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Comunicación y medios

versión impresa ISSN 0716-3991versión On-line ISSN 0719-1529

Comun. medios vol.28 no.40 santiago dic. 2019

http://dx.doi.org/10.5354/0719-1529.2019.55884 

Editorial

Editorial Monográfico Nº40: "El feminismo en la era del algoritmo"

Begonya Saez Tajafuerce1 

Alejandra Castillo2 

1Universidad Autónoma de Barcelona. España

2Universidad Metropolitana de Cienicas de la Educación. Chile

Las imágenes atrapan nuestras miradas. Los dispositivos digitales se han vuelto el señuelo perfecto para hacer que nuestros ojos caigan embrujados, una y otra vez, en el oscuro resplandor de sus pantallas. Sabemos que tras esa suave superficie nos espera una red infinita de imágenes que, como en un torbellino, nos llevan, por el simple efecto del tacto, de una a otra. Este enjambre de imágenes llega organizado y dispuesto en diversas plataformas que, paulatina y progresivamente, han venido a organizar y disponer del tiempo y de la cotidianidad de millones de personas.

Revisar el correo, realizar trámites bancarios, comprar trabajar a distancia, escuchar música, ver películas, chatear, informarse, opinar, enamorarse. Las posibilidades que otorgan las plataformas virtuales parecen ilimitadas. Este desborde afecta de un modo insospechado lo que se entiende por lo privado y lo público, así como la relación entre ambos. Hoy es posible realizar en privado lo que habitualmente se hacía en público, pero también a la inversa. Sin embargo, es importante señalar que el cambio en la relación entre lo privado y lo público no debe ser entendido como una simple inversión de lugares. Se trata más bien de que uno y otro lugar se confunden de tal suerte que ya ni lo público ni lo privado pueden ser descritos tan claramente como lo hacía la filosofía o la teoría política liberal.

Quizás esta clara distinción nunca lo fue tanto o, si lo fue, actuó en favor de un orden determinado. Bien sabemos que la distinción de lo público y lo privado ha significado otras distinciones tales como público/masculino, privado/femenino y, más aún, privado/femenino/doméstico. La distinción público/privado comporta, así, una particular organización del mundo que presupone una definición de la diferencia de los sexos en la que lo masculino habita el reino de la así llamada esfera pública y lo femenino se ciñe al recato de lo privado. Entonces, la distinción entre lo público y lo privado no se traza en terreno neutro, sino que sostiene una ordenación política, social y económica que establece jerarquías, dominios, funciones y lugares. Mary Wollstonecraft, Olympe de Gouges, Harriet Taylor, Flora Tristán, Alexandra Kollontai, Simone de Beauvoir, entre muchas otras, han hecho visible -en distintos momentos y con distintas perspectivas- el dispositivo de género que subyace a la distinción entre lo público y lo privado. Este dispositivo heteronormado y reproductivo no deja de prescribir el lugar de las mujeres más cercano a la familia y a la maternidad al tenor de un guión que no parece ser otro que el que dicta el amor romántico. Fueron las feministas de los años setenta quienes develaron los presupuestos que subyacían a la distinción de lo público y lo privado con la mínima, pero radical y subversiva afirmación: “Lo personal es político”.

Esta misma afirmación feminista hoy vuelve a recorrer el mundo y ocupa foros, medios de comunicación y redes sociales. “Lo personal es político” toma lugar en la protesta feminista contemporánea, pero lo hace en un momento en que las plataformas virtuales son parte de la cotidianidad de una enorme mayoría. Es por ello que el feminismo de “lo personal es político” emerge desde activismos que se apropian las posibilidades de comunicación y conexión que las redes propician. #Me Too, #Balancetonporc o #Niunamenos son modos en que el feminismo ocupa las redes y busca capturar las miradas. Se dispone de lemas mínimos que funcionan en esos contextos reticularmente dinámicos como organizadores y clasificadores de contenidos cuyo mecanismo de búsqueda, circulación y transmisión depende de una secuencia de instrucciones llamada algoritmo.

El feminismo contemporáneo usa a su favor el algoritmo y su forma operativa y dinamiza relatos, quejas e imágenes que dejan en evidencia la persistencia de un orden patriarcal cuyo principal signo es la violencia contra las mujeres. Si bien las plataformas virtuales han trastocado la distinción entre lo público y lo privado, no parece ser cierto que hayan trastocado de igual modo el dispositivo de género heteronormado y reproductivo que le es acorde. Ejemplo paradigma de ello es que se mantenga la prohibición del aborto en una gran cantidad de países hoy en el mundo, a pesar de la resonancia que las iniciativas de legalizarlo han ganado en las redes.

El presente monográfico de la revista Comunicación y Medios del Instituto de Comunicación e Imagen de la Universidad de Chile está dedicado a explorar las apuestas del feminismo contemporáneo en su vinculación con los medios, las redes sociales y las plataformas virtuales en relación a la persistencia del orden patriarcal. Los artículos que lo integran dan cuenta del estado de la cuestión al tenor de los casos estudiados en varios países de Latinoamérica y de España . y de las consiguientes experiencias relativas a los diversos usos que se llevan a cabo de la comunicación digital.

Cabe destacar tres ejes temáticos alrededor de los cuales se agrupan estos artículos: La digitalización de las políticas sexuales en red; los feminismos y sus prácticas en los medios y, en particular, en la prensa escrita y digital; y las estrategias de lucha en redes contra la violencia de género. En lo que hace a la digitalización de las políticas sexuales en red, tres artículos, a cargo de Claudia Pedraza y César Rodríguez (México), Luis Parra y Augusto Obando (Chile), y Ainara Larrondo-Ureta, Simón Peña-Fernández y Julen Orbegozo- Terradillos (España) hacen visible los modos y formas que cobra la diferencia en tanto diferencia heteronormativa a la hora de generar en el espacio digital y a través de la configuración de redes, más o menos específicas, dispositivos tecnopolíticos de orden discursivo que pueden cobrar incidencia, no sólo en clave de género, sino también de clase y raza, en articular alianzas que favorecen la agencia de las mujeres o ciertas formas de sociabilidad sexual en contextos sociales en que opera el veto patriarcal con relación a ello.

En lo que respecta a los feminismos y sus prácticas mediáticas, se incluyen otros tres artículos a cargo de María Dolores Brito (Ecuador), Karen Gheza (Chile) y Marina Sánchez de Bustamante (Argentina) que ofrecen una reflexión sobre las herramientas de orden imaginario que hacen valer los medios de comunicación tanto impresos como digitales para seguir sosteniendo la división sexual del espacio público. Dicha operación comunicativa resulta en la corroboración de desigualdades no sólo de orden imaginario, como la pervivencia de estereotipos de género que están a la base de la organización de las múltiples y diversas jerarquías en las cadenas de producción, sino que también en lo que concierne a los procesos de subjetivación ceñidos a ellas, como es el caso de la maternidad.

Finalmente, los artículos que cierran esta monografía, a cargo de Gema González (Argentina), Daniela Esquivel Domínguez (México) y Marina Acosta (Argentina), abordan algunas de las principales estrategias destinadas a organizar de forma explícita una movilización feminista en redes contra la violencia de género. Violencia de género entendida como un fenómeno estructural que responde a intereses sistemáticos y estructurales de dominación cuya complejidad requiere ser confrontada mediante acciones coordinadas que hacen suyos escenarios digitales. Estas acciones se llevan a cabo, por ejemplo, aplicando las instrucciones de una secuencia finita de operaciones y reorganizando datos ya existentes para denunciar situaciones frente a las que incluso los Estados y sus instituciones se muestran indiferentes.

El feminismo en la era del algoritmo implica evaluar las estrategias, discursos y prácticas que han sido parte de la movilización feminista en el contexto de la imagen, de las plataformas y de los ambientes virtuales. Esta evaluación –o quizás, más bien, una puesta al día de tales estrategias, discursos y prácticas– es lo que insta a abrir este número de la revista de Comunicación y Medios.

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