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Psicoperspectivas

versión On-line ISSN 0718-6924

Psicoperspectivas vol.12 no.2 Valparaíso jun. 2013

http://dx.doi.org/10.5027/psicoperspectivas-Vol12-Issue2-fulltext-260 

Psicoperspectivas. Individuo y Sociedad, Vol. 12, No. 2 (2013) Págs.: 38-50

ARTICULO

¿Por qué se participa? Explicando la protesta social regionalista a partir de dos modelos psicosociales*

 

Why participate? Explaining regionalist social protest from two psychosocial models

 

Rodrigo Asún1, Claudia Zúñiga1

1Universidad de Chile, Chile


Dirección para Correspondencia


RESUMEN

El objetivo de esta investigación fue determinar la capacidad de los Modelos de Identidad Social Movilizada (MISM) y de Motivos Psicosociales (MMP) para explicar la participación en acciones de protesta social regionalista en Chile. Se aplicó una encuesta a una muestra representativa de 1200 personas mayores de 18 años de cuatro regiones del país. Los resultados de los análisis de regresión lineal múltiple indicaron que el MMP tiene mayor capacidad predictiva que el MISM (36% versus 4.9% de la varianza explicada). En el MMP son especialmente relevantes los motivos de objetivo y los motivos sociales. La identificación con la región no permite predecir la participación en protestas regionalistas, a diferencia del valor subjetivo otorgado a los objetivos de la movilización que aparece altamente asociado a la participación en ésta. Se discute la importancia del estudio de las redes sociales primarias para explicar la conducta de protesta social.

Palabras clave: equidad, acceso, adaptación, representaciones sociales, universidad


ABSTRACT

The objective of present study was to assess the capability of the Social Identity Model (MISM) and of the Psychosocial Motives Model (MMP) to explain participation in regionalist social protests in Chile. We applied a survey in a representative sample of 1200 subjects over 18 years old living in four regions of the country. Results from multiple linear regression analyses revealed that MMP has a greater predictive capability than MISM (it explains 36% versus 4.9% of the variance). In MMP the "objective" and "social” motives are particularly relevant. Identification with the region does not predict participation in regionalist protests, in contrast to the value given to the objectives of the mobilization, which shows up as highly associated with them. The importance of studying primary social networks to explain social protest behavior is discussed.

Keywords: social movements, social protest, social identity, psychosocial motives, regionalism


Introducción

La emergencia más o menos frecuente de movilizaciones y protestas sociales forma parte del proceso político “normal” de casi cualquier sociedad que brinde los suficientes espacios de libertad como para no hacer inviable este tipo de comportamientos. Por ello, ha llegado a ser un elemento característico de las actuales democracias (Norris, 2002). Al tiempo que las formas tradicionales de participación política –participación electoral, militancia partidista, involucramiento en campañas, etc.– parecen irse debilitando (Putman, 2000), la protesta social pareciera haberse convertido en parte del repertorio de estrategias con las que cuentan los ciudadanos para demandar cambios políticos, expresar su molestia o explicitar sus preferencias (Norris, 2002). Hasta hace poco tiempo, la participación en protestas políticas estaba confinada a algunos segmentos específicos de la población, como estudiantes o trabajadores. Hoy en día, en cambio, pareciera convocar a todo tipo de ciudadanos (Walgrave, 2007).

Esta expansión de la protesta como forma de acción política, ha aumentado la relevancia de su estudio científico. En este marco, uno de los abordajes más interesantes desarrollados por la psicología social ha consistido en proponer y poner a prueba diversos modelos teóricos que intentan explicar porqué las personas se comprometen y participan en dichas acciones colectivas.

Sin embargo, la participación en protestas sociales constituye un fenómeno multifacético que podría ser explicado a partir de variables de diversa naturaleza. Por ello, no es extraño que existan numerosos modelos explicativos que tienen un éxito diferencial al predecir la participación en distintos tipos de movimientos. En este artículo estudiaremos la capacidad predictiva de dos de los modelos que más investigación empírica han generado y que, en otros contextos, han obtenido prometedores resultados en diversos tipos de movimientos sociales: el Modelo de Identidad Social Movilizada (MISM) y el Modelo de Motivos Psicosociales (MMP)1.

Aplicaremos estos modelos al estudio de la participación individual en acciones de protesta de carácter regionalista en distintas regiones chilenas. Sin embargo, dada la versatilidad de ambos, los resultados obtenidos podrían ser empleados como pistas para comprender la participación ciudadana en movimientos sociales de muy distinta naturaleza.

Los Movimientos Sociales Regionalistas en Chile

Un movimiento social puede definirse como una acción colectiva voluntaria y concertada, articulada en torno a una causa o reivindicación, que define un adversario frente al cual se posiciona y una situación que se desea modificar (Neveu, 2002), aunque algunos autores plantean que un movimiento social no siempre desea modificar una situación y a veces sólo busca expresar un malestar (Contreras-Ibáñez, Everardo y García, 2005). En cualquier caso, un movimiento social se materializa en un conjunto de “acciones de protesta” que tienen por finalidad, tanto presionar al adversario o sistema político vigente, como organizar y aleccionar al propio grupo. Estas acciones tienden a no limitarse a los causes institucionales o “convencionales” para hacer política, sino que habitualmente se extienden a la llamada participación política “no convencional” (Valencia, 1990), dentro de la cual se encuentran los boicots, las manifestaciones no autorizadas, la ocupación de edificios o vías de comunicación, entre otras. Ello implica que los movimientos sociales no se restringen necesariamente a los límites legales para hacer política, e incluso pueden involucrar mayores o menores niveles de violencia contra propiedades o personas (Fernández y Rojas-Tejada, 2003).

A lo largo de su historia, Chile no se ha caracterizado por la presencia de movimientos regionalistas continuos y consistentes, posiblemente debido a que el país se conformó como estado unitario muy tempranamente, luego de la derrota de embrionarios movimientos localistas (Salazar, 2005), y a que sus actuales regiones se generaron por vía administrativa, sin que sus límites fueran necesariamente coherentes con una historia y cultura comunes (Raczynski y Serrano, 2001).

Pese a lo anterior, estudios recientes muestran que los chilenos manifiestan niveles relativamente altos de identificación con sus regiones (Asún y Zúñiga, 2013; Molina, 2011; Zúñiga y Asún, 2010) y, quizá en concordancia con ello, se ha observado un aumento notable de las protestas de carácter regionalista y/o territorial en los últimos años. Dos de los ejemplos de mayor alcance e impacto son los movimientos de Magallanes, en el año 2011 (Vidal, 2011) y Aysén, en el 2012 (Pinto, 2012), acciones que podrían ser un indicio del desarrollo de movimientos sociales regionalistas de mayor entidad y permanencia.

Estudiar los movimientos de protesta regionalista con las herramientas que nos brinda la psicología social, constituye una interesante oportunidad, pues implica comenzar a posicionar a las ciencias sociales en un debate hasta ahora prácticamente hegemonizado por los enfoques políticos y periodísticos.

Aproximaciones Psicosociales a la Participación en Movimientos Sociales

Predecir la participación de las personas en movilizaciones sociales es una tarea compleja, pues se trata de explicar una conducta que puede tener diferentes estructuras causales según el tipo de sujeto, el contexto y el tipo de específico de participación que se desee explicar. De esta manera, los modelos o teorías que aspiran a explicar la implicación de los líderes y/o militantes del movimiento –por ejemplo, el Modelo de Movilización de Recursos (McCarthy y Zald, 2001) o la Sociología de la Militancia (McAdam, 1988) – apelan a variables y mecanismos distintos de aquellos que buscan explicar la implicación de los participantes en actividades específicas de protesta. En esta investigación pondremos el foco exclusivamente en el segundo tipo de modelo, pero incluso en este campo es necesario hacer distinciones: la evidencia previa indica que no es lo mismo explicar formas de participación que implican un involucramiento y riesgo limitado (como puede ser firmar una petición o asistir a una manifestación), que el participar en acciones más arriesgadas, violentas o contrarias a la legalidad (Rodríguez, Sabucedo y Costa, 1993).

Sin embargo, esta complejidad implicada en el estudio de la conducta de protesta colectiva, no ha impedido que especialmente desde la ciencia política, la sociología y la psicología social se hayan construido numerosos modelos que pretenden explicarla. La sociología ha puesto el acento principalmente en identificar aquellas variables sociodemográficas más asociadas a la disposición a participar (usualmente el sexo, la edad, la etnia, la adscripción religiosa y el nivel socioeconómico), tal como se observa en numerosos estudios recientes (Martínez, 2005; McVeigh y Sikkink, 2001; Schussman y Soule, 2005), y en estudiar el efecto de la pertenencia a organizaciones o redes sociales como facilitadoras y motivadoras de la conducta colectiva (Fisher, Stanley, Berman y Neff, 2005; Kitts, 2000; Passy, 2001). La ciencia política en cambio, ha buscado principalmente determinar si la ideología, la información o el interés por la política tienen la capacidad de explicar el involucramiento de las personas en protestas colectivas (Dalton, 2006; Verba, Burns y Schlozman, 1997).

El enfoque psicosocial por su parte, tiene su origen en la búsqueda de variables de nivel meso y micro social que permitan distinguir a participantes y no participantes, entre personas con iguales posiciones estructurales o funcionales en la sociedad. Frente a este desafío, la psicología social propone tomar en consideración aspectos cognitivos, afectivos, motivacionales y relacionales de las personas (Klandermans y Van Stekelenburg, 2007).

Dentro de este marco común del enfoque psicosocial, también ha surgido una amplia diversidad de modelos que han pretendido explicar la participación de las personas en acciones de protesta colectiva. Es interesante notar que estas teorías muestran una amplia variación respecto de las variables que se suponen asociadas a la movilización colectiva y al significado de ésta. Así por ejemplo, la Teoría de la Sociedad de Masas (Le Bon, 1895/2000) propone que los movimientos colectivos son producto del relajamiento de las normas y el control social colectivo, propios de las transformaciones sociales aceleradas, por lo que quienes participan en protestas son quienes experimentan con más fuerza dicha desorientación social y normativa. En consecuencia, desde esta perspectiva se entiende que los movimientos sociales son esencialmente la expresión irracional de un estado de vulnerabilidad, confusión y frustración. La Teoría de la Elección Racional (Olson, 1971/1992), por el contrario, supone que la participación social es producto de un cálculo racional, en que las personas calculan –inconscientemente– los costos y beneficios de involucrarse en una acción colectiva, y deciden comprometerse si los beneficios que obtienen con esta conducta son mayores que los costos que implica participar (tiempo, dinero, riesgos, entre otros).

Dentro de este conjunto heterogéneo de aproximaciones teóricas, dos se han destacado por su progresiva sofisticación y desarrollo, capacidad explicativa y utilización reciente en la investigación empírica, por lo que se puede sostener que constituyen programas de investigación en desarrollo: el Modelo de Identidad Social Movilizada (MISM) y el Modelo de Motivos Psicosociales (MMP).

El MISM tiene su origen en la Teoría de la Identidad Social (Tajfel, 1984), que sostiene la relevancia que tiene para el sujeto y sus relaciones interpersonales aquella parte de su autoconcepto que se deriva de su pertenencia a determinados grupos sociales. De esta forma, aquellas personas que tienen una fuerte identificación con un grupo tienden a asumir las normas y pautas de conducta que atribuyen a su grupo y considerarse prototípicas de un endogrupo homogéneo y distinto a cualquier otro exogrupo. Si bien en un comienzo se consideró que el solo hecho de poseer una alta identidad social implicaba muy probablemente la aparición de conductas colectivas de favoritismo endogrupal y discriminación hacia el exogrupo, se ha comprobado que ello no necesariamente ocurrirá, ni operará igual en todos los tipos de identidades sociales (Scandroglio, López y San José, 2008). Como señala Williams (1984), pueden existir identidades intensas pero pasivas, o como han constatado en nuestro contexto Zúñiga y Asún (2003, 2010), distintas identidades pueden tener relaciones inclusivas entre sí, y esta relación parte-todo puede moderar cualquier animosidad intergrupal.

De este modo, constatar que la alta saliencia de una identidad social no permite predecir por sí sola la aparición de conductas colectivas, llevó al MISM a evolucionar hacia la identificación de los elementos que deben acompañar a una fuerte identidad social para dar pie a la protesta social. Estos serían: a) que los miembros del grupo lo definan como carenciado en algún aspecto crucial; b) que se construya y legitime en el grupo una explicación de esa carencia basada en una situación de injusta desventaja en relación a un determinado exogrupo; y c) que exista un contexto (situación general, líderes adecuados, población comprometida) que permita creer que es posible cambiar la situación del endogrupo. Sabucedo, Durán y Alzate (2010), denominan “movilizadas” a aquellas identidades que poseen estas propiedades.

Por su parte, el MMP tiene su origen en las revisiones críticas que realiza Klandermans (1984) de la Teoría de Elección Racional y la Teoría de Movilización de Recursos. Según este autor, la decisión de participar efectivamente se basa en una elección racional entre costos y beneficios, pero éstos van más allá de los beneficios y costos materiales, pudiendo dividirse en tres tipos:

a) Motivos de objetivo: se refieren a los objetivos explícitos de la movilización y se les denomina también “beneficios colectivos”, pues su logro beneficia por igual a todos los miembros del grupo social, independiente del compromiso que cada persona haya tenido con las acciones del movimiento. Por ejemplo, el éxito de una movilización que promueve el fin de un vertedero irregular, beneficia tanto a quienes invirtieron esfuerzos en su consecución, como a quienes se quedaron en casa. No obstante, el valor de estos beneficios no es constante para todos, pues éstos pueden tener distinta importancia subjetiva. De este modo, la potencialidad explicativa de esta variable depende del valor que cada sujeto le asigna al objetivo del movimiento social, de la estimación que hace respecto a la posibilidad de lograr ese objetivo por medio de una movilización colectiva, de lo legitimo que se considere a la movilización social en general, del impacto que la persona atribuye a su propia participación en la posibilidad de triunfo del movimiento, y de sus expectativas respecto de cuantas personas participarán en las acciones.

b) Motivos sociales: se refiere a los beneficios y costos sociales que el sujeto obtiene por participar, lo que implica determinar cuáles son las probables reacciones de los otros significativos ante la propia participación, la importancia que la persona otorga a esas reacciones, y el grado en que la red de relaciones del sujeto se encuentra involucrada en el movimiento, de manera que participar en éste puede fortalecer dicha red, constituyéndose en un activador de la conducta individual.

c) Motivos de recompensa: denominados también “beneficios y costos selectivos” del movimiento, pues sólo afectan a quienes participan efectivamente en las acciones movilizadoras. Determinarlos empíricamente implica conocer los costos (de tiempo, riesgo o financieros) y beneficios no sociales (autosatisfacción, oportunidades laborales, entre otras posibilidades) que tiene participar en un determinado movimiento social.

Aunque originalmente el núcleo explicativo del MMP se centraba en los motivos de recompensa, pues allí se sitúan los beneficios selectivos materiales que obtenían sólo los involucrados en las acciones, el desarrollo de este modelo llevó a enfatizar cada vez con más fuerza los motivos sociales y de objetivo. Los estudios empíricos desarrollados dentro y fuera de este modelo2  han tendido a mostrar claramente la importancia de las redes sociales en que están inmersos los sujetos para comprender cómo éstos logran o no vencer las “barreras de entrada” que les dificultan la participación en acciones colectivas, cómo incorporan en sus cogniciones interpretaciones de la situación que resultan favorables al movimiento y cómo el nivel de compromiso de las personas depende de las características de su red de relaciones primarias. Por todo ello, este modelo ha tendido a asignar cada vez más importancia a las variables relacionales para explicar la protesta social, las que han sido interpretadas en clave psicosocial como “incentivos sociales” a la participación.

Así, podemos observar que tanto el modelo MISM como el MMP, han tendido a ampliar el abanico de variables que incluyen, nutriéndose de aquellos factores que han resultado relevantes para explicar la conducta de participación en investigaciones realizadas desde otras posiciones teóricas (más bien sociológicas o políticas), como por ejemplo la relevancia de un contexto propicio al cambio, que es clave en la teoría de las oportunidades políticas (Tarrow, 1997), la importancia de la definición de la situación grupal como carenciada, que es central en las teorías de “grievances” (Opp, 1988) o la importancia de las redes sociales para sostener la participación, elemento ya destacado dentro de la “Sociología de la Militancia” (McAdam, 1988).

Tanto el MMP, como algunos componentes del MISM, han sido puestos a prueba empíricamente, logrando importantes niveles de predicción de la participación de las personas en protestas sociales. Así por ejemplo, Valencia (1990) pone a prueba el MMP, el Modelo de Acción Razonada y lo que denomina “Modelo Psicosociológico” en el que integra la intensidad de la identidad regional de los sujetos, mostrando que estas tres aproximaciones explican entre el 47% y el 52% de la varianza de la participación en acciones políticas no convencionales. Por su parte, Rodríguez et al. (1993) agregan al MMP una serie de variables (valores post materiales, ideología, orientación política, entre otros) e intentan determinar si aquellas que explican la participación social moderada son iguales que las que explican la acción radical. Su conclusión señala que es más fácil predecir la acción radical que la moderada y que las variables asociadas a la primera no son las mismas que las relacionadas con la segunda. Confirman este punto Contreras-Ibáñez et al. (2005), pero la varianza que logran explicar es sensiblemente menor: alrededor del 25%. Finalmente, Finkel y Muller (1998), conducen un estudio longitudinal que compara el Modelo de Elección Racional con el MMP en su capacidad de predecir la participación en acciones de protesta ciudadana, constatando que el MMP explica poco más del 20% de la varianza de la participación.

Como se puede apreciar, la evidencia empírica indica que tanto la identidad social como los motivos psicosociales tienen una capacidad importante para explicar la participación ciudadana en movilizaciones sociales, aunque no haya claridad en el grado en que dichas variables inciden. El objetivo del presente estudio por tanto, es generar nueva evidencia empírica acerca de la magnitud de esta relación, por la vía de comparar la capacidad explicativa del MISM frente al MMP en un contexto en el que estos modelos no han sido estudiados anteriormente: la participación en acciones de movilización regionalista en Chile.

Es importante notar que la mayor parte de las investigaciones que han investigado las variables asociadas a la participación de las personas en movimientos sociales, se han realizado en movimientos cuya cohesión es principalmente funcional o ideológica (por ejemplo, movimientos ecologistas, pacifistas, laborales, estudiantiles o políticos). Por ello, un aporte teórico del presente estudio es aplicar los dos modelos estudiados en movimientos con anclaje territorial, como son las movilizaciones regionalistas, que potencialmente tienen la posibilidad de convocar a sujetos más heterogéneos que otros tipos de movimientos. En la discusión se debatirá el efecto que tuvo el tipo de movimiento estudiado, en la capacidad explicativa de cada uno de los modelos.

Método

Participantes

Utilizando un diseño muestral probabilístico polietápico, durante el año 2011 se encuestó a 1.200 personas mayores de 18 años, de cuatro regiones de Chile (300 sujetos por región): Arica-Parinacota, O’Higgins, Los Ríos y Magallanes. En cada región se realizó el levantamiento de datos en dos ciudades: la capital regional y una ciudad de menos de 20.000 habitantes, de otra provincia de la región, seleccionada a fin de capturar el máximo de heterogeneidad intrarregional. El error muestral del estudio fue 5,7% al interior de cada región y 3% a nivel de las cuatro regiones estudiadas.

Las regiones fueron escogidas intentando reflejar tipos polares de situaciones territoriales en Chile: Arica-Parinacota es una región creada en la última modificación a la división político administrativa del país en el año 2007, se encuentra en el extremo norte del país, muy alejada del centro político nacional, y es frontera con dos países vecinos; Los Ríos también fue creada ese mismo año, producto de demandas ciudadanas, y se encuentra en el centro sur del país; Magallanes en cambio, se conforma al inicio del proceso de regionalización del país en 1974 y se encuentra en el extremo sur del país, con altas dificultades de conectividad con el resto de la nación; mientras que O’Higgins es creada también en 1974, pero se ubica en pleno centro del país, limitando con la capital nacional.

La edad media de los encuestados fue de 43 años, con un rango entre los 18 y los 91 años. El 49.2% de los encuestados fueron hombres y el 50,8% mujeres. Respecto a su actividad principal, la mayor parte declaró realizar trabajos remunerados fuera de casa (56,4%), aunque importantes minorías eran dueñas de casa (21.8%), jubilados (10.3%), estudiantes (7.3%) y cesantes (4.2%). En términos de su condición social, el 4,8% fue clasificado como ABC1; 19,4% C2; 30,6% C3; 33.8% D y 11.4% E. En esta caracterización se puede observar que la muestra no tuvo sesgos apreciables desde el punto de vista sociodemográfico.

Instrumentos

Para medir tanto la participación ya realizada, como la disposición a participar en acciones sociales regionalistas en el futuro, se construyó un set de 22 preguntas referidas a haber realizado (con respuestas “si” y “no”) y estar dispuesto a realizar (con respuestas “si”, “tal vez” y “no”) una serie de acciones de protesta en el contexto de movilizaciones regionalistas (firmar peticiones, solicitar apoyo a una autoridad, votar en plebiscitos, repartir panfletos, participar en marchas, participar en un partido político, hacer rayados en murallas, bloquear calles, tomarse edificios, hacer huelgas de hambre y enfrentarse con la policía).

Un análisis factorial exploratorio implementado con el programa Factor 8.1 (Lorenzo-Seva y Ferrando, 2006) sobre las correlaciones tetracóricas entre ítems (para respetar la naturaleza ordinal de éstos) mostró que, tanto para el caso de las conductas que se declara haber realizado3, como para las que se estaría dispuesto a realizar, la mejor representación de la matriz de relaciones entre las preguntas es una estructura bidimensional, en que se agrupan en un factor las preguntas referidas a los comportamientos menos riesgosos y pacíficos (i.e. firmar petitorios, repartir panfletos) y en una segunda dimensión aquellos más peligrosos y potencialmente violentos (i.e. bloquear calles, enfrentarse a la policía).

En función de ello, se construyeron cuatro índices agrupando las preguntas asociadas a cada dimensión: a) Participación en Conductas Moderadas (PCM); b) Participación en Conductas Radicales (PCR); c) Disposición a Participar en Conductas Moderadas (DPCM); d) Disposición a Participar  en Conductas Radicales (DPCR)4. Finalmente, se construyó un Índice de Participación Total (PT) mediante la suma de los anteriores dividido por cuatro.

Para estudiar el MISM, en primer lugar se midió la magnitud de Identidad regional de los encuestados a través de una versión de 17 ítems de la Escala de Identidad Regional de Zúñiga y Asún (2004) que ha demostrado excelentes propiedades psicométricas, destacando una alta validez y fiabilidad. Adicionalmente se midió:

a) La percepción de carencias en la región a través de un índice sumativo de dos preguntas5 : i) en general, ¿usted diría que la situación de esta región está…? (con cinco alternativas de respuesta, que van desde “mucho mejor que la del resto del país” a “mucho peor que la del resto del país”); ii) esta región está muy bien considerada por los demás chilenos (con cinco alternativas de respuesta desde “muy de acuerdo” a “muy en desacuerdo”).

b) La percepción de que la situación de la región es injusta, medida con un índice sumativo de dos preguntas: i) ¿cuánto cree usted que los problemas que tiene esta región son responsabilidad de los propios habitantes o de las autoridades nacionales (con una escala de autoasignación de 7 puntos donde uno de los extremos es “responsabilidad de los habitantes” y el otro “responsabilidad de las autoridades nacionales”); ii) en comparación con el resto del país, ¿cuánto diría usted que el gobierno central toma en cuenta a esta región? (con cinco alternativas de respuesta desde “nos toma mucho más en cuenta que a otras regiones” a “nos toma mucho menos en cuenta que a otras regiones”).

c) La percepción de un contexto propicio al cambio de la situación regional se midió a través de un índice sumativo de tres preguntas: i) ¿cuán posible es que se hagan los cambios que esta región necesita para mejorar? (con cuatro alternativas de respuesta entre “muy posible” a “imposible”); ii) ¿cuántos habitantes de la región cree usted que estarían dispuestos a participar en acciones para lograr cambios en la región? (con cinco alternativas desde “casi todos” a “casi nadie”); iii) ¿existen líderes regionales que puedan conducir movimientos para mejorar la situación de la región?  (con tres alternativas de respuesta: “si, hay varios líderes”, “si, hay unos pocos líderes” y “no existen líderes”).

Para medir las variables consideradas por el MMP, se construyeron varios índices para cada uno de los tipos de motivos, incorporando en ellos diversas preguntas6. De esta manera, para los motivos de objetivo, los indicadores e índices empleados fueron los siguientes:

a) Índice de relevancia atribuida al objetivo de una movilización social regionalista: se midió a través del grado en que se percibe a la región en un estado de carencia injustamente provocada. Este índice constó de tres preguntas7: i) en general, usted diría que la situación de esta región está…? (pregunta a.i del modelo MISM); ii) ¿cuánto cree usted que los problemas de esta región son responsabilidad de los propios habitantes o de las autoridades nacionales? (pregunta b.i del modelo MISM); iii) en comparación con el resto del país, ¿cuánto diría usted que el gobierno central toma en cuenta a esta región? (pregunta b.ii del modelo MISM).

b) Índice de posibilidad del logro de cambios vía una movilización: que combina dos preguntas: i) ¿cuán posible cree Ud. que se hagan los cambios que esta región necesita para mejorar? (pregunta c.i del modelo MISM); ii) ¿qué cree Ud. que sería necesario para que estos cambios sean posibles? (con las alternativas de respuesta “que los habitantes cambien como personas”, “que las autoridades hagan bien su trabajo”, “que las autoridades se preocupen de la región” y “que los habitantes se unan y movilicen”). Se asignó un valor de 1 a quienes creían posibles los cambios y pensaban además que lo más importante para lograrlos era la movilización, y un 0 al resto de los sujetos.

c) La legitimidad de la movilización social fue medida por la pregunta: ¿cree usted que para lograr cambios que mejoren la situación de su región es legítimo que la gente haga manifestaciones, marchas o concentraciones?, con las alternativas: “sí” (legitimidad total), “sí, siempre que sean pacíficas” (legitimidad restringida) y “no” (ausencia de legitimidad).

d)La eficacia atribuida a la propia participación fue medida por la pregunta: ¿en qué medida cree usted que su propia participación puede influir para cambiar la situación de la región?, con las alternativas: “poco o nada”, “algo” y “mucho”.

e)La expectativa de participación de otros en la movilización se midió con la pregunta: ¿cuántos habitantes de la región cree usted que estarían dispuestos a participar en acciones para lograr cambios en la región? (pregunta c.ii del modelo MISM).

Por su parte, los motivos sociales fueron medidos por las siguientes preguntas e índices:

a) Índice de apoyo de familiares y amigos a la participación8: medido por dos preguntas: i) ¿cómo cree usted que reaccionarían la mayoría de sus amigos y familiares cercanos si saben que usted ha realizado alguna de estas acciones para intentar mejorar la situación de la región? (con las alternativas “la mayoría lo aprobaría”, “a la mayoría no le importaría” y “la mayoría lo reprobaría”); ii) ¿cuán importante es para usted la opinión que su familia y amigos podrían tener acerca de su participación en estas acciones? (con cuatro  respuestas desde “muy importante” a “nada importante”).

b) La existencia de personas cercanas participantes en las movilizaciones se midió con la pregunta: ¿tiene usted amigos o familiares cercanos que Ud. sepa que participen o hayan participado en movimientos para mejorar la región?, con respuestas: “sí, varias personas”, “sí, algunas personas” y “no, ninguna persona cercana”.

c) La existencia de conversaciones previas con familiares o amigos respecto a participar en acciones sociales fue medida por la pregunta: ¿ha tenido usted en los últimos seis meses alguna conversación con algún familiar o amigo sobre la situación de esta región y la posibilidad de movilizarse para cambiar las cosas?, con las alternativas: “sí, varias veces”, “sí, algunas veces” y “no, nunca he conversado del tema”.

d) La participación actual o pasada en organizaciones implicadas en movimientos para cambiar la situación regional fue evaluada por la pregunta: ¿participa usted o ha participado en alguna organización que presione para que las cosas mejoren en esta región?, con respuestas: “si, participo actualmente en varias organizaciones así”, “si, participo actualmente en una organización así”, “si, he participado antes en una organización así” y “no he participado nunca en una organización así”.

Finalmente, los motivos de recompensa fueron medidos con un set de preguntas sobre cuánto influirían en la decisión de participar los siguientes aspectos (con cuatro alternativas de respuesta desde “mucho” a “nada”): i) el tiempo que tendría que invertir; ii) La posibilidad de tener problemas con la policía o el gobierno; iii) el riesgo de sufrir algún daño físico; iv) el dinero que gastaría; v) el respeto de la gente; vi) la satisfacción personal; vii) el pasarlo bien y entretenerse; viii) el obtener beneficios materiales.

Resultados

Descripción de la Participación en Movilizaciones Regionalistas

En la figura 1 se muestra el porcentaje de entrevistados que declararon haber realizado en el pasado o estar dispuestos a realizar en el futuro conductas de participación en movilizaciones regionalistas en las cuatro regiones estudiadas.

En esta figura puede observarse que las personas declararon realizar o estar dispuestas a realizar una mayor proporción de conductas moderadas que radicales y que es mayor la disposición a participar en el futuro, que la participación que se declara haber realizado en el pasado. En términos de conducta realizada declarada, ello implica que menos de un 12% de las personas reconoce haber practicado al menos una acción radical, mientras que casi el 85% declara haber realizado alguna acción moderada.

Capacidad Explicativa de las Variables de Identificación

Antes de investigar en detalle la capacidad explicativa de cada modelo estudiado, se estudió la capacidad de las variables sociodemográficas medidas en nuestro estudio (sexo, edad y nivel socioeconómico), para explicar la conducta de participación de los sujetos. Para ello, se ha realizado -empleando el programa SPSS 19 (SPSS, 2010)-, un análisis de regresión9 entre cada una de las conductas a predecir como variable dependiente, y las tres variables de identificación como variables predictoras.

fig1art5

Figura 1: Porcentaje de encuestados que declara haber realizado o estar dispuesto a realizar alguna conducta de participación regionalista, según tipo de conducta.

 

Tabla 1 Betas estandarizadas y porcentaje de varianza explicada según índice de participación

tab1art5

Como se puede apreciar en la Tabla 1, pese a que algunas variables de identificación tienen relación significativa con la participación, la capacidad explicativa del conjunto de éstas es muy baja, sobrepasando el 2% de varianza explicada sólo para el caso de la participación en conductas moderadas.

Por el contrario, la región de pertenencia de los sujetos tuvo una capacidad explicativa bastante más importante, logrando explicar el 4,5% de la varianza de la participación total y llegando a explicar el 8,2% de la participación en conductas moderadas. No obstante, frente a los otros tipos de participación, esta variable perdió parte de su fuerza, explicando sólo el 2,7% de la varianza de la participación en conductas radicales, el 2,1% de la disposición a participar en conductas moderadas y el 2,6% de la disposición a participar en conductas radicales.

La relativa importancia de la región de pertenencia se explica por las diferencias que se encontraron en los niveles de participación entre las distintas regiones, las que fueron significativas para todos los tipos de conductas investigados, encontrándose los niveles más altos de participación en Magallanes y los más bajos en Arica-Parinacota, ubicándose Rancagua y Los Lagos en posiciones intermedias.

Capacidad Explicativa del Modelo de Identidad Social Movilizada

Para determinar la capacidad del MISM para explicar las conductas de participación en acciones de movilización regionalista, se realizó un análisis de regresión entre cada una de las conductas a predecir como variable dependiente, y las cuatro variables componentes del MISM que hemos medido como predictoras.

Como se puede apreciar en la Tabla 2, El MISM sólo logro explicar el 4,9% de la varianza del total de las conductas y su mayor éxito fue explicar el 5,7% de las conductas realizadas moderadas. También es destacable que el modelo sea capaz de explicar en bastante mayor medida las conductas moderadas que las radicales, las que casi no fueron explicadas por este modelo.

Finalmente, la observación de los betas estandarizados de cada variable y su significación nos indica que las variables con mayor poder explicativo fueron la percepción de que existe un contexto propicio al cambio, seguido por la creencia de que la región experimenta importantes carencias. Por su parte, la intensidad de la identidad regional de los sujetos, no tuvo capacidad predictiva.

Tabla 2 Betas estandarizadas y porcentaje de varianza explicada según índice de participación

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Capacidad Explicativa del Modelo de Motivos Psicosociales

Dada la complejidad del MMP, se realizaron en primer lugar tres grupos de regresiones independientes, uno por cada tipo de motivo que el modelo contempla, a fin de determinar la varianza que explica aisladamente cada motivo sobre cada tipo de conducta a predecir. A continuación, con el objetivo de establecer la capacidad explicativa global del MMP y estimar los pesos estandarizados de cada una de sus variables, se realizó un último set de regresiones integrando como variables predictoras a la totalidad de las variables del modelo.

Se puede observar en la Tabla 3, que los motivos sociales fueron los que tuvieron mayor capacidad de explicar la conducta participativa, seguidos por los motivos de objetivo. En cambio, los motivos de recompensa sólo explicaron el 6,6% de la varianza de las conductas totales. La capacidad explicativa de los motivos sociales se sostiene en que sus cuatro indicadores tuvieron efectos significativos sobre casi todas las conductas, mientras que los motivos de objetivo se apoyan en la importancia que tuvo la percepción de autoeficacia.

Tabla 3 Betas estandarizadas y porcentaje de varianza explicada según índice de participación

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Entre las variables más efectivas para predecir la conducta de participación en movilizaciones regionalistas estuvieron: el tener algún amigo o familiar que haya participado en acciones de protesta, el participar o haber participado en organizaciones que hayan realizado acciones movilizadoras, la percepción de que la participación personal puede influir en el éxito de la movilización, la legitimidad asignada a la movilización social y el haber tenido conversaciones previas con amigos o familiares sobre la posibilidad de movilizarse. Todas estas variables corresponden a motivos sociales o de objetivo, por lo que sólo en sexto y séptimo lugar se encuentran dos variables relacionadas con los motivos de recompensa: el costo del riesgo de sufrir algún daño y el beneficio de la satisfacción personal de participar.También es posible notar que las variables asociadas a cada tipo de conducta participativa (realizada o disposición a realizar, moderada o radical) fueron diferentes, obteniéndose un orden diferencial de importancia y de variables significativamente asociadas en cada caso.

Destaca además, que el MMP, si bien tiene una apreciable capacidad para explicar la conducta más radical (llega a explicar más del 20% de la disposición a realizar conductas radicales), comparte con el MISM la habilidad de predecir mejor la conducta moderada.

Finalmente, se debe acentuar que, en conjunto, este modelo alcanza a predecir más del 36% de la varianza de las conductas totales de participación y el 31% de las conductas realizadas moderadas, lo que es bastante notable, sobre todo comparado con los magros resultados del modelo MISM.

Discusión

El principal resultado de este estudio fue evidenciar que el Modelo de los Motivos Psicosociales tiene mayor capacidad que el Modelo de la Identidad Social Movilizada para explicar la participación y la disposición a participar en conductas de protesta social de carácter regionalista. De esta forma, si bien el poder explicativo del MMP se mantuvo dentro los niveles relativamente altos que han reportado otras investigaciones (Contreras-Ibáñez et al., 2005; Finkel y Muller, 1998; Rodríguez et al., 1993; Valencia, 1990), el MISM sólo explicó alrededor del 5% de esas conductas.

Especialmente sorprendente fue la baja relación entre las conductas a predecir y la intensidad de la Identidad Regional de los encuestados. Pese a que no es posible descartar con total certeza que este resultado se deba a alguna deficiencia en la medición de la Identidad Regional, tal posibilidad parece remota, pues hay razonable evidencia de la validez del instrumento empleado (Asún y Zúñiga, 2013; Zúñiga y Asún, 2004, 2010).

La interpretación más radical de estos resultados consistiría en sostener que la Identidad Social como constructo general tiene baja incidencia en las conductas de protesta social. No obstante, este único estudio no constituye evidencia suficiente para llegar a esta conclusión, pues hemos investigado un solo tipo de identidad social y un solo tipo de movilización (regionalista).

Una explicación alternativa que tiene base documental en algunas investigaciones previas, consiste en hipotetizar que la baja capacidad explicativa encontrada es producto de la identidad social específica que hemos estudiado. De esta forma, es posible pensar que la baja relación con la conducta movilizada es una propiedad de la identidad regional chilena, debido a que ésta pareciera no ser una identidad que propicie la acción colectiva, al estar asociada a valores de autotrascendencia más que a valores de autodirección o poder (Asún y Zúñiga, 2013; Zúñiga y Asún, 2010). Esto aportaría evidencia a favor de la propuesta de Williams (1984) en el sentido de que es posible dividir las identidades sociales en dos tipos: aquellas que activan la conducta colectiva y aquellas que no lo hacen.

En cuanto al MMP, en primer lugar debemos notar que su capacidad explicativa fue bastante alta, lo que muestra su adecuación para estudiar movimientos territoriales como el analizado. En segundo lugar, se debe enfatizar que esta capacidad explicativa se sostiene principalmente en dos tipos de motivos: los de objetivo y, especialmente, los sociales. Esto respalda hallazgos que ya han sido reportados por otros autores, respecto a que las variables con mayor capacidad de predecir la implicación de los sujetos en protestas y movimientos sociales son las redes sociales primarias, las que podrían operar a través de rebajar las barreras subjetivas a la participación o como un estímulo social a al involucramiento en acciones colectivas (Dixon y Roscigno, 2003; Klandermans y Oegema, 1987; Opp y Gern, 1993).

Con relación a los motivos de objetivo, resulta sorprendente la poca relevancia que estos tendrían para predecir la participación de las personas. Una posible explicación es que operacionalizar la importancia del objetivo de una movilización social regionalista a través del grado en que el sujeto cree que su región se encuentra en una situación carenciada e injusta (motivo general que cualquier acción regionalista debería intentar modificar), no tendría la especificidad suficiente para explicar las conductas de protesta por las que se preguntó. Sin embargo, también es posible sostener como hipótesis alternativa que la simple existencia de carencias injustas no es por sí sola impulsora de la participación, tal como señalan Sabucedo et al. (2010).

Lo anterior se refuerza al considerar la importancia relativa que adquirieron dos variables consideradas en los motivos de objetivo, que son de carácter ideológico-representacionales y que podrían servir de activadores de la participación colectiva: asignar legitimidad a la movilización social como herramienta para lograr los cambios que se desean y sobrevalorar la relevancia de la propia participación en el éxito de la movilización. Ambas tendencias ya han sido reportadas en la literatura  como relevantes para explicar la conducta de participación (Klandermans, 1984), por lo que este estudio las extiende al campo específico de la participación social regionalista.

Con relación a los motivos de recompensa y su bajo peso explicativo, esta investigación confirma que el desarrollo seguido por el MMP ha sido acertado, aceptando como base la premisa de una racionalidad subyacente en la conducta de protesta social, pero tendiendo a alejarse de los postulados más simples de la Teoría de Elección Racional, por la vía de sostener una noción de racionalidad ampliada, que incluye y revaloriza la obtención de beneficios colectivos e interaccionales (Klandermans, 1984, 1988; Klandermans y Oegema, 1987).

Centrándonos en las conductas de protesta social realizadas o que se está dispuesto a realizar, no resulta sorprendente que los sujetos privilegien efectuar aquellas más moderadas y de bajo riesgo, frente a las más radicales y peligrosas. Tampoco es de extrañar que se declare una mayor disposición a realizar conductas de movilización en el futuro que las ya efectuadas en el pasado, pues esto podría ser simple reflejo de una deseabilidad social que tiene bajos costos (por tratarse de declaraciones que no han tenido que superar las barreras que implica transformarlas en conductas), aunque no se puede descartar que ello también evidencie, a mediano y largo plazo, un aumento del sentimiento regionalista y de las movilizaciones de este tipo en la población estudiada. No obstante, lo que sí resulta destacable es que los modelos testeados tengan tan inferior capacidad de predecir las conductas radicales, comparadas con las moderadas.

Ello podría indicar que los mecanismos explicativos de las conductas radicales son, al menos parcialmente, diferentes a los implicados en las conductas moderadas, lo que puede marcar un límite a la aplicación del MMP. Desarrollar esta hipótesis podría conducir al estudio de modelos distintos para predecir la conducta radical, focalizándose en aquellos que incluyen variables de carácter político, como la ideología de los sujetos, su posición política o el interés y nivel de exposición que las personas tienen a este tipo de temáticas (Dalton, 2006; Schussman y Soule, 2005), aspectos que tradicionalmente han sido más de interés de los enfoques sociológicos o políticos que de la psicología social, pero que han demostrado capacidad explicativa en estudios como el de Rodríguez et al. (1993).

Pese a la potencialidad que podría tener una línea de investigación como la señalada, a partir de la evidencia encontrada en el presente estudio se puede proponer complementariamente un enfoque alternativo: desarrollar en el MMP aquellos campos que parecen tener más relación con la explicación de las conductas radicales. Por ejemplo, se puede observar en la Tabla 2 que si bien los motivos sociales mantienen una interesante capacidad de predecir dichas conductas, hay otras variables de objetivo y de recompensa que parecen cobrar fuerza precisamente en estas situaciones. Es relevante notar que algunas de estas variables están relacionadas con las barreras que limitan la realización de conductas más arriesgadas, como el costo de sufrir algún daño, mientras que otras parecen actuar como factores de atracción, como serían la búsqueda de satisfacción personal, la percepción de auto eficacia y el evaluar como probable el éxito de la movilización.

Con relación a las limitaciones de la presente investigación, podemos señalar en primer lugar, que nuestros resultados pueden estar influidos por la forma particular en que se han medido las variables componentes de los modelos, sobre todo considerando que a excepción de la escala de Identidad Regional, el resto de las variables independientes han sido evaluadas con índices simples. Es posible pensar que otras operacionalizaciones conduzcan a resultados algo diferentes. Además, se debe notar que, producto del solapamiento teórico entre los dos modelos analizados, hay algunas preguntas compartidas por ambos, por lo que los resultados obtenidos por uno u otro no son totalmente independientes. Por ello, podría ser interesante en futuros estudios hacer el esfuerzo de separar más claramente la operacionalización de ambos modelos.

En segundo lugar, pese a que contamos con una muestra de tamaño considerable, heterogénea, no sesgada y aleatoriamente seleccionada, que permite la generalización de los resultados a la población de las cuatro regiones estudiadas, esta investigación se concentra en una sola forma de movilización (conductas de protesta social regionalista) y en un solo contexto (algunas regiones de Chile), por lo que sus resultados no pueden ser extrapolados directamente a otros espacios territoriales y/o otros tipos de conducta participativa.

De las limitaciones expuestas emergen algunas propuestas de futuros estudios: en primer lugar, sería muy relevante estudiar el modelo MISM en otros tipos de identidades sociales, para determinar si efectivamente dicha identidad tiene potencial movilizador o, si como afirma Williams (1984), ello depende del tipo de identidad de que se trate. En segundo lugar, parece pertinente profundizar en el modelo MMP, especialmente a través de dos vías: i) ampliando el campo de los motivos sociales para llegar a una representación más detallada de las redes sociales que parecen explicar la conducta moderada de las personas; y ii) extendiendo el modelo en aquellas variables que parecen explicar la conducta más radical de los encuestados.

En términos generales, parece también relevante aplicar el MMP en otros contextos territoriales y/o ante otras conductas de protesta (juveniles, de mujeres, estudiantiles, laborales, entre otras), a fin de determinar si su capacidad explicativa está limitada a algún tipo de movimiento particular. También resultaría de interés adaptarlo para explicar la conducta más comprometida de líderes y militantes, en comparación con otros modelos especializados en dicho tipo de sujetos.

Finalmente, parece importante también, evaluar la posibilidad de medir las variables  componentes de ambos modelos con otras preguntas, incluso construyendo instrumentos más sofisticados (i.e. escalas), para determinar si los resultados acá reportados son invariantes a otras formas de operacionalización.

A la base de todas estas propuestas se encuentra la convicción de que la movilización social y una de sus más visibles manifestaciones, la protesta política, son inherentes a las sociedades democráticas como un componente necesario de las mismas, lo que justifica su estudio empírico sistemático, con las mejores herramientas teóricas y metodológicas que las ciencias sociales podamos emplear.

Notas

1Ninguno de estos modelos tiene actualmente un nombre plenamente consensuado, por lo que hemos optado por estas denominaciones descriptivas de su contenido. En los siguientes apartados se explicita en qué consiste cada uno de ellos.

2Véase por ejemplo: Dixon y Roscigno, 2003; Klandermans 1988; Klandermans y Oegema, 1987; Opp y Gern, 1993.

3Por simplicidad, en adelante se denominará a estas respuestas “conductas realizadas”, aunque evidentemente constituyen sólo una declaración de conducta.

4Los índices se construyeron sumando las respuestas a cada pregunta y dividiendo por el número de ellas (5 ó 6 ítems cada índice), de manera que todos tuvieron un rango de valores entre 0 y 1. No se emplearon las cargas factoriales para ponderar el peso de las preguntas, pues se constató que las puntuaciones con y sin esta ponderación eran prácticamente equivalentes, por lo que se optó por la construcción más parsimoniosa..

5A menos que se especifique lo contrario, los distintos índices sumativos han sido construidos asignando igual ponderación a los ítems que lo componen, para lo cual previamente se han estandarizado las preguntas con distinto número de alternativas, a fin de darles una unidad de medida y varianza común.

6Dadas las coincidencias conceptuales entre el modelo MMP y el MISM, en algunos casos se empleó las mismas preguntas para medir variables similares.

7Para reflejar que el objetivo de la movilización social regionalista sólo será relevante si una carencia es atribuida a actores externos que actúan injustamente, este índice es más complejo que una simple sumatoria: consiste en la raíz de la multiplicación de la primera pregunta estandarizada en una métrica con media 50 y desviación estándar 10 (para evitar valores negativos), por la sumatoria de la segunda y tercera preguntas previamente estandarizadas en igual métrica.

8Para reflejar que la opinión de familiares y amigos sólo es relevante si el sujeto asigna importancia a dichas opiniones, se construyó el índice obteniendo la raíz de la multiplicación de ambas preguntas previamente estandarizadas en una métrica con media 50 y desviación estándar 10 (para evitar valores negativos).

9En todos los análisis de regresión reportados, se cauteló que se respetaran las condiciones de aplicación de esta técnica, es decir, que la relación entre las variables fuera esencialmente lineal, no hubiera multicolinealidad y que los residuales no mostraran heterocedasticidad ni autocorrelación.

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flechaCorrespondencia a: La correspondencia relativa a este artículo deberá ser dirigida al autor. Universidad de Chile, Chile, E-mail: rasun@uchile.cl

*Este trabajo ha sido realizado en el marco del Proyecto FONDECYT 11090119 “Identidades regionales, discriminación intergrupal y potencial de movilización colectiva: Una aproximación desde la teoría de la identidad social”.

Fecha de recepción: Enero 2013
Fecha de aceptación: Junio 2013

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