SciELO - Scientific Electronic Library Online

 
 número37La maldición de los labdácidas en la ópera de los siglos XX y XXILa representación del pedagogo en Clemente de Alejandría índice de autoresíndice de materiabúsqueda de artículos
Home Pagelista alfabética de revistas  

Servicios Personalizados

Revista

Articulo

Indicadores

Links relacionados

  • En proceso de indezaciónCitado por Google
  • No hay articulos similaresSimilares en SciELO
  • En proceso de indezaciónSimilares en Google

Compartir


Byzantion nea hellás

versión On-line ISSN 0718-8471

Byzantion nea hellás  no.37 Santiago oct. 2018

http://dx.doi.org/10.4067/S0718-84712018000100121 

Grecia antigua

El helenismo o la búsqueda del “otro”

Hellenism or the search of the “other”

César García Álvarez 1  

1 Doctor en Filosofía con mención en Literatura. Universidad San Sebastián. Chile. Fono: 56-2-222693878 / 222392292. bizantinoscesar@gmail.com

Resumen:

El tema central de esta investigación es el “otro” en la cultura helenística. El autor, después de una disquisición filosófica sobre las distintas formas de relacionarse con el “otro”, aborda el tema en nueve historiadores greco-latinos de la época helenística. Señala en cada uno de ellos su inclinación por una visión unívoca de la cultura, equívoca o de integración análoga, tal como estos términos fueron formulados en la introducción.

Palabras Claves: El “otro”; La “projimidad”; Helenismo; Historiadores greco-romanos

Abstract:

The central theme of this research is the “other” in Hellenistic culture. After the author philosophically analyzes the several ways of relating to the “other”, he deals with nine Greco-Roman historians of the Hellenistic age, pointing in each of them to their inclination towards a vision of culture which is univocal, confusing or of analogous integration as these terms are described in the introduction.

Key Words: The “other”; the “fellowness”; Hellenism; Greco-Roman historians

I Introducción

Pocos temas más actuales que el del “otro”. La globalización y sus implicancias emigratorias están poniendo en jaque hoy las nociones de cultura, nación e identidad, que es cuestionar lo distintivo en favor de lo unidad de los pueblos. En esta crisis olvidamos que en el pasado la historia registra situaciones muy similares de movimientos colectivos de pueblos que igualmente desestructuraron en un momento dado su sociedad; ello nos debe servir de lección y alerta para el hoy preocupante.

El helenismo fue esa etapa en que Roma y Grecia entraron en confluencia removiendo y fundando las bases de occidente, un momento, no cualquier momento, en que se intenta1 crear un paradigma sobre el “otro”, hecho que nos alcanza, por lo que nos atañe2. Sobre estos vamos a reflexionar3 principalmente de manos de los historiadores más destacados de Grecia y Roma4, no porque en muchos de ellos no hubiese chovinismo o principio de exclusión, siempre presente aún en los periodos de mayor integración5. Esta acción exclusivista en el helenismo fue apoyada indirectamente por la retórica clásica en su capítulo los “Laudes”, alabanzas a las ciudades, al senado, figuras políticas, batallas, y los subgéneros: “Elogios”, “Panegíricos”, “Biografías”6, “Memorias” y Encomios o alabanzas exageradas, contra lo que nos previene Polibio contra Isócrates y su “modelo encomiástico” Evágoras. Ningún historiador se exime en algún momento de su historia del uso de esta retórica, no de otras figuras retóricas que hicieron de aquellas historias verdadero arte7. En otros casos como apoyo a lo excluyente, es que en los historiadores grecorromanos no hay historia social, tan importante para entender al “otro”, pero Roma y Grecia lo salvaron haciendo historia política, nadie se sustrae a este compromiso.

Elegimos de preferencia a los historiadores sin desdeñar a filósofos y literatos, porque misión de la historia es registrar el pasado, el presente factual y la proyección de dichos hechos hacia el futuro, particularmente en el caso de una cultura generativa como es la de la “romanidad”, plenitud de la “otredad”; lo ratificaba Benedetto Croce en su dicho sobre Roma: “La historia siempre es contemporánea8.

Hace muchos siglos que la teoría sobre el “otro” tanto en forma práctica más que teórica fue planteada. Caín frente a Abel fue una forma práctica- anómala de resolver en el inicio de la humanidad el problema del “otro”. Posteriormente, las continuas guerras entre los pueblos dejaron testimonio de soluciones de conflictos por la misma vía irracional. Grecia, aun con su beligerancia casi congénita, lanzó a la reflexión por escrito de Aulo Gelio la palabra “acuerdo” que él prefiere “paideia”, ni siquiera “filantropía”, menos “humanitas”, que rechaza (Noches Áticas 13,17); los romanos, en alguna parte de su biga o cuádriga conquistadora llevaban alguna hoja del derecho romano donde se leía “civis romanus”, era su acción civilizadora. Martín Heidegger la recuerda esa página de esta manera:

“En la época de la república romana se piensa, y se aspiraa esa palabra, por vez primera y bajo su nombre, la “humanitas”. El “homo humanus” se sitúa frente al “homo barbarus”. El “homo humanus” es aquí el romano, que eleva y ennoblece la virtus romana mediante la incorporación de la “paideia” tomada de los griegos. Los griegos son los griegos del helenismo, cuya cultura fue enseñada en las escuelas filosóficas. Esta cultura se refiere a la “eruditio et institutio in bonas artes”. La “paideia” así entendida fue traducida por “humanitas”. En Roma encontramos nosotros el primer humanismo. De ahí el que éste sea un fenómeno específicamente romano, surgido del encuentro de la romanidad con la cultura del helenismo. (Carta sobre el humanismo, Madrid, Taurus, 1970, 15-16).

Después, el cristianismo impuso una nueva palabra, “frater”, aunque fue “veritas” para muchos cristianos palabra más importante que “hermano”: por la verdad muchos hermanos padecieron persecución por la justicia. Cierto que la revelación se comunicó mediante el “verbum”, y el “logos”, el “verbo”, lleva implícita la “veritas”, pero mucho más que la verdad, un entenderse en la verdad, siendo el entenderse el incluyente que nos acerca a la “otredad”. Más cerca de nosotros Derechos humanos, Naciones Unidas etc. son formas de establecer sobre el “yoísmo”, el imperio de la “otredad”, palabras como inclusión, integración, transparencia, igualdad de género, solidaridad, no discriminación, diálogo, cooperación etc. son formas hodiernas aparentemente fáciles de resolver un problema de raíz antropológico, histórico y religioso.

1. El problema del “otro” es un modo de pensar

Desde el punto de vista del pensamiento decían los filósofos antiguos que al ser se suele predicar de tres maneras: analógica, equívoca o unívocamente, según tomemos una u otra posición nos situaremos mentalmente en la máxima discordancia, la máxima concordancia o en una situación intermedia de relaciones humanas. Lo señalado no es un juego inocuo de filósofos ociosos, el modo de pensar es el modo de hacer y no es lo mismo un quehacer social concordante, discordante o buscador de soluciones intermedias. Expliquemos cada tesis.

Los que defienden la tesis de la predicación “equívoca” del ser leerán con sumo agrado este pequeño poema de Van Dande, poeta alemán del siglo XIV:

FE DE ERRATAS

Donde dice: árbol, hay que leer caballo

Donde dice: caballo hay que leer tigre

Donde dice: tigre hay que leer mujer

Donde dice: mujer, hay que leer agua

Donde dice: diccionario hay que decir otro diccionario

Los que suscriben este poema aplicado a todo el universo de signos piensan que cada ser sufre de licantropía: en cada instante cada ser sin dejar de ser sí mismo es absolutamente distinto del anterior; la realidad goza de dos fuerzas integración y cada uno ha de ser nominada con distinta palabra. Los que conocen la dinámica de las lenguas saben esto muy bien: sincronía y diacronía siendo distintas realizaciones del idioma, no se oponen y reclaman diccionarios distintos: no es el mismo el diccionario del Poema de Mío Cid hecho por Ramón Menéndez Pidal que La lengua de Cervantes: gramática y diccionario del Quijote llevado a cabo por Julio Cejador y Frauca. Una silla, para venir a lo concreto, se dice, no es una mesa, ni es la puerta, ni el pizarrón, pero tal silla genera con el paso del tiempo otras singularidades, sin dejar la suya. Se objetará, persiste siempre el concepto de silla, hay una sustancia inmutable que me hace referir ese asiento a un género de objetos para sentarse. Ello es una mera ficción, dicen nuestros tesistas, pues el género o tal sustancia permanente es un concepto abstracto está solo en nuestra mente, la realidad de la silla sigue siendo realidad implacable que con cada fracción de tiempo, por la acción de su degradación química es ya otra cosa, y si es otra cosa reclama otro nombre. Los nombres responden a universales a constantes, pero no existen. Las sustancias son incomunicables, aunque generativas, del mismo modo que el padre engendra al hijo, siendo otro ser con otro nombre. El “yoísmo” es ontológico, el egoísmo en términos sociológicos está instalado en el ser que es capaz por acción del tiempo degradante engendrar otros “yo”, igualmente impertinentes en su individualidad. Machado era de alguna manera partidario de esta teoría cuando hablaba de la esencial heterogeneidad del ser. No hay amor decía. El amor es un súbito incremento de energía vital y por mucho que los amantes luchen por la fusión de cuerpos y almas, al final caerán derrotados por su singularidad; “petitmort” llaman los franceses al acto sexual, pues la muerte, que volverá a ser mañana otro súbito incremento de energía vital. Esta tesis en el pasado se llamó nominalismo, los nombres hacen el ser y el ser no es dos veces lo mismo. Borges lo significó en forma extrema en un cuento, el de Ireneo Funes: una extraña caída de caballo llevó a Funes olvidar todo, y olvidó todo porque olvidó lo universales del diccionario, ahora su memoria era tal que percibía y recordaba cada cosa en cada instante con su singularidad agresivamente opuesta a la anterior y había que darles nombres distintos; antes, universalizaba con engaño por falta de memoria rigurosa de lo distintivo. Las persistencias del gato, el niño o el tigre eran falsos nombres que él daba por falta de memoria de lo disto singular de cada momento. En el mundo reina la licantropía.

Según esta teoría el mundo es una permanente acción de desencuentros. No es del ser la integración. En el momento en que dos se encuentran nace el hijo proclamando el imperio del yo. La raíz más agresiva del capitalismo se encontraría su justificación aquí. No me atrevería a suscribir la frase de Hobb es: Homo hominis, lupus, pero debía estar pensando en ello.

2. El ser debe ser predicado unívocamente

Otros filósofos, los panteístas, consideran que el ser, por el contrario, es unívoco no es deudor de muchas voces sino de una sola: es más unidad que parcialidad, pues el todo es antes que las partes, lo general es siempre el incluyente, la singularidad del “yoísmo” equívoco, en consecuencia, no existe, el “yo es solo una parte del “nosotros”. Existe el ser y, por cierto, los seres singulares, pero éstos serán tales en la medida que obedezcan al género supremo. Todo ser es entitativamente deudor de una condición superior unitaria, que es su incluyente. También Borges, para quien la filosofía era una parte de la literatura fantástica, reflexiona sobre esto: Cuando Shakespeare en “Julio César” dice: “Bruto , tú también, hijo mío”, es lo mismo -señala el escritor argentino- que cuando en Roma Julio César pronunció tal frase; la época es distinta, distinto el lugar, pero ello son accidentes del ser; tal hecho es un paradigma repetitivo de la historia que pide un solo nombre, pues César es asesinado cada vez que una traición familiar se perpetra. Si en el drama de Shakespeare no se diese esta repetición no habría drama; todo drama histórico para ser tal debe reproducir aquel hecho pasado o trasladar al auditorio, por acto de la palabra, a aquel acto pasado. Nada hay nuevo bajo el sol. Quien definía anteriormente - equívocamente - que una silla es solo una silla llena de autonomía reproductiva de sí misma, no se dio cuenta que la silla es un compuesto de un todo de energía universal, que es menos un “yoísmo” egoísta que una masa de energía, menos una fracción del tiempo instalador de cosas nuevas que una historia universal de la que todos formamos parte. Si antes el capitalismo se aferraba a aquella filosofía equívoca, ahora el marxismo, con su anulación del “yo” en pro de la clase social, el colectivo o el pueblo como agente de la historia, suscribiría esta teoría. Pablo de Rokha en poesía se desvivió por este triunfo de una sociedad sin singularidades. Si la tesis anterior se conoció en el pasado como nominalismo esta tesis que acabamos de describirse se formuló como el problema de los universales.

3. El ser debe ser conceptuado analógicamente

Finalmente, una tercera posición: ni “yoísmo” ni “otredad”,realista individual o es la teoría del ser concebido en forma analógica y que sociológicamente dará lugar a la “projimidad”.

El ser, es esta tesis, goza de una parte unitaria en virtud de la cual es posible hablar de inclusión, del “nosotros” y en parte cada ser es distinto dificultando la integración. Juan Díaz es Juan Díaz, con su ADN, su carácter, su conciencia, su huella digital, es un ser “yoístico”, pero esa su vez un ser humano, participa de un nosotros. Cuando decimos es individual, ese verbo ser indica que es de su entidad, y cuando usamos el mismo verbo ser al decir “es humano”, ese ser pone la marca entitativa de la pluralidad.

¿Qué es el ser? ¿equívoco, unívoco o análogo? La dificultad al hablar de la “otredad” es que no sabemos bien lo que somos, si un “yo” cerrado, egoísta o un “nosotros” que disuelve todo en lo universal. La analogía del ser tiende un puente entre ambas posiciones, pidiendo una ética: un esfuerzo virtuoso para lograr el reconocimiento de lo igual y distinto del otro, sin lo cual no habrá ni inclusión, ni integración, ni transparencia, ni igualdad de género, ni solidaridad, diálogo, cooperación y todo el diccionario que sociológicamente hoy manejamos.

El problema no es en última instancia filosófico, difícil de resolver, sino ético. Hay que preguntarse más por el cómo que por el qué. Calderón de la Barca ya en un caso muy similar, optó por la solución ética: ¿La vida es un sueño o una realidad? “Obrad bien, aunque sea en sueños”, respondía.

II El helenismo o Grecia frente al “otro”

El tema del “otro” en Grecia y Roma supone fundamentalmente hablar del helenismo. Tema tan estudiado solo vamos a hacer aquí una nota apresurada. La introducimos con este texto de Plinio referido a los brazos abiertos de Roma: “Hablo de un país que en el regazo nutricio y madre de todos los países, elegido por los dioses para unir a los reinos separados, dulcificar las costumbres, fundir en una lengua común las lenguas de muchos pueblos pocos cultivados, enseñar a los hombres la cultura y la sociabilidad y, en suma, para llegar a ser la patria de todos los pueblos de la tierra”. La respuesta a la idea integracionista de Plinio la encontramos en el griego Arístides: “Los vecinos no envidian ni odian a Roma, la vencedora. Han olvidado ya que un día fueron independientes (…). Los romanos han hecho de la tierra la patria de todos. Los romanos han convertido en realidad la frase de Homero de que la tierra es común de todos”9.

En el siglo IV a.C. Alejandro expande la cultura griega hasta el río Indo. Siria y algunas regiones del Asia Menor llegaron incluso a olvidar en aquel momento sus propios idiomas. Pero el espíritu helenista, amante de lo visual, de las formas10, no era para afincarse en lo territorial sino espiritual, muere Alejandro y su imperio se desmorona, pero no su cultura. Otro pueblo dotado de particular instinto de organización y disciplina, Roma, será el que uniendo pensamiento griego y ley romana cristalice geográficamente la noción de helenismo. Horacio la había expresado en uno de sus mejores versos11. A partir de ese momento el genio griego y el genio latino se dan la mano en la conformación de una nueva civilización. Esta nueva civilización se adivinaba como una nueva necesidad histórica, los dos pueblos habían tenido un origen común, pueblos arios ambos durante mucho tiempo unidos, luego se separaron12. Fue, creyendo a Cicerón que fue a partir del segundo Tarquinio cuando Grecia empezó el reencuentro decisivo con Roma, como una inundación, dice él: “No un débil arroyo, sino todo un rio caudaloso de ciencia y de arte, corrió entonces desde Grecia para inundar Roma”13. Es ocioso consignar hechos significativos, solo recordemos que entre el 360-394, el Senado, en cumplimiento de un voto de Camilo, hizo llegar a Delfos una gran crátera de oro14; los idiomas griegos y latinos se compartieron en las clases alta y cultas15, sin olvidar que Sicilia fue reconocida como Grecaurbs. No basta decir: no hay Virgilio sin Homero, no hay Medea de Séneca sin la Medea de Eurípides, sin Píndaro no hay Horacio o Cicerón en la oratoria es deudor de Demóstenes. En las grandes síntesis cada elemento juega de modo distinto, aun concurriendo cada uno a la unidad. Preciso será, entonces, que ajustemos las grandes figuras de Grecia y Roma que vamos a estudiar al esquema relacional propuesto: ¿se excluyen en todo o al menos cuando hay un interés utilitario para Roma, como confiesa Plinio?16 ¿Se incluyen en relación al parentesco analógico ario en el afán de ambos pueblos por competir con los modelos?17 ¿O se identifican unívocamente?18

III La conceptuación del “otro” en 12 figuras de Grecia y Roma

Grecia que acertó en casi todo, también en el tema del “otro”. Los griegos escribieron historia universal, que es una forma de relacionarse con el “otro”, fueron ellos, no todos: Eforo, Duris, Agatárquides y Diodoro, entre otros. Vamos a examinar aquí en forma muy sintética el tema del “otro” en 12 figuras literarias de la época helenística, por tanto, figuras griegas y romanas19.

Timeo de Tauromenio (356-260 a.C.) es nombre de un historiador griego nacido en Sicilia. Aquí el tema del “otro” está resuelto geográficamente, lo hemos reiterado: Sicilia pertenecía a la Magna Grecia, aunque no políticamente, pues llegó Roma y estableció entre Roma y Grecia un “tú” y un “yo” distantes. Timeo en el año 317 se fue a Atenas, allí se vivía el “nosotros” con Sicilia en plenitud. Escribió Historia en 18 libros cuyo tema, aun estando en Grecia, es Sicilia como si fuese su propia patria. Plutarco lo cita nueve veces.

El nombre de Magna Grecia no aparece en ningún autor anterior a Polibio, se refiere así al hablare Pitágoras: “País que entonces se llamaba Magna Grecia” (Polibio 2,39). La Magna Grecia, se extendía desde Apulia y Campania hasta Sicilia. Fue la Magna Grecia centro de dos importantes grupos filosóficos griegos: Parménides fundó una escuela en Elea y Pitágoras otra en Crotona. Crotona también era famosa por disponer de los mejores médicos del mundo griego, así como por ser ciudad natal de uno de los mejores atletas de la antigüedad, Milón, quien fuera seis veces campeón de lucha en los juegos olímpicos y píticos. A Siracusa, otra ciudad destacada de la Magna Grecia, llegaron los griegos desde Corinto en el siglo VIII y la ciudad fue consagrada a la diosa griega Artemisa. En esta ciudad murió Arquímides. En Gela se encuentra sepultado Esquilo. En la época Bizantina, Belisario (535) recuperó la ciudad en manos de los ostrogodos. Los recuerdos griegos en la ciudad se multiplican: el teatro, los templos a Zeus y a Apolo, numerosa estatuaria y el moderno Instituto de Teatro Antiguo con su destacado grupo de actores y revista de investigación teatral Dionisio.

En la Magna Grecia no hay otro, hay “projimidad” dan testimonio de ello los templos griegos mejor conservados de Segesta, Paestum, Siracusa, Posidonia, Agrigentun. Decía Ennio, yo tengo tres almas, pues hablo el osco, el latín y el griego. Desde Apulia hasta Campania las dos almas se sienten.

Polibio (206-124 a.C.) fue griego bajo presencia romana. Escribió nada más y nada menos que 40 libros titulado Historias, de los cuales se conservan completos solo los cinco primeros. El historiador Polibio tiene como objetivo narrar los 52 años que necesitó Roma para hacerse con la hegemonía mundial (220-168), pero retrocede hasta la primera guerra púnica (264). Sin Polibio difícilmente podríamos conocer la historia de los siglos II y III a.C. Polibio como Dionisio escribió de Roma en griego. Fue el primero, afirma, que hizo una historia universal20, en consecuencia, se interesó por el “otro”; una historia que reflexiona, documenta y constata recorriendo numerosos lugares, (Grecia, Roma, Cartago, Hispania) por lo que se siente orgulloso de su contribución a la romanidad, “quórum pars magna fuit”. Dice Polibio: “...de la recíproca comparación y confrontación de los hechos se forma un juicio muy diverso del que se concibió viéndolos separados [...] cuanta ventaja hay del saber al simple oír, otro tanto supera la historia universal a las relaciones particulares”21. Fue Polibio un visionario, pues intuyó que la historia no estaba en el Este, ni en Grecia sola, sino en el Oeste conducida por Roma bajo el espíritu de Grecia; por otra parte, recomienda reconocer con equilibrio virtudes y vicios por igual, si es que los hay, en amigos y enemigos; así mismo, concibe la historia como un pasado que se actualiza en el presente y se proyecta en el futuro22; no obstante ello, descuida la geografía como lo hace Salustio, la geografía es la primera etapa de conocimiento para una integración23. Cicerón se dio cuenta del valor del espacio y recomienda a los historiadores ser minuciosos y precisos24; Michael Grant le acusa de cierta ambigüedad y un exceso de amor a Roma, hasta deformar hechos25. Observamos que la filosofía del “otro” en Polibio es unívoca, defiende la idea que el todo favorece la comprensión de las partes, un todo que no estático, debe ser dinámico y fundamentado en la ética26.

Cicerón (106-43 a. C) no fue griego de nacimiento, pero sí lo fue de alma, dos almas tenía él. Escribía sin descanso como refiere a Ático: “Totus dies consumo in litteris”27. La frase es significativa, dice “consumo”: el día se consume y me consumo con la pluma en la mano, los años caen en la misma actitud. Viajó a Grecia y allí recibió enseñanzas de Fedro, un epicúreo, y de Diodoto, un estoico; asistió a la Academia y se trasladó a Rodas para tomar lecciones de oratoria con Molón de Rodas, famoso en todo el Mediterráneo. ¿Qué más se puede decir de Roma en Grecia en la figura de Cicerón? Sí, la Roma de Cicerón, es la singular ciudad -urbs- que busca “con inmortal cuidado” el alma del “otro”, que siente como la necesidad del alma griega, él mismo lo confesó al decir de su alma griega: “...quae consecutisumus, iis studiis et artibus esse adeptos, quae sint nobis Greciae monumentis disciplinisque traditae”28. Se ha hablado de la angustia de Cicerón, y es cierto, su prosa clásica, perfecta, destila entre sus líneas una lágrima de tristeza: amo, parece decir, a Grecia que ya no es, teniendo que quedarme con Roma, que todavía no es. Para Cicerón, Grecia era una amable nostalgia que llevaba en su corazón. Un afán de analogía relacional se aprecia en su obra, Grecia y Roma son en él y para él lo mismo y a la par culturas distintas. Era su frase frecuente: “Prefiero equivocarme con Platón a sentirme en lo cierto con otros” y la otra que pronunció ante el senado romano: “Nihil Graeciae humanum nihil sanctum” -Nada es más humano y más sagrado que Grecia.

Julio César29. Como toda gran personalidad, figura compleja. Las Guerras de las Galias tuvo diversas motivaciones: saldar las deudas económicas personales; un afán congénito de guerrear; civilizar a los pueblos bárbaros sometiéndolos a la ciudad (civilizar viene de civis, ciudad); levantar su yo hacia un gobierno unipersonal, reipublicae causa, lo que preparará el camino hacia el imperio, todos los emperadores en recuerdo de esta idea romana llevan después el nombre de César.

Numerosas tribus de las Galias vieron en él un destino y se sumaron a él, así en las del Sur fueron todas las tribus, menos los rutenos; en el norte se sienten romanos los remos, suesiones, tricasios incluso los lingones que al final combaten con las legiones romanas. Ciertamente, en un espacio de numerosas tribus muchos se rebelan contra Roma al mando de Vercingetorix. Pablo Castro que ha estudiado con minuciosidad la acción “integradora” de Julio César en las Galias concluye así su análisis: “Si efectuamos un balance final sobre el problema de la clemencia y la auto-representación a partir de las embajadas y relaciones diplomáticas entre los romanos y los pueblos de las Galias, podremos vislumbrar cómo a partir de la otredad bárbara se busca construir una propia imagen que defina la cultura e identidad de los romanos. En relación a esto, la guerra de las Galias ya no sólo representa un campo de batalla donde Roma obtiene gloria y César su poder, sino que empezamos a notar un trasfondo diferente en cuanto se difunde la civilización romana en estos territorios donde impera la barbarie. En este sentido, es posible concebir cómo a través de la clemencia se introducen elementos como la civitas y la humanitas, que permiten construir una imagen de Roma como cultura civilizadora, es decir, un pueblo que pacifica el estado de guerra del mundo bárbaro y enseña los usos civiles como parte de los valores y virtudes de la vida urbana”30.

Julio César, su obra, una construcción de una humanidad más amplia, por ello le importó detallar la geografía, espacio físico que sería de la Romanidad; si optó por la Historia y no los Anales, como testimonia Sempronio Aselión autor de Res Gestae31, es porque consideró que la historia es un servicio a Roma y su destino, asunto más amplio que contar sucesos anuales. Jorge Luis Borges poetiza y ensalza el “otro” de Julio César en estos versos:

…………………………………..

Aquí también el otro, aquel prudente

Emperador que declinó laureles

Que comandó batallas y bajes

Y que rigió el oriente y poniente.

Aquí también el otro, el venidero

Cuya gran sombra será el orbe entero

(Jorge Luis Borges)32.

Sin Virgilio no hay Roma y sin Grecia no hay Virgilio, no solo porque ya su obra magna se titule Eneida en alusión al héroe de la Guerra de Troya, sino porque visitando Atenas se encontró con Augusto; en aquel momento se enfermó de gravedad lo que le llevaría a la muerte. Referir datos vinculantes de Virgilio con Grecia, es inoficioso. Virgilio toma para su árbol raíces griegas, pero el tronco que levanta es romano y la fronda, flores y frutos pertenecen al universalismo de Augusto. Sabias de sus antepasados hay en todos los grandes escritores, lo que no empaca su originalidad; en el caso de Virgilio, esta sabia dibuja tres círculos concéntricos: griego órfico, romano imperial y universal ontológico. Acaso las marca del primer círculo se encuentre en la afirmación de Eneas, que es afirmación del propio Virgilio: “Ego poscor Olympo”33; la segunda, la romana de la época de Augusto, se muestra, al describir la genealogía de Eneas de cuya estirpe surgirá Roma34; y el tercer círculo se abre con aquel verso profético de la Égloga IV “paula maior a canamus”, el imperio con su cabeza toca el cielo.

La obra de Hugo Francisco Bauza. Virgilio y su tiempo nos ahorra a este respecto todo comentario sobre el “nosotros” en Virgilio. El Mantuano se inserta en el concepto “analógico” cultural con respecto a Grecia y propende desde la Roma imperial, a una idea unitaria de “univocidad”, en la que dioses y hombres, naturaleza física y naturaleza humana, las cercanas geografías mantuanas y las lejanas de los partos, Germania o el Tigris se dan la mano: “Habiendo recorrido cada uno la región de otro”35.

Tito Livio nació el año 64 o 59 a.C. Nació en Patavium (Padua), pero el imán de Roma le atrajo muy joven. Su Historia de 142 libros, faltando 107 más, de las que no nada tenemos o solo fragmentos, ello da cuenta de la monumentalidad de la obra. Su pasión por Roma y sus gestas es manifiesta y lo hace sin restar nada a la novela, la literatura como hemos señalado en otras partes es una parte de la historiografía de Roma; el énfasis en la expresividad histórica de Tito Livio no es más que la fe que tenía en el destino de Roma, dice expresamente: “ O me engaña la pasión por el trabajo emprendido, o nunca hubo estado alguno mayor más augusto y más rico en buenos ejemplos, que Roma (…) Hasta el punto que cuanto menos se poseía, tanto menos se deseaba”36. Cubre su historia 744 años, es decir todo el arco de la expansión y desarrollo de Roma, lo que anuncia lo generativo de la cultura de Roma que quiere salvar en unos momentos de inicio de la decadencia, así el Prefacio. A Tito Livio lo situamos en la tesis univocista, por el sentido universalista de su obra.

Dionisio de Halicarnaso (60 a. C al 7 d.C.) fue un historiador. En esta isla de Halicarnaso nació también el padre de la historia, Heródoto (484-426 a.C.). El año 129 a.C. fue triste para la isla, pues cayó bajo el imperio de Roma. Dionisio se educó en Roma como historiador y contó lo de Roma, qué iba a contar sino lo que veía; escribe: Romaniké Archaiología, 20 libros, se conservan íntegros solo 10. Dionisio hablaba latín, pero escribió en griego para los griegos sobre la historia de Roma, completando la de Polibio historiador anterior. Aquí está ya el tema del “otro”: los romanos fueron tales por su origen griego acepta de Roma el cuerpo, escribe sobre Roma, pero no toca el alma, se siente griego. Suetonio (69-130 d.C.) podría haber dicho de él, de haber vivido antes, lo que de Livio y Ennio dijo: “et semigraecierant”37. La palabra es condición necesaria para la cercarse de verdad al otro. La lengua conlleva un nivel expresivo, además del enunciativo y apelativo, y sin lo expresivo no hay verdadera “otredad”; por ello, en un país solo los hijos de inmigrantes escolarizados, se encuentran verdaderamente integrados. En la integración el tiempo hace su labor, las leyes de acercamiento son condición de integración, no causa. La independencia latinoamericana no se hizo con españoles, sino con criollos, los nacidos ya en el continente americano y que lo sentían como propio.

Dionisio dice hablar de Eneas apoyándose en los testimonios de Damastés de Sigeo; ¿quién era Damastés? de él hablan: el Suda, Porfirio, Plinio, Avieno y Estrabón, además de Dionisio de Halicarnaso. En todos estos autores Eneas es el personaje que nos permite hablar de Grecia y Roma juntas, de un “yo”, un “tú”, un “nosotros”, un “vosotros” y un “ellos”. Sin embargo, para Dionisio al no distinguir entre un Eneas griego y un Eneas romano, le asiste cierta univocidad, no tiene resuelto el problema de la “otredad”.

Tácito. Su vida está marcada exteriormente por el “otro”, por la amplitud romana: nació en las Galias (Galia Cisalpina o Galia Narbonense) y su padre fue delegado del emperador en Germania en calidad de procurador y tesorero de las legiones romanas. Casó con una hija del cónsul Cneo Julio, participó en el senado y fue nombrado procónsul de Asía (112-113). Escribió Germania, Historia, Anales y otras obras, que recogen la historia de Roma y el propio pensamiento a la luz de la amplitud de los espacios del imperio que conoció, si bien el centro es la Urbs. Si su visión del “otro” era de integración, las tintas con que cuenta las guerras civiles y no pueden ser más negras, aunque cree en el hombre y la historia imperial, lo que le dio la razón. No tiene buena idea de inclusión con los griegos y los bárbaros germanos, no obstante el que en la época de Adriano en que vive, Atenas era la Universidad de Roma, si creemos a Gregorovius38. En el estilo, Tácito por su uso cincelado del lenguaje, intenso, atractivo, sin obviar una buena dosis de fantasía ha sido llamado el Jorge Luis Borges de Roma. Si Tácito fue un hombre que nació en las Galias, vivió en Germania y fue nombrado procónsul en Asia, uno esperaría una idea romana en Tácito más integrativa, al menos geográficamente; sin embargo, Roma, la Urbs se convirtió para él en el centro al que había que dar toda la importancia; podrán fallar las provincias, mientras Roma subsista vive el imperio, porque Toma es la Caput. No han faltado críticos que han excluido a Tácito de la historiografía romana.

Plutarco de Queronea (50 a 120 d.C.), con Polibio son dos historiadores de la época imperial. Adquirió la ciudadanía romana y el apellido de Lucio Mestrio Floro. Su doble alma griega y romana o por decirlo de otra manera helenística le llevó a dictar enseñanzas en griego en la propia Roma, los emperadores hablaban y escribían en griego39. Escribe entre otras obras Cuestiones griegas y romanas. Su fama se debe a Vidas paralelas, biografías de personajes griegos y romanos contadas como expresa el propio título en forma paralela. Son 22 biografías en estilo sobrio, aunque dramático, llenas de útil información para historiadores o investigadores, pues “historeo” en Herodoto40 es investigar. William Shakespeare extrajo de sus Vidas motivos importantes para sus argumentos dramáticos. Plutarco establece líneas paralelas en el tema del “otro”, como si dijese: “Tú y yo somos igualmente importantes”, esto significa Vidas paralelas, de la voluntad unida de ambos dependerá la historia, es un voluntarista que destaca la importancia del “otro” heroico. Al final de cada vida paralela en la σύγκρισις establece las diferencias. Suscribe en el tema del “otro” la tesis de la analogía, pues, si bien, Roma para él era la rectora, Grecia era la educadora; compatibles ambas funciones, aunque no identificables. Detectó esto Montaigne cuando expresó: “Yo no podría prescindir de Plutarco, tan universal y tan pleno…”

Fedro, el fabulista romano. ¿Podrá existir Fedro sin Esopo, el romano sin el griego? Parece que sí, pues Aristófanes no se refiere a Esopo como fabulista, habla de él como mitólogo: “Algunos cuentan un mito como Esopo, referidos a tiempos idos”, dice Aristófanes; a la fábula esópica, Platón le niega también el mismo nombre, la llama mito41. Sin embargo, la palabra fábula no es griega, es latina. Si Esopo escribe mitos, “ainos” (dicho, relato) en Homero y Fedro por el contra rio fábulas, pareciera ser que semánticamente no hay un “nosotros” aquí, sino un “otro”, irreductibles; pero, ¿la palabra hace la cosa? Estamos nuevamente en el nominalismo.

El Diccionario Griego-Español, publicado en 1980 por el Instituto Nebrija, dependiente del Consejo Superior de Investigaciones Científicas, a Esopo, el griego, lo hace “fabulista”, dice “Esopo, el fabulista”. El gran Adrados42, historiador de la fábula, se aleja de lo semántico y se queda con el contenido al estudiar este género; si es así, ya no hay fabulistas a un lado (Roma) y mitólogos en el otro (Grecia), sino en ambos lados coleccionistas, un gran “nosotros” que nació en la India, pasó por Arabia, Grecia, Roma hasta llegar al Arcipreste de Hita medieval. Se trata en la fábula de un solo narrador, un solo “nosotros” con distintos nombres. La fábula se define: una narración breve, anónima con un fin didáctico. Como vemos, por lo de anónimo, un gran “nosotros” literario instalan a Grecia y Roma juntas, la “otredad” aquí se cumple.

Séneca (4 a.C. 65 d.C.) en el perfil greco-romano se asemeja a Cicerón, a quien recuerda en varias de sus obras43; siguió la doctrina de Epicuro y con toda seguridad se formó en Grecia. Escribió al modo griego tragedias, con títulos que emulan las de Eurípides; importantes Hécuba y Las Troyanas. Su pensamiento sobre el otro se desprende más de su filosofía política que de sus vinculaciones personales con Grecia, que las tenía: griego fue su preceptor Atalo, «Magnae vireloquentiae, ex philosophis, quosnostra aetas vidit, longe et subtilissimus et facundissimus»;estudió también con Sotión, filósofo ecléctico-pitagórico y con Papirio Fabiano; fue amigo íntimo del cínico Demetro, con quien compartió el carácter abierto y tolerante que siempre lo caracterizó y hablaba el griego con fluidez, si bien nunca lo escribió. Estos son los principios sociales que fundamentan su concepto de la “otredad”: no es la inteligencia lo que nos une sino la voluntad dura depósito del afecto hacia los demás, como propone en la Epístola a Lucilo44;los humanos somos de la misma naturaleza, por lo que lucharé siempre contra la esclavitud45;quien no reconozca sus defectos, no logrará la fraternidad verdadera; por lo que la venganza es fuente de toda discordia46.

Su filosofía fue moral y humanista, “paideia” griega. El ideal de Séneca fue, así pues, univoquista, la búsqueda de la máxima igualdad por obra de la moral, filosofía con la que apoyó el paso de la República romana equívoca, al Imperio. El unionismo imperial estaba en la base del pensamiento senequista para quien lo divino y lo humano, la naturaleza y la vida racional del hombre forman una unidad47; censura por lo mismo a los israelitas, que conoció en Egipto por ésta su falta de integración universal48.

Plotino abrió una escuela en Roma (244). Entre sus oyentes figuran el emperador Galieno y su esposa Salonia. Al emperador le propuso fundar en Campania, una ciudad de filósofos según el modelo de la República de Platón (Platonópolis), proyecto que no se concretó. Se ha dicho con razón que Cicerón canalizó Grecia hacia Roma, Séneca trasvasó el consejo y consuelo moral y Plotino elevó aquella doctrina y tal moral hasta los cielos. Grecia y Roma en un camino ascendente. ¿Qué decir de este proceso en la interrelación de culturas? Que nadie se vale solo, que el otro es necesario y que entre todos construimos la verdad. Cicerón, Séneca y Plotino tuvieron conciencia del “otro” como pasos hacia una gran univocidad que llegará al fin de los tiempos, cuando todo se haga uno49.

Conclusión

Hemos hecho un recorrido desde los fundamentos filosóficos que animan o retrotraen la integración de los pueblos, a lo que sucedió en el helenismo, testimoniado por sus escritores, como ejemplo desde Grecia y Roma de lo que debe ser el “otro” y la “otredad”; un ejemplo de la superación de la balcanización de los pueblos y sus restos enquistados en los “nacionalismos” hodiernos apoyados por cierto liberalismo y su aliado económico el capitalismo. En un mundo globalizado, de movimiento de masas humanas emigrantes, mirar el pasado y mirar a Grecia y Roma en aquel periodo helenístico de búsqueda de la comunidad, creo que es sanador

1Precisamos, “intentaron”, pues “los autores antiguos no incorporaron ningún tipo de historia social, un atentado contra lo objetividad” (Michael Grant. Historiadores de Grecia y Roma. Alianza Editorial, Madrid.2003, pág.112.

2”De mil maneras distintas, griegos y romanos aparecen permanentemente e indestructiblemente, entretejidos en el tapiz de nuestra propia existencia (…). Sin su presencia no seríamos lo que somos. En el mundo griego y romano se produjo una serie de acontecimientos que anunciaban y provocaron lo que vino después, lo que estamos viviendo hoy”. Michael Grant en A Short History of Classical Civilitation (1991), lo reproduce en Historiadores de Grecia y Roma, obra citada.

3Reflexionar, no solucionar, pues historia en Heródoto significa precisamente “investigar y “reflexionar” en el sentido que proponía Humboltd, maestro de Ranke, en 1821: “Hay que buscar siempre las ideas que están detrás de los datos”. En el caso de los historiadores que aquí vamos a tratar, muchas objeciones se les podrá hacer a su narración –egoísmos personales, falta de documentación, intereses familiares, loores a las autoridades y hasta odios personales- pero nunca perdieron el norte, que Roma era guía, centro y proyección de futuro.

4Escritores secundarios son: Diódoro Sículo, Dionisio de Halicarnaso, Cornelio Nepote, Veleyo Patérculo, Quinto Curcio Rufo, Apiano, Arriano, Dión Casio, Eusebio, Pablo Orosio. Existen treinta y uno más de obra fragmentaria o desaparecida.

5No hay historiador antiguo alguno que no manifieste preferencias hacia Roma, hacia Grecia, hacia los bárbaros, germanos, persas etc. La “otredad” es un ideal ¿es posible el ideal evangélico “al otro como a ti mismo”?

6Se dice -Ático- que fue Cicerón en su obra Mario el creador del género literario de la biografía exaltadora.

7La historiografía antigua no se entiende al margen de la literatura, es literatura e historia a la vez; decía Lytton Strachey: “La primera obligación de un historiador es ser un artista, es decir, poder de expresión” y en esto coincide con Mommsen.

8Citado por H.J. Muller, The Uses of the Pass (1952), N.Y. Mentor, pág.44. Muller es más incisivo, dice: “El pasado carece de significación excepto en tanto existe para nosotros”

9Citado por Ferdinand Gregorovius. Roma y Atenas en la Edad Media y otros ensayos. F.C.E. México, 1946, pág.7.

10Decía Isócrates: “La belleza, lo más augusto, lo más honroso, lo más divino del mundo» (Panegírico de Helena). Estesícoro por hablar mal de Helena, quedó ciego. Virgilio, con amar la belleza como la amaba, exclama ante las conquistas de Roma: “Hae tibi eruntartes ...” (En. VI, 848-854).

11“Grecia capta ferum victorem cepit” (Ep. II, 1, 156).

12Mommsem, Historia de Roma. t. I, libro l, cap. II.

13De Rep. II, 19: “Influxitenim non tenuisquidam e Graecia rivulus in hancurbem, sed abundantis simusamnis illarum disciplinarum et artium”. Otros precisan otras fechas: “Durante el siglo V y principios del VI, la victoria definitiva del Helenismo es inminente. Los dos pueblos entran en un periodo de vinculaciones estrechas y diarias relaciones” así Juan Francisco Ibarra en su tesis doctoral de la Universidad de Buenos Aires El helenismo en la literatura latino, 1901, pág. 36, una obra bien planteada, pero deficientemente resuelta, el lector esperaría más. Leo en Hugo Bauzá, citando a Calderón Dorda:” Es a partir del año 66 a.C. cuando se produjo la transmigración más importante de maestros helenísticos”. Hugo Francisco Bauza. Virgilio y su tiempo, Ediciones Akal, 2008. Madrid.

14Tit. Liv., I, 56. Consigna los viajes que los romanos emprenden a Delfos buscando los oráculos.

15Si bien hasta la lengua literaria, este bilingüismo se compartía solo a nivel político y comercial.

16Plinio. Nat. Hist. XXV, 2. “…nostri, ómnium utilitatum rapacissimi”. Marco Porcio Catón fue más excluyente, es frase suya recogida por Plin., Nat. Hist., XXIX, 7: “Quando cumqueista gens suas litterasdabit, omniacorrumpet”, en “ista gens”, se está refiriendo a los griegos. Plutarco (Cat., XXII.) nos recuerda otros hechos excluyentes de Catón, expulsó a los filósofos griegos Carneades, Diógenes y Cristolao por, a su parecer, confundir a los romanos sobre la idea de justicia. La lucha entre helenistas y antihelenistas en este momento, no fue un accidente.

17Incluso en la relación analógica es necesario ser muy preciso, no basta decir como Miralles: “Las traducciones del griego al latín, así como la influencia de la literatura y la filosofía griegas en Roma determinaron que la literatura latina fuera, en cierto modo, una continuación de la helenística”. Carlos Miralles. El helenismo. Épocas helenísticas y romana de la cultura griega. Montesinos, Editor, 1989. Barcelona, pág.86.

18Es muy difícil suscribir esta tesis para todos los escritores romanos, dada su arraigada identidad consagrada en la Dea Roma.

19Señalo figuras literarias, pues la historia política greco-romana es más amplia y compleja, si bien el emperador Adriano puede ser presentado como el emperador de la integración helenística; fue más allá de la administración política, adivinó el espíritu que desde el arte y la cultura une a los pueblos.

20El rechazo de Polibio por Timeo era porque éste se atribuía ser el primer historiador de Grecia y Roma en el contexto universal.

21Polibio. Historias, III, 7.

22Polibio, XII, 256.

23Las etapas de integración son muy claras: 1) conocer el espacio para amarlo; 2) aceptar las comidas y costumbres; 3) interiorizarse de las manifestaciones espirituales: música, danza, literatura; 4) hablar ya el idioma del país adoptado o haber limado mi acento extranjero; 5) conocer la historia del país que me adoptó; 6) integrarme socialmente con el residente. A pesar de este esfuerzo de integración, no se dará en forma plena mientras sueñe con mi país; si esto se da, quiere decir que el inconsciente no está integrado. Finalmente, solo los hijos del emigrante serán los verdaderos integrados. En el caso de Hispanoamérica solo los criollos, los hijos, fueron los que se sintieron realmente de esta tierra y reclamaron la independencia.

24Cicerón. Sobre el orador II, 63.

25Obra cita, pág.101.

26Sobre Roma como dinamismo o “romanidad”, conviene recordar la conferencia de Carlos Disandro “Roma y la Romanidad fundamento semántico de Europa y América” (Universidad Metropolitana de Santiago de Chile, 13 de mayo de 1984). Michael Granto recuerda, obra citada pág.21, que Polibio “ejerció una fuerte política en los albores de los Estados Unidos de América”.

27Cicerón. Ad Atticum, Libro XII, 20.

28Ad. Quint., I, 1, 9.

29Moreno, Hernández, Antonio (Coordinador). Julio César. Textos, contextos y recepción. De la Roma Clásica al mundo actual. Universidad Nacional de Educación a Distancia, 2010.

30Castro H., Pablo: “La misión civilizadora de Roma: Notas sobre la clemencia y auto-representación. Una revisión de las relaciones diplomáticas entre Roma y los pueblos de las Galias” (S.I.A.C.), en Intus-Légere, 2011. Vol. 5. Nº 1.

31“Los libros de Sempronio Aselión abarcan como mínimo hasta el año 91 a. C. (a juzgar por el Frg. 11 según la ordenación de H. PETER –Historicorum Romanorum reliquiae, I, Stuttgart, 1967, 179-184-, dedicado al asesinato de Marco Livio Druso), sin descartar que pudieran descender hasta los años 86 ó 83 (si se tiene en cuenta el Frg. 13, sobre -en opinión de algunos- la destrucción del Pireo por Sila, o bien -según otros- sobre la destrucción por el cónsul Lucio Cornelio Escipión del teatro edificado por el censor Lucio Casio). Sea como fuere, debió dedicarse a la historia desde poco después de haber sido nombrado tribuno hasta su edad más avanzada, siendo probable que su obra fuera escrita entre los años 90 y 80”, información tomada de Matías López López. Universidad de Lérida, “Sempronio Aselión y su lugar en la historiografía romana”, en Myrtia, Nº 10, 1995, nota 12.

32“César”, Los Conjurados (1985). Biblioteca Borges, Madrid, 1998.

33Virgilio. Eneida. VIII 533).

34Virgilio, Eneida, canto VI. Prescindimos del debate filológico sobre el tema genealógico romano, y remitimos a “Tradición e innovación en el canto VI de la Eneida de Virgilio” de Robert Schilling, en Virgilio. En el bimilenario de su muerte. Compilador Hugo Bauzá. Edic. Parthenope. Buenos Aires, 1982. La exaltación de Roma, Urbs, se encuentra en otras muchas partes de Virgilio, destacamos aquellos versos de Títiro que seguramente representa al propio Virgilio, “Urbem quam dicunt Romam” y juzga necio al que compare otra ciudad con la Ciudad.

35Virgilio. Égloga I. 59-63.

36Tito Livio, I,1.

37Suetonio. De Gramaticis, I.

38Obra citada, pág.22: Alejandría, Esmirna y Atenas eran los centros culturales, mientras que Roma era el centro cosmopolita.

39Gregorovius, o. cit. pág.26.

40Heródoto. Hist. Libro II.113.

41Platón. Fedón 60.

42Adrados F.R.: Historia de la fábula greco-latina, vol. III: Inventario y documentación de la fábula greco-latina, Madrid, Editorial de la Universidad Complutense, 1987.

43Séneca. De Tranquillitateanimi XVI.

44Séneca. Epistolae ad Lucilium, 52,6.

45Séneca. De Beneficiis, III, 28.

46Séneca. De Ira, II, 33.

47Séneca. Epistolae ad Lucilium, 88,31.

48Ibidem. Apistolae ad Lucilium, 95,47.

49Efesios I, 7-10.

Recibido: 06 de Julio de 2017; Aprobado: 06 de Septiembre de 2017

Creative Commons License Este es un artículo publicado en acceso abierto bajo una licencia Creative Commons