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Byzantion nea hellás

On-line version ISSN 0718-8471

Byzantion Nea Hellás  no.28 Santiago  2009

http://dx.doi.org/10.4067/S0718-84712009000100005 

Byzantion Nea Hellás n°28, 2009: 87-104

 

GRECIA BIZANTINA

 

LA RETÓRICA EN LA VIDA DE SIMEÓN DE LEONCIO DE NEÁPOLIS (1)

 

Pablo A. Cavallero

UBA-CONICET-UCA Argentina

Correspondencia a:


Resumen:

La ponencia estudia el relato hagiográfico sosteniendo que está organizado como un discurso retórico; la argumentatio tiene dos sectores, uno centrado en lógoi y otro en érga, los cuales actúan como pruebas argumentativas de la santidad del modelo propuesto. Leoncio quiere llegar a todo su pueblo: deleita a los cultos con la elaboración de un discurso retórico en el que la lengua se adecua al contenido; y deleita a los iletrados no sólo con el lirismo y la elocutio de los parlamentos insertos, sino también con el reconocible lenguaje del Bizancio ciudadano. Así como Simeón pudo adecuarse a las diversas situaciones de su vida, también Leoncio adecua su lengua y su estilo a los matices de la materia que trata y a la diversidad de su público.

Palabras claves: Hagiografía - retórica - Leoncio - griego bizantino -Simeón


Abstract:

This work studies the Symeon hagiographic story and asserts that it is organized as a rhetoric speech; the argumentatio has two sections: one centered in the lógoi, the other centered in the érga, which functions as argumentative proofs of the sanctity of the proposed model. Leontius wants to approach to all his people: he delights the cultivated with the elaboration of a rhetoric speech, whose language adapts to the content; and he delights the unlettered not only with de lyrics and the parley's elocutio, but with knowable language of the citizenly Byzance. Symeon knew adapt himself to the different situations oh his life; Leontius, too, he adapts his language and his style to the matter's nuances with he deals and to the diversity of his audiences.

Key-words: Hagiography - rhetoric - Leontius - Byzantine Greek - Symeon


 

Hacia el ano 620 de nuestra era, un obispo bastante poco conocido de la ciudad de Neápolis, en Chipre, puso por escrito la biografía de un santo sirio del siglo VI. Este santo, llamado Simeón, optó, después de treinta anos en el desierto, por volver a la ciudad y predicar allí el evangelio para la conversión de la gente. Pero lo hizo de una manera muy poco tradicional; por-que haciéndose pasar por loco con las actitudes más antisociales y extravagantes, ocultaba su santidad, fortalecía su humildad y realizaba milagros ocultamente, de modo tal que sólo tras su muerte la gente pudo comprender el origen de ellos y la verdadera condición del intercesor2.

El relato de estos hechos se organiza como una serie de anécdotas en las que abundan rasgos del griego bizantino. Tanto el contenido como la forma hicieron particularmente atractivo este texto por su innovación, dado que no es frecuente que un escritor eclesiástico -y menos un Obispo- utilice esos niveles de lengua. Empero, es notoria también la presencia del estilo re-tórico más tradicional en la literatura del medioevo, que, según se dijo, estaría circunscripto al prólogo y epílogo de la obra o, a lo sumo, a su 'primera parte'3.

Pretendemos aquí profundizar el estudio de esta presencia retórica, demostrar que ella no se limita al prólogo o a la primera parte y que toda la obra está organizada retóricamente; a la vez, analizar cuáles son los motivos o las intenciones que llevaron a este doble uso de un lenguaje literario elevado combinado con uno popular cotidiano.

Suele decirse que la Vida de Simeón el loco está compuesta por dos partes: la vida en el desierto y la vida en Emesa. Sin embargo, sería más correcto referirse a una estructura externa de cuatro partes:

a)    el prólogo(121: 1-123: 27)4;

b)   antecedentes, vida monástica, vida eremítica, decisión de retornar y peregrinaje a Jerusalén (124: 1-145: 18);

c)    anécdotas de la vida en Emesa (145: 19- 168: 24);

d)   epílogo (169: 1-170: 12).

Es tradicional que todo escrito del medioevo construya el prólogo con especial cuidado del estilo5. Pero en el caso de Simeón, la retórica va más allá de esto; todo el relato está armado como un discurso argumentativo, con una estructura muy simple: exordio, narratio, propositio, argumentatio y conclusio. Veamos esto:

a) el exordio corresponde al primer sector del prólogo. En él el relator afirma la importancia de la adecuación de la ensenanza al modelo del propio accionar de la persona, según el criterio típicamente griego de la coincidencia entre 6. Pero como escritor cristiano, Leoncio remite a textos bíblicos para fundamentar este aserto (Mateo 5: 16 y 19, 7: 5). El exordio ubica inmediatamente al lector u oyente en el campo de la didáctica que, dentro del género de la hagiografía, será una didáctica de tipo espiritual y moral. En el sector comprendido entre 121: 18 y 122: 12 el exordio incluye la captatio benevolentiae: mediante el de la modestia, Leoncio senala que él desea ensenar pero que no está su vida a la altura necesaria para ser modelo de otros; por ello prefiere utilizar el ejemplo de otra persona y justifica este proceder advirtiendo que a algunos basta la Palabra para encauzar su vida, mientras que a otros les es necesario el mandamiento escrito; un tercer grupo requiere que alguien le ensene y amoneste para despertar el deseo de la virtud y la vida eterna. Como es tradicional, el exordio apunta claramente al del destinatario: quien lee o escucha estas consideraciones no puede sino sentirse incluido en el tercer grupo, dado que el mismo autor se presenta como pecador, e inclinarse, pues, a acoger con buena disposición el relato que se ofrece.

b) narratio: el discurso retórico suele incluir una exposición breve, clara y creíble del asunto al que va a referirse. En este caso la narratio abarca desde 122: 13 hasta 123: 24 y senala el quién, el qué, el cómo y el para qué del hecho: Simeón es uno de esos personajes cuyo ejemplo sirve de modelo para los demás porque logró afrontar las tentaciones de la vida en absoluta pureza gracias a la alcanzada, la 'impasibilidad' o autodominio firente a toda pasión, demostrando así que la virtud es posible y considerando útil ayudar al prójimo. En esta síntesis del carácter y de la intención de su personaje, Leoncio incluye una advertencia, velada, dirigida a posibles adversarios, mediante la figura de la 'anticipación':

sabemos que a los más insensatos y a los despreciativos les parecerá que decimos cosas increíbles y dignas de risa. Mas si hubieran escuchado al que dijo "el que quiera ser sabio en esta era, hágase tonto para hacerse sabio", y asimismo "nosotros somos tontos por causa de Cristo", y asimismo "porque la tontería de Dios es más sabia que los hombres", no se aplicarían como a ridiculeces a lo obrado por este verdaderamente atleta, sino que lo admirarían más y mejor (122: 27- 123: 2)7.

Quien no acoja como verosímil y útil el contenido de la biografía es un 'insensato' y un 'despreciativo' porque no entendió el verdadero sentido de la sabiduría cristiana. No es que pretenda el Obispo que su público se haga fácticamente sino que entienda que los pasajes paulinos que allí cita como base de la actitud asumida por el asceta son una clave de la sabiduría cristiana; es decir, los valores del mundo no son los valores eternos, la apariencia del mundo no es la verdadera realidad. El texto bíblico se hace así base de toda la argumentación;

c)   propositio: aunque no es obligatorio, un discurso retórico suele exponer un breve plan de lo que va a desarrollar. Leoncio lo hace en 123: 25-27 diciendo:

Ante todo, es preciso narraros el modo de su tránsito desde el desierto hacia el mundo, luego, así, sus acciones paradojales y dignas de asombro.

Así plantea Leoncio las dos partes que tendrá el relato de la vida en sí, pero que a la vez constituyen los dos argumentos fundamentales de su propuesta, que es mostrar a Simeón como un modelo de santidad posible para el cristiano de su tiempo;

d)   argumentatio: este sector suele ser, necesariamente, el más extenso en todo discurso, dado que la persuasión por lo verosímil sólo puede darse mediante una argumentación. Pero como este discurso no pertenece al género judicial, sino que es una mezcla del laudatorio -por ser un elogio del santo y carecer de refutación- y del deliberativo -por pretender que el destinatario se decida por una vida virtuosa-, la argumentación utilizada asume el formato de un relato biográfico, en el que son los dichos () y las obras () del personaje mismo los que servirán como pruebas de una santidad digna de imitación. La validez de estas pruebas radica en que ellas surgen de un testigo presencial, llamado "Juan el diácono", que actúa como puente entre el personaje y el autor; el testigo es, desde la historiografía antigua8, una fuente de certeza que se verifica incluso en las figuras de los mensajeros en la dramaturgia9.

Esta argumentatio, pues, se organiza en dos partes que responden, grosso modo, a las dos etapas de la vida de Simeón: la monástica-eremítica, en la que predomina el , y la urbana-pública en la que predomina el . En la primera, Leoncio da los antecedentes del personaje: vivió en tiempos de Justiniano (emperador entre 525 y 565) y era un joven que, en peregrinación a Tierra Santa, conoció a otro joven, que será 'Juan el eremita'. Juan tiene veintidós anos, padre y esposa; Simeón, madre anciana; ambos, de familia con buenos recursos (disponen de caballos y esclavos), son cultos y sensatos, de costumbres delicadas. Estos datos se destacan en fünción de acrecentar el sentido de la renuncia que hacen los jóvenes: renuncian a su juventud, su familia, su amor terreno, su riqueza, su educación, su comodidad10. Es Juan quien plantea a Simeón que la vida monástica "conduce a la vida" mientras que la vida mundana "conduce a la muerte" (125: 4-5).

En este sector prevalecen los discursos, sean ruegos a Dios o diálogos entre los personajes. Estas resultan argumentativas. Por ejemplo, la primera alocución de Nicón a los jóvenes Juan y Simeón es un elogio del amor de ellos y de la elección efectuada; cada aspecto de su justificación se inicia con una anáfora en polip-toton:, y cinco formas más de la misma familia (127: 3-14), lo cual insiste y destaca la bondad y belleza de su situación. A este recurso suma el del paralelismo en oposición: contrapone la bondad de lo terreno (padres, hermanos de sangre, amigos, jefes, generosidad con lo material, bienestar, riqueza, belleza de la juventud, milicia terrenal) a la mayor bondad de lo celestial y espiritual (Dios, cofrades, santos en el cielo, ángeles intercesores, ofrenda de la propia alma, paraíso, contemplación de Dios, belleza de Cristo, milicia religiosa). En cuanto a los apegos afectivos, temidos por ambos jóvenes, Nicón argumenta:

Pues ni el amor de madre ni de padre, ni multitud de hermanos, ni riqueza ni gloria ni lazo de mujer ni afecto de hijos pueden conmover al Juez, sino la conducta virtuosa y los esfuerzos y fatigas acordes a Dios (128: 4-6) donde la enumeración se torna recurso retórico al oponer una serie de bienes al solo argumento de la virtud. También senala Nicón la confianza en la Providencia para el sostén de los parientes y la autoridad del Evangelio (128: 8 ss.); asimismo, confronta los esfuerzos por acceder a una corte regia firente a los esfuerzos por la corte divina(128: 19 ss.).

Los parlamentos de Simeón y de Juan, a propósito de la tonsura, son prueba de su ardor religioso (130: 5 ss.), como asimismo sus palabras relativas a la toma del hábito (131: 25 ss.), así como el comentario de Nicón tras la partida de los jóvenes (133: 19 ss.), en el que los reconoce como "piedras preciosas". El paralelismo, combinado con anáforas de y con interrogaciones retóricas en sucesión más reiteraciones líricas (

"Tú, patrón, tú, forjador, tú, conductor, tú, guía en el camino y cuantas cosas la lengua no tiene la fuerza de decir", 134: 13), tal paralelismo es recurso empleado por Simeón al valorar los dones de Dios concedidos a los jóvenes (134: 6 ss.) y coadyuva a la formación de la imagen de santidad en los personajes. La larga plegaria de Nicón iniciada en 134: 32 es, a la vez que súplica de protección, afirmación de los merecimientos de los jóvenes y exhortación a la perseverancia. Las citas bíblicas están siempre presentes, a modo de leyes alegadas como pruebas retóricamente .

También Simeón, cuando resuelve irse del desierto a la ciudad, argumenta mediante un parlamento: ya alcanzaron la , el desierto sólo los beneficia a ellos, en el mundo pueden salvar a otros. Aplica así los de la potencialidad de los contra-rios (capaz / incapaz, calidad / cantidad, mérito / demérito) y el de la magnitud (más / menos, universal / individual). La Biblia viene a aportar sustento de autoridad (142: 14 ss.). En realidad, el tema del retorno al mundo establece entre los amigos un , un típico deba-te dramático entre dos posturas, respecto de las cuales cada uno persiste en su punto de vista. Porque Juan el eremita argumenta, en oposición a Simeón, que Satanás le sugirió la marcha para apartarlo del camino inspirado por Dios, que él no cuenta con el grado de logrado por Simeón, que no quiere quedarse sin su companía, que se prometieron estar juntos, que Nicón los amonestó. Emplea en estos argumentos una estructura paralela, con anáforas insistentes y tono patético, utilizando los del tiempo (pasado / presente), de la autoridad, de las consecuencias; su perorata choca con la parquedad de Simeón, quien ya tomó la decisión y parece estar listo para lanzarse al , dejando ya los . Insiste, empero, Juan y argumenta por los contrarios: todo lo logrado en el desierto (tranquilidad, templanza, castidad, pobreza, ayuno, compunción, vida de oración, claridad; es decir, la espiritualidad monacal o anacoreta) puede perderlo en el mundo (perturbación, excesos, lujuria, codicia, gula, risa, descuido, confusión). Pero Simeón le asegura que está preparado y que es inspiración divina su partida; también le asegura que cuando muera vendrá a buscarlo.

Pero más allá de los discursos, el autor intercala comentarios personales que resultan explicaciones argumentativas. Así, por ejemplo, senala la dificultad de la renuncia emprendida por los jóvenes:

Pues entendía [Nicón] que esto no ocurría por azar ni que era algo logrado y cumplido indemnemente, como sucede a muchos, sobre todo al ver cuerpos tiernos y vestidos con túnicas suaves, y su juventud criada en una vida delicada y acostumbrada a toda relajación y pasatiempo. (129: 12-15); o explica que Simeón va a Jerusalén a pedir que su obra permanezca oculta a los hombres, para eludir la arrogancia y soberbia, don obviamente obtenido dada la reacción de la gente ante sus milagros (144: 17 ss.).

También introduce el relato argumentos que no son discursos sino hechos extraordinarios. Así, el sorteo que los lleva al monasterio les produce una gran alegría (125: 25 ss.) pero lo que abona el acierto de la elección es hallar la puerta del monasterio abierta, según lo rogado por ellos (126: 16 ss.) y lo previsto por Nicón, profeta y visionario (126: 19 ss.). Asimismo, hay visiones que confirman la santidad de los jóvenes, ya sea que éstos ven corona y escolta de ángeles en un cofrade (131: 29 ss.), ya sea su propia figura como eunucos portadores de antorchas (133: 25), ya que tengan suenos que les permiten aprender de memoria ciertos rezos (138: 14 ss.); cuando surge en Simeón la idea de abandonar el monasterio por la vida eremítica, otro hecho extrano confirma que eso es voluntad divina en pro de la santidad de los jóvenes: la puerta del monasterio está abierta en la noche (133: 14 ss.). Y cuando las tentaciones arrecian, la oración logra que los lazos afectivos dejen de ser instrumento del diablo (138: 19 ss.).

Las intervenciones del relator sirven también para dar una ensenanza catequética, como en 137: 15-16, donde comenta "Al disponerlo Dios, que nunca aban-dona a los que creen en Él con toda el alma, o en 137: 24 ss. cuando presenta las acechanzas del demonio vencidas por la oración.

Pero corresponde también a la argumentatio de este particular discurso la secuencia de anécdotas que componen lo realizado por Simeón en Emesa, en su vida urbana-pública. Aquí Simeón, a diferencia de los argumentos discursivos, apenas pronuncia palabra: toda su energía está en el hacer. Estas anécdotas, muy diversas, responden a una estrategia de conversión matizada, pero cuyos ejes fundamentales son 1) lograr una Li£TávoLa o 'conversión' de las personas con quienes se topa, sean o no decentes, y 2) mantener en secreto la virtud de su acción, para mantener su humildad11.

Las anécdotas son: arrastrar un perro muerto, hacer desmanes en la iglesia y el atrio, consumir y repartir los alimentos que debía vender, quemar incienso en la mano y el manto, romper una jarra envenenada, fingir una violación, defecar y desnudarse en público, fingir un juego para exorcizar a un joven, enmendar al prestidigitador, golpear las columnas para que no las afecte el sismo, besar a los ninos que iban a morir, posponer el parto de la calumniadora, maltratar a monjes a propósito de Orígenes, convertir a herejes mediante maldades del demonio, enmudecer al hebreo que lo vio asistido por ángeles, lograr la castidad de las prostitutas, leer el pensamiento de la gente e impedir que lo delaten, estorbar el paso de la gente donde hay un demonio, hacer bizcas a las maldicientes contumaces, comer carne cruda, conocer de antemano lo ocurrido en otro lugar, rescatar a Juan el diácono y revelarle la causa de su desgracia, curar al ciego con mostaza, vinagre y ajo, secarle la mano para impedir que un amo desuelle al esclavo, censurar a los malandantes, impedir que una adivina haga encantamientos, forzar al vidriero a convertirse mediante el quiebre de su mercancía, dar alimento constante a los buenos obreros, cambiarle el oficio a un mulero, vencer a la muerte en juego de dados, cantar vivas al emperador, lograr de Dios que no le creciera el cabello.

En medio de estas anécdotas conserva el relator sus intervenciones explicativas:

Se acostumbró también el piadoso a esto, a que en cuanto hacía un acto algo extraordinario, cambiaba enseguida de vecindad hasta que fuera olvidada la cosa que había hecho. Se apresuraba asimismo a figurar algo inconveniente, para que se ocultara mediante eso la recta acción. (147: 5 ss.)

Pues de sus acciones, algunas las cumplía el justo por salvación y compasión de los otros, otras para que se ocultaran sus costumbres (149: 16; cf. 155: 4 ss.; 156: 1 ss., 157: 12 ss., 165:9 ss.); así como otras intervenciones organizan el relato o lo anticipan, creando expectativa:

Mas de qué modo se salvaron el vendedor de posca y su mujer, será dicho en otro capítulo (147: 4)

a la cordura también relató a todos el hecho minuciosamente (150: 5 ss.; en relación al joven exorcizado).

A lo largo de la argumentatio, Leoncio utiliza diversos recursos, de modo que la elocutio está al servicio de la persuasión. Entre ellos tenemos:

Acuérdate, Dios, de sus fatigas y de sus esfuerzos con los que por mí se fatigó. Acuérdate, Senor, de sus lágrimas y angustias que derramó cuando hacia Ti escapé de ella. Acuérdate, Senor, de los senos con los que me amamantó, a mí, humilde cosa, para disfrutar de mi juventud y no la disfrutó. No te olvides, Amo, de que ni por una hora podía apartarse de mí, y se apartó de mí durante todo este tiempo. Recuerda, Amo que todo lo conoces, que cuando quería regocijarse en mí, entonces la privé de mí a causa de tu nombre. No te olvides, Justo, de los desgarramientos de sus entranas que tuvo aquel día cuando escapé hacia ti. Conoces, Amo, cuánto insomnio obtuvo toda la noche al recordar mi juventud desde que la dejé. Tú sabes, Amo, cuántas noches pasó insomne, buscando a la oveja que descansaba junto a ella. No te olvides, amante de la humanidad, qué pena envolvió su corazón cuando, al ver mis ropas, se consumía por el hecho de que ya no era su perla la que las vestía. Pero recuerda, Amo, que estuve carente de su consuelo y regocijo y alegría pa-ra servirte a ti, Dios mío y de ella y Amo de todo.

cuanto en su sector centrado en, de modo que dan unidad a la argumentación.

La coronación de esta 'argumentación por los hechos' es el relato de la muerte de Simeón, que actúa a modo de peroratio patética y apoteótica, dado que mediante el milagro de la salmodia de los ángeles y el de la desaparición de su cuerpo se asegura la santidad del Loco y se da lugar a que todos los beneficiados relaten los bienes recibidos. Se introduce el epílogo con una correctio: "Ahora la ocasión nos llama, amigos, a contaros también su muerte digna de asombro, o más bien su sueno" (167: 29 s.);

e) finalmente, así como fue larga la argumentatio, es breve la conclusio, que corresponde al epílogo del relato hagiográfico. En semejanza al Evangelio de Juan, el autor senala que sólo recoge algunos elementos entre todos los posibles12, pero los suficientes para el elogio del personaje. Mediante interrogaciones retóricas, vuelve al tóttoç de la modestia al senalar que no hay discurso posible a la altura del santo, porque las apariencias enganan. A modo de súplica, el relato se cierra con un pedido de que todos podamos imitar al santo.

Hemos buscado, pues, mediante este análisis, mostrar que la retórica no es en la Vida de Simeón un mero adorno. Todo el relato se organiza como un discurso argumentativo adaptado al género, con el acierto de concentrar argumentos discursivos en el primer sector y argumentos dramáticos en el segundo, de modo tal que sean las palabras y los hechos del mismo personaje los que prueben su santidad. La técnica narrativa, de la que nos ocupamos en otro lugar, permite hacer fidedigno el relato según la tradición historiográfica. Pero el empleo de la retórica argumentativa, acorde a cánones tradicionales, hace más notorio el uso del griego coloquial en el sector de las anécdotas, si bien tampoco el lenguaje de actualidad se limita a este sector: Leoncio es un pastor que quiere llegar a todo su pueblo y que sabe deleitar a los cultos con la elaboración de un discurso retórico en el que la lengua se adecua al contenido; y sabe deleitar a los iletrados no sólo con el lirismo y la elocutio de los parlamentos insertos, sino también con el reconocible lenguaje del Bizancio ciudadano13. Así como Simeón pudo adecuarse, con su Aóyoç y con su £Q-yov a las diversas situaciones de su vida, también Leoncio adecua su lengua y su estilo a los matices de la materia que trata y a la diversidad de su público.

Leoncio puso su habilidad literaria, su cultura14 y su sentido de la realidad al servicio de la evangelización de su grey.

Notas

1 Una primera versión de este artículo fue presentada como ponencia al XX Simposio Nacional de Estudios Clásicos, Córdoba, septiembre de 2008.

2  En cuanto a la bibliografía específica, relativamente escasa, cf. Rochcau (1978); RYDÉN (1979); ROCHCAU (1980); RYDÉN (1981); SYRKIN (1982); MANGO (1984); AERTS (1985); DAGRON (1990); DÉROCHE (1995); SlMÓN PALMER (1995); Krueger (1996); SimónPalmer (1997); Ubierna (1997); SimónPalmer (1997), (1999), (1999 b); Cameron (1999); Magdalino (1999). Véase el enfoque general de Saward (1980).

3  Cf Por ejemplo FestugiÈRE (1974: 10), quien considera que en el prólogo emplea "una retórica confusa y ampulosa", y de los recursos de la 'primera parte' sostiene que "nada, seguramente, es más insípido que esta literatura, y si no hubiese más que esto en la V. Sym. uno cerraría el libro enseguida" (p. 11). Como enfoque general véase Kennedy (1983); como estudio de la técnica retórica en Atanasio cf Steed (1976). DÉROCHE (1995: 109) adelantó que la dicotomía entre primera parte retórica y segunda popular no es tan rigurosa.

4 Indicamos la paginación tradicional que remonta a la edición de Rydén (1963): número de página y luego número de línea.

5 Cf. GlGON (1970: 105). Véase Murphy (1986). Cf. WlFSTRAND (1962: 55), quien sefíala el ejemplo de Clemente Romano. En la Iglesia primitiva, Taciano, Melitón de Sardes, el Discurso a Diogneto Clemente alejandrino, ambos Gregorios y Juan Crisóstomo serían los más retóricos.

6Cf Ilíada 9: 443, Tucídides II 35.1-46.1, doce ocurrencias; Eurípides, Medea 708, Fenicias 746 ss., Platón Apol. 32 ay d, Santiago 2:15-16, etc.

7 Todas las traducciones corresponden a la edición bilingüe que hemos elaborado con Tomás Fernández y Julio Lastra.

8 Cf. por ejemplo Heródoto I 20, 51, 171, 183, etc. Véase GlANNARELLl (1976), Cox (1983).

9 Por ejemplo, el que relata la batalla de Salamina en Persas de Ésquilo. Véase sobre este aspecto Barrett (2002).

10 Esto es también un tÓ7TOç en la literatura hagiográfica: Browning (1981: 126); cf. Festugière (1960). También lo son la indignidad del relator, la credibilidad de la narración, la atadura para que otro no hable.

11 Ver Cavallero (2008).

12La selección de material es tÓ7toç hagiográfico; cf. Festugière (1960: 134).

13Véase Cavallero (2008 b) y (2008 c).

14 Ver DÉROCHE (1995), KRUEGER (1996), CAVALLERO (2004-2005).

BIBLIOGRAFÍA CITADA

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Recibido 6.10.08 Aceptado 1.12.08

Correspondencia:

Pablo A. Cavallero. Doctor en Letras Profesor titular regular de Lengua y cultura griegas Investigador en el Consejo Nacional de Investigaciones Científicas Director de la Sección Filología Medieval del Instituto de Filología Clásica (Facultad de Filosofía y Letras, Universidad de Buenos Aires) Miembro de número de la Academia Argentina de Letras , pablo.a.cavallero@gmail.com Dirección particular: Helguera 4445, C 1419 CUK Buenos Aires Dirección laboral: Puan 480, 1406 Buenos Aires

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