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Cultura-hombre-sociedad

versión impresa ISSN 0716-1557versión On-line ISSN 0719-2789

Cult.-hombre-soc. vol.29 no.1 Temuco jul. 2019

http://dx.doi.org/10.7770/0719-2789.2019.cuhso.02.a07 

Documentos y testimonios

Diálogos antropológicos para descifrar la crisis socioambiental en Chiloé

Anthropological dialogues to untangle the socioenvironmental crisis in Chiloé

Francisco Araos 1  

Juan Manuel Saldívar 1  

Alejandra Lazo 1  

Francisco Ther-Ríos 1  

1 Universidad de Los Lagos, Chile

Resumen:

Durante los primeros meses del año 2016 sucedieron en el archipiélago de Chiloé una serie de trastornos ecológicos en el ecosistema marino que provocaron una de las mayores crisis socioambientales del último tiempo en la zona sur austral de Chile. A pesar de que es posible identificar los contornos específicos de la crisis, referidos a la marea roja, las investigaciones que movilizan el debate presentado en este texto muestran que la crisis se inscribe en un amplio e histórico proceso de transformación socioambiental experimentado en el archipiélago, con implicancias en las diferentes esferas de la vida social y ecológica de Chiloé. Apoyándose en diversas investigaciones antropológicas realizadas en los últimos siete años el artículo entrega, a modo de diálogo antropológico, los elementos clave para descifrar la crisis socioambiental de Chiloé: una historia de auge y decadencia en la explotación de recursos naturales, los conflictos territoriales y las estrategias de acción de los grupos organizados, los fenómenos migratorios intra y extra-regionales y las dinámicas de movilidad archipelágica. Asumiendo las diferentes dimensiones y aproximaciones, el artículo discute las intersecciones entre las investigaciones y la antropología pública, identificando los principales desafíos que la crisis socioambiental coloca a la disciplina. En suma, al artículo expone las evidencias del despliegue de un proceso de transformación en curso, cuyo futuro, aún incierto, puede representar el punto de cambio para una recomposición territorial del archipiélago de Chiloé.

Palabras clave: Crisis Socioambiental; Chiloé; Antropología Pública; Transformación

Abstract:

During the first months of 2016, diverse ecological perturbations in the marine ecosystem arose in the Chiloé archipelago which caused one of the most severe socio-environmental crises of the last years in the southern Chile. Although it is possible to identify the specific limits of the crisis associated to the algal bloom, the research presented in this paper shows that the crisis is part of a broad process of socio-environmental transformation experienced in the archipelago with implications to the different social and ecological life dimensions of Chiloé. Based on anthropological research carried out over the last seven years, this paper presents, as an anthropological dialogue, the key elements that allow for the untangling of Chiloé's socio-environmental crisis: a history of the boom and the decline of the exploitation of natural resources, territorial conflicts and collective action strategies of local groups, the intra and extra-regional migration phenomena and the dynamics of archipelagic mobility. Taking into account these different dimensions and approaches, this paper discusses the intersections between research and public anthropology, identifying the main challenges that the socio-environmental crisis imposes over the discipline. In short, this article exposes the evidence of the unfolding of a transformation process, whose future, still uncertain, could represent the shifting point for a territorial recomposition of the Chiloé archipelago.

Keywords: Socio-environmental crisis; Chiloé; Public Anthropology; Transformation

Introducción

Durante los primeros meses del año 2016 se sucedieron en el archipiélago de Chiloé una serie de trastornos ecológicos en el ecosistema marino que provocaron una de las mayores crisis ambientales del último tiempo en la zona sur austral de Chile. El florecimiento de algas nocivas (FAN) -conocido popularmente como marea roja- a una velocidad y con una extensión pocas veces visto, provocó la muerte masiva de salmones en los centros de cultivo y el cierre temporal de la explotación de recursos pesqueros artesanales. La intensidad del fenómeno produjo el estallido de un grave conflicto socioambiental que paralizó la isla de Chiloé durante el mes de mayo del mismo año. Desde la demanda sectorial de los pescadores artesanales por el monto de la ayuda económica del gobierno para enfrentar el cierre de las pesquerías, el conflicto escaló hacia el cuestionamiento del modelo de desarrollo neo-extractivista implementado en el archipiélago y sus impactos en el medio ambiente y la sociedad chilota.

A pesar de que es posible identificar los contornos específicos de la crisis socioambiental de Chiloé del 2016, referidos al bloom de microalgas tóxicas y sus efectos en la actividad acuícola-pesquera, las investigaciones que movilizan el debate presentado en este texto muestran que la crisis se inscribe en un amplio proceso de transformación socioambiental experimentado en el archipiélago durante las últimas cuatro décadas, con implicancias en las diferentes esferas de la vida social y ecológica.

Esta constatación y su incorporación en el debate público regional y nacional llevan a preguntarse sobre la función y desafíos de las investigaciones antropológicas en las diversas arenas políticas y reflexionar sobre el carácter público de las mismas.

Con este objetivo se desarrolló la Mesa Redonda titulada “Antropología Pública y estudios archipelágicos: elementos para comprender la crisis socio-ambiental de Chiloé, Chile” en el marco del IX Congreso Chileno de Antropología realizado en enero del año 2017 en el Liceo Politécnico de Castro, en la isla grande de Chiloé. En este espacio participaron antropólogos del Programa ATLAS - Análisis Territorial Local Aplicado y Sustentabilidad - de la Universidad de Los Lagos, que han venido realizando investigaciones antropológicas en los últimos siete años en la región sur austral de Chile.

El presente artículo expone las principales ideas que se desprenden de las investigaciones, tomando como eje de discusión la crisis socioambiental de Chiloé del 2016, las intersecciones con las investigaciones de los autores y los desafíos que la antropología pública coloca a los antropólogos e investigadores en general.

En una primera parte, el artículo presenta los elementos teóricos centrales de la antropología pública y una breve síntesis de la crisis socioambiental, circunscribiéndola a las primeras manifestaciones del bloom de algas, en enero del 2016, hasta el estallido del conflicto en mayo del mismo año. Luego, el artículo se concentra en la discusión realizada en la mesa redonda, presentando las principales ideas y reflexiones de los autores. Finalmente, el texto aporta con una breve conclusión sobre los desafíos que la crisis socio-ambiental de Chiloé impone a una antropología pública y comprometida con el devenir de los territorios.

2. Hacia una Antropología Pública de la crisis socioambiental en el sur austral de Chile

Las Ciencias Sociales son el conjunto de disciplinas que de manera especializada estudian los fenómenos humanos, buscando su comprensión a partir de la descripción y explicación de los hechos sociales (Valenti y Flores, 2009), estando este conocimiento destinado a ser utilizado en la solución de problemas relativos a mejorar las relaciones entre distintos grupos o colectividades. Por su parte, lo público trata de una serie de acciones intelectuales llevadas a cabo dentro de un proceso que consiste en actividades esencialmente políticas. Estas actividades pueden ser descritas como el proceso de elaboración de la política (policy) y visualizadas como una serie de fases interdependientes ordenadas a través del tiempo (Dunn, 1994 en Valenti y Flores, 2009). En este sentido, la Ciencia Pública se desarrolla como una serie de procesos que son comprendidos desde sus faces interdependientes de investigación hasta llegar o destinarse a lo público. La Ciencia Pública es abordada y pensada con un sentido o destino social de la investigación, lo conforma mecanismos específicos que posibilitan acoplamientos estructurales, posee una función prohibitiva y facilitadora de las influencias recíprocas entre la investigación y la sociedad, incorporándose premisas y supuestos, desde los parámetros científicos -textos, teorías y modelos de conocimiento- para realizar operaciones posteriores en la sociedad.

Dentro de esta Ciencia Pública, la Antropología ha aportado desde sus enfoques teóricos a este concepto desde la Antropología Pública, que desde Haanstad (2018), podemos entenderla como un acercamiento a las múltiples estrategias de políticas de resistencia y justicia social, particularmente contextualizado en las políticas de reconciliación en América del Sur y Sudáfrica. Desde esta perspectiva, los antropólogos han estado interesados en “puntos de vista del ‘nativo’" o en el marco de referencia de los actores para comprender por qué funcionan o no las políticas, cómo son recibidas y experimentadas por las personas afectadas por ellas. La Antropología Pública se interesa no simplemente en el contenido o uso del lenguaje, sino por sobretodo en lo que piensan las personas a quienes se dirige, y la manera en que este discurso afecta su vida diaria (Shore, 2010). Esta antropología tiene por misión generar una acercamiento más tangible y pragmático. Bangstad et al. (2017) mencionan que la Antropología Publica, no trata de diluir o “adelgazar” el trabajo académico, sino más bien de traducir ideas complicadas a un lenguaje inteligible y atractivo. En algunos aspectos, ésta antropología se confunde con la Antropología Aplicada, debido a las similitudes que poseen en el campo de lo social, no obstante esta última es más una aplicación práctica de las teorías; teniendo la Antropología Pública características más académicas y teóricas, pero con una simplificación del lenguaje, para que esté al acceso y comprensión de todos, algo así como una inclusividad académica del lenguaje. Para estas dos antropologías, la Ciencia Pública, pasaría a ser un canal para su aplicación metodológica. Un ejemplo de esto, se puede apreciar en las investigaciones vinculadas a la salud pública (Carmo y Guizardi, 2018). Como referente de este tipo de investigación, se encuentran los trabajos de Edward J. Hedican, quien centra su tema en una antropología fuera de la representación clásica o exótica, sino más bien en un catálogo y enfoques temáticos, como el darwinismo social, salud, seguridad alimentaria, antropología forense, resistencia y reconciliación, terror global, militarismo, medios e internet. Su tema central es que los antropólogos deberían comprometerse, antes que evitar problemas de relevancia pública contemporánea (Haugerud, 2017). De esta manera, este tipo de Antropología Pública aboga por una antropología plural, no particular.

3. La crisis del 2016 en Chiloé: elementos para descifrar un fenómeno socioambiental complejo

En el verano del año 2016 se detectaron las primeras señales del florecimiento de algas nocivas (FAN) en la zona norte del mar interior de Chiloé. Éste, un fenómeno ecológico que se origina cuando se combinan una serie de condiciones oceanográficas: como una temperatura media que supera los 15,0C a 16,0 C, una columna de agua estratificada, baja turbulencia y una importante concentración de nutrientes (Hallegraeff, Anderson y Cembella, 2003), suele ocurrir durante los meses más cálidos del año y es conocido popularmente como marea roja (producto de la coloración de la superficie marina por efecto de la proliferación de las microalgas). A pesar de que las microalgas son un nutriente central de las cadenas tróficas marinas, algunas de estas especies son nocivas para otros organismos, como peces, crustáceos y moluscos, pudiendo provocar su muerte y, potencialmente, generar graves problemas de salud en los seres humanos producto del consumo de organismos “contaminados”. Cuando las algas nocivas crecen exponencialmente -fenómeno conocido también como bloom de algas- pueden generar graves problemas económicos y de salud pública; afectando a la acuicultura, la pesca y el turismo en las regiones costeras donde se concentra su crecimiento.

En la zona austral de Chile los eventos FAN se han tornado recurrentes en el último tiempo (Bushman, 2005; Cabello y Godfrey, 2016), suelen asociarse a años en los que la temperatura del agua tiende a ser mayor, por ejemplo, producto de fenómenos como El Niño, y se manifiestan con una importante mortandad de organismos marinos. Las medidas de control habituales son el cierre de algunas pesquerías y la prohibición de captura y venta en las zonas afectadas, lo que conlleva medidas adicionales de apoyo económico para los pescadores y comunidades que dependen de los recursos del mar.

Entre los últimos meses del año 2015 y los primeros días del año 2016 se experimentaron en la zona austral de Chile dos fenómenos determinantes para la proliferación de la marea roja: la intensificación del fenómeno del El Niño en la costas del país y un verano particularmente cálido, con alta luminosidad y radiación solar, que propiciaron el aumento de la temperatura de las aguas en aproximadamente 2,0C (Clement et al., 2016).

Bajo estas condiciones ambientales en los últimos días del mes de enero del 2016 en el área contigua a la isla Quinchao se detectaron las primeras señales del florecimiento de algas nocivas del género Chattonella sp en los centros de cultivos de salmones de la zona1. En las siguientes semanas el fenómeno se intensificó rápidamente, provocando una importante mortandad de peces en otros sectores de la isla. En marzo se habían perdido producto del bloom de algas aproximadamente 26.000 toneladas (en torno de 13 millones de peces), casi el 15% de toda la cosecha de salmón del atlántico prevista para ese año, afectando a 29 centros de cultivo en los sectores del seno de Relocanví, Calbuco y Quemchi2. Al mismo tiempo, y tornando aún más grave el escenario que hasta ese momento involucraba principalmente a la actividad salmonera industrial, se confirmaba la aparición de marea roja (del alga Alexandrium catenella) en la zona sur de la isla de Chiloé, determinando la prohibición de la extracción choritos (Mytilus chilensis), almejas (Venus antiqua), machas (Mesodesma donacium), entre otros3 desde la comuna de Queilén hasta Quellón, lo que sembró alarma y preocupación entre los pescadores artesanales que se preparaban para las ventas de semana santa (SUBPESCA, Comisión Marea Roja, 20164).

Hacia marzo del 2016, cuando el bloom de algas se había tornado una crisis sanitaria y económica a nivel nacional5, se calculaba que en la Región de los Lagos habían muerto en torno de 25 millones de peces, equivalente a 39.900 toneladas de biomasa (SUBPESCA, Comisión Marea Roja 2016), generando pérdidas estimadas en US$500 a US$ 800 millones6. Por su parte, como una medida de salud pública preventiva la autoridad extendió el cierre temporal de la extracción de mariscos hacia gran parte de la Región de los Lagos, incluyendo toda la costa insular de Chiloé y algunos sectores de las regiones de Aysén y Los Ríos. Asimismo, se establecieron las primeras medidas de apoyo económico a los pescadores artesanales y sus organizaciones, tendientes a entregar un subsidio gubernamental que permitiese sobrellevar el período de prohibición de explotación de los recursos.

La gran mortandad de peces representó también un grave problema ambiental, referido al vertimiento de los salmones en descomposición. Cifras oficiales indican que el 57% de los peces fue convertido en harina de pescado, el 30% fue vertido en tierra y el 13% restante en alta mar (SUBPESCA, Comisión Marea Roja 2016). Este último porcentaje fue el que generó mayores controversias, tanto a nivel científico como de la opinión pública, respecto de los impactos que causaría el vertimiento de 4.600 toneladas de peces muertos a 75 millas náuticas al oeste de la costa norte de la Isla Chiloé7. Para muchos actores del territorio, el desecho de los salmones en el mar se conectaba directamente con la expansión de la marea roja en la zona sur de la isla8 y, consecuentemente, con una serie de muertes masivas de organismos marinos observadas en aquellos meses9. A pesar de que el informe oficial elaborado por un comité de expertos científicos de diversas universidades y centros de investigación del país señaló la inexistencia de un vínculo entre los dos eventos, la sospecha instalada entre los actores locales sobre una relación de causalidad entre el desecho de los salmones y el florecimiento de la marea roja evidenció la existencia de un “conflicto ontológico” entre las partes involucradas (Blaser, 2013), que desbordó los límites de la “realidad” ecológica del mar chilote fabricada por las evaluaciones y planes de contención de las agencias ambientales del gobierno y las industrias.

Así, se torna interesante observar la dinámica de relaciones establecidas entre los diferentes eventos socio-ecológicos que desencadenaron el conflicto de mayo del 2016 y comprender cómo su sucesión fue configurando una crisis que sobrepasó los modos de entender -las epistemologías- el fenómeno y, por sobretodo, los diversos “mundos” que se enredaron y se enfrentaron durante esos meses.

Los pescadores artesanales fueron los primeros en manifestarse contra las medidas gubernamentales para enfrentar la crisis, cuya precaria situación incentivó a que otros actores y organizaciones sociales de la isla de Chiloé se sumaran a sus demandas. La controversia acerca de la marea roja y los salmones vertidos en alta mar que inicialmente había movilizado a sectores específicos de la sociedad chilota -pescadores y ambientalistas-, rápidamente escaló hacia un conflicto social que agregó las diversas fuerzas sociales de la isla en torno a los impactos socioambientales de la industria del salmón e incorporó en sus reivindicaciones una crítica al modelo de apropiación económica de la zona marina y costera desplegado por la salmonicultura10. Durante todo el mes de mayo del año 2016 se sucedieron manifestaciones, protestas, bloqueos de carreteras, asambleas y actos públicos que colocaron en evidencia los impactos sociales y ambientales de la salmonicultura, así como la baja capacidad del gobierno y de las industrias para procesar el conflicto en su origen. A pesar de la fuerza e impacto público que tuvo esta movilización, se ha reconocido que el movimiento del mayo chilote no escaló a nivel regional y tampoco logró organizar una demanda colectiva que integrara la diversidad socio-territorial del archipiélago, restringiendo sus consecuencias políticas a respuestas sectoriales y beneficios específicos para algunas organizaciones (Delamaza, 2018). Con todo, vemos que el conflicto de mayo del 2016 se inscribe en una trayectoria de movilización iniciada a lo menos 20 años antes, cuyas raíces se encuentran en una serie histórica de ciclos de crisis en los sistemas de explotación de los recursos naturales -tal y como mostrará el trabajo de Saldívar en este texto-, cuyas tensiones y contradicciones constituyen un espacio potencial para la emergencia de nuevos conflictos que logren alterar la trayectoria de desarrollo dominada por la salmonicultura y propiciar la recomposición territorial del archipiélago en el horizonte de la sustentabilidad socioambiental (Loinger y Némery, 1998).

Esta breve síntesis de la crisis sociambiental de Chiloé del año 2016 permite vislumbrar la complejidad del fenómeno analizado, la conexión entre los procesos sociales y ecológicos experimentados en este período de tiempo específico y las implicancias para el futuro de este territorio del sur austral de Chile.

3. El debate antropológico: Intersecciones entre la crisis socioambiental, antropología pública y los estudios archipelágicos

Las preguntas que motivaron el debate en la mesa redonda y que articulan la discusión del presente artículo son: ¿ Qué tipos de antropologías son necesarias y pertinentes para el archipiélago de Chiloé en el contexto de crisis socioambiental? ¿Qué tipos de racionalidades o lógicas están reproduciendo los estudios antropológicos para el archipiélago de Chiloé? ¿Qué desafíos teóricos y metodológicos impone la crisis socio ambiental de Chiloé a la antropología?

A partir de enfoques teóricos y metodológicos ligados a la antropología, las investigaciones han concentrado sus esfuerzos en comprender las múltiples dimensiones de la vida social y cultural de los habitantes de esta región del país. En este proceso, se han integrado otras miradas y perspectivas -de la historiografía, la geografía, la sociología y las ciencias ambientales-, con la premisa de establecer aproximaciones interdisciplinares a la realidad que permitan comprender la complejidad de los fenómenos analizados.

Específicamente las investigaciones que componen este trabajo refieren a:

a) Conservación Marina y procesos de toma de decisiones11: Este proyecto de investigación tuvo por objetivo general comprender el proceso de toma de decisiones que definió la creación y gestión de las Áreas Marinas Protegidas (AMPs) “Pitipalena-Añihué” y “Tic-Toc” localizadas en el Golfo de Corcovodo, al sur de la Isla Grande de Chiloé. Los principales resultados de la investigación indican que: i) la creación de las AMPs responde a un largo y conflictivo proceso de transformación socio-territorial de la zona sur austral de Chile, tensionado por la expansión de la salmonicultura y de sus impactos socio-ambientales, y la consolidación de un modelo de desarrollo sustentable basado en la conservación de la biodiversidad de carácter privado y público; ii) el proceso de toma de decisiones se organizó en torno de una red de gobernanza de múltiples agentes que sustentó la iniciativa de conservación y que la orientó hacia el uso sustentable de los recursos naturales por medio de la creación de Áreas Marinas Protegidas; iii) la conservación de la biodiversidad ha emergido en este contexto como una herramienta de contestación frente a la expansión de estas actividades económicas y de sus impactos en el modo de vida de los grupos locales. Este movimiento eco-político se ha organizado en torno de ensamblajes conservacionistas contingentes, cuya emergencia ha sido impulsada a través de redes y plataformas sociales compuestas por múltiples agentes. El objetivo de estas agregaciones eco-políticas ha sido la protección de los lugares de vida de las comunidades locales, entendiéndolos como espacios socio-ecológicos que permiten la reproducción social y la subsistencia de un grupo humano determinado a través el tiempo.

b) Migración transnacional e imaginarios culturales12: Este proyecto de investigación en ejecución, tuvo como objetivo caracterizar etnográficamente los imaginarios culturales en las trayectorias migratorias de comunidades transnacionales chilotas en sus desplazamientos hacia el sur de la Patagonia que involucran particularmente los territorios de Ushuaia (Argentina) y Punta Arenas (Chile) entre 1950-2015. El objetivo de estudiar estas migraciones desde una perspectiva histórica, económica y cultural, nos ayudó a situar factores y periodos relacionados con las crisis ambientales. Uno de estos periodos hace referencia a la contaminación de los campos agrícolas provocada por el tizón de la papa (Phytophthora infestans), ocurrido en el año 1950, mismo que determinó el desplazamiento masivo de familias campesinas hacia Patagonia. Según algunos hallazgos etnográficos, el cese de la migración chilota a finales de la década de 1980, también se relacionó con el ensamblaje de empresas salmonicultoras en el archipiélago, debido a las promesas laborales que despertaban las industrias transnacionales. Parte de los avances de investigación, muestran hallazgos relacionados con el desplazamiento de tradiciones culturales chilotas hacia territorios patagónicos, así como también la incorporación y legitimación de tradiciones fuego patagónicas en el archipiélago. En ambos lados se manifiestan escenarios ambivalentes provocados por las trayectorias migratorias, formación de comunidades, ensamblajes culturales y circulación de mercancías que forman parte de un campo social transnacional patagónico más amplio.

c) Ensamblajes de la movilidad archipelágica13: El proyecto de investigación llevado a cabo en el archipiélago de Quinchao, Chiloé, tuvo como objetivo analizar la movilidad de las comunidades archipelágicas del mar interior de Chiloé como un ensamblaje que emerge, se estabiliza y entra en tensión a partir de las diferentes relaciones existentes entre los elementos humanos y no humanos (objetos, animales, tecnologías, materialidades, discursos) revelando el lazo entre los isleños y sus entornos, el nexo entre lo social, material y ambiental. Esta investigación, se enmarca en la constatación de que las movilidades han sido esencialmente estudiadas en contextos metropolitanos, continentales y subcontinentales dando poca importancia a los procesos de movimiento de personas, objetos, imágenes y discursos que ocurren en los mares, litorales e islas. Tomando en cuenta lo anterior, se indagó en el “ensamblaje de la movilidad” de las islas del mar interior de Chiloé, que se formó a partir de la estrecha relación que los isleños han establecido con sus territorios, y los diversos elementos que lo componen, y donde los sentimientos, la creatividad y la adaptación han sido y son relevantes para la cotidianeidad. En efecto, fue posible observar que, a lo largo de la historia de estas comunidades el movimiento y las prácticas de movilidad tuvieron un rol significativo y que los elementos materiales y naturales han permitido sobrellevar la tensión entre: movilidad e inmovilidad, conexión y desconexión, insularidad y continentalización. Asimismo, se constató que las transformaciones sociales, culturales, políticas y ecológicas producidas en las últimas décadas en Chiloé, han afectado este ensamblaje lo que se ha visto reflejado en un cambio en las prácticas de movilidad de los isleños, en su percepción del tiempo y del lugar, así como en su relación con el medio ambiente. Se integraron para el análisis de la movilidad archipelágica los estudios de las geografías sociales y culturales de las islas con las teorías del ensamblaje y los enfoques de la antropología del medio ambiente. Asimismo, se trabajó de manera innovadora con etnografía móvil, seguimiento de personas en movimiento y registros visuales para acercarse a la experiencia de la movilidad en contextos archipélagicos.

3.1. Mesa Redonda: hacia una comprensión integral de la crisis socioambiental en Chiloé

A continuación se presenta a modo de diálogo y siguiendo el orden de las preguntas el debate realizado en la mesa redonda que motiva el presente artículo. Las respuestas de los investigadores fueron sintetizadas y editadas para extraer de ellas las principales ideas, tomando como eje la comprensión de la crisis socioambiental de Chiloé. Las preguntas y respuesta de los investigadores se identificaran con sus iniciales FT, FA, JMS y AL14.

¿Qué tipos de antropologías son necesarias y pertinentes para el archipiélago de Chiloé en el contexto de crisis socio ambiental?

FA: Debemos pensar en una antropología que comience por desesencializar ciertos presupuestos acerca de nociones como: comunidad local, participación social, la idea de región; entendida principalmente en términos administrativos, y concentrarse en flujos y circulaciones de personas, de ideas, de objetos, así como en las relaciones, conexiones y fricciones globales/locales que sostienen esos flujos, que sobrepasan las fronteras de los lugares y de las “culturas” (Tsing, 2005).

Esto implica, por ejemplo, extender las indagaciones sobre los impactos y las relaciones de la industria salmonera en la región de Los Lagos hacia Aysén y Magallanes, por el sur, y la Araucanía y el Bío Bío, por el norte, asumiendo que cuando hablamos del territorio salmonero debemos referirnos a una región commodity que abarca toda la zona costera de estas regiones, incluyendo zonas terrestres como lagos y ríos, a partir del encadenamiento productivo que desarrolla esta industria.

Para el caso de la conservación, este enfoque implica reconocer que el proceso de toma de decisiones se constituye en torno de ensamblajes y redes multi-locales de agentes (Li, 2007; Alexander y Armitage, 2015), cuya participación en las arenas de gobernanza los conecta con otros espacios y niveles de decisión (Araos y Ferreira, 2013; Araos y Ther 2017; Araos, 2018). En términos metodológicos, el enfoque se traduce en movimientos de ascenso y de descenso - zoom in y zoom out - de la observación (Morán, 2011), que permita seguir la circulación de los agentes por las diversas escalas de gobernanza (Araos, 2018).

Por último, creo que es una antropología que se compromete a involucrar a las personas con las cuales trabaja en todas las etapas de investigación, y principalmente - destaco esto - en el diseño de las mismas. Generalmente, la participación se deja para los procesos posteriores, en la difusión o en el marco de metodologías participativas, pero muy pocas veces se ven investigaciones donde el diseño de las preguntas, de los objetivos, sea concordado y consensuado con los actores que son después los objetos de la indagación, y que sea lo suficientemente flexible para adaptar las metodologías a las condiciones de un determinado lugar o grupo humano.

JMS: Efectivamente hay una crisis, y no es una crisis nueva, sino que se puede pensar como una crisis histórica que ha provocado fisuras en diferentes momentos del archipiélago. Cuando nos referimos a crisis ambiental en Chiloé, nos dejamos llevar por un conocimiento relacionado con el mar interior, donde, efectivamente, las crisis han sido notorias. Sin embargo, otros fenómenos ambientales se han manifestado en áreas de producción agrícola, como el tizón de la papa (Phytophthora infestans) que contaminó los campos durante la década de 1950 provocando migraciones transnacionales de familias campesinas hacia lugares de Patagonia austral chilena y argentina (Saldívar, 2017a). El tizón de la papa fue un detonante para la migración masiva de familias y también un proceso de larga duración donde se pueden observar etapas de re-migración. Estos desplazamientos que se extienden durante diferentes etapas históricas, siendo los años 50´s contenedores de movilidades difusas hacia lugares multigeográficos, muchas personas en este proceso de crisis, en este caso socioambiental, dejaron el territorio para establecerse en otros lugares. Después, a principio de la década de los 80´s, el ensamblaje de empresas salmonicultoras figuraban como un mesías laboral que terminaría con los conflictos económicos del archipiélago. Fueron los migrantes chilotes que permanecían en Patagonia los principales actores que arroparon a estas empresas, marcando un considerable cese de la migración histórica hacia aquellos lugares donde también habían decaído las estancias e industrias lanares. Aparentemente hay un corte de la migración, pero en el fondo lo que sucede es un encantamiento en torno a la ocasión de empleos remunerados, y por eso es que cesa de alguna manera la migración. Una de las intenciones en este proceso de cese migratorio fue la posibilidad de re-habitar el archipiélago, quedarse en Chiloé y disfrutar de la comunidad, la familia, el entorno. Entonces, la crisis ambiental genera en el fondo una serie de incertidumbres que se relacionan con la movilidad y la migración donde la cultura está implícita y vinculada como un concepto que podemos entender para discernir ciertos aspectos de la vida cotidiana. En ese sentido, el retomar la historia desde un punto de vista catalejo, entender el pasado para observar el presente e imaginarnos el futuro, es interesante en sentido de futuribles, conocer escenarios posibles, sobre todo esta idea de maritorio, conexión de mar y tierra y sus re-significaciones culturales en diferentes escenarios del archipiélago. Las crisis ambientales en el fondo lo que provocan es una cuestión de caos y de paranoia, no solamente por lo que se prevé sino por esta idea de caos vista como engendradora de nuevas posibilidades hacia lo desconocido. De nueva cuenta, pensar en factores ambientales que han provocado movilidades y migraciones es relevante para situar la noción de territorio vivido (Ther, 2012), relacionado con los escenarios de futuro desde la noción de prospectiva (Berger, 1964). Es justamente el concepto de “futuribles” (De Jouvenel, 1999) el que ha alcanzado mayor resonancia, sugiriendo pensar no en uno, sino en varios futuros, los cuales no pretenden predecir panoramas, sino construirlos mediante la planeación estratégica.

AL: Frente a la pregunta de qué tipo de antropología sería pertinente en el contexto de una crisis socioambiental, mi respuesta viene desde el lente de la movilidad. En ese sentido, creo que estamos en un contexto móvil. Hay un movimiento de gente, de recursos, de materialidades (Urry, 2007). La antropología ya no estudia espacios fijos, estacionalidades, sino que movimientos que se van cruzando en nuestro espacio y tiempo. Por lo tanto, creo que la antropología más pertinente para observar lo socioambiental y otras problemáticas, es una antropología cada vez más comprometida con sus objetos de estudio, una antropología más crítica, y en este sentido, que busca otras maneras de conocer. ¿Y cómo llegamos a otras maneras de conocer? Creo que tiene que ver con una investigación que sea mucho más renovada, que anime estilos de investigación que sean más performativos (Thrif, 2008). A mí me gusta mucho esa idea de una antropología que no represente sino que presente, anime, reaviva, que no simplemente describa las realidades (Vannini, 2011a). Considero que lo anterior, nos permite observar esta realidad que es móvil, porque no solamente estamos nosotros humanos, sino que también hay otros actores que participan de estas realidades, y en el caso socioambiental vemos que no solamente les compete a los actores locales o los actores públicos, políticos, sino que hay una serie de cosas que van interactuando y conformando esta realidad. Por lo tanto, yo creo que la manera de cómo la antropología podría situarse es siendo una antropología mucho más renovada, más comprometida, buscando estilos mucho más performativos, más innovadores, que permitan conocer esos objetos-sujetos que no son fijos, sino que son móviles y están interactuando en relación.

FT: Sería una antropología que tienda a ensamblar los distintos actantes, humanos y no humanos, y eso requiere, como dices tú bien Alejandra, metodologías que sean innovadoras. Y probablemente en esa mirada innovadora también está esta mirada crítica que tú subrayas.

AL: Sí, a medida que uno pueda acercarse a los objetos, y a la realidad, con técnicas como seguimiento de personas y todo este tipo de métodos, uno está mucho más comprometido con lo que está estudiando, porque trata un poco de “experimentar”, obviamente dándose cuenta que uno nunca es capaz de acercarse a la realidad en su totalidad.

FT: Entonces, ante la primera pregunta, de qué tipos de antropologías son necesarias y pertinentes para estudiar el archipiélago de Chiloé en el contexto de crisis socio ambiental, Francisco partía subrayando una antropología comprometida con las poblaciones locales, discutían incluso visibilizar con ellos los problemas a estudiar.

Juan Manuel subrayaba una antropología con una especie de catalejo, que pueda mirar hacia el pasado, los procesos históricos, y al mismo tiempo con este background histórico proyectar el mismo archipiélago de Chiloé. Y por su parte, Alejandra subrayaba una antropología cuyo objeto u objetivo sería ensamblar o reensamblar más bien los distintos actantes humanos y no humanos, y poniendo el acento en aspectos metodológicos, al mismo tiempo haciendo una antropología mucho más crítica.

¿Qué tipos de racionalidades o lógicas están reproduciendo los estudios antropológicos para el archipiélago de Chiloé?

FA: Los estudios están mostrando que Chiloé y sus habitantes están en constante movimiento; entre las islas del archipiélago, hacia la Patagonia o hacia el norte, y que las propias características socioambientales de esta región, privilegiada en términos de recursos naturales, ha atraído nuevos actores con intereses y racionalidades divergentes, y la mayoría de las veces contradictorias entre sí (Román et al., 2015).

En el caso de la conservación esto queda plenamente ejemplificado con los diversos proyectos de conservación que se han intentado desarrollar en la zona. En ese sentido, destaco el caso del área marina de Chiloé y Corcovado donde participaron colegas antropólogos (Álvarez y Navarro, 2010), precisamente por la necesidad de encontrar un mecanismo de consenso entre las diversas racionalidades que confluyeron en este proyecto: científicas, económicas y locales, ancladas en ontologías divergentes sobre la naturaleza, las relaciones de los humanos con los no humanos (las ballenas azules y otros cetáceos como objeto de conservación, desarrollo económico o cultura local) y las formas de apropiación -fabricación- de esta realidad en los diferentes contextos políticos (Lowe, 2006; West, 2006) (por ej. a través del mapeamento de áreas prioritarias para la conservación a partir de los avistamientos y las rutas de navegación de las ballenas azules por el Golfo del Corcovado). En suma, una tensión permanente entre las múltiples definiciones -y de los portadores de esas explicaciones (Latour, 2004)- de la vida en los océanos (Helmreich, 2009).

Ahora bien, la trayectoria de desarrollo de la conservación de la biodiversidad en Chiloé y la Patagonia -que podría extenderse a todo Chile pensando en este tema- es que existe una asimetría de poder que se instala de manera estructural en todos estos procesos de decisión y que están definiendo las posibilidades de diálogo o de encuentro que sean relativamente fértiles para esas racionalidades (Araos et al., 2017).

Se observa, por lo tanto, una constante tensión entre racionalidades -entre formas de comprender el mundo- y ontologías -entre mundos posibles- (Blaser, 2013; Escobar, 2008, 2012; Sepúlveda y Sundberg, 2017), algunas veces creativa y otras veces destructiva, cuya trayectoria de desarrollo se organiza en torno a un movimiento continuo de atracción, de agregación y desagregación de agentes en ensamblajes o composiciones altamente contingentes (Delanda, 2006).

JMS: Desde una perspectiva metodológica, la discusión puede estar centrada en nuevas estrategias de análisis que nos ayuden a localizar los territorios dentro de una reflexión que implique los imaginarios de la vida insular, cotidianidades y nociones de habitar el archipiélago. Siguiendo esta idea de antropología catalejo (Saldívar, 2017), es relevante pensar en los estudios comparativos entre Chiloé y otros archipiélagos del mundo, debido a que aportarían datos e información de escenarios multisituados/multilocales (Marcus, 1995). En este sentido, sería oportuno pensar en la memoria de bricolaje (Halbwachs, 2004), donde logremos posicionar a Chiloé como un mosaico multisituado que se replica a través de las crisis, las cuales han detonado una serie de fenómenos colaterales. Esta noción de escenarios interactuados nos ayudará a reflexionar no solo en Chiloé profundo, sino también para entender situaciones que aparentemente no tienen relación pero que se conectan, o que no se encuentra la interacción en el momento pero que dentro de un análisis minucioso tienen una conexión más amplia, producto de una reflexión constante. En ese sentido los estudios comparativos desde una perspectiva que implique etnografías en movimiento, considerando la revisión de archivos, análisis visual, biografías e historias de vida donde el foco sea el seguimiento circunstancial de personas, dramas, objetos y vida social de los sujetos, aportarían una serie de hallazgos históricos, económicos, políticos y culturales. Además que estas triangulaciones lograrían situar al archipiélago en un plano de interpretación profundo, del cual podemos entender tal vez no sólo el concepto de lo socioambiental, sino en qué momento se encuentra Chiloé y cuál es la idea de futuribles, a dónde vamos y cuál es la situación entre pasado y presente de ese vehículo que transporta y comunica al archipiélago de Chiloé en un plano más amplio de prospectiva.

Basado también un poco en lo que comentó Alejandra en torno a la movilidad, dejar de pensar los lugares y las personas como una cuestión bilocal y ver un poco más lo local-global como conexiones e interconexiones. Eso también ayuda a situar cuestiones como el concepto de territorio, justamente los estudios sobre archipiélagos serán relevantes para tener al menos un primer plano, un cuerpo de información sobre Chiloé desde un punto de vista más amplio donde logremos comprender e interpretar a Chiloé no solamente como espacio situado de tradiciones culturales, sino también como un cuerpo que siente, vive y respira a la par del continente. Por otro lado, los cuestionamientos serían dirigidos en sentido de cómo se representan las tradiciones culturales, pues son bricolajes de imágenes y formas que se encuentren en constante movimiento, circulan por encima de los bordes, cruzan lugares y se sitúan en diferentes espacios a la vez. Han formado y transformado ciertos vínculos con lugares no solamente del continente sino también con espacios de asentamiento. Sigo pensando en las migraciones transnacionales chilotas, cuando hay una migración hay puntos de referencia, punto A y punto B, ¿pero qué pasa con el centro? Es decir, las trayectorias, los procesos, la resiliencia provocada por las ausencias, las nostalgias, las identidades, los retornos. Será importante repensar y posicionar al archipiélago como un contenedor de paisajes que posibilitan conexiones e interconexiones fuera de los bordes fijos e interferidos.

FT: Y en esta idea que tú propones de estudiar tradiciones, y a través de un enfoque de etnografía multisituada, ¿cuáles serían las racionalidades o lógicas que podrían estar emergiendo cuando hablamos de Chiloé mismo?

JMS: En un primer momento, pienso en esa posición que plantea George Marcus de seguir personas, seguir objetos, seguir tramas, seguir conflictos y seguir la vida. Aquí el secreto va a ser un poco más de poder entender o posicionarse en nuevas perspectivas teóricas metodológicas en el sentido de ver cosas, o no seguir reproduciendo los mismos intereses de estudio y entender un poco más otros. Por ejemplo en este caso, qué está pasando con las tradiciones culturales en el sentido de no dejar un concepto de cultura como un tanto ambiguo sino tomarlo en cuenta desde diferentes posiciones. La etnografía es una primera etapa de estudio antropológico donde prima la observación, descripción y trabajo de campo (Levi-Strauss, 1976). En mi experiencia investigando sujetos migrantes transnacionales, cubanos en Sudamérica y ahora, chilenos en Argentina, ha sido relevante la estrategia de “seguir” que propone George Marcus a través de la Etnografía Multisituada (Marcus, 1995), que consiste en el seguimiento circunstancial de personas, objetos, historias y biografías. El objetivo es trazar rutas etnográficas para la recolección de información sobre el fenómeno estudiado en diferentes localidades, en este caso serían urbanas, rurales y costeras.

FT: ¿Y tú dirías que es básicamente una lógica, una racionalidad culturalista que emerge en los actuales estudios sobre Chiloé?

JMS: Pienso que hay una carga bastante difícil para ciertas líneas. En ese sentido puedo citar dos, la primera al menos es dirigida a los estudios socioambientales ¿a qué nos estamos refiriendo cuando nos concentramos en este tipo de líneas de investigación y bajo qué lupa conceptual se han desarrollado las pesquisas? Seguramente estoy opinando desde una antropología cultural donde los actores fundamentales son las personas y sus acciones, en este caso, simbólicas que determinan la noción de territorio vivido. Esto podría situarnos en una primera capa de información bastante interesante para tener en cuenta lo socioambiental visto desde la cultura. Pero hay una cuestión que me sigue dando vuelta y es más un cuestionamiento metodológico ¿cómo se está siendo intervenido etnográficamente el archipiélago de Chiloé? Concentrarse en la búsqueda de un método acorde que implique pensarse en perspectiva multidisciplinar sería una buena proyección para la antropología regional, archipielágica y del medio ambiente. Los comentarios acertados que hace Alejandra Lazo nos abren las “cortinas” y nos “sacan las vendas”, para seguir reflexionando sobre Chiloé desde la antropología, ya sea ambiental, social y cultural. En este sentido, opino que la antropología sureña está teniendo todo un proceso de formación y de reconstrucción bastante interesante en el sentido de las investigaciones que desarrollamos antropólogos jóvenes interesados por temáticas variadas, somos pocos o, al menos somos pocos los que observamos Chiloé con otros ojos conceptuales y metodológicos, intentando no reconstruir, sino aportar a una línea de investigación que bien podría situarse en los estudios regionales y, particularmente, socioambientales. Esto implica seguir las huellas de investigaciones realizadas por antropólogos como Francisco Ther, Juan Carlos Skewes y otros interesados en el estudio de Chiloé.

AL: Yo creo que la modalidad o lógica que emerge, es lo que dijo anteriormente Juan Manuel, esta idea de hibridez, ideas que se van superponiendo, este concepto del “bricolage”. Son racionalidades híbridas, pero en la medida que son racionalidades que se intersectan por las tensiones, por las superposiciones.

En el caso de la movilidad, uno puede ver cómo se superponen distintas lógicas de movilidad, distintas constelaciones (Cresswell, 2010; Vannini, 2011b). Como decía Juan Manuel, desde una perspectiva histórica en cuestiones más antiguas como la forma de moverse y de conseguir un espacio, con formas mucho más actuales, que tienen que ver con otros discursos, con otras prácticas y otras materialidades. Con otros imaginarios. Pero no es que la antigua constelación desapareció y el nuevo emerge, sino que se superponen y van produciendo interrupciones y por lo tanto creo que eso es lo que hoy día estamos investigando, y eso es lo que estamos viendo en Chiloé. Y también emerge un poco este tema de la política. De ahí emergen las desigualdades, el tema de la exclusión, porque en el caso de la movilidad, y del movimiento en Chiloé, no todos están concernidos por la movilidad de la misma manera. No todos tienen acceso. No todos tienen celulares -eso lo discutíamos un poco en el simposio de la mañana-, no todos tienen los mismos recursos, el mismo capital, no todos saben cómo ocupar un celular. No todos, aunque tengan un aeropuerto, viajan en avión. Son lógicas que vienen de afuera y que se superponen con lo que existe dando cuenta de una micropolítica que nos habla de desigualdad y exclusión en este territorio. Por lo tanto, estos territorios híbridos, con tensiones superpuestas de prácticas y lógicas permiten ver la desigualdad de género, de clase, capital, etc. (Creswell, 2010).

Junto con eso, no hay que perder de vista que nosotros estamos en el mundo con otros sujetos. Actuamos con estas infraestructuras, con estas prótesis, con estos elementos. Creo que por ahí va esta nueva manera de entender y de situarse en el territorio habiendo también fricciones, obstáculos, movimientos de personas, objetos.

FT: Y en este macrocosmo que es el archipiélago, Alejandra, ¿crees tú que, pensando en una especie de estado del arte, los estudios que se hacen sobre Chiloé están dando cuenta de lo que tú mencionas como estas racionalidades implicadas, híbridas? ¿Se está reproduciendo eso, o es lo que habría que estudiar? ¿Tú encuentras que haya un matiz entre lo que se ha hecho y lo que se podría hacer para adelante? ¿Qué tipo de lógicas son las que se están estudiando ahora dentro de la antropología?

AL: Se puede decir que la antropología en Chile -y bueno, en toda Latinoamérica- sigue siendo muy conservadora, muy clásica, que le tiene algo de miedo a todas estas cosas más innovadoras que vienen de afuera. Muchos de estos conceptos vienen de afuera, están en inglés y la antropología acá le tiene un poco de miedo a involucrarse y hacerlo. En el caso de Chiloé, los estudios obviamente son mucho más clásicos, tienen que ver con una perspectiva mucho más histórica, más que de los cambios.

FT: ¿Crees tú que es la antropología la que está un poco tímida? ¿O somos los antropólogos más bien los tímidos y poco críticos para hacer estos estudios?

AL: Difícil, yo creo que ambos. Echémosle la culpa a los dos. Bueno, es que la antropología en otros lugares es un poco más innovadora, va a la vanguardia. Creo que esto le pasa un poco a la antropología chilena, a la antropología latinoamericana, en general las ciencias sociales son un poco más tímidas. La cuestión creo es como adaptamos eso que viene de afuera y lo ocupamos para analizar otras realidades. Los temas son clásicos también. Siguen siendo los mismos temas de siempre, y el abordaje teórico y metodológico que se hace sigue siendo conservador.

FT: Entonces, ante la pregunta de qué tipos de racionalidades o lógicas están reproduciendo los estudios antropológicos para el archipiélago de Chiloé, destacar algunas ideas que surgieron. Francisco hablaba de racionalidades en tensión creativas y destructivas, Juan Manuel hablaba de una racionalidad híbrida, y en ello subrayaba Alejandra, que son racionalidades que tienden a concentrarse en los aspectos culturales y las tradiciones. Y ahí aparece esta crítica de que la antropología -yo pienso que más bien somos los antropólogos- debe cambiar. Porque la antropología es como la institución. Esto tiene que ser alterado desde adentro para poder dar cuenta en definitiva de este gran juego de racionalidades en tensión. Entonces, parece ser que ahí hay un vacío, pero que al mismo tiempo en cada uno de ustedes, los tres lo están considerando como un tipo de oportunidad en sus respectivas investigaciones. Y creo que eso es bastante meritorio.

¿Qué desafíos teóricos y metodológicos impone la crisis socio ambiental de Chiloé a la antropología?

FA: El gran desafío de la crisis socioambiental en Chiloé impone a la antropología el desarrollo de más y mejor interdisciplina. Inicialmente, esto no implica dejar de lado los métodos o los objetos puramente antropológicos. Me parece que es pertinente que exista una antropología que se dedique a estas preguntas y problemas de investigación, y que lo haga con la mayor rigurosidad científica. Implica, más bien, reconocer que, por una parte, los problemas ambientales contemporáneos son “dilemas complejos en constante e intensa transformación” (Ferreira et al, 2017, p.557) y, por otra, que requieren de una aproximación teórico-metodológica relacional que combine múltiples enfoques y herramientas (Araos, 2017; Araos, 2018). En la práctica, la interdisciplina requiere un acto de humildad y curiosidad científica, de reconocer que la antropología tiene sus limitaciones, que no puede responder todas las interrogantes, al contrario, necesita de otras disciplinas para comprender la integralidad y muldimensionalidad de las cuestiones socioambientales.

Esto, ante todo, me parece una respuesta pragmática a los tiempos y a los problemas a los cuales nos enfrentamos, y que se enmarca en una antropología pública.

Ahora bien, colocado este punto, sucede también que cada vez que voy a terreno, que participo de una reunión para definir alguna estrategia de conservación, cada vez que entrevisto a un científico o a un ambientalista, o inclusive un líder local, me queda claro que la antropología es extremadamente necesaria, inicialmente para problematizar ciertos presupuestos como la gestión, adaptación y participación social. En este sentido, práctico la interdisciplina como un acto etnográfico, como un acto de extrañamiento inicial, de intentar comprender al otro o a la otra disciplina, intentando identificar los espacios de convergencia y las alternativas para unificar ciertas trayectorias.

JMS: Pienso también que la aproximación etnográfica hacia los espacios de intervención, en este caso, del archipiélago, podrían concentrarse como un reto teórico y metodológico, dialogar con disciplinas que complementen estudios antropológicos. En mi experiencia, el giro metodológico que he avanzado ha sido la atención de nuevas formas de narración, incursionando desde una etnografía histórica valorizando las narrativas locales y multisituadas (Saldívar, 2017, 2018). Habría que atrevernos un poco más, entrar a otras líneas de investigación. Esta idea de cruces conceptuales y metodológicos van a respaldarnos e inspirarnos en nuevos objetos de estudio o, de manera precisa, repensar aquellos objetos sobre fenómenos que consideramos invisibles y poco comunes. Retomando el tema de la antropología catalejo, en el fondo es una mirada, una forma de entender no sólo también a nosotros mismos dentro de un contexto de análisis. Esta idea de autoetnografía es relevante para reflexionarnos dentro de un campo de análisis denso, logrando, seguramente, evitar ciertos sesgos y nacionalismos metodológicos. La objetividad científica en la actualidad incluye nuestras sombras como actores que jugamos roles específicos, no invisibles como la antropología clásica nos sugería. Ahora bien, no es necesario ser militante, ni siquiera iniciado de una tradición religiosa del África Subsahariana para utilizar este tipo de herramientas. La autoetnografía es una importante mediadora para las intervenciones en campo y el trabajo de campo (Gupta y Ferguson, 1997). ¿Cuándo dejar el terreno? ¿Cuándo regresar al mismo? es entonces ver un poco a través de las experiencias, los contextos, y ver de qué manera sus significados terminarán siendo un contenedor de experiencias que posibilita conexiones y reflexiones.

En este mismo sentido, sería oportuno plantearnos una agenda donde los cuestionamientos sean dirigidos en sentidos multi-transversales. Repensar las fronteras archipelágicas ¿Hasta dónde visibilizamos la frontera, el territorio y las tradiciones culturales? No se podría despegar el concepto de cultura y tradición que se está descuidando los últimos tiempos. Es decir, se parte desde una perspectiva antropológica, entendiendo la noción de la cultura, y se termina sin tener al menos una descripción densa de lo que se requiere. Entonces creo en lo multidisciplinar y, por otro lado, esto de atreverse a proponer nuevas estrategias metodológicas de aproximación que nos ayuden a repensar conceptos satélites y nos permitan situar objetos y sujetos dentro de un campo analítico y fenomenológico más amplio. Entonces, podríamos pensar en una agenda para la antropología en el sur austral, particularmente en región de Los Lagos y Chiloé. Me interesa la noción de frontera en el caso de Chiloé, es decir ¿hasta dónde alcanza reflexionar la noción de frontera en términos culturales? Para los chilotes la noción de frontera es flexible e incluso, inacabada. Desde una perspectiva histórica los desplazamientos chonos y huilliches estuvieron marcados por ciertas rutas y trayectorias de encuentro. El archipiélago como territorio vivido es también un lugar de encuentro en la construcción identitaria y se puede leer en el mapa de lo político y económico. En este sentido, atreverse a desterritorializar los imaginarios archipielágicos provocaría nuevos análisis sobre conocimientos locales, los territorios como lugares con significados que son cambiantes en el tiempo y en el espacio. Desde el campo de la migración chilota, por ejemplo, el territorio patagónico es un espacio interactuado, escenario de épicas batallas que han llevado a construir una serie de discrepancias sobre las fronteras difusas e imaginadas. Parte de la agenda antropológica en el sur austral, sería situar los territorios patagónicos, donde Chiloé figura como epicentro en la discusión científica. No he encontrado tantos estudios sobre la circulación de mercancías y extensión de mercados de nuevos mercados transnacionales, la idea de una carretera austral que conecta o no ¿Hasta dónde una carretera austral puede llegar a comunicar y mantener todo un proceso histórico, político y económico más amplio? Y trayectorias imaginarias transnacionales en torno al desplazamiento de la memoria, de la experiencia. Pienso que los nuevos enfoques tendrían que estar un tanto más situados desde uno mismo, es decir ¿hasta dónde quiero llegar y hasta dónde se puede aproximar con los objetos de estudio, para ir un poco más adelante en otras perspectivas?

FT: A lo mejor aquí hay algún adepto a la antropología posmoderna. En esto que tú planteas, ¿cómo no caer en esta especie de antropología posmoderna cuando uno termina hablando de las emociones, los sentimientos, los miedos, los terrores, las alegrías que uno siente cuando se está en un lugar? Terminas describiéndote a ti mismo y no lo que está sucediendo. La pelea de gallos de varios. Gertz está hablando de lo que él siente en todo momento, y el nativo aparece sólo como una palabra que repite dos veces. Me gusta esta idea de reconocer el archipiélago de Chiloé como un territorio de donde hay movilidades, y que sirve también para conocerse colectivamente. ¿Pero cómo evitar caer en esta otra idea muy posmoderna del tipo Gertz? Según lo que entiendo, Juan Manuel, tú más bien te acercas probablemente a lo que hacían antropólogos como Margaret Mead, trasladándose a Samoa para estudiar a los adolescentes, y ese conocimiento de los adolescentes, los otros, diferentes culturalmente hablando, para comparar con los adolescentes estadounidenses. ¿Podrías comentar un poquito esto? Porque parece que hay algo que se está construyendo, que está entre dos polos, algo de antropología al estilo de Margaret Mead, y una antropología posmoderna, pero que no quiere ser ni una ni la otra. Es para limitar ciertas fronteras para esta antropología que involucra al parecer desafíos teóricos metodológicos para estudiar el archipiélago de Chiloé.

JMS: Todos nos formamos dentro de ciertos cánones científicos donde imperan factores como el encantamiento que provocan nuestros “héroes” y sus “teorías”, lo cual se encuentra relacionado con los vínculos que construimos entre la institución y sus sellos y, nuestros guías de tesis. En mi experiencia como sociólogo renegado y mi apreciación hacia la antropología cultural, mis suelos de formación ocurrieron en la Universidad Católica del Perú y, después, la Universidad Católica del Norte y Tarapacá, donde el tipo de antropología que se valoraba era la relación entre modernidad e hipermodernidad. En este sentido, fueron las corrientes posmodernas aquellas que formaron mis visiones sobre mundos conectados e interactuados. Las metodologías también posicionaron estas visiones, pues la etnografía multisituada fue relevante para mi corta experiencia estudiando tradiciones religiosas afrocubanas en Sudamérica y, actualmente, el hinterland de migrantes, migraciones y sus tradiciones culturales chilotas en suelos australes de Chile y Argentina. Mi caballo de batalla ha sido la perspectiva transnacional, originada en el norte global a finales del siglo XX en el seno de las ciencias políticas, la economía, la sociología y la antropología (Appadurai, 1986; Hannerz, 1996; Levitt, 2001; Levitt y de la Dehesa , 2003; Levitt y Glick-Schiller, 2004; Levitt y Jaworsky, 2007). Uno de los principales tópicos de discusión hacían referencia a la centralidad y posterior dislocación del Estado-nación con relación a los flujos de capitales que circulaban alrededor del globo transformando fronteras e identidades nacionales por los constantes desplazamientos de personas. Los giros interpretativos en la perspectiva transnacional se distanciaron del enfoque que proponían estudiosos como Toffler (1980) o McLuhan y Bruce (1989) sobre “globalización” a mediados de los 80’s. Estas discusiones abrieron una eventual reflexión sobre las soberanías, los territorios y las ciudadanías que, demandaban las comunidades en sus cruces de fronteras políticas y ensamblajes globales (Appadurai, 1996; Collier y Ong, 2005; Hannerz, 1996; Hobsbawn y Ranger, 1984 ). Las apuestas eran enfundadas en términos de alcances globales, siendo lo transnacional en cierto modo, más adecuado para fenómenos que no ocurren dentro de un mismo Estado, sino considerando largas distancias, priorizando las conexiones (locales y globales) entre lugares y personas. Surgieron discusiones relevantes a principios de los 90's, con algunas propuestas conceptuales como las de “comunidades transnacionales” (Kearney y Nagengast, 1989) “circuitos migratorios transnacionales” (Rouse, 1992), “campos sociales transnacionales” (Basch, Glick-Schiller & Szanton, 1994); “translocalidad” (Appadurai, 1996); “ecúmene global” (Hannerz, 1996); “espacios sociales transnacionales” (Pries, 1999); “cadenas migratorias” (Faist, 2000); “barrios transnacionales” (Besserer, 2014), entre otros. A esto me refiero, atreverse con diferentes enfoques teórico-metodológicos. Ahora bien, el enfoque transnacional no tiene necesariamente que ver con el cruce de fronteras, sino que también hay que entender que lo que sale de un lugar para establecerse en otro y en aquellos fenómenos que pueden llegar de fuera y establecerse dentro. Entonces, vamos a ver lo transnacional con otro lente. Veamos lo que llega, lo que se establece, lo que sale. Me vinculo un poco más a ese tipo de antropología, una que podría desarticular parámetros propios de una antropología clásica. Es relevante no solamente visto desde Chiloé, sino desde los cruces o conexiones culturales con otros lugares del sur austral. Me confío más en este tipo de antropología, en cierto modo un gusto adquirido donde he encontrado la problematización individual, seguramente como migrante, mexicano radicado en el sur austral chileno y estudioso de las tradiciones culturales cubanas en Sudamérica y, actualmente, chilotas en Argentina.

AL: Este giro que necesita la antropología se da primero desde un punto de vista teórico, un giro en la forma de pensar el problema, pero este giro tiene que venir acompañado de un giro metodológico. Uno no puede cambiar la teoría si no están las metodologías necesarias para estudiar las nuevas realidades. Por lo tanto, creo que el desafío es importante, y en general, creo que no solo en la antropología, sino que las ciencias sociales están dando este paso que se asemeja a lo que ocurrió décadas atrás con el giro cultural. Esto puede generar una metodología más pertinente para estas nuevas realidades. Insisto, me gusta mucho esta idea de teorías no representacionales y de fijarnos también en cómo volver a mirar las prácticas, en el background, los eventos, en las cosas más mínimas y cotidianas a la hora de hacer una etnografía (Thirf, 2008). Y en el caso de mi investigación, me acerco a la realidad con métodos móviles, por ejemplo, etnografía móvil, etnografías de viaje en lancha, en movimiento con los sujetos, en metro o arriba de una micro (Jirón y Iturra, 2011; Lazo y Ther, 2014). Los registros audiovisuales son también una técnica que ayuda a captar cosas que a veces no son tan evidentes con la utilización de registros más tradicionales. Hay una serie de métodos y técnicas que se están ocupando hoy en día, en la antropología y las ciencias sociales, que nos permiten acercarnos a la práctica, a los eventos, los afectos, a estas relaciones. Comprendo la realidad como relacional. En ese sentido, tener una metodología que vaya más allá de la entrevista es pertinente, y también atreverse a experimentar con distintos métodos que permiten acercarse a la realidad, reconociendo siempre que uno nunca conoce la realidad de una manera total. Es necesario ser reflexivo, para evitar caer en preguntas, como decía Juan Manuel, de una antropología posmoderna. Creo que cuando uno reflexiona dice “bueno, estoy representando la realidad que yo vi, esta fue mi experiencia del viaje en lancha, fue mi etnografía móvil”. Así resultan etnografías distintas, pero cuando uno lo reconoce, está reconociendo también esa realidad, y tú te la puedes imaginar. Y así como hay una metodología, yo creo que también uno puede buscar diferentes formas de presentar los resultados: presentar en papel, o en video, o de alguna forma poética, como un cuento. Hay distintas formas de presentar los resultados. También eso es importante, y tiene que ver con un acercamiento metodológico distinto.

FT: ¿No crees tú que habría una necesidad de evaluar lo que se logra en esta antropología no representativa? ¿Será lo mismo los resultados en un vídeo, un poema, una escritura etnográfica? También lo que uno no se puede imaginar. Está Zamir Bugueño, que utiliza análisis multricriterios. Ahora hay que evaluar cuánto se está diciendo con estas técnicas nuevas y otras que probablemente no somos capaces de analizar en este momento. Tampoco podemos caer en que todo es válido en términos de técnica. Habrá que evaluar también cuáles llegan a niveles mayores niveles de profundidad. Habría que evaluar eso. Y si es así, ¿quién evalúa esto? Digamos, en el sentido de una cartografía participativa, o un relato etnográfico no representativo, ¿cuánto pesa más uno con respecto a lo que está sucediendo en territorio como el archipiélago de Chiloé? ¿Quién evalúa esto?

AL: Considero que uno no puede decir que un enfoque es más válido que otro. Yo creo que más bien son complementos. En el fondo estos enfoques complementan otros más tradicionales. No se puede decir que la entrevista no es válida o que la observación clásica tampoco. Uno complementa, enriquece más la investigación. Entonces uno se compromete más con la investigación en la medida en que está con los sujetos, en la medida que evidencia un poco lo que significa, por ejemplo, el desplazamiento. Entonces yo creo que se valida esa reflexión, la compartes, la muestras y ahí se mantiene. Ahí se valida el trabajo, tu compromiso, la crítica.

FT: Está bien. Ahora, yo como que me entusiasmé con la conversación, y estaba pensando un poco en el sentido de que pareciera ser que una de las características de la sociedad moderna actual, no solamente para el archipiélago de Chiloé, es estas características de la movilidad, de la migración. Pero pareciera ser que junto con la movilidad aparece esta necesidad de reconocer al otro que lo tengo aquí al lado. El otro antes estaba aplazado a miles de kilómetros. Ahora el otro está aquí al lado. Por lo tanto, justo con la movilidad, parece que una de las características que se da en la sociedad es la coexistencia, ¿no? Coexistencia entre puntos diferenciados culturalmente, con otros que están diferenciados -sin ponernos marxistas- en clases sociales, en lo humano, vegetal, animal -en el caso de Chiloé, peces-, pesquería bentónica y todo lo demás. Si ustedes están de acuerdo más medianamente con lo que digo -movilidad por una parte, coexistencia por la otra-, ¿cómo le “entramos” a todo esto, como dicen los mexicanos? Creo que no sé si es momento, pero sí creo que hay que reconocer, digamos -yo diría sí- que más que la antropología, creo que los antropólogos y antropólogas jóvenes tienen un tremendo desafío, y que al mismo tiempo es una oportunidad para poder responder a cuestiones de este tipo. ¿Cómo piensan ustedes que a uno puede entrarle estas cosas, y que además le podamos poner algún apellido a la coexistencia? Una coexistencia en tensión, destructiva y creativa como decía Francisco. ¿Cómo entrarle a todas estas cosas? Y donde me parece que el reclamo para la antropología, es una antropología que sin dejar de ser académica, vuelva a ser tan comprometida como probablemente lo fue en algún momento. Es una antropología pública. Los papers son importantes. Pero también tenemos que saber difundir los resultados para esos actores que no son académicos. Los mismos chilotes, por ejemplo. ¿Qué se puede hacer con todo esto para hacer más atractiva la antropología, transformarla un poquito? Yo creo, más que la antropología, en los jóvenes antropólogos que pueden hacer esto. Confío más en eso. Personas con nombre y apellido más que en abstracto la antropología. Sin la antropología, a mí nadie me invitó. En cambio, si yo digo Alejandra Lazo, si yo digo Francisco Araos, si yo digo Juan Manuel Saldívar, estamos dando una responsabilidad a estos jóvenes antropólogos para responder a cosas como movilidad, migración, coexistencia con tensiones constructiva y destructiva. Entonces, ¿cómo verían ustedes todo este cuento? Si esto sucede en todo el mundo, pero el archipiélago de Chiloé es un microcosmos, ¿cómo podemos poner nuestro sello?

3. Conclusiones

Las investigaciones que sustentan el debate presentado en este artículo permiten descifrar parte de la complejidad de la crisis socioambiental experimentada en Chiloé en el año 2016. Algunos de los puntos clave destacados en el texto fueron:

i) La crisis socioambiental de mayo del 2016 se vincula a una larga historia de auge y decadencia en la explotación de recursos naturales en el archipiélago de Chiloé, vinculada al desarrollo de un modelo económico extractivista que configuró sus dinámicas territoriales. En la actualidad la industria acuícola -salmonicultura y mitilicultura- es la principal fuerza que define la configuración del territorio, ya sea como un enclave económico (Bustos, 2017) o cluster productivo (Montero, 2004), determinando sus componentes esenciales y los límites para su desarrollo: un régimen privatizador de los espacios y recursos naturales por medio de las concesiones acuícolas, un sistema institucional que incentiva la actividad industrial, medidas sanitarias laxas para combatir los impactos ambientales y un sistema laboral precarizado.

ii) Identificamos en los procesos migratorios intra y extra-regionales uno de los fenómenos clave para comprender la transformación socio-territorial experimentada en el archipiélago de Chiloé, lo que se ha expresado en diversos ciclos de migración chilota hacia la Patagonia chilena y argentina (Saldívar, 2017, 2018), en una alta movilidad poblacional asociada al mercado laboral acuícola (Lazo y Ther, 2014), así como una drástica reducción de la población en las islas menores durante los últimos años (como queda de manifiesto por ejemplo en el censo del 2017).

iii) Asimismo, constatamos la transformación en las movilidades y trayectorias entre los canales y el mar interior de Chiloé producto de la migración y la creación de nuevos sectores laborales (Lazo y Carvajal, 2018).

iv) Observamos una masificación de las controversias con la industria acuícola a nivel de las organizaciones locales y agentes ambientalistas producto de la intensificación de problemas ambientales tales como: el virus ISA, la marea roja, la fuga masiva de salmones desde los centros de cultivo, el hundimiento de embarcaciones, lo que ha desembocado en una crítica manifiesta al modelo de desarrollo asociado a esta industria. En este contexto, han emergido organizaciones y movimientos sociales organizados en torno de redes y ensamblajes multi-locales que han propiciado la protección de espacios naturales por medio del establecimiento Áreas Marinas Protegidas, como las Áreas Marinas de Múltiples Usos o los Espacios Costeros Marinos para Pueblos Originarios (Araos, 2018). Estos arreglos institucionales para la conservación representan alternativas reales para contestar el régimen privatizador de la zona costera, colocando en evidencia el despliegue de un proceso de transformación socio ambiental en curso, cuyo futuro, aún incierto, puede representar el punto de cambio para una recomposición territorial del archipiélago de Chiloé.

El reconocimiento de la complejidad de la crisis socio ambiental, así como de los procesos emergentes experimentados en los últimos años, colocan importantes desafíos para la antropología. En términos teórico-metodológicos implica ampliar los enfoques tradicionalmente usados por la disciplina, procurando establecer perspectivas interdisciplinares. Se torna relevante incorporar una aproximación multiescalar y multinivel, transitando desde lo local hacia lo global y viceversa. Fenómenos como la movilidad y la migración requieren de enfoques multi-situados, que den cuenta de la contingencia de los ensamblajes de los agentes y de trayectorias en constante mutación. Asimismo, la posibilidad abierta por la emergencia de nuevos actores y dinámicas territoriales, nos obliga a re-pensar el papel de la antropología en el desarrollo regional y en las políticas públicas territoriales, por medio del co-diseño de modelos de gobernanza apropiados al territorio y de la promoción de iniciativas de ciencia ciudadana que permitan establecer un diálogo creativo entre el conocimiento científico y el local

Agradecimientos

Francisco Araos agradece a CONICYT/FONDECYT N. 11180066 “ECMPOS: Ensamblajes conservacionistas para la protección de lugares de vida en la zona costera de la Región de Los Lagos”. CONICYT/PAI/CONCURSO NACIONAL INSERCIÓN DE CAPITAL HUMANO AVANZADO EN LA ACADEMIA CONVOCATORIA AÑO 2017/N. 79170113 y CONICYT/FONDECYT N. 3150341: "Etnografía de conflictos, toma de decisiones y adaptaciones culturales: Dimensiones sociales de la conservación marina en el sur austral de Chile". Proyecto Interno Regular de Investigación ULAGOS R11/18 “ECMPOs en la Región de Los Lagos: iniciativas emergentes para la conservación marina”.

Referencias

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4Recuperado de http://www.subpesca.cl/portal/616/articles-95146_documento.pdf

5http://www.emol.com/noticias/Economia/2016/03/02/790969/Las-cinco-claves-para-entender-el-duro-momento-que-enfrentan-las-salmoneras-por-algas-nocivas.html.

6http://www2.latercera.com/noticia/la-industria-salmonera-durante-y-despues-de-la-emergencia/

7http://www.elmostrador.cl/noticias/pais/2016/06/21/el-testimonio-sobre-el-derrame-de-acido-formico-en-la-region-de-los-lagos/.

8http://www.elmostrador.cl/noticias/pais/2016/05/03/pescadores-de-chiloe-la-marea-roja-aparecio-luego-que-se-vertieron-5-mil-toneladas-de-desechos-salmoneros-al-mar/.

9http://www.biobiochile.cl/noticias/2016/05/04/muerte-de-salmones-varamiento-de-ballenas-y-marea-roja-que-le-pasa-al-mar-chileno.shtml.

10http://www.infogate.cl/2016/05/16/movimiento-social-chiloe-ta-privao-decide-seguir-la-movilizacion/

11Proyecto FONDECYTde Postdoctorado N0 3150341 “Etnografía de conflictos, toma de decisiones y adaptaciones culturales: Dimensiones sociales de la conservación marina en el sur austral de Chile” desarrollado por el Dr. Francisco Araos entre los años 2015-2017.

12Proyecto FONDECYTde Postdoctorado N0 3160798 “Etnografías en movimiento: imaginarios culturales y trayectorias migratorias de comunidades transnacionales chilotas en Ushuaia, Argentina y Punta Arenas, Chile 1950-2015” desarrollado por Dr. Juan Manuel Saldívar Arellano entre los años 2016-2018.

13Proyecto FONDECYTde Postdoctorado N0 3140115 “Etnografía de los ensamblajes archipelágicos contemporáneos: Movilidades y asociaciones socio-técnicas y naturales en las islas del mar interior de Chiloé”, desarrollado por la Dra. Alejandra Lazo Corvalan entre los años 2014-2017.

14FT: Francisco Ther; FA: Francisco Araos; JMS: Juan Manuel Saldívar; AL: Alejandra Lazo.

Recibido: 10 de Agosto de 2018; Aprobado: 30 de Abril de 2019

*

Francisco Araos Leiva es Antropólogo Social, Doctor en Ambiente y Sociedad. Intereses: Antropología ambiental, conservación de la biodiversidad y manejo de recursos naturales, gobernanza marino-costera.

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Juan Manuel Saldívar es Sociólogo, Doctor en Antropología. Intereses: Antropología de la Migración Transnacional, Religiones Transnacionales, Cultura y Desplazamientos humanos.

***

Alejandra Lazo es Antropóloga Social, Doctora en Geografía y Planificación Territorial. Intereses: Antropología de la Movilidad, antropología urbana y rural, reconfiguraciones territoriales, vida cotidiana y modos de habitar.

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Francisco Ther-Ríos es Antropólogo, Doctor en Antropología. Intereses: Antropología del Territorio, desarrollo y gestión territorial; interdisciplina y sustentabilidad, imaginarios territoriales.

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