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Polis (Santiago)

versión On-line ISSN 0718-6568

Polis vol.11 no.33 Santiago dic. 2012

http://dx.doi.org/10.4067/S0718-65682012000300010 

Polis, Revista Latinoamericana, Volumen 11, Nº 33, 2012, p. 219-234

LENTE DE APROXIMACIÓN

 

El discurso moderno frente al "pachamamismo": La metáfora de la naturaleza como recurso y el de la Tierra como madre1

The modern discourse versus "pachamamismo": Themetaphor of nature as resource and of Earth as mother

O discurso moderno frente a "pachamamismo": A metáfora da natureza como recurso e da Terra como uma mãe

 

Omar Felipe Giraldo

Universidad Autónoma Chapingo, México. Email: omarfgiraldo@hotmail.com

 


Resumen: Con este artículo pretendemos contribuir modestamente aldebate surgido recientemente entre el discurso moderno y el "pachamamismo".Cuando hacemos referencia al "pachamamismo" damos cuenta del discursoimpulsado por algunos movimientos sociales latinoamericanos, el cual, inspirado en algunas racionalidades de comunidades rurales, hace una radical crítica a la manera en que los regímenes de verdad modernos intentan corregir laruta suicida a la que está abocada la civilización contemporánea.Específicamente, abordamos la capacidad metafórica del lenguaje –es decir, lapropiedad que tienen las palabras para "hacer percibir" de un modo particular–haciendo una breve interpretación de dos metáforas: la del "recurso natural" yel de la "Madre Tierra". La propuesta consiste en que, derivando toda unared de metáforas del concepto de la Pachamama, se remplace el enunciadoantropocéntrico y utilitario "recursos naturales", por el de "sujetos naturales".

Palabras clave: Crisis civilizatoria, sujetos naturales, ecología política, pensamiento ambiental.


Abstract: The aim of this article is to contribute in a modestly way, tothe recently emerged debate between the modern discourse and "pachamamismo". By "pachamamismo" we refer to the discourse promoted by some LatinAmerican social movements, which, inspired by some rationalities of ruralcommunities, make a radical critique of the way modern truth regimes are tryingto correct the suicidal trend that contemporary civilization has undertaken.Specifically, is addressed the metaphorical ability of language – i.e., the propertythat words have to "create perception" in a particular mode– bringing up abrief interpretation of two metaphors: "natural resource" and "Mother earth".The proposal consists in that, by deriving a whole network of metaphors fromthe concept Pachamama, the utilitarian and anthropocentric expression "natural resources", be replaced by that of "natural subjects".

Key words: crisis of civilization, natural subjects, political ecology,environmental thinking.


Resumo: O objetivo deste artigo é contribuir de forma modesta, para odebate surgido recentemente entre o discurso moderno e o "pachamamismo". Por"pachamamismo" entendemos o discurso promovido por alguns movimentos sociaislatino-americanos, que, inspirados por alguns racionalidades das comunidadesrurais, faz uma crítica radical da forma como regimes modernos de verdade estátentando corrigir a rota suicida que a civilização contemporânea tem liderado .Especificamente, dirigida a capacidade metafórica da linguagem - ou seja, apropriedade que tem as palavras de "fazer perceber" de um modo particular-, fazendouma breve interpretação de duas metáforas: do "recurso natural" e da "Mãe Terra".A proposta consiste em o siguente, conduzindo toda uma rede de metáforas doconceito da Pachamama, para substituir a expressão utilitária e antropocêntrica"recursos naturais", por "sujeitos naturais".

Palavras-chave: crise da civilização, sujeitos naturais, ecologia política,pensamento ambiental.


 

Introducción

La crisis civilizatoria contemporánea a la que asistimos, y de la cual,de una u otra manera, participamos todos, es una crisis multidimensional,manifestada en profundos problemas ambientales, sociales, políticos y económicos entrelazados y articulados complejamente. Lo que la sociedadenfrenta hoy no son problemas aislados que puedan solucionarse independientemente los unos de los otros, sino problemas estructurales que nosemplazan con urgencia a la creatividad epistemológica y a la imaginaciónsocial para atender sistémicamente la interconectada crisis de nuestro tiempo. A pesar de la obviedad y del aparente consenso que la anterior afirmación pudiera generar, se trata de un objetivo muy difícil de conseguir, debido a las limitaciones del pensamiento moderno con las que tratamos dereorientar la ruta suicida en la que la sociedad se ha encarrilado. En palabras de Boaventura de Sousa Santos (2010: 39): "tenemos problemas modernos para los cuales no hay soluciones modernas", es decir: enfrentamossus consecuencias sin que ellas puedan remediarse con los fundamentos delpensamiento occidental heredado.

Dada la impotencia de las racionalidades modernas para corregirlos problemas causados por su propia gnoseología, en principio pudieracreerse que esta crisis nos está conllevando al inicio de un cambio de paradigma, circunscrito dentro de una transformación cultural mucho más amplia (Capra, 1998). En efecto, Thomas Kuhn, en el campo de las ciencias,señala que el surgimiento de nuevos paradigmas está precedido por un periodo de crisis durante el cual, las creencias y teorías hasta ese momentoaceptadas, empiezan a fracasar en su empeño por resolver los problemasque intentan ser solucionados. "El significado de la crisis –dice Kuhn (2006: 164)– es que ofrecen un indicio de que ha llegado el momento de cambiarde herramientas". No obstante durante la crisis civilizatoria contemporánea resulta difícil ser tan optimista, pues lo que hoy necesitamos es un cambio epistémico2 en todas las dimensiones, algo que sin duda es muy complicado de llevar a la práctica. Y lo es, porque las crisis justamente hablande un tiempo de tensión, de lapsos históricos en donde el régimen de verdad ya no ofrece la orientación necesaria para satisfacer los requerimientossociales, pero concomitantemente, persiste una marcada resistencia parasalir de esas mismas certezas que parecen incuestionables desde una cultura determinada.

En otros términos queremos decir con Foucault, que una transformación como la que requerimos es realmente difícil cuando estamos encerrados en un régimen de verdad que se reproduce y se perpetúa a sí mismo.De modo que seguir ofreciendo soluciones modernas para los problemascausados por el propio proyecto moderno, implica permanecer cautivos enun círculo vicioso sin salida y sin alternativa de escape. Nos referimos particularmente a las respuestas hegemónicas que mantienen intacta la escisión entre naturaleza y cultura, el divorcio de entes que no vuelven nunca aser reunidos, la soberbia aprehensión del individuo humano como únicosujeto y centro del mundo, la creencia de la posibilidad de conocimientoobjetivo y verdadero, el utilitarismo, y la concepción de que vivimos entrecosas inertes siempre disponibles para nuestros afanes explotadores.

Sin embargo, poco a poco se hace más patente la incapacidad deeste tipo de racionalidades y percepciones para salir del atolladero en elque nos hallamos inmersos. Por eso la emergencia de discursos alternativoscomo la utopía del Buen Vivir o en general los paradigmas "pachamámicos" – término que tomamos prestado de una serie de artículos críticos de PabloStefanoni (2011) – en términos de Arturo Escobar (2011: 270) son "undesafío frontal al régimen moderno de verdad". Cuando hacemos alusión alos paradigmas "pachamámicos" nos referimos a los discursos impulsadospor algunos movimientos sociales latinoamericanos, los cuales están inspirados en las racionalidades de algunas culturas rurales del subcontinente, yque en su contenido se plantean la relacionalidad, la complementariedad,la correspondencia, la reciprocidad, el equilibrio y la armonía como losprincipios que deben guiar toda acción política. En abierto contraste con laesencia de la modernidad, se están construyendo utopías basadas enontologías relacionales, lo cual puede interpretarse como una respuesta frentea la incapacidad de los discursos modernos de enfrentar una crisis que hapuesto en entredicho a nuestra especie.

Pero como es de esperarse, la tensión es evidente. Por un lado, elrégimen de verdad dominante tilda al "pachamamismo" como un discursoromántico cuyo contenido distrae la atención para abordar los problemasurgentes que demandan de un ecologismo "técnicamente sólido" (Stefanoni,2011). Y por su parte, el discurso "pachamámico" acusa a los postuladosmodernos de ofrecer soluciones técnicas para los efectos, pero que pareceincapaz de corregir las causas estructurales que los originaron. Justamente, con este artículo, pretendemos aportar al debate en defensa de "lospachamámicos", para mostrar cómo el lenguaje es una poderosa arma para"hacer percibir" de otro modo y despertar la imaginación social.

Específicamente nos concentraremos en las metáforas del "recursonatural" y la "Madre Tierra" como ejemplos ilustrativos que utilizan cadauno de los dos discursos. Primero comenzaremos describiendo el papel dellenguaje en la configuración de "mundos", para luego analizar el papel deambas metáforas como recursos retóricos que producen efectos en la percepción de la realidad.

El lenguaje y la construcción de "mundos"

Queremos iniciar este apartado recordando el argumentofenomenológico husserliano según el cual la realidad no es objetiva, ni está"ahí", autónoma e independientemente de la participación del conocedor,sino que la realidad "surge" dependiente de quien la percibe, porque lossujetos no están separados de su entorno, sino que están, desde siempre yconstitutivamente, "en relación con el mundo". Para la fenomenología, larealidad no podría estar previamente dada, ni puede conocerse "tal cuales", como si pudiéramos por fin acceder a una concepción pura y no contaminada de la realidad. Por el contrario, la realidad está siempre cooemergiendo, coo-surgiendo, como fruto de la constante interacción entre el sujeto y el medio en el que el mismo se encuentra inmerso (Varela,2000). Una de las consecuencias del hecho de que el mundo no esté"pre-dado", sino en permanente construcción por la relación de los sujetos con su entorno, es que el acto de conocer está indisolublementeligado al cuerpo – según fue explicado ampliamente por el fenomenólogoMaurice Merleau-Ponty (1957) – y a la historia social y biológica deaquellas interrelaciones (Maturana y Varela, 2003). Pero también – yéste es el punto que nos interesa resaltar – el hecho de aprehender ypercibir "un mundo" está absolutamente vinculado a las posibilidadesdel lenguaje del que se hace parte.

Efectivamente, el lenguaje es la principal herramienta que usamos para relacionarnos con el medio y comprenderlo de cierta manera.Es el recurso más vigoroso que tenemos para construir la realidad en lacontinua interacción con el mundo. Más allá de una elucubración filosófica corresponde a un asunto biológico, pues el proceso de convertimos en humanos dependió del lenguaje como uno de los determinantesdel desarrollo cerebral de los homínidos tempranos. De manera que nopodremos nunca prescindir del lenguaje, porque es, en sí mismo, constitutivo de "lo humano".

El problema radica en que olvidemos que el lenguaje no expresauna única y exclusiva realidad3 , sino que es tan solo un mediador que leayuda a un grupo de hablantes a arreglárselas con el mundo con las posibilidades intrínsecas que esa misma lengua le permite. No estamos diciendo que el lenguaje a fuerza de repetirse termine enunciando falsedades. Loque queremos decir es que si bien gracias al lenguaje la gente vive en unmundo que le es significativo, es necesario recordar que es un instrumentoútil para expresar una realidad de muchas otras que podrían ser posibles.Por ejemplo, cuando hablamos de que algo es de color rojo, no significaque haya algo que sea de por sí "rojo"; o sea: no es que sea esa "la realidad"indiscutible, porque si hiciéramos el experimento de comparar nuestra percepción de tal color con la de una paloma – la cual ve aparentemente conuna gama tetracromática4 – nos daríamos cuenta de que no tiene sentidoalguno preguntar cuál de las dos percepciones se ajusta a la auténtica realidad, ya que para ello, al decir de Nietzsche (2000: 8): "tendríamos quehacer uso de la medida de la percepción correcta, esto es, una medida de laque no se dispone".

Ahora bien. Como ha sugerido el segundo Wittgenstein (1988) óHeidegger (1971), tampoco podemos soslayar el hecho de que el lenguajeno es privado, sino público, y por eso cuando hacemos uso de él, tenemosque aceptar que ha sido un instrumento previamente elaborado, con susrespectivas significaciones culturalmente prefiguradas. Una consecuenciade lo anterior es que el sistema del lenguaje con el cual vivimos "en unmundo" está conectado íntimamente con el colectivo; o dicho en otros términos: estamos predispuestos a pensar, a percibir, e incluso a sentir de unmodo particular, de acuerdo con los imaginarios heredados por la pertenencia a una comunidad lingüística específica.

Queremos finalmente llegar al argumento de que el lenguaje es unmediador entre nosotros y el mundo en el que vivimos y que compartimoscon otros en sociedad. No es que recuperemos las características del entorno y podamos comunicarlas objetivamente, como el ejemplo de la diferencia de percepciones del color entre la paloma y nosotros lo demuestra, porque el lenguaje no denota un reflejo objetivo de la realidad, sino que es unaherramienta con la que proyectamos creativamente "mundos"; no copia loexistente independientemente de los sujetos, sino que es un mediador que"construye realidades". El lenguaje tiene esa enorme capacidad de mediarentre nuestro cuerpo y el entorno para verlo de una manera, y hacer "surgir" realidades que traemos a la mano en nuestra experiencia compartidadel mundo.

En la filosofía helénica ya se había analizado una cualidad parecidadel lenguaje con el concepto de la retórica, entendido como el arte de lapersuasión para influir mediante el discurso. Es la propiedad que tiene eldiscurso para hacer cosas con las palabras, como el hecho de "influir","persuadir" "conmover" y en el caso que nos interesa en el presente artículo: "hacer percibir". En cualquier caso, llamamos la atención sobre la dimensión creativa del lenguaje, en la que al decir se proyectan imágenes queson evocadas a aparecer y se construyen realidades mediante la elocuenciadel discurso. Se trata de la conexión entre el lenguaje y su efecto sobre laimaginación social, que abordaremos específicamente con el recurso retórico de la metáfora.

La imaginación metafórica y la ideología

El filósofo francés Paul Ricoeur (1970) subraya que el lenguaje conmucha frecuencia quiere decir otra cosa distinta de lo que dice; tiene doblesentido; muestra y oculta; señala lo que "es" y a la vez lo que "no es".Corresponde a la región simbólica del lenguaje por la que se expresan significaciones complejas de doble sentido.

Justamente, la metáfora es una figura de dicho tipo de lenguaje, lacual tiene un pie ubicado en el lado de la retórica mientras que el otropermanece en el lado de la poética. Esto significa que la metáfora, comorecurso retórico, pretende "persuadir" al tiempo que "hace sentir", expandiendo el conocimiento al campo de lo afectivo (Ricoeur, 1980). Segúnhemos indicado líneas arriba, en la medida en que la realidad no puedecomunicarse "tal cual es", libre y despojada de subjetividades, la dimensión poética del lenguaje nos ayuda a decirnos "a qué se parecen las cosas",en lugar de exponer literalmente "el qué son las cosas" (Ricoeur, 1995).Pero en la metáfora, tal propósito no se logra por la fórmula "esto es comoaquello" a manera de comparación analógica, porque su característica reside en el hecho de indicar que "algo es aquello" –la naturaleza es nuestraMadre o la naturaleza es un recurso, por ejemplo– y en tal sentido, conduceal receptor a proyectar "un mundo", a la apertura de su imaginación pormedio de la capacidad persuasiva y poética de la figura.

Para Ricoeur (1980) la metáfora no es un tropo que designe un objeto por el nombre de otro, como sí ocurre en el caso de la sinécdoque o lametonimia, ni equivale a un simple adorno estilístico, pues en su dimensiónpoética lleva con el lenguaje a formas de ver el mundo que la visión cotidiana oscurece, e incluso reprime. Se parece a los lenguajes artísticos comoel arte pictórico, en donde el pintor recrea la realidad a través de su pincel,y lo expresa en un cuadro generando un excedente de significación. El artista plástico amplía el sentido del mundo mediante sus propios medios,diciendo mucho más de lo que pudiera enunciarse si utilizara el lenguajeordinario (Ricoeur, 1995). Los enunciados metafóricos, de manera muysimilar a la pintura, tienen la capacidad de crear imagen, poner ante losojos, "hace ver" y mediante esta cualidad, incrementar el significado delmundo.

Una metáfora al "decir más", al ser sobreabundante en su significación, no puede ser traducida. Es el receptor quien elabora la relación entredos términos que no pueden ser tomados al pie de la letra, porque si seinterpretara literalmente resultaría en un absurdo. De manera que en el carácter intersubjetivo del discurso, son los sujetos que reciben el mensajequienes le dan sentido a la metáfora y hacen una extensión de su significado (Ricoeur, 1980). Sin embargo, no debe olvidarse que la metáfora puederepetirse, como en el caso de la "naturaleza como recurso", y convertirseasí en una significación usual. Cuando ello ocurre, la metáfora ya no seinterpreta conscientemente, sino que a través de la constante repetición, sevuelve para el colectivo en una verdad mecánica que no tiene ya la necesidad de ser interpretada. Así pues, la metáfora luego de ser tomada, aceptada y usada cotidianamente por una comunidad lingüística, se transforma enuna ideología.

El enunciado metafórico, en el discurso ideológico, tiene pretensiones de verdad, objetivo que logra cuando se torna en una acepción común,y al ser apropiada por una cultura, internaliza los cuerpos, determinando unmodo de acción, percepción y pensamiento. Pero como el otro pie de lafigura está en la poética, tal meta la cumple por el lado de la imaginación,fusionando lo verbal con lo no verbal, estableciendo una relación entre el acto de "decir" y el hacer "ver como", manteniendo simultáneamente enuna sola expresión las palabras y la imagen (Ricoeur, 1980). De modo queen el discurso ideológico, el empleo de los enunciados metafóricos tiene laintención de generar creencias perceptivas al hacer que algo sea visto dealguna manera y no de otra. Si las ideologías buscan reproducir el poder al"hacer creer algo" en una comunidad (Ricoeur, 2008), las metáforas resultan un medio idóneo para tal fin, dado que son todo un discurso reducido auna breve oración.

Ciertamente para que un discurso ideológico funcione no puede sermuy extenso; por el contrario, debe ser corto y sintético para orientar laacción, explicar algo en muy pocas palabras, y decir qué debe hacerse ensituaciones complejas (Geertz, 1991). En tal sentido, puede asegurarse, sintemor a equivocarse, que la metáfora es el recurso retórico que mejor cumple estas condiciones, no solo por su propiedad evocadora de imágenessino por el excedente de significación que genera su contenido, el cual, alser repetido constantemente, termina por ser considerado como un dogmainobjetable que excluye la necesidad de impugnación y cuestionamiento.

Siguiendo las anteriores ideas, mostraremos cómo el término "recurso natural" reproduce el mismo discurso hegemónico moderno del cualprocede, logrando que quienes usen la metáfora, sirvan de instrumentosútiles para perpetuar el sistema de verdades del que depende la ideologíapara mantener el poder.

La metáfora del recurso natural

Hemos expuesto muy brevemente el papel del lenguaje simbólico, yespecíficamente el del metafórico, en la percepción de la realidad y en ladotación de significados del "mundo", para abordar la pregunta de ¿cómose produce verdad sobre la naturaleza? (Escobar, 2005) No interrogamosacerca de "la verdad" en sí misma de la naturaleza, sino por los discursosmediante los cuales se construyen certidumbres en la relación socioculturalcon los ecosistemas.

Pero antes de abordar la pregunta formulada, primero tenemos querecordar que el aspecto esencial de la Edad Moderna, según MartinHeidegger (1996), consiste en el hecho de que a partir de este periodo, el mundo comienza a ser aprehendido como "objeto"; pero también, que en elmismo instante en que lo que está delante se vuelve "objeto", el ser humanopuesto en escena, se convierte a sí mismo en "sujeto". Este último punto escrucial para lo que más adelante queremos proponer, porque la modernidades la "época de la imagen del mundo" en donde el varón –blanco y europeo– pasa a auto-concebirse como el único ser sobre el cual se fundamentatodo lo existente. Heidegger (2000) nos recuerda que en la antigüedad occidental la palabra subiectum servía para designar la sustancia de cualquierente, pero en la filosofía moderna pasa a denotar exclusivamente al "yo"del hombre. Por eso queremos concentrarnos en el aspecto esencial deldiscurso antropocéntrico de la modernidad por el cual todo lo "no humano"es considerado como cosa utilizable y aprovechable, siempre servible paralas necesidades y ambiciones del auto-proclamado "sujeto".

Tal ideología se ha constituido en un discurso de verdad sobre lanaturaleza, que en la práctica ha hecho que se reproduzca circularmente ladominación sobre el medio y ha permitido a la cultura moderna acometer elañejo deseo de convertirse en dueña o poseedora del planeta. Indudablemente, bajo la premisa del sujeto humano libre y "emancipado" de losgrilletes de la naturaleza, y de la percepción de lo demás como "objeto", hasido posible su pretensión de sojuzgar, controlar y manipular la Tierra a suantojo.

La cuestión es que esa misma ideología es la que se reproduce conla metáfora del "recurso natural", por la cual se "hace ver" que la naturaleza es una existencia y reserva: una simple materia prima para la industriamoderna (Heidegger, 1994). Corresponde a un término económico con elque se equipara el agua, la tierra, los minerales, o los bosques a un activocuantificable para resolver las necesidades de la humanidad. Si la funciónde la metáfora en el discurso ideológico es lograr que el receptor vea através de palabras, la figura retórica del "recurso natural" consigue que laspersonas perciban la naturaleza como un "medio para" satisfacer los requerimientos humanos y "hace ver" que el medio natural existe única y exclusivamente para provecho de hombres y mujeres. En otras palabras, la locución "recurso natural" produce un efecto de percepción instrumental, haciendo que se reproduzca la arrogante creencia de que la especie humanacuenta con el mundo a su entera disposición.

Además de su capacidad productora de imágenes, la metáfora en eldiscurso ideológico sirve para explicar algo fácilmente: "la naturaleza esun recurso aprovechable que existe solo y para uso de los seres humanos";orienta la acción: "luego, hay que utilizarla y explotarla"; y sugiere quédebe hacerse en situaciones difíciles: "frente a la crisis que hoy enfrentamos, hay que buscar herramientas técnicas para controlarla y manipularlamejor". Todo este discurso reducido a un corto enunciado corresponde alexcedente de significación de la metáfora, es decir, a la dimensión de ampliación de sentido que actúa en la construcción de la realidad. El mundo,como hemos insistido, no está previamente dado, sino siempre "en constante realización", por lo que la manera utilitaria de nombrarlo y percibirlo, contribuye a que la realidad "surja" o "emerja" de esa misma manera, y laorientación derivada sea la dominación, el control y la posesión.

Asimismo, es importante no olvidar que la metáfora del "recursonatural" no está aislada, sino que hace parte del discurso que hoy gobiernalas discusiones sobre la crisis ambiental, como lo es el denominado "desarrollo sostenible". El contenido de este discurso es una fiel reproducciónde los presupuestos ideológicos del auto-encumbramiento del ser humanocomo sujeto, pues "satisfacer las necesidades de las generaciones presentessin comprometer la capacidad de las generaciones futuras para satisfacerlas suyas" –como dice la definición del concepto en el informe Brundtlandde la ONU (1987)– en otros términos podría sugerir un relato más o menosasí: "sigue usando la naturaleza, pues está ahí para ti, solo que no te excedas mucho, para que tus hijos también puedan aprovecharla". Lo que sinduda, sigue siendo el mismo discurso antropocéntrico en el que se indicaque los "recursos naturales" son un "objeto" disponible para uso humano,pero que debido a la depredación, es necesario ahora una explotación másracional.

De modo que el enunciado metafórico hace parte de un tipo de racionalidad y de una civilización que entra en crisis, justamente por esaforma utilitaria de relacionarse con el mundo. Es por tanto, válido preguntarse si ¿será posible remediar la hecatombe ecológica con las mismas herramientas que nos han conducido hacia ella? Nuestra contestación evidentemente es negativa, aunque la respuesta del discurso moderno, en alusióna la crítica a los "pachamámicos", sería que la técnica y acciones más responsables con el medio, son mucho más útiles que enmarañadas filosofíasanti-modernas, en la medida en que tales actitudes enfrentan directamentelos determinantes de la crisis ambiental, mientras que la retórica románticadistrae la atención para abordar con seriedad los urgentes problemas prácticos de nuestro tiempo.

No es que los "pachamámicos" desprecien la técnica moderna. Loque pasa es que no es posible que existan cambios sustanciales en la relación con la naturaleza, cuando las acciones están insertas en las mismas lógicas ontológicas que han ubicado al ser humano como dueño y señor delplaneta. Si reconocemos en cambio, que la condición de nuestra existenciaes la relación intersubjetiva con todo lo demás, es decir, el vínculo profundo con otros sujetos plantas, otros sujetos animales, otro sujeto agua o aire,e incluso otros sujetos como los minerales o el petróleo, seguramente podemos encontrar mejores soluciones –ya no solo técnicas– para enfrentarla compleja crisis civilizatoria.

Particularmente, estamos examinando la función metafórica del lenguaje en la que se hacen cosas al hablar, como el hecho de hacer aparecerun mundo, y en el caso que nos ocupa, lograr que la naturaleza se percibade manera diferente. La retórica nos enseña que no es suficiente el "qué"del discurso sino también el "cómo" del discurso; o sea: no basta tener argumentos para presentar, sino que es necesario proponerlos de manera convincente, para que, en nuestro caso, "se haga ver" la naturaleza de otromodo pero por medio de palabras. Por eso, como dice Ricoeur (1980),estamos tratando de desenmascarar la metáfora que se quiere superar, paraluego remplazarla por otra. No es prescindir de su uso; es más bien encontrar metáforas distintas, que nos ayuden a re-describir y finalmente, a recrear la realidad.

La metáfora de la Madre Tierra y de los "sujetos naturales"

Hemos hablado de los "pachamámicos" para hacer referencia a losdefensores de la metáfora de la Tierra como madre. No es la Pachamama misma, porque este concepto en las culturas andinas originarias podría sertraducido para nuestra lengua –lo que es siempre reducir– como un cosmosespacio-temporal complejamente interrelacionado. La expresión quechuatukuy hinantin pacha que significa "todo como pacha", muestra cómo enestas cosmogonías indígenas la "naturaleza interconectada" es el todo de larealidad (Estermann, 1998). Sin embargo, en cuanto no podemosdesentendernos de la cultura occidental heredada y del lenguaje del quesomos parte, hablaremos mejor de la Madre Tierra como locución comunicable y común a un sinnúmero de culturas del orbe.

La imagen que evoca dicha metáfora no es la de un objeto aprovechable, sino la de un organismo vivo, una madre nutriente que pare, cría yampara a todos sus hijos, quienes indisolublemente se encuentran hermanados en el lecho de su seno. Aquí precisamente, puede verse como actúa elpoder de la enunciación metafórica, puesto que podemos estar situadosfrente a la misma naturaleza, pero una cosa es llamarla "recurso" y otramuy distinta llamarla "madre". A una madre no se le explota, ni se le extraen de sus entrañas petróleo o carbón para provecho de tan solo uno desus hijos. A ella se le respeta y se le ama por el hecho de que hemos provenido de su cuerpo. Denominar a la naturaleza "madre" simboliza que lamutilación de una de sus partes –digamos un bosque, por ejemplo– equivale a ejecutar un matricidio. Pero además significa que las plantas, los árboles, o los animales, son hermanos nuestros, porque de una sola madre hemos provenido.

Estamos en el lado poético de la figura que nos evoca "un mundo"pero que a la vez nos persuade y conduce la acción. Al igual que en laideología, en el discurso utópico la metáfora explica algo fácilmente: "lanaturaleza es nuestra madre, la cual está dotada de alma y vida". Nos diceque debemos hacer: "hay que cuidarla, amarla y no explotarla". Y ademásnos orienta en situaciones difíciles: "en la actual crisis debemos escuchar a nuestra madre para que su vida –que es la de todos– siga siendo posible".En el mayor de sus sentidos, en la máxima ampliación de sus significados,la metáfora nos conduce a reconocer la subjetividad de la naturaleza, y arechazar su objetivación impuesta durante la modernidad.

Asimismo, la metáfora también nos sugiere que la relación cotidiana con nuestro entorno no es aquella que nos ha hecho creer el discursomoderno, porque los humanos en cuanto hijos de la Madre Tierra, somossolo "sujetos" en la medida que todo lo demás –incluido aquello que llamamos inanimado– también es "sujeto". En otros términos: la figura nos diceque nuestra relación con la naturaleza es intersubjetiva, porque la vida humana está estrechamente asociada a la capacidad de convivencia con elresto de sujetos naturales. Y éste es finalmente el punto al que queremosllegar. De acuerdo con todo lo antes dicho, la metáfora del "recurso natural" tan indiscutiblemente pronunciada; tan constantemente repetida y asimilada, hasta por los supuestos discursos alternativos, podría ser cambiadapor la metáfora de "la naturaleza como sujeto".

Si en lugar de referirnos a "los recursos naturales", dijéramos "lossujetos naturales", para dar cuenta del agua, el oro, o el petróleo, surgiríauna imagen diferente a la aprehensión moderna de la naturaleza. De hechoal hacer el reemplazo de la metáfora en frases frecuentes del discurso dominante, la construcción gramatical empieza a caerse a tumbos. Hagamosel experimento. Pronunciemos primero el siguiente enunciado: "los hidrocarburos son recursos naturales escasos, por lo que los dueños de esos recursos tendrían que acceder a ellos en condiciones más favorables". Ahoraintentemos pronunciar la misma oración pero cambiando la metáfora: "loshidrocarburos son sujetos naturales escasos, por lo que los dueños de esossujetos tendrían que acceder a ellos en condiciones más favorables". Comopuede apreciarse resulta descabellado cuantificar utilitariamente a "sujetos", puesto que ellos emergen como organismos vivos al ser voceados deuna manera no cosificada. Pero lo realmente transgresor, es que resultailógico hablar de "los dueños de esos sujetos", porque no existen propietarios de "sujetos". La metáfora, en sí misma, impide la pronunciación de eseenunciado, por lo que el contenido de la frase tendría que modificarse radicalmente: "los hidrocarburos son sujetos naturales, por lo que la relacióncon esos sujetos tiene que hacerse en condiciones más favorables para lasdos partes"

Al modificar el contenido de la oración, nos percataremos que implícitamente a los hidrocarburos del ejemplo se les atribuyen derechos. ¿Cuálsería la condición más favorable para el hidrocarburo? Si bien aquí no es ellugar para reflexionar sobre dicha pregunta, el solo hecho de modificar lametáfora de los "recursos naturales" por la de "sujetos naturales", induce aque formulemos cuestionamientos como éste, el cual sería absolutamenteirracional con el planteamiento original del enunciado metafórico.

No podemos perder de vista que no estamos pensando en usar unafigura literaria aislada dentro del mismo discurso de verdad. La idea esemplear la metáfora dentro del discurso alternativo que rechaza lacosificación del mundo natural, usando el poder poético de la figura para"hacer percibir" y construir realidades por medio de palabras. Inspiradosen la fuerza de la Madre Tierra, o mejor aún, en el hondo entendimiento dela Pachamama, podemos hacer comprensible en el lenguaje occidental ontologías de otras culturas pero sin salirnos de las posibilidades de la lengua con la cual nos comunicamos. Si en la modernidad el vocablo "sujeto"deja de expresar a "todo ente", para trasladarse a la "yoidad" de lo humano(Heidegger, 2000), volver a usar la palabra "sujeto" para denotar a la naturaleza, es una afrenta directa contra el discurso hegemónico moderno.

La propuesta es seguir hablando de la "naturaleza como madre",pero dentro de una vasta red de intersignificaciones con otras metáforassubordinadas. El objetivo es que poco a poco en nuestro discurso desechemos las metáforas heredadas del antropocentrismo moderno, para ir creando otras diferentes que nos ayuden a darle coherencia a una manera de sery estar en el mundo diferente a la que hoy nos ha conducido al riesgo de laextinción de nuestra especie.

Como hemos sugerido, necesitamos de la creatividad para abordarla crisis civilizatoria desde una perspectiva multidimensional. Y dentro detal contexto no debemos olvidar que una de esas dimensiones es la manerade nombrar la naturaleza, la cual determina en gran medida, la manera comonos relacionamos con el ambiente. No estamos diciendo que con cambiaruna metáfora –o una red de metáforas– se transforme inmediatamente la relación depredadora con los ecosistemas. Sabemos que la búsqueda dejuegos del lenguaje mejores es tan solo una pequeña parte de una tareamucho más amplia y compleja.

Sin embargo, consideramos que la retórica, y específicamente, lafigura de la metáfora, constituye una potente herramienta del lenguaje en laconstrucción de la realidad que no podemos ignorar, si lo que queremos esenfrentar sistémicamente la interconectada crisis civilizatoria. De hecho, tomamos muy en serio a Jorge Luis Borges cuando escribió en La Esfera de Pascal:

"Quizá la historia universal es la historia de unas cuantas metáforas"

 

Notas

1 Este artículo hace parte del proyecto de investigación: Racionalidades alternativas y poder social en territorios indígenas mexicanos, financiado por la Dirección General de Investigación y Posgrado de la Universidad Autónoma Chapingo. Agradezco las sugerencias y comentarios críticos de la Dra. Gabriela Kraemer Bayer y del Dr. Guillermo Torres Carral del Departamento de Sociología Rural de la UACh, así como de la Dra. Ana Patricia Noguera de la Universidad Nacional de Colombia, sede Manizales. Los problemas que aún persisten en el texto son de mi total responsabilidad.

2 Aunque también ontológico y ético.

3 En la sabiduría oriental hay una frase del monje budista N_g_rjuna que sintetiza maravillosamente esta idea: "Si hubiera identidad entre la palabra y su objeto, el término "fuego" quemaría en la boca" (Citado por Arnau, 2005: 57).

4 En su espacio visual, la paloma requiere de cuatro colores primarios, a diferencia de la gama tricrómata de los humanos (Varela 2000).

 

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Recibido: 05.10.2012 Aceptado: 07.11.2012

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