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Cultura-hombre-sociedad

Print version ISSN 0716-1557On-line version ISSN 0719-2789

Cult.-hombre-soc. vol.29 no.1 Temuco July 2019

http://dx.doi.org/10.7770/0719-2789.2019.cuhso.02.a08 

Documentos y testimonios

Las bifurcaciones: un estado del arte en la sociología1

Marc Bessin 1   4  

Claire Bidart 2   5  

Michel Grossetti 3   4  

1 Centro Nacional de Investigación Científica (CNRS), Francia marc.bessin@ehess.fr

2 Centro Nacional de Investigación Científica (CNRS), Francia claire.bidart@univ-amu.fr

3 Centro Nacional de Investigación Científica (CNRS), Francia rgros@univ-tlse2.fr

4 Escuela de Altos Estudios en Ciencias Sociales de Paris (EHESS) , Francia

5 Universidad de Aix-en-Provence, Francia

Sería necesario una obra completa para analizar rigurosamente los vínculos complejos que los sociólogos, en toda su diversidad, han mantenido con las nociones como contingencia, ruptura, acontecimiento, y todas las otras que se han erigido en torno a la idea de bifurcación. Nos conformaremos aquí con mantenernos en un nivel más general. En un primer momento, volveremos de manera sucinta a los contextos nacionales en los que se constituyó la sociología, ya que nos parece que el rechazo explícito a la contingencia y los eventos es más marcado en la tradición francesa, particularmente en la línea Durkheimiana. Como contrapunto tomaremos la sociología alemana y norteamericana. En este primer momento evocaremos también el estatus de estas nociones en las grandes familias de pensamiento de la sociología, que comenzaron a definirse en torno a las figuras de Durkheim, Weber, Simmel, entre otros. En un segundo momento nos concentraremos en los desarrollos más recientes y adoptaremos una mirada más epistemológica para establecer un vínculo entre las posturas globales de los sociólogos (sean estas objetivantes o comprehensivas) y las concepciones que pueden tener sobre las bifurcaciones.

La tradición sociológica y la pregunta sobre la contingencia: entre rechazo, desinterés y tematización incompleta

La sociología de Durkheim se fundó en gran parte en contra de la explicación de fenómenos históricos mediante los acontecimientos o efectos de la contingencia. En la introducción2 mencionamos la polémica desatada por François Simiand contra los historiadores, acusándolos de hacer demasiado espacio a los grandes hombres, batallas y eventos impredecibles. Simiand estaba tomando ideas ya expresadas por el filósofo y matemático Antoine-Augustin Cournot3. Buscando construir una “física social”, los durkheimianos tienen la necesidad de erradicar todo aquello que no sea científico y, ante sus ojos, nada es menos científico que el “elemento individual o contingente” el cual Simiand recomendaba “tenerlo en cuenta” para “eliminar su acción” (Simiand, 1903. 12-14). Una de las consecuencias del rechazo de la contingencia es que, para trabajar sobre las dinámicas de los fenómenos sociales y sobre el cambio social, Durkheim recurrió a la forma específica del evolucionismo teorizada por el sociólogo británico Herbert Spencer, para quien las sociedades humanas evolucionaron de lo simple a lo complejo, de lo primitivo a lo civilizado, etc. (Spencer, 1862). Basta leer Las formas elementales de la vida religiosa (Durkheim, 1912) para convencerse de ello4. Esta forma de evolucionismo, que se podría llamar "teleológico" para utilizar la expresión de Sewell (1996), presupone la existencia de un sentido determinado de la evolución, el cual puede dar lugar a todo tipo de derivas etnocéntricas. Esa es la razón por la que Claude Lévi-Strauss, en un famoso texto destinado a terminar con este tipo de derivas, escribió justo después de la Segunda Guerra Mundial: “La sociología debe renunciar a todo esfuerzo por descubrir los orígenes y las leyes de la evolución, esta es la lección que surge de la parte de su obra en la que Durkheim fracasó” (Lévi-Strauss, 1945, p. 544).

Desconfiados de la contingencia y curados del evolucionismo, los sociólogos sólo podían centrarse en el análisis de las estructuras y sistemas en equilibrio, o en el rigor sobre la observación empírica de los cambios en forma de tendencias. De hecho, en la sociología, el rechazo del acontecimiento y de la contingencia no se reduce a Durkheim y sus discípulos. Lo encontramos desde hace mucho tiempo entre diversos sociólogos. Por ejemplo, Alain Touraine, historiador de formación, escribió en la década de 1960: “Nada debe afirmarse más enérgicamente que la separación entre el análisis sociológico, cualquiera sea su enfoque, y el análisis histórico. El acontecimiento no es el último eslabón de una cadena explicativa, no está ligado a un principio de explicación de mediaciones determinadas” (Touraine, 1965, pp. 92-93). En un libro sobre el cambio social, Henri Mendras y Michel Forsé insistían en que "la historia está hecha de acontecimientos, y el sociólogo está totalmente desarmado frente a ellos" (Mendras y Forsé, 1983, p. 254).

Entre los sociólogos alemanes, la formulación de la disciplina como ciencia histórica, con su énfasis en la comprensión, no produjo tal oposición frontal con la historia. Lo importante es identificar configuraciones significativas. Las singularidades históricas son objeto de estudio, pero rara vez se analizan desde el punto de vista de la dinámica de los acontecimientos, aunque Max Weber sugirió examinar alternativas no realizadas (llamadas “ucronias”) para comprender la lógica de los acontecimientos históricos. Otra gran figura de la sociología alemana, Georg Simmel, consideraba que la sociología debía partir de la "acción recíproca"55, e hizo del conflicto un elemento común de la vida social (Simmel, 1903-1904). La acción reciproca tiene un carácter intrínsecamente dinámico y parcialmente contingente ya que se trata de un proceso en el cual ninguno de los protagonistas tiene un control total. Simmel también abogó por un "enfoque genético" de los fenómenos históricos permitiendo reconstruir etapas sucesivas en las que la acción recíproca de los individuos conforma entidades colectivas. El método genético permite evitar la atribución de la causa de los fenómenos observados al ingenio de unos pocos o a fuerzas trascendentes (Simmel, 1981). Él se interesaba también en la "aventura" como ruptura de la existencia, y al aventurero como alguien que aprovechaba las oportunidades que se le presentaban (Simmel, 1989). Finalmente, en sus reflexiones sobre la historia, él insistió en el aspecto narrativo de ésta y las reconstrucciones que moviliza (Simmel, 2004). Por varios aspectos, Simmel estaba muy cerca de las ideas desarrolladas en este libro. Sin embargo, como en el tema de las redes sociales donde también es precursor (Degenne y Forsé, 1994), se mantuvo en un trabajo especulativo que no condujo a métodos, análisis empíricos o incluso definiciones conceptuales que nos permitan ir más allá.

Con Durkheim, Weber y Simmel no agotamos la diversidad del pensamiento sociológico6, pero podemos recorrer las grandes familias teóricas en torno a las cuales todavía se puede (con algunos matices, por supuesto) agrupar a los sociólogos. La sociología estadounidense retomó las ideas emprendidas por los sociólogos europeos a principios del siglo XX, añadiendo sus propias influencias (filosofía pragmática, innovaciones metodológicas). Las posiciones de los sociólogos norteamericanos en relación a la contingencia y los acontecimientos, son en parte las mismas que las de los fundadores cuyos trabajos ya hemos mencionado. Así, todas las corrientes que utilizan cuestionarios intensivos y métodos estadísticos han tomado las posiciones de Simiand. El modelo de "realidad lineal general", criticado por Abbott (2001) corresponde perfectamente a esta posición. Sewell (1996) encuentra el equivalente en la sociología histórica con lo que él llama temporalidad "experimental". No es de extrañar que sean los interaccionistas "herederos" de Simmel (lo cual habitualmente llamamos Escuela de Chicago) los más preocupados por las trayectorias y los "puntos de inflexión" en la vida, aspectos cuya teorización descuidaron durante mucho tiempo. Además, algunos de ellos (Goffman), o los que adoptaron posiciones cercanas a la interacción (Garfinkel), se han centrado en niveles muy microsociológicos de análisis buscando una especie de gramática atemporal detrás de la variedad y el carácter contingente de las interacciones. El cara a cara entre la máxima imprevisibilidad de las situaciones en constante cambio y la estabilidad de los "marcos" o de la gramática de estas interacciones hace que desaparezca todo el carácter procesual de las trayectorias y deja poco espacio para interesarse en las situaciones de bifurcación.

Una renovación del interés por las bifurcaciones

La renovación del interés por la contingencia, los acontecimientos y las bifurcaciones, está ligado por un lado al cambio en el mundo social, la complejización de las transiciones en los ciclos de la vida, o la creciente preocupación por los riesgos, y por otro lado, a las evoluciones de las ideas científicas. Estas evoluciones forman parte de las tendencias internas de las ciencias sociales, con una creciente crítica a las concepciones deterministas, pero también dan cuenta de la influencia de las nociones derivadas de la teoría de los sistemas dinámicos o de la teoría de la evolución de las especies, que han contribuido a cuestionar el vínculo entre determinismo, previsibilidad y conocimiento en las ciencias naturales.

La clásica posición determinista, que Simiand formuló muy bien, consiste en buscar regularidades considerando irrelevante la parte de las variaciones aleatorias. Este es el razonamiento de los modelos estadísticos de tipo y = f (X) + ε, donde y es la "variable a explicar", X el conjunto de "variables explicativas", f la función de composición de estas variables explicativas, y ε la cuota de casualidad, que se distribuye según una ley de probabilidad dada (ley de Pareto, ley de Gauss, ley de Poisson, etc.). Estos modelos se basan en la ley de los grandes números, un principio de saturación de las variaciones que postula que, bajo ciertas condiciones, lo que es impredecible a nivel individual puede resultar más predecible a nivel agregado. Para que esta ley pueda aplicarse, las situaciones en cuestión deben ajustarse a criterios ya establecidos, como el hecho de que los fenómenos de las series estadísticas sean independientes entre sí.

Teorías como la de los sistemas dinámicos introducen las variaciones desde otra perspectiva ya que pequeñas diferencias en cualquier punto de un proceso pueden dar lugar a variaciones significativas en los estados del sistema en una etapa posterior. La forma matemática de estos sistemas es de tipo xn = f (xn-1) en la que xn describe el estado de un sistema en un tiempo n, y f es una función dada. Para ciertas funciones y valores de parámetros, diferentes estados del sistema estudiado pueden ser igualmente posibles, lo cual le otorga un carácter indeterminado al sistema. El punto de aparición de un posible nuevo estado se denomina bifurcación, lo cual ha contribuido a popularizar éste término. Ideas similares se pueden encontrar en teorías como la de la evolución en la interpretación de Gould (1989), con la noción de “equilibrios múltiples”, o en la teoría de los desastres de Thom (1983). La transposición de este tipo de razonamiento a las ciencias sociales no puede ser más que una analogía, ya que los modelos utilizados para el estudio de los sistemas dinámicos son estrictamente deterministas, mientras que los científicos sociales generalmente consideran que las actividades sociales no obedecen a lógicas deterministas absolutas.

Considerar el análisis de las bifurcaciones en los procesos, cualesquiera sean los términos utilizados, implica considerar que las situaciones que tienen un grado significativo de imprevisibilidad para el científico pueden tener consecuencias considerables, siempre desde el punto de vista del investigador. Dicho de otra manera, no siempre es posible "aleatorizar" como proponen los modelos estadísticos, porque los aspectos impredecibles pueden influir en los patrones que se consideran importantes. Esto también implica asumir que las causas de una configuración determinada no son necesariamente aquellas que la mantienen, lo cual los economistas resumen diciendo que "la historia cuenta" (Guinnane, Sundstrom y Whatley, 2003).

Sobre esta base, los sociólogos interesados en las estructuras sociales comenzaron a evocar la posibilidad de múltiples equilibrios (Forsé, 1989; Sewell, 1996). Por ejemplo, Granovetter y Mac-Guire (1998) presentan la estructura actual de la industria eléctrica en Estados Unidos (con predominio de grandes empresas privadas) como resultado de la acción, a principios de siglo, de ciertos individuos (Edison) y de las redes sociales en las que podían apoyar para imponer esta solución frente a otros dos dispositivos igualmente posibles en ese entonces (un servicio público unificado o un conjunto de pequeños productores locales independientes). El análisis realizado por estos autores se resume a continuación en un texto más antiguo de Granovetter:

“Estos modelos de equilibrios múltiples, incluso indeterminados, están muy alejados de la tesis historicista según la cual cada caso sería único y todo sería posible […] En el caso de la industria eléctrica, por ejemplo, sólo vemos tres sistemas de equilibrio posibles: la propiedad pública, la generación privada y descentralizada, o un sistema de empresas de capitales privados. Nuestro principal argumento es que, aun teniendo en cuenta las limitaciones políticas, técnicas o económicas de los Estados Unidos de finales del siglo XIX, habría sido improbable que se obtuvieran otros resultados cuando en realidad cada una de estas tres posibilidades podría haberse realizado. La acción individual y colectiva, canalizada a través de las redes existentes de relaciones políticas y económicas, determinó la opción que finalmente se eligió. Parte importante del argumento relativo a este tipo de situaciones consiste en caracterizar las circunstancias que dan lugar a una multiplicidad de equilibrios, y luego especificar las redes de acción colectiva que determinaron en última instancia el resultado observado; una parte de mi tesis sobre la industria eléctrica es que, cuando la forma del sistema estaba bloqueada, las otras posibilidades fueron excluidas y que, en esos periodos, las teorías menos contingentes fueron suficientes.” (Granovetter, 1992, p. 10).

La noción de equilibrios múltiples hace eco de los equilibrios ecológicos de la teoría de la evolución o de los posibles estados de un sistema dinámico. Define un espacio de razonamiento que difiere tanto del determinismo clásico (un único posible equilibrio) como de lo que sería el historicismo radical (una infinidad de posibles equilibrios).

Por el lado de los interaccionistas americanos, en una lógica más interna de las ciencias sociales, se comenzaron a teorizar de manera más asertiva los "puntos de inflexión" (Hughes, 1950). Anselm Strauss, en particular, se centró en el análisis de las transformaciones identitarias en el contexto de los cambios de estatus socialmente organizados. Junto a Barney Glaser, a partir del modelo de ritos de paso desarrollado por Van Gennep (1909), desarrollaron un estudio sistemático de las propiedades de los cambios de estatus (status passage), lo que los llevó a importantes desarrollos en temas como la temporalidad y las reversibilidades (Glaser y Strauss, 1971). Strauss teorizó el proceso identitario en su análisis de las trayectorias de pacientes crónicos. La aparición de la enfermedad introduce una discontinuidad entre el yo del pasado y el yo del presente, con lo cual quedan sometidos a un trabajo biográfico que introduce irreversibilidades y al mismo tiempo redefine el sentido de las continuidades. Los momentos críticos nos obligan a reconocer que ya no somos los mismos y nos fuerzan a adoptar nuevas actitudes.

“Se trata de momentos del desarrollo de un individuo en los cuales es necesario hacer un balance, reevaluar, revisar, y juzgar de nuevo. Si bien toda esta lista se considera como un asunto personal, es obviamente un proceso socializado y socializador. Las formas de los incidentes que precipitan el cuestionamiento de una identidad tienen una amplia oportunidad de producirse y de tener el mismo significado para otras personas que pertenecen a la misma profesión o clase social” (Strauss, 1992, p. 106).

Strauss insiste en la programación social de los cambios de estatus (principalmente con la existencia de antecesores y sucesores). Para el paso de un estatus a otro, cualquiera sea la fuerza de la prueba individual experimentada, las experiencias y las interpretaciones están socialmente estructuradas. Esta idea fue trabajada particularmente por la sociología del curso de vida, la cual se desarrolló primero en los Estados Unidos, luego en Alemania, hasta llegar a estar presente en diferentes sectores de la disciplina. En un esfuerzo por identificar sistemas de estructuración de las biografías, la sociología del curso de vida estudia normas y restricciones, culturales y materiales, que orientan el paso de la edad. Jean-Claude Passeron propuso la noción de "institución biográfica", en un análisis de las estructuras longitudinales y de los flujos, participando de un importante debate vinculado, en los años 80’en Francia, a un cierto encaprichamiento por la entrada a la realidad social a través de la dimensión biográfica (Passeron, 1989).

Distinguir analíticamente entre aquellas investigaciones que corresponden a una sociología del curso de vida, más centrada en la institución biográfica, y otras ligadas a un enfoque biográfico, más focalizado en los relatos de vida, consiste en evaluar el espacio que le otorgan a la subjetividad de las personas. Sin embargo la distinción es sutil ya que ambas perspectivas se interesan en las dinámicas reciprocas entre la acción de los determinismos sociales, familiares y psicológicos y el trabajo de los individuos sobre su propia historia, reflexividad que se convierte en uno de los rasgos sobresalientes de la institución biográfica (Bessin, 2009). Cualquiera sea el caso, la reflexividad interviene en las formas de aprehender los momentos de ruptura de la inteligibilidad. Hareven y Masaoka (1988) concibieron los hitos de la existencia como marcadores perceptibles del curso de la vida, permitiendo una evaluación subjetiva de las continuidades y las discontinuidades, lo cual no quita en absoluto la dimensión social, de la cual trazaron importantes tendencias en el largo plazo. Antony Giddens, uno de los teóricos de la sociedad reflexiva, ha dedicado grandes esfuerzos al desarrollo de los momentos fatídicos (fateful moment), cuya importancia está ligada a la menor integración de los cambios forzados de la vida en un sistema de socialización (Giddens, 1991, p. 113). Incluso las rupturas más inesperadas son generalmente amortiguadas por dispositivos de confrontación inherentes a las interrupciones de las rutinas diarias, que consisten en fórmulas emocionales y conductuales para controlar la ansiedad. Las rupturas se convierten en momentos fatídicos cuando los recursos subjetivos para enfrentarlas no han sido adquiridos en la socialización previa o a través de la capacidad de ajustarse en la urgencia, es decir, cuando estas rupturas no logran reintegrarse a la trama rutinaria de la existencia (Javeau, 2006). Para todos estos autores, las bifurcaciones se sitúan al mismo tiempo fuera de las rutinas y de las socializaciones instituidas, pero socialmente marcadas, reconocidas y estandarizadas.

Desde una perspectiva más fenomenológica, Berger y Luckman (1996) intentaron especificar esta forma particular de socialización basada en una transformación radical de la realidad subjetiva, relacionándola con otra forma de transición identitaria: la socialización secundaria. En estos dos casos de alternancia (en el sentido de convertirse en otros), los autores consideran necesaria la presencia de varias condiciones para permitir la modificación biográfica, dentro de las cuales los procedimientos de realización de estas condiciones deben ser explícitos e intensivos : 1) un dispositivo de mediación entre el viejo y el nuevo yo, es decir, un socio institucional, una especie de Otro generalizado, que actúa como intermediario entre las viejas identidades en crisis y las nuevas identidades en gestación; 2) un dispositivo de conversación que permita la verbalización y sobre todo el encuentro de un Otro significativo capaz de validar, confortar y reconocer la nueva identidad latente que podría así empezar a decirse; 3) una estructura de plausibilidad, es decir, una especie de laboratorio de transformación que permita gestionar la transición entre identificaciones antiguas y nuevas.

En Francia, en los años setenta y ochenta, autores como Edgar Morin, Alain Gras y Georges Balandier ya habían advertido sobre la necesidad de ir más allá de un patrón causal tradicional expresándose en un registro teórico y especulativo (Balandier, 1988; Gras, 1979; Morin, 1977). Durante el mismo periodo, y al mismo tiempo en el que redescubrían los trabajos de la “Escuela de Chicago” (Balandier, 1988; Bertaux, 1976), los sociólogos francófonos comenzaron a utilizar cada vez más las entrevistas biográficas basados en una crítica a los análisis estadísticos tradicionales (Bertaux, 1974). En 1989, en un artículo de síntesis de las formas de causalidad y las nociones de las temporalidades en los trabajos biográficos empíricos, Frédéric de Coninck y Francis Godard distinguen tres grandes modelos de análisis: el modelo "arqueológico", "centrado en la búsqueda de un punto de origen relevante desde el cual se producirán otros acontecimientos", el modelo del “recorrido” cuyo objeto es “la forma misma del proceso”, y el modelo “estructural” que se centra en las “temporalidades que van más allá de una biografía particular” (Coninck y Godard, 1989. 30). A partir de esta división, el modelo del “recorrido” (“el más amplio”), se divide en cuatro sub-modelos distintos:

“Podemos considerar que el tiempo en sí mismo, como duración o cronología, produce el cambio (sub-modelo 1). En los otros casos, por otro lado, observaremos más bien cómo se inscriben las transiciones en el tiempo. Si consideramos que el tiempo es homogéneo, diremos que el cambio puede ocurrir en cualquier momento, simplemente calificaremos la probabilidad que tenga de ocurrir en cada momento (sub-modelo 4, llamado diferencial). Si, por el contrario, construimos el tiempo como heterogéneo, podemos estudiar los momentos de ruptura en sí mismos (sub-modelo 2, llamado bifurcación), o estudiar las inversiones necesarias para producir estas rupturas (sub-modelo 3, llamado energético)” (Coninck y Godard, 1989, pp. 34-35).

El trabajo realizado por de Coninck y Godard en el modelo del "recorrido" coincide en gran medida con la existencia de efectos "históricos" en el curso de vida, es decir, con el hecho de que los acontecimientos ocurridos en un momento dado han tenido efectos de largo plazo y que las configuraciones se mantienen aunque las causas de su establecimiento, cualesquiera que sean estas, hayan desaparecido.

La consideración de las situaciones de cambio que implican incertidumbre no se limita a los estudios de la estructura social o los cursos de vida. Así, en la corriente denominada "pragmática", cercana en algunos aspectos a los enfoques fenomenológicos, la noción de "prueba" se asemeja en parte a la de bifurcación en el sentido antes descrito (Boltanski y Thévenot, 1991). En efecto, una prueba es una situación en la que se resuelven disputas, se ajustan ambiciones contradictorias o se atribuyen valores simbólicos. Ella tiene entonces una dimensión de incertidumbre y puede tener consecuencias importantes. Pero el objeto principal del análisis radica en los acuerdos entre actores sobre la calificación de la situación, acuerdos que son accesibles al investigador principalmente a través de los discursos.

Dilemas epistemológicos

Vemos entonces que la idea de que puedan existir situaciones de incertidumbre para los actores, y de baja previsibilidad para los observadores, lo cual puede tener consecuencias significativas, está finalmente instaurada en la sociología. Poder entender mejor estas situaciones y buscar regularidades en su apariencia o desarrollo ya no parece una especie de abandono de cualquier requisito científico. El análisis de las bifurcaciones puede incluso revelar un importante potencial heurístico (Bidart, 2006; Grossetti, 2004). Sin embargo, tener en cuenta las bifurcaciones y los acontecimientos plantea complejos problemas epistemológicos. Sin revisar exhaustivamente todas las posibilidades, podemos identificar algunas posturas que se encuentran en vigencia.

La posición determinista clásica consiste en considerar que los actores se enfrentan a situaciones de incertidumbre que el investigador puede incluir en las regularidades estadísticas, gracias a las totalizaciones que opera y a las herramientas teóricas que moviliza, y así considerar como previsibles, a excepción de los factores aleatorios, las variaciones consideradas como poco significativas respecto a lo que es el objeto del análisis. Para esta posición, no se trata de negar la existencia de situaciones de bifurcación, sino de considerarlas como marginales o insignificantes con respecto a las regularidades buscadas. El investigador que adopta esta posición se encuentra en una postura objetivante que consiste en construir una representación del objeto estudiado a partir de la información disponible. La postura objetivante puede ser perfectamente asociada con una incorporación de bifurcaciones y acontecimientos. Los textos de Sewell (1996) y Abbott (2001), el de Granovetter citado anteriormente, o la mayor parte de los estudios de carrera o curso de vida están en este registro. Para esto solo basta con admitir la posibilidad de que las situaciones inciertas puedan tener consecuencias que se consideren importantes. En la postura objetivante, el investigador se otorga el derecho de "escribir la historia", de desafiar las temporalidades, los acontecimientos, las bifurcaciones, según sus propios criterios y sobre la base de la información de la que dispone.

Otros investigadores rechazan esta posición, ya que consideran que involucra demasiados riesgos de falsas interpretaciones, mientras que lo que en realidad cuenta son los significados que los actores o agentes asocian a las situaciones que viven. Algunos buscan captar estos significados bajo una lógica comprehensiva, otros prefieren apegarse a lo que puede ser objetivado en los discursos. Evidentemente, el investigador siempre toma decisiones (de encuadramiento, selección, puesta en escena, etc.), pero puede delegar una parte más o menos importante de la definición de las situaciones a los "actores mismos". Esta delegación puede referirse a lo que se considera un acontecimiento o una bifurcación, las temporalidades involucradas, la calificación de situaciones y acciones, etc. El análisis de las bifurcaciones y de los acontecimientos se centra entonces necesariamente en los significados, el lenguaje, el discurso, las formas de narración.

Hemos resumido en la tabla N° 1 estas diferentes posturas (en filas) y las concepciones asociadas de lo impredecible (en columnas). Sólo el primer recuadro es incompatible con un análisis de bifurcaciones y acontecimientos en el sentido en que hemos trabajado estos términos en este artículo. Tomando la expresión de Abbott (2001) para quien lo “narrativo” es todo aquello que describe un proceso (incluso bajo la forma de un modelo matemático o de una descripción histórica con pretensión realista), hemos utilizado el término de “narrativismo” para calificar las otras posturas, asociándolo con otro término para especificarlas.

Tabla N°1 Posturas epistemológicas y concepción de la imprevisibilidad. 

Imprevisibilidad Postura del investigador Para los actores Para el observador
Objetivante “Determinismo anti-narrativo”. Para el investigador la imprevisibilidad no es más que un residuo sin interés. La “realidad” es lo que se reconstruye en el análisis. Positivismo “narrativo” (Abbott) o “narrativismo realista”. El investigador admite la existencia de imprevisibilidades que pueden tener consecuencias “importantes”. La “realidad” es lo que el análisis reconstruye.
“Subjetivante” “Narrativismo comprehensivo”. El investigador trata de comprender el significado que los actores dan a los "acontecimientos" sin tomar partido por la realidad o la naturaleza de los acontecimientos. La “realidad" es lo que sucede en los significados (accesible a través del discurso y la empatía). “Narrativismo discursivo”. El investigador se fija el objetivo de recoger discursos en los que busca la referencia a los acontecimientos, o el cambio de referencias en el discurso, sin tomar partido por la realidad o la naturaleza de los acontecimientos fuera del discurso. La única "realidad" social objetivable es el discurso. Por lo tanto, es sólo en este nivel donde se pueden detectar los acontecimientos y los cambios.

Estas posturas pueden coexistir naturalmente en un mismo autor y en un mismo texto. Sin embargo, esta breve tipología, por imperfecta que sea, debería ayudar al lector a encontrar su camino a través de las contribuciones de los diversos autores y de los sociólogos en particular. Todos ellos están persiguiendo, a su manera, las pistas de las que hemos esbozado un rápido inventario en este texto

Referencias

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1"Este articulo corresponde a una traducción de un artículo originalmente publicado en francés, traducido por Ismael Tabilo del texto original: Bessin Marc et al., “Les bifurcations, un état de la question en sociologie “, in Michel Grossetti et al., Bifurcations, La Découverte “Recherches”, 2009 pp. 23-35.

2N. del T.: Los autores hacen referencia a la introducción del libro Bifurcations (2009) Editorial La Découvert, del cual este artículo forma parte.

3"Ya sea que un general del ejército se haya debilitado en un día de batalla como resultado de alguna indisposición cuyo secreto lo guarda su mucamo, o que se haya aprobado una resolución importante del gabinete después de algún complot de tocador, estas son causas que atraen al buscador de anécdotas, lo que puede incluso proveer una oportunidad al moralista para revisar el tema de las debilidades y miserias del hombre, pero que no son dignas de la etiología histórica o de la filosofía de la historia, tal y como la entendemos” (Cournot, 1872, p. 8).

4Esta tendencia no era compartida por todos los Durkheimianos. Sería necesario, si tuviéramos el espacio, discutir con más detalle concepciones como la de Halbwachs. Durkheim también fue perfectamente capaz durante sus análisis, de interesarse por los "accidentes individuales", como cuando destacó la importancia de la personalidad de Abélard en el proceso de emergencia de las universidades en Francia. (Grossetti, 2004).

5“Hay sociedad, en el sentido más amplio de la palabra, dondequiera que haya acción recíproca entre individuos” (Simmel, 1894, p. 497).

Recibido: 01 de Febrero de 2019; Aprobado: 28 de Mayo de 2019

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Marc Bessin es Sociólogo del Centro Nacional de la Investigación Científica (CNRS) y del Instituto de Investigación Interdisciplinaria sobre los desafíos sociales (IRIS) de la Escuela de Altos Estudios en Ciencias Sociales de Paris (EHESS). Líneas de investigación: temporalidad, curso de vida, care y género. Sociología de las presencias sociales. Correo Electrónico: marc.bessin@ehess.fr

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Claire Bidart es Socióloga del Centro Nacional de la Investigación Científica (CNRS) y del Laboratorio de Economía y Sociología del Trabajo (LEST) de la Universidad de Aix-en-Provence. Líneas de investigación: sociología de la juventud y los procesos de transición a la vida adulta, curso de vida, metodología de análisis de redes sociales y las dinámicas relacionales, así como la socialización e inserción profesional de los jóvenes. Correo Electrónico: claire.bidart@univ-amu.fr

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Michel Grossetti es Director de Estudios de la Escuela de Altos Estudios en Ciencias Sociales de Paris (EHESS), Director de Investigación del Centro Nacional de la Investigación Científica (CNRS), miembro del Laboratorio Interdisciplinario de Solidaridad, Sociedades y Territorios (LISST). Líneas de investigación: innovación, geografía de las actividades científicas, redes sociales y teoría sociológica. Correo Electrónico: rgros@univ-tlse2.fr

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Ismael Tabilo es Sociólogo Universidad Alberto Hurtado, Máster en Ciencias Sociales por l’École Des Hautes Études en Sciences Sociales de Paris (EHESS). Investigador de Política Educativa en SUMMA, Laboratorio de Investigación e Innovación en Educación para América Latina y el Caribe y académico colaborador del departamento de Psicología de la Universidad Alberto Hurtado (UAH). Temas de investigación: emprendimiento e innovación social, sociología de la educación y el trabajo. Enfoque biográfico y curso de vida. Correo Electrónico: ismaeltabilo@gmail.com

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