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Cuadernos de historia (Santiago)

versión On-line ISSN 0719-1243

Cuadernos de Historia  no.52 Santiago jun. 2020

http://dx.doi.org/10.4067/S0719-12432020000100183 

Estudios

Francisco Bilbao y el “peligro” de la moda en Sudamérica

Francisco Bilbao and the “danger” of fashion in South America

Nathalie Goldwaser Yankelevich1 

1Universidad de Buenos Aires. Argentina

Resumen:

En Hispanoamérica durante el siglo XIX, la temática sobre la moda ha sido recurrente. Moda entendida como introducción de lo novedoso frente a las costumbres vetustas. A partir de la metodología propia de la “historia de los conceptos políticos”, se propone recorrer tres textos literarios representativos del chileno Francisco Bilbao, quien ha sido uno de los pensadores decimonónicos que dedicó su vida a problematizar el estado de “independencia” de las naciones en Sudamérica. Su diagnóstico implicó demostrar cómo la Iglesia Católica y el mundo cultural hispánico generaron el estado de pobreza, barbarie y abdicación del pensamiento. ¿Cuál es la terapéutica que propone para salir de esa cultura añeja y retardataria? Bilbao plantea introducir ciertas modas políticas que, aunque generen la “sensación de peligro”, son las únicas que podrían modificar una nación.

Palabras clave: Francisco Bilbao; modas políticas; Siglo XIX; Sudamérica

Abstract:

In Latin America during the nineteenth century, the theme of fashion has been recurrent. Fashion understood as the introduction of novelty in the face of ancient customs. Based on the methodology proper to the “history of political concepts”, it is proposed to go through three texts, as a representative universe, in order to give an account of the original contributions of this Chilean author, Francisco Bilbao, has been one of the nineteenth-century thinkers who dedicated his life to problematizing the state of “independence” of nations in South America. His diagnosis implied demonstrating how the Catholic Church and the Hispanic cultural world generated the state of poverty, barbarism and abdication of thought. What are the therapeutics that he proposes to get out of this old and retarded culture? Bilbao proposes to introduce certain political fashions that, although they generate the “sensation of danger”, are the only ones that through education can modify the customs of a nation.

Keywords: Francisco Bilbao; Political fashions; Nineteenth century; South America

Introducción

En América hispana, la inquietud decimonónica de los intelectuales por desembarazarse del colonialismo se encontraba en una disyuntiva: imitar o copiar las costumbres, las modas, los usos de la Europa no española, perder los rasgos autóctonos y originales; o ingresar y aceptar un mundo netamente criollo, mestizo o, “en el peor de los casos”, nativo y salvaje. ¿Es esta una contradicción y tensión cuya resolución es unidireccional? ¿Hubo planteos alternativos a esta bifrontalidad propia de los tiempos en que se reflexionaba sobre la construcción de la identidad nacional?

El presente artículo pretende recorrer tres textos de Francisco Bilbao, porque en general sus discursos atraviesan un tiempo dado y en ellos mismos pueden leerse sus luchas a través de las críticas, las reformulaciones categoriales y las justificaciones de un pensamiento que emergía socialmente con fuerza inaudita, por y para una realidad, y con una práctica inherente. “Sus escritos proclaman y anuncian un proyecto global de organización de la sociedad, un esfuerzo por asir el futuro” 1 .

Se pretende rastrear las nociones relativas a la moda –en tanto novedad o introducción de lo nuevo, en oposición a lo vetusto, añejo o lo tradicional–. Bilbao (Santiago de Chile, 1823 - Buenos Aires, 1865), catalogado por varios autores 2 como filósofo revolucionario americano, ideólogo espiritualista cristiano, socialista y republicano, antihispanista, activista antimonárquico y anticlerical, en particular antijesuita, masón, liberal, fue un pensador y escritor que ocupó “un lugar singular en la historia de las ideas de América Latina” 3 . La mayor parte de su vida la pasó fuera de Chile: vivió en el Perú, en Ecuador, en Europa, fundamentalmente en Francia y, finalmente, en la Argentina, donde transcurrieron sus últimos ocho años de vida.

En todos los lugares fue una voz en medio de tormentas políticas y jamás renunció a los principios del liberalismo, con los cuales se consustanció desde su infancia, por mediación de su padre, Rafael Bilbao, militante de las filas pipiolas que adherían a las ideas de la Revolución Francesa y del republicanismo. Lector precoz, desde muy joven tomó contacto con textos de Vico, Gibbon, Volney, Rousseau, Cousin y Voltaire. Por esos años también llegó a sus manos El libro del pueblo, de Lamennais, de quien tradujo al español, cuando tenía veinte años, su obra La esclavitud moderna. […] Quinet y Michelet ejercieron sobre sus ideas y personalidad una huella perdurable a través de la amistad personal que cultivó en Europa 4 .

Los tres textos que seleccionamos para este estudio fueron escritos bajo motivos diferentes, pero con una línea en común: el primero es un ensayo publicado en 1844 en El Crepúsculo 5 de Santiago de Chile, titulado “Sociabilidad chilena”.

El segundo es el “Prefacio a los Evangelios” (inédito hasta 1865) 6 y que Bilbao subtituló “El libro en América” (escrito en París en 1846). Por último, un corto ensayo de 1863, “Emancipación del espíritu de América”.

La unidad de sus textos la manifiesta tanto por el fondo como por la forma, pese a la diversidad temática. “Todos son escritos circunstanciales, aunque unos lo son más que otros […] todos pueden considerarse escritos sociopolíticos, en los que se manifiesta un pensamiento filosófico-social al que no se renuncia” 7 .

Para encauzar el análisis de estos discursos, es preciso desplegar dos elementos centrales: por un lado, qué entenderemos por “moda” en los escritos de Bilbao; por el otro, algunos hitos o elementos más significativos de su contexto y biografía.

Por último, nos adentraremos en el análisis de los mencionados tres textos como universo representativo del pensamiento de nuestro autor.

Para concebir la categoría “moda”, como plataforma catalizadora de los problemas planteados por Bilbao en torno a la construcción política en el sur de América hispana, se plantea metodológicamente una doble perspectiva: por un lado, la historia comparada, a partir de las proposiciones de Marc Bloch; por el otro, la historia conceptual, desde la corriente de la Escuela de Cambridge, especialmente la obra de Quentin Skinner. Partimos del supuesto teórico que para poder comprender cómo pensaron los escritores en el pasado, preciso es que recuperemos sus conceptos, sus distinciones y las cadenas de razonamiento que seguían en sus intentos por darle sentido a su mundo, sin perder de vista los contextos locales y totales 8 . La equiparación suma a la historia comparada, la historia de los conceptos para permitir reparar y reconstruir el lenguaje de base (sobre el cual un texto dado pivotea), atender a los desplazamientos significativos e interrogarse sobre el modo en que se fue configurando el sentido de las categorías nucleares del discurso político de la época, para luego, en una segunda instancia, comprender el tipo de operación realizada sobre éste, es decir, comprender cómo un determinado texto habrá de rearticular los elementos simbólicos existentes en él con el fin de investir significativamente la realidad 9 . Esta metodología fija su atención en los conceptos, no buscando su definición “correcta”, sino su despliegue histórico. En este sentido, la historia conceptual atiende el proceso a través del cual los conceptos se han articulado sincrónicamente al tematizar situaciones, y diacrónicamente al asumir su modificación. Así pues, al referirse a la doble dimensión sincrónica y diacrónica, esta metodología rastrea las diversas significaciones de un concepto.

Moda

Francisco Bilbao en “Sociabilidad chilena”10 asevera explícitamente que: “La autoridad y tradición se debilitan con las novedades; de aquí la aversión a lo nuevo, a la moda y el odio a lo que la promueve, por lo que se debe vivir retirado y solitario” 11 . Esta premisa continúa en tono irónico sobre la moral de la época:

Aislamiento misantrópico. […] A la tarde se reza el rosario. La visita, la comunicación debe desecharse a no ser con personas muy conocidas, no hay sociabilidad, no se admite gente nueva ni extranjera. La pasión de la joven debe acallarse. La pasión exaltada es instrumento de revolución instintiva 12 .

¿Qué diagnóstico se plantea? Por un lado, un dualismo, como diría Georg Simmel en Filosofía de la moda ([1905], 2014) entre “herencia y variación”. La herencia como agente de lo genérico, de la unidad, de la tranquila igualdad de las formas y los contenidos vitales; y la variación de los elementos particulares que, vinculada a la movilidad, produce la inquieta evolución y tránsito de un contenido individual a otro. En este sentido, lo contrario a la introducción de la novedad, es la imitación. Imitación como parte de lo heredado, es el modo en que se transita la vida de lo grupal a lo individual. La imitación nos permite obrar con sentido y de manera conveniente, en detrimento a lo que sucede en lo personal, esto es: nada original. Para Simmel, imitación, pensamiento y estupidez están íntimamente ligados 13 .

Bilbao, tal como lo observará Simmel, plantea que la vida social de su tiempo es un “campo de batalla” donde compite el afán de persistir en lo conocido y hacer lo mismo y ser lo mismo que los otros; con su opuesto: el ansia que quiere avanzar hacia nuevas y propias formas de vida.

Escribió Simmel: “Con esto quedan circunscriptas las condiciones vitales que hacen de la moda un fenómeno constante en la historia de nuestra especie” 14 . La moda es imitación de un modelo dado, pero satisface la necesidad de distinguirse, la tendencia a la diferenciación, a cambiar y destacarse. Y esto lo logra por la variación de sus contenidos, que presta cierta individualidad a la moda de hoy frente a la de ayer o de mañana (lo que sería un cambio sincrónico); pero lo consigue más enérgicamente por el hecho de que “siempre las modas son modas de clase” y de esta manera es un fenómeno social diacrónico. “[E]s la aceleración del proceso por el cual, a partir de comienzos del siglo XIX, cada una de ellas [las modas particulares] se vieron obligadas a dejar paso a la siguiente” 15 . Para Goldgel, es esta dimensión diacrónica la que resulta fundamental para entender la moda como un dispositivo social de renovación periódica de un amplio rango de objetos y prácticas.

Por moda entenderemos no solo los efectos producto del vestir, sino además una práctica ligada a la incorporación de lo novedoso, las nuevas tendencias en materia política, jurídico/legislativa, literaria, económica, social, artística y cultural.

Las costumbres se vinculan con una repetición rutinaria de una eterna imitación conservadora. La moda es también una imitación, pero inesperada, que se enlaza con el pasado, con el presente y con el porvenir 16 . La moda, además, es sobreindividual: “actúa sólo en la medida que se deja sentir positivamente su independencia de toda otra motivación, del mismo modo que nuestro acto sólo parece plenamente moral cuando no nos mueve a obrar su fin y contenidos exteriores, sino exclusivamente la consideración de que es un deber” 17 . Emerge así ese binomio que parece contraponerse pero que es complementario: moral – moda. Creemos, sin equívocos, que el concepto de moda tratado de esta manera se ajusta eficazmente al pensamiento de Francisco Bilbao y su generación, la del ‘42, reunidos –la mayoría de ellos– en la “Sociedad Literaria” 18 y bajo un denominador común: el antihispanismo que, si bien lleva a tener por “modelos de pensamiento” a la literatura francesa, tampoco se la desea imitar servilmente. “Se tiene la convicción de que América posee algo nuevo y distinto por ofrecer, merced a una realidad diferente, y su captación daría lugar, necesariamente, a una literatura también diferente” 19 .

Lo cierto es que coincidimos en que la moda es un elemento importante en el proceso de construcción de la identidad tanto a nivel individual como social. Este terreno está poseído de disputas en torno a las dinámicas de las sociedades modernas. Tal como aparecerá en los textos de Bilbao, la moda, como la circunscribimos en este apartado, aparece en documentos de la cultura literaria como en las normas de sociabilidad cotidianas.

Goldgel afirma que los escritores del período que abarca el siglo XIX hispanoamericano percibían la moda como la introducción de la novedad. En particular resalta que, en los primeros años decimonónicos, la llegada a Chile de la moda neoclásica puso fin a una estabilidad que muchos ya juzgaban perpetua:

Lo que se produjo en primer lugar, entonces, fue una aceleración del cambio. En segundo lugar, inaugurando una tendencia que el tiempo sólo habría de fortalecer, las elites chilenas empezaron a tomar distancia de las formas españolas para atenerse a los dictados de la moda francesa […] la llegada de modas transatlánticas sólo habría de adquirir un ritmo regular hacia 1840, con la consolidación del flujo de información que trajo consigo el establecimiento de la Pacific Steam Navigation Company 20 .

La moda es entonces uno de los aspectos de una “virtual revolución en los patrones de consumo” que tiene lugar desde comienzos del siglo XIX, cuando la cultura material hispanoamericana empieza a absorber cantidades inusitadas de bienes extranjeros 21 .

En síntesis, la moda, la introducción de lo novedoso como bisagra que articula el pasado, lo vetusto, lo tradicional con lo presente, lo nuevo pero que se disemina y muere en el futuro, implica a las claras, el sentido del espíritu moderno, entendido como la autoconciencia de una situación anterior inconfortable –tanto material como espiritual– que debe indefectiblemente transformarse. Pero para que acontezca lo novedoso, hace falta, sin dudas, la libertad de pensamiento, y es aquí donde creemos que se enlaza con nuestro autor:

Así, para Bilbao, nacido en la coyuntura de la Ilustración y el Romanticismo, pensar racionalmente era, sobre todo, pensar libre de prejuicios y pensar críticamente respecto de la realidad circundante. La filosofía de la historia que atraviesa sus escritos […] alude invariablemente a la triple dimensión de pasado, presente y futuro. En efecto, en su caso, el pasado ofrecía la lección de lo que debía cambiarse, el presente la voluntad de realización, y el futuro la posibilidad de alcanzar un mundo nuevo, una sociedad diferente 22 .

Por último, advertimos que fue una condición propia de la generación romántica hispanoamericana referirse a la moda, lo nuevo y la novedad. No solo Bilbao y Lastarria en Chile (enmarcados en la Generación del ‘42), sino también la Generación del ‘37 rioplatense (entre los que se encontraban Esteban Echeverría, Juan B. Alberdi, Vicente Fidel López, Domingo F. Sarmiento, Bartolomé Mitre), en particular a través de La Moda. Gacetín semanal de Música, Poesía, de Literatura, de Costumbres (publicado en Buenos Aires entre 1837 y 1838); en Uruguay con la “Generación de El Iniciador” (otro periódico similar a La Moda… publicado entre 1838 y 1839) fundado por Andrés Lamas, con la colaboración del poeta Juan Carlos Gómez y la mayoría de los rioplatenses exiliados allí como Alberdi, López, Florencio Varela, Miguel Cané. El tema de la moda no solo fue “utilizado” para introducir las novedades europeas no hispánicas en materia de indumentaria, ornamentación o buenas costumbres, sino también como instrumento para demostrar el medio por el cual era posible un cambio "revolucionario, pero no violento”.

La tendencia “Bilbao”

Pretender realizar una exhaustiva caracterización de su biografía y ambiente de la época 23 en que vivió y escribió Francisco de Sales Bilbao puede alejarnos del nodo al que queremos apuntar: la matriz de pensamiento y sus aportes a la historia de las ideas políticas. Es por lo que nos dedicaremos a señalar los eventos y acontecimientos más relevantes acopiados en diversas fuentes bibliográficas 24 .

El ensayo chileno, florecido bajo el romanticismo americano, fue inaugurado por Bilbao atacando la herencia española, el modo en que se configuró la propiedad privada, la Iglesia Católica y todos los partidos y grupos que hasta entonces habían dominado la escena política.

Bilbao cuestiona la estructura misma de la economía y de la sociedad chilena: “que había dado por resultado la miseria del pueblo; cuya abolición sería la realización efectiva del dogma de la libertad. Esa miseria, afirmaba Bilbao, no era un hecho fatal y, por lo tanto, podía ser eliminada”25. Aquí es donde cobra un episodio relevante la clave sobre la introducción de la moda, ya que para modificar esa realidad era necesario introducir novedades que devinieran en reformas que transformaran la estructura cuestionada, sin por eso modificar el derecho de los propietarios, pero erradicando la consagración de una autoridad despótica ejercida en favor de un círculo privilegiado. “[E]l partido pelucón representaba las fuerzas tradicionales, y Bilbao lo admitía como arraigado en las costumbres y creencias del pueblo. El liberal carecía, a su juicio, de la audacia suficiente para proclamar la igualdad y elevar a las masas a una democracia efectiva”26. Sin embargo, para Pena de Matsushita, el pensamiento de Bilbao no era coherente en materia de propiedad privada precisamente por no concebir que se podía atentar contra el derecho de propiedad y que en su plan no entrara la expropiación de latifundios. Tampoco le parece un pensamiento original. La clave estaría en lo que se denomina “doble exigencia”: adecuarse al nivel de los tiempos y adaptar esas ideas a la propia realidad nacional. El medio americano –escribe Pena de Matsushita– le parecía distinto del europeo, donde se daba una lucha de ideas, mientras que en América había un ‘exclusivismo ideológico’. Y considera que no era original porque se ve influenciado por el pensamiento del abate francés Lamennais27. Aquí volvemos a la cuestión de la copia y las costumbres versus la introducción de lo novedoso y la moda. Veremos en el pensamiento de Bilbao que, si bien expone una matriz similar a la que planteó Lamennais, nuestro autor hará giros que generaron una especificidad y novedad

en su pensamiento.

En efecto, tal como asevera Jalif de Bertranou, el examen de los fundamentos del pensamiento de Bilbao nos remite permanentemente a la matriz ideológica de lo que conocemos como liberalismo:

Dada la amplitud con que el término ha sido tomado a lo largo de los tiempos, se imponen algunas consideraciones con el fin de precisar nuestro uso. Dentro del proceso de secularización de la sociedad que se inicia con la modernidad, aparecen los primeros teóricos que colocan como centro de la concepción del hombre su libertad y, a partir de ella, la negación del origen divino del poder, que dará paso, simultáneamente, a la hipótesis del pacto social. Se establece así, sobre cualquier otro principio, la libertad del individuo en todas sus proyecciones, de la cual emanan, al mismo tiempo, sus derechos materiales y espirituales. Parte fundamental de esos derechos serán la libre elección de las formas políticas y el acceso a las oportunidades económicas para disfrutar de la riqueza forjada por su trabajo. La autonomía y la independencia ponen al hombre a recaudo del absolutismo del poder, sea este religioso, político, moral o económico 28 .

Tanto Pena de Matsushita como Jalif de Bertranou señalan que Bilbao prestó atención al problema de ambas Américas (la anglosajona del Norte y la hispana del Sur). Para la del Norte observará la noción de individualidad y la consagración de la soberanía de la razón. Allí no solo se proclamaron los principios democráticos, sino que se practicaron y transmitieron a las nuevas generaciones mediante la educación puesta al servicio de ese modo de vida. En América española, en cambio, observará la abdicación de pensamiento o, en otros términos, nuestra condición de subordinados, con una actitud negativa compartida que bloqueaba toda posible rebeldía. Ambas autoras analizan el escrito de Bilbao denominado La América en peligro (1862), a raíz de la invasión y anexión española de la República Dominicana (1861), mientras que Francia incursionaba en México (1862). Proclamará “la soberanía de la razón” y considerará incompatibles la república y la libertad con el catolicismo. No solo la independencia estaba en peligro, sino el sistema republicano mismo. El binomio que se denuncia es el principio republicano de la revolución que reconocía la soberanía de la razón como base de la soberanía del pueblo contra el catolicismo que desconocía la autoridad del pensamiento para afirmar la de la fe. Contradicción a la que el hombre de la colonia española no podía escapar. Bilbao da cuenta en sus escritos que la infalibilidad del catolicismo conllevaba la dictadura porque de ese modo se obtenía todo el poder. Por ende, la fuerza terminaba por reemplazar a la autoridad. Para Bilbao, todos los partidos, los que se hacían llamar “liberales” como los conservadores, tenían una predisposición dictatorial porque esa mentalidad católica vivía en la educación.

La tendencia de nuestro autor, en cambio, era claramente de resistencia, contestataria pero también de introducción de nuevas preguntas y nuevos cuestionamientos que harían de su pensamiento un pensamiento de moda.

En este punto cabe mencionar el análisis de Fernández Nadal en donde problematiza la función de una filosofía de la historia “latinoamericana” que en Bilbao

está en buena medida por hacerse, como desnudar los supuestos ideológicos de las Filosofías de la historia europeas vigentes en su época. En síntesis, como ha sostenido Roig, hay en Bilbao dos grandes líneas al interior de la Filosofía de la Historia: una, la que denomina ‘del viejo mundo’ y a la que considera expresión del espíritu de dominación característico de las naciones europeas; su función es la justificación de la conquista. Otra, es la Filosofía de la Historia ‘del nuevo mundo’, que es la tarea que Bilbao se propone realizar y que supone como paso previo a la crítica de la primera 29 .

Por eso consideramos de importancia el uso del concepto “moda” como remedio a la conclusión a la que llega Bilbao: “que todas las Filosofías de la Historia europeas encierran la perspectiva histórica de los dominadores y denotan un modo de pensar y de proceder propio de ‘pueblos caducos’, estremecidos ante los sacudimientos de la modernidad, que anuncian la emancipación futura de la plebe sometida” 30 . La introducción de novedades, de modas políticas será en Bilbao una manera de poder reflexionar acerca de un “nosotros, los americanos” de “los Estados Des-Unidos de Españoles” 31 .

Tres discursos ¿sobre la moda?

Como mencionamos en la introducción, analizaremos “Sociabilidad chilena” (Chile, 1844), el Prefacio a los Evangelios. El libro en América (París, 1846), y Emancipación del espíritu de América (Buenos Aires, 1863). Comenzaremos por este último escrito porque consideramos que se encuentra allí sintetizada la contraposición entre introducir una moda frente a la costumbre y lo vetusto. Dos son los objetivos que pretende encarar: por un lado, entender cuál es el medio por el cual llegar a la “emancipación intelectual”. La contraposición a esta es el “servilismo” que adjetiva como “deplorable”. Por el otro lado, encontrar las causas de la poca fecundidad intelectual.

Los interrogantes con los que se inicia refieren a América del Norte o a los Estados Unidos. ¿Por qué es la nación libre, sabia y potente?, se preguntará Bilbao. Y seguidamente emerge un sinónimo de la moda: “¿Por qué tienen ellos una literatura sui-generis, expresión magnífica del Nuevo mundo, un progreso científico e industrial que no reconoce superiores en Europa?” 32 . Al parecer, la introducción de lo nuevo implica un no copiar (o no reconocer superiores) en otro lado. Y esto se corrobora en la siguiente pregunta referida a nuestro territorio: “¿Y por qué nosotros, Sud-Americanos, andamos mendigando la mirada, la aprobación, el apoyo de la Europa?” 33 . Bilbao responde sin rodeos: porque hemos elegido a la más esclavizada y a la más “habladora” de todas las naciones por modelo. Un modelo que tiene, al decir del ensayista chileno, una literatura putrefacta, una política despótica, una filosofía de los hechos y una gran hipocresía para cubrir todos los crímenes y atentados con la palabra civilización. Se refiere, en el párrafo siguiente, a Francia y a todo lo que hasta entonces les habían enseñado: que Napoleón invadió España; que por ello se facilitó la Independencia Americana; que caído Napoleón, muchos oficiales franceses vinieron a militar por nuestra causa y que la transmisión de la filosofía revolucionaria del siglo XVIII (Voltaire, Montesquieu, Diderot, Rousseau) nos hizo pensar que todo lo que emancipaba debía ser de tinte francés. Lo que Bilbao está denunciando es que hubo una moda errada que “influyó” en la juventud a favor de Francia, como “nación de libertad” 34 . Pero para Bilbao es “una nación vetusta” y por ende “ha llegado la hora de despertar” 35 . Sin embargo, para ese despertar, lo primero que Bilbao expresa es el “plagio del fondo” que Francia ejerció sobre el “origen de la teoría de la civilización germánica”.

El mundo moderno fue el tercer momento de la idea que llegaba a la conciencia de sí misma, en el reinado del Espíritu. Si cada momento tuvo sus razas o naciones que lo representaran, el tercer momento le tocó a la Alemania. ¿Qué hace Cousin? Acepta la teoría, pero en lugar de la Alemania puso a la Francia.

Y como la civilización según ellos es lo último que triunfa, ¡hoy el bombardeo de Acapulco 36 es el signo más grandioso y más retumbante de la civilización! 37

Para Bilbao, entonces, la civilización no es un acto de justicia, sino que es un hecho determinado por un pueblo encargado del tercer momento de esta idea. Es por eso que reclama y reprocha que se quieran imitar, admirar y tolerar los actos de Francia.

Por último, para introducir este novedoso posicionamiento contra la idea de civilización de la vieja Francia 38 , indica la necesidad de un movimiento, la democracia: “[…] es la autonomía de la libertad que por vez primera va a poner su mano en la palanca de los hemisferios, para proclamar la verdad y regenerar el espíritu de la vieja Europa” 39 . Y esto solo es posible con la victoria de México, la alianza con los Estados Unidos purificados de la esclavitud. Una nueva concepción de civilización, nos dice Bilbao, que es América y la república.

Del antihispanismo a la no imitación de lo francés, emerge un Bilbao innovador. Se corrobora, es cierto, aquello que Jalif de Bertranou sintetiza del análisis de Norberto Pinilla: en primer lugar, un afán deshispanizante que alcanza todas las esferas de la acción y del pensamiento; en segundo lugar, el americanismo y el sentimiento de trabajar por la patria grande, sin desatender el trabajo por la nación; y, en tercer lugar, una consideración de autoconciencia, un examen de lo que el chileno siente frente a sus demás hermanos del continente americano. Todo ello bajo el trasfondo del liberalismo y del movimiento romántico, aunque incluso éste, como corriente literaria, también ya había tenido su momento de esplendor en Europa 40 . Tal como anota Mondragón, “todo cambia después del exilio en Francia” porque

son los presuntos “bárbaros” los únicos que parecen ser capaces de una auténtica revolución: dirá Bilbao con admiración que ellos fueron los que en 1848 hicieron a las “naciones de Europa […] estremecerse como bajo las plantas de Attila”. Los elementos tradicionales de la sociedad americana -ya no sólo chilena— adquieren una nueva valoración; los indígenas, a quienes antes atribuíaBilbao una influencia perniciosa, ahora son alabados por su resistencia digna y arriesgada, que luchó en nombre de la justicia incluso si parecía que la razón histórica haría ganar al bando contrario. El ímpetu de modernización ha sido sustituido por una preocupación por la justicia social y una reivindicación del valor histórico de la vida americana 41 .

Con este andamiaje creemos que podemos extender la comprensión del famoso ensayo “Sociabilidad chilena” 42 . Sociabilidad entendida como “civilización”. Este texto abre una brecha crítica, de fuerte virulencia, contra el estado de postración en el que se hallaba la sociedad de su tiempo. Se enjuician dos aspectos básicos: la miseria, postergación y pobreza de un alto porcentaje de la población, y la responsabilidad que le cabe de ese hecho a la Iglesia Católica. Ambos símbolos de la barbarie enquistada en Chile como resabio hispánico 43 .

Sin embargo, a diferencia del anterior escrito analizado, todavía en este ensayo hay una identificación con el ideario liberal francés, donde la libertad es la meta y la democracia, su realización.

Lo que nos interesa es la nueva interpretación del pasado, el diagnóstico del presente y cómo concibe el futuro. Es decir, su propuesta innovadora y la mención a la moda. Comienza, nuevamente, con un objetivo: “formar la nueva síntesis” no solo como “[…] hombres de Chile, luego, veamos en las filas de la humanidad el lugar que ocupa el tricolor”. El texto continúa, como lo hiciera en “Emancipación del espíritu de América”, refiriéndose a momentos:

Nuestro pasado es la España. La España es la edad media. La edad media se componía en alma y cuerpo del catolicismo y de la feudalidad.

Examinémosla separadamente. Esa sociedad así llamada, compuesta con los resultados de la civilización romana, idealizada por la religión católica y renovada por las costumbres originales de los bárbaros, forma el núcleo, el nudo que une al mundo antiguo con el mundo moderno.

Roma deja su legislación, su industria y la mitología. El catolicismo, la escolástica, los mitos orientales con el colorido de la revelación, pero con una perfección notable. Los bárbaros, la espontaneidad de sus creencias y la exaltación de la individualidad. Reflexión, fe, espontaneidad; Roma, Oriente, los bárbaros, he allí los elementos. Se chocan, la sangre corre, pero el bárbaro hecho católico triunfó. El tiempo marcha, el sistema se entabla, el catolicismo impera, el bárbaro no abdica completamente su originalidad y la edad media se levanta de entre las ruinas de la invasión, de entre la sangre de tantos años de combate 44 .

En todo este párrafo, Bilbao denuncia el origen de la esclavitud y el despotismo en religión y en política por medio del catolicismo y el sistema feudal. Inmediatamente, en el apartado denominado “Espíritu”, Bilbao se coloca de manera autoconsciente en el siglo XIX y brega por “la sociedad nueva y la filosofía que renueva las religiones”. Para pensar e introducir la moda de ideas, no duda en mostrar su contrario: las costumbres. Para que ellas existan, es necesario “un hecho psicológico”: la repetición. “La repetición de los actos consagra su existencia duradera. De aquí nace la necesidad de la repetición de las fórmulas y ritos que representan el fondo de una creencia. De aquí la necesidad del arte para que inmortalice, si es posible, su existencia” 45 .

Mientras no se dé una modificación en las costumbres, Bilbao avizora que “el individuo es la renovación del sacerdote en su conciencia. Este precepto basta para el mantenimiento de una creencia cualquiera sea” 46 . Emerge aquí la trampa de la repetición, es una renovación de algo dado y no una innovación.

Es que, en materia de innovación religiosa o atraso, Bilbao se anima a hacer una comparación por demás sugestiva:

No hay duda que el cristianismo fue el mayor progreso en materia de religión en cuanto a la rehabilitación del hombre, pero el catolicismo, como fue una reacción oriental, es decir, al simbolismo y a las fórmulas, produjo variaciones hostiles a la pureza primitiva de la doctrina de Jesús.

[…]

La mujer está sometida al marido, –esclavitud de la mujer–. Pablo, el primer fundador del catolicismo, no siguió la revolución moral de Jesucristo. Jesús emancipó a la mujer. Pablo la sometió. Jesús era occidental en su espíritu, es decir liberal; Pablo, oriental, autoritario. Jesús fundó una democracia religiosa, Pablo una aristocracia eclesiástica. De aquí se ve salir la consecuencia lógica de la esclavitud de la mujer. Jesús introduce la democracia matrimonial, es decir la igualdad de los esposos. Pablo coloca la autoridad, la desigualdad, el privilegio, en el más fuerte, en el hombre. Esta desigualdad matrimonial es uno de los puntos más atrasados en la elaboración que han sufrido las costumbres y las leyes. Pero el adulterio incesante, ese centinela que advierte a las leyes de su imperfección, es la protesta a la mala organización del matrimonio 47 .

Lo viejo es la tradición, lo anciano, lo que no permite la libertad del individuo de elegir, escribe el joven Bilbao con apenas veintiún años. Y las costumbres, son víctimas de ello, perpetúan el pensamiento autoritario y alejan la razón individual. Es aquí donde acontece aquel primer párrafo ya citado en el apartado “Moda” del presente escrito, pero que debemos ampliar para iluminar cómo se articula con la cuestión del matrimonio y la situación de los jóvenes. Bilbao lo escribe en términos pretéritos, pero se entiende que se refiere a la situación actual porque: “he aquí nuestro pasado español en el suelo americano. Aquí llegamos a Chile”. Aquella Edad Media proscribía:

El estado de amantes, es decir, el estado de espontaneidad y libertad de corazón era perseguido. La comunicación de los sexos fomenta las inclinaciones, descubre las cualidades y produce relaciones o circunstancias nuevas, originales que no pueden hallarse bajo la vista de la autoridad: luego deben prohibirse. La autoridad y tradición se debilitan con las novedades: de aquí la aversión a lo nuevo, a la moda, y el odio a lo que la promueve, por lo que se debe vivir retirado y solitario. Aislamiento misantrópico. La puerta de calle se cierra temprano y a la hora de comer. A la tarde se reza el rosario. La visita, la comunicación debe desecharse a no ser con personas muy conocidas; no hay sociabilidad, no se admite gente nueva ni extranjera. La pasión de la joven debe acallarse. La pasión exaltada es instrumento de revolución instintiva. Se la lleva al templo, se la viste de negro, se oculta el rostro por la calle: se la impide saludar, mirar a un lado. Se la tiene arrodillada, se debe mortificar la carne y, lo que es más: el confesor examina su conciencia y le impone su autoridad inapelable. El coro de las ancianas se lleva entonando la letanía del peligro de la moda, del contacto, de la visita, del vestido, de las miradas y de las palabras. Se pondera la vida monástica, el misticismo estúpido del padecimiento físico como agradable a la divinidad. Ésta es la joven. El hombre, aunque más altivo para someterse a tanta esclavitud, tiene con todo que llevar su peso: ¡ay del joven si se recoge tarde, si se le escuchan palabras amorosas, pobre de él si se le encuentra leyendo algún libro de los que se llaman prohibidos, en fin, si pasea, si baila, si enamora! El látigo del padre o la condenación eterna son los anatemas 48 .

Nos permitimos citar este largo párrafo porque hallamos precisamente la demostración de nuestra hipótesis: el pensamiento de Bilbao fue revolucionario porque logró anticiparse, a través de la introducción de ciertas modas, a las modificaciones de las costumbres, en definitiva, de la cultura moderna. Asimismo, su diagnóstico fue certero en tanto que la falta de comunicación y de necesidades nuevas, la falta de una enseñanza no católica, la falta de necesidad artística impidió “que se eleve una clase media que preludie la libertad, como la bourgeoisie en la Europa” 49 . Decimos que es un discurso sobre la moda porque permanentemente recala en que, en esa Edad Media española en América –y que la ve perdurar en Chile–, lo que se produce es una “falta de personalidad”. Precisamente lo que precipita la moda es el fin de una homogeneidad aplastante para dar paso al cambio y la novedad. Moda entonces se ligaría al concepto de modernus, cuyo étimo, modus, se lo relaciona con la moda, en su derivación del adverbio temporal ‘modo’ que lleva implícita la idea de novedad, y el reconocimiento del derecho de toda época, generación o cultura a afirmar cierto grado de progreso respecto a lo antiquus 50 . En efecto, en este apartado, Bilbao varias veces menciona la palabra “eternidad” con la esperanza de salir de ella, de un pasado subterráneo, oscuro, y para ello es que prosigue a exponer algunas ideas sobre la “Revolución”. Ella es sinónimo de “edad nueva” ya acontecida en Francia, aunque pretende ubicar la propia en estos lares. Para eso, hace un recorrido rápido por una historia de las ideas de esa sociedad organizada bajo el reinado del credo católico. ¿Cómo se salió de ese estado? Según Bilbao:

En medio de las tribulaciones solitarias, algunos espíritus abrigaban en su seno toda la fuerza de la conciencia individual. Se elevaban a la contemplación de las leyes de la naturaleza, columbraban la armonía divina y entonces el contraste humano los revolucionaba (…) El pensamiento se desenvuelve, Abelardo, Lutero, Descartes, y últimamente Voltaire, Rousseau […] hasta que los profetas de la nueva ley vistieron el manto del tribuno, pusieron en sus labios la bocina de la prensa y el culto se hizo popular 51 .

Así, se pudo revelar el sistema individual, desprendiéndose del sistema antiguo, sin aislarse en un egoísmo misantrópico. Se apoyó en un nuevo vínculo social, un nuevo espíritu que reconocería la importancia de la libertad absoluta del pensamiento como único medio de comunicarse legítimamente. Bilbao se refiere a este siglo XVIII como un “bautismo de la nueva ley”, en tanto “rayo eléctrico, centella divina, la libertad agita su cabeza, golpea la tierra, el universo tiembla”. Sin embargo, es una obra inconclusa porque tanto el poder político, el religioso como el feudal se reúnen para “sofocar la innovación y clavar de nuevo en una cruz a la palabra nueva […] ¿Y el enemigo dónde está? ¿Cuál es el arma tan temible que se quiere embotar?” 52 . La moda, la introducción de lo nuevo y la novedad.

Esta denuncia por la ausencia de lo nuevo en América está extendidamente expuesta en el “Prefacio a los Evangelios. El libro en América” que, recordamos, fue escrito en 1846. En verdad, lo que está denunciando es que los pensadores y hombres de la Independencia “en sus ímpetus de renovación” se estrellaron contra una muralla invisible: los dogmas impuestos por la religión “que limitan la esfera de la fraternidad y de destino a la igualdad de creencias” 53 . Ese pasado hispánico, esas tradiciones y descendencias de España, aun presentes, poseen un espíritu de ocio que invita al inmovilismo. La introducción de lo novedoso la confiere a la esfera de la política y sus diversas facetas de extirpar las formas religiosas. Aquellas formas las observa tanto en México, en “la gran Colombia de Bolívar” [sic Bilbao], en Venezuela que la encuentra en marcha: “pero todavía no columbra la unidad futura de la república en el Estado y en la religión. El pueblo se despierta, su individualidad principia, pero todavía no veo el libro que presente a su lectura. Avanza, pero analíticamente sin el ideal sintético del porvenir” 54 ; en Paraguay, en Ecuador, Perú, en Bolivia. Todos viven en una contradicción en oposición entre las formas republicanas con la educación española de los pueblos, carentes de una idea que se eleve sobre las diferencias. En esta enumeración también incluye a Brasil, Argentina, Uruguay y, por supuesto, a Chile. El diagnóstico de Bilbao en este texto es que: “Un mundo nuevo, resumen de los mundos anteriores, donde parece que han afluido todos los elementos de la vida de los pueblos para producir la fórmula definitiva de la evolución humana” debe emerger, aunque “es en este momento en que está el peligro porque es en la preparación de un porvenir cuando la tentación se aproxima” 55 .

En definitiva, la tendencia de Bilbao es hacia la reflexión sobre la diferencia entre un pueblo que puede quedar antiguo, por seguir los dogmas hispánicos, y uno que puede modernizarse o, mejor, dejar de ser escéptico ante nuevas creencias. Era necesario entonces no solo la introducción de nuevas modas de pensamiento, sino también crear las bases para que esas innovaciones tuvieran las condiciones necesarias para su desarrollo y extensión. Tal como asevera en “Sociabilidad chilena”, los elementos nuevos son: “Renovar las creencias de la plebe, sustituirles la educación filosófica, es darles su conciencia individual, es afirmar la revolución. Afirmar la revolución es entronizar la libertad” 56 . Pero Bilbao es consciente de que esto no es obra de un solo individuo o de un grupo de iluminados. A través de la experiencia de O’Higgins 57 da cuenta de que la única solución es una educación nueva (bajo la teoría de la individualidad y el derecho a la igualdad) que eleve la conciencia individual hacia la libertad. Y esto solo es posible, al decir de Francisco Bilbao, con la política, único medio que puede persuadir y lograr aceptar las nuevas formas que acarreen la libertad de cultos para preparar la nueva síntesis como elevación a la soberanía de todos los individuos, es decir, a la fraternidad de la libertad.

Conclusiones

En el pensamiento de Francisco Bilbao, expresado a través de tres textos seleccionados para este estudio, anotamos que hay un fuerte vínculo entre la introducción de lo nuevo (en particular, de ideas de moda) y el acontecer revolucionario. Tanto la moda política como la revolución implican, en este autor, tomar en consideración el pasado, el propio presente y la construcción de un porvenir. Hemos demostrado que Bilbao era consciente de que su puesta en acción conllevaba una dura tarea no solo de reflexión, sino también de proyección práctica para hacer posible las transformaciones de un pueblo, de una nación. Pero también observamos la fuerte y constante presencia de la noción de “peligro”. El peligro al cambio, el peligro por cuestionar lo establecido, el peligro de la introducción de lo nuevo.

El primer paso ha sido, en los tres textos, atacar la herencia colonial española, fundamentalmente las acciones y actividades de la Iglesia Católica en lo que él llamará “la tierra de los Sud-Americanos”. Luego, colocarse una meta: la libertad de pensamiento individual como modo potenciador de ensalzar la personalidad. Para después emitir un diagnóstico que implica una mirada sobre América hispana. Este diagnóstico lo hizo bajo un método comparativo, no solo observando la Europa no española (principalmente Francia), sino también la América anglosajona. De Francia tomó la consigna revolucionaria "Libertad, Igualdad y Fraternidad” pero logró invertirla y proclamó la fraternidad de la igualdad en libertad; de la América del Norte observó la noción de “individualidad” y “la consagración de la soberanía de la razón”. En contraposición, en América española resaltó la abdicación del pensamiento y la condición de subordinación de los pueblos. Estados Unidos le servirá para demostrar que lo que se precisa no solo es un progreso en materia científica e industrial, sino también una “literatura sui-generis” como expresión de un “Nuevo mundo” que no reconozca superiores en Europa.

También pudimos analizar su cuestionamiento a “los modelos”. En el primer texto, “Sociabilidad chilena”, admite que su presente es “un desierto sin guía” luego de una Edad Media española que debe quedar en el pasado. En este texto de juventud atisba, con la excusa de reflexionar sobre la desigualdad matrimonial que impera en América hispana, que es Francia la que está a la cabeza de las verdaderas transformaciones y de la introducción de las novedades. Pero en el último texto, “Emancipación del espíritu de América”, se retracta de esa admiración precisamente por las acciones despóticas sobre algunas naciones de este continente. En el ensayo intermedio, “Prefacio a los Evangelios. El libro en América” ya se observa un intento de autodeterminación, de renovación fuera de los dogmas, tanto religiosos como políticos. Se plantea la necesidad de introducir lo novedoso, pero también encuentra las herramientas para que aquello sea posible: la esfera de la política y la renovación de una educación en vista a valores particulares, es decir, a principios individuales que sinteticen el porvenir de cada nación.

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1Jalif de Bertranou, 2003, p.14.

2Cfr. Stuven, 1987; Pena de Matsushita, 1985; Fernández Nadal, 2002; Jalif de Bertranou, 2003, 1999; Mondragón, 2014; entre otros.

3Jalif de Bertranou, 1999, p. 129.

4Jalif de Bertranou, op. cit.

5Se le considera el órgano oficial de los jóvenes del movimiento literario de la “Generación del ‘42”, de aparición mensual, a partir del 1 de junio de 1843. “Fue ésta la primera revista literaria chilena pues estaba dedicada a las ciencias y las letras eminentemente, más también se incluían artículos sobre filosofía y cuestiones sociales y políticas”. Jalif de Bertranou, 2003, p. 83.

6La edición que utilizamos es la publicada por su hermano menor, Manuel Bilbao, en Obras completas, Tomo 1, imprenta de Buenos Aires, 1866. Según el editor, en 1846 Francisco Bilbao tradujo al español los "Evangelios” que Lamennais había traducido al francés. Esta publicación se realizó en Lima en 1856, pero el prefacio no fue incluido. En la transcripción de textos se ha respetado la ortografía y sintaxis original.

7Jalif de Bertranou, 2003, p. 48.

8Skinner, 2007.

9Palti, 2009, p. 15.

10Varios autores admiten que, debido a los diversos modos de recepción, este texto ha sido inaugural al “Bilbao escritor”. Jalif de Bertranou (2003) considera a este texto como una crítica abierta a distintos frentes donde se hace un cuestionamiento del pensar tradicional, entendido como negación de los principios más humanitarios. Stuven (1987), por su parte, advierte que como panfleto el escrito contenía una parte crítica por sus diagnósticos de los males que aquejaban a la sociedad chilena, y una parte "constructiva” que, intentando responder a la pregunta “¿qué hacer?”, sugería acciones para completar la revolución.

11Bilbao, [1844], 1866, p. 13.

12Ibid.

13Simmel, [1905], 2014, p. 33.

14Ibid., p. 35.

15Goldgel, 2013, p. 111.

16Para ampliar sobre el concepto polisémico de la moda, véase Goldwaser Yankelevich, 2019.

17Simmel, [1905], 2014, p. 39.

18Esta sociedad, creada bajo el impulso de José Victorino Lastarria, jugó en Santiago “un importante papel en la difusión de ideas y en la formación intelectual de la juventud cultivada […]. El ‘movimiento cultural de 1842’ comprendió todas las ramas de la actividad literaria: poesía, crítica, periodismo, drama, cuento, etcétera”. Grez Toso, 2008, p. 300.

19Jalif de Bertranou, 2003, p. 81.

20Goldgel, 2013, p. 113. Cursivas en el original.

21Ibid.

22Jalif de Bertranou, 2003, p. 132.

23Para una exhaustiva comprensión del contexto, véase Grez Toso, 2007.

24Cfr. Pena de Matsushita, 1985; Fernández Nadal, 2002; Jalif de Bertranou, 2003.

25Pena de Matsushita, op. cit., p. 457.

26Pena de Matsushita, op. cit.

27Para una profundización de la influencia que ejerció Lamennais sobre Bilbao, véase Jalif de Bertranou 2003, pp. 28-33.

28Jalif de Bertranou, op.cit., p. 14.

29Fernández Nadal, 2002, p. 664.

30Fernández Nadal, op. cit., pp. 667-668.

31Tal como asevera Bilbao en la “La ley de la Historia” [1858], discurso leído al abrir sus sesiones en el “Liceo Argentino” en Buenos Aires. “En este texto Bilbao trabajará sobre la idea que concibe al tiempo histórico como una ‘centella’, una sucesión de luces que cortan el futuro, que proyectan luces inesperadas para después apagarse trágicamente”. Mondragón, 2014, p. 61.

32Bilbao, [1863], s/f, 544, cursivas en el original.

33Bilbao, op. cit.

34Bilbao, op. cit., p. 547.

35No obstante, Mondragón (2014, p. 58) señala que la crítica de Francia muestra sus límites: “hay algo en su tradición emancipatoria que sigue manteniendo un cierto valor”. La obra de Bilbao seguirá elaborando qué es lo valioso de dicha tradición: qué debe conservarse, y qué debe ser abandonado o, en algunos casos, qué debe ser renovado y sobre qué hay que introducir novedades.

36Como hiciéramos mención más arriba, Francia invadió México en 1862 para instalar allí a Fernando Maximiliano de Habsburgo.

37Bilbao, [1863], s/f, p. 549.

38En la erudita investigación de Mondragón se advierte que fue Adam Mickiewicz el maestro de Bilbao cuando éste estaba exiliado en la “Europa sin Estado”. Mickiewicz, nombre poco conocido, ocupó en el mundo eslavo “un lugar similar al que en nuestra América tiene José Martí: es el mayor poeta de Polonia, y al tiempo su mayor pensador”. Mondragón recoge los testimonios de la época que le permiten comprender el prestigio del mencionado poeta polaco: “Victor Hugo lo comparó elogiosamente con Homero, y Pushkin puso su obra al lado de la de Dante y Shakespeare”. Para Bilbao, la polaca es una extraña revolución que le permitió comprender la necesaria combinación de la lucha por la determinación nacional con la lucha social. Dicha revolución es crítica respecto de los proyectos de modernización, pues está acostumbrada a haber visto cómo la dominación extranjera a menudo se ha disfrazado de misión civilizatoria que lleva el “progreso” a regiones atrasadas (Mondragón, 2014, pp. 19-21).

39Bilbao, [1863], s/f, p. 549.

40Jalif de Bertranou, 2003, p. 56.

41Mondragón, 2014, pp. 39-40.

42Una observación importante es aquella realizada por Mondragón cuando nos recuerda que, de regreso del exilio en Francia, Bilbao comienza a pensar América Latina como problema: “la experiencia de 1849 es fundamental en ese viraje que aleja al joven Bilbao del liberalismo radical para llevarlo a la construcción de un pensamiento propio. La atención de dos maestros parisinos de Bilbao, Lamennais y Mickiewicz, hacia lo que con Guillermo Bonfil Batalla podríamos llamar ‘América profunda’, preludia el viraje de Bilbao hacia la cuestión indígena, así como sus primeras críticas hacia la oposición entre barbarie y civilización y hacia el privilegio dado a Francia y la Europa desarrollada en cuanto ‘vanguardia espiritual’ de la humanidad” (Mondragón, 2014, p. 50).

43Jalif de Bertranou, 2003, p. 85.

44Bilbao, [1844], 1866, p. 5.

45Bilbao, op. cit.

46Bilbao, op. cit.

47Bilbao, op. cit., p. 9.

48Bilbao, op. cit., p. 13. Las cursivas son nuestras.

49Bilbao, op. cit., p. 14. Cursivas en el original.

50Godoy Domínguez, 2008.

51Bilbao, [1844], 1866, pp. 18-19.

52Bilbao, op. cit., p. 20

53Bilbao, [1846], 1866, p. 72.

54Bilbao, op. cit., p. 73.

55Bilbao, op. cit., p. 78.

56Bilbao, [1844], 1866, p. 27.

57Quien “quiso organizar los elementos sociales: es decir, las tradiciones chilenas con las ideas nuevas, y el poder que las llevase a efecto. Pero en semejante obra vio asomarse las resistencias y entonces tan sólo quiso organizar el poder y fue déspota. El pueblo revolucionado en política protestó y O’Higgins cayó como hombre de organización y como hombre de tradición republicana […] O’Higgins bajo el último aspecto de la organización de un pueblo nuevo, como hombre, era impotente para presentar una síntesis completa”. Bilbao, op. cit., pp. 24-25.

Recibido: 18 de Enero de 2019; Aprobado: 25 de Julio de 2019

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