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Cultura-hombre-sociedad

versión impresa ISSN 0716-1557versión On-line ISSN 0719-2789

Cult.-hombre-soc. vol.28 no.1 Temuco jun. 2018

http://dx.doi.org/10.7770/0719-2789.3018.cuhso.03.a01 

Artículo de investigación

Reserva Nacional China Muerta: Consideraciones en torno a la conservación biocultural de la naturaleza, los incendios forestales y la herida colonial en territorios indígenas

China Muerta National Reserve: Reflections about the biocultural conservation of nature, forest fires and the colonial wound in indigenous territories

Noelia Figueroa Burdiles 1  

Francisca Vergara-Pinto 2  

1. Universidad de Concepción, Chile noeliafigueroa@udec.cl

2. Universidad de Los Lagos, Chile franverggara@gmail.com

Resumen:

Se presentan los principales resultados de una investigación de carácter exploratorio realizada en torno al incendio de la Reserva Nacional China Muerta (Región de La Araucanía), ocurrido en el año 2015. Empleándose un diseño metodológico cualitativo y un enfoque etnográfico, fue posible identificar distintos actores sociales relacionados con la reserva, y a través de sus discursos aproximarse a las memorias, significados y prácticas que les vinculan a esta área silvestre protegida y sus visiones en torno al incendio como desastre. Se identificaron dos principales dimensiones en dicha vinculación: la noción del uso material de sus recursos naturales y la relación simbólica-espiritual con el territorio que constituye. Los resultados dan cuenta de cómo el incendio fue un escenario que visibilizó la diversidad sociocultural de un territorio, involucrando distintas subjetividades en la comprensión de este desastre socionatural y del propio territorio; a través de los mecanismos de participación, acción y contención del incendio, como también a través del cuestionamiento acerca del futuro del territorio y del nombre de la Reserva “China Muerta”, el cual, a nuestro juicio, devela una herida colonial que continúa hasta nuestros días. Finalmente más que conclusiones y a modo de apertura para futuras investigaciones, se propone indagar acerca de qué modo las expresiones culturales presentes en territorios donde conviven poblaciones humanas y hábitats protegidos, contribuyen a poner en valor la relación naturaleza-cultura, ampliando la dimensión de patrimonio natural a la noción de patrimonio biocultural.

palabras clave: Reserva Nacional China Muerta; incendio forestal; herida colonial; patrimonio biocultural

Abstract:

This paper presents the main results of an exploratory qualitative study, about the China Muerta National Reserve’s forest fire (La Araucanía Region), which occurred in February 2015. Through a qualitative methodological design and an ethnographic approach, it was possible to identify different social actors associated to the reserve, and to approach the memories meanings and practices that link them to this protected wild area and their visions about the forest fire as a disaster, through their discourses. Two main dimensions were identified in this connection: the notion of the material use of its natural resources and the symbolic-spiritual relationship with the territory it constitutes. The results show how the fire was a scenario that made the sociocultural diversity of a territory visible, involving different subjectivities in the understanding of this socio-natural disaster and of the territory itself; through the mechanisms of participation, action and containment of the fire, as well as through the questioning about the future of the territory and the name of the reserve, China Muerta (Dead China), which, in our opinion, reveals a colonial wound that remains open. Finally, more than conclusions and as an opening for future research, this paper proposes to investigate how cultural expressions present in territories where human populations and protected habitats coexist, contribute to value the nature-culture relationship, expanding the dimension of natural heritage to the notion of biocultural heritage.

Keywords: China Muerta National Reserve; forest fire; colonial wound; biocultural heritage

Introducción

En este artículo se presentan los principales hallazgos y resultados de una investigación con enfoque etnográfico realizada en torno a las consecuencias socioculturales del incendio forestal ocurrido en la Reserva Nacional China Muerta (Región de la Araucanía, Chile), en el año 2015. Para abordar tal tipo de consecuencias, se propuso identificar distintos actores sociales relacionados con la reserva, y a través de sus discursos aproximarse a las memorias, significados y prácticas que les vinculan a esta área silvestre protegida y sus visiones en torno al incendio.

En la primera parte del artículo se describen antecedentes de los incendios forestales en Chile y el contexto de estudio en particular, exponiéndose los principales aspectos relacionados con la Reserva Nacional China Muerta, localizada en la comuna de Melipeuco, el incendio que la afectó y la dimensión sociocultural del mismo. En la segunda parte se presentan los fundamentos teóricos que guiaron la investigación. En la tercera parte se presentan los resultados obtenidos, seguido de una posterior discusión. En la última parte se señalan las reflexiones generadas con esta investigación, que más que conclusiones, presentan aperturas a incorporar en futuras investigaciones.

En virtud de abordar los efectos a nivel sociocultural del incendio de la Reserva, se propuso realizar una investigación científico-social centrada en los discursos y prácticas de los actores afectados por el incendio. Por tanto, el objetivo general de esta investigación consistió en explorar las consecuencias socioculturales del incendio forestal de la Reserva Nacional China Muerta, a partir de los significados y valoraciones que las y los habitantes atribuyen a las áreas protegidas presentes en el territorio, tanto en el contexto del incendio como en la cotidianidad de sus vidas. Para abordar este problema de investigación, se empleó una metodología cualitativa (Dávila, 1999) y un enfoque etnográfico, lo cual permite situar al investigador(a) en el contexto de estudio, y analizar el problema desde el relato y prácticas de los actores (Guber, 2011). En el mes de junio de 2015 se realizó el primer trabajo de campo1 en la comuna de Melipeuco. Se eligió esta comuna debido a que contiene dentro de sus límites administrativos una parte de la Reserva Nacional China Muerta, de la Reserva Nacional Villarrica y del Parque Nacional Conguillío2, resultando especialmente afectada por el incendio forestal. Durante el mismo tiempo se realizó trabajo de campo en el sector de Icalma, en la comuna de Lonquimay. Los instrumentos de recolección de datos primarios consistieron en la entrevista semiestructurada, observación no participante (Guber, 2011) y notas de campo (IDES, 2001). Se empleó además la recolección de datos secundarios (Vieytes, 2004) para la revisión de documentos de carácter normativo, histórico, científico y periodístico relacionado con el incendio y la reserva.

Para el análisis de los datos se utilizó el análisis temático (Baeza, 2002; Mieles, Tonon y Alvarado, 2012), el cual permite identificar temas a partir de los datos, relevando la mayor cantidad de experiencias, significados y realidades de los sujetos, junto con examinar las circunstancias, significados, eventos y experiencias que son efectos de sus discursos (Mieles, Tonon y Alvarado, 2012). De modo complementario, se utilizó el método de codificación abierta y comparación constante (Strauss y Corbin, 2002; Flick, 2007).

Los actores sociales de las localidades afectadas, y que constituyen la muestra de estudio, se distinguen culturalmente ya que corresponden tanto a chilenos(as) como a mapuche. En cuanto al universo de estudio, éste correspondió a todos los habitantes afectados por el incendio forestal. Se empleó un muestreo no probabilístico, considerando un muestreo por conveniencia y un muestreo en cadena o “bola de nieve” (Russel, 1995) a partir de informantes claves. La muestra final estuvo constituida por 21 habitantes de Melipeuco y de las zonas aledañas: funcionarios públicos, dirigentes mapuche-pewenche, dirigentes baqueanos y baqueanos, guías turísticos, bomberos, profesionales independientes, lonko, artesanas, comerciantes y emprendedores turísticos.

Cabe señalar que dentro de la antropología, por un largo tiempo se cuestionaron ciertos aspectos colonialistas y positivistas que el método etnográfico conllevaba, generando posteriormente debates que derivaron en dos planteamientos principales. Por un lado, decantó el consenso respecto al carácter interpretativo de la etnografía (Mora, 2010) -y no necesariamente descriptivo objetivo- y, por otro, que a pesar de sus usos hegemónicos dados en el pasado, es también un método que se usa con fines interculturales, donde el diálogo y el conocimiento situado son claves, contribuyendo a la visibilidad política a nivel local, particularmente de los pueblos originarios (Bartolomé, 2003). En este caso, el enfoque etnográfico implicó aprehender las significaciones y valoraciones que los sujetos le atribuyen al incendio forestal y al área protegida, desde la intersubjetividad y lo experiencial.

En esta misma línea, es importante señalar que la investigación se plantea epistémica y metodológicamente adherente a los principios de una perspectiva pluralista, considerando que se inscribe en un debate no resuelto, con diversos planteamientos y posturas3. Esto implica indagar en los sistemas de conocimientos locales como creación humana, resultado de un trabajo o proceso investigativo (teórico, experiencial y técnico) surgido de una necesidad, problema u oportunidad en la reproducción de la vida de familias que viven en el territorio de estudio (Figueroa, 2012). Tal creación humana estaría asociada a una racionalidad particular o diferenciada ontológicamente (cosmovisión) particularmente en una dimensión ambiental y ecológica, comprendida como el conjunto de interacciones entre las familias, los sujetos y el territorio donde habitan.

Antecedentes acerca de los incendios forestales recientes en Chile

Distintos territorios en Chile han sido testigos, durante el último siglo y últimas décadas, de la presencia de múltiples incendios forestales. Si bien puede atribuirse un porcentaje considerable de ellos a causas antrópicas, es pertinente señalar que los incendios forestales se ven favorecidos por las condiciones climáticas particulares que se generan en determinados meses del año (CONAF, 2017). La Corporación Nacional Forestal4 (CONAF) proporciona cifras que dan cuenta de dicha recurrencia: durante la temporada 2014-2015, a nivel nacional se registraron 128.654 hectáreas afectadas por incendios forestales, de las cuales 45.871 hectáreas, la cifra más elevada entre las regiones afectadas, corresponden a la Región de La Araucanía; durante la temporada 2015-2016 la cifra total de hectáreas afectadas, aunque continúa siendo elevada, se redujo a 42.096 de las cuales 12.231 hectáreas correspondieron nuevamente a la Región de La Araucanía (CONAF, 2016). Durante el año 2017 se registró el gran incendio forestal que afectó a las regiones de O’Higgins, el Maule y el Biobío entre los días 18 de enero y 5 de febrero. En tal caso fue afectada una superficie de 467.537 hectáreas, de las cuales 280.555 hectáreas correspondieron a plantaciones exóticas y 77.131 a bosque nativo, mientras que también afectó terrenos agrícolas, áreas urbanas, humedales y áreas sin vegetación (CONAF, 2017a).

Dentro de estas cifras se encuentran subsumidas aquellas hectáreas afectadas por incendios forestales en un contexto particular: las hectáreas de superficie en espacios naturales que, a través del Sistema Nacional de Áreas Silvestres Protegidas por el Estado (SNASPE), se constituyen en unidades de conservación dadas las características de los ecosistemas, la biodiversidad y los hábitats que contienen dentro y que a través de la conservación se busca proteger. Existe un caso en particular que se constituyó en la problemática de la presente investigación, ocurrido en el año 2015, que acaparó la atención de poblaciones locales y de comunidades indígenas en primera instancia, y luego de los medios de comunicación5 y de las instituciones gubernamentales: el gran incendio forestal ocurrido en la Reserva de la Biosfera Araucarias, en la Región de La Araucanía.

Éste se inició el día 14 de marzo de 2015 y se extendió por más de 20 días, provocando gran conmoción a nivel local (en las comunas de Melipeuco y Lonquimay) y nacional debido a que afectó a tres unidades de áreas silvestres protegidas por el Estado: el Parque Nacional Conguillío, el Parque Nacional Tolhuaca y la Reserva Nacional China Muerta, la más afectada de las tres.

Los efectos tanto directos como indirectos del incendio implicaron una pérdida considerable de biodiversidad en la cordillera de Los Andes. En un principio, en los medios se especuló sobre el total de superficie dañada por el incendio, pero oficialmente se estimaron las siguientes cifras; según CONAF resultaron afectadas 3.675 hectáreas6, y 2.900 hectáreas según el Laboratorio de Teledetección Satelital de la Universidad de La Frontera7, de las cuales 1.550 se localizaron en la Reserva Nacional China Muerta. En esta reserva se protege, entre otras especies nativas, la especie araucaria araucana o pewen en lengua mapuche, especie arbórea declarada Monumento Natural8 por el decreto supremo n°43 de 1990. Al mismo tiempo, se trata de una especie cuya presencia es milenaria en la cordillera de Los Andes de las regiones del Biobío y La Araucanía, y es considerado un árbol sagrado por el pueblo mapuche - pewenche.

Figura 1  Reserva Nacional China Muerta, fotografía obtenida durante trabajo de campo, junio de 2015. 

Debido a la prolongación de este incendio forestal, las unidades protegidas afectadas sufrieron daños irremediables a corto y mediano plazo, considerando la pérdida de biodiversidad y que su restauración a nivel ecológico tardará aproximadamente 300 años9. A nivel económico también tuvo consecuencias. La población que habita en sectores próximos a la Reserva Nacional China Muerta, vio afectada su fuente laboral, de sustento y de recreación.

Estos aspectos, afectados e interrelacionados ecológica y económicamente (e.g. la conservación de la araucaria y la recolección tradicional del piñón, su semilla), también incluyen una dimensión sociocultural - que es el objeto de estudio de esta investigación -, en tanto se trata de actividades realizadas en el marco de un contexto biofísico y cultural particular (en el medio rural) que históricamente ha posibilitado para los habitantes la configuración de un vínculo socioespacial como también identitario con la Reserva y con el territorio. Vínculo que además puede variar de acuerdo a la racionalidad y/o cosmovisión desde donde se configura, establece, reproduce y/o transforma.

Contexto de estudio: la Reserva Nacional China Muerta dentro de la política pública y el incendio del año 2015

En el año 1968, el Ministerio de Agricultura promulga el decreto supremo n° 33010, que "declara Reserva Forestal al conjunto de terrenos que indica, la que se denominará China Muerta”, en la comuna de Cunco11 con una superficie de 9.887 hectáreas, consignadas en el plano n°111 a resguardo del Servicio Agrícola y Ganadero (SAG) de la época. En este plano se consignan los límites que en su mayoría corresponden a colonos chilenos y empresas forestales12. El único límite mapuche es la Colonia Sahuelhue13 y se registran tres límites naturales: el río Tracura, el estero Coyan y el río Indio, hoy llamado “Cabeza de Indio”. La administración inicial por tanto correspondió al Ministerio de Agricultura, particularmente a la CONAF. De acuerdo a documentos institucionales, esta reserva tiene como objetivo “proteger y regular el aprovechamiento de los recursos forestales, conservar la belleza del paisaje, los terrenos boscosos de gran interés científico-botánico, la flora, la fauna y la riqueza hídrica, comprendidos en una sola unidad física geográfica-ecológica” (CONAF, 2014: 5).

Se caracteriza por una rica biodiversidad en la que destacan antiguos bosques de araucaria (araucaria araucana), en asociación con matorrales de Ñirre (nothofagus antárctica) y con bosques de Coigüe (n. dombeyi), Lenga (n. pumilio) y Roble (n. obliqua). En cuanto a la fauna que la habita, se encuentran el zorro chilla y culpeo (lycalopex griseus y l. culpaeus) y el puma (puma concolor), entre otras especies. Forma parte de la Red Mundial de Reservas de la Biosfera de la UNESCO desde el año 1983, momento en que se crea la Reserva de la Biosfera Araucarias como respuesta a la necesidad de “conciliar la preservación de la diversidad biológica y de los recursos biológicos con su uso sostenible (desarrollo económico y social), además de la mantención de los valores culturales asociados” (CONAF, 2014: 2), a través de un modelo de desarrollo territorial que implica acuerdos entre quienes coordinan la conservación, las autoridades y la comunidad local. Esta declaración fue ratificada en el año 2010.

Si bien los límites y superficie de la Reserva China Muerta están establecidos en el decreto que la crea, documentos oficiales consignan distintas mediciones. Por ejemplo, en la declaración de la Reserva de la Biosfera (1983, ratificada en 2010), se consigna una superficie de 12.606 hectáreas; CONAF en el plan de manejo de 2014, establece que su superficie abarca 11.168 hectáreas; el Ministerio de Medio Ambiente, en un mapa de mayo de 2015, consigna una superficie de 8.532 hectáreas. Entrevistados señalan que hay predios de propietarios particulares que hacen uso de la reserva, traspasando sus límites. Si bien no fue objetivo de la investigación aclarar este punto, lo que sí se sabe por fuentes de CONAF, es que Bienes Nacionales es la institución que resguarda los bienes raíces públicos, y que actualmente es la encargada de aclarar la superficie de la reserva. Se observa en general que el sistema institucional de protección de las áreas silvestres biodiversas está fragmentado y que no existen aún mecanismos claros de control, lo que se evidencia al constatar que la reserva no contaba con guardaparques en el momento del incendio. De acuerdo a fuentes de prensa, la investigación policial sobre las causas del incendio habría arrojado que se inició en un predio particular14.

El incendio de la Reserva China Muerta en marzo de 2015, rememoró los grandes incendios que sufrió la zona cordillerana como resultado de la ampliación de la frontera agrícola y la explotación maderera durante la primera mitad del siglo XX, perdiéndose miles de hectáreas de bosques de araucarias producto del fuego y la explotación (Otero, 2006). A raíz de esta pérdida, se crearon las reservas y parques de araucarias en la zona, como medida paliativa y como estrategia de resguardo de este patrimonio natural (este es el caso de las diez áreas protegidas que constituyen la Reserva de la Biosfera Araucarias) y estableciéndose en 1990 el monumento natural araucaria araucana, y por tanto, la prohibición de su tala. El incendio de 2015 provocó gran conmoción, y el gobierno de Chile a través de la cuenta pública del año 2015 estableció que se generaría “un plan de restauración de zonas afectadas por incendios en la temporada estival, en especial en las áreas silvestres y parques como China Muerta, Conguillío y Tolhuaca, todas ellas parte de la Reserva de la Biosfera Las Araucarias”. Este plan de restauración fue anunciado en nota de prensa de CONAF1515, con un presupuesto de casi $7.000.000.000 y un plazo de cinco años (desde 2016 a 2020). Contempla la “producción de plantas, colecta y tratamiento de semillas, enriquecimiento o forestación, siembra directa y cercos de protección” como algunas de las acciones contemplando una superficie dañada de 3.675 hectáreas (CONAF, en nota de prensa).

Figura 2 Faenas madereras en Sector La Fusta (comuna de Lonquimay), hacia 1950 aproximadamente. Se aprecia una fila de camiones dispuestos para cargar trozas de araucaria. Fuente: Koch y Olave, 2005

Consideraciones teóricas en torno a la relación entre desastre socionatural, patrimonio biocultural y territorio

Con el fin de abordar las consecuencias socioculturales de este incendio forestal en un área silvestre protegida, y para desarrollar posteriormente un análisis con respecto a los hallazgos, a continuación se señalan los planteamientos teóricos acerca de la relación entre los tres conceptos que guían esta investigación: 1) desastre socionatural, 2) patrimonio natural y biocultural y 3) territorio.

En primer lugar, el concepto de desastre propiamente tal, ha sido objeto de diversas posturas, por lo cual es posible hallar múltiples definiciones al respecto. En esta investigación, se entiende la noción general de desastre según lo planteado por Oliver-Smith (1999), quien presta atención a la complejidad interna y la multidimensionalidad que conlleva un desastre, señalando lo siguiente:

“En un desastre se concentra una colectividad de procesos y eventos que se cruzan -sociales, ambientales, culturales, políticos, económicos, físicos, tecnológicos-, que se producen a lo largo de períodos variables de tiempo. Los desastres son eventos totalizadores. A medida que se desarrollan, todas las dimensiones de una formación estructural social y la totalidad de sus relaciones con su entorno pueden verse afectadas y enfocadas. Estas dimensiones expresan consistencia e inconsistencia, coherencia y contradicción, cooperación y conflicto, hegemonía y resistencia. Revelan el funcionamiento de sistemas físicos, biológicos y sociales y la interacción entre poblaciones, grupos, instituciones y prácticas, y construcciones socioculturales concomitantes” (Oliver-Smith, 1999: 20-21). [Traducción de las autoras].

Un desastre es socionatural cuando se presenta una energía amenazante proveniente de un fenómeno natural, desencadenado por dinámicas de la naturaleza y/o por la intervención humana (Vargas, 2002), provocando distintos niveles de vulnerabilidad social (Ríos y Murgida, 2004). Un desastre socionatural es, a su vez, un proceso más que un evento, proceso que posee distintos momentos o etapas que forman parte del ciclo del desastre: prevención, reacción, emergencia y reconstrucción (Imilan, 2015). En antropología, se cuenta con una larga tradición de estudio sobre poblaciones que han habitado y habitan en ambientes peligrosos o tensos (Oliver-Smith, 1995), en referencia a aquellas etnografías clásicas cuyo carácter holístico proporcionaba, entre otros aspectos, antecedentes acerca del entorno físico y sobre arreglos y respuestas de la población a distintos riesgos e impactos (Oliver-Smith, 1995). En contextos de desastre socionatural cuyos efectos tienen significaciones que varían según la diversidad sociocultural, la investigación antropológica sobre cultura y catástrofe ha contribuido al estudio del desastre, en tanto ha prestado atención a la creación de sentidos culturales y el estudio de visiones de mundo, medios y contextos en los cuales tales creaciones se establecen (Geertz, 1966, en Oliver-Smith, 1995).

En el caso del incendio forestal de la Reserva Nacional China Muerta, el incendio como desastre socionatural se produjo en un área silvestre protegida por el Estado, en un espacio biofísico que presenta características ecosistémicas particulares que hacen necesaria su conservación. Dado el largo periodo de explotación maderera que afectó a los bosques nativos durante el pasado siglo XX (Otero, 2006), y particularmente a los bosques de araucaria (Koch y Olave, 2005), la constitución de la reserva en 1968 y la declaración de la araucaria como monumento natural en 1990 resultaron en un intento por frenar dicha explotación, y con ello disminuir el riesgo de desaparición o disminución de especies de flora y fauna nativas y endémicas. De esta forma, el área abarcada por la reserva y todo lo que habita dentro de sus límites pasó a ser un patrimonio natural protegido. La reserva y el patrimonio natural que contiene, a su vez forma parte de una serie de categorías de conservación de alcance internacional: está inserta dentro de la Reserva de la Biosfera Araucarias (Gedda, 2014), esta misma dentro de la Ecorregión Valdiviana (Tacón, 2004; WWF Chile, 2011), y ambas dentro del Hotspot Chileno (Arroyo et al., 2008). Estas categorías de conservación de alcance mundial permiten observar los intereses (científicos e institucionales) puestos, en distintas escalas, en un patrimonio natural situado en zonas prioritarias de conservación de la biodiversidad que se presentan como frágiles y amenazadas por la acción antrópica.

En el caso de los bosques de araucarias su distribución natural se encuentra prácticamente restringida al territorio asignado a esta Reserva de la Biosfera, territorio que a su vez se encuentra habitado desde tiempos inmemoriales por poblaciones adaptadas a las condiciones ambientales de la cordillera. El contexto geográfico cordillerano impulsó a dichas poblaciones a desarrollar estrategias de asentamiento adecuadas a los pisos ecológicos vegetacionales que ofrece la cordillera (Comisión Verdad Histórica y Nuevo Trato con los Pueblos Indígenas, 2008: 423). Tales poblaciones corresponden a comunidades indígenas pertenecientes al pueblo mapuche - pewenche, que en lengua mapuche significa gente de las araucarias. Con esta relación lo que se busca es señalar que el patrimonio natural contenido dentro de la Reserva Nacional China Muerta es también significativo culturalmente, puesto que en torno a este mismo patrimonio natural se configuran aspectos relacionados con la identidad, la territorialidad, la memoria y la espiritualidad de poblaciones originarias, es decir, existe un patrimonio cultural presente en este territorio protegido.

Esta noción de relación entre áreas silvestres protegidas y poblaciones humanas, o bien la relación entre naturaleza y cultura en una perspectiva no dicotómica, hace posible la comprensión de los discursos y las prácticas que vinculan a los seres humanos con espacios naturales bajo conservación. Y esta relación, al tratarse de pueblos originarios, es posible de ser comprendida e interpretada a través del concepto de patrimonio biocultural (Boege, 2008; Rozzi y Poole, 2009). En palabras de Boege (2008), el concepto de patrimonio biocultural hace referencia a los siguientes componentes:

“recursos naturales bióticos intervenidos en distintos gradientes de intensidad por el manejo diferenciado y el uso de los recursos naturales según patrones culturales, los agroecosistemas tradicionales, la diversidad biológica domesticada con sus respectivos recursos fitogenéticos desarrollados y/o adaptados localmente. Estas actividades se desarrollan alrededor de prácticas productivas (praxis) organizadas bajo un repertorio de conocimientos tradicionales (corpus) y relacionando la interpretación de la naturaleza con ese quehacer, el sistema simbólico en relación con el sistema de creencias (cosmos) ligados a los rituales y mitos de origen” (Toledo et al., 1993; 2001, citado en Boege, 2008: 13).

Asimismo, el patrimonio biocultural hace referencia a la diversidad biocultural, concepto trabajado por Toledo y Barrera-Bassols (2008) para referirse al resultado de los procesos de diversificación biológica, genética, lingüística, cultural, cognitiva, agrícola y paisajística. Con ello se refiere también a los diversos sistemas de conocimiento ecológico. Como proceso biocultural, esta diversificación se entiende como “la expresión de la articulación o ensamblaje de la diversidad de la vida humana y no humana y representa, en sentido estricto, la memoria de la especie” (Toledo y Barrera-Bassols, 2008: 25). Siguiendo esta idea, la noción de naturaleza - y de patrimonio natural - desde una perspectiva biocultural se amplía, y permite que se entienda a la naturaleza según las cosmovisiones indígenas, no sólo como una fuente productiva sino también como “el centro del universo, el origen de la cultura y de la identidad étnica (Toledo, 2000: 77-78, citado en Ávila, 2013: 34). Por tanto, la noción de patrimonio y diversidad biocultural resulta apropiada para comprender por qué determinados grupos socioculturales - comúnmente indígenas y campesinos - configuran discursos, acciones y procesos en los que la protección y defensa de la naturaleza o de su patrimonio natural simultáneamente implica también la defensa de sus propias culturas (Ávila, 2013). Esta idea a la vez se condice con el hecho de que las áreas biodiversas, a nivel mundial y/o regional, coinciden en gran parte con los territorios habitados actualmente por los pueblos indígenas.

Entendida la reserva como una estrategia de resguardo de un patrimonio biocultural y del vínculo configurado entre grupos socioculturales y espacios naturales biodiversos, luego es necesario señalar los contextos biofísico y sociocultural en los que se emplaza la reserva - el medio rural-, contextos que hacen entender el incendio forestal como un proceso con implicancias territoriales. Según Boege (2008), para abordar el concepto de patrimonio biocultural de los pueblos originarios, es fundamental clarificar la dimensión de la territorialidad de estos pueblos en un espacio biofísico determinado. En este sentido, el territorio, a pesar de tener por base la materialidad - el entorno físico -, es “una cualificación asociada a la vida y a acciones originadas en la reproducción biológica, social y cultural de las comunidades” (Rodríguez, Gissi y Medina, 2015: 338). Y por tanto, la territorialidad se entiende como el esfuerzo colectivo de ocupación, uso y control material y simbólico, “lo que constituye un producto histórico de los procesos sociales, políticos y de adaptación” (Rodríguez, Gissi y Medina, 2015: 338-339). Por tanto se entiende que no sólo ocurrió un incendio forestal en un área protegida por el Estado, sino que se dio lugar en un territorio, en un espacio cargado de territorialidades, y que por ello fue capaz de afectar aspectos socioculturales de las comunidades que con la reserva mantienen un vínculo, aspectos que se constituyen en el objeto de estudio de esta investigación.

Resultados

1. Actores sociales y territorio protegido: Síntesis de relaciones, intereses y significados

De acuerdo al análisis temático desarrollado fue posible identificar las distintas posiciones de las personas entrevistadas, considerando sus valoraciones, sus experiencias y el rol como actor social que cada una manifiesta.

Figura 3 Esquema de actores y consecuencias del incendio forestal. Síntesis del análisis de la información, a partir de malla temática. Fuente: Elaboración propia. 

En un primer alcance fueron identificados dos categorías de análisis principales correspondientes a “Actores sociales” y “Consecuencias del incendio forestal”. En el caso de la identificación de Actores sociales, a partir de la recopilación de datos primarios y la revisión de cada entrevista realizada a los habitantes de Melipeuco y Lonquimay, se reconocen dos tipos de actores sociales principales diferenciados entre sí, los que corresponden a actores sociales que representan a la Institucionalidad, y aquellos denominados Habitantes, es decir, civiles sin representación institucional.

En el caso de los actores sociales de la Institucionalidad, se reconocieron tres tipos: Representantes del Municipio, bomberos de la comuna y organizaciones. En el caso de los actores sociales identificados como Habitantes, se reconocieron tanto habitantes del sector urbano como del sector rural. Los primeros se corresponden mayoritariamente con los actores identificados previamente (participantes en instituciones), mientras que los segundos no, y son categorizados de forma independiente en dos tipos de actores: Campesinos y Mapuche (como categoría general); pewenche y huenteche (como identidades específicas).

En relación a las consecuencias del incendio, éstas fueron identificadas y categorizadas como Indirectas y Directas, y cada una se corresponde con los dos tipos de actores sociales ya señalados. Desde el análisis realizado se desprende que para los actores sociales de la Institucionalidad, los efectos o consecuencias del incendio fueron indirectos, tanto a nivel económico como social, y sus preocupaciones durante y posterior al incendio radicaban principalmente en la contención del peligro (para los habitantes y sus animales) y en las consecuencias económicas que traería consigo la pérdida de ganado de los habitantes, como también de sustento alimenticio en el caso de las comunidades mapuche afectadas. Además, se enfatizan (por parte de organizaciones) las consecuencias ecológicas y ambientales, como señalan los siguientes relatos de hombres y mujeres entrevistados durante el trabajo de campo16:

“El incendio fue una pérdida del patrimonio de toda la ciudadanía, especialmente para los pewenche, porque forma parte de su cosmovisión. Son áreas de interés turístico”. “Hubo muchas familias afectadas, pues se utilizaban varias de estas zonas como veranadas (…), por lo que parte del ganado se quemó”. “Como organización participan del geoparque (…) y la comunidad deberían involucrarse más con proyectos como ese, porque todo vende”. “El eje de Ñuke Mapu es oponerse a proyectos que afecten al medioambiente. Forman parte de una organización que se dedica a la defensa del territorio monitoreando a las empresas (…), es una defensa al patrimonio natural”. “En la comuna hace falta un plan que impulse el turismo en la zona y que éste sea sustentable con el medio ambiente”. “Una de las principales medidas que el municipio pretende instaurar es la reforestación del territorio afectado”.

Refiriéndose al incendio, los funcionarios explicaron los procedimientos llevados a cabo para contener el fuego. Se emplearon 3 líneas de contención; siendo brigadistas voluntarios los encargados de las 2° y 3° líneas. El comité de emergencia funcionó desde el primer día, y fue sumando actores a la causa. Inclusive existió ayuda proveniente de empresas privadas: una de las empresas que construye hidroeléctricas facilitó el apoyo de maquinaria local. Posterior a esto, se sumó la ayuda de CONADI (Corporación Nacional de Desarrollo Indígena) y la ONEMI (Oficina Nacional de Emergencia del Ministerio del Interior).

En otro sentido, para los actores sociales identificados como habitantes del sector rural (campesinos y mapuche), dichas consecuencias fueron percibidas directamente tanto en un sentido material como simbólico. Fue incendiado y destruido no sólo un área silvestre protegida, sino que también su territorio, sus fuentes de sustento, y especialmente para los habitantes mapuche las consecuencias afectaron aspectos culturales concebidos como partes de sus cosmovisiones. En algunos casos, la respuesta de las comunidades mapuche se efectuó a través de un trabajo en conjunto con instituciones locales, considerando que hubo “comunidades empoderadas las que empezaron por sí mismas a actuar contra el fuego, con sus propios medios, algunos en coordinación con la municipalidad de Lonquimay, en tareas de cortafuegos” (Hombre, Icalma, Entrevista 6 de junio de 2015). Posterior a eso, en el caso de la conformación de un grupo de brigadistas pewenche, estos hicieron un convenio con la ONEMI, institución que les asignó recursos en forma de containers, lo que facilitó un poco la estadía en la cordillera. Los brigadistas que participaron de esta acción -comunidades pewenche- fueron contratados por 3 meses en la labor de controlar el fuego y proteger el área incendiada. Los siguientes fragmentos de relatos de los habitantes entrevistados(as) dan cuenta de los efectos del incendio de la Reserva, en una dimensión tanto material como también simbólica:

“Ninguno de ellos salió herido porque antes de tomar cualquier acción realizaron nguillatün (…) pidiendo permiso para intervenir la naturaleza. Ellos tienen la ventaja de conocer el territorio, saber dónde se deben abrir caminos”. “Yo me nutro con la naturaleza, siempre te cuida, hay que respetarla, como también a la dueña del fuego kütral kuse, hay que rogarle. Primero, pedir permiso a los ngen”. “Aquí vives con la naturaleza, ella te fortalece. Acá hay bienestar propio para la familia, acá estás libre de muchas cosas. Existe una lucha para mantener este territorio”. “Sumado a esto, la erupción del volcán Villarrica y Calbuco hacían sus apariciones, donde quizás es simplemente la naturaleza, estaba haciendo su llamado de atención”. “El incendio se apagó porque todos los mapuche en todas partes hicieron nguillatün, los aviones no lo lograron”.

Fuente: www.biobiochile.cl

Figura 4 Hectáreas incendiadas en la Reserva China Muerta, localización realizada por el Laboratorio de Teledetección Satelital de la Universidad de la Frontera, 2015.  

Una vez identificados y diferenciados los diversos actores sociales y las consecuencias del incendio que cada uno de ellos percibió, se analizó la forma en que fueron mencionadas (a partir de los discursos de las y los entrevistados) las interacciones entre los sujetos y el territorio, entre los habitantes y sus concepciones de naturaleza. Lo anterior dio como resultado la identificación de dos dimensiones desde las que es posible interpretar tales interacciones: una dimensión en la que priman los Intereses, y una dimensión en la que sobresalen las Relaciones. Esto también puede representarse en la forma en que estos actores sociales denominan al entorno que los envuelve:

a) Desde la institucionalidad se entiende el entorno, el territorio, la naturaleza, principalmente como un escenario externo, siendo implícita en su valoración una óptica economicista que resalta los recursos naturales como potenciales fuentes económicas y, en menor medida, ecológicas necesarias de conservar. Esto implica intereses principalmente económicos, políticos, ambientales.

b) Desde los habitantes, especialmente mapuche-pewenche, el entorno o la naturaleza es interpelada culturalmente, es decir, es concebida y construida como una fuente de vida que provee de sustento a los habitantes que con ella mantienen una relación, siendo necesario retribuirle simbólicamente. Un ejemplo de esto corresponde a las múltiples y simultáneas instancias de nguillatün (rogativas) que desarrollaron las comunidades mapuche afectadas por el incendio.

Desde los habitantes existen también intereses económicos, políticos, ambientales. No obstante, son coherentes con los distintos saberes locales y las prácticas ejercidas por las poblaciones indígenas y también campesinas. Destaca el énfasis atribuido a la gestión comunitaria de las áreas silvestres protegidas, así como a la reforestación con especies nativas y la participación activa de los habitantes expertos en el conocimiento del territorio afectado17. La experiencia demostrada durante el incendio, por parte de comunidades pewenche deja de manifiesto la eficacia de esta propuesta.

2. Reserva Nacional China Muerta en contexto de desastre socionatural

El incendio forestal se constituyó en un escenario idóneo para dar cuenta de la diversidad cultural de este territorio, considerando los aspectos de la vida que este incendio afectó, y las subjetividades e interacciones expresadas en los mecanismos de acción y participación en torno a la contención del incendio y la protección de la reserva incendiada.

La participación de actores locales en la contención del avance del fuego fue variado: a través del apoyo institucional y civil materializado, por ejemplo, en ayuda hacia los bomberos y familias afectadas; a través de las múltiples instancias de nguillatün o rogativas; hasta una dimensión que interrelaciona aspectos tanto simbólicos como materiales, en la acción llevada a cabo por las comunidades mapuche y pewenche, materializada en la conformación de la “brigada pewenche” para el combate del incendio, fundamentada en su cosmovisión y autogestión.

En torno a las múltiples instancias de nguillatün conformadas durante el incendio, según el relato de los habitantes entrevistados, adquiere sentido lo señalado por Oliver-Smith (1995: 8) respecto de que “las expresiones públicas y declaraciones de fidelidad a símbolos religiosos y rituales (…) resultan cruciales en el proceso de aflicción y pesar, restaurando la identidad cultural a la gente golpeada por el desastre”.

En esta última expresión, la territorialidad de aquellos sujetos que se involucraron o se vieron afectados por el incendio forestal, se manifestó a través de los saberes locales construidos desde la cotidianidad, así como desde la memoria colectiva; conocimientos situados considerados fundamentales por ellos mismos, en tanto evidencian un conjunto de capacidades idóneas a la hora de prevenir este tipo de desastre socionatural, o de contrarrestarlo. En este sentido, la vulnerabilidad social que conlleva un desastre socionatural, implica tener conocimiento previo de las condiciones socioeconómica, política, cultural, institucional -entre otras- de la comunidad local, puesto que de ellas “deriva el modo en que los grupos sociales afectados puedan, o no, anticiparse a un suceso peligroso y actuar en consecuencia antes (…)” (Ríos y Murgida, 2004: 182). Otro aspecto que toma centralidad en contexto de desastre socionatural, tiene relación con la heterogeneidad social (Ríos y Murgida, 2004), la cual se posiciona como un factor fundamental “por cuanto las diferencias socioeconómicas y culturales implican conocimientos y respuestas diferenciales de aquellos que participarán de las consecuencias desastrosas desatadas por el fenómeno peligroso (…)” (Ríos y Murgida, 2004: 182).

De acuerdo a esta perspectiva los saberes locales, al ser posicionados pertinentemente y de forma simétrica con los conocimientos técnico y científico18, pueden contribuir a la prevención así como a la regeneración del territorio afectado, debido a la memoria históricamente construida en torno a desastres, memoria que constituye el substrato de dichos saberes. No obstante, estos saberes no forman parte de los planes de contingencia oficiales para hacer frente a este tipo de desastres, tal como pudo observarse en el caso del incendio de la Reserva China Muerta.

Figura 5 Brigada pewenche de la comunidad Pedro Calfuqueo, Icalma. Fotografía obtenida durante trabajo de campo, junio de 2015. 

3. Estrategias para la conservación biocultural de la Reserva Nacional China Muerta

Un aspecto que emergió dentro de la investigación, en el ámbito del desarrollo local, fue la falta de empleabilidad observada en el territorio, lo que muchas veces conlleva la migración en busca de sustento económico y nuevas oportunidades; o la justificación de opciones económicas extractivistas, que son entendidas como “sacrificio” por un empleo. En torno a esto, la investigación dilucidó que existen, desde los propios habitantes, ideas de empleo local con pertinencia territorial y cultural, como alternativa a los planes de desarrollo convencionales basados en la explotación de los recursos naturales y el extractivismo. Una de estas ideas planteada tanto por personas entrevistadas pewenche de Lonquimay, y mapuche y no mapuche de Melipeuco, corresponde a la implementación de Recorredores en las áreas silvestres protegidas, brindándole empleo a los propios habitantes, sujetos idóneos por su experticia territorial.

Otras ideas tienen relación con implementar la co-gestión de las áreas silvestres, situación que requiere del diálogo con CONAF, idea que viene siendo señalada desde hace un tiempo, tal como señalan Aylwin y Cuadra (2011) quienes proponen que en tal diálogo sería posible hallar “formas concretas de colaboración para la tarea de la conservación en el territorio que estas [áreas silvestres] comprenden, el que debe ser considerado como un corredor biocultural” (2011: 120).

Emerge también la propuesta acerca del fortalecimiento de proyectos de turismo sustentable, en el que también estén involucrados los habitantes. Podrían salir a luz múltiples posibilidades de desarrollo local para los habitantes de Melipeuco y sus zonas aledañas, siempre y cuando sea posible establecer una orientación idónea en la implementación de tales propuestas en relación a las consecuencias del incendio: la valoración biocultural de los espacios biodiversos. Esta orientación contribuye a revertir los embates de la hegemonía económica y política basada en la explotación de los recursos en territorios ricos en biodiversidad; así como sus efectos en territorialidades construidas históricamente y enriquecidas por conocimientos y saberes tradicionales y actuales, a pesar de la herida colonial (Mignolo, 2007) producida por la fragmentación de estos territorios tanto material como inmaterialmente. Herida colonial aún abierta mientras persista la hegemonía ideológica-colonial, y que tiene sus raíces en la explotación intensiva de bosques nativos y de araucarias realizada en el pasado por la industria forestal, sumada a una historia de siglos de usurpación de territorios indígenas que constituyeron posteriormente la propiedad agraria en la Región de La Araucanía (Correa, Molina y Yáñez, 2005). Territorios ocupados durante miles de años por poblaciones prehispánicas como lo evidencian los estudios arqueológicos (Aylwin, Meza-Lopehandía y Yáñez, 2013).

En la medida que la valoración de estos territorios, particularmente de la Reserva de Araucarias, se sustente en la valoración que los propios habitantes hacen de ésta y la apropiación de una lectura decolonial de estos procesos (atendiendo de este modo las manifestaciones de desconocimiento, desinformación o desarraigo), resultará factible proponer estrategias coherentes con las relaciones, necesidades o intereses políticos y ambientales que plantean las políticas de desarrollo, siempre y cuando simultáneamente incorporen conocimientos y significados locales que abogan por el resguardo y la necesaria recuperación de las áreas silvestres incendiadas. En este sentido, son los elementos patrimoniales de la cultura mapuche - pewenche y la población local los que dan este sustento y cuyo estudio y puesta en valor es fundamental en relación a la protección de las áreas silvestres protegidas que resguardan a las araucarias de Chile.

4. Territorialidades y ocupación del territorio: China Muerta como espacio de tensión

De acuerdo a la investigación realizada, se observa que la territorialidad construida tiene diversas manifestaciones dependiendo de los actores sociales que allí se emplazan. Esto no ha estado ajeno a las tensiones por la ocupación del territorio que persisten hasta hoy. La historia de colonización del territorio (Bengoa, 2000) es una historia oculta con relatos muchas veces confrontados en las formas en que se han ido construyendo las relaciones sociales, considerando los distintos momentos de ocupación del territorio, las migraciones forzadas y el establecimiento de la institucionalidad pública, privada y más recientemente, transnacional. Esta es una historia con heridas que necesitan ser develadas, para darles el adecuado tratamiento a la hora de valorar y proteger la diversidad biocultural del territorio.

Esto es más urgente aún en la actualidad, dado que las tensiones por el uso del territorio se agudizan a causa de las presiones del capital desterritorializado (Vilas, 2004; Rivas, 2006), cuya lógica obedece a la estimación del territorio como fuente de recursos y no como espacio relacional cultural y naturalmente rico. Evidencia de ello en el contexto de estudio, es el plan de desarrollo hidroeléctrico que pretende instalar más de diez centrales, dada la riqueza acuífera de este territorio, y donde los actores locales nuevamente no han tenido lugar para su decisión, aunque sí evidenciarán sus consecuencias.

La vinculación que desde la cosmovisión pewenche se establece con el pewen o araucaria y el territorio donde esta especie habita, denota al menos dos dimensiones: una valoración simbólica, que se evidencia en los discursos y relatos a través de la identificación de fuerzas y energías de la naturaleza que protegen la vida del territorio, y otra, vinculada a la reproducción de la vida gracias a la araucaria, cuya semilla permite la alimentación en la época más difícil de la vida en la cordillera: el invierno.

En los discursos de los habitantes entrevistados también emerge el nombre de la Reserva. Es un nombre calificado desde la óptica mapuche-pewenche como peyorativo, constante recordatorio de la herida colonial. El análisis de diversas fuentes secundarias, presenta el territorio de la cordillera como un sitio de ocultamiento y protección de población mapuche tanto en la época de la conquista y colonia española, como en las campañas militares de Pacificación de la Araucanía y la Campaña del Desierto, en Chile y Argentina respectivamente. Luego de la colonización y el periodo de radicación indígena entre los años 1884 y 1930 (Marimán, 2006), será un territorio de explotación forestal con múltiples tensiones sociales y de género. Existen antecedentes de varias mujeres mapuche y pewenche que se quedaron solas cuidando sus familias y sus tierras (Figueroa, 2012). Esta herida colonial19 que revive el nombre “China Muerta”, es parte de la historia de este territorio, y aparece como fundamental su estudio y proyección en la puesta en valor de los elementos patrimoniales de este territorio, que espera desarrollarse como continuación de esta investigación.

Conclusiones y reflexiones finales

A través de esta investigación fue posible identificar una diversidad de actores sociales que interactúan con una de las áreas silvestres que forman parte de la Reserva de la Biosfera Araucarias, a partir del contexto del pasado incendio forestal de la Reserva Nacional China Muerta. Interacciones configuradas de acuerdo a valoraciones y experiencias distintas, considerando su vinculación material y simbólica con ella, en un contexto de desastre socionatural.

En los extremos de estas distinciones, de un lado, está la noción del uso material de sus recursos, y de otro, la vinculación espiritual con el territorio que constituye (ambos discursos pueden darse simultáneamente o por separado). La principal pregunta que surge de estos hallazgos es de qué modo las expresiones culturales presentes en las áreas protegidas contribuyen a poner en valor la relación naturaleza-cultura, ampliando la dimensión de patrimonio natural a la noción de patrimonio biocultural. En este sentido, la cultura pewenche entrega profundas significaciones que, sumado a una historia de transformaciones territoriales, sintetizadas en el nombre de la Reserva “China Muerta”, y la petición de distintas personas mapuche de cambiar su nombre que devela la herida colonial (Mingolo, 2007), instan a investigar más profundamente sobre los conocimientos y procesos que dan cuerpo al patrimonio biocultural de este territorio.

En este sentido, es importante entender que el conjunto de memorias, conocimientos, saberes y experiencias recogidas desde la cultura mapuche-pewenche es imprescindible para valorar el patrimonio biocultural presente en el territorio, en la lógica del inter-conocimiento (De Sousa Santos, 2010), superando cualquier intento de crear un repertorio estático o de carácter museológico, sino más bien crear un cuerpo de aprendizajes para todas y todos quienes estén interesados en su valoración y protección.

Finalmente, queda planteada la oportunidad (y necesidad) de abordar esta temática de estudio, orientada a identificar y difundir los elementos culturales que dan cuerpo al patrimonio biocultural en el territorio de las araucarias, superando las divisiones naturaleza/cultura y patrimonio natural/patrimonio cultural. Nuestra propuesta se orienta al desarrollo de investigaciones basadas en el pluralismo epistemológico que combine el enfoque etnográfico (Mora, 2010; Bartolomé, 2003), el diálogo de saberes (Leff, 1998) y los métodos propios del diálogo mapuche, basados en el nütram y el trafkimün (Figueroa, 2008), enfatizando la revisión permanente del proceso y sus hallazgos desde la decolonialidad y la interculturalidad (Walsh, 2012) como superación del pensamiento abismal (De Sousa Santos, 2010). Con ello, lo que este artículo propone es investigar más profundamente estos procesos, los conocimientos, las tensiones, las memorias y los saberes construidos históricamente en torno a las reservas forestales en Chile, tanto para visibilizar la heterogeneidad sociocultural de tales territorios; como también para sistematizar propuestas y proponer espacios de diálogo intercultural respecto de la conservación de la biodiversidad, del quehacer de las áreas protegidas en contexto de riesgo y desastres socionaturales, y sobre todo de prevención de los mismos.

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1Es importante señalar que este trabajo de campo (2015) fue realizado por estudiantes de la carrera de Antropología de la Universidad de Concepción, en el marco de la asignatura “Espacios rurales y políticas públicas”, dictada por la profesora Noelia Figueroa. En el mes de marzo de 2016, aproximadamente un año después, se dio por finalizada esta investigación y se realizó un segundo trabajo de campo en la comuna de Melipeuco con el propósito de presentar los resultados a la comunidad, en un contexto de reunión de comunidades indígenas y de organizaciones sociales, trabajo de campo esta vez realizado por las dos investigadoras autoras de este artículo.

2La comuna concentra parte de las siguientes áreas silvestres protegidas: Parque Nacional Conguillío, con 60.833 hectáreas, y la Reserva Nacional China Muerta con 12.825 hectáreas (PLADECO Melipeuco, 2011), además de la Reserva Natural Villarrica, con 61.462 hectáreas (fuente: SERNAGEOMIN).

3Es posible encontrar planteamientos opuestos sobre qué es el conocimiento científico, por ejemplo, entre Mario Bunge y Paul Feyerabend (Bunge, [2000] 2007).

4La Corporación Nacional Forestal es “una entidad de derecho privado dependiente del Ministerio de Agricultura, cuya principal tarea es administrar la política forestal de Chile y fomentar el desarrollo del sector”. Fuente: http://www.conaf.cl/quienes-somos/

5Por ejemplo, en las siguientes fuentes: http://www.24horas.cl/nacional/incendio-arrasa-con-reserva-china-muerta-yamenaza-parque-nacional-conguillio--1613510, y http://tiempo21araucania.cl/los-pulmones-de-nuestro-chile-estan-gravemente-heridos-la-dolorosa-tragedia-de-china-muerta/

6Fuente: http://www.conaf.cl/conaf-entrego-plan-de-restauracion-de-incendio-china-muerta/

7Fuente: http://www.ufro.cl/index.php/mas-noticias/2698-nuevos-antecedentes-en-caso-de-incendio-en-reserva-nacionalchina-muerta-entre-laboratorio-ufro

8La promulgación del decreto nº 43 del Ministerio de Agricultura (1990) resultó como consecuencia de la denuncia y lucha llevada a cabo por comunidades pewenche (Quinquén, Pedro Calfuqueo, Huenu Cal Ivante y Huallem Mapu) contra la tala indiscriminada de su árbol sagrado, declarándose Monumento Natural a la especie araucaria araucana, “terminando de esta manera con un periodo intenso de explotación” (Catalán et al, 2005: 301).

9Fuente: http://www.forestal.uach.cl/noticias/post.php?s=2015-04-14-recuperar-la-reserva-china-muerta-tardara-entre-300-y-400-anos

10D.S. N° 330. Santiago, Chile, 27 de julio de 1968.

11El pueblo de Melipeuco se funda en 1941, pero la comuna se establece en 1981.

12Dentro de los colonos se menciona a María y Andrés Lamoliatte, Mario Silva, Meza Quiroz, Luis Lavanderos y Carlos Massi. Dentro de los predios menciona El lote El Marcial, el fundo Casas de Agua y el predio La Fusta de Mosso S.A.C. En los años siguientes a la declaración de la Reserva, varios de terrenos y sus propietarios fueron expropiados por la Reforma Agraria y posteriormente devueltos a dichos propietarios (Correa, Molina y Yáñez, 2005).

13De acuerdo a referencias locales, en Melipeuco se establecieron comunidades mapuche relocalizadas desde territorios wenteche, producto de la construcción del primer aeropuerto en el lof de Maquehue, Temuco.

14Fuente: http://www.fiscaliadechile.cl/Fiscalia/sala_prensa/noticias_det.do?id=8431

15Fuente: http://www.conaf.cl/conaf-entrego-plan-de-restauracion-de-incendio-china-muerta/

16Se reserva la identidad (datos personales) de las y los entrevistados, según el acuerdo de confidencialidad.

17Un caso que ejemplifica la puesta en marcha de un proyecto co-gestionado por comunidades pewenche, es trabajado por Reyes (2005: 300-307) en su artículo “Ecoturismo para la protección de la araucaria: un desafío para la asociación pewenche Quimque Wentru de Lonquimay”, incluido en el libro Bosques y comunidades del sur de Chile (en Catalán et al, 2005).

18En el sentido de la validez que implica el conocimiento científico en torno a lo construido socialmente como realidad, en este caso, en relación a los mecanismos de acción, a las causas y efectos atribuidos al incendio forestal, los cuales ontológicamente resultan ser distintos a aquellos que la cultura mapuche atribuye al mismo evento.

19Donde la colonización, otrora de los conquistadores, es perpetuada por los estados nacionales.

Recibido: 28 de Noviembre de 2017; Aprobado: 24 de Mayo de 2018

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