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Psicoperspectivas

versão On-line ISSN 0718-6924

Psicoperspectivas vol.16 no.2 Valparaíso jul. 2017

http://dx.doi.org/10.5027/psicoperspectivas-vol16-issue2-fulltext-1035 

Artículos de Investigación: Sección Temática

Confesión mediática y pornificación cultural: Repertorios interpretativos de “ El Chacotero Sentimental ” (1996-2000) en la prensa escrita

Media confessions and cultural pornification: Interpretive repertories of “ El Chacotero Sentimental ” (1996-2000) in the written press

Cristopher Yáñez-Urbina1  , Claudia Calquín Donoso2  , Rodrigo Guerra-Arrau2 

1Universidad de Chile, Santiago, Chile

2Universidad Central de Chile, Santiago, Chile

Resumen:

Este trabajo indaga en las versiones sobre la noción de “sexualidad de los/las chilenos/as” y sus relaciones con lo que llamamos la ‘confesión mediática’ tal como se construyen en las noticias y artículos de prensa escrita en Chile y que hacen alusión al programa radial “El Chacotero sentimental” (1996-2000). Se realizó un análisis de discurso con la herramienta analítica de Repertorios Interpretativos (RI) a un corpus conformado por 10 artículos. Los resultados dan cuenta de cinco repertorios: Discurso Psi, Colectivo Anónimo, Divorcio de la Realidad, Eufemístico, y Chacotero. A partir de la relación de estos repertorios se delinean algunas prácticas discursivas que organizan la relación entre sexualidad y confesión entre las que destacan la exclusión de los agenciamientos individuales y la intensificación de la masa anónima, la función de acallar el malestar, la construcción de una identidad nacional y la regulación de la sexualidad; temas y objetos de enunciación por medio de las cuales los medios periodísticos discuten la libertad de expresión y la sexualidad durante la postdictadura.

Palabras claves: libertad sexual; pornificación; postdictadura; público/privado

Abstract:

This work investigates the versions of the notion of "sexuality of chileans" and their relationship with what we call the ‘media confession’ as they are constructed in the news and articles of the written press in Chile and that allude to the program radio “El Chacotero Sentimental” (1996-2000). A discourse analysis was performed with the analytical tool of Interpretive Repertoires to a corpus conformed by 10 articles. The results give account of five repertoires: Psi Discourse, Collective Anonymous, Divorce of Reality, Euphemistic, and Chacotero. From the list of these repertories some discursive practices are outlined that organize the relationship between sexuality and confession, among which the exclusion of individual agencies and the intensification of the anonymous mass, the function of silencing discomfort, the construction of a national identity and the sexuality regulation; topics and objects of enunciation through which the journalistic media discuss freedom of expression and sexuality during post-dictatorship.

Keywords: pornification; post-dictatorship; public/private; sexual freedom

La década de los noventa en Chile fue el escenario del despliegue de múltiples mecanismos discursivos de producción de lo que se llamó la política de los acuerdos o los consensos (Richard, 2010) las cuales contribuyeron a la consolidación del modelo neoliberal instalado por la dictadura de Augusto Pinochet, bajo un nuevo esquema sociopolítico de corte democrático pero aún marcada por las instituciones heredadas por la dictadura (Godoy, 1999; Lechner, 2001; Moulian, 1997; Rovira, 2007; Siavelis, 2009).

En este contexto, los medios de comunicación así como sus modos de establecer relaciones entre ellos tuvieron una función central en la conformación de un espacio mediacional (Martín Barbero, 2002) de producción simbólica que aseguró no sólo la presencia de un guion único de representatividad del nuevo contexto socio-político, sino que también la salud económica, la estabilidad política y la felicidad privada (Sontag, 2005) construyéndose un Ethos cultural atravesado por los desplazamientos entre las nociones de libertad, democracia y modernidad (Santa Cruz, 2014).

La sexualidad fue un ámbito especial de enunciación, en la cual se hicieron visibles múltiples discursos hasta ese momento en disputa: los de la oligarquía conservadora en alianza con la iglesia católica (Feliú, 2009), de los nuevos movimientos disidentes locales vinculaos al feminismo y la cultura underground (Benavides, Cantera, Alvarado, & Calquín, 2011), y los asociados a una suerte de “destape” -a la chilena- en clara alusión al destape español posterior al franquismo (Albuquerque, & Gutiérrez, 2013).

En medio de este cruce entre los discursos mediáticos y la sexualidad, entre neoliberalismo y consenso, el programa radial “El Chacotero Sentimental” (El chacotero, de aquí en adelante) fue situándose rápidamente como un espacio de confesiones sexuales mediáticas para el público general que fue adquiriendo centralidad en el discurso permitiendo que se constituyera como un espacio performativo (Butler, 1998) de la sexualidad, en tanto que fue escenario de un género que, siguiendo a Arfuch (2010), denominaremos confesión mediática, a través de la cual se crearon nuevas y se modificaron antiguas convenciones de la sexualidad y el género.

El objetivo de este trabajo es indagar en la producción cultural de lo que la prensa chilena llamó la “sexualidad de los/as chilenos/as” y los modos en los cuales esta se articuló con la confesión mediática, tal como aparece en los artículos de prensa escrita durante los años 1996-2000 periodo de mayor presencia del programa en los medios nacionales. Siguiendo a Martín-Barbero (2002), creemos que gran parte de los efectos discursivos del chacotero se debió a la prensa escrita pues fue esta la que permitió crear un discurso público y cierta regulación de lo posible de ser dicho y valorado respecto al fenómeno radial. Con esto queremos contribuir al estudio de los nexos y tensiones entre algunas categorías claves de los estudios del género y la sexualidad como fenómeno frontera entre lo individual y social y los modos en que el fenómeno confesional fue tejiendo las tramas de la sexualidad y la subjetividad en Chile y también, aunque de forma indirecta las construcciones sociales acerca de los que los medios fueron construyendo como la práctica de la psicología.

Los discursos de la sexualidad y la confesión

Indagar en lo que llamamos las versiones de la sexualidad durante la transición democrática en Chile supone asumir que la sexualidad lejos de ser una entidad natural y anclada a una ontología biológica de la diferencia sexual, es por el contrario una construcción social y una tecnología y también una experiencia que se constituye en tramas políticas y socialmente estructurada por normas y prohibiciones que actúan como vectores de prácticas sociales dirigidas a su regulación (Preciado, 2008). Sin lugar a dudas Michel Foucault (2007) propuso una de las lecturas más influyentes acerca de la condición no natural de la sexualidad planteando que la sexualidad es producida, intensificada y regulada por complejos mecanismos de disciplina y control corporal que llamó tecnologías sexuales.

Dentro de estas tecnologías cabe destacar la confesión, cuya genealogía se remite a lo que este autor denomina el poder pastoral “mediante el cual llegamos a ser controlados por los discursos que detenta la autoridad” (Butler, 2006, p. 230). Así la confesión se erige como una práctica discursiva ritualizada que da la forma a la sexualidad como experiencia reprimida al servicio de una relación entre un hablante y un oyente que hace “revelar” un sexo que es preciso traer a la luz (Foucault, 2007).

Con esto la sexualidad se conforma como una superficie de la cual es posible extraer un saber y una verdad. La sexualidad deja de ser un lugar de placer para deslizarse a una cuestión de saber/poder. Con la confesión, Foucault (2007) contribuye a dilucidar la multiplicación de los discursos sobre la sexualidad y la incitación institucional a hablar de esta en la modernidad y el lugar de aquella en el propio ejercicio del poder. No es solo que el poder se inscriba en la sexualidad sino que la sexualidad es un vector inscrito en la misma trama del poder.

El modelo confesionario-pastoral de la relación entre sexualidad, poder y lenguaje supone para Butler (2006) que la “verbalización se convierte en la escena de la sexualidad” (p.233). Tal como lo hace la misma autora cabe preguntarse si “¿el goce de hablar sobre sexo es el goce sobre el sexo o sobre el habla?” (p. 233) pregunta que emerge de la idea de que la confesión “no sólo constituye una comunicación de lo que ha sido el deseo o la acción sino que la propia habla constituye otra acción” (p. 233).

La confesión como un acto ilocutivo-performativo (Austin, 1992) y parte de lo que Arfuch (2010) llama el género autobiográfico esboza “formas modernas de enunciación del yo” (p. 117). En el caso de nuestro objeto de indagación se trata de una confesión mediática o, en palabras de Sibilia (2008), espectacularizada y un dispositivo discursivo autobiográfico que convive con múltiples géneros, formatos y soportes muchos de ellos a escala global y que hacen posible un “espacio biográfico”, es decir, textualidades de lo vivencial y de la propia experiencia (Arfuch, 2010) asumiendo la forma de narrativa terapéutica que facilitaría la preservación de un yo y su sentido de seguridad en un contexto cultural moderno-tardío marcado por la crisis de marcos normativos sólidos (Illouz, 2006). Aquí destacan formatos cuyos rasgos comunes se vinculan a desestabilizar los límites de lo público y lo privado, siendo efectos de un cierto repliegue de las sociedades neoliberales hacia intereses y motivaciones privadas como opción casi excluyente de vida, tales como la entrevista mediática, la psicoterapia, los talk shows, la literatura de autoayuda, etc. (Arfuch, 2010).

De lo anterior surge la pregunta acerca de ¿cómo se organiza y cuáles son las características de la confesión en una cultura pos-social (Rose, 2007) conformada por utopías de vidas privadas (Pernas, 2012) y comandada por la hegemonía de los medios de comunicación? Para Cerezuela (2014) la confesión necesita un oyente, es decir una presencia externa que espera o insta la confesión, cuya labor es descifrar el secreto del otro. En el contexto cultural actual es claro que ese otro se constituye como un observador total -un voyerista social o un panóptico absoluto- que desplaza la figura de confesor a una entidad desterritorializada, abstracta sin agencia: el público anónimo “que somete aquellas intimidades no confesadas a una especie de extroversión mediática” (p. 97) ancladas a un mercado de confesiones cuya cuantía económica “es mayor cuanto más obscena y desgarradora es esta verdad” (p. 98).

La intimidad, el secreto guardado, la verdad del sujeto dentro de la lógica de la sociedad del espectáculo (Debord, 2010) son transformadas en una mercancía (Imber-Black, 1999) dando paso a lo que Sibilia (2008) denomina extimidad, esto es un “exponer la propia intimidad en las vitrinas globales de la red” (p.32). Como la propia autora asegura, “más que un temor a la invasión de la privacidad podríamos hablar de evasión de la propia intimidad” (p. 35).

La “pornificación” de la cultura y “ El Chacotero …”

El advenimiento del periodo postdictadura, supuso un cambio para los medios de comunicación. Las nuevas políticas neoliberales de última dictadura cívico-militar chilena acabaron con el financiamiento compartido de los medios, debiendo someterse éstos a las nuevas lógicas del mercado informacional bajo el ideario de la entretención (Santa Cruz, 2014). Como señala Monckeberg (2011) el acceso a la información, el rol fiscalizador de la prensa, la libertad de expresión y opinión de los ciudadanos se vieron condicionados a los intereses político-financieros de la elite lo que supuso “que un proceso pretendidamente democratizador fue mermando la diversidad ideológica y cultural de los medios, respecto a la que existía en los últimos años del régimen militar” (Otano, & Sunkel, 2003, p. 41). No es de extrañar esta mutación, pues los medios sometidos al mercado debieron superar sistemáticamente los límites éticos y de calidad para lograr la sintonía y el rating que aseguraba auspiciadores (Hopenhayn, 2007; Monckeberg, 2011).

Este giro mercantil de los medios a nivel internacional como nacional (Getino, 1998; Trejo, 2009) coincidió con la emergencia de nuevos discursos sobre la sexualidad. Según Lemebel (2015), la multiplicación tecnológica de la última década tiñó “la política de la libido de la revolución sexual de los setenta” (p. 241) volviéndose en la modernidad la sexualidad un producto más del mercado. Para el escritor “nos encontramos con un excedente de sexualidad a la deriva, flotante, insatisfecho y abúlico” (p. 241).

En este cruce entre neoliberalismo y sexualidad surge el programa radial El chacotero de la radio Rock & Pop1. Si bien en muchas ocasiones se le adjudicó a este programa la capacidad de hacer visible la sexualidad chilena sin censura, también es cierto que se trataba de una combinación de conservadurismo y sexo explícito y en que los significados atribuidos a la masculinidad y a la feminidad se entroncaron con los significados más conservadores acerca de la sexualidad, la familia, la pareja, el amor, etc. reproduciendo viejos esquemas de relaciones entre los géneros (Braghetto, & Vásquez, 2002; Lara, & Maturana, 2001).

En esta línea, “El Chacotero” nos muestra que el destape a la chilena fue más bien un destape “parcialmente nublado” (Hopenhayn, 2007, p. 14) poniendo en tensión la idea de que en Chile se habría experimentado una explosión de libertades sexuales una vez acabada la dictadura cívico militar, por lo que cabe preguntarse si el “destape a la chilena” asociado al programa y a otros fenómenos de la época, más que responder a una liberación de la cultura sexual heredada de la dictadura, correspondió a lo que algunas autoras feministas angloparlantes (Gill, 2009; McNair, 2015; Walter, 2010) llaman la Pornificación de la cultura.

La pornificación cultural asociada a conceptos como pornochic (McNair, 2013) o Striptease-Culture (McNair, 2002) sugiere que la oposición entre sexo-cultura base del pensamiento de la represión del siglo XX (Berardi, 2007), se ve debilitado por un movimiento, impulsado en buena parte por la industria cultural y del espectáculo, que tiende hacia una sexualización de la cultura por medio de una imaginario “que bebe directamente de la iconografía pornográfica” (Pujol, & Esquirol, 2014, p. 57).

Se trataría de una intensificación discursiva y visual del sexo y la sexualidad hegemónica por parte de los medios de comunicación y la industria cultural, cuyo fin es, más que crear un escenario de transformación o liberación de la experiencia sexual como práctica desestabilizadora, promover la mercantilización del sexo (Atwood, 2005) y las identidades sexuales (por ejemplo el llamado mercado rosa) en una lógica capitalista del deseo (Enguix, & Núñez, 2015) que tiende a homogeneizar y estandarizar las experiencias, las agencias y los debates que se establecen a su alrededor.

En el caso del Chacotero y su particular definición de ser un espacio de escucha esta lógica mercantil se revelaría como una serie de espectáculo-confesión-exhibición. De acuerdo a McRobbie (2008) estas lógicas tendrían como resultado la producción de sujetos autorregulados que creen estar empoderados en su agencia cuando están viviendo en marcos de opresión pues la pornificación estaría estrechamente vinculada a formas de gobierno neoliberales y que Foucault (2009, 2010) desarrolló bajo los conceptos de gubernamentalidad y tecnologías el yo, de acuerdo a los cuales la agencia sexual se transforma en un mecanismo de (auto)regulación acordes a las normas del mercado y la industria de la sexualidad. Pensamos que esta pornificación vehiculizada por los discursos sobre el sexo del “Chacotero”, habría traído como consecuencia la producción de un nuevo sujeto social y una nueva subjetividad local en el ocaso del siglo XX, andamiado por el cruce entre mercado/medios de comunicación/sexo: un sujeto exhibicionista/ voyerista/ consumidor.

Metodología

El estudio corresponde a un Análisis del Discurso entendido como un concepto polisémico que se enmarca en diversas tradiciones y prácticas (Ibáñez, 2011) y que entiende al discurso como una práctica social y del lenguaje (Orlandi, 2012; Wodak, & Ferreiro, 2013). De modo puntual se trabajó con la herramienta analítica de los repertorios interpretativos (RI) (Wetherell, & Potter, 1996; Potter, & Wetherell, 1987), es decir unidades lingüísticas compuestas por elementos que los hablantes utilizan para la construcción de versiones de las acciones y los fenómenos. En otras palabras, los RI constituyen una caja de herramientas empleada en la construcción de explicaciones de los acontecimientos (Castillo, & Reyes, 2013).

El análisis de los RI considera como principal foco de atención la función que cumple el lenguaje en tanto acción, es decir, su dimensión performativa, una función pero que no se revela directamente en los textos y por lo cual se hace necesario indagar previamente en la variabilidad lingüística, lo que quiere decir que los textos producen versiones del mundo cambiantes e inconsistentes entre sí (Wetherell, & Potter, 1996).

La variabilidad sería un índice que permitiría llegar a la noción de construcción, es decir, se logra evidenciar que determinadas versiones suelen utilizar determinados elementos y recursos retóricos en su construcción (Potter, 1998). De tal forma que entre la variabilidad y la construcción se desarrollan los instrumentos necesarios para acceder a la funcionalidad del lenguaje y a las unidades lingüísticas que abarcan estos tres elementos, correspondientes a los RI (Wetherell, & Potter, 1996).

Corpus documental

La construcción del corpus documental se basó en los criterios planteados por Iñiguez y Antaki (1998): representatividad y efectos discursivos. El primero se desliga de su conceptualización estadística, para dirigirse hacia la relevancia de la participación en la interacción, es decir, no son las cualidades del documento lo que importan sino que pertenezca al grupo en cuestión. Mientras que por efecto se entiende la capacidad de afectar por sí mismo -independiente de la percepción de la audiencia- puesto que hacen circular ciertos significados, sentidos y miradas del mundo.

Así el corpus inicial se compuso por los artículos de los principales medios nacionales de prensa escrita -El Mercurio, La Tercera, Las Últimas Noticias y La Cuarta- entre los años 1996 y 2000 que tratan sobre el primer periodo de la industria cultural de “El Chacotero Sentimental” y que se encontraban disponibles en la Biblioteca Nacional. De tal forma que en un primer lugar se accedió a 121 artículos.

Posteriormente, por medio de una construcción de corpus documental abierto (Wetherell, & Potter, 1987), se realizó un pre-análisis que tenía como fin realizar una última selección de artículos de acuerdo a hipótesis emergentes. Como resultado se obtuvo un corpus final constituido por 10 artículos que describían a la sociedad chilena a partir de algún elemento de “El Chacotero” en el periodo 1996-2000 o viceversa, éstos abordan la relación desde diversos aspectos tales como las emociones, el cine, la moral, la psicología, etc. (Tabla 1).

Los 10 artículos seleccionados se consideraron como un único corpus discursivo sobre el cual se realizó un análisis en coherencia con la propuesta de Wetherell y Potter (1996) con respecto a la búsqueda de RI a partir de la variabilidad, la construcción y la función. Se llevó a cabo por medio de una matriz de triple entrada en donde cada cita fue analizada de acuerdo a su posición en el artículo y de acuerdo a la propuesta de Potter (1998) con respecto

a los recursos de factualización, ya fuese en su orientación epistemológica o su orientación hacia la acción. Sobre este último punto, también se utilizaron elementos básicos de gramática castellana (Camus, 1987) para facilitar el análisis. Finalmente, se abrió el espacio a observaciones que emergieron durante el proceso.

Resultados

El análisis de los artículos de medios de prensa nacional permitió identificar una serie de RI, de los cuales a continuación presentamos los cinco que se relacionan a los objetivos de este artículo.

Repertorio Número 1: Discurso Psi

El primer RI identificado corresponde a los que hemos llamado Discurso Psi, pues el programa emerge como objeto de discusión en los medios nacionales como parte de un abanico de programas de ayuda psicológica. Un ejemplo de esto es el titular del artículo “Psicología en el aire” (Contardo, 23 de mayo, 1999, p. E2) en donde se destaca la presencia de un difuso discurso “psi”.

La variabilidad de temas que se despliegan en este repertorio son: los peligros que pueden existir en torno a las consejos que son dados al aire por parte de animadores y la construcción de una versión-perfil de sujeto auditor que tiene problemas de orden psicológico. En el caso del primero, se suele recurrir como recurso retórico a una comparación de las competencias de los profesionales de las áreas de salud mental -psicología y psiquiatría- y del conductor del programa, lo que queda plasmado en declaraciones como: “cuando alguien responde a temas clínicos y no es un profesional no alcanza a medir los efectos que puede tener su respuesta” (Contardo, 23 de mayo, 1999, p. E3).

Tabla 1. Artículos analizados 

Titular del artículo Periódico Fecha publicación
Emociones clandestinas. La Tercera 25 de octubre, 1996
El doctor cariño es como mi guía espiritual, cachai. La Cuarta 13 de diciembre, 1996
En febrero se rodará “Frecuencia Enamorada”, la película del Rumpi. El Mercurio 4 de noviembre, 1997
El chacotero es signo de decadencia. La Tercera 6 de noviembre, 1997
En el sexo como en el futbol, todo es cancha. La Cuarta 6 de noviembre, 1998
El Chacotero Sentimental y le sufrido sexo el cine chileno. La Cuarta 19 de Octubre, 1999
Tenemos miedo de mostrar nuestra libertad. El Mercurio 9 de noviembre, 1999
Psicología al aire. El Mercurio 23 de noviembre, 1999
El fenómeno. La Tercera 26 de diciembre, 1999
El Rumpy se despidió al aire de El Chacotero Sentimental. El Mercurio 30 de noviembre, 2000

Fuente: Elaboración propia

En el caso del segundo tipo de variabilidad que se puede encontrar en este repertorio, se suelen emplear terminología psiquiátrica para definir al espectador: “lo escucha gente mitómana y fantasiosa, que busca salir de su anonimato contando historias para los demás” (Sánchez, 6 de noviembre, 1997, p. 40). De tal forma se conceptualiza el programa como un signo de decadencia moral, al cual recurren las personas que no pueden pagar un servicio de salud mental conformándose con una “sicología liviana, rápida y barata” (Contardo, 23 de mayo, 1999, p. E3).

El chacotero funciona como una categoría que impulsa un juego de diferencias y a través de la cual se define la identidad difusa de la psicología, manifestando la existencia de un “discurso experto” sobre la ayuda y un sujeto válido para la psicología -racional y con capacidad de pago- que le permita a la misma profesión constituirse como una práctica legítima y vinculada a una práctica objetiva, dirigida a personas “normales” y con cierto estatus. En esta discusión sobre las fronteras entre lo “experto” y lo mediático emerge un efecto indirecto que tiene por función traducir y capturar el malestar social en términos de “temas clínicos” mostrando a su vez que las narrativas terapéuticas y los dispositivos confesionales son un campo de batalla entre agentes que a la vez que disputan su campo de dominio y su autoridad para actuar sobre él, disputan también sus fronteras, su visibilidad y su identidad.

Repertorio Número 2: Colectivo anónimo

Este repertorio tiene como principal característica la apelación al “anonimato” como elemento central del éxito del programa y de cómo por medio de ese anonimato es posible desplegar el fenómeno confesional. Se habla de la radio como confesor de final de siglo el cual es descrito como “un ente milagroso al que se puede recurrir de manera anónima, sin involucrar a nadie y contar historias de la intimidad” (Parra, 25 de octubre, 1996, p. 6).

Una de las versiones de este repertorio es la que se vincula a los cambios experimentados por la Frecuencia Modulada [FM] al adoptar rasgos característicos de la Amplitud Modulada [AM]. De ahí que el anonimato se relaciona a una dimensión técnica del programa, donde se destaca la interactividad de los programas, la “irreverencia” de los locutores y una incipiente forma de ayuda a la comunidad.

Estos componentes permiten la conformación de la noción de Colectivo Anónimo como un grupo “con significados compartidos. Estos significados son íntimos y funcionan al margen de los canales oficiales, entendiendo por canales oficiales los religiosos y los profesionales” (Contardo, 23 de mayo, 1999, p. E3). Cualquier persona por el hecho de escuchar o llamar a El Chacotero formaría parte de la masa anónima, identificándose con una multitud sin rostro ni nombre:

Es así como cualquier sujeto anónimo pasa a ser figura, a ser parte de este colectivo informal. No importa si es estudiante, empleado, abogado o taxista, al momento de escuchar el “Chacotero sentimental” o “Esta tarde con Cecilia”, todos comparten más o menos los mismos problemas porque éstos apuntan a los asuntos más íntimos (Contardo, 23 de mayo, 1999, p. E3).

Es a partir del anonimato donde emerge una paradoja que forma parte del RI: para ser sujeto parlante, es necesario formar parte del colectivo anónimo. En otras palabras, para poder ser alguien es necesario ser nadie, es decir un sujeto anónimo que participa en la esfera pública a través de la exposición de su intimidad. Así las historias sexuales se vuelven públicas a condición de que se enuncien de forma anónima. El programa construye un sujeto que se presenta como una multitud que permite el despliegue de los discursos del sexo desafiando la censura moral y la misma densidad y dramatismo de las historias puestas en circulación.

Repertorio Número 3. Divorcio de la realidad

Este repertorio se construye como una explicación de la sociedad chilena que se intenta construir como libre de fracturas y fisuras. Este repertorio lo hemos nombrado así pues los discursos periodísticos construyen al Chacotero como categoría que actúa de bisagra entre dos realidades contradictorias pero complementarias.

La primera versión plantea la existencia de un “divorcio entre la realidad cotidiana de los chilenos y la que pretenden mostrar quienes ejercen más influencia en los diversos ámbitos” (Hidalgo, 26 de diciembre, 1999, p. 14), centrándose principalmente en una exclusión de la sexualidad. La realidad sobre la cual se identifican los auditores del programa tiene relación con los problemas que afectan a las personas, problemas que hacen que lo sexual pase a un segundo plano, primando las malas condiciones de vida, en donde el desahogo se vuelve un deseo y una forma de transmitir emoción, siendo esto reflejado en el título del programa, lo que prima es lo “sentimental”.

Estos son los problemas que viven diariamente los chilenos y en los que muchas veces lo sexual pasa a segundo plano y quedan sólo las malas condiciones generales en que se desenvuelve la gente y el deseo de desahogarse y trasmitir emociones (Hidalgo, 26 de diciembre, 1999, p. 14).

Otra de las versiones alude al segundo elemento del repertorio, lo sexual. Vemos que emerge nuevamente un binarismo: una sexualidad visible, aceptada y otra “tras bambalinas”, “un lado oscuro” de la sociedad que vehiculiza los síntomas de una sociedad pensada como dañada por los años de dictadura. Esta versión del RI, refuerza el fenómeno confesional y asimismo el repertorio anterior, es decir la dicotomización del discurso entre lo manifiesto, lo que se ve, y se habla y lo que realmente está ocurriendo. Creemos que esto se nutre del contexto socio-simbólico de la transición y de la memoria de un pasado que se piensa como traumático y en que la atmósfera de una realidad escindida entre lo oficial y lo oculto resuena en los discursos massmedia de la transición. Este repertorio construye una versión de la sexualidad como una superficie abyecta que retorna sintomáticamente y de forma negativa.

La nuestra es una sociedad dañada en muchos sentidos y El Chacotero Sentimental expresa esos daños. A través del programa se transparentan una cantidad enorme de relaciones amorosas que por una parte constituyen nuestro lado oscuro, una sexualidad tras bambalinas, en la cual estamos todos contra todos. Se verifican relaciones entre padres e hijos, entre hermanos, entre profesora‐ alumno, todo tipo de relaciones turbias de las cuales no se habla porque es difícil abordarlas, aunque este programa lo ha hecho (Núñez, 6 de noviembre, 1998, p. 44).

Otra de las versiones que habitan este repertorio y que también se organiza en un binarismo es la idea de que en Chile existen dos culturas: una visible y recatada y otra invisible, fuera del cuadro de lo visible, fuera de control y “tropical”

(…) se puede encontrar la verdadera naturaleza chilena, opacada ‐dice‐ por el juego de las apariencias y del doble estándar. Somos más parecidos a la gente que llama al programa que a la foto oficial de este país. No hay nada más nuestro que acostarse con la mujer del amigo, del hermano, del jefe. Es un clásico. En este país hay un temor muy grande a mostrar nuestra libertad interna. De hecho, somos mucho más libres de lo que parecemos [cursivas añadidas]. Y si nos atreviéramos, en realidad ¡esto sería Brasil! Somos caribeños, pero somos campeones para sobrellevar miles de cosas. Muchas mujeres soportan la infidelidad de sus maridos por años. Tenemos muchos secretos y culpas que silenciamos. (Cienfuentes, 9 de noviembre, 1999, párr. 2).

La función del repertorio estaría vinculada a mostrar una sociedad que se organiza en torno a un doble estándar: una en la que reina la “libertad de expresión” y el destape y otra, signada por la sexualidad “tras bambalinas”, que se produce discursivamente como mala sexualidad: proscrita, anormal, que desestabiliza el orden moral y ético (incesto, violación, infidelidad). Desde ahí que la función se vincularía a territorializar los límites entre lo privado y lo público y a la sexualidad, bajo control. La sexualidad se representa como una bestia al filo del desborde.

Repertorio Número 4. Eufemístico

El cuarto repertorio lo hemos llamado Eufemístico, en razón de que los medios destacan el lenguaje que el Chacotero Sentimental impulsó en el discurso social para (no) referirse a la sexualidad. Es por medio de su apariencia textual que se higieniza y controla el discurso y la potencia desestabilizadora de la sexualidad, que como analizamos en el repertorio anterior se construye como mala sexualidad. Una de las variabilidades identificada en este repertorio, es que los diarios presumen que este lenguaje es propio de la identidad juvenil.

¿Tú tienes un código con los auditores que ha traspasado las barreras y has creado un lenguaje juvenil? Es un programa que no está orientado para la cochiná. Hablamos de grado 1, 2 o 3, según la incursión a la que haya llegado la pareja. El tres es a tutti ¿te queda claro? (Artiagoitía, 13 de diciembre, 1996, p. 21).

Otra variabilidad del repertorio es un segundo deslizamiento de este lenguaje a la identidad nacional y que por lo mismo se han vuelto parte del léxico y, por lo tanto, de la cultura nacional:

Y de un modo muy eufemístico, porque es muy chileno no decir las cosas por su nombre (Núñez, 6 de noviembre, 1998, p. 44).

(…) un hombre joven que no se anima a dejar a su mujer e irse con su amante, a la que ama, porque la primera le da más magnificas noches que “parten en grado uno y terminan en grado 4”, terminología que ya todos los chilenos entendemos perfectamente (Hidalgo, 26 de diciembre, 1999, p. 14).

La función de este repertorio es situar los discursos de las sexualidad en el centro de lo que Anderson (2006) llama “comunidades imaginadas” creando por un lado una frontera generacional, una voluntad de diferenciarse por medio de marcadores generacionales de una identidad específica y por otro, la intensificación de una comunión implícita por medio de procesos de identificación en que la sexualidad se homogeniza, reúne y disuelve las diferencias a partir de prácticas discursivas que evocan a un nosotros uniforme. En esa comunidad imaginada la sexualidad se transforma en un lugar común.

Repertorio Número 5. Chacotear

El último repertorio identificado lo hemos llamado Chacotear, pues se identifica el estilo de programa al humor como mecanismo de cohesión social y disolución de los conflictos.

Además, no me propongo darle consejos a nadie, no soy nadie como para hacerlo, de lo único que me preocupo es de aliviar un poco la historia, de hacerla más relajada; andan pasando muchas cosas desagradables como para no intentar chacotear un rato”, cuenta el Rumpy (Parra, 25 de octubre de 1996, p. 6).

Por medio de una confesión de interés, el Rumpi reniega del rol que de vez en cuando se le asigna -dar consejos- para centrarse en una propia demarcación de su rol en el programa: “hacer las historias más relajadas”. Se instaura así un modo de comunicación social y sexual bajo la noción de “chacotear” para referirse al humor como una estrategia de resignficación de las experiencias de la vida cotidiana.

También, se hace referencia a los auditores como deseantes de expresarse públicamente con respecto a sus problemas catalogados como “telenovelescos”, es decir, historias con un atractivo comercial mediático. Tomando en consideración dicho último punto, es posible detallar la referencia que se realiza a las historias que salen al aire, siendo estas referentes a enredos amorosos que, no obstante, son catalogadas como irrelevantes en la vida de quienes llaman. Esto se observa en la siguiente cita:

Por lo demás, la gente que lo llama cuenta historias que tienen que ver con enredos amorosos que en muy pocas ocasiones repercuten en las personas (Parra, 25 de octubre, 1996, p. 6).

La función de este repertorio entonces es reforzar el fenómeno confesional, hacerlo atractivo a una psicología de las masas y en palabras de Ossa (2008) a una “etnografía blanda, de barrio y caída capaz de sostener una tragedia personal unos cuantos minutos” (p. 2) y despolitizar la sexualidad a través de un discurso de la sexualidad nebuloso y ligero que se aproxima a ella anómicamente. El sujeto de esta sexualidad es un ciudadano deslizado de su posición de sujeto de proyecto (fin de la dictadura) a una posición de “persona”, puesto en el “lado humano” (el gesto transicional por excelencia), negando con ello el espesor del poder y “la gravedad del sentido” de las transgresiones a la buena sexualidad marital, heterosexual, reproductiva, etcétera; en suma, sin los rastros de la perversidad. Así para el incesto, la infidelidad, la doble vida sexual es decir para todas aquellas prácticas sexuales adversativas de la buena sexualidad no existe más conducto regular que el marco estrecho del humor liviano, que se torna un narcótico por medio del cual se reduce lo intolerable de estas formas de sexualidad que en definitiva “eche a perder las celebraciones oficiales de lo llevadero” (Richard, 2010, p. 30).

Discusión y Conclusión

A partir del Análisis del Discurso es posible hablar de este periodo de “El Chacotero…” como un espacio que delinea las relaciones entre la vida privada, la sexualidad y las tecnologías de comunicación, generando temas y objetos de enunciación por medio de las cuales el país discute la libertad de expresión y la cotidianidad. Las versiones que se construyen de él en la prensa escrita de la época, sitúa a la sexualidad como objeto discursivo en lo público. No obstante, lo hace re-produciendo mecanismos de control y activando prácticas discursivas que tienden a modelar los potenciales desestabilizadores de un discurso de la sexualidad en la vida cotidiana.

En términos generales, se aprecia una especie de liberalización de la sexualidad “en la medida de lo posible” -por usar la fórmula de Patricio Aylwin (Richard, 2010)- lo hace ocultando los agenciamientos individuales y la intensificación de la masa anónima. Así la sexualidad se construye desde el anonimato y desde ningún lugar y se enuncia sólo a condición del uso de palabras que higienizan sus efectos enunciativos.

Por otro lado, se puede hablar de la emergencia de un novedoso fenómeno confesional inscrito en las lógicas regulatorias de una sociedad de masas y en transición. El Chacotero Sentimental inserta el deseo y el placer dentro del mercado de los medios de comunicación apaciguando sus efectos, especialmente cuando se trata de sexualidades bordeline. Así se constituye en palabras de Ossa (2008) una sociedad desencajada entre “su equipamiento tecnológico y su fundamentalismo moral” (p. 3) lo que este mismo autor llama una modernización reaccionaria. Creemos que este movimiento en el caso de los discursos sobre el Chacotero se despliega a partir de 3 prácticas discursivas que emergen de las múltiples interacciones entre los RI: (1) acallar el mal-estar, (2) construir una identidad nacional por medio de la construcción de alteridades anónimas y negativas, y (3) producir una libertad sexual regulada.

La primera de estas prácticas, acallar el malestar, funciona por medio de un doble movimiento y se origina en la articulación entre los repertorios Chacotear y Discurso Psi. Como señalamos el programa se propone como un espacio de humor que se vincula a la exposición de la sexualidad privada y del malestar individual, ambos temas ofrecen el material para una trama en el que el malestar se expresa a condición de que opere en el imperio del humor sexual configurando una escucha terapéutica-confesional en que la exhibición de lo privado lejos de tramitarse queda pacificado o sublimada a través del humor sexual higienizado.

Al centrarse en el plano imaginario de la sexualidad (la relación especular entre los yoes diría Lacan) el programa contribuye a una pornificación cultural que opera entre los polos de la producción de placer exhibicionista/voyeur y la de sujetos psicológicos/consumidores efectos de narrativas terapéuticas del sufrimiento y la autorrealización y cuyos lugares de enunciación se agotan en el espacio doméstico desplazando los focos de atención e interrogación política hacia la exhibición de la sexualidad.

La segunda práctica identificada -construcción de una identidad nacional- emerge de las relaciones entre Colectivo anónimo y Eufemístico bajo el ideologema de que “todos tienen los mismos problemas, sin importar quienes sean” y que ese expresa a través de recursos lingüísticos que el programa crea y ofrece, homogenizando las experiencias cotidianas. Esta lógica de lo mismo es un ejemplo de cómo los medios de comunicación en la transición neoliberal tuvieron un papel ancilar en cierto apaciguamiento de las pasiones políticas (Santa Cruz, 2014) que se ve mutuamente reforzado por la misma estructura de las narrativas biográficas (Arfuch, 2002) y terapéuticas (Illouz, 2010), fortaleciendo las nuevas estrategias de poder liviano y líquidas por medio de la hiperbolización de las dificultades y las utopías privadas bajo una comunidad de subjetividades que se identifican y reconocen mutuamente.

Si bien como señalamos la prensa destaca al sujeto juvenil como principal actor del programa, este sujeto alterizado se construye como una imagen-representante de una generación marcada por la signatura del desinterés -tal como se mostraba en la frase típica de esta generación el “no estoy ni ahí”- pero también por cierto falla y anomia social. No hay que olvidar que para la prensa el sujeto parlante del programa es un sujeto “mitómano” “fantasioso” o con “problemas psicológicos” que reúne a una masa de auditores interesados en escuchar sus historias. En ese sentido el sujeto juvenil se ve atravesado por cierta contradicción: como símbolo de un estado de anomia nacional, sin agencia en tanto sujeto anónimo y como su límite, como sujeto negativo en el cual se re-legitiman los procesos de exclusión históricos hacia la condición juvenil.

Sexualidad regulada, como tercera y última práctica discursiva, emerge de la relación de todos los repertorios. La sexualidad se produce desde un patrón dinámico que modula los comportamientos sexuales y los deseos conocidos, presentes y también potenciales en una lógica capitalista de multiplicación del deseo sexual. El goce de la confesión sexual (goce en el habla como en la escucha) transita por una infraestructura comunicacional del poder que captura los desvíos y los asimila a un discurso digerible, común y liviano. Asimismo, la prensa opera desde la escisión entre la buena sexualidad y las prácticas sexuales ocultas, entre lo que ella llama a “la realidad de los chilenos” y la sexualidad, etc. Pensamos que la idea de un “doble estándar” objeto de enunciación privilegiado en los medios de prensa, no es la base a través de la cual se construye la infraestructura sexual de la postdictadura sino que la ideología de una matriz mediática (sexo, confesión, neoliberalismo y consenso) de producción de deseos, problemas personales y explotación de la capacidad orgásmica de los sujetos que restaura el esquema moderno y binario de separación entre lo público y lo privado. También muestra que la sexualidad es una práctica social situada efecto de dispositivos de múltiples alcances, como por ejemplo la familia, los medios de comunicación espacialmente cuando son definidos como “el confesor de fin de siglo” que de acuerdo a Foucault traduce el sexo como objeto de revelación de verdades ocultas y abyectas.

Otro eje de regulación de la sexualidad tiene que ver con la proximidad del programa con las gramáticas terapéuticas, que hace que la sexualidad se tiña de las retóricas del sufrimiento, el malestar y la realización. Para Illouz (2006) las narrativas terapéuticas están directamente vinculadas a la intimidad como una de las principales preocupaciones de nuestra época pos revolución sexual. En El Chacotero vemos como los discursos del sexo beben de los nodos entre pornificación y registro biográfico/terapéutico que crean nuevas formas de intimidad vuelta espectáculo y comercializable (Preciado, 2008) no sólo por su carácter sexual sino que por la capacidad para lograr identificaciones individuales en la forma de una democratización del sufrimiento que posibilita una identidad “que comparte tanto los trabajadores como los ricos” (Illouz, 2006, p. 97).

Finalmente, queremos destacar que en esta investigación emergen una serie de posibles campos de estudios, principalmente en relación al resto de los acontecimientos que acompañaron la noción de destape a la chilena en el siglo XXI así como el rol de las nuevas tecnologías digitales en la cultura sexual y en el devenir pornográfico local así como el lugar de la psicología en los medios masivos; producciones culturales sobre las cuales creemos es forzoso leer sus funcionamientos para resistir a las prácticas de subjetivación que ellas despliegan.

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1En sus inicios este programa fue definido como un espacio interactivo donde estudiantes y jóvenes podrían hacer solicitudes musicales, enviar recados sentimentales, expresar sus malestares y entregar datos sobre fiestas. La estructura del programa fue permanente, iniciaba sus transmisiones entre las 14 y 16 horas con una cortina musical, seguido de los saludos del conductor a la audiencia quien inmediatamente procedía a contestar los llamados. Tras bambalinas, el programa era realizado por dos personas, su productor se encargaba de seleccionar los llamados al menos media hora antes de que el programa saliera al aire, y su conductor Roberto Artiagoitía o “Rumpy”, se encargaba de escuchar y en cierto sentido, guiar las historias (Lara, & Maturana, 2001).

Recibido: 20 de Febrero de 2017; Aprobado: 30 de Junio de 2017

Autor para correspondencia: Cristopher Yáñez-Urbina, e-mail: cristopher.urbina@usach.cl

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