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Psicoperspectivas

versión On-line ISSN 0718-6924

Psicoperspectivas vol.14 no.2 Valparaíso mayo 2015

http://dx.doi.org/10.5027/PSICOPERSPECTIVAS-VOL14-ISSUE2-FULLTEXT-530 

La clase media clasifica a las personas en la sociedad: Resultados de una investigación empírica basada en juegos

 

Middle class ranks people in society: Outcome of an empirical research based on games

 

Oscar Mac-Clurea, Emmanuelle Barozetb, Carolina Galleguillosc, Cristóbal Moyad

a Universidad de Los Lagos, Chile
b c d Universidad de Chile, Chile
b Centro de Estudios de Conflicto y Cohesión Social (COES)

Dirección para correspondencia


RESUMEN

La doble perspectiva entre, por un lado, la categorización de las diferencias sociales entre los individuos en la sociedad y, por otra parte, las representaciones subjetivas sobre las categorías sociales ha sido objeto de una prolongada discusión teórica. En este artículo se examinan las clasificaciones acerca de los integrantes la sociedad elaboradas por personas pertenecientes principalmente a las clases medias. Utilizando los resultados de un proyecto de investigación basado en juegos de clasificaciones en una modalidad de grupos focales, se analizan representaciones subjetivas habituales en la vida social. Se argumenta que las categorías elegidas se estructuran de acuerdo a principios consistentes con una categorización según clases sociales. Se distinguen categorías jerarquizadas, cualitativamente diferentes y multidimensionales. También se identifican diversos estratos medios, entre los extremos de la distribución, en los cuales el nivel educacional y el capital cultural desempeñan un papel central, aunque no exclusivo. La incorporación por parte de los participantes de un “deber ser” normativo en las clasificaciones constituye un indicio de que éstas no son meramente cognitivas, sino que ejercen importantes efectos en la justificación moral del orden social.

Palabras Clave: desigualdad; subjetividad; clases sociales; clases medias


ABSTRACT

Two contrasting points of view, namely, the categorization of social differences among individuals in society and the subjective representations about social categories, have been the target of a long-standing theoretical controversy. We examine the classification of members of society as developed mainly by people that belong in middle classes. Using the results of a research project based on classification games by means of focal groups we analyze common subjective representations in social life. We argue that the chosen categories get structured following principles that are consistent with a categorization of social classes. We were able to tell the difference between hierarchical categories from those qualitatively different and multidimensional ones. We were also able to identify a diversity of social middle strata that fall between the extremes of the distribution, in which the educational level and cultural assets play a central role, even if not exclusive. The inclusion by participants of the notion of a normative “must be” in their classifications is an indication that these classifications are not just cognitive, but they bear important consequences in the moral justification of social order.

Keywords: inequality; subjectivity; social classes; middle classes


 

La sociedad chilena se caracteriza por una alta desigualdad socioeconómica, la que se arraiga en las prácticas sociales nutridas por las ideas e intereses de las personas. A pesar de que algunas de las desigualdades naturalizadas han pasado a ser percibidas como injusticias, aún la dimensión subjetiva de la desigualdad es un aspecto relativamente menos conocido.

La clase media suscita un renovado interés a nivel global y en América Latina, pues se ha puesto de relieve que, en paralelo con la reducción de la pobreza en los países en desarrollo, este estrato ha experimentado un veloz crecimiento durante las últimas décadas, planteando nuevas demandas a las políticas públicas y a la política a secas (Banerjee & Duflo, 2007; Birdsall, 2010; Ferreira, Messina, Rigolini, López-Calva, Lugo & Vakis, 2012; López-Calva & Ortiz, 2014; Organisation for Economic Co-operation and Development [OECD], 2011; Ravallion, 2009).

De modo similar a otros países, gran parte de la población chilena -alrededor de un 70% según datos de encuestas- se declara de clase media (Barozet & Fierro, 2011), lo cual indica que esta noción constituye una categoría laxa de auto-identificación. El crecimiento de estos sectores sociales ha tenido como resultado la conformación de estratos medios heterogéneos en América Latina y en Chile, en otras palabras, la formación de clases medias en plural (Araujo & Martuccelli, 2012; Barozet & Espinoza, 2012; Barozet & Fierro, 2011; Espinoza & Núñez, 2014; Franco, Hopenhayn & León, 2010; Mac-Clure, 2012; Mac-Clure, Barozet & Maturana, 2014; Méndez, 2008; Torche & Wormald, 2004), con lo que muchos integrantes de estos sectores experimentan dificultades para definir lo que son. Se ha sostenido que lo distintivo de las clases medias, en el modelo neoliberal consolidado en Chile, es su crecimiento especialmente en el sector asalariado privado y su elevada heterogeneidad resultante de la ampliación de las actividades económicas de servicios. Condiciones generadas en el contexto de una intensa mercantilización de la economía y de la vida social, lo cual genera una disparidad de orientaciones y una baja integración al interior de estas clases (Ruiz & Boccardo, 2015). Esto plantea cuestionamientos e interrogantes en relación a si hay una efectiva pertenencia subjetiva a una o más clases medias y si éstas tienen una representación compartida acerca de las diferencias sociales.

En este trabajo interesa conocer las representaciones sociales de los integrantes de la clase media acerca de la desigualdad. Específicamente, nos enfocamos en el lugar que esta clase ocupa en relación con otras clases sociales, desde el punto de vista de sus propias percepciones. Para ello, estudiaremos la apreciación de los integrantes de las clases medias acerca de sí mismos y en qué medida se distinguen con respecto de otros grupos en la sociedad. Por esto, el objetivo de esta investigación consiste en conocer las categorías con que los grupos de chilenos y chilenas de clases medias clasifican a las demás personas de la sociedad. Esto implica describir las categorías de acuerdo a las que se cree que se diferencian las personas, examinar en qué medida las categorizaciones son compartidas y,es a partir de lo anterior, analizar los principios que ordenan su clasificación.

Para esto, utilizamos un método de simulación basado en un juego de clasificaciones con naipes que representan personas diversas de la sociedad chilena. Este juego fue aplicado mediante una modalidad de grupos focales. El meollo del juego consistió en categorizar grupalmente y de modo libre a personas de la sociedad representadas en los naipes. Esta metodología permite identificar qué categorías eligieron los distintos grupos de jugadores para agrupar a los integrantes de la sociedad representados en los naipes. Aplicamos el juego de clasificaciones en diferentes grupos pertenecientes a las clases medias, así como un grupo conformado por personas de sectores populares a modo de comparación. En este trabajo sostendremos que las clasificaciones elaboradas por los participantes difieren entre los grupos de clase media, aunque se aproximan a una categorización según clases sociales. Además, establecen una distinción entre múltiples estratos medios.

Marco de Referencia

Clase(s) media(s), subjetividades y modos de categorizar a las personas en la sociedad

La definición canónica de la clase media en sociología está referida a los oficinistas, vendedores y profesionales liberales; en general a personas que realizan trabajos profesionales o administrativos de cuello blanco, en contraste con quienes desempeñan labores manuales (Mills, 1951). Sin embargo, la manera de describirla y de caracterizar sus formas de pensar y actuar ha sido objeto de un debate prolongado desde autores clásicos hasta algunos de los principales exponentes del pensamiento sociológico actual (Wacquant, 1991).

La subjetividad propia de las clases intermedias fue considerada por Marx (Marx & Engels, 1848) como un asunto subordinado a la categorización dicotómica de las clases sociales, basada en la propiedad de medios de producción. Por su parte, Weber (1921) sostiene que las clases sociales se definen por la combinación de más de un criterio. Además, este autor introdujo la noción de clase media, cuya situación no se desprende de una misma subjetividad y conducta homogénea. También Bourdieu (1977, 1984) planteó que las clases sociales se diferencian según el grado y la forma –su trayectoria ascendente o descendente- en que acceden a múltiples recursos o capitales. A ello se asocian prácticas en general irreflexivas -o habitus-, que impulsan a los individuos a desarrollar orientaciones comunes, destacando la importancia del capital cultural en la identidad de las clases medias y en su comportamiento. Esta extendida discusión y las sucesivas reelaboraciones han generado un importante corpus teórico y empírico respecto de las subjetividades de la clase media.

Frente a las diversas elaboraciones sobre el significado de la noción de clase social, una de las síntesis más reconocidas corresponde a la de Ossowski (1963), quien tipificó los componentes del concepto expuestos en diversas teorías. Un primer componente consiste en que las clases sociales son grupos basados en una característica de diferenciación que, en términos reales, nunca ha sido única, sino que incluye múltiples dimensiones. En segundo lugar, de acuerdo al grado en que poseen esa característica, la clase social se conforma de un sistema jerarquizado de grupos superiores e inferiores. Otros autores han enfatizado en el hecho de que entre esos grupos existe una clausura o cierre con respecto de otras categorías, excluyendo a otros de ciertos privilegios o generándose identidades y solidaridades compartidas de un modo social o bien predominantemente simbólico (Giddens, 1973; Lamont & Fournier, 1992; Parkin, 1988). Con el fin de observar la forma como las clases medias categorizan subjetivamente a las personas en la sociedad, que es el objeto de esta investigación, resulta clave examinar si distinguen clases sociales de acuerdo a esos principios básicos, es decir, apreciando su carácter multidimensional, observando diferencias en una jerarquía y estableciendo límites categoriales.

Un principio adicional se refiere a segmentos al interior de los estratos medios. El esquema de clasificación de clases sociales elaborado por Goldthorpe, Erikson y Portocarrero –la escala EGP-, distingue clases en base a una serie de ocupaciones, establecidas según el nivel de calificación que implican, tanto en términos de educación formal, como de habilidades desarrolladas en el trabajo y responsabilidad, además de la relación con los medios de producción (Erikson & Goldthorpe, 1993). Esta escala es la más empleada en la actualidad a nivel internacional en diversas adaptaciones (Brousse, 2012; Costa 2009; Filhon et al., 2013; Ganzeboom & Treiman, 1996; Leiulfsrud, Bison & Jensberg, 2005; Mitnik, Cumberworth & Grusky, 2013; Rose & Harrison, 2010; Solís, 2005), así como en estudios recientes en Chile (Castillo, Miranda & Madero, 2013; Espinoza, Barozet & Méndez, 2013; Barozet & Espinoza, 2012; Torche & Wormald, 2004).

Una característica central de este modelo consiste en la distinción de múltiples estratos intermedios, los que no se reducen a una sola clase media. Propendiendo a la comparabilidad con la investigación reciente en esta área, en esta investigación utilizamos la escala estándar EGP para apreciar si las clasificaciones subjetivas varían entre los diversos estratos medios que distingue este esquema. Además, la escala pone de relieve la importancia de observar si esas clasificaciones subjetivas se organizan de acuerdo al principio de reconocer más de un segmento de clase media.

Otro elemento a tomar en consideración, a partir de los estudios actuales sobre clases medias en América Latina, dice relación con su fragmentación interna en asociación con sus subjetividades. Dicha fragmentación se expresa en agrupaciones con propensión a producir subculturas; en este caso, el consumo -material y simbólico– desempeña un papel central en la definición de sus identidades colectivas (Franco et al., 2010).

Acerca de las clases medias en Chile, en estudios recientes, también se ha destacado la heterogeneidad subjetiva de quienes las integran, la que se manifiesta en identidades ambivalentes (Méndez, 2008), un sentimiento de inconsistencia entre múltiples e inestables posiciones personales (Martuccelli & Araujo, 2011), una dispersión entre ingresos, consumo y estilos de vida (Barozet & Espinoza, 2009), prácticas culturales diferentes entre profesionales y las otras ocupaciones que conforman la clase media (Gayo, Teitelboim & Méndez, 2013). Por otro lado, los resultados de una encuesta internacional especializada en percepciones sobre la desigualdad económica aplicada en Brasil y Chile muestran variadas percepciones sobre la desigualdad de ingresos entre diversos estratos medios (Costa, 2009; Castillo et al., 2013).

En este artículo nos focalizamos en un aspecto particular y no abordado acerca de las subjetividades de las clases medias chilenas y sus formas de categorizar a las personas en la sociedad. La perspectiva que se utiliza pone de relieve que el modo en que los actores hacen referencia a entidades colectivas en la sociedad es una forma de cualificarlas (Boltanski, 2009; Bourdieu, 1983), de modo que las categorizaciones sociales reflejan una apreciación más amplia sobre las desigualdades sociales.

Metodología

Un juego de clasificaciones

La metodología de recolección de información consistió en un juego cuasi-experimental inspirado en la sociología pragmática que pone el énfasis en la pluralidad de los modos de acción de los actores sociales (Boltanski, 2009; Boltanski & Thévenot, 1991). El juego busca reproducir y observar la forma semi reflexiva y, aparentemente anodina, en que las personas establecen quiénes son similares y quiénes son diferentes a otros; la seguidilla de pensamientos y de usos del lenguaje y los procesos cognitivos y no cognitivos que llevan a situar a otras personas en una representación del mundo social.

Los juegos han sido utilizados en las últimas décadas en disciplinas de las Ciencias Sociales para estudiar de modo innovador las preferencias, los procesos de decisión, las formas de combinar elementos semejantes y otros aspectos de las prácticas sociales (Camerer, 2003; Camerer & Fehr, 2002). Se trata de una metodología que, al ser aplicada con grupos en un ejercicio de laboratorio, busca una mejor comprensión del fenómeno estudiado sin pretender, a partir de esos casos, una representatividad estadística respecto al conjunto de la población.

Este dispositivo metodológico hurga en las generalizaciones habituales, las denominaciones más populares, el sentido común aplicado cotidianamente y los prejuicios sociales que se utilizan al categorizar a las personas de la sociedad. El carácter grupal del juego permite que estas generalizaciones surjan no solamente desde cada individuo en particular, sino en la práctica interactiva, de modo análogo a como ocurre en la comunicación en el día a día. En su interacción con otros, las personas categorizan a los demás, expresando percepciones y valoraciones que se confrontan, negocian, modifican y concuerdan. En la interacción, optan y deciden con respecto de variadas alternativas de categorización que emergen y se analizan mediante el procedimiento preestablecido en el diseño del juego, lo cual no se desprendería de la mera suma de alternativas de opiniones individuales a través de encuestas, ni de entrevistas individuales.

Utilizamos un juego de clasificaciones adaptado de un dispositivo elaborado y aplicado por Boltanski y otros investigadores en Francia (Boltanski & Thévenot, 1983; Desrosières & Thévenot, 1988) que consiste en un juego de naipes representativos de los individuos en la sociedad. Busca reproducir una situación de interacción grupal en la cual los jugadores deben desplegar su comprensión e interpretación de la vida social para categorizar a las personas. El meollo del juego de clasificaciones consiste en que un grupo de personas comunes y corrientes agrupa libremente un conjunto de naipes que representan a una amplia variedad de personas de la sociedad.

Las personas categorizadas por los participantes fueron seleccionadas en función de variadas características socioeconómicas –excluyendo a integrantes de la élite económica-, seleccionadas a partir de la Encuesta Nacional de Estratificación Social (ENES). A partir de personas reales se elaboraron un total de 62 naipes o tarjetas. Cada naipe entregado a los jugadores incluyó una fotografía de la persona que permite captar su edad, sexo, apariencia física y, en un segundo plano, el entorno donde vive y/o trabaja, además de otros rasgos asociados a la imagen visual. El naipe incluía también una viñeta con datos de la persona como ocupación, nivel de educación, ingreso, comuna de residencia, religión, etnia y nacionalidad. De este modo, la información del naipe ofrecía múltiples opciones de combinación.

Los participantes en el juego fueron un total de 36 personas que no se conocían entre sí, organizados en seis grupos de seis personas cada uno. Cada grupo fue constituido por individuos pertenecientes a una clase social específica de acuerdo a la escala EGP de clases según datos de ocupación, lo que permitió una interacción entre personas de posición social relativamente similar. De los seis grupos, cinco fueron compuestos por personas pertenecientes a diversas categorías de clases medias según la escala EGP, desde clase media alta a media baja. Además, se constituyó un grupo de comparación de clase baja o sectores populares, integrado por personas de la clase de Trabajadores Manuales No-calificados. Cada grupo estuvo conformado por personas de 30 a 65 años de edad y se aseguró la presencia tanto de hombres como mujeres. Aplicando los criterios definidos, una empresa especializada seleccionó a las personas y las invitó a participar. Tanto las personas representadas en los naipes como los participantes en el juego residían en la Región Metropolitana de Santiago[1].

Figura 1. Un ejemplo de naipes utilizados en la investigación

 

La producción de los datos se realizó a partir de la interacción entre los jugadores siguiendo un protocolo predefinido de modo secuencial, bajo la conducción de una moderadora integrante del equipo de investigadores.  La regla principal del juego consistió en agrupar los naipes de común acuerdo, según las características que consideraran más relevantes, según sus propios criterios, evitando así efectos inducidos. Una vez que los jugadores terminaron de agrupar los naipes en distintas pilas, se les solicitó poner un nombre de su elección a cada agrupación. Los juegos fueron videograbados y la clasificación de los naipes fue registrada según pautas preestablecidas.

Las clasificaciones efectuadas, la interacción durante el juego y los argumentos para fundamentar una u otra categorización permitieron analizar los criterios aplicados para categorizar a las personas. La categorización hecha en común por los grupos de jugadores no era predecible ni obvia, porque la libertad en la elección de sus criterios de clasificación se vio reforzada por la representatividad de los naipes con respecto de una amplia diversidad de personas en la sociedad y por la variedad de situaciones posibles en la interacción grupal. Esto contribuye a comprender en profundidad cuáles son y de qué modo surgen las clasificaciones subjetivas compartidas acerca de las personas de la sociedad.

Resultados y Discusión

Las clasificaciones elaboradas por los jugadores

Las clasificaciones elaboradas por los seis grupos, se presentan en la Tabla 1. Las características generales de las clasificaciones expuestas se pueden describir, en primer lugar, en función del tipo de capital al que aluden, entre diversos tipos de recursos en la relación entre actores, el capital económico, cultural y social, cuya agregación constituye el capital total de un actor[2] según la distinción establecida por Bourdieu (1983). De allí surgen posiciones multidimensionales, conformando el espacio social, que son objeto de diversas percepciones y apreciaciones (Bourdieu 1977, 1984). El capital económico está presente en la forma de nombrar categorías pertenecientes a las seis clasificaciones y en los registros del diálogo entre los participantes, a través de términos como oro, exitosos, ganadores, bajo, mejor estrato. El capital cultural también aparece en distinciones como profesionales y universitarios. El capital social no se expresa directamente en las categorías elaboradas, aunque fue un tema abordado por los grupos en su discusión, especialmente con respecto del estrato superior.

En segundo lugar, siguiendo el enfoque de Bourdieu acerca de la magnitud del capital total como suma de los diversos tipos de capital, al observar la forma de nombrar diversas categorías por parte de cada grupo de participantes, según se presenta la segunda columna de la Tabla 1, se advierte un ordenamiento jerárquico desde las categorías superiores descendiendo progresivamente hacia las inferiores. Al agrupar los naipes representativos de diversas personas en la sociedad chilena, los jugadores expresaron apreciaciones comparativas como ganan menos que y tienen menos educación que, entremezclando ingresos, educación y ocupación. El orden que siguió cada grupo en la presentación de su clasificación refleja preponderantemente un principio de jerarquía no dicotómica entre las posiciones sociales de esas categorías, aunque eso no constituye un principio exclusivo si se considera la posición de las dueñas de casa y jubilados[3].

 

Tabla 1. Clasificaciones elaboradas por los grupos pertenecientes a cada clase social

Grupo social de participantes (jugadores) según clase social

Nombres de las categorías (agrupaciones de naipes) elaboradas por el grupo

1) Servicios Alta
Ejemplo: Abogada

1) Oro 2) Plata 3) Cobre 4) Plomo

2) Servicios Baja
Ejemplo; Técnico electrónico

1) Profesionales exitosos 2) Emprendedores 3) Oficios varios

3) Rutinas No-manuales Alta
Ejemplos: Empleado administrativo, secretaria

1) Ganadores 2) Diversidad 3) Superación 4) Conformistas 5) Estancados 6) Jubilados 7) Dueñas de casa

4) Rutinas No-manuales Baja
Ejemplo: Vendedor en establecimiento comercial

1) Universitarios 2) Medio 3) Bajo

5) Independientes y Pequeños empresarios
Ejemplo: Comerciante pequeño

1) Exitosos y autosuficientes 2) Profesionales jóvenes inestables 3) Clase media esforzada 4) Conformistas y resignados 5) Reinas dependientes

6) Trabajadores Manuales No-calificados
Ejemplo: Trabajador de la construcción

1) Mejor estrato social 2) Superados 3) Esforzados

Fuente: Elaboración propia.

 

Más allá de esas características compartidas en las clasificaciones elaboradas, resulta de interés observar percepciones y apreciaciones diferenciales entre los grupos de participantes. Sus distintas imágenes al categorizar a las personas en la sociedad pueden referirse a su clasificación general, a representaciones relativas a un nivel dentro de la jerarquía social o a subjetividades con respecto de una categoría específica (Coxon, Davies & Jones, 1986; Fararo & Kosaka, 2003). A ese respecto, todos los grupos asignaron relevancia a la educación para categorizar a las personas en la sociedad, sin embargo, este principio clasificatorio asociado de modo preeminente al capital cultural[4] no fue aplicado de modo idéntico por parte de los diversos grupos de participantes. Los títulos académicos fueron vistos como parte de un círculo virtuoso con las redes sociales y el capital social, en un sentido amplio, por parte del grupo de profesionales universitarios pertenecientes la clase de Servicios Alta. Este vínculo entre capital cultural y social estuvo escasamente presente en el diálogo de los restantes grupos de clase media, quienes examinaron a las redes sociales con autonomía de los niveles educacionales.

El nivel educacional fue considerado, por la mayor parte de los grupos de jugadores de clase media, un determinante del capital económico de la categoría superior. En contraste, los trabajadores de la construcción y trabajadoras de casa particular integrantes del grupo de Trabajadores Manuales y algunos de los Independientes que incluyen a trabajadores por cuenta propia informales asociaron el capital económico de las categorías superiores do más al capital social que al capital cultural.

Por otro lado, el significado que adquiere la educación como forma de capital cultural difiere entre grupos de jugadores pertenecientes a categorías específicas. En el grupo de profesionales universitarios pertenecientes la clase social de Servicios Alta y de los profesionales administrativos de la clase de Servicios Baja, la valoración de la educación estuvo más referida a la educación universitaria como estructuradora de las posiciones superiores en la jerarquía social. En cambio, en el caso de los integrantes de los grupos de personas que trabajan en establecimientos comerciales del estrato de Rutinas No-manuales Bajo y en el de Trabajadores Manuales, el diálogo sobre el capital cultural estuvo más focalizado en el esfuerzo de los menos privilegiados por educar a sus hijos a través de la Enseñanza Media y sobre todo en Institutos Profesionales y establecimientos de Educación Superior, aunque no sean las universidades más reconocidas.

Por lo tanto, los estratos medios consideran que los ingresos dependen del nivel educacional, lo que convierte a la educación en un factor distintivo central entre las categorías sociales. Al respecto, la atención sobre el capital cultural se focaliza en la educación universitaria por parte de los estratos superiores de las clases medias, mientras que en la educación técnica en el caso de sus estratos inferiores. En contraste, los Trabajadores Manuales consideran que los ingresos dependen más bien del capital social. Esta apreciación es en menor medida compartida por los jugadores de la clase superior de Servicios Alta y la clase de Independientes y Pequeños Empresarios.

Por último, una característica general de las clasificaciones consiste en que todos los grupos de participantes distinguen más de un estrato medio, cualquiera sea la forma de denominar a las categorías intermedias. Las clasificaciones que abarcan cuatro o más categorías, distinguen al menos tres estratos frente a las categorías más bajas: Oro-Plata-Cobre, Ganadores-Diversidad-Superación y, finalmente, Exitosos y autosuficientes - Profesionales jóvenes inestables - Clase media esforzada, a diferencia de las categorías inferiores Plomo, Estancados y, finalmente, Conformistas y resignados. Incluso las clasificaciones que abarcan sólo tres categorías, distinguen dos estratos que podrían ser considerados de clase media: Profesionales exitosos - Emprendedores, Universitarios - Medio, Mejor estrato social – Superados, frente al estrato inferior Oficios varios, Bajo y Esforzados.

El proceso de clasificación y el significado de las categorías elaboradas

Una comprensión más completa de los resultados obtenidos es posible a través de la explicación del proceso a través del que los participantes generaron su clasificación y la interpretación del significado de las categorías elaboradas. La dinámica de la interacción abarcó dos fases principales: la primera consistió en el análisis de alternativas de categorización y la segunda, más breve, fue la decisiva definición de la clasificación.

La forma como razonaron los jugadores con respecto de las diferencias sociales en estas dos etapas permite observar si lo que predomina es esencialmente un razonamiento inductivo a partir de ejemplos, o bien, el punto de partida cognitivo consiste en una caracterización sistemática de la realidad social, como pareciera desprenderse de la importancia atribuida a la educación. En la primera etapa de revisión de los naipes, los participantes plantearon ejemplos basados en experiencias personales propias o atribuidas a las personas representadas en los naipes, generalmente en primera persona singular -yo o él/ella-, a veces incluso generalizando a uno, tú, nosotros. Sin embargo, tanto en esta etapa, como sobre todo en la decisión sobre la forma de ordenar los naipes, lo predominante fue un razonamiento que busca explicar la forma como surgen ciertos aspectos claves y se asocian entre ellos, más que el recurso a un ejemplo personal y meramente ilustrativo. Este tipo de razonamiento fue expresado por un participante en el grupo de trabajadores manuales al afirmar que “si uno es indio, negro, [una persona] dice: ah, es más bajo“, es decir, con las expresiones “uno” y “una” generalizó con respecto a una característica étnico-racial y la percepción de ésta por otras personas, afirmando que esto configura una crucial categorización de inferioridad. A pesar de la dificultad de identificar causas en el sentido científico del término, los razonamientos, especialmente en la fase decisiva de clasificar de un modo u otro a las personas en la sociedad, se caracterizan por ese tipo de aserciones que buscan enunciar pruebas de los argumentos, más que por una lógica inductiva, lo que es consistente con estudios en el ámbito de las ideas de los individuos sobre la justicia social (Guibet, 2014). Sin embargo, en esa fase de decisión sobre la clasificación, los participantes también incorporaron -aunque en menor medida- pruebas basadas en lo que Boltanski (2009) denomina juicios de verdad, fundamentadas en la repetición como la confirmación de que la misma pauta ha prevalecido siempre, es decir, en prácticas naturalizadas que son convertidas en verdades auto-evidentes, como la educación erigida en regla central de diferenciación social.

Junto a lo estrictamente cognitivo, en la nomenclatura de las clasificaciones se incluyen términos relativos a valores morales que expresan un deber ser y nociones sobre lo justo e injusto. Estándares morales de una sociedad donde se ha plasmado una ideología neoliberal, se manifiestan en la calificación positiva de los exitosos, ganadores, autosuficientes y emprendedores. Por su lado, valores asociados a la movilidad social ascendente se pueden apreciar en la nomenclatura elaborada, con términos tales como superación o superados, clase media esforzada, mientras se califica negativamente una movilidad descendente o el estancamiento, a través de las expresiones plomo, conformistas, estancados, resignados. Al mismo tiempo, tomando distancia de estándares económicos de éxito, en alguna medida se expresa una apreciación positiva o al menos neutral del trabajo como un valor, en las expresiones esforzados y oficios varios. De este modo, las categorizaciones incluyen un juicio valorativo, estableciendo una relación entre lo existente y un elemento referencial (Durkheim, 1903).

Para una interpretación de las clasificaciones, cabe destacar que excepto la categoría clase media esforzada, elaborada por el grupo de Independientes, no hay mención explícita a clases sociales en un sentido relacional y/o multidimensional. En el diálogo al interior de los grupos rara vez se tematizaron términos como clase social o clase media y, pese a que una cuarta parte de los participantes los mencionó en alguna ocasión, esto se hizo en términos de una agrupación simple. En apariencia, este hallazgo va en contra de que las clasificaciones elaboradas se asimilan a una categorización según clases sociales. Al respecto, cabe considerar la dimensión performativa  de las ciencias sociales (Law & Singleton, 2000) y de qué modo los participantes han abordado o evitado tratar categorías como la de clases sociales. Consideramos que el hecho que desde la dictadura y hasta alrededor del año 2000, el debate sobre las desigualdades en Chile eludió utilizar el concepto clases sociales puede haber influido, en parte, para que la noción de clase social y las distinciones entre clases se encuentren poco presentes en la nomenclatura empleada por las personas en la actualidad.

Al examinar la descripción que hemos presentado, de acuerdo a los principios básicos de una estratificación según clases sociales planteados por diversos autores antes reseñados, se observa sintéticamente que las clasificaciones elaboradas por cada grupo presentan tres características en común: a) asignan un papel relevante a la educación; b) establecen una jerarquía entre las categorías; y c) distinguen más de un estrato medio.

La clasificación promedio de los grupos de jugadores

Entre miles de categorizaciones posibles, debido a las múltiples combinaciones realizables entre los 62 naipes, los grupos de participantes siguieron patrones parecidos y optaron por algunas clasificaciones que se pueden sintetizar en promedio, cuya descripción y análisis estadístico constituye la base del análisis cuantitativo que presentamos a continuación.

Analizamos cuantitativamente las clasificaciones en su nivel más elemental; observamos si, en los seis juegos, un naipe representativo de una persona en la sociedad formó parte de una misma agrupación junto a otro naipe específico (Deauvieau, Penissat, Brousse & Jayet, 2014). Entre cientos de pares de naipes posibles, algunos fueron incluidos en una misma agrupación por los seis grupos; de esta manera, mientras más se incluye un par de naipes en una misma agrupación, cualquiera sea la denominación de la categoría, más se perciben esos dos naipes como similares[5].

Prosiguiendo este método de análisis cuantitativo, contamos el número de veces en que los posibles pares de naipes formaron parte de una misma agrupación, obteniendo así una matriz de co-ocurrencias para los 62 naipes en los seis grupos. Al incorporar a las personas en agrupaciones, los jugadores establecen distancias entre una categoría y otra, que se pueden cuantificar y, a partir de esto, obtener una representación estadística de las dimensiones involucradas en su juicio clasificatorio (Lorenzi-Cioldi & Joye, 1988). Con el objeto de medir la distancia promedio entre los naipes ordenados por los participantes, se utiliza la cantidad de pares de naipes que los seis grupos tienen en común para elaborar una matriz de disimilaridad, recurriendo posteriormente a un procedimiento de análisis factorial (Deauvieau et al., 2014)[6]. Algunas asociaciones de naipes son más frecuentemente realizadas, mientras otras son menos frecuentes –indicando una percepción de mayor distancia-, lo que se observa en base al análisis factorial de la matriz de distancias entre los 62 naipes, cuyo resultado se presenta en el mapa perceptual de la Figura 2.

En la representación gráfica, se indica el número de cada naipe y se visualiza la distribución de esos naipes representativos de las personas integrantes de la sociedad. Las cartas se proyectan en ejes construidos a partir de la mayor o menor distancia entre los naipes, que representan las lógicas subyacentes de la clasificación. La coordenada del eje 1 o eje horizontal de las abscisas (x) representa estadísticamente un 50% de la información contenida en la matriz de distancias, es decir, concentra la mayor parte de la información sobre las distancias. Por su parte, el eje 2 o eje vertical de las ordenadas (y) representa otro 17% de las distancias. Sumados ambos ejes, representan un 67% de los datos sobre las distancias, lo que constituye una elevada proporción[7]. Es decir, ambos ejes configuran una categorización social de los naipes principalmente en torno al eje 1, combinándose en menor medida con el eje 2, sin la presencia de otras lógicas relevantes de categorización.

Figura 2. Juego de clasificaciones: Representación factorial de las distancias entre los naipes 

Fuente: Datos propios de la investigación

 

A través del análisis factorial de las distancias entre los naipes, se observa que éstos se agrupan en subconjuntos que constituyen las categorías elaboradas en promedio por los participantes en el juego; las que son representadas en el Gráfico 1 como elipses identificadas con letras. La forma en que se ordena la distancia entre los naipes muestra que estos subconjuntos se encuentran alejados unos de otros, especialmente entre dos polos opuestos: las categorías A y C. Entre los integrantes de ambas categorías no hay naipes pareados o bien los pares son escasos. Además, en la clasificación promedio se observa otro subconjunto en una posición intermedia, la categoría B que, de acuerdo a los datos, se diferencia marcadamente de los otros dos, a pesar de su heterogeneidad. Algunos naipes se encuentran más alejados del núcleo de esos tres subconjuntos, aunque pertenecen a uno u otro.

Este resultado del análisis cuantitativo es consistente con la forma de constituir y nombrar los grupos por parte de los jugadores, distinguiendo a modo de ilustración entre categorías polares como exitosos y oro frente a la categoría conformistas y resignados, con mayores dificultades para identificar a los integrantes de una categoría intermedia, según lo expuesto anteriormente, De este modo, los naipes representativos de personas en la sociedad se aglomeran en categorías diferenciadas unas de otras. En esa categorización influyen diversas variables, en mayor o menor medida, según se puede apreciar a través de regresiones lineales múltiples[8]  aplicadas a cada uno de los dos ejes, en la Tabla 2.

 

Tabla 2. Resultados de regresión lineal múltiple por coordenada (eje) de los naipes[9]

Variables independientes (predictoras)

Variable dependiente

Eje 1

Eje 2

(Constante)

0, 794***

-

Nivel de ingresos

-

-

Nivel educacional

-0,868***

-

Clase Social (Servicios Alta)

 

0,384**

R cuadrado; n

0,75***; 61

0,063*; 55

Fuente: Datos elaboración propia.
Notas1 Coeficientes tipificados: Beta *
Nota2: p<0,1,  **p<0,05,   ***p<0,01

 

Los resultados de la regresión aplicada a las posiciones de los naipes en el eje 1, revisando los efectos de las variables nivel de ingresos y nivel educacional, correspondientes a cada naipe, muestran una significación estadística de la última. Existe un efecto importante del nivel educacional sobre el eje 1.

En cuanto al eje 2, el modelo de regresión muestra que al estimar los efectos del pertenecer a la clase Servicios Alta –frente a pertenecer a cualquier otra clase social–, del nivel de ingresos y del nivel educacional, existe una influencia significativa del pertenecer a esta clase social, el cual corresponde al segmento superior de la clase media. Cabe destacar que el primer modelo logra explicar un 75% de las posiciones de los naipes en el eje, mientras que el del eje 2 tiene un ajuste menor.

Por otra parte, el sexo y la edad no aparecieron como variables con influencia significativa en la posición de los naipes, así como otras formas de estimar los efectos de la pertenencia a una clase social tampoco mostraron efectos significativos. En resumen, se trata de una categorización social estructurada por múltiples variables o dimensiones, donde tiene preeminencia la educación en el eje 1, mientras que el eje 2 es delimitado principalmente por la pertenencia –o no–  al estrato superior de las clases medias.

 

Tabla 3. Clasificación según pares de naipes: Características de cada categoría

 Categoría 

Características

A

Educación universitaria
Clase social de Servicios Alta: profesionales de nivel alto (abogada, ingeniero)
Ingresos medios-altos y también medios-bajos

B

Educación técnica o sólo Educación Media
Clase social de Servicios Baja: ocupaciones técnicas (técnico electrónico)
Clase social de Rutinas No-manuales Baja (cajera de supermercado)
Ingresos medios-bajos, pero también medios-altos y bajos

C

Educación básica o sin educación formal
Clase social de Trabajadores Manuales (tejedor textil)
Clase socia de Independientes: trabajadores por cuenta propia informales
Ingresos bajos y medios-bajos

Fuente: Elaboración propia.

Como se puede apreciar en la Tabla 3, la composición de cada categoría es consistente en cuanto a sus características económico-sociales. Por un lado, se aprecia que la polaridad entre la categoría A y la C se refiere tanto al nivel educacional, como a la clase social según ocupaciones y los ingresos. La categoría intermedia B consiste en un grupo heterogéneo, en cuanto a características de su composición interna, pero diferenciado de las categorías A y C en las dimensiones antes indicadas.

En síntesis, en la clasificación se evidencia que el nivel educacional es central para los participantes, principalmente para los grupos de clase media, transitando desde un mayor nivel educacional en la categoría A a un menor nivel en la categoría B. No obstante, en torno a esto confluyen y se encuentran subsumidas otras variables, principalmente la clase social según ocupación y los ingresos. Sin limitarse a una sola variable, cada una de las tres categorías sintetiza múltiples dimensiones. El análisis cuantitativo confirma y precisa nuestro análisis cualitativo: la educación constituye la principal dimensión distintiva entre las tres categorías sociales identificadas, aunque la clasificación es multidimensional. Esta confluencia de múltiples dimensiones, en un mismo sistema jerárquico de clasificación, puede interpretarse como resultante de un contexto de alta desigualdad, como es la situación chilena. Asimismo, dentro del esquema de clasificación promedio, según el análisis estadístico realizado, se observa con precisión que los jugadores distinguen más de una clase media, las categorías A y B, separándolas nítidamente de una relativamente indiferenciada categoría inferior C donde predominan los Trabajadores Manuales.

Por lo tanto, la descripción inicial de las clasificaciones elaboradas por cada uno de los seis grupos de jugadores es corroborada y precisada en la clasificación promedio que resulta de observar estadísticamente naipe a naipe los pares agrupados por el conjunto de los grupos. Se delimitan y ordenan subconjuntos diferenciados categóricamente, algunos de ellos incluso polares, disipando eventuales conjeturas sobre una categorización subjetiva gradual o continua sin presencia de clases sociales.

Conclusión

A través del juego de clasificaciones de naipes, dentro de los límites de esta metodología, se verifica que las categorías elegidas de un modo intersubjetivo para agrupar a las personas de la sociedad chilena, se estructuran de acuerdo a principios que son consistentes con una categorización según clases sociales: los participantes en el juego distinguen categorías cualitativamente diferentes, jerarquizadas y multidimensionales. De este modo, la clasificación de las personas comunes es afín a distinciones de clase social en un sentido objetivo o experto. Más aún, haciéndose cargo de un rasgo de la sociedad actual, los jugadores también identifican diversos estratos medios entre los extremos de la distribución. El reconocimiento subjetivo de categorías específicas al interior de las clases medias y la marcada distinción entre éstas, constituye un hallazgo relevante del estudio. El nivel educacional y el capital cultural en un sentido amplio desempeñan un papel central, aunque no exclusivo, en el proceso de representación de las diferencias sociales, lo que contribuye al conocimiento de esas subjetividades.

El hecho de que los jugadores distingan no sólo una clase media, sino múltiples estratos medios, indica que, en la experiencia social, las diversas clases medias son categorías que se han constituido como referentes importantes a la hora de representar la sociedad. Sin embargo, los grupos de jugadores utilizan variadas nomenclaturas en sus clasificaciones y las clases medias son escasamente denominadas como tales. De este modo, al nombrar las categorías, diversifican su manera de pensar la sociedad de acuerdo a su propia posición en el espacio social. También, al nombrar de determinada manera a las categorías establecen distinciones que les parecen naturales en la sociedad. También es importante destacar que, en el diálogo durante el desarrollo del juego de clasificaciones, los participantes incorporan un deber ser normativo, lo cual constituye un indicio de que las clasificaciones elaboradas por los grupos no son meramente cognitivas, sino que ejercen importantes efectos en la justificación moral del orden social y también pueden aportar una base para criticarlo.

Notas

[1] A todas estas personas, de acuerdo a normas éticas, se les informó  acerca del estudio, el carácter voluntario de su participación y el uso confidencial de la información, con respecto de lo cual firmaron un consentimiento informado.

[2] Además, Bourdieu distinguió una forma que adoptan los distintos tipos de capital, el capital simbólico.

[3] La distinción relativa a las Dueñas de casa y las Reinas dependientes efectuada por dos grupos de participantes, constituyó en el ejercicio una de las escasas referencias al género como criterio de categorización.

[4] Los títulos educacionales fueron puestos de relieve por los participantes en los grupos, confirmando que tienen preeminencia en Chile en comparación con otros países. Sin embargo, constituyen sólo una de las formas del capital cultural, de acuerdo a Bourdieu (1983).

[5] Los jugadores disponían de 1.891 pares de naipes posibles (62*61/2) para elaborar sus categorías. Por ejemplo, el naipe 61 correspondiente a una analista contable del Instituto Nacional de Estadísticas (INE), este fue emparejado cinco veces en una misma categoría con el naipe 53 correspondiente al Director de Operaciones en una municipalidad, mientras que con el resto se combinó sólo entre cero y tres veces.

[6] En la matriz de disimilaridades, los valores fluctúan entre cero que corresponde a la máxima distancia entre dos naipes y uno que representa la mínima distancia. El procedimiento estadístico aplicado corresponde a un método de análisis multivariante, el escalamiento multidimensional (MDS).

[7] De este modo, el modelo tiene una adecuada capacidad de explicación estadística.

[8] El tamaño muestral reducido podría llevar a errores de estimación en las regresiones. Sin embargo, sus resultados son consistentes con el modelo de análisis factorial, por lo que se utilizan para precisar el análisis sobre las clasificaciones.

[9] Sobre la persona real descrita en cada naipe se registró una detallada información, lo cual conforma la base de datos utilizada en el análisis estadístico.

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Correspondencia: La correspondencia relativa a este artículo deberá ser dirigida al autor. Universidad de Los Lagos, Chile, oscar.macclure@ulagos.cl (Oscar Mac-Clure)

Investigación realizada en el marco de los proyectos Anillo Desigualdades y Fondecyt Regular 1130276, así como con el respaldo de Enlace-CEPIA de la Vicerrectoría de Investigación y Desarrollo de la Universidad de Chile.

Agradecimientos: A los miembros del equipo del Proyecto Desigualdades que hizo posible el diseño e implementación de la investigación, así como los comentarios a este artículo recibidos de M. Contreras, V. Guzmán, S. Ibáñez, D. Martuccelli, M.L. Méndez, A.M. Valenzuela y J. Fierro. También agradecemos el apoyo de la Universidad de Los Lagos para la elaboración de la base de datos.

Recibido: 19 de junio 2014

Aceptado: 20 de abril 2015

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