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Aisthesis

versión On-line ISSN 0718-7181

Aisthesis  n.46 Santiago dic. 2009

http://dx.doi.org/10.4067/S0718-71812009000200016 

AISTHESIS N° 46 (2009): 287-290
ISSN 0558-393
© Instituto de Estética - Pontificia Universidad Católica de Chile

RESEÑAS

 

Juan Naranjo (ed.)
Fotografía, antropología y colonialismo (1845 2006)
Barcelona: Editorial Gustavo Gili, SL, 2006

 

Por Christian Baez

Universidad Andrés Bello, Viña del Mar, Chile baez1968@gmail.com

 

Como dice en su prefacio, la finalidad de este libro es llenar un vacío existente en España respecto a publicaciones dedicadas a la relación entre la fotografía y la antropología. Podríamos agregar dos elementos más: ampliar el rango del vacío a la lengua castellana y condimentar la relación fotografía y antropología, con el colonialismo. Perversa relación, podríamos señalar. Sin embargo, gracias a esta simbiosis, actualmente son miles de imágenes fotográficas de la alteridad extra europea que se encuentran en archivos, museos y colecciones privadas, que han traspasado su primera vida para convertirse en documentos históricos.

Precisamente esta recopilación es de textos históricos, realizados entre 1845 y el año de publicación del texto, el 2004. Casi la totalidad de la vida de la fotografía (recordemos que su nacimiento oficial, se ha establecido hacia 1839). Dividido en tres apartados conceptuales muy ligados a la antropología —medir, observar y repensar— y organizado cronológicamente, el texto ofrece una panorámica ideal para aproximarse al papel de la fotografía en el estudio y la categorización de las sociedades no europeas, especialmente desde el punto de vista de antropólogos/as, naturalistas, fotógrafos/as, artistas, historiadores/as, etc.

La primera parte, «Medir», se remite exclusivamente a textos del siglo XIX. Justamente el periodo de nacimiento de una industria visual en Occidente, gracias a la proliferación iconográfica provocada tanto por el desarrollo de las técnicas de reproducción fotográfica, como por la demanda de imágenes de un público cada vez más ávido de experiencias visuales. La fotografía fue una herramienta nueva para la naciente antropología, la cual se desarrollaba al alero de las políticas colonialistas de las metrópolis. Prontamente se constituyó en un dispositivo eficaz de registro, que actuaba en complemento con la escritura. Pero también en mecanismo de control; prueba de ello son las actuales tarjetas de identificación personal, donde la presencia de nuestro rostro fotografiado asegura en gran medida nuestra existencia social.

Abren la selección un par de textos de mediados del siglo XIX. Su autor es el médico francés Etienne-Reynaud-Agustin Serres y se refieren al uso de las imágenes fotográficas para comparar las «razas humanas» y la importancia de la «fotografía antropológica». Igual temática toca el crítico Ernest Conduché, sumando la importancia de la fotografía en el contexto del Museo de Historia Natural. A las alabanzas al invento de la fotografía del redactor jefe de la revista Le Lumiére, Ernest Lacan, siguen las experiencias de campo y el uso de la fotografía en una expedición a Brasil en 1868 de Elizabeth C. Agassiz y Louis Agassiz y las instrucciones de cómo hacer buenas fotografías en terreno del biólogo inglés Thomas Henry Huxley.

Desde el punto de vista antropométrico, el bibliotecario de la Royal Geographical Society, John H. Lamprey, propone un fondo cuadriculado de fondo y así poder medir y registrar el cuerpo humano a través de la fotografía. Por otra parte, desde el punto de vista del soporte fotográfico, el antropólogo Gustav Fritsch señala las ventajas de las representaciones fotográficas sobre otro tipo de representación de carácter científico, ejemplificando esto con el álbum «etnológico-etnográfico» realizado por Cari Damman hacia 1874. Misma temática sugerida por Edgard B. Tylor, situando a este álbum como uno de los mayores aportes a los estudios antropológicos. Siguiendo con el uso práctico de la fotografía, Francis Galton, matemático y antropólogo, trata de demostrar las utilidades de la superposición de retratos fotográficos, con el fin de visualizar los «tipos» humanos; mientras que el cirujano y antropólogo Paúl Broca, da instrucciones precisas para las investigaciones antropológicas, mediante los registros fotográficos. Gustave le Bon, por su parte, realiza un ejercicio concreto en la aplicación de una técnica antropométrica y el uso de fotografías, con los fueguinos presentes en el Jardin d'Acclimatation de París en 1881.

Tomando en cuenta a la fotografía como herramienta de registro, y los equipos involucrados en este proceso, fotógrafos y antropólogos como Eugéne Trurat, Arthur Batut y Everad Ferdinand Im Thurm dan indicaciones precisas para la obtención de fotografías útiles a la antropología, mientras que Alphonse Bertillon, fundador de la policía científica francesa, extiende esta utilidad al ámbito judicial. Desde el punto de vista del aparataje, Maurice Vidal Portman detalla minuciosamente los equipos fotográficos posibles de utilizar hacia fines del XIX. Finaliza esta primera parte, con las sugerentes ideas del fotógrafo Albert Londe sobre la «fotografía documental», entendida ésta como una copia «fidedigna y rigurosa» de la realidad.

Para el acápite del «Observar», el editor ha contemplado textos de antropólogos de fines del siglo XIX y gran parte del XX. Las dos últimas décadas del siglo XIX fueron de un gran desarrollo tecnológico en el ámbito de la fotografía: simplificación de los procedimientos, abaratamiento de los costos, disminución del tamaño de las cámaras, etc. Fue el momento en el cual surgió una nueva generación de antropólogos con formación científica, donde la fotografía pasó a ser un elemento fundamental, no sólo de registro, sino de estudio y análisis posterior. Desde el punto de vista metodológico, se consolidó el trabajo de campo en la práctica de la antropología, donde son los propios antropólogos quienes participan en el proceso de recogida y posterior procesamiento de los datos. Si la fotografía comenzó a consolidarse como técnica de registro, también surgen otras posibilidades complementarias: el audio y las imágenes en movimiento.

Los textos de esta sección los podríamos dividir en dos partes: una práctica y una teórica. Desde la práctica de la fotografía en terreno y su utilización como herramienta de registro, el texto nos remite a dos fundadores de la disciplina antropológica: Franz Boas y Bronislaw Malinoswki. El primero sostiene que la relación entre la cámara y su trabajo en la costa noroeste de América del Norte se presenta a través de un extracto de sus cartas y diarios entre 1886 y 1931. El segundo afirma que una parte de su diario de campo en melanesia, hacia 1922, nos muestra la experiencia íntima del fundador del trabajo en terreno como práctica fundamental de la antropología. En este mirar y mirarse en el texto, la cámara fotográfica se trasforma en la compañera inseparable desde ahora en adelante.

Desde el punto de vista teórico, la experiencia reflexiva en torno a la fotografía como método de investigación, los autores elegidos ahorrarían mayores comentarios y demuestran la importancia que fue adquiriendo la imagen fotográfica, aunque también comienzan a dar cuenta de sus limitaciones: John Collier, a partir de la «antropología visual»; Margaret Mead y Gregory Bateson, a través de un diálogo «sobre el uso de la cámara fotográfica en antropología» y Claude Lévi-Strauss, quien pone a la fotografía en la dimensión del recuerdo y la nostalgia de estos «indicios», al contemplarlas casi medio siglo después de su trabajo en Brasil.

Las últimas tres décadas del siglo XX son las de consolidación de la antropología visual como uno de los espacios de investigación e incluso de realización. En ese contexto la actividad fotográfica ha ido adquiriendo mayor importancia, rebasando sus límites —si es que ha tenido alguna vez límites la fotografía— e incorporándose a otros espacios de circulación. Ya entrado el siglo XXI, nos hemos visto obligados a «Repensar» la fotografía y el papel que ha jugado dentro de las políticas de representación. Prueba de ello son los textos dedicados a este capítulo.

Iskander Mydin inicia la serie de textos seleccionados, asociando la práctica de la fotografía antropológica y su éxito desde el punto de vista de la producción, circulación y consumo, con el término de «lo exótico» entendido esto como lo culturalmente diferente. Allí radicaría, precisamente, la fascinación de estas imágenes hasta el día de hoy. Por otra parte, mientras Luis Calvo y Joseph Maña subrayan el papel preponderante de la imagen fotográfica en una cultura visual occidental como la actual y su presencia en casi todos los espacios sociales, Victor Burgin pone el énfasis en los aspectos internos de la imagen fotográfica, utilizando el psicoanálisis como metodología de análisis.

Volviendo a la raíz del problema antropológico, que radicaría justamente en las maneras de entender y comprender al Otro, los textos provenientes de la literatura de Malek Alloulla y Theresa Harían dan cuenta de las diversas maneras de representación de la otredad y las imágenes fotográficas. El primero lo hace a través de las representaciones coloniales de las mujeres argelinas en las postales y la segunda, en las representaciones visuales de los indígenas de América del Norte.

Cerrando la serie, la historiadora inglesa Elizabeth Edwards, una de las autoridades actuales en los temas que convoca el libro, reflexiona sobre las estrategias visuales de los museos de carácter antropológicos en sus exposiciones fotográficas. Su opinión no sólo proviene de la investigación, sino que también desde la práctica de conservadora de las colecciones fotográficas de The Pitt Rivers Museum, Oxford. Continúa Christopher Pinney, antropólogo, analizando la fotografía poscolonial y sus características, especialmente en África e India, ya sea a nivel de continuidad con las antiguas prácticas visuales coloniales o demostrando cómo estas prácticas se van constituyendo en factores iden-titarios. Por último, Marta Pili realiza un recorrido histórico de la mirada fotográfica occidental, especialmente de su relación con el Otro fotografiado.

¿Ha cumplido su misión este texto?, la respuesta, sin duda, es positiva. A través de una treintena de especialistas, se ha logrado dar cuenta del desarrollo de la fotografía de carácter «etnográfico» o «antropológico» como paralelismo visual de las ideas antropológicas acerca de la cultura, desde el siglo XIX. Por otra parte, durante este mismo periodo, Europa logró consolidar su poder imperial sobre las colonias, incorporándolas a las economías metropolitanas del capitalismo industrial. En este avance, los productores de imágenes decidieron centrar su atención en las diferencias con los habitantes originarios de los territorios conquistados: la idea era obtener fotografías que fueran muestras fidedignas e inalterables de esta alteridad radical que aparecía en cada viaje, relato y crónica. La producción de lo Otro se hacía imprescindible para seducir de manera eficiente a los consumidores de imágenes. Lo que fascinaba era lo «exótico», lo culturalmente diferente, tanto en un sentido popular como científico.

 

Recepción: octubre de 2009 Aceptación: noviembre de 2009

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