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Revista de psicología (Santiago)

Print version ISSN 0716-8039On-line version ISSN 0719-0581

Rev. psicol. vol.26 no.1 Santiago June 2017

 

Máquina del tiempo

De horrores, nuevas psicologías y democratización: veinticuatro años de la Escuela de Psicología de la Universidad de Santiago de Chile (1993-2017)

About horrors, new psychologies and democratization: Twenty-four years of the School of Psychology of the Universidad de Santiago de Chile (1993-2017)

Ricardo Ernst1 

1Universidad de Santiago de Chile. Contacto: R. Ernst. Facultad de Humanidades, Universidad de Santiago, Santiago, Chile. Correo electrónico: ricardo.ernst@usach.cl

Fotografía Archivo fotográfico personal del autor. 

En esta máquina del tiempo, siguiendo algunas huellas dejadas por el surgimiento y desarrollo de la Escuela de Psicología de la Universidad de Santiago de Chile (Epusach), ofrecemos al lector algunas reflexiones sobre la formación en psicología y el devenir político y cultural de la sociedad chilena desde algunos de sus acontecimientos en el último cuarto de siglo.

La primera mitad de la década de 1990 fue un lustro muy difícil para la sociedad chilena. Pensado en hitos, puede decirse que es el período que transitó entre la esperanza de cambio abierta con la asunción, en 1990, del primer gobierno de transición a la democracia, y el cierre, en 1995 y “por razones de Estado” (Villarroel, 2005), del proceso penal por fraude en contra de Augusto Pinochet Hiriart.

Fue una época que empezó con un amplio segmento de la población de nuestro país haciendo suyo el eslogan concertacionista de “La alegría ya viene”; que, sin embargo, terminó con esa misma población habituándose a que sus “representantes” optaran por zanjar las grandes discusiones de la sociedad en función de la idea de hacer “en la medida de lo posible”. Si bien el discurso social se articulaba en torno a una cierta retórica del cambio, a la vez muchas prácticas sociales, especialmente aquellas del mundo de la política profesional, se ejercían desde una pragmática de la estabilidad. “Si queremos que todo siga como está, es preciso que todo cambie” (Tomasi di Lampedusa, 1980, p. 20), pareció decir en privado la élite política de esos años.

Figura 1 Imagen de Fernando Muñoz Marinkovic. Fuente: http://maximilianoelgrande.bligoo.cl 

Al poco andar de ese lustro, en junio de 1990, la (des)memoria de la nación se vio remecida por el descubrimiento de las llamadas “fosas de Pisagua”, donde fueron halladas decenas de cuerpos de ejecutados en los inicios de la dictadura. Después del hallazgo de restos humanos en los Hornos de Lonquén, a fines de los años 70, fue la primera prueba pública de la verdad del horror a que fue sometido el pueblo chileno en la dictadura encabezada por Augusto Pinochet Ugarte (ver figura 1).

A la prueba del horror siguió, pocos meses después, la prueba de la fragilidad y “supervisión militar” a la que era sometido el proceso político nacional. En diciembre de 1990, presionando en contra de la causa penal que perseguía el fraude de su hijo contra el Estado, Pinochet Ugarte llevó a cabo el llamado “ejercicio de enlace” (Camus, 1993), en que se acuarteló a una parte importante de los efectivos militares de la Región Metropolitana hasta altas horas de la noche, en una clara amenaza que, a la postre, significó el postergamiento, por unos años, de la mencionada causa contra Pinochet Hiriart.

Haciendo fe de la estrategia de verdad y justicia “en la medida de lo posible”, en 1991 fue dado a conocer el llamado Informe Rettig, donde se presentó, en calidad de “verdad de Estado”, una relación detallada de más de 3.500 denuncias de crímenes y abusos del Estado en contra de la población civil durante la última dictadura que asoló al país. Se reavivaron, desde diversos sectores de la sociedad, los llamados al “Nunca más” y la exigencia de justicia para las víctimas y sus familiares, así como también la acción de grupos radicalizados de izquierda como el Movimiento Juvenil Lautaro (MJL) y el Frente Patriótico Manuel Rodríguez (FPMR). En ese contexto se entiende que, solo semanas después de la divulgación del informe, el 1° de abril, el FPMR asesinara a Jaime Guzmán Errázuriz, senador de la República y principal asesor civil de la dictadura en el rediseño de la institucionalidad política nacional a través de la Constitución de 1980, aprobada en fraudulento plebiscito del mismo año. Brutal sentido para millones de ciudadanos cobraron las ideas de “miedo crónico” y “amenaza política” de las que hablan Elizabeth Lira y María Isabel Castillo (1991) en su texto Psicología de la amenaza política y el miedo aparecido meses después.

El año 1992 siguió marcado por este clima de amenaza y confrontación, a veces más abierta, otras, soterrada. El secuestro de Cristián Edwards del Río, hijo del dueño del diario El Mercurio, Agustín Edwards Eastman, así como el caso de escuchas telefónicas ilegales atribuidas al Batallón de Inteligencia del Ejército (BIE) (Molina, 1992) contra el precandidato presidencial Sebastián Piñera, caso conocido como “Piñeragate”, son ejemplos de este clima. Sin embargo, en muestra de la voluntad de diálogo y apertura de diversos sectores, también se llevaron a cabo las primeras elecciones municipales libres en más de veinte años, superando el único aspecto del llamado “proceso de amarre” jurídico-administrativo heredado de la dictadura (Maira, 1998, p. 33), que logró ser desarticulado vía la negociación política en ese primer gobierno de transición a la democracia.

El contexto sumariamente descrito en estas palabras movilizó a diversos actores sociales en la dirección de contribuir, cada uno a su modo y desde sus respectivos lugares, con el amplio proceso de discusión y democratización que necesitaba el país. En lo que hace a la historia reciente de la formación profesional en nuestra disciplina, especial importancia cobró el llamado de Gabriel Reyes Figueroa, exdirector del Departamento de Psicología de la Universidad de Chile (Epuch), durante su claustro académico de ese año, en la línea de trabajar por recuperar confianzas, “... restablecer el respeto ... dejar de lado las descalificaciones y hacerle un amplio espacio al pensamiento divergente, pero constructivo” (Reyes Figueroa, 2013, p. 130). El llamado de Reyes fue oído por muchos y muchas que vislumbraron la responsabilidad de la psicología como disciplina en el enfrentamiento y superación de las consecuencias, tanto individuales como sociales, que tienen las dinámicas de violencia y represión políticas que en ese momento se vivían en nuestro país.

Haciendo carne de ese llamado, y recuperando especialmente la propuesta en torno a incluir en los programas de estudio “un área de desarrollo personal” que dé fe de que “... los psicólogos son personas trabajando con personas” (Reyes Figueroa, 2013, p. 130), en marzo de 1993 la Epusach recibió a su primera generación de estudiantes, apenas un par de meses antes de la última amenaza pública de Augusto Pinochet al régimen democrático conocida como “el boinazo” (Luengo, 2006), que volvió a impedir el avance del juicio por fraude contra los Pinochet (ver figura 2).

Figura 2 Fuente: www.memoriachilena.cl 

El/la estudiante de esa primera generación de la Epusach fue una mezcla heterogénea de los que, “por puntaje” o “por las pruebas especiales”1, no entraron a “la Chile”; aquellos/as que por ideología y/o clase social no lo harían ni a “la Católica” ni a “una privada”; más alguno que otro caso extraño de quienes “querían” estar ahí, en una universidad “de verdad de izquierda”, como se pensaba desde cierto imaginario social a una Universidad de Santiago de Chile heredera de la Escuela de Artes y Oficios (EAO) y la Universidad Técnica del Estado (UTE), y que desde ese lugar simbólico era sentida como una suerte de referente de las clases populares del valle central (ver figura 3).

Figura 3 Archivo fotográfico personal. 

Fue una generación que se llamó a sí misma “los hijos (e hijas) del rigor”, en parte por ese clima de “paz armada” que parecía imperar en el país, en parte por el ambiente de carencia material en que se desarrollaba la vida estudiantil de escuela. No solo una mayoría de los estudiantes proveníamos de las clases medias empobrecidas o de clases populares, más uno que otro que, por venir de otras regiones del país, siempre “andan con lo justo”, sino que además no teníamos biblioteca, sala de estudio, espacio para un centro de estudiantes, comedor... ni siquiera una “fotocopiadora amiga” donde se alojaran los kilos (literalmente) de lecturas que nuestros profesores y profesoras -en su mayoría de la Universidad de Chile o de la Universidad Católica-, nos dejaban a leer semana tras semana.

Las generaciones que le siguieron, a pesar de sus diferencias específicas y las coyunturas distintas que han debido enfrentar, han intentado preservar y transmitir esa disposición a la acción aun en condiciones materiales y humanas muy adversas, manteniendo como norte de esa acción el intentar contribuir al mejoramiento de las condiciones de vida de esas clases postergadas de las cuales muchas y muchos de ellos provienen. Quizá desde ahí es que cobra sentido que las generaciones que hoy se forman en la Epusach se llamen a sí mismas, con orgullo, “psicólogos/as todo terreno”.

Al parecer, la propuesta del profesor Reyes, realizada por la Epusach con los “Talleres de Integración”, fue fructífera en restituirle al ciclo de formación ese eje de reconocimiento del otro y valoración de la condición humana que nunca debió perder (ver figura 4).

El Chile de hoy es, en varios sentidos, muy diferente de aquel de mediados de los 90. Las casi dos décadas y media que han transcurrido nos han legado avances importantes en la democratización de la sociedad, así como un aumento importante del nivel de vida y la protección social al que pueden aspirar sus ciudadanos y ciudadanas. Al mismo tiempo, son una realidad fenómenos que en esa época hubieran sido impensables, como, por ejemplo, el aumento drástico de los niveles de inmigración y la llamada “politización de la sociedad” (PNUD, 2015). En este sentido, son también nuevos y diferentes los desafíos que la sociedad y sus psicólogos/as deben enfrentar.

Figura 4 Fuente: http://macarenamaite.blogspot.cl/ 

El escenario de “democracia semisoberana” (Huneeus y Cuevas, 2013) en que vivimos en Chile en la actualidad, si bien menos dramático y represivo que el de los 90, sigue imponiendo condiciones de vida muy difíciles para la gran mayoría de nuestros compatriotas y ello incide directamente en las tareas y responsabilidades que la psicología debe asumir. Aun cuando hoy podamos elegir a nuestros representantes -aunque cada día parezcan representarnos menos-, como sociedad seguimos siendo incapaces de proveer seguridad y bienestar a una parte importante de nuestros niños y ancianos, sin contar con que una parte significativa de los adultos que son sus cuidadores están sometidos a tales niveles de precarización laboral que seamos uno de los países con la tasa de endeudamiento doméstico más alta del mundo (Páez, 2016), con todas las implicancias que ello tiene para la salud mental de la población.

Los desafíos que como disciplina y profesión enfrenta la psicología en Chile son enormes. Hace veinticuatro años atrás un grupo de psicólogas y psicólogos dio un paso al frente tratando de responder a los retos de su época, creando un nuevo centro de formación que le diera al país esas psicólogas y psicólogos que la ciudadanía necesitaba, cultivando esa práctica que en otro lugar hemos llamado “el pensar emancipado” (Ernst Montenegro, 2013), que intenta liberarse de dogmatismos, abierto al diálogo y comprometido con el presente y el destino de su comunidad. Hoy, sosteniendo esos valores, en la Epusach somos muchos/as los que compartimos el juicio del profesor Bengoa (2009) sobre la llamada “comunidad reclamada”, y sin abandonar otros campos disciplinares, hacemos una apuesta que se juega por contribuir a desarrollar el “retorno a lo comunitario” del que tantas y tantos colegas se hacen carne.

Este año, que celebramos el septuagésimo aniversario del inicio de la formación en psicología en la Universidad de Chile, nos enfrentamos a múltiples definiciones -desde las elecciones presidenciales hasta un nuevo marco regulatorio para la inmigración-, que marcarán el futuro de nuestra sociedad al corto y mediano plazo. Si hemos de estar a la altura de las circunstancias, debemos avanzar en abandonar las estrecheces disciplinares que han perfilado nuestra breve historia, abonando el campo de la psicología chilena con las semillas del respeto, la escucha y el diálogo; muchas y muchos siguen hoy esta huella. Sin prisa, pero sin pausa, esta Máquina del Tiempo es una invitación a tomar esta conmemoración como una oportunidad para continuar ese caminar.

Referencias

Bengoa, J. (2009). La comunidad reclamada. Identidades, utopías y memorias en la sociedad chilena. Santiago, Chile: Catalonia. [ Links ]

Camus, M. E. (31 de mayo de 1993). Las razones de un boinazo. Agencia de Prensa de Servicios Internacionales (APSI). Recuperado de http://bit.ly/2sRnHwNLinks ]

Ernst Montenegro, R. (2013). Del pensar domesticado al pensar emancipado. Notas sobre la transformación del trabajo intelectual en América Latina. Andamios. Revista de Investigación Social, 10(21), 279-301. Recuperado de http://bit.ly/2tRfk8ALinks ]

Huneeus, C. & Cuevas, M. (2013). La doble ruptura de 1973, cuarenta años después. La democracia semisoberana. Política. Revista de Ciencia Política, 51(2), 7-36. http://dx.doi.org/10.5354/07161077.2013.30154Links ]

Lira, E. & Castillo, M. I. (1991). Psicología de la amenaza política y el miedo. Santiago, Chile: ILAS. [ Links ]

Luengo, A. (17 de Diciembre de 2006). Mi historia personal del boinazo. La Nación. Recuperado de http://bit.ly/2tWmJEJLinks ]

Maira, L. (1998). Los tres Chile de la segunda mitad del siglo XX. Santiago, Chile: LOM. [ Links ]

Molina, J. (22 de septiembre de 1992). Espionaje telefónico a Piñera: el N.N. y el agente del Servicio Secreto del Ejército. La Nación. [ Links ]

Páez, A. (28 de marzo de 2016). El brutal endeudamiento de los chilenos y la desposesión salarial. Fundación Sol. Recuperado de http://bit.ly/2uP7t99Links ]

Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo. (2015). Desarrollo humano en Chile. Los tiempos de la politización. Santiago, Chile: PNUD. [ Links ]

Reyes Figueroa, G. (2013). A cuarenta años del Golpe de Estado en Chile: un relato puertas adentro. Revista de Psicología, 22(2), 128-130. http://dx.doi.org/10.5354/0719-0581.2013.30862Links ]

Tomasi di Lampedusa, G. (1980 [1958]). El gatopardo. Barcelona, España: Argos Vergara. [ Links ]

Villarroel, G. (11 de agosto de 2005). Los conflictos de la familia Pinochet. BBC . Recuperado de http://bbc.in/2sKNFqSLinks ]

1 En aquella época las universidades llamadas tradicionales aún usaban, además del puntaje en la Prueba de Aptitud Académica, un set de pruebas psicológicas para seleccionar a sus futuros alumnos.

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