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Polis (Santiago)

versión On-line ISSN 0718-6568

Polis vol.11 no.31 Santiago abr. 2012

http://dx.doi.org/10.4067/S0718-65682012000100004 

Polis, Revista Latinoamericana, Volumen 11, Nº 31, 2012, p 57-80

LENTE DE APROXIMACIÓN

 

 

La noción de espacio público y la configuración de la ciudad: fundamentos para los relatos de pérdida, civilidad y disputa

The notion of public space and the shaping of the city: A framework for the stories of loss, civility and dispute

A noção de espaço público e na configuração da cidade: a base para histórias de perda de civilidade, e disputa

 


Héctor Berroeta Torres*, Tomeu Vidal Moranta**

*Universidad de Valparaíso, Valparaíso Chile. Email: hector.berroeta@uv.cl
**Universitat de Barcelona, Barcelona España. Email: tvidal@ub.edu


Resumen: Como cualquier constructo social, la noción de Espacio Público es fruto de un proceso sociohistórico, su definición es diversa y según suuso se presta para la identificación de diferentes situaciones. En este texto serevisan las diversas nociones del espacio público en su dimensión comunicativay se describen los elementos de correspondencia en la ciudad construida. Esteejercicio se plantea como marco comprensivo para situar una propuesta deorganización de los relatos actuales con que el discurso de lo urbano comprende y actúa sobre la ciudad. Se argumenta la identificación de un discursodel espacio público como perdido, el de un espacio público como espacio deconstrucción de civilidad y el de un espacio público como espacio de control ydisputa. Se concluye la importancia de develar estos discursos y la pertinenciade utilizar el relato del control y la disputa para analizar las recientes luchassociales.

Palabras clave: Espacio público, esfera pública, ciudad, espacio urbano.


Abstract: As any social construct, the notion of public space is the resultof a socio-historical process; its definition is diverse, and according to its useit is appropriate for the identification of different situations. In this paper wereview the different notions of public space in its communicative dimensionand describe the elements of correspondence in the built city. This exercisearises as a comprehensive framework to situate a proposal of organization ofcurrent discourses through which urban discourses understand and act uponthe city. It discusses the identification of a discourse of public space as a lostspace, of public space as construction of civility and of public space as a spaceof control and dispute. It concludes stating the importance of uncovering thesediscourses and the adequacy of using the narrative of dispute and control toanalyze recent social struggles.

Key words: Public space, public realm, city, urban space.


Resumo: Assim como qualquer construção social, a noção de espaço público é o resultado de um processo sócio-histórico, sua definição é diversa, e deacordo com sua utilização estiver prevista a identificação de situações diferentes.Neste artigo analisamos as várias noções de espaço público na sua dimensãocomunicativa e descrevemos os elementos de correspondência na cidade construída.Este exercício é colocado como um quadro global para fazer uma proposta deorganização dos relatos atuais com que o discurso do urbano compreende e agesobre a cidade. Discutemos a identificação de um discurso do espaço público comoperdido, do espaço público como espaço de construção da civilidade e do espaçopúblico como um espaço de controle e disputa. Concluímos a importância dedescobrir esses discursos ea adequação do uso da relato da disputa para controlare analisar recentes lutas sociais.

Palavras-chave: Espaço público, esfera pública, Cidade, área urbana.


"Las historias sobre el origen del Espacio público no tratan del pasado:
nos hablan de las preocupaciones y ansiedades que habitan en nuestros
ordenes sociales presentes"
(Deutsche, 2001: 312).

 

Introducción

La visión del espacio público como un espacio de construcción deciudadanía y encuentro social, está anclada a la reflexión política acerca delo público-privado; accesibilidad, transparencia y libertad. El análisis delespacio público es una cuestión que involucra un aspecto discursivo y filosófico, pero que también se expresa en el lenguaje de los planificadores yarquitectos, que de una u otra forma refiere a aspectos de la promoción o elcontrol de la sociabilidad y el encuentro social que se produce en la construcción de la ciudad (Borja & Muxi, 2001; Salcedo, 2002).

En este trabajo presentamos una revisión de lo que planteamos comorelatos sobre el espacio público. En los dos primeros aparatados abordamos los aspectos centrales que distinguen las diversas aproximaciones sobre el componente comunicativo del término o lo que más habitualmente sedenomina esfera pública y su expresión en la conformación morfológica dela ciudad. Distinguiremos dos visiones acerca del espacio público que según Weintraub (1995), se encuentran en la base de los distintos desarrollosconceptuales: la versión Clásica, de estirpe greco-romana-republicana, y lavisión Moderna, ligada a las prácticas sociales que se dan en la ciudadmultifuncional y compacta.

Estas dos visiones son el sustrato sobre el que se articulan las lecturas específicas respecto a la esencia, configuración y proyección del espacio público en la ciudad actual. Distinguiremos estas diversas lecturas, organizando sus discursos en tres grandes relatos: el relato de un espaciopúblico perdido, el de un espacio público como espacio de construcción decivilidad y el de un espacio público como espacio de control y disputa.

La lectura transversal de estos contenidos, nos deja asentada la comprensión de que el espacio público está constituido por esta doble dimensión, política y urbana. No es posible entender una sin la otra. La visiónclásica o moderna del discurso político, no se comprende sin su correlatofísico en la historia de la ciudad, mientras que los diversos relatos, no sonlegibles sin su vinculación al discurso político que los sustenta. En consecuencia, el modo en que organizamos y practicamos el espacio públicourbano, es también el modo en que (des)construimos un discurso societal.

Las nociones de espacio públicoy su correlato en la ciudad

La versión clásica

Existe consenso (Ferry, J., Wolton, D. et al., 1995; Habermas, 1994;Arendt, 1958; Rabotnikof, 1997) en situar en la Grecia clásica la primeradistinción entre lo público y lo privado en la configuración de las ciudades-estado. Es a partir de los griegos que la democracia, y por tanto, la propiapolítica se vinculan a un espacio de convivencia específico —el Ágora—donde se consiguen las decisiones mediante la discusión pública, las queluego se establecen como condiciones necesarias para la convivencia civil.A partir de la consolidación progresiva del modelo democrático griego, sevan construyendo en torno a este espacio diversos edificios dedicados albien público y al ejercicio democrático. Transformando al Ágora en el centro político de la ciudad (Goitia, 1970).

La concepción griega acerca de lo privado, lo público y lo político,concibe lo público como lo propiamente político, es decir, la expresión delhombre libre que alcanza su trascendencia histórica a través de su expresión en un lugar común, situación que es posible al estar libre de las obligaciones de la vida cotidiana; en tanto lo privado, corresponde a los bienes—cosas, animales y personas— de un dueño y que por tanto, se encuentran"privados" de derechos políticos.

El espacio público desde este planteamiento es el lugar de la expresión pública del interés común, donde el ser humano busca los lazos compartidos y la diferenciación. En cambio el espacio privado es aquel en quese asegura la reproducción de la vida. "Lo público remite a la acción y aldiscurso; lo privado, a la reproducción y al trabajo. Lo público es lo aparente y manifiesto; lo privado, lo oscuro que debe ser ocultado, sustraído ala mirada de los demás. Lo público es el espacio de la libertad, de la capacidad de inicio de algo nuevo; lo privado, el ámbito de la necesidad, de lareproducción" (Arendt, 1958: p.71).

En el tipo de racionalidad subyacente en la noción de Espacio Público que plantea Arendt, la política se basa en la pluralidad de los hombresy en su posibilidad de estar juntos, la libertad es la condición de conformación del espacio público, lo que a su vez configura el mundo como diverso.La visión de fondo que aquí se sustenta, es la idea de que los hombres sonsujetos plurales y únicos, capaces de expresar un pensamiento diverso (Sahui,2002). Se reivindica la singularidad de los hechos concretos, donde la responsabilidad es identificable. Se valora la opinión más que la verdad, sobrela base de que "el mundo siempre es observado desde un número infinitode posiciones diferentes, a las que corresponden los más diversos puntosde vista en un flujo de argumentos totalmente inagotables" (Arendt, 1958:59), desde ahí se apela a la noción de sentido común como criterio de validez en contra de la racionalidad universal. Se refiere al pre entendimientocompartido por una comunidad, que se expresa en un lenguaje común comoparte de una cultura y modo de vida compartido. Es decir, lo adecuado estádado por los acuerdos de una comunidad y sus horizontes de valores, siempreque estos no atenten contra la pluralidad que define el espacio público. Portanto, la racionalidad se conceptualiza como una razón práctica que distinguelo correcto de lo incorrecto desde un marco comunitario y no racional objetivo;noción que se asocia fuertemente a la idea de pertenencia, identificación ycultura compartida, propias de la constitución de un sentido de comunidad.

En suma, desde esta posición se entiende la política "dentro del espectro de racionalidad intersubjetiva que en una comunidad dada nos constriñe a pensar desde el lugar del otro, a ejercer nuestra imaginación representativa" de ahí que la idea de espacio público se significa como "un espacio de relaciones entre individuos quienes, a través del discurso y sus acciones, contribuyen a modelar el mundo común como un horizonte de entendimiento y encuentro ciudadano" (Sahui, 2002: 261-262).

Desde esta perspectiva la coincidencia entre la dimensión política yurbana del concepto es clara. En el Ágora no existe soporte de mediaciónalguno, el intercambio discursivo entre los ciudadanos se da cara a cara enun espacio de encuentro y de toma de decisiones sobre los asuntos de interés colectivo, el Espacio público en la polis griega se expresa colectivo,abierto y manifiesto. Lo jurídico-político se ejercita públicamente en elÁgora. La res-pública es lo que pertenece al pueblo que no refiere al patrimonio de uso público, sino a la gestión, es decir, es el pueblo quien administra lo público, no es el acceso en sí, es una comunidad de derecho basada en la utilidad común, que se distingue de lo privado del patrimonio y delcomercio (Rabotnikof,1997).

Sin embargo, es necesario clarificar que no se trata de un espaciomarcadamente inclusivo, sino más bien, altamente elitista, exclusivo del ciudadano miembro de la polis. Las minorías no participan de él, es unespacio marcadamente homogéneo, monofuncional, cuya capacidad para la formación de sociabilidad y convivencia es restringida. Como señalaHabermas "En la ciudad-estado griega plenamente formada, la esfera de lapolis, común al ciudadano libre, está estrictamente separada de la esferaoikos, en la que cada uno ha de apropiarse aisladamente de lo suyo (...) Elorden político descansa, como es sabido, en una economía esclavista deforma patrimonial. Los ciudadanos están descargados del trabajo productivo (...) La posición en la Polis se basa, pues, en la posición del oikodéspota." (Habermas, 1994: p.43).

En la alta y baja edad media se dan cuenta de formas organizativas yurbanas distintas, aquellas cuya dependencia es directa del poder señorial opropio de la autorganización, donde la ciudadanía se instala como derechoindividual al servicio de la organización. A diferencia del Ágora, la plazapública medieval no posee un marco arquitectónico que separe el espaciopúblico de los barrios residenciales, las calles se ligan directamente conellas y las propias construcciones marcan sus límites. Alrededor de la plazase disponen los edificios comunitarios principalmente los edificios municipales y religiosos.

La ciudad se caracteriza por ser una unidad compacta einterrelacionada, donde cada elemento pertenece a la trama general; edificios, plazas y calles se disponen en un juego de llenos y vacios que articulan las funciones urbanas (Mumford, 1979). Se trata de un urbanismo "orgánico" (Delfante, 2006; Benevolo, 1993) que responde más a las necesidades y funciones que a la planificación teórica, consiste fundamentalmente en un proceso de adaptación, de un orden natural donde no existe unasupeditación formal en la edificación. En general, en la Edad Media sedesarrollan grandes proyectos arquitectónicos asociados al Imperio y laIglesia-Estado, se dan en paralelo la construcción de las grandes catedralesgóticas y la construcción de una metafísica de la creación en el terreno de lafilosofía y la teología. El gobierno urbano medieval no es el producto deuna aplicación doctrinal, sino de razonamientos espontáneos, exigidos pornuevas condiciones de vida. Condiciones que como refleja Busquets (2004)llevarán a que la articulación de poderes se complejice en la baja edadmedia. Ya no se tratará exclusivamente de una visión sagrada deintermediación real entre Dios y los hombres, se expresarán más los papeles y atributos distintivos de las personas y sus oficios, generándose nuevasestructuras de gobierno que desde esta visión darán paso al renacimiento.

El componente más característico de la morfología de la ciudad sonsus murallas de protección, estas no sólo inciden profundamente en su desarrollo urbano, sino que además determinan la conformación de un ordenpolítico y administrativo que se consolida con la creación del Ayuntamiento. Dos aspectos que marcan el desarrollo urbanístico y ciudadano de laciudad son el derecho a vender y comprar libremente el suelo urbano, loque propicia un tipo de edificación autónoma y favorece el desarrollo mercantil y el derecho a la ciudadanía para los habitantes de la ciudad, fenómeno que rompe con el derecho señorial y propicia la generación de un lazocomunitario.

En relación al tipo de espacio público político o de esfera pública,Habermas (1994) expresa la indiferenciación medieval entre las categoríasde lo público y lo privado, tal cual las entendemos actualmente o como seexpresaban en el periodo clásico, señala "me parece más clarificador entender que las facultades privadas y públicas de dominio se mezclan en unaunidad inextricable, de modo que ambas emanan de un poder unitario, están adheridas a la tierra y pueden ser tratadas como legítimos derechosprivados" (Idem, 1994: P 45), de esta forma se entiende que el sentido de lapublicidad representativa hace referencia a que el soberano y sus estamentosestán para representar a su propio dominio, en una posición que no es parael pueblo, sino ante el pueblo. En consecuencia el señor feudal esta porsobre de la distinción público-privado, posee un estatus que lo instituyecomo la corporización de un poder superior, es así que el "derecho públicoy privado forman una masa indistinta y homogénea" (Radbruch, 1951),como ocurre por ejemplo en las relaciones de vasallaje que se encuentrennormadas por el derecho público.

En el espacio público de la edad media se destaca el sentido de loabierto y accesible en oposición a lo particular. Se expresa en la distinciónentre espacios de uso común y espacios de uso reservado o particular. Existe una publicidad representativa separada de las cuestiones comunes queopera como manifestación encarnada del poder en el estatus señorial. Sinembargo, a pesar de que la figura del soberano era absoluta, existían límitesjurídicos que eran insuperables. La razón pública estaba ligada a una razóncomunitaria asociada al gobierno de la ciudad, donde las prioridades de lasinstituciones públicas y el gobierno se encontraban por encima de los intereses privados de los ciudadanos (Rabotnikof, 1997).

Como señala Rabotnicof la construcción del estado y el desarrollodel mercado irán perfilando el sentido moderno de la escisión entre esferapública y privada. (Rabotnicok, 1997: p. 138).

La versión moderna

El espacio público moderno es una creación de la ilustración, comoseñala Koselleck, el principio rector será la inversión de la afirmación deHobbes, "la verdad, y no la autoridad, hace la ley" (Koselleck en Ferry,1995: p.15).

La ciudad durante el Renacimiento experimenta un crecimiento importante. El poder absoluto no sólo crea nuevas infraestructuras defensivas—cuarteles y arsenales— sino también construye obras educativas y solidarias —escuelas, hospitales, hospicios, bolsas, teatros, museos, etc. Aparecen los primeros jardines privados que progresivamente se convertiránen espacios públicos.

El desarrollo tiene lugar principalmente en los barrios céntricos dondepredominan palacios, monumentos y hermosas plazas que ganansignificativamente con la creciente valoración del artista y la proyección geométrica, sin embargo, producto de una exacerbada migración campo-ciudad y la consecuente especulación del suelo, se genera una edificacióncada vez más densa, que afecta fundamentalmente a los barrios pobres. Lascondiciones de vida de este sector empeorarán progresivamente, hasta llegar al contexto infrahumano alcanzado por la ciudad industrial de iniciosdel s. XIX que Federico Engels (1845) describe con certeza.

Lo público pasa a ser lo colectivo, que se contrapone al ámbito privado entendido como lo económico y lo religioso. La conformación de unentramado público dirigido al bien colectivo (autoridades, edificios, servicio, etc.) va a delimitar por oposición lo que es de interés privado.

Es en el siglo XVIII cuando se decantan las ideas más innovadoraspara la configuración de la ciudad moderna que se harán efectivas en elsiglo siguiente (Busquets, 2004). Una forma de pensar la ciudad racionalde forma variada y ordenada superará definitivamente la caótica ciudadmedieval. Se recurre a una metáfora médica para transformarla apelando acuestiones sanitarias, de orden social y de seguridad, con medidas talescomo sacar los cementerios fuera de la ciudad; la creación de nuevas plazaspara conseguir ventilación y asoleo; la reorganización de los mercados; lainstalación de fuentes y la segregación de las calles para el tránsito de carruajes y peatones; son propuestas por Pierre Patte, para París, en el 1765.

Por otra parte, como describe Fernández Christlieb (2004), duranteel siglo XVIII estalla la sociedad de los cafés, espacio necesario por elcrecimiento y despersonalización de la ciudad como efecto del mercantilismoy la migración. En estos lugares se produce la comunicación libre, centradaen los problemas del buen gobierno de la ciudad, los nuevos espacios suscitan el "interés de las autoridades por utilizar la prensa de acuerdo con losobjetivos de la administración (....) para dar a conocer órdenes y disposiciones. Se convirtieron los destinatarios propiamente por vez primera enpúblico" (Habermas, 1994), claro está que este público no es el del hombrecomún de los bajos barrios, sino el de un grupo social ilustrado, de unanueva capa burguesa —funcionarios gubernamentales, médicos, juristas,curas oficiales y profesores—, como apunta Habermas, es un público delectores.

La Declaración de derechos del hombres y del ciudadano de 1789viene a consagrar la libertad de pensamiento y difusión de ideas, la tolerancia y la igualdad ante la ley y libertades de asociación y movimiento, principios que consolidan una nueva relación entre lo público y lo privado. Seinstaura así una publicidad crítica, surgida en el seno de lo privado, quesomete a juicio permanente el quehacer estatal. Se conforma lo que se conocerá posteriormente como sociedad civil.

Es a partir de este marco que se articula la propuesta Habermasianade esfera pública burguesa cuyo principio crítico es la publicidad, es decir,el ideal kantiano de que "las opiniones personales de individuos privadospodían desarrollarse en el medio de una opinión pública a través de un proceso de debate racional-crítico abierto a todos y libre de dominación"(Thompson, 1996: p.4). Esta propuesta de Habermas en el valor crítico dela publicidad opera como principio normativo para la constitución de unademocracia deliberativa. Esta idea de un espacio deliberativo, refuerza lanoción de un espacio público en el que los sujetos comparten y dialogancara a cara en un contexto de igualdad. La prensa y los medios de comunicación aportan los contenidos y estimulan la conversación Burguesa. Comoseñala Thompson (1996 p.10) "la esfera pública fue constituida por encima de todo por medio del habla, en la contraposición de argumentos, opiniones y puntos de vista diferentes del intercambio dialógico de palabrashabladas en un espacio compartido".

La acción deliberativa del espacio público se orienta desde la razón,que no es otra cosa que la capacidad discursiva de los sujetos ilustrados einformados con criterio. Como plantea Boladeras (2001) la subjetividadburguesa se funda en el interés por descubrir los secretos de la naturalezahumana asociados a la idea de humanidad ilustrada, en la que se asociarazón humana y naturaleza humana.

Rabotnicof (1997) define a la esfera pública planteada por Habermassegún tres características: a) Burguesa, en tanto son los propietarios independientes, cuyo estatuto coincide con la calificación en términos de educación, los que participan en la generación de una voluntad colectiva através de un proceso de comunicación racional libre de dominación; b)Liberal, en tanto los derechos que aseguran la autonomía de esta esfera, enconjunción con los que aseguran el ámbito de autonomía individual, consolidan al mismo tiempo la esfera pública y privada de la sociedad civil y seerigen en barreras para la intromisión del poder público y c) Democrática opotencialmente democrática, en el sentido de que el poder burocráticamenteorganizado es controlado y equilibrado por una esfera público-política que,emergiendo de la sociedad civil, penetra en el estado en la forma del parlamento (Rabotnicof, 1997 p. 145). Habermas (1994) plantea un espaciopúblico que se caracterizaría por ser un espacio de expresión de una publicidad crítica al servicio de una sociedad civil reguladora del aparato estataly de sus formas de organización.

Sin embargo, esta concepción del espacio público no escapa a lamisma crítica planteada a la visión clásica, también se cuestiona que setrate de un espacio exclusivo para quienes tenían los medios, el conocimiento y la validación cultural para participar, dejando excluidos de él aobreros, campesinos y mujeres entre otros grupos sociales. Otra críticaimportante es la posición central y determinante que ocupa el consensoracional en la construcción del discurso democrático.

Esta apuesta por una racionalidad normativa en el discurso moderno del espacio público tiene efectos directos sobre la organización, diseñoy los usos del espacio público urbano, se expresa por ejemplo en las normativas de convivencia que comienzan a instaurarse en diversas ciudades europeas apelando a un consenso racional de usos adecuados e inadecuados, mismo argumento con el que se justifica el creciente control policialdel espacio urbano.

En síntesis, en esta noción de espacio público, siguiendo a Rabotnicof(1997), desde una posición normativa se vuelven a reunir los tres sentidosde lo público: lo común, la accesibilidad y lo público propiamente tal. En elprimer sentido, la racionalidad asociada al ejercicio de lo público permitirála integración social a partir de la determinación de los bienes y garantíaspúblicas, las que se establecen a partir de normas generales comunes atodos los ciudadanos. En relación a la apertura, esta estaría asegurada entanto se trataría de una esfera independiente de la del mercado y aseguradapor la capacidad representativa de un determinado círculo social homogéneo, existiría un alto grado de control por parte de los ciudadanos haciaquienes tienen el poder, lo que aseguraría la transparencia.

La forma de organización de la ciudad cambia radicalmente duranteel siglo XIX, el uso del espacio como lugar de representación del podersoberano da paso a lo que Foucault (2005) llama "organizar un espacioanalítico", eliminar la circulación difusa propiciando el control selectivo ydisciplinar del habitante urbano. Las ciudades industriales de fines del s.XVIII y principios del XIX se ven marcadas por las transformacionestecnológicas asociadas al desarrollo industrial y la nueva relación entre elEstado y los privados determinada por el liberalismo de Smith y la economía de David Ricardo. Como plantea Delfante "La posición, siempre desfavorable, de la fuerza de trabajo con respecto al imperio del capital y a unabase estructural inmutable, tiene influencia sobre la forma de la ciudad, porque la propiedad del suelo y de los bienes de consumo se convierten encapital y en mercancía" (Delfante, 2006: p. 273) lo que genera la profundacrisis social y el escenario de caos descrito por Engels (1845).

Como efecto de las crecientes movilizaciones sociales emergen respuestas de reordenamiento de la ciudad. Eugene Georges Haussmann enParís entrega el modelo funcional para reformar la ciudad Europea. Se llevan a cabo grandes instalaciones y servicios: alcantarillado, red hidráulica,alumbrado a gas, transportes púbicos, escuelas, hospitales, mercados y parques. La red viaria es modificada construyéndose nuevas calles anchas yrectas, desapareciendo los barrios pobres y el entramado de callejuelas tanutilizado en los disturbios revolucionarios, para favorecer el movimientopolicial. Las intervenciones de Hussmann no sólo modificarán el entornofísico de la ciudad sino también afectarán directamente su forma de gestión. Se marca una separación taxativa entre el espacio público y el privado, cuya consecuencia es el usufructo privado de las transformaciones realizadas por el estado y las dificultades históricas de manutención de estosespacios, como señala Benevolo "la renta inmobiliaria, que extrae riquezade la esfera pública y la acumula en la privada, acentúa el contraste entreambos espacios" (Benevolo, 1993, p.185).

Para Delfante (2006) el XIX es un siglo que marca un quiebre con laconcepción tradicional de la ciudad, el marco ya no es el valor arquitectónico del espacio, sino la organización urbana como conjunto, determinadapor las relaciones sociales y económicas.

En este contexto de transformaciones tiene lugar el declive de laesfera pública burguesa tal como la presenta Habermas, dos son los factores de base: primero, la separación entre Estado y Sociedad Civil que sedescompuso en cuanto el Estado se hizo más intervencionista y responsable de la administración de los bienes ciudadanos, en la medida que losgrupos de interés se impusieron en el proceso político; segundo, la transformación y la desaparición de las instituciones que albergaron la esferapública burguesa, la mutación de las prácticas culturales que provocan eldeclive de los salones y casas de café y la transformación de la prensaperiódica en una empresa comercial al servicio del lucro individual y ladominación de masas. Esto último a decir de Habermas (1994) es el elemento central de la transformación de la publicidad crítica en una publicidad manipuladora dirigida a la masa consumidora. "la publicidad burguesa, a medida que va configurándose de acuerdo con las public relations, recobra características feudales: ‘los portadores de la oferta’ desarrollantoda una pompa ‘representativa’ ante los atentos clientes. La publicidadimita ahora aquella aura de prestigio personal y de autoridad sobrenaturaltan característica en otra época de la publicidad representativa" (Habermas,1994: p.222). Por tanto, se está en presencia de un sistema de aclamaciónplebiscitaría de una masa despolitizada, donde la mayoría de la poblaciónqueda excluida de la participación política y sometida a la voluntad de losgrupos socialmente dominantes.

En la segunda mitad del XIX y la primera del XX se producen losgrandes y radicales enfrentamientos de clase, se pasa a la sociedad de masas y a la cultura tecnológica. Se crean formas nuevas de acumulación decapital que suscitan cambios importantes en la sociabilidad; se consagra elvoto universal; y se diluye la separación entre lo público y lo privado(Boladeras, 2001). Por tanto, la noción de opinión pública cambia de sentido "ya no se trata del concepto normativo de una opinión formada con larazón, sino más bien se refiere a una masa segmentada de opiniones particulares en la que se expresan intereses divididos y hasta conflictivos" (Ferry,1995: p. 17) se pasa de una "sociedad de masas" a una "sociedad de medios" que a decir de diversos autores (Ferry 1995; Wolton, 1995) configuraran una nueva noción de Espacio Público.

La ciudad se concibe desde la idea de fragmento, una concepcióntopológica del espacio que surge de las transformaciones tecnológicas en elcampo de la comunicación y el transporte, desarrollo que se puede analizaren diversos ciclos; primero en la primera mitad del siglo XIX ligado a lamejora de la red viaria y a los comienzos del transporte ferroviario; segundo, en la segunda mitad del siglo XIX, ligado al pleno desarrollo de lasredes ferroviarias y del telégrafo; el tercero, en la primera mitad del sigloXX, ligado al desarrollo de autopistas y a la radio; y el cuarto, al desarrollode la electrónica y la telemática en la segunda mitad del s. XX (Secchi,2005).

La versión contemporánea

La ciudad del siglo XXI resulta más difícil distinguir aún, dado quelas actividades humanas, inicialmente localizadas dentro de las ciudades, ahora se extienden ampliamente en el territorio, consumiendo áreas ruralesy naturales. El transporte y otras redes de infraestructura construidas paraconectar estas actividades dispersas, despacio pero inexorablemente unenlas ciudades pequeñas y grandes, para crear un continuo urbano (ConsejoEuropeo de Urbanistas, 2003).

En este contexto de desarrollo acelerado de las tecnologías y expansión del capitalismo neoliberal emergen nuevos negocios asociados a lacirculación mediática. Estos medios, especialmente la televisión, se transforman en actores sociales que se redefinen progresivamente como actorespolíticos en alianza con los poderes político y financiero (Cisneros, 2003).Esta nueva estructura mediática entre privados, estado y sociedad civil serádenominada por los expertos como un Nuevo Espacio Público articulado apartir de las dinámicas de mediación de la actividad política producto de ladifusión de los medios masivos de información y representación política.

Este Nuevo Espacio Público corresponde al "marco mediático gracias al cual el dispositivo institucional y tecnológico propio de las sociedades post-industriales es capaz de presentar a un público los múltiples aspectos de la vida social" (Ferry, 1995). Siendo el público todos aquellosque pueden percibir y comprender los mensajes difundidos, no se restringea una delimitación de ciudad o estado, más bien se trata de un intercambio entre sociedades.

Desde esta noción, el espacio público corresponde al marco mediáticoen el que se presentan al público los distintos contenidos de la vida social.Entendiendo por mediático, lo que mediatiza la comunicación de las sociedades consigo misma y entre sí (Ferry, 1995). En consecuencia, lo que cualifica al espacio público son los soportes de comunicación que posibilitanla difusión masiva de algún contenido, por tanto, una opinión colectivasólo accede al espacio público cuando es capaz de llegar a un público amplio a través de algún medio de comunicación que asegura su participación.Es decir, la noción de espacio público ya no se refiere al orden de lo jurídico o sociopolítico, sino más bien al ámbito de la divulgación.

Desde esta posición el espacio urbano de libre acceso y de tenenciapública, ya no serían espacios públicos propiamente tal, más bien seríanmedios para acceder al verdadero espacio público que son los medios decomunicación.

Para Ferry (1995) en la sociedad actual el espacio público se haampliado horizontal y verticalmente. En la primera dirección el incrementocuantitativo del público receptor, ya no se trataría sólo de un cuerpo electoral específico circunscrito a un estado nación, son considerados públicotodos aquellos sujetos capaces de recibir y comprender un mensaje. Respecto a la ampliación vertical, se daría tanto por la capacidad que tiene elespacio público de fortalecer la identidad colectiva a través de la apropiación de la historia en la actualización del pasado de una sociedad, como porla inclusión de nuevos contenidos que se instalan en el espacio público,eventos que antes eran considerados propios de la esfera íntima actualmente se presentan como contenidos que alcanzan el interés general.

Esta perspectiva nos plantea que el eje central del espacio públicopolítico se ha desplazado desde la publicidad crítica al espacio de la opinión pública. Esto quiere decir que no toda la comunicación política seencuentra integrada en el espacio público, es posible distinguir; una comunicación política de las masas, sustentada en las interacciones directas, caraa cara, que si bien no logran alcanzar el espacio público si pueden incidiren la construcción de la opinión pública; y por otro lado las minorías privilegiadas cuentan con información de contenido político que maneja intencionadamente en secreto y que a pesar de no ser parte del dominio de laopinión pública, tienen por lo general la capacidad de incidir en las decisiones políticas. A decir de Ferry (1995) estamos ante una subversión delreino de la crítica por un reino de la opinión, es decir, el espacio públicopolítico ya no está regulado por los principios universales de la ética y elderecho, ha dejado de estar orientado por un ideal argumentativo odeliberativo como diría Habermas, se encuentra dominado por las reacciones a las opiniones difusas de la sociedad civil. En consecuencia la acciónpolítica responde más al control de la opinión pública que se visibiliza en lacomunicación política —los sondeos— que a una acción racional y representativa.

Para Rabotnicof (1997) se estaría en presencia de un espacio público que dista sustancialmente del espacio público ilustrado y que se sitúa enun complejo esquema de sociedad civil. En relación al sentido de lo abierto, de lo accesible se trata de un espacio que tiende a ser de un accesomasivo en su condición de soporte mediático, sin embargo, en su dimensión de espacio político es restringido a los actores políticos y a los medios,el ciudadano común queda exento de una participación activa, su acción espasiva como receptor de la información. Con respecto a la transparencia enoposición a lo secreto, la privatización y concentración de los medios articula una dinámica selectiva de manipulación política y empresarial quecondiciona radicalmente los contenidos que emergen o no a la luz pública.

Los relatos del espacio público en la ciudad actual: Perdida, civilidad y disputa

Desde un punto de vista urbano, en la discusión actual se mantienela referencia a los contenidos de diálogos libres y entre iguales, propios dela visión Habermasiana y Arendtiana, desde la cual se busca dar forma a lascaracterísticas deseables del espacio urbano como un lugar de encuentrosocial y de usos mixtos.

En el relato genérico de los administradores se mezclan dimensiones sociales, políticas y urbanísticas bajo premisas ideales de igualdad ydemocracia. Indiferenciadamente, se transita por propuestas societarias ocomunitarias, reclamando la construcción de espacios representativos y ala vez convivenciales, que por su sola edificación resultan garantes de lasociabilidad democrática. La categoría espacio público "es utilizada en undoble sentido: por una parte, en un sentido muy tradicional y operativo,como el espacio abierto de la ciudad (las calles y las plazas), sin más contenido teórico que el supuesto de que es en el espacio abierto donde lasociedad se reúne y reconoce; y por la otra, adscribiendo automáticamentepara ese espacio abierto todas las cualidades sociales y políticas que lasteorías del espacio público ponen en circulación" (Gorelik, 2008: P.44).

Si se consideran las funciones sociales y las capacidades reales quetiene todo proyecto urbano, las consecuencias para la construcción de ciudad de esta indiferenciación son particularmente paradójicas y amenazantes.Los gestores urbanos se amparan en este relato superficial de civilidad ydemocracia para justificar sus intervenciones privatizadoras y coercitivas,obviando el sustrato ideológico-normativo del espacio público. Como plantean Dixon, Levine y McAuley (2006), la libertad y la diversidad en elespacio público están limitadas, tanto por variables de seguridad, como porimperativos culturales de orden y decoro moral.

Sin embargo, los límites y posibilidades del espacio público en laciudad contemporánea, han sido analizados por visiones teóricas más específicas. En ellas se examina la capacidad de la ciudad para sostener losvalores (utópicos) que sustentan las nociones del Espacio Público que describimos en los apartados anteriores. Estas reflexiones tienen en común,plantear su propia valoración de los contenidos democráticos que la ciudadpermite, describir las condiciones específicas en que esto tiene lugar y analizar el modo en que se construye y gestiona la ciudad actual. Ordenamosestos relatos en los siguientes tres tipos de visiones: el Espacio PúblicoPerdido; el Espacio Público como Construcción de Civilidad y el EspacioPúblico como Espacio de Control y Disputa.

El Espacio Público Perdido

Corresponde a los planteamientos que describen la pérdida del espacio público democrático en la sociedad contemporánea y que denuncianla emergencia de fenómenos de privatización, en lo que se ha llamado ladisolución de la ciudad. Se cuestiona fundamentalmente la capacidadcohesionadora del sistema de espacios públicos, y la creciente privatizaciónurbana, cuyas manifestaciones ejemplares, se encuentran en la substituciónde las calles y las plazas por un conjunto de artefactos urbanos de dominioprivado y la transformación del paisaje urbano por fenómenos dehomogenización de la ciudad, hipervigilancia y control espacial.

El supuesto de base de esta perspectiva es que el espacio público enalgún momento fue un lugar de expresión democrático, donde predominaban la diversidad de usos y el encuentro social (Salcedo, 2002; Gorelik,2008), hipótesis desde la cual se contrasta la actual situación de la ciudadcontemporánea. Sennett (1974), uno de los exponentes más celebres deesta posición, lo resume muy bien cuando señala: "la ciudad ha servidocomo foco para la vida social activa, para el conflicto y el juego de intereses, para la experiencia de la posibilidad humana, durante la mayor partede la historia del hombre civilizado. Pero precisamente esa posibilidad civilizada se encuentra hoy adormecida" (Sennett, 1974: p.416)

En su libro "El declive del hombre público", este sociólogo norteamericano explica que el proceso de individuación, que caracteriza a lasociedad contemporánea, ha instalado la creencia actual de que los significados sociales son generados por los sentimientos de los seres humanosindividuales, fenómeno que ha originado la destrucción de lo público endesmedro de lo privado.

Ideales como libertad, igualdad, tolerancia y respeto a la diferencia,que fueron señas de identidad de la perspectiva democrática en la que surgió la ciudad, han sido reemplazados gradualmente por la fragmentación yla separación estricta de los espacios, avalada por una seguridad cada vezmás sofisticada y estructurada sobre el aumento de la desigualdad. "Estrategias que introducen transformaciones en el paisaje urbano que afectanpatrones de circulación, hábitos y rutinas relacionadas con el uso de lascalles, del transporte público, de los parques y de los espacios públicos engeneral" (Caldeira, 2000:297).

Estos cambios en las formas en que se configura real y simbólicamente la ciudad y la vida pública, componen un conjunto de fenómenossocio-urbanos que desplazan el eje de la convivencia de lo público a loprivado; emergen espacios pseudopúblicos que vienen a reemplazar losentornos de sociabilidad tradicionales, la calle es reemplazada por corredores o túneles peatonales (Boddy, 1992), el mercado, por los centros comerciales (Crawford, 1992) y los barrios, por comunidades cerradas(Atkinson & Flint, 2004); nuevas formas de control y seguridad modificanlas dinámicas de sociabilidad posibles en la ciudad (Davis, 2003) y lasestrategias de mercado, asociadas a estéticas globales, homogenizan losentornos urbanos (Sorkin,1992).

Espacio público como Espacio de construcción de civilidad

Esta posición sostiene que el Espacio público es el espacio principaldel urbanismo, de la cultura urbana y de la ciudadanía, de cuya calidad,multiplicación y accesibilidad depende en buena medida el progreso de laciudad. Esta perspectiva, que sin negar los fenómenos y consecuencias quela visión de la perdida describe sobre la ciudad, reivindica la necesidad deproyectar un mejor y más pertinente espacio público. La revisión de la literatura nos sugiere que es posible identificar dos trayectorias distintas alinterior de este mismo enfoque, la tradición que llamaremos Norteamericana y la tradición que denominaremos Europea.

La tradición Norteamericana se funda en dos antecedentes específicos. Primero, un fuerte cuestionamiento al enfoque de la pérdida, en el quese cuestiona la creencia que presenta esta visión acerca de la existencia deun pasado mítico donde el espacio público fue completamente abierto, democrático e inclusivo, capaz de acoger a una diversidad siempre activa deusuarios (Brill, 1989). Segundo, un reconocimiento a la particularidad dela idiosincrasia y las condiciones de vida en Estados Unidos que marcan undesarrollo urbano distinto al europeo. En Estados Unidos se celebra la individualidad como rasgo distintivo del carácter nacional. La vida públicanorteamericana no está asociada a las concentraciones urbanas, sino más bien a la vida de barrio, a las asociaciones privadas y a los medios de comunicación. La población es dispersa, segmentada y estratificada, lo que reduce la diversidad y la densidad en un mismo lugar, factores necesariospara que la vida pública se desarrolle en la calle, en las plazas o parquescomo ocurre en Europa.

Partiendo de esta base, la tradición norteamericana se orienta a la necesidad de adaptar el espacio público a las nuevas formas y funcionesque demanda la vida pública actual en Norteamérica, destacando que estoscambios han producido un fuerte resurgimiento del espacio público, materializado en una mayor diversidad de entornos y soportes comunicativos(Brill, 1989; Carr, Francis, Rivlin y Stone, 1992). Estas nuevas funciones ydemandas, asociadas fundamentalmente a cambios producidos en el balance entre la vida pública y privada, como consecuencia de una serie de transformaciones culturales, tecnológicas, políticas y económicas, fundan nuevos valores y estilos de vida que, a su vez, demandan nuevas formas dediseño y de gestión de los lugares (Ibid, 1992).

Desde esta posición se plantea que los principales motivos que hande orientar la generación o regeneración de espacios públicos son promover una mejorar en la calidad de vida de sus usuarios. Se debe proveer debienestar público a través de la generación de zonas para el esparcimiento,el relajo y la recreación; mejorar visualmente las ciudades mediante elembellecimiento del diseño urbano; incrementar y preservar paisajes naturales que pugnen con la degradación ambiental; y favorecer el desarrolloeconómico asociado a la venta de productos, servicios orientados a los usuarios y el alza inmobiliaria.

Estos objetivos, más la necesidad de responder a demandas, cadavez más estratificadas y segmentadas de reunión en la vida pública, hanmaterializado respuestas urbanísticas que desde esta tradición son considerados como nuevas tipologías de espacios públicos: centros comerciales,recintos feriales o parques temáticos (Carr, et al., 1992), así como un fuerteinterés en la construcción de parques.

La Tradición Europea a diferencia de la Norteamericana, no sólocomparte el diagnóstico, sino también los supuestos, que plantea el discurso de la pérdida, sin embargo, se niega a participar de sus designios pesimistas. Borja (2003) lo describe del siguiente modo, "no nos encontramos ante la crisis de la ciudad, sino ante el desafío de hacer ciudad; ejercer elderecho a la ciudad por parte de los ciudadanos es lo que hace a la ciudadviva en el presente, capaz de reconstruir pasados integradores y proponerproyectos de futuro movilizadores" (Borja, 2003: p. 32). Para esta tradición, más allá de ser un recurso que provee bienestar, el espacio público es la condición básica para la existencia de la ciudadanía (Hassenpflug, 2002).El derecho a un espacio público de calidad es un derecho humano fundamental en nuestras sociedades.

Los antecedentes de este planteamiento se encuentran en elcuestionamiento a la Carta de Atenas y la subsecuente revalorización de laciudad tradicional y de sus componentes colectivos: calles, plazas, manzanas cerradas, etc., (frente a la negación o el papel abstracto del espaciopúblico y a la proliferación de bloques en los esquemas del urbanismomoderno) (Monclus, 2003). Estos cuestionamientos se proyectan en lecturas urbanas que revelan un renovado interés por la ciudad existente, comola "arquitectura de la ciudad" (Aldo Rossi, 1992), y la "reconstrucción dela ciudad europea". La ciudad europea se plantea ante todo como lacentralidad de lo político, de los asuntos comunes y del espacio público, laidentidad de la "ciudad europea" es el espacio que la sociedad civil produce y que al mismo tiempo requiere (Hassenpflug, 2002: p. 16).

Esta tradición se orienta a la revalorización de la ciudad histórica (sobre todo, la del siglo XIX y principios del XX), la reivindicación de losespacios públicos tradicionales (calles, plazas, parques) y a la integraciónde urbanismo y arquitectura (Monclus, 2003). A juicio de Hassenpflug(2002), la reconstrucción de la "ciudad europea" intenta corregir los fenómenos urbanos que se produjeron durante el siglo XX, el reemplazo decalles por vías para automóviles, de plazas y parques por lugares de estacionamiento, de frontis arquitectónicamente ricos por fachadas homogéneas prefabricadas y de espacios públicos por otros funcionales que habríaconducido a procesos de suburbanización.

Esta reacción a la estrategia urbana modernista consolidó progresivamente el proyecto urbano como una alternativa arquitectónica alplaneamiento generalista, los problemas urbanos son abordados medianteproyectos específicos, especialmente de recuperación de espacio público yequipamientos (López de Lucio, 2000). Se trata de un renovado interés porel papel y la formalización del espacio público, por el que se plantea lanecesidad de recuperar calles, plazas y espacios "vacíos", dotar decentralidad y monumentalizar la periferia urbana. Los objetivos de estasactuaciones sobre el espacio público son mejorar la calidad urbana, perotambién implementar una visión pragmática, donde el espacio público seconcibe como ocasión de proyectos económicamente viables y con un proceso de gestión relativamente sencillo (Monclus, 2003).

Si bien los valores y los fundamentos para mejorar el diseño y laadministración del espacio público varían entre las tradiciones, existen coincidencias importantes. Ambas visiones (Nortemericana y europea) atribuyen al espacio público una capacidad para estimular el comercio y paramejorar las condiciones de vida de los habitantes de clase media integradaen la ciudad; plantean la necesidad de incorporar las demandas y necesidades de los propios usuarios, con estrategias participativas que incorporan alos ciudadanos en la construcción de la ciudad.

El Espacio público como espacio de control y disputa

Se sustenta en una visión crítica de la concepción romántica de unespacio público igualitario y accesible, posición desde la cual se analiza ladisputa entre el control de lo urbano y la subversión de las prácticas deapropiación. Esta perspectiva plantea que el espacio público nunca ha sidoun lugar armónico y completamente accesible, se señala que siempre hasido un lugar donde se han dado dinámicas inestables y procesos de exclusión.

Las dinámicas inestables y los procesos de exclusión se fundan enuna lógica de control y disputa entre la estructura normativa de la sociedadhegemónica y las prácticas de acción de sujetos y colectivos con diferentestipos de lazos con esa sociedad. Certeau (2006) describe bien la esencia deesta relación: "Una sociedad estaría compuesta de ciertas prácticasdesorbitadas, organizadoras de sus instituciones normativas, y de otras prácticas, innumerables, que siguen siendo "menores", siempre presentes aunque no organizadoras de discurso, y aptas para conservar las primicias o losrestos de hipótesis (institucionales, científicas) diferentes para esta sociedad o para otras" (Certeau, 2006: p.56).

La materialización de esta disputa en la ciudad, Delgado la sitúaentre la polis y la urbs, es decir "entre el orden político, relativo a la administración y la proyección centralizadas sobre la ciudad, y la urbanidadpropiamente dicha —tránsitos y coaliciones temporales de los transeúntes—, resultado en gran medida del trabajo de una sociedad sobre sí misma" (Delgado, 2001: p.154). Por tanto el espacio público es visibilizadocomo en un permanente conflicto inestable.

Desde esta visión el espacio público sólo se constituye como talcuando es apropiado por los usuarios, un espacio sólo es público medianteun trabajo de cualificación que remite a los momentos de acción y a lasestructuras prácticas de la experiencia (Joseph, 1999). Es decir, las características físicas, sólo se constituirían en espacio público en el momento enque son apropiadas.

Michel de Certeau (Certeau, Giard, & Mayol, 2006) explica estosprocesos de apropiación utilizando como metáfora la lectura, la práctica enel espacio público es como la lectura del texto geométrico de la planificación urbana y la arquitectura funcionalista desde el consumidor cultural, esdecir, el transeúnte pasa a ser el ejecutor de un acto creativo de rememoración y significación del espacio basado en trayectos y mapas, que estableceuna diferencia entre lugar y espacio, donde el primero vendría a ser la disposición geométrica de objetos en relación y el segundo, "un cruzamientode movilidades", de operaciones que se actualizan en una contingencia circunstancial, y que instituyen un lugar practicado. Es el poder de los ciudadanos, en cualquier situación social y estructural, para transformarcríticamente los usos y significados del espacio propuestos por los productores (Salcedo, 2002).

Este repertorio sobre el valor de la apropiación, se funda en la reivindicación de un derecho a la ciudad (Lefevbre, 1973) que le correspondea todo habitante en cuanto sujeto que interactúa socialmente dentro delmarco urbano y que reafirma la exigencia de una presencia activa. Estederecho del ciudadano sería efecto de la segregación de todo aquello queno tiene participación en los privilegios políticos, y a partir de lo cual sehace legítimo reivindicar el derecho a apoderarse, encontrar y reunir; lugares y objetos que respondan a determinadas "necesidades" no tenidas encuenta y a determinadas funciones menospreciadas. Este derecho a la ciudad encuentra su condición de expresión natural en el espacio público, esen él donde se busca revertir una situación de necesidad o privación, opción política antagónica o un modo no reglado de recrear vínculos de sociabilidad, en un juego de confrontación entre públicos y contra-públicosque reproducen o desafían la concepción dominante de las relaciones sociales (Mitchell, 1995).

Como bien plantea Di Masso (2009), desde esta posición, el núcleoontológico del espacio público es la dialéctica dominación–contestación,poder y resistencia, orden–transgresión, entre públicos y contrapúblicos ensituación de desigualdad. Este autor, hace una exhaustiva revisión de lascaracterísticas y distinciones que adopta esta dialéctica en el espacio público y sus diferentes acepciones, en el marco de los discursos que él denomina "conflictivista".

Un primer aspecto que distingue son los diferentes papeles que desempeña el espacio público en esta dialéctica de confrontación. Citando aBurte (2003) señala que el espacio público puede ser objeto, escenario oprecipitador de los conflictos o incluso las tres al mismo tiempo. Es decir,puede operar como objeto de conflicto por uso y ocupación, control y disputa en actividades consideradas (in)aceptables e (in)adecuadas, según lalegitimidad de ciertos públicos a ocuparlos o tomar decisiones sobre él.Como escenario el espacio público es una plataforma para manifestar eldisenso político, así como para el despliegue de violencia urbana sobrepersonas, inmuebles o mobiliario. Por último como precipitador, el espaciopúblico puede transformarse en el depósito simbólico de la memoria colectiva que condensa significados y valores que expresan luchas pasadas ocurridas en el espacio público y que forman parte de la identidad y del pasadolocal.

Una segunda distinción es la identificación de dos tipologías de conflictos, blandos y duros, según sea la posición que ocupan los actoresinvolucrados en la sociedad de referencia donde se produce el conflicto.

Denominará conflictos blandos a aquellos que se derivan de la diversidadsocial, generalmente asociados a conflictos por concepciones normativasdispares, pero que se producen entre usuarios en igualdad de condiciones yestatus en el derecho a la ciudad. Se trata de usos incompatibles por contexto material o moral. Mientras que los conflictos duros, serán aquellosque se vinculan a la desigualdad social, donde hay una asimetría en el derecho a la ciudad entre los usuarios. Estos cuestionan directamente la calidad democrática del espacio público, los límites de la ciudadanía y los procesospolíticos de exclusión social que operan sobre el territorio.

A partir de esta concepción Di Masso (2009) va más allá y planteaque se puede hablar de una relación asimétrica entre públicos fuertes ypúblicos débiles, según sea el estatus de su condición real o simbólica deciudadano. En consecuencia, muchos de los juicios de inadecuación dedeterminados comportamientos en el espacio público, y las consecuentesprácticas formales e informales de censura y represión, funcionan comosubterfugios para la reproducción de prácticas de discriminación social (racista, xenófoba o clasista).

Los grupos dominantes están siendo capaces, hoy en día, de excluiral resto de los actores sociales del uso de ciertos espacios a través de lacreación de enclaves en los que el discurso del espacio público como lugarde encuentro social y construcción de ciudadanía se mantiene, pero se restringe sólo a ciertos segmentos de la sociedad. El espacio público es unlugar de expresión y ejercicio del poder, pero que es experimentado comotal sólo por los oprimidos; para el resto, tal como en la modernidad, es elespacio de construcción ciudadana y diálogo social (Salcedo, 2002).

Por tanto, desde esta posición se considera necesario concebir alpúblico como una noción plural y contestada, defendiendo que los derechos ciudadanos a usar el espacio público deben basarse en reafirmar identidades, revertir desigualdades y preservar diferencias.

En suma y según Di Masso (2009): "El conflicto en el espacio público es necesario tanto para visibilizar la injusticia de la exclusión comopara socavar su gramática dominante. Es en este sentido que el espaciopúblico es el escenario material para el cambio social y, siendo así, es untermómetro de la calidad democrática de una sociedad que debe ser capazde aceptar y afrontar el conflicto urbano desde sus raíces estructurales".

Conclusiones

En la concepción clásica, el ámbito público es el espacio de la comunidad política, se fundamenta en la ciudadanía y se expresa en una activa participación colectiva en la toma de decisiones. Su encarnación física ysocial es la "polis" (autónoma, deliberativa y democrática), materializadaen el ágora como espacio de discusión y confrontación. La visión moderna,ligada a la ciudad industrial europea, el espacio público reduce su intensidad participativa y coincide con la trama de calles y plazas de la ciudad, esuna red de espacios en la que tiene lugar la convivencia colectiva cotidiana,marcada por la coexistencia inmediata de individuos y actividades, de proximidad física y distancia social, en un juego permanente de tensiones en lasque emerge la representación como forma de participación política. En suversión contemporánea existe una dramática separación entre los actorespolíticos, los grupos de poder y los ciudadanos comunes. Hay un gran desequilibrio entre los distintitos grupos de interés, la esfera relacional se encuentra cooptada por los medios de comunicación y el espacio de la ciudadse segrega, controla y homogeneíza.

La distinción de esta trayectoria conceptual y urbana del espaciopúblico, parafraseando a Deutsche (2001), no nos despeja las incertidumbres sobre las preocupaciones y ansiedades de nuestros ordenes socialespresentes, sólo nos devela un repertorio de lecturas posibles, más o menos críticas, más o menos optimistas, más o menos transformadoras del ordensocial dominante.

En este sentido la lectura del espacio público como un espacio decontrol y disputa, nos parece un marco sugerente para analizar y comprender los fenómenos recientes de perturbación del orden social dominante,que han tenido lugar en distintos lugares del mundo, a través de la manifestaciones de las denominadas multitudes inteligentes (Rheingold, 2002).Movimientos que utilizando soportes de comunicaciones electrónicos, hanvuelto a hacer coincidir en un nuevo sentido, la dimensión comunicativa con el correlato urbano del espacio público.

 

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Recibido: 15.02.2012 Aceptado: 11.03.2012

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