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Polis (Santiago)

versión On-line ISSN 0718-6568

Polis vol.11 no.32 Santiago ago. 2012

http://dx.doi.org/10.4067/S0718-65682012000200028 

Polis, Revista de la Universidad Bolivariana, Volumen 11, Nº 32, 2012, p. 539-547

COMENTARIOS Y RESEÑAS DE LIBROS

 

Reinvención de la exclusión social en tiempos de crisis. Joaquín García Roca. Cáritas y Fundación FOESSA, Madrid, 2012, 236 págs.

Víctor Renes Ayala*

*Cáritas Española, Madrid, España. Email: víctor vrenes.ssgg@caritas.es

 


Si algo hemos ido aprendiendo a lo largo de los años del crecimiento y de crisis es que la riqueza no se esconde en la cantidad, en la acumulación de cantidades, en el aumento de un quantum voraz cuyos límites sonilimitados, al menos, insaciables. Y sin embargo esa enorme cantidad acumulada de cosas no se ha convertido en riqueza social, pues ni ha llegado ala sociedad, ni ha maximizado sus potencialidades, ni ha potenciado lasgrandes capacidades de los seres humanos, ni ha hecho más sostenible lasociedad y el propio planeta, ni ha eliminado el hambre, la pobreza, laexclusión, el desempleo, ni garantiza los niveles básicos del bienestar aquien llega a acusar como contribuyente del déficit de crecimiento, ni secuestiona el modelo de desarrollo del mundo que condena a millones ymillones de personas, ni se hace pregunta alguna ante el enorme despilfarroconsumista que hecha bienes a los vertederos junto con las personas queconsidera "sobrantes", ni cuestiona la enorme concentración de riqueza ypoder en unas pocas manos con niveles que superan al de los países máspobres, ni mucho menos se hace la pregunta por la relación entre el modelode crecimiento y la situación del mundo, llegando a proponer como objetivo moral que todo debe estar a su servicio, ni cuestiona el tipo de personay sociedad "mercancía" a la que ha reducido el sentido y significado de lasrelaciones sociales; ni, ni …

En cualquier otro campo de la actividad humana, un "éxito" de estascaracterísticas hubiera sido declarado rotundo fracaso, y hubiera conseguido consenso y práctica unanimidad en el calificativo y en la reacción antetales desmanes. Sin embargo la paradoja nos gobierna, pues no sólo noreconocemos la rotundidad del fracaso sino que se impone como legítima,incluso obligada, la concepción de que estas situaciones exigen impulsarmedidas que, por otra parte, sistemáticamente se encuentran en la causa –origen de las crisis, de esta feroz crisis que para decir de algunos es yamayor que la "Gran Depresión" de 1929-1935, y que se empieza a denominar como la "Gran Recesión".

"Reinventar la exclusión social" es la búsqueda de la preguntasustantiva ante todo ello y la búsqueda del lugar desde el que responderla.Es una propuesta por pensar, mejor, por "sentipensar" las bases de la sociedad, de la civilización podríamos incluso decir, que responde a la urgenciade una conciencia actuante ante un desafío como el que enfrentamos en elpresente proceso histórico. Si la exclusión, la crisis, los desafíos, los fracasos, la riqueza social, las potencialidades, las capacidades, las necesidadesy los derechos no los sentimos "empáticamente", no los pensaremos humanamente. Quedarán enclaustrados en la economía, la sociología o la política. Sólo se liberan y son liberadoras las ciencias del hombre cuando transitan por la inteligencia, la voluntad, el sentimiento "sentiente". "Es necesaria una nueva síntesis humanista"1 cuyas bases antropológicas y estructurales deben ser re-inventadas. Pero re-invención que sólo es posible si seproduce desde un determinado lugar, desde el lugar en el que es posible lare-creación, pues no desde cualquier lugar se produce una nueva creación.Reinventar, pues, la exclusión es, por ello, reinventarnos desde la exclusión. Y reinventarnos es reinventar el tipo de persona – sociedad, y la antropología, la sociología, la economía, la política, la vida misma.

Por ello aboga Joaquín García Roca en este libro. Pero he dicho malen este libro, pues debo decir Joaquín García Roca, y nada más; o sea, eneste y en cualquiera otro de sus trabajos artículos, libros, publicaciones.Por lo que este prólogo debería terminar en esta glosa, pues el resto lo haceel autor en el libro. Aunque sentirme "obligado en libertad" a decir lo quehe ido sentipensando no sólo en su lectura, sino en las lecturas que desdetiempo ha ofrecido el autor, no es sólo una muestra de aprecio, que lo es,sino la convicción de tener entre manos algo más que una brillante exposición. Siendo muchas las riquezas destacables del autor, desde esa libertaden que se disfruta de las obligaciones, quiero expresar los tres elementossustantivos que para esta tarea de reinvención creo que aportan los pensamientos del autor. Sin pretender dar a entender que son los únicos, y menosaún que están desconexos entre sí y con otros muchos. Justo lo contrario, lacomplejidad caracteriza las aportaciones de Joaquín García Roca. Complejidad que no complicación, pues cada una de las aportaciones del autores el entramado de riquezas, matices, dimensiones que fluyen sin dificultad; profundidad de pensamiento, que no incomprensión ni de su fluir ni desu consistencia.

Destaco, en primer lugar, el anverso de la historia como el elementohermenéutico por excelencia. Nada está al margen de esta dimensión hermenéutica tan querida para el autor. Ni el análisis, ni el diagnóstico, ni lasesperanzas de alternativa y de nuevas perspectivas. Y esa dimensión tieneun nombre para Joaquín García Roca, "el anverso de la historia". El anverso de la historia, los que en la historia no cuentan, los negados, losninguneados, los despreciados, son la clave de lectura de los hechos, procesos, decisiones, modelos sociales y políticos, fracturas y fracasos, éxitosy buenas noticias. Porque, paradójicamente, es la única manera de hacerver, sentir, exigir, proponer, conseguir, que los negados, sí importan, sí existen, sí "están", frente a la invisibilidad a la que se ven sometidos; que losninguneados, son alguien, no son números, son personas, son sujetos, sonactores, "hacen" la historia, frente a la inoperancia de la que sonsistemáticamente acusados; que los des-preciados, son puestos en valor, "tienen" valor, que no precio, frente a los que sólo anotan en el libro delvalor la mercancía medida desde el precio monetario, y eso como paradigma del "vamos bien". Así, negados, ninguneados, despreciados, son el lugar privilegiado desde el que sentir, entender, pensar, la dignidad. El anverso de la historia nos hacer ver que "son" dignos y que esto no es una quimera, sino que es la "ingenuidad" de creer en la dignidad de la persona, detoda y de cualquiera. ¿"Ingenuidad" o "revelación"? Importa entender dóndese nos revela la fraternidad, y cómo el Padre aparece junto a los que estánen los márgenes del camino.

Así pues, anverso de la historia y futuro de la historia se"retroalimentan". Más; sin esa retroalimentación la consistencia de lo quenos propongamos está puesta en cuestión. Sólo la dignidad del que "es"digno garantiza el contenido efectivo de las acciones y actuaciones quepreanuncian y realizan aquí y ahora el futuro. Si tantas veces hemos pensado en el contenido de nuestras acciones y actuaciones, el hermeneuta nosdice que cualquier "contenido" no debe ser sino la encarnación y laplasmación histórica de lo que se contiene en la dignidad humana capaz deser contrastado con la dignidad de los negados, ninguneados, despreciados.

En segundo lugar, destaco el elemento dialogal siempre presentecon rostro humano. La confrontación con el anverso de la historia para elautor siempre está personalizada. No se puede dar confrontación con elanverso de la historia como espacio de construcción del futuro si no esdesde el encuentro, la pregunta, la búsqueda del ser humano. Vale decir, siese encuentro no se produce en un diálogo personalizado. No es una confrontación abstracta con las estructuras, sino un encuentro personalizadoen el diálogo que se confronta con las estructuras de la negación de la dignidad. Y eso nos exige un encuentro entre sujetos que se reconocen comotales en la dignidad común. Para el autor se produce una búsqueda apasionada del sujeto del diálogo, que es afirmado en el sujeto ninguneado perono queda reducido a él, y alcanza a todo sujeto que se pone en disposiciónde encuentro con los despreciados. Y eso aun por muy contradictorio quesea el encuentro, pues no puede sentirse, entenderse, pensarse el encuentrocon el anverso de la historia de una manera idílica, ya que siempre está enel filo del encuentro brutalmente contradictorio con ilusiones etéreas, no concretas, des-encarnadas.

Por ello, el encuentro es siempre "dialógico", contradictorio y a lavez con rostro humano, lleno de preguntas inquietantes, pero siempre a labúsqueda de respondientes de respuestas. El autor lo sabe bien, e insiste enque "no hay respuestas sin respondientes". De ahí su búsqueda con ahínco,ansiosa, interrogativa, y al mismo tiempo, angustiada, y su simultánea afirmación del sujeto que no puede llegar a ser si no lo es en el propio procesode ser. Proceso de ser que sólo existirá si es un proceso de "sujetos endiálogo" que actúan re-inventando y re-invirtiendo la exclusión.

Como tercer elemento destaco la apuesta del autor de la propuestafrente a la derrota. Evidentemente, la ingenuidad de seguir creyendo en la dignidad de los que no cuentan, está en las antípodas de la ingenuidad irresponsable de no afrontar la historia en toda su complejidad estructural, ensus procesos y estructuras de muerte, opresión y explotación con dimensiones de globalización y mundialización. Ni que decir tiene que esto esestructurante del contenido de la acción y del compromiso de los sujetos enacción. Pero, simultáneamente, no espera para un día indefinido, allá cuando se reviertan esas estructuras, que los negados, ninguneados, despreciados, sean los actores, los sujetos en dignidad de su propio proceso de ser.El autor apuesta por la propuesta operante y operativa aquí y ahora paraque esa dignidad pueda ser. La satisfacción de las necesidades, exigibledesde los derechos y como derecho, ni puede esperar, ni sin ello es posibleni viable un cambio en la historia y en las estructuras sociales en el que elanverso de la historia sea el verso del futuro. O se afirman como un hecho y en los hechos como expresión de un derecho, o se acaban negando lascondiciones de la dignidad humana. Y eso exige propuestas que se concreten en acciones y actuaciones que germinalmente realicen lo que pretendenen su plenitud en el futuro, del que son el anuncio que ahora realizan aun enla sombra de esa plenitud. Y exige propuestas que se concreten igualmenteen denuncias, dando y tomando la palabra ante la dignidad negada.

No hay duda de que el autor tiene una visión "holística" de los hechos, actuaciones, derechos, necesidades. Las propuestas surgen desde elanverso de la historia, pues el "desde dónde" sigue siendo la clave. Y, esasmismas actuaciones son igualmente denuncias, pues son palabras que, aldecirlas, nombran a los negados, ninguneados, despreciados, y son palabras que al nombrarles dan el ser, la dignidad, a los que les ha sido negada.Son verbos, en su doble e irrenunciable unión; como verbo que, en la oración, es la acción; y como verbo, que es la palabra que nombra al sujeto y leda el ser en la acción. Es, pues, una propuesta que en cada una de susexpresiones y realizaciones contiene el todo. Y esto es la clave del "método" de la acción que construye el futuro con sujetos del presente, aun en sucontradictoria actuación. Sólo si se revoluciona la participación y los sujetos toman parte en la propuesta, se viabiliza el verso del futuro; si no, seconsolida la historia desde su anverso.

La búsqueda de preguntas y respuestas del autor para la "re-invención" de la exclusión, está empapada de realidad, de la realidad cruda ysangrante del sufrimiento humano. El autor nos plantea y orienta lareinvención actual de la exclusión en esta dirección. Esto urge hoy de modoespecial pues la reflexión del autor en este libro está transida y confrontadacon la crisis; con los valores que la dieron origen y con los valores que ladieron y la dan base y fundamento; con las razones que van más allá de lasestadísticas, pero que afloran en sus efectos, en sus manifestaciones, en lasociedad que se está construyendo no ya sólo a causa o para salir de lacrisis, sino tomando a la crisis como excusa y palanca. Y ante ello estamosasistiendo a una paradójica situación, pues estamos asistiendo, y cada vezmás ‘in crescendo’, a un cambio de visión de una situación que hoy pareceya olvidada pues nos hemos ido sumergiendo en un presente al parecer sinpasado. Es decir, hemos olvidado que antes de nuestro presente, o sea, "la crisis", la pobreza y la exclusión existían en grado sobresaliente; que nuestro presente, o sea, "la crisis", no ha generado la pobreza y la exclusiónestructural en nuestra sociedad; que nuestro presente, o sea, "la crisis", notiene derecho a la amnesia de lo que históricamente no ha resuelto cuandoel crecimiento económico era presentado como el gran salvadorsolucionador de todo, de todos.

El presente nos ha sumergido en la crisis que ya nos rodea, abruma,achica, empequeñece y deja fuera lo que hasta ese momento habíamos considerado evidente, o sea, la desigualdad estructural, por cuya causa entendíamos que era exigible que la agenda económica, política y social diera unvuelco a sus prioridades y colocara en su centro la igualdad y la justiciasocial. En definitiva, que las desigualdades nos acompañaban como algoque la sociedad "naturalizaba", que la sociedad consideraba como efectosno queridos pero inevitables del crecimiento económico, considerado prioritario. Y ahora la crisis nos ha traído un aumento de la pobreza, nuevosfenómenos de pérdida de derechos. Así, lo que parecía incongruente, o sea,la ilógica de que el crecimiento económico no generaba desarrollo social,adopta ahora el rol axiomático que siempre reclamó.

La crisis que debemos afrontar nos exigía, nos exige y nos deberáexigir afrontar problemas de gran calado como son: la falta de cohesiónsocial, el incierto futuro del estado del bienestar, el declive del compromiso cívico, la desigualdad estructural de dimensiones globales. Ante ello nosencontramos con una sociedad que debería crecer en su propia capacidadde generar cohesión social, bien común, compromiso cívico, exigenciasante las desigualdades estructurales, así como tener muy presente que elrefuerzo de la cohesión social, la democracia, la vida cívica, el compromiso solidario, la igualdad social no dependen solo de la riqueza asociativa através de la que la sociedad civil se hace presente ante estos desafíos. Haymás y hay otros condicionantes, como la interiorización de hábitosparticipativos, responsables, solidarios y también la necesidad de hacer frentea las desigualdades sociales de modo efectivo. Y esto debe afrontarse entodos los niveles de la sociedad con una clara conciencia de exigencia delas responsabilidades públicas ante esas necesidades. Pues cuando se debilitan las responsabilidades públicas, todos perdemos ya que esas responsabilidades no son simplemente trasladables a la sociedad civil dado que lasociedad civil no actúa desde la lógica, ni desde el fundamento y la razón,ni desde el rol y función del estado.

Esto es lo que nos desvela este libro. El autor entiende ciertamenteque la agudización de la pobreza y la exclusión social nos pone delante delreto más grave y más trascendente que tenemos como sociedad. Y nos ayuda a entender que esa gravedad y trascendencia derivan no sólo de susefectos en sí, sino de que la pobreza y la exclusión social ponen a la luz elparadigma de lo que ocurre en la sociedad en su conjunto. De su gramáticase desvela que lo no útil a la sociedad del crecimiento queda marginalizado,empobrecido, excluido, y que eso puede alcanzar a cualquiera según eldevenir del crecimiento; y de su sintaxis se comprenden los valores, opciones, elecciones y prioridades que en tiempos de bonanza no dejaban vercómo estaban organizando, o desorganizando, las relaciones sociales, peroque en tiempos de crisis no encuentran límites para regir las decisiones aadoptar sin temblar en sus efectos. Por lo que en la pobreza y la exclusiónse desvelan los riesgos civilizatorios y deshumanizadores, igualmente.

La crisis de la sociedad del crecimiento, y de su modelo social concomitante, no sólo no resolvió la pobreza y la exclusión social y aumentólas desigualdades, sino que nos ha colocado en una crisis con un riesgosistémico evidente, además de haber roto los débiles apoyos a las situaciones de riesgo. Y no solo no hemos aprendido de los riesgos que ha generado, sino que se propone como solución retornar a sus patrones de comportamiento, más agudizados aún. Reducido el problema a lo económico, alcrecimiento del PIB, a la competitividad de los mercados, queda oculto yocultado que lo que hay en juego es un proyecto de sociedad que no sólo noresuelve el progreso desde situaciones, opciones y valores menos humanosa más humanos, que es la clave del desarrollo2 , sino que insiste en losparámetros económicos, sociales, culturales y de valores que han dado soporte a las causas de la crisis.

Las medidas que se están adoptando, y que se anuncian por adoptar,además del dudoso efecto en el crecimiento económico, -es voz común queen sí mismas están contribuyendo al riesgo de la recesión-, están clara yfuertemente afectando a las bases de la cohesión social y a las políticassociales. Lo que, dado el tiempo en que se vienen adoptando, no pueden serentendidas como medidas de urgencia e imprescindibles "mientras tanto";no se pueden tomar ya como un paréntesis "mientras" se retoma el crecimiento para así retornar al punto previo a la crisis, un paréntesis en el estado de bienestar. Hoy es cada vez más perceptible que no se trata de una"suspensión temporal" del desarrollo del Estado del Bienestar que deberíaaplicar medidas para resolver el déficit histórico previo a la crisis y paliarlos efectos del presente. La agudización de este proceso continuado y mantenido no sólo genera efectos que se retroalimentan de ellos mismos, sinoque está poniendo las bases de otro modelo de sociedad.

Esta es la cuestión. Para ello vamos a ver los tres elementos quesintetizan el proyecto que, a cuenta de la crisis, ya está en marcha:

1. Lo que se está cuestionando, al socaire de las medidas presentadas como inapelables para afrontar la crisis, es la propia "estructura delbienestar".

El compromiso esencial que ha mantenido el estado del bienestar,más allá de sus concreciones históricas, es el consenso y la decisión deafrontar y resolver colectivamente los riesgos individuales, los déficits sociales, y el mantenimiento de los sistemas generales (educación, salud, protección social) que, aun declarados intocables, hoy están siendo cuestionados o, al menos, reformulados de modo que afectan a su función histórica.Esta es la "estructura básica del bienestar" cuya comprensión genera un modelo de sociedad, y cuyo cuestionamiento reenvía todo ese compromisoa las posibilidades del individuo rompiendo así los lazos que en sociedadgeneran cohesión social, pues para sectores muy importantes de la sociedad esos bienes quedan fuera de su capacidad individual de adquirirles enel mercado para la satisfacción de sus necesidades básicas.

2. Lo que se está cuestionando es que la pobreza y la exclusión,como problema social, es "problema de sociedad".

Y aunque a tanto no habíamos llegado antes de la crisis pues, dehecho, la sociedad del crecimiento no lo había asumido como tal, era perfectamente legítimo y legitimado plantearlo, exigirlo. Se había ido llegando a asumir que la pobreza y la exclusión social no eran sólo déficit ysituaciones de carencias sino también que lo que en esas situaciones andaba en juego eran derechos exigibles; que si exigibles, deberían serlo porley. Por lo que, lo que parecía un exabrupto literario, podía llegarse a deciren congresos, como era que habría que declarar ilegal a la pobreza; al menos, que la pobreza y la exclusión social eran algo indisociado de la sociedad del crecimiento y de su modelo social.

Pero la sociedad del crecimiento se negó rotundamente a sacar lasconsecuencias de que la pobreza y la exclusión social habían entrado en laconstelación de los derechos. Y así, en este caldo de cultivo pre-existente,la crisis ha encontrado un humus bien abonado para ir dejando el bienestarbajo la única responsabilidad del individuo; la crisis ha roto los diques yplantea en una sociedad en la que las estructuras generadoras de desigualdad parecen quedar ¿absueltas?, lo que cada vez está más acorde con laconcepción individualista de la sociedad, del bienestar, etc.

Así, la quiebra de elementos estructuradores de la sociedad, comoel trabajo; la crisis de valores y de solidaridad, que es crisis de valoresmorales y crisis de estructuras sociales; la crisis de cultura social solidaria, o sea, de la decisión de proteger los derechos básicos y de hacer frentecolectivamente a los riesgos individuales, que es la base y fundamento deldenominado "estado del bienestar"; la incapacidad, o cada mayor incapacitación, de integración de lo excluido; la consistencia en la "sociedad paralela", o la capacidad de gueto que combina etnia, barrio, y fracaso en laeducación, que genera el espacio social de la des-ocupación y la des-cualificación; la conciencia de "normalización" de la situación de grupos sociales en la pobreza – exclusión, políticamente irrelevantes, con un papel socio-político para el autoconvencimiento de la sociedad precaria de "salvados" frente a los "condenados"; todo ello va dejando fuera de la sociedaddel crecimiento a la pobreza y la exclusión social como problema de lasociedad.

Crisis mediante, la sociedad y el estado cada vez se están alejandomás de lo que habíamos considerado lo más importante, de modo que ahorahasta casi parece que estamos fuera de la problemática real cuando afirmamos que "no se puede hacer frente a la pobreza sin afrontar el cambio más importante acaecido en su interior, y que consiste en que no se trata de unfenómeno periférico respecto de la actual dinámica social, sino que es intrínseco al desarrollo de la misma, y es expresión y catalizador de lo queconstituye la problemática más profunda de nuestra sociedad".

3. Lo que se está cuestionando, por tanto, es la constatación a la quehabíamos llegado de que la pobreza / exclusión social y la sociedad son dospolos que mutuamente se implican.

Habíamos ido superando la vieja teoría que afirmaba que la pobrezay la exclusión no eran conceptos / realidades significativas para la comprensión de la estructura social en que se producían. La comprensión delbinomio pobreza / sociedad no podía quedar reducida a un solo polo; esdecir, a "los-pobres-que-de-hecho-existen", sin referencia al otro polo, a"la-sociedad-en-la-que-de-hecho-existen". Lo que planteaba sin paliativosque "erradicar la pobreza y la exclusión sin que se plantearan los dos polos,pobreza / sociedad, no era factible".

¿Qué ocurre cuando se disocian esos dos polos? El resultado es paradójico, o sea, por más que se actúe frente a la pobreza y la exclusión, nose las puede "vencer". Con el efecto consecuente de que se responde negativamente a la cuestión de si "es posible erradicar la pobreza". Y se generala conciencia de la "irrecuperabilidad de la pobreza y la exclusión", la pérdida de legitimidad de las políticas que pretenden hacerlas frente, y se produce la responsabilización de los implicados en la pobreza y la exclusióncomo causantes de su propia situación. Es el efecto perverso de ocultar,dejar a salvo, y así exculpar, el polo de la sociedad en el afrontamiento dela pobreza. Lo que, más allá de la formulación, nos lleva a "naturalizar" lapobreza como fenómeno social.

Como consecuencia, una acción sólo en el polo de la pobreza, objetivamente hablando y más allá de la intención, puede ser colaboradora demantener a los pobres en la pobreza, aunque pueda reducir sus carencias, aveces, su miseria. Esto es, -debe ser-, sustantivo para la comprensión y laacción ante la pobreza – exclusión social.

Estas son las claves que hoy hay que poner al descubierto. Son lasclaves que dan consistencia, claridad y evidencia al modelo social que seestá construyendo. Pero por ello mismo cuestionan la pretensión de haceruna aportación seria a la lucha contra la pobreza y la exclusión social, siesta misma acción no es simultáneamente una aportación a una nueva sociedad. "No es posible responder a la pobreza y la exclusión social, y a susretos, si no es desde una perspectiva y una acción social que se ‘encarne’ enun nuevo modelo de sociedad".

Notas

1 Cáritas in Veritate, p. 21

2 Cfr. Populorum progressio, p. 20


Recibido: 15.06.2012 Aceptado: 25.07.2012

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