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Boletín del Museo Chileno de Arte Precolombino

versión On-line ISSN 0718-6894

Bol. Mus. Chil. Arte Precolomb. vol.20 no.1 Santiago  2015

http://dx.doi.org/10.4067/S0718-68942015000100006 

ARTICULOS

 

La textura de los ancestros. Reflexiones en torno a lógicas y sentidos de las estructuras chullparias (Coranzulí, Provincia de Jujuy, Argentina)

 

The texture of ancestors. Reflections about ligics and senses of chullparian structures (Coranzulí, Jujuy Province, Argentina)

 

María Carolina Rivet

Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas, CONICET-Instituto Interdisciplinario Tilcara, Universidad de Buenos Aires, Argentina. E-mail: carolinarivet@hotmail.com.


En este artículo planteamos y discutimos ciertos aspectos relativos a los sentidos, los conceptos y las lógicas de las estructuras chullparias, en relación con el lugar y la significación que los ancestros tuvieron dentro de las sociedades andinas. Partimos de un caso de estudio conformado por tres sitios arqueológicos emplazados en Coranzulí, ubicados cronológicamente entre los siglos XIV y XV, en los que venimos trabajando desde el año 2009. Considerando una muestra de 101 estructuras chullparias, analizaremos las características arquitectónicas y constructivas de estas estructuras. En particular, nos proponemos reflexionar respecto de los tratamientos diferenciales en los exteriores e interiores de estas arquitecturas, que hemos podido reconocer gracias al análisis realizado. A partir de estos datos registrados, y a la luz de la información etnográfica y etnohistórica disponible para diversos lugares en los Andes, ensayamos una serie de interpretaciones que buscan acercarse a la comprensión de las agencias ancestrales y su constitución desde la materialidad1.

Palabras clave: ancestralidad, estructuras chullparias, Coranzulí.


In this paper we propose and discuss certain aspects concerning to the senses, logic and concepts of chullparian structures in relation to the place and significance that ancestors had in Andean societies. We will analyze this since a case study consisting of three archaeological sites deployed in Coranzulí (Jujuy, Argentina) located chronologically between the 14th and 15th centuries, where we have been working since2009. Considering a sample of 101 chullparian structures, we will analyze the architectural and construction features of these structures. In particular, we intend to reflect upon differential treatment on the exterior and interior of these architectures, that we have been able to recognize from the analysis made. With this data, and based on ethnographic and ethnohistorical information available to various places in the Andes, we will propose a series of interpretations that seek to approach the understanding of ancestral agency and its constitution from materiality1.

Key words: ancestrality, chullparian structures, Coranzulí.


 

Introducción

En diversos trabajos, tanto etnográficos y etnohistóricos como arqueológicos, se ha puesto en evidencia la importancia y centralidad que los ancestros han tenido -y siguen teniendo- para la vida social de las poblaciones andinas. En particular, Zuidema (1973) sostuvo que la ancestralidad era una clave de lectura esencial para comprender las formas de organización política, económica y social en los Andes. A su vez, distintas investigaciones han ilustrado cómo ciertas materialidades podían constituirse como el ancestro mismo. Las momias, los sepulcros, los monolitos huanca o algunas manifestaciones de arte rupestre, entre otros, más que simplemente representarlos, se constituían como agentes portando las capacidades propias de los antepasados (Duviols 1979; Aschero & Korstanje 1996; Isbell 1997; Kaulicke 2001; Nielsen 2008, entre otros).

En este marco, las estructuras chullparias se constituyen como arquitecturas particularmente significativas en relación con sus vínculos con el culto a los ancestros2. Tal como lo propondremos, estas arquitecturas no habrían sido solo una expresión de una condición ancestral preexistente, sino que en el acto mismo de erigir una nueva estructura se habría estado "construyendo" un ancestro, o al menos una relación con este. Como planteó Molinié (2005), "las sociedades andinas no piensan la relación con el pasado de modo discursivo, sino más bien performativo: actúan la historia [...] y la actúan esencialmente a través del ritual" (Molinié 2005: 694). De esta manera, la acción constructiva debió haber formado parte de la ritualidad del vínculo con los ancestros, siendo que a través de estas prácticas constructivas se habrían materializado y reforzado las relaciones con estos. Nos interesa, entonces, entender el sentido de la construcción en el tiempo, en relación con la actualización continua de una memoria material, performativa y colectiva, vinculada con el culto a los ancestros. Aunque no tengamos registro de todo el espectro de rituales que pudieron haberse desarrollado, la sucesión de acciones relativas a estas estructuras, a lo largo del tiempo, nos muestra a personas, o grupos de personas, acercándose recurrentemente a actualizar un vínculo con sus antepasados, dentro de lo que podríamos considerar, de alguna manera, un conjunto de "prácticas chullparias".

Así, nos proponemos reflexionar acerca de los sentidos, los conceptos y las búsquedas que estarían asociadas a las estructuras chullparias, y que se habrían definido desde el momento mismo de su construcción. Para su estudio nos hemos basado en un análisis arquitectónico y constructivo, por medio de diferentes variables que involucraron tanto aspectos morfológicos generales como detalles específicos. En particular, a partir de este estudio identificamos ciertas decisiones técnicas que permitieron caracterizar de manera diferenciada el interior y el exterior de estas arquitecturas. Es precisamente en torno a estas decisiones que gira el desarrollo de este texto. Para estos efectos, entenderemos que las técnicas deben ser comprendidas dentro de sus marcos culturales, puesto que se constituyen como hechos sociales (Lemonnier 1992; Sillar 1996; Dietler & Herbich 1998). De esta manera, el estudio de los aspectos tecnológicos es un camino posible para aproximarse a ciertos rasgos de la vida social de las personas y, en nuestro caso, esto se refiere concretamente al modo en que habrían sido concebidos los ancestros en nuestra área de estudio.

Las diferentes decisiones que los constructores de las estructuras chullparias fueron tomando en el momento de su elevación, incluyendo los materiales utilizados, su disposición y los tratamientos dados, no pueden explicarse exclusivamente en relación con necesidades de orden estrictamente tecnológico. Entendiendo que las decisiones técnicas están "embebidas en, y condicionadas por, las relaciones sociales y las prácticas culturales" (Dietler & Herbich 1998: 235), la comprensión de estas técnicas chullparias es un camino para reconocer cuestiones bastante más amplias que un modo de hacer constructivo. Si consideramos que, como propuso Nielsen (2008), "las chullpas son los ancestros", ciertamente el estudio detallado de aquellas puede informarnos sobre la condición de estos.

En distintos momentos a lo largo del texto haremos referencia a las agencias de los constructores, pero también de los ancestros y las estructuras, puesto que partiremos asumiendo que "las cosas, los objetos, los paisajes, poseen cualidades 'reales' que afectan y modelan nuestra percepción de ellos y nuestra cohabitación con ellos" (Olsen 2003: 88). Esto implica adoptar una perspectiva simétrica en la que objetos y entidades humanas y no humanas son actores con su propia capacidad de agencia, creada y modelada en sus mutuas relaciones. Como planteó Latour, ser simétrico "simplemente significa no imponer a priori una asimetría espuria entre la acción humana intencional y un mundo material de relaciones causales" (Latour 2008: 113, resaltado en el original). Esta condición simétrica implica entender que las cosas, las personas y otras entidades son diferentes, pero se trata, como hemos visto más atrás, de una diferencia que es relativa y que debe ser comprendida en los propios términos culturales y sociales locales.

Los vínculos entre las estructuras chullparias, las personas y los ancestros deberemos entenderlos, entonces, dentro de tramas de sentidos y significados, relaciones sociales, prácticas e historicidades específicas. Es en este contexto que recurriremos a referencias etnográficas y etnohistóricas andinas, sin la pretensión de establecer analogías directas que nieguen los procesos históricos locales, pero con la voluntad de abrir caminos y preguntas que nos permitan pensar en las posibles implicancias que habrían tenido las estructuras que estamos estudiando.

El área de estudio

Este artículo surge de las investigaciones arqueológicas que venimos desarrollando en los alrededores del pueblo de Coranzulí (23°00'49''S, 66°21'59''O), en la puna de Jujuy, a una altura de 3900 msnm. Este poblado está emplazado dentro del departamento de Susques, en su extremo noreste, en la provincia de Jujuy (Argentina), a unos 95 km al sudoeste de la localidad de Abra Pampa, en la Ruta Provincial N° 74, y a unos 70 km al noreste de Susques, cabecera del departamento, a partir de la nueva traza de la Ruta Nacional N° 40 (fig. 1).

Figura 1. Ubicación de Coranzulí, dentro de la provincia de Jujuy

Los territorios de pastoreo correspondientes a Coranzulí se despliegan en torno al poblado y se encuentran organizados actualmente en tres "secciones", Incahuasi, Quebrada Grande y Agua Delgada, que involucran la totalidad del territorio comunitario. En ciertas ocasiones estas "secciones", por ejemplo el carnaval, organizan también socialmente a la población. En Agua Delgada es donde hemos concentrado los trabajos arqueológicos, siendo que allí se ubican los sitios de Canalita (CAN), Wayra Wasi (WAY) y Licante (LIC)3. Esta sección se ubica hacia el sudeste del pueblo, conectada por un camino, solo parcialmente transitable con vehículo. Estos tres sitios que hemos trabajado se caracterizan por la presencia de una cantidad importante de estructuras chullparias4, alcanzando las 101 unidades, repartiéndose: 60 en Licante, 28 en Canalita y 13 en Wayra Wasi. Sintéticamente, los tres sitios se emplazan en quebradas angostas delimitadas por farallones de ignimbritas, sobre los que se adosan la gran mayoría de las estructuras (fig. 2). Para el caso de Licante, especialmente, hemos registrado la existencia de un área con recintos habitacionales y sectores con infraestructura agrícola, particularmente terrazas de cultivo.

Figura 2. Vista de la quebrada de Licante, donde se observa la preeminencia de los farallones rocosos.

Figure 2. View of the Licante Valley, where highly prominent, rocky cliffs.

Variabilidades y regularidades en el hacer constructivo chullpario

Como hemos adelantado, las arquitecturas que ingresan dentro de lo que se ha considerado como una "chullpa" son sumamente variables a lo largo de los Andes, observándose diferencias importantes tanto en las morfologías como en las técnicas constructivas empleadas. Sin pretender realizar aquí un recorrido exhaustivo, cabe mencionar las torres circulares de Sillustani (Bandelier 1905; Squier 1974 [1877]), aquellas de planta cuadrada construidas en adobe en Carangas (Gisbert 1994) o en Pakasa (Kesseli & Párssinen 2005), las estructuras de menores dimensiones con plantas circulares o rectangulares documentadas en el norte de Chile (Aldunate & Castro 1981), o aquellas adosadas a paredes rocosas, o en aleros, registradas en el sector septentrional de la Puna argentina (Debenedetti 1930; Vignati 1938; Krapovickas & Cigliano 1962; Albeck & Ruiz 2003).

Las estructuras chullparias5 registradas en el área de Coranzulí presentan, en términos arquitectónicos y constructivos, características que las asemejan, en principio, a las descritas para la puna argentina. También muestran paralelos con algunos de los casos descritos por Nielsen (2010) para el área de Lípez, en Bolivia. En este sentido, las estructuras que hemos analizado tienden en su morfología general a lo troncocónico, con una planta subcircular de aproximadamente un metro de diámetro, delimitada por un muro continuo de piedra y barro (fig. 3). Presentan una abertura cuadrada, de aproximadamente 0,40 m de lado, conservándose en algunos casos lo que habrían sido las tapas (fig. 4). El cerramiento superior fue construido, en muchos casos, con piedras planas dispuestas en forma inclinada (fig.5). La gran mayoría de estas estructuras se presentan interrelacionadas de diferentes maneras, conformando agrupamientos (Rivet 2013b). En el marco de esta investigación hemos realizado una serie de fechados por AMS a partir de muestras tomadas de estructuras en Licante que nos permitieron posicionar cronológicamente su elevación entre los siglos XIV y XV,6 con la excepción de una única estructura, fechada en tiempos coloniales o republicanos tempranos (Rivet 2013b).

Figura 3. Estructura chullparia con elevación troncocónica (WAY-IV-02).

Figure 3. Chullparian structure with truncated, cone-like elevation. (WAY-IV-02).

Figura 4. Estructuras chullparias con tapas (LIC-D-X-05 y 06).

Figure 4. Chullparian structures with lids. (LIC-D-X-05 and 06).

Figura 5. Detalle de techo con las piedras planas dispuestas en forma inclinada (LIC-F-XVIII-05).

Figure 5. Detail of a roof with slanted flat stones. (LIC-F-XVIII-05).

Un rasgo distintivo es que el 90% de las estructuras registradas fueron construidas apoyadas contra paredes rocosas, dentro de aleros o aprovechando pequeñas salientes (fig. 6). Es decir, las construcciones incorporan a la pared rocosa como parte del cerramiento y la delimitación del espacio interior. Esta condición puede observarse también en las estructuras registradas en las áreas de Casabindo (Casanova 1938), río Grande de San Juan (Debenedetti 1930) y en algunas de las de Lípez (Nielsen 2010). Sin embargo, esto presenta una diferencia significativa con la generalidad de las estructuras que se han descrito para el resto de los Andes, donde se refiere recurrentemente a la idea de torre o torrecilla de dimensiones más o menos importantes, a las que nos hemos referido más arriba. Esta condición de torre, ciertamente, implica un emplazamiento exento, con un perímetro constructivo continuo.

Figura 6. Agrupamiento chullpario dentro de un alero en el sitio Canalita.

Figure 6. Chullparian group under a rock shelter at the Canalita site.

La síntesis general que hemos desarrollado en los últimos párrafos es válida y congruente en términos estadísticos, pero lo cierto es que tiende a homogeneizar los rasgos de las estructuras, invisibilizando las diferencias que ponen en evidencia particularidades y márgenes de acción de los constructores. A su vez, en este tipo de caracterizaciones no se están considerando otras decisiones más específicas y puntuales que, como veremos, pueden mostrar aspectos importantes para aproximarnos a los sentidos de estas estructuras. Precisamente, en este texto nos proponemos acercarnos a algunos de estos gestos técnicos7 que hemos podido identificar a través del estudio realizado.

Estas decisiones técnicas se constituyen como un camino para pensar las subjetividades de los distintos agentes -o grupos de- con sus propias trayectorias sociales dentro de un esquema de prácticas y saberes compartidos, socialmente validados (Bourdieu 2007 [1980]). Lo que podríamos definir como "modos de hacer chullparios", para dar cuenta del conjunto de decisiones arquitectónicas y constructivas involucradas en el proceso de elevación de una estructura, surgen en relación con un habitus, una serie de disposiciones colectivamente orquestadas, que son estructuradas y a su vez tienden a estructurar las prácticas, en este caso constructivas (Bourdieu 2007 [1980]). Las disposiciones propias del habitus predisponen a los actores a operar de determinadas maneras, pero eso no implica que estén encuadrados en un marco rígido. Por el contrario, más bien podemos pensar que un determinado agente a la hora de construir una de las estructuras chullparias contaba con una variedad, más o menos amplia, de opciones de resolución disponibles socialmente validadas (Dietler & Herbich 1998). El universo de lo técnico no se constituye como una esfera independiente, puesto que las resoluciones constructivas, además de responder a problemas específicos de estabilidad o resistencia, se constituyen como elecciones culturales. El estudio de las técnicas, entonces, permite reconocer aspectos significativos de las sociedades (Lemonnier 1992), en este caso respecto de la relación con los ancestros.

Aspectos metodológicos

Para poder abordar el estudio propuesto desde esta perspectiva, hemos diseñado un análisis constructivo-arquitectónico8 a partir de una serie de variables entrecruzadas (Tabla 1), con el que buscamos identificar los gestos técnicos que pudieran mostrar la existencia de: (a) regularidades que ilustren lo que hemos definido como un "modo de hacer chullpario" compartido; (b) variaciones, incluso microvariaciones, que muestren las subjetividades de los distintos constructores a lo largo del tiempo. Esta doble mirada nos ha permitido reconocer los márgenes de acción de las distintas personas, a la hora de hacer sus estructuras.

Tabla 1. Detalle de las variales tomadas para el análisis de las estructuras chullparias

Algunas de estas variables se concentran en el análisis de las características de la estructura en sí misma, y los procedimientos técnicos utilizados para su elevación. Esto involucra en una primera instancia el análisis de la morfología general y el estudio de cada una de las secciones, es decir, las bases, el desarrollo y el techo. Al hablar de desarrollo nos estamos refiriendo a la sección constituida por el cuerpo propiamente dicho de la estructura, donde además se ubican las aberturas. En relación con el desarrollo se desagregan una serie de variables adicionales significativas para los objetivos que nos hemos propuesto en este artículo: el tipo de aparejo utilizado, el tratamiento de la piedra, las características de las juntas en interiores y exteriores, las terminaciones y, finalmente, las aberturas. Por los niveles de conservación de las 101 estructuras totales, solo en 88 es posible realizar observaciones sobre la caja muraria9.

Una de las principales características constructivas analizadas tiene que ver con lo que denominamos "tipo de aparejo". Es decir, la forma en que se disponen las piedras en la caja muraria de las estructuras (Paniagua 1978). Hemos definido dos modalidades: "en hilada" y "encastrado". En el primero de los casos, las piedras están dispuestas como una serie horizontal buscando mantener un nivel continuo; en el segundo, las piedras no siguen una línea horizontal, sino que se superpusieron ensamblando sus distintas morfologías, con trabas variables.

Por su parte, al hablar de juntas nos estamos refiriendo al espacio, frecuentemente cargado de material, que vincula los elementos que conforman un aparejo. Con la excepción de una única estructura realizada con pirca seca, la totalidad de la muestra, con información analizable, presenta morteros de barro en la unión de las piedras de los muros. Si bien hace falta realizar estudios al respecto, podemos decir que el barro utilizado es de textura suave, sin agregado grueso y con presencia de gramíneas, como estabilizante10. Estas juntas se caracterizan por ser anchas, alcanzando hasta los 5 cm de alto, en algunos casos. Es posible observar dos formas simultáneas de disposición del barro en las juntas: una previa a la colocación de la piedra, y la otra, mediante una carga lateral de llenado.

Hemos distinguido entre "juntas al ras" y "juntas tomadas". Mientras que en las primeras el barro de las juntas se encuentra en el nivel del filo del muro, en el mismo plano, lográndose un paño más continuo; en las segundas las juntas se encuentran retrasadas en relación con el plano de las piedras (figs. 7, 8). De esta manera, resulta en un énfasis de la irregularidad de estas en la expresión del muro, en detrimento de la argamasa. A su vez, para ambos casos, pueden observarse dos terminaciones diferentes: "aplicado" y "alisado". En el primer caso el barro de la junta ha quedado con la conformación resultante de la colocación, sea a través del azotado del material o de la presión de los dedos para llenar las hendiduras. En el segundo, en cambio, sí se reconoce la acción de unificar el material por medio del agregado de más mortero, alisando la junta, sea con la mano o con algún instrumento de punta roma.

Figuras 7 y 8. El contraste en el tratamiento de las juntas de barro en una misma estructura (CAN-XI-03): juntas tomadas en el exterior y al ras en el interior.

Figures 7 and 8. The contrast in the treatment of earthen mortar joints within the same structure (CAN-XI-03): raked joints on the outside and flush joints in the interior.

El "tipo de junta" y las "terminaciones" son dos variables de análisis que, aunque están relacionadas, apuntan a dimensiones técnicas diferentes. Mientras que la primera se refiere a la posición de la junta respecto de la piedra, la segunda se orienta al análisis de la textura buscada en el barro de la junta. De esta manera, una terminación "alisada" puede estar presente tanto en juntas "tomadas" o "al ras", y lo propio ocurre con las terminaciones "aplicadas". De hecho, eventualmente podríamos estar observando dos momentos distintos en el proceso constructivo, puesto que el "tipo de junta" podría resolverse en el momento mismo de la elevación, mientras que la "terminación" podría lograrse en momentos posteriores.

En relación con los gestos técnicos en la aplicación de barro, hemos registrado en 29 estructuras marcas de dedos en la argamasa, con dos lógicas: una de arrastre, en la que se distingue el trazo del movimiento de la mano, y otra de presión, en la que quedan enfatizadas las huellas de las yemas de los dedos (fig. 9). En un primer nivel de análisis estas marcas están vinculadas con el uso de la mano como herramienta para la colocación del barro, en una suerte de modelado de la terminación, y con el objetivo de mejorar la adherencia y penetración del material entre las piedras. En todo caso, cabe preguntarse respecto de las implicancias de la decisión de dejar explícitas las huellas de sus manos. Aunque requiere de una profundización, es estimulante pensar sobre la significación de estas huellas en tanto "presencia" de los constructores en la estructura chullparia.

Figura 9. Detalle de marcas de dedos en el barro de una junta exterior.

Figure 9. Detail of finger marks on the mud of an exterior joint.

 

Acerca de los interiores y exteriores chullparios en Coranzulí. Definiciones desde la materialidad

Vale la pena detenerse en los resultados que surgen del análisis por medio de estas variables, discriminando entre el interior y el exterior de las estructuras. Si nos concentramos puntualmente en las juntas, surge uno de los aspectos más interesantes en esta diferenciación. El 80,23% presenta juntas al ras en el interior, mientras que en el exterior el 91,67% tienen las juntas tomadas. Puesto en otros términos, dentro de las 77 estructuras que tienen juntas tomadas en el exterior, 60 presentan en el interior las juntas al ras. Es decir, el 78% de las estructuras muestran simultáneamente las dos situaciones: juntas tomadas en el exterior y juntas al ras en el interior. Esto nos está mostrando una posible tendencia en la búsqueda deliberada de un contraste entre los tratamientos interiores y exteriores, mediante la continuidad entre el barro y las piedras propio de las juntas al ras adentro de las estructuras, frente al retraso característico de las juntas tomadas afuera.

Si consideramos en paralelo los tipos de terminaciones identificadas, veremos que el tratamiento de alisado (incluyendo una estructura revocada) está presente en un 41,82% en las caras interiores, mientras que en las exteriores solo representa el 9,52%. Si bien la terminación alisada de las juntas no es un rasgo que esté presente en la mayoría de las estructuras, lo cierto es que su incidencia es significativamente mayor en las caras interiores, reforzando así el tratamiento que se les dio a estas11.

Hemos señalado en las páginas precedentes que una de las características de estas estructuras es que tienden a presentarse formando parte de agrupamientos. A diferencia de lo que ocurre en otros lugares de los Andes, las estructuras en estos agrupamientos se presentan vinculadas físicamente entre sí. Es decir, una estructura se adosa sobre otra compartiendo muros (fig. 10). Las evidencias constructivas y los fechados muestran que estos agrupamientos fueron realizados a lo largo del tiempo en distintas intervenciones, en las que una nueva chullpa se acoplaba con las preexistentes. Esta operación de adicionar una estructura tiene implicancias para lo que venimos desarrollando aquí, puesto que lo que era muro exterior pasa a ser muro interior. Lo que hemos observado en estas situaciones es que, asociado con la nueva intervención, en ese tramo de muro se agregó barro en las juntas, dejando de estar tomadas para volverse al ras. De esta manera, a partir del manejo de las texturas, el exterior deviene en interioridad.

Figura 10. Detalle de un agrupamiento chullpario en Licante donde, a partir del derrumbe de una estructura, se reconoce el modo en que se comparten los muros.

Figure 10. Detail of Chullparian group in Licante, where a fallen structure leads to recognize how walls are shared.

A partir de estos datos, es posible observar una serie de decisiones que parecieran haber estado orientadas a lograr una continuidad en el muro interno de las estructuras. La ya mencionada preferencia por las juntas al ras, con una cierta tendencia a las terminaciones alisadas, genera una expresión más pareja del muro, invisibilizando, al menos parcialmente, las discontinuidades propias de la superposición de las piedras. Es decir, el resultado es un paño que tiende a tener una cierta uniformidad en su relieve, con una textura en la que se pretende alcanzar la homogeneidad a partir del rol que juega el barro entre las piedras.

El uso del barro con esta intencionalidad no se limita a las juntas. En distintas estructuras (p. e., CAN-XI-03)12 hemos registrado la aplicación de barro en el encuentro anguloso entre el piso y la pared rocosa, y lo propio entre esta última y los muros. Se trata de una carga de material significativo, mayor a la de una junta y excediendo el perfil del muro, en pos de tapar el encuentro con la roca de apoyo (figs. 11, 12). Vinculado con esto, hemos registrado cómo en otros casos, también en los interiores, incluso se realizaron aplicaciones de barro sobre las paredes rocosas, como una suerte de sellado de las grietas e intersticios naturales (fig. 13). Por las características que presentan estas adiciones, parecieran hechas con un barro bastante más líquido que el usado para la argamasa.

Figuras 11 y 12. Detalles del agregado de barro en los encuentros de muro y de piso con la pared rocosa.

Figures 11 and 12. Details of mud cement in the wall and floor joints.

Figura 13. Detalle del aplique de barro líquido para cerrar grietas de la pared rocosa, en el interior de una estructura (LIC-E-XV-03).

Figure 13. Detail of the application of liquid mud used for sealing gaps in the rocky wall, inside one of the structures (LIC-E-XV-03).

A esta observación sobre el uso del barro debemos sumarle otras consideraciones que refuerzan estas expresiones, puesto que la selección y disposición de las caras de las piedras apuntan en el mismo sentido. Antes de avanzar, es importante señalar que el trabajo de canteado en las piedras no es intensivo, limitándose en principio a ciertos elementos como los dinteles, las jambas y los umbrales en las aberturas, y en las piedras planas de algunas cubiertas. En el resto de las piedras utilizadas, el tratamiento pareciera consistir solo en golpes puntuales para adecuar los tamaños y eventualmente buscar algún plano uniforme. Partiendo de este tratamiento previo, a la hora de colocar una piedra en el muro, se buscó explícitamente que la cara plana disponible quedara hacia adentro, mientras que las angulosidades forman parte de la expresión exterior. En una de las estructuras (LIC-F-XVIII-04), por su grado de derrumbe, es posible observar las características de estas decisiones. En la figura 14, que muestra la cara interior, se reconoce claramente cómo se logra una expresión continua a partir de las caras planas. Al compararla con la otra imagen (fig. 15) se distingue cómo en el exterior se mantuvieron las irregularidades de las piedras, resultando en una terminación discontinua y angulosa. Si nos concentramos en la piedra recuadrada es posible ver cómo fue rotada en sus tres dimensiones para que su principal cara plana quedara en el interior, alineada con el filo del muro. La combinación entre esta disposición de las piedras y la aplicación del barro en las juntas resulta en esta uniformidad de los paños interiores.

Figuras 14 y 15. Estructura semiderrumbada donde se reconoce claramente el tratamiento diferencial de interiores y exteriores (LIC-F-XVIII-04). En el encuadre, el detalle de la piedra girada, como se consigna en el texto.

Figures 14 and 15. Semi-collapsed structure where different treatment of interior and exterior is clearly recognizable (LIC-F-XVIII-04). In the close-up, there is the detail of a tilted stone, as described in the text.

Es interesante que nos detengamos también en las particularidades de las estructuras rectangulares13. Si bien el énfasis en el tratamiento de las aristas en las esquinas no es un rasgo característico de las estructuras que hemos trabajado, se puede observar cómo en los interiores estas han sido completamente redondeadas, sea a partir de la disposición de las piedras o de la aplicación de barro que las disimula. De alguna manera, esto se lleva a un extremo en dos casos en el sitio Wayra Wasi (figs. 16, 17). En ambos se reconoce el contraste entre plantas subrectangulares, con las esquinas marcadas al exterior, y subcirculares al interior.

Figuras 16 y 17. Contraste entre el tratamiento rectangular de la morfología exterior y la circularidad interior en una misma estructura (WAY-IV-07).

Figures 16 and 17. Contrast between the exterior (rectangular) and interior (circular) morphologies in a single structure (WAY-IV-07).

El caso de la estructura datada en momentos coloniales es sumamente interesante para pensar en la perduración de estos gestos técnicos14. Varios siglos después de la elevación de las estructuras prehispánicas, y con todas las disrupciones y continuidades que implicó la conquista y evangelización, los constructores de esta estructura mantuvieron ciertas definiciones constructivas. Mientras el exterior es completamente rectangular, con esquinas bien marcadas, en el interior esas aristas se redondearon con la aplicación de barro y la rotación de ciertas piedras, sosteniéndose entonces la voluntad de lograr un contraste, al menos en lo morfológico (figs. 18, 19). Por otra parte, esto denota la importancia que habrían tenido estos tratamientos que estamos intentando evidenciar.

Figuras 18 y 19. Tratamiento diferencial de las esquinas, entre interior y exterior de la estructura colonial en Licante (LIC-B-I-10).

Figures 18 and 19. Different treatment of corners in interior and exterior areas of the colonial structure in Licante. (LIC-B-I-10).

Ciertamente podría observarse que gran parte de los detalles técnicos que estamos indicando no pueden generalizarse a la totalidad de las estructuras, puesto que, por ejemplo, no son la mayoría de las estructuras las que tienen terminaciones alisadas en los interiores, tampoco fueron selladas las grietas en la piedra con barro líquido o se cargaron con argamasa los encuentros en todos los casos. Al respecto, es necesario insistir que no estamos buscando reglas o pautas que marcarían normativas absolutas en las prácticas. Por el contrario, se trata de identificar diferentes decisiones tomadas por los constructores dentro de los márgenes de acción con los que contaban. De esta manera, es la variedad de gestos técnicos asociados con la disposición de las piedras o el uso del barro, incluyendo el manejo de las juntas, las terminaciones, la realización de un revoque o las cargas de barro en lugares puntuales, lo que nos habilita a pensar en la existencia de una búsqueda de significar de manera diferencial los interiores y los exteriores. Esto no implica, sin embargo, que todos estos gestos deban estar presentes en todos los casos.

La suma de estas decisiones constructivas, que aparecen en forma recurrente dentro de la muestra, parecieran apuntar a lo que podríamos considerar como una negación de las aristas y angulosidades, como una potencial condición de existencia del interior de una estructura. En este sentido, sería posible pensar en la creación de una suerte de cámara que debe tener una textura continua y homogénea, en la que no deben/pueden existir quiebres. Consideramos necesario insistir en este punto sobre la importancia de los gestos y los procedimientos técnicos en relación con la construcción de los ancestros en las sociedades andinas, algo que desarrollaremos más en extenso en los siguientes acápites.

Si partimos de la idea de una asociación entre estas estructuras con los ancestros mismos, como ha sido ampliamente señalado en la arqueología, etnografía y etnohistoria andina, no podemos dejar de observar que el modo en que se construían las estructuras chullparias debería informarnos sobre estos ancestros y los vínculos que se establecían entre estos y las personas. Estas resoluciones técnicas, creemos, son ricas en significados, puesto que a partir de su ejecución se recrean conceptos, se reactualizan memorias, de un modo performativo (sensu Molinié 1997).

El arte rupestre en la construcción de la interioridad

Debemos dejar de lado por un momento las cuestiones estrictamente arquitectónicas y constructivas que venimos desarrollando, para referirnos al menos en forma breve a las manifestaciones plásticas presentes en dos casos de agrupamientos chullparios. Ciertamente la asociación de chullpas y arte rupestre, y también en algunos casos de pintura mural, no ha sido en especial estudiada aunque sí existen referencias importantes sobre algunos sitios tanto en Bolivia como en Argentina (Alfaro 1988; Gisbert 1994; Pärssinen 1993; Ruiz & Chorolque 2007). En particular Pärssinen (1993) registró pinturas en el interior de las cámaras de las torres funerarias del cerro Huaraca (Bolivia). Más recientemente, Ruiz y Chorolque (2007) identificaron en el área de Rinconada (Jujuy, Argentina) distintas manifestaciones de arte rupestre tanto en el interior de las estructuras como de los aleros que las contienen, una situación similar a la que hemos registrado en dos aleros del sitio de Licante.

En ambos casos se trata de agrupamientos chullparios y arte rupestre que se encuentran contenidos por muros perimetrales que cierran los aleros (Rivet 2013b). Las manifestaciones plásticas incluyen una serie de representaciones con una adscripción temporal relativa a momentos prehispánicos tardíos (escenas de coitos, alineamientos de antropomorfos, conjuntos de camélidos, escenas de enfrentamientos, escutiformes, suris y felino) (figs. 20-22), otras correspondientes a momentos coloniales (cruces, calvarios, iglesias, antropomorfos, equino) y las restantes a tiempos republicanos (posibles marcas de ganado). Si bien no nos vamos a detener en un análisis minucioso del arte, sí es significativo en este texto el tipo de vínculo que se establece con las estructuras y cómo es indisociable de la construcción de la interioridad que venimos tratando.

Figura 20. Fotografía y calco de dos conjuntos de arte rupestre (camélidos y coito), en el interior de la estructura LIC-B-I-04.

Figure 20. Photograph and carbon copy of cave art (camelids and coitus), inside the LIC-B-I-04 structure.

Figuras 21 y 22. Fotografía y calco de un conjunto de camélidos ejecutados en la cara interna de una estructura (LIC-D-XI-03).

Figures 21 and 22. Photograph and carbon copy of a herd of camelids on the interior side of structure (LIC-D-XI-03).

Podemos encuadrar los distintos casos en cuatro situaciones posibles en relación con la ubicación de las representaciones: (a) por fuera de las estructuras chullparias pero dentro del alero; (b) dentro de las estructuras, sobre la pared rocosa; (c) dentro de las estructuras, en la caja muraria; (d) cubiertas parcialmente por la caja muraria. Cada una de estas situaciones tiene distintas implicancias respecto de la visibilidad, accesibilidad y destinatarios posibles. En la situación (a) los conjuntos de arte están vinculados con el agrupamiento en general y a la interioridad de los aleros, considerando que estos estaban completamente cerrados por un muro. Es decir, ninguno de estos conjuntos se encuentra por fuera de los espacios delimitados por estos muros de cerramiento. En este sentido, estas manifestaciones plásticas ingresarían en las mismas lógicas que definen la interioridad en estos dos aleros, y se encuentra también, de alguna manera, encerrado y contenido. En cierto modo, los casos más interesantes para este trabajo son aquellos en los que las manifestaciones plásticas están dentro de las estructuras chullparias (casos b y c). Una primera cuestión a considerar se refiere a la temporalidad, siendo que el arte debería ser anterior o contemporáneo a la elevación de las estructuras. En este sentido, las pinturas ya habrían existido en las paredes de los aleros y se habrían incorporado a la espacialidad y significación de las estructuras. Lo interesante de esto es que el arte pasa a formar parte de la construcción de esa interioridad chullparia, en conjunto con las operaciones de "sellado" y unificación de las superficies.

De alguna manera, estos conjuntos presentan una doble envolvente, estando contenidos primero por la caja muraria de la estructura y luego por el muro de cerramiento del alero (fig. 23). Esta vinculación estrecha entre las estructuras y su arte nos permite pensar en el (los) destinatario(s) de estas expresiones plásticas. Si estas estructuras estaban completamente cerradas e incluso con las tapas en las aberturas, los conjuntos en el interior no eran, en principio, visibles para las personas que se acercaban a estos agrupamientos. Al respecto cabe hacer al menos dos observaciones. La primera es que pareciera que el destinatario directo de este arte no sería otro que el (los) ancestro(s). La segunda observación se refiere a que la vinculación de las personas con estas pinturas se daría en situaciones rituales específicas, cuando las tapas eran retiradas.

Figura 23. Relaciones entre el arte y una de las estructuras chullparias en Licante.

Figure 23. Relationships between art and one of the Chullparian structures in Licante.

Figura 24. Alero 2, en Licante. Nótese cómo el muro perimetral, semiderrumbado, con el ingreso orientado al norte, conforma una primera envolvente, a la que se suma la de cada estructura chullparia en sí misma.

Figure 24. Rock shelter 2 in Licante, Notice how a semi-collapsed perimeter wall (with an entrance facing north) establishes a first surrounding wall, which is added to the Chullparian structures' themselves.

Discusión: Texturas, relaciones y sentidos

A partir del estudio realizado es posible observar una recurrencia en ciertas decisiones constructivas. Como ya hemos consignado, el 78% de los casos muestra un contraste entre interiores y exteriores a partir de diferentes usos del barro en las juntas. En el mismo sentido apunta el sellado de grietas, la carga con material en las uniones de los muros y el tratamiento dado a las piedras en cuanto a la disposición de sus caras planas. Dentro de la bibliografía disponible sobre estructuras chullparias, no se han realizado demasiadas descripciones pormenorizadas que permitan establecer un marco comparativo que nos brinde más información. En todo caso, Nielsen (2010: 336) hizo referencia a los interiores de las chullpas de Lípez (Bolivia), indicando que en estos "las juntas entre las piedras han sido rellenadas con barro, que a menudo retiene rastros de dedos o impresiones de tejido, aparentemente empleados para su aplicación". Si bien no establece explícitamente la comparación con las caras exteriores, lo que describe se asemeja a lo que hemos referido más arriba para nuestro caso de estudio. Por su parte, Gil García (2010) llamó la atención sobre la existencia de interioridades y exterioridades en las chullpas, aunque sin detenerse en las implicancias que esto podía tener en la arquitectura misma. En su trabajo reflexiona sobre las distintas acciones rituales llevadas a cabo en el interior y el exterior y en la forma en que los antepasados podían vincularse con los humanos.

Antes de avanzar, no podemos dejar de observar que esta relación contrastada entre el interior y exterior está mediada por el rol que le cabe a la abertura. En términos constructivos, las características de las aberturas por el tratamiento del barro y las piedras en las jambas, dinteles y umbrales, se corresponden con la interioridad15. Ciertamente estas "puertas" permitirían una comunicación entre el exterior y el interior, relacionando ambos mundos. Sin embargo, debemos notar que se habría tratado de una vinculación controlada, en relación con el uso de las tapas de piedra que cubrían las aberturas. Estos objetos habrían actuado como un límite circunstancial, que podía retirarse o colocarse, habilitando o restringiendo la interacción interior/exterior.

Retomando la caracterización de las estructuras en Coranzulí, las tendencias en los gestos técnicos que hemos mostrado en los párrafos anteriores ponen en evidencia decisiones intencionadas. Es decir, habría existido una voluntad de lograr esos efectos. Es importante observar que el relieve o la textura de los muros al exterior no es una consecuencia de las decisiones de la interioridad, sino que en ambos casos implica búsquedas explícitas. De la misma manera, esta diferencia de texturas no debe confundirnos y suponer que los tratamientos alisados en el interior implicaban una mayor preocupación que aquellos de los exteriores. Por el contrario, las evidencias muestran que en ambos casos hay un trabajo detallado para obtener las texturas esperadas.

Si consideramos que estos tratamientos implicaron decisiones explícitas, cabe que nos preguntemos sobre los sentidos que pudieron haber estado presentes en la construcción de una interioridad y una exterioridad con rasgos específicos. Distintos autores, como ya adelantamos, han llamado la atención sobre la existencia de un vínculo directo entre las estructuras chullparias y los ancestros. Hemos hecho referencia en la introducción a la propuesta de Nielsen (2010) respecto de que las estructuras chullparias se constituían como corporizaciones de los ancestros, de tal manera que habrían tenido las mismas capacidades que estos. Si partimos de esta premisa, las decisiones técnicas involucradas en la construcción de una chullpa, incluyendo estos tratamientos de interiores y exteriores, deberían poder informarnos sobre los sentidos de la ancestralidad.

Un camino para la interpretación de los sentidos que pudieron haber estado presentes en la construcción de estas estructuras es recuperar algunos aportes que se han hecho desde la etnografía y etnohistoria andinas. Estas asociaciones deben tratarse con precaución, debido a las distancias temporales y espaciales que existen con nuestro caso de estudio. Sin embargo, no se trata de proponer un paralelo directo, pero sí de reconocer ciertas lecturas que nos pueden estimular para encontrar nuevas miradas sobre este tipo de arquitecturas, a partir, además, del trabajo sobre distintos registros.

Un primer paso en este recorrido surge de ciertos términos aymaras que remiten a la idea de "belleza", como ha llamado la atención y estudiado Cereceda:

[...] Thupatha, como verbo, traduce la idea de 'limar', 'acepillar', 'pulir', y lluncutha repite esos mismos significados, agregando la idea de 'bruñir'. Parecen así completar lo sugerido por el término sulata, citado también en la lista a partir de 'hermoso', en castellano: sulatha es 'enlucir', 'allanar', sulapampa, un llano 'sin cerrillos'. ¿Pulido y bruñido son una simple metáfora para evocar la tersura de una piel? ¿O se trata de una relación más compleja donde la belleza de una persona es comparada al trabajo bien terminado, al trabajo perfecto? [...] (Cereceda 1987:136, resaltado en el original).

Sin abordar todo el desarrollo propuesto por Cereceda en relación con una idea de "belleza" dentro de una "estética andina", lo que nos importa aquí es la centralidad que se les otorga a las terminaciones dadas a los objetos, en relación con determinados procedimientos y gestos técnicos. Bruñir, limar o allanar para lograr algún tipo de textura relacionada con ciertos sentidos, nos pueden remitir al análisis que hemos realizado de los tratamientos dados al barro y a las piedras en las estructuras chullparias. Estos tratamientos nos muestran una búsqueda deliberada en las expresiones en una cara y otra, que a su vez podemos asociar con determinadas lecturas de carácter más sensible. Mientras que el interior se presenta como uniforme, continuo, sin aristas y sellado, el exterior, en cambio, se propone como anguloso y discontinuo. En la misma línea, el barro, con mayor visibilidad en el interior, podemos asociarlo con lo húmedo, blando, cálido y suave, en contraste con la frialdad, la dureza, la sequedad y lo quebrado propio de la expresividad de la piedra que predomina en el exterior.

Este tipo de relaciones de carácter sensible ha sido referida para otras situaciones en los Andes. Platt, en relación con las características de lo femenino y lo masculino, recuperó el trabajo de Bouysse-Cassagne (1987), diciendo que "La fuerza suave, líquida y lacustre de las mujeres, que se opone al carácter duro, pétreo y montañoso atribuido a los hombres, es bien conocida por la clasificación dual de las federaciones aymaras prehispánicas en uma y urqu" (Platt 2002: 136).

En cuanto a los términos aymaras uma y urqu, el propio Platt (1987: 67) ya los había referido, asociando directamente el primero con lo tierno, líquido, suave y femenino, mientras que urqu lo relaciona con lo duro, sólido, áspero y masculino. A propósito de nuestros intereses, no deja de ser sugestivo que, de acuerdo con Bertonio (2008 [1612]: 375), Umachatha, significaba "Hazer que el barro o la maçamorra este liquida", que nos remitiría al tratamiento con barro en el interior de las estructuras. En todo caso, lo que estamos planteando es una potencial asociación del interior de las estructuras chullparias con conceptos más propios de lo femenino, y del exterior con lo masculino, como parte de un espacio relacional. Esto, de hecho, se vincula con ciertas propiedades asociadas con los ancestros, como veremos más adelante. Podemos incluso aventurarnos un poco más y vincular este mismo contraste con la condición cavernosa y cerrada del interior chullpario, entonces femenino, en el sentido de las "oquedades uterinas" referidas por Martínez (1983), frente a la morfología general exterior, que remitiría a lo masculino. Esta integración de lo femenino y lo masculino en las estructuras chullparias es significativa en un contexto donde, como lo propuso Harris (1983: 140), "el paralelismo y complementariedad general entre los sexos" son característicos en las sociedades andinas.

Estas tensiones entre condiciones diferentes, también fueron señaladas por Bugallo (2014) en relación con la significación de los términos chuño y yusca en la puna argentina. Mientras que yusca es lo liso, pulido, bruñido y resbaladizo, chuño se refiere a la deshidratación de los tubérculos que, al quitarles el líquido, se arrugan. Tal como lo propone, estos términos no deberían ser comprendidos como opuestos, sino más bien dentro de cadenas de transformación. Es significativo que son yusca, es decir, lisas y pulidas, ciertas piedras que se colocaban en los costales de harina para que esta no se acabe, para que dure (Bugallo 2014). Esta condición compacta y lisa de las piedras remite a un grano que está cerrado, y se entiende que las bolsas deben ser como estas piedras, bien cerradas para que nada se escape (Bugallo 2014). La cuestión de lo cerrado y lo envuelto en los Andes, es precisamente lo que nos proponemos considerar ahora, a partir de las características de las estructuras chullparias.

Lo cerrado, lo sellado y lo envuelto

Efectivamente, los usos del barro en los interiores de las estructuras nos brindan algunos elementos adicionales para ampliar las reflexiones sobre los posibles sentidos de estas arquitecturas, para observar cómo las decisiones técnicas llevan a que todo deba estar cerrado y sellado. Por un lado tenemos cómo las juntas al ras cierran los espacios entre las piedras en el aparejo del muro. También hemos referido el modo en que se carga de material de una manera especial los diferentes encuentros entre el muro y las paredes rocosas en las que se adosa. Desde la morfología general, la conformación semicircular brinda una envolvente continua a ese interior, definiendo una cámara. Sin embargo, el encuentro con la pared rocosa puede verse como un punto crítico en esta continuidad. Visto de esta manera, puede comprenderse la decisión de adicionar aún más barro en estos encuentros. Incluso más significativa se presenta la decisión de sellar con barro los intersticios y fisuras de la pared rocosa. En principio, estas acciones de "sellar" el interior parecieran estar vinculadas con que no se "escape" lo que está o estuvo adentro, más que con evitar un ingreso desde afuera.

Desde la etnografía se han registrado diversas acciones que podrían dar pistas para profundizar en los sentidos de lo sellado y cerrado. Ricard Lanata (2007), en su trabajo sobre la religiosidad de los pastores del Ausangate (Perú), registró en una entrevista lo siguiente: "Para que el Ausangate no retire este animu, se sellan los costales de alimento, transportados a lomo de llama, con una arcilla -taku-, que impide al animu escaparse" (2007: 80, resaltado en el original). Bugallo (2012), por su parte, en sus investigaciones en la puna de Jujuy y quebrada de Humahuaca, indagó acerca de la idea de lo "lleno", en relación con el almacenamiento de los alimentos. Allí articuló explícitamente lo "lleno" y lo "completo" con aquello que tiene que estar "cerrado", para que no se escape el ánimu de los alimentos. Al respecto, Bugallo y Vilca (2011) observaron que "el ánimu es quien provee vitalidad, crecimiento, permanencia a la dimensión afectiva y espiritual, y por ende al cuerpo material. Si bien dota de vitalidad, también puede ser muy endeble y susceptible de abandonar el cuerpo" (Bugallo & Vilca 2011: 23). Se trata, entonces, "de 'cuidar' el ánimu a través de una serie de tecnologías materiales y simbólicas. 'Cerrar' los cuerpos, a fin de que el ánimu no sea 'agarrado', 'soplado' por alguna de sus aberturas" (Bugallo & Vilca 2011: 24).

La cuestión de lo "cerrado" y de lo "sellado" ha sido observada también en relación con los textiles. Así, Arnold (2007) marcó la importancia de los bordes sosteniendo que "si el pulu está terminado completamente, entonces se dice que el textil está 'bordeado' y 'asegurado' (sawukipata) y que las hebras no pueden soltarse. De manera análoga, los productos agrícolas no pueden soltarse del tejido-depósito, tampoco las wawas de la barriga de la mujer" (Arnold 2007: 62). Lo que nos interesa reconocer es que la idea de lo "cerrado", y el "sellado", tapando los agujeros o grietas, atraviesa distintos registros e instancias. Esta acción de cerrar sería válida para las personas, las casas, los alimentos o los animales.

Esta definición de lo cerrado, en cierto modo, potencia la tensión que hemos planteado entre el interior y el exterior de las estructuras, puesto que podemos asociarlos también con lo claro (afuera) y con lo oscuro (adentro). Esto, sugestivamente, ha sido referido en los trabajos de Cereceda (1990, 2010)16 en relación con distintos registros, particularmente en textiles y relatos, indicando que lo claro se vincula generalmente con lo masculino y lo oscuro con lo femenino. En todo caso, Cereceda observa que estos conceptos tienen una cierta ambigüedad y que "son problemas de lectura social más que de realidad del contraste entre unos y otros" (Cereceda 2010: 198). Esta es una aclaración que debemos hacer extensiva a las consideraciones mismas que hemos realizado sobre las texturas chullparias, puesto que no se trata de definir posiciones fijas, sino más bien de condiciones que surgen en la relación misma, en nuestro caso, entre interiores y exteriores.

Asociada con la idea de lo "cerrado" también está presente aquella de lo "envuelto". La definición de chullpa brindada por Bertonio refiere: "Entierro o feron donde metian sus defuntos" (Bertonio 2008 [1612]: 92). La observación de Jiménez de la Espada (en Cobo 1893 [1653]) sobre la crónica de Cobo, apuntaba a que el término chullpa remitía a los tejidos de paja que se utilizaban para envolver los cuerpos. La idea de "envolver" en los Andes atraviesa distintos ámbitos, siendo que, por ejemplo, las ollas "envuelven" la comida, las mujeres "envuelven" a los animales en grasa, los sacos y costales "envuelven" y resguardan las reservas (Pazzarelli 2011). A su vez, Platt subrayó una relación interesante entre los ancestros y los bebés recién nacidos cuando son envueltos en una faja: "La forma del bebé se vuelve rígida, finalmente, al envolverlo con una faja (waltha chumpi), transformándolo en una pequeña y tiesa momia de fertilidad, que recuerda la forma inerte del Chullpa ancestral al que reencarna" (Platt 2002: 144). En este vínculo Platt asoció la forma que adquiere el bebé, con aquella de los restos chullpa, también envueltos en textiles y colocados en posición fetal dentro de las chullpas. En términos generales, esta idea de "envolver" aparece reiteradamente asociada con la fertilidad, con un poder genésico, cuestión que, en definitiva, está íntimamente vinculada con los ancestros.

 

Consideraciones finales

El análisis que hemos buscado desarrollar a lo largo del texto se ha centrado en cómo, desde la materialidad arquitectónica, se construyen, literalmente, conceptos significativos respecto de las condiciones de los ancestros en los Andes, y sus vínculos con las personas. En cuanto a esto, cabe una primera consideración de orden metodológico respecto de la potencialidad de información que ofrece este tipo de registro arquitectónico visto desde los gestos y las decisiones técnicas mismas. Como lo hemos venido planteando, los saberes técnicos se definen socialmente y están imbricados en los sentidos que atraviesan otros aspectos de la vida de las personas. De esta manera, a través de las técnicas empleadas se están reforzando o creando determinados sentidos. Cabe insistir en que las decisiones involucradas en la materialización de las estructuras no están simplemente representando características de los ancestros, sino que participan en la construcción y producción de estos, como entidades significativas para las sociedades andinas.

Las distintas referencias que hemos recorrido en las últimas páginas nos han aproximado a posibles lecturas, nos han abierto nuevas preguntas, sobre algunos de los sentidos que podrían haber estado asociados con estas arquitecturas. Es significativo que las reflexiones acerca de la condición de lo cerrado y envuelto, e incluso de las tensiones interior-exterior, nos acercan de distintas maneras a las agencias que habrían tenido los ancestros. Como propuso Lau (2008: 1032, traducción propia), "los antepasados vinculan estrechamente a los grupos con sus tierras y su fertilidad". El culto a los ancestros se constituye como una forma de legitimación del vínculo de los descendientes con sus tierras y sus recursos, al tiempo que favorecen la reproducción y multiplicación de estos.

Los ancestros son, entonces, propiciadores de la fecundidad del grupo por medio de un intercambio en que los descendientes le brindan sus ofrendas a estos y a cambio esperan recibir sus favores. Lo que se está sosteniendo es la memoria de estos ancestros que estabiliza y refuerza los vínculos dentro de la comunidad y legitima la presencia del grupo en su territorio (Lau 2008). Hemos buscado proponer que las condiciones diferenciales en los tratamientos de interiores-exteriores, en términos de distintos tipos de juntas, terminaciones o disposición de las piedras, presentan ciertos paralelos con los tratamientos presentes en otras materialidades, pero también con determinados conceptos complementarios, como uma y urqu, que han sido registrados desde la etnohistoria y la etnografía. Aunque no podamos plantearlo en una relación directa, es al menos significativo que las diferentes texturas que ponen en tensión lo liso con lo rugoso, como lo hemos registrado en las estructuras chullparias, a su vez tienden a vincularlo con lo femenino y lo masculino, y a su vez con diferentes dimensiones de la fertilidad, cuya propiciación es uno de los roles asignados a los ancestros.

Lo propio podríamos considerar respecto de las ideas de lo envuelto y lo cerrado, también presentes en las estructuras como lo hemos indicado, y que aparecen reiteradamente en distintos registros asociados con la protección de aquello que no debe escaparse o salirse y, nuevamente, con el cuidado de la fertilidad.

Si bien el arte rupestre presente en algunos agrupamientos es anterior a la elevación de las estructuras, lo cierto es que estas lo incorporan al discurso arquitectónico. En este marco no podemos dejar de observar que los motivos presentes incluyen múltiples escenas de coitos y agrupamientos de camélidos (entre otros motivos), que podríamos asociar también con la propiciación de la fertilidad y el multiplico. En este sentido, en la articulación entre estas estructuras arquitectónicas y las expresiones plásticas se "tejen" distintos conceptos. En estos se ponen en juego aspectos importantes de la organización social, especialmente el rol de los ancestros como agentes activos para la reproducción tanto en términos productivos como sociales.

 

Notas

1 Los trabajos de investigación se realizaron gracias a dos becas doctorales del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (CONICET) y a un Proyecto de Investigación del Instituto Interdisciplinario Tilcara (FFyL, UBA). Quisiera también agradecer las sugerencias de los tres evaluadores anónimos, que ayudaron a mejorar este artículo.

2 Encarar una definición de chullpa, o de estructura chullparia, no es una tarea sencilla puesto que se suele incluir bajo este término una significativa variedad de formas arquitectónicas. En principio, es posible plantear que se trata de construcciones de carácter funerario características del período de Desarrollos Regionales en ciertas áreas de los Andes, aunque se habrían continuado construyendo con posterioridad, incluso en momentos coloniales. Si bien, en muchos de los casos registrados en distintos puntos de los Andes estas estructuras actuaron como lugares de entierro, es necesario considerar la posibilidad de que esto no haya ocurrido en todas. En este sentido, la ausencia de restos humanos, tal como lo planteó Isbell (1997), no debería ser un motivo para dejar de identificar a una chullpa como tal. Lo que sí ha sido enfatizado es la existencia de una relación estrecha entre estas estructuras y el sostenimiento del culto a los ancestros, a través de la realización de diferentes rituales periódicos, que podían implicar la presentación de ofrendas de distinta índole. Es así que entendemos que las estructuras chullparias no pueden ser comprendidas por fuera del lugar que tuvieron los ancestros para las poblaciones andinas.

3 Los tres sitios fueron registrados a partir de las prospecciones realizadas en esta investigación. En el caso particular de Canalita, existía una referencia de Fernández Distel (2007), quien lo denominó como Agua Delgada.

4 Hemos encarado un estudio exhaustivo de estas estructuras en nuestra tesis doctoral (Rivet 2013b).

5 En ninguna de las estructuras estudiadas en Coranzulí hemos registrado restos humanos, aunque cabe señalar que no se realizaron excavaciones en el marco de los agrupamientos chullparios. Diferentes testimonios de personas de la comunidad apuntan a que ellos sí han observado cuerpos en el interior de las estructuras en ciertos parajes cercanos.

6 Estos fechados son congruentes con las referencias bibliográficas para otros sitios chullparios andinos (ver, por ejemplo, Kesseli & Pärssinen 2005). Las muestras consistieron en fragmentos de gramíneas recuperados de la argamasa de barro de las estructuras, por lo que la datación correspondería al momento de la construcción.

7 Al hablar de gestos técnicos nos estamos refiriendo al conjunto de acciones que lleva adelante, en este caso, el constructor en el marco de una determinada técnica, en pos de obtener ciertos resultados específicos, por ejemplo en los revoques. Los gestos involucran determinadas herramientas, el modo en que se las usa, el conocimiento de los procedimientos y los movimientos corporales que se despliegan (ver también Lemonnier 1992).

8 Como ya lo hemos adelantado, hasta el momento no hemos realizado excavaciones arqueológicas, ni en el interior ni en el exterior de las estructuras. Esta decisión ha surgido de un acuerdo con las comunidades locales y las familias titulares de estos territorios, en relación con la significación que estas estructuras tienen hoy en día.

9 El resto de las estructuras presentan deterioros puntuales, o derrumbes parciales o totales, que hacen imposible el análisis de sus muros (ver Rivet 2013b).

10 Este material vegetal es el que hemos utilizado para datar la construcción de las estructuras (Rivet 2013b).

11 Como hemos señalado, la mayoría de las estructuras se encuentra protegida por salientes rocosas o, incluso, aleros. Por esta razón no es posible explicar la diferencia de texturas en las caras exteriores simplemente por factores meteorológicos. La existencia de marcas de dedos, a la que nos referimos más atrás, es una evidencia de esto.

12 Como parte del relevamiento realizado, cada estructura se identificó con un código único. Este código se compone de la siguiente manera: la primera sigla corresponde al sitio; en el caso de Licante, la letra mayúscula siguiente consigna el sector del sitio; el número romano designa el agrupamiento; y el número latino a la estructura chullparia. Por ejemplo, LIC-B-I-01 significa, LIC: Licante, B: Sector, I: número de agrupamiento, 01: número de chullpa. Hemos decidido incluir el código en este trabajo para facilitar la identificación de las estructuras entre distintos textos.

13 Cabe indicar que solo hemos registrado 18 estructuras con planta rectangular o subrectangular, en el total de la muestra.

14 Esta estructura ofrece múltiples dimensiones de análisis, por fuera de lo que aquí estamos señalando. En particular en relación con ciertas reminiscencias eclesiásticas que se reconocen en su arquitectura, junto con la presencia de grabados con iconografía cristiana que se observan en sus muros. Nos hemos referido a esto con más detalle en Rivet (2013a).

15 Esto sería congruente con lo que venimos planteando, puesto que las tapas parecieran haber estado ubicadas exteriormente, selladas con barro. De esta manera, la abertura quedaba hacia adentro, sin una expresión exterior por fuera de la tapa misma.

16 Ver también el trabajo de Berenguer y Martínez (1986).

 

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Recibido: julio de 2014; Aceptado: septiembre de 2014.

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