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Byzantion nea hellás

versión On-line ISSN 0718-8471

Byzantion nea hellás  no.37 Santiago oct. 2018

http://dx.doi.org/10.4067/S0718-84712018000100311 

Grecia bizantina

Aspectos de la estrategia filosófica de Pletón

Aspects of Plethon’s philosophical strategy

Marcelo Rodríguez Arriagada 1  

1 Magíster y Doctor (c) en Filosofía, Universidad de Chile. Chile. m.rodar@hotmail.com

Resumen:

¿Cuál es el objetivo de la práctica filosófica que Pletón comenzó a movilizar en Mistrás? Desde la segunda mitad del siglo XIV, la frágil unidad del imperio bizantino comenzó definitivamente a resquebrajarse. Esta coyuntura impuso el problema ¿Cómo contrarrestar el proceso de desintegración?, ¿qué tipo de medidas habría que tomar?, ¿cómo recomponer la unidad del imperio? Frente a tales preguntas, el filósofo bizantino perfiló su objetivo.

Palabras clave: Práctica filosófica; estrategia; Bizancio

ABSTRACT

Abstract: What is the objective of the philosophical practice that Pletón began to mobilize in Mistrás? From the second half of the fourteenth century, the fragile unity of the Byzantine Empire finally began to crack. This situation imposed the problem: How to counteract the process of disintegration? What kind of measures should be taken? How to recompose the unity of the empire? Faced with such questions, the Byzantine philosopher outlined his goal.

Keywords: Philosophical practice; strategy; Byzantium

I

Μετά Πλάτωνα σοφώτερον των Ελλήνων,

εξαιρουμένου του Αριστοτέλους

El más grande sabio griego después de Platón,

con excepción de Aristóteles1.

Besarión

Habría sido una conmovedora experiencia escuchar a Jorge Ghemistós, llamado Pletón, enseñando en Mistrás o en Florencia. Pletón fue ciertamente el filósofo más original que vivió en la última centuria de Bizancio, y acaso también el más brillante. Su interés intelectual abarcó todo lo entonces que era conocido como ‘filosofía’. Sostuvo peculiares puntos de vista sobre teología, historia, metafísica, ciencias naturales, cosmología, ética, psicología, jurisprudencia, teoría política, sociología y economía. Trató cautelosamente de presentar sus revolucionarias ideas como reminiscencias de la Grecia clásica o del Oriente antiguo, pero aún así difícilmente escapó a ser caracterizado como hereje2.

Jorge Ghemistós, Pletón, nació en Constantinopla -la capital del imperio bizantino-, en 1355. Si bien no se cuenta con datos precisos respecto a su origen familiar y el contenido de su primera formación, algunos investigadores sugieren que su padre fue Demetrio Ghemistós, protonotario en la iglesia de Santa Sofía, y que su educación se inició en el marco de las denominadas ‘siete artes liberales’. Para Francisco Lisi y Juan Signes, el conocimiento de los clásicos, adquirido en esta época, llevó a Pletón “a considerar desde muy joven la necesidad de reestablecer la antigua religión helénica para superar la decadencia en que el cristianismo había postrado a Bizancio”.3

Después, en vez de estudiar teología, como era usual, en la escuela patriarcal de Constantinopla, Pletón orientó sus pasos hacia Adrianópolis, hacia la corte del sultán. En un momento de plena expansión del imperio otomano por Europa, el gran prestigio de su arte y sabiduría, motivó a muchos pensadores y científicos griegos a dirigirse a sus principales centros intelectuales. Basilio Tatakis señala que en Adrianópolis, Pletón conoció a un misterioso hebreo llamado Eliseo, quien lo inició en la doctrina de Zoroastro, Averroes, y Maimónides.4 Así, entre los otomanos, Pletón pudo estudiar en profundidad, una serie de doctrinas consideradas ‘heréticas’ por el cristianismo, como son, por ejemplo, las que se orientaban por el islam y otras religiones. En ese periodo, el filósofo escribió Historia del islam desde la muerte de Mahoma hasta la conquista de Creta en 827-828.

De regreso a Constantinopla, se dedicó a enseñar aristotelismo a un grupo de discípulos. Se conjetura que debido a la gran notoriedad que obtuvo por causa de su magisterio, se convirtió en consejero oficial del emperador Manuel Paleólogo. Sin embargo, esta situación duró poco. La Iglesia, al conocer las tesis que estaba divulgando, levantó una campaña en su contra, que culminó con su expulsión de la Ciudad. Dada esta situación, el emperador “le confía un importante cargo de magistrado en el despotado de Morea, gobernado entonces por su hijo Teodoro II”.5 De este modo, aproximadamente en 1407, el filósofo llega a Mistrás, la capital del despotado.6 A esa altura, Pletón ya ha trazado los aspectos generales de su posición filosófica, la cual comenzará a ponerse en juego desde ese momento.

¿Cuál es el objetivo de la práctica filosófica que Pletón comienza a movilizar en Mistrás? Desde la segunda mitad del siglo XIV, la frágil unidad del imperio bizantino comenzó definitivamente a resquebrajarse. La expansión del imperio otomano por Europa, las constantes guerras internas, la peste, la apertura de nuevas rutas comerciales, etc., fracturó gradualmente las relaciones territoriales, económicas, políticas e ideológicas que sostenían a Bizancio.7 Esta coyuntura impuso el problema a Pletón. ¿Cómo contrarrestar el proceso de desintegración?, ¿qué tipo de medidas habría que tomar?, ¿cómo recomponer la unidad del imperio? Frente a tales preguntas, el filósofo bizantino perfiló su objetivo: la única vía posible para lograr esa recomposición, es la reforma del imperio, sobre una nueva base política, económica, militar, religiosa, jurídica, ideológica y geográfica. Al respecto, Tatakis escribe:

En ello quiso Pletón desempeñar un papel importante y a ello consagró todas las fuerzas de su espíritu. En una de sus numerosas obras históricas -Cosas de Grecia- pinta a Platón en la corte de Siracusa esforzándose por conseguir que aquellos tiranos adopten sus ideas políticas; y sus dos memorias nos convencen plenamente de que Pletón aspiraba a desempeñar cerca de sus príncipes bizantinos papel análogo al del filósofo clásico. Partiendo de ellos, todo su pensamiento se dirige a conseguir la reorganización de la vida toda.8

La referencia a Platón es fundamental, cuestión que el mismo Jorge Guemistós puso de manifiesto al cambiar su nombre por el de Pletón. En función del objetivo que se trazó, Pletón escribió el Memorial a Teodoro (1410 apróx.) y el Memorial a Manuel Paleólogo (1417 apróx.). Estos dos textos, dirigidos al déspota y al emperador respectivamente, son verdaderos manifiestos políticos y filosóficos, en los cuales se delinean las reformas que considera urgente llevar a cabo. Es sorprendente constatar, en las medidas concretas que se proponen, la recurrente referencia a las ideas de Platón. Pero lo que más sorprende es la tremenda magnitud del proyecto: no es exagerada la afirmación de Tatakis, efectivamente el pensamiento de Pletón se dirigió a conseguir la reorganización de la vida toda. En sus memoriales, se plantean reformas en distintas instancias, como son la sociedad, la constitución (en este punto, el filósofo aboga por una monarquía sujeta a leyes y con regular participación de consejeros), el ejército (aquí sostiene que para no recurrir más a mercenarios es necesario crear un ejército nacional y popular), los impuestos, las leyes, la producción, (en esta área, por ejemplo, Pletón defiende la idea de que la tierra es de quien la trabaja), la religión, la moral, etc. En otros de sus libros, avanza propuestas para cambiar el calendario, la educación, los ritos religiones, como las oraciones por ejemplo (en una oración escrita a Zeus, el filósofo cambia la exhortación cristiana, “padre que estás en los cielos”, por “padre que estás en ti mismo”). Todas estas medidas, insistamos, tienen por objetivo ‘reparar’ las relaciones agrietadas de Bizancio. En la historia de la filosofía y la política, Pletón es uno de los más grandes zurcidores. Leamos breves extractos del Memorial a Teodoro:

Nuestros asuntos se encuentran en un gran peligro, puesto que estamos sometidos a ataques por muchas partes tanto por tierra como por mar, y añadiría que incluso desde el interior de nuestro país, por bárbaros así como compatriotas, pero sobre todo por estos bárbaros que ahora limitan con nosotros y bajo los que perdimos la mayor parte y lo más esencial del resto de nuestro dominio... En la esperanza de que mejore nuestra difícil situación, debemos considerar y deliberar con toda seriedad por dónde y cómo podrá hacerse más segura nuestra situación y nos podremos procurar un destino mejor y más afortunado en la medida de nuestras fuerzas. [Así], para hacer que un Estado o pueblo pase de una situación peor a otra mejor, segura y estable en todo cuanto atañe a la condición de sus hombres, no hay otro camino más que la reforma de la constitución. No hay otra causa de que los Estados funcionen bien o mal más que la de que su constitución sea buena o mala. Si un Estado actuase al azar y según su arbitrio, no sería sino algo inestable y tales cosas acostumbran a cambiar muy rápido. Las más de las veces los Estados se conservan y levantan por la virtud de la constitución y, por el contrario, declinan y desaparecen cuando su constitución se ha corrompido.9

Algunos estudiosos sostienen que las reformas propuestas por Pletón no estaban pensadas en vistas a una recuperación del Imperio Bizantino en los mismos términos políticos y geográficos pasados, lo que se veía evidentemente imposible. Su propósito fue más bien llevar a cabo una recomposición en los marcos de una especie de estado griego en el territorio europeo, con base en el Peloponeso. De ahí que se haya considerado al sabio como “el último bizantino y el primer neogriego”. Al respecto, Kostas Mandilás, en el capítulo XVI del libro Georgios Gemistós Pletón, escribe:

Desde el corazón del comienzo del Peloponeso comenzó entonces el sabio Pletón a colocar los cimientos de una nueva reforma, no ya para la recuperación del antes “poderoso” Imperio de los Bizantinos, sino sólo para la creación de los presupuestos de un comienzo enteramente nuevo del Helenismo dentro del mismo espacio geográfico de la Grecia Clásica” Y cita una carta dirigida por Pletón al emperador Manuel Paleólogo en 1412: “Así pues nosotros somos verdaderamente Helenos de origen, como lo testimonia la lengua y la cultura heredada de nuestros padres. No puede hallarse un país más familiar para los Helenos que el Peloponeso y el territorio europeo que está cerca de él y las islas vecinas. Porque es claro que los Helenos vivían siempre en este país, desde que los hombres se recuerdan, sin que lo hayan habitado otros antes que ellos […] Los habitantes de esta Grecia no llegaron como extranjeros para expulsar a otros hombres ni ellos mismos fueron expulsados nunca por ningún otro pueblo […] Los Helenos nacieron en este país y nunca jamás lo han abandonado10.

II

Habitualmente se piensa que la filosofía guarda el más preciado y elevado de los conocimientos, puesto que en su búsqueda, revela la Verdad, la esencia, el ser, el sentido, el principio, etc., de todas las cosas. Para alcanzar esta sorprendente experiencia que significa descubrir lo que las cosas son (incluidas las que fueron y las que serán), también se piensa que la filosofía establece con su objeto una relación pasiva, es decir, contemplativa. Esta manera de concebir el objeto y el quehacer de la filosofía, por siglos transmitida y refrendada por los propios filósofos, adquirió el signo de lo evidente.

Sin embargo, es posible representar la práctica filosófica de otro modo, por ejemplo, como un campo de batalla, un kampfplatz, que es el concepto con que Kant caracterizó a la filosofía anterior a la suya. Así, la historia de la filosofía es la historia de una serie de combates llevados a cabo entre diferentes ‘frentes filosóficos’. En esta línea, Louis Althusser escribe:

Tenemos que representarnos la filosofía, vale decir, el conjunto de las diferentes filosofías, en cada época, como un campo de batalla… [como un terreno] accidentado, excavado por las trincheras de antiguos combates, erizado de fortificaciones abandonadas, ocupadas, reocupadas, marcado por nombres donde los combates fueron particularmente encarnizados y siempre a merced del renacimiento de nuevos batallones surgidos del pasado que, tras reunir nuevas fuerzas, avanzan a pie firme.11

Si se prosigue este modo de leer la filosofía, y se extraen sus consecuencias, pronto se advertirá que lejos de ser neutra o pasiva, la filosofía es fundamentalmente activa, pues interviene y actúa en un haz de relaciones de fuerzas, para defender o ganar posiciones. Para ello elabora y pone en juego maniobras estratégicas.12 Para captar el modus operandi de la filosofía nos valemos aquí de esta fórmula, propuesta por Houtlosser y Van Emeeler en el campo de la teoría del discurso argumentativo. Van Emeeler observa que el sustantivo “maniobra”, derivado del verbo “maniobrar”, remite tanto a un movimiento planeado como a un movimiento para ganar o hacer algo. Por ejemplo, cuando se dice que los barcos están ‘maniobrando por posiciones’, es porque se están moviendo para llegar a posiciones ventajosas. Junto a este término, que indica un movimiento destinado a alcanzar la mejor posición posible en una situación dada, se articulará el término ‘estratégica’, “puesto que el objetivo buscado en las maniobras debe alcanzarse mediante una planificación inteligente y hábil”.13

De este modo, según nuestra lectura, cada filosofía, dependiendo de su contraparte y de la coyuntura en la que interviene, desarrolla sus propias maniobras estratégicas, lo cual no quiere decir que no recurra a aquellas desplegadas por otras filosofías en otros contextos.

Ahora bien, ¿cuáles son las maniobras estratégicas puestas en juego por Pletón? En virtud de su objetivo y contexto, el filósofo establece múltiples operaciones, las cuales por razones de espacio no podremos abordar aquí. Eso sí, solo señalaremos lo siguiente: como buen zurcidor, Pletón requiere una filosofía que sea capaz de unificar las ideas y las prácticas contradictorias existentes en Bizancio, y que sea lo suficientemente potente para contrarrestar el efecto negativo de las filosofías y las ideologías sometidas al cristianismo, el cual es una de las causas para él, repitámoslo, de la crisis del imperio. ¿Qué mejor filosofía que el neoplatonismo para llevar a cabo esta tarea? Y ¿qué mejor que una rehabilitación del paganismo, en clave neoplatónica, para desplazar la religión imperante?

En efecto, la tesis filosófica que sostiene que la totalidad es una estructura gradual y derivada de un principio primero, permite enlazar cada eslabón en una cadena jerárquica y unitaria. Para el estratega que es Pletón, el primer principio de todas las cosas es Zeus14. “Este dios [señalan Lisi y Signes] es concebido como principio trascendente y fundamento increado de todo el universo, el cual surge de él a partir de emanaciones sucesivas que implican un alejamiento cada vez mayor de las cualidades por él representadas. Zeus trasciende el espacio, a diferencia de todos los seres de él derivados”.15 Como se trata de un entrelazamiento, de una cadena de mediaciones, Pletón prosigue: después de Zeus, viene Poseidón, a continuación, Hera, y después todos los otros dioses (los cuales dependen de Poseidón), hasta llegar al hombre (que es una importante bisagra en tanto reúne alma y cuerpo), para concluir así en la materia desnuda. De este modo, siguiendo principalmente a Proclo, Pletón avanza la tesis de que a la absoluta autarquía y unidad de lo primero, corresponde la total dependencia, derivación y multiplicidad de lo segundo.16 Esta maniobra adquirirá toda su envergadura y eficacia, cuando Pletón sostenga que el orden social debe estructurarse en los mismos términos, ya que ese es su ordenamiento esencial.

En un próximo trabajo nos dedicaremos a seguir el actuar de Pletón en el histórico concilio de Ferrara-Florencia de 1439, pues ahí desplegó gran parte de los efectos que implicaba su particular estrategia teórica. En ese momento y lugar escribe y divulga su fascinante texto Sobre las diferencias entre Platón y Aristóteles17, que influye notablemente en muchos humanistas italianos. Apóstolos Vacalópulos escribe respecto de esta obra, después de referirse al Concilio de Ferrara: “Durante el desarrollo de tales concilios, el filósofo neoplatónico Gemisto, en discusiones privadas ante un pequeño círculo de humanistas de Florencia, desarrolla las razones por las cuales considera a Platón superior a Aristóteles, y tales argumentos los expone también por escrito en su tratado Sobre las diferencias entre Aristóteles y Platón. Pocas obras en la historia de la humanidad han tenido el influjo que ejerció aquel pequeño fascículo que, más en general debe ser considerado como un hito en la historia de la civilización. Las influencias de Gemisto con llevan substancialmente un cambio de concepciones del mundo europeo, el que poco a poco se libera del “escolasticismo de la filosofía aristotélica y se orienta hacia un nuevo intento de interpretación del mundo”18.

De este modo, Marsilio Ficino sostiene que tal influencia llevó a Cosme de Medici a fundar en Florencia la Academia Platónica.19

Pletón muere en 1452, sin poder haber concretizado su proyecto. Un año después, cae Constantinopla, Bizancio, en manos de los otomanos.

Dieciséis años después de su muerte, el año 1466 -escribe Vlasis Rasiás- y cuando ya su nombre constituía un símbolo para todos los italianos cultos, un grupo armado de admiradores suyos, bajo el mando de […] Segismundo Malatesta (1417-1468), incursionaron en Lacedemonia, tomaron sus huesos y los trasladaron a Rímini, al conocido Tempio Malatestiano, donde se encuentran hasta hoy, “para que repose el gran maestro entre hombres libres”. Sobre su sarcófago escribieron [en latín]: “Los restos de Gemistós de Bizancio, príncipe de los filósofos contemporáneos, Segismundo Pandolfo Malatesta, hijo de Pandolfo, en la guerra en el Peloponeso contra el rey y emperador de los turcos, por el inmenso amor por los sabios que tiene, se preocupó de que se trajeran aquí y que se sepultaran, en el año 146520.

Fig. 1: La imagen de la tumba en Spentzas, S. P.: Γ. Γεμιστός-Πλήθων ο φιλόσοφος του Μυστρά G. Gemistós Pletón el filósofo de Mistrás, p. 14. 

III

En Grecia, en el Peloponeso, a pocos kilómetros de Esparta, se encuentra la ciudad de ruinas, Mistrás. A raíz de una visita que realizó en 1915, Nikos Kazantzakis escribió en su libro Viajes lo siguiente:

Bajaba yo el cerro de Mistrás, entraba a las callejuelas desiertas y me parecía ser uno de los pastores quemados por el sol que brotan a veces de los extraños peñascos de una pintura sagrada… Y de repente, al pasar por el medio derruido Afendikó, me estremecí. Una sombra merodeaba por las piedras, con un bastón en la mano. Me detuve avergonzado: lo reconocí de golpe -Jorge Gemistós, Pletón. Desde el alba vagaba por aquí, en su ciudad amada… El pálido rostro, la mano cansada y valiente, la última víctima sagrada, había embrujado mi corazón desde hacía años. - Tal es mi destino, dijo, y se apoyó en la arruinada pilastra de la iglesia. Soy de la estirpe de Casandra; veo la desgracia primero que todos y clamo: pero nadie me escucha. ¡Ay, dolores, dolores de una ciudad aniquilada!21

Fig. 2: Vista de la plaza de Mistrás y de las ruinas de los edificios donde Pletón ejerció su magisterio. 

- Te escucharon, dije, cuando era ya muy tarde. Mejor así. Si fuera por escuchar a los profetas, todas las ruinas y las podredumbres se habrían justificado y estarían aún en pie en medio del camino e impedirían que la vida ascendiera. ¿Por qué querías impedir el desastre? Esperé respuesta. La sombra se movió; abrió y cerró los labios dos o tres veces, como si quisiera sacar la voz; pero ya no tenía fuerza. Como la boca del pez, que se abre y se cierra y se sofoca en el aire. Y de golpe, como si se hubiera abierto, la tierra se lo tragó22

Bibliografía

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1Citado por I. Jaralambópulos: “Jorge Pletón, el mistagogo de Mistrás”. http://www.tetraktys.org/arthra2/mid%20plethon09.htm

2Woodhouse, C.M.: “Preface” a Spentzas, Savvas P.: Γ. Γεμιστός-Πλήθων, ο φιλόσοφος του Μυστρά, 2η. έκδοση, Ediciones Μ. Καρδαμιτσα, Atenas 1987, p. 8.

3Pletón: Tratado sobre las leyes. Memorial a Teodoro. Estudio preliminar, traducción y notas por Francisco Lisi y Juan Signes, Tecnos, España, 1995, pp. XIII y XIV. “Tal vez -escriben los traductores- en el conocimiento de los clásicos adquirido en esta época lo llevó a considerar desde muy joven la necesidad de reestablecer la antigua religión helénica para superar la decadencia en que el cristianismo había postrado a Bizancio”. Ibíd.

4Tatakis, B.: Filosofía Bizantina. Traducción Demetrio Náñez. Buenos Aires, Editorial Sudamericana, 1952, P. 265. “Investigaciones recientes postulan que Eliseo era un pensador adepto a la Falsafa… conocedor de Averroes, de Maimónides, y de la escuela oriental de Al-Suhrawardi, la cual dentro de la escuela de Avicena intentaba revitalizar su filosofía por medio de pensadores considerados anteriores a Platón como Hermes y Zoroastro”. Pletón: Tratado sobre las leyes. Memorial a Teodoro. op., cit. p. XIV.

5Ibíd., p. XVIII.

6“En el último medio siglo de existencia de los restos del Imperio bizantino, el Peloponeso atrajo la atención del Poder central de manera insólita. Considerando que en aquélla época las posesiones imperiales se limitaban a Constantinopla… Mientras la Grecia del norte era presa de los turcos y el resto de la vieja Grecia estaba a punto de sucumbir, se creó en el Peloponeso una conciencia nacional y un foco de patriotismo griegos que acariciaban el sueño –irrealizable a causa de las condiciones histórica- de regenerar el Imperio y oponerse a los otomanos”. Vasiliev, A. A.: Historia del imperio bizantino, T. II, Barcelona, Joaquín Gil Editores, 1946, p. 290.

7En esos años, los otomanos controlan casi la totalidad del imperio bizantino, a excepción de Constantinopla (la cual es sitiada en 1393) y el sur de Grecia. Es tal el predominio turco, que el sultán Bayacid I declara a Manuel Paleólogo, el nuevo emperador bizantino, su vasallo. Ante esta situación, Manuel II emprende un extenso viaje a distintos países occidentales para convocar una nueva cruzada contra los turcos, intento que resultó infructuoso. La hora de la caída definitiva de Bizancio había llegado. Sin embargo, tras la derrota de los otomanos por las fuerzas mongoles de Tamerlán, en la batalla de Ankara, el derrumbe se aplazó un breve tiempo más. Para más antecedentes ver: Salinas Gaete, Sebastián: Sultanes de tres continentes. Una breve historia del imperio otomano. Santiago, Centro de Estudios Árabes, Centro de Estudios Griegos, Facultad de Filosofía y Humanidades de la Universidad de Chile, 2015.

8Tatakis, B.: Filosofía Bizantina. Op., cit. p. 266.

9Pletón: Tratado sobre las leyes. Memorial a Teodoro. Op., cit. pp. 136-138.

10Mandilás, K.: Γεώργιος Γεμιστός Πλήθων Georgios Gemistós Pletón. Editorial Zitros, Atenas 1997, cap. XVI.

11Althusser, Louis: Iniciación a la filosofía para no-filósofos, Paidós, Buenos Aires, 2015, p. 195.

12Van Eemeren, Frans: Maniobras estratégicas en el discurso argumentativo. Plaza y Valdés Editores, Madrid-México, 2012.

13Ibíd., p. 144.

14“‘Existió, hace no mucho tiempo, alguien que quiso revivir el politeísmo griego’ leemos en el texto de un monje cristiano. Alguien que creía que el predominio del cristianismo y el alejamiento del helenismo de sus dioses ancestrales trajo su decadencia, pero al mismo tiempo creía y proclamaba […] la necesidad de retornar a la primitiva verdad como única posibilidad de renacimiento y salvación de la nación […]. Este monje es Genadios, Patriarca de Constantinopla”. Zogradidis, G.: “Ο Παντοκράτωρ Ζευς του Πλήθωνος. Ενολογία, Μιοναρχία, Πολυθεισμός“. Proceedings of the International Congress on Plethon and his time», p. 128.

15Pletón: Tratado sobre las leyes. Memorial a Teodoro. Op., cit. p. XXX

16Respecto a sus antecedentes, Pletón señala: “Nosotros seguimos estos maestros: en primer lugar, el más antiguo de los legisladores y sabios que tengamos noticia, Zoroastro, el guía espiritual más célebre en teología y en la mayor parte de las otras cuestiones de importancia que tuvieron los medos, los persas y gran parte de los restantes pueblos antiguos de Asia”. Prosigue mencionando personajes míticos, históricos, etc., como son Eumolpo, Minos, Ífito, Numa, los brahamanes de los indúes, los magos de los medos, Tiresias, Pitágoras, Platón, Timeo, Plutarco, Plotino, Porfirio, Jámblico. Pletón: Tratado sobre las leyes. Memorial a Teodoro. Op., cit. pp. 19-23.

17En su libro, Pletón grafica del siguiente modo el interés de Aristóteles por lo específico en vez de lo general: “con razón creen todos los sabios que ante las causas pequeñas y triviales Aristóteles revela la misma agudeza visual que un murciélago en la oscuridad, pero que antes cosas grandes y brillantes se comporta de nuevo como ese mismo animal a la luz del día y tiene la visión por completo cegada”. Ibíd.

18Vacalópulos, Ap.: Historia de Grecia Moderna 1204-1285. Traducción, presentación, índice nombres, láminas, mapas y notas N. Nicolaides y A. Zorbás. Cnetro de Estudios Griegos, Santiago 1995, p. 51. Por su parte, Jaralambópulos dice: “Pletón con su elegancia, su riqueza de vocabulario, la precisión y la lucidez de sus pensamientos filosóficos, contribuirá en forma determinante a la recuperación del decaído sentimiento nacional de los griegos y, paralelamente, será uno de los pioneros fundamentales del Renacimiento […]. En resumen, puede sostenerse que Pletón perteneció a las más brillantes de las figuras de la aristocracia espiritual del Helenismo, que con su aporte amplió ilimitadamente los márgenes del pensamiento griego y paralelamente dio una gran dimensión al desarrollo de la corriente humanista en Europa” I. Jaralambópulos, op. cit., loc. cit.

19En el prefacio de su traducción de Plotino (Florencia, 1492), Marsilio Ficino registra la impresión que causó Pletón a Cosme de Medici: “Con frecuencia, el gran Cosme, padre de la patria por decisión del senado, en la época en que tenía lugar en Florencia el concilio entre griegos y latinos bajo el pontificado de Eugenio, esuchó disertar acerca de los misterios platónicos a un filósofo griego de nombre Gemisto y de sobrenombre Pletón, casi otro Platón. Su verbo ferviente lo entusiasmó de inmediato a tal punto que concibió entonces una academia que habría de fundar en la primera oportunidad”. Citado en Pletón: Tratado sobre las leyes. Memorial a Teodoro. Op., cit. pp. XLIV-XLV.

20Rasias, Vlasis G.: “Jorge Gemistós Pletón”. En https://rassias.gr/1087PLETHO.html (2006).

21Expresión en griego clásico, tomada de Esquilo, Agamenón, v. 1168.

22Quiroz, R.: “El profeta de la Grecia Moderna”. Trozos tomados del libro Viajando Egipto-Sinaí- Chipre-Mistrás. En Quiroz, R. Nikos Kazantzakis Apuntes de Viajes. Centro de Estudios Bizantinos y Neohelénicos, Santiago 1997, p. 31.

Recibido: 12 de Abril de 2017; Aprobado: 07 de Junio de 2017

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