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Comunicación y medios

versión impresa ISSN 0716-3991versión On-line ISSN 0719-1529

Comun. medios vol.27 no.38 santiago dic. 2018

http://dx.doi.org/10.5354/0719-1529.2018.50650 

Artículos

Las luchas por territorios ancestrales en los medios indígenas. El caso de FM La Voz Indígena

The struggles for ancestral territories in the indigenous media. The case of FM La Voz Indígena

Maria Magdalena Doyle1 

1Argentina. Universidad Nacional de Córdoba Correo electrónico: magdalenadoyle@gmail.com

Resumen:

El artículo analiza la experiencia de la radio La Voz Indígena, emisora ubicada en Tartagal (Salta, Argentina) donde trabajan comunicadores/as de cinco pueblos indígenas. Su historia se remonta a inicios de la década pasada, cuando un grupo de caciques, mburuvichas y otras mujeres y jóvenes indígenas definieron capacitarse en producción radiofónica, en pos de revertir la histórica invisibilización de sus pueblos. Progresivamente, la radio se convirtió en espacio político de referencia para las luchas por los territorios que protagonizan las comunidades indígenas de la zona. Y, simultáneamente, también se constituyó en un ámbito desde el cual visibilizar y legitimar, en el espacio público mediatizado local, las memorias, idiomas, modos y tiempos de habla de las comunidades. Recuperando esa experiencia, el artículo aborda las complejas articulaciones entre las luchas por los territorios ancestrales indígenas y las luchas por la participación en el territorio de la comunicación pública mediatizada.

Palabras clave: Indígenas; radio; luchas territoriales; espacio público mediatizado; La Voz Indígena.

Abstract:

The article analyzes the experience of La Voz Indígena radio, station located in Tartagal (Salta, Argentina) where communicators/as of five indigenous peoples work. Its history goes back to the beginning of the last decade, when a group of caciques, mburuvichas and other indigenous women and young indigenous people decided to train in radio production, in order to reverse the historical invisibilization of their peoples. Progressively, the radio became a political space of reference for the struggles for the territories, in which the indigenous communities of the zone are protagonists. And, simultaneously, it was also a field from which to visualize and legitimize, in the local mediated public space, the memories, languages, ways and times of speech of the communities. Recovering that experience, the article addresses the complex articulations between the struggles for indigenous ancestral territories and the struggles for participation in the territory of mediated public communication.

Keywords: Indigenous; radio; territorial struggles; public space mediated; La Voz Indígena

1. Introducción

Durante las tres últimas décadas, los esfuerzos de los indígenas por transformar las condiciones de hegemonía discursiva que estigmatizan y excluyen sus voces en el sistema de medios de comunicación, se han ido constituyendo en una dimensión importante en las luchas por derechos protagonizados por esos pueblos. Y, particularmente, en las disputas por el derecho a la propiedad colectiva de sus territorios.

Nos referimos a que, desde mediados de la década del 80, en toda América Latina muchas organizaciones y comunidades de pueblos originarios comenzaron a plantearse estrategias para su emergencia en el espacio público mediatizado local, nacional e internacional, y más específicamente en los sistemas de medios de cada región1 (Mercado, 2015; Magallanes-Blanco & Ramos-Rodríguez, 2016; Salazar, 2016; Doyle, 2015, 2017). Estrategias que involucraron, por ejemplo, la creación de áreas de comunicación al interior de las organizaciones; el desarrollo de productos comunicacionales para circulación masiva; la creación de medios de comunicación propios; y, desde la década del 90, la generación de encuentros indígenas en los cuales se comenzó a plantear la disputa por la arquitectura de los sistemas de medios y por el reconocimiento de los derechos indígenas en las normativas que, en cada país y en declaraciones internacionales, regulan a dichos sistemas.

Estas estrategias comenzaron, generalmente, como parte de las luchas por derechos que los distintos pueblos protagonizan en el marco de sus inscripciones en los Estados nación contemporáneos: luchas por el derecho a la propiedad comunitaria de los territorios; por la autonomía política y jurídica; por la intervención en las decisiones sobre los recursos naturales de las zonas en que habitan; el reconocimiento oficial de los propios idiomas; el reconocimiento del carácter pluricultural de los Estados; el derecho a la salud, al agua potable o a la vivienda, entre otros (Bello, 2004; Bengoa, 2009).

En ese marco de progresiva articulación entre las luchas indígenas y los esfuerzos de estos pueblos por disputar presencia en el espacio público mediatizado, situamos el análisis de la experiencia de FM La Voz Indígena (LVI). Se trata de una emisora ubicada en la ciudad de Tartagal, provincia de Salta, que dio sus primeros pasos a inicios de la década pasada y de la cual participan más de veinte personas (principalmente mujeres adultas y jóvenes pero también algunos hombres adultos) pertenecientes, en mayor medida, al Pueblo Wichí y el Pueblo Guaraní, aunque también a los Pueblos Qom, Chorote y Chulupí.

En sus más de quince años de trayectoria, la radio se fue constituyendo en un espacio político de referencia para las comunidades indígenas de la zona, para sus luchas, principalmente aquellas que libran por los territorios. Por otro lado, la centralidad de las mujeres en la radio fue revirtiendo su silenciamiento y relegamiento a un segundo plano en esas luchas, constituyéndose en muchos casos en referentes de las disputas por los territorios. A su vez, en esa trayectoria, el grupo que lleva adelante la emisora transitó un proceso de politización en relación al territorio de la comunicación pública mediatizada: esto es, de reconocimiento de los límites que las lógicas hegemónicas de ese territorio imponen a la posibilidad de ser parte de los que tienen parte en él; de reconocimiento de las barreras que ello conlleva respecto de las posibilidad de éxito en otras luchas; y el emprendimiento de prácticas orientadas a la reversión de esos límites.

2. Marco teórico

Esta convergencia entre luchas por territorios y disputas en torno a las lógicas de visibilización en el espacio público mediatizado se inscribe en el desarrollo de lo que algunos autores llaman “sociedades mediatizadas” (Mata, 1999; Valdettaro & Neto, 2010; Córdoba, 2013). Esto es, sociedades donde se han ido acrecentando “las zonas de la existencia de los individuos que se realizan -o prometen realizarse -a través de los medios y tecnologías que, en consecuencia, se constituyen en garantes de la posibilidad del ser y el actuar” (Mata, 1999: 87).

Esta capacidad configuradora de lo real adquirida por los medios tiene un efecto performativo sobre diversas prácticas sociales. Y especialmente en relación a las prácticas políticas de sujetos colectivos e individuales. Cada vez más, la confianza en esa capacidad configuradora de lo real por parte de los medios opera como base para el diseño de prácticas políticas vinculadas a la puesta en escena de sentidos que se pretende instalar en la agenda pública (Córdoba, 2013). Y ello no sólo en lo que atañe al ámbito de lo político en sentido restringido (esto es, gobernantes y partidos políticos) sino también para movimientos que luchan por derechos (Martín-Barbero & Berkin, 2017).

A la vez, en función de las lógicas hegemónicas de las rutinas productivas de los medios masivos, y particularmente del carácter mercantil que orienta las decisiones de la mayor parte ellos en relación a temas y fuentes que priorizan, muchas veces éstos silencian y/o manipulan los reclamos que demandan desde situaciones de desigualdad. En ese sentido, Martín- Barbero (2002) afirma que, en América Latina, las sociedades y grupos que las conforman experimentan cada vez con más fuerza que los logros y fracasos de los pueblos en las luchas por defender el derecho a existir materialmente y mantener sus culturas, se hallan ligados a las dinámicas y bloqueos de la comunicación masiva.

Es en este escenario donde, principalmente desde mediados de los años 80, muchas organizaciones y comunidades indígenas comenzaron a desarrollar sus propios medios de comunicación. Estos medios indígenas, afirman autores desde los Estudios Latinoamericanos sobre Comunicación y Cultura (Lizondo, 2015; Magallanes-Blanco & Ramos-Rodríguez, 2016; Ramos-Martín, 2018) y desde la Etnografía de los Medios en el campo de la Antropología Sociocultural (Ginsburg, Abu-lughod & Larkin, 2002; Salazar, 2003, 2016), son espacios profundamente políticos ya que, en la mayor parte de los casos, las tecnologías se constituyen en formas de auto-producción colectiva desde las cuales disputar el reconocimiento y reparación de los derechos humanos. En ese sentido, no son ámbitos de “reflejo” de identidades o tradiciones preexistentes sino espacios desde los cuales se están reconfigurando prácticas culturales, saberes y autopercepciones de cada pueblo. Y también, como veremos en el caso de LVI, sus formas de luchas por los territorios.

3. Metodología

Partiendo de ese reconocimiento, la investigación analiza el modo en el cual la emergencia de medios indígenas hace parte de las luchas de estos pueblos por sus territorios. Esas luchas tienen su origen en situaciones de dominación, de subordinación que es a la vez económica, política y cultural dentro de las formaciones estatales. Por ello, dichas luchas y su articulación con las reivindicaciones y prácticas en torno a las posibilidades de expresión en el espacio público mediatizado deben comprenderse en relación a los contextos estatales en los cuales se desarrollan, así como a las lógicas políticas de cada pueblo, organización, comunidad. En ese sentido resulta central, de acuerdo con Turner (2002), el abordaje de experiencias particulares de comunicación indígena, a fin de dar atención teórica a las significaciones construidas desde y en torno a ellas, y en articulación con el análisis de las condiciones en que se configuran.

Siguiendo esa propuesta, el análisis que presentamos es producto de un abordaje de enfoque etnográfico (Guber, 2012), que involucró instancias de observación participante en la emisora en festivales y reuniones, en momentos de lucha por territorios que llevaron adelante comunidades indígenas y que los integrantes de la radio cubrieron, así como entrevistas en profundidad a miembros de LVI. Dicho trabajo de campo se desarrolló entre 2011 y 2016.

4. Análisis

Salta es considerada una de las provincias con mayor diversidad de pueblos indígenas en Argentina: al menos nueve pueblos habitan en sus distintas regiones (Buliubasich & González, 2009). De acuerdo al último censo poblacional (INDEC, 2015), en Salta hay 79.204 personas que se auto-reconocen pertenecientes a pueblos indígenas (6,5% del total de la población provincial). El 24,9% de ellos pertenece al Pueblo Wichí, el 21,6% al Kolla, el 13,7% al Guaraní y el 13,5% al Ava Guaraní. También hay población que se reconoce como miembro de los Pueblos Diaguita Calchaquí, Qom, Chané, Chulupí, Tapiete y Chorote.

Tartagal, localidad en que está la radio, se encuentra a 360 kilómetros de la capital salteña, en el Departamento San Martín -zona denominada como Chaco Salteño-. Allí viven comunidades de ocho pueblos indígenas: Guaraní, Tapiete, Chané, Wichi, Chorote, Chulupí, Qom y Kolla2.

En sintonía con el resto del país, desde mediados de los ‘80 en Salta se produjo una paulatina visibilización de la población indígena, con transformaciones normativas que se suponía que significaban avances en términos de reconocimientos de sus derechos3. Sin embargo, el relato identitario provincial sigue asumiendo a esos pueblos como “otros internos provinciales” (Lanusse & Lazzari, 2005: 224), ya que “los indios son identificados en el pasado y [se entiende que], como tales, sólo sobreviven en el presente en la región chaqueña” (249). A su vez, en este relato, los “indios del Chaco” constituyen “la diferencia interna más irreductible de la salteñidad” (249).

Por otro lado, un indicador de la contradicción entre el reconocimiento legal de derechos y la garantía de los mismos por el Estado es la situación socioeconómica en que están los indígenas en Salta. Por ejemplo, de acuerdo a datos del 2011, el 54,7% de esa población tiene sus necesidades básicas insatisfechas (Anaya, 2012).

Ello se relaciona, en gran medida, con la creciente imposibilidad de los indígenas de contar con territorios en los cuales practicar la agricultura o marisca4. A los históricos despojos de tierras a que fueron sometidos desde el siglo XIX en el marco de la Conquista del Chaco (iniciada en 1870), desde fines del siglo XX se sumó el deterioro del medio ambiente y la pérdida del control territorial causados por actividades extractivas a mediana y gran escala que pusieron en crisis el margen de reproducción y autonomía relativa que tenían las comunidades indígenas (Trinchero, 2000).

Conscientes de esta relación entre sus condiciones de vida y el acceso a territorios, los indígenas de Salta luchan desde hace años por mantener las escazas tierras en que viven o recuperar aquellas que les fueron quitadas (Van Dam, 2007). La situación de los indígenas del Departamento San Martín no es una excepción. Las comunidades tienen cada vez más limitado el acceso a sus territorios para el desarrollo de actividades de caza, recolección y sembrado. En el mejor de los casos cuentan con pequeñas parcelas que destinan casi exclusivamente a viviendas. A su vez, en el 83,6% de las comunidades los títulos de esos lotes están en manos de terceros (empresas, iglesias o criollos5) (Buliubasich & González, 2008).

Por ello, como contaba una comunicadora wichí de LVI6, “la lucha por la tierra es la principal para nosotros. Porque sin tierra no me puedo proyectar, no puedo pensar para adelante. Porque me despierto cada día pensando que capaz mañana ya no voy a estar ahí [en la comunidad donde vive]”7. También el cacique wichí de la comunidad El Cevilar8 contaba su preocupación por la imposibilidad de recorrer el monte y practicar actividades que antiguamente permitían la producción de la vida y la cultura de su gente:

Y después se ha perdido un poco lo que es la cultura aborigen. Usted siempre ha visto que la gente ha estado sumergida en el tema de lo que la caza y pesca, lo que es el sustento del campo, el trabajo con la cosecha, y… como que es algo que se va perdiendo en parte. Y la idea de uno es tratar de mantener parte de lo que es la actividad… porque si viene bien la misma sociedad nos da un beneficio pero a la vez nos están quitando los recursos naturales, porque hoy por hoy no puedo treparme a un monte porque me encuentro con un alambrado. Entonces si yo trabajo con parte de artesanía a mí me va a parecer muy dificultoso porque no puedo extraer ni una madera para producir la artesanía (entrevista: El Cevilar, 06/2011)

Simultáneamente, otra disputa de los indígenas tiene que ver con que el Estado cumpla su obligación de garantizarles acceso a servicios básicos: agua potable, puesta en funcionamiento de escuelas y hospitales cercanos a las comunidades, y viviendas.

La lucha por estos derechos es protagonizada por cada comunidad, representada por su cacique. Y en cada lucha esa comunidad recibe apoyo de otras comunidades, particularmente aquellas pertenecientes al mismo pueblo. También hay organizaciones supracomunitarias que tienen presencia en Tartagal, como la Asamblea del Pueblo Guaraní, el Consejo de Comunidades Wichí, el Consejo de Caciques Wichí de la Ruta 34 y 86, y el Consejo de Coordinación de los Pueblos Indígenas de Salta, además de Consejos de Caciques presentes en algunos Municipios (Buliubasich & González, 2009). Y otro espacio de participación política es el Instituto Provincial de Pueblos Indígenas de Salta (IPPIS): durante el período de trabajo de campo de esta investigación, el presidente del Instituto era un dirigente wichí cuya honestidad y representatividad eran cuestionadas por la gente de las comunidades. Se planteaba, entre otras cosas, que era funcional a los intereses del gobierno provincial.

Tanto el IPPIS como las organizaciones mencionadas cuentan con participación casi exclusiva de hombres adultos. En cambio, tienen escasa presencia las mujeres y jóvenes. Algunas mujeres comentaban, incluso, que “Don Calermo [entonces presidente del IPPIS] nos discriminaba también, decía que las mujeres tenemos que quedar en la casa, cuidando los hijos” (entrevista a comunicadora guaraní, comunidad 9 de Julio9, 06/2011).

Este límite a la participación política preocupa a algunas mujeres indígenas. Ellas entienden que protagonizan cotidianamente luchas por los derechos de sus familias y comunidades pero que hay una falta de reconocimiento de los roles que cumplen en esos ámbitos. Lo cual se evidencia, por ejemplo, en estas dificultades que enfrentan para acceder a las esferas políticas dentro de las comunidades y organizaciones (Hirsch, 2008). Así lo explicaba una comunicadora guaraní:

…antes ella [la mamá de la entrevistada] decía que su mamá ella no salía antes, se quedaba en el campo y sembraba, vivían aislados en el fuego, y era los hombres… ellas quedaban en la casa, eran los hombres que salían. Así que… como que uno como mujer tenía miedo de salir al frente, dice, a la par del hombre (…). Sí, eran los hombres que salían antes, antes era el cacique que salía a pelear para que le dieran título de tierra, y el cacique murió y quedó en la nada, y así… (entrevista, comunidad 9 de Julio, 06/2011)

4.1. El surgimiento de LVI, una radio donde “ser libres”

Fue en este escenario de privación de derechos y exclusión política de las mujeres y jóvenes que, a mediados de la década del 90, comenzaron a trabajar en la zona algunas personas que en 2002 constituyeron la ONG Asociación Regional de Trabajadores en Desarrollo (ARETEDE). Los ejes de trabajo de esta ONG son el apoyo a emprendimientos productivos de las comunidades del Departamento San Martín; la concientización sobre los derechos indígenas y particularmente los derechos de las mujeres; y la valorización de los saberes y tradiciones indígenas.

En el año 2002, ARETEDE junto a docentes de la Universidad Nacional de Salta (Sede Tartagal) organizó un taller sobre “Necesidades de información del sector indígena”. De ese taller participaron caciques, mburuvichas10 y sobre todo mujeres de trece comunidades de la zona. Tal como sistematizaron quienes organizaron el taller, “el objetivo fue conocer, desde sus voces, en qué medida se sentían incluidos en el discurso de los medios locales. La respuesta, por conocida, no deja de ser contundente, no se sienten representados bajo ningún aspecto.” (AAVV, 2006: s/p).

Como resultado de aquel taller, los participantes plantearon que querían aprender a “hacer radio”. Entonces, quienes habían generado esta actividad organizaron una instancia de formación radial para indígenas que se dictó desde agosto a noviembre de 2002. Luego, alrededor de veinte personas comenzaron a producir un programa radial semanal que se emitía en una radio estatal local. Y en 2008, por el Premio Nacional Presidencial “Prácticas Educativas Solidarias en Educación Superior”, pudieron comprar los equipos para inaugurar una radio propia, la FM LVI. Como contaba una comunicadora guaraní,

Bueno, así que la suerte de nosotros que… nosotros que éramos del norte, a nosotros nos dio el premio el presidente Néstor Kirchner. Entonces cuando hemos recibido “¿Y qué van a hacer con la plata?”, dice él… él nos preguntaba. “Nosotros queremos tener nuestra radio, a donde nosotros podemos ser libres”, le dije… (entrevista, comunidad 9 de Julio, 06/2011).

4.2. Las luchas por los territorios: eje transversal a la programación de LVI

La programación de la radio cubre entre diez y doce horas de programación diaria, de lunes a viernes. En la mañana hay programas informativos y por la noche programas que tienen como tema central algún género musical pero que también recuperan reflexiones sobre las memorias indígenas de la zona. Durante la tarde, hay programas de opinión con presencia de relatos sobre memoria étnica y segmentos donde se enseña a la audiencia algún idioma indígena, recetas de comidas tradicionales (por ejemplo, cómo comer la doca11 o hacer aloja12) o reflexiones sobre medicina indígena. En general, los jóvenes hacen los programas informativos de la mañana y los musicales de la noche, y las mujeres mayores los programas de la tarde.

Los principales ejes temáticos de la radio han sido siempre dos: la información y las memorias y saberes de los pueblos indígenas de la zona. En términos informativos, la prioridad es la situación de las comunidades indígenas. Principalmente se busca informar sobre los conflictos territoriales.

Durante el período de nuestro trabajo de campo, por ejemplo, tuvo lugar un conflicto en la comunidad guaraní Yariguarenda13 (2012) y otro en la comunidad wichí El Quebracho (2014) . En ambos casos se trata de comunidades que viven en esos lugares desde hace muchísimos años, luego empresarios locales compraron esos terrenos como si hubiesen sido fiscales y empezaron a reclamarlos. Con apoyo judicial, éstos lograron el accionar de la policía, que intentó desalojar violentamente a las comunidades. En las dos situaciones las comunidades resistieron durante alrededor de cuatro meses y finalmente lograron mantenerse en sus lugares, aunque con la amenaza permanente de nuevos intentos de desalojo.

Durante esos conflictos, en cada reunión, cada marcha al Municipio o cada intento de desalojo la radio estuvo presente a través de sus movileros/as. Además, mientras duraron los conflictos varias veces por semana algún miembro de las comunidades participaba en el informativo de la mañana para contar avances y retrocesos de la situación que estaban viviendo.

Incluso algunos/as comunicadores/as recuerdan como un éxito haber logrado instalar un conflicto en la agenda de otros medios:

…había una vez también que en Tonono15 había problemas con una empresa y los paisanos querían secuestrar la camioneta para que haiga negociación. Y bueno, el dueño fue, los denunció y… el juez ordenó que vayan a reprimir y ahí fue que murieron un anciano, había chicos lastimados con el gas lacrimógeno. Bueno, eso ningún medio sacó y nosotros sí lo sacamos. Y así…información que en otras radios no salía, nadie sabía. Y bueno, creo que después salió en el diario también (entrevista a comunicador guaraní, comunidad Yariguarenda, 06/2011)

De este modo, la radio se fue convirtiendo en espacio político de referencia para las luchas indígenas por los territorios. Cada vez que hay conflicto en alguna comunidad, los caciques van a la radio (lo cual a veces toma varias horas de caminata) a contarlo. Así lo recordaba una integrante de ARETEDE:

…una vez, cuando se produjo la represión en Tonono en la ruta 86 el único programa donde los paisanos podían ir a hablar libremente era ese, y fue ese sábado en que todos faltaron, y llegó una camioneta llena de gente al borde del llanto para hablar en el programa y para mí fue toda una experiencia porque yo hasta ahora no hablo ninguna lengua indígena, y ellos venían a hablar en su lengua, porque ellos esperaban encontrarse con sus comunicadores, porque además ya los tenían como referencia en las comunidades: las comunidades wichi sabían que estaba Carmelo, la Berta, que podían ser sus interlocutores, poder establecer un diálogo verdadero en sus lenguas y cuando llegaron y no estaba ninguno y estaba yo solamente con el operador… y el que lideraba el grupo que llegó me dijo “pero nosotros vamos a hablar en wichí”… yo nunca me voy a olvidar de eso porque la gente no se quería ir, quería hablar, usar el espacio, y acordamos que así sea, que el programa lo conduzcan ellos, yo iba a abrir el programa, presentar los temas y acompañarlos. (…). Yo nunca supe qué dijeron en ese programa, pero era verlos hablar, verlos cómo lloraban frente al micrófono y la impotencia mía de no poder hacerles preguntas, y en algún momento en que ellos hacían algún vacío, silencio wichí como le decimos, yo más o menos instalar una pregunta para marcar una guía para un oyente que no hable wichí, y ellos trataban de responder en castellano, pero se notaba que no querían hablar en castellano (entrevista, Tartagal, 06/2011).

Simultáneamente, también otros problemas de las comunidades son informados en la radio: cuando un médico que debía atender en una comunidad no cumple su obligación; cuando en las elecciones de delegados del IPPIS no dejaron participar al Pueblo Wesnayekk porque no tenía reconocimiento estatal o cuando una comunidad corta una ruta demandando que el Estado construya viviendas.

En ese sentido, los/as comunicadores/as asumen que la radio es “un arma” para defender a las comunidades16: la posibilidad de hacer públicas las prácticas discriminatorias y violentas hacia los indígenas contribuye a que médicos, maestros, policías respeten más a la gente.

Para abordar cada tema, en el informativo se transmiten en vivo entrevistas a representantes de las comunidades y luego quien conduce agrega información y emite su opinión. Porque informar nunca fue solamente mencionar el tema sino profundizar en él, en sus causas y afectados/as:

Mucha información le gusta a la gente… qué sucede en tal comunidad, o si hay un corte de ruta. Pero las radios que tenés en el centro [de Tartagal]… hay muchas radios que se tocan ahí, pero se puede tocar un poquitito nomás el tema indígena y ya se van nomás. Pero siendo una radio indígena no importa si el problema sea pequeño, pero saben que ahí se puede profundizar qué pasó, cuál es el motivo y no pasarlo nomás. (…) Por ejemplo de la desnutrición. Muchas radios no tocaron el tema profundamente, más antes sí se dieron esos problemas, muchos casos pasó. Pero ahora cuando el problema es aún mayor, cuando el Estado, la provincia misma se entera de eso, recién vienen los medios, siendo que el problema surgió hace mucho. (…) Pero nosotros estuvimos en el aire nunca dejamos pasar esas cosas (entrevista a comunicador wichí, comunidad El Carpintero17, 06/11)

Simultáneamente, la radio busca dar publicidad a iniciativas que desarrollan las comunidades: campeonatos de futbol, fiestas y eventos solidarios. Y emite información sobre otras cuestiones de interés como campañas de vacunación o la llegada de oficinas temporarias para gestionar el Documento Nacional de Identidad.

En relación con la información, el desafío siempre fue construir la propia agenda temática y romper con modos de construcción de la noticia que predominan en otros medios locales. En LVI, los protagonistas y las fuentes principales son los mismos indígenas:

…nos sentábamos en frente del micrófono y lo que nosotros siempre… poníamos esto frente de nosotros: nosotros no somos los protagonistas, nosotros no somos un medio, yo como un locutor no puedo hablar tonteras nomás, como hacen otros, no puedo imitar otro locutor, yo llevo un diario o una página de Internet y digo lo que dice la página del diario, digo lo que dice ahí… no, nosotros no, nosotros estuvimos recorriendo como locutores, nos metíamos… como somos de acá, y charlamos con los vecinos, nos sentábamos, tomábamos un té o un vaso de agua, sentíamos lo que ellos piensan, o escuchábamos lo que ellos piensan, lo que ellos piensan, cuando nosotros ya nos sentábamos frente al micrófono decíamos lo que es, lo que nosotros vemos, lo que nosotros sentimos. Porque somos de acá, somos indígenas… (entrevista a comunicador wichí, comunidad El Carpintero, 06/2011)

El otro eje temático de la programación de LVI es sobre las memorias y saberes indígenas de la zona. El abordaje de estos temas está vinculado a dos objetivos: por un lado, construir legitimidad sobre esos saberes y memorias al interior de las comunidades, que sufrieron siempre discriminación e incluso fueron obligadas por distintas iglesias a negar sus pautas culturales (Castelnuovo, 2015). La reversión de la auto-negación de las pautas culturales asociadas a la indigeneidad es un objetivo de la radio, sobre todo de las mujeres. Y ellas asumieron, desde el primer taller de radio, que la presencia de sus saberes y memorias en el espacio público mediatizado contribuiría a ese objetivo. Es para los jóvenes de las comunidades, explican, para que sepan de sus culturas y estén orgullosos:

En la radio yo hablo de historia, en mi programa cuento la historia porque es… la base principal, la historia que hemos pasado ha sido enterrada. Yo creo que la juventud de hoy no sabe cómo hemos luchado para seguir viviendo… porque la lucha es vivir…seguimos vivos como pueblo originario porque nuestros ancestros han sabido valorar, han sabido luchar para que sigamos vivos. Entonces en mi programa yo hago eso, contar historias para que nuestros hijos sepan, porque la escuela nos enseñan la historia… de luchadores como San Martín (…) que han luchado… pero nosotros como pueblo aborigen también tenemos nuestros luchadores que han vivido las guerras, todas las luchas ¡Nosotros tenemos héroes! Y esos héroes es que nosotros queremos rescatar… (Exposición de comunicadora wichí,11/201118)19

El otro objetivo es compartir estos saberes y memorias con el resto de la sociedad de Tartagal, para contribuir al respeto y valorización de las identidades y pautas culturales indígenas. Una comunicadora guaraní, por ejemplo, contaba orgullosa que muchos “criollos” de Tartagal escuchaban su programa, y un día uno le dijo que tenía un cuaderno donde anotaba las palabras en guaraní que ella traducía al aire.

En esos programas también es central la temática del territorio. Por un lado, se busca dar cuenta de los tiempos largos de la expulsión de los indígenas de sus propios territorios, a partir de relatos sobre la historia de la Conquista del Chaco como momento inicial del despojo; pero también con relatos sobre líderes indígenas que lucharon por esos territorios. Así contaba un comunicador guaraní, hablando sobre un radioteatro que realizaron recuperando la historia del Cacique Cambá (1860-1884), perteneciente al Pueblo Qom:

Nosotros lo hicimos con nuestra propia fuerza, de querer que la historia del Pueblo Qom sea visible, porque el radioteatro viene de un documento verídico de 1884, cuando el Estado argentino ya estaba conformado. Hasta ahora, hasta el 2011, pasaron 128 años… pero las cosas que pasaron todavía están en la memoria de nuestros abuelos. Las aberraciones, las violaciones de las mujeres, la venta de los niños, la venta de prisioneros cautivos que habían sido llevados a la isla Martín García. Y el ideal de este luchador del radioteatro, del actor principal, de querer defender a su pueblo del trabajo esclavo y el despojo (…). Y eso nos llena de orgullo a nosotros, podemos decir que la lucha no ha sido en vano, la sangre derramada. Si no fuera por esa lucha no estaríamos vivos tampoco, contando… (entrevista, 06/2011)

También relatan cómo los modos y tiempos de vida de los indígenas han estado siempre intrínsecamente vinculados a los tiempos de la naturaleza, y cómo ella hace posible la vida de las comunidades. De eso se habla, por ejemplo, a partir de contar sobre los tiempos del embarazo relacionados con los de crecimiento de ciertas plantas y lo que es necesario comer en cada momento de la gestación. O instando a indígenas y no-indígenas a volver consumir los frutos de esas tierras, entendiendo que eso históricamente permitió “crecer mejor y enfermarse menos” (entrevista a cacique wichí: El Cevilar, 06/2011).

De este modo, en el “aire” de la radio se construyen sentidos en torno a la articulación entre las identificaciones indígenas y los territorios en que esos pueblos viven. Articulación que se constituye en fundamento político-cultural de las disputas indígenas por dichos territorios. Y es que, como contaba una comunicadora wichí de LVI en un taller que tuvo lugar en 2016 en Córdoba20,

…territorio es el lugar donde han hecho senda y vivido nuestros abuelos, han ido a recolectar y campear. Antes no había fronteras, donde queríamos íbamos (...). Es donde no sólo se vive, sino también donde recorrían y vivían los abuelos. Todo eso para mí es mi territorio, nos pertenece esa tierra. Donde ellos han pasado y dejado huellas, donde han conocido, nacido, recorrido. Nosotros entramos al monte y sabemos dónde es la salida, sabemos dónde estaban antes. El territorio es donde hay lucha, continuar las luchas es un lugar importante donde nosotros podemos ofrecer el sacrificio.

Territorio es donde hay lucha. Son los lugares ancestrales, de los/as abuelos/as, y a la vez propios, de quienes hoy luchan por ellos. Y territorio es también el espacio público, ámbito donde actualmente se libra gran parte de las disputas por los derechos indígenas. Es el espacio desde y en el cual “rodear al tigre” que asecha, despoja y mata:

…para mí es muy importante todo esto, porque cuando hubo desalojo en El Quebracho (…) y nos comunicábamos, los caciques se levantaban, y entonces cuando se levantan todos, se para el desalojo. Mi papá contaba un cuento: él decía que la comunidad iba caminando y salió un tigre. Algunos querían correr. Pero había un anciano que decía “que nadie se mueva, que se preparen todos los hombres y rodeen el tigre: el peligro está ahí, en el tigre”. Entonces, como empezaban a gritar todos, el tigre huyó. Yo pienso que eso tenemos que hacer (exposición de comunicadora wichí, 04/2016).

5. Conclusiones

LVI nació al servicio de las necesidades informativas y expresivas de los indígenas. Muchos comunicadores y comunicadoras plantean, utilizando una metáfora espacial, que la radio vino a romper con modos hegemónicos de circulación de la información entre las comunidades y el “afuera”. Es decir, se constituyó como lugar desde el cual “sacar” la información desde las comunidades y “llevar” la información socialmente necesaria (Schiller, 1996) hacia ellas, rompiendo barreras idiomáticas y de agendas informativas que históricamente han bloqueado esa circulación de información.

Desde ese lugar, a su vez, la radio se fue constituyendo en referente político para las comunidades. Especialmente en relación a las luchas por territorios. No sólo como espacio de expresión sino también de construcción de sentidos colectivos y de organización. Tanto es así que en 2015, luego del conflicto en El Quebracho, comenzó a conformarse y reunirse en la emisora un Consejo Zonal de Tierras integrado por miembros de LVI y treinta autoridades de comunidades. El objetivo es poner en común las problemáticas de tierras de cada comunidad y acompañarse en las luchas. Del mismo modo, no solo la radio se constituyó en espacio de referencia sino también sus comunicadores/as, particularmente las mujeres. En los casos que mencionamos, de Yariguarenda y El Quebracho, hay dos mujeres de esos respectivos lugares que son comunicadoras de la radio. A lo largo de los conflictos, ellas fueron constituyéndose en voceras de sus comunidades y en referentes junto a los caciques. En diversas reuniones pudimos verlas tomando la palabra, analizando los conflictos y proponiendo acciones. Así, la participación en la radio significa para las mujeres, marginadas entre un sector marginado, una posibilidad de posicionarse como sujetos políticos en las luchas de sus pueblos.

En síntesis, la experiencia de LVI y su inscripción en las luchas territoriales permite reconocer que la presencia indígena en el espacio público mediatizado involucra tanto una búsqueda de visibilización de las demandas de esos pueblos como un proceso de resignificación del presente y la memoria social en sus propios términos (Salazar, 2003; Magallanes-Blanco y otros, 2013). Y simultáneamente, en el caso de esta emisora, esa presencia también generó transformaciones de las disputas por territorios a partir de resignificar del papel de las mujeres en ellas. En otras palabras, esta experiencia muestra en qué medida los medios indígenas, lejos de ser sólo herramientas de difusión de demandas, son espacios profundamente políticos, de auto-producción colectiva de las comunidades que disputan el reconocimiento de derechos.

Agradecimiento

El artículo surge de nuestra investigación para la tesis en el Doctorado en Antropología de la Universidad de Buenos Aires, defendida en junio de 2017.

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1Hablamos de espacio público mediatizado porque entendemos que, si bien desde sus orígenes el espacio público ha estado atravesado por las formas técnicas dominantes en cada momento, en las sociedades mediatizadas los medios masivos fueron constituyéndose en sus principales arquitectos (Caletti, 2000), visibilizando y legitimando temas, hablantes e interpretaciones. En este sentido, si bien el espacio público integra numerosos ámbitos y modalidades de organización, los medios masivos y las redes informáticas adquieren centralidad como ámbito de referencia y escena privilegiada de intercambios (Córdoba, 2013).

2En el marco de complejos procesos de etnogénesis (Bartolomé, 2003) algunas comunidades que hasta hace poco eran asumidas como parte del Pueblo Wichí comenzaron a reivindicar su pertenencia a un grupo étnico diferente (aunque perteneciente al mismo grupo lingüístico): el Pueblo Weenhayek.

3Ley 6373/86 de Promoción y Desarrollo del Aborigen y Ley 7121/00 de Desarrollo de los Pueblos Indígenas de Salta.

4Es la caza y recolección de especies animales y vegetales en el monte y los ríos.

5Modo en que se nombra localmente a población no indígena.

6Utilizamos la categoría “comunicador” o “comunicadora” porque es el modo en que los miembros de la radio se presentan públicamente.

7En una presentación de las mujeres sobre la situación de sus comunidades. Taller Participativo “Diversidad Cultural, Interculturalidad, Género y Comunicación”, Tartagal, 10/2011. Registro de campo.

8Comunidad de población wichí y chorote, ubicada a cuatro kilómetros de Tartagal sobre ruta provincial 86.

9Comunidad que contiene, principalmente, población guaraní. Ubicada en el noroeste de Tartagal.

10Término utilizado en comunidades guaraníes para nombrar a sus líderes tradicionales.

11Carpobrotus aequilterus. Fruto local.

12Bebida alcohólica preparada en base a la fruta del algarrobo (prosopis alba o prosopis nigra).

13Comunidad guaraní ubicada sobre ruta nacional 34, a diez kilómetros de Tartagal.

14Comunidad wichí ubicada sobre ruta provincial 86, a cinco kilómetros de Tartagal.

15Localidad ubicada a 35 kilómetros de Tartagal.

16Expresión utilizada en varias oportunidades por comunicadores/as de la radio.

17Comunidad wichí ubicada sobre ruta 86, a cuatro kilómetros de Tartagal.

18Exposición en el Taller Participativo “Diversidad Cultural, Interculturalidad, Género y Comunicación”.

19En diferentes momentos los integrantes de LVI utilizaban alternativa y, en general, indistintamente las nociones de pueblo indígena, aborigen u originario aludiendo a una categoría identitaria que trasciende las diferencias entre los pueblos de la zona. Cuando indagamos sobre los sentidos otorgados a esas categorías nos encontramos con la respuesta de que cada una se ha ido “poniendo de moda” en diferentes momentos para la interpelación (sobre todo desde el Estado) y la autoreferencia de esos pueblos. Y, a la vez, que valoran la potencia política de la categoría originario por remitir a la preexistencia en los territorios que habitan.

20Taller de Traducción Intercultural de los Movimientos Sociales, Universidad Popular de los Movimientos Sociales, coordinado por Boaventura de Souza Santos e impulsado por la Secretaría de Extensión de la UNC. 04/2016, Córdoba. Registro del taller, en el cual participamos integrando el equipo organizador.

Sobre la autora

Doctora en Antropología (UBA) y Magíster en Comunicación y Cultura Contemporánea (UNC). Docente e investigadora de la UNC y CONICET. Coordinadora Académica de la Maestría en Comunicación y Cultura Contemporánea y Coordinadora del Programa de Estudios sobre Comunicación y Ciudadanía (CEA-FCS-UNC).

Recibido: 24 de Julio de 2018; Aprobado: 26 de Octubre de 2018

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