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Cultura-hombre-sociedad

versión impresa ISSN 0716-1557versión On-line ISSN 0719-2789

Cult.-hombre-soc. vol.29 no.2 Temuco dic. 2019

http://dx.doi.org/10.7770/0719-2789.2019.cuhso.04a03 

Dossier

Medianización social y transformaciones residenciales recientes en ciudades de La Araucanía

Social moyennisation and recent residential transformations in the Araucanía cities

Luis Vergara 1  

1 Académico del Departamento de Ciencias Sociales, Facultad de Educación, Ciencias Sociales y Humanidades, Universidad de La Frontera, Chile. Correo Electrónico: luis.vergara@ufrontera.cl.

Resumen

El capitalismo neoliberal ha impulsado procesos de reestructuración de las clases sociales al interior de los espacios urbanos, los que han derivado en nuevas formas de construir ciudad. Este artículo analiza la manera en que las transformaciones en la estructura social de clases de las últimas décadas han impactado en las dinámicas urbanas de tres ciudades de La Araucanía: Temuco, Angol y Villarrica. Los resultados dan cuenta de que estas ciudades avanzan hacia procesos de medianización de su estructura social a la vez que han disminuido los grupos asociados a clase baja. En ese contexto, se muestra cómo aquellas dinámicas sociales se expresan en clave territorial al interior de los espacios urbanos de la Región, complementándose con dinámicas inmobiliarias locales que se mueven entre el incremento de la mixtura social del espacio y la expulsión de las clases bajas de las áreas urbanas consolidadas. Se finaliza reflexionando sobre la necesidad de avanzar hacia la comprensión de cómo las particularidades de estas ciudades tienen capacidad para construir comunidades en ellas.

Palabras clave: Medianización; segregación; clase social; socio-espacial; Araucanía

Abstract:

Neoliberal capitalism has promoted the restructuring of social classes within urban spaces, which have resulted in new urban typologies. This article analyses the way in which the transformations in the social class structure of the last decades have impacted on the urban dynamics of three cities of La Araucanía: Temuco, Angol and Villarrica. The results show that the middle class has expanded while lower-class residents have declined within the social structure of these cities. In that context, this research shows how those social dynamics are expressed in territorial key within the urban spaces of the Region, in complement with local real estate dynamics that move between the increase of the social mixture of space and the expulsion of the lower classes of consolidated urban areas. Finally, this article reflects on the need to move towards the understanding of how the particularities of these cities have the capacity to build communities in them.

Keywords: Moyennisation; segregation; social class; socio-spatial; Araucanía

Introducción

El capitalismo neoliberal ha inducido una serie de cambios sociales durante las últimas décadas. Uno de los grandes debates de la posmodernidad ha sido el rol que tiene la clase social en la vida de los sujetos. Por un lado, ha habido quienes han sostenido que la clase hoy no tiene significativa relevancia para explicar los fenómenos sociales, esencialmente porque la reflexividad que caracteriza a las personas hoy ha provocado su emancipación de las antiguas categorías que organizaban la sociedad (Bauman, 2003; Beck, 2002; Giddens, 2003). Por otro lado, están quienes argumentan que la clase hoy continúa jugando un papel en la vida social, aunque de una forma menos explícita que antaño, expresándose por ejemplo en los gustos, en el lenguaje o en la vestimenta de los sujetos (Bennett et al., 2009; Bourdieu, 1979; Savage, 2015).

A pesar de que en algunas disciplinas de las Ciencias Sociales el debate respecto a la clase está polarizado, en los estudios urbanos existe bastante consenso en relación a que las dinámicas de las clases sí influyen sobre las dinámicas urbanas. Los procesos de gentrificación, destrucción creativa, la movilidad e incluso el sentido de pertenencia a los lugares han sido áreas de trabajo donde se ha comprobado que las diferencias de clase juegan un papel central (ver Harvey, 2007a; Smith, 1996; Savage, Bagnall y Longhurst, 2005; Webber, 2007). A pesar de lo anterior, no se tiene tanta claridad aún respecto a la relación entre desigualdad, clases y dinámicas urbanas. En este ámbito, el debate se ha suscitado entre las teorías que sostienen que la ciudad neoliberal está polarizándose y ampliándose las brechas entre ricos y pobres (Castells, 1989; Friedman y Wolf, 1982; Sassen, 1991), y aquellos que postulan que más bien las sociedades urbanas avanzan hacia procesos de medianización, donde lo que crece es la clase media (Hamnet, 1994; Chauvel, 2014). En cualquiera de los dos casos, la configuración del espacio urbano es diferente. Mientras la segregación a gran escala es el resultado de la polarización de la sociedad urbana (Castells, 1989; Sassen, 1991), la medianización daría lugar a una ciudad con segregación a menor escala espacial (Oberti y Préteceille, 2004).

Este artículo busca identificar las transformaciones en la estructura de clases que han ocurrido durante las últimas décadas en tres ciudades de la región de La Araucanía (Temuco, Villarrica y Angol) y analizar la manera en que estas han impactado en las dinámicas urbanas de estos lugares. A pesar de que son ciudades localizadas en una misma región (La Araucanía), sus perfiles urbanos son distintos. En el caso de Temuco, se ha constituido como una ciudad que comienza a experimentar procesos de metropolitazación (Marchant, Frick y Vergara, 2016) sobre la base de una economía terciarizada que ofrece servicios especializados a toda la región (Fuente, Link y Valenzuela, 2017). Con respecto a Angol, los indicadores de crecimiento poblacional se han mantenido relativamente estancados durante las últimas tres décadas, sin embargo, la ciudad ha experimentado un crecimiento horizontal importante sustentado su economía en servicios terciarios vinculados a la actividad agrícola y forestal (Vergara, 2015). Villarrica se ha consolidado -especialmente de finales de los noventa- como una ciudad turística, con un crecimiento espacial importante a través de hoteles y condominios vacacionales (Salazar, Irarrázabal y Fonck, 2018).

Reflexionar sobre las dinámicas que experimentan las ciudades intermedias, como Temuco, y espacios no-metropolitanos como Angol y Villarrica, es relevante en un contexto académico donde las grandes ciudades han concentrado la investigación. La teoría urbana en ese sentido se ha construido a partir de la exclusión de las ciudades más pequeñas (Bell y Jayne, 2006). Por ello es que resulta relevante observar si este tipo de áreas urbanas ha respondido de manera distinta a las grandes metrópolis a los procesos de reestructuración neoliberal o, por el contrario, su reacción ha sido idéntica. Este ejercicio también permite reconocer dinámicas comunes al interior de estas ciudades, construyendo así una teoría urbana más lugarizada e integradora (Salazar, Fonck y Vergara, 2018).

El trabajo se organiza en cuatro secciones, además de la introducción. En la primera, se aborda el debate entre la sociedad dual y la medianización, describiendo cómo aquellas dinámicas sociales dan lugar a tipos de ciudades diferentes. En la segunda sección, se describen las transformaciones en términos de las clases sociales en Temuco, Angol y Villarrica, asumiendo para ello una aproximación a la clase a partir del trabajo. En la tercera sección se muestra cómo las transformaciones en la estructura de clases de estas ciudades desatan en ellas dinámicas urbanas: en el caso de Temuco el aumento y diversificación de la clase media ha dado lugar a procesos de mixtura social del espacio que han sido acompañados por la expulsión de los pobres fuera de los límites de la ciudad; en el caso de Angol su alto porcentaje de clase baja ha configurado una ciudad cuyo crecimiento se basa en la política de vivienda social, mientras que en el caso de Villarrica, el turismo ha modificado no sólo la estructura de clases, sino que también ha desatado una serie de fenómenos típicos de encontrar en áreas metropolitanas. Se culmina reflexionando en relación a los procesos contradictorios que han desatado los cambios en la estructura de clases al interior de estas ciudades, como también la necesidad de complementar esta mirada con una que reconozca cómo el espacio influye en los procesos sociales de construcción de comunidad.

Reestructuración capitalista: entre la polarización y medianización

Hacia fines de la década del sesenta y luego del fuerte periodo de crecimiento que caracterizó a las economías capitalistas durante la post-guerra, el modelo económico de tipo fordista entró en crisis. El capitalismo Keynesiano que se constituyó como una vía de salida a la crisis económica de 1929, se inspiraba en los presupuestos del economista inglés Keynes y promovía un fortalecimiento del mercado de producción y consumo interno de los países a través de potentes medidas proteccionistas, un impulso hacia la creación de una fuerte industria nacional y una alta injerencia del Estado sobre los diferentes ámbitos de la sociedad. Paralelamente a la consolidación de este modelo económico, se fue desatando una nueva realidad internacional, caracterizada por una creciente integración de los mercados nacionales en circuitos económicos que superaban las barreras fronterizas. El excesivo peso burocrático del Estado fordista, que impedía que este se adaptara a la nueva realidad mundial, fue el argumento de un grupo de economistas, liderados por Milton Friedman, para revitalizar el debate sobre la instalación de un nuevo modelo económico basado en principios liberales. La aplicación de estas nuevas políticas económicas, durante los setenta y ochenta, da comienzo a una nueva fase en el “desarrollo” del sistema capitalista conocida como globalización, caracterizada por una creciente informatización y la conformación de un mercado económico global interconectado.

Chile no estuvo ajeno a la reestructuración capitalista. En efecto, nuestro país fue de los primeros lugares donde se adoptaron los nuevos principios de la economía neoliberal (Harvey, 2007b). La coyuntura política en la que se vio envuelto Chile hacia inicios de los setenta y que culminó con un golpe de Estado en Septiembre de 1973, se tradujo en la llegada de nuevas políticas influenciadas por las ideas de Friedman, planteamientos que apuntaban a “la apertura comercial de la economía nacional, la eliminación de prácticas monopólicas, la liberalización del sistema de precios, la modificación del sistema tributario, la creación y formación de un mercado de capitales, la generación de un sistema previsional, la normalización de la actividad agrícola y la protección de los derechos de propiedad” (De Castro, 1992, p. 8). Los nuevos principios económicos adoptados por la dictadura militar, impulsarían una serie de reformas paradigmáticas que re-fundadarían el rol del Estado, instalando en Chile un modelo de economía de libre mercado basado en la desregulación económica, una progresiva eliminación del papel arbitral del Estado y la apertura hacia el mercado global y el proceso de globalización (Borsdorf, Sánchez y Marchant, 2008; Garretón, 1982). El conjunto de estas transformaciones “produjo una revolución en los mercados de trabajo que favoreció una desigual evolución de los distintos tipos de actividad” (De Mattos, Riffo, Yáñez y Salas, 2005, p. 16).

Las transformaciones en el mercado de trabajo tuvieron fuerte impacto sobre la estructura de clases al interior de las ciudades por cuanto ambas variables están relacionadas estrechamente (De Mattos et al., 2005; Espinoza y Barozet, 2009; Fernández y Su, 2004; Link, Valenzuela y Fuentes, 2015). La literatura especializada ha elaborado dos principales teorías para explicar la manera en que la reestructuración de los mercados de trabajo cambio la estructura de clases. La primera parte de los planteamientos de Doeringer y Piore (1971) quienes señalan que la reestructuración productiva y el avance de la informalización provocó una segmentación de los mercados de trabajo, situación que derivó en un aumento de la polarización social y la tendencia hacia la configuración de una sociedad dual. Esta línea de interpretación asume que las reformas laborales han generado al interior de los países dos tipos de trabajos. Por un lado, un segmento laboral, denominado por Castells (1998) como de trabajos “autoprogramables”, que se caracteriza por alta cualificación y salarios, buena estabilidad laboral y firmemente articulado con los flujos de información global (Castells, 1989; Sassen, 1994). Mientras que por otro lado, existe otro segmento laboral, llamado de “trabajo genérico” (Castells, 1998) que no se encuentra articulado a la dinámica de la revolución informacional y tecnológica, y que presenta salarios bajos y altos niveles de inestabilidad laboral. Resumiendo esta perspectiva, Sassen (1991) ha sostenido que la reestructuración económica ha provocado una mayor desigualdad en torno a los niveles de ingresos, haciendo que tanto grupos de alta como baja calificación se expandan más rápidamente que los segmentos medios, lo que ha dado como resultado una “sociedad dual” crecientemente polarizada, en donde los grupos socioeconómicos altos y bajos crecen rápidamente y la clase media tiende a reducir su tamaño (Friedman y Wolf, 1982).

Por otro lado, una segunda línea explicativa afirma que las transformaciones del mercado laboral no han configurado una sociedad dual, sino que más bien han impulsado una tendencia de medianización o “moyennisation1 de la sociedad (Chauvel, 2014). Estas investigaciones han mostrado que los trabajos destinados a grupos medios estarían aumentando y con ello también lo estaría haciendo este grupo social. La tendencia de los mercados de trabajo es hacia la terciarización y el surgimiento de nuevos puestos laborales en el sector servicios, ha provocado un aumento de los trabajos destinados para grupos medios como puestos profesionales y técnicos. La medianización es opuesta a la interpretación propuesta por la idea de sociedad dual en torno a las dinámicas que experimentan los grupos medios. Sin embargo, la tendencia hacia la expansión de la clase media no necesariamente se traduce en una menor desigualdad de la sociedad. Es importante la distinción hecha por Hamnett (1994) quien entiende a la desigualdad como un proceso, que aunque relacionado, es diferente a la polarización de la sociedad. Así, una sociedad puede ser crecientemente desigual sin que eso necesariamente se traduzca en más polarización.

Las teorías de polarización y medianización configuran realidades urbanas diferentes. La ciudad resultante de las dinámicas de polarización está caracterizada por una marcada separación espacial entre la clase alta y la clase baja. Esto suele expresarse en que hay sectores urbanos para pobres y ricos alejados dentro de la misma ciudad y caracterizados por una homogeneidad socioeconómica que es espacialmente importante (Castells, 1989; Sassen, 1991). La segregación a gran escala sería entonces el reflejo de una sociedad dual cuya tendencia es esencialmente el incremento de clases altas y clases bajas. En cambio, allí donde crecen los grupos medios, la configuración socioeconómica del espacio urbano tendería a adoptar más bien un patrón de segregación a pequeña escala, por cuanto las clases medias estarían más repartidas al interior de la ciudad, actuando como grupos de transición que le otorgarían algún grado de diversidad a los espacios (Oberti y Préteceille, 2004). La medianización funcionaría así como una estrategia social que ayude a disminuir los niveles de segregación espacial.

La importancia de las dinámicas de clases al interior de una ciudad no sólo se vincula a la manera en que estas configuran el espacio urbano, sino que también con la forma en que el espacio urbano configurado impacta sobre las dinámicas sociales. Es decir, el espacio es también una estructura que luego configura ciertos procesos sociales. La dialéctica socio-espacial es así importante (Soja, 1980), por cuanto en una ciudad segregada a gran escala -y siguiendo la lógica de los llamados efectos de barrios (ver Sampson, Morenoff y Gannon-Rowley, 2002) - es más probable que se aniden procesos de guetificación y exclusión social dada la desigual repartición de las oportunidades dentro del espacio urbano. En una ciudad más integrada, en cambio, habría más posibilidades de encuentro y con ello las oportunidades que brinda el vivir en la ciudad tenderían a estar distribuidas al interior de estas de una manera más equitativa. Ahora bien, por el objetivo de este artículo, aquí se asume más bien una perspectiva desde lo social a lo espacial y no al revés. Ello, se hace como primer paso para dibujar un panorama que en estudios posteriores permita conducir análisis a partir de la dialéctica socio-espacial respecto a las dinámicas urbanas que acontecen en La Araucanía.

Ciudades de la Araucanía: ¿sociedades duales o medianizadas?

¿Qué ha ocurrido con las dinámicas de clase en las ciudades de La Araucanía? En esta sección se responde esta pregunta con especial referencia a las ciudades de Temuco, Angol y Villarrica, las cuales corresponden a las áreas urbanas más importantes de la región. Para hacerlo, se emplearon datos obtenidos desde los CENSOS 1992 y 2002, como también desde la encuesta CASEN 2017. Cabe destacar que siguiendo la tradición metodológica que los estudios chilenos han empleado, aquí se utilizó una aproximación weberiana a la clase social (De Mattos et al., 2005; Espinoza y Barozet, 2009; Link et al., 2015; Torche y Wormald, 2004). ¿Por qué hacerlo de esta forma? La decisión estuvo sustentada esencialmente porque otros indicadores para aproximarse al estudio de la clase social, como el nivel de escolaridad, el ingreso o la capacidad de consumo tienen problemas serios en el contexto chileno. Tal como han argumentado previamente Espinoza y Barozet (2009) una definición a partir del ingreso no parece ser la opción más adecuada debido a los altos niveles de desigualdad socioeconómica que tiene la sociedad chilena y que hacen, en términos socioeconómicos, muy parecidos a los grupos de ingresos bajos y medios (Espinoza & Barozet, 2009). Una definición a partir de la capacidad de consumo y que ha sido muy utilizada en estudios urbanos sobre segregación (ver por ejemplo Sabatini, Wormald, Sierralta & Peters , 2010), no da cuenta de forma eficiente de las diferencias entre grupos sociales en una sociedad donde el consumo y el acceso al crédito están masificados. Y por último, una aproximación desde la escolaridad parece no ser tan provechosa en una sociedad como la chilena en la que se ha masificado el acceso a educación superior (Espinoza & Barozet, 2009). La aproximación weberiana, es decir, a partir de la actividad laboral de las personas, tiene como principal inconveniente que suele fragmentar demasiado los grupos sociales, debido a la heterogeneidad laboral existente. Sin embargo, en Chile se han desarrollado recientemente categorizaciones que vinculan actividades ocupacionales a estratos sociales específicos, es decir, a clases sociales en términos objetivos2 ( Link et al., 2015; Mac-Clure, Barozet y Maturana, 2014).

Siguiendo el trabajo de Mac-Clure et al. (2014) y usando una metodología de carácter descriptiva, el estrato alto agrupa en este estudio a personas que desarrollan labores de dirección o gerencia en empresas grandes como también algunos integrantes de los poderes del Estado. La clase media alta está compuesta por quienes desarrollan actividades laborales asociadas a ciertas profesiones y técnicos de nivel superior, ejecutivos de empresas y funcionarios en cargos directivos del Estado. La clase media, que tal como han mostrado investigaciones previas es un grupo bastante heterogéneo (Espinoza y Barozet, 2009), congrega a personas de la clase “Servicios-baja”, compuesta mayoritariamente por profesores, profesionales de nivel medio de la salud y profesionales de la comunicación; la clase de “rutinas no-manuales alta” que corresponde a empleados administrativos, secretarias y enfermeros; y la clase de “rutinas no-manuales baja” que la integran vendedores de tiendas, cajeros y camareros. Finalmente, dentro de la clase baja están considerados los “trabajadores manuales calificados”; es decir, quienes desempeñan oficios como cocineros, carpinteros, mecánicos, electricistas de obras y panaderos; y los trabajadores “manuales no-calificados” como personal doméstico, limpiadores de oficina, conductores, peones, vigilantes, etc.

Tabla nº1 Distribución de las clases sociales en Temuco, Angol y Villarrica. 

Fuente: elaboración propia en base a datos del censo 1992, 2002 y casen 2017.

La Tabla nº 1 da cuenta de la manera en cómo han evolucionado las diferentes clases sociales en el espacio urbano local. Se observa que en las ciudades de la Araucanía la clase media alta parece ser un grupo en aumento, mientras que el grupo de clase alta aparece con cifras bajas pero relativamente estables. Lo primero se debe al incremento del acceso a educación superior que ha permitido estudiar carreras universitarias vinculadas a esa posición social, mientras que lo segundo demuestra lo ya sostenido por otras investigaciones en relación a lo difícil que es ascender socialmente hacia la clase alta, siendo este un grupo que se mantiene relativamente cerrado y estable en términos numéricos (Méndez y Gayo, 2018). En términos generales, dichas tendencias son compartidas por las tres ciudades en estudio. De la tabla nº1 se desprende también que ha habido cambios importantes en relación a la clase media. Este grupo representaba en promedio en los casos de estudio el 24.8% en 1992, mientras que en 2017 corresponde al 35,4% de la población de las ciudades analizadas, por lo que en el plazo de 25 años la clase media se ha expandido en promedio en un 10,6%. Dicha expansión ha sido más fuerte en Temuco, ciudad donde este grupo representaba el 31,2% de la población en 1992 y en 2017 el 43,2%. En Angol y Villarrica, en cambio, la expansión ha sido algo más menos intensa, rondando el 10% de incremento, de hecho, en ambas ciudades la clase media representa hoy alrededor del 31% de la población total. Finalmente, la tabla muestra también una disminución de los grupos de clase baja que es concomitante con los indicadores de pobreza a nivel regional. Sin embargo, esa disminución ha sido diferente en las tres ciudades analizadas. Temuco es la ciudad donde menos población pobre hay en los casos estudiados, pasando del 58,5% en 1992 al 42,9% en 2017. En Angol y Villarrica la población asociada a actividades laborales de clase baja es aún mayoría, representando el 56,2% y 58,4% respectivamente para el año 2017. Sin embargo, dicha cifra es menor a la registrada en 1992 cuando en ambas ciudades este grupo representaba más del 70% del total de la población.

Entonces, los resultados muestran que la porción de clase alta es escasa y se ha mantenido relativamente estable en las tres ciudades analizadas. Es en la clase media y clase baja donde se experimentan los principales cambios en la composición social de los lugares. La clase media tiene mayor presencia en Temuco, mientras que en Angol y Villarrica la población en condición de pobreza es aún importante. Esto confirma lo planteado por Mac-Clure et al.(2014) en relación a que las ciudades más grandes o con proceso de metropolización como Temuco están compuestos mayoritariamente por grupos medios, mientras que las ciudades pequeñas o no-metropolitanas, como Angol y Villarrica, suelen albergar importantes porciones de población considerada de clase baja.

Ahora bien, la manera en que los porcentajes de representación de diferentes clases sociales han cambiado en las principales ciudades de la región, permite sostener que las áreas urbanas de la Araucanía no están avanzando en un proceso de dualización de la sociedad, por cuanto la clase alta parece un grupo relativamente estable en el tiempo, mientras que los grupos en condición de pobreza han disminuido. Por el contrario, los datos apoyan la tesis de la medianización de las sociedades urbanas en Temuco, Angol y Villarrica. Aquello se explica muy probablemente por los procesos de movilidad social ascendente que han ocurrido en estos lugares y que han implicado no sólo una disminución de la población considerada pobre, sino que también un aumento de la población asociada a posiciones de clase media.

Dinámicas de clase en perspectiva urbana

¿Cómo está influyendo la medianización de las sociedades de Temuco, Angol y Villarrica en las dinámicas urbanas de estas tres ciudades, particularmente sobre los mercados de vivienda? Para responder aquello es necesario primero realizar, a modo de contexto, una breve mirada a los criterios que regulan el desarrollo urbano de la ciudad chilena actual. Hacia 1979, y en el contexto de reformas neoliberales, se promulga una nueva política de desarrollo urbano. La esencia de esta nueva política fue la restricción el rol de planificador urbano que poseía el Estado y, por contraparte, la amplificación de la trascendencia de las empresas privadas (inmobiliarias) en la coordinación del desarrollo urbano. Entre las modificaciones propuestas por esta política se encuentran, primero, que el recurso suelo en las ciudades chilenas deja de ser considerado como un bien escaso, segundo, la eliminación de las normas referidas al límite urbano y también algunos impuestos y regulaciones Estatales al mercado urbano, tercero, la liquidación del suelo urbano que estaba en manos del Estado, y cuarto, la convicción de que es el mercado quien debe regular y asignar los usos y la distribución del suelo urbano a través de la libre competencia (Montes, 2000; Sabatini, 2000). En síntesis, esta nueva política de desarrollo urbano consideró que era necesaria la liberalización del mercado de tierras, convirtiendo al suelo urbano en un bien libre cuya transacción debía estar regulada solamente por las fuerzas del mercado; la oferta y demanda. Estos son los pilares que guían el desarrollo urbano actual al interior de las ciudades chilenas, incluyendo los casos de estudio.

En esta sección se sostiene que a pesar de que la medianización puede ser un atributo para construir ciudades más mixtas y con mayor encuentro entre residentes de clase media y clase baja, las posibilidades de encuentro pluriclasista están mediadas por las dinámicas inmobiliarias que experimentan las ciudades. Esto último es crítico, por cuanto no sólo expulsa a los más pobres de la ciudad o hacia la periferia de estas, sino que también en el largo plazo puede derivar en procesos de gentrificación urbana que expulsen también a antiguos residentes empobrecidos que habitan en estas ciudades. No hay que olvidar tampoco que tanto Angol como Villarrica son ciudades compuestas mayoritariamente por residentes cuyas ocupaciones laborales se asocian a estratos bajos, por lo que allí las dinámicas urbanas tienden a ser algo distintas a lo que ocurre con Temuco.

Temuco: entre la expulsión de los pobres y la mixtura social del espacio

Durante las últimas tres décadas el área urbana de Temuco ha experimentado un crecimiento poblacional importante, pasando de 185.936 habitantes en 1992 a 263.165 en 2017. El aumento de la población ha traído consigo un aumento de demanda por el suelo, el que en un contexto de liberalización, se ha traducido en un incremento en el precio del mismo (Garín, Salvo y Bravo, 2009). El aumento en el valor del suelo ha estado también influenciado por la gran cantidad de terrenos mapuche que rodean la ciudad y que no pueden ser vendidos (Marchant et al., 2016; Rojo, Jara y Frick, 2019), conteniendo el crecimiento horizontal del área urbana y haciendo más difícil aún conseguir un terreno al interior de la ciudad consolidada. En este contexto, se ha configurado -tal como ocurre en las grandes áreas metropolitanas- un panorama en el cual los grupos más pobres de la ciudad han sido expulsados de la misma, principalmente hacia sectores periféricos de Padre Las Casas, Labranza y Cajón, localidades satélites de Temuco que sustentaron su crecimiento durante los noventa del siglo pasado a partir de la recepción de vivienda social y familias pobres provenientes de Temuco. Sin embargo, una vez que el precio de suelo aumentó también en aquellas áreas, el espacio rural se convirtió en lugar para acoger a las familias más pobres.

La localidad San Ramón, ubicada a 27 kilómetros del centro de Temuco muestra bien el proceso de expulsión de los pobres de la ciudad. A inicios del 2005, cuando el Ministerio de Vivienda y Urbanismo introdujo la posibilidad de construir viviendas sociales en áreas rurales (ver Ravinet, 2004), San Ramón comenzaba a erigirse como un “barrio” de vivienda social destinado a recibir a población erradicada de campamentos que se localizaban en áreas populares pero consolidas de la ciudad como San Antonio y Amanecer (Vergara-Erices, Gola y Huiliñir, 2015). Sin embargo, esta localidad por aquel entonces contaba con escasa locomoción colectiva, y no poseía centros de salud, ni bomberos, ni tampoco estación de carabineros, constituyéndose en un claro ejemplo de lo que Hidalgo, Zunino y Álvarez (2007) denominaron “precariópolis estatal". La lejanía con la ciudad, en donde la mayor parte de los residentes tenían sus redes sociales y trabajos, significó que muchos de ellos decidieran abandonar sus viviendas en propiedad y volver a Temuco a campamentos o como allegados en viviendas de familiares o amigos. A esto se sumó el problema de que ningún municipio se quería hacer cargo de la mantención de San Ramón, dado que se encontraba en un área limítrofe entre dos comunas3.

Sin embargo, la expulsión de los pobres de la ciudad no es el único proceso en marcha al interior de Temuco. La medianización de la sociedad local ha abierto también nuevos nichos para la inversión inmobiliaria. Al ser la clase media un grupo con intereses tan heterogéneos, diferentes han sido las modalidades de vivienda que se han comenzado a construir en la ciudad y que hace sólo unas décadas atrás no asomaban como tendencias urbanas. La primera de ellas ha sido la construcción de condominios cerrados con viviendas unifamiliares en la periferia urbana y que han sido ocupados principalmente por grupos asociados a clase media alta (ver trabajos de Marchant et al., 2016; Rojo et al., 2019). Una segunda modalidad, especialmente en áreas suburbanas, ha sido la parcela de agrado. Esta también ha estado destinada mayoritariamente a residentes de clase media alta y alta que se mueven dentro de la ciudad desde áreas consolidadas a sectores periurbanos buscando el hedonismo de la vida suburbana. Por eso, dichos barrios tienden a localizarse cercanos a las principales avenidas y vías estructurantes. Una tercera modalidad son los edificios de gran altura (más de 10 pisos), los que se han erigido principalmente en dos áreas de la ciudad: alrededor del eje Centro-Avenida Alemania y en barrios algo más antiguos como los que se ubican cercanos a las avenidas San Martín y O’Higgins (Figura 1). Esta tercera modalidad residencial ha sido ocupada por residentes mayoritariamente de la clase media en proceso de movilidad social ascendente, especialmente a través del arrendamiento. Si bien los propietarios de estos lugares suelen ser clase media alta y alta (ver Vergara y Aguirre, 2019 para el caso de Santiago), sus residentes corresponden mayoritariamente a sujetos jóvenes o familias sin hijos asociados a la clase de servicios baja y clases no-manuales altas. Finalmente, se ha comenzado a observar en periodos recientes la construcción de pequeños condominios de viviendas y pequeños edificios de departamento que no superan los cinco pisos en sectores tradicionalmente populares de la ciudad como Amanecer, Santa Rosa, Pueblo Nuevo y Las Quilas. Lo distintivo de esta modalidad de vivienda es que está casi exclusivamente destinados a familias de clase media en su amplio espectro, incluyendo allí también a familias que vienen en movilidad social ascendente desde clase baja. Un elemento que ha sido clave para fomentar este tipo de vecindarios ha sido la expansión de los subsidios de vivienda para clases medias, especialmente los recientes D.S 19 y DS. 116 que permiten incluir en estas modalidades residenciales viviendas a adquirir con apoyo de subsidios estatales y viviendas destinadas a compra directa.

Figura 1 Condominios en altura en el área central de Temuco, 1980-2018. Fuente: archivo “Paisajes culturales de la capital de La Frontera” y archivo personal. 

La construcción de viviendas para sectores medios en Temuco ha tenido un impacto sobre la composición social de algunas áreas de la ciudad. Se observa un incremento de la diversidad socioeconómica de barrios que estaban deteriorados hace unos años, especialmente aquellos ubicados en el pericentro de la ciudad y también algunos en áreas más periféricas. Parece por tanto, que en aquellas áreas se están configurando procesos de gentrificación en donde residentes de clase media comienzan a habitar barrios tradicionalmente populares. A pesar de que esto incrementa la mixtura social de áreas que hasta hace poco eran pobres, un nuevo problema surge a partir de la expulsión de los residentes antiguos. Este proceso parece más intenso en las áreas pericentrales de la ciudad, donde hasta hace unos años habitaban esencialmente residentes de avanzada edad. En las áreas periféricas se configura un incipiente proceso de “gentrificación sin expulsión” (Sabatini, Sarella y Vásquez, 2009), pero que en el largo plazo amenaza también con sacar a los residentes más pobres de aquellos lugares.

Así, los cambios en la estructura de clases sociales al interior de Temuco parecen estar también condicionados por las dinámicas que experimenta el mercado inmobiliario local. Se complementan en esta ciudad procesos de expulsión de la pobreza que tienen que ver con un giro del mercado inmobiliario hacia nichos de clase media que tienen mayor capacidad de pago por las áreas urbanas. Esto último ha impulsado procesos de gentrificación embrionarios al interior de la ciudad consolidada que en el largo plazo amenazan con expulsar a los nuevos pobres de estas áreas.

Angol: la ciudad de la vivienda social

Los resultados previos permiten caracterizar a Angol como una ciudad compuesta mayoritariamente por personas que desarrollan trabajos asociados a la clase baja. Aquello tiene una expresión muy clara en términos espaciales: una ciudad que se ha expandido a partir de la acción del Estado a través de la construcción de viviendas sociales.

Durante los noventa e inicios del nuevo milenio Angol fue reflejo de una paradoja socio-espacial: entre 1992 y 2002 la ciudad sólo incrementó su población en un 5,9%. Sin embargo, durante el mismo periodo de tiempo su superficie construida aumentó en un 86,54% (Vergara y Garín, 2016), siendo destacada por el MINVU (2007) como una de las ciudades con mayor porcentaje de crecimiento horizontal durante la década del noventa en Chile. En línea con la composición socioeconómica de la ciudad, Vergara y Garín (2016) estiman que dicha expansión se explica esencialmente por la acción del Estado a través de las políticas de vivienda social y no como ha ocurrido en Temuco, por la acción del mercado inmobiliario destinado a grupos medios.

Figura 2 Localización de la vivienda social en Angol, 1990-2012. Fuente: elaboración propia. 

La Figura n°1 muestra en perspectiva histórica la localización de los conjuntos de vivienda social construidos en Angol. Se pueden apreciar los principales distritos y sectores de la ciudad que han concentrado la construcción de este tipo de viviendas (Distrito Estación, Regimiento y Hospital), además de la intensidad con las que se ha construido la periferia de Angol entre 1990 y 2015. A la luz de la literatura nacional que ha trabajado la vivienda social durante este periodo, dicho lapso de tiempo puede subdividirse en tres grandes periodos: 1990-2000, que es cuando la vivienda social se construye masivamente en la periferia de las ciudades (Ducci, 1997); 2000-2005 cuando la vivienda social desborda el límite de la ciudad y se construye -como se mostró para el caso de Temuco- en áreas suburbanas o derechamente rurales (Hidalgo, 2007); y 2005-2015 que es cuando la expulsión de la vivienda social comienza a complementarse con políticas de vivienda a favor de la mixtura social (Sabatini y Vergara, 2018).

Al igual que lo que ocurría en el escenario nacional, el periodo comprendido entre 1990 y 1999 fue la época en la cual se levantaron la mayor cantidad de viviendas sociales en las últimas décadas en Angol. En efecto, según datos de la Dirección de Obras Municipales de la ciudad, fueron 1699 residencias nuevas de este tipo durante todo el periodo, construyéndose en promedio 212 por año, lo que permitió disminuir costos de producción a cambio de una mayor densificación. La localización durante este periodo es fundamentalmente periférica, por lo que continúa las tendencias que se han revisado para otras ciudades chilenas.

La construcción de viviendas sociales sufre una leve desaceleración entre 2000 y 2005 y así también la expansión de la ciudad que es explicada por este tipo de inmuebles. Durante estos cinco años se erigieron en total 1146 viviendas a un promedio de 191 por año. Probablemente la causa de la desaceleración haya sido el impacto tardío que tuvo la crisis asiática en la zona y que provocó un aumento en la cesantía y un estancamiento en del gasto público dirigido a viviendas. Sin embargo, más allá de la desaceleración en la construcción de este tipo de viviendas, existe una diferencia fundamental cuando se compara el caso de Angol con lo que ocurría por aquella época en las grandes ciudades: en Angol no se evidencia la formación de precariópolis estatal. Es decir, la vivienda social entre 2000 y 2005 continúa construyéndose en los bordes de la ciudad, pero no desconectada funcionalmente de ella, no hay por tanto la formación de ciudades satélites y la consiguiente fragmentación espacial de la mancha urbana. Angol continuó siendo una ciudad compacta.

Tampoco se observa el inicio de un proceso de fragmentación espacial en Angol entre 2006 y 2015. La vivienda social, aunque disminuye considerablemente su producción durante este periodo a tan sólo 113 residencias promedio por año, continúa conectada e integrada espacialmente a la ciudad. Sin embargo, los datos recogidos desde la Dirección de Obra Municipal muestran dos cambios en la construcción de las viviendas sociales durante este periodo. El primero es que el tamaño de los proyectos de vivienda tiende a reducirse. Y segundo, que la construcción de este tipo de barrios comienza a realizarse más cercano a zonas bien servidas de la ciudad. Ambos aspectos parecen consecuencia directa de la reorientación que las política de vivienda han estado experimentado en los últimos años y que buscan localizar a grupos de menores ingresos en sectores heterogéneos socialmente, en un esfuerzo por la integración social.

Figura 3 Viviendas sociales combinadas con desarrollos inmobiliarios de clase media, Angol. Fuente: archivo del autor. 

La construcción de tipologías de barrio para grupos de clase media sólo ha tomado fuerza recientemente. Desde 2015 en adelante se han comenzado a erigir una serie de condominios cerrados en toda la ciudad, sin embargo, a una escala menor, no superando las 20 viviendas cada uno. Aquellos pequeños barrios se han construido en diferentes partes de la ciudad consolidada, especialmente allí donde aún quedan terrenos disponibles, sin necesariamente representar una amenaza de expulsión para los antiguos residentes. Como también ocurre en Temuco, buena parte de estos barrios ofrecen viviendas para ser adquiridas con subsidios del Estado y varios se localizan en las cercanías de los barrios de vivienda social construidos durante los noventa o inicios del nuevo milenio. Estas dinámicas urbanas han hecho que Vergara y Garín (2016) argumenten que la segregación en Angol adquiere una escala espacial reducida, en donde familias de clase baja viven relativamente mezcladas con familias de clase media, aunque -como han mostrado otras investigaciones- aquello no signifique necesariamente que entre ellas haya interacción.

Villarrica: ciudad chica, problemas metropolitanos

Al igual que Angol, Villarrica es una ciudad cuya mayor parte de la población se asocia a grupos de clase baja. Sin embargo, a diferencia de esta ciudad, Villarrica tiene dinámicas inmobiliarias que la hacen parecer una ciudad metropolitana. En buena parte aquello se debe a su consolidación como polo turístico durante los últimos años.

Villarrica, junto a la vecina comuna de Pucón, se han consolidado en las últimas décadas como lugares de segunda residencia, recibiendo turismo masivo y de elite especialmente durante los meses de Verano (Hidalgo y Zunino, 2011). De hecho, según datos del mismo CENSO 2017 en Villarrica un 16,04% de las viviendas se encuentra desocupada o sin moradores, cifra superior al promedio nacional que alcanza el 10,7%. Una buena parte de los propietarios de estas viviendas no son sujetos que residan en la misma comuna, sino que más bien son residentes de otras ciudades o lugares de la región o el país e incluso el extranjero. Por eso, la caracterización de la ciudad como un lugar compuesto mayoritariamente por personas de clase baja puede llevar a interpretaciones erradas. Una parte de las viviendas de la ciudad recibe temporalmente a sujetos probablemente vinculados a clase media alta y alta durante diferentes periodos del año y aquello le entrega un carácter a Villarrica que la hace ser distinta a Angol. En efecto, se trata de una ciudad cuya expansión no ha estado acomodada a partir de la construcción de vivienda social, sino que más bien viviendas para albergar a turistas y sujetos de clase media alta que suelen vacacionar en la zona.

Como han sostenido diferentes autores de economía urbana, el precio del suelo se ajusta a la capacidad de pago que tienen los mejores pagadores y en Villarrica aquello genera una serie de problemas en términos del acceso a la vivienda. Los precios de la vivienda están ajustados para turistas y sujetos de clase alta que buscan construir allí su segunda residencia. Eso crea dos dinámicas urbanas: primero, limita las posibilidades de construir vivienda social en el área consolidada de la ciudad producto del incremento en el valor del suelo, y segundo, induce un proceso “destrucción creativa” (Harvey, 2007a) que le ha cambiado la fisonomía a la ciudad durante las últimas dos décadas. Villarrica es así una ciudad no-metropolitana, pero que experimenta procesos típicamente metropolitanos.

La construcción de vivienda social siguió patrones de periferia urbana hasta que a inicios del nuevo milenio, cuando se comenzó a construir en el sector denominado segunda faja (Salazar et al., 2018). Aquel sector estaba por ese entonces desconectado del área urbana consolidada, sin embargo, fue la única opción accesible desde el punto de vista del precio de suelo al que las políticas de vivienda social pudieron acceder. Hoy la producción de vivienda social al interior de la ciudad ha disminuido y la única estrategia para hacer frente a la necesidad de vivienda para residentes de menor nivel socioeconómico son los subsidios de clase media que permiten acceder a viviendas en barrios donde también se promueve la venta directa. El DS. 116 y DS. 19 permiten así acceder a viviendas sociales en lugares relativamente mixtos, sin embargo, no logran resolver el problema de fondo de acceso a la vivienda: acceso en lugares bien servidos.

El arriendo, como estrategia de acceso a vivienda para los pobres en Villarrica, enfrenta también otro problema: los arriendos temporales. Es usual encontrar en la ciudad lugares en arriendo, sin embargo, los contratos emanados de aquella relación suelen ser entre Marzo y Noviembre, ya que los dueños de las propiedades las solicitan libres para los meses de diciembre, enero y febrero para ser arrendadas a turistas que arriban hasta la zona durante el verano. Durante los meses estivales, el allegamiento se vuelve parte de la cotidianeidad de muchos sin casa que habitan en la ciudad.

Figura 4 Amenidades paisajísticas y condominios en el borde del lago, Villarrica. Fuente: archivo del autor, 2019. 

Villarrica también ha experimentado un vertiginoso proceso de destrucción creativa, como lo llama Harvey (2007a). Salazar et al.(2018) han mostrado que gran parte de la ciudad consolidada registra nuevas construcciones asociadas principalmente a actividad comercial y servicios turísticos. Los antiguos barrios cercanos al centro hoy están en transformación o se preparan para ello: allí es posible encontrar viviendas deterioradas, pero también el municipio local ha invertido en la mejora de los espacios públicos, haciendo que estos lugares sean hoy muy atractivos para la inversión. Estos ingredientes permiten plantear que el centro de la ciudad está hoy experimentando un proceso de renovación de su infraestructura. Aquel proceso no implica necesariamente gentrificación, ya que la transformación de estos lugares no está acompañado del arribo de nuevos residentes, sino que más bien de actividad comercial asociada al turismo.

Donde sí es posible encontrar procesos de gentrificación es en las áreas suburbanas y rurales que rodean Villarrica. Tal como ha sido documentado en la vecina comuna de Pucón, el precio del suelo no sólo ha subido en la ciudad consolidada, sino que también en áreas rurales. Este proceso ha sido producido por la construcción de hoteles en entornos rurales y también por el arribo de migrantes por estilo de vida que llegan a la zona en búsqueda de una vida más cercana con la naturaleza y el disfrute del paisaje idílico del área, asentándose muchos de ellos en condominios cerrados o parcelas de agrado (Zunino y Hidalgo, 2010). El arribo de nuevos habitantes al campo le ha insertado diversidad socioeconómica a áreas que hasta hace poco eran habitadas por campesinos de clase baja, siendo muchos de ellos expulsados de manera indirecta por la presión por vender sus terrenos (Vergara, Sánchez y Zunino, 2019). Aquello se ha complementado también por un interés creciente de parte de los tradicionales habitantes rurales por la vida en la ciudad, dado que allí es donde se concentran las principales oportunidades para ofrecer servicios turísticos.

En suma, Villarrica es una ciudad que se ha transformado profundamente a partir de la actividad turística. Las transformaciones urbanas del área no se explican necesariamente por la estructura de clases de los habitantes permanentes del lugar, sino que se entienden esencialmente a partir de sus visitantes, muchos de los cuales no tienen necesariamente un vínculo permanente con el área pero si una vivienda en el lugar. Villarrica es así una ciudad diseñada a precio turista y de sujetos de clase media alta, lo que le da la espalda a sus propios residentes más bien empobrecidos, los que enfrentan serios problemas para acceder a una vivienda dentro del área consolidada y también en los sectores suburbanos que rodean la ciudad.

Reflexiones finales: ciudades de la Araucanía, entre la medianización y segregación

En este artículo se identificaron las transformaciones en la estructura de clases que han ocurrido durante las últimas décadas en tres ciudades de la región de La Araucanía. Al respecto, se mostró que en Temuco, Angol y Villarrica hay una tendencia general hacia la medianización de la sociedad, a pesar de que las últimas dos ciudades mantengan hoy altos porcentajes de personas vinculadas a trabajos de estrato bajo. Asimismo, el artículo analizó la manera en que dichas dinámicas sociales han impactado en el espacio urbano de estos lugares, poniendo en discusión los modelos de ciudad dual, que deriva del incremento de la clase baja y alta, y ciudad medianizada que es el resultado del proceso de incremento de las clases medias. Sobre este punto, los resultados permiten sugerir que si bien las dinámicas sociales marcan el ritmo de algunas transformaciones espaciales al interior de los casos de estudio, hay también otro factor que adquiere relevancia: la dinámica inmobiliaria de cada ciudad. Así, la composición social de los lugares y las dinámicas del mercado de vivienda que hay en cada una de ellas, producen patrones de crecimiento diferenciados: en Temuco las tipologías de barrios de clase media se multiplican; en Angol la vivienda social conduce el desarrollo urbano; mientras que en Villarrica procesos de renovación urbana y gentrificación rural galopean con fuerza producto de la turistificación de la ciudad. Dichos procesos se complementan con la expulsión de la ciudad consolidada de la vivienda construida con apoyo del Estado, especialmente en Temuco y Villarrica, producto de los importantes aumentos que ha experimentado el precio de suelo y de la vivienda en ambos lugares. Entonces, parece necesario complementar la manera en que las teorías de medianización y dualización aterrizan en modelos urbanos, por cuanto no dan como resultado necesariamente modelos de ciudad integrados o totalmente segregados como fue descrito en la segunda sección de este trabajo. Por el contrario, los resultados muestran que hay otros factores intervinientes que complejizan la situación de las ciudades y que hacen que tanto dinámicas de mixtura como de segregación convivan al interior de los espacios urbanos.

Así, tanto Temuco como Angol y Villarrica se mueven entre dos dinámicas urbanas. La primera es el aumento de la mixtura social de algunas áreas de estas ciudades producto de la localización de tipologías de vivienda para clase media en barrios populares. La segunda es la expulsión de los pobres de estas ciudades. La medianización y la segregación urbana son fenómenos que van de la mano y producen presión en términos de asegurar que todos los habitantes puedan habitar dentro de las ciudades y aprovechar las oportunidades que ello le brinda. La mixtura social como consecuencia de la movilidad social ascendente y robustecimiento de la clase media en los espacios urbanos, cuestión que en el papel es un objetivo deseado por las nuevas políticas urbanas neoliberales (Hidalgo, Paulsen y Santana, 2016; Sabatini y Vergara, 2018), parece estar generando también nuevas presiones sobre el mercado de vivienda local que incrementan el precio del suelo. Así surgen nuevas formas de segregación de la pobreza, esta vez fuera de las áreas urbanas consolidadas, como representan bien los casos de Temuco y Villarrica donde los mercados inmobiliarios parecen más activos. Este es un aspecto nuclear en la planificación territorial de las ciudades de la Araucanía: ¿cómo avanzar en políticas de vivienda que aseguren buenas localizaciones para las familias más vulnerables?

Las ciudades de la Araucanía muestran así dinámicas similares a las evidenciadas por otros estudios para grandes áreas metropolitanas. Sin embargo, no son el reflejo completo de ellas, presentando en algunos casos peculiaridades. Angol lo representa bien con la segregación a pequeña escala que mezcla conjuntos de vivienda social con otros barrios de clase media de pequeña extensión. Esto crea un espacio interesante para investigar, por ejemplo, la manera en que se construyen comunidades barriales allí donde la segregación se manifiesta a pequeña escala y en ciudades chicas donde los estudios han sugerido que hay mayor cohesión social (ver por ejemplo Méndez, Otero, López, Link y Castillo, 2017). Los casos de Temuco y Villarrica también aportan con novedades en tal sentido, por cuanto albergan mixturas de clase media y baja no sólo en espacios urbanos, sino que también las áreas rurales circundantes. En estas últimas ciudades aquella mixtura se expresa también en términos interculturales ofreciendo una buena opción para estudiar el racismo dentro de contextos urbanos. Finalmente, la migración por estilo de vida que reciben áreas circundantes a Villarrica también construye comunidades diversas desde el punto de vista socio-económico y étnico-cultural, sin embargo, esa diversidad se articula sobre un discurso compartido anti-capitalista entre migrantes y mapuches (Vergara et al., 2019).

Tal como fue comentario en la segunda sección, este trabajo ofrece sólo una visión de cómo lo social configura el espacio urbano, pero la relación no debe acabarse allí. El entramado de relaciones se expresa más bien a través de la dialéctica socio-espacial, lo que quiere decir que la forma en que el espacio se ordena, tiene también un impacto sobre lo social. Este es un aspecto que merece ser investigado a futuro, tanto en las ciudades de la región como en las ciudades nacionales, y allí, un punto importante, parece ser la manera en que las tendencias hacia la mixtura social del espacio están impactando en la formación de comunidades de barrio y particularmente en las identidades de clase de los sujetos. Asumiendo una perspectiva desde la dialéctica socio-espacial, podrían emerger nuevas particularidades, que aporten no sólo sobre la teoría, sino que también en la generación de una planificación urbana más acorde.

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Sobre el autor

1 Término empleado en la literatura francesa y que hace referencia al aumento de las clases medias.

2Es importante hacer la distinción entre clases sociales objetivas y subjetivas. Tal como ha argumentado Bourdieu (2000), una clase social objetiva es una categoría definida por el investigador per se, y aquella no debe necesariamente vincularse a una clase social subjetiva. Hay abundante evidencia internacional y nacional que muestra la diversidad de identidades alojadas dentro de posiciones sociales objetivas como la clase media, baja o alta (ver por ejemplo para Chile Castillo 2016; Méndez y Gayo, 2018).

3Nota del Diario Austral de Temuco sobre la compleja situación que San Ramón vivía en 2005: http://www.australtemuco.cl/prontus4_noticias/site/artic/20050909/pags/20050909034448.html.

Recibido: 26 de Agosto de 2019; Aprobado: 22 de Noviembre de 2019

Luis Vergara es Académico del Departamento de Ciencias Sociales, Facultad de Educación, Ciencias Sociales y Humanidades, Universidad de La Frontera. Doctor en Arquitectura y Estudios Urbanos. Correo Electrónico: luis.vergara@ufrontera.cl.

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