Estado a la educación, gasto público, evaluación, programa PISA), el concepto de biblioteca escolar ( propiamente tal, el CRA, las bibliotecas de aula, definición de biblioteca escolar, unidad de Coordinación de Bibliotecas/CRA, disposiciones legislativas en materia de bibliotecas escolares chilenas), además del diagnóstico y situación de las bibliotecas escolares chilenas (datos históricos y evaluación general, cuantificación de las bibliotecas escolares, recursos humanos involucrados y colecciones), la biblioteca escolar en la bibliotecología internacional y las bibliotecas escolares españolas.

El libro consagra un capítulo a la Dirección de Bibliotecas, Archivos y Museos (DIBAM), presentando una completa descripción de esta entidad en relación a su misión y la modernización del servicio, la Biblioteca Nacional (su historia, el Consejo Asesor, los proyectos y programas), las bibliotecas públicas chilenas (historia, concepto, políticas, organización, bibliotecas públicas del siglo 21, políticas de gestión bibliotecaria, y diagnóstico de las bibliotecas públicas); las bibliotecas públicas del Perú (datos cuantitativos, legislación comparada de las bibliotecas y del libro), las bibliotecas públicas españolas (datos cuantitativos, colecciones de libros, recursos humanos y aspectos de automatización e Internet), y afinidades y diferencias de los tres países analizados.

Prosigue el texto con la formación del bibliotecario chileno, presentando antecedentes históricos del tema, las Escuelas de Bibliotecología en el año 2000, la Asociación profesional de bibliotecarios (aspectos históricos, el presente y el código de ética profesional) El texto se completa con una bibliografía que incluye una extensa compilación desde 1930 hasta el 2007, con fuentes generales, fuentes sobre educación, sobre bibliotecas y bibliotecología, disposiciones legislativas, informes de gestión de instituciones y discursos, fuentes y estudios estadísticos.

La obra llega a un grupo de conclusiones sólidas, entre las que podemos resaltar las siguientes: Que el sistema bibliotecario chileno no funciona, a pesar de los esfuerzos de organizaciones que lideran los subsistemas, pues no hay una comunicación eficaz entre las instituciones bibliotecarias o relacionadas a la estructura orgánica del Ministerio de Educación en Chile. Éstas carecen de una misión de carácter nacional que las pueda hacer funcionar como un sistema, por lo que un Sistema Nacional de Bibliotecas queda sólo como aspiración. Los subsistemas de las bibliotecas universitarias adscritas al Consejo de Rectores y coordinadas por CABID, las bibliotecas de las universidades tradicionales, funcionan eficaz y eficientemente, pues han logrado implementar y concretar planes y programas a nivel nacional. En cambio las bibliotecas de las universidades privadas muestran un funcionamiento autosuficiente, pero no integrado, con escasa cooperación e integración en ambos sectores. No se puede hablar de un sistema bibliotecario universitario y menos de un sistema bibliotecario chileno de la educación superior.

Las bibliotecas escolares chilenas, son las más caóticas y deficientes tanto en organización como en recursos. Se identificaron las bibliotecas escolares de la educación privada pagada y las de educación municipalizada y subvencionada. No se pudo hacer una evaluación de ambos subconjuntos, pero se pudo establecer que existe un déficit serio de recursos de todo tipo en la mayoría de ellas. Algo de ello ha cambiado gracias a la distribución de las bibliotecas de aula y la implementación de los CRA.

Respecto de las bibliotecas públicas chilenas se observa que todavía hay unidades fuera de la Coordinación de Bibliotecas Públicas de la DIBAM y siguen sus límites sistémicos. Por su parte, la Biblioteca Nacional ha pasado a ser una unidad más dentro de DIBAM, perdiendo jerarquía e importancia administrativa, estando en camino de convertirse en el gran centro bibliográfico del país, sacudiéndose su función histórica de biblioteca pública.

Instituciones como la DIBAM, CABID, Coordinación de Bibliotecas Escolares/CRA, y CONICYT no han logrado establecer un proyecto conjunto nacional y no han fortalecido lazos comunicacionales sólidos para llegar a ello.

Actualmente, existe un conjunto de términos para especificar las políticas relacionadas, pero no una Política Nacional de Información y documentación, ni una Política Bibliotecaria propiamente tal. Respecto a este último punto existe una serie de programas, proyectos, normas legales o acciones que no alcanzan a abarcar a todos los sectores, son medidas parciales, que no se relacionan unas con otras, y por esto no se puede hablar de una política nacional de bibliotecas. Los escasos esfuerzos de formulación de políticas han contado con una baja participación de profesionales bibliotecarios y de las organizaciones involucradas con la fundación, mantención y desarrollo de las bibliotecas. Tampoco existen suficientes estudios bibliotecológicos que permitan sustentarlas, hacerlas coherentes e integradoras. La cantidad de profesionales bibliotecarios requeridos para llenar estos espacios es insuficiente. Adicionalmente se requiere precisar qué tipo de unidades de información se necesitan a futuro en el país. Las Escuelas de Bibliotecología existentes en Chile están geográficamente centralizadas y eso es una gran desventaja. Asimismo las organizaciones profesionales muestran una tendencia inestable y con escaso fomento y promoción de la profesión.

La formación profesional es básicamente homogénea y su perfil esta más cercano a la formación general, más que a las especialidades bibliotecológicas. La licenciatura agregada en la década del 90 no ha sido significativa en generar cambios o repercusión en el medio. Nuevas opciones se han introducido (técnicos de pregrado, magíster en el postgrado, posible doctorado), a la luz de las necesidades pero todo se vislumbra a largo plazo. Lo cual es inexplicable, pensando que esto impulsaría significativamente a la disciplina, a nivel nacional.

Las bibliotecas chilenas son muy precarias en recursos humanos, especialmente de profesionales bibliotecarios. Las colecciones están por debajo de los estándares nacionales y muy lejanos de los de los países desarrollados. Las bibliotecas escolares son las más críticas y con situaciones más complejas que enfrentar. Se puede inferir que la mala posición en que se encuentra la Educación en Chile agrava su situación. Esfuerzos de la participación de la Coordinación de Bibliotecas/CRA del Ministerio de Educación proyecta logros y mejoras futuras al respecto.

Las bibliotecas públicas tienden a un sistema bibliotecario concreto a través de la DIBAM, como impulsor de políticas bibliotecarias en Chile.

En síntesis, el trabajo de Ariel Rementería presenta un extenso estudio de la realidad y aunque la recopilación estadística está escasamente actualizada, por falta de fuentes que respalden los últimos años, logra una visión contundente del medio ambiente que se cierne alrededor del establecimiento, declaración y puesta en práctica de las tan anheladas "políticas bibliotecarias" y del por qué no existe avance en el tema.

 

Recibido: 15.07.08 Aceptado: 11.08.08

 

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