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Polis (Santiago)

versión On-line ISSN 0718-6568

Polis vol.11 no.31 Santiago abr. 2012

http://dx.doi.org/10.4067/S0718-65682012000100005 

Polis, Revista Latinoamericana, Volumen 11, Nº 31, 2012, p 81-102

LENTE DE APROXIMACIÓN

 

El espacio público entre la asfixia y la resistencia: usos de Foucault durante la dictadura argentina

Public space inbetween asphyxia and resistance: Foucault’s uses during the dictatorship in Argentina

O espaço público entre a asfixia ea resistência: usos deFoucault durante a ditadura na Argentina

 

Mariana Canavese

CONICET, Buenos Aires, Argentina. Email: mcanavese@gmail.com


Resumen: Aunque las primeras lecturas y apropiaciones de textos de MichelFoucault en Argentina datan de fines de la década de 1950, nos interesa aquí detenernos en algunas de las formas de circulación, lectura, interpretación y apropiación de las elaboraciones foucaultianas bajo las condiciones impuestas por la última dictadura militar argentina. Esta propuesta tiene, entonces, como objetivo principal reconstruir históricamente y analizar algunas de esas apropiaciones que, entre fines de la década de 1970 y principios de los ’80, se manifestaron en las Ciencias Sociales, en debates académicos y en producciones relacionadas con problemáticas locales, bajo la hipótesis de que es posible divisar la vitalidad de un espacio público subterráneo que subsistió aun en las peores condiciones de opresión.Tomar algunos de estos casos nos permitirá explorar usos estratégicos en el ámbitopolítico-intelectual que ampliaban los márgenes de un espacio público sofocado.

Palabras clave: Recepción, Foucault, espacio público, dictadura, Argentina.


Abstract: Although the first readings and appropriations of MichelFoucault’s texts in Argentina date back to the end of the 1950s, this paper analyzessome forms of circulation, reading, interpretation and appropriation of Foucault’selaborations under the conditions imposed by Argentina’s last military dictatorship.This paper’s principal aim is then to historically rebuilt and analyze some of theseappropriations which, between the end of the 1970s and the beginning of the 1980s,appeared within the Social Sciences, in academic debates and in works related tolocal problems. The hypothesis is that it is possible to see the vitality of anunderground public space that survived even the worst conditions of oppression.Analyzing some of these cases, allows to explore strategic uses of Foucault’selaborations within the political-intellectual area, extending the margins of asuffocated public space.

Key words: Reception, Foucault, public space, dictatorship, Argentina.


Resumo: Embora as primeiras leituras e apropriações de textos de MichelFoucault na Argentina datam de fimes do 1950, nos interessa aqui de me debruçar sobre algumas das formas de movimento, leitura, interpretação e apropriação deelaborações foucaultianaa trabalhando sob as condições impostas pelo últimaditadura militar da Argentina. Esta proposta te, então, como principal objetivoreconstruir historicamente e analisar algumas dessas dotações que, entre final de1970 e início dos anos 80, foram observados nas ciências sociais nos debates acadêmicos e questões relacionadas à produção local sob a hipótese de que é possívelver a vitalidade de um espaço público subterrâneo que sobreviveu até mesmo naspiores condições de opressão. Tomar alguns destes casos nos permitirá explorarusos estratégicos nos âmbitos políticos e intelectuais que expandiram as margensdo espaço público sufocado.

Palavras-chave: Recepção, Foucault, Espaço Público, Ditadura.


 

El campo cultural argentino se transformó duramente en los añossetenta. La censura se amplificó hacia 1976, cuando la cotidianidad de laviolencia política, el malestar social, la crisis institucional y el descontroleconómico abrazaron el golpe del 24 de marzo que instaló a la Junta Militar y dejó a su paso treinta mil desaparecidos. La represión se abalanzó consaña sobre las letras: en 1974 una bomba quemó 25 mil ejemplares del Marxismo de Henri Lefebvre; ese mismo año, una comisión formada porla Cámara Argentina del Libro, la Cámara Argentina de Editores de Librosy la Sociedad Argentina de Escritores, entre otros, hizo manifiesto que elconjunto de leyes y decretos vigentes perjudicaba a más de 500 libros deautores argentinos y extranjeros y a 237 empresas editoriales nacionales ydel exterior; para la segunda mitad de la década, dentro de los objetivos derepresión cultural del Ministerio del Interior entraban desde la sexualidadhasta Nietzsche, pasando por libros como Estructuralismo y psicoanálisis de Nueva Visión (Invernizzi 2002). Parafraseando a Oscar Terán, unadiscursividad nacionalista, autoritaria, antiliberal, heterofóbica y familiarista,la de la moral cristiana, la tradición y la "seguridad nacional", apuntó desde1976 a sepultar otra discursividad laicizante, libertaria, modernista o marxista, todo aquello que cuestionase la familia argentina, el modo de seroccidental y cristiano, el orden y las jerarquías establecidas (Terán 2008:297-300). Sería fácil inferir de lo anterior que las obras de Michel Foucault nopodían ser admitidas dentro del marco dispuesto por la última dictadura militarpara el redisciplinamiento social, que la asfixia interminable lo teñía todo.

En efecto, la industria editorial argentina, que había sido realmentepróspera, se encontraba al terminar la década replegada, desnacionalizaday concentrada, expresada en más altos costos y menor tiraje promedio1 , cantidad de librerías y de ediciones de obras teóricas. De lo que quedaba,entre marzo de 1976 y diciembre de 1982, sólo la Secretaría de Cultura dela Municipalidad de Buenos Aires impugnó 560 libros, 433 forzados alocultamiento y 127 declarados inmorales. Para más, muchas editorialesempezaron a ver cara a cara su crisis; algunas, como el Centro Editor deAmérica Latina, la quema de más de un millón de ejemplares; otras, laclausura, como en el caso de la filial argentina de la mexicana Siglo XXI encuyo departamento quedaron tirados los títulos de Foucault, Barthes, Derrida, Lacan y otros (Invernizzi 2002)2 .

Sin embargo, y pese incluso al poder de la autocensura, la producción y la circulación intelectuales prosiguieron, tanto a través de sus canales consagrados –ciertos institutos y centros de investigación, determinados autores o suplementos culturales–, como por medio de la resistenciaque significó la publicación de revistas –como Punto de Vista desde marzo de 1978–, la emergencia de grupos de estudio y de editoriales dondeFoucault aparecía. Al respecto, evocaba el crítico literario y editor JorgeLafforgue: "Si el recuerdo no me traiciona –y mi recuerdo va de LeónRozitchner y Oscar Masotta a Josefina Ludmer y Santiago Kovadloff–, lostrabajos de Lacan, Foucault, Greimas, Bajtín, Derrida, Williams, Jauss ymuchos otros, se conocieron antes, más y mejor en estos ámbitos privados o restringidos (cursos privados, talleres literarios, etcétera) que en las universidades, donde su recepción fue tardía" (Sosnowski, 1988: 159).

Por esta vía, estas páginas se centran en dilucidar la dinámica delespacio público, no cuando florece sino en momentos en que parecería agotarse, cuando no se lo ve nítidamente a la luz del día y persevera en prácticas tenues, a contramano de la imagen común que lo asocia indisolublementea la existencia de un régimen democrático. Para ello el caso de Foucault esparadigmático. Si, por un lado, fue precisamente él quien afirmó que laresistencia no desaparece aun cuando nada indicaría su existencia, por elotro, en ese período dictatorial, que transcurrió entre la experiencia políticade masas de los años 60 y comienzos de los ’70 y la llegada de la democracia procedimental, ofició como una de las claves de lectura de la realidadsocial. Aun cuando las condiciones impuestas por la dictadura militar replegaran las más dilatadas posibilidades de la cita foucaultiana, la difusiónde esas ideas se trama en esos años especialmente en su ponderación comohistoriador del castigo y el encierro y en su operatoria sobre núcleos conceptuales como "sujeto" y "poder".

Ciertamente, ¿qué pasaba ahora por las aduanas, pero también cómoafectaba el temor a editar ciertos autores? ¿Y cuáles fueron las artimañasde la circulación de los escritos? ¿Es posible distinguir transformacionesen aquellas lecturas entre el alivio inmediato con que buena parte de lapoblación recibió un golpe que creía vendría a poner fin al desconcierto delgobierno de Isabelita y el intento de apertura política en 1981, y desdeentonces hasta las elecciones abiertas de octubre de 1983? ¿Qué tipo desubjetividad apuntalaron, qué identidades contribuyeron a moldear, quégrietas abrieron en la percepción de los sujetos bajo un régimen dictatorial? ¿Qué relaciones tramaron entre la violencia y la represión a escalamacro y las microresistencias que podían significar, por ejemplo, los grupos de estudio? ¿Cómo operó, no digamos ya el "autor" Foucault, sino lasrepresentaciones que podían agruparse bajo ese nombre, en el marco de undispositivo de vigilancia y disciplinamiento de los cuerpos, de control de laproducción y de la circulación de ideas? ¿Ciertos usos de Foucault acreditaron la crítica a la radicalización política? ¿Cómo se lo lee, en fin, desde lamarginalidad de aquellos años? Estas y otras preguntas estimulan este trabajo que busca reconstruir históricamente y analizar algunas de las apropiaciones y de los usos de Foucault que se manifestaron entonces en lasCiencias Sociales y en producciones relacionadas con problemáticas queatravesaban el Cono Sur, explorando vías de circulación subterráneas perotambién formas de lectura y grietas abiertas en el campo político-intelectual.

Circulación: el murmullo Foucault

Hay que decir que, en contra de los diagnósticos rápidos que podrían hacerse sobre aquel momento y a sabiendas de que la dictadura condenó a los autores considerados sospechosos fuese por su apellido o por suprocedencia, Foucault está presente en distintas publicaciones periódicasculturales del período, alimentando la discusión colectiva. Por ejemplo,tanto desde los primeros números de la revista de crítica cultural Punto de Vista –continuación de Los Libros– como en la literaria Sitio –publicadadesde diciembre de 1981–. En la primera se codea, en la forma de la referencia, la cita o la traducción, con Martínez Estrada, el grupo Contorno oTel Quel, Pierre Bourdieu y Raymond Williams, entre otros. Así, en la publicación que se origina con el propósito de ejercer "el derecho al punto devista", de "reivindicar la libertad de pensar, escribir, difundir ideas diferentes", de disentir como "condición básica de la cultura, amenazada material y políticamente" (Punto de Vista 1981: 2)3 , textos como Historia de la locura (Foucault, 1967) e Historia de la sexualidad: La voluntad de saber (Foucault, 1977) encuentran alusiones implícitas y explícitas, por ejemplo en las notas de Hugo Vezzetti sobre la locura en nuestro país4 , o en comentarios específicos. Ya en 1978 se le dedica una reseña al primer tomode Historia de la sexualidad. Allí se refiere también a Historia de la locura señalando la relación con el psicoanálisis (como herramienta contra lapsiquiatría) pero buscando también restituir la crítica que Foucault le haceal mismo, en tanto mantendría la figura alienante del médico y elsilenciamiento de la sinrazón; dicha confusión se disiparía en Historia de la sexualidad. Respecto de los vínculos entre ambos libros, en el último –se afirma– Foucault trataría de desentrañar los mecanismos por los cuales"la racionalidad psicoanalítica, su discurso sobre el deseo y la ley –enmascarando otra verdad, la del cuerpo y sus placeres– se hace cómplice de undispositivo montado para la definitiva sujeción del hombre" (Mayer 1978:16-17). Así, en la sociedad contemporánea la estrategia de poder sería, yano reprimir, sino multiplicar los discursos sobre el sexo; esa voluntad desaber es condición para la producción de la sexualidad, a través de ella elcuerpo queda encadenado. Para la expansión de este dispositivo al cuerposocial "habrá que esperar al momento en que se entrecrucen dos objetivosde poder: la necesidad de disciplinar el cuerpo, adiestrarlo y distribuir susfuerzas, y la de regular las poblaciones, en función de la productividadeconómica (…) Efecto del poder, la sexualidad funciona en el hombre comoelemento alienante, de coacción (…) de allí que el psicoanálisis surja comoel cómplice más sofisticado de un método de sometimiento. Si la racionalidad médica silenció la sinrazón bajo la máscara de la locura; la psicoanalítica,propone Foucault, paraliza el cuerpo, a través de su discurso sobre la ley y el deseo (…) Los planteos inaugurados en Historia de la locura adquierenaquí plena coherencia" (Ibid: 17).

Interesan, entonces, no sólo las correspondencias que se establecenentre los textos de Foucault, componiendo a través de ellas una suerte decohesión de la "obra" foucaultiana, sino también tanto la claridad con quese señalan los obstáculos para una filiación entre Foucault y el psicoanálisis –identificación que ya se había hecho un lugar en Argentina durante losaños precedentes–, como la exposición entonces y desde esta revista surgida en una situación de semi-clandestinidad de una lectura de Foucault atenta a la sujeción, a la lógica de disciplinamiento de los cuerpos y de regulación de las poblaciones. Por otra parte, las categorías foucaultianas aparecerán en comentarios breves. Es el caso, por ejemplo, de la noción de "dispositivo" y de la concepción productiva del poder (H.V. 1982). En esaspáginas, Foucault figurará, finalmente, tanto en publicidades del mundoeditorial5 como en traducciones del francés al castellano: En el número 17 se anuncia en tapa el "Debate: la historia discute a Michel Foucault", yenseguida se afirma que Vigilar y Castigar planteó a los historiadores cuestiones de método y de teoría que Michel Foucault les imponía desde fuerade la disciplina (…)". El dossier incluye el texto de Jacques Léonard en elque critica Vigilar y Castigar al tiempo que atiende a sus sugerencias, y larespuesta de Foucault (Punto de Vista 1983: 22-34). Tenemos, pues, alusiones a Foucault, que van del psicoanálisis a la historia, en una de lasrevistas culturales más recordadas de la época, que empiezan a poner encuestión los dispositivos de disciplinamiento.

En Sitio6 las referencias alternan con menciones a Roland Barthes o a James Joyce, entre muchos otros. Foucault se hace presente allí en anuncios sobre la edición de La verdad y las formas jurídicas por Gedisa o encitas, por caso, de parte de dos de sus directores: Eduardo Grüner, mencionando Las palabras y las cosas para concluir que la literatura "arrastratodavía la hipoteca de la voluntas significandi medieval; como instrumento de cultura, no es un cuerpo textual, ni siquiera un conjunto de normas delbien escribir, sino una operación designativa que comienza con este tipoparticular de signo que se llama littera, la letra. Y la letra escrita, material, no es más que la dimensión extrínseca, epidérmica, del sentido. Es, comodice Foucault, el sentido en exilio" (Grüner 1981: 13-20); Luis Gusmán,por su parte, en "Del destierro al exilio: versiones e inversiones", retomandode "Stultifera Navis", el primer capítulo de Historia de la locura, la reflexión de Foucault sobre el Narrenschiff (La nave de los locos), aquellaobra de Sebastian Brant, como composición literaria inspirada en el ciclode los Argonautas (Guzmán 1983: 69). Se trata de citas claramente literarias, pero que no dejan de contener entre líneas aspectos de la coyunturapolítica de aquellos años. Más aún, son revistas que agruparon a intelectuales de talla apenas comenzada la dictadura, situados en el borde entre loque se podía enunciar y lo que no.

Empero, la aparición de Foucault excedió el mero campo experto,puesto que su presencia se hizo manifiesta también en las páginas de grandes diarios. Por ejemplo, y considerando también que la neutralización ganóen este período los suplementos culturales de la prensa en general, sus elaboraciones tenían espacio en La Opinión. El periódico fue intervenidodesde 1977 y secuestrado ese año su director, Jacobo Timerman. Entre agostode 1975 y julio de 1979, el suplemento cultural estuvo a cargo del escritorLuis Gregorich: "Aunque intervenido, La Opinión no se convirtió en un diario oficialista (…) Pude conservar –opinaba Gregorich– la orientaciónprogresista y plural de sus colaboradores y contenidos. Era toda una ironíaque el suplemento de un diario intervenido fuera el único en incluir ciertosnombres y en referirse a determinados temas" (Sosnowski 1988: 113-114).Ese suplemento recomendaba, como lectura para el verano del ’78, Historia de la sexualidad.

Desde este renombrado diario también se había comentado, en 1977, la presentación en la Alianza Francesa de Buenos Aires de ese primer volumen de una serie de seis anunciados, La voluntad de saber, con una muyexpresiva bajada sobre la sexualidad y los mecanismos de su control social: "Así, el explosivo y complejo tema ha entrado definitivamente en losmedios intelectuales argentinos". La crónica se refería al evento como a"una charla estructuralista sobre la sexualidad, en francés", una tarde de jueves y ante un auditorio de "maduras señoras". Se describía, en palabrasdel conferencista Frank Chapotot, el plan general del libro y se aducía queél "había logrado convertir una exposición soporífera en un momento divertido". No sólo es sugestivo, una vez más, el hecho de que el tema setratara en un espacio público en esos años, sino sobre todo el que esta notaexpresase ese intervalo en que podía situarse entonces a Foucault: entre loque podría ser un espacio de circulación más académico y, en cambio, unámbito en el que la temática parecía no importarle demasiado a un públicoprincipiante. La conclusión de la cronista habla por sí sola: "Si occidentepadece, desde el siglo XVII, un ataque de verborragia sexual, ¿vale la penaprotestar en seis tomos?" (Dujovne 1977: 19).

Antes aún, en la antesala de la dictadura y del desgajamiento de laconfianza revolucionaria que sobrevenía en la militancia de izquierda, La Opinión había dado cuenta también del interés suscitado por "una de lascumbres del pensamiento estructuralista en Francia" con un comentariotraducido de Le Nouvel Observateur sobre Vigilar y Castigar, recientemente publicado en Francia y editado en español en 1976. El título de lanota ("El Estado castiga el alma de los criminales con la misma crueldad que se aplicaba a los cuerpos en el siglo XVIII") parecía lacrar unode los destinos de ese libro en el próximo y funesto presente (Enthoven,1975: 15).

Pero incluso si esta circulación pública pudiese juzgarse menor, nodeja de ser paradójico que, en 1980, Convicción –"el diario de Massera"7 , aparecido en 1978 y dirigido por Hugo Ezequiel Lezama– publicara unavolanta referida a Foucault que rezaba: "Para el genial francés, influyó másen la sociedad contemporánea el sistema de Bentham que Kant y Hegel".La nota no tiene desperdicio: enseguida se comentaba allí La verdad y las formas jurídicas (Foucault 1980) señalando, por ejemplo, que en el sigloXIX "la noción de prevención del delito hace que importe menos averiguarcierta verdad que establecer criterios de normalidad y anormalidad quepermitan ejercer un control absoluto sobre los individuos", y citando aFoucault mismo: "Una serie de poderes laterales, al margen de la justicia,tales como la policía, las instituciones psicológicas, psiquiátricas,criminológicas, médicas y pedagógicas sirven para la corrección". A continuación se atendía al panóptico, refiriendo nuevamente a Foucault en relación con el propósito a que sirve: "Es preciso que el tiempo de los hombresse ajuste al aparato de producción, que éste pueda utilizar el tiempo de vidade los hombres (…) Se busca la explotación de la totalidad del tiempo". Alfin se aludía a que esa "forma de totalitarismo es, sin duda, mucho másrefinada en Occidente que en los países comunistas, donde se ejerce demanera más brutal: el ejemplo de las clínicas psiquiátricas para el tratamiento de la divergencia de opinión (que Foucault no cita) es, sin duda, elque más claramente ejemplifica este extremo del panoptismo". Y se concluía: "La verdad y sus formas jurídicas pone en cuestión la posibilidadde la mayor barbarie dentro de las civilizaciones más desarrolladas queconoció la historia. Según este criterio –y haciendo una reducción–, la diferencia entre Bokassa I y el sistema penal francés pasaría por un grado mayor de sofisticación" (Moreno 1980: 16). Foucault aparecía ahí como "genio", junto a referencias a Nietzsche, Deleuze y Guattari, a Platón y Sófocles.

En recuadro aparte, Gustavo Dessal comentaba El panóptico (1979),de Bentham, distribuido ese año en Argentina y que incluía la entrevista aFoucault titulada "El ojo del poder". Tras resaltar el engaño que implicaque no se trate de una nueva traducción de la "célebre" obra de Bentham,sino que "en la Madre Patria se han limitado a fotocopiar la edición de1834", Dessal destaca el "excelente" debate sobre Bentham que lo acompaña, a cargo de Foucault, Jean-Pierre Barou y Michelle Perrot. Finalmente se detiene en el panóptico: "Un principio que resumía en la metáfora deun ojo universal, presencia omnímoda y absoluta, la forma silenciosa ysofisticada que el poder adoptaría como resultado de las nuevas ideas de laRevolución Francesa. La violencia y la opresión físicas se reemplazarían,entonces, por este procedimiento que Bentham, hijo del Siglo de las Luces,inventó combinando los símbolos del ojo infinito, la luz y la transparencia"(Dessal 1980: 16).

Es elocuente que un diario que se rumoreaba era procesista, concibiera el panoptismo como tema de público interés o que ameritaba ser difundido. ¿Atender a que "la verdad misma tiene una historia", como decíaFoucault, era en este caso una forma de criticar solapadamente al régimen?¿O es que un discurso dispuesto para revelar y objetar el funcionamientodel poder disciplinario y la construcción a partir de las luchas del sujeto yel objeto en el conocimiento, terminaba aquí disimulando e integrando cínicamente un diagrama de poder dictatorial? Es difícil, si no imposible,determinar la intencionalidad del diario a este respecto, y no constituyenuestro objetivo. Lo que, en cambio, permite pensar es que quizás, en esaspáginas destinadas a dar cuenta de las novedades culturales e intelectuales, las referencias a las elaboraciones de Foucault no estaban relacionadas con el ejercicio del poder estatal: a nivel social, no parecía haber una asociación directa entre la represión y las ideas foucaultianas.

Hay que decir que el diario negó haber sido fundado por el almirante Emilio Eduardo Massera y que en sí misma no dejaba de parecer ambigua y contradictoria la secuencia de sus publicaciones8 : Desde su sección internacional, Convicción miraba al Este con algo de obstinación, en sucesivas noticias relativas a la Unión Soviética, China y Cuba; en política nacional, se dedicaba mayormente a la cuestión gremial, la condena a la subversión, los planes económicos y las actividades vinculadas a la Junta Militar (especialmente cuando se tratara de actos y/o elocuciones de Massera);las páginas culturales, por su parte, transitaban por intelectuales como BertoltBrecht, Susan Sontag, Gaston Bachelard, el humor popular soviético, elpsicoanálisis o la muerte de Oscar Masotta en Barcelona. Ciertamente,machacaban sobre la "agonía" de la doctrina marxista, por ejemplo en lareiterada voz de los nuevos filósofos franceses que "entierran" a Marx (Delgado 1980). Pero, al mismo tiempo, publicaban notas sobre el "extremismode derecha" en Alemania, o incluso referían a actividades en el Pompidouque promovían la lectura "sin censura". En ese marco, menciones breves aFoucault habían aparecido y aparecerían en diversas ocasiones: los 35 añosde la editorial Paidós, la relación entre Foucault, Derrida y Lacan, la muerte de Barthes, etcétera. El pensador francés, por tanto, no era una referenciacensurada y su cita, aun aquella que denunciaba en cada gesto la opresión yque menos convendría al régimen, aparecía en la prensa escrita.

Ahora bien, más allá de la presencia pública en diarios y revistas,algunos escritos de Foucault también se difundieron durante la dictaduraen grupos de estudio extraacadémicos de estudiantes de filosofía, en baresy en forma de fotocopias clandestinas, en tanto prácticas de lectura concretas y colectivas. En los primeros años 80, El orden del discurso (Foucault1973) circuló junto a lecturas de Marx, de estructuralistas franceses, deLucien Sève y Lucien Goldmann. Esas copias ponían entonces sobre lamesa la cuestión de la política de la verdad, y también la dificultad hasta loimposible de desprenderse de la sombra de Hegel. Si aquellos estudianteshabían encontrado en Hegel un punto de partida para pensar políticamentela relación con el Estado, el significado de la militancia y de las luchaslatinoamericanas de los ’60, Foucault los impactaba ahora y acompañabauna ruptura con aquella visión del mundo9 . Resulta que, de manera evidente, la crítica que emprendía Foucault del marxismo vulgar y la concepciónestadocéntrica de la política comenzaba lenta pero fuertemente a ser unmotivo para repensar la radicalidad militarista de la experiencia política demasas de los años 60 y 70.

Por otro lado, una dimanación interesante se vincula expresamentecon el ámbito académico, en este caso con la Universidad de Buenos Aires (UBA). Allí, ya en 1977, por ejemplo en los cursos de PsicologíaInstitucional de la carrera de Psicología, se trabajaba Historia de la locura en relación con la psicología en las instituciones psiquiátricas, las concepciones históricamente determinadas de la locura y el enfoqueestructuralista10 . Aquella lectura alumbrada por la problemática del poderen las instituciones y el desarrollo del psicoanálisis institucional teje relaciones hacia atrás y hacia delante: por un lado, con lecturas realizadas desde espacios como el grupo Plataforma a principios de los ’70; por otro, lacontinuidad se percibe también en el caso de la Revista Argentina de Psicología en 1980. Vale mencionar que esta presencia habilitaba una difusióncada vez mayor, desde los reductos intelectuales hacia el público masivo.

En definitiva, mientras el nombre de Foucault y la referencia a algunos de sus textos e ideas transitaban por espacios subterráneos y aparentemente sus libros difícilmente se conseguían en librerías, hay que decir quetambién circulaban en periódicos de venta pública y en instituciones comola Alianza Francesa y la UBA. De lo anterior se desprende, entonces, lainexactitud de la inferencia señalada al inicio acerca de la censura que habría podido caer sobre el pensador del poder, las disciplinas y el controlsocial en tiempos de la dictadura. Posiblemente esto remita a un efectohabitual en aquellos años producto de la dificultad de discernir entre loefectivo de la prohibición, por ejemplo de este autor, y el lugar de esasinterdicciones en la vigilancia autoimpuesta por editores y lectores. Dichode otro modo: se desprende que el dispositivo de pensamiento que podemos llamar "Foucault", pese a la asfixia generalizada que provocaba lacensura, tuvo la suficiente capacidad como para manifestarse de manerafluida y serpenteante en múltiples circuitos, espacios y prácticas.

Violencia política, poder y sujeto: el grado cero de la resistencia

Aquella circulación de los escritos del pensador francés en tiemposopresivos pronto comenzaría a brindar una clave de lectura de lo que sucedía en el país. Ciertamente, también Vigilar y Castigar (Foucault 1976)circuló en los tempranos ’80 en las facultades, por fuera de los programasoficiales. La aparición de un análisis centrado en el poder, como el quevenía a ofrecer ese libro, marcaría una apropiación local de las ideas deFoucault determinada por el terrorismo de Estado, amarrada a los dispositivos de represión y control social. Ese texto "era una especie de santo yseña de la resistencia, leído con fervor dado el contexto –afirmaba hace pocos años la historiadora Lila Caimari–. (…) Las imágenes opresivas delpanóptico y las técnicas de control fueron leídas como metáforas de la violencia lisa y llana de la tortura alojada en el cuerpo que el Estado argentinodesplegaba por entonces (…) La adhesión que generó ese Foucault excedíaampliamente la adhesión teórica porque sus descripciones hipnóticas de lastecnologías y dispositivos de represión normalizada, de esas sobrecogedorasmiradas del poder sobre estos sujetos minúsculos que son los depositariosde control, se difunden en esos años oscuros de la Argentina, en los que nohabía que ir muy lejos para encontrar un referente muy concreto a esasimágenes" (Caimari 2005: 15-16). Una lectura que, indudablemente, no podía menos que producir estremecimiento y empatía ante la problemáticacompartida de la dominación social. Una lectura, sin embargo, no exentade tensiones.

Es nítida la imagen del efecto persuasivo y cautivante de Vigilar y Castigar, tanto desde los postulados teóricos como desde la narrativa, paramirar ahí las ejemplificaciones del terror. Pero, ¿había mirado la sociedadargentina de entonces el castigo? ¿Se podía asociar el relato foucaultiano ala información que, por ejemplo en el contexto de la transición a la democracia, empezaba a aparecer en los diarios sobre la tortura y la desaparición? Si la crónica que inicia el libro, la del suplicio de Damiens, el granritual público del castigo en pleno día, podía aplicarse a la situación argentina, esto sólo era así parcialmente, puesto que el castigo constituido por eldolor físico inscripto al cuerpo del supliciado se interrelaciona con el ceremonial público para el ejercicio del poder, que no tenía aquí semejante (enel castigo-suplicio la muerte no es clandestina); y si las minuciosas descripciones de la modalidad panóptica del poder, la receta penitenciaria oculta,gradual, de la docilidad inoculada en pequeñas dosis, no tenían prácticamente correlación posible con el caso argentino, transmitían sí esa representación de una vigilancia constante, de la producción de disciplina, delcuerpo como materialidad y blanco del poder. Pareciera que, aun cuandopudiesen ser fácilmente asidas como ideas compartidas, ni una ni otras se"adaptaban" precisamente a los horrores de la dictadura, a los supliciosimpartidos en los centros clandestinos de detención. Como sintetizabaCaimari, "en los ’70, Foucault nos llegó en francés y traducido al español"(Ibid: 16)11 .

Se trataba entonces de lecturas literales, fascinadas también ante la audacia y la habilidad estilística. Al filo de ese momento de transición a lademocracia que fue en Argentina de una enorme potencia, las lecturas deVigilar y Castigar se hacían, pues, desde un entusiasmo acrítico –la especificidad del contexto de producción de Foucault no era un elemento tomado en consideración–. Algo de lo olímpico de su prosa invitaba a leerlofuera del tiempo y el espacio. Pero habría que aducir y resaltar, por otraparte, lo público de la muerte en esos años, de cadáveres mutilados en lascalles y en las plazas (Calveiro 1998: 149), y reparar en la fuerte impregnación de ese texto como absolutamente solidaria al contexto argentino: apenas leer las páginas de la tortura aplicada a Damiens podía llegar a ser unmodo de presentificar, acaso de acompañar, la tortura real.

Así, mientras a un nivel más amplio y generalizado de la sociedadargentina parecían no encontrarse asociaciones directas entre la represión ylas ideas foucaultianas –aparente ausencia de tensiones que permitía que sunombre circulara incluso en diarios vinculados a miembros de la Junta Militar–, en otros sectores, más reducidos, tenían espacio lecturas que hallaban nexos evidentes entre ese libro y el contexto local. Es que en aquelmomento político de disponibilidad sorpresiva y simultánea de información sobre los años inmediatamente anteriores, Vigilar y Castigar podíaexpresar también ese clima de denuncia compartido, de desenmascaramiento y el espíritu de ir a contrapelo de la idea consagrada de la prisión comoforma de castigo liberal y de avanzada12 . En definitiva, para quien tuvieselos ojos abiertos, Foucault era una usina central para comprender y actuaren la desquiciante realidad local, más aún considerando que provenía de laarraigada y familiar tradición crítica cultural francesa.

Es en el campo jurídico donde el efecto de las elaboracionesfoucaultianas puede verse claramente. Si acaso Foucault supo definir a laley como una simple gestión de los ilegalismos, esa fórmula que en Franciapodía resultar ingeniosa aquí se parecía dramáticamente a la violenciadescontrolada del Estado. A fines de los años 70, un marxista althusseriano como Enrique Eduardo Marí ofrecía en la Alianza Francesa alguna charlasobre Vigilar y Castigar. Sobre ese hecho, recordaba Tomás Abraham: "Una gacetilla en un diario (en 1979) hablaba de una conferencia de Foucaulten la Alianza Francesa. No me parecía cierto que Foucault llegara al paísdurante la dictadura y por mis pocos contactos en Francia nada hacía previsible su visita. Llamé por teléfono y me dijeron que un abogado y filósofo, el doctor Marí, daría aquella tarde una conferencia sobre la obra deMichel Foucault y que el anuncio había deslizado un pequeño error. Cuando llegué, me encuentro con una sala con unas siete u ocho señorasenfundadas en pieles y alguno que otro señor" (Abraham 2001). A continuación, aludía así a uno de los oyentes presentes en aquella ocasión: "(…)Enrique me comentó que lo había enviado la SIDE para averiguar algosobre él y su discurso. Como no entendió nada, Enrique me decía, risueño,que el hombre lo había llamado por teléfono para pedirle algunas pistassobre la conferencia porque no lograba elaborar su informe (…) En aquellaépoca (yo) daba clases sobre Foucault en la Asociación de Psicólogos deBuenos Aires y le sugerí la posibilidad de tender puentes entre nuestrasislas. Eran tiempos de terrorismo de Estado, en que transmitir pensamientos del estilo de los de Foucault era riesgoso. Nos alegró saber de nuestramutua existencia" (Ibid). Aun con las inexactitudes y los inevitables remiendos que el ejercicio de la memoria opera sobre los recuerdos, no dejade ser significativo el testimonio al dar cuenta de la presencia pública deFoucault y de un sistema de control cultural en esos años que, en ocasiones,podía llegar a ser tan capilar como ineficaz.

En relación también con Vigilar y Castigar, Marí participaría pocodespués, en 1982, en la obra colectiva El discurso jurídico y en el PrimerCongreso Internacional de Filosofía del Derecho de La Plata, proponiendoreponer la lectura teórica de Jeremy Bentham en los textos de Foucault y deLacan. Algunos de esos aportes, que alertan sobre la necesidad de atenderal carácter específico del pensamiento de Foucault, están reunidos en La problemática del castigo, gestado en estrecho vínculo con los debatespolíticos de la transición a la democracia. Desde la filosofía del derechopenal, Marí presenta ahí una obra erudita y precursora en la aplicación detesis foucaultianas al campo jurídico local: recuperando la originalidad deBentham, ante la idea extendida del "panóptico de Foucault", el libro estádedicado al discurso del radical inglés y a su lectura por Foucault. Acuciado por el ejercicio del castigo "como una reminiscencia de la barbarie escondido en la ideología de la seguridad nacional y otros eufemismos",este abogado y filósofo señala la diferencia que implica que en el castigo-suplicio se inscriba el dolor "al cuerpo del supliciado en un ceremonialpúblico en el que la justicia se manifiesta en su fuerza (…) Nada de doloreshurtados al oído público ni de cuerpos desaparecidos a la mirada" (Marí1983: 164-165).

Hay al menos dos elementos que ameritan ser subrayados en estetrabajo. Por un lado, la extensión que Marí practica de los enunciados deFoucault respecto del discurso del poder (sobre todo desde La voluntad de saber, pero no sólo) hacia el discurso jurídico. La regla de la polivalenciatáctica de los discursos y la idea de que cada sociedad tiene su régimen deverdad traman sus propios enunciados en función de demostrar que lo esencial del problema del castigo se vincula a que "los argumentos morales quelo justifican, y su autoreclamada racionalidad, no tienen un campo de asignación inmóvil sino dependiente de la posición estratégica en que las respectivas tesis (retribucionista o utilitarista) se sitúen"13 . En ese sentido, a través del ejemplo de Luis XVI y los discursos pronunciados en la Asamblea General a favor de la pena de muerte, analiza cómo esa sociedad habíacambiado su "política general" de la verdad. Como ya lo ha señalado lasocióloga e historiadora Dora Barrancos: "Marí agregó otros discursos a laanalítica de Foucault en orden a observar cómo se alteraban (y alternaban)motivos utilitarios y redistributivos en la posición estratégica, entre ellos los discursos de Fouché y Saint-Just (…) Es más, Marí pudo observar queFouché se había pasado a una y otra posición (justicia y didactismo, ambosbeneficios serían ofrecidos por la condena a muerte del Rey) ofreciendo laprueba de la posición estratégica del nuevo discurso de la verdad" (Barrancos 2005). Así, Marí apuesta finalmente a que, más que una analítica delas tesis retribucionista y utilitaria, habría que apelar a una "economía política" de la verdad de ellas, "a sus instancias y mecanismos de aplicación, asus condiciones de aparición y funcionamiento" (Marí 1983: 95).

En relación con lo anterior, un segundo elemento a destacar parte desu formulación de la siguiente pregunta: "Y si al entrar con Bentham loscuerpos en el panóptico, entran con ellos las fuerzas del castigo y las fuerzas de la economía en su noción más lata, la aplicación del diagrama dearquitectura al discurso utilitarista penal de Bentham, por parte de Foucault,¿lo iba a dejar intangible, o por el contrario, lo retraduciría sacándolo delmarco habitual de una teoría de justificación jurídica o moral del castigo?"(Ibid: 202). A partir de ella, expone la claridad con que encuentra en Foucault(el de Vigilar y Castigar) la comprensión de la irrupción de una nuevatecnología del poder, una tecnología del cuerpo, una historia política de loscuerpos y su disciplinamiento, menos una economía política que una anatomía política, el castigo al costado del discurso jurídico y moral14 . Y es más, termina por plantear el fracaso del modelo panóptico, de esa gran utopíadel iluminismo de la transparencia en las prisiones y en la sociedad15 : "Después del panóptico no prevaleció en las cárceles la disciplina-producciónde Bentham, ni la disciplina de Foucault, sólo permaneció la vieja, la únicadisciplina. La prisión permaneció en sombras. El castigo sumió a la sociedad en sus formas sociales y políticas más aberrantes y sombrías" (Ibid).Aquí, como en los otros escritos de Marí, su apropiación de Foucault estátrazada por la presencia de los cuerpos humillados y el sufrimiento de losantepasados.

Para entonces, Marí ya había publicado su texto sobre el crimen dePierre Rivière, caso que había ganado en París nueva actualidad a partir desu relectura y debate. Ahí, Pierre Rivière constituye, para Marí, un modo deanticipar la historia de las prácticas penales en relación con la anatomíapolítica más que como efecto de las teorías jurídicas, y establece ya unaderiva estimulante: "Estos análisis (los de Foucault en Vigilar y Castigar o bien en La voluntad de saber) de desciframiento del doble juego poder-saber pueden arrojar valiosas sugerencias sobre la forma de composicióndel discurso jurídico, en el sentido de la tesis que he propuesto sobre laexistencia de una distancia y una ruptura entre el proceso de producción yel producto jurídico. Para ello tendremos que violentar el marco que elpropio Foucault fijó en su investigación" (Marí 1993: 256-257).

Practica, así, una extensión del análisis de Foucault más allá de su región de origen, partiendo por ejemplo del caso Rivière como conjunto desugerencias sobre la forma de composición del discurso jurídico y comocontribución crítica para la teoría jurídica. Es muy interesante cómo, unavez más, con rigor y erudición, pone en relación a Rivière –especialmenteun aspecto de su biografía: su sadismo hacia animales y niños– con un casode la criminología argentina, olvidado en los archivos: el de Cayetano Santos Godino. ¿Qué tiene para decir el "Petiso Orejudo"16 ? ¿Cómo se construye y metamorfosea el discurso jurídico a través de batallas?

La tesis que traza el trabajo es la ausencia de uniformidad y de homogeneidad semántica en el discurso jurídico, discurso que se constituyeen un proceso discontinuo donde intervienen y se entrecruzan con él otrosdiscursos. Así, "entre el proceso de formación y el producto-final formadohay una ruptura, una distancia, una brecha" (Ibid: 289). Lo que lleva aconcluir que "la verdad del resultado no es una verdad metafísica, no hayverdad ni por descubrimiento de la esencia del sistema ni pordesencubrimiento. Tampoco es una verdad verificacionista. (…) Es unaverdad producto de una lucha en el seno de una relación conocimiento-poder (…) una verdad redondamente racional. Representa la racionalidad de una sociedad en un momento dado de su desarrollo, el conjunto devalores e ideología de una estructura político-social que no siempre coincide, y sobre todo en los casos límite, con el sistema jurídico que la expresa"(Ibid: 282). Al fin, pues: "El discurso jurídico debe comprenderse y evaluarse no sólo por lo que descarta de sí sino por lo que atestigua con esaexclusión (…). El discurso jurídico es en gran medida un discurso clandestino" (Ibid: 290)17 .

Pero esta sintomática presencia en el discurso jurídico partía incluso de la cárcel misma. En 1978, Emilio de Ípola preparaba desde el exiliomexicano una primera versión de La bemba. El texto, elaborado a partir de la experiencia de su secuestro y detención por un comando del Primer Cuerpodel Ejército durante la dictadura militar, se proponía describir el modo defuncionamiento del rumor en la cárcel política. Escrito mayormente olvidado, La bemba no pretendía formar parte de la literatura de denuncia referida a esa época sino que se presentaba como un intento de análisis del fenómeno discursivo constituido por esa expresión cubana que designa al rumor, esos "fragmentos de un discurso desarmado y precario. Frases transmitidas de celda a celda, de pabellón a pabellón, e incluso de prisión aprisión (…) Pero, sobre todo, exorcismos contra la ignorancia, ladesinformación, la incertidumbre" (De Ípola 2005: 16). Años después discernía que se contenía ahí una "única preocupación teórico-metodológica;a saber, la de pensar el estatus específico (otros dirían ontológico) de lodiscursivo en el universo de lo social-histórico" (Ibid: 12). El hecho de queél fuera parte de aquello que se disponía a analizar le valió cuestionamientossobre la falta de "rigor científico", por ejemplo, o acerca de incurrir, a partir de su propio punto de vista, en generalizaciones: "Me tomé a mí mismocomo encarnación de la figura del Panóptico (un Panóptico idealizado, capaz de ver inclusive lo que no era visible), es decir, como encarnación deaquella misma figura que yo había descartado –y, para ser sincero, sigodescartando– para dar cuenta de la principal modalidad de ejercicio de lavigilancia carcelario-política" (Ibid: 9)18 .

Dedicado a los presos políticos de la dictadura militar –detenidosen su mayoría en el marco del estado de sitio que rigió desde octubre de1974–, el filósofo y Doctor en Ciencias Sociales describía ahí características de la producción, circulación y recepción de las bembas en el tiempo yel espacio carcelarios. Para ello, remitía a Foucault y a Goffman19 , en relación especialmente con el funcionamiento del sistema carcelario a que seencontraban sometidos los presos políticos en Argentina, la violencia físicay la más sutil producida por la desinformación sistemática de los detenidosy garantizada por un conjunto de prácticas (de las requisas, pasando por laprohibición de hablar con los guardias o de reunirse en grupos numerosos,al traslado o la rotación del personal de vigilancia). Se aludía, también, alejercicio sistemático de "una vigilancia constante, silenciosa y alerta (y amenudo invisible para los presos)" y a que esa "disimetría reglamentadaentre un desconocimiento y un saber que se quieren, ambos, integrales (ysobre lo cual Foucault ha dicho lo esencial) parece asumir, en las cárcelespara detenidos políticos, características especiales" (Ibid: 25)20 . Finalmente, describía las técnicas para contrarrestar esa vigilancia que se quiere invisible, las brechas que permiten vigilar a quienes vigilan y crear circuitosde comunicación clandestinos: las bembas podrían, en un sentido, constituir "el grado cero de la resistencia interna de los presos políticos a ladesinformación erigida en sistema; la forma primera y más elemental deoponerse materialmente (y colectivamente) a la violencia de la incomunicación regimentada" (Ibid: 59).

Ciertamente, aquí podemos encontrar una suerte de clave del período. Por un lado, en la Argentina de aquellos años pensar en la disciplinacarcelaria tenía poco de la reflexión que podía elaborarse plácidamente desde el Quartier Latin y mucho de la opresiva puesta del cuerpo en lacárcel misma de manera violenta. Por otro, así como el espacio público seencontraba bajo un estricto sistema de control, la resistencia adquiría loscontornos del rumor carcelario aun a la luz del día; obligada a la clandestinidad, la libertad seguía su curso21 .

Conclusiones

Una cada vez más amplia recepción de Foucault se evidencia a partir de comienzos de la década de 1980, cuando la circulación de alusiones al pensador francés se torna sistemática. En los años de la postdictadura seafianzará notablemente en un vasto sector del campo intelectual el interéspor sus textos. Las palabras clave y la cita foucaultianas pasarán a formarparte ya de una suerte de moda intelectual; en el peor de los casos, de unlugar común profusamente disciplinado22 ; en el mejor, de una referenciaineludible para entender la entera época por la que aún se transitaba.

Antes de eso, hemos procurado aquí seleccionar algunos casos conel propósito de reconstruir un momento de la recepción argentina de lasobras de Michel Foucault. En esa búsqueda encontramos un conjunto decirculaciones, mediaciones y usos que permiten afirmar que el nombre y lacita foucaultianos tuvieron su espacio en tiempos de la última dictaduramilitar argentina. Como tuvimos ocasión de exponer, se trató de apropiaciones que no fueron unívocas y que estuvieron siempre permeadas por lacoyuntura local, de modos de lectura y usos que se han perpetuado hasta elpresente y que van de los más reproductivos a los profundamente críticos.Foucault los permite todos. Como deriva reproductiva, se encuentranoperatorias del poder y panópticos en dondequiera; en su arista crítica, seentiende la necesidad de matizar la capacidad real de las instituciones decontrol social y se intenta atender a las especificidades del contexto argentino. En uno y otro caso, asistimos a la representación del pensador francéscomo historiador del castigo y el encierro, como pensador de una nuevaradicalidad política crítica de la dominación, en el que se condensa la imposición de la dictadura militar y la crisis de las esperanzas revolucionarias, pero casi siempre abonando las estrategias de construcción de la sociedad civil.

Por otra parte, frente a la imagen de la dictadura como "edad oscura", vale subrayar las resistencias que continuaron pensando en condiciones ciertamente hostiles; un pensamiento no carente de nuevas elaboraciones. Puesto que, si a partir de los primeros ’80, las lecturas de Foucaultsalen con fuerza a la luz es, también, porque ya venían siendo elaboradasen el contexto de la dictadura. Así, intentamos atender a qué sucede con elespacio público en condiciones de opresión total, de cara a lo real del encierro, cuando el mismo está negado. Ante las dificultades que acarrea verlo nítidamente en el contexto de la dictadura, lo hemos rastreado en los libros, los programas universitarios, las menciones entrelíneas. Y lo encontramos incluso en instituciones, diarios y encuentros colectivos. Su presencia fue tan "visible" como "clandestina". En este sentido, podría decirseque el espacio público aún se palpaba, y si en buena parte los usos deFoucault tenían la forma de "estructuras sumergidas de la acción" (Melucci1994), al borrarse las condiciones generales de opresión emergerán contoda su fuerza. Prueba de ello es que Foucault así como el enteropostestructuralismo han sido claves en la narrativa emancipatoria del campo político-cultural latinoamericano de la postdictadura.

 

Notas

1 El tiraje promedio estuvo entre 3,8 y 4,7 (miles) entre 1976 y 1980, mientras que entre 1971 y 1975 oscilaba entre 6,3 y 10,1 (miles). Es posible visualizar la disparidad de la producción de libros entre Capital Federal y las provincias teniendo en cuenta que, mientras entre 1980 y 1983 en la primera se producían alrededor de 4 mil libros, en las provincias la cifra rondaba los 400. Otro dato interesante para ese período es que el 16,5% fueron títulos traducidos de otros idiomas; de ellos, el 17,7% correspondió al idioma francés (798 títulos en el período 1980-1984) (Getino 1995: 56-60).

2 La oficina local de la editorial Siglo XXI, en Perú 952, fue allanada el 2 de abril de 1976 por un grupo de tareas de la Marina.

3 La revista fue inicialmente pergeñada en Buenos Aires por Carlos Altamirano, Ricardo Piglia y Beatriz Sarlo en coincidencia con dirigentes de la izquierda revolucionaria. Vale subrayar que, en esos años oscuros, se trataran en sus números temas relacionados con las ideologías contemporáneas en donde, sin dudar, hacían circular también a Marx y el marxismo.

4 Los artículos que Vezzetti produce en estos años se vinculan con La locura en la Argentina, libro que publicará en 1983 por la editorial Folios. Entre otros, "Ideología y psiquiatría: nacionalidad, raza, disciplina social" (Punto de Vista 1982), o los textos que elabora también durante este período para la Revista Argentina de Psicología. Además, el comentario de El amor del censor, de Pierre Legendre, donde a través de la relación entre poder y deseo remite en este caso a Vigilar y Castigar y postula que la "afinidad con textos de Deleuze y Foucault salta a la vista" (Punto de Vista 1981: 32-35). Además, es interesante señalar que Vezzetti participa de La Escuelita, escuela de enseñanza privada de arquitectura gestada desde la sociedad civil y que funcionó durante los años de la dictadura militar ofreciendo los cursos que, entre otros, dictaban Beatriz Sarlo y Francisco Liernur. En ese contexto, Vezzetti dicta en 1982, por ejemplo, el curso titulado "Michel Foucault: Para una analítica del saber y el poder".

5 En 1981, hacia el final de este período, por ejemplo, la distribuidora Catálogos publicita la edición española de Esto no es una pipa. Ensayo sobre Magritte.

6 Sitio fue una publicación periódica porteña que circuló entre diciembre de 1981 y noviembre de 1987, y cuya redacción estuvo compuesta por Ramón Alcalde, Eduardo Grüner, Jorge Jinkis, Luis Gusmán, Mario Levín, Luis Thonis. En el segundo número se sumaron Héctor Grifasi y Hugo Savino. Entre sus colaboradores se encontraba Néstor Perlongher.

7 Emilio Eduardo Massera fue Comandante de la Armada Argentina y uno de los hombres del régimen militar con mayor poder.

8 Se enunciaba ahí que el periódico había sido fundado por Hugo Ezequiel Lezama, junto con un "grupo de periodistas profesionales, Héctor Grossi, Mariano Montemayor y Julio Ardiles Gray". Y se afirmaba: "Sólo nos propusimos ejercer la docencia cívica y ser observadores críticos del gobierno, pero desde adentro del Proceso de Reorganización Nacional y no fuera de él" (Convicción 1980).

9 Comunicación personal con Susana Murillo, 23/12/2008.

10 Foucault comparte ahí la bibliografía con Freud, Goffman, Piaget, Bleger, Ulloa y otros. El profesor titular de Psicología Institucional en ese momento era Luis M. Bick.

11 En este sentido, podía ser todo un símbolo, si se quiere, la misma edición de tapa negra, frente a la blanca y limpia de la prestigiosa casa Gallimard.

12 Comunicación personal con Lila Caimari, 28/05/2009. En relación con lo anterior, señalemos precisamente, entre los movimientos de la universidad tras la dictadura, la creación de la "Universidad en la cárcel".

13 A la hora de especificar, tal como las define Marí, la tesis utilitarista apela a las consecuencias valiosas del castigo (disuasión, prevención, reforma), en tanto que la retribucionista justifica el castigo en razones de justicia (retribución o reparación de una acción). De ese modo, retribucionismo y utilitarismo, "según los fines políticos o de organización social que se persigan, pueden operar ya sea aislados y contradictorios o bien combinados y comprometidos en la misma acción (…) Para comprender a fondo el valor de las tesis retribucionista y utilitarista, hay que verlas en sus condiciones de aparición y realización, y no como meros discursos consumados". Enseguida introduce el discurso del poder foucaultiano para aplicarlo a estas tesis centrales, sugiriendo hacer de ellas esta lectura: "No hay que imaginar un discurso utilitarista aceptado y otro retribucionista excluido –o a la recíproca– que estuviesen insertos siempre en la misma estrategia. Hay que restituirlos con lo que acarrean de cosas dichas y ocultas, de enunciaciones requeridas, complementarias o prohibidas, con las variantes y los cambios que suponen quién habla, su inscripción en el poder y el contexto institucional en el que se halle colocado el portador del discurso" (Marí 1983: 85-86).

14 Para Marí, si el retribucionismo se preguntaba por qué se castiga (con vistas al pasado) y el utilitarismo para qué se castiga (con vistas al futuro), Foucault se pregunta cómo se castiga (con vistas a las condiciones históricas de constitución de esos discursos, sin echar mano para responder de discursos jurídicos o morales) (Ibid: 172).

15 "Las utopías –dice Marí–: tanto más justas cuanto más imposibles, tanto más imposibles cuanto más justas" (Ibid: 202).

16 Cayetano Santos Godino, más conocido como el "Petiso Orejudo", fue responsable del asesinato de una serie de niños a comienzos del siglo XX.

17 Otro ejemplo de su traslación de postulados foucaultianos al análisis local está presente en su "José Ingenieros: el alienista, su loco y el delito", publicado inicialmente poco después, en 1981. A partir de Historia de la locura, Marí piensa allí las características y la temporalidad de dos universos de relación entre locura y experiencia: uno, el de la locura inscripta en un universo de experiencia cósmica, dice Marí, que sería en Foucault la locura trágica del mundo; otro, el de la locura en el universo de la responsabilidad individual, la locura que "pasa de la Naturaleza a la Sociedad" (Marí 1993: 185). A partir de los cambios del estatuto social y antropológico de la locura, analiza la irrupción de la figura del alienista y el rol de José Ingenieros en la psiquiatría y criminología argentinas.

18 De Ípola refiere a algunas de estas cuestiones en la introducción y, ante los supuestos discutibles del texto, recuerda el "carácter modestamente descriptivo" del mismo. La bemba fue publicado inicialmente en Ideología y discurso populista (1982).

19 La referencia a Foucault le servía para enfatizar que la violencia contra el cuerpo no está ausente incluso en los regímenes carcelarios más avanzados. En cuanto a Erving Goffman, aludía al concepto de "instituciones totales" y subrayaba la "mortificación del yo a través del cuerpo". Quedaba así manifiesto el efecto de Vigilar y Castigar y de Internados. Ensayos sobre la situación social de los enfermos mentales que "han sido de suma utilidad paraeste trabajo" (De Ípola 2005: 19).

20 "La cárcel política lleva a sus últimos extremos los mecanismos que aseguran una distancia máxima entre el saber de las autoridades y la ignorancia de los detenidos" (Ibid: 26). DeÍpola recalcaba aquí la diferencia, sustentándose en la cita a Foucault, entre la prisión política y la cárcel para presos de derecho común: mientras en la última sería posible "detectar una funcionalidad positiva", en la primera se haría evidente la "incapacidad de la autoridad político-militar de funcionalizar positivamente la ilegalidad política. A consecuencia de lo cual, la cárcel política se agota casi enteramente en sus funciones negativas" (Ibid: 28-29). No todo preso era considerado por el autor como político.

21 Finalmente, quisiéramos apenas apuntar algunas referencias, entre otras, que se relacionan con las problemáticas de este período. Por ejemplo, también desde México el sociólogo argentino Ernesto López, entonces investigador de FLACSO, trabajaba sobre Vigilar y Castigar en el artículo titulado "El poder disciplinario de Foucault" (1979). Ahí establecía la centralidad y la importancia de la investigación del poder disciplinario al tiempo que señalaba el hecho de que las disciplinas han sido ignoradas por la mayoría de los historiadores y científicos sociales. Oscar Terán, por su parte, editor de la revista Controversia y uno de los precursores en la introducción de Foucault en la historia de las ideas latinoamericana, elaboraba una serie de escritos estrechamente relacionados con los postulados del pensador francés, que iban desde la presentación de sus ideas hasta análisis en los que las mismas operaban con fuerza.. Por ejemplo, escribía en México la primera versión sobre la obra de José Ingenieros (1979) donde interviene su lectura de Vigilar y Castigar. También desde México, presentaba y compilaba El discurso del poder (1983). Por último, aun cuando no se hiciese explícito, ese clima de época vinculado con las elaboraciones de Foucault podría también pensarse presente en textos como "La rebelión del coro", de José Nun (1984).

22 En palabras de Dora Barrancos: "El abuso de las nociones foucaultianas amenaza con transformarlas de instituyentes en instituidas, deriva que hubiera estremecido a su autor. Pero insistiendo en el abuso, a menudo la apelación a sus categorías da la impresión de maniobras reificantes que exhiben una fetichización del autor" (2005). En el mismo sentido corrían las frecuentes alusiones que Terán hacía en los últimos años a la "máquina Foucault".

 

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Entrevistas

Dra. Susana Murillo, filósofa, 23/12/2008.

Dra. Lila Caimari, historiadora, 28/05/2009.


Recibido: 15.02.2012 Aceptado: 11.03.2012

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