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Cuadernos de historia (Santiago)

versión On-line ISSN 0719-1243

Cuadernos de Historia  no.37 Santiago dic. 2012

http://dx.doi.org/10.4067/S0719-12432012000200005 

CUADERNOS DE HISTORIA 37
DEPARTAMENTO DE CIENCIAS HISTÓRICAS
UNIVERSIDAD DE CHILE DICIEMBRE 2012: 131 - 157

ESTUDIOS

 

MOVIMIENTO ESTUDIANTIL E INTELECTUALIDAD REFORMISTA EN ARGENTINA (1918-1946)

STUDENT MOVEMENT AND REFORMIST INTELLIGENTZIA IN ARGENTINA (1918-1946)

 

César Tcach*

* Investigador del CONICET- Director de la revista Estudios y de la Maestría en Partidos Políticos del Centro de Estudios Avanzados de la Universidad Nacional de Córdoba. Correo electrónico: cesartcach@gmail.com


Resumen: Este artículo ofrece una reconstrucción historiográfica del movimiento estudiantil argentino de la Reforma Universitaria -que se inició en Córdoba en 1918 e influyó sobre estudiantes e intelectuales de Chile, Perú, Colombia y otros países de América Latina- y propone una interpretación: en el período de entreguerras, el movimiento reformista fue un movimiento social. Su declive como movimiento social se correlaciona con el fin de la segunda guerra mundial y el nacimiento del peronismo.

Palabras clave: movimiento social, intelectualidad, movimiento estudiantil, anticlericalismo, fascismo, peronismo.


Abstract: This article provides a reconstruction of the historiographical argentine student movement of the University Reform, which started in Cordoba in 1918 and influenced students and intellectuals from Chile, Feru, Colombia and other countries of Latin America - and proposes an interpretation: in the interwar period, the reform movement was a social movement. Its decline as a social movement correlates with the end of the second world war and the birth of Peronism.

Key words: social movement, intellectuals, student movement, anticlericalism, fascism, peronism.


 

Introducción

Este texto parte de una hipótesis central: el movimiento estudiantil de la Reforma Universitaria que se gestó en Córdoba, Argentina, a partir de 1918, lejos de expresar un mero conflicto de orden académico, constituyó -en el sentido de generar- un movimiento social que se extendió hasta 1945. Su final como movimiento social fue el correlato de la superposición de dos fenómenos: el fin de la segunda guerra mundial y la irrupción del peronismo. A partir de entonces, el reformismo pervivió como corriente del movimiento estudiantil (hasta nuestros días), pero no como movimiento social.

En 1918, el reformismo trascendió los límites del grupo etario que lo protagonizaba, se asoció a las demandas de otros sectores sociales, operó como catalizador del activismo y la participación política de núcleos relevantes de intelectuales argentinos y ofreció un punto de referencia -moral y programático-ineludible a estudiantes de Chile, Perú, Colombia, México y otros países de América Latina. El movimiento del 18 fue un movimiento social, en el sentido que sus reivindicaciones inmediatas los condujeron a acciones conflictivas que pusieron en tela de juicio las relaciones de dominación sobre los principales recursos culturales en una doble faz, la institucional y la inherente a valores y representaciones1. En su condición de movimiento social, la Reforma Universitaria no fue un evento reducido al "acontecimiento" sino que articuló una dimensión temporal -una "duración" en el sentido de Norbert Lechner2- que posicionó a los intelectuales cordobeses en el período de entreguerras. Consecuentemente, el reformismo presentó batalla en el terreno de los valores y las representaciones dominantes en la sociedad -en el espacio donde se disputa la hegemonía cultural- durante más de dos décadas. Anticlericales y antioligárquicos en el 18, antifascistas en los 30 y 40 se enfrentaron a partir de la revolución de junio de 1943 con la entrega de las universidades a la extrema derecha (nacionalista, católica y antiliberal), la represión policial (detenciones y torturas de estudiantes antifascistas), y poco después, en el ocaso de la segunda guerra mundial, con la irrupción de un fenómeno de masas liderado por un general cuyo capital político se había forjado, precisamente, al calor de esos acontecimientos. Esa matriz facilitó un equívoco caro a su pervivencia como movimiento social: la identificación del peronismo con una versión argentina de los derrotados en la segunda guerra mundial.

Universalismo y anticlericalismo

En el congreso nacional de estudiantes celebrado en Córdoba en julio de 1918, Deodoro Roca, principal líder intelectual del movimiento, afirmó que se sentía parte de una generación que denominó "la generación del 14". Esta delimitación generacional se relacionaba con el impacto que la primera guerra mundial -marcada por la muerte masiva de jóvenes en las trincheras, el uso de ametralladoras, lanzagranadas y armas químicas- había tenido en la subjetividad colectiva de su generación. La guerra, decía dos años más tarde, puso al desnudo "toda la miseria moral de nuestro tiempo"3.

Ciertamente, el impacto en los jóvenes cordobeses no constituía un hecho aislado. Formaba parte del clima de inquietud intelectual y de una búsqueda de nuevos valores que atravesaba fronteras y se reflejaba en todos los aspectos de la vida cultural: en las cartas que el pacifista Romain Rolland (Premio Nobel de literatura en 1915) escribía a Ghandi, en la difusión de obras de escritores latinoamericanos que exaltaban un horizonte nuevo a partir de una América liberada de dominaciones imperialistas (José Rodó, Rubén Darío, José Martí), y poco después, en la "generación perdida" de la literatura norteamericana (John Dos Passos, Ernest Hemingway, John Steinbeck). Este contexto contribuye a explicar por qué, la Reforma Universitaria no se redujo a una protesta estudiantil de orden gremial, sino que formó parte y fue matriz de un movimiento social y cultural de más largo alcance y de resonancia internacional. En el "sótano de Deodoro" (lugar mítico de su casa que hacía de biblioteca, estudio jurídico y sala de tertulias), discutieron e imaginaron un mundo nuevo cuadros del movimiento reformista, como Saúl Taborda, Enrique Barros o Gregorio Bermann, cultores de la transformación social y la honestidad política, como Lisandro de la Torre y Alfredo Palacios, pero también dirigentes latinoamericanos, como Haya de la Torre, poetas de la talla de León Felipe, escritores del talento del español Ortega y Gasset, del judío austríaco Stefan Zweig o del colombiano Germán Arciniegas. En ese universo de ideas, Deodoro Roca no dejó de expresar su admiración por el creador del psicoanálisis, Sigmund Freud. En un mundo cargado de sombras -decía en un texto de 1931- la lámpara de Freud alumbraba como la de un minero los laberintos del inconsciente4. Empero, tanto él como el núcleo duro del movimiento reformista escapó a la tentación de una fórmula certera, infalible, dogmática. Por ello sus reflexiones combinaban heréticamente los aportes de autores tan diversos como Marx, Nietzsche o Darwin.

Deodoro Roca se imaginaba a sí mismo como parte y voz de una generación. Esta ubicación temporal se completaba con su definición en el espacio: el meridiano cordobés. Su particular combinación de campo y ciudad, del perfil ligero de sus sierras con la congestión febril de su urbe, lo tornaba -en su mirada-en un espacio ideal para la reflexión profunda, o para decirlo en sus palabras, "la voluputuosidad del pensar". Más aún, esa conjunción de espacio y tiempo dio lugar a un parto que fue una revolución en las conciencias: la lucha contra la tiranía clerical conservadora que dominaba Córdoba. Su enfrentamiento con la oligarquía cordobesa, el Obispado y la Compañía de Jesús, se asociaba a una revisión crítica de la historia argentina y latinoamericana. Advertía que durante la época colonial se destruyeron razas y civilizaciones: lo que no se destruyó en nombre del Trono, se aniquiló en nombre de la Cruz (...) ambas instituciones, la civil y la religiosa, fueron coherentes. En tono irónico señalaba que los burócratas españoles de la Colonia fueron los primeros patricios, "sin las ventajas y con todos los defectos de la vieja aristocracia"5.

José Arico, uno de los intelectuales gramscianos más lúcidos de Argentina en la segunda mitad del siglo XX, definió a Córdoba como una ciudad de frontera entre lo tradicional y lo moderno, entre lo laico y lo clerical, entre lo progresista y lo reacccionario, entre lo más conservador y lo más revolucionario6. Teniendo presente esa frontera cultural que señalaba Aricó, cabe recordar que en la tradición católica conservadora, esa ciudad de iglesias, campanarios, clérigos, beatas y abogados estaba destinada a convertirse en la Roma de América del Sur.

Desde el púlpito, la prensa gráfica -como los diarios católicos El Eco de Córdoba y Los Principios- y también desde la universidad (la más antigua del país), se alimentaba esa ilusión. En ella, tenía un peso decisivo la Compañía de Jesús, cuyo desempeño era descripto por La Gaceta Universitaria, el periódico fundado por los promotores del movimiento reformista (convertido pronto en órgano oficial de la Federación Universitaria), en términos de inequívoca dureza. En la Universidad de Córdoba, explicaba,

se hermanaban las doctrinas sombrías de la Iglesia Católica con la hosquedad de una ciencia anquilosada, las fórmulas siniestras de la Inquisición con el casuitismo de la filosofía tomista; los procedimientos tenebrosos de los discípulos de Loyola con las glosas herméticas de la Instituta o de las Leyes de Indias. Enclavada en las entrañas de la República, albergaba (...) el espíritu perverso del despotismo, y sus muros medievales fueron siempre los contrafuertes opuestos a los vientos de libertad que soplaban del lado del mar7.

La lucha contra el autoritarismo clerical conservador que gobernaba la universidad, la denuncia contra las modalidades de enseñanza y sus contenidos, que se manifestaba en un cuestionamiento a todos los aspectos de la vida cotidiana en el ámbito académico, fue facilitada por la creciente heterogeneidad de los orígenes sociales y geográficos de los que se nutría el movimiento estudiantil. Entre los activistas más destacados se encontraban jóvenes provenientes de familias patricias de Córdoba, estudiantes provenientes de otras provincias, y una primera generación de hijos de inmigrantes extranjeros -sobre todo, italianos y españoles- que accedían a la universidad. Al respecto, Gregorio Bermann, argentino proveniente de una familia de judíos polacos, recordaba:

Contribuyó a la rebelión juvenil el hecho de que en el 18, varios centros de estudiantes estaban liderados por muchachos, varios de los cuales provenían de otras provincias, sobre todo limítrofes; de Santa Fe, Ismael Bordabehere y Cortez Pla, que dirigían el de Ingeniería, de procedencia catamarqueña era Horacio Valdez en el de Derecho, y en el de Medicina, Enrique Barros de extracción riojana, y Gumersindo Sayago de Santiago del Estero (...)"8.

Su rebelión contra la "Córdoba de las campanas" guardaba estrecha relación con el minucioso control ejercido por la orden de los jesuitas sobre la vida cotidiana de la universidad. Un dato anecdótico pero ilustrativo: en 1919, los estudiantes aún protestaban por su posesión de una fábrica de velas en el interior de la universidad. En septiembre, un recuadro destacado de la publicación estudiantil, la Gaceta Universitaria, se preguntaba:

Que hace el Consejo Superior que no exige la devolución de las 2 aulas hoy en poder de la mafia jesuítica y sirven de cucarachera y fábrica de velas? Pretende acaso que los estudiantes la reconquistemos a nuestra usanza? El aniversario de la toma de la Bastilla se aproxima y quizá sea festejada completando la obra9.

Más de dos meses antes, el periódico estudiantil había denunciado con ironía, arma predilecta de los reformistas :

en nuestra universidad, aunque parezca irrisorio, tenemos una fábrica de velas. Y lo peor es que son malolientes. Esta fábrica, que está en poder de los jesuítas, no paga materia prima (...) la obtienen de las cocinas de sus "humildes ovejas". Tampoco paga la patente que el erario provincial exige al más pobre anónimo velero. Y para que nada falte, no paga alquiler (...). Ese terreno que uds. están usufructuando, señores jesuitas, es la universidad, con que váyanse, eh?10.

Cabe aclarar que se trataba de aulas situadas debajo de la biblioteca principal de la universidad.

Liberalismo cultural y socialismo: brújulas en la construcción de una alianza social

Los protagonistas del movimiento reformista se identificaban a sí mismos como la "juventud liberal". El liberalismo era percibido como la antítesis de la "inquisición intelectual y moral" que torturaba la libertad de pensamiento en la Universidad de Córdoba. Por consiguiente, era una especie de amplio paraguas que permitía cobijar en su seno filones de ideas, a veces entrecruzadas de modo heterodoxo, con vetas positivistas, antipositivistas (se admiraba al "viejo" Korn), vitalistas, georgistas, marxistas, anarquistas, masonas e inclusive feministas. Remitía a la filosofía de la Ilustración pero no era reductible a ella. Constituía una identidad macro o pan-identidad que afirmaba un sentido de pertenencia cuya eficacia se asociaba estrechamente a la configuración de un enemigo común. En parte, era un capítulo más del viejo combate entre liberalismo y clericalismo, pero tampoco era reducible a él. Latía un horizonte nuevo. El universo cultural de la Reforma tendió también un puente de plata entre liberalismo, democracia y socialismo. Prueba de ello es el tipo de recepción que tuvo la revolución rusa. Esta fue interpretada en clave de una revolución democrática llevada hasta sus últimas consecuencias. Un artículo alusivo de La Gaceta Universitaria destacaba, por ejemplo, el papel del escritor Máximo Gorki como ministro de Instrucción Pública, y se preguntaba: ¿Pero, cuando llegaremos a tener nosotros un ministro de educación como el novelista ruso?, y explicaba el nuevo rol de los higienistas-pedagogos en la "educación sexual" de las nuevas generaciones en la Rusia socialista. Destacaba, asimismo, que las mujeres tenían los mismos derechos civiles y políticos que los hombres, y añadía:

La vieja institución del matrimonio no es obligatoria. Existe una amplia libertad de cultos y se registran diariamente un gran número de casamientos por las iglesias Ortodoxa Rusa, Protestante, Católica-Judía, no teniendo el Estado socialista ninguna clase de intromisión en estos asuntos privados. Las uniones de cualquier género quedan fácilmente rotas cuando uno de los contrayentes así lo desea, vale decir, existe el divorcio absoluto11.

En otras palabras, distinción entre lo público y lo privado, derechos de la mujer, educación racional, libertad religiosa y un socialismo que no socavaba los derechos del liberalismo sino que los profundizaba en beneficio de la sociedad. Cantar La Internacional no era contradictorio con entonar LaMarsellesa. Este núcleo liberal y socialista -no en vano, años después, muchos dirigentes de la Reforma como Deodoro Roca, Arturo Orgaz, Saúl Taborda o Gregorio Berman hicieron su experiencia de afiliación y militancia en el Partido Socialista- distó de ser, por cierto, un fenómeno exclusivamente cordobés. Eric Hobsbawm ha recordado al respecto que la medalla conmemorativa del primero de mayo, que acuñó el Partido Socialdemócrata Alemán, tenía en una cara la efigie de Carlos Marx y en la otra la estatua de la libertad: "Lo que rechazaban era el sistema económico, no el gobierno constitucional y los principios de convivencia"12. Sin embargo, en contraste con las formulaciones clásicas de la socialdemocracia, el universo reformista incluyó la posibilidad de repensar las instituciones típicas de la democracia representativa. De allí, las criticas de Saúl Taborda al sistema parlamentario y su búsqueda de fórmulas de democracia directa o semidirecta, o la inclusión en las páginas de La Gaceta Universitaria de una de las más sarcásticas y lúcidas criticas de José Ingenieros a los partidos políticos:

Un domingo electoral es tan ameno como los tres días de carnaval juntos (.) Un programa se escribe en pocas horas. Es preferible que esté cuajado de vulgaridades y escrito en pésimo estilo. Un programa que no diga nada es el más perfecto, pues no lastima las ideas que cree tener cada elector. De cada cien, noventa y cinco mienten lo mismo: la grandeza del país, los sagrados principios republicanos, los derechos del hombre, los intereses del pueblo trabajador, la moralidad política y administrativa. Todo ello es de una desvergüenza patibularia o de una tontería enteroecedora; simula decir mucho y no significa absolutamente nada. El miedo a las ideas concretas se disfraza con el antifaz de las vaguedades verbales13.

De este modo, José Ingenieros se anticipaba en casi medio siglo a los planteamientos del sociólogo alemán Otto Kircheimer sobre los "partidos atrapa todo" o de la sociología italiana sobre el "partito pilla tutto". El comentarista estudiantil que hizo la introducción a la nota de Ingenieros no era menos duro con los políticos, a los que calificaba de "legión de vivos que comparte con los patronos la innoble tarea de domar rebeldías"14.

La influencia de la revolución rusa, en una época en que la dictadura stalinista aún no era siquiera una posibilidad, concitó la simpatía de muchos de los protagonistas de la Reforma. Se comparaba, así, a Wilson con Lenin, y se admitía que si bien el primero había sido un idealista, tras él estaban los intereses comerciales del capitalismo norteamericano; en cambio, el segundo, era amado por los trabajadores, los desheredados, los utopistas y los miserables del mundo. En esta tónica, se evocaban las palabras laudatorias de la revolución del Premio Nobel de Literatura en 1915, Romain Rolland: "El reloj del mundo está atrasado y hay que ponerlo en hora con el de Petrogrado"15.

En consonancia con la búsqueda de un nuevo mundo, el reformismo tendió sus manos a nuevos actores, particularmente, al incipiente movimiento obrero cordobés que en 1917 había articulado la construcción de una central obrera única, dando lugar al nacimiento de la Federación Obrera Local (FOL). En 1918, la gran huelga de los obreros del calzado confluyó con la protesta estudiantil y tuvo a Deodoro Roca como orador en sus actos de protesta16. El acercamiento a los obreros fue coetáneo con un ostensible entrelazamiento con la pequeña burguesía y los sectores medios de la ciudad. Las publicidades que contribuían a financiar el periódico de los estudiantes, La Gaceta Universitaria, eran una muestra elocuente de su acompañamiento a las luchas estudiantiles: Farmacia El Fénix (de Dicovsky y Guelardi), Casa Chammas (alfajores), Casa Diego Fortunato (calzados), Mayer (artículos para farmacias), Óptica Lutz Ferrando, Agustín Despontin (cochería fúnebre), Bar El Esplendido, Imprenta Ferreyra, Cine Plaza, Librería Simian, Caeiro Hermanos (artículos de almacen), Justo Minuzzi (droguería y farmacia), Casa Viale (especialidad en tejidos italianos), etc. Los estudiantes salían al encuentro de los sectores medios y los trabajadores asalariados y los interpelaban en clave de liberalismo político, universalismo cultural, democracia y reformismo social.

Del anticlericalismo al antifascismo

Tras el golpe militar de 1930, la Universidad Nacional de Córdoba no tardó en sufrir los embates del gobierno nacional, facilitados por la presencia del conservador cordobés Guillermo Rothe como Ministro de Instrucción Pública del general Uriburu. El rector reformista, José Benjamín Barros -hermano de Enrique Barros- fue forzado a renunciar. El nuevo rector, Eduardo Deheza, identificado con el nacionalismo de derecha, expulsó a Gregorio Bermann, Jorge Orgaz, Gumersindo Sayago y otros docentes de dilatada y reconocida trayectoria reformista17. La autonomía universitaria fue desconocida y los centros de estudiantes, prohibidos.

La interrupción del orden institucional en Argentina -acompañado por golpes militares exitosos en Brasil, Chile, Bolivia, Perú y Ecuador, un autogolpe en Uruguay y el acceso al poder de dictadores en América Central- operó como disparador del tránsito a la militancia partidaria de la generación de intelectuales forjada al calor de la Reforma Universitaria. Se incorporaron al Partido Socialista, Deodoro Roca, Gregorio Bermann, Saúl Taborda, Ceferino Garzón Maceda y Raúl Orgaz (su hermano Arturo Orgaz ya era un dirigente socialista muchos años antes). Y fuera de Córdoba hicieron lo propio, entre otros, intelectuales de la talla de Alejandro Korn y Julio V. González. La apuesta por conjugar el universo cultural de la Reforma con el ideario socialista, y más específicamente, con la militancia partidaria, encontró su punto de expresión más alto en 1931, con motivo de las elecciones convocadas por el dictador, general José Félix Uriburu.

En septiembre de 1931, el VI Congreso Extraordinario del PS exigió el retorno inmediato a la "normalidad institucional"18. La resolución más importante fue la aprobación de una política de alianza con el Partido Demócrata Progresista para impulsar la fórmula presidencial Nicolás Repetto, Presidente, Lisandro de la Torre, Vicepresidente. De este modo, los socialistas se aprestaban para hacer frente en el terreno electoral a la candidatura del General Justo, promovida por la coalición conservadora -la "Concordancia"- integrada por el Partido Demócrata Nacional, el radicalismo antipersonalista y el Partido Socialista Independiente19.

En consonancia con las orientaciones del Partido Socialista, Deodoro Roca, junto a Saúl Taborda, Enrique Barros, Ceferino Garzón Maceda, Carlos Astrada, Alfredo Orgaz, Benjamín Elkin, Luis Aznar, Humberto Castillo, Carlos Astrada Ponce, Ricardo Blutghen y el ingeniero Vázquez de Novoa constituyeron el Comité Ejecutivo Provisorio de la Alianza Civil, cuya primera resolución política fue respaldar la fórmula presidencial Lisandro de la Torre - Nicolás Repetto. Su Declaración de Principios -en la que se intuye la pluma de Deodoro Roca- trascendía ampliamente, empero, el tópico electoral. Explicaba que la militancia era una urgencia de la hora, un imperativo que superaba toda actividad intelectual desligada de una realidad histórica que ponía en juego "nuestro destino de comunidad civilizada". Definía a sus promotores como obreros de la cultura y la democracia, y llamaba a incorporarse a ella a "obreros del intelecto y manuales, estudiantes" y a "todos los miembros responsables de la comunidad argentina"20

Como puede apreciarse, cristalizaba en esa declaración un filón de ideas ya presentes en 1918, como el compromiso con la realidad social o la comunidad de intereses entre obreros, estudiantes e intelectuales. Pero a diferencia de entonces, la autodefinición de los intelectuales como obreros de la cultura suponía un codo a codo que conducía a la práctica de la militancia orgánica y a la definición de opciones partidarias. Las apelaciones a la civilización y a la democracia implicaban, asimismo, relegar a un segundo plano las críticas al parlamentarismo burgués y la rígida distinción entre la cultura materialista y utilitarista del norte, y la más humanista anclada en América del Sur. Es que el imperativo al que aludía el documento se correlacionaba de modo directo con la sensación de amenaza generada por el auge del fascismo y el nacionalismo de derecha. No en vano, la declaración de adhesión a la conjunción socialista-demócrata progresista que acompañaba la Declaración de Principios, manifestaba que su fórmula presidencial era la "expresión de las aspiraciones civiles más responsables" en "esta hora incierta para la suerte de nuestras instituciones"21. Vale decir, se remitía a las instituciones de la democracia liberal. Es posible suponer que pese a sus falencias era percibida como una conquista civilizatoria. Al respecto, Deodoro Roca explicaba: "Se ha hablado de crisis de la democracia" pero "entre democracia -por descompuesta que esté- y plutocracia, no cabe vacilar"22.

A la dirección nacional del Partido Socialista no pasaron desapercibidas las peculiaridades que adquirió la formación de la Alianza Civil en Córdoba. En contraste con Capital Federal y Mar del Plata, cuyo sostén principal era la estructura del PS -su aparato partidario- y en contraste con Santa Fe, cuya base era el Partido Demócrata Progresista, en Córdoba su núcleo central estaba constituido por los intelectuales de origen reformista. Testimonia esta percepción una carta enviada por Nicolás Repetto al comité ejecutivo de la Alianza Civil, en la que se refería a sus integrantes como "paladines de la talla de ustedes" y "espíritus cultos y libres a los cuales Córdoba debe más de un servicio en el orden científico, literario y de progreso social"23. A ese núcleo duro originado en la experiencia del 18, habría que añadirle la presencia de una generación de intelectuales más jóvenes, entre los que se contaban Adelmo Montenegro, Juan Zanetti, Santiago Monserrat y Bernardo Movsichoff, quienes lideraban la Agrupación Universitaria Socialista. De este modo, se puede afirmar que, en rigor, eran dos generaciones de intelectuales cordobeses las que apostaban sus esperanzas en la militancia partidaria24.

El ensayo de la vía electoral

Ciertamente, la posibilidad de presentarse a elecciones estaba lejos de la rebeldía iconoclasta de los protagonistas del movimiento reformista en 1918. Pero el auge de los totalitarismos en Europa y la irrupción de los militares en la escena política nacional en 1930 redefinió sus percepciones, diagnósticos y cursos de acción. En octubre de 1931, el Partido Socialista definió sus candidaturas: Deodoro Roca fue postulado como candidato a intendente de la ciudad de Córdoba, Gregorio Bermann a gobernador y Arturo Orgaz como senador por la capital. Casi simultáneamente, los socialistas rechazaron -por boca de Alfredo Palacios- el veto del gobierno nacional a la candidatura presidencial de la UCR (Marcelo T. de Alvear), pero su solidaridad distó de conducir al boicot del juego electoral25. El programa de la Alianza Civil cordobesa era consecuente con un haz de principios que asociaban liberalismo político, reforma social, laicismo y antiimperialismo. Se planteaba de modo explícito revaluar la política evitando las prácticas que favorecían tanto "los instintos plebocráticos del caudillaje como el reaccionarismo fascista y dictatorial". La construcción de un sistema de partidos implicaba, asimismo, reemplazar "las banderías y entidades invertebradas" por partidos orgánicos, cohesionados por designios concretos y claros, y animados por la pasión que comunica un ideal26. Democracia implicaba, desde esta concepción, un tipo de régimen político que en lugar de sustentarse en liderazgos carismáticos de cualquier naturaleza, descansase sobre un sistema de partidos con un importante nivel de institucionalización (orgánicos) y no meramente clientelares o de patronazgo.

La plataforma electoral municipal -promovida por Deodoro Roca- traducía en medidas concretas el ideario del reformismo social. Planteaba una política fiscal progresiva a través del gravamen a la tierra urbana libre de mejoras y la abolición de los impuestos que pesaban sobre el trabajo, la circulación y el consumo. Proponía eliminar gastos superfluos a través de la "supresión de subvenciones a entidades y obras de carácter religioso" y destinar fondos para la construcción de casas económicas para los obreros. Prometía, asimismo, una jornada máxima de siete horas y salario mínimo para todos los empleados que dependiesen directa o indirectamente de la comuna. El desarrollo de políticas universales -en materia de alumbrado público, agua potable y canalización de aguas pluviales para evitar inundaciones- ocupaba un lugar relevante. Postulaba también la participación popular y municipal a través de la creación de una gran cooperativa para la provisión de energía eléctrica27. El 16 de octubre de 1931, un coro femenino cantó "La Internacional", la "Marsellesa" y el himno "Hijos del Pueblo", al iniciarse el acto de proclamación de las candidaturas de Deodoro Roca y sus compañeros. En esos días, el hilo conductor que unía el pasaje del reformismo al antifascismo era explicitado así por Gregorio Bermann:

(...) nuestra generación ha cumplido su deber. Estamos aquí otra vez, contra los enemigos coaligados de la libertad, la democracia y la justicia, dispuestos a oponerles nuestros pechos y nuestras frentes. Y si la Reforma fue la explosión de un estado de conciencia histórica, la Alianza Demócrata Progresista-Socialista que la afirma y precisa y la impone en lo político social, está netamente con ella. Por eso, de un extremo a otro del país han respondido con un Presente! nuestros viejos compañeros (...) Todos los hombres que han estado desde el 18 hasta ahora, lealmente, con los ideales reformistas, militan hoy bajo la gran bandera de la Alianza Demócrata Progresista-Socialista28.

Ciertamente, el énfasis que tradicionalmente los socialistas argentinos habían puesto en la dimensión pedagógica de la política -reflejado en la creación de bibliotecas, la importancia concedida a la prensa escrita y la promoción de centros educativos- estaba en consonancia con el lugar concedido a la cultura por la generación reformista. No en vano, Deodoro Roca afirmaba en 1931 que "por la conquista de la cultura se llegará al Estado Socialista y a la perfección espiritual de la masa"29. Su participación y la de otros intelectuales reformistas en la política partidaria apuntaba a suministrar una guía para la construcción de un tercer espacio político con capacidad para disputar la dirección de la sociedad al bloque conservador-nacionalista y al partido radical. Pese al recuerdo de la intervención favorable del presidente Yrigoyen en el conflicto universitario de 1918, Deodoro Roca despreciaba sus modalidades de hacer política, marcadas por el caudillismo, el personalismo y un verticalismo no exento de improntas mesiánicas. Más aún, las pretensiones radicales que hacían de Yrigoyen una suerte de héroe restaurador de la virtud política -un apóstol laico- a partir, precisamente, de una identificación entre moral e ideario radical, no podían ser vividos por Roca sino como un insulto a su inteligencia y su condición de pensador de frontera entre distintas tradiciones intelectuales. Pero en rigor, sus críticas distaban de ser originales: eran análogas a los reproches de los socialistas argentinos que remitían a las trampas y los males de la "política criolla".

Frente a los heresiarcas de la Reforma Universitaria que se presentaban como candidatos a gobernar la provincia, el diario católico Los Principios, perteneciente al Obispado, propuso una sofisticada ingeniería electoral. Impulsó -operando como un actor político explícito- fragmentar el voto en tres segmentos: llamó a los católicos cordobeses a votar por el Partido Demócrata para diputados nacionales, al radicalismo impersonalista para diputados provinciales y al flamante partido Unión Nacional Agraria a nivel municipal. Dando por descontado que la abstención electoral de la UCR permitiría fácilmente el triunfo del candidato demócrata a gobernador, Emilio Olmos, el diario del obispado proponía esa división tripartita del voto a efectos de impedir que la Alianza Civil obtuviese la minoría en las legislaturas provincial y municipal. Las razones de este voto estratégico distaban de ser ocultas. Los editoriales del diario plantearon categóricamente que la selección de tres boletas de partidos distintos tenía por sentido impedir que la izquierda obtuviese una representación minoritaria30.

Sin embargo, los resultados electorales dieron por tierra con esa ilusión. El Partido Socialista realizó la mejor elección de su historia política. Más aún, la conjunción clerical-conservadora fue incapaz de consumar el objetivo diseñado durante la campaña electoral: impedir que los socialistas obtuviesen la minoría en el Concejo deliberante de la ciudad de Córdoba y en el plano legislativo, tanto provincial como nacional. El socialismo obtuvo cinco legisladores municipales, siete diputados provinciales y dos nacionales. Arturo Orgaz fue electo senador por la capital cordobesa.

En orden municipal, el partido promovido por el diario Los Principios fue la cuarta fuerza (1532 votos) detrás del voto en blanco (2273 sufragios). La lista socialista encabezada por Deodoro Roca obtuvo el segundo lugar con 5061 votos y la del Partido Demócrata liderada por David Caro alcanzó los 17.280. En la elección de gobernador, la fórmula de la Alianza Civil fue también la segunda más votada, Gregorio Bermann obtuvo 19.401 votos contra 92.077 del binomio demócrata presidido por Emilio Olmos. El radicalismo antipersonalista quedó relegado al cuarto lugar detrás del voto en blanco. Por cierto, la diferencia a favor de los conservadores era amplia, pero se constataba una notable mejoría de la performance socialista en comparación con las contiendas electorales precedentes31.

La unidad de los intelectuales y el asociacionismo antifascista

Si bien en Argentina el fascismo en un sentido estricto contaba solo con expresiones políticas pequeñas -como la Unión Nacional Fascista, dirigida por el filósofo cordobés Nimio de Anquín- sus sombras se proyectaban agigantadas en la sensibilidad democrática por el escaso apego de una parte sustantiva de los conservadores a las reglas de la competencia política y las formas republicanas de gobierno. En la subjetividad de los demócratas de los años 30 no siempre era fácil distinguir con precisión donde terminaba el conservadorismo fraudulento y donde comenzaba la vocación fascista. En ese contexto, Deodoro Roca, Gregorio Bermann y otros dirigentes del 18 lucieron sus dotes de organizadores culturales. Su lucha contra la "barbarie doctorada" o el paraíso fiscal en el que vivía la Iglesia Católica (exenta de pagar impuestos por sus propiedades) se resignificó en combate contra el fascismo. Tras las experiencia de participación en el Partido Socialista (Deodoro Roca mantuvo su afiliación hasta el verano de 1937), promovieron la creación en Córdoba de la Asociación de Intelectuales, Artistas, Periodistas y Escritores (AIAPE), tomando como modelo el Comité de Vigilance des Intellectuels Antifascites de Paris. En septiembre de 1935, el comité local -integrado entre otros por Jorge Orgaz y Ricardo Vizcaya- envió su adhesión a la Conferencia Nacional de París, en favor de la lucha del pueblo etíope contra la invasión italiana32. Asimismo, el Comité Pro Paz denunciaba el uso de los pobres como carne de cañón en la guerra de Chaco (entre Bolivia y Paraguay), el Comité de Ayuda al Pueblo Español se solidarizaba con las fuerzas republicanas españolas y el Comité contra el Racismo y el Antisemitismo, denunciaba la persecución a los judíos. Se templaba, así, un tejido de centros culturales y redes solidarias cuyo cemento era una sensibilidad antifascista transversal a partidos e ideologías.

A mediados de 1935, el asesinato en el Senado nacional de Enzo Bordabehere (quien había denunciado junto a Lisandro de la Torre el pacto Roca-Runciman), erizó la sensibilidad de los reformistas cordobeses. Enrique Barros -presidente de la FUC en 1918- señalaba:

El crimen del Senado no es un crimen fascista. Es un crimen del matonismo que prospera como institución en la provincia de Buenos Aires, donde dos docenas de familias se reparten dos tercios de ese pedazo de suelo patrio. Hoy, el matón está encargado de acallar las tribunas de la oposición, mañana de recolectar los dineros de los prostíbulos y casas de juego necesarios para ganar elecciones en toda la república (.) La barbarie de la guerra y la reacción fascista nos deparan un nuevo Medioevo33.

En torno a mediados de los años treinta, el crecimiento de la izquierda en el seno del movimiento obrero argentino, era ostensible en las grandes ciudades. La marcha y el acto en la plaza Vélez Sarsfield del sábado 1 de mayo de 1937 en Córdoba impresionó profundamente a los sectores conservadores y clericales. La ocupación del espacio público por sus enemigos era concebida en términos de una amenaza cuyos sones evocaban la guerra civil española:

La multitud (...) dirigida por los símbolos rojos, puño en alto, gritó sus protestas (.) con la musiquilla entradora de un "cante jondo" muy popular, circuló por varias calles y llenó no menos de seis cuadras en una compacta muchedumbre que evidencia la buena cosecha lograda por la política social que vienen cultivando algunas reparticiones oficiales34.

Empero, el crecimiento de la izquierda entre sectores trabajadores se materializaba no solo en su presencia en las luchas sociales sino también en el surgimiento de nuevas organizaciones sociales y laborales. Su incidencia en el sector docente -hasta entonces espacio privilegiado del accionar eclesiástico- era insoslayable. La realización del Primer Congreso de Maestros de la Provincia de Córdoba, celebrado en el Teatro Rivera Indarte fue testimonio de ello: se veía a los delegados rusos y judíos confraternizando con nuestros vanguardistas criollos y los delegados de algunos sindicatos de obreros, mientras que en las plateas y gallinero se gritaba ¡Mueran los gobiernos burgueses! ¡Abajo la guerra! y ¡Abajo la enseñanza religiosa!35.

El exitoso parto de una cultura de la movilización -que había tenido en 1918 su expresión cumbre en la Reforma Universitaria- irrumpía resignificada (por la traslación de su eje a la lucha antifascista) con nuevos bríos. Al compás de la política de frentes populares (que había inaugurado el VII congreso de la Komintern en junio 1935) pero sin subordinación orgánica al Partido Comunista argentino, se construyeron redes horizontales de intelectuales y artistas que situaban en el antifascismo, el alfa y omega de sus preocupaciones políticas. En el verano de ese año, intelectuales, estudiantes y periodistas de Córdoba protagonizaron una intensa campaña de protesta y movilización por la libertad del obrero Ovidio Navarro (orador en un acto de la Federación Juvenil Comunista), quien había sido torturado por la policía y procesado por la justicia. Una declaración firmada por 43 intelectuales de distintas extracciones ideológicas (dirigentes del movimiento reformista, comunistas, socialistas, radicales, etc.), señalaba:

Las mismas leyes que sirven para procesar a los obreros por asociación ilícita, dan personería jurídica a las bandas fascistas asesinas (.) Luchar contra el monstruoso proceso a Navarro es luchar contra el terror legal de un gobierno impopular y tambaleante que, para mantenerse, da carta blanca a las bandas legionarias y asesinas, y responde con la Inquisición y el carcelazo a las justas demandas de los oprimidos. Ganar esta lucha, es salvar de la ilegalidad a las organizaciones obreras y estudiantiles (...) Los que firmamos, estudiantes, periodistas e intelectuales de Córdoba, dirigimos un fervoroso y urgente llamado a obreros, estudiantes, periodistas, intelectuales, para apretar filas y ganar esta batalla a la reacción36.

Ese mismo año, el asesinato en el Parlamento nacional del senador demócrata progresista Enzo Bordabehere operó como un acelerador de la confluencia intelectual antifascista. Una declaración del Comité Pro Paz de América -firmada por Deodoro Roca, Gregorio Bermann, Ceferino Garzón Maceda y Enrique Barros- ratificaba el imperativo de "unir en un solo racimo de opinión a la democracia argentina", denunciaba al imperialismo "cualquiera sea su origen" y advertía: "ampliamos el horizonte de nuestra acción y lo encaminamos hacia la senda política"37.

El énfasis que el Partido Comunista ponía en la defensa de los principios constitucionales operaba como marco legitimador de una confluencia que lejos de excluirlo, lo situaba en un lugar de privilegio. No en vano, el Comité Central del PC, en su declaración del 17 de julio de 1936 señaló que su principal objetivo era defender las libertades públicas para salvaguardar la ley Sáenz Peña y la constitución nacional. Como puede apreciarse, la reivindicación del liberalismo político y la tradición republicana -asociada entonces a la política de frentes populares- no liquidaba la autonomía de la intelectualidad proveniente del movimiento reformista, pero legitimaba la unidad de acción contra el Gobierno del general Justo y la ofensiva de la derecha nacionalista. La campaña de actos públicos llevada adelante ese año por la FUC (Federación Universitaria de Córdoba) y el Comité Pro exiliados y presos políticos de América, por la libertad del dirigente comunista Héctor Agosti, encarcelado sin juicio durante casi dos años en el penal de Villa Devoto, da cuenta de este fenómeno38.

Asimismo, la extrema intolerancia del clerical conservadorismo cordobés con respecto al universo que genéricamente podemos denominar progresista, tanto en su vertiente liberal como de izquierda, facilitaba esa conjunción. Así, por ejemplo, el diario del Obispado, Los Principios, caracterizaba al moderado y parlamentarista Partido Socialista de Argentina en términos de teoría conspirativa. A su juicio, el PS era una secta internacional y secreta, roedora de la individualidad, matadora de las voluntades, sujeta al delirio de su encono de clases39.

La situación de la universidad, por otra parte, abonaba el terreno para el combate frontal contra los sectores conservadores y la derecha nacionalista. En la imponente conmemoración de la Reforma Universitaria que tuvo lugar el 15 de junio de 1936 en el Teatro Rivera Indarte, los oradores coincidieron en denunciar que la universidad estaba en manos de fascistas y que los problemas del estudiantado estaban "en el mismo lugar que en 1918". Cabe destacar que los actos públicos de la FUC -prohibidos por el rectorado- contaban en esta época con la presencia de un entramado de asociaciones que se nutrían de los impulsos de los intelectuales reformistas, incluyendo la novedosa organización de mujeres pacifistas, Unión Femenina Antiguerrera40. Su postura se encontraba en las antípodas de la sostenida desde el ámbito eclesiástico. El presbítero Ramón Castellano (quien dos décadas después se convertirá en arzobispo de Córdoba) decía por entonces:

no podemos condenar, sistemáticamente, en nombre de un falso pacifismo, la guerra en sí misma. Casos hay en que ésta, no sólo es permitida sino que llegaría a entrañar una obligación para los Estados, por ejemplo, de la libertad, del honor, de la paz41.

Por cierto, sus palabras no estaban divorciadas de su entusiasmo por la invasión italiana a Etiopía, que permitiría ampliar los horizontes de la evangelización en África negra. Cabe recalcar que la difusión de su postura coincidió con el reclutamiento de voluntarios por el consulado italiano (se habrían anotado, según la prensa católica, cerca de 500 cordobeses como voluntarios)42.

En octubre de ese mismo año, un imponente funeral cívico en homenaje a Federico García Lorca tuvo lugar en el Teatro Rivera Indarte. Organizado por la Alianza Intelectual Antifascista, contó con la presencia del líder del socialismo uruguayo, Emilio Frugoni (además de otros intelectuales y artistas del país oriental), del embajador de la España Republicana, Eugenio Díaz Canedo, del intelectual marxista mendocino Benito Marianetti, entre otros. Deodoro Roca, en su discurso de despedida al poeta fusilado, señaló que su muerte fue obra de la garra tremenda de fieras nocturnas cuyos ojos arden vivos por las arboladas de la noche española. Y Aníbal Ponce, en su mensaje de adhesión, responsabilizó a los enemigos de siempre, latifundistas, usureros, obispos y generales43. Tras el inicio de la segunda guerra mundial, la unidad antifascista se materializó en la formación de la sección cordobesa de Acción Argentina. En su fundación -que tuvo lugar en agosto de 1940- confluyeron radicales (Mauricio Yadarola), socialistas (Arturo Orgaz, Miguel Avila, Ceferino Garzón Maceda), comunistas (Gregorio Bermann) e intelectuales independientes como Deodoro Roca44.

Cabe añadir que a la génesis de organismos propiamente relacionados con la acción política, se añadió el ensayo de creación de un espacio cultural destinado a la elaboración y difusión intelectual: el Centro de Estudios Sociales, impulsado entre otros por los hermanos Raúl y Arturo Orgaz, Mateo Seguí, Gregorio Bermann, Ceferino Garzón Maceda y Juan Zanetti (integrantes de su primera comisión directiva). En su sesión constitutiva, se concibió a la asociación como una "universidad libre" (Bermann), "accesible a la masa popular" (Arturo Orgaz) y como un colegio de "definida posición izquierdista" (Garzón Maceda)45. Su creación puede ser percibida como una respuesta a la universidad conservadora, pero entroncaba también con una tendencia de largo plazo que estaba latente en los intelectuales de la reforma: dar la batalla en el plano más amplio de los valores y representaciones colectivas. Desde esta perspectiva, su génesis no puede soslayar la creación en Buenos Aires, cinco años antes, del Colegio Libre de Estudios Superiores, fundado por intelectuales embebidos en el ideario reformista, como Alejandro Korn, Narciso Laclau, Aníbal Ponce y Roberto Giusti46.

Violencia en la UNC

Los años treinta fueron testigos de diversos hechos de violencia en la UNC, particularmente en las facultades de Derecho y Medicina, así como en el Colegio Nacional de Monserrat. A la cesantía de profesores -la más notoria fue la del profesor de medicina legal por concurso, Gregorio Bermann, por decisión de Jorge de la Torre, Ministro de Justicia e Instrucción Pública del presidente Justo47- se sumaron detenciones policiales y enfrentamientos físicos en el espacio público. Los centros de estudiantes no estaban reconocidos pero existían, dando lugar a diversos incidentes, en apariencia menores: en 1935, el Decano de Ciencias Médicas recurrió a los soldados de la Guardia de Caballería para evitar la cercanía de los alumnos de Farmacia, quienes habían elegido como Presidente del Centro de Estudiantes al dirigente comunista Francisco Meneguzzi; en agosto de 1936, el rector Sofanor Novillo Corvalán suspendió por ocho días las clases en la UNC debido a los enfrentamientos entre nacionalistas de derecha y reformistas radicales e izquierdistas, mientras que el joven Arturo Frondizzi expresaba su "calurosa solidaridad" con la FUC48. Asimismo, la FUA, tras escuchar en la reunión del 31 de agosto de ese año a los delegados de la FUC, resolvió respaldarla en su campaña contra los profesores que, como los doctores Martínez Villada y Nimio de Anquín, desde las cátedras realizan prédicas fascistas e incitan a los estudiantes a sembrar la anarquía y el desorden, o el propio doctor Ferrer, también de la Facultad de Derecho, quien se había opuesto a un acto de homenaje a Juan Bautista Alberdi49. El Monserrat -colegio secundario dependiente de la UNC- también fue testigo del clima de violencia y tuvo entre las víctimas de las agresiones a Alberto Sabattini y Pereyra Duarte, quienes distribuían la revista "Estudiantina". La derechista Agrupación de Estudiantes del Monserrat advertía: previnimos a los señores Alberto Sabattini y Pereyra Duarte, que la repartición de una revista semejante podía dar lugar a una reacción violenta de parte de los estudiantes respetuosos de la Patria, de la Religión y de la Disciplina50. En esta época, el periódico del Centro de Acción Universitaria Radical subrayaba el rol activo de uno de los profesores del colegio: "el fascismo que recibe instrucciones de la Compañía de Jesús está dirigido por el profesor Nimio de Anquín (...) Denunciamos que De Anquín es el maestro máximo del fascismo traidor desde su cátedra del Colegio Nacional y del local fascista de la calle Duarte Quiroz 135 (...) da cátedra fascista"51. Señalaba, asimismo, que lo secundaban Carlos Pucheta Morcillo y Alcides Bolbo.

El acontecimiento más violento de esos años se produjo en la Facultad de Derecho. La densidad del suceso amerita una explicación previa. En 1935, una alianza de estudiantes radicales, socialistas y comunistas ganó las elecciones. Pero tras el acceso al gobierno provincial de Amadeo Sabattini, los radicales intentaron monopolizar la dirección de la misma. Como consecuencia, la lista reformista se dividió: en las elecciones estudiantiles del 1 de junio de 1938, los reformistas se presentaron divididos en dos listas, una izquierdista (que respondía al "Frente Universitario Reformista-Radical" liderado por Félix Martín), y otra solamente radical, intitulada "Democracia Estudiantil", dirigida por Jorge F. Araya. Su consecuencia fue el triunfo de una tercera lista, denominada Unión Argentina de Estudiantes, que proclamaba públicamente su adhesión al fascismo. Democracia Estudiantil obtuvo 132 votos, el Frente Reformista 192 y la UAE 197 sufragios. Al celebrar su triunfo, los militantes de la UAE cantaron el himno nacional con la mano en alto al estilo fascista. Unos días después, los reformistas organizaron un acto de desagravio al himno en la UNC. A efectos de evitarlo -con el argumento de evitar posibles incidentes- el rector Sofanor Novillo Corvalan cerró la universidad durante tres días. El lunes 13 de junio, no obstante, alrededor de 2000 estudiantes reformistas realizaron un acto en la plazoleta de la calle Obispo Trejo y marcharon luego en manifestación hacia la plaza San Martín. Como consecuencia de estos acontecimientos, renunciaron 8 de los 15 miembros de la comisión directiva del centro de estudiantes de Derecho. Estas circunstancias, sumadas a la proclamada intención de sus máximas autoridades de separarlo de la FUC socavaba -desde la óptica reformista- su legitimidad52

¿Cómo revertir la situación? La FUC llamó a la realización de un plebiscito -con el acuerdo del decano Enrique Martínez Paz- para que los estudiantes se expresen si estaban o no de acuerdo con el desempeño de los dirigentes del centro. El plebiscito que tuvo lugar el 11 de agosto de 1938 abrió las puertas a la tragedia. Un grupo de alrededor de 20 estudiantes de extrema derecha, algunos armados con cachiporras y al grito de "Cristo Rey", "Muera la Reforma", avanzaron sobre las urnas con el objetivo de romper la celebración del comicio. El grupo de autodefensa de los estudiantes reformistas se defendió con el revólver de uno de sus integrantes: en esas circunstancias, es asesinado uno de los atacantes, Benito de Santiago -un joven militante nacionalista de 21 años que no era estudiante universitario- y heridos otros dos: el abogado Francisco García Montaño, de ideología fascista, y el estudiante Atenor Carreras Allende. El estudiante reformista Rufino Abaroa fue detenido por los hechos; Ricardo Vizcaya, socio del estudio jurídico de Gustavo Roca, fue su abogado53.

Esta defensa de las urnas con las armas entroncaba con una tradición del radicalismo de Córdoba. Tres años antes, en Plaza Mercedes -departamento Río Primero- sus militantes se enfrentaron con las armas en la mano, sufriendo las bajas de Pedro Vivas y Héctor Anglada. La gravedad de lo ocurrido en la UNC obligó al Comité Nacional de la Juventud Radical a pronunciarse públicamente: condenó "los actos de violencia dirigidos por la camarilla fascista y reaccionaria atrincherada en la universidad" y responsabilizó a sus autoridades universitarias de facilitar desde las cátedras la formación de grupos de extrema derecha. Con mayor detenimiento, un comunicado de la FUC expresaba que el Consejo Superior afirmaba falsamente que los choques entre estudiantes eran producto de la disputa por los centros, y añadía que en realidad lo que el HCS no mencionaba era que los choques violentos son producidos por la aparición de bandas armadas que practicaban la violencia sistematizada. Explicaba, asimismo, que los escasos estudiantes que figuraban entre los agresores que deseaban impedir por la fuerza la celebración del plebiscito, eran "preparados ideológicamente" desde cátedras del Colegio Monserrat y de la Facultad de Derecho: sus titulares eran los "inspiradores encumbrados" de esos "provocadores profesionales"54. Se referían, entre otros, a los profesores Nimio de Anquín, Luis Martínez Villada y Carlos Pucheta Morcillo.

La FUA repudió "los métodos de violencia para solucionar los conflictos universitarios" y la Federación Universitaria del Litoral responsabilizó a quienes querían implantar regímenes "que no tienen nada en común con nuestra tradición liberal"55.

Reformismo, violencia y cambio social

El papel clave otorgado por el reformismo como movimiento social a la cultura y la educación en la transformación de la sociedad excluyó del horizonte político la posibilidad de responder a la violencia fascista o a las diversas formas de autoritarismo imperante, con una violencia de signo opuesto, salvo en casos excepcionales, principalmente vinculados con la defensa de actos electorales. La FUC (Federación Universitaria de Córdoba) no cesó de denunciar, durante la década del treinta, las provocaciones de "las organizaciones políticas del Fascio y de la Legión Cívica", pero hizo explícita su renuncia a una respuesta violenta. Ante la aparición de un panfleto -firmado por una desconocida agrupación de estudiantes socialistas (AES), que llamaba a la formación de milicias populares antifascistas, la FUC explicaba en un comunicado:

no es fundamental el repeler una agresión y ganar una especie de batalla campal, porque (...) es el propósito de las derechas provocar el desorden y la violencia por medio del asalto y la provocación". Y añadía: la FUC "exhorta al estudiantado a no dar lugar a ninguna provocación fascista (...) No es el arma el medio de dirimir conflictos ni establecer supremacías en la vida universitaria. Preciso es seguir manteniendo en toda la República, la fama de culta y la tradición de liberal de la ciudad que fue cuna de Funes, su primer revolucionario, de Paz cuya espada estuvo al servicio de la libertad, y de Vélez, el gran maestro de nuestro Derecho"56.

Como puede apreciarse, la declaración remitía a los próceres de la tradición liberal y al lugar que Córdoba tenía en esa tradición. En el contexto del renacer de una cultura de la movilización que -a diferencia de 1918- involucraba de modo más decidido a la ocupación conjunta del espacio público por estudiantes y trabajadores, debe ser interpretada como parte de un hilo conductor, latente ya en los orígenes del movimiento reformista, que tendía un puente de plata entre liberalismo, democracia y socialismo.

Un segundo orden de razones remitía a la situación provincial: durante la gestión del gobernador Amadeo Sabattini (1936-40) -perteneciente al sector más laico y progresista del Partido Radical- las libertades públicas y los derechos de reunión y asociación fueron rigurosamente respetados. Este contraste con lo que ocurría en el plano nacional, permitía a la FUC sospechar con fundadas convicciones que la violencia conduciría a socavar la estabilidad del gobierno radical y a la intervención federal a la provincia. Pero desde el punto de vista conceptual, su postura pareció ser no solo el fruto de la necesidad de evitar ese corolario, sino de una concepción de la práctica política en que la educación era el terreno para alcanzar la hegemonía necesaria para transformar la sociedad. El crecimiento de la izquierda parecía corroborar esa conjetura:

A los millares de afiches colocados en todas las esquinas de las calles de la ciudad, a las centenares de circulares (...) que reciben las clases trabajadoras para afiliarse en sindicatos rojos, a la coacción desenfadada que ejercitan en fábricas y casas de comercio (.) a los pasquines que circulan desembozadamente (.) se unen los mítines callejeros. La calle San Martín es teatro de dos o tres mítines semanales. La avenida Olmos, es otro tanto, las cercanías de los mercados son tribunas libres de los mayores desafueros verbales, la invitación a concurrir a ciertos y determinados lugares de izquierda y de relajamiento moral se efectúa con la complacencia de la policía57.

La combinación de movilización callejera con competencia política electoral como mecanismos de confrontación legítimos y a la vez excluyentes de formas de acción directa de sesgo violento, ubicaba a los reformistas en un periplo consecuente con sus propios orígenes. Porque, como ha señalado con acierto Tulio Halperín Donghi, el movimiento de la Reforma Universitaria no puede explicarse al margen de los cambios ocurridos en el país a partir de 1912 (ley del sufragio universal, masculino y secreto) y acceso del radicalismo al gobierno de la nación en 1916, es decir, la sustitución a través de mecanismos pacíficos y democráticos de un grupo dirigente por otro en el plano nacional.

1943-46: el fin del reformismo como movimiento social

Tras la revolución de junio de 1943, las universidades argentinas fueron entregadas a interventores pertenecientes a la derecha nacionalista católica y/o filo-fascista: Giordano Bruno Genta, en la Universidad del Litoral, Tomás Casares en la Universidad de Buenos Aires, Santiago de Estrada, en la Universidad de Tucumán, Lisardo Novillo Saravia, en la de Córdoba. El clima represivo, la persecución ideológica, las cesantías de profesores -entre ellas la del prestigioso Bernardo Houssay en la UBA- y la imposición de la enseñanza religiosa obligatoria en las escuelas provocaron la inmediata oposición del movimiento reformista.

En noviembre de 1943, Mauricio Yadarola, profesor de Derecho Comercial en la Facultad de Derecho de la UNC, en su carta de renuncia a la cátedra, dirigida al "Señor Interventor" de la Universidad, Lisardo Novillo Saravia, denunciaba la "cesantía de muchos prestigiosos profesores" que habían exhortado a la normalización institucional y sufrido un clima "perturbado por el encono y la maledicencia" en que vivía la Universidad58.

Con motivo de la caída de Berlín, en mayo de 1945, miles de estudiantes y militantes antifascistas celebraron jubilosamente en las calles de Córdoba el fin del régimen nazi. La represión de que fueron objeto era descripta por la FUC en estos términos: sorprendentemente (...) cuando hombres, mujeres y niños se aprestaban a llevar a la intimidad de sus hogares la alegría colectiva (...) fueron vandálicamente atropellados y apaleados por las fuerzas policiales59. La nómina de detenidos incluía a algunos ilustres reformistas como Gregorio Bermann y Enrique Zanni. La justicia no hizo lugar al pedido de habeas corpus. Entre los policías acusados de torturadores, en esa coyuntura, se encontraba Federico Piana, 2° Jefe de la sección de Orden Político y Social.

Según recordó Gregorio Bermann, en 1946 el presidente Perón sostuvo

en el discurso a la Unión Sindical Universitaria en el teatro municipal de Bs.As., en el momento que precedió a la gran purga de profesores universitarios: "quiero que la política desaparezca de las universidades, porque sino hará desaparecer a las universidades"60.

Fue el prólogo: en 1947, la ley 13.031 estableció que los rectores debían ser designados por el Poder Ejecutivo Nacional y que los consejos superiores de cada universidad debían ser integrados, exclusivamente, por el rector, los decanos y vicedecanos. En los consejos directivos de las Facultades se admitió la participación estudiantil, pero esta debía estar limitada a un solo alumno elegido por sorteo entre los diez mejores promedios, con voz, pero sin voto. Al año siguiente, al conmemorarse el 30 aniversario de la Reforma Universitaria, Alfredo Palacios graficó la situación: "La universidad renovada ha sido destruida, sólo quedan escombros"61. En Córdoba, la postura antirreformista del bloque de diputados peronistas se evidenció con claridad en los debates del año 1952, cuando Manuel Quero Matos señalaba en el recinto legislativo: la Reforma Universitaria traduce un sentido irreligioso de la vida y trasunta una total irreverencia a los principios más puros de la jerarquía y de la nacionalidad. En un tono similar, el diputado Roberto Saieg añadió que los revoltosos estaban al cuidado de Moscú62. En septiembre de 1953, cuando Perón visitó Córdoba, pronunció un discurso en la sede de la adicta Confederación General Universitaria (CGU), ensayo de sustitución peronista de la FUC63.

El impacto de la revolución de junio de 1943, primero, y del peronismo después, produjo una redefinición del reformismo que condujo a su extinción como movimiento social. La eliminación de la autonomía universitaria, la represión a los centros de estudiantes, las cesantías y exoneraciones de docentes opositores llevadas adelante por un gobierno apoyado en sectores populares pero liderado por un general (que hería la sensibilidad antimilitarista presente en la tradición reformista), asociada a la notable presencia de la derecha intelectual en el ámbito universitario, empujó al movimiento reformista a incluirse en las filas de la amplia pero inorgánica coalición antiperonista. A partir de entonces, lejos de los sectores obreros que pretendió seducir a partir de 1918, sus andariveles fueron más los de una corriente estudiantil antigubernamental que los de un movimiento social. En otras palabras, el reformismo siguió un itinerario que se inicia como una protesta estudiantil, se convierte rápidamente en un movimiento social que entre 1918 y 1945 disputa la hegemonía cultural en la sociedad argentina, y pervive tras sufrir el impacto combinado del fin de la segunda guerra mundial y la génesis del peronismo como corriente del movimiento estudiantil. Cabe añadir, que el enfrentamiento entre peronismo y reformismo no fue óbice, sin embargo, para que pocos años después los herederos de la tradición reformista juzgasen con duros términos a la universidad que emergía de la antiperonista revolución de septiembre de 195564

Recapitulando, desde 1918 hasta nuestros días, el reformismo ha sido una corriente poderosa del movimiento estudiantil argentino y latinoamericano. Pero entre 1918 y 1945, en Argentina, fue también, y fundamentalmente, un movimiento social liderado por una elite intelectual -un núcleo duro de escritores, pensadores, profesionales y artistas- que transitó desde la lucha contra el clerical conservadorismo, el pacifismo antimperialista frente a la guerra del 14 y una vocación emancipatoria centrada en América Latina, al combate contra el fascismo. Si una parte significativa de los antirreformistas del 18 simpatizaron o engrosaron las filas del fascismo y/o la derecha nacionalista en la década del treinta, en el núcleo intelectual reformista se advierte el desplazamiento del eje de sus preocupaciones: los clérigos o los conservadores son percibidos como enemigos en tanto cómplices o soportes de la ofensiva de la derecha, que entroncaba con un proceso de desarme del Estado liberal, cuyas expresiones más contundentes fueron la desvirtuación de la democracia electoral (fraudes sistemáticos), la confesionalización del Ejército (la religión católica como dogma oficial de las Fuerzas Armadas) y la militarización creciente de la política nacional.

El lugar de sus cuestionamientos tenía como proa una transformación radical de los valores, las representaciones y las relaciones sociales. En pos de ese objetivo, ensayaron la vía partidaria -a través del Partido Socialista-, vivieron de modo directo una experiencia electoral, promovieron asociaciones y frentes culturales, se unieron para sentar posiciones públicas conjuntas ante hechos puntuales nacionales e internacionales, buscaron extender su influencia sobre diversos actores sociales y profundizaron sus vínculos con el movimiento obrero y la intelectualidad argentina y latinoamericana. Este movimiento, que sin experimentar de modo directo la influencia gramsciana, se planteaba construir una hegemonía en una clave análoga (a través de una modificación de la cultura de las mayorías sociales), encontró su cierre con la irrupción del peronismo y el fin de la segunda guerra mundial: el movimiento social de otrora pasó a ser una corriente del movimiento estudiantil que tendió a simplificar la complejidad del peronismo, identificándolo con un "fascismo" definido más en términos genéricos que conceptuales. A partir de 1945-46, inició el tránsito que lo desdibujó como movimiento social, para reducirlo a una corriente, poderosa por cierto, del movimiento estudiantil que aún pervive en la segunda década del siglo XXI.

 

NOTAS

1 En este punto, tomamos en cuenta la conceptualización de Alain Touraine: cuando las acciones conflictivas tratan de transformar las relaciones de dominación ejercidas sobre los principales recursos culturales -la producción, el conocimiento, las reglas éticas- utilizaré la expresión movimiento social. Implican una disputa por las orientaciones culturales. A. Touraine, El regreso del actor, Buenos Aires, Eudeba, 1987, pp. 96-97.         [ Links ]

2 Norbert Lechner, "La democratización en el contexto de una cultura postmoderna". En N. Lechner, Cultura política y modernización, Bs. As., CLACSO-FLACSO-ICI, 1987, p. 259.         [ Links ]

3 Deodoro Roca, discurso pronunciado en Rosario el 15 de septiembre de 1920. Este discurso es reproducido en Néstor Kohan, Deodoro Roca, el hereje, Bs. As., Ed. Biblos, 1999, p. 92.         [ Links ]

4 Se trata de un texto intitulado "De Goethe a Freud", reproducido en op. cit., pp. 140-141, y publicado originariamente en el diario El País, 17-5-1931.

5 Véase los textos "Ciencias, maestros y universidades" (1915) y "La nueva generación americana" (1918). En Deodoro Roca, Obra reunida, volumen I, pp. 3-17 y 27-33. Editorial de la Universidad Nacional de Córdoba, 2008.         [ Links ]

6 José Aricó, "Tradición y modernidad en la cultura cordobesa". En revista Plural N° 13, pp. 10-14, Buenos Aires, 1989.         [ Links ]

7 La Gaceta Universitaria N° 10, 27 de junio de 1918.

8 Gregorio Bermann, Scherzo 1918 (mecanografiado). Córdoba, 1968.

9 La Gaceta Universitaria N° 21, p. 6, 1-9-1919 (En adelante LGU).

10 LGU N° 16, p. 7, 25-7-1919.

11 Ibíd., N° 19, p. 6, 18-8-1918.

12 Eric Hobsbawm, Historia del siglo XX, p. 117, Bs. As., Ed. Crítica, 2007.         [ Links ]

13 LGU N° 20, p. 2, 25-8-1919.

14 Ibíd.

15 LGU N° 17, p. 6, 4-8-1919.

Con referencia a la temática de América Latina y EE.UU., véase Javier Moyano, "El concepto de América Latina en el pensamiento de Manuel Ugarte y Deodoro Roca". En Aimer Granados García y Carlos Marichal (comp.), Construcción de las identidades latinoamericanas. Ensayo de historia intelectual (siglos XIX y XX), México, El Colegio de México, 2004.         [ Links ]

16 Ofelia Pianetto, "Coyuntura histórica y movimiento obrero. Córdoba 1917-1921", en Estudios Sociales N° 1, pp. 87-105, Universidad Nacional del Litoral, 1991.         [ Links ]

17 Horacio Sanguinetti, La trayectoria de una flecha. Las obras y los días de Deodoro Roca, Buenos Aires, Ed. Librería Histórica, 2003, pp. 60-61.         [ Links ]

18 Los Principios, 3 y 30-9-1931.

19 Cabe recordar que el PSI fue una escisión derechista del PS surgida en 1927. Entre sus nombres más ilustres se contaban los de Federico Pinedo y Antonio De Tomaso.

20 La Voz del Interior, 2-9-1931 (en adelante LVI).

21 Ibíd., 3-9-1931.

22 Ibíd., 22-10-1931.

23 Ibíd., 13-9-1931.

24 La Voz del Interior, 4-11-1931.

25 Ibíd., 7 y 8-10-1931.

26 Este manifiesto fue publicado por el diario La Voz del Interior de modo incompleto. El diario optó por poner al principio del texto tres líneas de puntos suspensivos y aclarar que ello obedecía a las prohibiciones de la censura gubernativa. La Voz del Interior, 13-9-1931.

27 La Voz del Interior, 8-10-1931. En la plataforma electoral provincial se planteaba la "prohibición absoluta" para impartir enseñanza religiosa en los locales destinados a las escuelas provinciales.

28 Ibíd., 18-10-1931.

29 Texto de abril de 1931. Reproducido por Néstor Kohan, op. cit., p. 144.

30 Los Principios, 16-11-1931 (en adelante LP).

31 Para un análisis más detallado de los resultados electorales, véase C. Tcach, "Deodoro Roca: militante socialista", Deodoro Roca. Obra reunida. Volumen III, Editorial de la Universidad Nacional de Córdoba, 2009.

32 El País, 2-9-1935.

33 LVI., 31-7-1935.

34 Editorial de LP., 3-5-1937.

35 LP., 28-2-1937.

36 Entre los firmantes: Deodoro Roca, Enrique Barros (ambos figuras clave del movimiento del 18), Mateo Seguí, Tomas Bordones, Juan E. Zanetti, Carmen Teresa Merciadri, David Kahan, Juan Blatt, Sofia Poliak, Luis Alday, Horacio Taborda. Diario Córdoba, 3-3-1935.

37 La Voz del Interior, 30-7-1935.

38 Ibíd., 28-5-1936.

39 LP., 14-1-1937.

40 Córdoba, 15-7-1936.

41 LP., 8-10-1935.

42 LP., 10-10-1935.

43 LVI., 20-10-1936.

44 El País, 19-8-1940. Un análisis detallado, en Andrés Bisso, Acción Argentina. Un antifascismo nacional en tiempos de guerra mundial, Buenos Aires, Prometeo, 2005.         [ Links ]

45 CBA., 10-3-1935.

46 Federico Neiburg, Los intelectuales y la invención del peronismo, Madrid, Alianza Ed. 1988, pp. 140-141.         [ Links ]

47 En agosto de 1936, Jorge de la Torre incorporó en calidad de Subsecretario de Justicia e Instrucción Pública al administrador del diario del arzobispado cordobés: Manuel Villada Achaval. Véase, LP., 11-8-1936.

48 CBA., 20-7-1935 y LP., 26-8-1936.

49 LVI., 5-9-1936.

50 LP., 26-8-1936.

51 Acción, 20-8-1938. Publicación del Centro de Acción Universitaria Radical.

52 LVI., 12-8-1936. Entrevista del autor con Félix Martín (4-4-1995).

53 Entrevista del autor con Félix Martín (4-4-1995).

54 LVI., 14-8-1936.

55 Ibíd.

56 LVI. 2-9-1936. El destacado es mío.

57 LP., 11-8-1936.

58 Mauricio Yadarola, Mi última lección en la Cátedra de la Universidad, Córdoba, 29 de noviembre de 1943 (mecanografiado).

59 CBA. 11.5.1945.

60 Gregorio Bermann, Scherzo 1918 (mecanografiado), doc. cit. p. 4. El entrecomillado es de Bermann.

61 Discurso de Alfredo Palacios con motivo de un aniversario de la Reforma (1948), (mecanografiado). Archivo del Museo de la Reforma Universitaria, Córdoba.

62 Diario de Sesiones, Cámara de Diputados de la Provincia de Córdoba, tomo 1, p. 213 y 216 (1952).

63 CBA., 8-9-1953.

64 En 1956, Gustavo Roca -hijo de Deodoro- escribía: el Poder Ejecutivo, los interventores de la universidad y los delegados interventores de las facultades poseen omnímodo poder y ejercen facultades extraordinarias.

Se ha consagrado por el decreto-ley una especie original de monarquía universitaria, constituida en la cúspide por un monarca supremo que se reputa bondadoso y paternal: el interventor de la universidad, auxiliado por varios monarcas menores igualmente buenos y paternales, suerte universitaria de virreyes coloniales: los delegados interventores de cada facultad. No es una monarquía de derecho divino; es terrenal y legal. Pero, monarquía al fin. Ibídem, 25-2-1956.

 


Recibido: mayo 2012
Aceptado: octubre 2012

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