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Aisthesis

versión On-line ISSN 0718-7181

Aisthesis  no.65 Santiago jul. 2019

http://dx.doi.org/10.7764/aisth.65.11 

Reseñas

La vida de las líneas

Ignacio Helmke-Miquel1 

1Instituto de Estética, Pontificia Universidad Católica de Chile Santiago, Chile. ihelmke1@uc.cl

Ingold, Tim. La vida de las líneas. Stevenson, Ana. Santiago de Chile: Ediciones Universidad Alberto Hurtado, 2018. 226 páginasp.

Tim (Timothy) Ingold es un importante antropólogo inglés, que actualmente se desempeña como profesor en la Universidad de Aberdeen. Sus intereses, sumamente amplios y marcados por un enfoque personal, abordan el lenguaje, las relaciones hombre-animal, la tecnología, el arte, la arquitectura, la creatividad, la percepción ambiental y la adaptación ecológica, entre otros. A partir de estos elementos replantea el rol de la antropología, cuestionando su foco en el estudio y la generación de conocimiento sobre el mundo, los pueblos que lo habitan y las culturas particulares, para dar un giro hacia entender las potencialidades del ser humano. Se plantea una educación de los sentidos para las posibilidades de existir y estar en el mundo, aproximándose a la corriente fenomenológica. De esta manera, vincula las preguntas antropológicas fuertemente con la filosofía, proponiendo preguntas acerca del modo en que podrían ser las relaciones humanas o entre los organismos que habitan el mundo, qué tipo de vida se podría vivir y, en resumen, especula sobre las potencialidades del ser y llegar a ser en el mundo que habitamos.

Esta publicación constituye un aporte signifi cativo dentro de la prolífi ca producción de libros y artículos de Ingold. Se trata del segundo libro traducido al español. El primero –editado por Gedisa– fue Líneas: Una breve historia y, de acuerdo al autor, ambos estarían vinculados. La traducción al español es un ejercicio importante, dado el énfasis en el uso del lenguaje propuesto por Ingold, al proponer el empleo de “palabras ricas con la pátina del uso diario: palabras que, en los gestos de la boca y las manos, y en los sonidos y huellas que dejan al pasar, crean un eco al pulso de las cosas. […] Con ellas invitamos a otros a juntarnos y atender. Donde el académico explica, el escritor cuenta” (La vida de las líneas 12). El ejercicio de la traducción, siempre complejo (basta con pensar en el dicho traduttore, traditore, “traductor, traidor”), se vuelve más complejo al considerar los sentidos narrativos que estas palabras adquieren con el uso diario.

En este caso, hay que considerar a quién se traiciona en el proceso. Inevitablemente esto conduce a un elemento que no es menor al momento de leer. Se podría decir que el libro, editado por Ediciones Universidad Alberto Hurtado, no finaliza realmente. Si bien Ingold plantea que, además de antropólogo y académico, últimamente la gente se refiere a él como escritor, un tema fundamental, ineludible en un escrito de este tipo, es el de las fuentes y los entrecruzamientos de líneas que se producen entre ellas. Se podría hablar de la vida social que tienen estos textos, independientes de nosotros (lectores y escritores), vidas sociales que se establecen en la bibliografía con sus vinculaciones por medio de citas y referencias. El error aquí es la falta de bibliografía. Los editores y los traductores (dado que las referencias, en la bibliografía, también pueden ser “traducidas” y ubicadas en las versiones en español de los libros que el autor refiere) pasaron por alto este elemento fundamental. El libro queda, por lo tanto, cercenado: uno solo ve el esbozo de las líneas, el principio (o final) del entrecruzamiento planteado por Ingold: no se permite recorrer completamente el camino.

Afortunadamente, prácticamente toda la literatura de Tim Ingold se encuentra online, en su idioma original. Por lo tanto, uno puede reconstruir y re-trazar estas líneas, dado que la versión en inglés del libro, The Life of Lines, sí cuenta con bibliografía. Esta, es bastante extensa y rica para un texto de 226 páginas. Para una lectura desde la estética, es interesante además constatar que muchos de los textos que utilizó Ingold para construir su “filosofía al aire libre” (La vida de las líneas 13), son textos fundamentales para el estudio de dicha disciplina. Por mencionar solo algunos, destacan: Poética del espacio, de Bachelard; La obra de arte en la época de su reproductibilidad técnica, de Benjamin; Diferencia y repetición, de Deleuze, y Mil mesetas, del mismo autor en conjunto con Félix Guattari; Filosofía del diseño: La forma de las cosas, de Vilém Flusser; Arte y agencia, de Alfred Gell; Fenomenología de la percepción, de Merleau-Ponty, y Esferas I, de Peter Sloterdijk. Una lectura crítica, enfocada en esos entrecruzamientos, se vislumbra como un campo rico para analizar.

El libro presenta una estructura claramente tripartita, consistente en tres capítulos cortos, con 30 subcapítulos en total. En este recorrido, Tim Ingold acerca a los lectores a su camino particular de pensamiento. La senda visita montañas y glaciares, plantas y anémonas, aire y suelo, para, en resumidas cuentas, ver lo que se encuentra entre la tierra y el cielo. Comienza por analizar problemas clásicos de la disciplina antropológica, acerca de cómo las personas se relacionan en el proceso de la vida social. En el intermedio hace una visita a diversas destrezas u oficios (las skills, trabajadas en “Five questions”): artistas, carpinteros, albañiles, caminantes y muchos más. Al finalizar, revisita una serie de temáticas recurrentes en la disciplina tales como economía, educación, producción, religión, política y otras.

La postura de Ingold es crítica de los paradigmas de las ciencias modernas y el método de investigación que proponen, considerando el distanciamiento entre investigador y objeto de estudio. El autor piensa en los individuos no como unidades marcadas por una envoltura identitaria, sino sobre la base de líneas que marcan relaciones y vínculos. Así, esta antropología no busca generar conocimiento sobre el mundo y los pueblos que son objeto de su estudio, sino fomentar una educación de la percepción enfocada en las líneas que se establecen entre organismos humanos y no humanos en el proceso de ser en el mundo. Este planteamiento hace pensar en las tensiones dinámicas que se establecen entre elementos continuamente reunidos. Se trata de una invitación a ser como participantes inmersos en el mundo. De esta manera, el libro La vida de las líneas es atravesado por una gran pregunta que lo guía: ¿qué significa ser? Por medio de ejemplos cotidianos, abordando las preguntas “en el proceso mismo de llevar la vida” y entendiendo “que la vida es un emprendimiento de índole fundamentalmente filosófico” (12), el autor va entregando señales del proceso de estar y ser inmerso en el mundo. Así, propone que una entidad es la que se encuentra “inmersa en la sensibilidad”.

Un aporte importante es el planteamiento en cuanto a la necesidad de educar la percepción que tenemos del mundo y abrir nuestros sentidos a las posibilidades del ser. El autor plantea, citando a Merleau-Ponty, que ser sintiente es “abrirse al mundo, ceder a su abrazo y resonar con sus iluminaciones y reverberaciones en nuestro ser interior” (125). Por lo tanto, plantea Ingold, se establecen relaciones con entidades no sintientes, como árboles, piedras o glaciares, pero, al vincularse con ellos uno se encuentra “inmerso en sintiencia” (o tal vez “inmerso en sensibilidad”; el texto en inglés usa el término sentience, la traducción utiliza el neologismo sintiencia) (128) y uno percibe por medio de la experiencia de estas entidades.

En este mismo sentido, al plantear y revisar distinciones entre mundo material y mundo de los materiales, surge un aporte concreto hacia la estética y los estudios de cultura material. Junto con esto, cuestiona los procesos involucrados en la producción que comprenden la creatividad de la vida social, entendida como parte importante de un entramado social. Uno se somete a “campos de relaciones establecidas a través de la presencia y actividades de otros” (178), no actuando como un genio creador individual. Siendo coherente con esta línea de pensamiento, propone que los vínculos no se dan entre materia prima natural sin forma a la que se aplica esta o que vaya surgiendo una forma producto del proceso creativo, sino que hay un proceso conjunto, un diálogo entre materialidad y agencia. Este proceso, similar a un parto, hace emerger a la forma desde dentro del campo de las relaciones humanas. En ese sentido, Ingold propone el concepto de “antropogénesis”, que implica “una suerte de crear-en-el-crecer (making-in-growing)” (173), diferente a hacer, crear o crecer. Este hacer planteado es una suerte de “acción sin agencia, un hacer-en-el-someterse, una auto fabricación, una antropogénesis” (203), donde no se impone una imagen a un objeto, sino que ambos, cosa e idea de cosa, surgen en el proceso.

Es meritorio también pensar en la relación que establece Ingold con la antropología, dejando de lado el foco en la alteridad, entendida como cierta noción de humanidad, que incluye concepciones vinculadas a lo familiar y deja fuera lo “otro”, que nos es extraño o extranjero. Inclusive un cruce con ciertas teorías “poshumanas”, como lo planteado por Viveiros de Castro, es interesante. La pregunta por la concepción de lo que se entiende bajo la categoría de “humano” se amplía. No necesariamente está ligado en toda cultura a la especie, sino que los animales también pueden compartir esta categoría o manifestarse de esa forma. De manera similar, habría que considerar qué es lo que pasa con el mundo vegetal, donde algunos autores, como Mancuso y Viola, comienzan a constatar la presencia de características atribuidas normalmente a la especie humana, como la inteligencia o la sensibilidad. Esto toma particular importancia bajo los planteamientos de Tim Ingold al señalar ciertas correspondencias de líneas, que generan una relación ecológica que requiere atender a trayectorias de vidas no-humanas, donde “los campesinos y leñadores deben juntarse con las maneras de vivir de las plantas; los cazadores y los pastores con las maneras de los animales; los artesanos con las maneras de ser de sus materiales” (215).

El libro deja muchos cabos sueltos, al no tratarse de un estudio totalmente disciplinario o académico. Y, tal vez, es más interesante el hecho de que deje estos espacios despejados, planteados justo en un límite, como campos libres a explorar por el lector. Tal como propone Ingold al comenzar, esta línea de escritura está planteada como una invitación abierta, ofreciendo la oportunidad a quien la tome para levantar la vista y ver el mundo nuevamente a partir de la propia experiencia, atendiendo y asombrándonos con lo que nos rodea.

Referencias

Bachelard, Gastón. Poética del espacio. México, D. F., Fondo de Cultura Económica, 1992. [ Links ]

Benjamin, Walter. La obra de arte en la época de su reproductibilidad técnica. Buenos Aires, La Marca Editora, 2017. [ Links ]

Deleuze, Gilles. Diferencia y repetición. Buenos Aires, Editorial Amorrortu, 2002. [ Links ]

Deleuze, Gilles y Félix Guattari. Mil mesetas. Capitalismo y esquizofrenia. Valencia, Pre-Textos, 2004. [ Links ]

Flusser, Vilém. Filosofía del diseño: La forma de las cosas. Madrid, Editorial Síntesis, 2002. [ Links ]

Gell, Alfred. Arte y agencia. Una teoría antropológica. Buenos Aires, Sb editorial, 2016. [ Links ]

Ingold, Tim. “Five questions of skills”. Cultural geographies, vol. 25 (I), 2018, pp. 159-163. [ Links ]

Ingold, Tim. The Life of Lines. Londres y Nueva York, Routledge, 2015. [ Links ]

Ingold, Tim. Líneas: Una breve historia. Barcelona, Editorial Gedisa, 2015. [ Links ]

Mancuso, Stefano y Alessandra Viola. Sensibilidad e inteligencia en el mundo vegetal. Barcelona, Galaxia Gutenberg, 2015. [ Links ]

Merleau-Ponty, Maurice. Fenomenología de la percepción. Barcelona, Editorial Planeta-De Agostini, 1994. [ Links ]

Sloterdijk, Peter. Esferas I. Madrid, Editorial Siruela, 2017. [ Links ]

Viveiros de Castro, Eduardo. La mirada del jaguar. Introducción al perspectivismo amerindio. Entrevistas. Buenos Aires, Tinta Limón Ediciones, 2013. [ Links ]

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