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Polis (Santiago)

versión On-line ISSN 0718-6568

Polis vol.11 no.32 Santiago ago. 2012

http://dx.doi.org/10.4067/S0718-65682012000200014 

Polis, Revista de la Universidad Bolivariana, Volumen 11, Nº 32, 2012, p. 269-304

CARTOGRAFÍAS PARA EL FUTURO

 

Conceptos de ciudadano, ciudadanía y civismo

Conceitos de cidadão, cidadania e civismo

Concepts of citizen, citizenship and civic

 

Francisco Lizcano Fernández

Universidad Autónoma del Estado de México, Toluca, México. Email: flizcanof@uaemex.mx

 


Resumen: Este artículo distingue e interrelaciona dos concepciones deciudadanía en relación con las colectividades soberanas o países: la jurídico-política y la ético-política. Para delimitar al ciudadano según la primera concepción,se divide a los habitantes en inmigrantes y nacionales, y a éstos en ciudadanos ensentido restringido y súbditos o nacionales sin derechos políticos (integrados pormenores de edad y ciudadanos con los derechos políticos suspendidos). Respectoa la concepción ético-política, los habitantes son divididos en niños o inmadurospsicológicamente para la participación política y ciudadanos en sentido amplio,los cuales se dividen en pasivos y activos. Estos últimos se dividen a su vez engremiales e ideológicos, los cuales pueden ser autoritarios y democráticos. Estasclasificaciones, con las definiciones correspondientes, se elaboran a partir de comparar lo dicho sobre los conceptos de ciudadano, ciudadanía y civismo en tres diccionarios de la lengua y en ocho obras lexicográficas especializadas.

Palabras clave: ciudadanía, ciudadano, civismo y democracia.


Abstract: This article states the differences and relationships between twoconceptions of citizenship _one concerned with juridical aspects and the otherwith ethical aspects_ in relation to sovereign communities or countries. To definethe ‘citizen’ according to the first conception, inhabitants may be 1) immigrants or2) nationals; nationals are subclassified as 2.1) citizens or 2.2) subjects, i.e., nationalswithout political rights (children and citizens with suspended political rights).According to the second conception, inhabitants are classified as 1) children orpeople psychologically unable to fulfill political participation and 2) citizens inbroad sense; citizens are subclassified in 2.1) passive or 2.2) active. Active citizensmay be either union citizens or ideological citizens, which can be authoritarian ordemocratic. These classifications and definitions are drawn from comparing whathas been said about the concepts of citizen, citizenship and civic-mindedness in three language dictionaries and eight lexicographical dictionaries and encyclopedias.

Key words: citizenship, citizen, civic-mindedness, and democracy.


Resumo: Este artigo estabelece as diferenças e as relações entre duasconcepções de cidadania - uma preocupada com aspectos jurídicos e outra com osaspectos éticos - em relação à soberania das comunidades ou países. Para definircidadão de acordo com a primeira concepção, os habitantes podem ser 1) imigrantesou 2) nacionais; nacionais são subgrupos de 2,1) os cidadãos ou 2,2) sujeitos, ou seja, cidadãos sem direitos políticos (crianças e cidadãos com direitos políticossuspensos). De acordo com a segunda concepção, os habitantes são classificadoscomo: 1) crianças ou pessoas psicologicamente incapazes de cumprir a participaçãopolítica e 2) os cidadãos em sentido amplo, os cidadãos são subclassificados em2,1) passivos ou 2,2) ativos. Cidadãos ativos podem ser cidadãos, quer sindicaisou cidadãos ideológicos, o que pode ser autoritário ou democrático. Estasclassificações e definições, são tiradas de comparar o que foi dito sobre os conceitosde cidadão, cidadania e civismo em três dicionários de língua e oito lexicográficadicionários e enciclopédias.

Palavras-chave: cidadão, cidadania, civismo e democracia


 

El propósito de este texto consiste en ofrecer definiciones claras ycoherentes de los tres conceptos indicados en su título —ciudadano, ciudadanía y civismo—, lo que implica, en lo fundamental, distinguir al ciudadano en sentido amplio del ciudadano en sentido restringido (lo que exige delimitar los estratos sociopolíticos integrados por ambos tipos de ciudadanos), así como establecer una serie de clasificaciones aplicables a losciudadanos en los dos sentidos indicados. Esta tarea se enfrenta, más directa e integralmente, en el tercer apartado, "Distinciones y definiciones", perose basa en los análisis comparativos que de los tres conceptos señalados enel título del presente texto hacen tres diccionarios de la lengua, a los que sededica el primer apartado, y ocho obras lexicográficas especializadas, a lasque se dedica el segundo apartado.

Este ejercicio conceptual no sólo tiene el relieve teórico que le esinherente, sino que también pretende contribuir a la construcción de unmarco teórico que ayude a fortalecer el trabajo en equipo de algunos grupos de investigación de la Universidad Autónoma del Estado de Méxicoque tienen configuraciones disciplinarias dispares. Con todo, más allá delos motivos concretos por los que se elaboraron, estas reflexiones puedenresultar útiles tanto para diversos estudiosos de las ciencias sociales y lashumanidades como para los ciudadanos en general, pues pueden contribuira una más precisa comprensión de conceptos que se emplean cada vez conmayor frecuencia, pero que no están exentos, como tantos otros, de dosisno desdeñables de ambigüedad. Las aportaciones del presente texto se concentran en el tercer apartado, pues contiene una clara dosis de originalidadtanto el conjunto de lo allí planteado como algunas de sus partes (por ejemplo, las distinciones entre ciudadano en sentido restringido y sentido amplio, así como entre ciudadano democrático y ciudadano autoritario). Noobstante, también podría encontrarse cierta novedad en las comparacionesempleadas para ordenar la información de los dos apartados previos.

Dos comentarios para concluir esta introducción. Por un lado, lasdistinciones y definiciones contenidas en las distintas partes de este trabajose refieren, principalmente, a las colectividades soberanas de las últimasdécadas, que encuentran en el Estado social y democrático de derecho suexpresión más laudable, al margen de que algunas de ellas puedan ser útiles para una mejor comprensión de las sociedades y los regímenes políticosprevios. Por otro lado, el predominio de las citas textuales sobre las deresumen, que en general no es recomendable en los textos científicos, sedebe sobre todo al tipo de fuente utilizado: obras lexicográficas, en ocasiones de difícil acceso en algunos países, que, por su misma naturaleza, pretenden ofrecer información de la manera más sintética posible. La pretensión de retomar toda la información relevante para los propósitos de estetrabajo, el convencimiento de que la tarea emprendida sólo podía cumplirse cabalmente a través de comparaciones sistemáticas, así como la pretensión de evidenciar las deudas y las aportaciones que respecto a las obrasanalizadas tienen las ideas expuestas en el tercer apartado condujeron almencionado uso frecuente de las citas textuales.

Diccionarios de la lengua

En las obras de consulta a las que se refiere este apartado, los términos ciudadano, ciudadanía y civismo comparten su referencia a colectividades generadoras de sentimientos de pertenencia entre sus integrantes, loque sin duda está vinculado con su común procedencia etimológica: la palabra latina civitas, de donde, a su vez, procede el vocablo español ciudad. Sin embargo, estas palabras (y sus distintas acepciones) se refieren a dichascolectividades de formas distintas. En principio, cabe distinguir dos campos semánticos al respecto. Por un lado, el referido a la pertenencia a dichacolectividad —cuando no también a las características que implica dichapertenencia—, pertenencia que, como veremos, de una forma u otra siempre lleva consigo el reconocimiento de cierto estatus o posición social. Porotro lado, la actitud o el comportamiento que deben tener los integrantes detal colectividad por el hecho de pertenecer a ella; es decir, la actitud considerada como deseable, moral o ética para la colectividad en cuestión. Deacuerdo con esta perspectiva, el vocablo ciudadano se circunscribe al primer campo semántico; ciudadanía puede aludir a los dos; y civismo se reduce al segundo.

Las acepciones de ciudadano y ciudadanía que se ubican en elprimer campo semántico, el relativo a la pertenencia a determinadas colectividades, admiten dos clasificaciones. No obstante, antes de indicarlas, conviene recordar dos cuestiones interrelacionadas que se refieren al sentimiento de pertenencia. Por un lado, este sentimiento provoca, simultáneamente, unión y separación entre personas y colectividades: cohesiona a losintegrantes de una misma colectividad, pero, al mismo tiempo, los separa,inexorablemente, de quienes no pertenecen a ella. Por otro lado, esta diferenciación de colectividades implica que los integrantes de cada una deellas tienen estatus diferenciados, lo que a su vez refuerza la cohesión alinterior de la colectividad y su separación de las otras colectividades.

La primera clasificación, de menor trascendencia que la siguiente,se basa en el grado de autonomía de las colectividades que son objeto de talsentimiento de pertenencia, y permite diferenciar entre el sentimiento de pertenencia que involucra una colectividad soberana, el cual está asociadoal estatus común de sus ciudadanos que los separa de los ciudadanos deotras colectividades del mismo tipo, y el que involucra colectividades políticamente dependientes, como las ciudades que forman parte de un país, acuyos integrantes se les reconoce, implícita o explícitamente, un estatusdiferente al de quienes tienen otro hábitat, como los campesinos, dentro dela misma colectividad soberana. Por tanto, en el primer caso el estatus otorgado por la ciudadanía diferencia individuos de distintas colectividadessoberanas, mientras que en el segundo dicho estatus distingue individuosde distintos hábitats de la misma colectividad soberana.1

La segunda clasificación evidencia que algunas acepciones de lostérminos ciudadano y ciudadanía aluden a la totalidad de los integrantesde la colectividad de que se trate (incluidos, lógicamente, los niños), lo quepodría calificarse como ciudadanía en sentido amplio (o habitantes), mientras que otras acepciones, que podrían calificarse de ciudadanía en sentidorestringido, sólo se refieren a una parte de ella, al excluir a otra porción.Entre los excluidos, siempre se encuentran los niños, pero también puedenestarlo las mujeres, los estratos sociales de menor ingreso o los delincuentes. En el primer caso, al no establecerse diferencias al interior de la colectividad, todos sus integrantes comparten el mismo estatus, por lo que ésteno puede implicar distinciones dentro de la colectividad en cuestión, sinoentre quienes pertenecen y no pertenecen a ella. En el caso de las colectividades soberanas, definir al ciudadano como habitante de un país implicadistinguir a todos sus habitantes de los ciudadanos de otros países. En elcaso de colectividades políticamente dependientes, definir al ciudadanocomo el habitante de la ciudad implica conferir a todos los habitantes de laciudad un estatus distinto al de los pueblerinos o habitantes del campo. Ensentido restringido, la ciudadanía sólo abarca a una parte de la colectividad, lo que implica que los ciudadanos tienen un estatus distinto al del restode los integrantes de su propia colectividad, independientemente de quetambién se distingan, como en el caso de los ciudadanos a los que alude elsentido amplio del concepto, de los habitantes de otras colectividades soberanas o políticamente dependientes. Las acepciones de ciudadano y ciudadanía que aluden a la ciudadanía en sentido amplio son más escuetas,pues identifican la ciudadanía con ser habitante de la colectividad de que setrate (ciudad, Estado o país), en tanto que el sentido restringido de ciudadanía proviene de la enunciación de las características que deben tener loshabitantes de una colectividad para poder ser considerados como ciudadanos.

Como se indicó, todas las acepciones que nos interesan del vocablociudadano2 se inscriben en el campo semántico relativo a la pertenencia,pero cabe clasificarlas por sus sentidos amplio o restringido. También cabehacer esta misma clasificación de las acepciones de ciudadanía referidas aeste mismo campo semántico. En el sentido amplio de ciudadanía se inscriben las dos siguientes acepciones de ciudadano de la RAE (2012b): "natural o vecino de una ciudad" y "perteneciente o relativo a la ciudad o a losciudadanos". Una de las dos acepciones de ciudadano de Lara (2010) es de este mismo tipo: "habitante de una ciudad". Por su parte, Vox (2012)plantea al respecto las dos siguientes acepciones, que en el primer casoincluye ejemplos: "de la ciudad o sus habitantes, o relacionado con ellos: la seguridad ciudadana; la colaboración ciudadana" y "que ha nacido oque vive en una ciudad".

Otras dos acepciones de ciudadano de la RAE (2012b) tienen sentido restringido. Una se refiere a tiempos pretéritos: "habitante libre de lasciudades antiguas". La otra se emplea hoy con frecuencia: "persona considerada como miembro activo de un Estado, titular de derechos políticos ysometido a sus leyes".3 Lara (2010) define: "persona que, por tener la nacionalidad de un país, tiene los derechos y las obligaciones que sus leyesdeterminan: ciudadano mexicano, ciudadana cubana". Por su parte, latercera y última acepción de este vocablo en Vox (2012) señala: "habitantede un estado con una serie de derechos políticos y sociales que le permitenintervenir en la vida pública de un país determinado: ciudadano salvadoreño".

En cuanto a las acepciones de ciudadanía integrantes del primer campo semántico al que nos estamos refiriendo, cabe distinguir entre las quetienen sentido restringido y las que son ambiguas al respecto por aludir alos ciudadanos sin especificar si se hace en sentido amplio o sentido restringido. Las dos contempladas por RAE (2012b) son ambiguas: "cualidady derecho de ciudadano" y "conjunto de los ciudadanos de un pueblo onación". Vox (2012) proporciona una en sentido restringido y otra ambigua: "condición que reconoce a una persona una serie de derechos políticosy sociales que le permiten intervenir en la política de un país determinado:el derecho constitucional del voto ha constituido para muchas personas la condición de ciudadanía plena" y "conjunto formado por los ciudadanos de una nación o de un pueblo: la ciudadanía local; la ciudadanía de ultramar". Por último, las dos únicas acepciones de ciudadanía proporcionadas por Lara (2012) pueden inscribirse en el sentido restringido,debido a los ejemplos seleccionados para ilustrar las definiciones: "conjunto de ciudadanos de un Estado: ‘la ciudadanía lo eligió presidente’, ‘haymalestar en la ciudadanía por los actos autoritarios’" y "calidad y derechode los ciudadanos: alcanzar la ciudadanía, recibir la ciudadanía".

En los tres diccionarios revisados para este apartado, sólo se encuentran dos acepciones de ciudadanía asociadas al segundo camposemántico, vinculado con comportamiento deseable en un ciudadano haciasu colectividad: "comportamiento propio de un buen ciudadano" (RAE,2012b) y "comportamiento de la persona que cumple con sus obligacionesde ciudadano dentro de su comunidad: un ejemplo de ciudadanía" (Vox, 2012).

En relación con el vocablo civismo, cuyas acepciones se inscribeníntegramente en el segundo campo temático, cabe hacer una distinción. Porun lado, las que aluden a actitudes: "celo por las instituciones e intereses dela patria" (RAE, 2012b) y "preocupación y cuidado por las instituciones e intereses de una nación" (Vox, 2012). Por otro lado, las referidas a comportamientos: "comportamiento respetuoso del ciudadano con las normas deconvivencia pública" (RAE, 2012b), "comportamiento de la persona quecumple con sus deberes de ciudadano, respeta las leyes y contribuye así alfuncionamiento correcto de la sociedad y al bienestar de los demás miembros de la comunidad: la cultura es algo más que erudición, es algo quese vincula con el civismo, con el comportamiento ordenado y responsable dentro de la comunidad" (Vox, 2012) y "comportamiento de los ciudadanos, correcto y acorde con las leyes, con el que manifiestan su interéspor la vida nacional y su voluntad de participar en ella" (Lara, 2012).

Como se puede observar, para la elaboración de este capítulo, seseleccionaron tres fuentes. El Diccionario de la lengua española, elaborado por la Real Academia Española en colaboración con las 21 Academiasque con la anterior conforman la Asociación de Academias de la LeguaEspañola. Tal obra constituye el punto de referencia más importante respecto a la definición de las palabras del idioma español. La segunda obra(Vox, 2012) ha sido elaborada por Larousse, la empresa comercial de másprestigio y solera en el ámbito de los diccionarios de la lengua y las obraslexicográficas similares, se no se considera Espasa Calpe, cuya producciónen este sentido está estrechamente vinculada al trabajo de la Real Academia Española. Por último, los dos volúmenes del Diccionario del españolde México (Lara, 2010) conforman el principal esfuerzo realizado fuera deEspaña para dar a conocer el vocabulario empleado en un país de lenguaespañola, que, por cierto, es el que tiene el mayor número de hablantes dedicho idioma.

Obras lexicográficas especializadas

Para elaborar este apartado, se consultaron 19 obras lexicográficas.Quince pueden, sin duda, catalogarse como diccionarios especializados, en tanto que ordenan alfabéticamente las entradas de una determinada materia monográfica (Martínez de Sousa, 1995: 136-137). Las cuatro restantes podrían catalogarse de la misma manera a condición de que se sustituyera la expresión materia monográfica por la de ámbito específico de larealidad. Pero más atinadamente deben calificarse de enciclopediasalfabéticas (por tener este orden en lugar del temático, típico de las enciclopedias) especializadas (en lugar del carácter universal más propio delas enciclopedias) (Martínez, 1995: 136-137, 174-180). En lo que sigue laexpresión obra lexicográfica especializada se emplea para aglutinar losdiccionarios especializados y las enciclopedias alfabéticas especializadas.4

Dos comentarios al respecto. Primero: de los 15 diccionarios, 13son disciplinarios, al referirse exclusivamente a antropología (2), filosofía(2), politología (4) y sociología (5), pero los dos restantes pueden ser calificados de temáticos, pues uno trata sobre ética y filosofía moral (Canto-Sperber, 2001) y el otro acerca de paz y conflictos (López, 2004). Segundo: la autoidentificación como enciclopedia de tres de las obras consideradas no se corresponde con lo que aquí se denomina enciclopedia alfabéticaespecializada (ni con su tamaño), pues sólo una de las cuatro obras aquícatalogadas de esta forma se autoidentifica como enciclopedia (Sills; 1979).Las otras tres se autoidentifican como diccionarios. En cuanto al tamaño, de las cuatro aquí denominadas enciclopedias alfabéticas especializadastres se componen de varios volúmenes (Campo, 1987, y Reyes, 2009, decuatro; y Sills, 1979, de 11), pero la cuarta, sólo de uno (Tella, 1989). Porsu parte, de las tres obras que se autoidentifican como enciclopedias dos secomponen de dos volúmenes (Borja, 2002-2003; López, 2004) y sólo unaes de mayores dimensiones (Sills, 1979).

De las 19 obras lexicográficas especializadas consultadas, únicamente 10 tienen entradas con alguno de los tres conceptos sobre los queversa el presente trabajo —ciudadanía, ciudadano y civismo—,5 pero sólo1 incluye el de civismo. Más concretamente, nueve contienen la entrada "ciudadanía", si bien en una de ellas este vocablo se junta en la mismaentrada con el de ciudadano (Nohlen, 2006: "ciudadanía/ciudadanos"). Delas ocho obras restantes (se resta la de Nohlen a las nueve), cuatro sólocontienen la entrada "ciudadanía", con esta misma y única formulación(Abercrombie, 1986; Abbagnano, 2008; Giner, 1998; Tella, 1989); dos añaden la entrada "ciudadano" como independiente (Borja, 2002-2003; Campo, 1987) y dos más añaden la de "ciudadano del mundo" (López, 2004) yla de "ciudadanía multicultural" (Baca y otros, 2000) a la de "ciudadanía".Quedan dos entradas por mencionar: la enciclopedia dirigida por Reyessólo incorpora el término "ciudadanía europea", mientras que el dirigidopor Nohlen (2006) es el único que incluye la de "civismo". Incluida estaúltima, en total son 15 entradas en las 10 obras mencionadas en este párrafo, las cuales están integradas por tres diccionarios de politología (Nohlen,2006; Borja, 2002-2003; Baca y otros, 2000), dos diccionarios de sociología (Abercrombie, 1986; Giner, 1998), un diccionario de filosofía(Abbagnano, 2008), un diccionario temático (López, 2004) y tres enciclopedias (Campo, 1987; Reyes, 2009; Tella, 1989).6

Sin embargo, debido a que cuatro entradas no contienen información relevante para los propósitos del presente trabajo (González Vega,2009; Baca, 2000; Sánchez, 2004; y Martínez, 2004), no se las analiza nicompara con el detalle de las otras. Por tanto, después de la rápida menciónque enseguida se hace de estas cuatro entradas, en lo que sigue sólo mereferiré a ocho obras lexicográficas y 11 entradas, de las cuales 10 tratansobre ciudadanía (o ciudadano) y sólo una sobre civismo. En la comparación en la enciclopedia dirigida por Reyes el contenido de la única entradaque incluye alguno de los conceptos sobre los que versa este texto secircunscribe por completo a un tema que ahora no interesa, la ciudadaníaeuropea (González Vega, 2009). Por su parte, una de las dos entradas deLéxico de la política (Baca y otros, 2000), titulada "ciudadaníamulticultural", en lo fundamental se limita a confrontar dos concepcionesde ciudadanía: la clásica y homogeneizadora, que el último tramo de susecular historia ha tenido raigambre liberal, y la multicultural. "El desafíopolítico más importante, en consecuencia, consiste en conjugar las diferencias regionales con los criterios generales de la ciudadanía o, dicho de otraforma, en combinar las identidades particulares con una identidad colectiva más general, y es aquí donde aparece la necesidad de una nueva concepción de ciudadanía que incorpore las diferencias" (Baca, 2000: 56). Porúltimo, las dos entradas de la obra dirigida por López (2004) defienden unaciudadanía universal que termine con el etnocentrismo, el racismo y el nacionalismo que han caracterizado las concepciones de ciudadanía predominantes a lo largo de la historia de la humanidad, pues hasta la fecha handemostrado su carácter excluyente. Sin embargo, este antiguo ideal se presenta aderezado de elementos poco afortunados como explicaciones simplistas: "la intolerancia de unos Estados contra otros hoy no es real sino unpararrayos para desviar la atención de los conflictos internos" (Sánchez,2004: 124); y propuestas ingenuas cuya puesta en práctica podría traducirseen el incremento de los males que pretenden extirparse: "parece ser quepara los ciudadanos del mundo más que leyes de extranjería se necesitanleyes de hospitalidad que regulen la posesión común de la tierra, ya quenadie tiene más derecho que otro a estar en un determinado lugar de latierra" (Martínez, 2004: 126).

Antes de dejar que hablen las entradas de las obras lexicográficasespecializadas que enfrentan la caracterización de alguno de los tres conceptos sobre que versa el presente trabajo, es necesario indicar dos criterios que se emplearon, respectivamente, para delimitar la información porrescatar y para clasificarla. Por un lado, sólo se retomó lo relativo a lossignificados actuales de los conceptos que aquí interesan. En consecuencia, se retoma lo dicho en estas obras sobre la construcción histórica de la ciudadanía tal como se concibe hoy, pero se excluye lo dicho sobre la ciudadanía en tiempos anteriores, como en la civilización grecolatina de laAntigüedad o en la Edad Media, de la que hablan con cierta amplitud seisentradas: Blasco, 1987; Hernández-Rubio, 1987; Bobes, 2000; Baca, 2000; Borja, 2002-2003: "Ciudadanía"; Martínez Guzmán, 2004. En cuanto alconcepto actual de ciudadanía, relativo en lo fundamental a colectividadessoberanas, conviene señalar desde ahora que incorpora, por lo menos, lostres tipos de derechos establecidos por Marshall (1997) en 1950 y que portanto, en sentido estricto, sólo puede detectarse con el Estado social y democrático de derecho:7 en los Estados dictatoriales o bien no se preocupanpor ninguno de los tres tipos de derechos o bien sólo lo hacen por los derechos sociales (como los leninistas), pues las dictaduras, independientemente de que sean de izquierda o de derecha, violan sistemáticamente los derechos individuales y los derechos políticos. Como dice una de las obrasanalizadas, "si entendemos por ciudadanía el conjunto de derechos cívicos, económicos y políticos, sólo las sociedades democráticas puedenconsiderarse legítimamente como sociedades de ciudadanos" (GarcíaCabeza, 1998: 108).

De acuerdo con el enfoque predominante en ellas, las 11 entradasexpuestas a continuación se dividen en dos grupos principales: siete, contenidas en cinco obras, se refieren a los términos ciudadanía o ciudadano bajo una óptica, básicamente, jurídico-política (las dos entradas de Borja, 2002; Abercrombie y otros, 1986; Tella, 1989; García Cabeza, 1998;Hernández-Rubio, 1987; y Blasco, 1987); mientras que las cuatro entradasrestantes (Bobes, 2000; Rieger, 2006; Nohlen, 2006; Abbagnano, 2008),contenidas en tres obras y que incluyen la única relativa a civismo, danamplia cabida al enfoque ético-político o incluso se enmarcan plenamenteen él. Además de las definiciones y distinciones que más interesan en estetrabajo, se rescatan asuntos aledaños que también se consideran relevantes,como la construcción histórica del actual concepto de ciudadanía y las distintas percepciones desde las que se ha comprendido tal concepto. Como seobservará, no se ha omitido valorar la precisión conceptual de los textosanalizados, al señalar la ambigüedad de algunas formulaciones, que quizáproceda de la contenida, como se tuvo oportunidad de indicar, en algunasacepciones de ciudadanía de los diccionarios de la lengua, por más que enéstos la ambigüedad se debía a la falta de distinción entre habitante y ciudadano, en tanto que en estas obras especializadas suman a ésta la confusiónentre estatus y comportamiento, entre derecho a participar y participaciónactiva.

Borja (2002)8 hace dos distinciones respecto al término ciudadanía, a través de las cuales se plasman definiciones relativamente unívocas—desde el enfoque jurídico-político, lógicamente— de ciudadanía (condos significados), ciudadano y nacionalidad. La única ambigüedad reseñable, que se mantiene en diferentes partes de la entrada, se debe a que enocasiones no queda claro si para ser ciudadano se requiere sólo tener ciertos derechos y obligaciones o si, además de lo anterior, es necesario participar activamente en política. La primera distinción es usual tanto en estetipo de diccionarios como en los de la lengua. Sin embargo, como la definición de ciudadano de Borja es precisa esta distinción no da lugar a lasambigüedades que se encuentran en otros autores. Según este autor, la palabra ciudadanía "tiene dos acepciones: la primera se refiere al conjunto deciudadanos de un Estado, y la segunda al cúmulo de derechos y deberespolíticos que cada uno de ellos tienen" (Borja, 2002: 176). Mas adelantedetalla esta segunda acepción de ciudadanía e incorpora la definición deciudadano: "el cúmulo de derechos y obligaciones políticos que ellos (losciudadanos) tienen como elementos políticamente activos de la vida estatal. Dicho en otras palabras, es el conjunto de deberes y derechos recíprocos entre los agentes y órganos estatales y las personas definidas en sufunción de su pertenencia al Estado. No toda persona es ciudadano: lo essolamente la que reúne determinadas condiciones de nacionalidad, edad yejercicio de los derechos políticos" (Borja, 2002: 177). La segunda distinción es entre nacionalidad y ciudadanía.

No se deben confundir los conceptos nacionalidad y ciudadanía. La nacionalidad es una especial condición de sometimiento políticode una persona a un Estado determinado, sea por haber nacido en suterritorio, sea por descender de padres naturales de ese Estado, seapor haber convenido voluntariamente en sujetarse políticamente aél. La ciudadanía, en cambio, es la calidad que adquiere el que, teniendo una nacionalidad y habiendo cumplido las condiciones legales requeridas, asume el ejercicio de los derechos políticos que lehabilitan para tomar parte activa en la vida pública del Estado y sesomete a los deberes que le impone su calidad.

Por tanto, está claro que no puede haber ciudadanía sin nacionalidad, puesto que ésta es condición necesaria para aquélla, pero sípuede haber nacionalidad sin ciudadanía, como en el caso de losmenores de edad o de los adultos interdictos por cualquier causa,que pertenecen al Estado pero que no tienen el uso de los derechospolíticos (Borja, 2002: 177).

También es clara, por más que pudiera discutirse, la distribución dederechos que hace entre los distintos estratos sociopolíticos de un país.

A la persona le asisten dos clases de derechos: unos que le son inherentes por su calidad humana, y que por tanto son comunes a todaslas demás personas, y otros que le pertenecen en cuanto elementopolíticamente activo del Estado, es decir, en cuanto ciudadano.

Dentro de esta doble consideración del individuo —como personahumana y como ciudadano—, los primeros son los derechos civiles,los derechos sociales y los nuevos derechos del ser humano, que seextienden a todos los individuos, nacionales o extranjeros, mayores o menores de edad, que habitan en el territorio del Estado, y lossegundos son los derechos políticos, que pertenecen exclusivamente a la persona en cuanto miembro activo de la vida política delEstado (Borja, 2002: 176-177).

Más adelante insiste y concreta (al autor podría achacársele, sindemeritar sus virtudes, cierta dificultad de síntesis)

Los derechos civiles se conceden en forma amplia y general a todaslas personas sin distinción de raza, edad, sexo, idioma, religión,opinión política, origen nacional, posición social, capacidad económica o cualquier otra condición. Los derechos políticos, en cambio,se asignan solamente a los nacionales y, dentro de ellos, únicamentea los que tienen la calidad de ciudadanos. No todos los habitantes deun Estado son ciudadanos. Lo son tan sólo aquellos que han cumplido los requisitos generales que la ley exige para la obtención de la ciudadanía, que es una calidad jurídico-política especial que acredita a la persona como miembro activo del Estado y que la habilitapara ejercer los derechos políticos, es decir, para participar en lavida pública estatal (Borja, 2002: 177).

Desde este entendimiento de la ciudadanía, como "un status jurídico que entraña una serie de derechos políticos de las personas en la vidacomunitaria" (Borja, 2002: 177), el autor, con un detalle que merece serrescatado, establece los requisitos que deben reunir los individuos paraconvertirse en ciudadanos, tras lo cual menciona algunas causales de sus pensión de la ciudadanía y algunos derechos políticos concretos.

Las legislaciones establecen los requisitos que deben reunir las personas para adquirir y ejercer los derechos políticos o de ciudadanía.El primero de ellos es la nacionalidad, que entraña un vínculo jurídico-político entre un individuo y un Estado determinado, ya porhaber nacido en su territorio o ya por haberse naturalizado en aquél.No tienen derechos políticos más que los nacionales de un Estado. Los extranjeros no. La nacionalidad puede ser de dos clases: de origen y adquirida. Nacionalidad de origen es la que pertenece alindividuo por el solo hecho del nacimiento en el territorio de unEstado. Nacionalidad adquirida es la que obtiene la persona por unacto voluntario mediante el cual cambia su nacionalidad de origenpor otra. Esto significa que se puede pertenecer a un Estado pornacimiento o por naturalización. En cualquier caso, la nacionalidadimpone al individuo determinados deberes para con el Estado almismo tiempo que le confiere ciertos derechos, que son los derechos políticos, entre los cuales está el electoral.

El segundo requisito es el de la edad. Para ser ciudadano, es decir, elemento políticamente activo del Estado, se requiere haber cumplido la edad mínima señalada por la ley, que varía según las legislaciones entre 16 y 21 años. Esta exigencia representa una presunciónde madurez en la persona para efectos de asignarle funciones y responsabilidades públicas.

Los derechos de ciudadanía se suspenden por condena judicial enrazón de la comisión de un delito, por enajenación mental y, en algunos Estados, por el alistamiento en las fuerzas armadas o por elingreso al clero.

Son derechos políticos: el de participar en el gobierno del Estado,de elegir y ser elegido, tomar parte en plebiscitos, referendos, recalls y otras formas de consulta popular; desempeñar funciones públicas,militar en partidos políticos, opinar y expresar libremente las opiniones sobre cuestiones del Estado y los demás referentes a la vidapolítica y de la comunidad (Borja, 2002: 177-178).

En la misma perspectiva jurídico-política de Borja, se inscriben lastres entradas mencionadas a continuación (Abercrombie y otros, 1986; Tella,1989; García Cabeza, 1998). La primera se encuentra en un diccionario desociología publicado originalmente en inglés en la primera mitad de la década de 1980, y, entre otras cuestiones, presenta con claridad, además delas características básicas de la ciudadanía actual —los derechos civiles, políticos y socioeconómicos—, una visión histórica de cómo se obtuvierontales derechos y de las repercusiones sociopolíticas que tuvieron.

El concepto de ciudadanía como condición que da acceso a derechos y poderes está asociado con T. H. Marshall (1963). Los derechos civiles comprenden la libertad de expresión y la igualdad antela ley. Los derechos políticos incluyen el derecho al voto y a organizarse políticamente. Los derechos socio-económicos incluyen el bienestar económico y la seguridad social. En la sociedad preindustrial,esos derechos estaban limitados a una élite reducida. Mientras la masa se vio excluida del disfrute de plenos derechos civiles y políticos, florecieron las ideologías revolucionarias de clase. La extensión de la ciudadanía en el sentido civil y político a la burguesía y ala clase trabajadora integró a estas clases en la sociedad y la política, lo que llevó al declive de la conciencia revolucionaria de clase.La extensión de los derechos socioeconómicos, incluidos el de sindicarse, el de negociar colectivamente en la esfera económica y elcrecimiento del Estado del bienestar, puede considerarse tambiénimportante para la integración de la clase trabajadora moderna(Abercrombie y otros, 1986. 44).

La segunda entrada, tan clara como la anterior pero más escueta que ella, pertenece a una obra colectiva realizada, en la segunda mitad de la década de 1980, en Argentina, de donde son la mayoría de sus autores.

Ciudadanía. Calidad de ciudadano, o conjunto de personas de unapoblación o país que reúnen los requisitos para ser consideradoscomo tales, y por lo tanto tienen derechos políticos, fundamentalmente el de elegir y ser elegidos para las funciones gubernamentales, así como las obligaciones correspondientes. Las leyes de cadaEstado establecen las condiciones en que se reconoce la ciudadaníaa los nacionales que llegan a la mayoría de edad, y a los extranjerosque la solicitan (naturalización) (Tella, 1989: 77).

La tercera entrada, más extensa que las dos anteriores, se publicó alfinal del siglo XX en el primer diccionario de sociología elaborado íntegramente por autores españoles. De ella rescato la definición de ciudadanía ylo relativo a su construcción, aunque en los dos asuntos se exhiben ciertas ambigüedades: en el primero no se distingue suficientemente entre prácticas, documentos y derechos (y obligaciones), mientras que en el segundono se hacen las debidas distinciones entre nacionalidad y ciudadanía.

La ciudadanía es aquel conjunto de prácticas que definen a una persona como miembro de pleno derecho dentro de una sociedad. Laciudadanía formal implica la posesión de un pasaporte conferidopor el estado, mientras que la substantiva define el conjunto de derechos y obligaciones que tienen los miembros de una comunidadpolítica. La ciudadanía implica obligaciones a cargo de las instituciones públicas par responder a los compromisos de participaciónde los derechos conferidos (…). Desde finales del siglo XVIII fueconsolidándose la ciudadanía como sinónimo de nacionalidad. Los estados fueron extendiendo la ciudadanía al tiempo quehomogeneizaban la lengua y la educación para incorporar a sus poblaciones. La revolución industrial contribuyó al aumento de la conciencia política mediante la proliferación de asociaciones cívicas yde los sindicatos obreros. La participación en los procesos políticosfue exigida por los grupos sociales sin poder —los trabajadores ymás tarde las mujeres—, adquiriendo derechos políticos que contribuirían a mejorar sus condiciones de vida. La extensión de la ciudadanía, como modo de inclusión, a la mayoría de los habitantes hasido posible con la incorporación de los derechos sociales a esteprincipio, gracias al desarrollo reciente de los estados de bienestar(García Cabeza, 1998: 107).

Por último, en este mismo enfoque jurídico-político se inscriben lasdos entradas de la enciclopedia dirigida por Campos (1987), si bien en lade "ciudadano" se sugieren algunos elementos propios del enfoque integral. Ambas presentan ciertas ambigüedades, al confundir derecho a participar con participación activa, cuando no también nacionalidad y ciudadanía. En la entrada "ciudadanía", después de no conseguir distinguir conclaridad estos dos últimos conceptos, se afirma que la ciudadanía "significa el derecho a participar activamente en la vida política del Estado al cualse pertenece", para después sostener que "la participación como ciudadanoen las funciones políticas del Estado integran la ciudadanía" (Hernández-Rubio, 1987:398). Con todo, se enfatiza un aspecto medular de la ciudadanía: "la ciudadanía encierra, pues, una relación de la persona con el Estado.La misma no se agota por la mera nacionalidad, que puede darse sin aquélla. El hombre ciudadano es, a diferencia del simple súbdito, un ser queparticipa de algún modo en la sociedad política" (Ibid: 399).

Asimismo, merece la pena reproducir en extenso lo que se señala acontinuación sobre los derechos y deberes de la ciudadanía, sus orígenesjurídicos, así como su adquisición, pérdida y recuperación, pues completalo dicho al respecto por Borja.

Derecho a la protección del Estado dentro y fuera del país; derechode sufragio activo y pasivo; es decir, la capacidad de votar y serelegido en las elecciones para cargos públicos políticos; el derechode demandar y de ser oído en los tribunales de justicia. Deberes decumplimiento de las leyes vigentes; de pago de las contribucioneslegales; de prestación del servicio militar.

El concepto actual de la ciudadanía tiene sus raíces indudables en la ideología liberal-democrática y en el concepto de "Estado deDerecho" del siglo XIX. Los derechos del hombre "y del ciudadano" de la "Declaración" revolucionaria francesa de 1789 son su momento germinal, y la libertad política de participar en las funciones públicas y en el ejercicio del poder del Estado, bajo un ordenlegal establecido basado en una Constitución, constituyen su fundamento.

La ciudadanía puede adquirirse y perderse hoy de muy diversasmaneras, según cada legislación y cada país.

La forma normal de adquisición de la ciudadanía es el nacimiento, bien atendiendo al iussoli (nacimiento dentro del país) o aliussanguinis (derecho de sangre o de ascendencia) combinándoseen la mayoría de las veces en las legislaciones ambos modos deadquirir la ciudadanía, según determinados requisitos concretos.También se adquiere por voluntad expresa o por voluntad presunta(como en este caso último, del matrimonio de una extranjera con unciudadano nacional). Por residencia y obtención de la llamada cartade naturaleza o naturalización.

Formas de pérdida de la ciudadanía son la voluntad expresa deadquirir otra, distinta de la concedida por el país propio según sulegislación; por voluntad presunta, como en el caso señalado delmatrimonio. Por naturalización en un país extranjero, cuando así loindique la legislación del país de origen. A consecuencia de una leypenal que así lo establezca, etc.

La ciudadanía puede recuperarse también, por ejemplo, por residencia en el país originario con voluntad expresa de readquirirla, opor la mujer casada con extranjero una vez disuelto el matrimonio.En estos casos se suele exigir una declaración pública oficial, y larenuncia a la nacionalidad extranjera. Por concesión especial de losEstados, etc.

Como puede inmediatamente apreciarse, la adquisición y la pérdidade la ciudadanía está inserta en la adquisición y pérdida de la nacionalidad, pues en realidad es ésta la que se adquiere o pierde, y aconsecuencia de ello se adquiere o se pierde, o se recupera en sucaso, la ciudadanía. La nacionalidad, es, pues, un concepto y unarealidad más amplia (Hernández-Rubio, 1987: 398-399).

De la entrada de "ciudadano" de la obra dirigida por Campos pasamos por alto las partes donde incurre en las confusiones señaladas, paraconcentrarnos en su último párrafo, donde, entre otras cuestiones, se sugiere el enlace entre la perspectiva jurídico-política y la ético-política.

Así, pues, la condición de ciudadano confiere al individuo un "status" particular en el sistema socio-político. Naturalmente, dicho "status" va vinculado al correspondiente conjunto de "roles". A su vez,"cada uno de estos constituye un complejo de expectativas de comportamiento" y deberes (R. Dahrendorf: Homo sociologicus. Westdeutscher Verlag. Colonia y Opladen, 1964, pág. 26). En consecuencia, los derechos del ciudadano van unidos a sus correspondientes deberes (Blasco, 1987: 400).

En relación con la perspectiva ético-política de ciudadanía, que no está totalmente divorciada de la anterior porque incorpora elementos jurídico-políticos, integro cuatro entradas de tres obras: Bobes, 2000; Rieger, 2006; Nohlen, 2006; y Galeazzi, 2008. Además de referirse a la construcción de la ciudadanía actual con una información que ya nos es familiar,Bobes ofrece, sin duda,9 la definición más completa de ciudadanía integralde las entradas consultadas, en una obra mexicana ambiciosa y bien elaborada, Léxico de la política.

La ciudadanía puede ser definida como un conjunto de derechos ydeberes que hacen del individuo miembro de una comunidad política, a la vez que lo ubican en un lugar determinado dentro de la organización política, y que, finalmente, inducen un conjunto de cualidades morales (valores) que orientan su actuación en el mundo público.

Así planteada, la condición de ciudadanía nos enfrenta al menos contres dimensiones que operan simultáneamente: a) una procedimental,que se refiere al conjunto de derechos y mecanismos para su ejercicio, constituido por un modelo de reglas, aplicadas y reconocidasigualmente para todos (y por todos), al que se encuentra ligado todoindividuo por el solo hecho de ser un miembro de la comunidad; b)una dimensión de carácter situacional (o locativa) que implica a lavez un aspecto relacional. Esta dimensión apunta a un grupo de funciones a través de las cuales los individuos se ubican en la división del trabajo político. Aquí las interacciones entre individuos se establecen a partir del mutuo reconocimiento, y en razón de ello loshombres pueden esperar ser tratados (por el Estado y sus instituciones, y por los otros individuos) en condiciones de igualdad a partirde ciertos principios abstractos compartidos que definen la autoridad y las jerarquías; c) finalmente, existe una dimensión moral, quetiene que ver con un conjunto de ideas acerca de la vida pública ycon los valores cívicos que orientan los comportamientos considerados adecuados o justos para la coexistencia y la acción pública(universalismo, igualdad, libertad individual, tolerancia, solidaridad,justicia, etcétera) (Bobes, 2000: 50).

También interesa rescatar cómo se plantea esta autora una serie dedistinciones relacionadas entre sí y con las utilizadas en este apartado. Enprimer lugar, diferencia tres tradiciones: la liberal, la republicana y la democrática, si bien estas dos últimas no terminan de distinguirse con claridad. Posteriormente, se establecen otras distinciones que permiten vincularla ciudadanía militante, la ciudadanía como participación y, quizá, la ciudadanía activa con la tradición republicana, así como la ciudadanía civil, laciudadanía como estatus y la ciudadanía pasiva con la tradición liberal.

En la tradición republicana se prioriza la vida pública, la virtud ciudadana y el bien público por encima de los intereses individuales; elliberalismo hace énfasis en el individuo, su libertad, su carácter privado y la necesidad de una ciudadanía que imponga controles a laacción estatal; por último, la tradición democrática se fundamentaen la participación, la justicia y el autogobierno (…).

Desde esta misma perspectiva también puede hablarse de una ciudadanía militante (activista) y de una civil. Más cercana a la tradición radical, la ciudadanía militante implica ante todo la membresíaa un Estado, el compromiso público y la obligación dominante hacia éste; ésta sería una ciudadanía participativa, que entiende losdeberes como el medio normal de ejercer los derechos. A su vez, laciudadanía civil estaría basada en la moderación del compromisopúblico, y las obligaciones estarían dirigidas ante todo a la asociación, lo que implica una ciudadanía "más privada", donde el sentimiento de pertenencia es más hacia lo particular, y el compromisocon el Estado se condiciona a que éste permita el ejercicio de laactividad privada. Mientras en la primera el individuo es considerado un agente político activo y se le estimula a intervenir en los asuntos públicos y en los procesos de toma de decisiones, en la segundael ciudadano es considerado súbdito de una autoridad y su libertadse considera asociada sobre todo al ámbito privado.

Desde este mismo punto de vista puede discutirse la existencia de laciudadanía como status — correspondiente a la tradición liberal individualista— frente a la ciudadanía que se define por su ejercicio ypráctica —típica de la tradición cívico-republicana—. La primerapone énfasis en los derechos inherentes al individuo en cuanto tal yla dignidad humana; concede la primacía al individuo que elige o noejercer esos derechos que le da el status, de donde resulta que laactividad política es una opción individual. La segunda es una concepción basada en la participación (ejercicio) y, por lo tanto, destaca los deberes. La definición del ciudadano se condiciona a la pertenencia a una comunidad política; los lazos interindividuales se basan en una forma de vida compartida y su libertad implica la coincidencia del deber y el interés individual. Aquí, la ciudadanía, más que un status, es una práctica, es activa y pública y, para esta tradición, la contradicción entre el interés público y el privado es inconcebible.

Entrando en una dimensión que aluda a los procesos históricos de suconstitución, también es posible hacer una distinción entre las ciudadanías activas y las pasivas. Las primeras se forman "desde abajo" a partir de las instituciones participativas localizadas en la sociedad y como resultado de las luchas sociales y de las demandas(de la sociedad al Estado) de ampliación de derechos y mayor inclusión. Las ciudadanías pasivas, por su parte, se constituyen desdearriba vía el Estado, por efecto de la acción estatal, frecuentementecomo resultado de la llegada al poder de élites interesadas en otorgar más derechos o en convertir a una mayor cantidad de individuosen sujetos de los ya existentes (Bobes, 2000: 51-52).

El Diccionario de Ciencia Política publicado por Porrúa (Nohlen, 2006a), al inicio de la entrada "ciudadanía/ciudadanos", se plantea una definición confusa con dos posibles interpretaciones: o bien se refiere toda ella a los habitantes, con lo que no se estaría haciendo la debida distinciónentre éstos y los ciudadanos, o bien el primer elemento alude a los habitantes y el segundo, a los ciudadanos: "la totalidad de los miembros de un entepolítico y su estatus como miembros de pleno derecho". Sin embargo, acontinuación se hacen dos distinciones importantes. Por un lado, se afirmaque "la forma y el contenido del concepto de ciudadana/o corresponde a lafunción e importancia de la unidad política de que se trate", y diferencia alrespecto tres niveles: el Estado nacional, el subestatal, el supra nacional.Respecto al primero —el de mayor relevancia actualmente y al que me ciñoen el tercer apartado— se indican dos cuestiones: que "su adquisición estáligada a criterios estrictos (ascendencia, nacionalización)" y que en él laciudadanía "garantiza un estatus seguro, con los mismos derechos fundamentales civiles, políticos y sociales (igualdad ante la ley, libertad de conciencia, libertad de asociación, sufragio, derecho a recibir asistencia social, etc.)" (Rieger, 2006: 2003).

Por otro lado, se distingue entre dos conceptos de ciudadanía, elliberal y el republicano, cuya oposición, de larga data, se habría revitalizadoen la década de 1990.

El liberalismo considera al ciudadano definido esencialmente porlos derechos de su libertad individual, como derechos de defensa del burgués frente al Estado. Los derechos políticos cumplen aquí elobjetivo instrumental de delimitar y controlar el poder y los derechos sociales se justifican con la necesidad de asegurar y restablecer la autonomía individual. En cambio, el republicanismo concibeal ciudadano, en la tradición de la polis griega, como forma de vidaen la cual el ciudadano se realiza a través de su compromiso a favordel bien común y la participación en la dominación (Rieger, 2006:2003-204).

En contraposición también con la perspectiva liberal, el mismo autor afirma que el comunitarismo acentúa en su crítica del concepto liberal de ciudadano que la democracia liberal y el Estado de bienestar descansanen presupuestos (valores comunes, cultura política, etc.) que ellosmismos no pueden mantener o establecer en la lógica de la libertadindividual y la preeminencia del derecho ante lo bueno. La ciudadanía exige, afirman, un retorno al compromiso de los ciudadanos ysus virtudes, que tienen que fomentarse a través de la cultura política y la democracia directa (Rieger, 2006: 204).

A partir de la constatación de que, "con la sobrevaloración de lacomunidad, existe el peligro a la inversa de una pérdida de la libertad individual", se sostiene que Para un concepto del ciudadano adecuado al mundo moderno serequiere un nuevo ajuste de la tensión insuperable entre (a) libertad, igualdad y solidaridad, (b) entre la orientación hacia el bien comúny los derechos individuales, (c) entre los derechos humanos y losderechos civiles, y (d) entre los ciudadanos como comunidad política y pertenencias étnicas, religiosas, etc. (Rieger, 2006: 204).

En este mismo diccionario especializado en ciencia política, se incluye la única entrada dedicada al civismo de todas las obras lexicográficasespecializadas consultadas. Si bien su contenido se circunscribe al tipo deinterrelación que debe primar entre los políticos, sus afirmaciones enfatizanvalores y comportamientos que también son aplicables a la interacción enla vida cotidiana de los habitantes de cualquier país.

Civilidad/Civismo, conceptos que designan un estilo de conductapolítica consistente en las buenas maneras, la cortesía y el respetotanto frente a los aliados como frente a los opositores políticos.

A veces, la lucha política conduce a sus protagonistas, especialmente a los que ocupan cargos de gobierno, a denigrar a sus rivales,lesionando así su dignidad por el simple hecho de disentir o de oponerse políticamente. Esto no es sólo lamentable a nivel personal.Indica también un estado de cultura política poco acorde con la esencia del proceso político democrático como búsqueda de la mejordecisión en un marco de conflicto de intereses. Se desprecia la función de control que ejerce la oposición, uno de los pilares de lademocracia representativa. Los conceptos c. y c. se asocian ademása los de comprensión, moderación y gentileza, cualidades basadasen la estima y el respeto a otras personas. Su elemento sustancialconsiste en la inclusión de los otros en mismo universo moral, en el tratamiento de otras personas como iguales, nunca como inferioresen dignidad, y en el reconocimiento de la función que cumplen losque se oponen y que, por lo demás, constituyen la alternativa degobierno en el futuro (Nohlen, 2006b: 203-204).

Por su parte, la entrada dedicada a la ciudadanía en la última edicióndel diccionario de filosofía de Abbagnano, pese a sus ambigüedades, manifiestas por ejemplo en la definición del mencionado concepto, reitera distinciones importantes vistas ya en entradas anteriores, pero añadiendo matices rescatables, y expone con claridad los ingredientes involucrados enlas nuevas formulaciones del concepto en cuestión.

La Ciudadanía es la pertenencia a una comunidad política, y se constituye en diversos términos en las diferentes sociedades. Está ligadaa la libertad (concebida como parte del derecho natural, es decir,universal) o a la justicia (considerada como orden o igualdad), o auna y otra, y en este sentido se identifica con el ejercicio de tresclases de derechos humanos: los civiles (por ejemplo: a la vida, a laexpresión y a la propiedad); los políticos (v.gr., al ejercicio electoral, a la asociación en partidos y sindicatos), y los sociales (entreotros, al trabajo, al estudio, a la salud). La adquisición de esos derechos de c., según algunos, es progresiva; según otros, no tiene carácter lineal ni evolutivo. Mientras que en la Antigüedad la idea de c. se relacionaba esencialmente con la de los deberes, y en la edadmoderna, con la de los derechos, la idea de la c. abarca hoy derechos y deberes: considerados los unos y los otros coesenciales paraser miembros de una comunidad. Con mayor precisión podría decirse que la nueva c. reúne los derechos de la libertad y de la igualdadcon los deberes de la solidaridad. En este sentido, el concepto de c.se une al de democracia, y se caracteriza por la necesidad de conciliar las exigencias de la participación con las de la gobernabilidad,por un lado, y por el otro, las de la justicia con las del mercado. Aeste respecto se habla de nueva c. con referencia a la necesidad desuperar una cultura estatista (que conduce al Estado asistencial) enfavor de una cultura social que va más allá del binomio Estado-mercado, y se abre al trinomio Estado-mercado-tercer sector (el denominado sector no profit, de carácter social privado).Consiguientemente, la c. no se define en términos de reivindicación(por parte de los grupos) ni de donaciones (por parte del Estado),sino en términos de responsabilidad, en el sentido decorresponsabilización. En esta perspectiva, el problema de la c.,objeto de estudio por parte de la sociología, se convierte en tema dereflexión, incluso para la filosofía política. A este respecto, interesantes indicaciones provienen de diversos autores, como R.Dahrendorf, quien en la c. ve la síntesis de libertad e igualdad, y J.Habermas, quien propone un concepto de C. que implica el ejercicio efectivo de los derechos civiles como oportunidad para que losciudadanos tomen parte activa en los procesos deliberativos sobrederechos políticos y sociales. El problema de la c. va adquiriendocreciente importancia en las ciencias sociales o en la filosofía política, en cuanto representa la manera para dar carácter concreto aldiscurso sobre la democracia, evitando una configuración abstracta o genérica (Galeazzi, 2008: 168).

Para terminar este apartado, no deja de resultar interesante mencionar las 10 obras lexicográficas consultadas en ciencias sociales (sociología, politología y antropología) y filosofía que no incluyen (mejor decirincluían, en pasado, pues se contempla entre ellas el diccionario deAbbagnano, que desde su última edición incorporó, como se indicó, la entrada de "ciudadanía") ninguna de las tres entradas de las que trata el presente texto —ciudadanía, ciudadano y civismo—, pues estas ausenciasdemuestran que el interés despertado por tales conceptos ha crecido con eltiempo, pero que todavía no ha llegado a disciplinas y ámbitos de reflexiónque sacarían provecho de ello. Sin duda, la ausencia temprana más significativa es la de esa magnifica enciclopedia en 11 tomos que se culminó en sulengua original, la inglesa, en 1968, que todavía sigue consultándose conprovecho por su elevada calidad y que es la más extensa de las 19 obrasconsultadas (Sills, 1979).

Los dos mejores diccionarios de filosofía en la actualidad son obra, en lo fundamental, de un sólo autor y vieron la luz hace unas cuantas décadas, aunque han tenido varias rediciones. El de Ferrater Mora (1990), escrito originalmente en español, vio la luz en México por primera vez, en1941, con 598 páginas en un solo tomo. La última edición preparada porcompleto por su autor, la sexta, fue editada en 1979 por Alianza y consta de3589 páginas divididas en cuatro tomos (Wikipedia, 2012). El deAbbagnano, que me parece más preciso en la expresión de las ideas que elanterior, tuvo su primera edición en su lengua original, el italiano, en 1961.La segunda edición y última preparada por el autor fue de 1971. El Fondode Cultura Económica, además de publicar tales ediciones, lo ha hechotambién con la tercera, actualizada y aumentada por Giovanni Fornero, dondeaparece por primera vez el término ciudadanía, que se reseñó antes. Mássorprendente resulta que una obra dedicada a la ética y la filosofía moral,que vio la luz por primera vez en francés, a mediados del decenio de 1990,tampoco tenga estas palabras (Canto-Sperber, 2001).

En el campo de la sociología tres diccionarios traducidos al españoldesde otras tantas lenguas distintas se siguen vendiendo hoy, pese a susdistintas edades. Ninguno contiene las palabras que nos interesan en estetrabajo: el más antiguo fue editado en inglés por primera vez en 1944(Fairchild, 2006), el segundo tuvo su origen en Viena en 1969 (Schoeck,1985) y el tercero se editó por primera vez en italiano en 1978 (Gallino,2001).

Tampoco tienen estas entradas los que quizá sean los dos mejoresdiccionarios de antropología en español, publicados ambos en este siglo enesta lengua y en el decenio de 1990 en sus lenguas originales: uno en 1991en francés (Bonte e Izard, 2005) y otro, verdaderamente ejemplar, en 1997en inglés (Barfield, 2000). Otra obra que no puede dejar de mencionarse eneste sentido es el que quizá sea el diccionario de ciencia política más leídoen español, aunque es traducido del italiano, cuyas ediciones en su lenguaoriginal son de 1976 y 1983 (Bobbio y otros, 2002).

Distinciones y definiciones

El objetivo principal de este apartado consiste en establecer algunas relaciones básicas entre un concepto de ciudadanía derivado del enfoque jurídico-político y otro procedente del enfoque ético-político.Sin embargo, dichas relaciones sólo se hacen nítidas cuando se emprendenpor separado las distinciones, definiciones y consecuencias propias de cadaenfoque.

Antes de emprender estas tareas, conviene precisar algunos términos que se utilizan en el análisis de ambos conceptos de ciudadanía. En este texto ambos enfoques se aplican a un mismo tipo de colectividad quedenomino país, entendido como colectividad soberana paradigmática en laactualidad y que habita un territorio claramente delimitado.10 Por su parte,con el vocablo habitante se alude a toda persona que vive de forma permanente en un país, por lo que este concepto aglutina todos los estratossociopolíticos que se distinguen a continuación, desde cualquiera de lasperspectivas empleadas. Dicho de otra manera, el conjunto de los habitantes se divide en estratos sociopolíticos. Pese a su amplitud, este conceptode habitante excluye a personas que podrían encontrarse en un país en unmomento determinado, como las que están en transito hacia otro país o lasque se encuentran en él por un lapso corto y acotado, como los turistas.

Dentro de la perspectiva cuyas distinciones y definiciones secircunscriben al ámbito jurídico-político, comencemos con lo relativo a losconceptos de ciudadanía y de ciudadano. Dado que la precisión del concepto ciudadanía siempre depende de la que se tenga del concepto de ciudadano, es necesario aclarar éste para hacer lo propio con aquél. En efecto, para precisar las dos acepciones más usuales de ciudadanía —conjuntode ciudadanos y estatus o condición propia de los ciudadanos, que a su vezinvolucra el conocimiento de los atributos que le confieren dicho estatus alciudadano—, es necesario y suficiente establecer con claridad qué se entiende por ciudadano; es decir, cuáles son las características del ciudadano y cómo se le distingue de los otros estratos sociopolíticos contemplados.

Con frecuencia, todos los habitantes de un país tienen en común eldisfrute de ciertos derechos individuales y sociales, pero los derechos políticos siempre son exclusivos de una parte de ellos; es decir, siempre hayuna porción amplia de habitantes sin derechos políticos, como los menoresde edad y, en su caso, los inmigrantes.11 A partir de los criterios jurídico-políticos que ahora interesan, los habitantes se clasifican de la siguientemanera: en principio, se distingue entre nacionales e inmigrantes, pero losnacionales, a su vez, se dividen en dos conjuntos: los ciudadanos en sentidorestringido (para distinguirlos de los que desde la perspectiva ético-políticallamaré ciudadanos en sentido amplio) y los súbditos (en el sentido denacionales sin derechos políticos), que se subdividen en menores de edad yciudadanos con los derechos políticos suspendidos.

Por tanto, los nacionales son los que tienen la nacionalidad del paísdonde viven y los inmigrantes son los que no la tienen (que actualmenteequivale a decir que la tienen de un país distinto a aquél donde radican).Generalmente, esta diferencia se traduce en que los nacionales pueden disfrutar de más derechos individuales y sociales que los inmigrantes, al tiempo que la obtención de la ciudadanía es distinta en ambos casos. La casitotalidad de los nacionales de origen (por nacer en el territorio o por ascendencia) sin ciudadanía se compone de menores de edad que, para adquirirla ciudadanía, sólo requieren tener la edad que marca la legislación de supaís y hacer algún sencillo trámite administrativo. Por su parte, el inmigrante, para tener los derechos políticos propios de la ciudadanía, debepreviamente adquirir, por naturalización, la nacionalidad del país dondereside, lo que con frecuencia no resulta fácil. Además, la relación con elpaís donde radican es distinta en uno y otro caso, pues, entre otras cuestiones, en general el nacional tiene un sentimiento de pertenencia más intensohacia él que el inmigrante, por lo que el primero suele inclinarse más a la participación que el segundo, quien, además, como se indicó, tiene limitaciones jurídicas al respecto.

Los aquí llamados súbditos, a falta de otra denominación mejor,son los nacionales que no gozan de derechos políticos; es decir, los menores de edad —los más importantes, sin duda, cuantitativamente— y losciudadanos a quienes se han suspendido los derechos políticos. Esta suspensión puede tener razones como las siguientes: de orden judicial, enajenación mental, alistamiento en las fuerzas armadas e ingreso al clero (Borja,2002: 178). Cuando tales causas dejan de existir, el súbdito recupera sucalidad de ciudadano. Por su parte, los ciudadanos en sentido restringido—comúnmente llamados ciudadanos, sin más, desde la óptica jurídico-política— son los únicos que pueden ejercer los derechos políticos en elpaís del que se trate. Los ciudadanos en sentido restringido son necesariamente nacionales, pero su nacionalidad, como se indicó, pudo ser adquirida por nacimiento o por naturalización. Los derechos políticos más elementales son el de participar en la elección de autoridades y el de accedera cargos de elección popular, pero también lo es el de participar tanto enotros tipos de consultas populares, como el referéndum, como en discusiones y organizaciones políticas (Borja, 2002: 178; Hernández-Rubio, 1987:398-399).

Aunque no lo hace ninguna de las obras lexicográficas especializadas consultadas, estas distinciones y definiciones en torno a los conceptosde ciudadano (y ciudadanía) permiten hacer distinciones importantes entre los estratos sociopolíticos de los países con regímenes políticos democráticos y los estratos sociopolíticos de los países con regímenes políticosdictatoriales. De esta comparación se deriva a su vez la conveniencia decierto tipo de reivindicaciones y obligaciones, que mostrarían posibles concreciones del concepto civismo en relación con la perspectiva jurídico-política que ahora interesa.

Si entendemos por ciudadano (en sentido restringido), como lo hacen todas las obras lexicográficas especializadas consultadas, el individuoal que se le reconocen, tanto en la legislación como en la práctica, los trestipos derechos mencionados, debemos concluir que los únicos países conciudadanos son los gobernados por un Estado social y democrático de derecho, también llamado Estado benefactor y Estado de bienestar. Pongamos algunos ejemplos de tipos de países en los que, por su régimen político, no habría ciudadanos en el sentido indicado. Incluso en algunos deellos la mayoría de los habitantes, debido al grado de dominación que padece, ni siquiera podría calificarse de súbdita, sino que habría que acudir adenominaciones, como la de siervo, que denota no sólo la total exclusiónde derechos políticos, sino también cierta negación de derechos individuales básicos y por tanto de, para catalogar al estrato sociopolítico al que pertenecen.12Bajo las dictaduras los derechos individuales y políticos, independientemente de que estén o no contemplados en la legislación, no sonreconocidos en la realidad, si bien cabe sostener que en general en las dictaduras de derecha tampoco son reconocidos los derechos sociales, mientras en las dictaduras de izquierda, como las leninistas, éstos son reconocidosmás frecuentemente. También cabe mencionar que, en la primera mitad delsiglo XIX, en las democracias liberales ni siquiera la legislación reconocíaderechos sociales (ni tampoco políticos) a la mayoría de la población adulta.

De acuerdo con este planteamiento, la perspectiva jurídico-políticade ciudadanía puede amparar reivindicaciones de suma importancia. Incluso en los países donde el Estado social y democrático de derecho ha sidomás abarcador siempre habrá déficits relacionados con alguno de los trestipos de derechos mencionados, máxime si se considera que la concepciónde tales derechos en ocasiones se amplia con el correr del tiempo. Si además de los derechos contemplamos las obligaciones que suelen ir aparejadas a ellos, el panorama de metas por obtener dentro de esta misma perspectiva se amplia considerablemente, incluso, reitero, en estos mismos países, pues siempre hay porciones importantes de individuos que tienden alincumplimiento de las mismas. Las reivindicaciones que se derivan de estaperspectiva en relación con las dictaduras, lo mismo las de izquierda quelas de derecha, son, lógicamente, de mucha más envergadura, pues en estosregímenes políticos la primera exigencia que se plantea es el reconocimientode los derechos individuales y políticos que sistemáticamente se les niega alos habitantes. Y esta reivindicación no puede por menos que conducir,necesariamente, a la exigencia del desmantelamiento del régimen políticoimperante y su sustitución por otro de carácter democrático, porque ésta esla única posibilidad de que los habitantes adultos pasen de su condición desiervos o súbditos a la de ciudadanos. De esta manera, en las dictaduras, desde la perspectiva jurídico-política, el civismo se puede asociar, entanto que justifique la pretensión de instaurar un régimen político quereconozca derechos individuales y políticos, con la lucha por transitarhacia la democracia.

Sin embargo, aunque del enfoque jurídico-político se pueda inferirla conveniencia de expandir y fortalecer los derechos individuales, políticos y sociales, no proporciona el marco conceptual adecuado (especialmente, por la ausencia de los conceptos que enseguida se denominarán ciudadano en sentido amplio, ciudadano democrático y ciudadano ideal)para plantear con la debida claridad y profundidad tales objetivos, que, endefinitiva, también son el desiderátum de toda concepción actual de ciudadanía que incluya como uno de sus elementos centrales el civismo que deben mostrar los ciudadanos.

Veamos, pues, las distinciones y definiciones correspondientes a laconcepción ético-política de ciudadanía, así como las consecuencias quede ellas se derivan para guiar la conducta de los ciudadanos. El esquemaque se propone respecto a esta concepción tiene como eje el ciudadanodemocrático: además de caracterizarlo, a través de actitudes y comportamientos guiados por determinados valores, dicho esquema pretende diferenciarle de otros tipos de ciudadanos, establecer el universo de los buenosciudadanos potenciales (que marca sus posibilidades máximas de expansión y que denomino ciudadanía en sentido amplio) y su función, de protección y fortalecimiento, tanto ante los ciudadanos más vulnerables comorespecto a los que no tienen la madurez adecuada para participar en la vidapública, que denomino niños. Como puede observarse, lo propuesto desdeeste enfoque, todavía en mayor medida que lo referido al enfoque jurídico-político, no sólo tiene un interés cognitivo, sino que además pretende servirde base para proyectar y llevar a cabo acciones concretas encaminadas a laconstrucción de ciudadanía; es decir, a la expansión y fortalecimiento debuenos ciudadanos, tarea que debe involucrar a quienes todavía no lo sonpero lo serán con el paso del tiempo: los niños.

La primera división del universo de habitantes basada en esta concepción ético-política —basada en el criterio de la madurez psicológica,que de alguna manera se corresponde con uno etario— distingue los niños o habitantes todavía inmaduros para participar activamente en la vida política de los ciudadanos en sentido amplio, independientemente de que unosy otros sean nacionales o extranjeros. Las tres distinciones siguientes serefieren a los ciudadanos en sentido amplio —estrato sociopolítico que,por supuesto, incluye al de los ciudadanos en sentido restringido, por loque también éstos pueden clasificarse de la misma forma— y se establecena partir de la participación de los ciudadanos en los asuntos públicos o, másconcretamente, en la toma de decisiones colectivas, lo que ineludiblementeremite no sólo al ámbito de las actitudes y las ideas, sino también al de laactuación, de la conducta o del comportamiento.

La segunda distinción divide al conjunto de ciudadanos en sentidoamplio en ciudadanos activos y pasivos, de acuerdo, básicamente, con elnivel cuantitativo de la mencionada participación. La tercera distinción divide a los ciudadanos activos en gremiales e ideológicos, según sea la amplitud del interés que guíe su participación. Por último, los ciudadanos conintereses ideológicos se dividen en democráticos y autoritarios, de acuerdocon el compromiso que tengan con un régimen político determinado y conlos valores o contravalores que tal régimen promueva.

El concepto de ciudadano en sentido amplio tiene la pretensión,como se señaló, de establecer el universo potencial de los ciudadanos democráticos. En general, la mayoría de los ciudadanos en sentido amplioestá constituida por ciudadanos en sentido restringido, quienes, además,como también se indicó, suelen ser más propensos a la participación en lapolítica nacional por tener un sentimiento de pertenencia más intenso respecto al país donde viven. Sin embargo, la ciudadanía en sentido amplio nosólo integra a éstos, sino también a todos los otros habitantes de un país conla madurez psicológica suficiente para participar autónomamente en la vidapública, independientemente de que sean nacionales —incluidos los quetienen su ciudadanía jurídica suspendida por motivos no psicológicos— oinmigrantes. Los ciudadanos en sentido amplio son, por tanto, los habitantes de un país que tienen la madurez psicológica suficiente para participaren la toma de decisiones colectivas del país donde viven, lo que implicacierta capacidad de autonomía individual cognitiva y moral. De esta ciudadanía en sentido amplio sólo quedan excluidos los niños (o personas sin la madurez psicológica adecuada para participar autónomamente en la vidapolítica del país) y los adultos, irrelevantes cuantitativamente, que tampoco tengan tal madurez.

El ciudadano pasivo se distingue del activo por su nivel de participación. Ésta se puede medir, en principio, a partir de dos tipos deinvolucramiento político, que se pueden presentar en los ámbitos más diversos (desde el nacional y el municipal hasta el organizacional): en losprocesos de selección de autoridades o de quienes toman las decisionescolectivas (por lo menos a través del voto), que sería típico de la participación más común en la democracia participativa, y directamente en los procesos donde se toman tales decisiones, que sería característico de la democracia directa. Si bien a los inmigrantes se les prohíbe llevar a cabo ciertotipo de participación política de la mayor relevancia (la propia de los ciudadanos en sentido restringido), siempre tienen alguna posibilidad jurídicade participación pública, aunque sólo sea la derivada de su interacción conotros inmigrantes. En México el nivel de abstencionismo en las eleccionesconstitucionales (federales, estatales y municipales) está dentro de lo normal, pero la proporción de ciudadanos que participan, de la manera quesea, en algún tipo de organización es sumamente bajo. Entre 1973 y 2009,la participación en las elecciones federales, tanto presidenciales como legislativas, osciló entre 40% y 77% (Valdés, 2010: 28), mientras que "menos de 7% se interesa o está dispuesto a integrarse a alguna forma de accióncolectiva institucionalizada", desde las asociaciones religiosas, deportivasy de colonos hasta las sindicales y los partidos políticos (Russo, 2010: 2019).

De acuerdo con este planteamiento, se proponen las siguientes definiciones: ciudadano, en sentido amplio, pasivo es aquél que teniendo lamadurez psicológica adecuada no participa en los asuntos públicos; ciudadano, en sentido restringido, pasivo es quien no participa en tales asuntospese a tener no sólo la madurez psicológica para ello, sino también losderechos políticos que le facultan para ello; por último, ciudadano activo(nacional o inmigrante) es aquél que participa en dichos asuntos independientemente de su estatus jurídico-político.

Pero el problema no sólo es cuantitativo, en la participación políticase debe enfatizar la calidad o el tipo de dicha participación. Al respecto, esde la mayor importancia si el motivo de la participación consiste sólo enmejorar la situación propia o implica, además o en sustitución de lo anterior, la defensa de propuestas con objetivos más amplios o ideológicos (enel sentido de que defienden sistemas de ideas universales, relacionados conel conjunto del país o de amplios segmentos de sus habitantes). Sin embargo, debe reconocerse que la frontera entre estos dos tipos de participaciónno es nítida, pues en ocasiones una reivindicación con un interés exclusivamente gremial puede implicar un beneficio colectivo, como puede ser laexpansión de cualquiera de los tres tipos de derechos. En este orden deideas, el ciudadano activo gremial sólo participa en los asuntos públicospara mejorar su situación individual, mientras que el ciudadano activo ideológico actúa en defensa de ideas más abarcadoras.

Por último, propongo que la división más relevante respecto a losciudadanos ideológicos es la que diferencia ciudadanos democráticos deciudadanos autoritarios. Los primeros son los que defienden y fortalecenlos valores (como la tolerancia, el respeto, el diálogo y la negociación), lasinstituciones (el congreso plural, el poder judicial independiente y aquellasotras que contribuyen a limitar institucionalmente el poder del Ejecutivo) ylos procesos (elecciones limpias y competidas, así como los distintos procedimientos a través de los cuales los ciudadanos toman decisiones directamente) democráticos.13 Por el contrario, los ciudadanos autoritarios son los que denigran y debilitan los valores, las instituciones y los procesos democráticos. Vista desde otro ángulo, esta misma contraposición es la que seplantea al afirmar que el ciudadano democrático es el único que puede defender y promover simultáneamente los derechos individuales, políticos ysociales.

Por supuesto, los ciudadanos democráticos y los ciudadanos autoritarios asumen actitudes distintas según sea el tipo de régimen político en elque viven. La defensa y promoción de los valores democráticos exigen queun ciudadano democrático defienda las instituciones y los procesos democráticos existentes en un régimen democrático y denuncie sus ausencias enun régimen autoritario. Por tanto, en relación con el régimen político, elciudadano democrático será reformista en una democracia y revolucionario (lo que no implica, por supuesto, el ejercicio de la violencia) en unadictadura, si bien debe enfatizarse que ser reformista no es igual que seracrítico, pues la defensa y el fortalecimiento de la democracia exigen superfeccionamiento permanente y éste sólo es posible a partir de la críticaconstructiva, es decir, por lo menos, de la denuncia de los procederes insuficientemente democráticos de las instituciones y los procesos democráticos. Por su parte, el ciudadano autoritario denigra y debilita las instituciones y los procesos democráticos existentes en las democracias (demostrando con ello lo dañino de su crítica), pero no necesariamente defiende cualquier tipo de autoritarismo, pues ha sido frecuente que luche por derribaruna dictadura concreta (por ejemplo, de derecha) para imponer otra (porejemplo, de izquierda).

Nótese que al describir al ciudadano democrático (incluso en el terreno sociológico, no ideal, al que por ahora procuro sujetarme) no sólo mehe remitido a instituciones y procesos, sino también a valores. Esto es asíporque la defensa de las instituciones y los procesos democráticos sólocobra su verdadero sentido a partir de la conciencia de que, a través dedicha defensa, en realidad se están promoviendo valores estrictamente democráticos, como la libertad, la igualdad jurídica, la pluralidad, la tolerancia, el respeto, el diálogo, la negociación, la pluralidad y la participación(en el sentido estricto de este término, como involucramiento en la toma dedecisiones colectivas, lo que lo diferencia de la movilización), pues lasinstituciones y los procesos democráticos sólo tienen sentido en tanto queencarnan tales valores. Sin duda, esta encarnación siempre será parcial,pues los valores, por definición, nunca se llevan a la práctica plenamente,lo que, por otra parte, explica tanto el carácter siempre perfectible de las realidades humanas que, como la democracia, en ellos se fundan como lanecesidad de criticarlas para mejorarlas. Por su parte, la maldad de las dictaduras radica en que sus instituciones y procesos se basan en loscontravalores que se oponen a los valores democráticos mencionados antes, como la intolerancia, la represión, la violencia y la discriminación.

Ahora bien, si esto es así, si el comportamiento del ciudadano democrático sólo tiene sentido en tanto que está guiado por valores democráticos, es dable establecer dos deducciones. Por un lado, el ciudadano democrático tiende a alcanzar niveles de desarrollo moral relativamente elevados, puesto que éstos se caracterizan por no actuar con base en las recompensas o los castigos esperados ni para satisfacer expectativas de determinados grupos sociales (como la familia o la nación), sino, precisamente, de acuerdo con valores morales asumidos personalmente, con independencia de los grupos que los profesan, y considerados benéficos paratodas las personas que componen la sociedad (Kohlberg, 1981).14

Por otro lado, dado que los valores que guían al ciudadano democrático son los mismos que fincan una interacción respetuosa y pacífica en la vida cotidiana (Lizcano, 2010a), es dable afirmar el ciudadano democrático, aquél cuya conducta se guía por valores democráticos,además de tender al comportamiento político señalado, tiende a lainteracción respetuosa y pacífica en los distintos ámbitos en que se desenvuelve su vida cotidiana, como el familiar, el escolar y el laboral. Deesta forma, se podría afirmar, inicialmente, que el ciudadano democrático es aquél cuya vida, tanto en lo público como en lo privado, se orientaa partir de valores democráticos.

Pero todavía se puede hacer una deducción más para llegar a sostener algo más abarcador: la conducta del ciudadano democrático tiende aguiarse por un conjunto de valores más amplio que los estrictamente democráticos, pues estos están íntimamente vinculados con valores relativos aotros aspectos de la realidad. Veamos -de la forma más sucinta posible-algunas de estas relaciones, que parten del convencimiento de que es posible y deseable la defensa simultánea de los distintos tipos de valores y, portanto, de la crítica de aquellos planteamientos que, coactivamente, oponenunos valores a otros, como, paradigmáticamente, la libertad y la igualdad.La interacción democrática (la que gira en torno a un ejercicio del poderrespetuoso y dialogante) debe imperar tanto en la esfera del régimen político o pública (donde la participación debe regirse por la libertad, la igualdad jurídica, la legalidad, la pluralidad, la tolerancia, el respeto, el diálogoy la negociación) como en la esfera de la vida cotidiana o privada (guiadapor la libertad, el respeto, el diálogo y la negociación). La participacióndemocrática en el ámbito público exige demandar, criticar (además de construir), pero tales acciones no podrán llevarse a cabo adecuadamente sin unnivel elevado de desarrollo cognitivo y moral (que involucra valores asociados con el sujeto autónomo cognitiva y moralmente, cuando no tambiéncon la felicidad) y sin la autoridad moral que proviene del cumplimientosatisfactorio de las obligaciones contraídas en la esfera privada (al que alude el valor de la responsabilidad).15Por su parte, la solidaridad con los másdébiles no es sólo un asunto de justicia: la defensa de los derechos individuales (combatiendo en especial la violencia) y sociales de los gruposvulnerables en general y de los niños en particular constituye un factorindispensable para la perpetuación y expansión de la ciudadanía a través del tiempo. Pero la perspectiva de futuro debe ser más amplia que lareferida a la generación más inmediata y abarcar el aspecto que puededeteriorar en mayor medida la vida humana, por lo que debemos defender un medio ambiente sosteniblemente saludable para las generacionesfuturas.

De acuerdo con lo anterior, se cierra este trabajo con dos definiciones que, si bien se derivan de lo dicho en el plano sociológico propiodel concepto estrato sociopolítico, se enmarca en el terreno de la ética, de lo ideal, del deber ser, al expresar global y plenamente lo que en larealidad aparece fragmentaria y parcialmente. Pese a que los diccionarios de la lengua y las obras lexicográficas especializadas, como vimos,definen civismo como actitudes y comportamientos específicos, no parecería disparatado recuperar el significado usual en el ámbito pedagógico, que se refiere a un conjunto de valores, actitudes y comportamientos. Sin embargo, no hay consenso respecto a los ámbitos de la realidadni al tipo de valores, actitudes y comportamientos involucrados en esteconcepto. Al respecto propongo que, para cumplir adecuadamente consu inevitable y laudable ingrediente normativo, se entienda civismo como el área del saber, de naturaleza interdisciplinaria, que promueve valores—junto con las actitudes y comportamientos que de ellos se derivantanto en el ámbito público como en el privado— relativos a la interaccióndemocrática (libertad, igualdad jurídica, pluralidad, tolerancia, respeto, diálogo, negociación, pluralidad y participación), al cabal cumplimiento de las obligaciones aparejadas a los distintos papeles socialesque desempeñamos (responsabilidad familiar, escolar, laboral, etcétera), a la autorrealización (sujeto autónomo cognitiva y moralmente, asícomo felicidad),a la ayuda al más débil (solidaridad) y ala defensa deun medio ambiente saludable y sostenible.

En este mismo orden de ideas, el ciudadano ideal (al que las personas más ejemplares se aproximan sin poder encarnarlo plenamente)es aquélcuyas actitudes y comportamientos, tanto en el ámbito público como en elprivado, se ajustan a los valores relativos a la interacción democrática (libertad, igualdad jurídica, pluralidad, tolerancia, respeto, diálogo, negociación, pluralidad y participación), al cabal cumplimiento de las obligacionesaparejadas a los distintos papeles sociales que desempeñamos (responsabilidad familiar, escolar, laboral, etcétera), a la autorrealización (sujeto autónomo cognitiva y moralmente, así como felicidad), a la ayuda al más débil(solidaridad) y a la defensa de un medio ambiente saludable y sostenible.De esta forma, el ciudadano ideal, caracterizado por cumplir plenamentecon obligaciones que van mucho más allá de lo prescrito por la ley, ostentaría el máximo nivel de desarrollo moral según el planteamiento deKohlberg.

Conclusiones

Las conclusiones principales del presente artículo se refieren a trescuestiones: la comparación de las clasificaciones empleadas para ordenar einterpretar los contenidos de los dos tipos de obras que le sirvieron de principal fuente de información —los diccionarios de la lengua y las obraslexicográficas especializadas—, la comparación de lo dicho sobre las distintas obras lexicográficas especializadas, y la importancia del enfoque ético-político.

En cuanto a la primera cuestión, por poner de relieve los dos universos temáticos principales involucrados en los tres conceptos analizados enel presente artículo —ciudadano, ciudadanía y civismo—, subrayo lacorrespondencia existente entre los dos campos semánticos diferenciadosrespecto a las acepciones de los diccionarios de la lengua —la pertenenciaa una colectividad, así como la actitud y el comportamiento que deben tener sus integrantes— y los dos enfoques distinguidos respecto a las obraslexicográficas especializadas, el jurídico-político y el ético-político. Enefecto, el primer enfoque se refiere a una forma de pertenencia a una colectividad, en tanto que el segundo enfoque incorpora el deber ser derivado detal pertenencia.

Respecto a la comparación entre las obras lexicográficas especializadas consultadas, que incluyen textos de referencia obligada para loshispanohablantes interesados en distintas disciplinas de las ciencias sociales y las humanidades, sobresalen cinco hechos (más allá de otros de menortrascendencia que pudieran rescatarse, como los relativos al tamaño de lasentradas y su diversidad temática): la escasa importancia otorgada a losconceptos analizados en este artículo (casi la mitad, 9 de 19, no incluyeninguno de los tres conceptos como entrada independiente), la exigua relevancia conferida al enfoque ético-político (sólo lo contemplan cuatro delas 11 entradas analizadas), la frecuencia de la ambigüedad al caracterizarlos conceptos en cuestión (justificable en los diccionarios de la lengua portener que reflejar el uso que los hablantes dan a las palabras, pero criticableen los textos científicos), los méritos de varios de ellos (precisión conceptual, capacidad de síntesis y riqueza informativa) y la necesidad de conjugar lo dicho en varias entradas para obtener la información y la claridadadecuadas.

Por último, el enfoque ético-político, pese a ser poco tratado, comoacabamos de ver, en las obras lexicográficas especializadas, resulta indispensable para enfrentar adecuadamente la construcción de ciudadanía; esdecir, uno de los desafíos más urgentes en el mundo actual. Del éxito enesta empresa depende en gran medida tanto la expansión y consolidaciónde la democracia como la ampliación y profundización de la interacciónhumana respetuosa y dialogante; cuestiones ambas de las que a su vez depende, en una parte por lo menos igual a la que lo hace del desarrollosocioeconómico, el bienestar y la felicidad de las personas. Por tanto, laciudadanía no es sólo un atributo que confiere un estatus determinado, como revela el enfoque jurídico-político, sino que también es un concepto indispensable, junto con los de ciudadano y civismo, en la tarea de comprender y asumir uno de los retos actuales más importantes no sólo paramuchas instituciones y organizaciones fundamentales en las sociedades(como las educativas, las comunicacionales y las políticas), sino también para todas las personas de carne y hueso comprometidas con lamejora de la humanidad.

Notas

1 Entiendo por colectividad todo grupo social (en el sentido de agrupamiento humano susceptible, entre otras cuestiones, de generar sentimientos de pertenencia), con excepción de los denominados grupos primarios como la familia y los que giran en torno a la amistad. Sólo en el seno de una colectividad puede conformarse una comunidad política; es decir, un conjunto relativamente amplio de individuos que toma decisiones vinculantes relativas a su colectividad o que selecciona a quienes las toman, lo que implica el disfrute de los derechos de expresión, reunión y asociación. Las colectividades se clasifican en soberanas (cuyas manifestaciones a lo largo de la historia de la humanidad pueden dividirse en sociedades simples, sociedades agrícolas complejas, imperios agrícolas, Estados nacionales e imperios industriales) y políticamente dependientes, que forman parte de las colectividades soberanas, como las comunidades locales (como los pueblos, las ciudades y los municipios), integradas por familias, y las organizaciones, compuestas básicamente por adultos (Lizcano, 2004: 10-12; Lizcano, 2007: 63-68).

2De todas las acepciones de las tres palabras consultadas en los tres diccionarios, sólo he prescindido de una, por no relacionarse con el objeto de estudio del presente texto: la que, en asuntos legales, entiende ciudadano como "hombre bueno" o "el mediador en los actos de conciliación" (RAE, 2012b).Las demás se reproducen íntegramente, lo que permite comprobar, entre otras cuestiones, que en general las definiciones de la RAE son menos detalladas que las de los otros dos diccionarios seleccionados, los cuales, además, proporcionan ejemplos de uso, que no proporciona la RAE.

3En la vigésima segunda edición de este diccionario, estas dos acepciones aparecían unidas —"habitante de las ciudades antiguas o de los Estados modernos como sujeto de derechos políticos y que interviene, ejercitándolos, en el gobierno del país"— y se añadía otra de sentido restringido y que aludía al pasado: "aquel que en el pueblo de su domicilio tenía un estado medio entre el caballero y el trabajador manual" (RAE, 2012a).

4 Esta clasificación no coincide, como era de esperar, con la que se podría hacer a partir de la autoidentificación de las obras lexicográficas consideradas, pues 15 se autoidentifican como diccionarios, 3 como enciclopedias y 1 como léxico.

5 De estas 19 obras lexicográficas, sólo de una (Abbagnano, 2008) hablo tanto en la parte del apartado donde se indica qué dicen de los conceptos en cuestión como en la parte, al final del mismo, donde se reseñan las que no contienen ninguna de las tres entradas, debido a que en las ediciones elaboradas directamente por Abbagnano no se incluía ninguna de ellas, pero en la reedición actualizada y aumentada por Giovanni Fornero se incorporó por primera una entrada vinculada con nuestro objeto de estudio, la de "ciudadanía".

6 De estas 10 obras lexicográficas, siete fueron concebidas originalmente en español y las tres restantes en alemán (Nohlen, 2006), inglés (Abercrombie, 1986) e italiano (Abbagnano, 2008).

7También llamado Estado de bienestar y Estado benefactor, el Estado social y democrático de derecho es el que ha predominado en el mundo desarrollado después de la Segunda Guerra Mundial. El inicio de su generalización se relacionó con las respuestas keynesianas a la dramática crisis económica iniciada en 1929. Esta forma de Estado ha sido la experiencia humana más exitosa en la conjugación de democracia (en este caso, representativa) y desarrollo socioeconómico.

8 En esta obra aparecen dos entradas, "ciudadanía" y "ciudadano", pero nos ceñimos a la primera porque la segunda no añade nada a la primera.

9"Históricamente, la constitución de la ciudadanía se ha entendido como un proceso evolutivo desde la codificación de los derechos civiles, pasando por los políticos, hasta los sociales (Marshall, 1965) proceso que abarca desde el siglo XVIII hasta el siglo XX" (Bobes, 2000: 52).

10Si bien las reflexiones de este apartado, con las adecuaciones correspondientes, podrían aplicarse tanto a colectividades dependientes políticamente como a conjuntos de países, este ejercicio se deja para otra ocasión.

11 Como puede observarse, para establecer similitudes y diferencias entre los estratos sociopolíticos utilizo, retomando el planteamiento de Borja (2002: 176-177), la famosa clasificación de derechos de Marshall, quien, como vimos en el apartado anterior, los divide en tres conjuntos: individuales, políticos y sociales.

12En un texto anterior (Lizcano, 2010b), con la finalidad de clasificar los regímenes políticos democráticos, distingo cuatro tipos de estrato sociopolítico: esclavo, siervo, súbdito y ciudadano.

13En un texto anterior (Lizcano, 2011: 37) sostengo que el criterio más importante en orden a detectar el talante democrático o autoritario de una organización es su actitud ante tres cuestiones fundamentales para establecer el carácter democrático de un régimen político: procesos electorales limpios y competidos; libertades individuales básicas de expresión, reunión y asociación; e instituciones que garantizan tanto los derechos civiles y los derechos políticos como el control de unos poderes estatales sobre otros, en especial sobre el más fuerte de ellos, el poder Ejecutivo.

14A partir de los planeamientos del mismo Kohlberg, que defiende la relación entre desarrollo moral y desarrollo cognitivo, sería interesante demostrar que el maniqueísmo, en tanto que forma de conocer y valorar todavía ampliamente utilizada, es propia de niveles poco elevados en ambos desarrollos. Pero esto queda pendiente para un trabajo posterior.

15 Para que no sea calificada de incongruente, la denuncia contra la corrupción y la negligencia de los funcionarios públicos, que constituye una parte relevante de la participación democrática, debe provenir de ciudadanos que cumplan responsablemente con las funciones que desempeñan en el ámbito privado (por ejemplo, en la familia, la escuela y el trabajo); esto es, debe provenir de ciudadanos que no sean corruptos o negligentes.

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Recibido: 21.03.2012 Aceptado: 25.07.2012

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