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Cuadernos de historia (Santiago)

versión On-line ISSN 0719-1243

Cuadernos de Historia  no.37 Santiago dic. 2012

http://dx.doi.org/10.4067/S0719-12432012000200006 

CUADERNOS DE HISTORIA 37
DEPARTAMENTO DE CIENCIAS HISTÓRICAS
UNIVERSIDAD DE CHILE DICIEMBRE 2012: 159 - 191

ESTUDIOS

 

EL GOLPE DE ESTADO DEL 11 DE SEPTIEMBRE DE 1973 EN CONCEPCIÓN (CHILE). LAS VOCES DE LOS TESTIGOS

THE COUP OF SEPTEMBER THE 11th, 1973 IN CONCEPCIÓN (CHILE). THE VOICES OF WITNESSES

 

Mario Valdés Urrutia

* Académico del Departamento de Ciencias Históricas y Sociales, Facultad de Humanidades y Arte, Universidad de Concepción. Correo electrónico: mvaldes@udec.cl


Resumen: Este artículo aborda las acciones de los militares el 11 de septiembre de 1973 cuando tomaron el poder público en Chile. Examinamos lo ocurrido en la ciudad de Concepción durante esa coyuntura histórica y las consecuencias surgidas de la nueva situación, tanto en la población como en diversas instituciones de la ciudad. Para explicar lo anterior utilizamos las declaraciones de testigos que vivieron esos hechos.

Palabras clave: 11 de septiembre de 1973, Chile, Concepción, violencia política, testimonios.


Abstract: This Article discusses the actions of the military on September 11, 1973 when they tookpower in Chile. We look at what happened in the city of Concepción during this historical juncture and the consequences arising from new developments in both the population and in various institutions of the city. To explain this finding using the statements of witnesses who lived through those events.

Key words: 11 September 1973, Chile, Concepción, Political violence, Testimonials.


Introducción

De las experiencias históricas de la sociedad chilena desde el proceso de independencia de la Corona española, la coyuntura de 1973 ha sido la segunda cuestión más historiografiada.

El tema está lleno de aristas por diversas razones: la relativa cercanía de los hechos, los ecos de la Guerra Fría, el trauma nacional que significaron la experiencia de la Unidad Popular junto a la incubación de una guerra civil, la irrupción violenta militar y el Gobierno autoritario siguiente por cerca de dos décadas, dos posibilidades de conflicto bélico internacional en menos de diez años (con Perú en 1974 y con Argentina en 1978), son algunas de las situaciones especiales que el país debió sortear en el último tercio del siglo XX.

Existe todavía hoy un vacío de conocimiento con relación al violento cambio de Gobierno producido ese once de septiembre. No está claro cómo fue la experiencia en muchos lugares de Chile; lo más conocido es Santiago. Pero Santiago no es Chile. La censura impuesta ese día y también cierto caos que también se advierte en los primeros momentos de la revolución militar y golpe que defenestró al Gobierno del presidente Allende ha contribuido a que los estudiosos del pasado sigan haciendo preguntas acerca de cómo se vivió esa jornada en diversas partes del país; cómo fue la resistencia -si es que existió- y cómo se vivieron los destinos interrumpidos en el drama de esas horas o días. Precisamente de esto trata esta investigación.

Nosotros pretendemos conocer, describir y comprender el momento histórico indicado a través de los testimonios de personas que fueron afectadas por lo que vivieron ese día1. Planteamos que deseamos conocer cómo afectó la continuidad -y cotidianeidad- de su vida a personas comunes y corrientes pertenecientes a diversos sectores sociales y también políticos de la sociedad de Concepción, una de las ciudades más importantes del país.

Congruente con lo anterior, proponemos caracterizar algunos aspectos centrales de la vida de la ciudad y su población afectados por el golpe de Estado que terminó con el Gobierno del Presidente socialista Salvador Allende y establecer si hubo algún nivel de resistencia a la revolución militar. Todo lo anterior a través de la voz de los testigos volcadas en entrevistas realizadas por nosotros o disponibles por el accionar de terceros, o impresas y colectadas en medios hemerográficos o pertenecientes a la historiografía local, entre otros.

Las entrevistas realizadas -y aquellas que ya están impresas o de las que ya disponemos- fueron principalmente abiertas, es decir, no contuvieron preguntas cerradas. Hemos preferido el criterio de permitir que los entrevistados y testigos narren su experiencia. Posteriormente, nosotros procedemos a hacer el trabajo crítico de las fuentes y realizar la respectiva inferencia de conclusiones, acorde a las preguntas y objetivos delineados para la presente investigación.

En primer lugar describimos brevemente cuál es el contexto global del país y la situación de la ciudad, colocando énfasis en las propuestas políticas originales que surgieron aquí durante el Gobierno de Allende. Debemos tener presente que Concepción es además la capital de la provincia del mismo nombre; está rodeada de diversas ciudades portuarias (Talcahuano, Coronel, Lirquén), textiles (Tomé), mineras (Coronel, Lota) y de tradición agraria y/o pecuaria (Arauco, Hualqui), con las cuales ha existido una interacción económico social histórica importante. De ahí que los testigos muchas veces provienen de o duermen en esas ciudades pero trabajaban o se educaban en Concepción.

Parte del relato historiográfico está destinado a describir brevemente la irrupción militar que significó la captura del poder público. Pero el grueso del trabajo descansará en el ordenamiento de las entrevistas de que disponemos y/o que además obtendremos, para delinear testimonios que nos indiquen cómo fue vivido el hecho que nos interesa investigar entre profesionales de la Universidad de Concepción, empleados del sector de servicios, trabajadores comunes y corrientes, además de jóvenes que entonces también experimentaron el cambio político de proporciones que significó el golpe de Estado.

Ciertamente, el trabajo no pretende agotar todos los aspectos de la vida laboral o citadina que se vieron afectados ese día. Pero la muestra nos permitirá historiar esa coyuntura histórica a través de las voces de quienes fueron testigos o protagonistas del hecho que nos preocupa, comprendiendo desde el martes 11 de septiembre hasta un mes más tarde como máximo temporal.

En cuanto al procedimiento metodológico, primero compilamos entrevistas existentes en la bibliografía sobre la historia de periodo referidas a Concepción, o bien disponibles en medios hemerográficos. Pero el grueso de las fuentes con las cuales trabajaremos las reconstruiremos a partir de la realización de una diversidad de entrevistas a personas testigos de aquél día. Los criterios principales para seleccionar testigos fueron los siguientes: personas de ambos sexos entre 30 y 60 años de edad al once de septiembre de 1973; la calidad de estudiante, profesional, empresario, trabajador (privado o estatal), integrante de las fuerzas armadas y/o policiales e integrante del sector pasivo. Todos los testigos debían haber vivido en Concepción (o sus alrededores) la experiencia de aquel día. Lo anterior lo estimamos fundamental para delinear algunos análisis con respecto a cómo afectó la vida de buena parte de la población la revolución estallada en aquel día.

Producto del análisis de las entrevistas se ordenaron los testimonios en diversos temas: aspectos del accionar militar ese día y sus consecuencias, formas en que el brusco cambio de Gobierno afectó a los testigos contemporáneos en el corto y mediano plazo, examen de si hubo o no resistencia armada al golpe, caracteres de la discusión política posterior -si la hubo-, entre otros tópicos que la riqueza de las fuentes sugirió.

Existen tesis de Historia inéditas que contienen entrevistas de personal asimilado a la Armada que estuvo por resistir la acción militar en contra del Gobierno de Salvador Allende; escritos de prensa que publican entrevistas a ex funcionarios públicos, pero también hemos entrevistando a personas profesionales y trabajadores que vivieron ese día. Una vez compilado el material lo clasificamos por profesión o actividad del entrevistado o declarante. Posteriormente dividimos el contenido de las entrevistas por materia; y así, junto con la crítica global y particular de las fuentes, buscamos elementos de juicio que nos permitieron responder las preguntas indicadas al inicio de estas líneas para dar cumplimiento a los objetivos propuestos.

Chile y Concepción hacia 1973

En 1970 el país era habitado por 8.884.768 chilenos. Entre los cambios de mayor relieve vivenciados por el país en el siglo XX debemos destacar, desde los inicios de la centuria hasta 1973, una creciente intervención del Estado en la economía nacional. El medio siglo encuentra a Chile con una política de sustitución de importaciones que deviene en un Estado impulsor de la industrialización y el desarrollo a través de la Corporación de Fomento de la Producción (CORFO), fundada en 1939. El Estado impulsó la búsqueda y explotación de petróleo, la energía eléctrica, la refinación de azúcar, los seguros, etc. El Banco del Estado fue creado en 1953.

Hasta 1964 existió un régimen presidencial donde las alianzas de partidos sustentaban a los sucesivos Gobiernos. Desde 1964 hasta el colapso de la democracia en 1973, hubo diversos proyectos de sociedad para Chile. Los democratacristianos (1964-1970) promovieron la participación popular en la política, impulsando la sindicalización, la reforma del agro latifundista y una mayor presencia estatal en la explotación de la gran minería del cobre. Se trataba de impulsar reformas profundas en la estructura socioeconómica a fin de terminar con situaciones que pudieran ser caldo de cultivo para el crecimiento de los sectores políticos revolucionarios al estilo de lo acaecido en Cuba desde 1959. De diversas formas, Chile vivió la exacerbación del conflicto de la Guerra Fría que enfrentó las influencias de los Estados Unidos Norteamérica y de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas en América Latina. La primera potencia destinó recursos a sectores antimarxistas para impedir la asunción al Gobierno de Salvador Allende G. en 1970, en tanto aliados de la segunda enviaron personas a impulsar la revolución socialista.

El Gobierno de Allende y la Unidad Popular (1970-1973) promovió la vía al socialismo manteniendo el pluralismo democrático y el respeto a la Constitución de 1925; impulsó la nacionalización del cobre y la reforma agraria que terminara el latifundio en el agro. Por una parte, las ocupaciones ilegales de propiedades rurales y empresas urbanas por algunos sectores simpatizantes de la UP, el accionar de los sectores de izquierda extraparlamentaria impulsora de una revolución inmediata y la presencia de extranjeros armados promotores de la vía violenta al socialismo experimentaron la reacción de la oposición en el Congreso, en el campo y en las urbes. Reinó entonces la intolerancia que fue erosionando la legalidad vigente y la legitimidad de la autoridad pública con anterioridad a la irrupción militar del 11 de septiembre de 1973; golpe de Estado cruento que solo puso término a una guerra civil no declarada.

La influencia creciente del Estado en la economía fue una tendencia que alcanzó su cenit durante la Unidad Popular. La Gran Minería de cobre pasó a ser propiedad del Estado por la ley de nacionalización del cobre en 1971, y posteriormente el Estado llegó a controlar no solo más de 400 empresas sino también los precios, la banca, el crédito, la tasa de interés, el movimiento de capitales, y se constituyó en el principal deudor externo. Fue también un importante sustentador de empleos públicos y acumuló elevados déficit públicos. La falta de confianza pública en que devino el Gobierno de la UP por la pugna política contribuyó al deterioro de la producción y a una inflación mayor al 300% anual -o más de 1.000 % según otros- en el último año de Gobierno.

La Junta Militar que asumió el poder público en 1973 lo hizo con el propósito de evitar que el país cayera bajo un régimen de corte totalitario marxista. Invocó desde un principio el objetivo de restaurar la institucionalidad quebrantada; pero ello cristalizaría casi diecisiete años más tarde mediante una Constitución aprobada por plebiscito (1980) que contenía un proyecto político de "democracia protegida". En el intertanto, el autoritarismo militar proscribió las agrupaciones de inspiración marxista y declaró en receso a todos los partidos políticos democráticos. El Congreso Nacional fue cerrado. Poco después, el general Pinochet, como comandante del arma más antigua, asumió el cargo de Presidente de la República, concentrando la Junta el poder legislativo. La Corte Suprema de Justicia prosiguió realizando las funciones propias de su campo de acción.

El Gobierno militar no escapó a las planificaciones globales y comenzó a impulsar una política económica en sentido contrario a lo que había sido la tendencia hasta ese momento: promovió la actividad privada bajando el perfil a la presencia del Estado en la economía; para ello estableció un régimen de libre mercado, libertad de precios, enajenó importantes empresas en poder del Estado y abrió la economía chilena a la competencia internacional. La mayor parte de los cambios estructurales y de política económica se establecieron en un lapso máximo de cuatro años por economistas chilenos formados en la Universidad de Chicago (EE. UU. de N.), más conocidos como los chicago boys. Para la reforma comercial chilena se disminuyó la protección arancelaria, estableciéndose en 1979 un arancel parejo de 10% para toda importación, excepto automóviles; las barreras no arancelarias para importar productos se levantaron, quedando pocas exenciones (para las Fuerzas Armadas y las zonas francas); se fijó un tipo de cambio único. El auge de importaciones (1977-1981) remeció a la industria nacional y su participación en el Producto Interno Bruto (PIB) bajó de un 25% en los años 60 a alrededor del 20% en la década del 80. Las reformas estructurales y un tipo de cambio real depreciado incentivaron las exportaciones, cuya participación en el PIB subió de un 12% en los años 60 a un 30% en la década del 80; y si las exportaciones de cobre eran del orden del 75% en la década del 60, declinaron a menos del 45% en la década del 80. El 70% de las exportaciones industriales chilenas estuvo relacionada en los años 80 con materias primas de recursos naturales: productos mineros, agrícolas, forestales, y productos marinos. Las exportaciones industriales: papel, productos de la madera, productos metálicos básicos, harina de pescado y productos alimenticios -conservas, concentrados para jugos, vinos, mariscos, etc. El Estado disminuyó como empleador y a la legislación de inamovilidad en el empleo siguió una política de fácil despido terminando los años 70. El Gobierno militar reprivatizó primero empresas y fundos intervenidos y/o transferidos ilegalmente al Estado. Unas 400 empresas bajo control estatal se reprivatizaron, quedando solo 45 en el sector público. En 1975, una recesión interna significó una baja de 12,9% del PIB y el desempleo aumentó al 18%. La lenta recuperación posterior y el regreso a la democracia en 1990 no significaron cambios significativos del modelo económico de desarrollo2.

La población de la ciudad de Concepción hacia 1973 había experimentado una importante división a propósito del Gobierno de Allende.

En la elección presidencial de 1970 la provincia de Concepción tuvo los siguientes resultados:

Allende obtuvo el mayor caudal de votos y el más alto porcentaje de apoyo popular provincial. Obtuvo solo un 2,7% menos que el alcanzado por sus dos contrincantes.

Una vez elegido Presidente de la República por la votación del Congreso Pleno, Allende viajó a Concepción en diciembre de 1970. El motivo de su visita fue firmar el acta por la cual la industria textil Bellavista Tomé de esta ciudad pasaba a manos del Estado. Posteriormente, el 16 de febrero de 1971, se traspasó al Estado la Compañía de Acero del Pacífico (CAP), y con ella la siderurgia de Huachipato, en la vecina comuna de Talcahuano3.

Ese mismo año, los partidarios del impulso de la revolución y los partidarios del Gobierno de Allende protagonizaron más de cien tomas o usurpaciones de terrenos para levantar casas precarias. Era una reacción frente al déficit de viviendas y una forma concreta de impulsar también el poder popular, forma de acción pública paralela a la gestión de gobierno y a la legislación del país. Por otra parte, en marzo de 1971 comienzan enfrentamientos callejeros en Concepción entre militantes del oficialismo con los de la oposición; uno de esos casos lo protagonizaron elementos de la oposición democratacristiana con integrantes del oficialista Movimiento de Acción Popular Unitario (MAPU)4. Estas situaciones, por motivos políticos generales o puntuales, se transformaron en una manifestación cotidiana del sentir de las izquierdas de la Unidad Popular y las izquierdas extraparlamentarias versus la oposición democrática integrada por la Democracia Cristiana y el Partido Nacional, principalmente, además del movimiento Nacionalista Patria y Libertad.

En medio de un proceso mundial de Guerra Fría, el Presidente y líder revolucionario cubano Fidel Castro visitó Concepción en noviembre de 1971, pronunciando un fogoso discurso en la Universidad de Concepción el jueves 18 de noviembre5.

A mediados de 1972 aconteció en Concepción uno de los hechos más destacados en la vida de la ciudad durante el Gobierno de Allende. Ese hecho fue la Asamblea del Poder Popular, acontecimiento que tuvo lugar en un clima de prosecución de incidentes políticos entre el oficialismo y la oposición, lo cual ya comenzaba a dejar víctimas fatales. El 27 de julio, dirigentes de los partidos Socialista, Movimiento de Acción Popular Unitaria, Radical, Izquierda Cristiana y del Movimiento de Izquierda revolucionaria, más agrupaciones sindicales y sociales, denunciaron el carácter "reaccionario" del Parlamento, impulsando la realización de los cambios estructurales para Chile mediante la materialización de las asambleas populares6. Esto significaba simplemente que las personas de izquierda debían de organizar focos de poder donde el pueblo comprometido con la revolución pasara a controlar las esferas de la vida más diversas, al margen del aparato estatal y legal existente. De los partidos de la UP, el Partido Comunista criticó esta moción, por contrariar el impulso de cambios graduales que llevaba a cabo el Gobierno de Allende. El Presidente también criticó fuertemente la iniciativa del poder popular y no la respaldó7. Con todo, el planteamiento de la izquierda vanguardista de Concepción se introdujo en el debate como una cuña importante, alcanzándose a estructurar diversos focos de poder popular en industrias y en poblaciones en diversas partes del país con anterioridad al 11 de septiembre de 1973.

El asesinato de un cabo de Carabineros de Chile por disparos provenientes de la sede del Partido Socialista en Concepción, el 30 de agosto de 1972, significó la acusación del Intendente de Concepción por la Cámara de Diputados y su ulterior suspensión del cargo8.

Tras la huelga nacional de sectores transportistas, gremiales y estudiantiles entre octubre y noviembre de 1972, dirigida en contra del Gobierno sobrevino otra ocasión para que Gobierno y oposición probaran fuerzas: las elecciones parlamentarias de marzo de 1973. En la ocasión se renovaban todos los diputados y la mitad del Senado. Dos grandes bloques presentaron candidatos en esta elección: el partido federado de la Unidad Popular por el oficialismo; y, el partido federado de la Confederación Democrática, el cual aglutinaba a diversos partidos de la oposición (Democracia Cristiana, Partido Nacional, Partido Democrático Nacional, Partido de Izquierda Radical, y la Democracia Radical). Las agrupaciones políticas que no poseían representación en el Congreso también participaron en la elección: el Movimiento de Izquierda Revolucionaria (MIR) llamó a votar por los candidatos del Gobierno, en tanto el opositor Movimiento Nacionalista Patria y Libertad llamaba a sufragar por la oposición. Mientras el Gobierno llamaba a decir no a la guerra civil, la oposición pedía el respaldo de sus partidarios para obtener el control de los dos tercios del Congreso, y así poder destituir al Presidente de la República previa acusación constitucional por notable abandono de deberes9.

Los resultados electorales favorecieron a la oposición. En el Senado, el oficialismo logró un 43,20% de los votos, eligiendo once senadores; la oposición logró un 56,8% de apoyo popular, logrando elegir catorce senadores. En la Cámara de Diputados, el Gobierno logró un 43,10% de votación y eligió sesenta y tres diputados. La oposición obtuvo un 55.5% de votación y eligió ochenta y siete diputados; pero no alcanzó los dos tercios del Congreso para destituir a Allende. La sombra del fraude en las votaciones habría afectado en un 5% a la votación emitida en favor de la oposición. Pero no hubo pruebas definitivas10.

El equilibrio político producido entre Gobierno y oposición fue combativo. No hubo flexibilidad para ceder en sus posturas políticas. Además, la Corte Suprema de Justicia representó al Presidente la quiebra del Estado de Derecho. Una mayoría de parlamentarios de la Cámara de Diputados también señaló la quiebra del Estado de Derecho. La agitación pública era evidente; la deliberación de diversos sectores en las Fuerzas Armadas, también.

Entonces, en este complicado escenario surgió el golpe de Estado el martes 11 de septiembre de 1973.

La víspera...el clima político social en Concepción

Si entendemos por clima político social el conjunto de características que daban contenido a la vida cotidiana en la ciudad, la gran mayoría de los testigos entrevistados o consultados se refiere a los tiempos inmediatamente previos al once de septiembre de 1973 como un período de "enfrentamientos entre la gente", la vivencia de una situación "caótica", y en el ambiente universitario se observaba "una sociedad claramente polarizada en que lo intermedio no existía".

José Meza Barra, entonces estudiante universitario en Concepción, indicaba que en vísperas del once de septiembre, "se vivía con más enfrentamientos". "Algunos salían a marchar -señaló- porque no tenían que comer, no tenían trabajo (,) y otros salían a defender el Gobierno y ahí era donde se producían los enfrentamientos entre la gente. Había en la semana dos o tres manifestaciones y paros de movilización (colectiva), porque la apedreaban y no corrían micros (buses). Algunas veces uno iba a Concepción y no se podía volver a la casa, porque no había movilización; entonces la gente comenzó a movilizarse en vehículos particulares. Era un caos..."11.

El temor ocupaba la mente de diversos entrevistados acerca del clima previo al golpe de Estado. Patricia Davidson Quezada, actualmente educadora en un liceo de la comuna de San Pedro, tenía 26 años en 1973. Los recuerdos quizás más nítidos previos al once de septiembre están relacionados con el temor. "Prácticamente era puro temor. Había mucha escasez de alimento, existía el mercado negro, se formaban muchas peleas entre los llamados Momios y Marxistas. Los Momios hacían sonar sus ollas, y los de izquierda les tiraban piedras, rompían vidrios. Esta situación y otras más se tornaron desagradables, no era vida, sólo eran conflictos; peleas, incluso dentro de las familias: padres e hijos (.). La situación era insostenible. Sin embargo, nunca pensé en un golpe militar"12.

Ahora bien, claramente hubo parte de la población que no solamente pensaba en un golpe de Estado militar como una posibilidad concreta, sino como una salida para evitar una guerra civil. Así lo recuerda Ninette Lewis Rimond, hija adolescente de un matrimonio británico chileno residente en Coronel en 1973. A principios de 1973 señaló,

Esto fue como una bola de nieve (...) se iba agrandando y ya no solo los conflictos se remitían a los del MIR y a los de Patria y Libertad, no. La situación cambió y ahora eran las mujeres, los estudiantes y todos los que no pertenecían a ningún partido político los que protestaban y pedían un cambio, incluso la misma gente era la que pedía que los militares se hicieran cargo de las riendas del país. La realidad interna había cambiado un poco, pasó del festejo de un Gobierno marxista elegido democráticamente a una tristeza colectiva que solo llenaba de más conflictos a la nación. Era obvio, todo el mundo sabía que algo iba a pasar, si no era una guerra civil, iba a ser un cambio más radical, con más fuerza y más orden13.

En la universidad penquista, un profesor de francés recordó que "antes del golpe militar en las clases, había un desorden enorme, había pocas clases. Porque había desabastecimiento, los alumnos en vez de ir a clases se iban a cargar mercadería para los diversos centros"14.

Para María González Méndez, profesora de 35 años de edad en 1973, "la situación era caótica. Había desorden, tomas, huelgas, desabastecimiento, descontento político (...) Había que hacer colas (filas) para adquirir algún tipo de alimento. Lo que más faltaba era el pan y la leche. Afortunadamente no me faltó la leche, pues, a los niños en el colegio, se les entregaba 1 kilo de leche en polvo al mes; yo recibía 3 kilos mensuales. Mi marido, por su trabajo, salía a pagar a pueblos de la provincia de Arauco y ahí conseguía alimentos que acá escaseaban"15.

En la vivencia de Alejandra Valencia Pérez, 43 años en 1973, "el desabastecimiento era terrible". Pero mejor veamos su versión entera:

El desabastecimiento era terrible, yo te digo mi papá tenía 84 años y para comerse un pedazo de carne tenía que levantarse a las cuatro de la mañana para hacer las filas, y, por ejemplo, había que caerle bien al carnicero, que normalmente era de las Juntas de Abastecimiento Popular. A través de las JAP (juntas de vecinos que se encargaban de la distribución de alimentos y utensilios esenciales para una familia), se aseguraba de una mínima dotación de estos. Llevaban un registro mediante una libreta. Tenían el control de una bodega provista de víveres y de ahí extraían los productos para aprovisionar a la población. Las JAP, aunque está demás señalarlo, eran de izquierda, no les iban a dar a los de derecha, entonces sencillamente eran más proclives a sus simpatizantes. Siguiendo en esa misma línea, con el papel higiénico también pasaba lo mismo, tenías que ser amiga del almacenero o que te conociera mucho para darte un rollo de papel confort, vendértelo a precio de oro.Normalmente, había gente que dormía en las puertas de las distribuidoras que vendían al por mayor (para abastecer a los comerciantes). (En la calle Angol, al final había una colina) donde algunas personas pasaban toda la noche ahí, para así, al otro día vender el lugar, es decir, el puesto que habían reservado (en la fila de espera).

Yo tenía una casera en el mercado a la que siempre le compraba y cuando le llegaba mercadería (ella era de derecha) me mandaba a dejar a la casa una caja con comida, artículos de aseo, etc.

Por otro lado, comprar un pollo era prácticamente mercado negro. Es por eso que empecé a criar gallinas para poder comer carne. En los supermercados Las Brisas, tú entrabas y estaban vacías las estanterías. De repente, donde veía un montón de gente yo me ponía, porque ahí era donde estaban vendiendo algo, compraba crema y hacía la mantequilla. No había nada de los alimentos principales (azúcar, aceite, etc.). Era la realidad. Una vez vi que había una fila en Las Brisas y era porque estaban vendiendo aceite y la gente en bolsas de nylon echaba el aceite, porque se podían conseguir una bolsa, pero nunca una botella. Se iba a comprar pan después de almuerzo y a las nueve de la noche todavía no volvías a la casa. No había bencina, muchas veces hubo que esperar a que llegara el camión de la gasolinera, se producían enormes filas de autos esperando que llegara el tan esperado camión16.

Gustavo Andrade relata que cuando quiso pintar su casa, frente al desabastecimiento, la pintó color "celeste oscuro (.) el único color que logramos conseguir, lo mismo sucedió cuando quisimos comprar género para hacer ropa a nuestras hijas, todas vestidas (con prendas) del mismo color"17.

Usual era que las personas en sus domicilios acopiaran mercancías comestibles. Un testigo indicaba que se había desatado una "psicosis colectiva por comprar lo que sea que estuviere en una vitrina." Por ello él tenía "un enorme ropero lleno de cosas compradas" producto de esa psicosis18.

Los problemas de trato a las personas por parte de algunos comerciantes también generó conflictos en Chiguayante, barriada vecina de Concepción a unos 10 kilómetros. En efecto, José Anfossi Millán, ex empresario del transporte, 50 años en 1973; asegura que en vísperas del once de septiembre "había un desorden descomunal en todo". Recuerda a un integrante de Carabineros (policía uniformada) que era dueño de un pequeño local de comercio. Pues bien, en una ocasión, por haber alejado de su local comercial a la mujer e hija del entrevistado, éste, cuando se enteró salió "a desafiarlo (al policía-almacenero) y a amenazarlo de que quemaría su local por lo que había hecho". El comerciante "se disculpó, y su mujer terció en la discusión, ante lo cual le dije de todo:

abusadores, ladrones... Abusaban en su local; recibían las mercaderías y ante la escasez general, le vendían a quien querían, a unos un litro de aceite, a otros medio litro"19.

Raúl Soto tenía 23 años en 1973, era estudiante de Arquitectura en la Universidad Técnica del Estado, Concepción. Recuerda un ambiente previo al once de septiembre muy politizado y dividido en la ciudad.

(...) Recuerdo una sociedad claramente polarizada en que lo intermedio no existía, se era de derecha o de izquierda en cualquiera de los matices que ambos polos permitían. En la Universidad todo se planteaba o se discutía bajo estos dos prismas, los problemas académicos, los problemas sociales, los nacionales y también los acontecimientos que movilizaban al mundo eran la base de estas discusiones. En la ciudad se sufría el desabastecimiento no solo de productos básicos sino que a todo nivel, lo que llevaba a ser parte de lo cotidiano las grandes e innumerables colas (filas) para conseguir lo indispensable; además de los constantes paros y marchas sobre todo en el centro de la ciudad, formando parte del paisaje urbano20.

En vísperas del once una "fuerte intolerancia" se apoderó de la ciudad, asegura Luis Alarcón, entonces empleado del área educativa de la Universidad de Concepción. Conversar de política en ese momento "era terminar en pelea segura", ya sea con desconocidos o incluso, con familiares en alguna comida. "No habían términos medios". O estaba todo bien, y la escasez era un boicot y la revolución debía seguir adelante y ser más dura aún, o estaba todo mal y había que sacar a la Unidad Popular del poder y los militares debían ser aquellos encargados de hacerlo. "En vísperas del once de septiembre el clima político era muy tenso"21.

La irrupción militar del martes 11 de septiembre en Concepción

Desde muy temprano ese martes 11 de septiembre, efectivos militares pertenecientes al Ejército y a la Armada de Chile, más efectivos de la policía uniformada (Carabineros de Chile), coparon todos los edificios públicos y privados de importancia22. Desde la sede de la Intendencia de la Provincia de Concepción hasta las oficinas de servicios eléctricos, agua potable, hospitales, universidades, incluyéndose en este accionar instalaciones industriales, portuarias, aéreas, e instalando dispositivos de control de comunicaciones radiales, telefónicas y camineras. Lo que sigue son los testimonios de quienes se percataron temprano de que algo extraordinario estaba ocurriendo.

Para Ninette Lewis el martes 11 "empezó como un día común y corriente, no se presentía nada raro, por lo menos donde yo vivía", la ciudad de Coronel. Después de tomar un bus particular hacia Concepción "me acuerdo que íbamos cantando, los (estudiantes) más grandes íbamos conversando, los más chicos jugando (...) Aunque ya se 'olfateaba' que esto de los militares ya iba a venir, pero no se sabía cuando".

Bueno, cruzamos el puente Bío Bío y llegamos a Concepción y en ese momento empezamos a sospechar que algo estaba pasando. A medida que avanzábamos íbamos viendo tanques (tanquetas), patrullas militares, muchos efectivos de Carabineros (...) Algo pasaba. La única forma de saber lo que pasaba era escuchar la radio (.) y ahí nos enteramos de lo que había pasado. Mientras estábamos en el micro, escuchamos un 'bando'; éste pedía a toda la población que volviera a sus casas, que no fueran a los trabajos ni a los colegios ni menos a las universidades"23. Este hecho motivó el regreso a casa.

Un ama de casa de 29 años concurrió ese martes 11 a la estación ferroviaria de Concepción para tomar el tren de las 8 horas con destino a San Rosendo. "Pero ese día el tren no llegó, no pasó y todas nos preguntábamos qué pasaba y de repente, se escuchó un altavoz, diciendo que el tren no iba a pasar, porque había un golpe de Estado, anunciando que la Junta Militar había derrocado a Allende, y todo el mundo se fue para su casa, sin sopesar la gravedad del hecho. Sentí miedo, porque no estaba preparada sicológicamente ni motivada por nada político"24.

Sofía Romero, dirigente vecinal, también sintió miedo. "El temor se hizo parte de mí y de todos los que habíamos participado del Gobierno de Allende"25. Juana Sánchez Rodríguez, comerciante, relata que en la vecina ciudad de Talcahuano "algo raro pasaba, porque los marinos tocaban las alarmas de guerra toda la mañana". "Como a las once de la mañana (.) un amigo (.) me decía (.) que cerrara el negocio y escuchara la radio". "Yo cerré el negocio y estuve en la casa muerta de miedo con mis dos hijos chicos y mi esposo que se devolvió del trabajo en el puerto"26. "Esa mañana -afirmó Raúl Soto- prendí la radio portátil (.) Me sorprendí que se escucharan solo marchas (militares), cambié la emisora y no transmitían todas, y las que lo hacían (transmitían) las mismas marchas, lo encontré raro pero no le di mayor importancia". "Salí a tomar el taxibus, demoró más de lo normal en pasar, cuando pasábamos por el Estadio Regional el taxibus se detuvo para dejar pasar un camión militar lleno de civiles custodiados por militares con metralleta, pero lo que más me impactó fue el ver civiles con las manos sobe la nuca apuntados con metralletas por otros civiles que los empujaban para atravesar la calle en dirección del Estadio.". Posteriormente, una vez en el centro de Concepción:

en la plaza de armas y en general por las calles del centro, circulaban camiones, tanques y uniformados por todas partes, lo que indudablemente nos atemorizó y cada uno se retiró a sus casas27.

María González evoca así aquel martes once de septiembre:

Ese día se celebraba el Día del Maestro. Estaba en mi casa y recuerdo prender la radio y sólo escuchar himnos y marchas militares. De pronto se interrumpe la transmisión y se escucha una voz que informa que las Fuerzas Armadas y de Orden se han tomado el Poder (...) Alcancé a escuchar parte del último discurso de Salvador Allende, el que me causó pena y, a la vez miedo de lo que podría pasar28.

Cuando "encendí la radio -dice Patricia Davidson- mi padre entró en pánico. Me escondieron en una bodega, no me dejaron salir, no entendía nada"29. José Correa M., empleado de la estatal Empresa de Comercio Agrícola (ECA) en Concepción, señala que "nos impusimos en la mañana del golpe militar, nos impusimos por radio"30.

La Universidad de Concepción comenzó sus actividades normalmente a las 8:10 horas. Personal del Ejército fuertemente armado comenzó a ocupar las instalaciones universitarias en el curso de la mañana del martes once.

Un auxiliar de la Universidad de Concepción desayunaba ese día en un casino cuando alguien gritó:

'¡¡Miren, los Milicos!!'. Ahí todo se volvió confusión, nadie entendía nada, pero todos nos asustamos cuando vimos a un Milico con una bazuca, apuntándonos desde (calle) Edmundo Larenas, con todas las ganas de disparar y volar el casino. Todos nos tiramos al suelo, los Milicos cercaron el casino y no dejaron salir a nadie.

Ellos confundieron el casino con (.) un Hogar Universitario habitado por estudiantes que militaban en el MIR o en el Partido Socialista, en su mayoría.

De regreso a su casa, este auxiliar vio

Un camión de los Infantes de Marina, en el que tiraban a los estudiantes detenidos, con los pies y manos amarrados, como sacos de papas, sin hacer ninguna distinción entre hombres y mujeres. El edificio 'Virginio Gómez' quedó completamente destruido y saqueado. Las cosas de los universitarios se repartían entre la gente.

Los (soldados) entraron a todas las Facultades buscando estudiantes. Hubo muchos estudiantes a los cuales no se les vio más31.

Liliana Carranza F., estudiante de Pedagogía en Matemáticas, se encontraba en clases temprano esa mañana, cuando alguien entró al aula y señaló en voz alta: "Hay un golpe de Estado." Los asistentes al aula irrumpieron en aplausos. y hasta ahí llegó la clase.Todos salieron del aula32.

Un profesor de Geografía vio algunas piezas de artillería remolcadas por camiones esa mañana33. Si bien no fueron ocupados todos los edificios del campus universitario, los allanamientos y ocupaciones militares alcanzaron las Escuelas de Periodismo, Sociología, la Radio de la Universidad y los hogares universitarios. En casi todos estos lugares se produjeron arrestos y traslados de estudiantes, algunos académicos y administrativos hacia recintos policiales y militares, destacándose el traslado hacia la Base Naval de Talcahuano, desde donde un transporte marítimo llevó a los arrestados a la isla Quiriquina, situada enfrente de la Bahía de Concepción. Desde luego se suspendieron las actividades académicas. En otro extremo de la ciudad, el barrio Puchacay "estaba rodeado de soldados por la cercanía de la Universidad Técnica del Estado, hoy Universidad del Bío Bío"34. En dicha universidad durante la semana que siguió al martes once,

la universidad fue allanada por militares (...) ellos llevaban listas de extremistas que buscaban, pusieron a todos los alumnos y profesores boca abajo en la cancha de fútbol (.) uno de los buscados fui yo, me detuvieron y fui expulsado de la universidad, estuve detenido en la Prefectura de Carabineros de calle Salas; estuve detenido también en la comisaría de calle Paicaví y en el Estadio Regional.35

En la Universidad de Concepción, ese día once, solo una minoría pensó en resistir la acción militar. Antonio Leal, dirigente estudiantil comunista, señaló que había que resistir; rápidamente fue arrestado y conducido a la isla Quiriquina, donde fue visto por testigos con el rostro muy golpeado36. Por otra parte, en los allanamientos practicados se encontraron palos y una bomba molotov, nada de armas de fuego. No hubo lucha en la Universidad37. Atilio Órdenes, estudiante de Periodismo en esta universidad, recordó que después del allanamiento de su escuela "fuimos a juntarnos con nuestros compañeros para ver qué hacíamos"; no tomaron ninguna decisión. "El movimiento (MIR) tomó alguna postura de armar una resistencia (...) y quedarse en Chile". ¿Enfrentar a los militares? "... Imposible porque resulta que armas no había (.) alguien tenía una pistolita, tenían unos revólveres, muy poco, muy poco. No podías hacerle frente a un Ejército regular"38.

Prácticamente no hubo resistencia al accionar militar del día once de septiembre. Raúl Soto recuerda que al día siguiente o subsiguiente "junto a mi polola (novia) nos encontramos cerca, como observadores de una balacera (tiroteo) que se produjo hacia el edificio del Hotel Alonso de Ercilla y el de Deportes Concepción, donde se dijo habían francotiradores"39. Otro testigo, refiriéndose a esta misma situación, señaló que "hubo un tiroteo en el centro de Concepción, de hecho todavía está marcado (por las balas el edificio) detrás de (la tienda) Falabella. El 11 de septiembre fue terrible en esta ciudad, se enfrentaron los pocos que quedaban de la Unidad Popular con los militares.. ."40. Pero para Luis Alarcón, si bien hubo algún baleo en Concepción ese martes once, todo eso "eran rumores"; no había nada claro debido a que todos los medios estaban intervenidos por los militares41. Sin embargo, debe advertirse que en ese mes de septiembre, salvo algunos reportes excepcionales de radio o de televisión, las alusiones de los medios periodísticos a enfrentamientos de civiles simpatizantes del Gobierno o de elementos de izquierda radicalizados contra efectivos militares nunca fueron en esa época frecuentes, explicable también por la censura impuesta en las comunicaciones. Nunca tampoco se investigó a fondo si hubo esos enfrentamientos o no; o si correspondieron a otras situaciones. Hubo muchos rumores en esos momentos, e informaciones de testigos poco claras. Lo que sí hubo fue toque de queda -en los primeros días tras el Golpe- desde las 17:00 horas hasta las 6:00 horas

del día siguiente, control y arresto de las personas que lo vulneraban, y también "en la noche (.) se escuchaban las metralletas donde andaban (los militares) por las calles patrullando"42. ".. .Comenzaron los toques de queda (...) y un sinfín de disparos y consignas de personas que gritaban en contra de los militares"43.

Ese día once "todos se fueron a sus casas, menos los que apoyaban al Gobierno. No quisieron aceptar (la nueva situación) y empezaron a defender al Gobierno, y ahí se produjeron los enfrentamientos con los de la Armada (en Talcahuano)"44. Pero todavía no ha sido posible confirmar la crudeza de esta información.

Un punto de vista más claro en cuanto a resistencia política al accionar militar del once de septiembre lo entrega Andrés Cores Fierro, integrante del MIR y estudiante de Ingeniería Civil en la Universidad de Concepción. Cito:

...Nosotros (...) como partido tratamos de resistir (...) Prefiero que tú si tienes algún día una conversación con el jefe del PC de aquel entonces, el compañero Alarcón que es de la Junta Vecinal (...) le preguntes que pasó el 17/S en una reunión donde íbamos a tomarnos (la ciudad de) Coronel mediante un alzamiento armado y cuál fue la posición que mantuvo él en aquella época frente a la posibilidad de tomarnos Coronel mediante las armas". "Entonces había todo un plan militar, de resistencia. Pero a la hora de los quiubos ( a la hora de decidirse) (...) se echaron para atrás los comunistas y los socialistas en la zona y nos dejaron a nosotros solos y nosotros sí que no teníamos fuerza en la zona para resistir"45.

Germán Gómez Sáez, abogado y ex Intendente suplente de Concepción en 1973, indicó que tras el golpe militar escogió una barraca en Concepción para situarse, junto a un centenar de trabajadores; allí estuvo "atento a lo que pasara":

...Ahí tuvimos el drama de ver como (.) se intimida a la población de manera que no hubo una salida masiva inmediata (.) y aquí hubo muchachos especialmente de la juventud, que hicieron intentos también de salir a la calle, de promover una réplica popular, pero era apabullante el despliegue de terror (.) a través de la presencia física de las fuerzas armadas hasta los dientes, de manera que eso primero demostró que no era el momento. 46

Cuando Juan Arce se enteró en el centro de Concepción del golpe de Estado, concurrió al local central del Partido Demócrata Cristiano. Esto fue lo que ocurrió:

Me encontré con un grupo de la juventud que se había atrincherado y se negaba a entregar el partido. En el tercer piso empecé a dialogar con los jóvenes y traté de convencerlos de que no se sacaba nada con lo que estaban haciendo, porque abajo estaban todas las fuerzas armadas esperando. Empezaron a bajar lentamente47.

Desde luego se presentaron ese día las dos caras de la moneda. Hubo gente que exteriorizó su alegría o su tristeza por lo que estaba ocurriendo. "Nosotros estábamos felices, por fin alguien hacía algo"48. "Algunos salieron a gritar de alegría, sí, pero al final (los militares) los disolvían a todos. La verdad es que había gente triste y gente contenta, porque el Gobierno de Allende tuvo muchas irregularidades."49. "Llamó mucho mi atención ver caminar por la calle a gran cantidad de personas, con paso lento y en silencio."50. Ramona Espinoza, de 27 años de edad en 1973, sintetizó las sensaciones de alegría y pesar que le significaron ese día:

Yo sentí preocupación por lo que podía suceder, no sabía lo que iba a pasar. Pero al mismo tiempo (sentí) tranquilidad y alivio, en realidad sentimientos encontrados. Estaba feliz, pero nunca pensé que después iban a matar a tanta gente; todo esto estaba lleno de militares y se llevaban gente detenida, temí por mi familia51.

Esos mismos sentimientos encontrados los vivió José M. Montero, empleado de la estatal Empresa de Comercio Agrícola en Concepción. Señaló que temprano en la mañana las personas en la ciudad tuvieron distintas reacciones:

Hubo personas que celebraban el Golpe poniendo banderas de Chile en las ventanas, yo destapé una botella de champagne, otras (personas) cantaban el himno nacional, otras no entendían nada y otras, por supuesto, estaban espantadas52.

Y sobrevinieron los arrestos... y las rondas de la muerte.

Para disuadir y terminar todo tipo de resistencias, los militares procedieron a arrestar a diversas personas, normalmente sin formulación de cargos de ninguna especie. Usualmente, también, esos arrestados eran liberados a las horas, días, semanas y meses posteriores. En el caso de Concepción, aparentemente un porcentaje muy reducido de personas no fue visto posteriormente. Este último fue un aspecto que casi no abordaron los testigos cuyas entrevistas fueron utilizadas en este trabajo. Lo cierto es que las detenciones de personas se produjeron no solamente en Concepción sino también en las ciudades vecinas de Talcahuano, Coronel, Lota, Arauco, Penco, Lirquén y Tomé.

Los interrogatorios a los arrestados tendían a conocer del acopio de armas y personas vinculadas a la idea de desatar la revolución para capturar todo el poder público. La pregunta principal fue "(si) acaso teníamos armas"53.

El centro de la ciudad fue uno de los primeros lugares donde se produjeron arrestos. Octavio Sepúlveda indicaba que su padre, suboficial de Carabineros "relataba su participación en las detenciones en la Vega Monumental y en edificios públicos en el centro de Concepción"54. El Intendente de la provincia, Fernando Alvarez C., fue detenido en su casa después de ser "rodeada de uniformados"55. "Los militares comenzaron a controlarlo todo". "Vivíamos al frente de un hogar universitario que alojaba a estudiantes comunistas y socialistas. Llegó el día (once) y los militares los sacaron en ropa interior a la calle..."56. Un profesor recuerda que tras reincorporarse al trabajo dos días después del martes 11 de septiembre, dos de sus colegas mujeres fueron arrestadas para interrogarlas57. Hernán Jara Ramírez, joven trabajador y dirigente juvenil, con relación a los arrestos señaló:

Entre los recuerdos más amargos está el haber visto aquella mañana a dos amigos con los que me encontré y nunca más los he visto. Fueron detenidos por una patrulla militar y nadie sabe hasta hoy que pasó con ellos. Y agregó: Para evadir el cerco que se tendía sobre las personas requeridas por los militares, estuve escondido en los cerros y solo acudía a mi casa cuando no había patrullas en los alrededores58.

Patricia Davidson, estudiante universitaria en 1973 indicó que tras el golpe militar "tomaron presos a mis amigos, compañeros y primos, se los llevaron a la isla Quiriquina y no se sabía más de ellos. Estuve mucho tiempo escondida hasta que un amigo de derecha nos informó que yo no estaba en los listados (de requeridos) y podía salir a la calle"59.

Un trabajador de la empresa Petroquímica Dow, situada a medio camino entre Concepción y Talcahuano, recuerda que "empezó la represión al día siguiente (.) llegaron los marinos a la empresa nuestra (.) y sacaron una buena cantidad de personal que lo tomaron detenido.Mucha de esta gente terminó en la isla Quirirquina."60.

Al marido de Liliana Aravena Rivera lo arrestaron en la comuna de Talcahuano "por pertenecer a una oficina del Gobierno (...) Él estuvo una semana en la Isla Quiriquina, donde fue torturado y dejado en libertad por falta de méritos"61 .

Víctor H. Tapia, regidor socialista en la comuna de Arauco, recuerda que fue arrestado por carabineros el 16 de septiembre:

Sin violencia me trasladaron a la primera Comisaría de Arauco y de ahí a la isla Quiriquina (...) Posteriormente fui trasladado al Estadio Regional (de Concepción) y de éste al Campo de Prisioneros de Chacabuco, desde donde finalmente fui dejado en libertad el 6 de septiembre de 197462.

Adriana Fernández tenía 18 años en septiembre de 1973. Vivía en Lota, ciudad minero carbonífera. Así recuerda esos días de arrestos después del golpe militar:

Recuerdo una noche como a las 11 P.M., en medio de un silencio que parecía aterrador, más aún cuando la luz (eléctrica) se había cortado, escuchamos que alguien venía corriendo. Lo iban persiguiendo, y eran soldados. Aledaño a nuestra casa había algunos caminos que iban al cerro. Esa dirección pretendía el hombre que arrancaba. Pero probablemente por la oscuridad, se equivocó y en vez de seguir el camino hacia los cerros, ingresó al garaje de nuestra casa. Naturalmente, los militares lo alcanzaron y las patadas se escucharon junto con los gritos del muchacho. Literalmente, lo lanzaron hacia un camión y se lo llevaron, mientras mirábamos por la ventana. Al día siguiente comenzamos a ver pasar camiones con mucha gente detenida.

En realidad no sabíamos que era lo que pasaba. La única certeza que teníamos era que los llevaban al Estadio (Regional) de Concepción y que serían procesados pero nada más. Luego comenzaron a salir los rumores de que a estas personas las mataban. Después supimos que a las personas que se detenían eran las que pertenecían a un partido político (determinado). Las que no lo eran, no tenían nada que temer (sic)63.

Para Remigio Chamorro, periodista comunista de 35 años y residente en la vecina ciudad de Lota en 1973, el once de septiembre fue "una fecha aciaga, brutal".

A las semanas siguientes se enteraron del fusilamiento de cuatro personas (.) los ciudadanos lotinos (.) Srs. Isidoro Carrillo, gerente entonces de la Empresa Nacional del Carbón; Danilo González, alcalde de Lota, Vladimir Araneda, profesor lotino y secretario general del Partido Comunista, y Bernabé Cabrera, obrero industrial de Arauco y militante también del PC como los anteriores. Sucesos desgarradores en Lota, Coronel y otras ciudades de la órbita de Concepción64.

Consecuencias del 11 de septiembre en Concepción

Las consecuencias más graves del martes once de septiembre de 1973 en Concepción están referidas a la pérdida de vidas en los días inmediatamente subsiguientes. Aunque no fue una situación masiva ni concentrada en la ciudad de Concepción, más bien se debe hablar de situaciones puntuales, como las ejecuciones de Lota o la muerte del que fuera la primera autoridad de la provincia e Intendente de Concepción durante su cautiverio, consideramos que estos hechos no fueron lo suficientemente conocidos por los entrevistados; de ahí su opaca presencia en los testimonios que estuvieron dispuestos a compartir en esta materia.

Una de las consecuencias más visibles del brusco cambio de Gobierno fue la reaparición en almacenes y supermercados de toda clase de productos necesarios para el diario vivir, fundamentalmente alimentos.

María González indicó que el 12 de septiembre en el comercio se encontraba todo tipo de productos. Cito: "Al día siguiente aparecieron productos de todo tipo, que no se veían hace mucho tiempo y en grandes cantidades"65. Teresa González, desde otra perspectiva, relató que cuando vio como arrestaban a estudiantes de izquierda, de ese hogar "empezaron a sacar los tambores de aceite, los sacos de porotos, etc., ellos (los responsables del inmueble) tenían todo acaparado". "El 12 de septiembre apareció de todo en los supermercados.. ."66. En una palabra, "Vino el golpe (...) y ¡apareció toda la mercadería!"67.

Una de las percepciones registradas a consecuencias del golpe militar fue que todo volvía a la normalidad. Es posible que fuera así en muchos aspectos; pero en otros, claramente no.

Ninette Lewis lo evocó así:

Recuerdo que rápidamente todo volvió a la normalidad, las clases se reanudaron, la gente volvió a sus trabajos, es decir, todo normal. Lo único que fue distinto, era el hecho de ver pasar patrullas militares por todas partes.68

Una visión más compleja y una mirada de mayor aliento, referida a los inicios del Gobierno autoritario militar -y a lo que se cernía sobre el país- la proporcionó Carlos Inzunza. Nos parece pertinente transcribirla completa:

La ideología de la Seguridad Nacional supone la existencia de un enemigo interno que se debe combatir. Durante estos primeros años, efectivamente esta doctrina orientó el trabajo para combatir a la disidencia, a las personas que no tenían adhesión a los postulados del nuevo régimen militar. Esto llevó a un enfrentamiento y persecución permanente en contra de los partidos políticos principalmente, y los grupos organizados que tras sus demandas hacían vivas expresiones. La doctrina de la Seguridad Nacional se contrapone a los postulados filosóficos e ideológicos de un modelo de vida democrático libre y constitucional. Por eso es que una de las primeras medidas que adoptó la Junta Militar fue dejar sin efecto la actuación del Congreso Nacional, la disolución de los partidos políticos, las entidades gremiales, incluso las sindicales y vecinales. Las garantías constitucionales fueron suprimidas, el derecho de reunión fue restringido, el derecho a elegir en forma soberana a los representantes de las juntas de vecinos, de los colegios profesionales y las entidades grupales estuvieron supeditadas a la política de la designación de dirigentes que sin duda contaban en este caso con la adhesión y la confianza del oficialismo. Los Tribunales de Justicia actuaron en forma restringida, en muchos casos su labor fue muy controlada, ellos no se atrevieron a juzgar los actos de de atropellos a los derechos humanos. El sector educacional fue intervenido. Los profesores que realizaban clases de Historia y de Castellano como era el caso mío, se nos prohibió ejercer esa cátedra (sic) como asimismo la jefatura de cursos de séptimos y octavos años (de enseñanza básica); se proscribió el uso de algunos libros que hicieran alusión y apología (de) los derechos humanos o cuestionara los regímenes de excepción o las dictaduras de América Latina.

En el ámbito económico podemos decir que (en) el régimen militar, durante los primeros años, tuvo la adhesión completa del sector empresarial y bancario en nuestro país. Fueron estas personas y entidades que el primer día de Gobierno Militar recuperaron los capitales y los bienes expropiados. Lógicamente que una forma de agradecer al régimen militar fue entregando una fuerte adhesión. Debido a esto el sector civil favorecido por las medidas del Gobierno militar pasó inmediatamente a ocupar importantes cargos de responsabilidad en los ministerios, las empresas del Estado, los bancos y las distintas entidades donde debiera existir una representación militar (sic)69.

A consecuencias del cambio de Gobierno se produjo una mayor preocupación general por el trabajo. Gustavo Andrade señala que en la siderurgia donde trabajaba "se comenzó a instalar una nueva acería (...) que duplicaría la producción, pero los trabajadores hacían huelgas y paros por lo que no se avanzó en el trabajo de construcción (.) los trabajadores (.) tenían otras preocupaciones, como reclamar por su derecho a hacer huelgas (...) Luego del golpe militar se terminó rápidamente la construcción de esta acería"70

Muchos no tuvieron la fortuna de conservar el trabajo. "Muchos fuimos exonerados (de funciones) al perder nuestros trabajos por el solo hecho de haber sido de la UP y no por tratarse de ser subversivos"71. En empresas estatales se desahució a trabajadores comunistas y socialistas; respetándose sí a los trabaj adores de simpatías democratacristianas. Uno de estos últimos, precisamente, señaló: "el militar que nombraron (en la ECA), que lo nombraron interventor (.) nos respetó a la mayoría (.) no cortó cabezas como podemos decir porque podía haberlo hecho (.) pero a (.) los militantes (.) socialistas (y) comunistas, ellos fueron, fueron digamos desahuciados."72.

Sergio Cortés Jeldres, socialista, trabajaba en Metalúrgica Cerrillos, empresa intervenida por el Estado y situada a medio camino entre Concepción y Talcahuano. Tras el golpe militar recuerda lo siguiente:

...estuve detenido 5 meses (.) me dejaron libre sin cargo (.) y nunca más pude trabajar en la empresa porque estábamos calificados como terroristas... Cuando uno se presentaba en la empresa (a buscar trabajo) nos dejaban dar examen (.) y después le decían que salía mal (.). Yo tenía un hermano en la Marina y (...) lo echaron porque él se negó a maltratar gente ahí en la Armada y lo culparon de traición a la patria, lo iban a fusilar, se salvó también y de ahí inmediatamente lo echaron73.

Un ex integrante del MIR que prefirió el anonimato señaló que inmediatamente después del golpe militar abandonó su casa y no volvió allí nunca más. "Mi ex mujer -indicó- tuvo que arreglar todos los líos con las chiquillas (las hijas). Ella perdió el trabajo. Fue detenida en la Quiriquina, pero no por causa mía, sino porque ella trabajaba en una repartición fiscal (...) y era (...) cercana a nosotros"74.

El profesor Víctor H. Tapia trabajaba en el caserío de Ramadillas, cerca de Arauco. Fue arrestado después de golpe y dejado en libertad un año después Al regresar a su hogar, encontró que a su esposa -también educadora- "la habían trasladado a otro sector y rebajado de cargo". Y a él lo despidieron del trabajo sin indemnización; peor aún: "me comunicaron - afirmó - que tenía que trasladarme a otra localidad; sin sueldo, sin casa, sin trabajo y sin derecho a vivir en mi tierra natal"75.

Pero no solamente los trabajadores y los profesores fueron afectados por los sucesos del martes once. En la Universidad de Concepción fueron exonerados de funciones profesores que dictaban asignaturas basadas en la interpretación marxista de la Historia o que tenían compromiso político con la Unidad Popular. En cuanto a los estudiantes, por razones políticas y académicas fueron expulsados un 44% del total de los dieciocho mil estudiantes matriculados en 197376. Cuando los estudiantes volvieron a inscribir asignaturas correspondientes al segundo semestre, "en la toma de ramos había un militar y un funcionario de la universidad". "Los militares estuvieron (en la Universidad) hasta que terminó el 73"77. Y agreguemos que la Radio de la Universidad de Concepción fue utilizada como radio de las Fuerzas Armadas hasta diciembre de 197478.

Un estudiante socialista de la Universidad de Concepción en 1973 recordó así los cambios experimentados tras el golpe militar:

...El cambio que hubo (.) fue brutal, porque nuestra condición de estudiantes (.) comprometidos con la causa cambió, y había que en ese momento solamente dedicarse a estudiar y olvidarse de las actividades gremiales, políticas (.) incluso del Centro de Alumnos. Pero lo que a mí más me llamó la atención fue que en realidad perdí contacto con toda la gente. Con el tiempo fuimos sabiendo que habían sido algunos detenidos, otros que se habían exiliado, tanto alumnos como docentes, profesores de las diferentes carreras de la Universidad ya no estaban, muchos de ellos estaban presos, (.) habían sido destituidos de sus puestos, por lo tanto eso eehh cambió mmh en (¿el?) rumbo de todos nosotros... Yo creo (que...) la causa del (...) proletariado, o sea, la lucha por el poder (...) en ese momento llegó a su fin79.

El rector de la Universidad de Concepción, al igual que los de todas las universidades estatales y privadas del país, fue removido de su cargo en el mes de octubre y reemplazado por un funcionario administrativo de la Universidad y ex oficial de la Armada en retiro. Si bien la Universidad de Concepción comenzó a ser reorganizada por el rector legítimo en septiembre de 1973, asumiendo el control total de la corporación y cerrando el Instituto de Sociología y la Escuela de Periodismo, cuyos estudiantes tenían connotada militancia política revolucionaria; el nuevo rector delegado profundizó la reorganización suspendiendo once carreras universitarias y finalizando contratos de trabajo al menos a 229 funcionarios con simpatías políticas hacia la UP o hacia la revolución, entre octubre de 1973 y diciembre de 197480

A consecuencias de los arrestos y el traslado de personas al Estadio Regional de Concepción y a la isla Quiriquina, con la finalidad de interrogarles acerca de la posesión de armas (supuestamente para desatar la guerra civil o la revolución), se produjeron apremios ilegítimos varios e interrogatorios bajo tortura. Esta fue una consecuencia de la coyuntura de septiembre, llevada a cabo fundamentalmente por agentes del Estado chileno pertenecientes al personal militar o policial de planta.

Uno de los prisioneros en el Estadio Regional de Concepción que permaneció recluido seis meses, relata su experiencia:

... En el Estadio Regional, me taparon la vista con un, con un neumático de esos cortados (.) como antifaz, como antifaz me lo colocaron en los ojos y como era un neumático de moto que era bastante.este. apretado se me incrustaba dentro de los ojos y me obstruía el fluido de la sangre a la cabeza, y al quedar la sangre detenida con una vainilla me pegaban (,) pero era como si me pegaran con garrote (.). Me sentaban en una silla de estas sillas que son, que se usan en los circos, que se abren que son portátiles. Le pegaban un puntapié a la silla y me hacían caer, y cuando andaba ahh con los ojos vendados por supuesto, buscando, me decían 'ya siéntate'; y resulta que a la silla la buscaba a tientas (...) Mientras yo la buscaba me daban de puntapiés por todos lados. Había varios milicos ahí que, que jugaron un partido de fútbol prácticamente conmigo. Ese fue el último, el último interrogatorio porque a raíz de eso me dio como una especie de pre infarto y que me llevaron a la enfermería y ahí me dieron no sé calmante parece y ahí ehhh me dio como una especie de, de desmayo, semi inconsciente llegué allá hasta que recobré el conocimiento y me largaron después a la celda81.

Un ex prisionero en la isla Quiriquina recordó así el trato recibido:

... Nos desembarcaron en la isla Quiriquina, todos así en fila y de ahí nos dejaron en un gimnasio (...) nos encerraron ahí (,) estuvimos dos semanas que no teníamos en donde dormir y estaba lleno; uno no se podía botar porque no cabía. Después de dos semanas nos pasaron un colchón, una colchoneta de esas que les pasan a los marinos y ahí dormimos (.) y después de un mes nos pasaron un poco de tapa, una frazada (...) Tenían baños (aseos) inmundos, un cajón, imagínese (,) habían unas dos mil personas ahí dentro y había un cajón donde uno iba a hacer sus necesidades. Y no nos dejaban hacer nuestras necesidades (...) una fila de militares armados ahí (...) no nos dejaba hacer (nuestras necesidades). En la mañana me pasaban un poquito de agua en el poto (fondo) de un vaso (...) para que uno se lavara la cara y la boca82.

El mismo testigo narra que usualmente los detenidos llevados al fuerte Borgoño en Talcahuano regresaban "totalmente mal". Un sujeto en especial recordaba, el cual "cada vez que lo salían a interrogar llegaba negro de maltrato, de machucado"83.

Un estudiante socialista de la Escuela Dental de la Universidad de Concepción arrestado ese mismo martes once de septiembre, relata que lo llevaron finalmente a isla Quiriquina. Cito:

... Ahí estuve setenta días (...) me colgaron... hicieron submarinos, me pusieron corriente en los testículos, la boca. me torturaron aquí en el (fuerte) Borgoño (de Talcahuano)... después me trajeron acá a(l cuartel de la Policía de) Investigaciones... otra vez tortura... me quebraron la pelvis y cuello del fémur. Y antes de venirme... de que me bajaran del Borgoño había un capitán (...), que era de fuerzas especiales, era comando (,) me dijo 'tu no te vay a irte sin un recuerdo mío' y me rajó la mano ahí con un corvo (;) y me quedó la mano así (el dedo cardial recogido hacia la muñeca)84.

Desde luego, no todos los testigos fueron necesariamente arrestados ni víctimas de apremios ilegítimos o tortura. Estimamos que bastan estas muestras para indicar que la envergadura de este flagelo fue lo suficientemente importante como para dejar huellas indelebles en las personas que estuvieron dispuestas a compartir su experiencia.

Sofía Romero en Concepción tocó un aspecto poco reflexionado con relación al golpe militar y sus consecuencias: el enfrentamiento entre hermanos. Lo planteó así:

El golpe militar hizo enfrentarse hermano con hermano. Mi hermano Asistente Social se refugió y cuando quiso salir del país su hermano militar lo bajó del avión y lo entregó a la guarnición atado y apuntado con un arma para ser detenido85.

Finalmente, no debemos perder de vista que estos acontecimientos ocurren durante la Guerra Fría, fenómeno que llevaba un cuarto de siglo contraponiendo visiones políticas en el orbe y en el país. Aunque algunos testigos de esta historia invocan ese fenómeno en la vida nacional, no es algo tan evidente en las declaraciones de la gente de Concepción.

Conclusiones

Los acontecimientos vividos por los habitantes de Concepción y las ciudades vecinas, principalmente en el sector costero provincial, ese martes 11 de septiembre y las semanas inmediatamente posteriores, no tuvieron la envergadura de los acontecimientos vividos en Santiago en aquel día, pero fueron lo suficientemente graves como para afectar a la población y el quehacer de diversas instituciones y empresas.

El control militar de la ciudad y sus puntos clave: vías de acceso, calles, centros de comunicación, plantas de agua, gas, energía, empresas estatales, fue rápido y sin resistencia que implicara cruce de fuego o situaciones de combate, ni menos acciones de guerra que se opusieran a la captura del poder público por las fuerzas armadas y de orden.

De las entrevistas realizadas y/o consultadas se desprende que se registraron sentimientos encontrados entre una población muy politizada y polarizada: hubo reacciones y conductas que celebraron la caída del Gobierno; otras de tristeza o pesadumbre por lo que estaba aconteciendo ese mismo día y, también sensaciones de miedo e inseguridad frente a lo que podría ocurrir. En este último aspecto, quienes recordaron haber sentido miedo por los sucesos no necesariamente eran personas situadas en una perspectiva de apoyo al Gobierno de Allende.

Una de las primeras consecuencias del golpe militar detectada fue la superación del desabastecimiento. La reaparición en el mercado de productos de la más distinta naturaleza, fundamentalmente comestibles, nos lleva a pensar que hubo acciones de adquisiciones de productos -antes del once- pensadas como una forma de atacar al Gobierno, evidenciando ideas fuerza de tipo opositor como desorden, falta de productos, ineficiencia gubernamental. El tema sigue estando abierto.

Siguiendo el orden de manifestación de los recuerdos de los testigos, a continuación de los aspectos enunciados anteriormente, se indicó la muerte por apremios ilegítimos y tortura como una de las consecuencias de la acción política de término violento del Gobierno de Allende. No fue una casualidad que se invocaran los casos más conocidos y emblemáticos: la muerte en prisión del intendente de Concepción y los fusilamientos en Coronel en los días próximos al golpe. Una ola de arrestos y traslados de los detenidos a cuarteles policiales, Estadio Regional de Concepción e isla Quiriquina frente al puerto de Talcahuano fue otra consecuencia de la irrupción política de los institutos armados de la República. Y la ocasión propicia para aplicar maltratos de la más diversa naturaleza a los capturados ese día y los posteriores; ciertamente la polarización política y el quiebre de la convivencia democrática anterior no justifican ningún exceso ni la vesania desatada.

Los amagos de resistencia al golpe militar no fueron significativos. Fueron rápidamente disuadidos por la presencia militar con el control de calles, lugares públicos y los allanamientos de viviendas e instituciones públicas y privadas.

Un emblema de la ciudad es la Universidad de Concepción, corporación privada existente desde 1919. Los allanamientos, arrestos, suspensión de clases, inicio de reorganización, cambio de rector legítimo por rector delegado designado por el nuevo Gobierno militar; término de contratos de trabajo a funcionarios y no admisión de alumnos en el proceso de rematriculación por razones políticas y académicas fueron algunas de las consecuencias experimentadas por la comunidad universitaria y por la ciudad. En la Universidad Técnica del Estado, similares consecuencias se experimentaron en una envergadura más reducida: allanamientos, arrestos, cambio de rector.

El derrocamiento del Gobierno produjo consecuencias en el ámbito laboral. Hubo bruscos cambios de personal en los trabajos, principalmente en el sector directivo de las empresas dirigidas o gestionadas por el Estado. Nuevos jefes designados por la autoridad militar fue la moneda corriente recordada por quienes abordaron el punto. Pero también fueron evocadas situaciones de acoso laboral, nuevas destinaciones en el trabajo educativo en condiciones desmejoradas, y en muchos casos simplemente el despido por razones políticas.

Una página triste, de división política máxima, de dolor mezclado en algunos casos con sensaciones encontradas de alivio. Una coyuntura de crispación que interrumpió destinos y que reorientó crudamente los pasos de los habitantes de Concepción.

 

Nómina de entrevistados y contemporáneos al hecho histórico investigado a cuyas entrevistas se tuvo acceso

Alarcón León, Luis
Andrade Riquelme, Gustavo
Anfossi Millán, José
Aravena Rivera, Liliana
Arce, Juan (seudónimo)
Carranza Fredericksen, Liliana
Cores Fierro, Andrés (seudónimo)
Correa, José M. (seudónimo)
Cortés Jeldres, Sergio (seudónimo)
Chamorro Rodríguez, Remigio
Davidson Quezada, Patricia
Espinoza Mora, Ramona
Estrada Pérez, Rosa
Fernández, Adriana (seudónimo)
González Méndez, María
Gómez Sáez, Germán (seudónimo)
Insunza Vallejos, Carlos
Jara Ramírez, Hernán
Lewis Rimond, Ninette (seudónimo)
Martínez, Juan

Meza Barra, José (seudónimo)
Meza Sabelle, Olga
Montero, José Miguel
Montes, Rodrigo (seudónimo)
Moreno Farías, Patricio
Órdenes, Atilio (seudónimo)
Romero, Sofía
Sánchez Rodríguez, Juana
Sepúlveda Melo, Octavio
Soto Castillo, Raúl
Ulloa, Dagoberto

Valencia Pérez, Alejandra (seudónimo)
Valladares Salas, Oscar (seudónimo)
Zárate Correa, Hernando (seudónimo)

 

NOTAS

1 Para ellos realizamos algunas entrevistas y consultamos otras que abordaron el día once de septiembre y los meses inmediatamente posteriores. En algunos casos indicamos los seudónimos asignados a distintos testigos cuyas opiniones -y entrevistas- pudimos consultar para este trabajo.

2 La interpretación de que el golpe de Estado puso fin a una guerra civil no declarada es de James Whelan. Para esta síntesis seguimos fundamentalmente a los siguientes autores: Martner, G., El Gobierno del presidente Salvador Allende: 1970-1973: una evaluación, Santiago, Chile, Eds. Lar, 1988, pp. 487-488;         [ Links ] Whelan, J. Desde las cenizas: vida, muerte y transfiguración de la democracia en Chile 1833-1988, Santiago, Zig-Zag, 1993, pp. 407-409;         [ Links ] Collier, S. y Sater, W., Historia de Chile: 1808-1994, Cambridge, U.K., Cambridge University Press, 1998, pp. 285-306;         [ Links ] y, Meller, P., Un siglo de economía política chilena (1890-1990), Santiago, Andrés Bello, 1996, p. 186.         [ Links ]

3 Salinas, J., "Poder Popular Provincial. Los casos de Concepción-Talcahuano y Constitución 1970-1973". Memoria para optar al Título de Profesor de Historia y Geografía, Universidad de Concepción (Chile), 2007, p. 111.         [ Links ]

4 Ibíd., p. 112.

5 Ibíd., p. 112.

6 Monsalvez, D., "La Asamblea del Pueblo en Concepción La expresión del Poder Popular", Revista de Historia, Universidad de Concepción (Chile), Vol. 16, N° 2, 2° semestre de 2006, pp. 46-47.         [ Links ]

7 Ibíd., p. 49.

8 Salinas, op. cit., pp. 113-114.

9 Etchepare, J., Surgimiento y evolución de los partidos políticos en Chile, 1857-2003, Editorial Universidad Católica de la Santísima Concepción, Concepción, 2006, pp. 283-288.         [ Links ]

10 Ibíd., p. 286.

11 Entrevista a José Meza Barra (seudónimo). Talcahuano, agosto de 2007.

12 Entrevista a Patricia Davidson Quezada. Concepción, enero de 2007.

13 Entrevista a Ninette Lewis Rimond (seudónimo). Concepción, agosto de 2007.

14 Entrevista a Patricio Moreno Farías, profesor de francés en la Universidad de Concepción en 1973. Concepción, diciembre de 2004.

15 Entrevista a María González Méndez. Concepción, 8 de enero de 2007.

16 Entrevista a Alejandra Valencia Pérez (seudónimo). Concepción. Noviembre de 2007.

17 Entrevista a Gustavo Andrade Riquelme, 37 años de edad en 1973. trabajador de la siderurgia Huachipato. Concepción,17 de marzo de 2006.

18 Entrevista a Luis Alarcón, en esa época profesor de música y Director del Departamento Educación para el Arte en la Universidad de Concepción. Concepción, 20 de mayo de 2009.

19 Entrevista a José Anfossi Millán. Chiguayante.31 de mayo de 2009.

20 Entrevista a Raúl Soto Castillo, arquitecto. Concepción, marzo de 2006.

21 Entrevista a Luis Alarcón León, ya citada.

22 Militares de los grados superiores y también en retiro fueron ocupando sucesivamente los cargos directivos de intendencias, gobernaciones, empresas públicas, etc.

23 Entrevista a Ninette Lewis Rimond ya citada.

24 Entrevista a Liliana Aravena Rivera, ama de casa. Concepción, 8 de enero de 2007.

25 Entrevista a Sofía Romero, dirigente vecinal. Concepción, 8 de enero de 2007.

26 Entrevista a Juana Sánchez Rodríguez. Talcahuano, 6 de enero de 2007.

27 Entrevista a Raúl Soto Castillo, ya citada.

28 Entrevista a María González, ya citada.

29 Entrevista a Patricia Davidson, ya citada.

30 Entrevista a José Correa M. (seudónimo), entonces empleado de ECA. 3 de noviembre de 2006.

31 Entrevista a Dagoberto Ulloa, auxiliar de la Biblioteca Central de Universidad de Concepción en 1973. Concepción, 15 de noviembre de 2006.

32 Entrevista a Liliana Angélica Carranza Fredericksen, estudiante de Pedagogía en Matemáticas en 1973. Concepción, 20 de mayo de 2009.

33 Valdés, M., "La Universidad de Concepción el 11 de septiembre de 1973", Revista de Historia, Universidad de Concepción, Vol. 16, N° 1, 1 semestre de 2006, p. 109.         [ Links ]

34 Entrevista a Hernán Jara Ramírez. Concepción, 6 de enero de 2007.

35 Entrevista a Raúl Soto, ya citada.

36 Valdés, op. cit., p. 110.

37 El 20 de septiembre, dos estudiantes de nacionalidad ecuatoriana fueron encontrados muertos en la ribera sur del río Bío Bío; perdieron la vida tras ser ejecutados después de estar acreditada su detención en la Cuarta Comisaría de Carabineros de Concepción. Posteriormente, en 1975, muere un estudiante de Ingeniería -Marcos Montesinos- al interior del campus de la Universidad de Concepción, en un presunto enfrentamiento con Carabineros. Este estudiante, según sus condiscípulos, había integrado el Movimiento Nacionalista Patria y Libertad, opositor al Gobierno de Allende; habría sido asesinado por problemas de índole personal. Estos casos no han sido aclarados hasta la fecha. Vd. Valdés, M., op. cit., p. 110. En este último caso, según el profesor de la Facultad de Ingeniería John McGuire, efectivos de la Policía de Investigaciones de Chile habrían abatido al joven Montesinos, no la policía uniformada.

38 Entrevista a Atilio Órdenes (seudónimo), estudiante de Periodismo en la Universidad de Concepción en 1973. Concepción, 7 de noviembre de 2006.

39 Entrevista a Raúl Soto, ya citada.

40 Entrevista a Alejandra Valencia Pérez (seudónimo), ya citada.

41 Entrevista a Luis Alarcón, ya citada.

42 Entrevista a José Meza Barra, Concepción, agosto de 2007.

43 Entrevista a Juana Sánchez Rodríguez, ya citada.

44 Ibíd.

45 Entrevista a Andrés Cores Fierro (seudónimo), estudiante de Ingeniería Civil en la Universidad de Concepción en 1973. Coronel, junio de 2006.

46 Entrevista a Germán Gómez Sáez (seudónimo), ex Intendente suplente de Concepción en 1973.

47 Entrevista a Juan Arce (seudónimo). Concepción, 15 de noviembre de 2005.

48 Entrevista a Ninette Lewis Rimond, ya citada.

49 Entrevista a Juan Arce, ya citada.

50 Entrevista a Rosa Estrada Pérez, profesora de Educación Básica en 1973. Talcahuano, 18 de marzo de 2006.

51 Entrevista a Ramona Espinoza Mora, entonces ama de casa en Penco. Penco, 17 de marzo de 2006.

52 Entrevista a José Miguel Montero, en aquel entonces empleado de la ECA en Concepción. Concepción, 14 de mayo de 2009.

53 Entrevista a Sergio Cortés Jeldres (seudónimo). Concepción, noviembre de 2006.

54 Entrevista a Octavio Sepúlveda Melo, en aquel entonces estudiante residente en San Pedro. San Pedro, 17 de marzo de 2006.

55 Entrevista a Luis Alarcón, ya citada. Agreguemos que el Intendente de Concepción falleció víctima de apremios ilegítimos y tortura, encontrándose detenido en la Cuarta Comisaría de Carabineros de Chile, Concepción. Vd.http://www.tribunadelbiobio.cl/portal/index2.php?option=com_content&do_pdf=1&id=222

56 Entrevista a Alejandra Valencia Pérez (seudónimo), ya citada.

57 Entrevista a Carlos Insunza Vallejos. Concepción, 7 de enero de 2008.

58 Entrevista a Hernán Jara Ramírez, ya citada.

59 Entrevista a Patricia Davidson, ya citada.

60 Entrevista a Juan Martínez, socialista en 1973 y operario de la planta de etileno de la Petroquímica Dow. Concepción, 10 de noviembre de 2006.

61 Entrevista a Liliana Aravena Rivera, 30 años en 1973; secretaria de una librería. Concepción, 6 de enero de 2007.

62 Tapia, V. "Autobiografía Víctor Hernán Tapia". Rescatada por Medina, S. 17 de marzo de 2006, inédita, p. 3.

63 Entrevista a Adriana Fernández (seudónimo), entonces joven de 18 años, residente en Lota. Lota, 17 de diciembre de 2005.

64 Entrevista a Remigio Chamorro Rodríguez, periodista comunista de 35 años y residente en la vecina ciudad de Lota en 1973. Lota, 17 de marzo de 2006.

65 Entrevista a María González, ya citada.

66 Entrevista a Alejandra Valencia Pérez (seudónimo), ya citada.

67 Entrevista a Olga Meza Sabelle. Concepción, 11 de marzo de 2006.

68 Entrevista a Ninette Lewis Rimond (seudónimo), ya citada.

69 Entrevista a Carlos Inzunza, ya citada.

70 Entrevista a Gustavo Andrade, ya citada.

71 Entrevista a Carlos Inzunza, ya citada.

72 Entrevista a José M. Correa, ya citada.

73 Entrevista a Sergio Cortés Jeldres (seudónimo), ya citada.

74 Entrevista a Anónimo, residente en Coronel. Coronel, noviembre de 2006.

75 Tapia, op. cit., p. 4.

76 Valdés, op. cit., p. 115.

77 Entrevista a José Meza Barra (seudónimo), ya citada.

78 Olea, H., "La Radio Universidad de Concepción". Estudios de Periodismo, Universidad de Concepción, Año 7, N° 7, 2002, p. 68.         [ Links ]

79 Entrevista a Hernando Zárate Correa (seudónimo), en ese entonces estudiante universitario. Concepción, 7 de noviembre de 2006.

80 Valdés, op. cit., p. 117. Vd. nuestro trabajo "Una Historia de Poder. El primer Rector Delegado en la Universidad de Concepción (1973-1975)" (inédito), p. 8.

81 Entrevista a Rodrigo Montes (seudónimo), ex interventor de la empresa Fanaloza en la vecina ciudad de Penco. Penco, 7 de noviembre de 2006.

82 Entrevista a Sergio Cortés Jeldres (seudónimo), ya citada.

83 Ibíd.

84 Entrevista a Oscar Valladares Salas (seudónimo), estudiante socialista de la Escuela Dental de la Universidad de Concepción. Concepción, 10 de noviembre de 2006.

85 Entrevista a Sofía Romero, ya citada.

 


Recibido: marzo 2012
Aceptado: octubre 2012

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