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Aisthesis

versión On-line ISSN 0718-7181

Aisthesis  no.65 Santiago jul. 2019

http://dx.doi.org/10.7764/aisth.65.12 

Reseñas

Rastros y gestos de las emociones. Desbordes disciplinarios

Claudia Darrigrandi-Navarro1 

1Universidad Adolfo Ibáñez Santiago, Chile. claudia.darrigrandi@uai.cl

Cordero-Fernández, Macarena; Moscoso-Flores, Pedro E.; Viu, Antonia. Rastros y gestos de las emociones. Desbordes disciplinarios. Santiago de Chile: Cuarto Propio, 2018. 535 páginasp.

Rastros y gestos de las emociones. Desbordes disciplinarios reúne 16 artículos organizados en cuatro secciones: “Naturalezas afectivas y emociones”, “Registros corporales de las emociones”, “Formas emocionales de exclusión” y “Posibilidades afectivas de resistencia”. Las autoras y los autores de los artículos provienen de la filosofía, la historia, la antropología, la sociología y del área de las letras y los estudios culturales. Más que ofrecer un comentario enfocado en cada sección del libro, quisiera destacar la refl exión sobre los gestos que se hace en la introducción de esta antología, como también la relación entre las emociones y los lugares.

En la introducción a Rastros y gestos de las emociones. Desbordes disciplinarios el equipo editorial problematiza la noción de gesto y deja ciertos puntos de fuga, al constatar que su proyecto se inscribe entre dos fuerzas, una que intenta ordenar y otra que, al mismo tiempo, desarticula ese orden. En el marco de una refl exión sobre la traducción (a partir de una lectura de escritos benjaminianos), el grupo inscribe la antología como un gesto aparentemente incómodo, al derivar la atención hacia “aquello que emerge entre los espacios que componen cada uno de los relatos, para alterar la tranquilidad que propone esta organización” (15). Y señala, mediante referencias a Derrida, que este “gesto –de falsificación– implica preguntarse ‘por qué y cómo las ‘mismas’ palabras y los ‘mismos’ enunciados, si son los mismos, pueden servir varias veces en sentidos y contextos que se pretenden diferentes y hasta incompatibles” (15-16). Por un lado, está la pregunta por la especificidad a la que tributa cada disciplina de la que provienen las autoras y los autores que son parte de esta antología que, a su vez, responde a un impulso clasificatorio. Por otro lado, se intenta corregir esa práctica, con el llamado a prestar atención a lo que no se corresponde, lo que no entra, lo que queda fuera de cada una de estas contribuciones, gesto crítico que cuestiona la unidad del libro.

La presencia de esta noción que articula y desarticula la composición de esta propuesta abre, diversifica, entonces, el estudio de los afectos y las emociones y, además, moldea ese espacio interdisciplinar que casi no se nombra. Ahora bien, retomando la noción de gesto, quisiera enfocarme en la gestualidad corporal y problematizar la aparente transparencia de un gesto como reveladora de una emoción o de afectos. Leer Rastros y gestos de las emociones, invita a pensar en un posible repertorio gestual de las emociones y los afectos (como lo intentó hacer Charles Darwin en su libro La expresión de las emociones en el hombre y en los animales) que son parte de los problemas tratados en cada uno de los artículos. Es difícil no pensar en las emociones vinculadas a algún gesto, o alguna expresión corporal, como una forma de materializarlas, de hacerlas asibles. De este modo, implícitamente, en este libro aparecen gestos de dolor, incomprensión, rabia, ira, goce, sufrimiento, entre otros estados quizás no tan definidos o categorizados. De hecho, en ese sentido, en algunos de los textos aquí antologados se hace referencia explícita a los gestos. Pienso en el artículo “Sincronizando afectos y sensaciones en Nostalgia de la luz de Patricio Guzmán” de Martina Bortignon, quien se refiere al asombro y a la compasión que despertaría en los espectadores de la película de Guzmán. En cuanto al asombro, señala Bortignon:

Según recientes estudios psicológicos basados en pruebas empíricas, la emoción de asombro facilita el procesamiento profundo y complejo de los contenidos mentales. Esto se puede comprobar en las implicaciones cognitivas de lo que ocurre a nivel físico cuando una persona vive la emoción del asombro; al quedarse boquiabierto e inspirar con mayor profundidad permiten inhalar más oxigeno que se dirigirá al cerebro, los ojos más abiertos amplían el campo de la visión (110-111).

Si, por un lado, es posible hacer cierto paralelo entre expresión corporal y emoción, por otro, desde el punto de vista del registro y la designación verbal también hay algunos desafíos. La importancia del gesto destaca igualmente en el estudio de Mariana Labarca Pinto, en el cual el significado y la codificación del desequilibro emocional por parte de familiares de enfermos en la Toscana del siglo xviii cobra una relevancia central para la identificación de esas emociones. En ese contexto, en su análisis, la historiadora se detiene en adjetivos tales como “inquieto”, “extravagante”, “irregular”, “incierto” o “agitado”. Asimismo, en su artículo, además de la identificación del desequilibro emocional con palabras específicas, estas se vinculan con ciertas acciones y expresiones del cuerpo (356-357).

En cuanto al repertorio de gestos y su asociación con emociones específicas, Eva Illouz, en su libro Consuming the Romantic Utopia: Love and the Cultural Contradictions of Capitalism, reflexiona a partir de un archivo de símbolos e imágenes, entre otros registros, mediante los cuales se comunica el amor romántico. A partir de ese diverso repertorio, Illouz se pregunta por los factores que inciden en que un “vocabulario cultural sobre los sentimientos sea más visible y público que otro” (s. p.). Lo que para esta socióloga parece claro en el caso del amor romántico, es más difuso para Vilém Flusser. En la introducción a su libro Los gestos. Fenomenología y comunicación, define el gesto “como un movimiento del cuerpo o de un instrumento unido al mismo, para el cual no se da ninguna explicación causal satisfactoria” y, por lo tanto, para su entendimiento sería “necesario descubrir sus ‘significados’”, y agrega que al no haber una teoría interpretativa “estamos limitados a una lectura empírica, ‘intuitiva’ del mundo de los gestos, del mundo codificado a nuestro alrededor” (10). La dificultad de asir el gesto, continúa complejizando lo que se expone en la introducción del libro Rastros y gestos de las emociones. Destaco la propuesta de Flusser porque se instala en esa tensión que, como mencioné anteriormente, orienta también la propuesta de libro, entre un ímpetu organizativo disciplinar y otro gesto desestabilizador que deja “fallas, fisuras y diferencias que se resisten a totalizarse bajo la égida del nombre propio” (Cordero et al. 16). Por su parte, las posibilidades interpretativas de los gestos, aunque intuitivas si seguimos las ideas de Flusser, extienden el “abanico de la emociones”, título del seminario llevado a cabo en 2016 por el Centro de Estudios Americanos de la Universidad Adolfo Ibáñez, el Instituto de Historia de la Pontificia Universidad Católica de Chile y el Ian Ramsey Centre for Science and Religion de la Universidad de Oxford, encuentro que está en las bases fundantes de este proyecto editorial.

Otro elemento que emerge de los artículos que el libro compila es la relación entre lugares y emociones (o afectos). Aquí extrapolo, a la vez que desfiguro, como ejercicio preliminar, la idea de Pierre Nora sobre los “lugares de la memoria” al ámbito de las emociones y los afectos: “Las emociones de la nostalgia, el asombro y la compasión dibujan –señala Bortignon– un paisaje emotivo donde la negativa a olvidar el pasado y a dejar de interrogar críticamente el presente no excluye la posibilidad de la sanación” (119). En particular, es interesante la noción simbólica de los lugares de la memoria en la medida en que emociones y afectos puedan ser abordados también como lugares, constituidos quizás solo fugazmente, tanto materiales como en ámbitos inmateriales. Ahora bien, y simplificando dado el objetivo de esta reseña, si los lugares de memoria desentrañan la dimensión rememoradora de los objetos (materiales e inmateriales), en el caso de los artículos se podría pensar en “lugares de emociones y afectos” como contenedores a la vez que vehiculadores de los mismos. Siguiendo esta idea, pienso en los cuerpos parturientes trabajados por Michelle Sadler en su artículo “Cuerpos vividos en el nacimiento: del cuerpo muerto de miedo al cuerpo gozoso”, o –en palabras de Betina Keizman, otra de las autoras que participa del libro– en sujetos que son propuestos “como un verdadero territorio de afectos, entendido el término en su sentido más amplio y literal, en la capacidad de afectar y ser afectado por otros sujetos, objetos, pero muy particularmente por las tecnologías y las políticas de organización y control social, de los cuerpos y del medio ambiente” (256). Una posibilidad distinta de articular o pensar los “lugares de emoción” se da en el encuentro de cuerpos, escritura y cultura impresa según lo trabaja Antonia Viu en su artículo “Futuros desdichados: afectos y grafología en revista Zig-Zag durante las primeras décadas del siglo xx”. También podría ser ese punto de encuentro el que emerge de la relación intersubjetiva entre las enfermeras y las madres, y entre las madres y sus hijos que María Soledad Zárate analiza en el marco del estudio de las políticas implementadas por el Programa de Salud Materno Infantil del Servicio Nacional de Salud para el control de la mortalidad infantil entre 1950 y 1980. Escribe Zárate: “Más interesante aún es que las enfermeras entrevistadas la dotan de un valor adicional: las madres que acompañaban a sus hijos en los hospitales desarrollaban con ellos un vínculo que favoreció su carácter y su integridad, y las convirtió gradualmente en individuos que merecían respeto entre la comunidad médica” (201). Por último, para mencionar otro ejemplo de lo presentado en este libro que podría ser observado, comentado, pensado, preliminarmente, como lugar de emociones o de afectos, cabría mencionar el trabajo de Cynthia Francica, “Comunidad, amistad y afecto en la literatura y las artes visuales argentinas durante la crisis de 2001”. Francica propone “estudiar la potencialidad estética y política de la amistad como una herramienta posible para repensar el concepto de comunidad literaria” (497-498) y luego añade: “La amistad se despliega como una lógica relacional desde donde concebir un vocabulario común que re-articule el plano afectivo, el plano productivo / creativo y el plano político en el contexto de la crisis” (523).

Desde otro punto de vista, el libro es también una invitación a pensar en los aspectos afectivos y emocionales que moldean e intervienen institucionalidades y espacialidades. Es decir, pensar en el papel que juegan las emociones y los afectos en la producción del hábitat y el territorio. En ese sentido, estas manifestaciones emocionales o afectivas ancladas en un mundo físico se proyectan en ese lugar en que se gestan. Pienso en las termas como espacios de sanación que estudia María José Correa, en su artículo “‘Una vida material enteramente nueva’. Los establecimientos termales como espacios emocionales en Chile central, siglo xix”, o en los hospitales, que son parte del análisis del artículo ya citado de María Soledad Zárate, y en el trabajo de Macarena Cordero titulado “Expiación y peste en Colchagua, Aconcagua y Santiago de Chile, siglo xviii. De la ira de Dios a la medición del dolor y temor”. Desde esta mirada es que, en otro artículo del libro, Elena Atanasiu aborda el desierto en La cautiva de Esteban Echeverría, al plantear que “entre las funciones que adquiere el desierto en su obra literaria, la función de un espacio afectivo promueve la idea de división olfativa sobre los cuerpos argentinos nacionales” (413).

Por último, el volumen también ofrece, desde su diversidad disciplinar, una importante reflexión conceptual del entendimiento de las emociones y los afectos en general y de ciertas emociones en particular. Entre esos trabajos, destacan los de Nicolás Fuster y Pedro Moscoso-Flores, Andrés Maximiliano Tello, Nicole Darat y el ya mencionado de Antonia Viu.

Referencias

Atanasiu, Elena. “La política del olor y la construcción ideológica del desierto argentino en La cautiva (1837) de Esteban Echeverría”. Rastros y gestos de las emociones. Desbordes disciplinarios. Eds. Macarena Cordero Fernández, Pedro E. Moscoso-Flores y Antonia Viu. Santiago de Chile, Cuarto Propio, 2018, pp. 413-439. [ Links ]

Bortignon, Martina. “Sincronizando afectos y sensaciones en Nostalgia de la luz de Patricio Guzmán”. Rastros y gestos de las emociones. Desbordes disciplinarios. Eds. Macarena Cordero Fernández, Pedro E. Moscoso-Flores y Antonia Viu. Santiago de Chile, Cuarto Propio, 2018, pp. 105-121. [ Links ]

Cordero, Macarena. “Expiación y peste en Colchagua, Aconcagua y Santiago de Chile, siglo XVIII. De la ira de Dios a la medición del dolor y temor”. Rastros y gestos de las emociones. Desbordes disciplinarios. Eds. Macarena Cordero Fernández, Pedro E. Moscoso-Flores y Antonia Viu. Santiago de Chile, Cuarto Propio, 2018, pp. 41-71. [ Links ]

Cordero, Macarena, Pedro E. Moscoso-Flores y Antonia Viu. “Introducción”. Rastros y gestos de las emociones. Desbordes disciplinarios. Eds. Macarena Cordero Fernández, Pedro E. Moscoso-Flores y Antonia Viu. Santiago de Chile, Cuarto Propio, 2018, pp. 13-39. [ Links ]

Correa, María José. “‘Una vida material enteramente nueva’. Los establecimientos termales como espacios emocionales en Chile central, siglo XIX”. Rastros y gestos de las emociones. Desbordes disciplinarios. Eds. Macarena Cordero Fernández, Pedro E. Moscoso-Flores y Antonia Viu. Santiago de Chile, Cuarto Propio, 2018, pp. 73-104. [ Links ]

Darwin, Carlos R. La expresión de las emociones en el hombre y en los animales, tomo I. Trad. Eusebio Heras. Valencia, F. Sempere y C.ª editores, s. f. [ Links ]

Flusser, Vilém. Los gestos. Fenomenología y comunicación. Barcelona, Editorial Herder, 1994. [ Links ]

Francica, Cynthia. “Comunidad, amistad y afecto en la literatura y las artes visuales argentinas durante la crisis de 2001”. Rastros y gestos de las emociones. Desbordes disciplinarios. Eds. Macarena Cordero Fernández, Pedro E. Moscoso-Flores y Antonia Viu. Santiago de Chile, Cuarto Propio, 2018, pp. 491-525. [ Links ]

Illouz, Eva. Consuming the Romantic Utopia: Love and the Cultural Contradictions of Capitalism. Oakland, CA, University of California Press, 1997. [ Links ]

Keizman, Betina. “Complejidad, afectos y detención (una lectura de Lina Meruane, Roque Larraquy y Sebastián Gordin)”. Rastros y gestos de las emociones. Desbordes disciplinarios. Eds. Macarena Cordero Fernández, Pedro E. Moscoso-Flores y Antonia Viu. Santiago de Chile, Cuarto Propio, 2018, pp. 255-277. [ Links ]

Labarca Pinto, Mariana. “El desequilibrio emocional y sus manifestaciones físicas: formas de identificar y comprender la enfermedad mental en la Toscana del siglo XVIII”. Rastros y gestos de las emociones. Desbordes disciplinarios. Eds. Macarena Cordero Fernández, Pedro E. Moscoso-Flores y Antonia Viu. Santiago de Chile, Cuarto Propio, 2018, pp. 351-389. [ Links ]

Sadler, Michelle. “Cuerpos vividos en el nacimiento: del cuerpo muerto de miedo al cuerpo gozoso”. Rastros y gestos de las emociones. Desbordes disciplinarios. Eds. Macarena Cordero Fernández, Pedro E. Moscoso-Flores y Antonia Viu. Santiago de Chile, Cuarto Propio, 2018, pp. 207-254. [ Links ]

Viu, Antonia. “Futuros desdichados: afectos y grafología en revista Zig-Zag durante las primeras décadas del siglo XX”. Rastros y gestos de las emociones. Desbordes disciplinarios. Eds. Macarena Cordero Fernández, Pedro E. Moscoso-Flores y Antonia Viu. Santiago de Chile, Cuarto Propio, 2018, pp. 147-168. [ Links ]

Zárate, María Soledad. “Señora, su hijo no va a morir: enfermeras y madres contra la mortalidad infantil, Chile, 1950-1980”. Rastros y gestos de las emociones. Desbordes disciplinarios. Eds. Macarena Cordero Fernández, Pedro E. Moscoso-Flores y Antonia Viu. Santiago de Chile, Cuarto Propio, 2018, pp. 169-206. [ Links ]

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