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Byzantion nea hellás

versión On-line ISSN 0718-8471

Byzantion nea hellás  no.37 Santiago oct. 2018

http://dx.doi.org/10.4067/S0718-84712018000100175 

Grecia antigua

Entre el helenismo y el imperio romano. La visita de Pausanias a Corinto

Between hellenism and the roman empire. The visit of Pausanias to Corinth

Álvaro Moreno Leoni 1  

1 Doctor en Historia. Profesor Adjunto de Sociedades Antiguas de la Universidad Nacional de Río Cuarto y Profesor Asistente de Historia Antigua General de la Universidad Nacional de Córdoba (Argentina). Investigador en el Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas. Pertenencia Institucional: Universidad Nacional de Río Cuarto - CIECS/UNC-CONICET, Argentina. moreno.leoni@gmail.com

Resumen:

Pausanias era un enigmático aristócrata griego del área lidia de Magnesia del Sípilo, en el Asia Menor romana. A mediados del siglo II d.C. recorrió Grecia y publicó una Periégesis, quizá entre 155-175 d.C., en la cual buscó construir una imagen del pasado para dar forma a una identidad griega en el presente. El objetivo de este artículo es mostrar que existen algunos disensos entre Pausanias y sus fuentes “locales”, posiblemente “orales”, que se hallan presentes en algunas digresiones. En particular, la discusión tendrá en cuenta la digresión sobre Corinto y el culto a Deima, lo que permitirá comprender la visión del periegeta sobre la Corinto romana y sobre la “grecidad” de sus habitantes actuales.

Palabras claves: Pausanias; Corinto; Helenismo; Imperio Romano; Identidad

Abstract:

Pausanias was an enigmatic Greek aristocrat from the Lydian area of Magnesia ad Sypilum, in Roman Asia Minor. In mid 2ndcentury AD he travelled through Greece and published, maybe between 155 and 175 AD, a Periegesis in which he sought to construct an image of the past in order to shape a Greek identity in the present. The aim of this paper is to show in some digressions the disagreements between Pausanias and his “local” sources, possibly “oral”. Especially, the discussion will take into account the specific vision of the periegete on Corinth and the cult to Deima. It will allow to understand the periegete’s vision on Roman Corinth and the “Greekness” of its contemporary inhabitants.

Key words: Pausanias; Corinth; Hellenism; Roman Empire; Identity

Introducción

Pausanias es un autor bastante enigmático, que pertenecía a la élite urbana del Asia Menor romana, del área de Magnesia del Sípilo en Lidia1. La escasa información biográfica que se tiene proviene, exclusivamente, de la propia Periégesis y ha llegado a nosotros, por lo tanto, a través de un filtro controlado por el narrador2. Como señala J. Akujärvi, cualquier elucubración biográfica más allá de la constatación de que se trataba de un individuo bien educado y lo suficientemente rico como para viajar y llevar a cabo una investigación no tiene mucho sentido3. Sobre la base de referencias históricas internas, se cree, además, que Pausanias escribió y publicó entre c. 155-175 d.C. los diez libros de su Periégesis, que los estudios modernos generalmente traducen como Recorrido, Descripción o Guía de Grecia.

En la misma se lleva adelante una verdadera operación de relectura del pasado con una propuesta general de (re)pensar la identidad griega bajo dominio romano. Pausanias no era ajeno, en ese sentido, al vasto proyecto contemporáneo de autoexamen cultural en el cual la élite griega se había embarcado con la Segunda Sofística4. Él aspiraba a construir, en concordancia con esta, una memoria “panhelénica”, seleccionando y recuperando para ello “las cosas griegas (τὰ Ἑλληνικά)” (Paus. 1.26.4), lo que implicaba la pretensión de brindar una imagen coherente y uniforme de Grecia, que lo ponía ante el problema de domesticar y enmarcar la polifonía de memorias locales.

De acuerdo con lo expuesto en la historiografía de las últimas dos décadas, la actitud del periegeta en el proceso de selección e interpretación del material recogido en sus fuentes, tanto escritas como orales, fue activa. Su visita a la ciudad de Corinto, cabeza de la provincia romana de Acaya, ofrece para ello un estudio de caso interesante. Una vasta literatura académica ha resaltado, en ese sentido, que existe una articulación entre procesos globales y locales, y que la ‘localidad’ no existe en sí misma, sino que constituye un producto específico del contacto con las perspectivas supralocales5. Recientemente, el tema ha sido explorado también para el mundo grecorromano6. En ese sentido, vale preguntarse, entonces, qué huellas del diálogo y de la tensión entre el proyecto de memoria panhelénico de Pausanias y las memorias “locales” con las que entró en contacto puede reconocerse en la Periégesis. ¿Cómo intentó el periegeta hacer prevalecer su propia visión? O, en otras palabras, ¿cómo logró dar voz a una multiplicidad de tradiciones “locales”, sin por ello renunciar a disciplinarlas y enmarcarlas dentro de su propio proyecto personal de “(re)construcción” de una memoria “panhelénica”?

Pausanias en los últimos años: el problema de las fuentes

Pausanias viajó y conoció personalmente buena parte de Grecia continental, experiencia que utilizó para redactar una obra en la que propuso un recorrido bastante fiable por los lugares y monumentos arcaicos, clásicos y helenísticos más destacados aún visibles en el paisaje de la provincia de Acaya en su época. Su recorte del espacio griego fue bastante personal, puesto que,aunque era casi equivalente al territorio de la provincia romana, no había una coincidencia exacta. Buena parte de las regiones tradicionalmente consideradas pertenecientes a Grecia fueron, sin embargo, excluidas: las islas del Egeo -excepto Egina-, Etolia, Acarnania, Tesalia y, lógicamente, Epiro y Macedonia.7 En las descripciones, por su parte, introdujo numerosas digresiones, o “discursos” (λόγοι), con información adicional para los lectores sobre la historia y la cultura griegas, que permitía enmarcar y resignificar su descripción de los monumentos, lugares y rutas dignos de ver (θεωρήματα)8. De cualquier modo, la obra pudo haber tenido poco impacto en la Antigüedad, dado que prácticamente no fue citada, quizá por su carácter poco convencional. Su formato particular, único en la literatura griega conservada, convirtió a Pausanias, no obstante, en un autor muy popular entre los primeros aristócratas europeos que, a comienzos del siglo XIX, se embarcaron rumbo a Grecia para realizar su Grand Tour formativo llevando consigo una copia de la Periégesis en sus maletas como guía9.

Muchas fuentes de información intervinieron, por su parte, en la composición de la obra y su identificación a menudo es difícil, cuando no imposible, a pesar de los esfuerzos de la Quellen for schung desde el siglo XIX10. Las historias orales y las tradiciones locales, aunque difíciles de identificar salvo mención por parte del autor, constituían una preocupación extendida entre los contemporáneosen tanto “servían como un idioma común en la interacción entre las comunidades”, y el periegeta debió entrar en contacto con ellas, por lo tanto, en cada poblado visitado11. Se ha sostenido, en efecto, que la Periégesis ofrece un acceso a huellas de estas historias locales que dan cuenta, en última instancia, del involucramiento activo de las comunidades griegas en la compleja vida cultural del imperio romano12.

Pausanias realizó, por su parte, una selección propia de lo que, desde su óptica, constituían cosas “dignas de recuerdo” (ἄξια μνήμης) capaces de conducir a los griegos contemporáneos a comportarse como sus antepasados y, de ese modo, seguir siendo griegos aún bajo dominio romano13. Y. Lafond advierte, por su parte, que la Periégesis constituye, en ese sentido, un esfuerzo intelectual por superar la realidad histórica de las divisiones de los griegos en el pasado, apelando a las posibilidades de una historia intencional para volver posible “una Grecia libre y unificada”14. El viaje, por lo tanto, no era un acto pasivo de contemplación, sino que implicaba una construcción cultural activa vinculada a las preocupaciones panhelénicas contemporáneas.

Con todo, el periegetano es ingenuo sobre las posibilidades prácticas de recuperar para sus lectores una imagen monolítica de la historia y la cultura griega en el imperio romano. Por un lado, como un pepaideuménos, tenía la formación intelectual común de la élite griega del imperio romano y, si bien sus lecturas no eran vastas, su conocimiento en algunos campos era profundo, en particular, en religión, arte e historia. Por otro lado, también tuvo acceso a tradiciones orales, recogidas en el campo durante sus entrevistas, su observación de los sitios y monumentos y su lectura de epígrafes antiguos15. Sabe perfectamente, por lo tanto, que “la mayor parte de los asuntos de Grecia son objeto de disputa (ἥκειγὰρδὴἐς ἀμφισβήτησιν τῶνἐντῇ Ἑλλάδιτὰ πλείω)” (Paus. 4.2.3). Esta aproximación diversa a la memoria, y a las tradiciones, queda plasmada envarios pasajes de su obra que imitan indisimuladamente, y con cuidado, el estilo expositivo de Heródoto16.

Recientes interpretaciones han contribuido a atenuar la importancia prestada al recorrido en la obra y a reconocer, por el contrario, la centralidad de las historias asociadas a la descripción17. Historiadores y arqueólogos desde fines del siglo XIX hasta el tercer cuarto del XX expurgaban el texto y desestimaban las digresiones por considerarlas “pequeñas informaciones mentirosas destinadas a forzar dulcemente la convicción del lector”, una actitud que está siendo objeto de revisión en la actualidad18. Por ejemplo, se ha reconocido a la obra cierta perspectiva “histórica” derivada de los objetivos del autor. D. Musti opina así que la Periégesis es una “lectura histórica del paisaje”19, mientras que F. Chamoux la ve como “una obra de historia sobre una base topográfica”20. A. Trendelenburg había advertido ya que las digresiones mítico-históricas representaban casi la mitad del texto, y que las históricas, en especial, cubrían 330 páginas de las 860 de la edición de Spiro21. Así, por ejemplo, la introducción histórica de Laconia ocupa el 36% del libro, la de Arcadia el 10%, la de Mesenia el 80%, mientras que la de Acaya el 56%22.

La valoración actual de la obra ha cambiado en consonancia con estos estudios. En especial, se ha desestimado absolutamente una equiparación directa con las guías turísticas modernas. En efecto, no es una compilación “objetiva” de información para viajeros. Según W. Hutton, se pensaba que Pausanias era un “zopenco fiable”, prolijo y honesto en la información compilada, pero absolutamente incapaz de integrarla dentro de un marco interpretativo propio23. No es extraño, entonces, que durante mucho tiempo se lo considerara una fuente útil solo para que los arqueólogos pudieran identificar monumentos y que, en ese sentido, se desestimaran sus “discursos”.

En algunos casos, el periegeta individualiza sus fuentes orales, como ocurre, por ejemplo, con los exégetai (ἐξηγηταὶ), generalmente traducidos como “guías” o “expositores”24. Estos individuos no deberían ser confundidos con los Ciceroni modernos, que ofrecían sus servicios a turistas, pues se trataba más bien de hombres de la élite, que tenían a su cargo tareas en los cultos cívicos tradicionales, o bien, en todo caso, de anticuarios locales25. A veces, el periegeta se refiere a sus informantes de otros modos. En algunos casos, muestra cierta precisión, por ejemplo, cuando menciona información proporcionada por “el guardián de las leyes de los eleos (ὁ νομοφύλαξ Ἠλείων)” (6.23.6). Otras veces, sin embargo, exhibe cierta vaguedad, como cuando se pregunta retóricamente “si el anciano (εἰδὲ ὁ γέρωνὅντινα)” al que interrogó le ha dicho o no la verdad (6.24.9), o cuando afirma lo que dicen “los que recuerdan las cosas más antiguas en Patras (Πατρέωνδὲοἱτὰ ἀρχαιότατα μνημονεύοντές)” (7.18.2). En cualquier caso, sus interlocutores son generalmente “locales”, que exponen al autor sus propias tradiciones.

Buena parte de esta información puede constituir, entonces, una base adecuada para explorar el problema de las tradiciones locales griegas, tal como ha sido abordado en algunos trabajos recientes26. Al respecto, puede señalarse que Pausanias utiliza el término ἐπιχώριος (“local”), y sus derivados en 64 oportunidades, más que cualquier otro autor griego, lo que revela en sí cierta sensibilidad por lo “local”27. Las tradiciones eran vehículos de memorias e identidades “locales” polifónicas, por ello, los asuntos de Grecia, como admitía el propio periegeta, eran objeto de disputa porque siempre existía cierta apropiación del pasado en clave “local”, y Grecia era a la vez una y múltiple. El recorrido geográfico y cultural por Grecia en la Periégesis habría buscado justamente orientar a su lector para ser un correcto theôrós, observador/juez, de la cultura griega más allá de los matices regionales28. En el campo de estudios sobre la memoria griega bajo dominio romano la (re)evaluación de la tensión entre lo “local” y lo “panhelénico” se ha vuelto en los últimos años un tópico importante de discusión, lo que ha repercutido en las reflexiones sobre Pausanias29. En un plano teórico general, esta tensión local/global sólo tiene sentido dentro del nuevo marco imperial romano, y cultural general, de redefinición general del helenismo. Ambas realidades “globales” permiten a los pueblos y ciudades construir perspectivas desde lo “local” para diferenciarse, distinguirse, preservar y construir ciertos rasgos identitarios frente al fenómeno homogeneizador30. Pausanias responde a una cierta visión panhelénica, que incluye en el “helenismo” a los griegos continentales y a los asiáticos, y que mucho debe para su conformación paradójicamente a la realidad política imperial romana. Su descripción del rito sacrificial en honor de Ártemis Lafria en Patras (Paus. 7.18.11-13), o la de los despojos expuestos en el templo de Atenea Alea en el territorio de Tegea (Paus. 8.45.4-7), nos alertan sobre su disenso implícito con determinadas tradiciones “locales” en el marco del imperio. Este disenso es bastante notable en el caso de la Corinto romana, como veremos a continuación.

Corinto en época romana

La historia de la ciudad sufrió un quiebre con la conquista romana. Tras derrotar a las últimas fuerzas aqueas en el Istmo, L. Mumio ordenó arrasar Corinto, que había sido uno de los principales focos de la resistenciaa Roma (146 a.C.)31. El saqueo y la destrucción no se habrían limitadoal núcleo urbano, sino que, en el territorio, Istmia, Céncreas y el Hereo de Peracora también fueron alcanzados32. Algunos testimonios, especialmente Cicerón, y también arqueológicos, brindan indicios en favor de alguna continuidad en la ocupación humana del sitio33, pero la ciudad como comunidad política, como pólis, había cesado su existencia. El territorio, por su parte, quedó dividido en dos áreas. La primera fue incorporada al agerpublicus Romanus, mientras que la segunda, por su parte, fue asignada a Sición, que junto con Argos recibió también el honor de organizar los Juegos Ístmicos. Un epigrama de Antípatro de Sidón (s. II a.C.) acentúa esta imagen de destrucción y abandono de Corinto: “Nada, en efecto; ni siquiera un rastro, desventurada, ha quedado de ti, lo devoró completamente la guerra tras arrebatarlo todo”34.

Unos cien años más tarde, en el 44 a.C., Julio César promovió una refundación como Colonia Laus Iulia Corinthiensis, cuyos primeros habitantes habrían sido libertos romanos, así como también algunos veteranos de las campañas de César35. A. Spawforth realizó un estudio prosopográfico de los 42 duoviros firmantes en las acuñaciones cívicas de bronce durante el primer siglo (44 a.C.-69 d.C.), que demostró, sin embargo, que la composición de la élite corintia se volvió progresivamente más variada (libertos acaudalados, negotiatores del oriente romano, veteranos de las legiones y notables griegos provenientes de otras ciudades peloponesias)36. Es posible, además, que los colonos no fueran inicialmente muy numerosos, quizá apenas unos 3000, aunque esta cifra es hipótetica, y está basada en una analogía con el número de colonos asignados por César a Cartago el mismo año37.

Un fuerte terremoto en el 77 d.C. destruyó buena parte de la ciudad, lo que ocasionó la intervención deVespasiano y, como agradecimiento, la adopción del nuevo nombre de Colonia Flavia Augusta Corinthiensis, aunque solo hasta el fin de la dinastía flavia. En su camino a las Guerras Judías, Adriano se detuvo en la colonia y la dotó, entre otras cosas, de un nuevo baño y de un importante acueducto para traer agua del lago Estínfalo. En definitiva, dos tipos de monumentos que hacían a la identidad de toda ciudad romana. Durante el siglo II d.C., como advierte D. Engels, “Corinto alcanzó el apogeo de su tamaño y prosperidad”38. Los restos materiales, en particular las estructuras edilicias judiciales y administrativas, se volvieron más numerosos que en cualquier otra ciudad griega39. Como ha señalado C. Fornis, tanto el ordenamiento del paisaje urbano-rural, como el diseño espacial y arquitectónico fueron propiamente romanos (foro, capitolio, centuriación y planificación urbana, red viaria, baños públicos, acueducto, etc.)40. Incluso, a diferencia de la otra colonia romana en la provincia de Acaya, Patras, había mayor número de estatuas togadas, incluso, más que en las demás ciudades de Acaya, Macedonia, Creta y Cirene41. Finalmente, en una época tan tardía como el reinado de Adriano, quien había hablado de las colonias romanas como efigies parvae simula craque Romae (“imágenes o copias en pequeño de Roma”) en su oratio pro Italicensibus, los corintios exhibieron su adhesión al imperio y a su modelo mediante la erección de una estatua de Roma sobre las siete colinas42.

En su clásico estudio, S. Alcock había puesto el acento en el impacto concreto del control romano sobre Grecia continental, que había transformado el paisaje rural y las estructuras de ocupación del espacio43. Sabemos ahora que el impacto romano no se manifestó únicamente en el plano político, sino también en el cultural. A. Spawforth ha relacionado los rasgos morales generales de la reforma augustea con el desarrollo contemporáneo en Grecia de ciertos tópicos de la historia y de la cultura griega clásicas en la literatura de la época, pero, sobre todo, en las fiestas locales44. En el caso de la Corinto romana, el impacto cultural fue particularmente profundo y duradero, debido especialmente a su estatus de colonia romana.

Algunos autores, como P. Cartledge y A. Spawforth han calificado a la ciudad como “el centro de la romanidad” en Grecia; S. Alcock, por su parte, como “la comunidad cabeza de puente” de la influencia romana en Acaya45. La élite, quizá compuesta en gran parte por el núcleo de familias colonas originales, como señala Engels, “se identificaban con la lengua latina y la cultura romana”, como correspondía a la élite cívica de una capital provincial, pero buena parte de los miembros de las clases trabajadoras probablemente también lo hicieran. Al menos, los nombres latinos inscriptos en las lámparas y en las terrasigillata, que eran producidas en la ciudad y exportadas, parecen apuntar en esa dirección46. Fue famosa también, en época imperial, la afición de los corintios por las luchas de gladiadores yla caza de bestias salvajes, un interés que sorprendía a muchos griegos47. Esta afición duró bastante. En la segunda mitad del siglo III d.C. se construyó un gran anfiteatro para alojar estas actividades, incluso mayor que el Coliseo48. La Carta 198 de Ps. Juliano, de fines del siglo I d.C. o quizá comienzos del II d.C., confirma esta crítica griega a prácticas culturales no propias del helenismo (408d-409a)49.

Dado su estatus de colonia, hasta el reinado de Adriano (117-138 d.C.) se da en la ciudad un predominio de las inscripciones en latín, que se utilizan en dedicatorias, monumentos funerarios, inscripciones monumentales y en registros de beneficios, es decir, para todo motivo excepto para las inscripciones por los Juegos Ístmicos. A partir de ese momento, comienzan a primar, por el contrario, aquellas escritas en griego50. El sentido contextual del uso de una lengua impide, sin embargo, dar a este testimonio un sentido de pertenencia étnica. Es notable, por otro lado, que las inscripciones fúnebres muestren un mayor grado de solapamiento cultural entre el griego y el latín, y que, además, prácticamente todos los grafitis conservados estén en griego51. El helenismo de la ciudad era, por lo tanto, más marcado de lo que podríamos imaginarnos si tuviéramos en cuenta solo los testimonios tradicionales. Finalmente, es posible que se produjera además una tendencia tardía a la adopción del griego incluso en las inscripciones públicas, en consonancia con la nueva política cultural impulsada por Adriano. Pese a estos cambios culturales, la ciudad no perdió su carácter de punto clave del dominio romano en oriente52. De hecho, un contemporáneo de Pausanias, Apuleyo, escribía sobre Corinto caput est totius Achaiae provinciae (“es la cabeza de toda la provincia de Acaya”)53.

Algunos indicios parecen apuntar, con todo, a que a partir del siglo II d.C. la élite corintia habría intentado asociarse activamente con el pasado de la ciudad griega54. Pudo tratarse, en efecto, de un fenómeno extendido al conjunto de los habitantes, que no solo revivieron antiguos cultos de deidades olímpicas, sino que adoptaron símbolos cívicos como los de Belerofonte y Pegaso para sus monedas, o administraron, incluso, los Juegos Ístmicos haciendo uso exclusivamente del griego55. Algunos autores, como G. Bowersock, incluso imaginaron que este éxito se debía en realidad a que los libertos, que habían conformado el núcleo inicial de población, eran de origen griego y su asignación como colonos habría sido un retorno56. Según Dión Crisóstomo, Favorino habría elogiado, aunque quizá burlonamente, el carácter helénico de los nuevos pobladores de la ciudad en el segundo cuarto del siglo II d.C.57 En un pasaje de la Fisiognomía - que se conserva en una traducción árabe- también el célebre orador de Esmirna, Antonio Polemón, que Adriano había invitado por su prestigio a pronunciar un discurso en la dedicación del Olimpeion en el 130 d.C., señalaba su interés por los griegos “puros”, que no se habían mezclado con otras razas. Entre los primeros, mencionaba, sorprendentemente, a argivos, corintios y a “los demás”58. En época imperial, en especial en el marco del Panhelenio, del cual Corinto formó parte, las ciudades del oriente griego buscaron apelar de forma sistemática a su pasado griego clásico, asociándose al mismo y reinventando su identidad cívica. Corinto no parece haber sido, entonces, la excepción.

Pausanias y los colonos corintios

Se desconoce la fecha exacta de la visita de Pausanias a Corinto, pero se supone que la redacción definitiva del libro 2 se produjo entre c.155-170 d.C.59 Con respecto a esta visita, su actitud frente a la presencia de la cultura material romana en la colonia es de extrañeza, cuando no de hostilidad, como ha señalado M. Torelli, puesto que se detiene muy poco en sus edificios, que exhiben una fachada pública demasiado romana60. La materialidad de la ciudad, en efecto, no provee mucho al periegeta para su proyecto cultural panhelénico, lo que hace que esta vez su relato no sea tan útil para ayudar a los arqueólogos modernos a identificar correctamente edificaciones.

Pero la actitud de Pausanias es aún más compleja. C. Calame se refiere a la multiplicidad de actitudes que los griegos desplegaron frente a su pasado en los santuarios como “lugares de memoria”, entendidos como signos (τὰσημεῖα), o “conectores”, entre presente/pasado que permitían articular la memoria colectiva61. Allí, celebraciones ritualizadas eran llevadas a cabo regularmente para reactivar en el presente, y de manera comunitaria, la “historia” que las comunidades construían como propia. En ese sentido, Pausanias muestra un claro disenso con las tradiciones corintias desde el comienzo del libro 2: “No conozco a nadie que dijera hasta ahora en serio que Corinto era hijo de Zeus, a no ser la mayoría de los corintios” (Paus. 2.1.1). La hostilidad, mezclada con indiferencia, es el principal rasgo de su relato. Sin embargo, en esta indiferencia, y en sus correspondientes silencios, hay elementos importantes. Me detendré, en especial, en un indicio notable, a mi modo de ver, que es su digresión sobre los sacrificios anuales a Deima (“el Terror”). Escribe Pausanias lo siguiente:

“(6) Yendo desde el ágora por otro camino que conduce a Sición se puede ver a la derecha del camino un templo y una imagen de bronce de Apolo, y un poco más allá una fuente llamada de Glauce, pues en ésta se lanzó Glauce, según dicen, pensando que el agua sería un remedio contra las pócimas de Medea. Más arriba de esta fuente está el llamado Odeón, y junto a él está el sepulcro de los hijos de Medea; sus nombres son Mérmero y Feres, y se dice que ellos fueron apedreados por los corintios a causa de los regalos que le llevaron a Glauce. (7) Como su muerte fue violenta e injusta, aniquilaba a los niños pequeños de los corintios, hasta que por vaticinio del dios se establecieron sacrificios anuales en su honor y se erigió una estatua de Deima. Ésta todavía existe entre nosotros; es la figura de una mujer que inspira terror. Pero después de que Corinto fue destruida por los romanos y los antiguos corintios murieron, aquellos sacrificios ya no se celebraban entre los colonos, ni sus hijos cortan sus cabellos, ni llevan vestidos negros”. (Paus. 2.3.6-7)

Pausanias creía que los niños estaban, en efecto, enterrados en el lugar, aunque es probable que estuviera mal informado al respecto porque el templo de Hera Akraia, donde los niños supuestamente habían sido muertos y, luego, se habían vuelto objeto de culto cívico se encontraba a casi 65 km de distancia en Peracora62. El hiato físico, biológico, entre los antiguos habitantes de la ciudad, los corintios, y los nuevos, los colonos, producto de la destrucción experimentada por la ciudad, se completa con un quiebre definitivo en una práctica ritual específica de la comunidad cívica sacrificial. El ritual, que implicaba un sacrificio y una performance particular de duelo colectivo por parte de los ciudadanos por un acontecimiento ocurrido en el pasado mítico de la pólis, había desaparecido, como si los nuevos habitantes no se consideraran ya responsables de mitigar su culpa por la injusticia cometida contra los hijos de Medea en el pasado, que, de ese modo, se volvía para ellos ajeno.

Como hemos señalado, algunos estudios han avanzado la hipótesis de una continuidad en la ocupación del espacio de la Corinto destruida, entre los años 146-44 a.C., intentando llamar la atención sobre el hecho de que los antiguos habitantes habrían podido permanecer dispersos por el territorio o, incluso, ocupando partes del antiguo núcleo urbano. Pero esto no constituye un argumento en favor de la continuidad de la ciudad, porque la pólis, con sus instituciones y sus rituales cívicos colectivos, que fundaban la comunidad política sacrificial, no parece haber tenido continuidad justamente por la eliminación del cuerpo cívico original (la comunidad sacrificial). Resulta de interés, al respecto, la postura específica de Pausanias sobre la discontinuidad. Muchos otros pasajes en la Periégesis confirman, en mi opinión, esta drástica lectura del periegeta, a contrapelo de la tradición local.

En primer lugar, para el periegeta hay una discontinuidad biológica entre ambas poblaciones. En el pasaje citado arriba lo explicita: Corinto fue destruida y sus antiguos habitantes murieron (Paus. 2.3.6). En la obra existe, en efecto, una marcada distinción entre los “más recientes corintios” (Κορίνθιοι... νεώτατοι) o “los presentes habitantes” (τοὺς νῦνοἰκήτορας) (Paus. 2.2.2), que no son griegos, y los “antiguos corintios” (οἱἀρχαῖοι Κ.: Paus. 5.25.1; οἱτότε Κ.: Paus. 5.17.5; Κ. οἱ Δωριείς: Paus. 5.10.5). Los nuevos colonos son considerados recién llegados sin vínculos con la antigua pólis: “En Corinto no vive ya ninguno de los antiguos corintios, sino colonos enviados por los romanos... Mumio, que estaba al mando del ejército romano, asoló Corinto, y dicen que después la repobló César, que fue el que estableció el actual régimen político de Roma; y también reconstruyó Cartago durante su mandato” (Paus. 2.1.2). Si tenemos en cuenta que, para la perspectiva griega, y en ello la opinión de Aristóteles es orientadora, la pólis son los ciudadanos, la desaparición de estos últimos, sostenida por el periegeta, extingue el fenómeno políada, estableciendo una ruptura decisiva entre la Corinto griega y la romana.

En segundo lugar, una discontinuidad en el asentamiento urbano, en la dimensión material de la ciudad, en los monumentos que la pólis ofrecía para ver a sus visitantes (y a través de su obra Pausanias a sus lectores). Se ha advertido que la Corinto que Pausanias visitó era muy pobre en el tipo de material que interesaba más al periegeta: obras de arte y monumentos previos a la conquista romana63. Es interesante que en 2.3.1, por ejemplo, el periegeta introduzca la siguiente noticia: “Por encima del ágora hay un templo de Octavia, hermana de Augusto, que fue emperador de los romanos después de César, el fundador de la Corinto actual (τὸνοἰκιστὴν Κορίνθου τῆς νῦν)”64. Por su parte, antes había expuesto lo siguiente: “Entre los monumentos dignos de mención en la ciudad hay unos que son vestigios del pasado, pero otros, la mayoría, fueron construidos en el esplendor posterior” (Paus. 2.2.6). La ciudad tiene “esplendor”, es imponente, como toda capital provincial, pero casi no tiene huellas de su pasado griego. En su materialidad es romana, impensable sin el dominio romano, su carácter de capital de Acaya y de colonia romana. ¿Queda sitio, entonces, para ser pensada como una ciudad griega?

Finalmente, en tercer lugar, Pausanias no deja de advertir la discontinuidad cultural entre la ciudad griega y la romana. En efecto, lo había señalado de forma implícita en el caso del discontinuo sacrificio a Deima, pero lo advierte, de forma lógica, también en el caso de la lengua de los pobladores, al menos, de la lengua oficial en la que se inscribían las decisiones públicas en la ciudad, propias del hábito epigráfico de una ciudad imperial romana: “Más arriba del teatro hay un santuario de Zeus Capitolino en lengua de los romanos; en lengua griega sería llamado Corifeo”65. La Corinto actual no posee, por lo tanto, ni la lengua, ni los ritos de la antigua y, por lo tanto, difícilmente puede considerársela “griega”, parte del “helenismo”, al menos, tal como el mismo es concebido por Pausanias.

Conclusión

En su recorrido por la Corintia Pausanias no dejó de advertir la centralidad de una ciudad que, bajo el imperio, se había convertido en el centro del dominio romano sobre Grecia. En su proyecto cultural el periegeta, sin embargo, no estaba particularmente interesado en la realidad histórica presente, sino, por el contrario, en la construcción discursiva de un pasado griego anterior a la conquista romana. Rara vez menciona, por lo tanto, monumentos, personajes o acontecimientos posteriores al 150 a.C.66 El caso de Corinto resulta, en ese sentido, particular por el significado de la presencia de la colonia romana cabecera de la provincia para la imagen del helenismo que se quería resaltar. Un pasaje del libro 5 resulta al respecto esclarecedor:

“Los arcadios desde el comienzo hasta hoy, han continuado en posesión de su tierra. Los restantes han venido de fuera. En efecto, los corintios de hoy son los más nuevos de los peloponesios, y desde que recibieron del emperador la tierra hasta mi época han pasado doscientos diecisiete años (Κορίνθιοι μὲν γὰροἱνῦν νεώτατοι Πελοποννησίων εἰσί, καὶ σφισιν, ἀφ’ οὗτὴνγῆν παρὰ βασιλέως ἔχουσιν, εἴκοσινἔτη καὶ διακόσια τριῶνδέοντα ἦνἐςἐμέ)”. (Paus. 5.1.2).

En un mundo griego como el del siglo II d.C., que valoraba de forma especial la antigüedad y pedigrí arcaico y clásico que las ciudades eran capaces de exhibir, a menudo recurriendo a historias ficticias e invenciones de tradiciones para avalarlos, no es banal la sugerencia de que los actuales corintios eran los “más nuevos” del Peloponeso. K. Arafat ha señalado que es probable que Pausanias viera en Corinto el centro del influjo de la “romanidad” en Grecia, y que ello lo predispusiera a desdeñarla67. Pero en la época de suvisita, no más allá del 155 d.C. tras la revitalización del helenismo bajo Adriano, parece más probable que la élite corintia estuvieraintentando asociarse con el pasado griego de la pólis, tal como sugieren los testimonios de Favorino y Antonio Polemón. Una tradición “local” de continuidad con la Corinto antigua habría sido conocida por Pausanias, quien, en consecuencia, habría optado por acentuar ciertas debilidades de esta memoria “local” francamente incongruente con su propio constructo cultural panhelénico. Su recorrido por la Corintia, desde esa perspectiva, constituiría el intento de construir una memoria a contrapelo de la de la élite corintia.

Lo “local” y lo “global”, o lo “panhelénico”, eran puntos de vista relativos. Uno implicaba necesariamente el otro. La memoria “local” corintia pudo haberse definido en relación con el fenómeno global “panhelénico”, impulsado a partir del siglo II d.C., a su vez, desde el poder global imperial, y haber buscado asociarse al mismo a partir de las tradiciones e historias del pasado políada. Por su parte, Pausanias, que reconocía el carácter disputado y contradictorio de las tradiciones “locales” griegas, buscó presentarse como una voz autorizada sobre monumentos y tradiciones: “porque interpretar los restos del pasado griego requiere mucho más que solo conocimiento local”68. En ese sentido, su punto de vista sobre lo “panhelénico”, sobre la forma adecuada de percibir lo griego, podía no necesariamente coincidir con lo “panhelénico” a lo que apelaban los corintios de época imperial. Su Grecia imaginaria era un mundo cultural previo a la conquista romana, un espacio inmaterial, pero central para la identidad griega, donde los corintios, colonos romanos, no tenían lugar. La postura del periegeta no era “biologicista”, no apelaba a reconocer la pureza étnicade la ascendencia griega, y el parentesco real, sino todo lo contrario. Como “griego cultural” originario de Lidia, él estaba muy atento al modo en que los hombres del oriente griego se habían asociado con la herencia cultural griega69, incorporando un cúmulo de leyendas y tradiciones. Estas en muchos casos se habían convertido en parte de la herencia cultural común del helenismo, de una identidad agregativa, que, por ejemplo, había permitido a los lidios de época imperial considerarse tan griegos como los atenienses o los espartanos.

Pausanias visitó y conoció una dimensión de lo “local/peculiar”, que vio y evaluó desde su marco cultural global de referencia del helenismo. Pero las ‘localidades’ que visitó, y mencionó, estaban ya atravesadas, a su vez, inevitablemente por el fenómeno global político del imperio (como también lo estaba el propio autor). El periegeta tiene un proyecto cultural que podríamos denominar total, pues expresa su interés por los pántatà Hellenikà, “todas las cosas griegas”, lo que se construye en un doble movimiento: a partir del helenismo, se define primero qué es griego, y qué no lo es, y, en un segundo momento, a partir de las tradiciones ‘locales’ se redefine un helenismo más plural. De esta manera, sobre la base de un proyecto cultural panhelénico apela a construir una memoria de Grecia que está anclada en lo antiguo, en el pasado, en lo tradicional, aunque sin poder desenmarañarlo de la realidad imperial romana. Allí se evidencia la paradoja de su viaje real, no cultural, puesto que, después de todo, la Periégesis no es una invitación a visitar Grecia, sino a recorrer la provincia romana de Acaya a la luz del pasado griego.

Las reservas de Pausanias con respecto a los corintios romanos estaban relacionadas con el hecho de haberse incorporado demasiado tarde y, además, de forma demasiado imperfecta al “helenismo”. Un lector atento de Heródoto, como lo era el periegeta, no podía desconocer la noción de “helenismo” (τὸ Ἕλληνικόν) que aquel había expuesto: origen común e identidad lingüística, comunidad de santuarios y sacrificios a los dioses, así como también usos y costumbres similares. Dionisio de Halicarnaso reformuló esta definición en el siglo I a.C., pero le quitó el criterio excluyente de la sangre común, del parentesco70. Los nuevos habitantes de Corinto eran así candidatos pobres a formar parte de la definición pausaniana del helenismo. Sus tradiciones locales difícilmente eran aceptables para dialogar constructivamente con su memoria “panhelénica”, bastante selectiva y, sobre todo, personal dentro de un mundo marcado por los fenómenos globales del imperio romano y el helenismo del Panhelenio, del cual, sin embargo, Corinto formaba parte muy activamente en los hechos.

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1HABICHT (1985: 10-15); Paus. 5.13.7. Sobre su identidad lidia: JONES (2004). Para este trabajo se ha utilizado la edición de MUSTI, MADDOLI y MOGGI (1982-2012) y la traducción al castellano de HERRERO INGELMO (1994), con ligeras modificaciones.

2AKUJÄRVI (2005: 54-55).

3AKUJÄRVI (2005: 45). A propósito de Tebas, Orcómeno y Delos, dice que “les faltan medios iguales a aquellos de un hombre con una fortuna promedio”, reproduciendo la visión de un hombre de fortuna: Paus. 8.33.2.

4WITHWARSH (2005: 22). Un movimiento más amplio de “reconquista y de reapropiación activa del pasado griego” por las élites griegas: LAFOND (2001: 406).

5FRIEDMAN (2001).

6WITHMARSH (2010).

7El recorte del territorio griego: HUTTON (2005: 55-68). Parecido con el territorio de la provincia romana: ALCOCK (1993). Pero existe una referencia a un libro XI sobre Eubea (Steph. Byz., s.v.Tamyna), que se considera un error de un copista.

8Paus. 1.39.3; ROBERT (1909: 3-7, 8-38, 39-68).

9Sobre las huellas de E. Dodwell, W. Gell, W. M. Leake, entre otros, que se sirvieron de Pausanias como guía para sus grabados, mapas y estudios sobre Grecia a comienzos del siglo XIX: DYSON (2008: 97-99, 110).

10Una buena muestra del enfoque, de sus límites y de la historiografía sobre el tema: MEADOWS (1995). Cf. BEARZOT (1992).

11PRETZLER (2005: 237).

12PRETZLER (2005: 247).

13MORENO LEONI (2014); PORTER (2001: 75).

14LAFOND (2001: 390).

15Para los epígrafes, ver: ZIZZA (2006).

16Paus. 4.4.3; 6.20.18; 2.12.3; 3.11.5-6; 8.53.5; 9.16.7, 31.6; etc. La imitación del estilo de Heródoto es conocida. Para una síntesis actual: DORATI (2005).

17KONSTAN (2014).

18HOLLEAUX (1895: 113).

19MUSTI (1994: 14).

20CHAMOUX (1974: 83); cfr. HUTTON (2005: 117).

21TRENDELENBURG (1914: 15-17).

22AKUJÄRVI (2005: 181, n. 1).

23HUTTON (2005: 4, passim).

24Paus. 1.35.1, 8, 41.2; 1.42.4; 2.9.7, 23.6; 4.33.6; 5.10.7, 18.6, 20.4, 21.8, 21.9; 7.6.5; 9.3.3; etc.

25JONES (2001).

26PRETZLER (2005; 2005a); ROY (2016).

27GOLDHILL (2010: 57-58).

28GOLDHILL (2010: 67).

29PRETZLER (2007:152); GOLDHILL (2010:62-68).

30En español se dispone afortunadamente del importante estudio sobre la romanización de BANCALARI MOLINA (2007).

31Plb.38.9.1-18.12; 39.2-6; Str. 8.6.23; D.S. 32.26.1-5; Paus.7.14.1-16.10; Liv.Perioch. 52; Iust. 34.2.1-6; Flor. 1.32.4-7; Oros. 5.3; Zonar. 9.31.

32FORNIS (2007: 208).

33Cic., Agr. 1.2.5; 2.19.51; Tusc. 3.53.

34Anth. Pal. 9.151; DIFABIO (2015: 11-12), de quien tomo la traducción del epigrama.

35Str. 8.6.23; 17.3.15; App., Pun. 136; Plu., Caes. 57.8. Es particularmente ácido con respecto a la composición social de la nueva colonia Crinágoras de Mitilene (Anth. Pal. 9.284), aunque está lejos de ser antirromano: WITHMARSH (2013: 151). Contra la presencia de veteranos romanos: MILLIS (2010: 17-21).

36SPAWFORTH (1996).

37App., Pun. 136; ENGELS (1990: 67).

38ENGELS (1990: 20).

39ENGELS (1990: 44).

40FORNIS (2007: 212-213).

41HAVÉ-NIKOLAUS (1998: 25-52).

42ROBINSON (1974).

43ALCOCK (1993).

44SPAWFORTH (2008).

45CARTLEDGE & SPAWFORTH (1989: 104); ALCOCK (1993: 156, 166-169).

46ENGELS (1990: 69).

47D. Chr. 31.121.

48Patras, otra colonia romana, está el único otro ejemplo en Grecia de un anfiteatro: SPAWFORTH (1994: 217).

49KÖNIG (2001: 152).

50Existen 104 inscripciones anteriores al reinado de Adriano: 101 en latín y 3 en griego. 15 textos griegos y 10 latinos sobreviven del reinado de Adriano y, hasta Galieno, 24 textos griegos y 7 latinos: KENT (1966).

51MILLIS (2010: 23-27).

52ALCOCK (1993: 169).

53Apul., Met. 10.18.

54Ver el interesante estudio: MILLIS (2010).

55MILLIS (2010: 14-15), con bibliografía previa.

56BOWERSOCK (1965: 67).

57D. Chr.37.1; 26. Cfr. Arist., Or. 46.Sobre la burla de Favorino a las pretensiones de helenismo de los corintios: KÖNIG (2001).

58SPAWFORTH (2008: 254); SWAIN (2007: 427).

59TORELLI & MUSTI (1986: xxxi-xxxii).

60TORELLI (2001: 181). La postura casi hostil de Pausanias frente a la Corinto romana y otros asentamientos (Nicópolis, Patras): SWAIN (1996: 347-349).

61CALAME (2009: 40-41).

62DUNN (1995: 349).Varias fuentes reportan la muerte de los hijos de Medea: DUNN (1994: 105-108).

63Las consecuencias del saqueo de Corinto para la cultura material: ARAFAT (2004: 92-97).

64Posiblemente el templum Gentis Iuliae: TORELLI (2001: 179).

65Paus. 2.4.5.

66La preferencia por lo antiguo: ARAFAT (2004: 43-79); SWAIN (1996: 331-332).

67ARAFAT (2004: 90, 109-112).

68KÖNIG (2001: 157).

69SPAWFORTH (2001: 388-392).

70Hdt. 8.144.2; D. H. 1.89.4; HALL (2005: 224-225).

Recibido: 09 de Noviembre de 2017; Aprobado: 15 de Enero de 2018

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