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Diálogo andino

versión On-line ISSN 0719-2681

Diálogo Andino  no.46 Arica mar. 2015

http://dx.doi.org/10.4067/S0719-26812015000100005 

ARTÍCULOS

CATEANDO LA PALABRA. LA CONSTRUCCIÓN DE NUEVOS ARCHIVOS SOBRE LA SOCIEDAD DEL SALITRE*

LOOKING AT THE WORD: THE CREATION OF NEW ARCHIVES ABOUT THE NITRATE SOCIETY

 

Sergio González Miranda** y Pablo Artaza Barrios***

* Resultado Proyecto Fondecyt N° 1130517.

** Universidad Arturo Prat, Instituto de Estudios Internacionales (INTE), Iquique, Chile. Correo electrónico: pampino50@gmail.com

** Universidad de Chile, Departamento de Ciencias Históricas, Santiago, Chile. Correo electrónico: partaza@u.uchile.cl


La historia del salitre se comenzó a escribir desde el siglo XIX, utilizándose materiales más o menos diversos, ubicados tanto en bibliotecas y archivos tradicionales como en archivos personales. Basándose en estas fuentes se escribió, durante mucho tiempo, una historia centrada en reproducir y contextualizar el contenido del hallazgo documental. Posteriormente, en paralelo con el desarrollo de la disciplina histórica y junto a los nuevos enfoques teóricos, se registró tanto un aumento como una diversificación en las fuentes disponibles para el análisis de la industria y sociedad salitreras. Proceso este último que se vio expandido por programas de investigación historiográfica sobre el ciclo de expansión del nitrato que, en su esfuerzo de renovación temática y teórica, se plantean nuevos problemas e hipótesis más audaces que habían quedado excluidos de la historia tradicional del salitre -como la memoria, la vida privada y la microhistoria-, obligando a los investigadores a la tarea de crear archivos nuevos para dar respuestas a esos problemas e hipótesis. En este artículo se analizan dos archivos creados para el estudio de la sociedad del salitre: uno referido a entrevistas de Hombres y Mujeres de la Pampa, y otro a cartas encontradas en los basurales del desierto, denominado Pampa Escrita.

Palabras clave: sociedad salitrera, programas de investigación historiográfica, creación de archivos.


The History of Nitrate started in the nineteenth century, using more or less diverse materials, located in libraries and in both traditional and private archives. On the basis of these sources a history was written, for a long time, focused on reproducing and contextualizing the content of the documentary find. Subsequently, in parallel to the development of the historic discipline and together with new theoretical approaches, it was registered both an increase and a diversification of the sources available for the analysis of the industry and nitrate societies. Process that was spread by programmes of historiographic research on the expansion cycle of nitrate that, in its effort of thematic and theoretical updating, new problems and more daring hypothesis are arisen that had been excluded from the traditional history of nitrate -such as memory, private life and microhistory-, forcing researchers to create new archives to provide answers to those problems and hypothesis. In this article two archives are analysed created to study the nitrate society: one referred to interviews of Hombres y Mujeres de la Pampa, and the other related to letters found in the garbage dumps of the desert, known as Pampa Escrita.

Keywords: nitrate society, programmes of historiographic research, creation of archives.


Introducción

Los cateadores eran capaces de detectar el caliche depositado en el subsuelo solo con la mirada. Ahorrando -mediante el acto de escrutar el desierto- mucho dinero a las empresas que, de lo contrario, debían remover mucho más material inerte del necesario. De paso, con el ejercicio de su habilidad también favorecieron el paisaje al disminuir la violencia del hombre y de la tecnología sobre la naturaleza. En realidad era una mirada llena de sabiduría, porque sabían interpretar el color de la superficie de la pampa, la particular gravilla que acusaba la presencia de caliche, hasta eran capaces de descifrar el olor que emergía del suelo. Los historiadores, del mismo modo, debemos saber catear los registros y testimonios que nos dejó la sociedad del salitre que habitó ese desierto, la que si bien, en una proporción muy significativa se encuentra en los archivos oficiales y organizados, tanto públicos como privados, también existe la posibilidad que una parte relevante de ella -no tanto por su cantidad, sino que especialmente por su calidad- haya quedado en el terreno mismo donde esa sociedad se desplegó. También pueden estar en lugares dispersos, del país y del extranjero, incluyendo innumerables pequeños archivos privados. Indudablemente, es la propia memoria de los hombres y mujeres protagonistas de esa sociedad la que ofrece la información más valiosa a la que nos estamos refiriendo.

Siguiendo con la metáfora salitrera, no todo lo que se extraía de las calicheras era aceptado por los correctores y jefes de pampa como caliche de buena ley, y ello llevó a que aún hoy puedan verse en la pampa salitrera cúmulos de material que en su momento fue rechazado y, por lo mismo, no pagado a los obreros particulares que trabajaban a trato o destajo. Sin embargo, no todos los vestigios de ese salitre rechazado es posible verlo en nuestros días, pues según los pampinos decían, muchas veces la empresa beneficiaba este material cuando ya el obrero no podía cobrarlo, constituyendo uno más de tantos abusos que sufrieron, ya que esos cúmulos de supuesto material inerte sí contenían caliche. Del mismo modo, los especialistas en ar-chivística pueden -basándose en sus conocimientos y normativas- considerar que algunos materiales no califican para ser considerados en fondos o colecciones que constituyan archivos aptos para el estudio del ciclo de expansión del salitre. Sin embargo, indudablemente hay todavía cúmulos de información dispersa y -a veces- despreciada que espera aún ser convenientemente beneficiada, o como lo señalaba en forma acertada March Bloch, "cuanto más se empeña la investigación en llegar a los hechos profundos, menos se le permite esperar la luz sino por rayos convergentes de testimonios de naturaleza muy diversa" (1952: 56).

Volviendo a la metáfora, el caliche era analizado con una mecha, oficio que realizaba el mechero bajo la supervisión del corrector o del jefe de pampa, para determinar la calidad del mismo. Por ello, el caliche de las primeras pampas era de muy alta ley, después con las nuevas tecnologías de lixiviación del salitre se comenzó a beneficiar caliche de menor ley. Con la historiografía pasa algo similar, partió interesada en los grandes acontecimientos, "la gran historia", concentrada en torno a lo público y trascendente, pero con la aparición de nuevos enfoques teóricos volvió su interés hacia lo privado, a "la pequeña historia", cuya trascendencia se sitúa más en lo teórico. Por ejemplo, el fenómeno de la muerte puede ser entendido como un gran acontecimiento solo cuando se incorporan a la disciplina nuevos enfoques teóricos, como el planteado por Philippe Ariés: "la hipótesis, ya propuesta por Edgard Morin1, de que existía una relación entre la actitud ante la muerte y la conciencia de uno mismo, de su grado de ser, más simplemente, de su individualidad. Es ese hilo el que me ha dirigido a través de la masa compacta y todavía enigmática de los documentos: él ha trazado el itinerario que he seguido hasta el final" (1999: 499). Los documentos que utilizó Ariés fueron literarios, litúrgicos, testamentarios, epigráficos, iconográficos; dejando en claro que fue el enfoque teórico quien le llevó hacia los archivos que requería, y no al revés.

La historiografía, si bien tiene enfoques y metodologías que le son propias, así como una utilización particular de las fuentes, ello no implica que no pueda abrirse al trabajo interdisciplinario, así como también, que cada vez más tienda a caminar hacia nuevos horizontes e incorporar miradas que requieren información que hasta ahora se asociaba a otras disciplinas como la antropología, la sociología e incluso la arqueología y la arquitectura. Así, la historiografía sobre la vida privada -como la plantearan Georges Duby y Philippe Ariés (2001)- por ejemplo, no puede dudar respecto de su aproximación a la sociología de la vida cotidiana de Agnes Heller (1977); como la microhistoria de Carlo Ginzburg (1981) y Giovanni Levi (1985) no puede disociarse completamente al quehacer desplegado por los antropólogos en comunidades e, incluso, familias y sujetos, como lo venía haciendo Óscar Lewis (1965). Donde cada uno de estos nuevos horizontes viene asociado, por igual, a una nueva jerarquización de fuentes, a una exploración nueva sobre los viejos archivos.

A pesar de lo señalado estamos conscientes que, a fortiori, la información historiográfica debe ser evaluada por especialistas para considerarla elegible como parte de un archivo útil para la investigación científica o académica. Pero el propio progreso disciplinario y las nuevas tecnologías archivísticas han forzado la inclusión en sus anaqueles de registros de información que antes era imposible de encontrar en las Bibliotecas y Archivos, especialmente cuando las tecnologías audiovisuales y computacionales ampliaron esa posibilidad, alcanzando -en términos de Le Goff (1982)- una verdadera revolución documental.

Los registros de la historia del salitre: Desde las fuentes tradicionales a la búsqueda de nuevos archivos

Como es natural, los registros más recurrentemente utilizados para realzar la escritura de la historia del salitre han evidenciado un desarrollo paralelo al que, en términos más amplios, ha experimentado la misma disciplina de la historia. A partir del trabajo pionero de Guillermo Billinghurst (1889) y de Roberto Hernández (1930), las investigaciones relativas al ciclo salitrero tendieron a recurrir a las bases habituales de las fuentes tradicionales. Así, a las colecciones de bibliografía y -especialmente-folletines depositados en la Biblioteca Nacional de Santiago y en la Biblioteca del Congreso Nacional, paulatinamente se le fueron adicionando colecciones archivísticas que enriquecieron el análisis historiográfico, aunque manteniendo sus características más tradicionales, como puede apreciarse en la obra de Oscar Bermúdez (1963, 1984), la que incluso ha sido reseñada como positivista (Téllez, 1984: 14; González, 2012: 68). A su impulso, el relato historiográfico sobre la historia del salitre ganó en su ordenación y en el esfuerzo destinado a proporcionarle sistematicidad, pero el análisis en profundidad de las temáticas abordadas debió permanecer a la espera, ya que esta vino de la mano de un proceso de renovación disciplinaria a partir de su propio proceso de profesionalización.

Como se desprende del análisis planteado por Julio Pinto (1994) esta transformación disciplinaria, la que a su vez actuó como un estímulo para la ampliación en el uso de los tipos de fuentes disponibles y de las colecciones existentes en los archivos, se registró por medio de una doble vertiente, tanto nacional como extranjera. El primero de ellos planteado inicialmente por autores de la habitualmente denominada historiografía marxista clásica como Hernán Ramírez Necochea (1951), Jorge Barría Serón (1953), Julio César Jobet (1973), o Enrique Reyes Navarro (1973), quienes ampliaron el registro analítico, incorporando nuevas áreas de preocupaciones y, consiguientemente, nuevos tipos de registros y fuentes, ampliando la utilización de los archivos nacionales y, muy especialmente, al incorporar el registro más o menos sistemático de los amplios repertorios existentes de la prensa periódica local, en un período en que esta alcanzó especial profusión y diversidad. En cuanto a la segunda vertiente, esta produjo una intensificación de la ampliación de enfoques disciplinarios y, asimismo, una multiplicación de los registros de fuentes y archivos involucrados en la generación de la historiografía relativa al ciclo salitrero, ya que gracias a las aportaciones de -entre otros- autores como Michael Monteón (1982), Thomas O'Brien (1982) y muy especialmente Harold Blakemore (1974) se incorporaron al horizonte informativo disponible una exhaustiva revisión de diversos repertorios nacionales y, tal vez más importante aún, colecciones documentales públicas y privadas existentes en algunos de los países mas directamente involucrados con la sociedad salitrera, destacando por sobre todo la revisión de archivos británicos, los que comenzaron a hacerse conocidos para una serie de nuevos investigadores chilenos como Manuel Fernández Canque (1978), Juan Ricardo Couyoumdjian (1986), o el mismo Enrique Reyes Navarro (1985).

De la mano de esta transformación en el cultivo de la historia, es que cada vez resultaron ser más amplios los tipos de fuentes y los repertorios documentales existentes que comenzaron a ser considerados para explorar nuevas facetas de la realidad salitrera como para igualmente reexaminar, bajo nuevas perspectivas, algunas ya previamente consideradas. Como ocurrió con la intensificación de la utilización de la prensa popular como fuente, de la atención prestada a los acervos bibliográficos y documentales diseminados en el mismo Norte Grande y que comenzaron a sistematizarse como archivos en condiciones de uso por parte de los investigadores, como ocurrió con el Archivo Histórico Vicente Dagnino (de la Universidad de Tarapacá), con el Archivo Regional de Tarapacá (hoy dependiente de la Dirección de Bibliotecas Archivos y Museos) y con los Archivos Históricos de la Región de Antofagasta (de la Universidad Católica del Norte), y que se reflejó contundentemente en el reflorecimiento historiográfico sostenido, que a partir de los años 1980, se orientó al análisis del ciclo salitrero, con trabajos desarrollados de la mano de autores como Julio Pinto (1982), Eduardo Devés (1988) y Manuel Fernández (1988), entre muchos otros.

A partir de ello y a veces en paralelo, el trabajo desplegado por Sergio González, primero encabezando el Taller de Estudios Regionales (TER-Iquique) y luego a cargo de diversos equipos de investigación, en torno a un esfuerzo orientado por comprender -en todas las dimensiones posibles-la sociedad del salitre bajo el ciclo de expansión, nos llevó a descubrir la importancia de ampliar la información disponible en los archivos conocidos sobre esta industria minera, la cultura y sociedad que se desplegó en torno a ella. Desafío que fue asumido bajo la premisa de priorizar la importancia de la memoria colectiva, la que -como destacara Le Goff (1982: 181)- "saliendo de la órbita de la historia entendida como ciencia y como culto público -hacia arriba en cuanto depósito (móvil) de la historia, rico de archivos y de documentos/ monumentos, y al mismo tiempo hacia abajo, eco sonoro (y vivo) del trabajo histórico- la memoria colectiva es uno de los elementos más importantes de las sociedades desarrolladas y de las sociedades en vías de desarrollo, de las clases dominantes y de las clases dominadas, todas en lucha por el poder o por la vida, por sobrevivir y por avanzar". Desafío que a la vez exigía su propia 'revolución documental', la que debería orientarse tanto a la ampliación de los registros y acervos archivísticos conocidos, tal cual ya lo venía haciendo la práctica historiográfica, como así también a asumir la tarea más desafiante de la creación de "archivos nuevos".

Lo anterior, porque no se trataba solamente de reconocer como valioso para el quehacer historio-gráfico, por ejemplo, la producción literaria sobre el salitre. Sin perjuicio que existen compilaciones importantes, como la de Yerko Moretic (1960), y trabajos de investigación muy relevantes basados en esa producción intelectual, como los de Mauricio Ostria (2005) y Pedro Bravo-Elizondo (1986); porque consideramos que este valioso material ya se encuentra en repositorios formales y reconocidos, además de tratarse de información secundaria. Lo mismo se puede señalar respecto de los Diccionarios Geográficos salitreros (Riso Patrón, 1890), Diccionarios Biográficos de personalidades, especialmente de dirigentes obreros (Figueroa, 1925-1931; López, 1912), Guías Industriales y Comerciales de las Salitreras (Silva Narro, 1909-1919; French-Davis y Raould, 1923), Manuales prácticos de los trabajos en la pampa salitrera (Macuer,1930), Glosarios de voces de la pampa (Bertrand, 1919; Echeverría y Reyes, 1929; Bahamonde, 1978), revistas sobre tecnología salitrera como Caliche, o revistas sobre vida social como Pampa de la oficina salitrera María Elena, o incluso revistas de recopilación histórica como la misma Camanchaca, entre otras fuentes. Todas ellas, aunque contienen un material de importantísimo valor para comprender el fenómeno del ciclo de expansión del nitrato y de la sociedad que se desarrolló a su alero; sin embargo, este material ya fue seleccionado con antelación y se encuentra identificado y ubicado en archivos conocidos. En síntesis, ya era disponible.

Otro tanto ocurre con las fotografías que se han podido recopilar de la vida en la pampa salitrera, algunas de las cuales están referidas a la tecnología y la industria, otras a los patrones y sus familias, en que generalmente son álbumes de las propias compañías salitreras; fotografías o grabados donde la minoría tienen por objeto retratar la vida cotidiana de los mismos trabajadores, pero en que por su característica de retrato tienden a estar más cerca de una composición que de un testimonio vívido de la cotidianidad. Estas también responden a una ampliación de lo disponible, si bien muchas de ellas correspondían a material conocido, aun para el caso de las ignoradas o de las 'descubiertas', ellas tendían siempre a responder a una lógica intencional de producción de testimonio, por la misma razón resultaban fácilmente clasificables y altamente atractivas para ser incorporadas como colección fotográfica en los archivos tradicionales. Algo muy similar a lo que señalamos respecto de la fotografía fue lo que efectivamente ocurrió, a mediados de los años ochenta, con la estructuración del Fondo Salitre del Archivo Nacional y la colección de afiches, los que junto a una serie de objetos como calendarios, posters y pequeños obsequios daban cuenta de la nutrida actividad desplegada por la propaganda salitrera en el mundo. Esta colección, que ofrece una información relevante de la visión del mercado de fertilizantes de fines del siglo XIX y el primer tercio del siglo XX, además de la estética industrial de ese periodo, constituyó -por su naturaleza- un material que de inmediato se incluyó como una fuente historiográfica del salitre. Si bien hasta esa fecha era desconocido, en rigor no deberíamos considerarlo un "archivo nuevo", pues respondía a las lógicas de ampliación que veníamos señalando, sobre todo porque desde cuando este material se elaboró, lo fue pensado con un destino público e informativo claramente preestablecido. Al volverse disponible, la historiografía puede utilizar este material, transformándolo en fuente relevante para comprender mejor el ciclo de expansión del nitrato, aprovechándolo más adecuadamente en la medida que sea interpretado desde perspectivas teóricas y analizado con métodos históricos vigentes.

A diferencia de lo anterior, la característica principal respecto de los archivos salitreros que definimos de "nuevos" es que, aunque resulte aparentemente evidente, estos no existían antes. No solamente en cuanto a no haber estado disponibles, sino que en un nivel directamente conectado con el avance y expansión de la disciplina, estos archivos -como veremos- fueron creados y luego organizados por los investigadores a partir de los requerimientos de datos por parte de un programa de investigación. Si bien esto se realizó sobre la base de nuevas fuentes que resultaban -posiblemente- conocidas, a ellas no podía accederse extrayéndolas desde una ubicación previamente dada en un anaquel de biblioteca o acervo documental de un archivo. La memoria viva de los sujetos o los materiales depositados en los basurales de la pampa requerían de una nueva cateadura. Así como el desierto se volvió pampa por el acto de nombrarla, a pesar del deterioro natural impuesto por el paso del tiempo, la pampa fue generosa para guardar la palabra, tanto la palabra dicha como la palabra escrita. Para valorarla, se hacía necesario el avance de la historiografía, y también, un programa de investigación que los requiriera. Con ello, se aplicaba una nueva aproximación al dato, que toma distancia de las limitaciones tradicionales de la utilización documental, como lo destacara Ciro Cardoso al indicar el error de quienes "pensaban en los documentos como condición necesaria y suficiente -con tal de saber criticarlos externa e internamente- para la historia como disciplina, para el ejercicio de la profesión de historiador" (2000: 140).

Así, la construcción del dato pasa a ser un elemento clave en el quehacer historiográfico, lo que resulta válido tanto para quienes trabajan con datos cualitativos como cuantitativos, y que se relaciona directamente con la construcción de archivos nuevos, ya que gracias a ellos es posible acceder a nuevas formas de procesar la información. Hay autores que insisten en la dimensión heurística de la investigación, quienes sostienen que "uno de los primeros requisitos de un estudio sistemático de los testimonios históricos es el de la clasificación del material de que se dispone" (Floud, 1975: 21), es decir, de un archivo por ejemplo, tarea no siempre sencilla, ya que "una de las tareas más difíciles del historiador consiste en juntar los documentos que piensa necesitar" (Bloch, 1956: 58); razón por la que el primeros de estos autores señalaba que "mediante su experiencia en la utilización de archivos, los historiadores han desarrollado reglas que les permiten juzgar el valor de los distintos tipos de material, y que les ayuda a manejarlos con eficacia" (Floud, 1975: 22). Sin embargo, como lo afirmó Popper, "el conocimiento no comienza con percepciones u observación o con la recopilación de hechos, sino con problemas" (Popper, 1973: 102), razón por la que, tanto el problema de investigación como las hipótesis podrían requerir de datos que no estén disponibles. Por ello mismo, ante la posible ausencia de datos, es importante para los historiadores poder asumir su quehacer científico bajo criterios más generales y no de conjeturas y refutaciones, como en Popper, o de cierta dependencia del dato existente como es el caso de los inductivistas. Reconociendo, por cierto, como absolutamente válidas en el quehacer científico estas estrategias metodológicas. Sin embargo, nuestra opción fueron los Programas de investigación como los entiende Imre Lakatos (2002).

Los Programas de Investigación de Lakatos ofrecen criterios de evaluación más generales, o como él mismo lo expresara: "Los programas de investigación historiográfica han de ser evaluados como cualquiera otros programas en lo que se refiere al progreso y a la regresión. La superioridad de un programa de investigación historiográfico puede ser juzgada analizando el éxito con que explica el progreso científico" (Lakatos, 2002: 245). En otras palabras, por un lado, la existencia de un cinturón de hipótesis permite soportar la ausencia temporal de datos y, por otro, la capacidad del Programa de demostrar avance efectivo en el conocimiento, permite esa espera. Una espera por un dato que no se encuentra en los archivos conocidos, estimulando la imaginación historiográfica en la búsqueda de nuevas fuentes. Imaginación que, para el caso de quienes se adscriben a un Programa de investigación, tiene un camino iluminado teórica y metodológicamente, tal como lo planteara Le Goff, para quien "la revolución documental tiende también a promover una nueva unidad de información: en el lugar del hecho que conduce al acontecimiento y a una historia lineal, a una memoria progresiva, privilegia el dato, que lleva a la serie y a una historia discontinua. Se convierten en necesarios nuevos archivos en los que el primer puesto está ocupado por el corpus, la cinta magnética. La memoria colectiva se valoriza, se organiza el patrimonio cultural. El nuevo documento es almacenado y manejado en bancos de datos" (Le Goff, 1982: 233).

En esta línea de reflexión cabe, por último, hacer una distinción más respecto del dato científico. Los archivos pueden ser vistos como fuentes historiográficas en la medida en que se transformen en datos científicos, es decir, pueden ser analizadas e interpretadas desde un enfoque teórico o paradigma historiográficos. Para el caso de las cartas de la pampa como de las entrevistas a sujetos pampinos, solo alcanzan el valor de dato historiográfico cuando las analizamos o interpretamos a la luz de determinadas corrientes historiográficas. Por lo que resulta pertinente repetir aquí lo señalado por Le Goff: "Cuando un pintor dice del cuadro de otro pintor: 'Está mal hecho', nadie se engaña; solo quiere decir: 'No me gusta'. Pero cuando un historiador critica la obra de un 'colega' puede engañarse y una parte de su juicio depender de su gusto personal, pero la crítica ha de fundarse, al menos en parte, en criterios 'científicos'. Desde el alba de la historia el historiador es juzgado con el metro de la verdad" (Le Goff 1991: 33). A fortiori, el historiador podría rechazar una fuente (un archivo nuevo) señalando que "no le gusta", como en un momento aconteció con las entrevistas, hasta que la historia oral se fue consolidando, demostrando su cientificidad y su utilidad para la disciplina. Posiblemente, enfrentados algunos historiadores ante un archivo de cartas privadas extraídas de basurales de un cantón salitrero, puedan considerar que no constituyen un corpus de fuentes confiables o históricas, y por ello mismo, menos dignas de formar parte de un archivo histórico, pero no habría sino que demostrar su propia incapacidad. Pese a referirse a un campo disciplinar vecino, sirva de ejemplo lo que ha ocurrido como fruto del quehacer de la arqueología histórica en algunos cantones salitreros de la región de Antofagasta, la que ha demostrado cómo se puede realizar un trabajo científico riguroso con algunos vestigios salitreros, incluyendo basurales, y cómo las aportaciones registradas por esa nueva disciplina se han incorporado en el corpus del conocimiento de la arqueología chilena (Vilches, et al., 2008).

Ello es precisamente lo que hemos intentado hacer desde hace tres décadas ya de trabajo, el que a partir de una experiencia de investigación iniciada desde principios de los años ochenta, primero en torno al Taller de Estudios Regionales (TER) de Iquique y, luego, sostenida en el tiempo por medio de una serie de proyectos de investigación, los que han contado con el apoyo de la Comisión Nacional de Investigación Científica y Tecnológica, por medio de su programa Fondecyt, consistente en desplegar un programa de investigación relativo al ciclo de expansión del salitre y, especialmente, de la sociedad que devino a partir de él. Durante todos estos años, en el desenvolvimiento de este programa de investigación han participado muchos investigadores, algunos de los cuales han permanecido años en su cultivo, incrementando un área colectiva de investigación que entronca con un núcleo duro que se había venido desarrollando desde muchos años antes de nosotros, y que se siente tributario del avance en el conocimiento histórico acumulado a partir de las obras de Guillermo Billinghurst (1889), de Roberto Hernández (1930), y de Oscar Bermúdez (1963, 1984), así como de tantos otros que han coincidido en torno a este espacio maravilloso que es la pampa salitrera (y muchos de los cuales ya hemos citado directamente en la primera parte de este artículo). Es el despliegue y profundización de ese programa de investigación el que ha ido exigiendo la construcción de archivos nuevos -que a continuación pasaremos brevemente a revisar- los que se componen por nuevos datos que pueden ser cateados a partir del avance alcanzado por la disciplina histórica, ya que ambas experiencias, lo que principalmente tienen de común, es que fueron construidos a partir de la palabra, ya sea dicha o escrita, que por su naturaleza estaba llamada a ser excluida de los repositorios de las fuentes tradicionales de la historia. En ambos casos, tanto en el de lo dicho como en el de lo escrito, estos archivos nuevos se caracterizaban por su naturaleza eminentemente privada.

La historia oral como fuente historiográfica. La palabra dicha y la construcción del Archivo Hombres y Mujeres de la Pampa

La experiencia de este primer archivo nuevo surgió inicialmente en la década de los años 1980, en que debido a la emergencia de importantes centros de "Hijos de la Pampa" y de la reciente creación de la Corporación del Salitre, nos preguntamos por el papel que podría jugar el testimonio en el análisis de la sociedad salitrera, por la importancia de la Historial Oral en el estudio de esta realidad social, por la urgencia de recuperar -antes de perderla irremediablemente- la voz de los que habían quedado silenciados de la historia. Evidentemente, ello resultaba de un acercamiento disciplinario particular, de la sociología con la historiografía, por el uso de la metodología de las entrevistas abiertas aplicadas al conocimiento del pasado, lo que incluso nos llevó a discutir esta metodología en la edición del libro Hombres y mujeres de la pampa. Tarapacá en el ciclo de expansión del salitre (González, 1991). Por entonces ya se contaba con un relevante aporte de autores que, desde la historiografía, estaban discutiendo el papel y significado de la oralidad como fuente válida y confiable de la historia, como Jan Vansina (1965), Joutard (1999) y Paul Thompson (1988), entre otros, basados probablemente en las perspectivas abiertas por los trabajos previos que surgieron del encuentro entre la antropología y la historia, lo que puede confrontarse en la buena síntesis planteada por Gwyn Prins (1993).

Así, por medio de una metodología mixta, que combinaba en parte entrevistas abiertas con semi-estructuradas, entre los años 1986 y 1991 (con algunas excepciones), se acometió la tarea de la construcción de un archivo nuevo sobre la base de los testimonios -la palabra dicha- de los hombres y mujeres de la pampa. La ventaja de esta metodología compuesta consistía en que permitía generar una estructura básica y relativamente común de encuadre de la información, pues a todos los entrevistados se les consultaba los datos básicos de su biografía y de su vida en la pampa, y a la vez, de un espacio de libertad en la recuperación informativa gracias a que se dejaba al sujeto explayarse en sus respuestas.

En cuanto a la estructura y forma de organización de la recopilación testimonial, estos se ciñeron a cinco grandes criterios, a saber:

1) Se privilegió a personas que tuvieran más de setenta años de edad. Ello cumplía con una doble condición, ya que por una parte permitía priorizar por lo urgente, debido a que la edad y el consiguiente deterioro de la memoria constituía una amenaza real y directa a la calidad del testimonio. Mientras que, por otra parte, la naturaleza del programa de investigación buscaba construir datos y recoger información del ciclo de expansión del salitre, por lo que los testimoniantes debían haber vivido en la pampa al menos en los años de 1930. En la actualidad es muy difícil obtener testimonios lúcidos de personas que vivieron su juventud en los últimos años del ciclo de expansión del nitrato, lo que hace particularmente valioso este archivo.

2) Para la realización de las entrevistas, inicial-mente se seleccionaron los testimoniantes a la espera de establecer un registro estadísticamente significativo. Ello contribuiría a reconocer regularidades empíricas, es decir, opiniones recurrentes, repetición de sucesos o coincidencias en torno a la experiencia de acontecimientos compartidos, conductas reiteradas, informaciones destacadas por los entrevistados, biografías que compartieran un horizonte común, etc.

3) En cuanto a la composición de la selección de entrevistados y tomando en consideración la estructura demográfica en las oficinas salitreras, se esperaba conseguir al menos un tercio de testimonios de mujeres y dos tercios de hombres.

4) De igual forma, se esperaba reunir una cuota al menos mínima de información de los más diversos oficios dentro de la abigarrada gama de ocupaciones que existieron en torno a la industria del salitre.

5) Por último, se intentó dejar un espacio para testimoniar la singularidad, es decir, para aquello que pudiera situarse en el lado opuesto de la regularidad estadística. Razón por la que hubo la posibilidad de integrar testimoniantes a partir de los temas y acontecimientos específicos que surgían de la propia biografía del entrevistado. Criterio que resultó de gran importancia investigativa, ya que uno de los temas abordados por los entrevistados y que los investigadores desconocían, fue la partida de pampinos hacia el puerto del Callao en Perú, lo que llevó a extender las entrevistas a pampinos residentes en esa localidad y -de esta forma- incluir en los registros a otro grupo de pampinos, hombres y mujeres, los que fueron incluidos en otro libro: El dios cautivo. Las ligas patrióticas en la chilenización compulsiva de Tarapacá (1911-1922), (González, 2004).

A partir de estos criterios se realizó una pesquisa inicial en los diferentes centros de "Hijos de la Pampa", los que por esos años, y aún hoy estaban organizados por nombres de oficinas salitreras, por ejemplo: Hijos de la oficina San José, Hijos de la oficina Iris, o por nombres de cantones, por ejemplo: Hijos del grupo Nebraska, o incluso por medio de nombres genéricos, como "Pampa y mar". A partir de esta información básica se buscó ampliar el universo experiencial, intentando llegar a sujetos que no participaban en los mencionados centros y que, por razones muy diversas, generalmente estaban integrados por personas que ocuparon oficios de empleados o de obreros especializados.

Gracias a esta doble exploración y guiados bajo estos grandes criterios, comenzaron a realizarse las largas jornadas de entrevistas, las que se aproximaron a los doscientos testimonios, en que en algunas oportunidades hubo sujetos que fueron entrevistados en más de una oportunidad. De acuerdo con la época de las entrevistas, el registro se realizó en casetes de cinta de audio, lo que desgraciadamente ha hecho temer por su adecuada conservación, motivo por el cual, recientemente se han estado traspasando a grabación de audio digital todas las entrevistas. Adicionalmente, y debido a que las entrevistas se realizaron hace algo más de un cuarto de siglo, los hombres y las mujeres testimoniantes son hoy personas de muy avanzada edad o desgraciadamente muchas han fallecido, por lo que este archivo se ha transformado con el tiempo en un resguardo de lo que constituyó la existencia de muchos pampinos, a la vez que en una base de datos fundamental para conocer las diversas aristas de la vida cotidiana, sociabilidad y experiencia laboral de los sujetos que dieron vida y animaron la industria del salitre antes del término definitivo del ciclo de expansión del nitrato.

De esta forma fue que se construyó el archivo Hombres y Mujeres de la Pampa, el que ha sido consultado por diversos investigadores, especialmente historiadores e historiadoras, los que se han acercado a él en busca de ampliar y profundizar sus conocimientos, no solo relativos a la minería y sociedad del salitre, sino también de las migraciones transfronterizas durante el período comprendido por el ciclo de expansión de la sociedad salitrera. Igualmente, en las últimas décadas, siguiendo el ejemplo de este archivo y aprovechando el desarrollo de la tecnología, se han realizado registros fílmicos de hombres y mujeres de la pampa, como el realizado en la ciudad de Arica por estudiantes de la carrera de Licenciatura en Historia de la Universidad de Tarapacá, en la ciudad de Arica, por medio de un proyecto EXPLORA y del taller de InvestigacionesCulturales TINCU.

Como indicáramos, en cuanto a su contenido, el archivo es diverso y las posibilidades analíticas que ofrece un archivo construido a base de testimonios de un fenómeno determinado son múltiples, tanto porque las entrevistas pueden organizarse por temas, conceptos o variables, como porque cada testimonio puede ser estudiado como un caso. Así, la variedad de datos contenidos en este archivo nuevo es enorme, ya que dependería de los enfoques o prismas investigativos con que se le mire para que arroje distintas aristas. Evidentemente, su contenido prioritario aparece orientado de acuerdo con los cinco grandes criterios que comentábamos más atrás, lo que tiende a hacer surgir tópico de interés preferente. Destacan así las descripciones relativas a las condiciones efectivas de la vida de los pampinos durante el ciclo de expansión del salitre, con el adicional que ellas no estas retratadas desde un observador externo, no están intermediadas, reportan el testimonio directo de las vivencias cotidianas de los pampinos. Esta condición se mantiene a lo largo de todos los tópicos presentes en los testimonios, ocurre igual con la cotidianidad del trabajo y los oficios, sus características específicas, sus rigores y satisfacciones. Con las prácticas de sociabilidad y asociatividad, con los más diversos procesos históricos conducidos y con los padecidos, con el establecimiento de relaciones sociales, las directas y horizontales y también con las de poder y dominación. Estos testimonios no transmiten imágenes, aun con todas las aprensiones -comunes a la construcción del testimonios y a la variabilidad de la memoria- logran compendiar la misma experiencia vital de los sujetos que las vivieron. Cargado de su propia humanidad, la experiencia contenida en los testimonios no se vuelve relato descarnado, muy por el contrario, gracias a él se evoca la vivencia.

Para hacernos una idea de lo que señalábamos, observemos a continuación una pequeña muestra del catálogo del archivo Hombres y Mujeres de la Pampa, no más allá de un 20% de su contenido total, el que está referido a las primeras entrevistas, aquellas que se realizaron entre los años 1986 y 1987, para poder apreciar bien- a pesar de constituir una pequeña muestra del total- el potencial informativo existente y, también, las posibilidades de análisis que contiene, siempre en función ya sea de un enfoque o del respectivo problema de investigación con que se le enfrente (ver Cuadro 1).

 

Cuadro 1. Muestra de Entrevistados y Entrevistadas entre los años 1986 y 1987.

 

Las cartas personales como fuente de la microhistoria. La palabra escrita y la creación del Archivo Pampa Escrita

Al igual como ocurrió en la creación del registro de la palabra dicha, dos son las vetas de transformación disciplinaria que se vinculan más directamente a la recopilación de la palabra escrita y que sirvió de base para la creación del segundo archivo nuevo, ya que este se ve influido por los enfoques posibles gracias a la microhistoria y a la historia de la vida privada. Posiblemente los trabajos de Luis González y González, especialmente su libro Pueblo en vilo. Microhistoria de San José de Gracia (1968), han inspirado a algunos historiadores latinoamericanos a valorar un quehacer historiográfico centrado en los pequeños eventos más que en los grandes acontecimientos. Siguiendo a Fernand Braudel quien señaló que "no existe una historia, un oficio de historiador, sino oficios, historias, una suma de curiosidades, puntos de vista, de posibilidades" (1968: 107), se abocó a destacar esas otras historias, que podríamos calificar de locales o de pequeñas historias. Sin embargo, fue Carlo Ginzburg (1981), con su libro El queso y los gusanos. El cosmos según un molinero del siglo XVI, editado por primera vez en Turín en 1976, quien perfiló mejor el carácter definitivo de este nuevo enfoque, al poner de relieve las diferencias entre historia local y la microhis-toria y, especialmente, al destacar la importancia de los detalles en la historiografía, develando así una microhistoria que estaba a la misma altura de la gran historia. De esa forma, nos demostró como los documentos, por fragmentados que estuvieran; como los testimonios, aunque fueran parciales, permiten -cuando el historiador conoce bien el marco general en que se desenvuelven- conocer, parafraseando al propio Ginzburg, los hilos y las huellas de periodos oscuros de la historia.

Por otra parte, autores como George Duby y Philippe Ariés (2001), demostraron la importancia de la vida privada en la historia de la humanidad, y lo hicieron de tal forma que esta no solo consistió en llenar los vacíos que se tenía respecto de esta dimensión de la vida en relación con "lo público", sino que evidenciando el porqué esta dimensión privada de la vida entrega una información mucho más relevante para lo que Dilthey (1966) denominó "la experiencia de vida" y el "lenguaje ordinario". Los historiadores Rafael Sagredo y Cristián Gazmuri (2005) dirigieron un proyecto orientado a realizar la construcción de la vida privada en Chile, desde la sociedad tradicional hasta la contemporánea. En el segundo volumen de la colección se incluye un capítulo referido a uno de los múltiples aspectos de la sociedad del salitre, el titulado El mundo de las casas de lata. La vida en la pampa salitrera (González, 2005); precisamente, para su elaboración, algunas de las entrevistas del archivo comentado en el punto anterior, junto a materiales compuestos por este archivo nuevo, constituido por las cartas de la pampa.

Estimulados por esta motivación, y a pesar de lo privado de su información, de lo fútil que muchas veces aparecía su contenido, se apreciaba el papel que los datos contenidos en este nuevo archivo podrían prestar para nuestro programa de investigación. Por ello, se justificaba plenamente -así como también se recompensaba- la paciente labor de recopilación que durante muchísimos años desplegamos en los basurales y ruinas de casas de los campamentos y pueblos salitreros, por lo que cabe aquí también reconocer la labor realizada por el señor Jorge Ocampo Cholele -ya fallecido- en el rescate de este material. En un comienzo, el registro y almacenamiento parecían carecer de sentido, lo inconexo y fragmentado de la información contenida sugería la incapacidad de que en algún momento podía entregar indicios mínimos de historias coherentes sobre la vida en la pampa. Estas cartas que iban emergiendo de la pampa se situaban en las antípodas de los tradicionales epistolarios de los grandes personajes, ese conjunto de cartas que suele ser un pequeño archivo en sí mismo y que puede ser tan fácilmente incorporado a una hemeroteca. Aún sí, afortunadamente se continuó con la tarea, y con el paso de los años, cuando las cartas de la pampa se acumulaban cada vez más, notoriamente había allí indicios, claves y datos, altamente pertinentes para interpretar la vida en las salitreras. Como comentáramos al momento de publicación de este material, gracias a este esfuerzo "Setecientas setenta y cinco cartas hemos logrado reunir, que fueron rescatadas de las manos del viento y extraídas de la tierra negra del basural. El sector de dicho rescate fueron los cantones de Huera, Negreiros y Zapiga, donde se ubicaron las oficinas y pueblos salitreros más antiguos de la era del salitre. Estas cartas no han salido todas de los basurales de salitreras y pueblos del desierto, algunas han sido encontradas en los rincones olvidados de viejas casas abandonadas de los pueblos que han logrado sobrevivir, como Huara, La Tirana o Pozo Almonte. Otros como Negreiros, Santa Catalina, Zapiga, La Noria, Buenaventura, Pintados o Lagunas, al igual que las viejas estaciones del ferrocarril como Central o Mosquitos, ya no tienen nada que ofrecer entre sus paredes destruidas" (González, 2006: 75).

Por las características propias de esta labor de recopilación, la que tenía una función más cercana a un rescate patrimonial que a un proceso planificado de construcción de fuentes, no resultó pertinente -a diferencia del caso del archivo nuevo anteriormente comentado- establecer criterios estrictos de selección inicial. Todas las cartas resultaban igualmente apreciadas, todo vestigio sustraído a su pérdida irremediable significaba una victoria para la historia, para las posibilidades de explorar nuevas historias.

Debido a la zona preferente de búsqueda y rescate, las cartas están asociadas al pueblo de Huara y las salitreras aledañas, y en su gran mayoría corresponden temporalmente a la última década del siglo XIX y las dos primeras décadas del siglo XX, por lo que tienen en común con el material del Archivo de Hombres y Mujeres de la Pampa, el que se circunscriben al marco referencial del ciclo de expansión del salitre.

En lo que respecta a la construcción y estructuración del archivo Pampa Escrita, estas cartas fueron organizadas sin un orden temático, onomástico o temporal, sino que por el mismo orden de aparición, lo que permitía destacar la particularidad de estos hallazgos. A diferencia de las fuentes tradicionales de naturaleza pública, estas cartas privadas se resisten a la tematización, salvo en líneas muy gruesas. Estas palabras escritas para la comunicación interpersonal tenían más sentido e importancia para aquellos que por su intermedio se comunicaban que por la espec-tacularidad de la información contenida. Por ello, cuando se pensó en su difusión, de la misma forma -su propia aparición- fueron digitalizadas y transcritas para ser publicadas en un libro llamado Pampa escrita. Cartas y fragmentos del desierto salitrero, (González, 2006); y en ese 'orden' se construyó el archivo cuando las cartas originales fueron donadas a la Dirección de Bibliotecas, Archivos y Museos (Dibam), para que quedaran disponibles para el uso público de los investigadores en el Archivo Regional de Tarapacá (Ver Foto N° 1), bajo la dirección del bibliotecario señor Ernesto Almonte.

 

Foto 1. Archivo Pampa Escrita en el Archivo Regional de Tarapacá (DIBAM).

 

En cuanto a su contenido, y tal como veníamos señalando, estas cartas se caracterizan por lo fragmentario de la información contenida, no solo porque abordan las más diversas dimensiones de la actividad humana desplegada sobre la pampa salitrera, sino que por su carácter privado, ellas carecen de todo esfuerzo de contextualización. A diferencia de la carta pública, aquella escrita para ser conocida y circulada, la que busca generar reacciones o difundir una opinión y que por lo mismo necesita explicar muy bien aquello que pretendían y las motivaciones -más o menos reales- que los impulsaban; la carta privada constituye un vestigio fugaz, lo que se exagera porque el contexto social y personal de los involucrados en el acto comunicativo es previamente conocido por ellos. En muchos casos hay códigos comunes entre emisor y receptor que escaparán para siempre a nuestra capacidad interpretativa. En parte, eso es lo que vuelve especialmente valioso este material documental, ya que nos sumerge directamente en la cotidianidad de la vida privada de los hombres y mujeres de la pampa, puesto que por medio de la lectura atenta de estas cartas, nos devuelve esa pampa escrita y -gracias a ello- podremos cerrar los ojos e imaginar estos intercambios epistolares como verdaderas conversaciones sostenidas en el espacio salitrero. Estas cartas, verdaderos fragmentos comunicativos, tienen un gran valor en sí mismas y muchas de ellas permiten ser estudiadas como "casos", otras relatan directamente la percepción de los sujetos de la pampa respecto de los más diversos espacios y acontecimientos cotidianos. Hay algunas más que constituyen pequeños epistolarios casuales, como lo que ocurrió con un grupo de cartas que aparecieron en un basural del poblado de La Huaica, escritas por Guillermo Billinghurst, el expresidente peruano, reconocido historiador del salitre y geógrafo de Tarapacá, a su socio Juan Dassori, ambos dueños entonces de la mina de cobre Sagasca, y que se incluyen en este archivo.

Para apreciar con más claridad algunas de las posibilidades investigativas que entrega este archivo de cartas, hemos querido ilustrar con el ejemplo del contenido sintético de un grupo de ellas. Así, del conjunto total de las cartas, treinta y ocho2 están referidas al desarrollo de actividades comerciales en las salitreras, involucrando en ellas tanto la actividad desplegada por parte de casas comerciales o almacenes como también de pequeños actores individuales dedicados a esta actividad y mercachifles. Dentro de ellas, un caso relevante -por la cantidad excepcional de cartas encontradas dirigidas a él- lo conforma el de Pablo Salazar, comerciante del pueblo de Negreiros. Configurando un conjunto de cartas que nos permiten comprender mejor la diversidad de los flujos de mercancías que circulaban en un cantón salitrero a fines del siglo XIX y comienzos del XX, como asimismo, de las formas cotidianas en que esta actividad se realizaba. Pablo Salazar era dueño de un hotel con cantina y un almacén al por mayor y menor, y por el valor de las patentes que pagaba se trataba de un comerciante importante en el pueblo. Lo que se refuerza al apreciar la distribución del comercio en Negreiros hacia 1908, y que gracias a los datos proporcionados por Silva Narro (1909), nos ayudan a poner en su contexto a este personaje (ver Cuadro 2):

 

Cuadro 2. Comercio del Pueblo de Negreiros en 1908

 

Siguiendo con nuestro ejemplo, la primera carta de este archivo nuevo llamado Pampa Escrita se refiere precisamente a una misiva fechada en Iquique el 6 de julio de 1899, la que estaba firmada por Juan Pellarano y se dirigía a nuestro sujeto, Pablo Salazar, relativa a una partida de fideos que le compró el comerciante de Negreiros y cuyo aspecto le merecía cuestionamientos (Ver foto N° 2). Lo anterior, por insignificante que parezca, demuestra que se abastecía de algunos productos por medio de comerciantes instalados en Iquique. Sin embargo la carta N° 34 nos indica que Salazar también realizaba compras de productos bolivianos de la ciudad de Tacna. Estas son las cartas, y una mínima descripción de su contenido, la mayoría fechada el año 1899 (Cuadro 3):

 

Foto 2. Carta de Juan Pellarano dirigida a Pablo Salazar, Iquique el 6 de julio de 1899.

 

 

Cuadro 3. Listado de cartas asociadas al Sr. Pablo Salazar.

 

Cartas que entregan pistas similares a las de Pablo Salazar las hemos analizado en el libro Pampa Escrita (González, 2006), edición que contiene las transcripciones de la totalidad del archivo. A pesar de lo cual, ese análisis no agota las capacidades investigativas que proporciona este archivo; puesto que en ellas cada investigador -premunido de sus propios enfoques y a partir de distintos problemas-puede hallar nuevas relaciones e indicios sobre la vida en la pampa salitrera. Asimismo, en un registro diferente, como buenas pinceladas de la realidad cotidiana de la existencia pampina, estas cartas han inspirado una obra de teatro, escrita y dirigida por el dramaturgo Guillermo Ward, en la ciudad de Iquique; y también han sido consultadas por el escritor Hernán Rivera Letelier.

Conclusiones

Los dos archivos aquí referidos no fueron organizados a partir de un "hallazgo" casual de los autores, sino que -a partir de los datos que requería la investigación sobre la sociedad que se desplegó en el desierto de Atacama producto de la industria del nitrato- se reflexionó en torno a la posibilidad de entrevistar a los propios pampinos y pampinas que vivieron en la pampa salitrera. El ciclo de expansión del salitre había sido estudiado preferentemente desde "lo económico" y "lo político", por ello, gran parte del debate historiográfico relativo a esta industria se centró en torno a la existencia -o no- de enclaves económicos en el desierto de Atacama, y el papel que ello habría jugado en el estímulo o justificación de la emergencia temprana de organizaciones obreras politizadas. Sin dejar de ser muy significativo lo anterior, razón por la cual también lo hemos atendido en nuestros trabajos (González, 1991, 2007; Artaza et al., 1998, Artaza 2006, 2014), pareciera ocultar la existencia de muchos otros procesos históricos tanto o más significativos que ellos, dejando minimizada la presencia en este territorio de un complejo fenómeno urbano, de una heterotopía y un amplio sincretismo cultural, donde la presencia boliviana y peruana, junto a la chilena, definió el carácter de los obreros del salitre. Sabíamos de la existencia de cofradías religiosas, de clubes sociales y deportivos y de filarmónicas y centros artísticos, pero no calzaban bien con esos enfoques desde la economía y desde la historia política. Tampoco la presencia de poblaciones indígena -sobre la que ya habíamos llamado la atención con anterioridad (González, 1997)- y asiática, con sus culturas profundas, podía ser bien explicada. Menos las conmemoraciones del carnaval, de la cruz de mayo, de santos patronos, entre muchas otras expresiones culturales en la pampa. ¿Cómo comprender la relación entre la muerte y el pampino? (Mansilla 2014). Sabíamos mucho del mercado internacional del salitre, pero escasamente de la cocina y las mujeres de la pampa (González, 2014). La vida privada permanecía en la oscuridad en la historia del salitre. En ese marco, fue fundamental conocer la voz de los hombres y mujeres que trabajaron y vivieron en la pampa, y vieron morir a los suyos y los enterraron en los cementerios del desierto. La fortuna del investigador fue tener a la mano a grupos organizados de personas que cumplían con todos los requisitos metodológicos para ser entrevistados sobre el ciclo de expansión del salitre. Ellos permitieron que la voz de los pampinos saliera del olvido para entrar a los anaqueles de la Historia del Salitre.

Años después de organizado el archivo Hombres y Mujeres de la Pampa, el Programa de Investigación sobre la sociedad del salitre llevó a los investigadores a preguntarse sobre la cotidianidad de la vida en los campamentos y pueblos de la pampa. Se realizó un registro de las oficinas salitreras desde Pisagua hasta Taltal, especialmente de los cantones Zapiga, Dolores, Santa Catalina, Negreiros, Huara y La Peña, con el propósito de conocer los espacios públicos y privados que los pampinos habitaron en ese periodo. Se hicieron registros de los campamentos, sus habitaciones, sus zonas de trabajo y esparcimiento, sus plazas, sus huellas hacia las calicheras, la ruta hacia los cementerios, sus caminos hacia los puertos de embarques, etc. De esa forma, se recorrieron también los basurales que solían ser removidos por personas en búsqueda de fichas salitreras y otros objetos de valor para ellos, entre los cuales estaban los sobres de cartas por sus estampillas. De esa forma se accedió al contenido de algunas cartas que, si bien contenían informaciones aparentemente irrelevantes y específicas, permitieron -junto a la decisión de recuperarlas y conservarlas- el surgimiento del archivo Pampa Escrita, el que ofreció una ventana para indagar en la vida privada, el foco de la investigación del Programa sobre la sociedad del salitre, en el que como comentábamos anteriormente, durante sus largos años de desenvolvimiento han participado, más o menos directamente vinculados, un número importante de investigadores. Tal vez resulte importante aclarar que esta vinculación -de los más diversos investigadores con el programa de investigación- no necesariamente ha requerido de adscripciones formales, algunas veces sí -sobre todo cuando se ha tratado de la participación conjunta en proyectos de investigación con apoyo institucional-, pero en otras ha bastado la coincidencia temática, la asistencia común a seminarios o congresos, o más ampliamente aún, la amistad desinteresada. En gran medida, la publicación reciente del libro La sociedad del salitre. Protagonistas, migraciones, cultura urbana y espacios públicos (González comp., 2013) da cuenta del estado actual de este programa de investigación, el que se abre a las nuevas aristas que aún quedan por desentrañar de esta pampa salitrera y de la sociedad que se cobijó en ella.

Cabe, por último, señalar la estrecha relación entre el quehacer investigativo del historiador, como en todas las ciencias sociales, con las fuentes y los archivos, en un doble sentido: 1. Las fuentes y los archivos son esenciales para confirmar o refutar hipótesis, por tanto, sin ellas no puede haber avance en la ciencia y; 2. Los archivos dependen del quehacer investigativo, porque su avance teórico y metodológico aumenta los requerimientos de nuevas fuentes y, por lo mismo, la organización de nuevos archivos3.

Por lo anterior, debería existir siempre una plena conciencia en los investigadores -que debería responder a los imperativos morales e institucionales que R.K. Merton (1980) denomina el ethos de la ciencia- respecto de la necesidad de rescatar, conservar y solidariamente divulgar las fuentes y los archivos que se tienen disponibles para el avance general de la disciplina. Los archivos aquí analizados: Hombres y Mujeres de la Pampa, que se refiere a entrevistas, y Pampa Escrita, que incluye cartas personales, de sujetos que vivieron en el desierto de Atacama durante el ciclo de expansión del salitre, han sido conocidos por medio de libros (González 1991) para el primero y (González 2006) para el segundo. El primero está en proceso de digi-talización para después ser incorporado al Archivo Regional de Tarapacá dependiente de la Dibam y, el segundo, ya se encuentra disponible desde 2007 en dicho Archivo. Se supone que tanto Hombres y Mujeres de la Pampa como Pampa Escrita han sido y se espera que sigan siendo un aporte para la investigación en el campo de la Historia de la minería chilena y latinoamericana, pero sobre todo sean un estímulo para que las recientes generaciones de historiadores de la minería puedan generar nuevos archivos a partir de sus investigaciones.

 

Notas

1 Sociólogo y filósofo francés, autor de la teoría del pensamiento complejo.

2 Nos referimos a las cartas correspondientes a las numeraciones 001, 004, 005, 006, 007, 008, 013, 014, 016, 032, 033, 034, 040, 046, 047, 058, 073, 077, 084, 085, 090, 096, 111, 117, 119, 123, 157, 158, 162, 291, 343, 348, 373, 375, 377, 403, 404, 484. Todas ellas publicadas en el texto Pampa Escrita (González, 2006).

3 En Chile los historiadores muy tempranamente reconocieron la importancia de los archivos, a tal punto que su utilización definía la calidad de la investigación, incluso hubo casos como La crónica de La Serena. Desde su fundación hasta nuestros días, 1549-1870. Escrita según los datos arrojados por los archivos de la Municipalidad, Intendencia y otros papeles particulares, de Manuel Concha, donde en el título el autor señala sus fuentes. Sin embargo, este tipo de historiografía decimonónica solía ser muy descriptiva y no ofrecer problemas de investigación y menos hipótesis, como sí acontece con la historiografía más moderna.

 

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Recibido: 2 de diciembre de 2014. Aceptado: 10 de marzo de 2015.

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