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Revista de psicología (Santiago)

Print version ISSN 0716-8039On-line version ISSN 0719-0581

Rev. psicol. vol.26 no.1 Santiago June 2017

http://dx.doi.org/10.5354/0719-0581.2017.46689 

Sección temática

Malestar y género: una aproximación a la experiencia onírica de jóvenes chilenos

Malaise and Gender: an Approach to the Dream Experience of Chilean Young People

Gabriel Abarca-Brown1 

Svenska Arensburg-Castelli2 

Esteban Radiszcz-Sotomayor2 

Rodolfo Vásquez-Torres2 

1Universidad de Chile, Santiago, Chile. King’s College London, Londres, Reino Unido. Contacto: Laboratorio Transdisciplinar en Prácticas Sociales y Subjetividad, Universidad de Chile, Av. Capitán Ignacio Carrera Pinto 1045, Ñuñoa, Santiago de Chile. Correo electrónico: gabriel.abarca_brown@kcl.ac.uk

2Universidad de Chile, Santiago, Chile.

Resumen:

El presente artículo tiene por objetivo describir y analizar las fuentes y las formas de tramitación del malestar asociadas a conflictivas de género en jóvenes chilenos/as. Desde una metodología cualitativa y psicoanalítica se analiza el material proporcionado en las entrevistas de tres casos relativos a la vida cotidiana, en relato de los sueños y las asociaciones que del material onírico se desprenden. A partir del análisis es posible constatar que las conflictivas de género participan de la actividad onírica del sujeto, otorgándole una forma de tramitación al malestar que es cotidiano, social y personal. Asimismo, se revela que si bien la cuestión género parece ser experimentada de manera problemática por los jóvenes, las formas de tramitación se vinculan a salidas normativas, pero a la vez subvierten las formas tradicionales de identificación con su posición en tanto mujer u hombre.

Palabras clave: malestar; sueños; género; jóvenes.

Abstract:

The article aims to describe and analyse the sources and forms of processing the malaise associated with gender conflicts in Chilean young people. From a qualitative and psychoanalytic methodology, the material from three cases relating to everyday life, dreams and associations of the dream is analysed here. It is possible to see that the gender conflicts participate in the dream activity, providing a form of processing the discomfort that is daily, social and personal. In addition, it is shown that although gender seems to be experienced in a problematic way in young people, processing forms are linked to the cultural norms, but they also subvert traditional kinds of identification with their position as a woman or man.

Keywords: malaise; dreams; gender; young people.

Introducción

El presente artículo es uno de los productos del capítulo dedicado a la temática de género de la investigación Vida cotidiana, Sueños y Malestar en Jóvenes Chilenos/as, realizada durante los años 2013-2015, por el Laboratorio Transdisciplinar en Prácticas Sociales y Subjetividad (LaPSoS) perteneciente a la Universidad de Chile. El objetivo de esta investigación fue, por un lado, describir y analizar tanto las fuentes como las formas de tramitación del malestar de jóvenes chilenos/as provenientes de distintos estratos socioeconómicos y tipos de establecimiento educacional.

La noción de malestar condensa una tradición de pensamiento sobre una particular forma de comprender la relación individuo-sociedad en el Chile de transición a la democracia de los años 1990. Diversas aproximaciones a nivel nacional han intentado comprender las manifestaciones de ciertas formas de descontento y/o sufrimiento psíquico y social (Aceituno, Miranda, & Jiménez, 2014; Joignant, Atria, Larraín, Benavente, & Couso, 2013; Mayol, 2012; Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo [PNUD], 1998). Los principales diagnósticos, a juicio de Orchard & Jiménez (2016), han constatado diversas condiciones que hacen posible la emergencia de malestar: a) estructurales, relacionados con la altos índices de desigualdad económica; b) políticas, asociados a una democracia “deficiente” y a la persistencia de enclaves autoritarios posdictatoriales; c) psicosociales, vinculados a cierta vulnerabilidad individual que asume el peso de conflictos sociales; d) y por último, culturales, relativas a la brecha de expectativas.

Entre los estudios en torno a la temática del malestar es posible reconocer investigaciones dedicadas a la población juvenil (Canales, Cottet, & Estrella, 2014; Cottet, 1994). Sin embargo, durante el proceso de revisión bibliográfica en este campo, la investigación confirmó que parecen ser escasos los estudios que han tenido por objeto rescatar tanto los aspectos subjetivos del malestar, así como también asociar dichos aspectos con las diversas formas de tramitación del malestar.

En este contexto, las contribuciones psicoanalíticas respecto de la noción de malestar resultaron ser útiles para la indagación de los componentes subjetivos asociados a estas formas de descontento y/o sufrimiento. Desde Freud (1986a; 1986b), el malestar ha sido conceptualizado como un elemento subjetivo constitutivo e inherente al lazo social. En otros términos, este es un resto inasimilable resultante del (des)encuentro entre el registro pulsional y la cultura. La cultura se relaciona con el malestar del sujeto en dos registros: por una parte, en tanto configuración civilizatoria, define el conjunto de imposiciones y restricciones que configuran las condiciones de emergencia del malestar; y por otra, provee los basamentos simbólicos, mandatos e ideales que lo sujetan psíquicamente, y desde donde se hace posible tramitar dicho malestar. Desde una perspectiva sociológica amparada en la tradición psicoanalítica es posible señalar que la noción de malestar emerge como una representación colectiva -anudada a ciertas formas singulares de organización cultura-que las diversas sociedades articulan para ubicar el malestar en su registro individual y social (Ehrenberg, 2010). El malestar sería entonces una cierta gramática en que la vulnerabilidad individual cobra forma. Este abordaje busca reconocer en esta noción una categoría dinámica que permite comprender tanto los procesos de movilización del sujeto así como también las fuerzas que lo atrapan en formas específicas de padecimiento.

En efecto, una perspectiva psicoanalítica resulta relevante a la hora de indagar tanto las fuentes como las vías de tramitación del malestar disponibles para el sujeto. En otros términos, los modos bajo los cuales, por un lado, el/la sujeto se vincula a lo social desde una cierta economía y dinámica psíquica y, por otro, cómo simultáneamente la cultura provee al sujeto vías de tramitación de los conflictos entre mundo psíquico y mundo social (Ehrenberg, 2010; Freud, 1986a; Radiszcz, 2016).

La investigación rescató tanto la vida cotidiana como onírica de los/as sujetos participantes. El supuesto a la base es que los sueños -y su relación con la vida cotidiana- constituyen una instancia privilegiada para la investigación del malestar. Los fundamentos de este supuesto se basan en que el sueño es una realización de deseos que, rechazados por el sujeto en función de las exigencias de lo social, ingresan en la escena onírica de manera desfigurada. Así, el sueño otorgaría un amplio espacio a antiguas inclinaciones rechazadas en el pasado. No obstante, ello no impediría la participación de conflictivas actuales que, no habiendo podido ser resueltas en la vida diurna, encuentran un destino en la actividad onírica. Los sueños portarían entonces las huellas de las restricciones que inscriben una cuota de malestar que los sujetos padecen al vivir en comunidad. De esta forma, la relación entre sociedad y sueño se vuelve ineludible al identificarse una doble operación de lo social en el sueño. Por un lado, la censura, que opera como filtro que selecciona lo admisible o representable socialmente; y por otro, la operación positiva de la sociedad en la producción onírica, prestando los símbolos que hacen posible figurar fantasías oníricas (Freud, 1978; 1984).

La utilización del sueño como objeto mediante el cual podemos acceder a la vida de los sujetos tiene una larga historia dentro de la teoría social (Bastide, 1976; Bilhaut, 2011; Henley-Einion & Blagrove, 2014; Nakashima, 1990). No obstante, es la obra freudiana la que invita a pensar el material onírico como expresión de una particular relación del sujeto con la cultura. El sueño, entendido como una formación singular y espontánea bajo el empuje del deseo (Freud, 1984), posee una posición privilegiada para expresar tanto las inscripciones inconscientes del soñante como los conflictos que, en relación a lo social, involucran dichas inscripciones subjetivas (Radiszcz & Cabrera, 2013).

Ante la constatación del sueño como instancia privilegiada para el estudio del malestar, por un lado, y las diversas contribuciones en torno a la influencia de lo social en la vida onírica, por otro, surge la interrogante específica que guía este artículo, a saber: ¿cómo se articula el malestar a nivel onírico ante conflictivas de género? Desde las primeras formulaciones y discusiones en torno a la noción de género, el problema de la constitución sexo genérica se ha planteado como una categoría estructural pertinente para el estudio del malestar (Rubin, 1986). A través de esta noción se reconoce la constitución histórica de las relaciones sociales, transformando la sexualidad en un producto de la actividad humana (Scott, 1996). Las teorías de género sostienen que el sistema sexo-género atribuye características que jerarquizan y privilegian lo masculino y lo consagran como ideal de ser humano (Facio & Fríes, 1999). Desde una teorización feminista esto implica que las personas al nacer son transformadas a través de las relaciones de género en mujeres y hombres, como si fueran categorías-identidades dicotómicas. Así el sexo sugiere la transformación de ciertos individuos en mujeres y otros en hombres; operación resultante de las relaciones de género y no de la biología o la anatomía (Saffioti, 1992). A partir de este enfoque, el género opera como anudamiento naturalizado de mandatos normativos de sujeción, y también como una fuente de identificación y ubicación sociosimbólica de subjetivación. Desde esta perspectiva se ha abordado cómo, a través de esta constitución sexo-genérica, se conforman los deseos y se hacen parte de la subjetividad (Amigot & Pujal, 2010), y cómo pueden llegar a impactar en los sujetos, y en caso de emergencias conflictivas, producir consecuencias devastadoras sobre el psiquismo (Tubert, 2001).

El objetivo del presente artículo será describir y analizar las fuentes del malestar, así como sus formas de tramitación asociadas a conflictivas de género en jóvenes chilenos/as. Si bien la investigación accedió al reporte de 51 entrevistados/as, dado que este es un primer artículo del capítulo dedicado a la temática de género, solo se expondrán tres casos considerados “paradigmáticos” dentro de este estudio, con el objetivo de mostrar en profundidad los modos en que se articula el malestar ante conflictivas de género.

Aunque existen estudios dedicados a la temática de malestar y género en torno a la sexualidad femenina (Tubert, 1996; 2001), parecen ser escasas las investigaciones sobre el estudio específico del malestar desde de la vida onírica. Por tanto, este artículo resulta relevante por tres motivos. En términos teóricos, dado que busca explorar en un terreno escasamente abordado por investigaciones previas. En términos clínicos, el artículo permite conocer las formas oníricas que pueden asumir el descontento, el sufrimiento o incluso las formas de elaboración del malestar ante conflictivas de género. Por último, en términos sociales, apunta a retomar la cuestión del malestar juvenil buscando establecer relaciones entre las subjetividades emergentes y las formas de tramitación por la vía de la figurabilidad onírica.

Método

Ante el reconocimiento del sueño como objeto capaz de entregar material pertinente para abordar articulaciones entre los procesos sociales y la subjetividad en función del malestar, particularmente porque se instala como objeto transicional entre lo pensado y lo impensado en la medida que trabaja con contenidos cotidianos que el sujeto no alcanza a inscribir (Aceituno & Radiszcz, 2013), se optó por una metodología que integrara a la perspectiva psicoanalítica el diseño cualitativo. Asumir esta perspectiva implica reconocer que el psicoanálisis es una teoría de las ciencias sociales a través de la cual se puede dar cuenta de lo social (Recio, 1995). Por su parte, se siguió un diseño cualitativo debido a que se busca indagar en las perspectivas y puntos de vista de los participantes, sus emociones, experiencias y significados (Hernández, Fernández, & Baptista, 2006). Tal como afirma Pereña (1995), esta perspectiva permite proponer un diseño integrado entre psicoanálisis e investigación social cualitativa pues “ambos comparten un mismo objeto teórico, el lenguaje” (p. 465). Así también, es una apertura del psicoanálisis, pues sus postulados se inscriben más allá de la clínica (Hollan, 2016). Este enfoque supone construir una perspectiva de análisis del sentido del habla-texto, rastreando los lugares donde el sujeto se reconoce en lo social, toda vez que “el discurso se hace presente como lazo social” (Recio, 1995, p. 485).

Como estrategia de levantamiento de información se ocupó la técnica de entrevista (Ortí, 1986), asumiendo la posibilidad de realizar nuevas preguntas, ya que se estudia un objeto complejo. Desde esta perspectiva, cada participante es entendido como un “nodo” de relaciones, representando así a una categoría social entendida como una posición y una perspectiva específica en una estructura o relación (Canales, 2006).

El grupo de informantes fue integrado por jóvenes escolarizados, entre 13 y 18 años residentes en la Región Metropolitana de Santiago. El muestreo fue guiado teóricamente (Strauss & Corbin, 2002). El proceso de contacto de los/as participantes contó con la colaboración de los directoras/es y/o orientadoras/es de los establecimientos escolares, quienes realizaron una consulta abierta a los cursos con el fin de inscribir a los/as interesados/as. Finalmente, en el estudio participaron 51 jóvenes -24 hombres y 27 mujeres- pertenecientes a establecimientos educacionales con diverso tipo de administración. Del total de participantes, cinco pertenecían a establecimientos de administración delegada; 15, a municipales; tres, a municipales emblemáticos; 20, a particulares-subvencionados; y ocho, a particulares. Por otro lado, en función del nivel socioeconómico, del total de participantes, tres pertenecían al grupo socioeconómico D, 15 al grupo C3, 21 al grupo C2, y 12 al grupo ABC1.

Se realizó una entrevista de aproximadamente 90 minutos de duración con cada participante. Estas fueron grabadas y transcritas íntegramente. Las entrevistas fueron llevadas a cabo por estudiantes de los diplomados en psicología clínica de orientación psicoanalítica de la Universidad de Chile. El proceso se inició con la aplicación piloto del protocolo de entrevista a dos jóvenes, los que fueron revisados por el equipo en su conjunto, realizando las adecuaciones pertinentes. Posteriormente, se capacitó a los/as entrevistadores/as a través de la técnica de juego de roles. Dada la relevancia de validar una entrevista que explorara en el relato onírico desde una perspectiva psicoanalítica, se construyó un protocolo específico organizado en las siguientes etapas:

Primera etapa: se indagó en la vida cotidiana del/la entrevistado/a. El protocolo apuntaba a revelar principalmente aspectos tales como intereses, preocupaciones, y el presente familiar o escolar de los/as jóvenes. A medida que el/la entrevistado/a daba cuenta de algunos campos de interés o preocupaciones, teniendo especial consideración por contenidos vinculados a sentimientos de bienestar y malestar, se fueron planteando otras interrogantes, abriendo otros temas como los círculos de amistades cercanas, la relación con parejas, pasatiempos, entre otros.

Segunda etapa: se indagó en las significaciones que los/as jóvenes atribuían a los sueños y al lugar que ocupan dentro de su vida cotidiana. Asimismo, se le solicitó al/a entrevistado/a relatar un sueño reciente. Tomando en cuenta las orientaciones de Freud (1979) referentes a la recolección de material onírico, el/a entrevistador/a introdujo el concepto de asociación libre y lo ejemplificó con un sueño escogido previamente por el equipo. Posteriormente, se invitó al participante a desagregar el sueño en fragmentos frente a los cuales el/la joven realizó un proceso de asociación. Se le pidió al joven decir lo primero que asociaba con cada uno de los fragmentos o palabras destacadas del relato.

Tercera etapa: se complementó la entrevista con una encuesta breve (10 minutos de duración aproximadamente) en que se recogían antecedentes demográficos, familiares y socioeconómicos. El nivel socioeconómico de los participantes se estimó en función de los criterios de la Asociación Chilena de Empresas de Investigación de Mercado (AIM; 2008).

De las 51 entrevistas realizadas se consideraron 47 casos válidos para la investigación dado que dos participantes no recordaron sus sueños y dos entrevistas fueron interrumpidas por factores externos. Con el material disponible se llevó a cabo un análisis psicoanalítico aplicado al contenido de las entrevistas (Pereña, 1995). Las imágenes oníricas evocadas se abordaron como relato, enfatizando el sueño como hito narrativo que favorece la compresión de los significados vertidos por el soñante (Rodríguez, Gil, & García, 1999). El análisis del material se llevó a cabo a través de la convergencia de ejes de interpretación: 1) las bases teóricas propiamente psicoanalíticas de interpretación de material onírico; 2) los antecedentes sociales y culturales de la vida cotidiana de los/as jóvenes entrevistados; y 3) un tercer eje, que consideraba al propio soñante como sujeto interpretante de su trabajo onírico al utilizar el mecanismo de asociación libre. Este protagonismo es fundamental en la medida que, desde una perspectiva freudiana, los materiales oníricos son similares a un jeroglífico. En este sentido, establecer claramente lo que condensa un contenido manifiesto requiere de las asociaciones del soñante.

En una primera fase, el análisis se orientó a la identificación de fragmentos del sueño para luego crear vínculos entre el material de las asociaciones y la interpretación del sentido. Se diferenciaron unidades sintácticas y de contenido emergente así como también procesos metafóricos y metonímicos. En una segunda fase, se reconstruyó el contexto que otorga sentido a los relatos de los/as participantes (Ibáñez, 1985). Por último, se relacionó la información con la teoría (Scribano, 2007). Dada la relevancia de incorporar una vigilancia epistemológica y metodológica respecto a las limitaciones interpretativas (Scribano, 2007), el proceso de análisis fue sometido a reiterados procesos de discusión del equipo, realizando en un primer momento un proceso de análisis intracaso para luego establecer comparaciones entre ellos. El análisis resultante fue posteriormente discutido en mesas de trabajo junto a tres investigadores internacionales: Pierre-Henri Castel, Laurent Jeanpierre y Guillaume Sibertin-Blanc.

Por último, cabe señalar que, durante la fase de diseño, la investigación contó con la aprobación del Comité de Ética de la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad de Chile. Entre las consideraciones éticas, en el consentimiento informado se planteó un activo proceso de resguardo de la confidencialidad de la identidad de los/as entrevistados/as, modificando información como nombres, establecimiento educacional de origen y comuna de residencia. En dicho documento se informó que el material sería presentado en instancias académicas y para su publicación, y que los/as participantes tendrían libre acceso a ellas en caso de requerirlo. Asimismo, a cada entrevistado/a se le envió por correo electrónico la transcripción de la entrevista para su lectura y validación.

Resultados

A continuación se da a conocer el material resultante de las entrevistas realizadas a tres jóvenes, específicamente a dos mujeres y a un hombre. Cada uno de los 47 casos del estudio enriquece la mirada sobre el análisis del proceso de asociación singular que cada hablante propone, por lo que no se pretende una generalización de resultados. Se han elegido estos tres casos debido a que cada uno de ellos ilustra cómo el relato onírico está atravesado por dimensiones socioculturales, donde la categoría de género resulta útil y pertinente para el análisis, valorando especialmente la heterogeneidad subjetiva presente en la propia interpretación del soñante sobre los fragmentos destacados del sueño. El material proporcionado por cada caso se organizó en función de tres categorías descriptivas: 1) información sobre vida cotidiana, 2) relato del sueño, y 3) asociaciones al sueño.

Caso n° 1 (mujer, 16 años)

Información sobre vida cotidiana. La joven reside en una comuna de altos ingresos y asiste a un establecimiento educacional de tipo privado donde cursa tercer año de enseñanza media. Sus padres están separados, por ello vive con su madre, la pareja de esta, y sus dos hermanas mayores. Su madre es profesora en el mismo colegio al que ella asiste, cuestión que le permite tener ciertos beneficios arancelarios. Su padre, en cambio, trabaja como contador-auditor. La joven mantiene un rendimiento escolar regular. Su vida cotidiana se concentra en el fútbol. Desde niña ha participado en actividades deportivas, pero gracias a una de sus hermanas conoció este deporte y decidió practicarlo. Actualmente es la capitana del equipo de su colegio. Durante la semana se dedica a las actividades escolares y a practicar fútbol; mientras que el fin de semana comparte con sus amigos. Aunque posee amigas manifiesta que es más cercana a los hombres, pues, tal como señala: “la mujeres son muy apestosas… todo lo que lleva ser mujer, todo… que lloran por todo”.

Relato del sueño. “Estábamos jugando en el club de la playa. Estaba jugando otro equipo primero. Todavía nosotros no partíamos en la cancha principal. Termina ese partido y nos poníamos nosotros a jugar. Del otro equipo de verdad no me acuerdo nada. Estaba yo y mi mejor amiga, sus dos hermanas, y las amigas de mi hermana que habían ido con nosotros a la casa. Eran todas conocidas. La hermana de mi amiga, la más grande, metió un gol. Para asegurarlo, nos fuimos todos para atrás. Nos molestaron. Todos nos gritaban ¡fuera!... Después, con un pelotazo de ellas, le doblaron el dedo a la arquera. Entonces, me puse yo al arco. Y jugando al arco… del segundo tiempo… quedaba muy poco del segundo tiempo. Y terminamos ganando 1 a 0. Y salimos campeonas”.

Asociaciones al sueño. Las primeras asociaciones están referidas a un club privado cercano a una casa en la playa que pertenece a familiares de su mejor amiga. Suele visitar esta casa durante vacaciones. Agrega que van al club a jugar al fútbol. Destaca que hay gente adinerada, pero que ella no pertenece a ese grupo social. Además, refiere que le gusta jugar al fútbol y que lo practica regularmente en su colegio. Asocia que en su colegio hay dos canchas: “la uno”, destinada a los hombres, y otra que “está terrible” (mal mantenida y sin luz adecuada) donde justamente ellas juegan. Con “ellos” ahonda en la injusticia y la falta de consideración de los hombres del colegio, quienes, al ser interpelados por ellas por el estado de la cancha, solo afirman que las cosas son así porque ellas son mujeres. Asimismo, con el fragmento “arco”, recuerda a la arquera que jugó en su equipo el año anterior y que perdió la vida el último verano en un accidente. Agrega que tenían una buena relación entre ellas y que la echan de menos. El equipo se comprometió a que si ganaban el campeonato sería en recuerdo de ella. Por último, con el “1 a 0” asocia que es un resultado que puede ser revertido, por tanto, hay que estar alerta y atento al partido.

Caso n° 2 (mujer, 16 años)

Información sobre vida cotidiana. La joven reside en una comuna de bajos ingresos y asiste a un establecimiento educacional de tipo municipal emblemático donde cursa tercer año medio. Vive con sus padres y hermano menor. Su padre se desempeña como despachador en una empresa y su madre trabaja como asesora del hogar. Su vida cotidiana se caracteriza por el tiempo destinado a las actividades escolares. Tal como señala, estas actividades se expresarían en “...ir al Liceo, dedicando después unas horas de estudio, haciendo las guías, complementando mi formación en Internet, en libros, etc.”. Agrega que, a diferencia de su pareja, quien estudia gastronomía internacional y además practica canto, ella solo se destacaría por las “notas y aprender cosas”. Señala que le gustaría estudiar obstetricia. La importancia del estudio se vincularía con las exigencias familiares en torno al rendimiento escolar. No obstante, estas exigencias se traducirían en expectativas y mandatos referidos por sus padres para que la joven pueda dejar el sector donde vive, caracterizado por la pobreza, el consumo de alcohol y drogas. Sus padres le suelen advertir: “no te vayas a quedar con un roto de acá”, pues, según ellos, los jóvenes de su edad no podrían darle un mejor futuro. Además de las labores académicas participa en el área de difusión del centro de alumnos de su colegio, pero menciona que está pensando en renunciar pues este rol ha interferido en su rendimiento escolar. Asimismo, participa como monitora de catequesis por cuarto año consecutivo. Si bien profesa la religión católica, manifiesta tener una relación contradictoria con ella: “no estoy dispuesta a dejar la Iglesia, porque gracias a ella yo creo que me acerco a Dios, pero tampoco creo tanto en las prácticas que tiene la Iglesia en el desarrollo del buen convivir y la paz del mundo”.

Relato del sueño. “Estaba en mi casa, estudiando, haciendo ejercicios de matemática y estudiando. Estudiando y estudiando, y de repente llega mi mamá y mi papá, estaban todos llorando y hay una ‘guagua’1 y decimos ¿De quién es esa ‘guagua’? Me dicen: ¡es tuya!, ¡mi guagua!, dejé de hacer lo que estaba haciendo y cuidé a la guagua. Seguían llorando, de repente me ponía a llorar, porque tenía una guagua. ¿Qué iba a hacer con una ‘guagua’? No iba a poder seguir estudiando. Era muy chiquitita, era como negra, no, era morena como yo, y era muy chiquitita. Y la tomo en brazos y me voy para el patio con ella y era toda vestida de rosadito. La tenía en el patio de la casa”.

Asociaciones al sueño. Las primeras asociaciones del sueño la llevan a la exigencia de estudiar. Recuerda que le gustan las matemáticas, no así la química y física. No obstante, pese al esfuerzo depositado en cada una de estas materias, el rendimiento no sería el esperado por ella. Asimismo, respecto a la exigencia de buen rendimiento en matemáticas agrega: “cuando cierro los ojos como que veo muchos números en mi cabeza”. Por último, relaciona “guagua” al posible fracaso de su proyecto de llegar a la educación superior y ser profesional.

Caso n° 3 (hombre, 16 años)

Información sobre vida cotidiana. El joven reside en comuna de altos ingresos. Cursa segundo año medio en un colegio particular. Vive junto a sus padres y hermano menor. Su padre trabaja como ingeniero comercial y hace clases en un instituto téc. Su madre trabaja como ingeniera agrónoma. Comenta que su padre es “neurótico y agresivo... si pasa algo, explota ... a veces llega del trabajo y da portazos”. El joven atribuye estas reacciones a problemas en el trabajo. Agrega que su padre “es súper competitivo, siempre quiere ir a lo más grande … más plata, a tener una mejor casa”. La madre sería lo opuesto del padre. Según refiere: “ella es un ángel ... más pacífica”. El joven señala que sus calificaciones han bajado debido a problemas familiares y la monotonía de ir al colegio. Su padre habría perdido el trabajo por una mala decisión motivada por la madre, lo que habría tensado la relación entre ellos. Su vida cotidiana se divide entre actividades en torno al colegio, la casa y los deportes. Menciona que ahora está más “tranquilo”, pues en octavo año básico era más “reventado”. Respecto a las relaciones de pareja refiere estar soltero ya que de lo contrario esto le quitaría libertad. Agrega: “soy como alguien más liberal … como independiente ... además las minas están muy locas, son puro carretear ..., puro hablar cosas sexuales”.

Relato del sueño. “Estoy en mi condominio y como que hay un ladrón. En el pasillo para entrar a mi casa. Está mi auto estacionado ahí. Afuera está muy oscuro, de noche. Más o menos no veo nada. Siempre soy un cabro chico ahí. Me veo muy bajo, porque mi mirada se ve muy abajo respecto a la persona que está en frente mío. Entonces, hay una persona muy alta, no le veo la cara. Una persona negra, oscura, larga, media borrosa y que al parecer como que viene hacia mí. Entonces, al parecer, yo intento escapar, correr hacia atrás y no puedo. Estoy inmóvil o me muevo muy lento. Sentí un miedo terrible. Intento, no estoy tan seguro, pero casi seguro, que intento decir papá, muchas veces, como unas cuatro veces, y no me sale la voz. Siento que digo papá, pero me cuesta mucho abrir la boca; el gesto se me hace muy complicado. Estoy como treinta segundos intentando decir papá y como que alcanzo a llegar a la puerta de mi casa, pero ahí termina siempre”.

Asociaciones al sueño. Las primeras asociaciones lo conducen al recuerdo de jugar fútbol con sus vecinos hasta altas horas de la noche. Sin embargo, refiere que ellos han cambiado. Uno de ellos “usa piercing, está más alto ... y callejero”. Las asociaciones lo remontan a su paso por prekínder desde donde veía a los estudiantes mayores. Asocia esto con la indefensión de ser niño, el miedo y el respeto. Asimismo, el sueño lo lleva a recordar el haber sido víctima de un asalto cuando cursaba 4º año básico y el no haber relatado este hecho al padre para que “no pasara a mayores”. También asocia a la conducta explosiva del padre. Señala que ha dejado de participar en actividades para no tener que solicitar su permiso. Con otros elementos del sueño asocia a sus actividades deportivas. Específicamente a que no ha podido participar tanto como deseaba en los últimos siete meses en fútbol y atletismo producto de una lesión en su tobillo.

Discusión y conclusiones

En función del estado de avance general de la investigación aún no es concluyente un análisis con perspectiva de género. Sin embargo, es posible destacar, al modo de líneas interpretativas emanadas de los 47 casos, que las fuentes de malestar se sitúan principalmente dentro de la diferencia sexual, aunque los relatos no necesariamente refieran a la sexuación o la sexualidad. En primer lugar, se observa a modo general que las figuras paternas emergen como lugares de identificación sobre qué implica ser hombre o mujer, así como también respecto de las expectativas e ideales que dichas figuras depositan en los/las jóvenes. En este ámbito los mandatos genéricos cumplen un lugar central: la maternidad, la elección de pareja, el estudiar como aspiración social, la elección vocacional o la imagen de seguridad paterna, son algunos ejemplos desde donde los/as soñantes asocian preocupaciones e interrogantes sobre cómo sortear las tensiones que les supone enfrentar los desafíos sociales desde su posición en la diferencia sexual. En segundo lugar, destaca la presencia de una posición pasiva del/a soñante respecto al actuar en sus sueños, que sitúan al/la soñante frente a una necesidad de ser auxiliados/as, salvados/as o acogidos/as. Por último, de especial relevancia son las diferencias constatadas en las asociaciones al sueño reportadas tanto por hombres y mujeres. Por un lado, los hombres reconocen vías sociales para tramitar la pasividad expresada en el sueño. Por otro, en las asociaciones de las mujeres, el problema de la pasividad vuelve a confirmarse con relación al destino posible de dicho malestar, donde pareciera que la sociedad no les brinda vías de tramitación de sus conflictos y dificultades, confirmando como única posición reconocida el recibir auxilio de otro.

Los diversos modos de articulación que asume el malestar ante conflictivas de género pueden ser identificados específicamente en los tres casos presentados a partir tanto de las fuentes como las formas de tramitación a nivel del sueño y la vida cotidiana. El primer caso da cuenta de un sueño de triunfo donde el cumplimiento de deseo transita por la vía del éxito alcanzado tras la finalización del partido de fútbol. El material proporcionado por el sueño y las asociaciones revelan fuentes del malestar que en esta joven se articulan a través de una dimensión socioeconómica y otra de género. En relación con la primera, esto se expresaría en una distribución segregativa de los espacios. Así, “la chancha”, término que utiliza para referirse a la cancha, representaría el escenario donde se enfrenta a equipos rivales y, al mismo tiempo, el lugar donde se materializa una desigualdad injusta, económica y social. Sin embargo, el malestar estaría también asociado a una fuente de carácter genérica. Entre sus asociaciones indica que, en su colegio, los hombres gozan de privilegios injustos dado que juegan fútbol en una cancha de mejor calidad, cuyo terreno está en buen estado y además cuenta con iluminación para practicar durante la tarde. En cambio, las mujeres deben resignarse a jugar en un terreno pequeño, mal mantenido y sin luz adecuada. A través de las asociaciones y del relato sobre su vida cotidiana se pone en relación, por una parte, el reconocimiento de inequidades de género, y por otra, del gran esfuerzo que para ella implica mantenerse competitiva en un terreno de hombres.

El malestar encontraría sus vías de tramitación a nivel del sueño a través de una rivalidad con otros equipos en la cancha de los “ricos”. Dichos equipos son completamente ambiguos en cuanto a su composición masculina o femenina. Así, frente a este otro -frente a esta alteridad- la soñante se asume en posición de líder en un territorio social de privilegio para los hombres. En este espacio logran ganarle al otro equipo por medio de frágiles victorias como las reveladas en la asociación del “1-0”, es decir, un resultado parcial posible de ser revertido en cualquier momento. Por otro lado, a nivel de la vida cotidiana, la joven tramitaría su malestar a través de la protesta dirigida a la dirección del colegio por discriminación. La joven se posiciona entonces en tanto defensora o garante de dichos alegatos. El posicionamiento de género aquí supone una identificación a la masculinidad hegemónica vinculada a la competencia deportiva, adhiriéndose con ello a la desvalorización dominante de lo femenino. De esta forma, tanto la fuente como la tramitación del malestar se ubican dentro de la matriz genérica, donde el conflicto se juega como demanda de igualación entre hombres y mujeres.

En el segundo caso, las fuentes del malestar se configuran a partir de las diversas renuncias que la joven ha asumido con el objetivo de cumplir con sus deberes estudiantiles. La “guagua” no deseada por la soñante, representa un obstáculo -y al mismo tiempo un fracaso- para los esfuerzos depositados por la joven. El estudio y el esfuerzo aparecen como la única vía para no ser como aquellas jóvenes que ven la promesa de la movilidad social truncada producto de un embarazo. Se trata entonces de una responsabilidad que recae exclusivamente en ella, y que no solo da cuenta de sus propias aspiraciones, sino que también de las expectativas de las figuras paternas. Es posible apreciar en ella una división entre ese ideal y el deseo de abrirse paso hacia otras experiencias propias de la edad. En tal sentido, la tramitación del malestar a nivel del sueño asume en esta joven la forma de sometimiento, por un lado, al reconocer dentro de su linaje a la “guagua” señalando que era “morena” como ella, y por otro, al decidir hacerse cargo y cuidar de ella. A nivel de la vida cotidiana, en cambio, el sometimiento asume la forma de una respuesta a los mandatos sociales y familiares a través de las responsabilidades asociadas a sus estudios, lo que al mismo tiempo le permite encontrar un lugar de valoración familiar y social.

En este caso la cuestión de la maternidad puede leerse como la dimensión de género determinante del malestar. Si se concibe a esta como un mandato de género que recae sobre las mujeres, entonces se reconoce el costo respecto a oponerse a aquel o bien la pesadilla de padecerlo como en la imagen ofrecida por el sueño. Situarse desde el anhelo de movilidad social por medio del rendimiento escolar, es ubicarse dentro de los valores sociales de masculinidad. El conflicto que el sueño hace presente entre el deseo de rendimiento y la maternidad es posible de ser conceptualizado entonces dentro del orden estructurante de las relaciones de género, en la medida que las formas de identificación a la repetición familiar conducen a pensar que el no fracaso escolar es una traición a la herencia femenina.

Por último, en el tercer caso es posible identificar fuentes de malestar que operan en distintos niveles. Por un lado, los padres aparecen como una polaridad en donde los cuidados y comprensión de la madre distan considerablemente de las reacciones del padre. El joven parece no cuestionar ni detener los gritos, insultos, y desregulaciones comportamentales mostradas por el padre, padeciendo así sus efectos. Una segunda fuente del malestar parece estar representada por ciertas personas o eventos de la vida social. En tal sentido, los contenidos vertidos tanto en el sueño como en las asociaciones relativas al “ladrón”, a “los estudiantes mayores” o al haber sido objeto de un asalto, entre otros, dan cuenta de aquello. El joven encuentra diversas formas de tramitación del malestar que no solo operarían por vía de las sensaciones de inseguridad e indefensión, sino también por vía de la inhibición. A nivel del sueño, intenta escapar o llamar al padre sin mayor éxito. Del mismo modo, a nivel de la vida cotidiana, prefiere no generarle mayores problemas a este llegando incluso a no hablarle. En este sentido, la inhibición se articularía en función de sus propias demandas frente a una autoridad paterna severa; cuestión totalmente opuesta a lo que ocurre frente a la figura materna. En este caso, las dimensiones de género se ubican en una tramitación de orden edípica, resistiéndose a la identificación paterna por medio de la pasividad; el padre es amenaza, miedo y también protección. Ahora bien, el malestar que implica para el sujeto esta posición encontraría en la actividad deportiva una forma de tramitación que le permitiría competir y obtener ciertos logros. Vale decir, un escenario en el que se puede desafiar al otro en un contexto reglado donde la reacción del oponente puede ser regulada. Desde este registro la pasividad que envuelve el relato del joven retorna hacia afuera en dos registros simultáneos: por una parte, ubica su actividad dentro de la esfera regulada del deporte y rendimiento físico, pero por otra, da cuenta de una cierta indefensión en el espacio público donde reconoce amenazas optando por relegarse de la vinculación a amigos y mujeres.

Los casos muestran cómo cada sujeto se relaciona con un imaginario de género. Esto se evidencia especialmente en el caso n.° 3 respecto a la posición que madre y padre ocupan para el soñante en tanto depositarios de ciertos ideales y aspiraciones, así como también respecto a su quehacer en la sociedad o en la relación de amor-desamor hacia ellos. Asimismo, el espectro cultural de la diferencia femenino y masculino se abre como territorio en tensión no homogéneo para los/as sujetos. En el caso n.° 1, la joven se reconoce en un lugar activo y experimenta cierta forma de reconocimiento desde ahí, aunque también de rebeldía y resistencia. En cambio, en el caso n.° 2, si bien el rendimiento escolar aparece como la vía de acceso que vehiculiza el anhelo de movilidad social, la posición donde se ubica la joven en tanto mujer de un sector popular la confronta de manera contradictoria con la maternidad -paradigma femenino por excelencia- al ubicarla en un lugar de resguardo pero al mismo tiempo en un lugar de fracaso. Es en este punto donde cobra relevancia atender a cómo los sueños de los/as jóvenes articularían las presiones sociales, tanto de género como de clase simultáneamente; en el entendido que una cuestión central es reconocer que las dimensiones de género aparecen vinculadas a formas de discriminación y desigualdad socioeconómicas.

En conclusión, es posible establecer a partir de esta revisión cómo lo social participa de la actividad onírica del sujeto, otorgándole un destino al malestar que es cotidiano, social y personal. En el sueño es posible establecer una relación entre la vida diurna y cómo esta provoca en el sujeto una particular producción onírica que ocupa materiales del orden sociocultural. Los casos revisados nos permiten sostener que las formas de malestar que se hacen presentes a través de la actividad onírica muestran diferentes trayectorias bajo las cuales la subjetividad se moviliza o se detiene, se resiste o se tensiona sobre la base de apuntalar los basamentos de género como relevantes. Es decir, la manera cómo cada joven se ubica en relación con la cuestión de género -particularmente respecto a lo que supone ser mujer y hombre en la sociedad, así como el modo en que es considerado lo femenino y masculino en tanto lugares desde donde tomar la palabra o posicionarse frente a sí mismos o frente a los otros- se experimenta conflictivamente. No obstante, es importante reconocer que las formas de tramitación se vinculan a salidas normativas, aunque subvirtiendo las formas tradicionales de identificación con su posición en tanto hombre o mujer. La masculinidad o feminidad presentes figurativamente en los sueños pueden ocuparse como vías de tramitación de los conflictos que enfrentan los jóvenes en la vida social. El material onírico y las asociaciones de los jóvenes ilustran que la cuestión de género opera más bien como material inconsciente.

Finalmente, estos primeros análisis de la investigación invitan a plantear la pregunta tanto por las fuentes como las formas de tramitación del malestar a nivel del sueño y la vida cotidiana. Vale decir, la interrogante sobre si las fuentes y formas de tramitación necesariamente coinciden en cada uno de dichos niveles. En tal sentido, la pregunta no solo abriría un campo para el debate teórico, sino que posicionaría el material onírico como herramienta clave para la investigación social dado que el sueño permitiría acceder al reconocimiento de ciertas fuentes y/o formas de tramitación del malestar que no necesariamente son conscientes para los/as sujeto. En tal sentido, si bien el diseño metodológico es una de las principales limitaciones del presente estudio -ya que implicó la adaptación de principios clínicos emanados desde el psicoanálisis para la investigación social-, al mismo tiempo se constituye en una apuesta que intenta innovar en las formas en que se accede a la subjetividad. De esta forma, esta investigación dialoga con diversas investigaciones contemporáneas que toman al sueño como elemento revelador de los aspectos subjetivos (Behrouzan, 2016; Hollan, 2009; 2013).

Agradecimientos

El presente artículo se enmarca dentro del proyecto de investigación titulado “Políticas del sujeto: malestar en la cultura, salud mental y vida cotidiana” financiado por la Iniciativa Bicentenario Juan Gómez Millas de la Universidad de Chile. Asimismo, el artículo es parte del Proyecto Ecos/Conicyt (Nº C13H01) titulado: “Clínica y sociedad: procesos de exclusión y subjetivación Chile/Francia”.

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1 Término utilizado en Chile para denominar a un recién nacido o niño/a de poca edad.

Received: September 26, 2016; Accepted: June 07, 2017

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