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Revista latinoamericana de educación inclusiva

versión impresa ISSN 0718-5480versión On-line ISSN 0718-7378

Rev. latinoam. educ. inclusiva vol.11 no.1 Santiago  2017

http://dx.doi.org/10.4067/S0718-73782017000100004 

La Redeflnición de Ias Identidades de Ios Cientistas Sociales Latinoamericanos: ¿Hacia un Nuevo Colonialismo Intelectual?

 

The Redefinition of Social Scientists Identities from Latin America: Towards a New Intellectual Colonialism?

 

Jorge Gibert *

Universidad de Valparaíso, Chile

*Contacto: jorge.gibert@uv.cl


Resumen: Las prácticas cognitivas y las publicaciones que se derivan de ellas, expresan empíricamente aspectos centrales de la identidad intelectual. En este trabajo estudiamos las identidades de los cientistas sociales en América Latina. En una primera parte, hacemos una descripción de prácticas disciplinarias desde el punto de vista de la variación de las frecuencias y tipos de publicación realizadas por los cientistas sociales en su producción de conocimiento. En una segunda parte hacemos una descripción de la semántica involucrada en tales publicaciones. Ambas partes remiten a la contabilidad de tres disciplinas, la sociología, la economía y la ciencia política. La cobertura de los datos es de cinco países: Argentina, Brasil, Chile, Colombia y México. Finalmente, la discusión intenta extraer algunas lecciones sobre el capitalismo académico en América Latina.

Descriptores: Capitalismo académico, Identidad académica, Colonialismo intelectual, Ciencias sociales.


Abstract: The cognitive practices and the publications that derive from them express central aspects of intellectual identity, empirically speaking. In this paper, we study the identities of social scientists in Latin America. In a first section, we describe disciplinary practices from the point of view of the variation of the frequencies and types of publication carried out by social scientists in their production of knowledge. In a second section, we built a description of the semantics involved in such publications. Both sections refer to the accounting of three disciplines: sociology, economics and political science. Data coverage is from five countries: Argentina, Brazil, Chile, Colombia and Mexico. Finally, the discussion attempts to draw some lessons about academic capitalism in Latin America.

Keywords: Academic capitalism, Academic identity, Intellectual colonialism, Social sciences.


 

Introducción

Los vectores de la producción de conocimiento científico social en la modernidad contemporánea están cambiando (UNESCO, 2010). Existe un conjunto de tendencias que se repiten en muchas latitudes y que son refrendados por los analistas locales. Son muy pocos los autores que afirman algo parecido a lo siguiente: "Siempre hablamos desde algún lugar. Yo hablo desde América Latina, desde Brasil, y considero apropiado avanzar en un abordaje de este subcontinente desde mi punto de vista (semi)periférico — pero no colonizado-"(Domingues, 2009, p. 26). Y esto nos lleva al problema de cómo estos vectores se manifiestan en la modernidad contemporánea periférica. Este debate sobre colonialismo intelectual y la identidad de los cientistas sociales de la región tiene un correlato también en los dilemas de la teoría social latinoamericana que aparentemente no logra cuajar en una identidad intelectual. Pues aunque por un lado se acepta la concepción epistémica occidental, por otro lado, se rechaza el modo como ella se adopta en nuestros países "de boca para afuera, de modo sumiso y reverencial" (Rivera et al., 2016, p. 1).

Esa es una parte del problema. El centro del problema consiste en que se ha demostrado que la autonomía y la dependencia académica de nuestros países en relación con el Norte anglosajón es compleja debido a que: a) consta de tres componentes, una dimensión bibliométrica, una dimensión epistemológica y otra política (Gibert, 2013), y b) esta relación es actualmente de convivencia conflictiva (Beigel, 2016).

La cita inicial expresa el desafío de un texto como éste. La perspectiva de Domingues es la correcta, pero, ¿es posible hacer ciencias sociales desde América Latina sin caer en latinoamericanismos o en remedos europeístas de segunda clase? ¿Existe otra forma de encarar el desafío?

Nuestro trabajo se propone como crítico y (de un modo por definir) alternativo del eurocentrismo pero no anti-europeo. En primer lugar porque los métodos de indagación de las ciencias sociales no suponen sesgos nacionalistas y han mostrado ser capaces de captar las idiosincrasias sin importar su lugar de origen; y en segundo lugar, porque el acervo de teoría europea (u otra) es positivo para entrenar cualquier pensamiento independiente. También validamos el criterio general occidental de pensamiento, que rechaza la magia y el esoterismo como alternativas a un mal llamado cientificismo. El problema, a mi juicio, siempre es el mismo: como capturar (explicar y comprender) las estructuras y dinámicas sociales de América Latina de un modo apropiado. Rechazar el método científico y abrazar retóricas confusas no nos hace autónomos ni libres de colonialismo intelectual.

Del mismo modo, el trabajo se propone como un razonamiento desde América Latina pero en ningún caso latinoamericanista. El diálogo entre los científicos sociales del norte y del sur siempre ha sido posible, pero hoy es además logísticamente fácil. El único requisito es que ese diálogo se plantee entre pares. Indudablemente es complejo, debido a las múltiples determinaciones simbólicas y hegemónicas, adicionalmente a las asimetrías de recursos financieros e institucionales. Pero los grandes intelectuales latinoamericanos siempre actuaron así y esa práctica hoy eso es posible masivamente.

Ahora bien, ¿cuáles son los vectores de la producción de conocimiento científico social en la modernidad contemporánea?

En primer término, las ciencias sociales globales (Norte + Sur) se producen en general en contextos universitarios y de Think Tank. Ahora bien, ha cambiado mucho el rol de la universidad y de los Think Tank en el mundo. El neoliberalismo como régimen de gobernanza global, al engendrar lo denominado capitalismo académico, disminuyó el financiamiento público hacia las universidades y las universidades tuvieron que adaptarse a nuevas funciones para mantener las antiguas (Lave et al., 2010; Münch, 2014). Por otro lado, los partidos políticos y sus respectivos Think Tank dejaron de ser de voluntariado y la profesionalización de la política termino por transformarla en un negocio, donde el conocimiento debe estar más o menos al servicio de las posturas e imposturas políticas del momento.

Además la historia de las universidades en la mayoría de los países latinoamericanos ha sido difícil: desde el decreto fundacional hasta la inauguración de la primera clase pasaban 2 o 3 décadas en algunas ocasiones, además de los acontecimientos trágicos que han dado la apariencia de formar parte de un movimiento cíclico, como la masacre de Tlatelolco; sin olvidar un clima frecuente de cleptocracia, subyugada por las dinámicas políticas y de la economía. Por cierto, hay indicios en muchos países de verdaderas revoluciones en las instituciones universitarias, pero hasta ahora son emergentes (Bernasconi, 2010). En ese marco general, no es de extrañar que se fortaleciera una mentalidad post-colonial que rechaza la creatividad y siempre busca la legitimidad en los manuales, discursos, teorías y autores del norte.

Tanto las dimensiones micro como macro-sociológicas en su articulación permiten la validación de prácticamente todo lo que se produce en ciencias sociales, menos estandarizadas en sus prácticas y de aparición más reciente que las ciencias naturales en América Latina. Así, existe aún un régimen de producción de conocimiento generalista en las ciencias sociales de la región. Sólo recientemente, debido a la expansión de los estudios de doctorado y a las prácticas de residencias post-doctorales, hay más personas involucradas en áreas temáticas de especialización. Hasta hace muy poco, la producción estaba caracterizada por ensayos, working y positions papers. Los artículos tenían un sesgo mayoritariamente reflexivo, una suerte de jurassic science, orientados a tópicos de epistemología, historia, teoría y filosofía política. En general, los trabajos carecían de análisis cuantitativos (Farías, 2004; Ramos, 2005). Otra característica era que los trabajos que incluían levantamiento de datos o producción de información se abstenían de hacer teoría o interpretar de un modo heterodoxo en clave local, pues en general era mal visto no adherir a un autor consagrado del norte o a una escuela o corriente euro-céntrica.

Hay tendencias que refuerzan esta suerte de jurassic science, tales como el discurso anti-indexación que promueve la marginalización de las ciencias sociales de la región al interior de las redes y flujos globales de información científica (Keim, 2008). Tampoco ayudan las transformaciones y tensiones del nuevo escenario universitario global. Las múltiples tareas que deben enfrentar los académicos son fuentes de tensión, así como el equilibrio entre la vida personal y la vida laboral (ser científico es 24/7), el discurso de las autoridades que se contrapone con la realidad laboral y además la sobrecarga laboral (Lave et al., 2010). Este escenario general, permiten la generación de fragilidades en al menos tres ámbitos: a) ontológico, o sea, la fragilidad de ser académico, de tener el camino libre de obstáculos para desarrollar sus proyectos académicos, tensionado entre la angustia académica de producir para obtener fondos y el estar permanentemente compitiendo y exponerse en congresos y otras actividades, creando situaciones de angustia académica; b) cuasi-legal, es decir, en el régimen neoliberal, la situación del financiamiento público y la disminución de aportes privados para investigación ha hecho posible el recorte de las nóminas y la contratación o recontratación de muchos académicos que ayer tenían puestos estables en puestos esporádicos o de tiempo parcial; y c) reputacional, es decir, la fragilidad de que en función de los rankings de universidades suceda que la universidad que acoge al académico caiga en el escalafón anual y pierda reputación y, con ello, bajen las matrículas o bajen las donaciones generándose un círculo de retroalimentación con las fragilidades a y b (Guzmán y Barnett, 2013). Esto significa que la misma constitución de la identidad académica sea difícil, pues hay fragilidades en el plano de la subjetividad en primera persona, de estructuras organizativas y de contextos generales. Si además de esto, sumamos las fragilidades propias de las identidades de los cientistas sociales, el problema se agrava. En especial, el problema de la legitimidad de las disciplinas y la legitimación de las prácticas investigativas de los cientistas sociales. En muchos casos, las ciencias sociales son consideradas disciplinas intelectuales menores en comparación con las ciencias naturales y exactas.

Para desarrollar el tema, suponemos que las prácticas cognitivas expresan empíricamente aspectos centrales de la identidad intelectual. De modo que en una primera parte, haremos una descripción de prácticas disciplinarias desde el punto de vista de la variación de las frecuencias y tipos de publicación realizadas por los cientistas sociales en su producción de conocimiento y, después, haremos una descripción de la semántica involucrada en tales publicaciones. Ambas partes remiten a la contabilidad de tres disciplinas, la sociología, la economía y la ciencia política. La cobertura de los datos es de 5 países: Argentina, Brasil, Chile, Colombia y México. Finalmente, desde la discusión, trataremos de sacar algunas lecciones.

1. Producción de conocimiento e identidad en los cientistas sociales latinoamericanos

Curiosamente, a pesar del desdén histórico por las profesiones de las ciencias sociales, se podrían decir que los cientistas sociales están en un período de bonanza relativa desde mediados de los años noventa, pues se insertaron con fuerza en los mercado privados de los países de la región, a través de clientes corporativos, como empresas y holdings, además de las ya típicas inserciones para-estatales y estatales, que se han profesionalizado en alguna medida, sobre todo en Argentina, Chile y Brasil. Además, el boom de los commodities en la última década ha permitido cierto bienestar en muchos países de la región. Ello se ha traducido en mejores presupuestos gubernamentales y en mayores partidas para la investigación social en general y para las universidades del Estado en especial1.

Ello ha significado un cambio vertiginoso de la producción científica local. La producción se ha incorporado a nuevas redes de circulación del conocimiento. Estas realidades bibliométricas indican que, a pesar de todo, hay una renovación de los estilos de trabajo intelectual en las universidades y que ellos podrían empujar a una renovación ideológica también, siempre y cuando comencemos a aceptar que se puede ser progresista sin necesidad de ser un intelectual-orgánico. Para ello, la aproximación epistémica debe ser muy abierta y realista. Las consideraciones son de variado tenor.

La primera es que el pensamiento latinoamericano en ciencias sociales, si se concentra en los procesos, eventos, actores, magnitudes y estructuras en-si-mismas tiene una probabilidad menor de ser presa de categorías no pertinentes, tergiversadoras o vacuas provenientes de la "teoría" eurocéntrica. Por supuesto, esto suena positivista o al menos empirista. Sin embargo, dada la alta proporción de la literatura de las ciencias sociales latinoamericanas basada en opiniones teóricas aprendidas y la baja proporción basada en evidencia, creo razonable potenciar esta última para ver qué efectos puede lograr en el conjunto de nuestras disciplinas a través del tiempo. El principal efecto podría ser empezar a pensar por nosotros mismos. Después de todo, ¿qué es una teoría sino una arquitectura abstracta que alguien imagina para representar la realidad? ¿Qué es una categoría sino un concepto que sintetiza una complejidad empírica? El gran problema del pensamiento latinoamericano es que antes de mirar la realidad nos hemos nublado los ojos con categorías y teorías impertinentes.

Lo segundo, solo cabe mencionarlo: una de las causas de la reproducción del pensamiento eurocéntrico es que la formación de científicos sociales en América Latina es eurocéntrica. Es decir, la formación universitaria de pre y postgrado en América Latina es deficitaria y no pertinente. Tomando el caso de la sociología, se podría plantear que para cultivar el pensamiento propio, hay que enseñar a los noveles cientistas sociales a pensar con categorías pertinentes, que recojan la tradición universal y la integren con el pensamiento latinoamericano. Hay que integrar a Weber, Parsons y Bourdieu (1988) (e.g.) con Medina, Fernandes, Germani, Zabaleta y Faletto; pasando por Frantz Fanon, Nazmul Karim y Yoneji Masuda. En los aspectos instrumentales y metodológicos, habría que dejar de enseñar metodología con textos de manual y desvinculado de investigaciones reales de grupos activos al interior de las unidades académicas, empezando a trabajar en talleres colectivos de investigación fuertemente vinculados con el procesamiento y análisis informático de datos, además de relaciones disciplinarias más fuertes con la psicología social, la econometría y el análisis historiográfico.

En un sentido muy general, estoy de acuerdo con Wallerstein (2003) cuando plantea que la aventura de las ciencias sociales recién comienza. Pero la afirmación puede tener distintas interpretaciones, por ejemplo, institucional, epistemológica u otra. Mi punto de vista se podría caracterizar como demográfico o productivista. En efecto, la tesis es que en el marco de la globalización, los países del tercer mundo (países del sur o sociedades en desarrollo) están recién incorporando a los cientistas sociales nativos y su producción intelectual a la circulación de conocimiento global. Es demográfico, porque los países emergentes, en especial Brasil, Rusia, India y China —los BRICS—, han aumentado el número de científicos en general y también el número de científicos sociales; y ello tiene un correlato con el aumento sustancial de trabajos indexados (artículos o papers) que provienen de esos países.

Las ciencias sociales no han sido excluidas de esta marea intelectual. La producción de las ciencias sociales latinoamericanas en la última década ha sido afectada, al igual que en otras latitudes, por la globalización, los cambios en la organización institucional y social de las disciplinas y, por último, en el creciente protagonismo de las TICS en la producción y divulgación del conocimiento sobre la sociedad. (UNESCO, 2010, p. 1)

A ello se suma una sensibilización por parte de varios gobiernos de la región respecto del financiamiento e internacionalización de las disciplinas. Un factor común de los países bajo estudio es que todos ellos cuentan con una comisión de fomento de la ciencia que aporta un financiamiento sustancial a la investigación local, algunos funcionando desde hace más de 50 años. En general, en los últimos años, los países han incrementado o mantenido los apoyos a las ciencias sociales.

En algunos casos, estos organismos gubernamentales se han desarrollado notablemente. México, por ejemplo, creo en 1984 el SNI (Sistema Nacional de Investigadores), cuyo propósito es similar al CONACYT pero ramificado y mejorado, pues actúa mediante el reconocimiento a investigadores que reciben el nombramiento de Investigador Nacional y redunda en financiamiento a través de becas. La producción de trabajos indexados se ha incrementado también en gran medida porque los investigadores forman parte de redes globales de discusión y debate disciplinario, gracias a las TICS y los esfuerzos por aumentar los Ph.D. formados tanto en el exterior como localmente.

Sin embargo, las ciencias sociales, forman parte de una tendencia más general, cual es la investigación científica y, en ese sentido, sin un contexto socio-cultural que valore la indagación científica en general, es difícil su desarrollo. Dicho de otra manera, en la medida que se valora política, económica y culturalmente a la ciencia en general, las ciencias sociales tienen una plataforma efectiva de despegue. En especial hoy en día, cuando las diferencias entre las disciplinas tienden a desdibujarse y el diálogo entre las ciencias de la naturaleza y las ciencias sociales se hace perentorio, como lo demuestra el tópico del cambio climático y otros. Se añade a esto que una tendencia general es el trabajo colaborativo al interior de las disciplinas y entre éstas (Wuchty, 2007).

En América Latina el desarrollo de la ciencia en general no ha sido fácil, ya que ha carecido de las creencias y valoraciones que permiten su desarrollo. En Europa, la Reforma protestante y la renovación de las nociones de racionalidad y utilidad durante los siglos XVI, XVII y XVIII hicieron posible la extensión de la ciencia y la tecnología tal como la conocemos hoy en día (Merton, 1984). Por el contrario, en América Latina, la Contra-Reforma española, la impidió. Sólo los procesos de independencia, la institucionalización de las Repúblicas y el surgimiento de la universidad pública generaron condiciones básicas para el nacimiento de las comunidades científicas. Sin apoyo, ellas no sólo fueron débiles sino que esporádicamente murieron muchas veces para volver a nacer de modo frágil, en contextos siempre inciertos. Para el caso de las ciencias sociales, salvo el Derecho, esto fue efectivo hasta bien entrado el siglo XX y se mantiene en general en situación de debilidad.

Durante el siglo XX, en especial durante los procesos de modernización acelerada de América Latina en países como México y Argentina, las ciencias sociales impactaron al conjunto de la sociedad. Las ciencias sociales tuvieron que interpretar con precisión al menos la dirección de los cambios que implicaban el paso hacia esquemas de industrialización sustitutiva de importaciones en el marco de procesos de democratización y populismo. Si hubiera que caracterizar esa época, se podría decir que correspondía a una ciencia social comprometida con el desarrollo nacional y devota de las consecuencias de la tesis Prebisch-Singer. En la última parte del siglo XX, en especial desde el denominado "Consenso de Washington", el impacto de las ciencias sociales se hizo notar en América Latina de un modo completamente diferente. En efecto, la economía neoliberal, como doctrina y práctica, tuvo un rol notable en el ajuste estructural que llevo a reorganizar la economía y las instituciones. Aparentemente, la ciencia política y la sociología tuvieron preeminencia, en el llamado "giro a la izquierda" de varios gobiernos de la región como Argentina, Venezuela, Ecuador y Bolivia. El economicismo neoliberal, por su parte, guía los rumbos de las sociedades del Pacífico, como México, Colombia, Perú y Chile.

Así, se podría decir que si bien el estatuto disciplinario de las ciencias sociales en la región y la importancia relativa, comparadas con las ciencias naturales y exactas, es menor, es imposible dejar de constatar que la evolución de las sociedades latinoamericanas ha sido en algún grado permeable a las ideas y teorías de los cientistas sociales de la región. Estas comunidades epistémicas han fluctuado desde una aceptación acrítica de los paradigmas dominantes a un rechazo y posterior intento de perfilar ideas y teorías locales, que representen mejor los anhelos de independencia cultural y política de nuestras sociedades.

Por eso es que el contrapunto autonomía-dependencia es relativo. De ahí la importancia de especificarlo. Una forma de discutir si acaso las ciencias sociales latinoamericanas son —más bien— autónomas o dependientes, es hacer preguntas por dimensiones. Así, una primera pregunta sería: las ciencias sociales en América Latina, ¿son autónomas o dependientes del resto de las ciencias? O dicho de un modo operativo, las ciencias sociales en América Latina, ¿varían según el conjunto de las disciplinas o según un ritmo propio?

Es un lugar común plantear que las instituciones y practicantes de las ciencias sociales latinoamericanas han sido históricamente dependientes de sus contrapartes en los Estados Unidos, Francia, Inglaterra en términos de ideas, conceptos, teorías y métodos. Este estado del arte se tiende a caracterizar como dependencia académica, del sur respecto del norte (Alatas, 2003; Beigel, 2011). Los componentes de esta dependencia no sólo involucran a las ciencias sociales sino a la actividad científica en general, y se manifiestan en la división internacional del trabajo intelectual, donde algunos países trabajan principalmente en la recolección trivial de datos y otros en la producción de la muy prestigiosa teoría, el status de países modelos y la categoría minusválida de otras realidades, los recursos para realizar investigación comparada y la escasez de recursos que sólo permite modestos estudios de caso. En la medida que esta dependencia se reproduce, la actividad intelectual, se plantea, queda restringida al trabajo empírico de estudio de casos en el propio país del practicante y en consecuencia, bajo una inferioridad epistémica, principalmente debido a la falta de perspectiva de tales rutinas intelectuales, carente de preguntas fundamentales, cuestionamientos metodológicos e innovación conceptual.

Sin embargo, la globalización y las TICS están cambiando estas modalidades de trabajo. Las encuestas internacionales permiten hoy trabajar con bases de datos masivas, las que se pueden usar desde cualquier computador personal del mundo. Los flujos de papers electrónicos ponen la información científica a disposición de cualquier investigador en los más remotos rincones del planeta. Los países que estaban desapalancados durante la última crisis económica internacional, como Brasil, siguen destinando fuertes sumas de dinero en la formación de doctores e instalaciones científicas. Entonces, ¿de qué dependencia estamos hablando?

La dependencia intelectual hoy se juega en un escenario más sutil y, por tanto, quizás tanto o más peligroso que el escenario previo a los años noventa. En especial, la emergencia de una nueva economía informacional o sociedad del conocimiento en el nuevo milenio redefine la relación entre la sociedad y la educación terciaria. La integración del sistema universitario en la nueva economía ha permitido la caracterización de la tarea intelectual contemporánea como capitalismo académico (Kauppinen, 2012; Münch, 2014; Slaughter y Roades, 2004), lo que ha implicado un cambio importante en el marco conceptual de la discusión.

2. El estándar de indexación (¿o indización?)

Ya desde la constatación del predominio del anglicismo en la nomenclatura podemos hablar de un problema político y lingüístico. Una hipótesis general es que la antigua dependencia ahora se reproduce forzadamente bajo el mecanismo del formato, es decir, el paper indexado.

La historia es conocida. En efecto, una vez "formados" los cuadros técnicos e intelectuales de las ciencias sociales en América Latina durante los años cincuenta y sesenta, se pasó a una forma más o menos novedosa de producción intelectual en todos los ámbitos. En esos momentos surgen las dictaduras militares en la región y la ayuda internacional para las ciencias sociales, que había dado como fruto un cierto nivel de institucionalización de las disciplinas sobre todo en Chile (FLACSO, CEPAL), se empieza a orientar a proyectos de salvaguardia institucional de lo que se logró avanzar antes, más en términos de refugio laboral para los cientistas sociales. Terminadas las dictaduras en el cono sur, en el mismo momento en que surge la globalización a lo post caída del muro, la masificación de internet y otros fenómenos de difusión y circulación de conocimiento permiten la incorporación a nuevas redes. Se presenta como el canon, la publicación indexada en Norteamérica, a lo ISI, el Instituto de Información Científica de Filadelfia fundado en 1967. Todo lo que hay allí es de calidad. Sin poner en duda ni un segundo la calidad de las publicaciones ISI, surge la duda respecto de cómo se ejecuta o se hace posible la incorporación de los autores del sur a esas revistas. La hipótesis es que ella se realiza sólo en la medida que las ideas expuestas refuercen los paradigmas, ideas, conceptos, teorías y métodos de los investigadores del norte; y excluyendo las ideas heterodoxas. Es lo que se ha denominado integración subordinada, cuya consecuencia es la producción de CANA (Conocimiento aplicable no aplicado), donde la producción no tributa al desarrollo social o económico local sino a las mega-redes de investigación financiadas por los países centrales (Kreimer, 2006). De modo que la "nueva" dependencia no tiene que ver con la aceptación del canon ISI per se, sino en la dinámica de los comités editores que naturalmente están acostumbrados a reproducir y validar sus ideas euro-céntricas en desmedro de otras ideas, de "otras realidades"... Lo que además permite que la producción del Sur sea marginal en los procesos de desarrollo económico y social, pues esta desconectada de las dinámicas de los actores locales usuarios del conocimiento social. Es un mecanismo sutil, de afirmación de una falsa superioridad epistémica o bien de exclusión de otras ideas. Para ser justos, hay que decir que ese mecanismo se reproduce también en términos de centro-centro. En efecto, los científicos sociales "innovadores" del norte se enfrentan a las mismas complejidades que sus colegas del sur, pues desafían el corpus de conocimiento del stablishment2. Sin embargo, las credenciales los pueden legitimar e integrar a la larga. En el caso de los colegas del sur, en especial si ellos ostentan las mismas credenciales académicas (a saber, un Ph.D. en alguna universidad internacionalmente reconocida del norte), el proceso de integración a las redes de publicación es más fácil que para aquellos sin credenciales. Pero la pregunta crítica que surge es, ¿para qué integrarse? No hay motivos, pues los científicos sociales dejaron de hablar y pensar desde el sur, si es que alguna vez lo hicieron. Es decir, formados en los paradigmas del norte, la integración se constituye en mera reproducción de la legitimidad del relato euro-céntrico. Lo interesante de la integración sería que las ideas y visiones del sur pudieran dialogar con las ideas del norte, en un plano de igualdad epistémica y social. Pienso que eso se da poco, pero que no es imposible ni tan escaso como se acostumbra decir3.

El standard WoS-WoK (Web of science-Web of Knowledge), genera una doble marginalidad de las ciencias sociales latinoamericanas: por un lado, respecto del total del quehacer científico (hegemonizado por las ciencias "duras" en la región y en el mundo); y marginal en coherencia con ciertas opciones epistémicas y políticas de las comunidades científicas respectivas, ya que se podría decir que la producción en la región ha privilegiado desde siempre la visibilidad local en vez de la internacional. Al menos, hasta ahora.

Sabemos que en los últimos 10 años se produjo más de las tres cuartas partes de la producción total de sociología, ciencia política y economía indexada en WoK en los 5 países considerados, y que más de la mitad de esa producción total se generó entre los años 2008-2012 (Gibert, 2013). ¿Por qué este incremento? Una hipótesis es que la reproducción de los estilos de vida intelectual, en particular universitaria, ha cambiado mucho. A mediados del siglo XX, el alumno (sin-luz, a-lumni) aventajado se trasladaba a un centro habitualmente europeo, a proseguir doctorados y luego regresar al país a repetir el credo aprendido, de un modo dogmático. Actualmente, los estudiantes que se forman en Europa o USA son globales, no reifican lo aprendido pues están en un flujo constante de información (Castells, 2000; Lash y Urry, 1994). Ellos debaten en las redes globales y, debido a las exigencias de calidad, deben probar año a año su valía a través de su producción textual. Ello puede explicar este repentino impulso por discursos más personales, acreditados vía paper.

La producción de papers WoK según países, permitió observar dos cosas: la primera, es que la economía es, con mucha ventaja, la disciplina con mayor número de trabajos indexados en los 5 países y; la segunda, que la sociología y la ciencia política son disciplinas cuya frecuencia de producción anual es equivalente.

En la sociología, a diferencia de la economía que siempre va desde menos a más durante el período, se observa un estancamiento simultáneo en los 5 países entre los años 1993 y 2005, sin explicación fácil y probablemente efecto no deseado de otras tendencias intelectuales o institucionales. Pero el interés por indexar publicaciones a nivel internacional aumento súbitamente en México y Brasil a contar de 2006, así como mostró en los otros países aumentos modestos.

Ahora bien, a diferencia de las ciencias naturales y exactas, las ciencias sociales refieren a realidades muy locales y, por tanto, es muy difícil que la reflexión concreta tome como objeto sociedades allende la región. Sin embargo, las ciencias sociales también han sufrido los estilos epistémicos de adhesión personal, tan típicos en las humanidades, cuyo formato reproductor ha sido siempre el del maestro y su comunidad de discípulos. Con los peligros que tal formato conlleva de sectarismo y dogmatismo. Además, ese formato se reproduce en paralelo con el sesgo y sello ideológico y político de todo discurso sobre la sociedad. De manera que, en resumidas cuentas, las ciencias sociales se han desarrollado de un modo bastante nacionalista y personalista: así como ha existido la sociología "norteamericana" o "alemana", también ha existido la sociología argentina o mexicana.

Con la democracia y cierta prosperidad económica en la región ha vuelto el entusiasmo en las ciencias sociales bajo la égida del nuevo espíritu de circulación indexada de publicaciones científicas. Nace en América Latina el proyecto SCIELO, como una respuesta en la práctica a la plataforma ISI-Thomson.

En 1997 se genera un proyecto piloto de biblioteca digital (SCIELO, Saentific electronic library online) que se levantó como alternativa o canon de calidad en materia de revistas. Esta iniciativa la desarrolla FAPESP (Fundação de Amparo à Pesquisa de São Paulo) en colaboración con BIREME Centro Latinoamericano y del Caribe de información en ciencias de la salud mediante la incorporación selectiva de publicaciones científicas brasileñas periódicas. Las primeras 10 revistas brasileñas permitieron elaborar y evaluar la metodología de indexación y publicación de contenidos online. Es difícil comparar entre países y disciplinas en base al Index Scielo debido a su inclusión dispar en el tiempo: Brasil está desde 1993 en sociología y ciencia política, pero economía sólo desde 1999; los datos de Colombia parten en 1999 pero sólo en economía; Argentina y México desde 2004; y Chile, desde el 2000. La disciplina dominante es la sociología, salvo en Argentina (ciencia política) y Colombia (economía) (Tabla 1).

Tabla 1. Producción SCIELO por países y disciplinas (1993-2012)

El número de trabajos sigue la misma tendencia que en WoK: si construimos 4 períodos de 5 años cada uno, en los últimos 5 años, el porcentaje de trabajos es el mayor por lejos.

Esto significa, en resumen, que se ha ido consolidando una práctica de producción textual cuyo formato es internacional y bajo normas preestablecidas. En ningún caso, esta tendencia es mayoritaria entre los cientistas sociales de la región, pero crea una nueva hegemonía, por el rol y la posición de visibilidad en el concierto de la ciencia social global.

3. La semántica de la autonomía y la dependencia

La revista Crítica y Emancipación (Vol. 1, N° 2, 2009) realizó una encuesta sobre el pensamiento crítico en América Latina a cuatro personalidades de las ciencias sociales de la región: Carlos Altamirano, Boaventura de Sousa Santos, Carmen A. Miró y Edelberto Torres-Rivas (Tabla 2).

Tabla 2. Palabras claves de la encuesta

En las palabras introductorias, Emir Sader planteaba que las raíces del pensamiento crítico estaban en la reinterpretación de nuestra historia, una reinterpretación de nuestra integración al sistema capitalista mediante la colonización y la esclavitud principalmente. La CEPAL y las diversas versiones de la Teoría de la dependencia (que no aparece en el listado, así como tampoco el término Reforma agraria) desarrollaron más esta historia a través de las relaciones centro-periferia mediante el mecanismo tendencial de deterioro de los términos de intercambio. Pero esta reinterpretación, a juicio de algunos, victimiza a nuestros pueblos y gobiernos, dimensionando mal y parcialmente el rico conjunto de relaciones de civilización y cultura entre Norte y Sur para el caso de América Latina.

Indudablemente, esas relaciones han sido asimétricas desde el punto de vista del poder, pero mucho más heterogéneas que lo que un discurso político ramplón estaría dispuesto a aceptar. Por ejemplo, si bien en el caso de la ciencia y la tecnología la asimetría ha sido y sigue siendo brutal y gigantesca, en muchos períodos América Latina ha vivido una Pax Democrática en circunstancias que Europa sufría las más terribles dictaduras políticas; así como también, en muchas ocasiones la región ha gozado de la prosperidad económica cuando Europa y Estados Unidos han vivido hecatombes sociales. En ese sentido, creo que habría que reflexionar respecto de que la región vivió la ilusión de formar parte de la civilización occidental, en especial las elites del cono sur, pero "se despertó" de ella primero con Martí, Zapata y Sandino; después con las burocracias radicales, socialistas y socialcristianas pertenecientes a la Intelligentsia de raíz Cepalina, que terminó con el giro a la izquierda (Cuba, Nicaragua) después del populismo de mediados del siglo XX y el giro a la derecha de las dictaduras militares.

Entonces en gran medida, esta reinterpretación debe radicalizar la crítica y hacer foco en la autocrítica también: con estrategias y modelos más sofisticados, incluso con resultados económicos inclusivos, la mayoría de los países de la región son comparativamente con Europa y Norteamérica más débiles que antes de los noventa e incluso que antes de la crisis del petróleo.

¿Qué nos dicen estos 4 intelectuales?

A Altamirano no parece incomodarle caracterizar el pensamiento crítico como un mero discurso contra los poderosos. Un panfleto euro-céntrico, cargado de universalismo y también de nacionalismo, cuyos temas son la denuncia de la opresión social-racial (igual que en las sociedades centrales) y la condición dependiente respecto al Norte. Pero Altamirano (2009) dice algo sin decirlo: "las dificultades del pensamiento crítico no proceden tan sólo del exterior, sino de sí mismo, de sus resistencias a reflexionar sobre sus fracasos, no solo sobre sus derrotas, siempre atribuibles, en última instancia, a los recursos del adversario" (p. 15). Es indudable que en el proceso de afirmación intelectual, el espacio para reconocer los fracasos propios es pequeñísimo, so pena de legitimar, una vez más, la superioridad del adversario. Pero esa dificultad, pensamos, no es esencial, no viene del indio, sino que ha sido circunstancial, contingente y por tanto superable. Finalmente, rescata una teoría emancipatoria con raíces en el marxismo, la teoría de la dependencia y las teorías de la democracia.

Boaventura Sousa pone todos los clichés encima de la mesa. Plantea que el pensamiento crítico incluye la naturaleza del capitalismo dependiente neocolonial, los movimientos sociales, el Estado Neoliberal y el marxismo como campo, pero no articula los componentes en un discurso coherente. Yo creo que, al final, los términos son meros dispositivos identitarios, que cumplen una función social de adhesión, pero no indican que hacer porque no existe una descripción sistemática ni rica de la situación que se desea subvertir. Salvo las constituciones políticas de Bolivia y Ecuador, que aparecen como reificando las teorías implícitas en el accionar de la nueva izquierda latinoamericana, el patrimonio del pensamiento crítico hasta ahora ha sido la acción directa: de rechazo y asociación seminal en las luchas de los movimientos sociales, desde los movimientos indígenas hasta el movimiento en contra del modelo neoliberal de educación en el caso de las clases medias chilenas. En lo metodológico, rescata la investigación-acción-participativa. Una debilidad indicada por De Sousa, que podría ser vista como fortaleza o dispositivo anticonceptivo de dictaduras, es la carencia de una alternativa con "A" (con "A" mayúscula) al capitalismo, es decir el socialismo. Pero hay muchas "a" y quizás eso es mejor, siempre que se articulen o comuniquen ideológica, política y comunicacionalmente, para reforzarse unas a otras.

Edelberto Torres (2009) define el pensamiento crítico como una conciencia social que respalda la voluntad de cambio social, pero que se abrió con la revolución cubana y se cerró con el fracaso sandinista. Es decir, pensamiento crítico y sociedad socialista como binomio. No ve escuelas ni discípulos, sino voluntades subversivas, tradiciones críticas discontinuas. "La victoria cultural del neoliberalismo es la crisis de la política y del pensamiento subversivo" (p. 21). Habría que agregar, para ser ecuánime, que esta crisis no es propia de la región, sino que podemos verla en el centro del sistema mundial, especialmente con la debacle social en Estados Unidos y algunos países europeos. Una advertencia interesante de Torres es que habría que esperar que el pensamiento crítico "no se agote en los nuevos temas del multiculturalismo, la ecología, el sexismo, las migraciones y las drogas" (p. 21).

Carmen A. Miró plantea una definición por contraste: pensamiento crítico es la postura distinta al neoliberalismo, al marxismo de los sesenta y al pensamiento liberal-desarrollista. Visto así, habría que pensar que es un espacio intelectual muy pequeño, al menos social y políticamente hablando, pero nos da claves en el sentido que se comprende a partir de las relaciones que establece con estos tres referentes. Se afirma que en el plano histórico-cultural, el pensamiento crítico concibe el desarrollo cultural de la región a partir del conflicto entre métodos de conocimiento generados desde otras experiencias civilizatorias y una cultura (LA) carente de los medios de conocimiento generados desde sí misma. Sugiere que Martí rechazo que tal conflicto pudiera ser caracterizado entre civilización y barbarie, sino entre falsa erudición y naturaleza (2009, p. 24): lo que traducido a nuestra época podría ser entre eurocentrismo y América Latina tal como es (que no está pensada por nosotros como es, sino como queremos que sea, de un modo latinoamericanista u occidental).

Los cuatro autores sugieren de distintas maneras un vínculo del intelectual con el movimiento social. Miró lo expresa de esta manera: "débil articulación de las entidades académicas con los nuevos movimientos sociales de sus propios pueblos constituye un serio problema para la elaboración de una síntesis superior del pensamiento crítico latinoamericano...como creación propia" (2009, p. 24).

Esto es interesante porque sugiere la idea que la característica de los intelectuales latinoamericanos es fusionarse con sus pueblos, con o sin ideas de por medio. Un buen ejemplo de esta cercanía es la postura de los intelectuales en relación al desarrollo institucional de las universidades en la región. Es decir, casi todos apostaron (y siguen apostando) a que la universidad debe ser un caldo de cultivo para las transformaciones sociales. Luego, académicamente, se dedican a preparar ese caldo (o puchero), con o sin ideas o teorías de por medio. Enfatizar la necesidad de teorías e ideas claras los harían aparecer como sospechosos y no comprometidos con la causa (que, adicionalmente, también ha sido de derecha en la región, y no solo de izquierda). Esta cercanía ha impedido la autonomía relativa que todo pensamiento crítico debe tener respecto de los eventuales usuarios de éste. Luego, la intelectualidad en general ha sido cómplice, pero también socio, de la ignorancia descriptiva y explicativa de nuestras realidades sociales y políticas en América Latina. La universidad, al ser vista como otro bastión antiimperialista más, no ha podido proveer de un espacio para el desarrollo de ideas propias. De hecho, las dos grandes propuestas inspiradoras, la teoría de la dependencia y la teoría de la liberación, no surgieron en las universidades y no fueron académicamente desarrolladas en ellas, sino en la CEPAL, una instancia inter-estatal burocrática, y en las comunidades de base (cristianas y de trabajadores analfabetos), instancias socio-culturales. Se podría decir que las universidades y los académicos, adoptaron estas perspectivas cuando ya eran historia.

Esta confusión, creer que el apoyo a las causas liberacionistas es pensar América Latina, ha dejado sistemáticamente fuera de la arena política a conjuntos importantes de ideas, descalificadas como "académicas" y "desconectadas con la práctica social", por cierto, una práctica social simbólicamente correcta pero políticamente inútil. Excepciones a la regla han sido, por ejemplo, la del economista Jorge Ahumada, cuyos planteamientos orientaron gran parte de la Reforma Agraria chilena de los años 60; o Paulo Freire, educador brasileño, cuya pedagogía del oprimido fue elevada al status de programa de Estado durante el gobierno de Joao Goulart.

Un aspecto de interés es que los cuatro autores deslizan una asociación entre pensamiento crítico y sectores sociales subalternos, que aunque verdadera, otorga una semiótica o un simbolismo que identifica y etiqueta a éstos como agrupaciones o conglomerados exóticos. La consecuencia de ello es que deja fuera del radar ideológico de los sectores medios (o de estilos de vida falsamente globales) al pensamiento crítico mismo. Es decir, en un mundo mediatizado, la posibilidad de legitimar la dominación vía estigmatización es más rápida y simple que nunca antes, luego, el pensamiento crítico debe mostrarse al mismo tiempo más abstracto y general, así como también con más contenido y profundo: esto último implica superar la concepción del pensamiento crítico como mero panfleto o herramienta política, para poder permear a las nuevas mayorías de la región, presas fáciles del éxito pírrico de la sociedad de consumo neoliberal de masas. ¿Cabe postular que los ideólogos del pasado no puedan ver al pensamiento crítico sino como una postura monolítica, heredera de la guerra fría? ¿Está la modernidad contemporánea preparada para resucitar posturas monolíticas? ¿O más bien sucede que las características de las sociedades actuales empujan al tejido de redes de muchas posturas intelectuales, que aunque diferentes, pueden enlazarse con un objetivo no-colonial ni subalterno de desarrollo? Para decirlo de una forma clara: el éxito del marxismo fue representar adecuadamente una realidad histórica que era simple, pocos capitalistas dueños de la fuerza de trabajo de la mayoría proletaria. Pero la sociedad moderna es una red compleja de causas y efectos, muchos de ellos no — deseados, pero con algún grado de direccionamiento por descubrir. A diferencia de Torres, que critica el análisis empírico y la teoría de juegos, creo que el holismo epistemológico de muchas versiones identitarias4 del pensamiento crítico son una suerte de posición fuera de juego, que el mismo pensamiento crítico se autoimpone. El fracaso de la crítica del pensamiento único es precisamente haber visto a las fuerzas del orden neoliberal de una manera simplista. El fracaso del pensamiento crítico es, nuevamente, ser un pensamiento simple, que ya no se adecua a las realidades de las sociedades contemporáneas. Un pensamiento crítico nuevo debe abandonar el simplismo, en especial bajo su modo epistémico holista, y abrazar el sistemismo capaz de capturar las realidades complejas de la sociedad-red.

Algunos de los desafíos arquitectónicos del pensamiento crítico latinoamericano están bastante bien establecidos: una concepción de democracia cuyas piedras fundamentales sean los derechos humanos, que integre la historia indo-americana, afro-americana y latino-americana en un relato de identidad compartida5; una concepción de desarrollo desde adentro hacia afuera (metáfora subestimada) que fortalezca lazos entre países vecinos y promueva acciones conjuntas hacia afuera6; y, finalmente, una educación popular a lo Freire que tienda puentes hacia el patrimonio y momentum tecno-científico de la civilización contemporánea.

Hoy estamos en una situación expectante, especialmente en Ecuador y Bolivia. Existe un pensamiento y acción económica de Estado orientada a proteger el patrimonio nacional y los derechos sociales. Por otro lado, el tema del colonialismo interno, que en las sociedades europeas y sajonas es mera discriminación, es una tesis que comienza a abrirse camino en América Latina.

Pero los trabajos convencionales de muchos intelectuales latinoamericanos se ubican en un universo discursivo generalista y dual: estrictamente académico o estrictamente político. Aunque hay excepciones. Dice Lander (1999), "consecuencia tanto de las dificultades institucionales y de comunicación, como de las orientaciones universalistas prevalecientes (¿colonialismo intelectual?, ¿cosmopolitanismo subordinado?), existe hoy en la academia latinoamericana poco dialogo con la vigorosa producción intelectual de la India, de muchas regiones de África y de académicos de estas regiones que están residiendo en Europa o los Estados Unidos" (p. 4). Mignolo (1998), por su parte, enfatiza el par discurso y contra-discurso, identidad occidentalizada versus alteridad y defiende el uso del término postoccidental para el pensamiento propio, pero con argumentos poco claros.

Luego de las grandes contribuciones del pensamiento dependentista, hoy existe una reflexión de esa historia muy novedosa e interesante. Beigel (2011), usando el concepto de campo académico, introduce la idea de una cierta elasticidad de la autonomía en los circuitos académicos periféricos, que permitía movimientos de expansión y contracción de instituciones, especialmente universidades, y en la modalidad de producción de conocimiento, digamos bajo mentores extranjeros y financiamiento desde la cooperación internacional, como es el caso de la primera parte de la vida de FLACSO, con Johan Galtung y otros ilustres cientistas sociales; o bien bajo condiciones más autónomas, endógenas o locales, como las desarrolladas más tarde. Por otro lado, algunos intentos de revisitar la teoría desde adentro para proyectarla al futuro (Domingues, 2010). Mi intento acá es aportar desde una perspectiva cuantitativa y deslizar algunas ideas al respecto.

A partir de los términos fundamentales usados por estos cuatro intelectuales (Altamirano, de Sousa, Miró y Torres), citados al inicio de esta sección, buscamos la frecuencia en que estaban presentes en la literatura especializada según las direcciones institucionales de los autores. Esta búsqueda de palabras claves en la WoK nos muestra que la difusión de ideas del pensamiento latinoamericano en las redes el norte indexado han existido y aumentan, aunque claro, imperceptiblemente. ¿Qué se puede esperar del norte indexado? ¿Habrá que olvidarse de tal integración y concentrarse en la generación de redes propias?. Una búsqueda de palabras claves en la WoK entrego la siguiente información, consignada en la Tabla 3.

El análisis de las cifras nos hace pensar que las ciencias sociales del norte verdaderamente dialogan con las ciencias sociales del sur, al menos en términos de sus tópicos y conceptos centrales. Pero claramente, la situación de nuestras disciplinas es más compleja.

Tras la caída del muro de Berlín, muchos mitos fueron derribados y muchos otros fueron reconstruidos. Uno de los mitos derribados fue la equiparidad en la situación de las ciencias sociales en el mundo occidental y el mundo del Este. Pero se levantaron nuevos mitos, uno de los cuales fue que la única manera de hacer ciencia era publicando en revistas indexadas en el Institute for Scientific Information de Filadelfia. Esto ha sido desestimado hasta la saciedad por la comunidad científica europea, especialmente los alemanes y franceses, pero también ha sido objeto de rechazo por la comunidad científica latinoamericana. Sin embargo, no existían alternativas de interés.

Tabla 3. Palabras claves (tópicos) de artículos en WoK ISI-Thomson: Comparación con países centrales versus países latinoamericanos considerados en el estudio, en tres disciplinas (1993-2013)

La iniciativa SCIELO, Scientific electronic library online, constituye una alternativa de calidad en materia de revistas. Con todo, queda claro que el uso de conceptos críticos es mayor en el norte, al menos en el circuito de revistas indexadas en WoK. Sin embargo, es probable que ello signifique que la demografía intelectual del norte simplemente es mayor o tiene más oportunidad en ese circuito que los intelectuales del sur. Los circuitos de publicaciones donde se reproduce esta semántica (académica y política) en América Latina son universitarios, de revistas que nacen y mueren. El gran ejemplo de "otro circuito" es CLACSO, que deliberadamente busca la interacción academia y política, con grados crecientes de aproximación al modelo "la academia al servicio de la política". No queda claro hasta qué punto CLACSO valora la "postura intelectual" más que el contenido intelectual mismo de la postura, pero lo cierto es que ninguna gran obra intelectual latinoamericana ha estado desconectada de la red CLACSO.

4. Discusión

Las dinámicas institucionales emergentes en la academia y la redefinición de las identidades de los cientistas sociales latinoamericanos es un proceso en curso. No dista demasiado de los mecanismos y nuevos rituales que están redefiniendo la actividad científica en las otras áreas disciplinares como las ciencias exactas y las naturales. En ese sentido, las ciencias sociales también confunden la actividad científica con indicadores funcionales al mercado de educación terciaria en el marco de las tendencias competitivas de la globalización (Gibert, 2017), pero tienen sus peculiaridades. Una de ellas es que el conocimiento del mundo social latinoamericano posee un componente político intrínseco y los saberes han estado mediatizados y formando parte de los bucles constitutivos de las prácticas de resistencia política y potenciación ideológica en la región (Gibert, 1989). Las condiciones de generación del pensamiento social han sido radicales, y por tanto, excluidas de los circuitos del poder académico establecido. Sin embargo, marcos conceptuales críticos originales han tenido eco en la academia, como el trabajo de Paulo Freire. Hay ejemplos más contemporáneos aun, como el de la sociología boliviana, donde ninguna producción indexada capturo el movimiento de masas que finamente llevo a Evo Morales al poder. Al revés, fue la producción local "artesanal y masiva" la que pronosticó, performativizó y posteriormente describió y explicó el desarrollo de una etapa histórica política completamente novedosa en ese país. Allí destacan muchos intelectuales y colectivos (García y Prada 2010; Prada, 2008; Tapia, 2009).

La noción de hegemonía resulta en el ejemplo boliviano de aplicación al revés, pues la hegemonía del pensamiento estándar o profesional cede frente al discurso teórico de los cientistas sociales involucrados políticamente en contra del status quo. Es una retórica emancipadora, coherentemente rigurosa y sin duda una expresión del pensamiento crítico latinoamericano, que en un primer momento fue invisible a la academia. Pero nuestro foco fue la investigación profesional o formal y dejamos fuera esas expresiones intelectuales de los cientistas sociales de la región.

El Estado y el mercado son los factores dinámicos del desarrollo de las ciencias sociales formales. La sociedad civil es difícil que desarrolle el trabajo de investigación en ciencias sociales, pues sus misiones inmediatas se focalizan en la denuncia y la intervención social local, pero hay muchos casos exitosos también. Muchas ONGS publican revistas científicas desde hace años. La competencia de mercado en Brasil y Chile ha permitido la expansión de las universidades privadas. Lo mismo ocurre en Colombia y Argentina. En esas universidades, si se dan las condiciones mínimas para el trabajo académico serio, hay producción, crítica y de calidad. Después de todo, el equipamiento básico para el trabajo científico social es modesto y casi todo consiste en captar al personal idóneo y motivado. El rol del Estado en México y Argentina es aún muy relevante. Sin embargo, la producción no es la esperada y se insiste en que hay que reformular el escenario. Uno de los factores en juego, aparentemente, es la existencia de comunidades cerradas, cuyo carácter autosustentable trae beneficios pero también peligros de autocomplacencia. Algunas sociedades científicas y ciertas redes académicas podrían estar en esa situación.

La autonomía y la dependencia académica de las ciencias sociales en América Latina se juegan, como hemos visto, en el plano de la bibliometría, la epistemología y la política. Y se juegan en relaciones de interacción institucional asimétrica y no pocas veces conflictiva al interior de la academia. Por el lado de la izquierda política, los productores indexados son vistos como los representantes del imperialismo del norte y los productores artesanales como los defensores del pueblo. Por el lado de la derecha política, productores indexados son vistos como los defensores de las disciplinas y los productores artesanales como meros activistas. Esta dinámica no es nueva: se repitió en otros odres durante los años 50, 70 y en los años 90. Indudablemente, así se pierde el foco, que debe seguir siendo como capturar (explicar y comprender) las estructuras y dinámicas sociales de América Latina de un modo apropiado.

En el plano bibliométrico, la dependencia académica llego al mundo de las artes y las ciencias, en suma, al mundo de la cultura creadora vía la racionalidad capitalista o moderna de la eficiencia (esto es, hacer más cosas en menos tiempo). Naturalmente, este arribo es parcial y no podría ser de otro modo: no hay forma de planificar la creatividad en términos de sus modus operandi como tampoco en el plano del número de productos que ella arroja. Pero por otro lado, de algún modo, se sabe bastante cómo incentivarla y por ende, crecen las expectativas respecto de, más o menos, que podemos esperar, en términos de productos. En ese sentido, la bibliometría llegó para quedarse en la organización universitaria, quizás la que más se resistió a la medición de productividad en el mundo moderno, y en menor escala, al mundo del laboratorio. Entonces, tenemos la siguiente interpretación: las grandes transformaciones del mundo académico (fundamentalmente universitario) que la literatura plantea como transformación neoliberal de la educación superior, es un conjunto de fenómenos variados. Por un lado, los recortes presupuestarios de las universidades públicas y el crecimiento del número de universidades privadas están en directa relación con el auge del neoliberalismo y las políticas de ajuste y re-estructuración en América Latina. Pero por otro lado, el fenómeno mundial de la indexación de las publicaciones científicas se vincula, a nuestro juicio, con la extensión de la medición de la eficiencia en las organizaciones modernas. El último bastión de la creatividad en el mundo libre, la universidad y las instituciones de la cultura superior, ha sido invadido para siempre. Insisto en el hecho que esta llegada es parcial, ya que los directivos y gestores de las instituciones de cultura superior aún están imbuidos del ethos artístico y científico que conoce y respeta el axioma que es distinto producir un automóvil que elaborar una teoría. Pero es indudable también que debido al hecho que existe un conocimiento suficientemente sólido sobre cómo incentivar la creatividad científica (que es bastante parecido a cómo incentivar la innovación en el mundo de los negocios), las universidades y laboratorios tienen la expectativa de que los científicos produzcan algo razonable en ciertos plazos. Así, se espera que los académicos publiquen al menos un trabajo por año, consigan fondos de investigación o grants cada 2 o 3 años y publiquen un libro cada cierto número de años (muchos años sabáticos están encadenados al proceso de término de libros o reportes finales de investigaciones mayores). Crecientemente estas modalidades se extienden también en América Latina, especialmente en Chile y Brasil, pero también en otros países de la región (Gantman, 2011). Por cierto, esta modalidad está entrando en crisis debido a que ya es muy complejo saber que calidad y originalidad posee la investigación científica, en un mundo donde la publicación se multiplica tan velozmente y existe una intercalación tan evidente de contenidos entre los journals.

Esto nos lleva al segundo punto, cuál es el de qué identidad y tipo de pensamiento podemos desarrollar en las ciencias sociales en regiones periféricas como América Latina. La pregunta que formulamos tuvo su origen en la idea que las prácticas de trabajo e investigación de las ciencias sociales latinoamericanas adolecían de una perspectiva epistémica robusta, debido a la influencia del norte. La epistemología de las ciencias sociales en el mundo latinoamericano cayó durante los ochenta y noventa en el sueño posmoderno y en los relativismos de una academia europea-norteamericana, satisfecha y suficientemente aislada del contexto científico general como para generar debates relevantes, social y políticamente, en vez de mera estética. Lo único destacable fue la omnipresencia tanto del género femenino y como de las etnias originarias, aun cuando no quedo muy claro cuál era el real aporte de estas perspectivas, supuestamente epistémicas. Es urgente volver a un realismo epistémico, que despierte de los sueños New Age. No se avanza ni un ápice planteando que existe un correlato entre culturas y epistemes, y que, en consecuencia, la cultura debe tener su propia episteme. Y que, si no la tiene, hay que inventarla. El realismo epistémico consiste, también, en aceptar que la cultura científica-tecnológica es la cultura dominante por una razón robusta: simplemente, es la mejor manera de comprender y dominar la naturaleza. Las diatribas contra la ciencia y los científicos en los últimos 30 años pertenecen a un movimiento intelectual que es representativo del fracaso de la izquierda cultural anglosajona de los años 70, obsesionada por los detalles arbitrarios de una actividad que, por el hecho de ser humana, obviamente genera errores, abusos y excesos como lo es la actividad científica y tecnológica. Pero verdaderamente, ¿creemos que los desastres de Chernobyl o el Challenger son intrínsecos a la dinámica científica, en vez de —cómo se ha demostrado— atribuibles a errores de juicio humano? El rechazo al cientificismo se ha confundido con el rechazo a la ciencia, así como el rechazo al positivismo y a la idea de progreso lineal en el conocimiento se ha confundido con el rechazo a la evidencia empírica, los datos, los métodos cuantitativos y la idea de progreso analítico y acumulación de información (aceptando que es cada vez más difícil progresar en el contenido propositivo de las teorías). Si las ciencias sociales traducen esto de una manera modesta, esto es, aceptando que las ciencias sociales son un tipo de razonamiento científico (¿es tan difícil de aceptar algo de suyo obvio?), entonces las ciencias sociales latinoamericanas deberían empezar a rechazar los planteamientos anti-científicos, abrazando la cultura científica-tecnológica en general y promoviendo más reflexiones epistémicas cuyo foco sea las teorías mismas sobre la región, en vez de perder el tiempo en seguir las discusiones bizantinas del conflicto de los métodos o los géneros, propios de un pensamiento euro-céntrico alienado que inspira el combate contra la deforestación en el sur mientras tolera con los ojos abiertos el sobreconsumo en el norte.

Las identidades de los cientistas sociales en América Latina son diversas. Se suma a los perfiles tradicionales el exponente de lo que ha sido llamado el capitalismo académico: un cientista social conectado con las redes globales altamente asimétricas de las publicaciones indexadas por las corporaciones de Big Data, cuyo público objetivo son los colegas de las universidades ARWU 1007. Atrás quedan, en términos de tendencia oficial, los perfiles de intelectual orgánico y/o movimientista, más político; así como también el perfil académico de carácter más local. Con todo, hay mucha interacción entre estos y otros perfiles identitarios en las ciencias sociales. Una idea en progreso es ver cómo esas interacciones pueden estar basadas en la tarea principal, esto es, el fortalecimiento de la teoría social en América Latina.

Notas

1Hay que decir, antes de seguir, que toda la reflexión socio-política inscrita en las luchas populares y de los movimientos sociales no es considerada "producción intelectual" en el sentido convencional y, por ello, no está presente en este trabajo. Para incorporar esa producción al análisis tendríamos que viabilizar al menos i) algún tipo de procedimiento de homologación que imprima prolijidad y rigor al lenguaje de esas descripciones o explicaciones, de modo de poder dialogar conceptualmente (y tal traducción no existe), ii) pasar del ejemplo y la metáfora al modelo representacional, y iii) inscribir el empeño en un proyecto ambicioso de dialogo planetario, entre teorías.

2¡Incluso ello ocurre en las ciencias duras! (López y Castro, 2008).

3Las obras de René Zabaleta (1983) y José Mauricio Domingues (2009) son dos ejemplos notables.

4Pues son mucho menos que posturas teóricas, como la versión identitaria esencialista del "Ethos barroco".

5Al interior de este conjunto debe ser integrada con fuerza la trayectoria del movimiento popular urbano y del movimiento campesino y de los sin-tierra, que tantas muestras de resistencia y potenciación ideológica han dado en la historia de América Latina.

6De todos los problemas, este es el más grave, debido a que estructuralmente los países de la región no son complementarios económicamente, pues todos son productores de materias primas; además del hecho que siempre es posible que Brasil actúe políticamente en solitario o en modo propio, con o sin intención.

7ARWU, Academic Ranking of World Universities fue el primer ranking universitario mundial. Lo elabora la Shanghai Yiao Tong University desde el 2003.

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Recibido: 10/12/2016 1a Evaluación: 04/03/2017 Aceptado: 18/03/2017

Este trabajo se basa en el estudio financiado por la CLACSO (Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales, Buenos Aires, Argentina) titulado Autonomía y dependencia en las ciencias sociales latinoamericanas. Un estudio de bibliometría, epistemología y política. Concurso 20122013 CLACSO-ASDI. Becas de Nivel Superior (B1).

Breve CV del autor

Jorge Gibert Galassi

Profesor titular de la Escuela de Negocios Internacionales de la Universidad de Valparaíso. Sociólogo y doctor en filosofía (U. de Chile). Ha realizado estadas de investigación en la UNAM-México, la Universidad de Cambridge-UK y la Universidad de Stanford, USA. Ha escrito más de 50 publicaciones de artículos y capítulos de libros. Autor de "La conexión libertad-determinismo. Una reconstrucción filosófica de las ciencias sociales" (2006) y de "Epistemología de las ciencias sociales" (2012), recientemente ha publicado junto a Edison Otero, un "Diccionario de Epistemología" (RIL, 2017). Sus áreas de interés actual son la sociología de los intelectuales y los estudios sociales de la ciencia y la tecnología. ORCID ID: 0000-0002-2530-2123. Email: jorge.gibert@uv.cl

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