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Revista de psicología (Santiago)

versión impresa ISSN 0716-8039versión On-line ISSN 0719-0581

Rev. psicol. vol.28 no.1 Santiago jun. 2019

http://dx.doi.org/10.5354/0719-0581.2019.53939 

Máquina del tiempo

Erika Apfelbaum: poder, dominación y liberación en perspectiva psicosocial

Erika Apfelbaum: Power, Domination and Liberation in Psychosocial Perspective

Jacqueline Espinoza-Ibacache1 

Lupicinio Íñiguez-Rueda2 

1Universidad de Chile, Santiago, Chile

2Universidad Autónoma de Barcelona, Barcelona, España

Introducción

La fotografía de la primera reunión de la Asociación Europea de la Psicología Social realizada en el año 1969 expone un pasado reciente de desigualdad de género en la disciplina. Lo que ha sido señalado por las historiógrafas feministas y las psicólogas sociales de la ciencia como el “mito androcéntrico de la psicología sin mujeres” ( García-Dauder, 2010 , p. 48). García-Dauder (2010 ) señala que era un mito, pues sí había mujeres y eran reconocidas en su círculo, sin embargo, fueron borradas de la historia de la disciplina. La fotografía también permite que reflexionemos sobre quiénes eran los principales productores del conocimiento de la disciplina, y que este conocimiento fue producido mayoritariamente desde una perspectiva masculina ( Wilkinson, 1986 ). Erika Apfelbaum —que se ubica en la primera fila a la derecha en la fotografía— es la protagonista de este artículo; abordaremos sus desarrollos teóricos y a través de su historia haremos un ejercicio simbólico de remembranza de esas psicólogas sociales olvidadas.

Erika Apfelbaum fue una de las primeras psicólogas sociales contratadas en el Centro Nacional de la Investigación Científica de Francia en los años 1960. Atenta a las relaciones de dominación, criticó el temperamento androcéntrico de la psicología, la que idolatraba el método experimental al mismo tiempo que desatendía las relaciones de poder o que, simplemente, se distanciaba de su contexto social a la hora de desarrollar su perspectiva teórica. Su artículo “Relationship of domination and movements for liberation: An analysis of power between groups”, publicado en el año 1979, seguía esta línea al cuestionar las repercusiones de las relaciones de poder entre los grupos y las estrategias de los grupos dominantes, del mismo modo que planteaba la resistencia a esta relación. Artículo que a 40 años de su publicación es recordado en esta Máquina del tiempo por su aporte teórico a la psicología social y por abrir camino para analizar temas que hasta ese entonces eran inconcebibles en el campo teórico dominante de la disciplina. Esta teoría no estuvo exenta de polémicas por situar el poder como un tema estructural, lejos de su categorización como atributo personal que tanto se utilizaba en esos tiempos en la psicología social. Además, como se ve en la fotografía, fue elaborada en el contexto de una disciplina dominada por hombres.

A continuación, en primer lugar y como guiño a su línea de investigación asociada a la historia de la disciplina, haremos un recorrido por diversos episodios de la historia de esta autora, sus condiciones de producción y sus otros aportes científicos; en segundo lugar, nos focalizaremos en los elementos relevantes de su teoría de las relaciones intergrupales; para, en tercer lugar, relacionar sus aportes teóricos considerando las relaciones de dominación-subordinación y las desigualdades de género tan propias de nuestro sistema patriarcal.Portada

European Association of Social Psychology (2017).

Fig1 Portada 

La historia de y en la vida de Erika

Apfelbaum es una psicóloga social francesa, que, si bien nació en Alemania en el año 1934, tempranamente tuvo que exiliarse junto a sus padres en París como resultado de los acontecimientos vividos durante el régimen nazi. Avanzada la Segunda Guerra Mundial, ella y su madre estuvieron en campos de concentración franceses, mientras que su padre murió en Auschwitz. Esta autora plantea respecto a los procesos de exclusión producto de este período —a propósito del número de la revista Feminism & Psychologist dedicado a su trabajo académico— que las etiquetas para clasificar su procedencia étnica y geográfica solo las considera como elementos históricos, “de esta experiencia de guerra y racismo, probablemente surja mi fuerte desconfianza hacia cualquier tipo de adoctrinamiento ideológico y mi reticencia a aceptar cualquier etiqueta que necesariamente me clasifique de manera reduccionista”(Apfelbaum como se citó en Fine & Roberts, 1999, p. 263; la traducción es nuestra).

Los efectos de la historia de Apfelbaum se hacen presentes constantemente en sus investigaciones. Sus primeros trabajos estuvieron enfocados en procesos de comparación e influencia social, agresión y conflictos intergrupales en los años 1960 en el Centro Nacional de la Investigación Científica de Francia. Desde ahí, fue testigo de los desarrollos teóricos producidos durante la edad de oro de la psicología social en los años 1950 y 1960. Su quehacer investigativo se enfocaba en el análisis del conflicto y la negociación interpersonal basado en la teoría de los juegos, con pautas metodológicas asociadas al laboratorio y al paradigma experimental.

Sin embargo —y siguiendo la lógica del modo en que los procesos histórico-políticos se hacen presentes en sus investigaciones— son los procesos sociales vinculados a las manifestaciones estudiantiles de finales de la década de 1960, los movimientos sociales de las minorías étnicas y feministas, y la misma crisis de la psicología social de esa época, los que hicieron mella en sus trabajos posteriores. Le abrieron camino hacia el cuestionamiento del paradigma experimental, el develamiento de los efectos ideológicos y políticos en la producción del conocimiento y su implicancia en los desarrollos teóricos de la disciplina ( Apfelbaum, 2009 ). En este sentido, cuestionó el modo en que se ignoraba la influencia del contexto social en los resultados de la investigación y la distancia que había entre este conocimiento y los intereses o necesidades de ese contexto.

Apfelbaum asume, así, un papel importante en el análisis crítico de la psicología social que se desarrollaba hasta entonces. Es un protagonismo que se desplegó a través del cuestionamiento de la historia de la disciplina, una historia lineal y endogámica. De ahí que haya dedicado parte de su obra a desentrañar esos otros episodios y esos autores y autoras olvidadas por la historia oficial de la psicología social. Dicha historia homogeneizó las trayectorias científicas y situó a ciertos autores y autoras como disidentes. O, como los llama la misma Erika Apfelbaum, “expatriados de la disciplina”, que no seguían los cánones teóricos y metodológicos imperantes, por lo cual sus obras eran relegadas a rincones empolvados de las bibliotecas. Será, sin embargo, la otra parte de la obra de Apfelbaum a la que le dedicaremos atención especial en este artículo: el análisis del poder entre los grupos.

Conflictos y relaciones de poder entre los grupos

A partir de la revisión sistemática sobre conflicto y negociación interpersonal realizada para el libro Advances in experimental social psychology, Erika Apfelbaum (1974 ) desarrolló sus primeras críticas hacia el estudio del poder y las relaciones intergrupales en la psicología social. Allí critica los límites del paradigma experimental en su propio campo de estudio, señalando que los diseños experimentales —que por lo demás eran utilizados frecuentemente en el estudio del conflicto— dificultaban el análisis de la dinámica de las interacciones interpersonales. Esto, ya que la misma lógica y normatividad del laboratorio dificultaba investigar sobre resistencia, revuelta o cualquier levantamiento en contra de la autoridad.

Además, plantea la existencia de un vacío en las producciones académicas sobre las relaciones asimétricas y la necesidad de desarrollar una teoría que se aproximara a la resistencia de las personas, específicamente, el desarrollo de la agencia en una relación de dominación, “si la psicología social se ocupa de estos asuntos, se convertirá en un instrumento de cambio social. Hasta ahora, ha cumplido con más frecuencia la función de mantener el orden social” ( Apfelbaum, 1974 , p. 152; la traducción es nuestra). Así, en plena crisis de la disciplina, cuestiona el rol que esta había cumplido.

Es a través del artículo “Relationship of domination and movements for liberation: An analysis of power between groups”, que Apfelbaum (1979 ) desarrolla esta línea de estudio. Cuestiona la preocupación de la disciplina por estudiar el conflicto o problema intergrupal en función de acciones sociales que permitieran la integración de “los conflictuados o conflictivos”; pero sobre todo critica el abordaje de la noción de poder exclusivamente como un elemento de la dinámica intragrupal asociado a una cualidad de un/a integrante. Sin embargo, la autora se aleja de estas concepciones para definirlo como una relación que estructura el campo social, concretamente, “como una relación de dependencia entre dos grupos, cuando uno se apropia de los derechos y privilegios del otro y fija sus límites” ( Apfelbaum, 1989 , p. 14). Una relación disimétrica, cuya jerarquización contribuye a garantizar y perpetuar ese poder.

Esta teoría del poder se extiende sobre los vericuetos de las relaciones de dominación-subordinación. Estas relaciones se fundan en diferencias ya existentes, que pueden ser lingüísticas, étnicas, sexuales, entre otras, que se mantendrían así si no se atribuyese ninguna significación social. Pero se establece esta relación disimétrica cuando uno de los grupos logra transformar esta diferencia en una desigualdad.

La autora señala que esta desigualdad se instituye de la siguiente manera. Primero, se marca a la persona considerando un elemento distintivo de un grupo subordinado; este etiquetado es involuntario y, complementariamente, lo excluye del grupo dominante. Segundo, la destrucción del grupo sucede de manera paralela al mecanismo anterior, paradójicamente al mismo tiempo que se marca, se accionan estrategias para que el grupo subordinado no realice actividades grupales que permitan generar una identificación positiva, pues el propósito de marcarlos está asociado a la fijación de límites, derechos y privilegios del grupo dominante. Apfelbaum plantea que la destrucción del grupo subordinado implica una diferenciación de funciones de los dos grupos, en el sentido de que cambian las actividades intragrupales. El grupo subordinado se introduce en un proceso de anomia que acelera su destrucción y, en este sentido, se establece una relación de poder entre un grupo que es el dominante y —como efecto de tal destrucción— un “no grupo” que es el subordinado.

En tercer lugar, para mantener la dinámica intergrupal, el grupo dominante establece mecanismos culturales que permiten fomentar su posición de privilegio. Crea estándares o reglas supuestamente igualitarias, apoyados por instituciones que están a su disposición y controlan las actividades del grupo subordinado. Es más, y vinculado con la etapa anterior, la propia destrucción del grupo subordinado le resta medios para crear sus normas y la creencia de transformarse en un grupo independiente. De esta manera, se aceptan e internalizan las reglas del grupo dominante como universales e igualitarias, sin considerar que estas se han elaborado para mantener los privilegios que se obtienen como efectos de esta relación de subordinación.

La autora ilustra esta situación a través del mito de la movilidad social y el “tokenismo”, esto es, que hay personas de grupos subordinados que ascienden en la escala social por cumplir con las condiciones universales del grupo dominante. No obstante, estas prácticas beneficiosas mantienen la ilusión de verisimilitud de la movilidad social, pero, al mismo tiempo, ocultan prácticas que consolidan la relación de dominación-subordinación. Pensemos en las relaciones de dominación propias de un sistema patriarcal, la movilidad laboral de una mujer como símbolo de una relación igualitaria sería ilusoria, en tanto estaría instituida solo en función de la relación contractual, excluyendo un sinnúmero de relaciones asimétricas que se viven en otros ámbitos cotidianos. Por lo tanto, dice Apfelbaum, será una reciprocidad ficticia, restringida a este espacio y que desaparece al momento de terminar el contrato.

Así, Apfelbaum expone las estrategias que se utilizan para establecer las inequidades sociales, falsos universalismo o igualitarismo. En esta dinámica sitúa a ciertos grupos: mujeres, negros, pueblos originarios, minorías sexuales, entre otros, como subordinados, como grupo invisibles o no grupos:

…no tienen, pues, existencia autónoma y legal y, en consecuencia, poder contractual... El grupo dominante no reconoce o prefiere ignorar la presencia misma de los invisibles, incluso cuando expresan sus exigencias de que se les reconozca como socios que participan plenamente en las decisiones relativas a las opciones fundamentales para la sociedad (Apfelbaum & Lubek, 1976, p. 84).

Al mismo tiempo que informa sobre las diferencias y disparidades estructurales existentes en las sociedades contemporáneas, consecuencia de las relaciones de poder entre grupos, Apfelbaum entrega herramientas para problematizar los mecanismos que operan en las relaciones de dominación. Es en esta línea que la autora plantea el análisis de las expresiones de los grupos subordinados, sus medios para subvertir la invisibilidad y ganar cierta autonomía. Hablaremos de esto en el siguiente apartado, basándonos en las relaciones de dominación-subordinación propias de nuestro sistema patriarcal.

A modo de cierre

La comprensión del poder de Apfelbaum permite problematizar el modo en que los grupos de dominación en un sistema patriarcal han establecido su propia norma como universal e igualitaria, cuando no hace más que sustentar relaciones de desigualdad. Sin embargo, también hay resistencia. Sin ir muy lejos, fuimos testigos en mayo de 2018 en Chile de cómo el movimiento feminista se encargaba de convocar y configurar este no grupo de mujeres, lo que permitió mirarse, reconocerse y valorarse, visibilizar las relaciones de poder evidenciadas en la desigualdad de género y problematizar el estándar masculino como parámetro único y universal.

Estos eventos se relacionan con la elección de la obra de Erika Apfelbaum en la Máquina del Tiempo. La convergencia del poder y la resistencia ha sido transversal en su vida y en su producción científica: las circunstancias que condicionaron su niñez, su crítica al temperamento androcéntrico de la psicología social, su análisis de las relaciones intergrupales que amplió la visión de las teorías predominantes en la literatura de la psicología social, como también, la problematización de las relaciones de poder y la visibilización de los y las sin voz, dan muestra de su constante problematización de las relaciones de dominación en distintos ámbitos de su vida.

A través de su obra, Apfelbaum nos muestra cómo mediante la búsqueda y descubrimiento de autores y autoras olvidadas de la disciplina constituye un acto de resistencia, una práctica de resistencia para la reconstrucción del grupo subordinado, tal como señala en su teoría del poder. En este sentido, subraya la importancia de volver atrás, de husmear, rastrear esa historia o herencia cultural que se ha invisibilizado porque se ha hegemonizado solo la del grupo dominante, para reescribirla y darle una conciencia grupal, al tiempo que se evidencia la comunalidad de ese “nosotras”. De ahí que el movimiento feminista vociferara por las calles que eran las nietas de las brujas que no pudieron quemar.

Referencias bibliográficas

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