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Boletín del Museo Chileno de Arte Precolombino

versión On-line ISSN 0718-6894

Bol. Mus. Chil. Arte Precolomb. vol.17 no.1 Santiago  2012

http://dx.doi.org/10.4067/S0718-68942012000100004 

 

PRODUCCIÓN Y CONSUMO DE VASIJAS CERÁMICAS EN LA QUEBRADA DE HUMAHUACA (PROVINCIA DE JUJUY, ARGENTINA) DURANTE EL PERÍODO INKA (1430-1536 DC)

PRODUCTION AND CONSUMPTION OF CERAMIC VESSELS AT QUEBRADA DE HUMAHUACA (JUJUY PROVINCE, ARGENTINA) DURING THE INKA PERIOD (1430-1536 AD)

 

María Andrea Runcio*

* María Andrea Runcio, Centro de Investigaciones Precolombinas, Instituto Superior del Profesorado "Dr. Joaquín V. González" (Buenos Aires, Argentina), Casilla Postal 1191, Correo Central de Trujillo (Trujillo, Perú), email: andrearuncio@hotmail.com


La quebrada de Humahuaca (Provincia de Jujuy, Argentina) fue incorporada al estado inkaico en la primera mitad del siglo XV. A partir del nuevo contexto sociopolítico instaurado por el Tawantinsuyu en la región, se procurará evaluar el impacto estatal sobre la producción y el consumo de la cerámica local y de la cerámica inka presente en la quebrada, que incluye vasijas de Estilo Inka, de estilos distribuidos por el Estado y vasijas que combinan pautas morfológicas y decorativas locales con aquellas introducidas por los inkas.

Palabras clave: producción, consumo, vasijas cerámicas, quebrada de Humahuaca, Período Inka.


Quebrada de Humahuaca (Jujuy Province, Argentina) was incorporated into the Inka state in the first half of the 15th century. The state's impact on the production and consumption of local ceramics and Inka vessels from the area-which include Inka style vessels, styles distributed by the Inka State, and vessels that combine local and Inka morphological and decorative aspects-are analyzed considering the new political context established by Tawantinsuyu in this region.

Key words: production, consumption, ceramic vessels, quebrada de Humahuaca, Inka period.


 

INTRODUCCIÓN

El proceso de dominación del estado inka sobre los territorios conquistados no fue homogéneo sino que dependió, en gran medida, de las características propias de las poblaciones dominadas. Como consecuencia, el Estado empleó diferentes estrategias en cada caso, aunque existieron modos reiterativos a lo largo del vasto territorio imperial. Ciertas políticas y prácticas, junto con el uso de determinadas materialidades como la arquitectura, los tejidos y la cerámica, fueron comunes en la mayoría de los territorios conquistados y esenciales para la articulación de las nuevas relaciones sociales y la dominación, aunque cada escenario social conlleva sus particularidades.

La quebrada de Humahuaca (Provincia de Jujuy, noroeste de Argentina) (fig. 1) fue incorporada al Estado inkaico en la primera mitad del siglo XV. Las políticas estatales instauradas incluyen la intensificación de las actividades agrícolas junto con la instalación de la red vial y una serie de asentamientos necesarios para cumplir con las actividades del Estado. Asimismo, como parte de las estrategias de integración y dominación, se produce la incorporación de cerámica inkas proveniente de otras regiones del Imperio, así como la producción de vasijas que combinaban formas y motivos decorativos locales con aquellos introducidos por los inkas.

Figura 1. Quebrada de Humahuaca, Noroeste de Argentina.

Figure 1. Quebrada de Humahuaca, Northwest Argentina.

En este trabajo, entonces, se procurará evaluar la influencia estatal sobre la producción y el consumo de cerámica local, especialmente de los denominados pucos Poma Negro sobre Rojo (Bennett et al. 1948) y de las vasijas inkas presentes en la quebrada. Con la denominación de "vasijas o cerámica inkas" designamos de manera general un conjunto de piezas que incluye: vasijas de Estilo Inka, es decir similares a las de los estilos cusqueños (Pardo 1939; Rowe 1944; Fernández Baca 1953); vasijas en estilos valorados y distribuidos por el Estado (Williams 2004: 231), como el Pacajes o Saxámar (procedente del área circuntiticaca; Munizaga 1957), el Yavi Chico Policromo (procedente del sur de Bolivia y puna de Jujuy, Argentina; Krapovickas 1975) y el Inka Paya o Casa Morada Policromo (procedente de sitios inkas del Noroeste Argentino) (Bennett et al. 1948), y vasijas que combinan pautas morfológicas y decorativas locales o quebradeñas e inkaicas.

LA QUEBRADA DE HUMAHUACA EN MOMENTOS INKAICOS: INFORMACIÓN ARQUEOLÓGICA Y ETNOHISTÓRICA

En la primera mitad del siglo XV, la quebrada de Humahuaca fue incorporada al Estado inkaico, produciéndose algunos cambios con relación al Período Tardío (900-1430 DC).

En algunos de los asentamientos preinkaicos (Tilcara, La Huerta) se emplazaron grandes complejos arquitectónicos que fueron edificados en sectores privilegiados de los mismos. Otros sitios fueron total o parcialmente abandonados (Juella, Los Amarillos) y se instalaron, también, sitios construidos bajo supervisión estatal, vinculados a la administración (santuarios de altura, postas de enlace, sitios de almacenaje; Nielsen 2001).

Asimismo, la producción agrícola experimentó un gran incremento producto de la tecnificación introducida por el Estado en algunos sitios de cultivo preinkaicos (Coctaca, Rodero; Nielsen 1996).

Por su parte, la red vial inkaica -que recorre la quebrada longitudinalmente- permitió articular las instalaciones relacionadas con la administración imperial.

Es interesante destacar también que algunos investigadores (González 1982; Krapovickas 1994; Zanolli 2003; Raffino et al. 2004) señalan el traslado de mitimaes chicha (grupo étnico asociado al Estilo alfarero Yavi de la puna de Jujuy y sur de Bolivia) hacia la quebrada de Humahuaca para cumplir funciones agrícolas y militares. En relación con esto, Raffino (1993: 308) indica que la cerámica Yavi que aparece en la quebrada podría ser manufacturada por estos individuos trasladados.

Finalmente, Sánchez (2004) revisa el tema de las identidades étnicas de los grupos que habitaron el espacio comprendido por el sector centro-sur de la quebrada de Humahuaca. Dos cuestiones mencionadas en el trabajo son de importancia para nuestro análisis del período inkaico. En primer lugar, indica que el vocablo puruamarca proviene de la unión de las palabras quechuas purum auca, que denominan a las poblaciones que fueron renuentes a ser conquistadas por los inkas. Por lo tanto, sostiene que los habitantes de esta zona (actualmente Purmamarca, en el sector sur de la quebrada de Humahuaca) primero resistieron a la conquista inkaica -de ahí su denominación- y luego los españoles conservaron el nombre por lo que connotaba (Sánchez 2004: 118-120). A su vez, destaca que los documentos mencionan a Viltipoco y los subsiguientes dirigentes étnicos de Tilcara (en el sector central de la quebrada) con relación a Puruamarca, como base del poder de la jerarquía política en momentos inkaicos (2004: 121122). De esta forma, Purmamarca y Tilcara aparecen unidas a través de la figura del cacique Viltipoco que se desplazaba con autoridad entre ambos territorios. De acuerdo con la autora, el vínculo entre ambas regiones se habría dado a través del parentesco mediante el intercambio de mujeres, asociado a la posesión de tierras. Posteriormente, los inkas se valieron de esta organización sociopolítica y de alianzas, aprovechando o distorsionando el juego de poder local para amalgamar bajo un único sistema de jerarquía las sociedades del centro-sur de la quebrada de Humahuaca, donde los habitantes de Tilcara habrían tomado parte en la reorganización política mientras que los grupos del sur lucharon hasta el final para no perder su autonomía frente a la estructura estatal (2004: 127-128).

Entonces, en el marco de este nuevo contexto sociopolítico instaurado por el Tawantinsuyu, procuraremos evaluar el impacto sobre la producción y el consumo de vasijas locales, así como de aquellas vinculadas al Estado a partir de su llegada a la región.

PRODUCCIÓN Y CONSUMO DE VASIJAS CERÁMICAS EN LA QUEBRADA DE HUMAHUACA EN MOMENTOS INKAICOS

La cerámica de la quebrada de Humahuaca para el Período Tardío se caracteriza por un conjunto de formas abiertas y cerradas de color rojo con decoración geométrica pintada en negro y minoritariamente en blanco y negro que, en general, se presenta sobre superficies pulidas. Los diseños característicos comprenden líneas, reticulados, triángulos, espirales, entre otros, que se combinan formando diferentes motivos. Estos aparecen tanto en las superficies internas de pucos y otras formas abiertas, como en el exterior de ollas y cántaros de cuerpos globulares y, en algunos casos, también en el borde interno de los mismos. Se presentan, asimismo, pucos con la superficie interna pulida de color negro, las ollas conocidas como Angosto Chico Inciso que presentan filas de incisiones en sus cuellos -y, a veces, en el labio- y un conjunto de vasijas ordinarias, sin decoración y con sus superficies alisadas. También son característicos los denominados pucos Poma que presentan una decoración estandarizada consistente en una "banda curvilínea negra" en la superficie externa mientras que la interna no presenta diseños.1

En primer término, es importante destacar que estas vasijas características del Período Tardío continuaron siendo utilizadas y no presentan mayores variaciones durante el momento de ocupación inkaica de la quebrada. El análisis estilístico realizado por nosotros (Runcio 2010) revela un conjunto homogéneo en el cual no parece existir un quiebre en la morfología y/o decoración que podría atribuirse a la influencia del Estado sobre la producción de cerámica local. Este hecho también ha sido observado por otros investigadores. Cremonte y colaboradores (2007: 65) señalan que en Volcán (sitio del sector sur de la quebrada) no se presentan diferencias de manufactura entre la cerámica correspondiente a los períodos Tardío e Inka, lo que indicaría que el Estado no habría impactado en la producción alfarera local. Por su parte, López (2004) observa que en La Huerta (sitio ubicado en el sector central) no habrían ocurrido modificaciones lo suficientemente importantes en la secuencia total de producción como para sostener que esta fue altamente modificada. Finalmente, Nielsen (1997a, 2007a) menciona que no hay cambios significativos en los conjuntos cerámicos locales que continuaron siendo utilizados en momentos inkaicos.

Entonces, el Estado inkaico parece no haber intervenido sobre la producción y el consumo de vasijas locales a nivel de las comunidades asentadas a lo largo de la quebrada.

Sin embargo, pueden hacerse algunas reflexiones en torno a aquellos pucos conocidos como Poma Negro sobre Rojo (Bennett et al. 1948) (fig. 2).

Figura 2. Puco Poma Negro sobre Rojo (pieza N° 4289, Colección Museo Etnográfico, FFyL, UBA).

Figure 2. Black on Red puco bowl (piece N° 4289, Collection of the Museo Etnográfico, FFyL, UBA).

En primer término, es interesante notar que hay coincidencia en atribuir estas vasijas a los últimos momentos del Período Tardío. En el cuadro cronológico propuesto por Bennett et al. (1948: figura 7), el Estilo Poma Negro sobre Rojo se ubica casi al finalizar el Período Tardío, hecho que posteriormente parecen corroborar los fechados radiocarbónicos. En este sentido, Nielsen (2001: 213, 2007b: figura 1.7) señala la aparición de estos pucos alrededor del 1350 DC, correspondiendo a lo que anteriormente definió como Fase Pukara (13501430 DC; 1997a: 112). También en el basural PS.1 del sitio La Huerta, la cerámica Poma aparece a partir de la capa XII (Raffino & Alvis 1993: Cuadro 2.1) fechada en 1326 DC (Palma 1997/1998: Cuadro 2). Asimismo, los investigadores coinciden en señalar que se continuaron usando en momentos inkaicos.

En cuanto a su decoración, destaca el uso recurrente de una "banda curvilínea negra" en la cara externa como diseño altamente visible y estandarizado y la ausencia de diseños pintados en la cara interna, mientras que la decoración en los restantes pucos de la quebrada se plasma mayoritariamente en la cara interna (Runcio 2010).

Por último, estos pucos están ampliamente distribuidos en la quebrada en tanto que de 14 sitios estudiados, se presentan con al menos un ejemplar en 11 de ellos (Yacoraite, Los Amarillos, Campo Morado, La Huerta, Angosto Chico, Juella, Huichairas, Tilcara, Hornillos, Ciénaga Grande y Volcán; Runcio 2010).

Recapitulando, hay tres características a destacar de estos pucos: su aparición hacia finales del Período Tardío y la continuidad de su uso en el Período Inka, la recurrencia en la utilización de la "banda curvilínea negra" en la cara externa y su presencia en gran parte de los sitios de la quebrada.

Podría plantearse, entonces, que por algún motivo -probablemente relacionado con el desarrollo de ceremonias públicas en el marco del establecimiento de vínculos políticos, integración y alianzas entre comunidades que comienza a desarrollarse a partir del 1300 DC (Palma 2000; Nielsen 2001, 2007b; Sánchez 2004)- las sociedades quebradeñas de finales del Tardío comenzaron a producir estas vasijas con características distintivas en su decoración. Como señala Tarragó (2000: 287), estas pudieron desempeñar un papel socialmente emblemático con una funcionalidad específica como recipiente para beber chicha y tapa de las vasijas que la contenían, usadas en distintos eventos sociales.

Posteriormente, con la llegada inkaica se habría enfatizado la producción y el consumo de estas vasijas que -por su decoración estandarizada- ya se distinguían entre el repertorio de cerámica utilizada hasta ese momento. En este sentido, varios autores señalan que el uso de un estilo distintivo y generalizado constituye una forma de manifestar integración grupal y expresar pertenencia e identidad, especialmente en situaciones de negociación del poder como el contacto con un estado expansivo (Wells 1998; Schjellerup 2002; Sillar & Dean 2002; Stovel 2005).

De esta forma, los pucos con "banda curvilínea negra" se habrían constituido en un medio material adecuado para comunicar aspectos vinculados a la identidad regional en momentos de reconfiguración del orden sociopolítico a partir de la presencia del Estado inkaico. De acuerdo con Cantarutti y Mera (2002-2005: 202), la alfarería empleada por las sociedades relacionadas con el Estado Inka debió comportarse como soporte propicio para comunicar conceptos vinculados no solo al Estado, sino también referidos a los propios grupos integrados.

Entonces, la producción y el consumo de estas vasijas distintivas por su decoración en momentos inkaicos habrían reforzado el rol estilístico emblemático (en el sentido de Wiessner 1983: 257) que ya desempeñaban desde el Tardío. Además de la cerámica local que continuó siendo utilizada, también se incorpora cerámica inkas en varios sitios de la quebrada (Tabla 1).

Tabla 1. Distribución de las formas inkas en los sitios de la quebrada de Humahuaca.

Table 1. Distribution of Inka forms in sites of the quebrada de Humahuaca.

Anteriormente (Runcio 2010) hemos estudiado 97 piezas enteras y fragmentos de partes diagnósticas que forman parte de las colecciones del Museo Etnográfico "Juan B. Ambrosetti" y del Museo Arqueológico "Eduardo Casanova", dependientes de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Buenos Aires.

La muestra está constituida por un conjunto de formas de adscripción inka, como platos ornitomorfos, pelikes, aríbalos, aribaloides, platos, puchuelas, aysanas y ollas de pie (Bingham 1915; Pardo 1939), con diferentes tratamientos de superficie (Negro/Rojo, Negro/Ante, policromo) y una amplia variedad de diseños pintados plasmados sobre las mismas. Como antes se mencionó, estos incluyen aquellos similares a los de los estilos cusqueños, aquellos correspondientes a los estilos valorados y distribuidos por el Estado (Pacajes, Yavi Chico Policromo, Casa Morada Policromo) y aquellos diseños locales presentes en las vasijas producidas en la quebrada (Tabla 2).

Tabla 2. Formas inkas y disenos pintados que presentan.

Table 2. Inka forms and painted designs identified.

Con el propósito de realizar un análisis más detallado, estas vasijas fueron divididas en cinco grupos:

1. Formas inkas con tratamiento de superficie Negro/Rojo y diseños pintados, que se presentan habitualmente sobre las vasijas de la quebrada antes descritas. En este caso, las formas más abundantes son los aribaloides Negro/Rojo con "banderines" (Runcio 2010) (fig. 3).

Figura 3. Aribaloide Negro/Rojo con "banderines" (pieza N° 26308, Colección Museo Etnográfico, FFyL, UBA).

Figure 3- Black and Red aribalo vessel with "pennants" (piece N° 26308, Collection of the Museo Etnográfico, FFyL, UBA).

2. Formas inkas con tratamientos de superficie Negro/Rojo y Negro/Ante con diseños pintados característicos del Estilo Yavi (Krapovickas 1965, 1973, 1975; Ávila 2006). Aquí, las formas más abundantes son los pelikes Negro/Rojo y Negro/Ante con una combinación de diseños que incluyen, principalmente, "banda recta con reticulado", "triángulo con espiral" y "triángulo con apéndices paralelos" (fig. 4).

Figura 4. Pelike Negro/Rojo (pieza N° 3675, Colección Museo Etnográfico, FFyL, UBA).

Figure 4. Black and Red pelike vessel (piece N° 3675, Collection of the Museo Etnográfico, FFyL, UBA).

3. Formas inkas -fundamentalmente platos ornitomorfos- que exhiben diseños inkas como "triángulos unidos por sus vértices combinados con líneas paralelas verticales", "bandas cruzadas con damero reticulado", "diseño cruciforme con terminación en forma de peine", "rombos concéntricos", "filas de triángulos", entre otros (Pardo 1939; Rowe 1944; Fernández Baca 1953) sobre tratamientos Negro/Rojo y Negro/Ante (fig. 5).

Figura 5. Plato ornitomorfo Negro/Rojo (pieza N° 3345, Colección Museo Etnográfico, FFyL, UBA).

Figure 5. Black and Red bird-shaped plate (piece N° 3345, Collection of the Museo Etnográfico, FFyL, UBA).

4. Vasijas en estilos asociados y distribuidos por el Estado, que incluyen principalmente platos ornitomor-fos que corresponden al Estilo Inka Pacajes (Munizaga 1957) y un aríbalo Casa Morada Policromo (Bennett et al. 1948) (fig. 6).

Figura 6. Plato ornitomorfo Inka Pacajes (pieza N° 7438, Colección Museo Etnográfico, FFyL, UBA).

Figure 6. Bird-shaped plate, Inka Pacajes (piece N° 7438, Collection of the Museo Etnográfico, FFyL, UBA).

5. Un conjunto de piezas (aríbalos, aribaloides, aysana) y fragmentos que muestran tratamiento policromo con diseños que conforman motivos complejos, similares a los de las piezas cusqueñas (Pardo 1939; Rowe 1944; Fernández Baca 1953) (figs. 7 y 8).

Figura 7. Aríbalo policromo (pieza No 35100, Colección Museo Etnográfico, FFyL, UBA).

Figure 7. Polychrome aribalo vessel (piece N° 35100, Collection of the Museo Etnográfico, FFyL, UBA).

Figura 8. Fragmento de cuerpo de atíbalo policromo (pieza N° 8732, Colección Museo Etnográfico, FFyL, UBA).

Figure 8. Body fragment of a polychrome aribalo vessel (piece N° 8732, Collection of the Museo Etnográfico, FFyL, UBA).

En primer término, es interesante destacar la amplia variabilidad que presentan los tres primeros grupos recién mencionados en cuanto a la combinación de los diseños pintados.

En el caso de los aribaloides con "banderines", si bien este es el diseño pintado más recurrente, algunos pueden incluir "línea recta" en el labio mientras que otros no la presentan y lo mismo sucede con diseños como "bandas paralelas rectas" o "líneas paralelas rectas" en el borde interno.

Algo similar ocurre con los pelikes del segundo grupo, en que los tres diseños principales ("banda recta con reticulado", "triángulo con espiral" y "triángulo con apéndices paralelos") están representados frecuentemente, se combinan entre sí y con otros diseños pintados en formas diversas. En algunos casos también se combinan con "línea recta" en el labio y pueden presentar "bandas paralelas rectas", "líneas paralelas rectas" u otros diseños pintados ("triángulo con espiral", "semicírculo negro") en el borde interno.

Asimismo, algunos de los platos ornitomorfos del tercer grupo muestran "línea recta" o "líneas paralelas rectas" en el labio mientras que unos pocos no las poseen.

Esta importante variabilidad en los diseños utilizados podría llevar a pensar, como ya se propuso para la manufactura de cerámica local en momentos inkaicos, en un escaso control de la producción de la cerámica inkas por parte del Estado como ocurrió en otros ámbitos del Imperio (Morris 1988: 241-245). Sin embargo, esta producción debió haberse realizado en diferentes contextos de acuerdo a los distintos tipos de vasijas.

En el caso de las formas inkas con diseños locales (en que las más abundantes son los aribaloides Negro/Rojo con "banderines"), podemos plantear un escenario en el cual los artesanos locales habrán imitado las formas inkas a las que incorporaron motivos locales, en un contexto donde el Estado no intervenía sobre la manufactura y el consumo de estas vasijas en diferentes sitios de la quebrada.2

En cuanto a las formas inkas con diseños pintados característicos del Estilo Yavi, que corresponden principalmente a pelikes Negro/Rojo y Negro/Ante con una combinación de "banda recta con reticulado", "triángulo con espiral" y "triángulo con apéndices paralelos", podrían plantearse dos escenarios. Primero, debe mencionarse que por ser zonas contiguas geográficamente, el intercambio de piezas entre la quebrada y el área de procedencia de la cerámica Yavi fue frecuente y se remonta al Período Medio (700-900 DC) (Pérez 1973). Para momentos tardíos, Nielsen (2007c: 407) interpreta la presencia de una escudilla Yavi en un sepulcro sobreelevado en el sector central del sitio Los Amarillos como una forma de significar la integración multiétnica, en tanto que una de las obligaciones de los curacas era establecer relaciones con otras colectividades para lograr acceso a espacios y recursos distantes. La circulación de piezas constituye, entonces, un proceso de importancia entre ambas regiones, hecho que se evidencia a través de la presencia de cerámica Yavi en muchos de los sitios de la quebrada (Ávila 2006; Runcio 2010).

En momentos inkaicos, el Yavi es unos de los estilos que los inkas valoraron y distribuyeron junto con cerámica inkas policroma en el Noroeste Argentino y zonas de Chile y Bolivia (Williams 2004: 231). Asimismo, es sugerente el planteamiento del traslado de mitimaes Chicha a la quebrada. La información etnohistórica indica que su función principal fueron las tareas agrícolas y militares, aunque Raffino (1993: 308) propone que la cerámica Yavi de la quebrada podría haber sido manufacturada por estos individuos trasladados, lo cual ha sido comprobado que sucede en otras regiones del Noroeste Argentino (Williams & Cremonte 1992-1993) y posiblemente en el norte chileno (Cantarutti & Mera 2001).

Entonces, dada la importancia que tenía este estilo desde momentos preinkaicos para las poblaciones de la quebrada, es probable que los inkas -ya sea a través de la circulación de piezas manejada por el Estado o producidas por mitimaes trasladados a la quebrada, hecho que por el momento no podemos dilucidar- hayan controlado la distribución y el consumo de un bien de importancia simbólica para las poblaciones locales como forma de desestructurar las alianzas y establecer diferencias de estatus entre los curacas locales a través de un acceso diferencial a estos bienes.

Para las formas inkas con tratamientos Negro/Rojo y Negro/Ante y diseños inkas (que comprenden fundamentalmente platos ornitomorfos) resta evaluar en qué contexto se desarrolló esta producción y el grado de control del Estado sobre la misma, cuestión que con la información disponible no es posible definir.3

Sin embargo, puede observarse que sobre estas vasijas -tanto las que tienen tratamiento Negro/Rojo como Negro/Ante- se plasman diseños inkas en su mayoría aislados que claramente se diferencian de los complejos motivos que habitualmente presentan estas piezas, lo que podría indicar que no hay un importante grado de intervención estatal en la producción aparte de la reproducción de ciertas formas y quizás tratamientos de superficie.

Más allá de su contexto de producción, lo cual por el momento no es posible definir con claridad debido a la ausencia de estudios específicos que permitan dilucidarlo, la presencia mayoritaria de estas vasijas en los sitios Tilcara y Coctaca podría conducir a pensar que el control del Estado se establece sobre la distribución y su consumo por parte de cierto sector de la población local, más que sobre la producción.

Finalmente, se presentan un conjunto de piezas de producción no local, algunas de las cuales pueden identificarse como procedentes de regiones cercanas (platos ornitomorfos Inka Pacajes, aríbalo Casa Morada Policromo) mientras que otras (aríbalos, aribaloides y una aysana con motivos complejos similares a los de las piezas cusqueñas) podría pensarse que fueron producidas en alguno de los centros de producción estatal y trasladadas hacia la quebrada.

Además de considerar los diferentes posibles contextos de producción de estas vasijas, analizaremos más específicamente la distribución de las piezas y su consumo en los diferentes sitios.

La Tabla 2 muestra la distribución de la cerámica inka en los sitios de la quebrada donde puede observarse que se presentan, en ocho de los 14 estudiados (Runcio 2010), siendo Tilcara y Coctaca los que muestran la mayor concentración de vasijas, con 41 y 31 respectivamente. A su vez, Coctaca es el sitio que presenta la mayor cantidad de piezas con diseños inkas sobre tratamientos Negro/Rojo y Negro/Ante (principalmente platos ornitomorfos), mientras que en Tilcara se concentran las formas inkas con tratamientos de superficie y diseños que corresponden al Estilo Yavi (principalmente pelikes) así como las piezas Inka Pacajes y aquellas con motivos complejos similares a los cusqueños. Finalmente, en Ciénaga Grande, si bien la cantidad de piezas inkas no es muy abundante, destaca la presencia de un aríbalo Casa Morada Policromo y otros dos con motivos inkaicos que imitan los cusqueños.

La presencia de cerámica con diseños inkas sobre tratamientos Negro/Rojo y Negro/Ante en Coctaca, podría vincularse al hecho de que una parte de ese complejo agrícola fue utilizada por el Tawantinsuyu, lo cual se evidencia en la ampliación y la complejización de las áreas de cultivo por parte del Estado. Los trabajadores debieron ser movilizados desde las comunidades locales para trabajar allí (Nielsen 1997b, 2001) y usado esa cerámica ya que, como sostiene Murra (2002: 292), "cuando los campesinos cumplían con su mit'a estatal, utilizaban los recursos y herramientas del estado, inclusive sus vasijas".

Por otro lado, varios investigadores señalan la importancia de Tilcara y su vínculo con el Estado inkaico (González 1982; Palma 2000; Nielsen 2001). La presencia de vasijas en estilos asociados al Estado (Yavi, Pacajes) así como de piezas con motivos cusqueños, daría cuenta de la estrecha relación de este asentamiento con el Estado. Como señala Nielsen (2001: 221), estas vasijas podrían funcionar como marcadores de rango, llegando a la región bajo la forma de presentes destinados a la jerarquía política quebradeña en retribución por los servicios prestados al Estado.

Aquí resulta interesante reiterar la información presentada por Sánchez (2004). La autora indica que el vocablo puruamarca proviene de la unión de las palabras quechuas purum auca, que denominan a las poblaciones que fueron renuentes a ser conquistadas por los inkas y, entonces, sostiene que los habitantes de esa zona (actualmente Purmamarca, donde se ubica Ciénaga Grande) habrían resistido a la conquista inkaica. También menciona un estrecho vínculo entre los territorios de Tilcara y Puruamarca señalando que los documentos mencionan a Viltipoco y los subsiguientes dirigentes étnicos de Tilcara en relación con Puruamarca como base del poder de la jerarquía política en momentos inkaicos y que -posteriormente- los inkas se habrían valido de esta organización sociopolítica, aprovechando o distorsionando el juego de poder local, para amalgamar bajo un único sistema de jerarquía a las sociedades del centro-sur de la quebrada.

Asimismo, es importante notar que Ciénaga Grande se asocia a la red vial (Raffino et al. 1986; Palma 1998) y presenta vestigios de arquitectura inka (Raffino 1978; Raffino et al. 1986).4

La cerámica inka formaba parte del conjunto de objetos preciados como regalos y como bienes de intercambio en los gestos de reciprocidad hacia los curacas sometidos (D'Altroy 2001; Matos 1999; Bray 2004). Dado el vínculo que parece existir entre Tilcara y Ciénaga Grande a partir de la autoridad que ejercía el curaca de Tilcara en ambas regiones y el uso de esta organización previa a favor del Estado, la presencia en ambos sitios de cerámica con simbología estatal estaría relacionada con las estrategias de dominio inka en la región a través de la entrega de objetos como reciprocidad por la participación en la estructura de poder estatal y la colaboración en el dominio sobre las poblaciones locales.5

De esta forma, podríamos plantear diferentes contextos de producción y consumo de cerámica inka en la quebrada.

En cuanto a los contextos de producción, si bien la información disponible no es abundante, esta podría estar a cargo de los artesanos locales en sus propios asentamientos y de los mitimaes que manufacturarían cerámica como complemento de las actividades principales que desarrollaban, de acuerdo al planteamiento de D'Altroy (2001) para las zonas periféricas -como la quebrada de Humahuaca- donde el Estado exigía a las poblaciones locales la entrega de vasijas terminadas, sin tener entonces la capacidad de controlar la "calidad" del producto.6 Parecería que, en estos casos, lo importante es la reproducción de la forma de las vasijas como símbolo distintivo de la presencia estatal mientras que no hay un estricto control sobre la decoración. La importante variabilidad presente en los conjuntos de vasijas inkas analizados apoya esta idea del escaso control estatal sobre la producción de cerámica inka. Los artesanos reproducían ciertas formas, pero plasmaban sus propios diseños, así como imitaban algunos diseños inkas, hecho que es frecuente en otras regiones del Imperio (Hayashida 1994, 1999; Williams 1999; Cantarutti & Mera 2002-2005; González Carvajal 2004, entre otros). En este sentido, Hyslop (1993, citado en Uribe 2004: 322), en relación con la variabilidad de los materiales inkaicos, señala que en la cerámica se copiaron las formas más que la decoración y esto no es contradictorio con la conquista y la incorporación al Imperio sino que, al contrario, se trataría de construcciones sociales particulares en las que se involucran conceptos significativos para ambas partes y que implicaban una representación del mundo en cuya construcción participaban conquistadores y conquistados.

De acuerdo a la distribución de las piezas en los diversos sitios, podrían plantearse distintos circuitos de consumo. Uno más restringido, de piezas en estilos asociados al Estado (Pacajes, Casa Morada Policromo, Yavi) y piezas con motivos cusqueños en ciertos sitios (Tilcara, Ciénaga Grande, Coctaca) vinculados a la administración estatal en la región y uno más generalizado, de piezas inkas con tratamiento y diseños de la quebrada en mayor cantidad de sitios.7

Los inkas emplearon la alfarería, más allá de su función utilitaria, para crear y reforzar relaciones hegemónicas con las poblaciones dominadas, siendo un medio para comunicar y materializar las nuevas relaciones sociopolíticas impuestas por el poder estatal. En este contexto, una serie de estrategias habrían sido utilizadas en función de las necesidades estatales en la región.

Por un lado, la distribución y el consumo de vasijas en estilos asociados al Estado (Yavi, Pacajes, Casa Morada Policromo) y con motivos cusqueños en el marco de una estrategia que implicaba el acceso restringido a bienes con simbología estatal altamente reconocible por parte de un sector de la población local involucrado en la administración estatal. Como sostienen Cantarutti y Mera (2002-2005: 209), el Estado requería popularizar estos símbolos materiales entre quienes reconocía como más estrechamente vinculados a él y servían eficientemente al sistema, mientras que los usuarios se identificaban o por lo menos aceptaban su uso en tanto les reportaba un reconocimiento especial.

Por el otro, una política estatal que procuraba la reproducción de las formas, pero permitía a los alfareros locales imitar los diseños inkas o plasmar sus propios diseños en vasijas que circulaban entre los distintos asentamientos de la quebrada como parte de su integración en el orden sociopolítico más amplio promovido por el Tawantinsuyu a nivel regional. En este contexto, la alfarería se convierte en uno de los medios empleados por el Estado para materializar nuevos conceptos y significados y, de esta forma, el uso de la misma se enmarcaba en un contexto ideológico más amplio que hacía participar a las poblaciones locales en el nuevo orden político, social y económico impuesto por el Estado (Cantarutti & Mera 2002-2005: 209).

En este punto, es necesario retomar la reflexión sobre la producción y el consumo de los pucos con "banda curvilínea negra" con relación a la presencia estatal. Se planteó que estos pucos, en momentos inkaicos, habrían jugado un rol estilístico emblemático como manifestación de la identidad regional frente al Estado. ¿Por qué el Estado consintió que continuara la producción y el uso de estas vasijas?

En primer término, la expresión de la identidad de los grupos dominados era permitida por el Estado (Decoster 2005; Hayashida 2003). Específicamente, respecto a la producción cerámica, Hayashida (2003) señala que el Estado fomentaba la producción de estilos locales ya sea para señalar la contribución de un grupo en particular con las políticas o el trabajo estatal o como símbolo de la identidad y el respeto a la autoridad tradicional de las regiones dominadas.

Además de su rol en la materialización de la identidad en la quebrada, se postuló que estas vasijas se usarían en contextos especiales, como celebraciones públicas en momentos anteriores a la llegada inkaica. Una de las prácticas comunes a los territorios conquistados es el desarrollo de ceremonias de hospitalidad y generosidad efectuadas por el Estado, en las que se usaba cerámica con simbología estatal. Probablemente, el uso de referentes simbólicos significativos para la población local -como los pucos con "banda curvilínea negra"- junto con la cerámica distintiva del Tawantinsuyu en celebraciones que ahora propiciaba el Estado, constituyó una forma de apropiación ideológica que le permitió materializar las nuevas relaciones sociopolíticas establecidas. La resignificación de estas vasijas a través de su uso en nuevos contextos vinculados a las ceremonias estatales facilitó la integración al nuevo orden instaurado en la región.8 Como señala Patterson (1992, citado en Schjellerup 2002: 45), las entidades políticas incorporadas al Estado ya no pudieron reproducir las estructuras de relaciones preinkaicas en tanto el Imperio formó identidades colectivas nuevas que materializaron y deformaron los antiguos patrones culturales para dar la ilusión de continuidad de antiguas instituciones y prácticas en nuevos contextos.

PALABRAS FINALES

El aspecto visual de las vasijas de Estilo Inka, fácilmente reconocible por sus formas y motivos decorativos estandarizados, hace que se constituyan en objetos de gran eficacia simbólica para representar los vínculos que el Estado establecía con las poblaciones dominadas. En este marco general, se desarrollaron diversos contextos de producción, circulación y consumo de vasijas en función de las particularidades que asumía la ocupación inka en los diferentes territorios conquistados.

En el caso de la quebrada de Humahuaca, la producción y el consumo de vasijas se complejiza a partir de la intervención estatal -especialmente en el manejo de la circulación y consumo de ciertas piezas-, desarrollándose diferentes escenarios donde los artesanos locales incorporaron formas y diseños inkas a sus producciones, donde parte de la población tenía acceso a materialidades vinculadas al Estado cuyo uso implicaba un "estatus" especial y donde el Estado se apropia de un referente material de importancia para las poblaciones locales.

De esta forma, los cambios en la producción, la distribución y el consumo de vasijas cerámicas seguramente complejizó los vínculos entre grupos e individuos y conllevó la reconfiguración de las antiguas relaciones entre las comunidades locales como parte del nuevo contexto de reorganización sociopolítica impuesto por el Estado Inka en la región.

NOTAS

1 Esta cerámica fue clasificada en una gran cantidad de estilos (ver Bennett et al. 1948; Cigliano 1967; Pérez 1973; Pelissero 1969; Deambrosis & De Lorenzi 1975; Raffino et al. 1986, entre otros) que fueron posteriormente criticados por mostrar contradicciones en la definición de los mismos (Palma 1996; Nielsen 1997a; Rivolta 1997).

2 En relación con esto, cabe señalar la presencia de pucos subhemisféricos -una forma característica de la quebrada en el Período Tardío- con diseños que pueden adscribirse como inkas, lo cual podría indicar que los artesanos locales también reprodujeron algunos diseños vinculados al estilo estatal (Runcio 2010).

3 El Negro/Rojo es utilizado en los estilos de la quebrada y en el Yavi y el Negro/Ante es característico de este último estilo; también son colores utilizados en la decoración de las piezas inkas (Matos 1999: 133), por lo tanto es difícil evaluar, sin análisis tecnológicos específicos, el grado de intervención del Estado con respecto a la mayor o menor autonomía que pudieron tener los artesanos frente a las elecciones en la decoración, el desarrollo de la producción en sus propios asentamientos o en un contexto especializado con mayor control estatal, así como su posible manufactura a cargo de los mitimaes o su traslado desde el área vecina.

4 Salas (1945: 178-179) también reporta el hallazgo de dos keros grabados de adscripción inkaica en el sitio.

5 Es significativo, en este sentido, que los otros sitios considerados de importancia en el Tardío (Los Amarillos, Yacoraite), incluso algunos con arquitectura inka (Peñas Blancas, La Huerta), no presenten el tipo de piezas inkas que hay en Tilcara y Ciénaga Grande, hecho que quizás se vincule con el rol que jugaron estos dos sitios en el proceso de dominación inkaica en la región.

6 También es necesario evaluar la posibilidad de que las vasijas inkas con tratamiento y/o diseños Yavi hayan sido traídas a la quebrada como parte de la circulación de piezas manejada por el Estado y no producidas por los mitimaes.

7 Dado que las piezas estudiadas proceden de colecciones de museos, solo ha sido posible conocer el sitio de procedencia de las mismas, mientras que no se pudo acceder a contextos de uso más específicos, como diferentes espacios dentro de los sitios o por parte de los diferentes grupos de la población que los habitaban.

8 Al respecto, mencionaremos que los pucos Poma se presentan en aquellos sitios residenciales considerados de mayor importancia sociopolítica en el Período Tardío como Los Amarillos, Yacoraite, La Huerta y Tilcara (Nielsen 1996; Palma 2000) en los cuales también se presenta cerámica inka. Particularmente, la mayor abundancia de pucos Poma se presenta en Tilcara (Cremonte 1994) cuyo vínculo con el Estado Inka ya fue explicado. Por último, la ausencia de pucos Poma en Coctaca, a pesar de la abundancia de cerámica inka en el sitio, podría deberse a la funcionalidad del mismo en tanto no se trata de un asentamiento residencial, sino de producción agrícola.

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RECONOCIMIENTOS A Gabriela Amirati, Silvia Manuale, Victoria Coll y Alejandra Reynoso (Depósito de Arqueología, Museo Etnográfico) y Armando Mendoza (Museo E. Casanova) por haberme facilitado el acceso a las colecciones.

Recibido: octubre de 2010. Aceptado: octubre de 2012.

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