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Polis (Santiago)

versión On-line ISSN 0718-6568

Polis vol.11 no.33 Santiago dic. 2012

http://dx.doi.org/10.4067/S0718-65682012000300003 

Polis, Revista Latinoamericana, Volumen 11, Nº 33, 2012, p. 41-58

LENTE DE APROXIMACIÓN

 

Hacia un Nuevo Paradigma Social

Towards a New Social Paradigm

Rumo a um novo paradigma social

 

David Barkin

Universidad Autónoma Metropolitana - CampusXochimilco, Ciudad de México, México. Email: barkin@correo.xoc.uam.mx



Resumen: Las crisis que hoy padecemos son fruto de la forma centralizadade la acumulación de capital con importantes impactos sociales y ambientales negativos, resultado del paradigma dominante basado en la racionalidad del mercado. Para enfrentar esta coyuntura, se necesitan nuevos contratos sociales, aprovechando las aportaciones de las disciplinas de la economía social, solidaria y ecológicaque están integrando una comprensión sensible de las experiencias de los muchospueblos que ofrecen otras formas de plantear el problema fundamental de la relación sociedad-naturaleza. La construcción de nuevos paradigmas implica la apertura hacia la diversidad cultural y biológica que rompe con la hegemonía de unalógica unitaria que define nuestras instituciones. Estos paradigmas requieren irmás allá de una estrategia de inclusión y participación para incorporar visionesalternativas y racionalidades diversas.

Palabras clave: Economía ecológica; contrato social; autonomía; solidaridad; sustentabilidad


Abstract: Today’s crises are the consequence of the centralized form ofcapital accumulation, with its important negative social and environmental impacts,that are part of the prevailing paradigm based on a market determined rationality.To confront these problems, new social contracts are needed, based on thecontributions from new disciplines like social, solidarity, and ecological economicsthat are incorporating the experiences of many societies whose relationship withnature is based on other principles. The incorporation of new paradigms dependson our willingness to learn to co-exist with, and learn from, the cultural andbiological diversity that is presently denied, breaking with the unitary hegemonythat currently defines most of our institutions. To be successful, we must go beyondthe liberal strategies of inclusion and participation in order to incorporate alternativevisions of social organization and diverse rationalities.

Key words: ecological economics; social contract; autonomy; solidarity;sustainability.


Resumo: Crises de hoje são conseqüência da forma centralizada deacumulação de capital, com seus importantes impactos sociais e ambientais, quefazem parte do paradigma dominante com base em uma determinada racionalidadedo mercado. Para enfrentar esses problemas, novos contratos sociais são necessários,com base nas contribuições de novas disciplinas como a economia social e desolidariedade ea economia ecológica que estão incorporando as experiências demuitas sociedades cuja relação com a natureza é baseada em outros princípios. Aincorporação de novos paradigmas depende da nossa vontade de aprender a coexistir e aprender com a diversidade cultural e biológica que está actualmente negada, rompendo com a hegemonia unitária que atualmente define a maioria dasnossas instituições. Para ser bem sucedido, é preciso ir além das estratégias liberaisde inclusão e participação de incorporar visões alternativas de organização sociale racionalidades diversas.

Palavras-chave: economia ecológica; contrato social, solidariedade,autonomia de sustentabilidade.


 

Ante los progresivos estragos sociales y ambientales de la sociedadmercado-céntrica, muchos sectores de las sociedades alrededor del mundo reconocen la urgente necesidad de virar hacia formas alternativas de organización social y económica. Desde la academia, también, desde hace mucho tiempo se está reconociendo que es imprescindible proponer nuevosparadigmas que trasciendan las disciplinas que han evolucionado para respaldar el sistema actual, con su énfasis en el individualismo, la transformación de la naturaleza y las relaciones sociales en mercancías, la subyugación de todo al mercado y la centralidad de la propiedad privada. En lasprácticas ancestrales de las comunidades campesinas e indígenas, así comoen sus formas actuales de organización y comportamiento, se hallan algunos principios para la construcción de otras sociedades. Sin embargo, también podemos encontrar estos principios entre los paradigmas heterodoxosde las ciencias sociales. Analizarlos e incorporarlos a un conjunto teóricoes la labor de los intelectuales comprometidos con las víctimas del sistemay con la consecución de un mundo mejor.

La triple crisis que hoy padecemos –económica, social y ambiental–es fruto de la operación normal de un sistema actual que promueve la organización productiva para la acumulación de capital, concentrada en unas cuantas manos. Como parte inherente en este sistema de producción, se hagenerado una miseria humana sin precedentes en la historia de las "civilizaciones", acompañada de la degradación de muchos ecosistemas alrededordel mundo. Esta crisis nos recuerda la observación de Alfred Schmidt (1978)de que sólo nos damos cuenta del significado de la relación entre la sociedad y la naturaleza cuando la forma peculiar en que ha evolucionado laorganización social dominante y ha ejercido su capacidad devastadora.

El debate actual en torno a la forma de superar las contradiccionesque se evidencian en esta crisis ocupa parte importante de las discusionesen las esferas políticas; las recetas económicas están mostrándose inadecuadas para atender a las prioridades del momento. Sin embargo, comohemos visto en numerosas ocasiones durante los decenios recientes, es evidente que las propuestas de remiendos posibles dentro de la institucionalidadexistente no podrán dirigirse a atender efectivamente a los objetivos de unamínima agenda social y ambiental.

Para superar el impasse propositivo actual, sería necesario entenderlas limitaciones de los paradigmas vigentes e identificar los caminos alternativos ofrecidos por otros paradigmas, otras epistemologías. La presentereflexión es producto del descontento generado por los abordajes que pretenden remendar los graves problemas actuales –cuyo diagnóstico es evidente para cualquier analista pensante– y el reconocimiento de que disponemos de los instrumentos y del conocimiento para construir los múltiplescaminos que permitirían otra calidad de vida, otra forma de convivencia,otra relación con el planeta. Para estos propósitos es evidente que habríaque integrar las mejores lecciones del actuar social con los más perspicacesanálisis del funcionamiento del sistema natural del cual somos parte. Enparticular, se requiere aprovechar de las corrientes del pensamiento de laeconomía social y solidaria así como las de la economía ecológica, las cuales, a su vez, son cuerpos de conocimiento que han integrado una comprensión sensible de las ricas y variadas experiencias de los muchos pueblosque ofrecen otras formas de plantear el problema fundamental de la relación sociedad-naturaleza.

Hacia la construcción de Nuevas Teorías

La necesidad de aprovechar otros paradigmas, de replantear nuestros análisis, sugiere un profundo cuestionamiento respecto a la responsabilidad de los intelectuales y de nuestras instituciones.1 ¿Hasta qué gradocontribuimos o somos cómplices en nuestra práctica actual de la malevolencia del tipo de modernidad emanada del proyecto civilizatorio occidental, de una globalización que está construyendo mayores injusticias cadadía, intensificando el alcance y el impacto de la violencia, destruyendo laspropias bases naturales de que dependemos para nuestra existencia?, ¿conqué instrumentos podríamos evaluar nuestra práctica actual de enseñar, parano reproducir y extender el sistema vigente, para criticarlo, para generar sureforma, si sus raíces están extendiéndose para ampliar y profundizar sumalignidad?

Nuestra herencia académica deja en claro las respuestas a este planteamiento. La lamentable y terrible historia del siglo pasado, y de los anteriores, ha llevado a la sociedad, a gran parte de la humanidad, a sometersea un individualismo metodológico, el cual exige que cada quien sea responsable por sus propias acciones frente al bienestar colectivo. A la luz dela historia reciente, y de la acumulada a través de los siglos, nos damoscuenta que no es aceptable permitir a cada uno el juzgarse por sí mismo, eltomar decisiones en provecho propio sin considerar sus impactos en losdemás, y el seguir incólume como si el camino de crueldad y rapiña, quedeja atrás no fuera asunto suyo. Cierto, no contamos con las instituciones,con el coraje o con la capacidad colectiva para exigir a los poderosos sucumplimiento con esta normatividad; pero desde nuestros parapetos, lastrincheras que cavamos y defendemos, donde nos dedicamos a la búsquedade verdades y de la definición de los más altos valores sociales, humanos,esa carencia no nos absuelve de la responsabilidad de insistir en su cumplimiento y, sobre todo, en nuestra obligación de difundir estos valores y evaluar nuestro desempeño en términos de sus estándares.

La evolución de la ciencia, y sobre todo de los mecanismos para suratificación, han hecho difícil esta labor, ya que la especialización y lacompartimentación del conocimiento, con sus muy particulares patronesde evaluación y convalidación, pretenden asegurar la dominancia de expertos muy calificados en cierta área, pero con muy poca comprensión de cómofunciona el mundo en el que viven. Hay múltiples esfuerzos para superarlas limitaciones de la especialización; la combinación de las ciencias sociales con las ecológicas está engendrando numerosas salidas que tendríanque ser evaluadas por sus aportaciones a nuestra capacidad colectiva paraenfrentar y superar los problemas candentes que sufrimos o, mejor aún,para evitarlos. Es evidente que una nueva teoría tendría que desplantarsede la suposición de que la noción del crecimiento desplegado en la economía –en todas nuestras instituciones– es incompatible con la justicia socialy el equilibrio planetario y, como consecuencia, tendría que ser remplazadapor otra, esto es, si las sociedades humanas logran sobrevivir en la Tierra.Es claro que la evidencia actual es suficiente para demostrar que los cuerpos teóricos construidos con base en la homeostasis y de los equilibriossociales operando con base en la armonía –como es el caso de la teoríaeconómica neoclásica– no son aptos para describir el mundo actual y mucho menos explicar su dinámica, aun si fueran intelectual y técnicamenteconsistentes, que no es el caso.

Ya ha pasado mucho tiempo desde que las Leyes de la Termodinámica fueron (re)introducidas en el centro de la reflexión de las cienciassociales (Georgescu-Rogen, 1971), sobre todo en las económicas, sin quehayan tenido el efecto deseado de obligar a las disciplinas a reexaminarprofundamente sus axiomas que resultan incompatibles con ellas. Este trabajo propone partir de una versión de la economía ecológica que insiste enla inconmensurabilidad monetaria de la valoración de la naturaleza, el reconocimiento de la importancia del metabolismo social, los preceptos de laentropía, junto con una visión latinoamericana de conceptos tales comojusticia social y equilibrio ecológico, en un nuevo modelo para la consolidación de un distinto camino para la construcción en las ciencias sociales.Entre otras cosas, este modelo insiste en informarse con las aportaciones ylos debates sobre el "buen vivir" del mundo andino, del "mandar obedeciendo" de las selvas de Chiapas, del "irékua" en la meseta Purépecha enMichoacán2 , de la comunalidad de la Sierra Juárez (Martínez Luna 2003)de Oaxaca y Abya Yala del sur de Panamá; esta exploración ofrece plantearuna organización alternativa de la vida social, la producción material y laconservación ambiental; es un modelo surgido de las profundas críticassociales de los pensadores de la convivialidad (Illich, 1985; Esteva y Roberten este volumen), de la joie de vivre.

De igual manera, ha pasado mucho tiempo desde que varios estudiosos reconocieran la importancia de la solidaridad como factor fundamental en la evolución de nuestras sociedades. Podríamos remontarnos a las aportaciones de diversos antropólogos, quienes identificaron lacentralidad de la reciprocidad (Sahlins, 1983; 1972) o del "regalo" en laformación de sociedades en todo momento de la historia social (Mauss, 1979); sus herederos intelectuales se han asociado en el MovimientoAntiutilitarista de las Ciencias Sociales que publica una revista de grancreatividad intelectual (Revue du MAUSS). Asimismo, podríamos reconocer la originalidad de las aportaciones de algunos economistas que hanidentificado la importancia del carácter condicional de un "mercado" –aquella institución universal– que es una institución profundamente arraigadaen los intersticios sociales de los cuales es parte (Polanyi, 2003). La comprensión de la complejidad del funcionamiento de estas instituciones, evidente en la abultada literatura de análisis y descripción, ofrece amplia evidencia del profundo error de los economistas en suponer que pueden examinar sus instituciones abstraídas de las sociedades de que son parte y quesus procesos de intercambio son simples transacciones monetarias, "campos de juego" planos donde todos los participantes son iguales; de igualimportancia conceptual es su erróneo anclaje en el individualismometodológico.

Hoy en día, los estudios de la economía social y las economías desolidaridad carecen de los sellos de aceptación o legitimidad de que gozanlos campos surgidos del reconocimiento de la crisis ambiental (como es elcaso de la economía ecológica). Son considerados como el reino de gruposvecinales o redes alternas que no inciden de manera importante en los sistemas dominantes de producción o de intercambio; aun las empresas cooperativas, que gozan de algo más de legitimidad, no son relevantes en lasevaluaciones del funcionamiento global. Sin embargo, estos estudios revelan su importancia para los miembros de los grupos participantes en términos del nivel y calidad de vida, del control sobre sus condiciones de trabajoy, de distintas maneras, en sus posibilidades de conservar y rehabilitar losecosistemas en que producen y viven. En América Latina, en particular, susexperiencias ofrecen ricas vetas de exploración para los resultados que hanpermitido a los trabajadores seguir manejando los centenares de fábricasque recuperaron de las ruinas de la debacle económica en Argentina; de lasaportaciones a la solución del problema alimentario del movimiento "campesino a campesino" que está en el centro de la que es quizá la red socialmás importante del mundo, Vía Campesina (Rosset y Martínez Torres, 2012);de las alianzas sociales y políticas de grupos amerindios en todo el hemisferio para defender sus territorios, sus culturas, sus capacidades de construir modelos alternativos de civilización; y de los numerosos movimientossolidarios que están resistiendo y, con frecuencia, revertiendo los esfuerzosque hace el capital internacional para acelerar el proceso de expoliación delos recursos naturales a costa de la posibilidad de seguir viviendo de lospueblos afectados.

Desafortunadamente, la construcción de una nueva teoría es un tema recurrente que ha sido resistido eficazmente en la academia; hoy en día, elembate de las élites contra estos modelos está cobrando su cuota, marginando a muchos, obligándonos a construir nuestras propias instituciones,nuestros propios canales de colaboración y comunicación. Somos pocoslos que estamos dispuestos a hablar de la bancarrota de la teoría recibida,de la necesidad de abandonar las sendas del crecimiento. Existe una urgencia de aprender de otras culturas, de otros pueblos, aun cuando estos últimos no hayan pasado por los pasillos de la academia; debemos profundizary ampliar el diálogo de saberes que refleje nuevas formas de aprendizaje.Más aún, que nos ofrezca la posibilidad de integrar la reflexión teórica conuna práctica académica y social, que nos dé una ampliación del pluralismometodológico necesario, que propone la construcción de sociedades post-capitalistas, debemos incentivar el proceso de consolidación de modelosde coexistencia que les permitan a dichas comunidades ofrecer importantesopciones para sus miembros frente al empobrecimiento social y material,de cara al deterioro de la calidad de la vida planetaria. Si tenemos suerte ycapacidad, quizá también esas mismas comunidades nos ofrecerán la oportunidad de transformarnos antes de que sea demasiado tarde.

Hacia la Comprensión de las Sociedades Post-Capitalistas

Afortunadamente, en México –y en muchas partes de América Latina– no tendremos que atender la llamada de los altermundistas, que proclaman desde Estocolmo hasta Rio, vía Seattle y Copenhague, que "otro mundo es posible." En nuestra región, ya están en construcción, y ¡desde hacemucho tiempo! Se están construyendo entornos que prometen una mejorcalidad de vida y una cierta autonomía ante los embates del neoliberalismo.En ninguna parte lo vemos con mayor claridad que en Chiapas (Baronnet,et al., 2011); sin embargo, estos nuevos entornos existen también en otraspartes donde vemos una gran diversidad de enfoques y caminos.

En contraste con sus conductas en periodos anteriores de crisis, lasacciones de obreros, de campesinas, de indígenas, representan un desafíofrontal a la política neoliberal de hoy. Su praxis refleja un rompimientohistórico, un abandono de procesos de colaboración, negociación y acomodo que entablaron con los primeros gobiernos de la Revolución, empeñados en incorporarles al proceso de modernización globalizante mediante suparticipación en los programas oficiales. Frente a la política de integracióninternacional y de modernización urbano-industrial que amenaza con dejarles fuera de una nación en "reconstrucción", importantes segmentos dela sociedad rural están proponiendo sus propias estrategias alternativas:enmarcadas en una nueva comunalidad que sustituye al mercado para definir cómo asignar recursos (Fuente, en este volumen). Esta nuevacomunalidad plantea la necesidad de garantizar un nivel de vida digno paratodos sus miembros, donde se puedan generar nuevas oportunidades y respeto a las exigencias ambientales. Esto hace posible una verdadera sustentabilidad, fincada en los atributos de responsabilidad social y ambiental. Sus experiencias nos reafirman algo muy significativo: para queestas sociedades "tradicionales" sobrevivan, para que puedan definir y realizar sus propios modelos de progreso, tendrán que seguir innovando. Comohemos aprendido de la milenaria experiencia de innumerables pueblos, latradición sólo puede mantenerse viva y con fortaleza a partir de un procesode cuidadosa y continua innovación (Wolf, 1987). Para entender este proceso les invito a reflexionar sobre nuestras propias actitudes y acciones, así como respecto de sus relaciones con estos protagonistas y sus nuevas propuestas, con su invitación implícita para acompañarles a construir nuevosámbitos de solidaridad y respeto mutuo. Parafraseando a Luis Villoro (2010):nos invitan a acompañarles en su abandono y rechazo a la hegemonía de lacultura occidental. ¡Qué apropiado sería que nuestras instituciones aceptaran esta invitación, comprometiéndonos a forjar nuestras labores de docencia e investigación en colaboración con estos grupos!

Ya han pasado muchos lustros desde que terminaron las ilusionesdel "desarrollo hacia adentro", "el milagro mexicano", junto con sus promesas de una vida mejor, de cumplir con las reivindicaciones que simbolizaron los mejores ideales de la vanguardia Cepalina, los sueños de la Revolución Mexicana, la Boliviana, la Unidad Popular. En aquellos años, loscampesinos colaboraron con los "proyectos de nación", haciendo producira las tierras que les entregó, aceptando los magros beneficios de susencomiables esfuerzos por elevar la productividad del campo, y así alimentar a los mexicanos y financiar los cimientos del mundo urbano-industrial,que el gobierno ha entregado a los capitales de aquí y de allá.

En toda la región, nos hemos desengañado con las promesas incumplidas del Estado, y sobre todo las más recientes que les ofrecen levantarlosde la marginalidad que él mismo creó. A la vez, nos damos cuenta de laimposibilidad de mejorar los condiciones de vida mediante la incorporación a la fuerza de trabajo obrero, o a la informalidad, o de la conversión enclientela de los programas asistencialistas, las únicas rutas ofrecidas por lapolítica oficial. Por eso, se están llevando a cabo nuevas propuestas paraproducir las condiciones necesarias para su propio progreso social y económico –un progreso alejado de los valores mundanos de un mundo deconsumo y derroche– fincado en una vida comunitaria y un respeto porlos ecosistemas de que dependemos todos.

Las respuestas sociales han resultado mucho más creativas de loesperado; están llegando más lejos de lo que jamás imaginaron, como vemos en el caso de la experiencia zapatista, de la cual estamos celebrando el decimosexto aniversario del levantamiento. Estos son esfuerzos ambiciosos de importantes grupos de comunidades colaborando entre sí y construyendo alianzas para enfrentar y superar las diversas estrategias del capitalque continúa intentando apropiarse de sus territorios y recursos. Sus esfuerzos son también una reacción al rompimiento del pacto social que resultó ser más retórica que realidad, promesas que algunos nuevos regímenes están tratando de resucitar, construyendo nuevas coaliciones y prometiendo nuevas formas de incorporación. Sin embargo, muchos siguen escépticos y prosiguen con sus propuestas alternativas, reorganizándose pararedoblar sus exigencias de "justicia social", repudiando los repetidos embates a que fueron sometidos, para tomar control de las riendas para subienestar. Ahora son aguerridos promotores de otra forma de sociedad, unaque atienda a sus propias necesidades y a las de la mayoría de los mexicanos; una que mueva la expansión productiva al tiempo que genera nuevasformas de asegurar la rehabilitación y la conservación de sus ecosistemas, contribuyendo de esta manera no solamente a su propio bienestar, sino alde la sociedad en su conjunto.

En sus acciones se puede observar la construcción o reconstrucciónde otros mundos, en los que importantes grupos sociales rechazan ser condenados a la marginalización, a la extinción; insisten en un nuevo estilo deprogreso social y económico que ofrece frutos materiales e inmateriales,sin amenazar al medio ambiente. Estos mundos alternativos son ámbitos donde se exigen los derechos y se superan los ataques para avanzar en suspropias propuestas; este crisol social incluye a pobladores de casi todos lospaíses de América Latina. Sus mundos dejarían de depender de la integración económica de la política internacional y de la asimilación cultural; conellos se plantea la construcción de alianzas nacionales e internacionales, depueblos comprometidos con proyectos afines para asegurar sus necesidades básicas, otro estilo de vida y la (re)construcción de una interculturalidad(Villoro, 2010).

Reconstruyendo el mundo

Los paradigmas dominantes están condenando a los campesinos, alos indígenas, a la extinción. Recordemos el debate de una generación anterior –campesinistas frente a descampesinistas– cuando los eruditos delmomento rechazaron la posibilidad de la supervivencia de los campesinosporque representaban los rezagos de un modo de producción del pasado.3 La discusión actual gira en torno a la cuestión de la forma y las repercusiones de las estrategias que los campesinos están elaborando para su supervivencia. Aun cuando ahora mismo grupos dominantes en la academia, y enlas instituciones rectores del mercado global, ofrecen doctas explicacionespara respaldar los análisis oficiales de las burocracias nacionales y de lasagencias internacionales al servicio del capital, dictaminando el hundimientode los moradores del campo, de los indígenas, de los que resisten suproletarización, en una crisis, hay amplia evidencia de otra realidad. Estándemostrando que son actores con iniciativa, con sus propias estrategias deinnovación tecnológica y organización social; en todas partes del país estánconstruyendo un futuro alterno a las limitaciones impuestas por las estructuras dominantes de un mundo capitalista que los condenaría a la subyugación proletaria. Sus innovaciones sociales y tecnológicas han generado unaamplia gama de nuevos productos que buscan dar mayor valor a los espacios productivos tradicionales, nuevos sistemas para la gestión de sus recursos sociales y naturales y nuevas formas para su gobernanza; en fin, losotros saberes que deben integrarse en nuestra práctica.

Sus innovaciones abarcan nuevos espacios geográficos y nuevosgrupos sociales, generando oportunidades sociales y económicas así comola recuperación de sus ecosistemas y sus recursos naturales, retirando éstosdel dominio del capital o de la posibilidad de su futura expansión.

Hemos denominado esta visión como la nueva ruralidad comunitaria, una realidad donde dominan las ideas de: 1) comunalidad (basadaen cohesión social, democracia participativa, trabajo comunitario, y lacentralidad de territorio) (Escobar, 2010; Martínez Luna, 2003), 2) autonomía (formación político-social), 3) autosuficiencia, 4) formación político cultural, 5) solidaridad y redes de apoyo, 6) diversificación productiva y de mercado (desarrollo de fuerzas productivas comunitarias,generación de excedentes), y finalmente, 7) gestión sustentable de recursos regionales (ordenamiento, restauración, conservación, aprovechamientodefinido culturalmente). La práctica real de las comunidades es fuente deenorme fuerza social, dando contenido a estos criterios metodológicos vinculados con una contribución fundamental en la orientación de los procesos de innovación tecnológica para la construcción de la sustentabilidad: laarticulación de la responsabilidad social y la responsabilidad ambiental(Barkin, 2008, 2009 y 2010; Barkin y Lemus, 2011; Barkin, et al., 2012).

Se destaca la emergencia de la asociación comunitaria con sus formas de democracia directa o participativa reconfiguradas (González Casanova, 2010) como un mecanismo alterno a las funciones desempeñadas porel mercado y por el Estado en la asignación de los recursos y en el desarrollo de capacidades tecnológicas, incluyendo la orientación hacia la innovación tecnológica. Este despliegue, esta reorientación de los procesosinnovadores tiene como sustento otros modos de acumulación no capitalista, controlados por los propios productores y sus comunidades. Este planteamiento supone la posibilidad de desarrollar procesos de innovación tecnológica desde la construcción de otras racionalidades; conlleva asumirque otros mundos son posibles, guiados por los principios de la justiciasocial, la equidad intergeneracional y la gestión sustentable de recursos regionales, con una reorientación hacia lo colectivo (en oposición a loindividual); al desarrollo del bienestar (en oposición al crecimiento); y elrespeto a la explotación de los recursos naturales (en oposición al capital).

Lejos de ser ideas emanadas desde una torre de marfil, esta presentación ofrece ser una síntesis de esta praxis y de las aspiraciones de lasorganizaciones sociales actualmente en marcha, encaminadas en las múltiples rutas de su propia transformación; sugiriendo que esta síntesis tendríaque integrarse como parte del contenido de nuestra práctica docente y deinvestigación.

La innovación social y política, la productiva y la tecnológica, desempeñan un papel fundamental en los proyectos de estos actores, los miembros de las numerosas comunidades involucradas en el proceso. Es partecentral del compromiso para la construcción de una verdadera alternativa;comprende una nueva relación con el poder para montar sus propios modelos de progreso social y económico para generar formas sustentables distintas y novedosas de apropiación social de (o, mejor dicho, colaboracióncon) la naturaleza. Se trata de integrar los saberes locales, usando la cienciapara crear una sociedad fincada en una nueva racionalidad que conjuguelas exigencias planetarias con las aspiraciones de los pueblos que estánemprendiendo diversos caminos para su liberación.

La variedad de estas experiencias no tiene límites. Algunas han sidodesplegadas por comunidades campesinas con las que tenemos la fortunade colaborar o compartir sus experiencias y que a continuación mostramoscomo ejemplos; aunque cada ejemplo es de una sola actividad productiva,se conciben como partes en el proceso de la construcción de la autonomíay del empoderamiento. Son ejemplos de comunidades, de alianzas de pueblos, pero también son parte de un amplio movimiento antisistémico queestá acumulando fuerzas.

La reserva campesina de la biosfera en las Chimalapas en el sur deOaxaca. La comunidad indígena zoque maneja la reserva (todavíano reconocida oficialmente) –el reducto de selva tropical húmedomás grande de México, unas 600.000 hectáreas– canaliza los recursos para el sustento de la comunidad y asume la responsabilidad delentrenamiento profesional para colaborar con investigadores extranjeros; algunos miembros de la comunidad se formaron como biólogos y se entrenaron en el manejo de recursos forestales e hidráulicosen escuelas técnicas nacionales e internacionales. Se inició la siembra selectiva de viveros para ciertas especies de árboles en peligrode extinción y se puso en práctica un pequeño programa deecoturismo; sus miembros se capacitaron para ordenar sus territorios y combatir agresiones a los recursos naturales, como los incendios forestales. Este logro comunitario no fue fácil, pero se hizoposible con el apoyo de grupos ambientalistas y la asistencia financiera del gobierno inglés a principios del proceso, en la década de1980.4 Hoy en día, siguen inmersos en una lucha para defender suterritorio y sus planteamientos (Barkin y García 1999).

Algunas alternativas locales para el Istmo de Tehuantepec. La cruelpolarización social ha llevado a las comunidades a realizar una seriede alianzas entre ellas para fortalecer el potencial natural de la región, respaldadas por la planta cementera de propiedad cooperativa(Cruz Azul). Se asociaron con un Fideicomiso para la Infraestructura Ambiental del Istmo para promover la gestión sustentable de losrecursos naturales, basada en la organización de las cuencas de losríos. Las propuestas incluyen un programa ambicioso para la rehabilitación de los cauces de los ríos y el manejo del agua y la tierra,con lo que se generarán nuevas oportunidades a partir de la rehabilitación de los bosques, cierta producción de exportación agrícola,así como y el mejoramiento y la expansión del sector artesanal(Barkin y Paillés, 1999). Esta experiencia contrasta marcadamentecon los conflictos que se están intensificando por la expoliación queestán sufriendo otras comunidades en la región (como La Ventosa)por la instalación de grandes "granjas" de aeroturbinas para generarenergía eléctrica eólica, mayormente con inversión española, queno redundará en beneficio de los pueblos asentados en estas tierras.

La revalorización de la producción tradicional de cerdos en lascomunidades Purépechas de Michoacán frente a las tendencias nacionales y globales hacia la desaparición de la economía de traspatio.La respuesta propuesta involucró la colaboración con la organización indígena regional para producir "carne de puerco lite", con niveles reducidos de colesterol en condiciones de traspatio con unsobreprecio importante. La colaboración contribuye a los esfuerzospara fortalecer la capacidad social para promover la democracia directa, fortaleciendo la economía de la región y el papel de la mujerdentro de las comunidades, ya que esta actividad es realizada principalmente por mujeres. También está atacando la contaminaciónocasionada por el desecho de una parte de la cosecha de la fruta sinvalor comercial y sus impactos severos en el manejo del agua en laregión (Barkin, et al., 2003).

La producción de huevos enriquecidos con omega-3 (un ácido graso benéfico para la salud humana) en condiciones domésticasperiurbanas, ha resultado eficaz como alternativa para fortalecer organizaciones sociales, atender a problemas ambientales, generar ingresos adicionales y arraigar las familias a sus comunidades en mejores condiciones sociales y materiales, ya que la venta de los huevos ha encontrado una elevada demanda. En este sistema se están forjando nuevas formas de acumulación, al servicio de las comunidades para sus futuros proyectos. Es importante señalar que las protagonistas son mayormente mujeres (Barkin, et al., 2009).

De manera similar, se observan esfuerzos en muchas comunidades forestales, en algunas áreas naturales protegidas y en muchas otrasdefendiendo sus recursos naturales y especialmente sus fuentes deagua y el derecho a garantizar su acceso a ella. En este aspecto,México es conocido mundialmente por los avances en el controlcomunitario de sus bosques, por el éxito de centenares de comunidades que lograron arrancar el control de los concesionarios y transformar su gestión con base en una visión diferente, la que se pregunta para qué sirven los bosques y también cómo conservarlos para lasgeneraciones futuras (Fuente, 2009). Los recientes éxitos de los pueblos en Guerrero y Jalisco en torno a la cancelación del proyecto deLa Parota y la postergación del proyecto de Arcediano también ofrecen ejemplos de variadas estrategias para consolidar acciones comunitarias para construcciones alternativas; sin embargo, hay otrosejemplos no tan exitosos: la todavía incierta victoria para detener laexplotación de la mina San Xavier (en San Luis Potosí, México)refleja la profundidad de la resistencia del capital y la complejidadde las batallas comunitarias. Asimismo, estamos viviendo numerosas acciones en todo el país para detener las intenciones oficiales deprivatización del manejo del agua y asegurar su disponibilidad parala vida colectiva.

Otros ejemplos, menos conocidos, también ofrecen aliento al mostrar la variedad de caminos que se están recorriendo en esta construcción de nuevos mundos. La recuperación de un millón de hectáreas en la Mixteca Alta con la participación de más de un centenarde comunidades, durante más de un cuarto de siglo construyendoobras de manejo de agua y suelo que demuestra la manera en que losconocimientos milenarios pueden enriquecer el uso de tecnologíasmodernas para mejorar la calidad de vida de los participantes y generar recursos para el futuro; su iniciativa de aprovechar estas tierras y agua recuperada para producir amaranto e industrializarlo comoalimentos nutritivos, contribuye a su sostén y el beneficio de losconsumidores. Las experiencias se multiplican: cooperativas de artesanos; proyectos autogestionados de ecoturismo; las redes de productores de café comercio justo, comercializados por organizaciones solidarias, de miel, cacao, chocolate y mezcal; la red decomercialización de granos ANEC; y el movimiento "Sin maíz nohay país" que tanto impacto ha tenido en los debates políticos nacionales, entre otros.

Estas experiencias son evidencia de la importancia de los otrossaberes y del diálogo con los conocimientos del presente; son ejemplos decómo la academia ha colaborado y podría intensificar su colaboración mediante una reflexión seria frente a las crisis en las cuales participa actualmente. Su premisa es la necesidad de tomar en cuenta a la gente en la solución de problemas, reconocer como válidos sus conocimientos y colaborarcon ellos en la construcción de soluciones. Las lecciones de las Juntas de Buen Gobierno de los Caracoles Zapatistas reflejan poderosamente estacapacidad de aprovechar y enriquecer lo heredado con ciertas aportacionesde frontera. La sinergia tecnológica entre saberes y conocimientos ha sidoclave en el desarrollo de estos proyectos, pero la distinción fundamentalcon respecto a otros proyectos impulsados por organismos no gubernamentales (ONG) y organismos multilaterales ha sido su diferente orientaciónética: la construcción de una verdadera sustentabilidad desde los atributos de responsabilidad social y ambiental. Esto es, la puesta en marcha de procesos de una nueva ruralidad comunitaria.

De esta manera, las sociedades que participan en el proceso de estaconstrucción social alternativa están también reconociendo su compromisocon otra forma de "contrato social", una asociación comunitaria heredada de la cultura mesoamericana, expresada elocuentemente por Floriberto Díaz,de la región mixe, y algunos de sus herederos intelectuales (Robles yCardoso, 2008). Es una perspectiva ética diferente a la racionalidad económica fincada en intereses individuales para la asignación de recursos; descansa en los procesos de apropiación social de la naturaleza y por tanto enlos procesos de innovación tecnológica guiados por los compromisos deuna verdadera sustentabilidad. Requiere asimismo de un compromiso colectivo, de sujetar la voluntad individual a las decisiones colectivas, comose plasma con fuerza artística en la película mexicana Corazón del Tiempo(Dir. Alberto Cortes, 2009); este compromiso para la construcción de losotros mundos ofrece un contraste tajante con las visiones dominantes quepremia a los individuos por ejercer su interés particular, como ya se mencionó, muchas veces a costa de la comunidad (Villoro, 2010).

Los Nuevos Paradigmas

Las experiencias mencionadas aquí son mayormente ejemplos mexicanos de un proceso que está procediendo a escala mundial. Sociedadesalrededor del mundo están abjurando de los modelos dominantes para mejorar su calidad de vida a favor de forjar nuevos caminos para asegurar subienestar, concentrando en sus necesidades básicas, y el equilibro con susecosistemas. Parte integral de este proceso es negociar su autonomía frentea las crecientes presiones para que integren a la economía nacional y sucumben a la lógica de las racionalidades mercantiles fincada en el beneficio individual y la valorización monetaria de las relaciones sociales y losrecursos naturales.

La evidencia para esta dinámica es abundante. Algunos intelectuales comprometidos han insistido en su importancia política y práctica(Castoriadis, 2005; Santos, 2009). Sin embargo, muchas sociedades en todoel hemisferio están avanzando con sus propias respuestas que trasciendanestas propuestas; lo están haciendo sólo, o en alianza con otros agentes,para defender sus territorios, sus culturas, más aún, su propia existenciacomo "pueblos originarios". Llama la atención el volumen de literaturadocumentando estos esfuerzos, tanto los que están actualizando las costumbres tradicionales de los que defiendan sus herencias cosmológicas yproductivas (Toledo y Barrera Bassols, 2008), así como los que están buscando nuevos caminos, que ellos pueden controlar directamente (e.g.,Baronnet, et al., 2011; Zermeño, 2010). En todas partes del mundo es factible ahora encontrar grupos directamente creando sus propias reservasnaturales, intensificando su capacidad de producir sus necesidades básicas,y consolidando sus alianzas con otras comunidades; estas acciones estánfincadas en su convencimiento que tendrán que fortalecer sus propias formas de auto-gestión y su capacidad de evitar integración (Borrini-Feyerabend, et al., 2007; Borrini-Feyerabend, 2010).

La construcción de nuevos paradigmas –un nuevo paradigma social– para "otros mundos mejores" ha estado en proceso por mucho tiempo. A diferencia de la presentación ortodoxa de la multidisciplinariedad yla interculturalidad, el diálogo de saberes incorpora de manera explícita elrechazo de la concentración del poder frente a la posibilidad de la "negociación" y "democratización del conocimiento". Presenta, entonces, el reconocimiento de los saberes –autóctonos, tradicionales, locales– que aportan sus experiencias y se suman al conocimiento científico y experto; peroimplica la ruptura de una vía homogénea hacia la sustentabilidad; esla apertura hacia la diversidad que rompe la hegemonía de una lógicaunitaria y va más allá de una estrategia de inclusión y participación devisiones alternativas y racionalidades diversas La construcción de otros mundos está en proceso – ¡ofrece esperanzas insospechadas! –.

 

Notas

1 Noam Chomsky (1967) planteó el mismo cuestionamiento hace casi medio siglo en el horrífico contexto de la complicidad de los intelectuales en diseñar las acciones bélicas contra los pueblos de Indo-China y en la persecución de la guerra fría a escala global.

2 Definido como "La permanente dedicación a la retribución (servicio) a la tierra, a la naturaleza y a la comunidad humana."

3 Para una reseña del debate sobre los campesinistas y descampesinistas, véase Feder (1984), Esteva, et al., (1980). Una visión mexicana actualizada se encuentra en Barkin (2002).

4 Por cierto, el gobierno mexicano canceló este programa de asistencia técnica inglés cuando se hizo evidente que las organizaciones locales demostraron un exceso en sus demandas para la autogestión y el control de sus propios recursos.

 

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Recibido: 15.10.2012 Aceptado: 07.11.2012

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