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Diálogo andino

versión On-line ISSN 0719-2681

Diálogo Andino  no.54 Arica set. 2017

http://dx.doi.org/10.4067/S0719-26812017000300143 

Artículos

LA DIÁSPORA CHINA EN IQUIQUE Y SU ROL EN LA POLÍTICA DE ULTRAMAR DURANTE LA REPÚBLICA Y EL INICIO DE LA GUERRA FRÍA (1911-1950)

THE CHINESE DIASPORA IN IQUIQUE AND ITS ROLE IN OVERSEAS POLITICS DURING THE REPUBLIC AND THE BEGINNING OF THE COLD WAR (1911-1950)

Patricia Palma* 

María Montt Strabucchi**  *** 

1* University of California, Davis, Estados Unidos. Correo electrónico: ppalma@ucdavis.edu

2** The University of Manchester, Mánchester, Reino Unido.

3*** Pontificia Universidad Católica de Chile, Santiago, Chile. Correo electrónico: mumontt@uc.cl

Resumen:

Tras la caída de la dinastía Qing y la instauración de la República de China en 1911/12, el Partido Nacionalista Chino inició una nueva era de relaciones con los chinos de ultramar, fortaleciendo vínculos y alentando su patriotismo. En respuesta, estos crearon un movimiento de solidaridad con el objetivo de prestar ayuda al gobierno nacionalista, en especial ante la invasión japonesa en la década de 1930 y la llegada de Mao Zedong al poder en 1949. Utilizando como caso de estudio la comunidad china en Iquique en Chile, se sostiene aquí que la diáspora china utilizó las transformaciones políticas y sociales que vivió la República de China en la primera mitad del siglo XX y durante el comienzo de la Guerra Fría para forjar su identidad en Chile. Utilizando ciertas estrategias comunicacionales, la comunidad china en Iquique se perfiló como un grupo moderno, católico y leal a las políticas del Estado chileno.

Palabras claves: Diáspora China; Iquique; Movimientos de Solidaridad; Guerra Fría

Abstract:

After the fall of the Qing dynasty and the establishment of the Republic of China in 1911/12, the Chinese Nationalist Party started a new era of relations with its overseas communities, strengthening links and promoting patriotism. In response, the Chinese communities abroad created a solidarity movement which aimed to help the nationalist government, especially after the Japanese invasion in the 1930s and Mao Zedong’s coming to power in 1949. With the Chinese community from Iquique, Chile, as a case study, it is argued here that the Chinese diaspora made use of the political and social transformations of the Republic of China during the first half of the twentieth-century and the beginning of the Cold War as a way of forging their identity in Chile. Making use of communication strategies, the Chinese community in Iquique defined itself as modern, Catholic, and loyal to the Chilean state.

Key words: Chinese Diaspora; Iquique; Solidarity Movements; Cold War

Introducción

A pocos días de iniciarse 1950, la comunidad china en Iquique compartía con el diario localEl Tarapacá su preocupación y rechazo por los acontecimientos que estaban sucediendo en China continental con la llegada de Mao Zedong y los comunistas al poder. A pesar de que había transcurrido exactamente un siglo desde que los primeros migrantes chinos llegaran a las costas del Pacífico, sus descendientes instalados en la zona norte de Chile, junto con nuevas generaciones de inmigrantes, mantuvieron un vínculo cercano con su país de origen a pesar de la lejanía geográfica. Desde inicios del siglo XX este vínculo se tradujo en un apoyo concreto a las transformaciones políticas que se estaban viviendo en China y el surgimiento de un movimiento de solidaridad transnacional hacia China Nacionalista en diversos puntos de ultramar. Aun cuando la comunidad china era numéricamente reducida -en 1952 sus miembros a nivel nacional apenas llegaban a 1.051 en un país que para entonces tenía 5.932.995 de habitantes (Instituto Nacional de Estadísticas 1952:152)1, y ocupaba un lugar secundario en la sociedad chilena, esta tuvo un lugar central debido a su naturaleza de comunidad diaspórica y activa frente a las coyunturas por las que atravesó China en la primera mitad del siglo XX.

Este artículo sostiene que la comunidad china en Iquique utilizó las transformaciones políticas y sociales que vivió la República de China para forjar su identidad en Chile. Utilizando algunas estrategias comunicacionales, los chinos en Iquique buscaron presentarse como un grupo moderno, católico y aliado de las políticas del gobierno chileno, en especial en su postura anticomunista durante la Guerra Fría. Este ensayo sugiere asimismo que las comunidades diaspóricas en América Latina y Estados Unidos actuaron como movimientos de solidaridad, al servir de intermediarios y participantes directos de los acontecimientos ocurridos en sus países de origen. Utilizando como una de las fuentes centrales de análisis el diario conservador El Tarapacá, este artículo busca analizar el discurso de los chinos nacionalistas como articulador y reflejo de las dinámicas de la incipiente Guerra Fría en Chile. En una provincia con un característico componente obrero, así como de una considerable presencia de movimientos sociales vinculados a la izquierda, aparece especialmente interesante observar cómo la comunidad china articuló un discurso identitario y de solidaridad alineado con el diario conservador2.

Estudios recientes han enfatizado que los movimientos de solidaridad en la región estuvieron principalmente asociados a fenómenos transnacionales que operaron durante las dictaduras militares. Como ha planeado Jessica Stites Mor, los movimientos transnacionales de solidaridad están motivados por una causa común, y son el resultado de comunidades organizadas que se movilizan ante hechos de violencia política, o violaciones de derechos humanos (Stites Mor 2013). En el caso de Chile, gran parte de los estudios de solidaridad transnacional han estado orientados a la articulación de una plataforma internacional de denuncia a la dictadura militar de Augusto Pinochet, especialmente en Europa (Perry 2016). Sin embargo, es posible considerar que en la primera mitad del siglo XX comunidades diaspóricas de Asia (chinos y japoneses) en las Américas, entre otras, buscaron orientar la opinión pública local de determinada manera hacia sus países de origen (Azuma 2005).

Este artículo estudia uno de los primeros movimientos de solidaridad desarrollados en Chile durante el siglo XX en apoyo a un gobierno extranjero y su población civil3. La comunidad china en Iquique, la más numerosa a nivel nacional, no se mantuvo al margen de las transformaciones y conflictos político-militares que estaban sucediendo en China continental. En la década de 1930, los miembros de la asociación china iquiqueña Chung Wha no solo se adhirieron al proyecto modernizador planteado por el Guomindang4 (en adelante GMD), sino que también se movilizaron para reunir fondos en apoyo al partido y llamar la atención de la comunidad nacional denunciando los graves “abusos expansionistas” de Japón. Con la llegada del Partido Comunista Chino (PCCh) al poder en octubre de 1949, el movimiento de solidaridad iquiqueño adoptó un nuevo giro. Para este momento ya contaban con el reconocimiento de la población iquiqueña y de El Tarapacá, cuya línea editorial simpatizaba con la República de China. Fundado en 1894 y en circulación hasta 1979, El Tarapacá era un periódico de carácter local con una línea editorial conservadora.

Apelando al anticomunismo y al catolicismo como factores unificadores, miembros de la comunidad iquiqueña y chinos condenaron vivamente las condiciones a las que los chinos-cristianos se encontraban expuestos por los “chinos rojos”.

Este artículo está dividido en tres partes. La primera sección entrega antecedentes acerca de la diáspora china en las Américas y sus relaciones con el GMD. Seguido, se analiza la dinámica social y política de la comunidad china-iquiqueña, para entonces la más grande en Chile, enfocándose en su adherencia a las políticas del GMD, en especial al Movimiento Nueva Vida y el apoyo ante la invasión japonesa a China. Finalmente, se estudian los meses posteriores a la llegada de Mao Zedong y los comunistas a China en 1949, observando en El Tarapacá un discurso que se adhiere al de la comunidad china en la cruzada anticomunista, encontrando en la religión y anticomunismo un discurso común.

El Guomindang y el movimiento de solidaridad transnacional en las Américas

Con un número estimado de 50 millones de personas en la actualidad, la diáspora china en ultramar ha jugado un rol fundamental en las políticas internas del país asiático. La migración masiva de chinos a las Américas se inició en la década de 1840, siendo California, La Habana y Lima las ciudades receptoras más importantes. La mayoría de los inmigrantes chinos provenía de la provincia de Guandong, la que atravesaba un acelerado crecimiento demográfico, falta de industrialización, años adversos de cosechas y una creciente presencia del imperialismo europeo, lo que generó una crisis sin precedentes en la región (Tong 2003:20). Durante esos mismos años, la expansión del capitalismo europeo y estadounidense junto con la abolición de la esclavitud africana en varios países produjo una considerable demanda de mano de obra de bajo costo. Solo entre 1840 y 1900 cerca de 2,5 millones de chinos llegaron a California como trabajadores libres bajo un sistema de crédito, con la esperanza de amasar fortunas en las minas de oro descubiertas en la costa estadounidense en 1848. En el caso de Perú y Cuba, muchos de los que llegaron lo hicieron como culíes y en condición de semiesclavitud para trabajar en el comercio de guano, la construcción de ferrocarriles, los campos de algodón y azúcar (Tong 2003; McKeown 2001; Rodríguez 1989).

La diáspora china tendió rápidamente a formar lazos comunitarios como una forma de adaptación en los nuevos territorios de ultramar. La formación de barrios chinos desde la década de 1870 fue una de las principales estrategias utilizadas para promover vínculos no solo comerciales, sino también para hacer frente al creciente discurso antichino (Tong 2003:55). A inicios del siglo XX, los inmigrantes chinos habían consolidado su presencia en el escenario local y valiéndose de diversos vínculos habían formado numerosas sociedades de beneficencia, sociedades secretas, asociaciones familiares y religiosas, y células políticas que fueron fundamentales en la defensa de los derechos de los ciudadanos chinos en las Américas (Young 2014:249). Muchas de estas asociaciones desarrollaron actividades en tres niveles: la familia, la villa y la nación. En el caso cubano, Kathleen López ha destacado cómo muchos de los comerciantes chinos en la isla jugaron un papel importante en la economía local de China gracias a las remesas de dinero que enviaban a sus familias, pero también por el desarrollo de un activo comercio con la provincia de Guandong y el financiamiento de proyectos de modernización nacional como una forma de apoyo a la emergente República de China (López 2013:168).

A pesar de la importancia de los chinos en ultramar, hasta fines del periodo imperial de la dinastía Qing los diversos gobernantes no contaban con políticas concretas hacia sus compatriotas en el extranjero que en su gran mayoría vivían en precarias condiciones (Goutu 2013:31). Esta situación cambió radicalmente con la caída del Imperio y la posterior implementación de la República de China en 1911. El nuevo gobierno estableció que los huaqiao, o ciudadanos chinos viviendo en el extranjero, tendrían un rol importante dentro del Gobierno Nacionalista, y en especial para el GMD. La influencia internacional de Sun Yatsen, junto con el apoyo de los huaqiao, permitió fortalecer su rol como líder y consolidarse en el poder (Wong 1994). Como lo han establecido Lien y Chen (2013), las bases revolucionarias de Sun se encontraban principalmente en las comunidades chinas en ultramar, especialmente en Japón, EE.UU. y el Sudeste Asiático. Durante estos años, la diáspora china contribuyó económica y logísticamente a la causa nacionalista, razón por la que Sun Yatsen solía decir que los chinos en ultramar eran “las madres de la revolución republicana” (Lien y Chen 2013:47).

En 1928, tras someter a los caudillos regionales, el GMD se estableció de manera definitiva en el poder. Al año siguiente abrieron la Oficina de Asuntos Chinos de Ultramar en Shanghái, la que desarrolló una política de inclusión de la diáspora china en los asuntos internos. Una de las primeras medidas de esta oficina fue otorgar la nacionalidad china a todo descendiente en ultramar en virtud del principio jus sanguinis, que establecía que cualquier persona nacida de padre o madre china era ciudadano de la República de China sin importar su lugar de nacimiento. Asimismo, el gobierno promulgó una serie de leyes y regulaciones referidas a inversiones, migración y asociaciones de los chinos de ultramar, estableciendo más de 2.000 escuelas alrededor del mundo. Una de las mayores preocupaciones de esta oficina fue trabajar con asociaciones chinas y establecer ramas del GMD en ultramar con el objetivo de cultivar la lealtad política de los huaqiao, y solicitar una contribución económica para solventar estos proyectos (Goutu 2013:35-36). Los huaqiaorespondieron lealmente al Partido Nacionalista, manifestando su apoyo en tres momentos claves: (a) el Movimiento Nueva Vida; (b) la movilización extranjera durante la guerra contra Japón; y (c) la llegada del Partido Comunista Chino al poder en 1949.

A mediados de los años 30, Chiang Kai-shek inauguró el Movimiento Nueva Vida (新生活運動), el que encarnaba una nueva ideología política que mezclaba el confucianismo, cuyo ideal político era una sociedad basada en el perfeccionamiento moral de las personas, y el legalismo, centrado en el Estado y cuya sociedad ideal es eficiente al servicio del Estado (Dirlik 1975:968). El objetivo último del Movimiento era la creación de nuevos ciudadanos mediante una reforma higiénica y de la conducta. De manera similar a los discursos racistas que circulaban por entonces, el líder del GMD consideraba que la crisis del país se debía a la “degeneración” de los ciudadanos, atribuyendo al estilo de vida de las personas la responsabilidad de tal declive. El Movimiento buscaba así redefinir el rol del gobierno en relación con la moralidad y legalidad de las personas en el proceso de construcción de un Estado moderno, expandiendo su esfera de poder hacia la vida cotidiana (Liu 2013:337). Las comunidades en ultramar se sumaron al llamado regeneracionista de Chiang. En Perú, por ejemplo, el Colegio Chino inició ciertas reformas educativas que apuntaban a mejorar el estado físico de los estudiantes. Según Gabriel Acat, quien estuvo a cargo de la reforma, la actividad física no solo incrementaría la energía de los estudiantes, sino que también desarrollarían la disciplina que las nuevas generaciones requerían (Candela 2013:219).

Un segundo momento en el apoyo de la diáspora a la República de China ocurrió en respuesta de la expansión japonesa. La invasión de Manchuria por el ejército nipón en 1931, y de las ciudades al este y norte de China en 1937 -que daría origen a la Guerra de Resistencia contra la Agresión Japonesa (1937-1945)- intensificó el movimiento de solidaridad que se había iniciado hace algunos años. La invasión de Japón a China jugó un rol determinante en el apoyo de la diáspora china al GMD. El partido nacionalista, que ya había logrado tener influencia en los chinos de ultramar, organizó los llamados Kong Yat Way o Asociaciones contra Japón, con el objetivo de recaudar fondos para la causa nacional (Lin Chou 2004:241). Las mujeres tuvieron un rol clave en la organización de eventos de propaganda, defensa civil y trabajo voluntario para reunir fondos, ropas y medicamentos para enviar a China. Estas “acciones patrióticas” hicieron de las mujeres agentes activas de la revolución democrática china, dando visibilidad a actores no tradicionales de los movimientos de apoyo político chino (Candela 2013:231). En Perú, las mujeres de la comunidad china establecieron la Fundación Cruz Roja, y recaudaron fondos para las víctimas de la guerra. En Estados Unidos se formó la Asociación de Socorro a la Guerra que coordinó los esfuerzos de 300 comunidades en el país para acudir en apoyo de China y el GMD. Los barrios chinos organizaron asociaciones, boicotearon productos japoneses y establecieron campañas masivas de recolección de dinero (Tong 2003:88).

La llegada al poder del Partido Comunista Chino el 1 de octubre de 1949 constituyó un momento decisivo en la relación entre la comunidad diaspórica y su metrópoli. Desde sus respectivos países de residencia, los diversos grupos de chinos tomaron una posición activa para el reconocimiento (o rechazo) del gobierno de Mao Zedong, y la representación de China en las Naciones Unidas. Asimismo, los nacionalistas denunciaron activamente las políticas agresivas del PCCh contra Taiwàn y sus propios ciudadanos. Como analizaremos a continuación, la diàspora china localizada en Iquique apoyó activamente al Partido Nacionalista, buscando el apoyo de la comunidad local en su denuncia de la situación política y social que vivía China en la década de 1930-1950.

La diáspora iquiqueña y la sociedad de beneficencia Chung Wha

Si bien en un inicio los migrantes chinos en el àrea sur andina correspondía casi exclusivamente a hombres, ya para los años treinta la comunidad era mucho más diversa y había crecido en número gracias a un importante número de chinos de segunda generación (Guerrero Jiménez 1997:97; Lin Chou 2004:219). Los migrantes chinos residentes en las principales ciudades de Chile formaron redes de solidaridad que les permitió mejorar las condiciones de vida y laborales, tener una presencia formal en la ciudad y disminuir hechos de violencia racial que fueron comunes durante los primeros años del siglo XX5. Varias de estas redes permitieron desarrollar negocios como pulperías, tiendas de abarrotes y locales nocturnos, entre otros establecimientos (Díaz et. al 2004:480-481). Asimismo, las organizaciones de beneficencia y socorros mutuos generaron vínculos entre sus miembros, pero también fueron formas de interactuar con la comunidad local y mejorar su imagen social. Ana Candela sostiene que algunas políticas de las sociedades de beneficencia, como el auxilio a los mayores -muchos de estos habían llegado durante el siglo XIX como culíes-, buscaban proyectar la imagen de una comunidad conformada por sujetos prósperos, respetables y honorables (Candela 2013:138-140).

La primera sociedad de beneficencia que existió en Chile fue fundada en 1878 en Iquique con el nombre Chung Ye Tong, la que cambió posteriormente a Chung Wha (“China Libre”) con el establecimiento de la República de China en 1911. Este centro fue uno de los más grandes del país, con un millar de socios que con ocasión del centenario de la Independencia contribuyeron con importantes regalos a la comunidad local. En Iquique, la sociedad de beneficencia donó el terreno para construir la Escuela Centenario, fundó la octava compañía de bomberos y creó el Hospital Chino, el que funcionó hasta la década de 1960 (Morales 2004:64). Sus centros sociales fueron utilizados para diversas actividades, desde bodas hasta funerales, y contribuyeron a la creación de una comunidad china (Lin Chou 2004:240).

Bajo el amparo de las asociaciones de beneficencia, el GMD desarrolló una intensa labor política en las Américas. En el caso de Iquique, la llegada de grupos del Partido Nacionalista lograron desplazar cualquier indicio de regionalismo y fragmentación en las asociaciones creadas a lo largo del país “en pro de la causa común”. Bajo este discurso unificador, transformaron a la sede iquiqueña en la célula más poderosa del GMD a nivel nacional (Kam-Ching 1966:148-162)6. La diáspora china en el país, y en especial la de Iquique, defendió los tres Principios del Pueblo -nacionalismo, democracia y bienestar-, base de la doctrina filosófica de Sun Yatsen, y apeló a estos principios para criticar posteriormente las políticas del Partido Comunista Chino. El desarrollo y proliferación de las asociaciones en suelo chileno se produjo de manera simultánea a un discurso abiertamente xenofóbico contra la comunidad china. Desde el gobierno, diversas autoridades se opusieron a permitir la llegada de más inmigrantes chinos por considerar que la presencia “amarilla” en el país solo degeneraba a la sociedad y a sus habitantes (Díaz Aguad 2006). La prensa se sumó a este discurso y contribuyó a difundir la imagen del chino como una persona de “constitución física enfermiza y contagiosa”. Por ejemplo, en 1916 el periódico La Hoja Amarilla, que se imprimía y circulaba en la región, advertía contra “la repugnante y débil raza china [que] aumenta como la plaga de langosta que devasta la fecundidad de los campos” (15 jun. 1916).

Como una forma de apoyar las políticas nacionalistas chinas y de contrarrestar la visión antichina, la colectividad residente en Iquique se adhirió al Movimiento Nueva Vida y su programa de higiene mediante organización de un club deportivo. Así, en 1932 nace el club deportivo Chung Wha, integrado principalmente por jóvenes chinos, pero abierto a toda la comunidad iquiqueña (El Tarapacá [ET], 3 feb. 1950:4). Bajo el alero del club, los miembros de la colonia china desarrollaron su propio equipo de básquetbol, en ese momento uno de los deportes más populares, y de acuerdo con la opinión de la época, este era fácil de practicar y proporcionaba un desarrollo armonioso del cuerpo sin exigir mucho desgaste (Kam-Ching 1966:164). En pocos años el equipo se transformó en uno de los más populares de la región. Además de los logros deportivos, la comunidad china contribuyó a la realización de diversos eventos deportivos y culturales. Por ejemplo, en noviembre de 1949 la colonia donó una “valiosa copa”, la que fue disputada en un evento deportivo entre los clubes de tiro al blanco “Arturo Prat” e “Iquique” (ET 10 nov. 1949: 4). De esta forma, por medio del deporte, la comunidad china estableció una relación con la población local, atrayendo niños y jóvenes locales y buscando demostrar que no poseían “cuerpos enfermos y famélicos”.

Junto con su participación en eventos sociales, la colectividad china también desarrolló una activa labor de solidaridad transnacional mediante la publicación de revistas, libros y folletines. Los chinos de ultramar, apoyados y patrocinados por el GMD, difundieron en sus respectivos idiomas eventos ocurridos en China continental, las que tenían entre sus objetivos exacerbar el nacionalismo, principalmente entre la juventud. Estas publicaciones presentaban un “encendido patriotismo, aunque muy discutible estilo literario”, redactadas principalmente por inexpertos jóvenes seguidores del Partido Nacionalista (Kam-Ching 1966:163). Chung Wha publicó en 1928 uno de los primeros textos de difusión en español titulado “Kuo Min Tag,” en conmemoración del 17° aniversario de la Independencia de la República; según Kam-Ching era el “testamento político” de Sun Yatsen, reproducido en diversas partes gracias a otras comunidades diaspóricas similares a las de Iquique7.

La invasión japonesa de Manchuria en 1931 y la Segunda Guerra sinojaponesa en 1938 incentivaron las labores de solidaridad transnacional de la diáspora china en Chile. Asimismo se observó un incremento del espíritu nacionalista que traspasó a la comunidad china. En 1932, el Comité Chileno Pro Ayuda de la Cruz Roja publicó la revista Gong,dirigida por el poeta iquiqueño Emilio Carvajal Edwards, esta circuló en reducidos círculos chinos, pero fue la base para el desarrollo de otras revistas nacionalistas (Kam-Ching 1966:162). Ese mismo año, con motivo de la guerra con Japón, el Círculo Chino de Propaganda y Extensión Cultural comenzó a publicar la revista CZAT, abiertamente nacionalista y defensora de la República de China, la que se autodenominó “primer periódico de combate contra la agresión nipona”. Dirigido por miembros de la comunidad china en Iquique y editada por el poeta Emilio Carnaval, el periódico no solo denunció la invasión japonesa, sino también destacó los vínculos diplomáticos entre Chile y la República de China con el objetivo de que el país se inclinara por la causa china (Anónimo 1939:1).

Si bien la mayor parte de la campaña anti-nipona provino del interior de la comunidad china, el poco conocido libro China desgarrada (s/f), del escritor ecuatoriano residente en Iquique Francisco Zapatta, fue una de las pocas excepciones. El autor establece que las aspiraciones imperialistas de Japón no eran nuevas, y que este Imperio no solo representaba una amenaza para China, sino también para el resto del mundo. Zapatta acusa a Japón de penetrar encubiertamente en todo el mundo por medio del comercio, una treta que no le había funcionado en Chile, pues “el país ha sabido defenderse instintivamente de las andanzas niponas por estos lados” (s/f:72). En cuanto a la invasión japonesa a China, Zapatta indica que esta había originado la patriótica unificación del pueblo chino y permitido a China resurgir y levantarse para resistir al invasor: “sus hombres están animados por un fervor patriótico que hasta ayer no conocían” (s/f:83).

Este fervor patriótico se observó en las campañas realizadas por la comunidad china en las diversas ciudades del país para acudir en ayuda de la República. En Iquique, la asociación Chung Hwa realizó algunos bailes en beneficio de la Cruz Roja China y la resistencia. En octubre de 1940 El Tarapacá anunciaba la “espléndida reunión social” en ayuda de la Cruz Roja, donde la sociedad iquiqueña participó activamente (Chang et al. 2005:67). Estas actividades se repitieron en las principales ciudades de Chile y en oficinas de la pampa salitrera. En Antofagasta, por ejemplo, se realizaron comidas de gala denominadas “El Tazón de Arroz para los huérfanos de la Guerra”, y en Santiago las juventudes chinas realizaron en junio de 1938 un festival en el Teatro Caupolicán bajo el auspicio del GMD (Kam-Ching 1966:161). El fin de la Segunda Guerra Mundial en 1945 puso término a la invasión japonesa. No obstante, la República, se enfrentaba a un nuevo enemigo: el Partido Comunista Chino, el que vencería en 1949 y traería consigo el traslado del gobierno de la República de China a la isla Formosa (Taiwán).

Guerra Fría en Iquique: el rechazo a la “China Roja”

En Chile, así como en el resto de las Américas, el establecimiento de la República Popular China (RPCh) en 1949 a manos de Mao Zedong dio inicio a una nueva etapa en el movimiento de solidaridad de la diáspora nacionalista hacia la República de China exiliada del continente. A diferencia del periodo anterior, donde el ascenso del nuevo gobierno nacionalista en 1911 parecía ser un asunto de interés interno para la comunidad china en ultramar, la llegada de la RPCh significó una amenaza global y puso a la diáspora china en el centro de las redes locales, nacionales y trasnacionales de la Guerra Fría. Como explica Wang Gongwu (2000), después del triunfo del Partido Comunista Chino en los países anticomunistas los chinos en ultramar estuvieron bajo sospecha por creer que eran comunistas, o al menos simpatizantes de dicha ideología. En ese escenario, la comunidad china en Iquique buscó reafirmar su lealtad con la República de China, pero también con la postura oficial de Chile al inicio del periodo de Guerra Fría, y así mantener la posición que había obtenido hasta ese entonces entre los iquiqueños. La alianza contra la RPCh que se comienza a forjar entre lo publicado en el periódico El Tarapacá y la colectividad china fue entonces el resultado de vínculos ya existentes a nivel de comunidades locales, y de la articulación de un lenguaje común o al menos instrumental, basado en el nacionalismo, el anticomunismo y la religión.

Si bien el GMD mantuvo su influencia durante la década de 1950, el partido perdió el monopolio en la vida política de la comunidad (López 2013:222). Para Diego Lin Chou, el traslado del gobierno nacionalista a Taiwán en 1949 tuvo un gran impacto en la colonia china en Chile, cuyo “entusiasmo y amor patrio mermó de forma notable tras la pérdida de territorios en el continente chino”. Sin embargo, el autor señala que la división entre nacionalistas y comunistas se dio principalmente al interior de la colonia china de Santiago, no así en las ubicadas en Iquique y Antofagasta donde el GMD era sólido, prestigioso y la mayoría de sus miembros marcadamente anticomunistas (Lin Chou 2004:258-261).

En Iquique, el discurso del periódico El Tarapacá -uno de los periódicos con mayor tiraje y más antiguos de la región- fue decisivo en integrar las preocupaciones de la colonia china con el discurso regional y nacional, dándole legitimidad a quienes rechazaban a los comunistas. Durante los meses que siguieron a la llegada de Mao al poder, los miembros de la comunidad china en Iquique iniciaron una campaña de denuncia contra la “China roja,” donde buscaron exponer los abusos que se cometían en el nuevo régimen (Palma y Montt Strabucchi 2011). A diferencia de otras ciudades con gran presencia china -como Lima- donde la voz de la comunidad china no estuvo presente en la prensa local, en Iquique el diario El Tarapacámostró gran simpatía por el centro Chung Hwa y sus actividades sociales y deportivas en la ciudad. A pesar de la hostilidad inicial que algunos iquiqueños habían mostrado contra la diáspora china en la ciudad, la prensa local se sumó a las denuncias y se manifestó abiertamente contra la República Popular China.

A pocos meses de la instauración de la RPCh, El Tarapacá informó que los ciudadanos chinos en Iquique no aceptaban el régimen comunista en su patria, llegando incluso algunos de ellos a buscar nacionalizarse chilenos. Según este diario, “una gran parte de los ciudadanos chinos” que formaban la colonia habían manifestado los deseos de solicitar carta de ciudadanía, una determinación que se justificaba por los muchos años que llevaban residiendo en el país, y formando familia con mujeres locales y “teniendo hijos también chilenos”. Tal decisión habría surgido por su rechazo a los acontecimientos que estaban ocurriendo en China continental (“personalmente no están de acuerdo con el régimen soviético que actualmente gobierna su patria”). Es interesante notar el discurso de Guerra Fría que, en oposición a esta China “soviética”, ellos se identificaban como “democráticos”, uno de los principios establecidos por Sun Yatsen (ET 14 en. 1950:7).

La comunidad china no dudó en utilizar las ceremonias y conmemoraciones para expresar su apoyo o rechazo al régimen comunista, siendo la celebración del día nacional de China el principal evento. Desde 1912, cada 10 de octubre la comunidad china residente en Chile conmemoraba el triunfo de la causa republicana. En Iquique, sede de una de las comunidades más importantes y leales al GMD, la celebración del 10 de octubre era un evento social en el que participaban no solo miembros de la comunidad Chung Wha, sino también cónsules, autoridades y miembros de la élite iquiqueña (Calle 2014:53). De acuerdo con Diego Lin Chou la celebración en Iquique no solo era una fiesta de importancia para la comunidad, sino “que llegó a ser casi un feriado en la ciudad” (Lin Chou 2004:241). La fecha se convirtió en un espacio para negociar el apoyo de la sociedad local y la hegemonía de los grupos al interior de la comunidad china. A diferencia de Santiago, la comunidad china en Iquique continuó celebrando masivamente el 10 de octubre como fiesta nacional. Días después del triunfo de Mao, la colonia Chung Wha informó a la comunidad que ese año no se realizarían actos oficiales para celebrar su aniversario, rompiendo así con una tradición de 37 años (ET 10 oct. 1949:5). Pese a ello, la colonia no dejó de recibir numerosos saludos en el día de su aniversario patrio como se informa en El Tarapacá (ET 13 oct. 1949:5). Al año siguiente, la celebración del 10 de octubre volvió a transformarse en una fiesta local, y el Rotary Club de Iquique rindió homenaje a la República de China, brindando un almuerzo en los comedores del Hotel Prat. La celebración, a la que estuvieron invitados distinguidos miembros de la comunidad china en la ciudad, estuvo a cargo del capitán de aviación don Bernardo Vera y el rector del liceo de hombres Oscar Fabres (ET, 14 oct. 1950:7). En los siguientes años diversas organizaciones civiles locales se adhirieron a las celebraciones de la República de China, entre ellos la Escuela n° 6, el Rotary Club, y la Compañía de Bomberos n° 8 de la ciudad (ET, 8 oct. 1954: 1). Incluso en 1958 la máxima autoridad política regional, el Intendente de la provincia de Tarapacá, se sumó a los saludos a la colonia china, en un momento en que China Nacionalista perdía terreno ante China Comunista, y en la que esta comenzaba a atraer a un importante número de intelectuales, políticos, estudiantes y representantes de los trabajadores en el país (Lin Chou 2004:372-4; Montt Strabucchi 2010:54; 2016:96-98).

Las estrategias desarrolladas por la comunidad china para ganar apoyo contra el nuevo régimen comunista se alineaban con el discurso anticomunista que imperaba en la prensa conservadora y a nivel nacional. En el contexto de Guerra Fría, los países aliados a Estados Unidos, entre los que se encontraba Chile, tomaron medidas en contra del avance del comunismo mundial. En 1947, el gobierno del presidente Gabriel González Videla (1946-1952) decidió expulsar a los comunistas del gobierno protagonizando un giro a la derecha. Al año siguiente dictó la Ley 8987 de Defensa Permanente de la Democracia, conocida como “Ley Maldita”, que proscribió al Partido Comunista e impidió a sus militantes elegir y ser elegidos (Huneeus 2009).

Como parte del discurso común entre la sociedad local y la comunidad china, El Tarapacá reprodujo numerosas noticias en que la RPC era presentada como enemiga del catolicismo en el mundo. Así, el anticomunismo y anticatolicismo fueron discursos que permitieron crear una plataforma más amplia y trascendió a la comunidad china. Una de las primeras medidas del gobierno chino al llegar al poder había sido el encarcelamiento de sacerdotes y católicos, razón por la que el Vaticano emitió una condena contra los comunistas, la que circuló a nivel mundial8. Al llegar al poder en octubre de ese año, el PCCh buscó controlar las organizaciones civiles y el aniquilamiento de la oposición al interior del país, reclamando autoridad respecto de todos los aspectos de la vida, valores y normas de sus ciudadanos. Para Mao, el amor a la Iglesia debía estar subordinado al amor al partido y al país (Leung y Liu 2004:9). La Iglesia católica, con tres millones de creyentes en China, no había sido neutral en la política interna China, manteniéndose íntimamente conectada a los poderes extranjeros que se oponían a la llegada del PCCh al poder. Por esta razón el Vaticano había prohibido a los católicos, bajo pena de excomunión, unirse a cualquier organización comunista, así como publicar, leer o propagar la literatura comunista (Madsen 2004:93, 470). En China, el arzobispo de Nanjing Yu Bin había apoyado a Chiang Kai-shek y el Partido Nacionalista, iniciando una campaña internacional de defensa de los republicanos.

El Tarapacá, al igual que los miembros de la comunidad china en la ciudad, presentó un claro apoyo al Vaticano. En noviembre del 49, el periódico informaba del pronto arribo al país de la misión enviada por la Asociación Cultural Católica China presidida por el arzobispo de Nanjing Yu Bin, la que se encontraba por una gira en América Latina para tomar contacto con las obras de la Acción Católica en Chile (ET 7 nov. 1949:1). Es interesante notar que, mientras un gran número de noticias publicadas por el periódico iquiqueño ocurridas en Santiago provenían de agencias noticiosas; el periódico despachó un enviado especial a la capital para que informara de las actividades del arzobispo. El día 25 el periódico titulaba “Situación de los católicos en China es difícil, declaró Monseñor Yu Pin (sic)”, reproduciendo las declaraciones de este quien informaba que “la vida católica en China Roja había retrocedido a la época de las catacumbas, desarrollándose en la clandestinidad” (ET, 25 nov. 1949: 2). Dos días después, Monseñor dictó una conferencia difundida por radio a todo el país titulada “Antagonismo de la tradición China y Comunismo,” en la que estableció que el comunismo se basaba en una ideología del odio, en “la lucha de clases que se opone al concepto de dignidad del hombre” (ET, 29 nov. 1949:1).

La comunidad china y El Tarapacá presentaron simultáneamente a los chinos comunistas como enemigos de los valores católicos y de las tradiciones occidentales. El 26 de diciembre el periódico publicó en su portada que la fiesta de Navidad no había sido celebrada en China (26 dic. 1949:1). Como instancia festiva y de profunda raigambre en Chile desde el período colonial, el titular apelaba a la sensibilidad local y a una fecha importante tanto para chinos nacionalistas como para los chilenos. Olaya Sanfuentes sostiene que, en la esfera pública chilena, tanto la prensa católica como la liberal abogaban por un orden entendido como moral, dentro de este se enmarca la tradición navideña (Sanfuentes 2013). En medio de la información de carácter político-militar, el periódico iquiqueño continuó insistiendo en la amenaza que significaba para el catolicismo la continuación del comunismo al poder en China. Debido a que el tema religioso acaparó la atención de los medios nacionales e internacionales, es posible observar cómo los líderes del GMD hicieron uso de una retórica religiosa para legitimar su apoyo en el exterior. Por ejemplo, madame Chiang Kai-Shek, primera dama de la República de China declaraba en una conferencia en Nueva York que “mientras nos quede fe en el altísimo seguiremos luchando por nuestra China” (ET 9 ene. 1950:4).

Desde esta perspectiva se revela la articulación pública de lo católico como defensa de un orden, entendido como moral, en contraposición al avance comunista en China. A partir de 1950, ya con el triunfo comunista en China reconocido, el movimiento de apoyo a la República de China tomó nuevas formas discursivas y políticas, y a nivel nacional la diáspora continuó en disputa entre quienes apoyaban o reconocían a la República de China o a la República Popular China, y que tuvo un punto álgido en la década de 1970 con la llegada de Salvador Allende al poder, y posteriormente la dictadura anticomunista de Augusto Pinochet (Palma y Montt Strabucchi 2011).

Conclusión

La diáspora china en América jugó un rol fundamental en la llegada del Guomindang al poder y el consiguiente establecimiento de la República en 1911. Los años venideros, la comunidad china en ultramar continuó apoyando el proyecto ideológico de sus líderes, colaborando activamente con el gobierno cuando la República se vio enfrentada a amenazas externas (japoneses) e internas (comunistas). La comunidad china en Iquique, pese a su condición periférica en términos geopolíticos, jugó un papel clave a nivel regional y nacional no solo en el envío de ayuda económica a China, sino también demostró su habilidad para influir en la política chilena respecto de los acontecimientos que estaban produciéndose en Asia. En este contexto, la diáspora china en Iquique hizo visible su postura en la opinión pública local y nacional gracias al diario conservador El Tarapacá, el que difundió sus actividades y opiniones retratando a China comunista como un enemigo de Occidente. A partir del análisis del discurso público de la colonia china presente en El Tarapacá, es posible aproximarnos a las diversas estrategias desarrolladas por esta comunidad para articular su identidad en un contexto regional (Iquique), nacional (Chile) y global (la Guerra Fría). En tanto diáspora, sus miembros desarrollaron esfuerzos activos para mantener y desarrollar los lazos con la “madre patria”, adherirse a los proyectos nacionalistas -como el Movimiento Nueva Vida- o, desde 1949, acudir en apoyo de la República, ahora confinada a la isla de Formosa. Como chilenos, buscaron desplazar del imaginario la idea de que eran una raza inferior, y articularon una identidad en torno al cristianismo y el anticomunismo, además de mostrar lealtad a la política chilena en cuanto aliados de EE.UU. durante la Guerra Fría.

Agradecimientos

Agradecemos a los evaluadores anónimos de este artículo por sus valiosos comentarios.

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1En 1895, el número de chinos en Chile era de 999 según el Instituto Nacional de Estadísticas (INE) (INE 1907:1294); y en 1907 era de 1.920 (INE 1907:1294), de estos, 1.335 se encontraban residiendo en la provincia de Tarapacá (INE 1907:44). En 1920 el departamento de Tarapacá tenía 912 ciudadanos chinos, de los que 876 eran hombres (INE 1920:290); el total de ciudadanos chinos a nivel nacional era de 1.954, de estos, 1.897 eran hombres (INE 1920:289). La tendencia de casi absoluta presencia de hombres chinos se mantuvo constante; en 1930 encontramos 1.605 chinos en Chile, de los que 1.539 eran hombres y 562 de ellos vivían en la comuna de Iquique (INE 1930:167-168,181). En 1940, el número total de chinos era 1.442, con 564 de ellos residiendo en Tarapacá (INE 1940:330). En 1952 los ciudadanos chinos a nivel nacional apenas llegaban a 1.051 en un país que para entonces tenía 5.932.995 habitantes (INE 1952:152).

2Este artículo se enmarca dentro de un proyecto mayor que analiza la presencia y discursos acerca de la presencia china en Chile durante el siglo veinte en distintos ámbitos. Una segunda etapa de este proyecto incluye la revisión de prensa obrera y de izquierda que refleje las percepciones de dichos grupos en la migración china en el norte del país.

3Una de las pocas excepciones será el movimiento de apoyo de los españoles a la causa republicana, y el auxilio a compatriotas que llegaron a Chile en 1939.

4Para la transcripción de chino mandarín se utilizará el sistema pinyin, excepto para nombres que son popularmente conocidos bajo otro tipo de transcripción (p.ej. Chiang Kai Shek).

5Respecto de los orígenes de la diáspora china en Arica y Tarapacá, ver los trabajos de Alfonso Díaz Aguad y Diego Lin Chou.

6En Santiago este proceso había sido tardío. Según señala Kam-Ching, recién en la década de 1940 la colectividad china en la capital vivió “aires renovadores de juventud”, y transformaron una de las salas de la colectividad en una oficina para el Guomindang (1966:148). La tesis de Elsa Kam-Ching es un trabajo invaluable, porque la autora era un importante miembro de la comunidad china en Santiago, siendo fundadora y posterior directora del Instituto Chino Pei-Yen, y que tuvo acceso a publicaciones y libros de registros de la comunidad que actualmente no están disponibles para los investigadores.

7Una gran parte de las publicaciones periódicas de las comunidades chinas en el país no se encuentran disponibles en archivos públicos. La escasa información que se tiene de ellas aparece en la tesis de Kam-Ching.

8En julio de 1949, el Papa Pío XII emitió un decreto que prohibía toda colaboración con los países comunistas.

Recibido: 05 de Octubre de 2016; Aprobado: 28 de Marzo de 2017

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