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Polis (Santiago)

versión On-line ISSN 0718-6568

Polis vol.11 no.33 Santiago dic. 2012

http://dx.doi.org/10.4067/S0718-65682012000300013 

Polis, Revista Latinoamericana, Volumen 11, Nº 33, 2012, p. 269-282

LENTE DE APROXIMACIÓN

 

El retorno de los saberes de subsistencia

The return of the knowledges of subsistence

O retorno dos conhecimentos de subsistência

 

Jean Robert

Cuernavaca, Morelos, Mexico. Email: jeanrobert37@gmail.com

 


Resumen: La crisis económica es lo que Illich llamaba "una crisis verdadera" porque admite dos soluciones opuestas: 1. aumentar las dependencias hacialos mercados; 2. renunciar selectivamente a ciertas mercancías y servicios. Estetexto aboga por la segunda solución. Para volverla posible, la historia y la epistemología de la economía serán más importantes que todas las micro- ymacroeconomías. De optarse por la primera solución, sólo se incrementará unacaracterística de la economía moderna que es su capacidad de engendrar cumbresde riqueza al lado de abismos de miseria. Vista como una invitación a la renunciaselectiva, la crisis puede ser un estímulo a las verdaderas opciones políticas, esdecir las opciones que consideran seriamente el retorno de saberes de subsistenciaque fueron avasallados por el sistema económico.

Palabras clave: Subsistencia, escasez, pobreza y miseria (como realidades distintas), guerras epistémicas.


Abstract: The economic crisis is what Illich called «a real crisis» because it supports two opposite solutions: 1. increasing dependencies to markets; 2.selectively renounce to certain goods and services. This paper argues for the secondsolution. To make it possible, the history and epistemology of economics are moreimportant than all the micro-and macroeconomics. Choosing the first solution willonly increase a characteristic of modern economy which is its ability to generatewealth summits alongside depths of misery. Seen as an invitation to selectiverenunciation, the crisis can be a stimulus to the real policy options, that is, theoptions that seriously consider the return of subsistence knowledges that weresubjugated by the economic system.

Key words: Subsistence, scarcity, poverty and misery (as distinct realities), epistemic wars


Resumo: A crise econômica é o que Illich chama "uma crise real", porque elesuporta duas soluções opostas: 1. dependências crescentes para os mercados; 2.seletivamente renunciar a certos bens e serviços. Este artigo defende a segundasolução. Para tornar isso possível, a história e epistemologia da economia é maisimportante do que todas as micro e macroeconomias. Optar pela primeira solução,só vai aumentar uma característica da economia moderna é a sua capacidade degerar cimeiras de riqueza ao lado dos abismos da miséria. Visto como um conviteà renúncia seletiva, a crise pode ser um estímulo para as opções políticas reais, ouseja, opções que buscam seriamente em voltar conhecimentos de subsistência y que foram oprimidos pelo sistema econômico.

Palavras-chave: Subsistence, escassez, pobreza e miséria (como realidades distintas), Guerras epistêmicas


 

En Némesis médica, libro publicado en 1976, Iván Illich escribía:

Los agudos problemas de personal, dinero, acceso y control que acosana los hospitales en todas partes pueden interpretarse como síntoma deuna nueva crisis en el concepto de la enfermedad. Ésta es una crisisverdadera porque admite dos soluciones opuestas y ambas hacen anticuadas a los hospitales actuales. La primera solución consiste en aumentar la medicalización patógena de la asistencia a la salud, expandiendo más aún el control clínico de la profesión médica sobre la población ambulatoria. La segunda es una desmedicalización crítica, científicamente justa del concepto de enfermedad (Illich, 176:222).

Algo del análisis de la crisis de la medicina hospitalaria de final delos años 1970 se puede aplicar al examen de la crisis de la economía en2008-2009. De ésta última, también se puede decir que es una crisis verdadera porque 1) admite dos actitudes políticas opuestas y 2) vuelve anticuados la mayoría de las ideas corrientes sobre lo que es verdaderamente laeconomía. Las dos políticas opuestas frente a la crisis de la economía son,por un lado, un incremento patógeno de la dependencia de la gente hacialos mercados y por otro, una renuncia selectiva, progresiva, crítica y científica a ciertas mercancías y algunos servicios.

La crisis de la medicina hospitalaria de hace treinta o cuarenta añosdesembocó en la transformación de la medicina en un sistema biomédico tentacular y el aumento concomitante de la medicalización patógena de la sociedad y de los costos médicos. Mi esperanza se funda en mi convicción que lacrisis actual de la economía es una invitación a la segunda opción política.

Pero, el autor de Némesis médica insistía también en que "(l)a epistemología médica es mucho más importante para la solución sana de éstacrisis que la biología y la tecnología médica" (Ibid). En analogía, piensoque la epistemología y la historia de la economía son, hoy, mucho másimportantes que toda la micro y la macroeconomía. La crisis es un momento en que debemos plantear preguntas radicales sobre las certidumbres pococuestionadas que sirven de axiomas a los teoremas sociales que servían deguías a las prácticas durante el período que se acaba bajo nuestros ojos.

Tenerle miedo al miedo

De dos cosas una: la crisis, o es una incitación al miedo, al pánicoque el capitalismo requiere para efectuar los reajustes estructurales sin los cuales no logrará sobrevivir, o es una oportunidad de tocar fondo, es decirde cuestionar a fondo ideas recibidas demasiado tiempo como verdadesintocables. Quiero primero reflexionar sobre la segunda opción, que contrariamente a la primera, es verdaderamente política. Tocar fondo quieredecir recobrar dolorosa y a veces gozosamente la percepción de lo concreto: no solamente de lo duro que se vuelve ganarse la vida, sino también delsuelo y de los otros elementos y de la posibilidad, siempre abierta, de laconvivencialidad. Significa limpiar su mirada de espejismos y quizás de unexceso de abstracciones, pero también recordar que, en épocas no muylejanas como en muchísimos lugares del campo mexicano, la gente extraíadirectamente de la tierra, de las aguas y del aire la mayor parte de lo necesario para su subsistencia. No solitariamente, sino solidariamente.

Acabo de escribir una palabra muy desprestigiada por los economistas: subsistencia. En primera aproximación, llevar una vida de subsistencia es cultivar lo que uno come y comer lo que se cultiva. Donde haysuelo, agua y sol, y, pienso yo, buena convivencia, casi siempre se puedehacer, en plena tierra o en macetas. No requiere títulos ni de primaria ni delicenciatura y aún menos de doctorado, pero exige conocimientos precisos,apropiados al lugar, adecuados a su clima y en armonía con la cultura particular de éste suelo, ésta agua y éste sol, llamémoslos saberes de subsistencia. Pero, ¿no se suele decir, del que cultiva lo que come y come lo quecultiva: "el pobre, apenas logra llevar una vida de subsistencia"? Los másempecinados promotores de éste desprecio son los economistas. Pero, ¿acaso los economistas entienden lo que desprecian? ¿Existe, para ellos, un"fondo" de la economía que se pueda tocar, una base concreta que la relacione con actividades que permitan comer, vestir y abrigarse? La respuestade los economistas es: la economía es un juego que debería permitir a todosganar el dinero necesario para obtener la "canasta básica", a pocos llevaruna vida llena de lujos y a poquísimos ostentar una riqueza que ningunasociedad del pasado pudo siquiera haber soñado. No tienen dificultad enreconocer que eso es injusto, pero, arguyen, hay que distinguir cuidadosamente la cuestión de la justicia de la de la eficacia1 de la economía (Kolm,1967). Es ésta última cuestión que, a los economistas, les interesa. Ven laeconomía como una lotería, pero, dicen: "seamos realistas: hay un nivel deinjusticia óptimo, en el sentido que, de haber menos injusticia, la situaciónde los ciudadanos más pobres sería peor de lo que es bajo el supuesto óptimo de injusticia"2 . Esto dicen los economistas, o decían hasta el derrumbe de sus ilusiones en el 2008.

Pero vayamos por pasos: hay dos argumentos en lo que acabo deescribir, dos argumentos que es importante diferenciar. El primero dice: deacuerdo, el sistema económico es injusto, pero un poco de injusticia sirvepara incrementar la producción de tal manera que algo de la extrema riqueza de los más ricos filtrará hacia los pobres, lo cual queda por ver. El segundo argumento es el más importante, pero es menos evidente. En la sociedadeconómica moderna, uno generalmente produce una cosa para obtener otra.Quiero una canasta llena para mi familia al fin de la quincena, pero, paraobtenerla, lleno papeles en una oficina o trabajo en una fábrica de armas o de cigarros. En palabras precisas: sólo obtengo la canasta de mi familiamediante un rodeo. Aun más que la injusticia, el rodeo de produccióncaracteriza la economía moderna. Jean-Pierre Dupuy escribe al respecto: "Algunos trabajan por ejemplo en la producción de instrumentos de muerte con el fin de obtener un "valor" – su salud – que hubieran engran medida podido producir de manera autónoma, llevando una vidamás sana e higiénica" (Dupuy, 2002: 38-39). El "rodeo de producción" – dar pasos atrás para brincar mejor o sembrar parte de sus granos envez de comerlos -es inherente a la inteligencia humana, pero todo indica que la finalidad de la sociedad industrial ya no es la producción ensí, sino la producción de rodeos de producción, es decir la producción de "trabajo" o mejor dicho, de "necesidad de trabajo". Si es así,añade Dupuy, la sociedad industrial se ha vuelto estúpida a fuerza deser inteligente. Antes del 2008, tanto la injusticia inherente a la economía como el alargamiento de los rodeos de producción se justificabancon el argumento que, al crecer el montón de dinero, de bienes y deempleos, finalmente, habrá para todos.

En este artículo quiero exponer dos cosas distintas. La primera concierne los justificados temores respecto al crecimiento de las injusticiasque acompañará inevitablemente eventuales ajustes estructurales del sistema económico. Es posible que, en cuestiones de meses o años, los pilotosde la máquina económico la logren sacar de la zona de turbulencias en laque se encuentra, pero, de ser así, en nombre de la seguridad, se habránaumentado los niveles de control, de persecución de las autonomías y derepresión de las disidencias, reduciendo aun los márgenes de libertad delos ciudadanos como usted y yo. Pero hay otra realidad, más profunda, paracuya denuncia apenas empiezan a existir palabras. Esta realidad es unaguerra que, en América, se desató con la Conquista: la guerra contra lasubsistencia de los pueblos. Como lo decía Michel Foucault, se asemeja aun combate entre un vulgar jarro de hierro y una magnífica cerámica. Es laguerra entre la economía y la subsistencia. Para analizar ésta guerra, hayque ir más allá del calificativo "capitalista" y criticar lo que califica: laeconomía misma, es decir toda asignación de recursos limitados a finesalternativos (léase "ilimitados"), toda creación de valores bajo la presiónde la escasez. En el momento en que se define la economía en términos devalores y de escasez, es irremediablemente "capitalista" o "(neo) liberal" yquerer redimirla mediante la intervención del Estado no cambia su naturaleza inherentemente capitalista. "No es posible proclamar en tono perentorio que la economía debe volver a ponerse ‘al servicio del hombre’, haciendo valer que, ya que emergió de nuestras acciones, podemos corregir susfallas como las de una herramienta. Tampoco podemos afirmar, como lohace cierta política contestataria, que la economía es una máquina manipulada en la sombra por unos seres malvados y que, deshaciéndonosde ellos, haremos que se ponga otra vez enteramente a nuestra disposición" (Aubenas y Benasayag, 2002: 109). Re-humanizar la economíame parece tan utópico como volver el automóvil amigable con los peatones. Lo que no puede ser cambiado de fondo se debe contener, un tema que quiero volver central a la hora de hacer unos comentarios más sobre la guerra contra la subsistencia. Pero antes, abordemos la cuestión de las injusticias inherentes a la economía y su crecimiento en laóptica de los historiadores de la economía.

Himalayas de riqueza al lado de abismos de miseria

Ahora, hasta el más ciego de los economistas empieza a ver que laeconomía es una máquina para producir niveles increíbles de riqueza allado de simas de miseria. Esta última frase requiere algunas explicaciones.Primero, empezando otra vez por el final, hay que decir muy claramenteque la miseria no es la pobreza: históricamente es su opuesto. O mejordicho, la miseria moderna difiere mucho de la pobreza tradicional. Por unlado, es el resultado de la negación y de la persecución de la pobreza y desu cultura de la mutualidad. Por otro lado, la economía formal, la que seenseña en las universidades y se sirve cada vez más en salsa matemática, esuna ceguera selectiva adquirida: el economista que se atrevería a quitarselas ojeras exigidas por su oficio dejaría ipso facto de ser economista, como le ocurrió a mi amigo Jean-Pierre Dupuy (2008) que, a fuerza de investigarlos fundamentos epistémicos de su ciencia, la economía matemática, descubrió que sus formulas celan situaciones que se parecen más a la violenciasacrificial que a la toma en cuenta de todos los "concernimientos". Dejó deser economista y se hizo filósofo.

Me imagino que en años venideros, los historiadores de la economíase sorprenderán de que los economistas de antes del desvelamiento del2008 no veían lo que los fundadores de la tradición liberal –los primeros"economistas" en el sentido moderno– veían con toda claridad. Es que éstos pioneros de la economía moderna no se consideraban economistas profesionales en el sentido de hoy, sino pensadores generales, que erantambién filósofos –como Burke– conocedores de los sentimientos humanos –como Smith– hombres políticos –como Townsend– o empresarioscapaces de sacar provecho hasta de las cárceles –como Bentham. La frase que da prurito a los delicados economistas de hoy cuando la pronunciofrente a ellos no hubiera chocado ni a Burke, ni a Townsend ni a Bentham, pero quizás al refinado Adam Smith, amigo de moralistas y teólogos de lagran tradición escocesa. He aquí esta frase:

La economía moderna es una máquina de producir simultáneamente montones de riqueza ni siquiera imaginables pornuestros ancestros y abismos de miseria que tampoco conocieron.

La podemos reformular de varias maneras, por ejemplo: "La miseria acompaña la riqueza como la sombra acompaña la luz". "La economíaofrece a los hombres llevarlos hacia la abundancia al tiempo que fomentalas formas de escasez que serán la base de nuevas formas de miseria". "Entre más riqueza ostenta una sociedad, menos sus miembros serán capacesde las relaciones de mutualidad que eran naturales entre los pobres históricos y eran la base de sus redes de subsistencia". O, en palabras de JohnM’Farlane en sus meditaciones sobre la pobreza en la nación más rica delsiglo XVIII: "No es en las naciones estériles y bárbaras que hay más miseria, sino en las más prósperas y civilizadas" (1772).

Creo que se empieza a entender. Una nación rica debe suprimirsus propias relaciones de subsistencia para que zumben los motores desu economía. Contrariamente al agua en una percoladora, la abundanciade los ricos no penetra la sociedad hasta llegar hasta los pobres, comolo creía Adán Smith. Bentham, el primer empresario que logró realizarganancias en la administración de una casa de pobres organizada comouna prisión modelo, nunca dio crédito a la ingenua teoría smithiana dela "percolación" de las riquezas con la cual, antes del desvelamientoreciente, se habían vuelto a persignar muchos economistas modernos.Con un cinismo franco que restaría votos a cualquier político contemporáneo, Jeremy Bentham pudo afirmar que la tarea del gobierno noconsiste en aliviar la miseria sino en incrementar las necesidades de los pobres para volver la sanción del hambre más eficiente. Urgió a losricos extraviados en la benevolencia reconocer que "(e)n el estado deprosperidad más elevado, la gran masa de los ciudadanos tendrá probablemente pocos recursos fuera del trabajo diario y estará siempre alborde de la indigencia". El filósofo Edmund Burke, autor de una teoríade lo sublime, abunda en éste sentido, pues, sólo la amenaza de la miseria y del hambre permite a los hombres que su condición destina a lostrabajos serviles aguerrirse a los peligros de las guerras y la intemperiede los mares: "Fuera de los apuros de la pobreza, ¿qué podría obligar alas clases inferiores del pueblo a enfrentar todos los horrores que lesesperan en los océanos impetuosos y los campos de batalla?" (Burke,1795). Por si acaso aun no lo entendieran, el filósofo de lo sublime recalca que todas las veleidades de socorrer a los pobres provienen deprincipios absurdos que profesan cumplir lo que, por la misma constitución del mundo es impracticable: "Cuando afectamos tener piedad poresa gente que debe trabajar – sino el mundo no podría subsistir – estamos jugando con la condición humana" (Ibid). Por tanto, explica, laverdadera dificultad no es socorrer a los hambrientos, sino limitar la impetuosidad de la benevolencia de los ricos. La voz del reverendoJoseph Townsend es consonante con la de éstas autoridades filosófico-económicas: "El hambre domará a los animales más feroces, enseñará la decencia y la civilidad, la obediencia y la sujeción a los más perversos. En general, sólo el hambre puede espolear y aguijar a los pobrespara hacerlos trabajar" (1784).

Ahora bien, la Iglesia pidió sucesivamente perdón a los judíos porhaberlos perseguido, a Giordano Bruno por haberlo quemado vivo, a Galileopor haberlo condenado, pero la Economía nunca pidió perdón a los pobres. Hoy, aprendió simplemente a disfrazar su cinismo estructural atrásde una máscara de evergetismo, entendiendo ésta última palabra en susentido literal de comisión del bien, añadiendo: ostentosa y desde lascumbres del poder.

El desvelamiento de lo que los fundadoresde la economía veían con claridady que sus seguidores hacían profesión de ignorar

Lo que llamamos "la crisis" es un momento en que la lotería económica tiene menos premios de consuelo para los más pobres y en que laventaja de de los jugadores medianos se reduce cada vez más, mientras quela suerte de los astuciosos de ayer se juega nuevamente en la bolsa y produce, por un lado, nuevos pobres y, por el otro, un nuevo tipo de riqueza queya no se evalúa en cantidades aritméticamente identificables sino en números que para el hombre común suenan imaginarios: zillones. En México,país otrora orgullosamente pobre, alimentamos el segundo o tercer zillonariodel mundo, una hazaña digna de figurar en el Guiness. No he encontradoestadísticas confiables sobre la disparidad de los ingresos en México, perohe aquí un dato americano:

El grupo de los trescientos mil americanos más ricos gana en conjunto tanto cómo ciento cincuenta millones de sus conciudadanos más pobres. A escala del mundo, se dice que los 500 individuos más ricos delmundo ganan tanto cómo los 416 millones más pobres. Mientras tanto, losgastos militares globales –según el Instituto Internacional de Investigaciónsobre la Paz de Estocolmo (SIPRI)– representaron un montón de 1.339millones de dólares en 20073 . Para clausurar ésta danza de los números locos, citemos un dato muy publicitado del Banco mundial según el cuallos pobres representarían actualmente 56% de la población del mundo: 1.200millones viven con menos de un dólar al día y 2.800 millones con dos dólares o menos (Narayan, 2007)4 . Otra vez, la objetividad fría de los númerosoculta una realidad más inquietante: por cierto, la disparidad entre los ingresos no deja de crecer en todo el mundo. Pero, lo que no dicen el Banconi la ONU ni los economistas porque no parecen tener conceptos paraexpresarlo es que, hace medio siglo, la mayoría de los hombres aun disponían de saberes y de medios de subsistencia que les permitían vivir dignamente en la pobreza, mientras que hoy, dependen cada vez más de unMercado que los arroja a la miseria. ¿Por qué? ¿Cómo? Quizás un datocomo éste nos puede poner en el camino de una explicación: Según uno delos documentos presentados a la Conferencia de los Jefes de Estados deJohannesburgo en 2002, el conjunto de los países industriales del Norteotorgan a sus agricultores una subvención anual de 350 mil millones, o seamil millones cada día, para permitirles exportar sus productos agropecuariosen los países pobres, volviendo estos dependientes de alimentos cuyo precio se juega en la bolsa. Éste dumping legalizado por los poderes económico-políticos, sancionado por evergetas (bienhechores) profesionales y lasinstituciones que los emplean ha contribuido a destruir la base de subsistencia de los pobres y lo hace más que nunca. ¿Y que oímos, ahora que losprecios de los granos y otros alimentos básicos en los grandes mercadossuben después de haber sido a la baja durante casi treinta años? Incrédulos,oímos a algunos dirigentes políticos del Sur anunciar que, para que suspueblos sigan comiendo, bajarán o suprimirán los aranceles sobre los alimentos importados. ¿No hemos de reconocer aquí una vieja estrategia delos monopolios capitalistas? Cuando la guerra de los precios ha eliminadoa los competidores, ¿para qué mantener bajos los precios de lo que la gentedeberá comprar de todos modos si quiere sobrevivir en un mundo en quelos productores autónomos son tratados como discapacitados? Otro dato:hoy en los Estados Unidos, prototipo de los países con agricultura subvencionada, la mayoría de los más pobres no dedica más del 16% de sus ingresos a la alimentación, mientras que, en los países del Sur, muchos hogarespobres ya gastan la mitad de sus ingresos para comer y algunos ya 75%.Todo pasa como si el capitalismo estuviera preparando un gran paupericidio(Lappe, 2004, 2007)5 . Pero ésta siniestra perspectiva sólo podrá volverserealidad en la medida en que cedamos al miedo. Mis amigos y yo esperamos que la "crisis" sea un estímulo a la reflexión sobre las verdaderas opciones políticas. Entendemos que, para que la "crisis" se transforme en la crisis que podrá permitir al sistema económico proceder a los "ajustes estructurales" sin los cuales no sobrevivirá, tiene que ser todo el contrario deuna opción política. Tiene que desembocar en un pánico -si me perdonanel pleonasmo-general. Sólo éste pánico podrá transformar la "crisis" encrisis, y sólo una gran crisis puede hacernos tragar las nuevas inequidades,disparidades e injusticias, las nuevas dependencias y los nuevos despojosque los mecánicos de la máquina económica mundial juzgarán necesariospara volver a ponerla sobre sus rieles. El capitalismo es dos cosas: 1. esamáquina económica mundial en sí, 2. la creencia que no hay manera desobrevivir fuera de ella.

Por lo tanto, no se trata aquí de demostrar la "falsedad" de los teoremas económicos ni de las teorías de, digamos, los premios Nobel de economía que año tras año se nos invita a festejar. Estos teoremas y teorías funcionan mientras se mantienen políticamente las condiciones de escasez sinlas cuales no hay formación de valores económicos. El pensamiento político sobre la economía debe abordar la pregunta de fondo que es: ¿que lugarestamos dispuestos a dar en nuestras relaciones comunitarias y sociales aun domino regido por las leyes de la escasez? ¿Debemos seguir permitiendo que contamine todas las relaciones por su lógica utilitarista, o debemoscontenerlo dentro de límites que le impidan destruir el conjunto de la sociedad, transformando ésta en "disociedad" o sociedad disociada, según laexpresión de Jacques Généreux (2006)?

El otro lado de la luna

Eso plantea la cuestión del "exterior" de la economía en su sentidomoderno, puesto que, si algo ha de contenerla, le es necesariamente exterior. El dilema que estoy evocando aquí es superficialmente análogo a loque fue la cuestión de la otra cara de la luna para los astrónomos de antes delos viajes espaciales: todos sabían que existe, pero nadie la había visto. Laanalogía es superficial, porque la otra cara de la economía, todos la hanvisto, pero, casi todos, sin reconocerla. Escuchen a los comensales quemadrugan en los bares en los que han bebido toda la noche: "¡Ándele, compadre, no me desprecie, acepte ésta ‘última’ copita!". Parecen moverse enun mundo paralelo en el que, en cada intercambio, hay que dar más de loque se recibe, hasta aplastar al otro bajo despliegues agonísticos de generosidad.

En su Ensayo sobre el don, Marcel Mauss (1925) da éste ejemplocomo ilustración de una característica general de los intercambio en laabrumante mayoría de las sociedades preindustriales y premodernas: había, siempre, que devolver más de lo que se había recibido. Frente a este dato antropológico elemental, la economía moderna, el "capitalismo", el"neo-liberalismo" o, más generalmente, el "utilitarismo", es la anomalíaantropológica que invierte diametralmente las prácticas tradicionales. Lejos de ser la norma de la cual desviarían las sociedades del pasado, es ladesviación erigida en "norma" por la arrogancia de la mentalidad moderna.Es la locura vestida de razón6 .

Ahora que la economía, al arrojar al borde de la miseria hasta apersonas otrora prosperas, es más que nunca causa de sufrimiento, la actuación pública de los economistas se parecerá cada vez más a la de los médicos. Al respecto, otra intuición de Ivan Illich nos puede encaminar hacia loque se puede y lo que no se debe hacer. Como si fueran doctores, los economistas ya pretenden interpretar el malestar de los nuevos pobres con unconjunto de reglas abstractas que sus clientes-pacientes no pueden ni deben comprender. Los instruyen acerca de entidades desencarnadas representadas por curvas y palabras de plástico. Con ello, los economistas intentan franquear un nuevo umbral en la colonización del lenguaje y las personas afectadas por males que ellos contribuyeron a crear quedan aún másprivadas de palabras significativas para expresar su angustia frente a expectativas que se cierran.

Contra la mistificación lingüística

El lingüista Uwe Poerksen, quien estudió las "palabras de plástico"(1995) con las cuales se hacen muchos discursos económicos y políticos,me regaló un pequeño aparato que combina al azar palabras claves de losdiscursos contemporáneos para formar frases que se parecen a sentenciosas declaraciones de doctos científicos. En seguida, mezclé algunas frasesaleatorias producidas por mi aparato con frases pronunciadas por economistas reales. Invito a los lectores a distinguir cuales frases son productosde mi aparato y cuales lo son de cabezas científicas. "Las preferenciasorganizacionales que guían los mecanismos de cobertura democrática de ladeuda externa deben ser más constructivas". "Una justicia competitivaamigable con todos los actores de la economía exige un debate sobre susfuturos bursátiles". "Hubiera sido mejor si los afectados por la crisis bursátil hubieran reestructurado sus documentos crediticios antes, y no despuésde su vencimiento". "Con su ideología de crecimiento cero, los ecologistasobjetores de consciencia al desarrollo han caído a una utopía fundamentalistaque perjudica la reestructuración de los portafolios bursátiles perdedores".

"Las reformas estructurales para evitar el estancamiento en la recesión deben permitir el ingreso de más capitales extranjeros y revisar el esquema dederechos patrimoniales de los ejidos para que se puedan enajenar (vender) o dar en garantía para créditos".

Para cualquier ciudadano aún desprovisto de inmunidad a las noticias, estas frases evocan la melodía, sino las palabras exactas, de las letanías del capitalismo cotidiano televisivo. Pero la crítica de la mistificaciónprofesional y programada del lenguaje debe ir más allá de la crítica al capitalismo. Doy razón a Ivan Illich: debe ser epistemológica. Subyacente a laexpropiación legalizada de la plusvalía del trabajo, a la lucha de clases y ala acumulación del capital, hay una guerra epistémico quizás más fundamentales que todas las otras: una guerra entre saberes cuya forma históricaes la guerra contra la subsistencia.

Guerras epistémicas

Atrás de los conflictos en torno a la repartición desigual de lo queaún se llama "riqueza", hay una pugna despiadada entre dos tipos de saberes.Los primeros son empíricos, generalmente transmitidos oralmente, localesy concretos. Los segundos son formalizados o hasta matematizados, conservados por escrito, desterritorializados, desmaterializados, de pretensiónuniversal, y abstractos. En la sociedad contemporánea, los primeros danprestigio, hacen parecer inteligentes a los que los detienen y dan prestigio ypoder. Los segundos han sido tildados de "arcaicos", "despreciables", provincianos. Los primeros se catalogan como "científicos" y los otros comoretrógrados y obsoletos, o se catalogaban así antes de la crisis de 2008. Losprimeros son saberes de subsistencia que permiten vivir a partir de lo quenos dan el suelo, el cielo y las aguas. Los segundos son saberes económicos que permiten obtener de otros, frecuentemente muy lejanos, de hecho, lo más lejanos posible, los elementos de nuestra subsistencia. Los primeros presuponen capacidades concretas, únicas, apropiadas a un lugar, unacultura, un clima: autonomía. Los segundos prosperan cuando el mundoparece haberse transformado en un desierto cultural, un espacio "sin fuegosni lugares", abstracto, falsamente universal, desarraigado de todo suelo,toda materia, toda carne. Los primeros saberes son los que se enseñan enlas universidades –las "transgénicas" de los ricos, como dijo el Comandante Tacho– y los que abren al éxito profesional, político, científico y socialque buscan las élites. El segundo tipo de saberes son los de la gente humilde que no ha roto del todo con su anclaje en una tradición local.

 

Notas

1 Considerando a los agentes económicos individuales más que a las empresas, una economía perfectamente eficaz aseguraría compensaciones perfectas de los "costos" de cualquier tipo o, en palabras del economista matemático Serge-Christophe Kolm (1967), tomaría en cuenta todos los "concernimientos" de los participantes en el mercado. La idea de una economía perfectamente eficaz es evidentemente una utopía y, en mi modesta opinión, una utopía peligrosa.

2 Más o menos inspirados por un principio de la teoría de la justicia de Rawls (1971), muchos economistas afirman que una sociedad, concebida como una totalidad aislada de las otras, debe mantener un nivel de injusticia "óptimo" en el sentido que ésta injusticia óptima debe ser estructurada de tal forma que sea benéfica para los menos aventajados.

3 Le Monde, 11 de junio 2008.

4 Recientemente, dos autores han criticado la definición de las personas por lo que NO son, NO tienen, NO ganan y la ignorancia de sus verdaderas capacidades, su potencia, su conatus. Ver Rahnema y Robert (2008), libro en el cual algunas de las ideas expresadas en éste articulo se encuentran en forma más elaborada.

5 Ver las estadísticas presentadas por Frances Moore Lappé (2004; 2007). El dumping practicado mediante subsidios a los agricultores de los países ricos no dista mucho de parecerse a una operación de envergadura mundial para asfixiar a todos los pobres, particularmente a los campesinos de subsistencia. Sin embargo, los datos destinados al público insisten en que, en las condiciones de "urgencia" actuales, sólo una agricultura modernizada podría llegar a alimentar toda la población mundial. Lo que callan los manipuladores de datos es que, hasta recientemente, la agricultura tradicional era capaz de dar de comer a la mayor parte de la gente y que, aún en su estado actual de modernización parcial, la agricultura mundial produce lo suficiente para dos veces la población total del mundo.

6 Para mí, la iniciación clásica a lo extraño de la normalidad económica moderna es Kart Polanyi (1944). Véase también, la obra de un autoafirmado "discípulo" de Polanyi -autor además del prefacio de la muy tardía traducción de ésta obra al francés-, Louis Dumont (1982). Entre los autores contemporáneos que han mantenido viva la tradición que, desde Aristoteles, sostiene que la "administración de la casa" (todo lo que cubren los verbos oikonoméô y oikodoméô) es radicalmente distinta de toda crematística, definida por Aristóteles como el estado de espíritu fuera de proporción del que entra en intercambios con la intención de obtener más de lo que da y de acumular bienes más allá de todos lo principios de satisfacción –necesariamente limitada-y de saciedad –rapidamente alcanzada-destacan: Los pioneros: Alexander Chayanov (1966)}. Chayanov fue ejecutado en 1937 por su oposición tildada de "revisionista" al muy economicista kolkhose, -productor de valores de cambio más que de uso- promovido por los partidarios del capitalismo de Estado disfrazado de socialismo. En 1987, Chayanov fue rehabilitado en Moscú a iniciativa de Gorbachov en una ceremonia presidida por el profesor Teodor Shanin que pudo declarar que, al asesinar a Chayanov, el socialismo soviético se había suicidado; ver el sitio de Teodor Shanin. Tambien véanse: Julius Herman Boeke (1953), y François Partant (1982).

 

Bibliografía

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Recibido: 15.01.2012 Aceptado: 07.11.2012

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