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Polis (Santiago)

versión On-line ISSN 0718-6568

Polis vol.11 no.32 Santiago ago. 2012

http://dx.doi.org/10.4067/S0718-65682012000200004 

Polis, Revista de la Universidad Bolivariana, Volumen 11, Nº 32, 2012, p. 55-66

LENTE DE APROXIMACIÓN

 

Por una Ética de la Gestión Pública

For an Ethics of Public Management

Por uma Ética da Gestão Pública

 

Juan Félix Burotto Pinto*, Francisco Ganga**

*Universidad de Los Lagos, Santiago, Chile. Email: jburotto@ulagos.cl

**Universidad de Los Lagos, Santiago, Chile. Email: fganga@ulagos.cl

 


Resumen: La mayor complejidad para acercar la ética y la gestión públicaes el desconocimiento epistemológico de la naturaleza no científica de losconstructos que intentan hacer una reflexión seria de los quehaceres que les ocupan. En el trabajo se indagan las posibles ideologizaciones que se alojan tanto enuna y otra disciplina, para proponer, a guisa de apuesta, que si se asume la inmersión de ambas en el discurso capitalista se las flexiona a favor del primero. Sólo lasubversión del espíritu crítico haría posible remontar los individualismos, previoreconocimiento de la esencia cultural de lo humano, para, desde allí, encontrar lasvinculaciones más legítimas posibles, lo que se ejemplifica con los ingenios filosóficos de Margalit y Freud.

Palabras clave: discurso capitalista, epistemología, sujeto, ideología, saber amo, sociedad decente, morbido, libido.


Abstract: The increased complexity in order to link ethics and governanceis the epistemological ignorance of the unscientific nature of the constructs that tryto make a serious analysis of the activities in which they get involved. In this paperwe investigate the possible ideologizations that dwell in both disciplines, in orderto propose, as an hypothesis, that if we assume the immersion of both in the capitalistdiscourse, they are bended in favor of the first. Only the subversion of the criticalspirit would make possible to overcome individualism, previous acknowledgementof the cultural essence of what is human, in order to, from there, find the links most legitimate possible, which is brought to example with the philosophical wit ofMargalit and Freud.

Key words: capitalist discourse, epistemology, subject, ideology, masterknowledge, decent society, morbid, libido.


Resumo: A crescente complexidade para aproximar a ética ea gestão pública é o desconhecimento epistemológico da natureza nao científica das construçõesque tentam fazer uma reflexão séria dos problemas que lhes ocupam. No estudoforam investigadas as ideologizaciones possíveis que ficam tanto em uma e outradisciplina, para propor, por meio de aposta, assumindo que a imersão de ambos em o discurso capitalista opera a favor da primeira curva. Apenas com a subversãocrítica seria superada o individualismo após o exame da essência cultural do serhumano, para, a partir daí, encontrar os nexos mais legítimos possíveis, o quemostra-se em os pensamentos de Margalit e Freud.

Palavras-chave: discurso capitalista, epistemologia, sujeito, ideologia,sociedade decente, mortido, libido.


 

Introducción

Uno de los temas de mayor complejidad que se pueden abordar dentro de los marcos de una epistemología operacionalizada con rigor es elque nos interesa. y entre las complicaciones no menores está la vastedadtextual que se ocupa de la vinculación, a la postre, semiótica de ambossignos, la ética y la administración pública o, si se prefiere, la gestión pública. En la presente apuesta, se ha renunciado deliberadamente a laefectuación de un estado del arte del asunto, por su eventual longitud oporque en su brevedad abortaría el propósito de hacer sentido con dichamirada. Antes bien, se ha intentado reflexionar sobre ambos constructos culturales y de su unión, para advertir de las variadas impropiedades quepueden devenir de una consideración apresurada de sus naturalezas. Es deeste mismo ángulo desde donde se puede observar las posibilidades paraun desborde de discursos meramente retóricos casi omnipresentes en tantose mencione a lo ético o a la Ética como uno de sus articuladores, relevando el papel de una ética anudada a la gestión pública, cuestión decisivapara proyectar nuestros países a niveles de desarrollo real, en la superaciónde mitologías cargadas de auto referencia.

Cuestiones de sujeto y objeto

Cuando se aborda la expresión ética surge un problema semióticomás que inquietante: ¿qué es la ética? La polisemia del término es indubitable o, en una perspectiva todavía más abstrusa, si se acepta de acuerdo aLacan la primacía del significante sobe el significado (S/s): la ética como Ste. desliza bajo sí un multiplicidad de significados. En efecto, la penetración de un enunciado en que se contenga la expresión ética evoca inconscientemente ora el tema de la no resuelta cuestión de ética versus moral, la ética como una disciplina que estudia lo moral, la ética como un programaaxiológico o, "last but not least", un reenvío a la codificación o codificaciones éticas presentes o mentadas como necesarias en su ausencia. Contodo, es imprescindible anotar que el peso del significante que nos ocupa esenorme, pese a su polisemia, y se hace gravitante e insistente en los discursos contemporáneos.

Un breve resumen de nuestras investigaciones, básicamente desarrolladas a propósito de los Congresos de la Sociedad Chilena de Enseñanza de la Ingeniería (Burotto, 2001 2004, 2005, 2006, 2007) apuntan aentender que desde los albores de la ética en tanto cuanto disciplina con losaportes platónicos y de Aristóteles, existía una dificultad no menor paraque dicha disciplina adviniera a un estatuto científico, basculando, como lo insinuáramos más arriba, entre la idea de constituirse en un corpus de investigación – cual sujeto – de una sociedad que maneja valores o constructosmorales- conjunto de objetos – y, del otro lado, en hacer una serie de proposiciones axiológicas para llegar constituir un programa de lo que debeser. Eclipsada esta visión en el Medioevo bajo la intensa visión de la Escolástica, la idea de una disciplina cede, en el hecho, a la instauración de unaserie de programas morales que por de pronto eran, acordes con losparadigmas que a la sazón articulaban una teología como supremo saber –tributarias del ideario cristiano: la generación de la institucionalidadinquisitorial, pese a nuestra perplejidad actual, puede haberse hecho factible ante una identificación de lo ético con lo religioso, factor éste que,adicionalmente, era apuntalado por la fuerza.

El arribo del antropocentrismo y los trabajos de Descartes y Bacon,el nacimiento de la burguesía y la transformación del modo de producciónfeudal, la bienvenida a la razón como el "summum bonus" de los quehaceres humanos, hicieron el pasaporte a la modernidad; desde la cátedra y enmás de algún texto hemos propuesto que ésta se soporta en cuatro pilaresbásicos, a saber, la omnipresencia de un yo autónomo, o un yo imperialista – "cogito ergo sum" –, la noción de que a la humanidad le acompañará unprogreso insoslayable; la ciencia como proveedora de certezas definitivasy, finalmente, la ética como disciplina y programa universal y universalisable.Con el tiempo transcurrido desde que estas reflexiones fueron pergeñadas,no nos asalta ni la menor duda que más allá de la validez que pudiereotorgársele al cuaternario producido éste se constituye en un sistema sincompartimentos estancos entre sus elementos: las ciencia como constructora de certezas es impensable sin la idea de una razón omnipotente o sin elacicate de un progreso en perpetuo ascenso o la idea de una ética universalsin una apuesta por un yo plenamente autónomo o sin una historia conducida por el progreso – en donde por lógica y obvia consecuencia si yo estoyen una cumbre tengo derecho a especular a despecho de las creencias dequienes he superado y, por lo mismo, estoy en condiciones de endilgar porlos rumbos de mis convicciones que, además, en su racionalidad declaradapudieren aspirar al estatuto de ciencia. Es Immanuel Kant, el que lograconfigurar este proyecto en donde se reemplaza el bienestar aristotélicopor el bien, condenando cualquier afán empírico en pro de levantar un encomio ideológico al deber ser.

De alguna manera, es posible convenir que la modernidad a partirde cierto lapso, en los comienzos del siglo XX, empieza a experimentar lavulnerabilidad de sus cuatro basamentos o, expresado de otra manera, laerosión de los mismos. El yo autónomo se flexiona violentamente en eldiscurso freudiano, con la consolidación del mismo en la relectura hecha a partir de la década de los 50 por Jacques Lacan. La ciencia como sabersupremo se disuelve con las alteraciones profundas de la cadena de lasinvenciones modélicas que podrían ser alegorizadas en la figura ejemplarde Kurt Gödel, con los respaldos epistemológicos de Thomas Kuhn, KartPopper, Michel Foucault o Edgar Morin. La noción de progreso auto persuadida de que la humanidad va de un menos a un más, podría ser cuestionada con una lectura de trabajos sobre la cultura, verbigracia, de ClaudeLévi-Strauss.

Finalmente, la ética kantiana recibe un primer espolonazo teóricoconsiderable en la contundencia de la escritura nietzscheana con una postura que plantea a la moral a merced de los cambios paradigmáticos de lacultura vehiculados al través de los significantes y los deslizamientos a losque aludíamos más arriba. Esta primacía del significante es precisamenteantipódica a las proposiciones de Kant en las que se apuntaba a la lógica deun significado perenne amarrado en el deber ser.

Rematemos con el tema ético-moral: en lo factual, las tres grandescatástrofes del siglo veinte, las dos guerras mundiales y sus desoladorasparticularidades y el estalinismo terminan por erosionar la idea de un programa ético universalisable o, escrito de manera distinta, la ética kantiana –o todas aquellas con pretensiones hegemónicas– revela que a nivel general ha perdido toda vigencia. Sin embargo, cabe destacar que a nivel de losindividuos tributarios de las influencias ideológicas actuales, ciertos perfiles de dicha construcción cultural siguen perfectamente vigentes.

Lo anterior, obliga a un pensamiento acaso obligatorio: si bien escierto que la modernidad a nivel epistemológico parece sobrepasada, en elplano ideológico en el sentido peyorativo enunciado por Richard Geuss –ideología es aquí aquella que apuntala a un sistema de poder opresivo– ellasigue persistiendo a lo menos en la creencia en un progreso indefinido y enun apego a una ética que desde su raíz kantiana parece favorecer un indudable individualismo, al menos en vastos sectores de occidente.

Volviendo a mediados del siglo XX, ante la devastación de una éticasostenible para un mundo extenuado ante el fenómeno, se implementan dossalidas. La primera, de orden político, consiste en reflotar la idea de uncatálogo jurídico de orden planetario que pudiese impedir la repetición decatástrofes tales como la "Shoá" o las mismas guerras mundiales, lo quequeda reflejado en la Declaración Universal de los Derechos Humanos,suscrita unánimemente por los, a la sazón, representantes de la totalidad delos países de las Naciones Unidas, el 10 de diciembre de 1948. Tal catálogopor razones de soberanía nacional no recibió sino un apoyo parcial y fragmentario de las legislaciones particulares y no ha permitido la plena instauración de un tribunal internacional que condene las violaciones de los DDHH –de otro lado, abundantes y dramáticas hasta la fecha– con lo cual sueficacia ha sido en alguna medida menor. Con todo, es una pieza de ética degran interés y que significa un referente constante en el plano moral con elvalioso correlato de organizaciones no gubernamentales y movimientosnacionales e internacionales.

En el plano del pensamiento, los emprendimientos más importantesen orden a escapar del anudamiento de lo ético moderno han sido los deMartin Buber y Emmanuel Lévinas, quienes, partiendo de convicciones nosiempre idénticas, han entregado como imprescindible la necesidad de una ética dialógica en donde el yo sólo cobra sentido frente a tú (Buber) o endonde yo soy el responsable de todo otro (Lévinas). Se trata de advenir alsentido sí y sólo si el otro está plenamente legitimado en el discurso de lamismidad de quien le acompaña como habitante de un topos ineludible, el mundo.

Esta gruesa reflexión antecedente para quebrar todo intento de idealización de lo ético y para entender, quizá, que es imposible usar elsignificante ético o ética sin la obligatoria prescindencia de todo positivismo. La ética es, en si misma, reflexión sobre un objeto, la moral, es uncatálogo y/o un programa para las moralidades deseables pero también esun objeto de disciplinas que deseablemente deben estudiarla y, de acuerdocon Nietzsche, cuestionarla sin pausa.

Respecto de la administración pública o, ya lo escribíamos, la gestión pública, como validada por una suerte de "ciencia o ciencias de laadministración ", la discusión epistemológica sobre la esencia de la mismano es, de verdad, una cuestión. En el hecho, sin entrar en el ya añoso asuntode si las denominadas ciencia sociales o ciencias humanas, es altamente improbable que una disciplina que sólo describa hechos, pese al empeño detal encomienda, sea una ciencia, tal y como no lo son ni el derecho, lapsicología o la educación. Es benéfico el declararlo, en tanto cuanto no sedesnaturaliza ni la ciencia ni un quehacer de relevancia como sí lo es lagestión pública. Abreviando, la gestión pública examinada como un producido cultural es en sí misma un objeto de estudio que, con la mediación desus agentes, puede reflexionarse a sí misma, como o hace la albañilería, lacartografía o la mecánica automotriz. A su turno, las denominadas ciencias de la administración hacen una suerte de análisis comparativo conjugandoen el análisis, verbigracia, ciertos rasgos comunes de la empresa privada yla empresa pública. De tal manera, que sin que lo expuesto sea agraviantesino quizá sincero, la gestión pública puede ser pensada desde el conocimiento de la operación gestional, sea por el mismo operador o por quienconociendo de los actuares en este campo, hace la morfología procedimentaly las relaciones entre los componentes de los subsistemas en estudio, aunque en un mecanismo obvio existe un reenvío a un supuesto saber, las ciencias de la administración o, como algunos acotan, a la ciencia de la administración pública.

Respecto de la expresión supuesto saber, estamos dilatando la expresión lacaniana "SsS", Sujeto supuesto Saber, que consiste, groseramente anotado, en que el lazo de la transferencia se posibilita en tanto cuanto elanalizando cree que el analista saber lo necesario para proceder a la curaque el anhela; por su lado el analista no sabe sino que realiza su labor deescucha abandonándose a una intuición. En el caso en estudio, el operadory simultáneamente estudioso de los procesos gestionales, intenta su hallazgo (la "cura" que dispense sentido a sus afanes) suponiendo que quien leescucha –la ciencia de lo administrativo– le interpele científicamente porque, se supone, él sabe lo necesario, lo que desde un punto de vista epistémicono es así.

Una clarificación de nuestro punto de vista, puede otorgarla la lectura atenta del trabajo del profesor Omar Guerrero (Guerrero, 2001) "Nuevos Modelos de Gestión Pública". El texto intenta presentar el estado delarte de la introducción planetaria de conceptos o, más precisamente, denomenclaturas y lexicologías que bosquejan en su diseminación la importación de saberes generados en los protocolos disciplinarios delemprendimiento privado. Nuestro autor a lo largo de su exposición primero cohonesta la introducción del "management" anglosajón con el"mégement" francés que, como lo explica, tiene una filología que los vincula y, por lo mismo, semióticamente hace factible en las dos tradicionesuna suerte de validación de la una a la otra. Luego de este exordio, el planteo es esquematizar la declinación de una tradición meramente burocráticade raigambre weberiana hacia un modelo posburocrático nacido de la influencia de de una contemporánea gestión en la que se importan, fruto de laglobalización, rasgos obviamente traídos del seno de las esferas privadas.De manera taxativa se escribe "Cada administración pública individual debequedar uniformada bajo un patrón universal, formado por cinco rasgos prominentes: el mimetismo de la empresa privada; la incorporación del mercado como proceso de confección de los asuntos públicos; el fomento a lacompetitividad mercantil; el reemplazo del ciudadano por el consumidor; yla reivindicación de de la dicotomía política-administración, sublimada comola antinomia policy-menagement." (Ibid: s/n) Casi al rematar el texto y apropósito del denominado modelo posburocrático –que se apoya en "términos como cliente, calidad, servicio, valor, incentivo, innovación, empoderamiento (empowerment) y flexibilidad"– Guerrero afirma que "supone una etapa progresiva y superior desde el paradigma burocrático, estáformado por los siguientes pasos: del interés público a los resultados queaprecian los ciudadanos; de la eficiencia a la calidad y el valor; de la administración a la producción; del control a la consecución de la adhesión a lasnormas; más allá de las funciones, la autoridad y la estructura; de la imposición de la responsabilidad a la construcción de la rendición de cuentas; dela justificación de costos a la provisión del valor; más allá de las reglas y delos procedimientos, y más allá de los sistemas administrativos en operación." (Ibid: s/n)

Ante la ausencia de afirmaciones que contengan juicios de valor enpro o contra de estas nociones supuestamente nuevas, no cabe duda algunaque el autor desea consignar una realidad como insoslayable y, por dicharazón, queda excluida la sospecha metodológicas que ellas sean puestas encuestión. El resumen evidenciado deviene, así, de la textualidad técnica hacia lo que podría sindicarse como un proclama ideológica. En consecuencia, las validaciones que se proponen son referentes del sistema político económico vigente y planetario, a saber, el FMI, el Banco Mundial y laOCDE.

Es plausible colegir de la lectura que hay, a lo menos, dos conclusiones que no importan mérito o deméritos axiológicos: el texto en estudiono es un discurso científico sino ideológico y político; la siguiente es que seincursiona en un área sancionada por el discurso capitalista, con todo lo que ello significa para cada cual y lo que implica a partir de un examentécnico de lo ético en la contemporaneidad. Por fin, no es ocioso el traer acolación la compleja cuestión del sujeto y objeto: el sujeto que analiza lagestión pública es tributario, a menudo, de convicciones que lo anudanideológicamente al objeto en estudio. Esta falta de distancia epistemológicano anula el intento pero implica un cuestionamiento del tercero que observa el proceso investigativo en curso. Es lo que hacemos con el texto deGuerrero: este sujeto anclado en su objeto, esta dupla es, para nosotros, unnuevo objeto de estudio y así, sucesivamente.

Una Ética para la Gestión Pública

Si se nos permite el expediente de una osada brevedad afirmemos,en una escritura más filosófica que de otra naturaleza, que las proposiciones sobre lo ético en tanto cuanto disciplina anotadas con anterioridad,están perfiladas en el seno de una élite que conforma un saber de punta delas mayores autoridades en el tema a lo largo del tiempo. Pero deberíaprecisarse que a nivel del usuario común y corriente, en el campo de ladoxa y no de la episteme –para recordar a Platón– la modernidad no nos haabandonado y en vastos sectores de la comunidad, el progreso y un ética deraigambre kantiana sigue siendo el vademécum de actitudes y, consecuentemente, de acciones yde resultados conductuales en lo grupal que hacenred con otros tejidos de las mallas culturales que condicionan y, tantas veces, entrampan a los sujetos.

El psicoanalista Rolando H. Karothy en un texto relevante (Karothy,2005) expresa "La transformación de la ética de Aristóteles efectuada porKant consiste en la separación entre el bien y el bienestar, separación queresume el valor de la subversión producida por el filósofo Königsberg. Laética kantiana es una ética sacrificial pues se desarrolla dejando de ladotodos los "objetos patológicos", es decir, los objetos del bienestar, de modotal que sacrificándolos el sujeto esta solo frente a la ley, pero no ante loscontenidos de una ley sino ante su forma. Cuando se sacrifican todos losobjetos de bienestar el sujeto queda solo y enfrentado a la voz del superyó.En esta ética se preanuncia el discurso capitalista pues esta posición nosadvierte sobre el modo en que el mencionado discurso propicia que cadauno este solo con su plus-de-gozar. Se trata de un planteo donde lo universal sacrifica lo singular pero, sin embrago, da lugar al individualismo. Estaes la paradoja que se refleja en el discurso capitalista pues en esta forma delazo social todos están universalizados en función del consumo que el mercado ordena, pero cada uno a solas con su plus-de-gozar, con los objetos deconsumo del mercado que Lacan llamo lathouses o "letosas" palabras querima con ventosas, es decir, objetos que funcionan como verdaderasaspiradoras del deseo y que prometen un goce. Estas "letosas" funcionancon una particularidad: se ofrecen como modelo de satisfacción del gocepara todos, es decir, con la pretensión de universalizar las condiciones degoce que, sin embargo, no son universalizables pues el goce del Otro noexiste. De esta manera se produce la proletarización de los sujetos que quedan convertidos así en individuos sometidos a esta estructura"(…) "Laexpresión lacaniana "todos proletarios" índica la proletarización del sujetocuando se convierte en individuo sometido la mercado, pero es claro que,como algunos pueden consumir más que otros, no resultan todos iguales"(Karothy, 2005: s/n).

Los conceptos de Karothy, que suscribimos, apuntan a lo que en unmomento estelar del pensamiento Elías Canetti denominara masse, masa, que es la pérdida de la individualidad para hacerse maleable al poder. Estamos habitando el tiempo en que se enseñorea lo que Alain Finkielkraut mentara como la derrota del pensamiento. Acaso no pensamos en las elitesfilosóficas pero sí en los grupos dirigentes y en los consumidores. Es enesta masa en donde se gesta la proletarización lacaniana ya aludida.

De igual, y como lo analizábamos en la sección primera de estetrabajo y a propósito de un trabajo del profesor Omar Guerrero, la gestiónpública en tanto operatoria y labora concreta se inscribe en el mundo que, asu turno, es tributario de un discurso pergeñado en el seno del segmento delos privados. Toda la nomenclatura, lo recordamos, que arriba al gestorpúblico es importada desde ese exterior en donde la eficiencia y la eficacia,la meta y el logro, el marketing y el mercado son sus signos másemblemáticos. Objetivamente, hay un respaldo ideológico venido desde laeconomía que con autores como Friedman y Hayek ha llegado a semejarcomo una red epistemológica validada, en un diseño en que el Estado parece reducir su tamaño para abrir espacios a un mercado sabio y regulador,con la fantasmática presencia de la "mano invisible" de Adam Smith. Desde allí que parece coherente el traslado de tal semiología y tal semántica acampo público.

El tema es ahora si, como se sospechara más arriba, la reflexión quese vuelca en la gestión pública está en curso de no ser sino una afirmaciónen cubierta para validar lo que el objeto proclama, sin entrar alcuestionamiento del objeto. Con todo, se genera indubitablemente un saber. Los saberes, profundamente asumidos por los sujetos, son respetablesen cuanto están cargados con unos procedimientos que aseguran el respaldo de la razón, esto es, con una voluntad de observar lógicamente, coherentemente, los fenómenos y las cosas, aquí el manejo de la cosa pública, sugestión. Esta problemática –porque lo es– es parecida a la que acontece enotros saberes que se forman y conforman en la mirada especular: el derecho, la sociología o la misma economía.

Esto genera suspicacias y querellas, puesto que así contemplado elfenómeno discursivo podrá estar condenado a su invalidación e incluso a laresignación filosófica de que ellos no valen o, expresado de otra manera,que son desechables. Michel Foucault, en cambio, nos enseñaría que elestudio de los registros civilizatorios ameritaban lo que el llamara la arqueología del saber, esto es, el seguimiento de la estructuración de aquelloque aunque no consagrado era, no obstante, un segmento que pegado aotros constituiría o posibilitaría la consagración ante el mundo de un verdadero saber. Esto a guisa de comentario adicional para evitar las descalificaciones ejecutadas con premura y prejuicio. Es imperativo recuperar los procesos que aunque no científicos o simplemente doxológicos, tienen detrásde sí ni más ni menos que al sujeto humano y, claro está, sus anhelos, susvisiones y proyectos, sus aciertos y caídas.

Hace menos de una década, J.A. Miller y otros hemos comenzado atrabajar un modelo, gestado en la que podríamos nombrar como la epistemología psicoanalítica, que comprende virtualmente todos los saberes posibles en una especie de "ars combinatoria" que evite el prejuzgar sino que,antes bien, poder conceptualizar aquellos ingenios que en su sistematización hacen los saberes. Dicho modelo, puede encontrase en dos trabajosmuy relevantes a la hora de pretender un eventual certidumbre sobre estascuestiones. El primer trabajo debe su autoría a Jaques Alain Miller (1999)y el segundo, derivado del primero, a Mónica Torres (2000). Ambos trabajos pretenden, en lo que es pertinente, establecer una diferencia en trestipos de saberes posibles: el saber-semblante, el saber-verdad y el saber-ciencia. El primero apunta a la enseñanza universitaria, básicamente retórico y se opone al saber-verdad ya que este incluye al sujeto humano en tantoque el saber-ciencia lo excluye definitivamente. Estos saberes se triangulancomo sigue:

 

 

Leamos a Mónica Torres. "(Miller) Propondrá todas las agrupaciones posibles tomando las variables de a dos y dejando una por fuera. Porejemplo, si agrupamos juntos al saber-semblante y al saber-ciencia, nosqueda por fuera el saber verdad que es el único que incluye al sujeto. Esdecir, el saber-semblante y el saber-ciencia, excluyen al sujeto, mientrasque el saber verdad lo incluye, y es por ello que se oponen. Otra posibilidades que coloquemos juntos el saber-semblante el saber-verdad, y los opongamos al saber ciencia; en esta otra variación, el saber-semblante y el saber-verdad tienen en común que son axiomas artificiosos o retóricos (simbólico e imaginario), es decir que hacen a la doxa, a la opinión y no almatema, mientras que el saber-ciencia es el matema, por lo tanto es el quese aplicará a lo real. Nos quedaran entonces el saber-semblante y el saber-verdad de un lado, en tanto artificio, en tanto retórica, opuestos al saber-ciencia, es decir, el matema que se aplica a lo real. Una tercera agrupación pondría juntos al saber-ciencia y al saber-verdad como opuestos al saber-semblante, y se opondrán justamente por la vertiente del simulacro del semblante versus lo real y la verdad" (Torres, 2005 s/n). Agrega Torres, "loimportante es que Miller no resuelve el juego entre estos tres saberes nipretende resolverlos..."; y por de pronto, tampoco nosotros.

En efecto, al frente está lo que resta en términos de gramma de losquehaceres y objetos de la gestión pública, conjunto que, asimismo, no sepiensa como un saber, sino como puro registro. Es decir, para ser coherentecon nuestra textualidad previa, un objeto. Ahora bien, hay un(os) sujeto(s)que estudia al objeto, lo describe, lo piensa y, finalmente, teoriza sobre elmismo, fundándose un saber que, efectivamente, debe ser reenviado al triángulo. Desde nuestro punto de vista, estamos frente a un saber semblante, esto es, frente a un discurso que se apega a lo que Lacan llama elsaber de amo, porque es un saber para los amos, el secreto de la Universidad es que es al amo que, aun por mediaciones, sigue sirviendo. Es,como lo afirma Miller, un saber que tiene una función de perro guardián. Este saber se opone al saber verdad que guarda la mismidad delsujeto en sus más profundas conmociones, aunque, claro está, puedenser conmociones superyoicas, mixtura de una ideología introducida porel discurso capitalista y de la sed de certidumbre de cualquier estudioso.

Pero, más allá de esta primera disonancia, es obvio que ambos, saber-semblante y saber-verdad pueden unirse y hacer oposición al saber –ciencia, el único que excluye al sujeto que, conmocionado o no, perturba eladvenimiento a lo real, al matema, a la formalización algorítmica que descubriría precisamente lo real de los procesos y fenómenos. En los saberessemblante y verdad, lo que existe es lo imaginario y lo simbólico pero,jamás, lo real.

Es a esta realidad, compuesta de registros y saberes en donde sepretende se asiente el imperio de lo ético. ¿Cuál ética? Sin ningún génerode dudas, esa que las masas domesticadas en el consumo, que provee elcapitalismo, hacen del gozo del objeto su forma de cohonestar, inconscientemente, su adhesión a la norma ética en donde el gozo del otro está excluido. Es la ética que se refugia en las codificaciones y los protocolos, endonde el sujeto puede seguir por su vereda –acá en Chile se dice "en sumetro cuadrado"– y en donde los demás deben ser respetados en la soledad de su propio mundo. Hay, de otro lado, la consagración de ciertasnociones de carácter ético que parecieran ser el expediente o pasaportepara cierta certidumbre: en el campo privado una de estas nociones esla responsabilidad social o corporativa. En los fastos de la res públicaesa noción se llama probidad. Las dos nociones son innegables y, porcierto respetables pero, quizá, si no pasan de ser un artificio retóricoque, de cumplirse, sólo reafirmará la sustentación de un sistema parasostenerse sobre una colección de sujetos que revalidan por y para esesistema que les da, a su vez el sustento de sus propias existencias y,claro está necesidades.

Por un nuevo discurso

Hasta el momento lo que hemos bosquejado es una summa o repertorio de complejidades que hacen que el abordaje entre el deseable acercamiento entre ética y gestión pública sea un acercamiento que supere la meraretórica y que valide la emergencia de un operador público que sea capazde asumir su papel con conciencia crítica y que, por lo mismo sea capaz desuperar la mera reflexión especular propia de las disciplinas nombradascomo ciencias de la administración.

Habría que asegurar que las denominadas ciencias humanas o, comolas llamaba Lacan, ciencias conjeturales, proveen herramientas y abordajesmetodológicos y que se trataría, entonces de cuestionar, desde la semiótica,la teoría de las ideologías, la epistemología psicoanalítica o la antropologíaestructural, para desmitificar las ciencias de lo administrativo y transformarlas menos que en surtidores de verdades, como un registro que cualruido puede ser utilizado como insumo para nuevos constructos culturalesque mejoren los procesos gestionales de lo público.

Tras este primer paso, es obvio señalar que estando la ética deancestro kantiano en franca bancarrota, deberían imponerse las éticasdialógicas de un Buber o un Lévinas, en las cuales el sentido se fabrica enla legitimación de todo otro o, si se prefiere, en la validación de la mismidadresponsable por el otro. Sin embargo, en el ánimo de ajustar esta apuesta,quisiéramos hacer dos alcances finales y a propósito de dos autores quesuperaron notoriamente los lindes de una ética individualista.

El primero, Avishai Margalit, construyó en su magistral The DecentSociety (1996), un nuevo concepto de la decencia. Margalit anhelaba hacerentender que las concepciones de lo justo, de John Rawls por ejemplo,parecían insuficientes para conseguir un nivel ético aceptable. Su talentoconsistió en observar a los demás como principio fundador de un bienestarreal, de una vía eudemónica: la salida era la afirmación de que una sociedad decente es aquella que no humilla a sus componentes. ¿Será necesarioagregar que la burocracia en sus ineficiencias toleradas puede ser una fuente de in-decencia?

La segunda aportación indispensable nos viene del último Freud.Tras luchar por constituir conceptos clave tales como el inconsciente, laspulsiones o el mismísimo psicoanálisis, el judaico vienés culmina su obracon la visualización de dos pulsiones básicos sitas en el sujeto y en la sociedad: la pulsión de vida (libido) y la de muerte (mortido)l La una apunta a laconservación y mejoramiento de la vida como un acto creativo; el mortido,al contrario conduce a la auto aniquilación y la destrucción de los otros.

En el cierre, concluyamos que un anudamiento con la decencia yla libido confirmada parecieran ser la vía regia para una ética verdadera. Aquí y acullá. En lo público y lo privado. Adentro y afuera. Ahora ypara siempre.

Bibliografía

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Recibido: 16.06.2012 Aceptado: 25.07.2012

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