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Si Somos Americanos

On-line version ISSN 0719-0948

Si Somos Americanos vol.17 no.1 Santiago June 2017

http://dx.doi.org/10.4067/S0719-09482017000100039 

ARTÍCULOS

Movilidad y espacialidad en la (trans)frontera tacno-ariqueña. Sur peruano y norte chileno

Mobility and spatiality on the Tacna-Arica (trans)border. Southern Peru and northern Chile

Felipe Valdebenito Tamborino** 

** Programa de doctorado en Antropología UCN-UTA, Universidad Católica del Norte, Chile. Correo electrónico: valdeb.felipe@gmail.com

Resumen:

Este artículo discute la relación entre procesos sociales de movilidad y formas espaciales que se producen con ello en la frontera tacno-ariqueña (sur peruano y norte chileno). Esto se aborda desde una perspectiva etnográfica multidimensional, procesual y multisituada. Se propone la categoría de espacialidad como alternativa de aproximación a lo estudiado. La interpretación del material etnográfico sugiere que Tacna y Arica presentan una espacialidad transfronteriza caracterizada por el compartimiento común de procesos sociales contemporáneos de movilidad.

Palabras clave: movilidad; frontera; norte de Chile

Abstract:

This article discusses the relation between mobility social processes and spatial forms that those processes produce on the Tacna-Arica border (southern Peru and northern Chile). This issue is studied with a multidimentional, processual, and multisited ethnographic perspective. The category of spatiality is also proposed as alternative of approximation to the problem been studied. The interpretation of the ethnography suggests that Tacna and Arica presented a transborder spatiality which is characterized by the common share of contemporaneous mobility social process.

Key Words: mobility; border; northern Chile

Introducción

Los materiales que discuto en este artículo son el resultado de dos trabajos de campo etnográficos (2013-2015) sobre migración peruana fronteriza en Arica (norte de Chile) y Tacna (sur del Perú). Ambos estuvieron inscritos en el marco de una investigación antropológica de tres años de duración . El proyecto investigativo analizaba comparativamente esta cuestión con otras experiencias migratorias peruanas en las regiones chilenas de Tarapacá y Valparaíso.

En esta ocasión, no obstante, me remito a discutir únicamente la data etnográfica recopilada en la frontera que conforman Tacna y Arica; ciudades distanciadas por tan solo 56 kilómetros entre sí. Se trata de una de las fronteras más transitadas en Latinoamérica después de la triple frontera del Paraná (Podestá, 2011, p. 128). En ella existe un flujo humano aproximado de entre siete mil y diez mil personas diarias (Guizardi y Garcés, 2012, p. 19).

En el lado chileno de la frontera, la investigación mostró que la migración peruana genera transformaciones espaciales en diversas localizaciones urbanas de Arica, un fenómeno estrechamente relacionado con socializaciones complejas de la identidad entre la población migrante y receptora (Lube-Guizardi, Heredia, Muñoz, Riquelme y Valdebenito, 2013; Valdebenito y Guizardi, 2015; Guizardi, Valdebenito, López y Nazal, 2015). Pero en el lado peruano de la frontera, la investigación mostró que la movilidad fronteriza de personas chilenas también tiene importantes impactos socioespaciales en Tacna. Esto porque su visita recurrente conlleva una superespecialización comercial de Tacna en la oferta de rubros como los servicios de salud, gastronomía y hotelería.

Esta mutua socioespacialidad de Tacna y Arica no es enteramente novedosa. La continuidad de ambas ciudades es incluso identificable ya en los primeros años de la Colonia, cuando constituían más bien una sola unidad "tacnoariqueña" (Rosenblitt, 2013). Y también cuando, llegado el tiempo de las repúblicas, sostenían aún una condición de "siamesas que todavía compartían un mismo cuerpo" (González, 2008, p. 13).

Tacna y Arica estuvieron bajo jurisdicción y soberanía de la República peruana hasta la irrupción de la guerra del Pacífico que enfrentó a Chile y Perú desde 1879 hasta 1883. El conflicto dejó a la segunda ciudad en poder de las fuerzas chilenas (Díaz, Ruz, Galdames y Tapia, 2012). Cuando terminó la guerra, sin embargo, el conflicto por la soberanía nacional definitiva de ambas ciudades se extendió todavía durante cuarenta y seis años.

El litigio solo culminó en 1929, fecha en la que el denominado Tratado de Lima cortó el "nudo gordiano" (González, 2008, p. 153) del problema. Con esto se estableció la última "acción quirúrgica" (González, 2008, p. 13) de los Estados nacionales chileno y peruano para proceder a la repartición "salomónica" de las mismas: Tacna sería peruana y Arica, chilena.

Fuente: elaborado por Juan Jofré Cañipa mediante uso de software ArcGIS 10.1.

Mapa 1: Cambios históricos en la unidad espacial Tacno-ariqueña. 

A pesar de todo, la complementariedad de las ciudades continúa hasta hoy. Esto se observa, por ejemplo, en los intercambios de frutas, verduras y productos industrializados tacneños que son comercializados en el Terminal Agropecuario de Arica (Valdebenito y Guizardi, 2015, pp. 10-13).

Otros intercambios fronterizos se hacen notar con la importante presencia de trabajadores peruanos que se insertan laboralmente en los valles agrícolas ariqueños de Lluta y Azapa. Con esto se amortigua la fuga de mano de obra chilena -aproximadamente diez mil personas (Vicuña y Rojas, 2015, p. 13)- que emigra temporalmente hacia el mercado laboral de la minería en las adyacentes regiones chilenas de Tarapacá y Antofagasta.

La estrecha relación es también observable en el Terminal Internacional de taxis y buses de Arica, emplazamiento urbano donde la socialización chileno-peruana es una cotidianidad constitutiva del espacio, y donde también las mujeres peruanas migrantes son protagonistas en la articulación transfronteriza del comercio de ropa americana (Lube-Guizardi et al., 2013; Valdebenito y Guizardi, 2015, pp. 9-10).

Atendiendo a estas constataciones, este artículo discute la relación entre procesos sociales de movilidad y formas espaciales que se producen con ello en la frontera tacno-ariqueña. Por ello, constituye una continuidad de los estudios realizados en los últimos años en torno a la temática de la movilidad humana transfronteriza y transnacional en Arica y el Norte Grande de Chile (Tapia y Gavilán, 2006; Tapia, 2012; Guizardi y Garcés, 2012; Lube-Guizardi et al., 2013; Lube-Guizardi y Garcés, 2013 a y 2013b; Tapia y Ramos, 2013; Tapia y Ovando, 2013; Tapia y González, 2014; Tapia y Parella, 2015; Valdebenito y Guizardi, 2015; Guizardi et al., 2015; Liberona, 2015a y 2015b).

No obstante, aquí se tiene como objetivo principal la profundización de la categoría espacialidad como una forma de operacionalizar analíticamente las interpretaciones realizadas hasta ahora sobre el tema. También se traza el objetivo específico de abundar la información etnográfica con la que se cuenta actualmente para la frontera estudiada; extendiendo su levantamiento también hacia Tacna.

En orden de responder adecuadamente a estas cuestiones, el primer apartado del artículo cumple la tarea de contextualizar brevemente las definiciones teórico-metodológicas que orientaron inicialmente la recogida de información etnográfica sobre el fenómeno de la movilidad en la frontera tacno-ariqueña. El segundo apartado reorienta dichas definiciones y apertura otros marcos teórico-metodológicos para el estudio de la socioespacialidad fronteriza tacno-ariqueña. El tercer apartado pone en práctica dicha reorientación, mostrando etnográficamente la transfrontericidad contemporánea de Tacna y Arica en un contexto de socioespacialidades que les son comunes. Finalmente, el cuarto apartado ofrece reflexiones que revalúan la operacionalización teórico-metodológica postulada para el estudio de la transfrontericidad tacno-ariqueña.

Operacionalización teórico-metodológica inicial

Los trabajos de campo que dan origen a este artículo fueron desarrollados desde noviembre de 2013 a marzo de 2014; y desde enero a marzo de 2015. Durante el primer período se recabó información en la ciudad de Arica, específicamente en localizaciones urbanas donde la socialización de la población peruana migrante con la población chilena produce transformaciones espaciales notorias. Particularmente en el Terminal Internacional y el Terminal Agropecuario de la ciudad chilena.

En el segundo período, si bien las labores de campo se extendieron en varias localidades del sur peruano serrano y altiplánico , se enfatizó bastante en la ciudad de Tacna y sus respectivos espacios urbanos de socialización chileno-peruana. Mayoritariamente la avenida Bolognesi entre los tramos de las calles Patricio Meléndez y Miller; y el paseo cívico de Tacna, ubicado en avenida San Martín, entre los tramos de las calles Apurímac y Arequipa.

En ambas instancias, el levantamiento etnográfico fue operacionalizado a través de un enfoque metodológico que yuxtapuso extensividad e intensividad investigativa. Este particular abordaje resultó de la combinación entre la propuesta etnográfica multisituada de George Marcus (2001) y el Extended Case Method de Max Gluckman (1958). Para los propósitos investigativos se optó por la combinación de cuatro de las siete estrategias etnográficas multisituadas propuestas por Marcus (2001, pp. 118-121).

Primero se siguió a las personas (Marcus, 2001, p. 118) migrantes, observando etnográficamente los lugares donde habitan y circulan gran cantidad de peruanos en Arica. También se atendió a sus conflictos (Marcus, 2001, p. 121), registrando en campo las situaciones sociales de alteridad, discriminación, exclusión y desacuerdos en los que se ven envueltos migrantes peruanos y chilenos en Arica. Seguimos también sus biografías (Marcus, 2001, p. 121), realizando entrevistas semiestructuradas con formato de relato de vida a hombre y mujeres peruanos migrantes de Arica. Finalmente, se construyó una etnografía multilocal estratégicamente situada (Marcus, 2001, p. 121) en Arica, para localizar aquellos lugares de la ciudad que articulan la experiencia espacial de la migración peruana en el ámbito urbano.

Por otro lado, el uso de la metodología del caso extendido (Gluckman, 1958) permitió poner atención en el análisis de procesos sociales configurados a partir de situaciones de conflicto (Guizardi, 2012, p. 17). Con esto pudo estudiarse cómo se genera un equilibrio social dinámico (Guizardi, 2012, pp. 33-34) entre población migrante y receptora a partir de desacuerdos varios; aunque paradójicamente propicios para la negociación y agencialidad migrante. En este sentido, se trata de un método de análisis situacional, donde se atiende tanto a la profundidad temporal de las situaciones conflictivas observadas, como también al posicionamiento social que agencian los sujetos al momento de experimentarlas (Guizardi, 2012, p. 18).

La etnografía así articulada pudo dar cuenta de los complejos procesos de socialización y conflicto entre poblaciones migrantes y receptoras tanto en Tacna (migrantes aymara internos y población local) como en Arica (migrantes peruanos y población local).

De manera complementaria, la inserción de los marcos conceptuales de Bourdieu (2011) y Lefebvre (2013) lograron dar cuenta de las diversas espacializaciones urbanas donde se expresan dichos procesos. La propuesta de Bourdieu sobre el espacio permitió comprender localizaciones urbanas de Arica a la manera de campos de conflictividad (Gutiérrez, 2011, pp. 20-21). Cada campo, con sus respectivos capitales socioculturales, adquiere particularidad espacial respecto de otros donde la migración, por ejemplo, cobra sentidos espaciales de fijación, circulación o apropiación (Valdebenito y Guizardi, 2015, p. 16). Esto ocurre como un resultado de la agencialidad migrante para superar la conflictividad con la población receptora. Principalmente mediante la articulación con sus congéneres en campos como la vivienda (Valdebenito y Guizardi, 2015, pp. 13-14), o el trabajo (Valdebenito y Guizardi, 2015, pp. 9-13).

Por otro lado, la propuesta de Lefebvre presentó utilidad para interpretar la construcción de espacialidades migrantes en Arica aún por sobre la mera funcionalidad que las mismas representan para la reproducción del fenómeno migratorio. Con esto se extendió la comprensión del espacio, incluyendo también las representaciones que la propia población receptora hace sobre los lugares de Arica en los que la migración peruana deja una impronta particular (Valdebenito y Guizardi, 2015, p. 5; Guizardi et al., 2015, p. 251).

Si bien esta operacionalización metodológica y el detalle técnico de la misma han sido expuestos ya de manera abundante en otras publicaciones ( Valdebenito y Guizardi, 2015, pp. 3-4), en esta oportunidad quisiera referirme particularmente a sus alcances y límites para replicarlos científicamente en la ciudad fronteriza de Tacna.

La necesidad de plantear esta cuestión deviene, no obstante, del propio desbordamiento espacial de la información allí recabada y de su fuerte intervinculación con la ciudad fronteriza de Arica, adquiriendo así un carácter más bien transfronterizo.

Este desbordamiento logró visibilizar un conjunto de socializaciones espaciales que no fueron consideradas inicialmente en el marco de la cuestión migratoria peruana por sí sola. Específicamente, dichas socializaciones corresponden al campo de las trasformaciones e interacciones socioespaciales que se producen en Tacna y en Arica como un producto de la recurrente movilidad de personas, más allá de la pura migración de fijación, circulación o apropiación en uno u otro lado de la frontera tacno-ariqueña.

El desbordamiento transfronterizo de la etnografía

En Tacna se realizaron observaciones etnográficas en distintas localizaciones urbanas relacionadas con el fenómeno de la movilidad humana. La sistematización de estos materiales permitió visibilizar los impactos espaciales que producen en Tacna las migraciones internas de los aymara provenientes de la altiplanicie y serranía del sur peruano. Pero también superó estos propósitos iniciales, conllevando a la consideración de los impactos espaciales que igualmente producen en Tacna los flujos humanos provenientes desde la ciudad chilena fronteriza de Arica.

La vinculación entre ambos fenómenos de movilidad, en el campo de las transformaciones espaciales contemporáneas de Tacna y Arica, fomentó un proceso reflexivo sobre sus cualidades comunes.

Sobre la relación de la migración interna y sus impactos espaciales en Tacna, el proceso se inauguró con fuerza a partir de los desplazamientos poblacionales de la etnia aymara serrana y altiplánica, al menos desde finales de 1960 (Gambetta, 1992, pp. 64-65). La transformación espacial que ello produjo se manifiesta a través del protagonismo económico contemporáneo que la etnia tiene hoy sobre el casco histórico de la ciudad, y la superespecialización que han hecho del mismo para el comercio y los servicios que ofertan a los chilenos visitantes desde Arica.

La etnografía constató que esta migración interna de los aymara en Tacna era de carácter translocal y transfronteriza. Esto porque comprendía una articulación económica de aquellos comerciantes mediante un desplazamiento continuo hacia Desaguadero en Puno (frontera peruano-boliviana), Arica, e inclusive Iquique (por su cualidad de zona franca). Esto para abastecerse de diversos productos electrónicos, artesanales y de consumo alimentario que nuevamente demandan los chilenos visitantes.

Estas visitas chilenas también aportan lo suyo al transformar la geografía urbana de Tacna mediante el consumo masivo de los productos/servicios que ofertan allí los aymara. Inciden, en consecuencia, directamente en la reproducción de las transformaciones espaciales recién señaladas.

En Arica, mientras tanto, la migración interna de los aymara contribuyó también de manera importante a la transformación del espacio urbano en la ciudad, al menos desde mediados de 1950, cuando se registra su intensa movilidad (Díaz y Tapia, 2012, p. 193).

Se inicia con ello el emplazamiento de localizaciones de vital importancia para la agrupación urbana de la etnia en cuestión. Entre ellas el Terminal Agropecuario que, más allá de representar la mera articulación económica de los aymara en Arica, hoy en día propicia la propia articulación transfronteriza del mercado agrícola entre Tacna y Arica ( Valdebenito y Guizardi, 2015, pp. 10-13).

Atendiendo a estos antecedentes, puede decirse que las etnografías realizadas dieron cuenta de diversas transformaciones espaciales que se generan en Tacna y Arica como un resultado de la intensa movilidad de personas, ya sea que tengan un carácter interno o transfronterizo, intensivo o extensivo en, entre y a través de ambas ciudades fronterizas.

En este sentido, y apelando al carácter comparativo de la antropología, considero que estas cuestiones motivan la reflexión sobre soluciones teórico-metodológicas especialmente diseñadas para responder al problema del qué y el cómo comparar en una unidad de estudio que se presenta (trans)fronteriza, indagando en las cualidades de los fenómenos socioespaciales que aproximan dos ciudades fronterizas, al mismo tiempo que las particularizan. La consecución de esta tarea, sin embargo, implica extender epistemológicamente los alcances de la operacionalización teórico-metodológica ya utilizada durante la etapa de campo; apostando por enriquecer la discusión mediante la proposición de controles metodológicos y conceptualizaciones propicias para reinterpretar la información etnográfica obtenida.

La complejidad socioespacial de la etnografía

Considerado lo anterior, cabe definir operativamente el conjunto de fenómenos socioculturales de movilidad que pueden dar lugar a un proceso de espacialización. En este sentido, debe esclarecerse que no solo la movilidad literal de personas puede dar lugar a la producción y reproducción de una espacialidad determinada. Sino que, más bien, es el conjunto de prácticas e interacciones socioculturales que aquellas personas portan consigo lo que da lugar a un fenómeno de estas características.

De lo anterior, se desprende que el estudio del espacio es también el estudio de los procesos sociales que lo originan y reproducen como tal, en cuanto las formas espaciales son en sí mismas procesos sociales (Harvey, 1977). Es decir, más que una mera plataforma donde ocurren interacciones sociales, el espacio constituye un resultado histórico de las formas organizativas de la sociedad. Este doble carácter del espacio, sin embargo, requiere de mayor amplitud conceptual y de una adecuada operacionalización para la unidad de estudio (trans)fronteriza que aquí se aborda.

Esto, principalmente, porque en ella no solo deben pesquisarse las cualidades socioculturales que transforman esta espacialidad conjunta en términos de mera funcionalidad o utilitarismo, sino que también en términos de representaciones y cotidianidades que las personas hacen/practican sobre dicho espacio y que le otorgan sentido como tal. Cuestiones que, por supuesto, son menos visibles cuando se aborda Tacna o Arica por sí mismas de manera disociada y/o ajenas a una comprensión sistémica de su socioespacialidad.

La transfrontericidad en un sentido objetivo, social e imaginario

Para resolver la cuestión de la disociación espacial y analítica en el abordaje investigativo de la transfrontericidad tacno-ariqueña, propongo retomar a Lefebvre (2013) para identificar la tridimensionalidad constitutiva de su mutua socioespacialidad contemporánea. Es decir, considerando sus espacios comunes de relacionamiento desde una perspectiva que rescate tanto el plano de lo objetivo como el de lo social, y lo imaginario en su constitución como tal.

Se entiende por ello, siguiendo a Lefebvre (2013, p. 93), que el plano objetivo viene dado por prácticas de producción, reproducción y relacionamiento entre lugares y conjuntos espaciales específicos que son propios de cada formación social. Mientras que, en el plano de lo social, el espacio puede entenderse como el ordenamiento que imponen aquellas prácticas y las relaciones que promueven. Y el plano de lo imaginario como los referentes simbólicos que subyacen a la vida social propiciada por lo anterior.

Visto de esta manera, el espacio no constituye de manera alguna una mera plataforma funcional y/o utilitaria de soporte para el desarrollo de las prácticas sociales, sino que más bien un proceso (Lefebvre, 2013, p. 93) en constante relación con ellas, a la vez que un depositario en el que se inscriben dichas relaciones de manera dinámica e histórica.

La aplicación de esta idea lefebvriana sobre el espacio para la interpretación conjunta de la socioespacialidad tacno-ariqueña nos ofrece interesantes posibilidades analíticas. Estas posibilidades radican en el campo de las prácticas cotidianas de la espacialidad transfronteriza que superan el mero campo de la migración propiamente tal, alcanzando, más bien, el campo de la movilidad de procesos sociales, objetos e imaginarios a uno y otro lado de la frontera.

En este sentido, acatar la problematización sobre la relación dialéctica de la tridimensionalidad espacial propuesta por Lefebvre (2013, pp. 98-99) permite ampliar el estudio etnográfico del espacio hacia posibilidades móviles, literales y aliterales, de socialización tacno-ariqueña. Esta comprensión multidimensional de la espacialidad tacno-ariqueña, no obstante, demanda también un adecuado control metodológico al momento de comparar los procesos sociales que produjeron, producen y reproducen su emergencia como tal.

La transfrontericidad en sentido procesual y multisituado

Las recomendaciones de Barth (1999) resultan útiles para abordar la cuestión del qué y el cómo comparar en un sentido procesual y no necesariamente estructural durante la investigación social. Esta forma de concebir el método comparativo nos permite superar la lógica de buscar equivalencias literales sobre fenómenos que suceden en una o más unidades de estudio. Y, más bien, abre positivamente el campo de las indagaciones hacia la identificación de similitudes entre procesos sociales comunes de ellas.

Visto de esta manera, la socioespacialidad tacno-ariqueña efectivamente puede ser reunida al compartir procesos comunes de movilidad interna y transfronteriza que producen, conjuntamente, formas específicas de transfrontericidad. Formas que, no obstante su especificidad, encuentran sentido de conectividad aun por sobre la mera dimensión de la materialidad espacial, y sobre las cuales pueden ser establecidas lógicas de similitud procesual, según lo hemos definido.

Al respecto, apelo sobre todo a la definición que ofrece George Marcus sobre el carácter de la investigación multilocal, cuando señala que ella está diseñada alrededor de "cadenas, sendas, tramas, conjunciones o yuxtaposiciones de locaciones en las cuales el etnógrafo establece alguna forma de presencia, literal o física, con una lógica explícita de asociación o conexión entre sitios que de hecho definen el argumento de la etnografía" (Marcus, 2001, p. 118).

En la unidad de estudio particular que aquí tratamos, esta forma de comprender la etnografía posibilita la exploración de campos de asociatividad espacial que, aunque no presenten una forma de conectividad espacial-física inmediata (como lo es de hecho el caso de la unidad de estudio tacno-ariqueña), sí manifiestan múltiples correlaciones literales, estéticas, procesuales, materiales, discursivas y metafóricas que definen en los hechos cotidianos a la transfrontericidad tacno-ariqueña.

En este sentido, como lo veremos, la circulación de objetos varios entre Tacna y Arica constituyen una forma de conectividad y correlación espacial, así como también lo hacen, por su parte, los desbordamientos espaciales que genera la migración peruana en determinadas localizaciones urbanas de Arica, y también la movilidad de personas chilenas en Tacna que transforman el paisaje urbano tacneño. Complementariamente, la correlación socioespacial de Tacna y Arica que se inscribe más bien en el campo de lo estético y lo metafórico, puede también relevarse atendiendo a la circulación de signos y símbolos que vinculan "locaciones de producción cultural que no han sido conectadas de manera evidente" (Marcus, 2001, p. 120).

La inclusión de esta última técnica etnográfica multisituada, que Marcus denomina seguir la metáfora (Marcus, 2001, pp. 119-120), posibilita vincular aquellas circulaciones de signos y símbolos que se presentan a través de improntas estéticas, imaginarios y procesos sociales comunes de Tacna y Arica.

Esta aproximación al fenómeno de la movilidad y mutua socioespacialidad de Tacna y Arica, en un sentido objetivo, social e imaginario, representa un recurso potencial para la ampliación de las discusiones sobre transfrontericidad en la frontera norte de Chile. Esto en la medida que permite visibilizar posibilidades de constitución espacial que escapan al mero orden de lo funcional y, más bien, se extienden hacia el campo de los procesos sociales que originan, ellos mismos con sus prácticas e imaginarios cotidianos, el espacio transfronterizo, cuestión que muestro etnográficamente a continuación.

Una etnografía transfronteriza de Tacna y Arica

En 1930, una vez resuelta la cuestión de límites entre Tacna y Arica, las nuevas ciudades fronterizas de Perú y Chile iniciaron rápidamente las gestiones necesarias para su reintegración histórica y mutua complementariedad. Desde aquel momento, "las mejores y más cordiales relaciones se han establecido entre los dos centros, unidos por requerimientos comunes de producción y de consumo" (Enciclopedia de Arica, 1972, p. 204).

En el último tercio del siglo XX, sin embargo, devino la transformación espacial de ambas ciudades mediante la acción de gentes "otras" que irrumpieron socioculturalmente en los imaginarios tradicionales de la costa. La migración interna de los aymara llegaba para quedarse. Con sus desplazamientos migratorios, los aymara trajeron consigo sus prácticas, al tiempo que también ellos se hicieron parte de la sociabilidad urbana en el contexto de recepción; accediendo a la educación técnica y superior e insertándose, sobre todo, en las formas económicas de transacción comercial practicadas por los costeños.

En este nuevo escenario, el grupo de los migrantes aymara internos de Tacna interactúa cotidianamente con los ariqueños y demás chilenos visitantes del otro lado de la frontera, en tanto son ellos quienes regentan predominantemente los locales comerciales que estos suelen visitar.

El lado norte de la frontera

Los principales emplazamientos comerciales de Tacna donde destaca la predominancia económica aymara se ubican a todo lo largo de la avenida Bolognesi, entre las calles Miller y Patricio Meléndez. Allí, sobre todo las galerías comerciales "Caplina", "El Sol", "Royal Class", "El Rey" y "La Virreyna" presentan gran concentración de chilenos visitantes dispuestos a comprar los productos que se ofrecen. En ellos se puede encontrar ropas baratas de fabricación nacional peruana, importada, usada y también la de tipo bamba ; películas DVD y Blue-Ray de la misma naturaleza; joyas de todo tipo, valor y quilates; juguetes para niños y artículos decorativos para el hogar en general.

Caminando siempre por la vereda este de la avenida en cuestión, el recorrido es interceptado reiteradamente por promotores hombres y mujeres que ofertan a los chilenos servicios de atención oftalmológica, médica y dental en alguno de los tantos centros de atención que por ahí mismo se encuentran ubicados.

La predilección chilena por el rubro de la salud peruana, si bien aquí se encuentra concentrado, es sobre todo evidente al observar la preferencia de los sureños en acudir al denominado Hospital Solidario de Tacna, antes que visitar al médico del otro lado de la frontera. Sea por los bajos precios que ofrece el recinto en cuestión, su avanzada tecnología médica, la atención cordial de sus funcionarios, o la eficiencia y rapidez en la entrega de los exámenes médicos realizados, lo cierto es que en este lugar no solo los ariqueños han dado cuenta ya de su conveniencia, sino que también acuden hasta él chilenos venidos desde Iquique e inclusive Antofagasta hacia el sur.

Volviendo a la avenida Bolognesi, también están los llamados pacotilleros: comerciantes independientes que ofertan todo tipo de artilugios novedosos para utilizar en tareas hogareñas cotidianas. Junto a ellos, súmese un importante número de otros comerciantes ambulantes que ofrecen relojes, joyas y artesanías al público transeúnte del tramo en cuestión. Por último, se encuentra un número tampoco menor de caballeros y señitos que ofrecen sus productos: las populares jaleas con crema, las ensaladas de fruta, tortas, leche asada, tunas, higos y hasta quesos frescos.

Llegando a Patricio Meléndez, en el mercado central Santa Rosa, la visita de los chilenos a las populares juguerías del primer y segundo piso es ya una práctica tradicional de sus recorridos por el centro de la ciudad. Así mismo, es igualmente recurrente ver a los chilenos comprar artesanías y farmacia tradicional andina a los costados del citado mercado.

En la vereda del frente se despliega un paisaje similar de concentración comercial, a excepción de la ausencia de galerías comerciales que aquí son reemplazadas por múltiples librerías de oferta bibliográfica variada y popular, pero, sobre todo, de bajo costo. Entre ambas veredas, en el bandejón central, varios cambistas peruanos y señitos que ofertan llamados para Chile esperan a que los numerosos visitantes del país vecino soliciten sus servicios.

Llegando al pasaje Vigil, a un costado del bandejón descrito, se extiende en profundidad un breve paseo cívico, en el que se despliegan múltiples negocios de comidas y bebidas al paso. En medio, bajando por calle San Martín, los populares casinos de juegos atraen masivamente a los chilenos en busca de suerte. Entre ellos, destacan los casinos "Royal", "Villa Fortuna" y "Damasco" por su gran concentración de gente, infraestructura llamativa y servicios gratuitos de comidas y bebidas para los insistentes jugadores sureños.

Descendiendo, hasta llegar al tramo que comprende las calles desde Apurímac hasta Arequipa, se emplaza el elegante paseo cívico del Tacna céntrico. En medio, los cuerpos completos del Almirante Grau y el General Bolognesi se irguen bajo el arco parabólico con la vista hacia el sur. La geografía humana del lugar se deja impregnar de varios chilenos que visitan estas instalaciones como parte de un tramo turístico por el que han pagado cuarenta soles peruanos. Diversos guías de turismo local ofrecen también sus servicios de forma paralela para todos aquellos quienes no han podido alcanzar el servicio.

En todo este tramo del Tacna cercado se observa una socialización cotidiana de la población local con la población chilena visitante. Esta última forma parte íntegra del imaginario y rostro urbano contemporáneo de la ciudad peruana en los tramos específicos que van desde avenida Circunvalación Norte -donde se localizan talleres de reparación y repuestos automovilísticos bien cotizados por los chilenos-, hasta Miller

-donde finaliza la mayor parte de la concentración comercial de galerías, mercadillos y mercados que son visitados por los chilenos en este sector de la ciudad.

En este sentido, se identifica una receptividad positiva, conversaciones jocosas y superespecialización de los dependientes y locatarios de negocios tacneños en la satisfacción de las demandas comerciales al por mayor y menor de los chilenos visitantes.

Fuente: elaborado por Juan Jofré Cañipa mediante uso de software ArcGIS 10.1.

Mapa 2: Espacios urbanos transformados por la movilidad fronteriza en Tacna 

Pero la experiencia de conocer la "peruanidad" para los chilenos pasa mayormente por la gastronomía. En este sector central de Tacna se consumen en gran medida preparaciones culinarias reconocidas como provenientes del norte peruano (Chimbote, Chiclayo, Piura y Trujillo principalmente), pero también de la capital Lima, tales como el solícito cebiche de pescado, el sudado de pescado y los chicharrones de pescado. Ninguna de estas formas alimenticias en verdad se corresponde con la gastronomía "propia" del sur peruano, pero es lo mayormente demandado por los visitantes y, por tanto, abundan cada vez más las ofertas de los tacneños para satisfacer dicho requerimiento.

Por ello aparecen en Tacna recurrentemente nuevos restaurantes de apuestas gourmets, donde la escenificación de la identidad peruana para los chilenos parece sostenerse, cada vez más, en simétricos lomos saltados, abundantes suspiros limeños y limonadas al estilo frozen. Esto en lugar de los tradicionales picantes tacneños de pato, guatitas y patas, o los ambulantes bebestibles de chichas de manzana o mates de coca y hierbas.

Allí, en los atestados restaurantes gourmets del Tacna cercado, además, la musicalidad criolla circula en los espacios; suspendiendo así temporalmente la musicalidad "otra" (que han traído los aymara migrantes consigo) y que se deja escuchar en las calles y pasajes del Tacna comercial más lejano al cercado: la tropical andina, más primordialmente en su vertiente de mixtura entre ritmos de cumbias y huaynos altiplánicos.

Alejándonos de aquí, específicamente en lo que respecta a la gastronomía y la música, una visita etnográfica al sector del Cono Sur ya nos permite apreciar el cambio cualitativo de aquellas prácticas y elementos con relación al Tacna cercado. Esto porque, precisamente, en este sector de la ciudad la presencia de chilenos es poco recurrente, siendo más bien escasa.

Aquí la dieta se diversifica y comienzan a verse alimentos de producción artesanal y proveniencia serrana y altiplánica, tales como la papa chuño , la papa luque , la papa blanca , el tauri o poroto andino , el mellisero , el chilcano , la trucha, el jurel, la oca , la chicha fresca de maíz , los mates de hierbas, la hoja de coca, la carne de alpaca, la carne de cordero y el chako . Todos estos alimentos son comercializados en sacos de hilo, en incuñas o en likllias , por varias señitos que se despliegan alrededor de los mercados de Gregorio Albarracín y Viñani. Ambos distritos son conformados mayoritariamente por migrantes aymara alto-andinos -provenientes de Puno en gran medida- o de los interiores de la región de Tacna -provenientes de Tarata y Candarave.

En estos lugares se conserva el habla en aymara de manera fluida, tanto en la cotidianidad hogareña como en las transacciones comerciales de los mercados y sus alrededores. Las calles se impregnan de musicalidades serranas y populares como el huayno, el huaylaz y la música chicha, desapareciendo totalmente la musicalidad criolla audible en el Tacna cercado. Desaparecen también los restaurantes gourmets (que son reemplazados por múltiples comedores populares instalados en la calle), como asimismo las concentrada hotelería y servicios médicos varios que son ofertados a los chilenos en aquel otro sector de la ciudad.

No obstante, aquí la transfrontericidad no desaparece, sino que más bien se articula socioespacialmente de manera diferente a la observada en el Tacna cercado. Se trata de una transfrontericidad que, de hecho, alcanza otras latitudes y extensiones, un fenómeno observable en las ferias itinerantes del propio Cono Sur; y también en los extramuros del Tacna cercado que ya colindan con los distritos Ciudad Nueva y Alto Alianza, hacia el denominado Cono Norte de la ciudad.

En dichas ferias, denominadas por los chilenos como "ferias bolivianas", las mujeres ayamara-puneñas comercializan ropas americanas traídas desde Arica, en el lado chileno de la frontera. Pero también venden tejidos tipo aguayus y llikllas, accesorios de cuero boliviano, joyas de fantasía y cigarrillos traídos desde Desaguadero, en la frontera peruano-boliviana, hacia el noreste. Se trata de mujeres migrantes que articulan comercialmente sus trabajos, entonces, a partir de la transfronterización de dos fronteras que tienen como centro nuclear a la ciudad de Tacna. Esto al comenzar o finalizar, según como se mire, el circuito migratorio.

El lado sur de la frontera

En el lado chileno de la frontera, la "peruanidad" (Podestá, 2011) se deja sentir también de maneras variadas en las prácticas e imaginarios cotidianos de la urbanidad ariqueña. Pero es en el Terminal Internacional de esta ciudad donde, sin lugar a dudas, se denota más excepcionalmente la cualidad transfronteriza del espacio local.

Allí, los trabajadores migrantes llegan para amortiguar la escasez de mano de obra en los valles de Lluta y Azapa, y han hecho del emplazamiento una plataforma para su inserción local en el campo del trabajo (Valdebenito y Guizardi, 2015, pp. 9-10). Junto a ellos, también las mujeres peruanas, comerciantes independientes de la ropa americana (Lube-Guizardi, et al., 2013; Valdebenito y Guizardi, 2015, pp. 9-10), son un grupo clave para la circulación transfronteriza de mercancías.

Esta intensa movilidad de personas produce un constante desbordamiento de las prácticas, necesidades y estéticas que el colectivo migrante trae consigo hasta Arica, cuestión observable en el comercio que se practica en los alrededores del Terminal Internacional, sobre todo en la Población Juan Noé. Se trata de un comercio que, además, reproducen los propios chilenos al percatarse de la rentabilidad asociada con las necesidades migrantes, y que, complementariamente, ha generado un interesante fenómeno de renovación urbana en este sector de la ciudad.

Dicho desbordamiento y renovación urbana se manifiesta en la proliferación de bodegas informales para el comercio de la ropa americana (habilitadas por los antiguos chilenos residentes en sus propias casas) en los interiores de Juan Noé, y por su consiguiente utilización para la continuidad del comercio de la ropa americana protagonizado por las mujeres migrantes (Lube-Guizardi et al., 2013, pp. 173-174; Valdebenito y Guizardi, 2015, pp. 9-10; Guizardi et al., 2015, pp. 248-249).

Así mismo, la proliferación comercial y renovación puede verse en los numerosos locutorios telefónicos, centros de internet, restaurantes, hospederías y dormitorios destinados para el colectivo migrante (Lube-Guizardi et al., 2013, p. 169; Valdebenito y Guizardi, 2015, p. 10; Guizardi et al., 2015, pp. 424-243). Un conjunto de cuestiones que repercute en las propias significaciones y representaciones que la sociedad receptora hace del lugar como un escenario de presencia migrante (Lube-Guizardi et al., 2013, p. 173; Valdebenito y Guizardi, 2015, pp. 9-10; Guizardi et al., 2015, pp. 250-251).

En el Terminal Agropecuario de Arica, por otro lado, la circulación de personas y mercaderías migrantes también tiene un rol protagónico. En el primer ámbito, aquí observamos una importante inserción laboral de mujeres migrantes peruanas que socializan cotidianamente con el público nativo al atender puestos de venta en el sector del ASOAGRO . En el segundo ámbito, los propios productos que ofertan estas migrantes son muchas veces traídos desde el otro lado de la frontera y tienen gran popularidad entre los chilenos compradores (Valdebenito y Guizardi, 2015, p. 12). Aquí, los productos industrializados vienen directamente desde Tacna, mientras que los de tipo agrícola son mayoritariamente de Moquegua, resaltando especialmente las cotizadas paltas y sandías moqueguanas que prefieren los chilenos.

Fuente: elaborado por Juan Jofré Cañipa mediante uso de software ArcGIS 10.1.

Mapa 3: Espacios urbanos transformados por la movilidad fronteriza en Arica 

En las zonas posteriores y aledañas al Terminal Agropecuario, similarmente al caso observado en las inmediaciones del Terminal Internacional, proliferan y desbordan nuevamente los comercios asociados con la presencia de migrantes (Valdebenito y Guizardi, 2015, p. 16). Esto con la sola excepción de que, en este caso, las hospederías y dormitorios no son necesarios, dada la residencia estable y más prolongada de los migrantes que aquí arriendan casa y, a veces, ya son propietarios.

En el Terminal Agropecuario, por tanto, la "chilenidad convive con la peruanidad" (Valdebenito y Guizardi, 2015, p. 16) de forma cotidiana. Pero, además, estas formas de identificación nacional son intermediadas por la identidad andina de las gentes que han conformado y conforman, desde 1980 hasta el presente (Gundermann y Vergara, 2009, p. 110; Valdebenito y Guizardi, 2015, p. 10), este espacio. Se trata de la identidad aymara que han traído los migrantes internos de la precordillera y altiplanicie chilena, y que hizo del Terminal Agropecuario su asociatividad comercial protagónica en Arica. Al tiempo que también, contemporáneamente, lo hacen otro grupo específi de mujeres aymara migrantes que vienen desde Puno hacia Tacna primero, y desde Tacna hacia Arica, después.

La transfrontericidad común de ambos lados

La data etnográfica presentada posibilita conocer cualidades comunes entre procesos sociales y formas espaciales tacno-ariqueñas, formas que son un producto de múltiples interacciones y movilidades en sentido objetivo, social e imaginario, según lo hemos definido ya durante el segundo apartado de este artículo.

En este sentido, primero puede darse cuenta de una codependencia (de producción y consumo) transfronteriza entre Tacna y Arica, lo que se manifiesta a través de la producción agrícola en la segunda ciudad mediante la mano de obra peruana que llega desde la primera, y que se agencia colectivamente en el Terminal Internacional de Arica. Esto por la acción articulatoria de aquellos mismos trabajadores, la acción de las mujeres comerciantes de la ropa americana, y los propios chilenos que reconocen al sector como una localización migrante de Arica.

También puede darse cuenta de la mutua socioespacialidad tacno-ariqueña mediante el masivo consumo de los servicios tacneños por parte de los chilenos visitantes, fenómeno que produce transformaciones espaciales urbanas en el Tacna cercado, y que se diferencia sustancialmente de las formas espaciales y comerciales de los distritos aledaños de aquella ciudad.

Con esto se evidencia la cualidad diferencial que tiene el impacto de la socialización chileno-peruana en aquellos lugares. En el primero se producen identidades criollas de la "peruanidad" que se orientan a satisfacer las demandas comerciales y de servicios que requieren los chilenos, mientras en el segundo se mantienen identidades mucho más serranas y altiplánicas. Esto precisamente porque allí la visita de chilenos es muy poco recurrente, más bien escasa.

Las interacciones tacno-ariqueñas son también verificables en el abastecimiento chileno de productos alimenticios que provienen desde el lado peruano de la frontera, y que se comercializan en el Terminal Agropecuario de Arica. Estos productos son bien solicitados y preferidos por los compradores chilenos, y además les son vendidos por las propias mujeres aymara migrantes que han llegado desde Tacna hasta el ASOAGRO.

Se trata de un fenómeno que produce desbordamientos recurrentes de la socioespacialidad migrante en este lugar, al igual que sucede en los alrededores del Terminal Internacional. Emplazamiento urbano de Arica, donde lo chilenos residentes en la Población Juan Noé son partícipes también en la reproducción de esta cuestión. En esto se incluyen a través de la habilitación de sus propias casas como bodegas informales para el comercio de la ropa americana que agencian las mujeres peruanas migrantes.

Con estas constataciones es posible definir que la socioespacialidad tacno-ariqueña adquiere transfrontericidad en cuanto presenta una similitud procesual en términos objetivos, sociales e imaginarios, cuestión que podría sistematizarse en tres grandes ámbitos de objetivación etnográfica:

  1. interconexión socioespacial entre Tacna y Arica;

  2. impacto de la migración interna aymara sobre ambas ciudades, y

  3. transformaciones urbanas contemporáneas que presentan similitud en ambas ciudades estudiadas como un resultado de lo anterior.

Comentarios finales

En este artículo he querido ofrecer una operacionalización teórico-metodológica especialmente diseñada para el estudio de la (trans)frontera tacno-ariqueña. Esto principalmente porque, quisiera resaltar, ha sido la propia experiencia etnográfica entre Tacna y Arica lo que ha motivado dicha reflexión.

En este sentido, me parece que tanto la experiencia de campo como la etnografía aquí ofrecida son indicativas de que la frontera tacno-ariqueña se desborda constantemente en sentido socioespacial. Y que, por ello, se requiere seguir explorando soluciones teórico- metodológicas para la profundización del conjunto de los fenómenos socioculturales que incentivan aquel desbordamiento. Fenómenos que, en este caso, he abordado desde la relación entre procesos sociales y formas espaciales.

Desde este punto de vista, las informaciones aquí discutidas sugieren que Tacna y Arica hoy se presentan bajo la forma de un contexto sociocultural móvil, en el que los términos de la frontericidad son socioespacialmente transformados. Esta condición es posible por el compartimiento común de prácticas, objetos e imaginarios "otros" que son cada vez más "propios" a uno y otro lado de la frontera. Compartimientos que, complementariamente, son propiciados por procesos sociales contemporáneos de movilidad que son comunes a Tacna y Arica.

A propósito, quisiera relevar que la constatación de estas cuestiones fue en gran medida posible por la construcción teórico-metodológica que aquí se propuso. En este sentido, he sugerido que el abordaje etnográfico de la unidad de estudio tacno-ariqueña puede operacionalizarse a partir de un enfoque multidimensional, procesual y multisituado. Esto con la finalidad de resolver la disociación analítica de ambas ciudades.

Esta triangulación investigativa, aplicada en ambos lados de la frontera, no solo muestra ser efectiva para el registro y control metodológico de un problema de estudio que hoy por hoy es objeto de creciente productividad científica, sino que además es propicia para prevenir posibles nacionalismos metodológicos en el estudio de la transfrontericidad tacno-ariqueña. Esto como un derivado de fijar la atención académica únicamente en el lado sur de la frontera chileno-peruana.

Al respecto, en esta ocasión he querido indagar específicamente en la cuestión del qué y el cómo comparar en una unidad de estudio transfronteriza. Esto mediante la utilización conjunta de la perspectiva lefebvriana (2013) sobre el espacio en sentido objetivo, social e imaginario. El control comparativo procesual, en lugar de estructural, siguiendo a Barth (1999). Y la construcción de una etnografía multisituada, particularmente caracterizada por atender a la conectividad de lugares de producción sociocultural no solo relacionados en términos explícitos, sino que también simbólicos, como lo sugiere Marcus (2001).

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*Este trabajo es posible gracias a la beca doctorado CONICYT. El autor agradece a la Comisión Nacional de Ciencia y Tecnología CONICYT que hizo posible este trabajo a través del proyecto Fondecyt Nº 11121177 "Conflictos de género, inserción laboral e itinerarios migratorios de las mujeres peruanas en Chile: un análisis comparado entre las regiones de Arica-Parinacota, Tarapacá y Valparaíso". El autor agradece las evaluaciones anónimas al manuscrito original de este artículo. También agradece a familiares varios por su apoyo durante el proceso de redacción.

Recibido: 21 de Junio de 2016; Aprobado: 20 de Abril de 2017

** Antropólogo Social por la Universidad de Tarapacá, Arica. Doctorando en Programa de Doctorado en Antropología UCN-UTA, Universidad Católica del Norte.

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