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Aisthesis

versión On-line ISSN 0718-7181

Aisthesis  n.45 Santiago jul. 2009

http://dx.doi.org/10.4067/S0718-71812009000100015 

AISTHESIS N° 45 (2009): 215-217 - ISSN 0558-3939
© Instituto de Estética - Pontificia Universidad Católica de Chile

Rubén Dittus B.
Cartografía de los Estudios Mediales en Chile.
Concepción: Editorial Universidad Católica de la
Santísima Concepción. 2008.

 

por Álvaro Cuadra
Universidad ARCIS. Santiago, Chile
wynnkott@gmail.com


 

El título de un libro, lo sabemos, nunca es inocente, menos todavía cuando su autor es un experto en el área de las comunicaciones. Así, pues, esta Cartografía de los Estudios Mediales en Chile entraña un propósito tan sintomático como ambicioso. En efecto, intentar una cartografía de un campo disciplinar es de suyo una empresa de envergadura, pues compromete aspectos tanto históricos como teóricos. No obstante, el levantamiento de mapas es un síntoma de madurez de una ciencia particular. Las cartografías quieren dar cuenta, precisamente, de un trabajo acumulado de manera dispersa, fruto muchas veces de iniciativas personales.

Rubén Dittus, periodista y académico de la Universidad Católica de la Santísima Concepción y Master en Periodismo de la Universidad Autónoma de Barcelona, nos propone un recorrido que pone en relación una periodización de la historia reciente de nuestro país con los desarrollos teóricos en el campo de las comunicaciones. Se trata, por cierto, de una mirada muy amplia que va desde la visión católica expuesta en Communio et Pro-gressio hasta los vértigos de la «postmodernidad», pasando por la teoría crítica marxista, el estructuralismo y los paradigmas culturalistas.

Dittus articula su periodización histórica, tomando como punto de referencia la dictadura militar (1973-1989); así nos ofrece un «antes», caracterizado por el enfoque crítico de raigambre marxista y un «después» cuyo énfasis está signado por las nociones de democracia y mercado. Durante el periodo autoritario, los estudios comunicacionales aparecen ligados a las ONG, enarbolando las banderas de la libertad de expresión y la restitución de la democracia.

En esta extensa investigación están los nombres de los principales protagonistas contemporáneos en la investigación en comunicaciones, a saber: Eugenio Tironi, José Joaquín Brunner, Eduardo Santa Cruz, Nelly Richard, Claudio Avendaño, Rafael del Villar, Carlos Ossandón, Guillermo Sunkel, Edison Otero, Martín Hopenhayn. Al mismo tiempo se cita a autores que dieron sus mejores frutos en las postrimerías de los ochenta, Manuel A. Garretón, Tomás Moulian, Norbert Lechner, Valerio Fuenzalida. Se echan de menos algunos nombres notables como, por ejemplo, el de María de la Luz Hurtado que realizó el mejor estudio sobre la televisión chilena hasta 1973, o los interesantes aportes en torno a la comunicación política que viene realizando Juan Pablo Arancibia. Con todo, es muy interesante hacer notar cómo se mezclan investigadores cuyos estudios se definen en la sociología, con otros más comprometidos con otras disciplinas.

De algún modo, Dittus acierta en proponer un horizonte de comprensión de los estudios comunicacionales como un campo interdisciplinario que se está construyendo. Sin embargo, reclamar un esquema conceptual propio para los investigadores latinoamericanos resulta más que problemático en un mundo en que la convergencia tecno-científica exteriorizada en las NTIC y la consiguiente Hiperindustria Cultural, ha diseminado no sólo las imágenes y la memoria sino también las epistemes al uso.

Entre los aspectos más polémicos de la investigación destacan, a nuestro parecer, dos. El primero se refiere a la falta de nitidez en la distinción entre los estudios orientados hacia la «economía cultural» (producción, distribución y consumo de bienes simbólicos) y la transformación de los «modos de significación» (un sensorium de masas que ha mutado el carácter social de las audiencias). El segundo se refiere a cierta equivocidad con que se utilizan nociones como «mediología», que quiérase o no, nos remiten a los estudios y las polémicas suscitadas por Regis Debray.

Entre las virtudes del estudio de Dittus, habría que destacar que el autor reconoce la carencia de una tradición epistemológica profunda. Habría más bien, dice el autor, un mestizaje de tradiciones ligado estrechamente a los diversos estadios políticos y económicos del país. Esto ha generado «saberes hegemónicos» y «clausuras» en diversos momentos históricos.

A lo anterior se suma la falta de una reflexión crítica, tanto en el plano epistémico como frente a las instituciones académicas y los medios de comunicación. En rigor, habría que coincidir con el diagnóstico del autor cuando escribe: «...los principales obstáculos que impiden el desarrollo de los estudios mediales en Chile tienen su explicación por el dominio del criterio pragmático, el centralismo y la escasa productividad académica (también llamada <pobreza institucional), factores determinantes para la poca investigación en comunicación en las estructuras de poder de la comunidad científica chilena y latinoamericana» (383).

Si bien se deja traslucir un cierto pesimismo ante la situación actual, reconocer la medianía en que se encuentra la investigación en comunicación y medios en nuestro país es ya un primer paso. Dittus concluye que: «...lo anterior se traduce en el escaso presupuesto de las instituciones universitarias para investigar medios, la escasa dotación de científicos con preparación en el área, la escasa masa crítica existente en las universidades debido al gran número de escuelas de periodismo y comunicación que privilegian la docencia, y al predominio de la rentabilidad comercial a la hora de crear postgrados en ciencias sociales» (383).

Por último, Dittus reconoce la emergencia de «fermentos investigativos» que, sin estar del todo consolidados, inauguran nuevos ámbitos de reflexión e investigación en comunicaciones. Tal es el caso de los estudios en torno a la irrupción de nuevas tecnologías de información y comunicación en América Latina. Es claro que las redes y tecnologías digitales están transformando radicalmente la realidad comunicacional en nuestro continente y en nuestro país. Desde un punto de vista teórico, la comunicación contemporánea ha sido entendida por varios investigadores como Comunicación Mediada por Computador (CMC), inaugurando con ello la llamada «etnografía virtual». Esto obliga a repensar los clásicos «modelos» de inspiración logocéntrica en sus variantes «psicogenéticas» y «sociogenéticas», para incluir nuevas formas de memoria, esta vez, «técnogenéticas». Lo mismo habría que decir de la modalidad mediática conocida como Broadcast, convertida hoy en modalidades Podcast. En tiempos hipermodernos, ya ni siquiera la noción de audiencia o receptor resulta aceptable frente a medios que despliegan su capilaridad en una red de componentes funcionales e interactivos llamados «usuarios».

La Cartografía de los estudios Mediales en Chile, debe ser valorada como una excelente investigación que delimita un campo transdisciplinario atravesado por tensiones epistemológicas, políticas e históricas. Dittus logra describir de manera documentada tanto la investigación hegemónica, como aquellas voces heréticas, ensayando una mirada histórica y epistemológica al mismo tiempo. En el Chile de hoy, marcado por el signo de la «comunicación estratégica» y el marketing, tan proclive, en definitiva, a los saberes preformativos afincados en métodos cuantitativos, la investigación del profesor Dittus destaca por la profundidad de su reflexión y la lucidez de su mirada.


Recepción: febrero de 2009 Aceptación: abril de 2009

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