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Si Somos Americanos

versión On-line ISSN 0719-0948

Si Somos Americanos vol.16 no.1 Santiago jun. 2016

http://dx.doi.org/10.4067/S0719-09482016000100005 

Artículo original

La movilidad espacial del empleo agrario. Los trabajadores de la producción de papa y de la actividad forestal en la Argentina*

Spatial mobility of agricultural employment. Production workers of potato and forestry in Argentina

 

Alfonsina Alberti**, María José Martínez***

** Centro de Estudios e Investigaciones Laborales (CEIL), Buenos Aires, Argentina. Correo electrónico: ava1903@hotmail.com

*** Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas CONICET, Buenos Aires, Argentina. Correo electrónico: mjmartinez_79@hotmail.com


Resumen

El objetivo de este artículo es repasar las características que asumió la movilidad espacial del trabajo en la conformación de los mercados laborales agrícolas en América Latina, con especial referencia al caso argentino, y exponer las formas en que se abordó este fenómeno desde las ciencias sociales. Asimismo, se analizan dos casos de producciones agrarias argentinas en los que el fenómeno de la movilidad espacial de los trabajadores se encuentra vigente: el de los trabajadores forestales oriundos de Misiones y el de los trabajadores de la papa provenientes de Santiago del Estero.

Palabras claves: trabajadores migrantes, movilidad espacial, mercado laboral.


Abstract

The aim of this article is to review the features that took the spatial mobility of labor in the conformation of agricultural labor markets in Latin America, with special reference to the Argentine case, and expose the ways in which this phenomenon is approached from the social sciences. It also will show two cases of Argentine agricultural production in which the phenomenon of spatial mobility of workers is in force: the case of the native forest workers of Misiones and potato workers from Santiago del Estero.

Keywords: migrant workers, space mobility, labour market.


 

Introducción

Desde una perspectiva demográfica clásica, la migración implica un movimiento espacial desde un punto de origen hacia uno de destino con un cambio definitivo de residencia. Para superar este tipo de definición, Domenach y Picuet (1987) integran al análisis de los desplazamientos espaciales el carácter reversible de los flujos, es decir, la idea de que éstos pueden variar en función de la lógica del migrante o de la coyuntura social. En esta manera de concebir el análisis se tratan de captar formas más complejas de circular, como son las migraciones de retorno, las idas y vueltas y la doble residencia, que son excluidas del análisis demográfico clásico.

Históricamente, la movilidad espacial, junto con la transitoriedad temporal y la precarización laboral, ha sido una característica distintiva del trabajo agrario; sin embargo, a principios del siglo XXI encontramos dos perspectivas sobre las migraciones laborales de trabajadores en el agro: por un lado algunos autores sostienen que los procesos de asentamiento de mano de obra en zonas dinámicamente productivas han conllevado a la pérdida de importancia de las migraciones laborales, mientras que desde la otra perspectiva se sostiene la persistencia de la movilidad espacial del trabajo, sin negar los procesos de asentamiento de la mano de obra, y dando cuenta de cambios en cuanto al perfil de los trabajadores y en torno a las maneras de circular a través del espacio.

Para el caso de la Argentina, existen dificultades para cuantificar este tipo de migraciones laborales (Tadeo y Palacios, 2004; Bendini, Radonichy y Steimbreger, 2012). En 1980, Sabalain y Reboratti hicieron una estimación aproximada, basada en censos nacionales de población. A partir de estos datos señalaron que los migrantes estacionales serían aproximadamente unos 600.000 en todo el país. Posteriormente, y en un análisis más contemporáneo, Rau (2009), basándose en el registro de trabajadores rurales y estibadores, arroja un número de entre 1,3 y 1,5 millones de trabajadores. De este total, aproximadamente la mitad no se encuentra registrada, y equivaldría a 650.000 personas, de las cuales se calcula que el 40% se trataría de trabajadores migrantes temporales (260.000 personas).

El objetivo de este artículo es revisar el papel de la movilidad espacial en los mercados laborales agrarios en Latinoamérica, con especial referencia al caso argentino, y describir brevemente los modos de abordaje más representativos que las ciencias sociales han construido en torno a este fenómeno, para luego mostrar y analizar dos casos de producciones agrarias en los que la movilidad espacial de la mano de obra es una característica central: el de los trabajadores de Santiago del Estero (localidad situada en el noroeste argentino), quienes se desplazan a la producción de papa en el sur de la provincia de Buenos Aires y Córdoba; y por otro lado, el caso de los peones forestales oriundos de Misiones (localidad situada en el nordeste argentino), quienes principalmente se trasladan a Entre Ríos, provincia situada en la región mesopotámica de la Argentina.1

Los casos analizados se trabajaron a partir de un abordaje metodológico cualitativo mediante la realización de entrevistas semiestructuradas y en profundidad. Principalmente a trabajadores migrantes y también a otros actores involucrados en este fenómeno, entre ellos: diferentes miembros de su hogar, contratistas de mano de obra, cabecillas, comisionados municipales, entre otros, que en conjunto permitieron comprender mejor las diferentes dimensiones contenidas en los testimonios de los trabajadores migrantes.

¿Asentamientos de mano de obra versus migraciones laborales? Modos de abordaje del fenómeno y debates en torno a la movilidad espacial de los trabajadores agrícolas en el siglo XXI

Antes de la década de 1980, en un contexto de proceso de industrialización y urbanización a nivel regional, los estudios sobre migraciones en América Latina giraban en torno hacia aquellos desplazamientos que implicaban cambios de residencia de tipo definitivo desde áreas rurales hacia zonas urbanas. Algunos de estos estudios, aunque se centraban en las migraciones definitivas, también tenían su interpretación con respecto a las migraciones de tipo temporarias vinculadas a trabajo agrario.

Desde una perspectiva de la economía neoclásica, los desplazamientos de tipo estacionales o temporarios, vinculados a mercados laborales agrarios, fueron interpretados como un obstáculo al desarrollo. La alta movilidad de la mano de obra se explicó como resistencia al cambio por parte de sectores y clases tradicionales del medio rural, y el debate giró en torno a las fuerzas de dichas resistencias al cambio y sobre sus efectos en el desarrollo (Balán, 1980).

Por otro lado, desde un enfoque estructuralista, las migraciones con cambio de residencia eran vistas como una redistribución de la población que se adapta al reordenamiento espacial de las actividades económicas (Pachano, 1986), y los migrantes temporarios eran considerados una mercancía que se traslada de un lado a otro, según las necesidades de la producción capitalista, que sólo paga parcialmente los costos de producción y reproducción de la fuerza de trabajo, debido a que durante la "estación muerta" (cuando el trabajador permanece fuera del mercado laboral), la unidad doméstica se hace cargo del gasto de reproducción grupal (Laraña, 1993).

A partir de la década de 1980 se consolida como objeto de estudio de las ciencias sociales el fenómeno de las migraciones de tipo temporal asociadas a trabajo agrícola. Varias de estas propuestas se encuentran compiladas en el libro Se fue a volver (Reboratti, 1986), fruto del Seminario sobre Migraciones Temporales en América Latina. Esta obra advierte la importancia de estudiar las migraciones temporales, que habían sido prácticamente ignoradas en la región hasta ese momento, debido a que el interés central había estado focalizado en las migraciones rurales-urbanas de carácter permanente.

En consecuencia, las migraciones laborales de trabajadores agrícolas desde 1980 hasta la actualidad han sido abordadas desde múltiples dimensiones, como son los mercados laborales (Sabalain y Reboratti, 1980), los procesos de precarización laboral(Lara, 2001; Piñeiro, 2003), las modalidades de intermediación laboral (Aparicio y Benencia, 2000; Bendini y Gallegos, 2002; Craviotti y Palacios, 2007), las redes sociales (Blanco y Jiménez, 2011) y los enfoques que retoman el desarrollo de la antropología del movimiento y la geografía social, centrados en las nociones de construcción territorial y temporal en torno a la circulación espacial de los sujetos (Tarrius, 1989, 2000; Faret, 2001; Cortes y Faret, 2009).

Ya hacia finales del siglo XX se producen nuevos procesos de reestructuración de la agricultura en el marco de la globalización que afecta la organización de la producción y el trabajo agrarios de manera novedosa. En primer lugar, y contrariamente a un proceso de cambio de tipo unidireccional como el concebido desde la modernización, se presentan combinaciones diversas que incluyen en diferente medida –según el caso y las circunstancias– cambios tecnológicos, mayores requerimientos de calidad de la producción (antes que cantidad), nuevos requerimientos de calificaciones tácitas y de competencias, precarización del empleo, etc. A su vez, estos elementos se pueden combinar de manera diversa e inclusive de forma superpuesta o aparentemente contradictoria (Lara, 1998).

En este contexto, el rol de las migraciones laborales vinculadas al trabajo agrario se debaten a partir de dos posturas: la que sostiene la persistencia de las mismas, aunque con cambios vinculados al perfil de los migrantes y los patrones de los circuitos migratorios; y la que argumenta que la movilidad espacial de los trabajadores agrícolas deja de ser una característica importante en la conformación de los mercados laborales, debido a un proceso de asentamiento de mano de obra agrícola en las zonas dinámicamente productivas.

A mediados y fines de la década de 1980, algunos autores clasificaron ciertas producciones como "cultivos colonizadores", porque en una primera etapa permitían la colonización a través de la expansión productiva y la demanda de trabajadores mediante migraciones laborales. Y en una segunda etapa propiciaban el asentamiento poblacional para lograr la estabilidad productiva (Soverna, Giarracca, Aparicio y Tort, 1989; Bolsi, 1985).

En América Latina se da un proceso de asentamiento de mano de obra agrícola en zonas urbanas próximas a producciones agropecuarias dinámicas (Piñeiro, 2008; Venegas, 1993; Gómez y Klein, 1993). Algunos autores vinculan estos asentamientos con la disminución y pérdida de importancia de la mano de obra migrante en los mercados agrarios (Aguilera, 2007; Aparicio y Aguilera, 2012; Aparicio, 2013).

Aparicio (2013), retomando la línea del concepto de "cultivos colonizadores", a modo de hipótesis propone que la ocupación de asalariados migrantes podría constituir una primera etapa en el desarrollo de una producción (la de expansión). A su vez, a medida que ésta se consolida, comienza a activar dispositivos sociopolíticos que contribuyen a asentar población para disminuir el costo de transacción que supone el reclutamiento de trabajadores en áreas distantes y evita las incertidumbres derivadas de la posible escasez de trabajadores al estar maduras las producciones a cosechar. Esta autora critica los estudios actuales que subrayan la importancia que tiene la movilidad espacial en los mercados agrarios de la Argentina, pero que no los respaldan con datos secundarios que permitan cuantificar el fenómeno. Siguiendo esta línea, los cambios tecnológicos que permitirían amortiguar el impacto y la concentración de cosechas, sumados a los altos niveles de desempleo local, contribuyen a fortalecer los mercados locales de trabajo estacional, disminuyendo significativamente el rol de las migraciones temporarias como abastecedoras de las demandas de trabajo.

De manera que sobre la base del análisis realizado en cinco zonas agropecuarias argentinas, Aparicio (2013) sostiene que: "es posible afirmar la tendencia hacia el asentamiento de los mercados de trabajo agropecuarios y la reducción de los ciclos migratorios, especialmente aquellos históricamente protagonizados por "golondrinas" que iban de "cosecha en cosecha" por diferentes lugares del país" (Aparicio, 2013, p. 250). Si bien con esta afirmación no niega la presencia de trabajadores migrantes en algunas producciones agropecuarias, propone la idea de que el fenómeno está perdiendo importancia de modo paulatino.

También sugiere que las tendencias al asentamiento se vieron influenciadas por diferentes políticas de construcción de viviendas populares, programas de apoyo para la autoconstrucción, de promoción de emprendimientos productivos o para el autoconsumo, financiando los momentos de desempleo, y por otros dispositivos gubernamentales tendientes al alivio de la pobreza, que contemplan su suspensión durante los períodos de ocupación en los trabajos temporarios (como los planes interzafra2). Mientras que por el lado de la demanda de mano de obra, el asentamiento favorece la disminución de costos de "incertidumbre" o de "transacción" que provoca el reclutamiento de trabajadores con residencia distante en el lugar de trabajo, especialmente en aquellas cosechas que deben ser realizadas en un momento preciso para evitar pérdidas económicas, como sucede principalmente en las recolecciones de las frutas para su exportación en fresco (Aparicio, 2013, p. 250).

Específicamente, para el caso de la producción de fruta en Río Negro, Argentina, Aguilera (2007) señala que la presencia de trabajadores migrantes en esta producción es poco registrada, inclusive en el periodo de cosecha. Y argumenta que la disminución de la movilidad espacial de la mano de obra se explica por la disminución de los incentivos económicos y dificultades para el traslado y alojamiento, que dejaron de estar a cargo de las empresas productoras o del Estado.

Por otra, parte quienes sostienen la persistencia de la movilidad espacial, observan cambios tanto de los perfiles de los trabajadores como de los modos de circulación. En consecuencia, resulta cada vez más relevante la presencia de hogares de residentes en pequeñas localidades urbanas que no disponen de tierra para cultivos de autoconsumo y que construyen, a lo largo de todo el año, ciclos laborales que suelen combinar ocupaciones en diferentes sectores de la economía (Graziano da Silva, 1982; Gómez y Klein, 1993). De estos procesos emerge una gama heterogénea de trabajadores según se considere su residencia, origen étnico, disponibilidad de tierra, edad, género, ciclos ocupacionales, inserción laboral de la familia, tipos de movimientos migratorios, formas de contratación, cambios en las modalidades de intermediación, etc. (Sánchez y Arroyo, 1993; Barrón, 1999; Lara, 2000; Tubío, 2001).

Asimismo, estas posturas no niegan los procesos de instalación de mano de obra en algunas zonas agrícolas dinámicas, que permiten que las empresas utilicen cierta proporción de mano de obra local. Sin embargo, estos procesos no se traducen en la desaparición de la migración laboral de los trabajadores desde otros lugares.

Para dar cuenta de la complejidad que adquiere la movilidad espacial vinculada a trabajo agrícola, Lara (2000) delimita dos patrones migratorios: a) pendulares: trabajadores que parten desde una comunidad, campamento o cuartería hacia otra región agropecuaria y luego regresan a su lugar de origen; b) circulares: trabajadores que se trasladan hacia diferentes destinos (producciones). Dentro de este grupo algunos tienen residencia fija, la cual retoman en algún momento del ciclo, mientras que otros no tienen residencia fija en ninguno de los lugares por los que circulan.

Para el caso de México, Quesnel y Del Rey (2004, 2005 y 2010) han realizado importantes contribuciones para comprender la complejidad de la movilidad espacial que presentan los trabajadores agrícolas. Según estos autores, basándose en un "modelo de archipiélago" los grupos domésticos organizan sus migraciones laborales mediante una red compuesta de lugares (territorios), de personas, de objetos, etc., donde cada lugar (isla) ocupa funciones útiles y necesarias a las demás, y por lo tanto al conjunto de las comunidades del archipiélago para su reproducción social. De este modo, mientras en algunos momentos algunos miembros de la familia circulan por distintos espacios geográficos para obtener empleos, otros permanecen asentados, generando una red de contactos a través del espacio.

Lara (2006), siguiendo esta línea explicativa para el caso del sector hortícola mexicano, sostiene que los procesos de asentamiento forman parte de la itinerancia de las familias de asalariados agrícolas. En sus palabras:

Su asentamiento (refiriéndose a las familias que tienen miembros asalariados agrícolas) en una colonia, en un campamento o en unas cuarterías, no es más que parte de un "archipiélago" que se expande desde el pueblo de origen hacia los distintos espacios por donde transitan y van quedándose algunos de sus miembros para permitir la reproducción de los grupos domésticos (Lara, 2006, p. 13).

En un trabajo más reciente (Lara, Sánchez y Saldaña, 2014), a través del análisis de dos regiones productoras de hortalizas en México, advierten que el asentamiento de algunos trabajadores agrícolas en estos lugares debe comprenderse como parte del proceso de movilidad, en el que el sedentarismo es una etapa de la migración que corresponde a un proceso de apropiación de territorio. En consecuencia, los asentamientos de jornaleros, fomentados por programas estatales, funcionan como espacios de aprovisionamiento para muchos de los trabajadores que permanecen en circulación a través de migraciones pendulares o circulares, situación que es conceptualizada por estos autores como "industria de la migración".

La "industria de la migración" es entendida como los negocios que consisten en la prestación de servicios de manera privada para facilitar la movilidad humana, obteniendo por ello una ganancia económica (Hernández,3 2012, p. 45). Para el caso de los jornaleros mexicanos, muchos de los que antes viajaban enganchados mediante "contratistas", en la actualidad llegan a las zonas productivas por su cuenta a través de otros trabajadores que ya están y que les avisan por teléfono la fecha en que se los requiere. Al llegar esta misma persona que les llamó, o alguno que este conoce, los aloja en sus cuarterías. Esta llamada "industria de la migración" se basa en relaciones de pobre a pobre, que si bien permiten el acceso a los migrantes a los servicios necesarios para su instalación temporal, revisten condiciones de extrema precariedad (Lara, Sánchez y Saldaña, 2014).

En Brasil, Moraes Da Silva (2010) analiza las migraciones laborales que se producen desde el nordeste de Brasil hacia las producciones de azúcar y alcohol en el estado de San Pablo. Denomina al espacio de circulación migratoria como territorios migratorios permanentemente temporarios (articula de este modo las nociones de tiempo y espacio), para dar cuenta de cómo los trabajadores y sus familias organizan su reproducción social en distintos espacios geográficos por distintos periodos de tiempo. En este caso, la movilidad espacial vinculada al trabajo agrario no sólo persiste, sino que es la única opción que tienen las familias para lograr su reproducción social.

Para el caso del norte de la Argentina, Quaranta y Blanco (2012) consideran que los desplazamientos espaciales en busca de inserciones laborales temporarias no son fenómenos excepcionales, y estudian los cambios en las corrientes y en los patrones migratorios de la población del norte de Santiago del Estero. Los autores también señalan cómo las corrientes migratorias se redibujaron, a partir de la incorporación de nuevos destinos en reemplazo de aquellos que pierden importancia, como consecuencia de la ocupación de mano de obra local o de la mecanización de las cosechas.

Ejarque (2013) analiza la zafra lanera en la provincia de Chubut, sur de Argentina, y da cuenta de que los trabajadores de esta producción no pueden clasificarse de locales ni de migrantes, sino que denomina a este mercado de trabajo como regional, basado en un sistema de cuadrillas que se trasladan de campo en campo durante varios meses al año. La autora sostiene que no se trata de trabajadores migrantes en el sentido de que no viajan grandes distancias, sino que se encuentran en áreas relativamente cercanas, pero no llegan a ubicarse tan próximas a los establecimientos ganaderos como para permitir el retorno a diario de los trabajadores, como sucede en los mercados de trabajo locales.

En relación al sector frutihortícola del norte de la Patagonia argentina, numerosos trabajos realizados por investigadores del Departamento de Geografía y de Estudios Sociales Agrarios de la Universidad de Comahue, demuestran que la movilidad espacial de la mano de obra en el siglo XXI no sólo persiste, sino que aumenta (Radonich, 2001; Bendini y Steimbreger, 2010; Bendini, 2011; Bendini, Radonichy y Steimbreger, 2012). La multiplicidad y duración de los desplazamientos de los trabajadores redefinen el concepto de residencia, pero no llegan a constituir cambios defi tivos de residencia base (Radonich y Steimbreger, 1995). De este modo, el caso de las migraciones de trabajadores del norte de la Argentina hacia el sector frutihortícola de la Patagonia resulta paradigmático, y demuestra cómo la expansión del capital a través de la ampliación de una línea de actividad de más de medio siglo y de la modernización renovada, no elimina la movilidad de la mano de obra, sino que más bien la redirige hacia otras zonas de producción intensiva y/o hacia actividades de cosecha no mecanizadas, como muestran otros desarrollos empíricos en América Latina (Bendini, 2014).

Los orígenes y las características actuales de las migraciones laborales de trabajadores forestales de Misiones

Los orígenes de las migraciones laborales de trabajadores misioneros hacia el empleo forestal en otras provincias se remontan a mediados de la década de 1980, cuando se produce la quiebra de varias empresas forestales de madera nativa ubicadas en el nordeste misionero. La quiebra se debió a factores tales como el agotamiento de las especies maderables de mayor valor, el encarecimiento de los costos de explotación y las dificultades de la comercialización de madera, debido a que en aquel momento era más barato importar madera de países limítrofes.

En este contexto, los empleados despedidos por las empresas quedaron residiendo junto con sus familias en las tierras abandonadas por sus dueños y comenzaron a practicar una agricultura de subsistencia. También acudieron a la zona pequeños agricultores del sur de Brasil y de Paraguay, de modo que se formó un reservorio de mano de obra disponible para los contratistas que realizaban servicios forestales principalmente en el nordeste de Entre Ríos (Schiavoni y Alberti, 2013).

Por otra parte, los trabajadores analizados expulsados de la actividad forestal de monte nativo en la zona nordeste de Misiones, al mismo tiempo encontraron obstáculos para emplearse en el sector forestal implantado, ubicado en la zona noroeste de la misma provincia, debido a que en la década de 1990 se inició la integración de las plantaciones forestales de la zona noroeste a la lógica de la economía global trasnacional mediante la privatización de empresas estatales en manos de grupos nacionales, y la introducción de empresas extranjeras (Gómez, 2012).

Esta nueva etapa de integración al sector forestal global produjo cambios en la organización productiva que afectaron a la mano de obra empleada en el noroeste provincial. A partir de 1996, el traspaso a un grupo chileno del principal empleador (Alto Paraná S.A.) profundizó el proceso de tercerización, característico de la actividad, afectando a los hacheros y motosierristas. La mecanización del corte (introducción de máquinas procesadoras), las exigencias de seguridad, la categorización y la eliminación del pago a destajo fueron las principales innovaciones (Schiavoni y Alberti, 2013).

La profesionalización de la actividad forestal está ligada al control del riesgo. Se exigen determinados niveles de educación formal (secundario completo) y se restringe la franja etaria de ejercicio laboral. Este proceso, concomitante con la introducción de maquinaria ahorradora de mano de obra, repercutió sobre el mercado laboral local, disminuyendo la cantidad de contratistas y la posibilidad de empleo de los trabajadores de más edad, así como de los jóvenes carentes de formación.

Por otro lado, el proceso de expansión forestal en Entre Ríos estuvo acompañado por la radicación de aserraderos de pequeña y mediana escala en las proximidades de las ciudades de Concordia y Federación, y en la localidad de Ubajay. Durante la primera mitad de la década de 1990, estos aserraderos invirtieron en maquinarias, produciéndose desde entonces una integración de las empresas forestales (Vera y Biasizo, 2009). En 1995 se sumó la instalación de una gran planta industrial (Masisa), orientada a la producción de tableros de partículas y de fibra.

Si bien la actividad forestal en Entre Ríos se estableció en una zona en donde no hay escasez de mano de obra agrícola, debido a su vínculo con la producción citrícola y, más recientemente al arándano, el grueso de los trabajadores sería migrantes extraprovinciales, provenientes principalmente de la provincia de Misiones (Hirschorn y Sánchez, 2005; Bardomás y Díaz, 2007; Bardomás, 2009; Peirano, Bustos y Nahirñac, 2009). Las tareas que realizan los trabajadores migrantes se vinculan con la fase de cosecha, como el volteo de árboles con motosierra, el pelado de corteza con machete y la carga de madera, y con tareas de mantenimiento como poda y fumigación de las plantaciones.

La cosecha mecanizada en la región del nordeste de Entre Ríos se encuentra restringida a empresas con grandes superficies de aprovechamiento para poder hacer rentable la actividad, debido al alto costo de los equipos, de los repuestos y de mantenimiento. El 82% de las explotaciones son menores a las 100 hectáreas, representando estas unidades menos del 30% forestado de la región (INTA, 2009). Inclusive, la mecanización del corte de árboles no anula la demanda de trabajo manual, debido a que el rebrote del eucaliptus (principal especie arbórea que se implanta en Entre Ríos) necesita de un trabajador que clasifique cuáles son las partes de la madera que hay que cortar y cuáles dejar intactas.

La actividad se encuentra totalmente tercerizada. Los contratistas misioneros fueron pioneros en la organización del desplazamiento a Entre Ríos de trabajadores en la provincia de Misiones. Inicialmente, los operativos de movilización se realizaban en forma masiva en camiones. Con los años, surgieron otros contratistas y los propios trabajadores fueron construyendo la red que vincula los lugares de origen con los sitios de destino laboral, y se movilizan mediante colectivos, combis o remises. Si bien los arreglos sobre el costo del traslado son variables, generalmente el trabajador termina haciéndose cargo total o parcialmente del costo del traslado, aun así la inserción en la actividad forestal extraprovincial les brinda una remuneración que no obtienen en Misiones.

La temporalidad de estas migraciones laborales no está ligada a ciclos naturales vinculados a una estacionalidad, sino que al tratarse de plantaciones manejadas, los tiempos de realización de las tareas productivas dependen del plan de gestión de las empresas (Bardomás y Díaz, 2007). Las empresas de mayor envergadura implementan una temporalidad cíclica que implica que los trabajadores permanezcan 45 días reclutados en los campamentos forestales de Entre Ríos y regresen a sus hogares en Misiones por periodos de no más de diez días. Esta frecuencia de 45 días de trabajo y diez días de descanso es practicada por los obreros a lo largo de todo el ciclo anual. Uno de los peones que trabaja en una gran empresa forestal de Concordia (Entre Ríos), relata al respecto:

Me paso el año de acá para allá, 45 días en Concordia y vengo diez días a descansar a Misiones. Cuando vengo para acá, ya estoy pensando que tengo que volver a irme, pero es la única forma de tener toda una plata junta. Por acá (se refiere a Misiones) sólo haces una changa, vivís al día, nunca juntas un peso, y por ahí ni changa encontrás. (Comunicación personal, trabajador forestal, 37 años. 13/01/2011).

Por otro lado, la temporalidad laboral de las empresas de menor envergadura es mucho más irregular. En estos casos tanto el tiempo de estadía en el lugar de empleo como la frecuencia de viajes a lo largo del año es variable y depende de los arreglos que realice el empleador con el trabajador. Esta situación se ilustra en el relato de uno de los obreros que trabaja para una producción más pequeña:

Hace tres meses, el patrón nos mandó a llamar, Estuve allá en Entre Ríos más o menos unos 50 días o un poco; más de esa vez volvimos con mis hermanos y ahora no sé cuándo voy a volver a tener noticias para viajar otra vuelta […] acá mientras tanto hago alguna changa y trabajo en la chacra de mi papá, lo ayudo un poco a él (Comunicación personal, trabajador forestal, 26 años. 20/10/2010).

Con respecto al perfil sociodemográfico de los trabajadores, se trata de varones cuya edad promedio es de 29 años, siendo el mayor de 58 y el menor, de 16. En relación a los orígenes sociales, de los 21 trabajadores migrantes entrevistados, 11 casos tienen orígenes sociales asalariados y productores, es decir que sus padres se dedicaban a la producción agrícola familiar alternada con trabajo asalariado. Sólo seis presentan padres que se dedicaban exclusivamente a la producción agrícola familiar; por último, cuatro exhiben orígenes sociales únicamente asalariados. Asimismo, el nivel de escolaridad alcanzado por los trabajadores es bajo: muchos de ellos no completaron sus estudios primarios. Con respecto a la afiliación, la mayoría de los obreros entrevistados no se encuentra dentro de ningún sindicato.

El siguiente testimonio de un trabajador da cuenta de cierto temor de perder el empleo a la hora de realizar reclamos a los patrones:

A mí el tipo me estafó (refiriéndose al empleador): me tenía que pagar y me dijo que después, que después y no apareció más. Pero yo prefiero quedar limpio; si haces la denuncia se corre la voz y ya ninguno te quiere volver a contratar y ahí sí que quedas sin trabajo. No quiero problemas, prefiero no hacer nada, así la próxima vez que viene me da trabajo. (...) Entre ellos se cuentan y si haces lío, ellos saben y ninguno te toma. (Comunicación personal, trabajador, 33 años. 17/01/2013.)

En relación a los modos de circulación a través del espacio, se observa una diversidad de formas en la construcción de territorialidades y temporalidades migratorias por parte de los trabajadores migrantes. Generalmente, los trabajadores más jóvenes y solteros pueden combinar la actividad forestal con el trabajo en otras producciones agrarias y no agrarias; también hay trabajadores que combinan este empleo con trabajo predial en parcelas orientadas mayormente al autoconsumo en Misiones. Por último, cabe mencionar a los trabajadores insertos en empresas de mayor envergadura, exclusivamente en el sector forestal, que como ya dijimos, están sometidos a una temporalidad de trabajo regular a lo largo de todo el año.

Acá tengo mi chacra, no pienso descuidar la chacra, sin la chacra me muero de hambre, porque a veces ellos [refiriéndose a los contratistas de mano de obra] te vienen a buscar o vos te enterás de algún trabajo para las empresas de allá [refiriéndose a Entre Ríos] (…), pero hay veces que no encontrás las manera de ir para allá, o también pueden no cumplir con el trato y pagarte menos de lo que prometen. En mayo y junio me quedo acá en la chacra, me quedo a preparar la tierra para plantar, crío los chanchos, y después veo si me puedo pegar una corridita a Entre Ríos (Comunicación personal, trabajador forestal, 33 años. 8/01/2011).

Con respecto a los procesos de asentamiento de mano de obra misionera en Entre Ríos, generalmente implican a los trabajadores más jóvenes y solteros, que se instalan en barrios precarios, deficientes en servicios, en las inmediaciones de las zonas urbanas de Concordia. Mientras que los trabajadores migrantes se reclutan en campamentos forestales, los trabajadores misioneros instalados se trasladan diariamente a los lugares de trabajo y al finalizar la jornada laboral regresan a sus hogares. Sin embargo, la presencia de mano de obra local no anula la demanda de trabajadores migrantes misioneros. Uno de los contratistas entrevistados adopta un sistema de remuneración diferenciado: el destajo para los trabajadores que residen en el campamento y el jornal para los que viven en la ciudad y se trasladan todos los días. De esta manera, con los primeros se asegura el rendimiento y con los segundos, la disponibilidad de mano de obra, pero sin perder plata, ya que la intensidad del trabajo es menor (Bardomás y Alberti, 2011). Un trabajador comenta al respecto:

Ellos prefieren que nosotros estemos de acá para allá, porque vos imagínate, si estás lejos de tu casa, de tu familia, estás haciendo un sacrificio y vas a trabajar al máximo para traer más platita; el tipo que está allá anda más tranquilo. (Comunicación personal, trabajador forestal, 24 años. 14/01/2013).

Se observa que los contratistas y las empresas prefieren ocupar trabajadores misioneros, evitando así contratar mano de obra local, como una estrategia de disciplinamiento de la mano de obra, puesto que consideran más conveniente y menos problemático disponer de fuerza de trabajo migrante por un tiempo determinado que regrese a su lugar habitual de residencia y no permanezca en la zona (Alberti, Bardomás y Schiavoni, 2012).

Por otra parte, los tiempos de permanencia de los trabajadores que se asientan en Entre Ríos son variables y hay casos, sobre todo en relación con las migraciones de familias completas, que después de distintos periodos de tiempo (entre dos y cinco años) retornan a Misiones y siguen practicando la migración laboral temporaria. El retorno se vincula con los altos costos que implica la vida en los lugares de trabajo, por lo que el grupo familiar regresa a Misiones. Esta situación reafirma la idea de que la movilidad espacial del trabajo es una estrategia que despliegan todas las unidades domésticas analizadas para mantener su condición de asalariadas, configurando una migración "permanentemente temporaria" (Moraes Da Silva, 2010), debido a que no encuentran condiciones sociolaborales que permitan su reproducción en ninguno de los espacios por los que circulan. En este contexto transitar por distintos espacios es una condición para la inserción laboral y para la reproducción social del trabajador y su familia. Uno de los testimonios de los peones da cuenta de las migraciones de retorno:

Yo me fui allá [refiriéndose a Entre Ríos], me llevé a mi familia, tres años quedamos allá, pero ya no aguantamos más la situación y volvimos. En Entre Ríos hay otro nivel de vida, todo es más caro, la plata que ganaba en la empresa allá poco rendía, y para colmo teníamos que alquilar una casa (...) no sirvió de mucho, así que volvimos para acá, estamos más tranquilos y cada tanto me pego una corridita para trabajar en forestal. (Comunicación personal, trabajador forestal, 45 años. 12/01/2013).

El origen y las características actuales de las migraciones laborales de trabajadores paperos de Santiago del Estero

Las migraciones de trabajadores oriundos de Santiago del Estero hacia la producción de papa en la región pampeana se remontan a finales de la década de 1940 y principios de 1950. También acudían a esta producción, aunque en menor medida, los trabajadores de las provincias de Tucumán, Córdoba, Corrientes y Entre Ríos (Petrantonio, 1991).

Una característica dominante en la historia de la provincia de Santiago del Estero es su condición de expulsora de población desde comienzos del siglo XIX, característica que se mantiene en la actualidad. Esta denominación se debe principalmente al modelo de desarrollo imperante en ese momento que colocaba a Buenos Aires como centro del dominio del país.

Durante el declinamiento del sector vinculado a la industria artesanal, el desarrollo de la provincia se basó en la incorporación de nuevas tierras, especialmente hacia el norte (ecológicamente chaqueñas). Esta característica abrió perspectivas a la explotación ganadera de muy baja tecnificación, pero sobre todo logró reactivar la actividad forestal, lo cual de alguna manera favoreció la retención de mano de obra rural local. Sin embargo, no pasó mucho tiempo hasta que esta actividad puramente extractiva entró en decadencia, tanto por la depredación del monte con fuertes procesos de deforestación, como por las limitaciones de los mercados para la colocación del producto.

Esta situación reactivó nuevamente la expulsión de población provincial, debido a la falta de fuentes de trabajo locales que le permitieran su subsistencia diaria. Por su parte, el excedente de mano de obra local conformó un estrato de trabajadores migrantes, transitorios o ¨golondrinas¨, que de acuerdo a su localización geográfica y conformación de su hogar comenzarían a participar de diferentes circuitos migratorios, vinculados principalmente al trabajo rural en diversos puntos del país.

Encontraparte, enlaregiónpampeanahasta 1940 las tareasrelacionadasconlapreparación del campo y la siembra eran realizadas por mano de obra familiar, principalmente en las chacras de hasta 50 hectáreas. Sin embargo, en este periodo se produjo un retroceso en la producción de los cultivos típicos del área, debido a que era una etapa de cambios institucionales, sociales y productivos, influenciada por la llegada de nuevos productores paperos a la zona, los cuales generaron variaciones en el tipo de tenencia y en la forma de producción.

El cultivo de papa fue el único producto de la región que sufrió un proceso inverso, mientras que los productos típicos experimentaron un estancamiento general que expulsó la mano de obra desde el campo hacia la ciudad. Este cultivo tenía la peculiaridad de generar una demanda sostenida de mano de obra rural transitoria que fue en aumento (Petrantonio, 1991).

En definitiva, el cambio tecnológico tuvo efectos directos en los factores de producción: transformó al productor papero tradicional en un productor de tipo empresarial, con las características propias del mercado capitalista. Y por otro lado, lo asoció a una productividad alta que generaba una demanda continua de mano de obra transitoria, y el crecimiento de un mercado estrictamente informal, por lo tanto precario y flexible.

Asimismo, hay que destacar que la producción de papa de la variedad semitardía está estrechamente relacionada con una alta demanda de mano de obra rural transitoria. Esto es lógico, teniendo en cuenta que la misma se destina principalmente al mercado en fresco (consumo), y por lo tanto se requiere un sistema mixto de producción (mecanización y mano de obra). Este sistema implica la recolección y el embolsado a campo, y también la selección de la parte del producto que será destinada a la planta de reacondicionamiento. Esta última tarea debe realizarse indefectiblemente de manera manual para preservar la calidad del producto.

Esta forma de cultivo escalonado, además de promover la oferta continua de papa para los diferentes mercados, genera paralelamente la demanda sostenida de mano de obra migrante transitoria en los diferentes circuitos y etapas de producción. En efecto, mientras que en Tandil, Balcarce y Bolívar se produce papa para consumo, en Tres Arroyos se la produce para semillas, al igual que en Huanguelén (Coronel Suárez). En este sentido, la expansión de la producción les permite tener una oferta laboral continua y, en muchos casos, combinar distintos circuitos laborales y en algunos casos elegir hacia dónde ir.

Otro aspecto a considerar de esta etapa es que los diferentes ciclos productivos de papa (tardía, semitardía, etc.), permiten a los trabajadores migrantes poder participar de diversas tareas en los distintos destinos. Sin embargo, entre una convocatoria y otra siempre hay periodos en los que no se los convoca, situación que generalmente se debe a fluctuaciones negativas del mercado. En los relatos de los trabajadores paperos queda demostrado que el volver a su hogar es en parte de cierta forma una rutina internalizada que al parecer se vincula directamente con pautas familiares de organización.

Y todos vuelven, si deciden seguir con la papa en otro lado. Por ejemplo: vienen de Balcarce y tienen esa organización de volver a la casa al menos una semana o quince días para estar con la familia. Después de ahí van a Villa Dolores, ya está la rutina hecha, hay trabajo casi todo el año. (Comunicación personal, trabajador migrante transitorio en actividad, 73 años. 4/06/2010).

Mi hermano, el que va para Balcarce, a veces queda por ahí nomás, pero bueno él es viudo, y prefiere ver si agarra algo ahí nomás en otro campo de papa. Pero, bueno, los hijos de él ya son grandes, no tiene que volver tan seguido, yo quiero ver a mis hijos. Pero generalmente la gente vuelve, pero a veces están seis o siete meses allá, yo no puedo, yo tengo mi familia aquí, yo estoy dos o tres meses y trato de volver. (Comunicación personal, trabajador migrante transitorio en actividad, 45 años. 6/06/2010).

Ésta es la realidad de muchos de estos trabajadores que, por ejemplo, realizan la siembra de papa semilla en el sur de la provincia de Buenos Aires y, al terminar su tarea allí, regresan a su lugar de origen y permanecen allí ¨descansando¨ un lapso determinado de tiempo, y migran nuevamente a Córdoba a realizar la cosecha o el riego de la papa por otros meses o viceversa. Vale destacar, en relación a esta última característica, que si bien existe una demanda sostenida de trabajo creada en conjunto por los diferentes puntos de producción en varias provincias, el trabajador sigue siendo migrante porque su familia siempre permanece en su origen, por lo tanto se van y vuelven a su hogar en cada periodo, pero también porque al empleador le resulta conveniente que las condiciones laborales sean precarias para poder desvincularse sin problema de los trabajadores cuando la demanda del producto disminuye y por lo tanto también la mano de obra necesaria.

Con respecto al perfil sociodemográfico de los trabajadores entrevistados,4 son todos varones, y según su relato se inician en la tarea entre los 15 y 16 años. Sin embargo, como se puede entrever, en la actualidad también hay casos de padres que migran junto a sus hijos para que aprendan la tarea desde los 13 años.

Yo salía también con mi padre, a ver como le digo… aquí por la zona los que tienen padre, los llevan ya apenas pueden para que ayude. Mi padre ya me llevaba y yo lo he llevado a mi chango. Desde los 18 y pico de años, y el sigue yendo a la papa todavía, así mantiene a su familia y ya tiene 46. (Comunicación personal, trabajador migrante transitorio retirado, 73 años. 12/12/2011).

Para la papa vamos hombres solos; ya cuando los chicos están en edad, lo llevamos, aunque ahora van más tarde con más edad de lo que se los llevaba antes. (Comunicación personal, trabajador migrante transitorio en actividad, 53 años. 20/12/2011).

Siempre van todos hombres la mayoría, ahora de 25 o 27 años; allá ahora no quieren chicos, los tienen rezumbando ahora, por eso no quieren que sean menor de edad ahora, tiene que tener sí o sí 18 años, si no los hacen volver ahí nomás. (Comunicación personal, trabajador migrante transitorio en actividad, 45 años. 5/01/2012).

Mi hijo va, a él lo llevo desde muy joven, a él ¿ve?, a él, es el mayor, lo llevo desde los 13 años. Cuando él empezó, me sabía llenar la maleta nomás, y yo la cargaba, yo tenía miedo que le pase algo, era flaquito, niño… ¡Me pesaba a mí, la hora que lo había llevado a él!, ¿para qué lo traigo? pensaba... Me daba lástima. (Comunicación personal, trabajador migrante transitorio en actividad, 53 años. 6/01/2012).

En relación al nivel educacional, se identificaron dos grupos generacionales diferentes: por un lado aquellos migrantes que tenían más de 40 años, quienes en su mayoría generalmente no habían completado la escuela primaria. En este grupo, los relatos siempre describían el mismo mecanismo de socialización de la tarea: ellos comenzaron a migrar a temprana edad, en compañía de sus padres o de algún pariente o amigo cercano, tal como se desprende de las siguientes entrevistas:

Mi tata ya iba, y seguro el papá de él también, como mi papá va ahora y también con él nosotros dos que somos hermanos… (Comunicación personal, trabajador migrante transitorio en actividad, 26 años. 3/06/2013).

Yo pasé la herencia a mi hijo de este trabajo, que aprendí de mis tíos y de mi padre. Generalmente uno va con los padres, empieza ayudando, y después ya te gusta ir en grupo, todos con esperanza, pensar que vas a traer alguito para la casa... A veces he pensado, ¿voy hacer siempre esto, ché? Y bueno, ahí me ves, a esta edad ya sé la respuesta... es lo que se aprende en la zona, es esto o la desflorada, es lo que se puede. (Comunicación personal, trabajador migrante transitorio en actividad, 55 años. 8/06/2013)

El otro grupo estaba compuesto por jóvenes de entre 16 y 25 años, hijos de una generación de trabajadores paperos que por entonces tenía entre 40 años y más y nietos de los migrantes de más de 50 años. Estos trabajadores en su mayoría manifestaban que habían logrado terminar la primaria, y sólo unos pocos habían podido cursar algún año de la secundaria.

La mayoría está tratando de hacer que los hijos no vayan, que estudien, pero la plata, la plata los llama mucho. Claro, por ejemplo, que estén aquí trabajando, sea en lo que sea, vamos a ponerle que como máximo se lleven 100 pesos, y ellos van y se ganan 300 por día, 360 y tal vez más, y bueno, todo eso se va sumando, el salto está y por eso ahí está la tentación. (Comunicación personal, trabajador migrante transitorio en actividad, 62 años. 8/12/2013).

Algunos abandonan la escuela, pero va cambiando, antes iban más jóvenes. Por ejemplo, hay casos como yo, o como A (su hermano) que hemos conseguido aquí el año pasado otros trabajos, pero eso casi no pasa, hay que andar y tener suerte. (Comunicación personal, extrabajador migrante transitorio, 28 años. 8/12/2013).

Los trabajadores se trasladan hacia la producción de papa en ¨cuadrillas¨. Pueden trabajar con más de un patrón y realizar dos circuitos; uno hacia el sur de la provincia de Buenos Aires y el otro hacia Córdoba. La cuadrilla es dirigida por un ¨cabecilla¨,5 es decir, un trabajador de vasta experiencia que el grupo considera como líder de la organización laboral. El medio de traslado principal es el colectivo o la combi, y en algunos casos los patrones pueden hacerse cargo total o parcialmente de los pasajes; sin embargo, los trabajadores relatan que el dinero del pasaje es descontado de manera encubierta en la paga del salario.

Entonces es crucial el compromiso tácito que implica pertenecer a una cuadrilla, más aún a aquellas con una larga tradición migrante, en donde así como hay exigencias, también hay beneficios, continuidad laboral, condiciones ¨aceptables¨ en destino, trato directo con el patrón. (Comunicación personal, trabajador migrante transitorio en actividad, 52 años. 11/12/2013)

Por eso le digo, él tiene contacto directo con el patrón, pero no todas las cuadrillas son iguales, tampoco deben ser iguales todos los patrones. Generalmente los que son como nosotros, que tienen vínculos laborales que datan de muchos años, en su mayoría más de 20 años, y algunos como yo que van hace 43 años, tienen un trato mejor, más sincero o justo. (Comunicación personal, trabajador migrante transitorio en actividad, 36 años. 11/12/2013)

Ellos se encargan de mandarte el pasaje, generalmente son colectivos de línea. Ahora se acostumbra a que te manden el pasaje y un dinero extra para tus movimientos en el viaje. Ellos sacan allá y vos te vas a la boletería y has visto que ahora todo es por internet, así que te mandan por ahí el pasaje, así que ya está aquí en la boletería ese mismo día. Es igual que el giro, ellos nos pasan los códigos. Salimos de la Terminal de Santiago o por Loreto. (Comunicación personal, cabecilla y trabajador migrante transitorio en actividad, 57 años. 16/12/2013)

La formación de cuadrillas de trabajadores es una forma de organización típica, principalmente en la provincia de Santiago del Estero, ligada a la migración laboral, pero se observa también en la mayoría de los circuitos migratorios de otras provincias. En este caso particular son grupos de entre 18 y 20 trabajadores, entre los que hay un jefe de cuadrilla, llamado cabecilla, y un cocinero del grupo. Esta forma de agrupamiento les permite, según relatan, una mejor negociación del salario y las condiciones de trabajo en destino.

El cabecilla arregla todo directamente con el patrón, él lo llama por teléfono y le avisa cómo nos manda el pasaje y el cabecilla nos avisa; después allá él ve si está bien la casilla y bueno, si está rota él le reclama al patrón y el patrón la arregla. (Comunicación personal, trabajador migrante transitorio en actividad, 53 años. 2/06/2011)

Por ejemplo, mi cabecilla arregla si vamos por bolsa o tanto por hectárea, él tiene contacto directo, él arregla y después nos cuenta a nosotros cómo es el tema y ve si estamos de acuerdo. (Comunicación personal, trabajador migrante transitorio en actividad, 26 años. 2/06/2011)

Por otro lado, los gastos de vida durante su trabajo en destino (comestibles, tarjetas para celulares, gas, etc.) son solventados por los mismos trabajadores. En cuanto a la vivienda, estos trabajadores se alojan en casillas que proveen las empresas, aunque señalan que la mayoría de las veces, las mismas se encuentran en buen estado; cuando no es así, es tarea del cabecilla transmitir esta situación al patrón.

Para qué te voy a mentir, es duro ir, no es lindo, pero es como que ya sabes qué es lo que tienes que hacer para vivir: es esto o irte a otro lado igual; aparte, en la papa se gana bien y somos trabajadores honestos. (Comunicación personal, trabajador migrante transitorio en actividad, 26 años. 11/06/2011).

A veces el camión nos espera directamente en Tandil, otras veces de Tandil vamos a Tres Arroyos y de ahí nos espera el camión y compramos la mercadería y lo que necesitamos, y de ahí entramos para el campo. (Comunicación personal, trabajador migrante transitorio en actividad, 23 años. 12/12/2011).

Estos trabajadores se ausentan de sus hogares por diversos periodos de tiempo, pero continúan manteniendo vínculos con sus parientes a través de la comunicación telefónica y mediante el envío de remesas. El retorno hacia el lugar de origen es una meta que siempre está presente en los relatos de estos trabajadores migrantes. En este contexto, los sujetos implicados han logrado organizar circuitos permanentes de migración, y también simultáneamenteircreandodentrodeunmismohogardiferentestrayectoriasmigratorias. Así, la producción de papa ha logrado un crecimiento y expansión sostenidos, y también el desarrollo de un sistema escalonado de producción por zonas, que le permite mantener una oferta continúa del producto, y como resultado, también una demanda constante de mano de obra.

Todos mis hermanos van, esto es una herencia, siempre ha sido así. Hace muchos años salía nuestro abuelo, siguió mi padre, y después nosotros, y sin darnos cuenta íbamos aprendiendo que en cualquier rato había que irse… Hasta que nos tocó ir, y seguro seguirá alguno de mis hijos, aunque ahora está mejor allá. (Comunicación personal, trabajador migrante transitorio en actividad, 36 años. 6/01/2012).

Y así antes no te preguntaban como ahora. Aunque yo no me quiero quejar de esta labor… porque he criado a mi familia, antes a mis padres y ahora a mis hijos. Y es raro, lo que se siente, es difícil contarle a usted un sentimiento difícil, es, tenías que ir, ¿si no qué hacías aquí? y bue. .Es así, así es desde siempre. (Comunicación personal, trabajador migrante transitorio en actividad, 49 años. 26/01/2012).

Reflexiones finales

La movilidad espacial de la mano de obra ha sido un rasgo distintivo en la conformación de mercados agrarios en toda América Latina que ha ido adquiriendo distintas características según las coyunturas históricas específicas.

Estudios sobre el trabajo agrario en varios países de la región argumentan que en la actualidad este fenómeno se complejiza de tal modo que los asentamientos y las migraciones de los trabajadores, por distintos periodos de tiempo, se articulan de diversas maneras según las características de las producciones implicadas y el perfil heterogéneo de los trabajadores según residencia, género y generación.

En relación a la falta de datos que permitan cuantificar el volumen de trabajadores migrantes en producciones agrarias, no debemos olvidar que debido al tipo de inserción laboral informal, generalmente carente de registro, estos datos muchas veces se encuentran invisibilizados. Sin embargo, tampoco hay datos cuantitativos contundentes que admitan negar la importancia de la movilidad de la mano de obra agrícola.

Los trabajadores agrícolas santiagueños tradicionalmente han acudido a la migración laboral. En el caso de la producción de papa, esta movilidad espacial se remonta hacia fines de la década de 1940 y principios de 1950. Esta situación convierte a la práctica migratoria en un "saber circular espacialmente" que se trasmite de generación a generación entre los varones, constituyendo una suerte de "herencia migratoria" en la que el vínculo entre trabajo asalariado y movilidad espacial se presenta como un destino casi inevitable.

En Misiones, la migración hacia la actividad forestal en Entre Ríos es menos antigua, y se vincula con dos procesos: por un lado, con la quiebra de los obrajes de madera nativa ubicados en la zona nordeste de Misiones en la década 1980 y, por otro, con que en el sector noroeste provincial de bosques implantados a mediados de la década de 1990, se produce la inserción de la actividad forestal a la lógica del mercado global, lo cual trajo aparejada la mecanización junto con la exigencia de calificación de la mano de obra y la consecuente expulsión de los trabajadores que no cubren los requerimientos solicitados.

Los dos casos presentados en este artículo, el de los trabajadores de la papa santiagueños y los peones forestales misioneros, ambos indican que estos colectivos deben acudir a la movilidad espacial para lograr su reproducción social. Esto no implica negar que existan procesos de asentamiento de algún segmento de la mano de obra; en el caso de la actividad forestal, las empresas despliegan estrategias mediantes las cuales combinan simultáneamente la utilización de mano de obra local y migrante para explotar al máximo la fuerza laboral según sus características particulares.

Al mismo tiempo, en aquellos casos de trabajadores misioneros que se instalan en Entre Ríos, después de cierto tiempo, que varía según las particularidades de cada situación, pueden producirse migraciones de retorno a Misiones. Estos retornos, según los testimonios de los trabajadores, se deben al alto costo de vida que les significa Entre Ríos, entre estos costos cabe mencionar la vivienda.

Si bien los trabajadores de las dos producciones analizadas deben hacerse cargo en parte del traslado hacia las zonas de empleo, situación que agudiza la precarización del trabajo agrícola temporal, esto no desestimula las migraciones laborales temporarias, debido a que se trata de una mano de obra con bajas cualificaciones laborales y residente en zonas que no ofrecen inserciones laborales estables. Los trabajadores una vez que finalizan las tareas temporarias pueden trasladarse a trabajar hacia otras producciones o regresar a sus hogares de procedencia, generando distintos patrones espaciales de circulación que pueden ser pendulares o circulares.

Con respecto a los cambios tecnológicos, en nuestros casos de estudio no se vinculan con un cese de la contratación de trabajadores migrantes, sino con que generan cada vez más trabajo transitorio en detrimento del permanente y configuran diversos ciclos migratorios laborales de la mano de obra.

Para el caso de la producción de papa, el pasaje de una agricultura familiar a una empresarial implicó el requerimiento creciente de mano de obra asalariada transitoria, y más tarde devino la inserción de tecnología. Sin embargo, en la actualidad, por diversos motivos, el cultivo de papa en su gran mayoría todavía emplea un método mixto de producción, que permite sostener un porcentaje elevado de demanda de mano de obra manual.

En el nordeste de Entre Ríos, en donde se emplean los trabajadores oriundos de Misiones, la mecanización de la actividad forestal se encuentra restringida debido al tamaño de las explotaciones y, a su vez, hay etapas del proceso productivo que deben ser realizadas manualmente, aunque el establecimiento cuente con maquinaria.

En relación con todo esto, sostenemos que no es adecuado generalizar la existencia de un proceso lineal en el que la movilidad espacial de los trabajadores se anula en función del fenómeno del asentamiento. Por el contrario, es necesario estudiar cada caso particular para abordar en qué medida la mano de obra local reemplaza a la migrante, en aquellas situaciones en las que se produce el asentamiento de los trabajadores. Asimismo, se debe tener en cuenta que la movilidad espacial puede asumir múltiples formas; de modo tal, que en algunos casos carece de sentido sostener una dicotomía tajante entre trabajadores locales versus trabajadores migrantes, o procesos de asentamiento versus migraciones.

Notas

* Este estudio se enmarca dentro de un proyecto de investigación más amplio denominado "El trabajo transitorio migrante en el agro argentino", cuyo director es Guillermo Neiman (CEIL-CONICET). PICT N° 232/07 finan- ciado por FONCYT (Fondo para la investigación científica y tecnológica).

1 La metodología empleada para construir los datos que se presentan en este trabajo es principalmente de tipo cualitativo. La herramienta principal para relevar los datos fueron las entrevistas semiestructuradas y en profundidad a los trabajadores migrantes y otros actores que se insertan en la producción de papa y en la actividad forestal en la Argentina. El trabajo de campo se efectúo en el periodo 2009-2013.

2 Los planes interzafra son una transferencia monetaria estatal destinada a ayudar a los trabajadores rurales argentinos durante los meses de receso de su actividad por la estacionalidad de los cultivos.

3 Si bien este autor utiliza el concepto para analizar la migración internacional, Lara, Sánchez y Saldaña (2014) lo aplican a migraciones laborales internas de jornaleros agrícolas mexicanos.

4 Se realizó un total de 37 entrevistas a trabajadores migrantes en actividad, trabajadores jubilados y ex trabajadores, y otras 26 en total a esposas de trabajadores, empleados de la comisión municipal local, maestras, comerciantes locales, entre otros actores involucrados de manera directa e indirecta con el proceso de migración

5 El cabecilla es quien dirige y representa a la cuadrilla. Entre sus funciones principales está la de negociar con el patrón o empresa el pago y las condiciones de trabajo. Generalmente, también es un trabajador migrante y, como forma parte de la cuadrilla, busca por lo tanto negociar las mejores condiciones para él y sus compañeros.

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Recibido: 18 de septiembre de 2015. Aprobado: 21 de marzo de 2016.

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