SciELO - Scientific Electronic Library Online

 
 número56LA ETNOHISTORIA DE ANA MARÍA LORANDIANA MARÍA LORANDI Y EL PRIMER CONGRESO INTERNACIONAL DE ETNOHISTORIA índice de autoresíndice de materiabúsqueda de artículos
Home Pagelista alfabética de revistas  

Servicios Personalizados

Revista

Articulo

Indicadores

Links relacionados

  • En proceso de indezaciónCitado por Google
  • No hay articulos similaresSimilares en SciELO
  • En proceso de indezaciónSimilares en Google

Compartir


Diálogo andino

versión On-line ISSN 0719-2681

Diálogo Andino  no.56 Arica ago. 2018

http://dx.doi.org/10.4067/S0719-26812018000200005 

Obituario

ANA MARÍA LORANDI (1936-2017). HIJA DE LA “PAMPA GRINGA” Y DE LOS ANDES

ANA MARÍA LORANDI (1936-2017).DAUGHTER OF THE “PAMPA GRINGA” AND THE ANDES

Mercedes del Río*  

*Investigadora independiente. Washington D.C., USA. Correo electrónico: mercedescor3310@gmail.com

Resumen:

En este obituario se realiza un recorrido por las principales experiencias profesionales y de vida de la Dra. Ana María Lorandi.

Palabras claves: Ana María Lorandi; biografía; recorrido profesional

Abstract:

In this obituary we make an approach to the main professional and life experiences of Dra. Ana María Lorandi.

Key words: Ana María Lorandi; biography; professional experience

A los 80 años murió Ana María Lorandi en el barrio porteño de Congreso de la ciudad de Buenos Aires, Argentina. Arqueóloga y luego historiadora, inició y desarrolló los estudios de Etnohistoria Andina en la Universidad de Buenos Aires y promovió la renovación radical de la historia incaica desarrollada por John Victor Murra. Su vida transcurrió en diferentes ciudades, pero aquellas que le dejaron notables improntas personales y académicas fueron Cañada de Gómez, Rosario, La Plata, París y Buenos Aires.

Ana María nació en 1936 en un pequeño pueblo de inmigrantes llamado Cañada de Gómez, provincia de Santa Fe. Descendiente de lombardos por ambas líneas, su abuelo paterno se instaló en esta región litoraleña para trabajar en la construcción de la línea ferroviaria que uniría las ciudades de Rosario y Córdoba (1863-1870). En esa época, Cañada de Gómez era un pueblo progresista emplazado entre muchas colonias agrícolas de inmigrantes, en su mayoría italianos. En su conjunto formaban parte de la pujante “pampa gringa”, donde se había gestado la producción agropecuaria en gran escala destinada al modelo agroexportador. La combinación de los rieles, los sembradíos y los inmigrantes conformó un mundo de trabajo importante, liberal y de incipiente modernidad. Allí se gestó un imaginario social cargado de expectativas y aspiraciones no siempre cumplidas. Ana María se crió en el seno de una familia trabajadora que la nutrió no solo en los valores del sacrificio, del ahorro y de la vida austera, sino también en el amor por la lectura transmitido por su padre. La prematura muerte de su madre la obligó a madurar repentinamente y debió hacerse cargo del cuidado de su hermano menor y de las tareas domésticas del hogar, como era la usanza de la época. Esta circunstancia le forjó una férrea disciplina laboral y familiar que la acompañó toda su vida. Lorandi fluctuaba en esa época entre la literatura y la historia inspirada por los profesores de la escuela pública y, más tarde, estimulada por el ambiente favorable de las tertulias con los intelectuales del pueblo. Transgresora, rebelde, audaz, rompió las barreras de la sociedad pacata y tradicional de la época para abrazar tempranamente los ideales de la independencia femenina y buscar nuevos horizontes con la constante ambición por mejorar sus conocimentos.

Dejó su pueblo para estudiar historia en la Universidad Nacional del Litoral (Rosario), ingresar tempranamente en la carrera de investigación del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Tecnológicas (Conicet 1964) y alcanzar su doctorado en esa universidad (1967). Precisamente en Rosario tuvo la oportunidad de conocer al destacado arqueólogo Alberto Rex González e iniciarse en el quehacer arqueológico que la acompañó durante más de veinte años. Sin duda, las campañas arqueológicas y los trabajos realizados por el equipo liderado por Rex González en Rosario fueron una fuente de inspiración que pudo recrear años más tarde en Buenos Aires, cuando tuvo la oportunidad de formar su propio equipo de investigación. La experiencia en Rosario terminó con el amargo suceso a nivel nacional y en especial en Buenos Aires de la “noche de los bastones largos” (1966) durante la dictadura militar iniciada por el general Juan Carlos Onganía (1966-1973), régimen que provocó además la cesantía, renuncia y emigración de notables intelectuales y el inicio de una larga época de ideas retrógradas y de oscurantismo en Argentina.

Una vez desarticulados los equipos de investigación en Rosario, Lorandi comenzó su experiencia en la Universidad Nacional de La Plata a cargo de la cátedra de Arqueología Americana (1969). En esos momentos, el enfoque naturalista de la arqueología de esa casa de altos estudios no le resultaba para nada inspirador y su aislamiento y soledad fueron agobiantes. Pese a todo, su producción fue fecunda e inició un premonitorio giro de área y objeto de estudio: de la arqueología de las llanuras tucumano- santiagueñas viró a los estudios de la arqueología incaica en los valles del Noroeste argentino (NOA).

Entre 1976 y 1980 Ana María viajó frecuentemente a Francia, donde completó sus estudios postdoctorales en la l’École des Hautes Études en Sciences Sociales y en la Sorbona. París significó mucho para ella en términos familiares y académicos. Allí creció su única hija, Valentina, luego sucedió su divorcio del músico Enzo Gieco y, mucho más tarde, el nacimiento de sus queridos nietos. A nivel profesional, y a lo largo de esa época, ocurrió el encuentro con la Etnohistoria Andina. La revolución epistemológica que implicó la nueva interpretación de los Andes de John V. Murra y su impacto en aquellos momentos en el equipo francés de Nathan Wachtel como en Pierre Duviols provocó su fascinación, especialmente por la propuesta acerca de la demolición de los antiguos modelos interpretativos del estado incaico y por los nuevos enfoques respecto de los problemas derivados de las rupturas y las reconformaciones sociales andinas durante la invasión hispana. Los estimulantes debates y jugosas discusiones de este ambiente académico la alentaron a abandonar la arqueología e iniciar los nuevos estudios etnohistóricos en el Tucumán colonial y a llevar estas nuevas corrientes a la Argentina. El abrazo intelectual entre la arqueología y la historia la obligó en esta nueva oportunidad a reenfocar el concepto del tiempo a gran escala propio de la arqueología al de los actores y acontecimientos, la coyuntura histórica o la larga duración.

Durante esos años había comenzado la reapertura democrática en Argentina, con la consecuente regularización y renovación de la vida académica mediante los nuevos concursos universitarios. En 1984 no solo inició su experiencia como docente en la Universidad de Buenos Aires sino también comenzó a concretar la formación de becarios y de jóvenes investigadores, repitiendo su enriquece- dora experiencia rosarina de una forma renovada. Allí aprendió, y luego transmitió, valores como la importancia del intercambio del conocimiento, la riqueza de las discusiones metodológicas o de la búsqueda bibliográfica, como así también la competencia laboral en el seno de los equipos de trabajo. Pero, sobre todo, fue consciente de que, para formar nuevos investigadores, hacía falta una gran generosidad intelectual y el constante aliento de un buen director de equipo. Ana María fue una extraordinaria hacedora de equipos de investigación, supo alentar y dar seguridad a los que se iniciaban en esa tarea, pero -por sobre todas las cosas- tuvo el talento de emocionarse con las ideas que escuchaba, de hacer una pregunta oportuna hasta esperar un destello en el otro y atar con magia las incipientes ideas muchas veces desarticuladas de los inexpertos discípulos, en un marco interpretativo más amplio. Su amplia experiencia arqueológica le permitió una rápida interpretación de los movimientos de la población tanto chaqueña como de las estribaciones amazónicas a lo largo de la frontera sudoriental del Tawantinsuyu testimoniadas en las fuentes coloniales. Fue así como surgieron dos grupos de investigación: uno orientado a Charcas colonial y el otro al Tucumán, y cada uno logró, un poco más tarde, cobrar vida propia. En esta época también logró concretar aquello que frecuentemente llamaba como “la presentación en la sociedad internacional” de los trabajos etnohistóricos bajo su dirección mediante la organización del I Congreso Internacional de Etnohistoria (1989), el que tuvo una gran receptividad y se replicó en América Latina hasta la actualidad. Testimonio de esta fecunda experiencia fue la publicación de una compilación acerca del Tucumán colonial y Charcas (1997) conteniendo los resultados de las investigaciones llevadas adelante por los miembros de su equipo a lo largo de diez años de labor.

Durante esta prolífica etapa de su vida pudo consolidar una nueva línea como investigadora científica del CONICET, donde colaboró apasionadamente en varios cargos de gestión (1984-1986), dirigir el Instituto de Antropología (1984-1991), organizar la sección de Etnohistoria en la Universidad de Buenos Aires (1992-2014), diagramar una nueva orientación en la cátedra de esa casa de estudios (1984-2002) e incorporar nuevos investigadores dedicados al estudio de las sociedades de Pampa- Patagonia, Litoral y Paraguay.

Racional, apasionada, liberada de las inhibiciones y ataduras teóricas, logró instalar el debate de los temas andinos a pesar de la indiferencia académica porteña. Frecuentemente, comentaba con frustración que jamás había podido encontrar el reconocimiento y diálogo fecundo con sus colegas historiadores o antropólogos de la Universidad de Buenos Aires, a excepción del colonialista Enrique Tandeter y del historiador del arte José Emilio Burucúa. Sin embargo, Lorandi fue Profesora Visitante, compartió trabajos y participó en coloquios con investigadores de Estados Unidos, Reino Unido, Francia, Finlandia y especialmente con colegas latinoamericanos de Chile, Perú, Bolivia y México. Su vitalidad e impulso también calaron hondo en los equipos del interior del país, especialmente en Córdoba, Salta, Jujuy, Tucumán y Catamarca. Su activa presencia e intercambio de enfoques divergentes redundó en el enriquecimiento del debate respecto del área andina meridional. En reconocimiento de sus valiosas contribuciones, Lorandi fue distinguida con el título Doctor Honoris Causa en la Universidad Nacional de Salta (2013) y en la Universidad Nacional de Santiago del Estero (2015).

Trabajadora incansable, escribió tres libros, otros nueve en colaboración y más de cien artículos en revistas nacionales y extranjeras. Ciertas preocupaciones y ejes temáticos la acompañaron durante su extensa carrera como el análisis de la frontera incaica meridional y el desplazamiento de recursos humanos (mitmaqkuna y yanas) por medio de fuentes arqueológicas o etnohistóricas. También se ocupó por desentrañar el mosaico étnico de los valles calchaquíes al momento del contacto e interpretar lo que entendía como desestructuración local. Más tarde, con una mirada antropológica, se dedicó al estudio de la conformación de la sociedad hispano-criolla en el Tucumán colonial. Allí tuvo que batallar con la adaptación de las categorías analíticas de las áreas centrales y de los silencios en las fuentes con el fin de interpretar y reconstruir los procesos socioculturales de una zona marginal tanto para los incas como para los españoles, con poca población y con servicio personal en lugar de tributación. Pero, también, le atraía la dimensión utópica o aventurera de ciertos personajes históricos que irradiaban estimulantes imágenes, como la quimera del falso inca don Pedro Bohorques o los avatares del funcionario borbónico del Tucumán Manuel Fernández Campero y Hesles. Aunque tenía consecuentes valores progresistas, no le interesaba la militancia política nacional y ni siquiera intentó vincular la narración histórica con las luchas indígenas de la actualidad. En los últimos años se alejó de la problemática del contacto hispano-indígena y se enfocó en la construcción de identidades ambiguas en la sociedad colonial y republicana de los Andes Centrales. Precisamente, uno de sus últimos libros, publicado en el 2013, consistió en una reflexión sobre la construcción y reconstrucción de las identidades difusas, tanto criolla como peninsular, el conflicto y las luchas por el poder local y central en la región cusqueña con posterioridad a las rebeliones indígenas de fines del siglo XVIII.

Con su política de puertas abiertas, su casa de Buenos Aires la convirtió en un centro de reuniones intermitentes de colegas. Allí se entrecruzaba la vida familiar, social e intelectual gracias a su simpatía, generosidad académica ilimitada y capacidad de saber acoger.

Recibido: 16 de Agosto de 2017; Aprobado: 10 de Diciembre de 2017

Creative Commons License Este es un artículo publicado en acceso abierto bajo una licencia Creative Commons