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Psicoperspectivas

versión On-line ISSN 0718-6924

Psicoperspectivas vol.15 no.1 Valparaíso ene. 2016

http://dx.doi.org/10.5027/psicoperspectivas-Vol15-Issue1-fulltext-627 

 

Apoyo social percibido y su influencia en el desistimiento delictivo: Evaluación del rol institucional

 

Perceived social support and its influence on desistance from crime: Evaluation of the institutional role

 

Luis Álvarez1, Yonatan Bustamante1, Elizabeth Herrera1, Ricardo Pérez-Luco1

1Universidad de la Frontera

Dirección para Correspondencia


RESUMEN

La creciente preocupación por abordar la problemática de la delincuencia ha hecho emerger diversos enfoques que se han sumado a la discusión, siendo el desistimiento uno de los más relevantes en la actualidad. El presente estudio tuvo por objetivo evaluar la relación existente entre el tipo de apoyo social percibido, respecto de fuentes de apoyo institucionales y su influencia en el proceso de desistimiento de sujetos con patrones delictuales persistentes, que cumplen condena en un Complejo Penitenciario del sur de Chile. Con base en un diseño de tipo cualitativo descriptivo con casos múltiples, se utilizaron entrevistas individuales focalizadas para recoger la percepción de los entrevistados. Los resultados indican que los entrevistados manifiestan una valoración positiva de las instituciones, identificándolas como un espacio de beneficio en potencia, al que se accedería por la intermediación de un facilitador. No obstante, las instituciones no tendrían mayor influjo sobre el desistimiento, en tanto los sujetos se auto-responsabilizan de su opción delictual, restando impacto a las instituciones en sus trayectorias delictuales. Se discuten las posibles implicancias de los hallazgos sobre los procesos de intervención en esta población.

Palabras clave: infractores adultos; desistimiento; apoyo social percibido; responsabilización


ABSTRACT

The growing concern about how to deal with the problem of delinquency has fostered the emergence of a diversity of approaches that have joined the discussion, with delinquent behaviour abandonment becoming one of the most relevant nowadays. The goal of this study was to evaluate the current relationship between the type of perceived social support provided by institutional support services and its influence on the processes that persistent criminals who are inmates of a Prison Camp in the south of Chile undergo to eventually quit criminal behaviour. We used focalized individual interviews to elicit the perceptions of interviewees, using a qualitative descriptive design with multiple cases. Our results show that interviewees declare that they have a positive valuation of institutions, deeming them a potentially beneficial space available to them through a facilitator. Nevertheless, institutions do not seem to influence their decision to quit crime. Inmates blame themselves for their criminal behaviour, thus reducing the credit that institutions have in theirchoice of criminal paths. We discuss possible implications of our findings on intervention processes for this population.

Keywords: adult criminals; desistance; perceived social support; accountability


Introducción

El estudio y compresión de la conducta antisocial es una tarea compleja, para la cual resulta indispensable tener mayor conocimiento sobre los procesos que pueden favorecer su desarrollo, especialmente respecto de los factores de riesgo individuales y circunstancias vitales trascendentes, asícomo aquellas actividades cotidianas de los individuos en sus contextos vecinales que pueden influir sobre este tipo de comportamientos (Loeber, Farrington & Redondo, 2011). En esta línea, estudios sobre la reincidencia, además de asociarla a factores socio-familiares desfavorables, también dan cuenta de experiencias educativas incoherentes y poco efectivas. Al respecto, los tipos de medidas judiciales, junto al fracaso escolar de los jóvenes son identificados como dos de los principales predictores de la vinculación al delito (Schiff, 2013).

Entre los modelos comprensivos de la delincuencia, el enfoque de desistimiento, fenómeno entendido como la abstención delictual a largo plazo de individuos que presentaban patrones delictuales persistentes (McNeill, Farrall, Lightowler & Maruna, 2012), constituye un aporte significativo para la práctica interventiva, ya que al conocer aquellos elementos gatillantes del desistimiento se estaría ante la posibilidad de abordarlos para poder acelerar la interrupción de las carreras delictivas. Este proceso tendría dos fases, al inicio surgiría el desistimiento primario, con períodos breves en que la persona no delinque. Posteriormente emerge el desistimiento secundario, en el cual habría un cambio en la identidad que la persona asume, tomando un rol prosocial en su comunidad (Farrall & Calverley, 2006).

En relación a este fenómeno, son variadas las investigaciones que coinciden en sostener que entre el 40% y el 60% de los infractores de ley desisten del delito al principio de la edad adulta. La mayor continuidad delictiva desde la edad juvenil hacia la primera edad adulta se presenta en aquellos que empiezan a delinquir precoz-mente, los delincuentes juveniles crónicos y los que han cometido hechos más violentos (Farrington et al., 2006; Loeber et al., 2011).

Uno de los elementos donde se ha encontrado un alto potencial favorecedor del desistimiento es el matrimonio. Este genera un efecto en el cual el delincuente paulatinamente invierte mayor esfuerzo en mantener esta relación, que le provee apoyo social y una nueva estructura a su vida; frente a la falta de estructuración que suponía su vida pasada con compañeros de delito. De esta manera, el matrimonio constituye una oportunidad para la transformación de su identidad delictual y permite la aparición de un nuevo patrón conductual (Sampson, Laub & Wimer, 2006).

Marco de Referencia

En concordancia con lo señalado, centrar tan sólo en una vía el camino para el desistimiento, constituye una visión insuficiente que no releva la complejidad del fenómeno. De este modo, resulta importante amplificar el foco de atención a otras fuentes de apoyo social menos exploradas, que pudiesen tener influencia sobre el desistimiento. Así, cobran relevancia componentes sociales e institucionales, que pueden favorecer o interrumpir la emergencia y mantención de carreras delictivas, particularmente, el tipo de apoyo social percibido proveniente de fuentes de apoyo institucionales.

En el apoyo social se distinguen dos fuentes: (a) naturales, como la familia, grupo de pares, grupos primarios, vecinos, etc., cuya función inmediata no es la de ofrecer apoyo y (b) institucionales, diseñadas precisamente para proporcionar apoyo, como servicios asistenciales, consultorios, entre otros (Veiel, 1985). El concepto de apoyo social percibido ha sido utilizado con predominancia dentro del área de la salud (Barra, Cerna, Kramm & Véliz, 2006; Vega & González, 2009; Vinaccia et al., 2007; Vivaldi & Barra, 2012), siendo entendido como la valoración que una persona hace sobre su red social y los recursos que fluyen desde ella, destacando el grado de satisfacción que obtiene del apoyo disponible (Gracia, 1997).

Evidencia nacional en materia de adolescentes infractores de ley muestra que estos perciben menor apoyo social respecto de los no infractores desde las diferentes fuentes que conforman su red social. También poseen una autopercepción negativa al considerarse como fuente generadora de menor apoyo, lo que desequilibraría el intercambio con otros (Méndez & Barra, 2008). Además en personas privadas de libertad, el mismo entorno privativo es un espacio donde se garantiza el acceso a servicios que en sus lugares de origen frecuentemente no están disponibles, generando estrés al retornar al medio libre (Mettifogo, Arévalo, Gómez, Montedónico & Silva, 2015).

Lo cierto es que el apoyo social (AS, en adelante) es un constructo multidimensional con diferentes aspectos estructurales y funcionales (Terol et al., 2004). Para esta complejidad conceptual, Tardy (1985) construyó cinco dimensiones, tal como se presenta en la Figura 1.

La primera consiste en la dirección, referida a la doble dirección existente en el AS, provisto o recibido, según sea quien lo provee o lo reciba. La segunda dimensión corresponde a la disposición, ésta alude al apoyo disponible en situaciones específicas y al apoyo real que se ha dado o se estédando ante una situación. La tercera dimensión es la de descripción/evaluación, la cual indica que el AS puede ser descrito o evaluado. Por una parte el descrito se refiere concretamente a las categorías de apoyo, mientras que el apoyo evaluado sería la satisfacción del mismo y es evaluado desde el receptor o desde el que lo provee, existiendo la posibilidad de que el apoyo pueda ser el origen de problemas para quien lo recibe. En la dimensión contenidos, se distinguen cuatro categorías de AS, (a) emocional, la cual está operativizada como expresiones de afecto, empatía, etc.; (b) instrumental, que se refiere a realizar acciones o proporcionar materiales o servicios que sirven para resolver problemas prácticos, por ejemplo, ayudar en tareas de casa, dar dinero, etc.; (c) informacional, que se refiere a aconsejar, informar, guiar, etc. y, por último (d) valorativa o evaluativa, en la que se facilita información no afectiva, para que las personas se comparen a sí mismas con los comportamientos sociales. Finalmente, la quinta dimensión, redes, se refiere al conjunto de relaciones entre miembros de un grupo o colectivo (familia, amigos, vecinos, compañeros, y comunidad), de los que proviene el AS y a los intercambios y variables interpersonales que se dan entre ellos.

Tal como se señaló anteriormente, el AS per se no es suficiente para ser considerado como gatillante del desistimiento, por tanto, el nivel de análisis debe centrarse en el grado de satisfacción del sujeto respecto del apoyo que recibe. A partir del estudio de las distintas redes que se constituyen como fuentes de AS, a nivel comunitario, es posible examinar a las escuelas, donde, paradojalmente,el aumento de la vigilancia y la ampliación de las tasas de suspensión y expulsión ha demostrado tener un efecto contrario al esperado, propiciando la deserción escolar y con ello pavimentando el camino hacia la delincuencia (Schiff, 2013). Por otro lado, existen ejemplos en los que las relaciones sociales nacidas en el seno de instituciones como congregaciones religiosas, pueden tener un efecto positivo sobre el desistimiento a la hora de ofrecer un apoyo social que tiene como consecuencia la revisión de los patrones conductuales (Weaver, 2013). Según parece, la capacidad del AS para elevar el sentimiento de autoeficacia en las personas, condición imprescindible para progresar en el proceso de desistimiento, cobraría progresivamente mayor grado de relevancia (Cid & Martí, 2011).

Realizar una investigación centrada en estos fenómenos posee al menos dos justificaciones primordiales, una de carácter político-técnico y otra de carácter ético-social. Para la primera se debe considerar que a nivel nacional e internacional existe un modelo de políticas penales, cuyo foco es hacer cada vez más punitivos los sistemas de justicia, utilizando la privación de libertad como la única forma válida de enfrentar la delincuencia. El modelo es Estados Unidos, cuyos resultados no han sido efectivos (Currie, 2007).

El argumento ético-social releva como imperativo que las intervenciones desarrolladas para los sujetos que han infringido la ley se redirijan hacia modelos comprensivos basados en la evidencia. Teniendo presente que aquellos a quienes se les otorga este servicio, más allá de su etiqueta de delincuentes, en no pocas ocasiones han debido sufrir la injustica social, por tanto la integralidad del proceso constituye un medio para restaurar dicha injusticia. Frente a este escenario es imperioso que las instituciones dedicadas a la rehabilitación de quienes han infringido la ley, se comprometan con promover la educación y la participación de la comunidad, para hacer frente al ansia de castigo populista (Bottoms, 1995), que suele verse comúnmente en aquellos que dicen representar el interés social y más bien son guiados por intereses personales. En atención a la evidencia empírica acumulada en torno a los fenómenos de desistimiento (Cid & Martí, 2011) y el apoyo social percibido(Méndez & Barra, 2008) y considerando la escasa aplicación de este último constructo al fenómeno delictivo, resulta relevante abordar la percepción de apoyo social que expresan adultos jóvenes reincidentes, sobre las fuentes institucionales y redes comunitarias que formaron parte de su entorno próximo en el medio libre. Esto, porque dentro de su trayectoria vital se hace visible el proceso de desadaptación social, comenzando con comportamientos trasgresores en la adolescencia, para luego dar paso a acciones tipificadas como delitos y finalmente el fracaso del desistimiento por factores maduracionales. De esta manera, se produce un escenario que genera curiosidad respecto de las variables que podrían estar a la base de la delincuencia de tipo persistente que presentan. En base a lo señalado, cabe preguntarse ¿qué tipo de relación o influencia existe entre el tipo de apoyo social percibido respecto de fuentes de apoyo institucionales y el proceso de desistimiento fallido en sujetos con patrones delictuales persistentes? Para responder a esta interrogante se plantean tres objetivos específicos: (a) caracterizar el apoyo social percibido de los infractores de ley; (b) describir la asociación entre apoyo social y desistimiento y (c) identificar diferencias en cuanto a la relación con distintas instituciones.

Metodología Diseño

El estudio posee un diseño descriptivo de casos múltiples, es decir, casos que presentan valor positivo en la condición de estudio, en tanto se trata de sujetos que han estado expuestos al influjo de diversas instituciones del medio libre y han fallado en su proceso de desistimiento durante la adolescencia. De esta manera, estos desarrollan una delincuencia persistente, situación que se hace patente al estar cumpliendo condenas en medio privativo. Se usa como dato el relato de la experiencia íntima y directa de los participantes, siendo éste un dato primario, cualitativo y complejo.

Participantes

La población del estudio la constituye el total de personas que cumplen condena en un Complejo Penitenciario (C.P.) del sur de Chile. Estos, al momento del estudio, se encontraban en tratamiento en la Comunidad Terapéutica de esa unidad penal (N=34), con edades entre 22 y 40 años. De esta población, 10 personas se encontraban en fase de pre-egreso, 5 de ellos con un compromiso delictual en rango medio-alto. A este grupo se le considera representativo del fenómeno estudiado, por lo que se resuelve un muestreo intencionado de casos típicos. De esta manera, se obtuvo una muestra de 3 participantes que cumplen los criterios de inclusión/exclusión y en algún momento de sus vidas tuvieron acceso a redes de apoyo social como escuelas, centros de salud, clubes deportivos, entre otros.

Se consignaron como criterios de inclusión: (a) ser hombres; (b) con edades entre 20 a 29 años; (c) con estudios básicos completos; (d) cumpliendo sanción por delitos contra la propiedad; (e) reincidentes; (f) con seis o menos años de privación de libertad y (g) que presenten condiciones de delincuencia distintiva. Fréchette & Le Blanc (1987), las clasifican en precocidad, voluminosidad, polimorfismo, agravamiento y persistencia. Por su parte, los criterios de exclusión fueron: (a) haber cometido delitos sexuales y (b) presentar patología psiquiátrica o discapacidad intelectual moderada a profunda (ver Tabla 1).

Con dichas características se cumple el requisito de haber tenido un fracaso en su proceso de desistimiento durante la adolescencia; dando paso, de esta manera, a una trayectoria persistente en la adultez. Esta condición ofrece la posibilidad estudiar los elementos que habrían fallado en propiciar dicho proceso previo a su internación.

Recolección y análisis de datos

Los datos se recogieron mediante entrevistas individuales focalizadas y semi-estructuradas, dado el grado de control de los temas que se tenía previsto abordar (Bolseguí & Fuguet, 2006). En la construcción del guion para la entrevista se siguieron las recomendaciones realizadas por Cuevas (2009, citado en Hernández, Fernández, & Baptista, 2010), utilizando una orientación teóricamente guiada para la elección de los tópicos abordados. Para el trabajo en terreno se usó un cuaderno de campo realizando registros complementarios en bitácora, notas de campo y memos de síntesis.

El análisis de datos fue de tipo interpretativo, inductivo, con foco interno, por cuanto se buscó comprender los sentidos y significados manifiestos y preferentemente latentes de la experiencia subjetiva de los entrevistados a través del análisis del contenido. Esto con la finalidad de develar las reglas implícitas que rigen sus procesos de comunicación (Cáceres, 2003). Asímismo, ante la emergencia de datos discursivos relativos a la trayectoria y persistencia delictiva se optó por sistematizarlos en memos de síntesis, los que fueron incorporados como parte de los resultados y discusión del estudio.

Tabla 1. Caracterización de los sujetos de la muestra1

tab1art13
Fuente: Elaboración propia

 

La validación de datos se realizó mediante entrevistas de contra chequeo, en las cuales los participantes confirmaron lo señalado previamente. Además, se desarrrolló un proceso de triangulación constante de resultados, tras el acuerdo intersubjetivo de los investigadores.

Por su parte, el análisis de contenido se llevó a cabo con el método de comparaciones constantes, realizando codificación abierta, axial y selectiva para hacer emerger categorías y relaciones cargadas de sentido y significado. En esta línea, lo que se buscó fue elaborar y perfeccionar categorías relevantes, las que en todo momento y desde el inicio de la recolección se fueron comparando con los hallazgos obtenidos, permitiendo así determinar elementos comunes y variaciones (Soãres de Lima et al., 2010).

Procedimiento

Usando una estrategia formal, se gestionó ante Gendarmería de Chile la autorización para realizar el estudio.

A los participantes seleccionados se les presentaron los objetivos, se resolvieron sus dudas y se les solicitó la firma de un consentimiento que oficializó su participación en el estudio. Luego, se inició la recolección de datos, mediante entrevistas individuales focalizadas que fueron transcritas para realizar el contra chequeo en un segundo momento, de modo de validar la información obtenida, resolver dudas, profundizar en áreas no exploradas cabalmente y retroalimentar al participante. Finalmente, los datos fueron codificados, categorizados y presentados en un documento de trabajo.

Resguardos éticos

Cada participante firmó una carta de consentimiento informado que establecía el compromiso de usar la información recabada sólo con fines académicos, consignando el objetivo del estudio, la finalidad, los procedimientos y sus responsables. Así mismo, se les informó que los datos obtenidos sería remitida a Gendarmería de Chile en un informe que contendría los resultados generales, resguardando su identidad y privacidad.

En consideración a la privación de libertad en que se encuentran los participantes, se tuvo particular cuidado en enfatizar el derecho a negarse a participar o a retirarse en cualquier etapa del proceso, sin que ello tuviese consecuencias negativas para su condición judicial o para el tratamiento al que se encuentran adscritos.

Resultados

Características del apoyo social percibido y sus diferencias interinstitucionales.

La institución escolar

Aparece como una red de alta trascendencia dentro de la experiencia subjetiva de los entrevistados, quienes comparten vivencias similares al momento de analizar su trayectoria dentro del sistema educacional. En relación a este proceso, todos refieren haber tenido una interacción conflictiva con este sistema. Esta vivencia se intercepta en sus relatos y es posible de asociar a experiencias comunes, reiterados problemas conductuales (repitencias, cambios de colegio y expulsiones):

‘Me echaron de ese colegio, me suspendieron la matrícula y me fui a otro colegio’, ‘me cambiaron porque ahí volvía vivir con mi mamá, me cambiaron de colegio a un colegio más municipal... me fui a otro colegio y ahí fue mi último año que estudié así como bien, porque después empecé a repetir los cursos, no iba a clases, hacía más la cimarra2, empecé a consumir drogas (Carlos. Entrevista personal. 10 de junio de 2014).

De este modo, a partir de la trayectoria escolar descrita se observa una inadecuación y fracaso dentro del sistema de educación formal. En un primer nivel, los propios entrevistados vinculan a sus conductas y características personales propiciando la salida anticipada y definitiva de esta red socializadora. Sin embargo, paralelamente, la visión y experiencia retrospectiva acerca del accionar y operar de la institución escolar, sitúa el análisis en un nivel que trasciende los factores personales e individuales.

En dicho sentido, la institución escolar, al igual que otras instituciones, fue experimentada como una instancia de ayuda y beneficio en potencia. A la cual ellos asocian la presencia de un agente que facilite y medie esta recepción de ayuda para efectos de concretar el apoyo, radicando en este caso particular en los profesores(as) y apoderados. Desde la experiencia relatada, representada en la Figura 2, los profesores(as) ocupan un lugar de vital importancia en la forma en que los sujetos refieren haber experimentado el proceso de escolarización, en contraposición a los profesores sin vocación, de los cuales habrían recibido malos tratos y desinterés por sus necesidades afectivas, al no ser escuchados y comprendidos en sus problemas personales:

‘Los valores, eso es lo que no enseñan en los colegios, los valores, sino que los valores vienen inculcados de la casa y si no hay valores en la casa ¿dónde lo enseñan?, si no es en la casa de uno y siendo que uno pasa igual varias horas en el colegio’ (Carlos. Entrevista personal. 10 de junio de 2014).

En contraste con la relevancia de los profesores como facilitadores, surge la red familiar inmediata de los sujetos, donde se aprecia escasa colaboración para la construcción de una relación de ayuda, dada la disfuncionalidad en las dinámicas internas de la familia y los constantes cambios de residencia, elementos que constituye un obstáculo para establecer un vínculo estable entre familia y escuela:

‘Estuve viviendo en casas de amigos de mi papá y como que no hubo un vínculo de profesor y apoderado, siempre tenía distintos apoderados…cuando mandaban a buscar a mi apoderado y me suspendían, yo no le entregaba la comunicación a mi apoderado’(Juan. Entrevista personal. 10 de junio de 2014).

En síntesis, alteraciones a nivel familiar, junto a la falta de un agente facilitador en educación, no promueven que la institución escolar pueda configurarse como un beneficio o ayuda en potencia para el sujeto. Este hecho se asocia al posible éxito o fracaso dentro del sistema escolar, fracaso que se hace evidente en la deserción del sistema escolar.

Municipalidad.

De todas las instituciones informadas por los entrevistados, la municipalidad posee un elemento diferenciador, en tanto todos concuerdan en no haber tenido vinculación directa con ella, sino a través de la experiencia de familiares cercanos o amigos. No obstante, manifiestan que, tras el retorno al medio libre, harán uso de esta red.

‘A mi mamá la iban a visitar de vez en cuando asistentes de la municipalidad, a ver su condición y de qué forma vivía, igual ella recibía ayuda, como alimentos, planchas para forrar su casa’ (Carlos. Entrevista personal. 10 de junio de 2014).

En términos generales, la Municipalidad es concebida como un espacio potencial, donde podrían recibir ayuda y ciertos beneficios. Entre estos se cuentan la intermediación laboral o la entrega de recursos para iniciar alguna actividad productiva independiente.

Tal como en otras instituciones, surge la figura de un agente facilitador que podría ser algún Operador Social o algún agente clave de la comunidad. Este debe tener la facultad de proveer la información de la que adolece el sujeto, con miras a procurar el acceso efectivo a la gama de ofertas que posee el municipio.

‘Llegar a la municipalidad y que me den pasos a seguir o que me manden con alguien que me diga qué hacer porque nunca he andado haciendo esos trámites’ (Pedro. Entrevista personal. 10 de junio de 2014).

Iglesia.

Del análisis de este componente se extrae que la participación en entornos religiosos es experimentada como un espacio de control social. En tanto se producen efectos como la disminución o interrupción de la comisión de ilícitos, en tanto se eleva el involucramiento en actividades religiosas.

‘Mi opinión acerca de la iglesia es que cuando la gente cree en la religión evangélica hace hartas cosas, no fuman, no toman, pero los católicos fuman y toman…como que ponen normas y hacen que la gente se haga cargo de su propia decisión, la familia de mi papá son evangélicos y no tiene problemas con la justicia, pero por familia de mi mamá son católicos y son todos buenos para el alcohol, en discos pasándola bien, con la droga y problemas con la justicia’ (Pedro. Entrevista personal. 10 de junio de 2014).

‘Sí, yo creo, creo en dios nomas, pero tampoco soy tan cínico, de estar metido en una iglesia, de estar así diosito diosito, si después voy a salir a hacer lo malo’ (Juan. Entrevista personal. 10 de junio de 2014).

Entre los elementos que se destacan de esta institución, se encuentran el hecho de no discriminar a aquellos que buscan participar de este espacio. También se señala que no habría un cuestionamiento en torno al origen ni las actividades que desempeña el creyente, generando una suerte de aceptación incondicional.

‘Porque no juzgan a nadie, no sé si todos, pero no juzgan a nadie. No hacen excepciones de nada, nos miran a todos iguales, somos hijos de Dios’(Pedro. Entrevista personal. 10 de junio de 2014).

Al mantener una vinculación con la iglesia, ésta se constituye como un espacio de regulación que resulta nutritivo para quienes la conforman. Esto porque pueden encontrar respuesta a sus necesidades espirituales y otras incluso de orden material.

‘Yo creo que las personas sienten esa necesidad, igual es válido sentir así como el aliento de alguien que te esté diciendo tú puedes, túpuedes salir adelante, yo creo que esa es la necesidad’ (Pedro. Entrevista personal. 10 de junio de 2014).

fig2art13
Fuente: Elaboración propia

Figura 2. Representación del sistema escolar

Club deportivo y centro juvenil

En relación a dichas instituciones, éstas cumplirían un rol importante dada la interacción directa que se tuvo con ellas. Sin embargo, los relatos dan cuenta de experiencias diversas.

En primer lugar, las organizaciones comunitarias son concebidas como una fuente de ayuda y colaboración, así-como una instancia en la cual se obtienen beneficios, los que se asocian a la importancia de éstas como entes socializadores y de interacción con pares, donde se forman lazos interpersonales y de reunión.

‘El club era de la población, con gente de la población, igual siempre hay gente que te invita, juegas y hacen sus completadas, jugando en infantil igual fui connotado’ (Pedro. Entrevista personal. 10 de junio de 2014).

Del mismo modo, surge la figura de un agente facilitador dentro de este tipo de organizaciones. Esta es una figura primordial que podría ser alguna persona clave dentro de la comunidad, quien cumple el rol de generar y convocar a estas instancias de reunión comunitaria desde dentro de la propia institución.

Sin embargo, los sujetos también las conciben como una fuente de conflicto, asociado principalmente a los tipos de interacciones que se desarrollarían en su interior.En algunas se dan dinámicas que son percibidas como el inicio de trayectorias de consumo de substancias y su relación posterior con comportamientos delictivos.

‘Si poh3, [en el club deportivo] tuve hartas amistades, la mayoría ahora consumen droga, queda en un sector igual un poco vulnerable de la droga y la delincuencia…en el club deportivo siempre tenía alcohol y droga, después de hacer deporte todos empezaban a drogarse, es como un incentivo igual fuerte para empezar a consumir droga’ (Pedro. Entrevista personal. 10 de junio de 2014).

Salud.

Del análisis de este factor se puede mencionar que las instituciones de salud, en general, son concebidas como una instancia de ayuda y beneficio en momentos en los cuales se requiere, tanto a nivel individual, familiar y comunitaria. Entre los puntos a destacar dentro de estas instituciones está el hecho de que pondrían su foco de atención en la población con escasos recursos económicos y familias vulnerables, por medio de una atención gratuita que garantizaría el acceso a este servicio.

‘Ayudan a la gente más vulnerable, no cobran, es para gente con pocos recursos’ (Pedro. Entrevista personal. 10 de junio de 2014).

‘Yo estuve libre a principios del 2010, anduve pocos meses en libertad y saque una hora en el consultorio, salí mal, estuve descalcificado, me inyectaron vitaminas y estuve con pastillas para que pueda comer…una señorita me preguntó que si yo no me quería, que porqué estaba así y tuve que decirle que venía saliendo de la cárcel y ahí me dio más ayuda como vitaminas, inyecciones para que pueda recuperarme’ (Juan. Entrevista personal. 10 de junio de 2014).

Por otro lado, se señala que existirían algunos factores de las instituciones de salud que son concebidas como elementos a mejorar dentro del funcionamiento de éstas como la atención oportuna y la organización de ésta.

‘En ese sentido en los primeros años para los niños es bueno, pero después igual cambia, hay que estar haciendo largas colas…se demoran en la atención’ (Carlos. Entrevista personal. 10 de junio de 2014).

Fuerzas de orden y seguridad.

Los sujetos comparten vivencias similares frente a la relación con estas instituciones. Por un lado, es visible la asociación de estas instituciones con el rol de proteger y cuidar a la comunidad en general.

‘Uno hace el mal y ellos hacen el bien a la comunidad’(Carlos. Entrevista personal. 10 de junio de 2014).

‘Ellos me protegieron [Carabineros] porque yo sufría de maltrato por parte de mi papá y lo fui a denunciar y ellos estimaron que era conveniente que estéen otro lugar que no sea mi casa, y si no podía estar en mi casa me derivan al hogar de menores’ (Carlos. Entrevista personal. 10 de junio de 2014).

Por otra parte, la interacción de los entrevistados con estas instituciones muestra experiencias negativas. Debido a la posible existencia de corrupción e injusticias al interior de éstas, destacando el accionar de los agentes de estas instituciones ante la comisión de delitos.

‘Porque [los organismos de orden y seguridad] son injustos, se aprovechan de su traje, abusan de eso, abusan de su poder con la gente. Ellos ven lo que quieren ver, nunca piensan por la gente, nunca la han visto y todas las instituciones de los pacos4, Gendarmería, piensan lo mismo, ellos son uno solo nomás, no le importa lo que piensen los estudiantes, ellos si tienen que pegar, pegan no más, si le están pegando a un cabro no les importa o si te van a quebrar un diente, si te van a quebrar un brazo, no les importa nada, llegan y te pegan , para míson una mierda todos esos güeones5(Juan. Entrevista personal. 10 de junio de 2014).

La conjunción de corrupción e injusticias se traduce en situaciones de maltrato y abusos de poder por parte de agentes de estas instituciones.

‘[Funcionarios pertenecientes a organismos de orden y seguridad] me han hecho el bote. Te amarran de los pies y los brazos con grilletes y te pescan a golpes, a puras patadas en la guata o en la cara, donde te peguen nomás, me han ajusticiado. Son momentos en la calle y preso’ (Juan. Entrevista personal. 10 de junio de 2014).

Apoyo social y desistimiento

En términos generales, el análisis de contenido de los relatos estudiados (Figura 3)devela que la red comunitaria e institucional es concebida por los entrevistados como fuente de ayuda o beneficio en potencia, es decir, representa un apoyo que no está dado per se o asegurado por símismo. En esta dirección, los datos muestran que para el caso de la institución escolar, la municipalidad y las organizaciones comunitarias, como también los centros juveniles y clubes deportivos, una condición necesaria que facilita el acceso a dicha ayuda, la constituye una figura mediadora que visibilice la disponibilidad de dicho espacio de apoyo.

En este escenario, al consultarle a los entrevistados respecto de la relación que, desde su experiencia, pueden establecer entre el apoyo social institucional y el desistimiento, emergen dos discursos transversales y complementarios posibles de enmarcar dentro del proceso rehabilitador y terapéutico en que se encuentran los sujetos de estudio. Estos son la auto-responsabilización frente al delito y ante el cambio personal, es decir, asumir como una responsabilidad y decisión propia tanto en la participación en hechos delictivos y como en la posibilidad de cambio o desistimiento. Ambos discursos prevalecen sobre la experiencia en torno a las instituciones como un espacio de beneficio y ayuda en potencia, dejando al sentido de responsabilización a la base de la trayectoria delictual.

‘[El delito] creo fue más por decisión propia, si yo hubiese buscado la ayuda, lo que le estoy comentando ahora, si hubiese tenido la información o el conocimiento de que habían entidades que sí ayudan a las personas, yo creo que no estaría aquí, si hubiese buscado la ayuda yo no estaría aquí’ (Carlos. Entrevista personal. 10 de junio de 2014).

‘Es que yo echarle la culpa a ellos [personas vinculadas a instituciones], sería injusto, porque siempre me han entregado cosas buenas, que yo no las quise tomar fue diferente, yo no quise aceptar su ayuda cuando me preguntaban qué-te pasa, nada, yo no le contaba nada a nadie, yo solucionaba mis problemas solo no más’ (Juan. Entrevista personal. 10 de junio de 2014).

Ambos elementos sitúan al desistimiento del delito como un proceso mediado por variables motivacionales e intrínsecas, de carácter personal o individual. Estos discursos responden de manera directa a los principios que forman parte de los planteamientos educativos y resocializadores, subyacentes al proceso de tratamiento e integración social de quienes han presentado conflictos con la justicia.

‘Yo sé que tengo que salir adelante, yo mismo me lo tengo que estar recordando día a día, a lo mejor no he buscado salir delante de la mejor manera, pero creo que ya basta, ya aprendí la lección, ya sé lo que tengo que hacer en la calle, informarme, buscar las redes de apoyo’ (Carlos. Entrevista personal. 10 de junio de 2014).

Discusión y conclusión

Los resultados obtenidos al explorar la experiencia de un grupo de adultos jóvenes con trayectoria delictual persistente respecto de la relación e influencia del apoyo social percibido proveniente de fuentes institucionales sobre su proceso de desistimiento, permiten ampliar el marco comprensivo de los diferentes elementos implicados en estos fenómenos. Para esclarecer dicha relación se exploran las características de la relación entre el apoyo social percibido y las distintas instituciones y posteriormente, se aborda el vínculo entre apoyo social percibido y el desistimiento.

La totalidad de las experiencias relatadas confluyen en la idea general que, en el tránsito entre una necesidad emergente y la satisfacción de dicha demanda, por parte de la fuente institucional particularmente requerida, existe un espacio intermedio dentro del cual se encuentran dos elementos que caracterizarían la forma de acceso al apoyo requerido. El primero de estos, radica en la capacidad potencial, en que la institución es percibida como un reservorio de apoyo. El segundo elemento corresponde a una figura mediadora capaz de facilitar el acceso efectivo a la institución que puede dar respuesta a la demanda presentada.

Analizando estos elementos desde modelo del apoyo social propuesto por Tardy (1985), se hace evidente que los hallazgos presentan una estrecha vinculación con las dimensiones y componentes planteados por el autor. Por un lado, en lo referido a la dimensión de disposición, en los entrevistados existe una valoración de las redes institucionales como disponibles (accesible o en potencia). Sin embargo, para llegar a ser un apoyo social real no basta con que el apoyo esté disponible, ya que se requeriría de una figura facilitadora que permita el acceso al apoyo.

En lo relativo a las redes comunitarias, foco de análisis del presente estudio, es posible visualizar que los entrevistados establecen una relación dinámica entre las distintas redes. Estas son entendidas como el sistema social e íntimo de los individuos, a partir de lo cual se puede apreciar una mayor o menor vinculación entre los componentes de esta dimensión. De este análisis se desprende que, de las distintas redes identificadas por Tardy (1985): familia, amigos, vecinos, compañeros, profesionales y comunidad, está última, como espacio en donde se encuentran las instituciones, no sería capaz de cumplir su función, si no contase con el auxilio de las demás redes, las cuales pasarían a asumir el rol de agentes facilitadores. Además se visualiza la posibilidad de encuentro entre un facilitador natural y otro profesional, situación susceptible de ser ejemplificada a través de la dinámica entorno a la institución escolar.

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Fuente: Elaboración propia

Figura 3. Relación entre el apoyo social percibido y el desistimiento

Dentro de la institución escolar, la figura del facilitador recae en los profesores, agentes mediadores en quienes, siguiendo la dimensión de contenido planteada por Tardy (1985), se depositan demandas afectivas y valóricas, que trascienden a una tarea meramente formativa centrada en contenidos curriculares. Este aspecto lleva a plantear una discusión sobre el rol del profesor y cuál debiese ser su participación al verse enfrentado a estudiantes vulnerables que forman parte de contextos familiares disfuncionales e inestables, en el cual la inexistencia de una contraparte válida, es decir un agente facilitador desde la familia (apoderado), genera trastornos a esta relación entre escuela y familia, que dista de ser colaborativa. En este sentido, se trata de jóvenes que presentan carencias desde el ámbito de las relaciones afectivas, las oportunidades de acceso social, de experiencias gratificantes, con bajo número de referentes positivos y significativos, escasas normas y límites que ofrezcan seguridad personal y exiguos estímulos desde la escuela que favorezcan un desarrollo de la personalidad con adecuada autoestima, convirtiéndose en jóvenes desmotivados, carentes de recursos y estrategias personales que les permitan la superación de crisis y les faciliten los cambios necesarios para mejorar los estilos de vida disminuidos (Graña & Rodríguez, 2011).

Como resultado de estas falencias, la evidencia muestra a la expulsión escolar como una respuesta institucional frecuente ante los problemas de conducta de sus beneficiarios. Con lo cual, como ya se señaló, se estaría propiciando el desarrollo de conductas antisociales (Schiff, 2013). Dicha experiencia de fracaso escolar, es relacionada por los entrevistados, a factores personales donde ellos mismos destacan la raíz de sus dificultades en sus problemas conductuales. Sin embargo, desde una perspectiva más integral, dicho resultado formaría más bien parte de un sistema de relaciones mayor, en el cual interactúan y se retroalimentan mutuamente variables propias del individuo, la familia y la escuela. Al respecto, Loeber et al. (2011) señalan que junto a los factores socio-familiares, los que mayormente impactan en el proceso delictivo son la socialización escolar y los procesos que se desarrollan en ella.

Los participantes son tajantes al auto-responsabilizarse a cabalidad de todos los aspectos que condujeron su trayectoria vital hacia la vía delictual, restando toda relevancia al influjo de agentes externos como las instituciones y el apoyo social desde éstas. Al respecto, un elemento destacable es que la mayoría de los programas de intervención especializados con infractores, ponen como objetivo básico, el que éstos se responsabilicen de las infracciones cometidas. De esta manera, se propicia que los sujetos tomen conciencia del daño generado, por medio de la reflexión y que se establezca una relación entre su conducta delictiva y las consecuencias sociales (Tejedor, 2001, citado en Romero, 2006).

De ello se desprende que la exposición a estos procesos terapéuticos ha instaurado en los sujetos la idea de mostrarse como responsables absolutos de todo su accionar delictual. Frente a lo cual Maruna & Copes (2005) señalan que tomar la responsabilidad total por cualquier fracaso personal no hace a una persona "normal, sino más bien la hace extraordinaria y, posiblemente, la pone en riesgo de una depresión. De lo que se colige que una atribución de responsabilidad desequilibrada generaría una cristalización de la identidad delictual. Esto hace surgir la idea de un efecto de responsabilización iatrogénica, entendida como un subproducto de la intervención en readaptación social, en la cual el sujeto infractor ha sido entrenado a responder de esta forma, impactando negativamente en su proceso de desistimiento. Dado que dentro de los elementos que ayudan a los sujetos a desistir del crimen se encuentra el superar la identidad criminal, Maruna (2001) señala que los delincuentes persistentes se ven a símismos como sujetos condenados a la desviación, mientras que aquellos que han desistido adquieren la idea de que el ofensor del pasado no era su verdadero yo. Frente a esta advertencia es que la responsabilización desmedida podría contribuir a la construcción de un nuevo yo, en este la conducta antisocial es vista como un núcleo de la identidad, entorpeciendo el tránsito hacia un desistimiento absoluto.

Frente al posible efecto de cristalización de la identidad delictual, brota la necesidad de instaurar una lógica de responsabilización compartida. Esta es entendida como una distribución proporcional de la responsabilidad en torno a los hechos delictivos y sus consecuencias, donde el sujeto, en tanto posee el estatus de imputable, bajo su libre albedrio decide incurrir en actos delictivos, por tanto le correspondería un monto mayor de responsabilidad. No obstante, tal como plantean Garrido, Stangeland, & Redondo (1999) ante el comportamiento delictual, debe haber una reacción social, compuesta por un control social informal y por controles formales del estado. El entorno social más próximo al sujeto, dada su función de agente de control social informal, al haber actuado fuera de lo esperable para su rol, ya sea por falta de habilidades o desinterés, habría fallado en coartar la expresión del actuar delictual del sujeto. Por esto, les corresponde asumir una cuota de responsabilidad en el desarrollo de dichas conductas. Por último, los agentes de control social formal están llamados a proveer esquemas de sanciones idóneas, dando respuesta a las necesidades criminógenas y utilizando los recursos de los sujetos, ya que de otra manera estarían contribuyendo perpetuar el accionar delictual, debiendo asumir otro porcentaje de responsabilidad ante este fenómeno. Puesto de esta manera y, siguiendo el análisis desde la dimensión descripción/evaluación del AS planteada por Tardy (1985), parece razonable concebir, bajo ciertas condiciones, a estas propias instituciones como fuentes del problema.

A partir del estudio desarrollado, se confirma la necesidad y relevancia de continuar profundizando en el rol que desempeñan las distintas fuentes de apoyo en el proceso de desistimiento que se encuentran disponibles para los individuos, sean éstas naturales o institucionales. Los relatos estudiados muestran en este sentido que existe la seguridad de que las instituciones entregan la ayuda para la que están destinadas, concebida como una posibilidad que se hace efectiva gracias a agentes intermediarios que facilitan el acceso al apoyo requerido. Junto a ello resulta relevante que las instituciones orientadas a la rehabilitación de sujetos que han tenido conflictos con la justicia, sean capaces de movilizar a los demás agentes presentes en la comunidad (salud, educación, fuentes laborales, etc.), debido a que el éxito en la mantención de un proceso de desistimiento pasa por poder contar con su compromiso, ante lo cual no resulta extraño encontrar obstáculos ya que estos agentes pueden carecer de los recursos y la voluntad de comprometerse a sostener el desistimiento, y preferir mantenerse meramente como comunidades castigadoras (Worrall & Hoy, 2004).

Las limitaciones de esta investigación se enmarcan bajo la complejidad que reviste el estudio de una temática amplia como es el apoyo social percibido, más aun cuando esta se relaciona con el desistimiento del comportamiento delictivo, aproximación sobre la cual existen escasos reportes que den luces y vinculen ambas temáticas. En tal sentido, esta investigación se desarrolla con una población específica que se encuentra privada de libertad, circunscribiéndose bajo resultados parciales frente al amplio espectro de factores que se encontrarían a la base del proceso delictivo y su desistimiento. Uno de estos factores tiene relación con los contextos sociales desde donde provienen los sujetos, donde existirían componentes inherentes a la vivencia subjetiva supeditada a elementos culturales de cada uno de sus contextos.

El apoyo social percibido constituye un área básicamente estudiada en el ámbito de la salud, siendo escaso su desarrollo en el campo de los infractores de ley. De tal modo, futuras líneas de investigación podrían dedicarse a la descripción y caracterización de los agentes mediadores o intermediarios que fueron identificados como elementos que facilitan el acceso al apoyo institucional. Otro elemento a considerar para posteriores análisis corresponde a la inclusión de la variable de género, en términos de poder comparar a partir de esta dimensión la incidencia que ello pudiese tener sobre la percepción de apoyo institucional, pudiendo distinguir eventuales diferencias con la forma de asociación y valoración de las fuentes institucionales y sus agentes facilitadores.

Para finalizar, el presente estudio se centró en describir las experiencias subjetivas de los sujetos receptores del apoyo, siendo pertinente en este sentido, explorar a futuro los discursos de las fuentes institucionales que proveen el apoyo con objeto de acceder a una visión más integral y amplía del fenómeno en estudio.

Notas

1Se utilizan nombres ficticios para resguardar la identidad de los entrevistados y a la vez facilitar la lectura de los resultados.

2Expresión que se utiliza para referirse al hecho de no asistir a clases.

3Chilenismo utilizado en reemplazo de "pues" para enfatizar la idea que se quiere expresar.

4Modismo chileno para referirse despectivamente a la institución de policía uniformada de Chile.

5Término comúnmente empleado en Chile para designar a cualquier individuo en general. Inicialmente se refería a personas torpes, pero su significado fue ampliado con los años.

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flechaCorrespondencia a: La correspondencia relativa a este artículo deberá ser dirigida al autor. Universidad de la Frontera, Chile, E-mail: l.alvarez03@ufromail.cl

Fecha de recepción: Mayo 2015
Fecha de aceptación: Diceimbre 2015

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