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Polis (Santiago)

versión On-line ISSN 0718-6568

Polis vol.11 no.32 Santiago ago. 2012

http://dx.doi.org/10.4067/S0718-65682012000200010 

Polis, Revista de la Universidad Bolivariana, Volumen 11, Nº 32, 2012, p. 167-181

LENTE DE APROXIMACIÓN

 

Asediar la fortaleza sin ánimo de conquista. La incidencia política de la sociedad civil en Habermas

Besieging the fortress with a non-conquest approach. Advocacy of civil society in Habermas

Cercar a fortaleza não em conquista. Advocacia da sociedade civil em Habermas

 

Álvaro Ramis Olivos

Programa de doctorado en Ética y Democracia, Universitat de València. Email: alrao@alumni.uv.es

 


Resumen: El objeto de este trabajo es analizar el concepto de la sociedadcivil presentado por Jürgen Habermas y su lugar en el contexto de los debatessobre la teoría democrática. Se introducirá el concepto de democracia deliberativa,haciendo hincapié en su relación con la noción de comunicación y opinión pública. De acuerdo a esta perspectiva la capacidad de la sociedad civil para influir en elcampo público-político puede tender un puente entre las concepciones de la democracia de raíz liberal y las de raíz republicana.

Palabras clave: Sociedad civil, democracia deliberativa, incidencia política, desobediencia civil.


Abstract: The purpose of this paper is to analyze the concept of civil societypresented by Jürgen Habermas and his place in the context of discussions ondemocratic theory. It will introduce the concept of deliberative democracy,emphasizing its relation to the notion of communication and public opinion.According to this perspective, civil society capacity to influence the public-politicalfield can bridge between the concepts of liberal and republican democracy.

Key words: Civil society, deliberative democracy, political advocacy, civil disobedience.


Resumo: O objetivo deste trabalho é analisar o conceito de sociedade civil, apresentada por Jürgen Habermas e seu lugar no contexto das discussões sobrea teoria democrática. Ele vai introduzir o conceito de democracia deliberativa, enfatizando sua relação com a noção de comunicação ea opinião pública. De acordocom esta perspectiva, a capacidade da sociedade civil para influenciar o campopúblico-político pode fazer a ponte entre os conceitos de democracia liberal e republicana.

Palavras-chave: sociedade civil, democracia deliberativa, a advocacia, a desobediência civil.


 

Las relaciones entre sociedad política y sociedad civil son objeto depermanente debate y controversia. Tras esta discusión se advierte la existencia de diferentes concepciones normativas de la democracia que a suvez se sustentan en distintas interpretaciones de lo público y lo privado, delo pertinente a la administración estatal y lo propio del mercado. En estedilema el concepto de sociedad civil adquiere un cariz especialmente problemático ya que ha adoptado diversos significados a lo largo de la historia.

Como consecuencia de esta oscilación conceptual, se fluctúa entrediscursos políticos que otorgan a la sociedad civil atributos esenciales parala gobernabilidad democrática, la solución a los problemas de cohesiónsocial y la resolución pacífica de las controversias y por otra se le calificacomo un campo opaco, caótico, irreductiblemente inmaduro, que debe serconducido por la sociedad política.

En la actualidad la definición más habitual de sociedad civil coincide con la opinión de Jürgen Habermas, que la entiende como el ámbito delas relaciones no económicas y no estatales, donde sólo se admite la solidaridad derivada de la acción comunicativa como mecanismo de coordinación de la acción. Esta perspectiva coincide, por ejemplo, con el conceptoque nos entrega el foro abierto sobre eficacia de las organizaciones de lasociedad civil:

"Las Organizaciones de la Sociedad Civil, OSC, son una característica viva y esencial en la vida democrática de los países a lo largo yancho del mundo. Las OSC colaboran con una amplia diversidad depersonas y promueven sus derechos. Como actores del desarrollo,se caracterizan por ser voluntarias, diversas, no-partidistas, autónomas, no-violentas, y trabajan por el cambio"1 .

A su vez esta caracterización entronca con una tradición que orientaeste concepto hacia un campo de organizaciones voluntarias que impulsanacciones de reforma social y contraloría del poder establecido. Es una perspectiva que sintoniza con autores clásicos como Alexis de Tocqueville, quiénsostiene:"no hay país en el que las asociaciones civiles sean más necesariaspara impedir el despotismo de los partidos o la arbitrariedad del príncipeque aquél donde el estado social sea democrático. En las naciones aristocráticas, los cuerpos secundarios forman asociaciones naturales que frenanlos abusos del poder. En los países donde no existen semejantes asociaciones, si los particulares no pueden crear artificialmente algo que se les parezca, no veo ya más diques a ninguna clase de tiranía, y un gran pueblopuede ser impunemente oprimido por un puñado de facciosos o por un solohombre"2.

Sin embargo, la perspectiva que expresan Tocqueville y Habermasno deja de ser problemática. Michael Edwards ha reflexionado sobre ellímite de esa concepción, que a su juicio: "cree que las asociaciones de voluntarios actúan como portadoresdel gen de la buena sociedad - microclimas, si se quiere, para eldesarrollo de valores como la tolerancia y la cooperación, y las habilidades necesarias para vivir una vida democrática. El problemaes que la vida asociativa real es el hogar de todo tipo de valoresdiferentes y en competencia y las creencias…por eso que la sociedad civil, en palabras del escritor británico John Keane «está plagado de peligros, ya que da libertad a los déspotas y demócratas porigual."3

Por este motivo Edwards se muestra escéptico ante el concepto sociedad civil ya que parece encubrir más que revelar: "Por desgracia, laclaridad y el rigor brilla por su ausencia en el debate de la sociedad civil, lafalta de precisión que amenaza con sumergir este concepto completamentebajo una ola creciente de críticas y confusión", por lo cual alerta sobre latendencia a hacer de este concepto "la sopa de pollo de las ciencias sociales".

Domingo García-Marzá realiza una aguda observación crítica a ladefinición habermasiana de sociedad civil argumentando su carácter restringido a las relaciones no económicas y no estatales. Propone como alternativa una concepción radical de sociedad civil que dé cuenta del carácterglobal pero también plural de sus instituciones desde una perspectiva quebusque superar la tradicional exclusión de las instituciones económicas delámbito de la sociedad civil. De esa manera la teoría de la democracia no perdería uno de sus pilares básicos, pues incluiría "aquellos ámbitos deacción en los que de hecho se establecen la gran mayoría de las relacionessociales y se produce y reproduce el poder económico y social."4

De esa manera la definición de sociedad civil que propone es la siguiente: "Ámbito de interacciones estructurado en torno a una red de asociaciones y organizaciones posibles gracias al libre acuerdo de todoslos participantes, con el fin de alcanzar conjuntamente la satisfacción de determinados intereses y la resolución consensual de posibles conflictos de acción"5

La perspectiva de García-Marzá supone que "En los ámbitos de lasociedad civil nos encontramos con intereses particulares (prestigio, dinero, etc.), pero también podemos encontrarnos con intereses comunes (profesionales, corporativos, etc.) y con intereses generales o universales (reconocimiento, dignidad, etc.). También en esta concepción de la sociedadcivil, el ámbito moral se identifica con los intereses generalizables, pero nose encierra en sí mismo como el caso de Habermas"6 .

La definición de García Marzá coincidiría más con un enfoque queencuentra fundamento en Hegel, quién caracteriza a la sociedad civil como un campo de relaciones situado entre un ámbito estrictamente privado (lafamilia) y otro estrictamente público (el Estado). Se trataría de una esferaen la cual cada individuo persigue de forma egoísta sus propios intereses,pero las necesidades propias de esos objetivos le exigen del vínculo contractual, lo que explica la trama de interdependencias propia de la vida ensociedad. Sin embargo, en las relaciones de la sociedad civil siempre primarán los deseos privados y personales, las demandas corporativistas, losintereses sectoriales. Para Hegel, solo el ámbito del Estado permite la superación de este aislamiento individual, universalizando los deseos, y convirtiéndolos en leyes. Por este motivo, Hegel sitúa al Estado por sobre lasociedad civil y los grupos intermedios (familias y corporaciones), entendiéndolo como la verdadera realización de la libertad objetiva sobre la tierra:

"La sociedad civil es la diferencia que se coloca entre la familia y elEstado, aunque el perfeccionamiento de ella se sigue más tarde queel del Estado, ya que la diferencia presupone al Estado, al cual ella,para subsistir, tiene que tener ante si como autónomo. La creaciónde la sociedad civil pertenece por lo demás, al mundo moderno, elcual sólo deja que hagan su derecho a todas las determinaciones dela idea"7

Mientras para la tradición Tocqueviliana la sociedad civil es fundamentalmente un ámbito asociativo con vocación pública, en clara diferencia de los mecanismos productivos y distributivos del sistema económico,para Hegel la sociedad civil es todo lo no estatal, incluyendo el mercado.Esta somera descripción explica que el concepto de sociedad civil transitependularmente entre estos dos polos. Mientras un ámbito de autores tiendea asignar a la sociedad civil un rol basado en sus supuestas cualidadesinherentes, ya sea como fuente de solidaridad o como baluarte de libertades y derechos, por otro lado se le suele desdeñar como un ámbito de intereses dispersos, contradictorios y difícilmente articulables,. Entre ambospolos opera una diferencia de contenidos.

La sociedad civil en el marco de la teoría de la acción comunicativa

Es necesario asumir que la concepción de sociedad civil de J.Habermas es restringida, por lo que corre el riesgo de acabar siendo meramente desiderativa o utópica ya que no responde al hecho que "todas lasinstituciones, incluidas las empresas, son más o menos justas, más o menoscorrectas o morales"8 , tal como señala García Marzá.

Por otra parte, el concepto de sociedad civil que propone JürgenHabermas, aunque no permite dar cuenta de la sociedad civil en toda suextensión y radicalidad, sigue siendo de gran relevancia, en la medida enque permite una interpretación de aquella esfera pública no estatal y noeconómica a la cual se refiere específicamente en su obra. Ese campo sibien no se debería identificar en strictu sensu con "la" sociedad civil, es una dimensión que no deja de existir y que Habermas releva, dando importancia a su capacidad de incidencia política, rescatándola de su posiblefetichización, bajo la panacea de la "gran sociedad", en la línea argumental de quienes justifican la reducción del rol del Estado bajo la excusa de incrementar el rol del voluntariado asociativo.

Más que un rol subsidiario, la concepción habermasiana de "sociedad civil" como esfera asociativa no lucrativa, adquiere un rol autónomoque le permite influir en la política desde el ámbito de la opinión pública:«La sociedad civil se compone de esas asociaciones, organizaciones y movimientos surgidos de forma más o menos espontánea que recogen la resonancia de los ámbitos de la vida privada, la condensa y elevándole, por asídecir, el volumen o voz, la transmiten al espacio de la opinión pública política"9 .

Esta valorización del campo no estatal y no económico, entendidocomo poder comunicativo, se inscribe en un intento de recuperar el proyecto de la teoría crítica y de la modernidad ilustrada, abandonando el paradigma de razón instrumental. Bajo este supuesto se diagnostica que la modernidad ha abusado de una noción de razón que se ha centrado exclusivamente en aquellas acciones estratégicas orientadas hacia el éxito, segúnuna lógica instrumental. Sin embargo también es posible dar cuenta de otraracionalidad, la comunicativa, que opera como un conjunto de pretensiones de validez presentes en todo agente que actúa lingüísticamente convistas a entenderse con otros. De esta forma la razón podría escapar de laesfera estrictamente individual y situarse esfera dialógica de la cooperación entre sujetos.

Esa segunda racionalidad, de carácter comunicativo, no comprendea la sociedad como el campo de la consecución de fines estratégicos individuales, sino como un ámbito de actores, que aspiran a coordinarse a travésde actos de entendimiento, haciendo posible su reconocimiento recíproco.En otras palabras, la sociedad se puede conceptualizar tanto bajo una lógica instrumental, como bajo una lógica comunicativa, que la entiende comoun conjunto activo de individuos que cooperativamente buscan reproducir,mantener y mejorar sus condiciones de vida.

Estas dos racionalidades, la instrumental y la comunicativa, se integran en una doble dimensión que Habermas denomina «sistema» y «mundo de la vida". Por sistema se refiere a la acción coordinada dirigida afines, mientras que por mundo de la vida al ámbito de integraciónintersubjetiva. El sistema es una dimensión funcional observable ydescribible mediante el que los miembros de una sociedad desarrollan suacción guiados por criterios racionales adecuados al control de sus circunstancias vitales. En él opera una «integración sistémica» que permite el desarrollo material de la vida en sociedad. En cambio, el mundo de la vida es el ámbito de la integración intersubjetiva, de aquellas estructuras comunicativas mediante las cuales se establecen los acuerdos básicos querigen la pertenencia y cooperación en el sistema. Es el trasfondo valórico,normativo, de tradiciones culturales y patrones de socialización que reconocidos como válidos permiten la interacción comunicativa y la integración de los individuos.

La modernidad, como proceso de secularización y desencantamiento del mundo, rompió el vínculo entre ambas dimensiones dejo de operarcomo lo hacía en las sociedades premodernas. Se produjo unaautonomización del sistema que obligó a implementar mecanismos de control propios de la racionalidad instrumental: el poder se focalizó en el campo político y el mercado pasó a autorregularse exclusivamente por las dinámicas internas del capital. El control social o religioso fue sustituido porreglas racionalmente acordadas, que permitieron el desarrollo de laracionalización económico-burocrática de los fenómenos sociales. A su vez el propio mundo de la vida también se racionalizó, adquiriendo reflexividadcrítica. De esa forma la moral dejó de responder a la tradición y las instituciones reemplazaron los principios teológicos de legitimación por el principio deautonomía y por procedimientos legislativos basados en el pacto político.

En este nuevo marco, la democracia podría haber sido un medio privilegiado para revincular sistema y mundo de la vida por medio de procedimientos deliberativos que colaboraran a superar la cosificación de las relacionesintersubjetivas por medio del acuerdo comunicativo entre personas libres eiguales. Sin embargo, la democracia tal como la conocemos, no ha logrado esteobjetivo ya que ella misma se ha hecho presa de la lógica del dominio propia dela razón instrumental. La sociedad civil, en cuanto ámbito de la racionalidad comunicativa, quedó aislada en el mundo de la vida, mientras la sociedad política se convirtió en instrumento de control tecnocrático, basado en la lógica dela funcionalidad utilitaria, que coloniza internamente al propio mundo de lavida por medio de lógicas monetarizadoras y burocráticas.

Desde una racionalidad no instrumental Habermas propone revisarel ámbito propio de la racionalidad comunicativa para dar espacio a unmodelo de democracia deliberativa que supere a las democracias en susversiones liberales y republicanas, pero que a la vez se sustente en los elementos básicos de ambas.

Democracia Liberal, democracia republicana y democracia deliberativa

La concepción liberal de la democracia otorga una serie de derechos a los individuos, tratando de garantizar su "libertad negativa", es decir, la no interferencia del Estado en sus intereses. Los individuos programan al Estado en las elecciones y después se retiran al ámbito de lo privado. En este esquema los actores de la política están altamenteprofesionalizados y se expresan en los partidos, entendidos como instituciones especializadas, que compiten en un "mercado" electoral. Entre elEstado y la sociedad civil existiría una brecha infranqueable, que sólo sepuede amortiguar por mecanismos institucionales de contraloría institucionalque eviten la personalización del poder.

Frente a esta concepción liberal, es posible adscribir a un modelorepublicano de democracia, que más allá de garantizar las "libertades negativas" permita ejercer las "libertades positivas", es decir, el derecho a laparticipación activa, constante y profunda en los procesos de deliberaciónpública. La democracia se entiende así como la autodeterminación de lossujetos, ejercida en un marco de diálogo racional. En este contexto los partidos políticos y la ciudadanía adquieren otro carácter. Jürgen Habermas,analizando este contraste, afirma que "según la concepción republicana elproceso de formación de la opinión y la voluntad política en el espaciopúblico y en el parlamento no obedece a las estructuras de los procesos demercado sino a las estructuras propias de una comunicación política orientada al entendimiento"10 .

Se trata de una concepción de la democracia que atestigua conHahnna Arendt que "Nadie puede ser feliz sin participar en la felicidadpública, nadie puede ser libre sin la experiencia de la libertad pública, ynadie, finalmente, puede ser feliz o libre sin implicarse y formar parte delpoder político"11 . Concepción que entronca muy claramente con la tradición Tocquevilliana.

Si se analiza la concepción liberal de la soberanía popular se entenderán las elecciones como una forma de legitimar el ejercicio del poderpolítico. Una vez que se ha accedido al poder de forma legítima, en elecciones justas, el representante sólo debe responder por el uso que hace deese poder en el marco de las atribuciones que la da la ley. Esta concepción corre el riesgo constante de vivir una crisis de legitimidad y una pérdida desentido ya que se reduce a un procedimiento estratégico orientado exclusivamente a alcanzar el poder. En cambio, la concepción republicana considera que el acto electoral no sólo habilita a ejercer un mandato, sino quecompromete a cumplir un programa que se ha construido mediante el acuerdode un conjunto de actores implicados. Cualquier cambio en ese programaimplica un proceso de rendición de cuentas a los ciudadanos que han validado ese programa. Una democracia republicana exigiría garantizarinstitucionalmente diversos espacios públicos autónomos y procedimientos de formación de la opinión y la voluntad ciudadana que se puedan sostener autónomamente frente al poder del sistema económico y al poder delEstado.

La debilidad de la concepción republicana radica en el voluntarismoque supone aspirar a una ciudadanía constantemente participativa, capazde predeterminar una voluntad general. En ese punto la tradición republicana no da cuenta de la complejidad y diferenciación social y cultural delas sociedades contemporáneas. Por su parte la crítica liberal alrepublicanismo democrático lo encarna Isaiah Berlin quién considera queen el nombre de la libertad positiva se busca limitar la libertad negativa. Asu juicio la «verdadera» libertad no ha servido para otra cosa que paraviolar la libertad fáctica, con el falaz argumento de «obligar al hombre a serverdaderamente libre»12 .

Estas dos concepciones de la democracia poseen muy distintas formas de plantear las relaciones entre el Estado y la sociedad civil, que pueden ir desde un modelo monológico de acción política a un modelo dialógico,donde la ciudadanía sea capaz de incidir en las decisiones políticas, orientándolas en una determinada dirección, sin por ello subsumirse en suinstitucionalidad ni perder su autonomía. Habermas propone un modelo de democracia deliberativa en la cual la construcción de la legitimidad política sea el resultado de procesos constantes comunicativos racionales en elespacio público, de los que surgen consensos basados en interesesuniversalizables.

En consonancia a la intuición de Arendt respecto a que "el podersurge entre los hombres cuando actúan juntos y desaparece en el momentoen que se dispersan."13 Habermas sostiene que un proceso deliberativo, silos individuos se comunican en igualdad de condiciones y libremente, esposible que el poder se constituya comunicativamente y no sólo estratégicamente. Para ello se requieren condiciones que garanticen la exclusión decoacciones, permitiendo la formulación de argumentos y la formación de lalibre voluntad. Se pasa a considerar que los intereses universales surgen delespacio público-deliberativo en el cual los diversos actores argumentan enlas condiciones de validez propias de una comunidad ideal de comunicación (inteligibilidad, verdad, veracidad y corrección normativa).

Sociedad Civil y democracia deliberativa

Habermas en el capitulo VIII de Facticidad y Validez presenta laidea de una democracia deliberativa, en la que sociedad civil y opinión pública adquieren un papel normativo, complementario y crítico. Ambosconceptos se sitúan en una confrontación ante el poder social del mercadoy la burocracia estatal. En este esquema la opinión pública es un espaciopúblico-político que estructura una sociedad civil enraizada en el mundode la vida, que logra consistencia por medio de una trama comunicacional.Habermas define la opinión pública como un fenómeno o un espacio en red: "una red para la comunicación de contenidos y tomas de postura, esdecir, de opiniones, y en él los flujos de comunicación quedan filtrados y sintetizados de tal suerte que se condensan en opiniones públicas agavilladas en torno a temas específicos. Al igual que el mundola vida en su totalidad, también el espacio de la opinión pública sereproduce a través de la acción comunicativa, para la que basta condominar el lenguaje natural; y se ajusta a la inteligibilidad generalde la práctica comunicativa cotidiana"14 .

A su vez la sociedad civil, es entendida por Habermas como lasasociaciones y organizaciones voluntarias, no estatales y no económicas, que surgen de forma más o menos espontánea, y que arraigan lasestructuras comunicativas de la opinión pública en el mundo de la vida,ya que recogen las resonancias de los problemas en los ámbitos de lavida privada y elevándoles la voz, los transmiten al espacio de la opinión pública política: "esa trama asociativa no-estatal y no-económica, de base voluntaria, que ancla las estructuras comunicativas del espacio de la opinión pública en la componente del mundo de la vida, que –junto conla cultura y con la personalidad- es la sociedad."15

La sociedad civil es el ámbito donde el poder se constituyecomunicativamente y desde él se resiste el poder social del mercado y de laburocracia estatal. De esa forma Habermas perfila a la sociedad civil comociudadanía organizada, que incide en la formación institucionalizada de laopinión y la voluntad política desde su propio ámbito privado, aportandointerpretaciones de lo público desde fuera del poder administrativo y de losprocesos económicos. Esta caracterización presupone el respeto a la autonomía y a la esfera privada de la sociedad civil por parte del Estado. Lademocracia deliberativa requiere que la sociedad civil sea protegida jurídicamente de modo que pueda cercar comunicativamente al poder administrativo del Estado, ejerciendo el rol de caja de resonancia de aquellos argumentos que han de ser procesados por el sistema político.

Este espacio público-político "es un sistema de avisos con sensoresno especializados, pero que despliegan su capacidad perceptiva a lo largo yancho de toda la sociedad. Desde el punto de vista de la teoría de la democracia el espacio público-político tiene que reforzar además la presión ejercida por los problemas, es decir, no solamente percibir e identificar losproblemas, sino también tematizarlos de forma convincente y de modo influyente, proveerlos de contribuciones, comentarios e interpretaciones, ydramatizarlos de suerte que puedan ser asumidos y elaborados por el complejo parlamentario. Es decir, a cada función de señal del espacio público-político ha de sumarse también una capacidad de problematización eficaz."16

En esta concepción se comprende el proceso legislativo y al derecho como un medio por el cual el poder comunicativo faculta y legitima alpoder administrativo, haciendo a este último una expresión del primero.Siempre existirá la posibilidad que él "poder social" (para Habermas lospoderes fácticos o privilegiados) ejerza una intervención ilegítima en lageneración de las normas jurídicas. El uso estratégico del poder no se puede proscribir. Pero la legitimidad en un Estado de derecho exige un vínculoentre el poder comunicativo, entendido como fuente del derecho, y el poder administrativo, que regido por el código del poder, debe mantenersefuera de las interferencias del poder social. Desde esa perspectiva la función normativa de la democracia no puede provenir de las elites burocráticas, sino de la sociedad civil

Formas de incidencia de la sociedad civil en el espacio público-político

Habermas analiza cómo la sociedad civil ejercita este proceso deincidencia en el espacio político. Señala que la opinión pública expresa problemas relevantes de la sociedad que ponen en riesgo su integración.Estos problemas muestran la insuficiencia de las normas, valores y formasrutinarias de entendimiento, lo que obliga a la política y al derecho a asumir un rol en la resolución de estas demandas.

El proceso deliberativo opera a través de un "centro" conformadopor todos los órganos e instituciones de la Administración del Estado. Allíse procesan rutinariamente las decisiones por medio de lo que Habermasdenomina, siguiendo a Bernhard Peters, un sistema de "esclusas" constituido por un complejo sistema que comunica a los diversos órganos gubernamentales entre sí. Junto a este "centro" existe una "periferia interna" quevendría a ser el conjunto de las instituciones delegadas por el Estado, concierta autonomía administrativa, para ejercer roles de competencia y control estatal. Entre ellas se cita a las universidades, la seguridad social, lasrepresentaciones estamentales, cámaras de comercio, etc.

Finalmente, existiría una "periferia externa". Este es el ámbito propio de la sociedad civil, como infraestructura sobre la que se apoya unespacio de opinión pública. Esta última está constituida por las asociaciones especializadas en suscitar temas, en plantear exigencias políticas, enarticular intereses o necesidades y en ejercer influencia sobre la formulación de los proyectos de ley y las distintas políticas públicas.

Para Habermas la clave radica en que la legitimidad de las decisiones que se toman en el centro, atravesando las "esclusas" de los procedimientos democráticos propios del Estado de derecho, dependen de la periferia. Especialmente el complejo parlamentario requiere apertura a los procesos de formación de la opinión y a la voluntad de la opinión pública. Laadministración estatal no controla la totalidad de las dinámicas decisionales, ya que su legitimidad requiere del control de los flujos de comunicaciónque parten desde la periferia, considerando el contexto comunicativo detodos los potencialmente afectados. Si no cumple este requisito el poderadministrativo se autonomiza ilegítimamente frente al poder comunicativogenerado democráticamente.

Este modelo supone un doble movimiento: el centro requiere quesus decisiones sean legitimadas por el mundo de la vida y a la vez la sociedad civil debe luchar por ejercer influencia ante el poder administrativo. Elespacio de la opinión pública es entendido así como un lugar de enfrentamiento, en la que se dan momentos de crisis que abren "instantes de movilización" que pueden cambiar las relaciones de fuerza entre la sociedadcivil y el sistema político, pero a la vez es un plano de potencial superaciónde esos mismos conflictos.

La sociedad civil actuaría en la espera pública política como un actor de contención y contrapoder del poder administrativo, al manifestarlas exigencias propias del mundo de la vida. La condición de posibilidad para ello es garantizar que la opinión pública no seainstrumentalizada, por lo cual cabe resolver las condiciones normativas que permitan mantener esa permanente capacidad deliberativa. Estecontexto garantizar un conjunto de derechos fundamentales para permitir que la sociedad civil ejerza la presión suficiente sobre los decisoresrelevantes del sistema político.

Habermas relaciona este proceso a la capacidad autorreferencial de las prácticas de la comunicación en la sociedad civil: "con sus programas están ejerciendo influencia -y ésta es su intención directa sobreel sistema político, pero a la vez, reflexivamente, también se trata paraellos de la estabilización y ampliación de la sociedad civil y del espaciode la opinión pública y de cerciorarse de su propia identidad y capacidad de acción"17 Se concibe así una sociedad civil con una doble capacidad comunicativa: ofensiva (visibilizadora de denuncias, demandas,interpretaciones, argumentos y propuestas) y defensiva (del propio espacio de opinión pública que contiene sus identidades colectivas)

La acción de la sociedad civil está limitada al ejercicio de la incidencia, pero excluye el ejercicio directo del poder político. Se trata de unaopinión pública en la que los actores ejercen influencia, pero no hacen efectivos los reclamos que recogen. Las instituciones democráticas mantienensu rol en el procesamiento de las demandas y la producción legítima dederecho.

La democracia deliberativa, sin relegar ni sustituir a las instituciones representativas, opera como un punto de conexión reflexiva entre el espacio de la opinión pública en donde la sociedad civil expresaal mundo de la vida y la voluntad política que opera en el complejo delas instituciones políticas y parlamentarias propias de un Estado de derecho. El poder comunicativo de la sociedad civil sólo influye indirectamente en el sistema político institucionalizado. A su vez el derecho seconvierte en un sistema de «esclusas» donde las deliberaciones públicas son canalizadas hacia la toma de decisiones administrativamente vinculantes, que cuentan con la aceptación de los miembros de la comunidad jurídica y democrática.

En esta lógica Habermas da a entender que el campo de la economía estaría fuera de este proceso deliberativo-decisional, ya que seríauna esfera que se desarrollaría enteramente bajo la lógica instrumental.Sin embargo, la realidad es que la incidencia de la sociedad civil"habermasiana" en el campo económico también es posible, y de formaigualmente indirecta que ante el Estado. Es el caso del movimiento porel comercio justo y a favor de la economía solidaria. O las movilizacionesde denuncia de abusos ambientales o laborales de las empresas. Estetipo de experiencias han obligado a procesos de respuesta ante la opinión pública desde el campo económico por medio de compromisospúblicos contenidos en instrumentos de rendición de cuentas tales como los propuestos por el Pacto Mundial de Naciones Unidas18 o el Global Report Iniciative19.

La desobediencia civil como expresión del poder comunicativo

Un punto de especial relevancia en la descripción que Habermashace de la incidencia de la sociedad civil sobre la administración estatal radica en la trasgresión simbólica de las normas, exenta de violencia, comoprotesta contra decisiones vinculantes que siendo ‘legales’, son ilegítimas.Esta forma de desobediencia civil implica actos ilegales, pero públicos, porparte de los autores que hacen referencia a principios y que son esencialmente simbólicos, por medios no violentos, apelando a lo que Rawls llama"sentido de justicia" de la población. En esta perspectiva la sociedad civil"habermasiana", al implicarse en prácticas de reivindicación de derechos,busca superar la tensión entre lo fáctico y válido.

Habermas considera que estos actos reivindican principios utópicosde las democracias constitucionales apelando a la idea de los derechos fundamentales o de la legitimidad democrática. Quienes desobedecen manifiestan así la capacidad de la sociedad civil de remitirse a si misma en casosde crisis, actualizando los contenidos normativos del Estado democrático yhaciéndolos valer en contra de su la inercia sistémica20 .

Se expresa así la autoreferencialidad de la formación de la voluntadpolítica con los procesos informales de comunicación en el espacio público.

La justificación de la desobediencia civil se encuentra además "enuna comprensión de la constitución como proyecto inacabado". La desobediencia civil tiene su lugar en un sistema democrático, en la medida en quese mantiene lealtad constitucional, expresada en el carácter simbólico ypacífico de la protesta. Se reconoce de esta forma que el Estado de derechoes un proyecto necesitado de permanente revisión. En el reconocimiento yresguardo de la posibilidad de esta expresión de disidencia radica un indicador clave de la madurez de una democracia.

La desobediencia, al invocar los "principios utópicos de la democracia" vincula argumentos de carácter jurídico y moral y por lo tanto reafirma el vínculo entre sociedad civil y sociedad política "cuando las tentativas legales de la primera de ejercer influencia sobre la segunda han fracasado y también han quedado agotadas otras vías"21 Se busca así que las"esclusas" del Estado se mantengan abiertas impidiendo su manipulación oclausura desde el poder social.

Conclusión: el asedio comunicativo a la fortaleza

"El poder comunicativo es ejercido a modo de un asedio. Influyesobre las premisas de los procesos de deliberación y decisión del sistema político, pero sin intención de asaltarlo, y ello con el fin dehacer valer sus imperativos en el único lenguaje la fortaleza asediada entiende"22

En esta frase se sintetiza buena parte de la reflexión de Habermassobre la incidencia política de la sociedad civil, entendida como esfera no estatal y no económica en la que se ejerce la acción comunicativa. Desde ese campo se "asedia" a la "fortaleza" del poder administrativo, sin intención de asalto. La frontera entre el poder administrativo y el poder comunicativo es clara y tajante. Lo que se busca es "elevar el volumen" de aquelloque resuena en los ámbitos de la vida privada. El único lenguaje la fortaleza asediada entiende es un acervo de razones y argumentos, que aunque elpoder administrativo analice mediante la razón instrumental, deberá considerar, ya que está constreñido por un marco jurídico propio de un Estadode derecho.

Esta concepción abre la sociedad civil a procesos en los que se disputa poder comunicativo. A través de la incidencia efectiva, la participación ciudadana va más allá del marco de los procesos electorales parainvolucrarse en procesos en los cuales pueda hacer valer sus intereses, necesariamente particulares. Esta forma de concebir las relaciones entre loestatal y lo social supera la perspectiva que ha considerado al Estado comoel único defensor de los intereses universales.

La argumentación de Habermas respecto a la capacidad de la sociedad civil para influir en el campo público-político permite tender un puenteentre las concepciones de la democracia de raíz liberal y las de raíz republicana. La democracia deliberativa que perfila su propuesta da espacio a quela sociedad civil pueda ejercer un rol en la esfera pública sin ser descalificada como un campo de intereses dispersos y corporativos, ni tampocoreducida a una estrategia subalterna a las orientaciones del Estado. La incidencia política de la sociedad civil adquiere así plena legitimidad, desde suindependencia y autonomía. De esta forma se contempla una ciudadaníacapaz de ejercer un conjunto de acciones dirigidas a transformar las relaciones de poder, con el propósito de lograr cambios específicos que tenganen cuenta los intereses de todos los involucrados.

Estas iniciativas rescatan de la razón estratégica algunos elementosque hacen que se pueda hablar de ellas como procesos deliberados y sistemáticos que implican acciones intencionadas. En este aspecto la acción dela sociedad civil no se basa sólo en la legitimidad o justicia de sus objetivos. Presupone también una voluntad de argumentación y negociación pormedio de acciones simultáneas en un plazo de tiempo concreto. Se instalaasí una agenda de cambios que pasan por propiciar la dimensión creativade la democracia, basada en una «ética de la modernidad crítica», capaz desuperar las antinomias entre representación y participación por medio deuna democracia que reconozca el poder comunicativo de la sociedad civil.

Notas

1 Principios de estambul para el trabajo de las OSC como actoras del desarrollo. 29 de Septiembre 2010. http://www.cso-effectiveness.org/IMG/pdf/principiosdeosc-estambul-final.pdf

2 De Tocqueville, A. La Democracia en América.I, edición crítica de E. Nolla, Madrid, Aguilar, 1989, p. 187.

3 Edwards, M. (2005) Sociedad Civil, Enciclopedia de la educación informal, www.infed.org/asociación/civil_society.htm.

4 García Marza, D. (2008) Sociedad civil: una concepción radical. Recerca, revista de pensament i anàlisi, núm. 8. p. 36

5 Ibid, p. 40.

6 Ibid. 40.

7 Hegel, G. W. F., 2000, Filosofía del derecho, Madrid, Biblioteca Nueva. p. 182

8 García Marza, D. (2008) Sociedad civil: una concepción radical. Recerca, revista de pensament i anàlisi, núm. 8. p. 41

9 Habermas, J. Facticidad y Validez, Trotta, Madrid, p. 447

10 Habermas, J. "Tres modelos normativos de democracia" en "La inclusión del Otro". Paidós. Barcelona. 1999. p. 233.

11 Arendt, H. (2005). La Condición Humana. Barcelona: Ediciones Paidós Surcos. p. 352.

12 Berlín, I. Dos conceptos de libertad, en "Cuatro ensayos sobre la libertad", Alianza, Madrid, 1988

13 Ibid. p. 223

14 Habermas, J. Facticidad y Validez, Trotta, Madrid, p. 440

15 Ibid. p. 447

16 Ibid.. pp. 439-440.

17 Ibid., p. 450.

18 Cfr: http://www.un.org/es/globalcompact/index.shtml

19 Cfr: http://www.globalreporting.org/Home

20 Ibid. 465

21 ibid. 465.

22 ibid. 612.

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Recibido: 17.09.2011 Aceptado: 25.07.2012

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