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Aisthesis

versión On-line ISSN 0718-7181

Aisthesis  n.46 Santiago dic. 2009

http://dx.doi.org/10.4067/S0718-71812009000200017 

AISTHESIS N° 46 (2009): 291-294
ISSN 0558-3939
© Instituto de Estética - Pontificia Universidad Católica de Chile

RESEÑAS

 

Winétt de Rokha. Edición, Javier Bello.
El valle pierde su atmósfera. Edición crítica de la obra poética.

Santiago: Cuarto Propio, 2008.

 

Por Gonzalo Montero

Facultad de Letras, Pontificia Universidad Católica de Chile. Santiago. gmonterl@uc.cl

La revisión que en la actualidad se hace de la historia de la literatura es un ejercicio que ha cobrado relevancia en los últimos años dentro de la crítica y los estudios literarios. Las nuevas teorías nos permiten releer y resignificar el canon, como también rescatar corpus que la crítica había relegado a un segundo plano, ya sea por estrategia, por falta de herramientas o simplemente por mala memoria. Al parecer, la lejanía cronológica no sería un impedimento a la hora de revalidar voces literarias, sino que muy por el contrario, una posibilidad real de abordar de manera más completa los procesos estéticos que han moldeado la historia de la literatura, al integrar dentro del mapa a los marginales autores que han construido sus obras lejos de la institucionalidad de la academia. Tomo la definición dada por Pedro Lastra sobre dichos autores, aquellos «que han realizado su tarea al margen o en los bordes de la institución literaria, consagrada o consagratoria, a menudo por decisión propia o por una singularidad del carácter que los llevó al distanciamiento o al retiro» (1997: 8). Así, vemos que la condición de «marginal» no se condice con la calidad literaria, sino que puede vincularse a un lento proceso de lectura por parte de la crítica que valida a un autor o a otro, o a un acto voluntario del propio autor.

El caso de Winétt de Rokha, al igual que muchos otros en nuestras letras nacionales, ha experimentado una tímida recepción por parte de la «institución literaria consagratoria». Claramente, esta condición no se justifica si leemos atentamente su obra, la cual forjó una voz única. Por muchos años relegada al lugar desfavorable de «esposa y musa de Pablo», posición que no le hace justicia, su obra puede ser considerada como uno de los casos más particulares y atractivos de la producción poética de vanguardia en Latinoamérica.

Antes de entrar en el estudio de El valle pierde su atmósfera. Edición crítica de la obra poética, debemos concederle el mérito de hacer un acto de justicia literaria. Son estas iniciativas las que permiten reconstruir, esperemos que de una mejor manera, el mapa de nuestra historia cultural, complejizándolo, poniéndolo en duda y enriqueciéndolo. La edición, a cargo de Javier Bello, se compone de dos partes centrales: «La obra» y «La crítica». Ambas se retroalimentan y nos permiten entender de mejor manera la compleja propuesta poética que la autora nos legó. Dentro de «La obra» contamos con la integridad de textos poéticos que Luisa Anabalón Sanderson, nombre de nacimiento de Winétt, publicó. Se incluyen aquí los trabajos publicados con el pseudónimo de Winétt de Rokha, como también los dos libros iniciales que Anabalón publicara bajo el pseudónimo de Juana Inés de la Cruz. El corpus total está compuesto por seis libros: Lo que me dijo el silencio (1915), Horas de sol (1915), Cantoral (1936), Oniromancia (1943), El valle pierde su atmósfera (1946) y Los sellos arcanos (publicado postumamente en 1951). Si revisamos dicho corpus, podemos notar un itinerario poético, descubriendo las múltiples tendencias que en la obra de la autora conviven. Desde los primeros poemas de Lo que me dijo el silencio y Horas de sol —versos intimistas, de una métrica rígida (cuartetos heptasilábicos en su mayoría), altamente subjetivos, con el siglo diecinueve y sus poéticas como principales referentes—, hasta las obras de madurez, como Cantoral o El valle pierde su atmósfera —libros instalados en la producción vanguardista latinoamericana de primer nivel—, podemos notar un recorrido, una búsqueda fructífera de una voz poética personal. El poder contar con todos los poemarios publicados por la autora nos permite hacer el ejercicio de trazar dicho recorrido, estableciendo la manera cómo la obra de Winétt de Rokha es un registro de lo que fue el polémico momento histórico de comienzos del siglo veinte, tanto para la literatura como para todas las producciones culturales. Dentro de la evolución que la autora experimentara se aprecia un quiebre central y que nos permite hablar de dos poéticas distintas, a pesar de que exista una unidad y coherencia en la producción íntegra. Dicho quiebre coincide con el cambio de pseudónimo. Al pasar de Juana Inés a Winétt, la voz poética se redefine y redescubre. Coincido con Adriana Valdés, quien propone que «al adoptar un nombre que era <su primer poema>, el escritor hacía un gesto de autopoeisis: se inventaba a sí mismo como hubiera querido ser» (De Rokha, 2008: 534). Así, el paso de Luisa a Juana Inés y de Juana Inés a Winétt es asumido como estrategia discursiva de construcción de diversas subjetividades, ya sea para alinearse con poéticas pretéritas, el caso de Juana Inés, o para asumirse perteneciente a las nuevas vertientes poéticas, como fue en el caso de Winétt, nombre inventado o, en términos de Huidobro, creado.

Por su parte, el dossier crítico tiene el acierto de incorporar tanto estudios actuales como también comentarios de época al libro. De estos últimos cabe destacar a Manuel Magallanes Moure, Braulio Arenas, Teófilo Cid, Humberto Díaz Casanueva, Eduardo Anguita, entre otros. Como vemos, figuras centrales en la poesía chilena del siglo veinte se han detenido en la obra de Winétt de Rokha. Sin embargo, el interés que despertaba la figura de Winétt desaparecería después de su muerte, permaneciendo su obra sin reediciones por más de cincuenta años. Los estudios actuales incorporados en la presente edición abordan el problema que Winétt representa desde diversas perspectivas. En la selección del material crítico, el editor lleva a cabo un buen trabajo, ya que logra contrastar y hacer dialogar diferentes perspectivas y temáticas centradas en la autora. Por ejemplo, Adriana Valdés analiza la recepción que los poemarios tuvieron en el momento de su publicación. Se centra en dos textos que, a pesar de ser elogiosos, se constituyen como entorpecedores de la lectura de las obras en sí, ya que reproducen estereotipos genéricos que responden a la lógica patriarcal y machista de la época, que sólo le otorgaba a la mujer la posibilidad de escribir textos poéticos de una determinada tendencia: poemas íntimos, frágiles, delicados y preciosistas. Ni hablar de una mujer que escribiera poesía de vanguardia y que complementara la escritura con una activa militancia en el partido comunista. Juan Gelpí, en cambio, trabaja la importancia estética y política que tienen las rupturas métricas y sintácticas presentes en los poemarios de la etapa de madurez poética de la autora. Por su parte, Eliana Ortega se centra en la manera y trato del referente urbano en Cantoral. Al ser lo urbano un espacio que estaba ligado a lo público, a la política y a lo masculino, Ortega ve en la obsesión de Winétt de Rokha por la urbe un acto subversivo, ya que no ve en la ciudad un lugar hostil o que pueda poner en riesgo su feminidad, sino que un espacio de libertad y realización. Por su parte, Soledad Falabella centra su artículo en la utilización del pseudónimo como estrategia en que la sujeto se construye al interior de Cantoral, estableciendo interesantes relaciones tanto con otros autores contemporáneos como con otros tipos referentes presentes en dicho poemario. He tomado estos artículos como ejemplos, para demostrar la complejidad temática y formal que la obra propone, siendo posible su estudio desde perspectivas ideológicas, teóricas y metodológicas diversas.

El prólogo, escrito por Javier Bello, tiene el mérito de develar el intrincado sistema simbólico sobre el cual se construye la obra, siendo de esta manera una buena puerta de entrada a la lectura de los poemarios. Sin embargo, errores tanto puntuales como de redacción dificultan su lectura. Aunque interesantes son las reflexiones que Bello hace sobre el lugar ocupado por la autora dentro de la escritura de mujeres en Chile, estableciendo relaciones tanto textuales como biográficas con otras poetas como Gabriela Mistral o con la argentina Alfonsina Storni. Según Bello, esta importancia no pudo ser captada por sus contemporáneos, ya que la recepción crítica no logró hacerse cargo de la obra como corpus de estudio y análisis. Como ejemplo de esto, Bello toma el prólogo de Magallanes Moure a Horas de Sol, el cual, antes de hablar de la obra en sí, admira la belleza física de la autora.

Como complemento del grueso de la edición, compuesto por la obra poética y el dos-sier de trabajos críticos, se cuenta con un cuerpo de material gráfico en el que se incluyen fotografías de época, postales enviadas por la Winétt de Rokha, cartas con sus transcripciones y las portadas originales de los poemarios incluidos en la edición. Son buenas fuentes que nos permiten entender la figura de la autora de manera más completa.

La vanguardia literaria en Chile fue un fenómeno fructífero, complejo y desafiante. Detrás de figuras estelares como las de Huidobro o Neruda se encuentran muchos autores de una calidad difícil de rebatir. Fue una época de polémicas, disputas, encuentros y roces que nos hablan de un momento en que la función del arte y de la crítica no estaba separada. La aspiración de unir vida y arte, emblema central del surrealismo europeo, repercutió entre los intelectuales y artistas que estaban concientes de que los cambios sociales están íntimamente relacionados con revoluciones en el campo de las artes y la cultura, entendiendo esta última como un campo en el que se está en permanente disputa. Las vanguardias literarias fueron uno de los momentos más ricos, tanto por el valor intrínseco de las obras como también por la capacidad que estas tuvieron de materializar y reflejar fenómenos históricos y culturales muy importantes, como serían el surgimiento de discursos que criticaron la manera en que los proyectos nacionales modernos se estaban llevando a cabo a nivel continental. La obra de Winétt de Rokha es un caso interesante de abordar, tanto desde una perspectiva culturalista como también por una netamente literaria o estética. Esperemos que la publicación de la obra poética de una de estas figuras opacadas por los vates canónicos despierte en el público lector y en la academia el interés por esta etapa de nuestra historia literaria que ha sido poco estudiada y menos leída.

 

REFERENCIAS

Lastra, Pedro. (1997). Sobre poetas marginales. Mapocho N° 43.        [ Links ]

 

Recepción: marzo de 2009 Aceptación: mayo de 2009

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