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Logos (La Serena)

versión impresa ISSN 0716-7520versión On-line ISSN 0719-3262

Logos vol.26 no.2 La Serena nov. 2016

 

I racconti dell’ombú de Luigi Bona: lectura lexicográfica de una obra singular

Luigi Bona’s I racconti dell’ombú: a lexicographical reading of a singular work

Magdalena Coll

Universidad de la República, Uruguay
collmagdalena@gmail.com

Juan Manuel Fustes

Universidad de Uruguay, Uruguay
juanmanuelfustes@gmail.com


Resumen: El inmigrante italiano Luigi Bona publica, en 1960 en Montevideo, I racconti dell´ombú, una recopilación de tres cuentos que describen historias y costumbres del ambiente rural uruguayo. Esta original obra narrativa está marcada por la intención del autor de explicarle al lector italiano algunos datos lingüísticos necesarios para la comprensión del texto. Para ello, Bona apela a diferentes recursos lexicográficos, cuyo análisis son el objetivo de este artículo. En este sentido, y a través de una metodología propia de la lexicografía actual, identificamos dos mecanismos utilizados por el autor: la inserción en la propia narración de algunas explicaciones lingüísticas de tenor lexicográfico y la confección de un vocabulario que se anexa al final de los cuentos, en el que selecciona voces regionales de origen español e indígena. Logramos establecer que las 75 voces recogidas por Bona se vinculan fuertemente con lo local y lo rural, lo que se explica por las características temáticas de los cuentos. Observamos también que los lemas se definen a través de traducciones literales, de ser posible, o de explicaciones de corte enciclopédico, en las que abundan los detalles geográficos, históricos, económicos, etc. Bona respalda sus definiciones a través de diferentes autores que, en la tradición lexicográfica, funcionarían como “autoridades”. El autor da también información sobre de dónde derivan algunas voces. Así, el inmigrante italiano se convierte en lexicógrafo amateur del español de la región y genera un producto lexicográfico bilingüe de particulares características.

Palabras clave: Luigi Bona, recursos lexicográficos, glosario, italiano-español.

Abstract: In 1960 the Italian immigrant Luigi Bona published I racconti dell´ombú in Montevideo, a collection of three stories that describe the Uruguayan rural milieu. This original narrative work is characterized by the author’s intention to explain to the Italian reader some linguistic features of the regional Spanish. In doing so, Bona uses different lexicographical resources which constitute the main purpose of analysis of this article. Two devices are found and described by means of a lexicographical methodology. On the one hand, the introduction of lexicographical content in the narrative itself. On the other, the attachment –at the end of the book– of a vocabulary list of regional words of Spanish or Indigenous origin. The analysis of the 75 words collected in this attachment indicates that they are strongly related to the local and rural environment, something that is clearly explained by the topic of the stories. It also indicates that they are defined through literal translations, when possible, or by encyclopedic explanations containing geographic, historical and economic details. Bona supports his definitions by drawing on the work of other authors who become “authorities” in the lexicographical tradition. Bona also provides information about the origin of certain words. Thus, the Italian immigrant becomes an amateur lexicographer of regional Spanish by creating a bilingual lexicographic work of a peculiar nature.

Keywords: Luigi Bona, lexicographical resources, glossary, Italian-Spanish


1. Presentación 1

En 1960 Luigi Bona publica, en Montevideo, I racconti dell´ombú, una recopilación en italiano de tres cuentos; I racconti dell’ombú (1-21), que le da título al libro, La boleadora (22-37) y Rancore creolo (38-51), tres narraciones posgauchescas (Rocca, 2006), que describen historias y costumbres del ambiente rural uruguayo. En “Rancore creolo” además, según Rocca (2006: s/d) “interpola las desventuras del inmigrante italiano enfrentado al criollo a comienzos del siglo”.

No es el único italiano –ni tampoco el único extranjero– que escribe sobre la campaña uruguaya. Rocca (2006: s/d) nos recuerda que Domingo Arena escribió, en 1939, “La doma” pero entiende que “más curioso aún es el ejemplo epigonal de Luigi Bona Nazzari, un químico nacido en Bergamo en 1902 e instalado en Montevideo en 1938. Veintidós años después de su llegada a la ciudad uruguaya publicará un volumen de evocaciones y estampas criollas, escritas en italiano: I racconti dell’ ombú”. Los textos que componen el único libro que Bona publica revelan la influencia de la sociedad receptora en la temática de sus relatos y el enriquecimiento recíproco que surge del encuentro entre ambas culturas (Dotta, 1998).

También revelan una preocupación del autor por explicarle al lector italiano –a veces con un estilo más didáctico que literario– algunos hechos históricos relevantes para la narrativa. También Bona se preocupa de darle al lector datos lingüísticos necesarios para la comprensión del texto. Y aquí radica una de las originalidades de esta obra literaria; son cuentos escritos en italiano pero con una fuerte presencia de léxico de origen español (y de origen indígena), que es comentado en el texto, en algunos casos, y también recogido y analizado en un glosario hecho por el propio autor (Bona, 1960: 52-64). El autor apela a su conocimiento personal del español de la región para ilustrar al lector italiano sobre las voces que utiliza. Así, el inmigrante italiano se convierte en lexicógrafo amateur del español de la región.

En este trabajo, nos proponemos –después de presentar a Luigi Bona en el contexto de la inmigración que llegó al Uruguay (apartado 2)– analizar los recursos lexicográficos del autor, que, como ya hemos dicho, inserta en la propia narración algunas explicaciones lingüísticas de tenor lexicográfico al mismo tiempo que agrega un vocabulario al final de los cuentos (apartado 3). Otros recursos lingüísticos de los cuentos de Bona, como los préstamos o la introducción de pasajes en otras lenguas, se tratan en el apartado 4. Las consideraciones finales abarcan el apartado 5. A la bibliografía le sigue un anexo con el listado de las voces que aparecen en el vocabulario.

2. Luigi Bona y la inmigración italiana

Hablar de italianos entre fines del siglo XIX y comienzos del XX, en principio, no es más que la atribución de una cualidad relativa al origen geográfico, ya que Italia como Estado se encontraba en un proceso que, a partir de la unificación en términos políticos (tradicionalmente considerada desde 1861), debía paulatinamente conducir a la italianización (en términos de nacionalidad y lingüísticos) de la población: fatta l’Italia, bisogna ora fare gli italiani2. Debemos pensar, entonces, en que originalmente se trataba de grupos de gentes que habitaban un territorio accidentado, de difícil conexión, más fácil de alcanzar desde el mar que de recorrer por vía terrestre. Desde el punto de vista lingüístico, el latín, difundido por las conquistas y ocupaciones romanas a lo largo y ancho de la península y las islas cercanas (por ejemplo, Sicilia, Cerdeña y Córcega) hasta el siglo V d.C., se diversificó y dio origen a una multiplicidad de dialectos3 hablados en las distintas regiones en los siglos posteriores. De esas poblaciones lingüísticamente diversas partieron (principalmente desde los puertos de Nápoles y Génova) contingentes de emigrantes con destino a las nuevas tierras de América del Norte y del Sur4.

La inmigración italiana a Uruguay tuvo su auge (Oddone, 1966; Rodríguez Villamil & Sapriza, 1982) en una época anterior a la de Bona. Los aluviones inmigratorios, dirigidos por agentes particulares o de carácter espontáneo, se dieron mayormente a finales del XIX y principios del XX. Los italianos que ingresaron en la época de Bona constituyeron una modalidad de inmigración impulsada por familiares y/o amigos ya establecidos en la región. Esta modalidad se dio básicamente después de la Segunda Guerra Mundial y fue menor en número, por diferentes razones que no corresponde detallar aquí. Aunque en todas las oleadas hubo profesionales y técnicos inmigrantes, estos predominaron entre los últimos contingentes, según afirman Elizaincín, Zannier, Barrios y Mazzolini (1987).

Al conocer a Luigi Bona vemos a un hombre que llega al Uruguay con madurez y formación profesional para cumplir la función concreta de ocupar un puesto de trabajo que requería sus conocimientos técnicos como químico (Dotta, 1998)5. Había nacido en la ciudad de Bérgamo, en la Italia septentrional (región de Lombardía), muy cercana a Milán, en 1902. Su familia, al menos desde hacía varias generaciones, no estaba vinculada con el mundo campesino sino con el trabajo en la industria textil. El joven Luigi, para proseguir sus estudios, vivió también en Turín, importante ciudad industrial del norte de Italia (región de Piamonte) y luego se instaló en la ciudad toscana de Prato, donde obtuvo el título de químico textil en 1925. Sabemos bien que en Italia esos eran los años de las primeras empresas bélicas del régimen fascista, encarcelamiento de opositores y otros rasgos que hicieron densa la atmósfera política y social del país. En medio de esos hechos, Bona tuvo que cumplir obligaciones ciudadanas como ir al frente de batalla en Libia y luego, cuando pudo dedicarse a su actividad profesional, parece haberle resultado difícil insertarse en ese ambiente tan políticamente polarizado. La ocasión de conocer a un químico uruguayo y el contacto que este le facilitó para venir a Sudamérica fue aprovechada por Bona, quien desembarcó en Montevideo en 1938, poco antes de que estallara el segundo gran conflicto bélico mundial del siglo XX (Dotta, 1998).

Según afirma Zannier (1960) en el prólogo de I racconti dell´ombú, Bona es el caso de un europeo que ha llegado a estas tierras a aprender y a aportar sus conocimientos previos, con fines de mutuo entendimiento entre los pueblos:

Bona è l’esempio classico del buon italiano all’estero. È l’immigrato che ha portato con sè in queste terre ospitali un tesoro di esperienza, di cultura e di bontà per metterle a frutto in vantaggio del suo nobile paese d’origine e della sua nuova patria d’adozione. È l’uomo che vuole che questi due paesi si affratellino e si amino sempre piú attraverso una migliore reciproca conoscenza (Zannier, 1960: 5).

En su actitud, contrasta con aquellos italianos (se podría decir, en general, europeos) que creen que solo han llegado a América a enseñar:

A Bona si contrappongono purtroppo parecchi cattivi italiani di rango alto e basso –direi piú alto che basso!– che quest’opera di affratellamento non fanno perchè non la comprendono: vengono in queste ospitali terre solo con la falsa presunzione di insegnare (Zannier, 1960: 5).

Bona aportará sus conocimientos de químico a la sociedad que lo recibe al tiempo que compartirá con sus compatriotas conocimientos sobre aspectos culturales y lingüísticos del Uruguay a través de esta peculiar obra narrativa. Existe en la época de Bona en Uruguay una:

Antigua y numerosa colectividad [de italianos] sólidamente consolidada. Se comienza a advertir entonces indicios de un proceso inverso, que lleva de una italianización de la sociedad nacional a una orientalización de la colectividad italiana, favorecida por, precisamente, el escaso aporte migratorio a partir de ese momento (Elizaincín, Zannier, Barrios & Mazzolini, 1987: 196).

La obra de Bona contribuye a ese proceso de “orientalización”: es la obra de un inmigrante que en su tiempo libre se dedica a la creación literaria (Dotta, 1998).

3. Recursos lexicográficos en los cuentos de Bona

Bona no usa notas a pie de página pero recurre a otras dos prácticas lexicográficas. Por un lado, (3.1) inserta en la propia narración algunas explicaciones lingüísticas de tenor lexicográfico. Por otro, (3.2) agrega un vocabulario al final de los cuentos con 75 voces que necesitarían algún tipo de explicación para los lectores italianos.

3.1. Explicaciones lingüísticas de tenor lexicográfico

En el desarrollo de su primer cuento, al mencionar la palabra ombú, Bona introduce una breve caracterización de los principales rasgos del mismo, en la que se apela a elementos comparativos: “con la sua corteccia grigia e rugosa come la pelle di un vecchio elefante, con la sua mole ingombrante di vetusto animale antidiluviano e col suo bel fogliame che si notava da lontano” (Bona, 1960: 9)6. Cuando usa la palabra algarrobo, Bona la acompaña de la siguiente aclaración: “dal tronco forte e possente che fa i frutti che hanno la forma di un coltello di pietra e sono il cibo dei ñandú che avevano sempre un uovo bianco per Yukery” (Bona, 1960: 21).

También la voz curandero, en su primera aparición en el texto, es parcialmente definida a través de sus características principales: “certo era che conosceva le proprietà medicinali di molte piante come solo le conoscevano gli indiani guaraní” (Bona, 1960: 10). Esto le permite a Bona retomar la palabra en el transcurso del cuento sin necesidad de detenerse nuevamente en ella (Bona, 1960: 21).

Bona hace además una extensa presentación de boleadoras a la hora de introducirla en la narración:

ogni roccia pesante e resistente, alle volte la stessa magnetite e l’anfibolite, prima con colpi precisi e poi con il lento strofinio di un’altra pietra bagnata, si trasformava in sferoidi della grandezza di un uovo, simili ad un otto per la precisa scannellatura centrale, incavo che permetteva di assicurare ad esso una solida cordicella fatta di sottili strisce di cuoio conciato con foglie di ombú.

Le cordicelle univano tre di esse ad un nodo centrale. Gli spagnoli della conquista le chiamarono boleadoras: arma terribile che vibrata con mano sicura era capace di fermare, impastoiandolo, qualsiasi animale nella corsa più veloce (Bona, 1960: 12-13).

Esta voz se recoge, a su vez, en el título del cuento siguiente, “La boleadora”, que trata, precisamente, de unas boleadores, usadas en casa del narrador como pisapapeles, que evocan historias lejanas, presumiblemente del siglo XVIII, en las que ese objeto pudo haber participado7.

Otras voces igualmente se presentan en la narración con información que las define: bodega aparece como “un grosso casone di pietra che in Uruguay si chiama bodega” (Bona, 1960: 41); el yaguareté es la “la feroce tigre americana” (Bona, 1960: 10); los mamelucos son “bande che percorrono il territorio delle Misiones e dell’Uruguay, rubando bestiame e assalendo riduzioni gesuitiche, oggi ricercatori di diamanti in Minas Geraes e domani predoni di indiani cristianizzati delle reducciones per portarli nelle fazendas brasiliane e venderli come schiavi” (Bona, 1960: 32)8.

3.2. Glosario de términos

Por otro lado, Bona redacta un glosario que se anexa a los cuentos bajo el título “Vocabolarietto di termini spagnoli ed ibero-americani contenuti in questo volume e di uso corrente fra gli immigrati italiani nel Rio de la Plata anche quando parlano la lingua d’origine, perchè voci di speciale valore semantico non sempre traducibili in italiano senza sciuparne la particolare tinta locale” (Bona, 1960: 52). Explica, entonces, en el propio título, que se trata de voces de uso frecuente en la comunidad inmigrante italiana “anche quando parlano la lingua d’origine”. Serían, entonces, préstamos del español adaptados a las lenguas o dialectos nativos de los inmigrantes.

Agrega en el título que son voces de especial valor semántico que no siempre se pueden traducir al italiano “senza sciuparne la particolare tinta locale”. Justifica así la necesidad de crear este glosario al tiempo que reconoce una “tinta locale”, un español propio de estas latitudes.

El vocabulario pertenece, como tal, al microdominio lexicográfico, es decir, es un producto lexicográfico que no está formalizado diccionariológicamente y que se caracteriza por su dependencia a géneros textuales no lexicográficos (Pérez, 2007). Responde a una larga tradición tanto de glosarios que han aparecido como anexos a obras literarias del siglo XIX en Uruguay (recuérdese el vocabulario anexado al poema Tabaré de Juan Zorrilla de San Martín en 1888, a la novela Nativa de Eduardo Acevedo Díaz en 1889, o a los cuentos de Benjamín Fernández y Medina en 1892 y 1893, por ejemplo) como de notas lexicográficas que aparecen a pie de página en obras narrativas como la de Alejandro Magariños Cervantes (1848). El vocabulario de Bona comparte con estos glosarios una temática rural, local, pero claramente pertenece a otra sincronía, pertenece a otra época en la que los glosarios ya no son frecuentes –ni necesarios– en la literatura nacional. Se distancia, por otra parte, de esta tradición en la medida en que aquellos glosarios estaban escritos en español y recogían, entre otras voces, préstamos de las lenguas nativas. El vocabulario de Bona, sin embargo, recoge voces del español del Uruguay (algunas de ellas de origen indígena) que son traducidas, explicadas o parafraseadas en italiano. En este sentido, pertenece a un microdominio lexicográfico bilingüe, algo inédito para el Uruguay.

La macroestructura del glosario está compuesta por 75 entradas, seleccionadas por Bona entre las voces que aparecen en sus cuentos en los que, en la mayoría de los casos, están escritas en cursiva. Este número de entradas no hace justicia al número exacto de voces definidas en el vocabulario porque algunas entradas contienen, en su interior, otras voces que Bona también define. Por ejemplo, en la entrada bombilla se define mate, como veremos; la entrada china contiene la voz propios; la entrada estancia incluye una definición de casco; se explica la voz pulpería en la entrada facón al tiempo que se explica bombacha en gaucho. En la entrada rancho aparecen definidas dos voces –enramada y terrones– y la voz tasajo se define en la entrada saladero.

La mayoría de las voces consignadas son de origen español pero han desarrollado en la región significados y usos diferentes. Así bombilla se define como “canna fine, quasi sempre d’argento, col fondo a forma di spatola chiuso e munito di piccoli forellini per succhiare e bere il mate” (Bona, 1960: 54), lo que lleva a Bona a introducir un paréntesis, dentro de esta misma entrada, para explicar la voz mate: “(infusione di foglie di origine paraguayana usata come bevanda in tutto il bacino del Plata)”. Agrega a continuación que “L’ora del mate è ora di riposo e di pace per l’uruguayano che ne è gelosissimo: forse piú che dell’ora del pranzo!...” (Bona, 1960: 54).

En la región algunas de estas voces han desarrollado, además de significados diferentes, alternancias fonéticas, que Bona sabe captar en el caso de “baqueano o baquiano” en cuya formulación se muestra la posibilidad de pronunciarse con diptongo.

Otras voces provienen de lenguas indígenas autóctonas, aunque no necesariamente se explicita dicho origen. Bona consigna guaranismos como butiá, mangangá, ñandú, ombú, yaguareté9, todos ellos sustantivos que refieren a elementos de la fauna o de la flora. Además consigna quechuismos como china, chúcaro, quinchar, tambo10. Aquí las categorías gramaticales exceden la del sustantivo y no pertenecen a campos semánticos claramente delimitables11.

La única voz indígena cuya etimología Bona presenta es quinchar: “voce peruana (quechúa)” (Bona, 1960: 63). Se trata de una voz de origen quechua que ha incorporado morfología del español.

La microestructura del glosario está redactada, como dijimos, en italiano. No tiene marcas lexicográficas, como no suelen tenerlas los glosarios de obras literarias. Aparecen sí algunos comentarios de uso como en el caso de finado: “nel linguaggio comune si usa far precedere quest’aggettivo alle persone non piú in vita; come sostantivo corrisponde al nostro defunto12 (Bona, 1960: 57). Esta entrada, en particular, es de las pocas en que se distinguen diferentes categorías gramaticales. Para el sustantivo se da una definición por equivalencia, cuya correspondencia se explicita: “corrisponde al nostro defunto”.

En algunos casos se presenta una definición a través de una traducción literal: asado: “letteralmente arrosto” (Bona, 1960: 53); fogón: “letteralmente focolare” (Bona, 1960: 58); ganado: “letteralmente vale bestiame” (Bona, 1960: 58); ganado lechero: “letteralmente bestiame da latte” (Bona, 1960: 58). Pero, en todos estos casos, se complementa esta traducción literal con una explicación que ofrece más información sobre el significado de la palabra en los cuentos. Las equivalencias se explicitan, a veces, a través del pronombre “nostro”, que instaura un espacio compartido por los hablantes de italiano. Es el caso de lobizones: “[…] Si tratta, insomma, di qualcosa abbastanza simile al nostro lupo mannaro” (Bona, 1960: 60); de mangangá: “[…] simile alla nostra vespa calabrone” o de paja brava: “[...] simile alla nostra paglia da fiaschi” (Bona, 1960: 61).

Varias definiciones son de corte enciclopédico, en las que abundan los detalles. Tal es el caso de la definición de ganado en la que se brindan datos sobre la introducción de estos animales al Uruguay en la época colonial, sobre su rápida reproducción en los campos uruguayos, sobre el comercio de los saladeros, etc. (Bona, 1960). También en la entrada saladero se profundiza sobre la industria de los saladeros, su relación con la navegación a vapor y la posibilidad de exportar la carne salada a Europa (Bona, 1960).

Bona recurre además a diferentes autores que funcionarían como “autoridades” en la tradición lexicográfica. En china se reproduce la estrofa 150 del Martín Fierro de José Hernández en la que aparece un uso despreciativo de tal voz (Bona, 1960). También el Martín Fierro aparece citado en payador (Bona, 1960). En rastreador se presenta la definición que Luigi Barzani hace de dicho vocablo en su novela Il Baqueano y también se cita al Facundo de Domingo Sarmiento (Bona, 1960: 63). Bona recurre a Bustamante Carlos Inca y su libro El Lazarillo de ciegos caminantes aparece citado en la entrada gauderios (Bona, 1960) al tiempo que Florencio Sánchez, con su obra La Gringa, aparece en, precisamente, gringo (Bona, 1960). Los versos de Juan Burghi ilustran la entrada benteveo (Bona, 1960) y la de espinero (Bona, 1960).

Muchas voces de animales que tienen entradas en el glosario aparecen con el nombre científico que les corresponde: benteveo: “(Pitangus sulphuratus bolivianus)” (Bona, 1960: 53); espinero: “(Anumbius annumbi)” (Bona, 1960: 56); flamenco: “(Phoenicopterus)” (Bona, 1960: 57); mulita: “(Dasypus septemcinctus)” (Bona, 1960: 61); ñandú: “(Struthio americanus o Rhea americana)” (Bona, 1960: 61); teru-teru: “(Belonopterus cayennensis lampronotus)” (Bona, 1960: 64) y yaguareté: “(Felis onza)” (Bona, 1960: 64). También el mundo vegetal está acompañado por el nombre científico, como es el caso de ombú: “(Phitolacca dioica)” (Bona, 1960: 61). Esto permite cierta traslación al mundo europeo, dado que los nombres científicos le dan una nomenclatura universal a animales y vegetales.

Bona da información sobre de dónde derivan algunas voces: reducciones: “da reducir” (Bona, 1960: 63). Es una de las entradas más lingüísticas, por decirlo de alguna manera: allí se explicita que era el nombre con que se llamaba en la época colonial a las misiones jesuíticas. También hay aportes lingüísticos en mamelucos: “deformazione di una parola araba che vuol dire schiavo e che originariamente indicava certi soldati di una milizia mercenaria arabo-egiziana: in Sud America si diede questo nome agli schiavi fuggiti dalle fazendas brasiliane” (Bona, 1960: 60-61). Es el tipo de definición lingüística que también se da en gringo: “parola di origine incerta che è impiegata dal creolo per identificare lo straniero. In un primo tempo serví per indicare gli inglesi o, più genericamente, gli anglo-parlanti: ora s’è transformata in termine spregiativo attribuito all’emigrato italiano” (Bona, 1960: 59). Quizás estas definiciones lingüísticas sean un punto débil del glosario de Bona, ya que no logran captar los matices que estas palabras han tomado a lo largo del tiempo.

En 3.1 y 3.2 hemos visto, entonces, que Bona se detiene en algunas voces de origen español y en otras de origen indígena que explica o define, ya en el cuerpo del texto, ya en el glosario, ya en ambos. El glosario es particularmente original porque le da existencia propia a un producto lexicográfico que reúne una serie de voces que hacen a la variedad de español con la que Bona tuvo contacto en Uruguay. Las entradas de ese glosario tienen una fuerte vinculación con lo local y lo rural, hecho que se explica por las características temáticas de los cuentos. Esta abundancia de glosas sobre ruralismos e indigenismos manifiesta, además, la intención de llegar a lectores ajenos al español y, en particular, ajenos a esta variedad regional del español. Manifiesta además cierta voluntad de establecer relaciones entre lo rural y lo urbano.

4. Otros recursos lingüísticos en los cuentos de Bona

Si bien nuestro principal objetivo en este estudio ha sido el análisis de los recursos lexicográficos que se despliegan en I racconti dell’ombú, estos pueden ser considerados dentro de una serie de recursos lingüísticos en los que ahora nos detenemos.

Desde un primer acercamiento al texto, se puede observar que Bona se sirve de un italiano, que conforma la base del texto, enriquecido con voces autóctonas de estas regiones. En ese sentido, se puede hablar de la presencia de más de una lengua. Esas incursiones o intromisiones enriquecedoras e ilustradoras de un ambiente particular que se está recreando están dadas para Bona como “termini spagnoli ed ibero-americani” (Bona, 1960: 52). Así como esos vocablos se incorporan naturalmente en la voz del narrador, otros elementos se remarcan como presencias claramente extrañas, citas textuales de parlamentos de personajes cuyas emisiones se reproducen de la forma que Bona se imagina habrían tenido originalmente.

En algunos casos, los personajes hablan en español, hecho que le da un particular rasgo de vividez o frescura a la narración al tiempo que acerca al lector a la situación real en la que se habría dado el hecho. Así, ya en las primeras páginas, en el primer cuento llamado justamente “I racconti dell’ombú”, vemos al personaje de Don Gabino (un viejo caracterizado como muy típico de la campaña, capaz de ejercer como curandero pero también de contar historias llenas de elementos sobrenaturales o fantásticos) respondiéndole con un “No sé, Don, no sé!” (Bona, 1960: 10) al narrador cuando este trataba de hacerlo hablar.

Otras dos frases en español son “Santiago cierra España” (Bona, 1960: 32) y “¡Ojo con los mamelucos!” (Bona, 1960: 33). La primera de ellas está ingresada como expresión fija o consolidada y es explicada por el autor en su vocabolarietto (Bona, 1960: 64); la segunda no está ingresada como frase, aunque la voz mameluco tiene su entrada propia en el vocabulario (Bona, 1960: 60).

También hay presencia del español en la reproducción textual de los versos que serían cantados por uno de los personajes (llamado Alicio, en el cuento “Rancore creolo”). En este caso el contenido textual queda en un segundo plano, no se traduce al italiano a pesar de que no sería a primera vista comprensible para un lector que solo comprende esta lengua: “El desgraciao gringo / que trabajaba / como burro a la noria / también el domingo” (Bona, 1960: 47).

Otra variedad lingüística que cumple una función similar a la del español es el piamontés, que aparece en boca del personaje de un viejo italiano que trabajaba en el campo, aparentemente en una propiedad rural dedicada a la vitivinicultura, el cual aparece definido como hablante de un “gergo di piemontese acriollado” (Bona, 1960: 41). Su único parlamento referido en este dialecto piamontés o “duro dialetto delle Langhe” (Bona, 1960: 41) está acompañado por una traducción entre paréntesis en italiano: “A l’è la ca’ maldita!13 (È la casa maledetta!)” (Bona, 1960: 41).

Con esto Bona termina de pintar el paisaje lingüístico de esta región: en él están presentes elementos del español y de dialectos italianos (el piamontés de uno de los personajes y la mención a una voz de la jerga napolitana en la voz del narrador14). Asimismo en ese paisaje hay elementos del portugués (fazenda en Bona, 1960: 32) y léxico de lenguas indígenas, como ya hemos visto.

En contracara con los ejemplos que acabamos de anotar, aparecen muchos casos de discurso directo en italiano, desestimando el recurrir a la lengua original en la que Bona imagina que se habría dicho el parlamento en cuestión. De esa manera, se escapa de un realismo que ya se volvería excesivo y atentaría contra la claridad y la uniformidad dada por el predominio de una lengua principal del texto. En italiano se traduce aquello que se habría dicho en español (como en Bona, 1960: 35) o aquello que incluso podríamos imaginar como parlamento expresado en alguna lengua indígena (Bona, 1960: 17).

Otra convivencia particular de lenguas se ve en los casos en los que coexiste el italiano con ocurrencias de voces no italianas. Así alternan giaguaro y giaguara (Bona, 1960: 16, 19, 20, 21, 24) con yaguareté (Bona, 1960: 10, 11, 14, 15, 20), voz que aparece definida en el vocabulario final (Bona, 1960: 64). En otro caso, la primera aparición en el italiano formiche deja lugar a una especificación en español: hormigas negras: “la terra si fende ed al tramonto miriadi di formiche, le hormigas negras, imprendono la loro cocciuta processione sulla terra…” (Bona, 1960: 39).

Finalmente, algunos casos pertenecen a una categoría aparte, en tanto se pueden considerar como frases híbridas, en las que la sintaxis es italiana pero hay un ingreso de elementos léxicos simples o complejos en español. El primer caso que vemos es el de: “uscire per la puerta de los carros, da dove passavano i bocciati” (Bona, 1960: 26-27), en la que presumiblemente se recoge la expresión “salir por la puerta de los carros” pero esta se presenta combinando el verbo y la preposición en italiano con el sintagma en español. La elección del verbo en italiano quizás se justifique en la intención de evitar el falso amigo salir15. Se mantiene así el significado metafórico de ser reprobado en un examen.

El segundo caso es quizás la frase más híbrida del texto: “il vasco16, che vendeva ganado lechero e tenía tambo” (Bona, 1960: 44), en la que, además de la ortografía española en vasco, se combina un verbo en italiano (vendeva) con el objeto en español (ganado lechero), al que recurre quizás porque en italiano no existe un elemento equivalente. Además se une, a través de una conjunción copulativa italiana (e), un sintagma verbal en español con un verbo tener que resulta, en cierta manera, armonioso con el italiano, de modo que tenía tambo requiere principalmente la definición de tambo pero el verbo tener no crea una especial incomodidad ni por su significado ni por la forma en que está conjugado17.

Distinto es el tercer caso, en el que agrupamos: “si alambró” (Bona, 1960: 45) y “fu quinchado” (Bona, 1960: 46). En ellos los elementos léxicos del español, siendo verbos (alambrar y quinchar, respectivamente), toman una morfología verbal afín a las dos lenguas pero se realizan a través de una forma híbrida en la que son italianos los elementos complementarios al núcleo léxico (pronombre si impersonal y verbo essere como auxiliar de la voz pasiva).

Revisamos, de este modo, todos aquellos aspectos lingüísticos que contribuyen aún más a la peculiaridad de esta obra. Su especial fisonomía se hace comprensible para un lector italiano poco familiarizado con estos paisajes sudamericanos pero, a la vez, está llena de elementos que plantean la extrañeza, el exotismo que llamaría la atención a una mirada europea. La extrañeza plasmada en el texto está imbuida de un espíritu científico, descriptivo, enciclopédico, documental y, como tal, intenta respetar algunas manifestaciones lingüísticas en la forma que habrían tenido originalmente. Dada la cercanía entre las lenguas en juego, los elementos que no son presentados a través del glosario logran momentos de integración en que la morfología del español y del italiano se confunden: los verbos de vieja ascendencia latina, y ya diversificados en ambas lenguas, confluyen en productos singulares permitidos por la cercanía del significante.

5. Consideraciones finales

En este artículo nos hemos centrado en el objeto concreto I racconti dell´ombú para realizar una serie de consideraciones sobre las inscripciones lingüísticas fundamentales que se nos aparecen al observarlo. Hemos reconocido que nuestro texto toca también aspectos de la historia de la inmigración italiana en el Uruguay (Oddone, 1966; Dotta, 1998; Zannier, 1992; Rossi Masella, Loredana Bigoni y Chiancone, 1987, entre otros) y la historia de las variedades lingüísticas italianas en el Uruguay (Meo Zilio, 1955; Barrios, 2008; Elizaincín et al. 1987, entre otros) así como integra un hecho peculiar de la literatura uruguaya (Rocca, 2006).

Bona nos sorprende con un texto en el que desanda, de algún modo, su propio periplo en el conocimiento de los aspectos culturales y lingüísticos particulares del Uruguay y, en la búsqueda de equivalentes entre el español de la región y el italiano, reconstruye su propio proceso de integración a estas tierras. Parte de este proceso involucra la creación de un glosario, como anexo a sus cuentos, en el que selecciona voces regionales de origen español e indígena y las acerca al mundo italiano. Genera así un producto lexicográfico bilingüe de particulares características. Este glosario y la forma en que Bona introduce otras lenguas en sus cuentos nos hablan de una fina intuición lingüística del autor que logra legarnos una obra sui generis.

Notas

1. Agradecemos a Pablo Rocca quien nos llamó la atención sobre Luigi Bona y su glosario.

2. Frase atrubuida, al menos en su inspiración, al político y artista torinés Massimo D’Azeglio (1798-1866). Para lo lingüístico, esto implicó que recién desde mediados del siglo XX, se puede decir que los italianos tienen una primera lengua común: la variedad lingüística de la Toscana, que adquirió prestigio en la península a lo largo de varios siglos gracias al éxito de su literatura entre las élites letradas de varias regiones.

3. En el ámbito italiano, se acepta sin demasiado prejuicio la palabra dialetto para designar la multitud de variedades lingüísticas usadas como vernaculares locales, algunas de las cuales cuentan con una tradición literaria propia y manifestaciones artísticas vehiculizadas por ellas, así como para otras variedades que se encuentran confinadas a los usos más íntimos. Calcamos el término dialetto al español, descartando las otras connotaciones que puede tener el término dialecto dentro del mundo hispánico.

4. Además de América, hay que contar la emigración italiana hacia otras zonas de Europa (Alemania, Francia a lo largo del siglo XX y en los últimos tiempos España, Inglaterra) e incluso la llegada de un número interesante de italianos a Australia a partir de las primeras décadas del siglo XX (Colucci & Sanfilippo, 2010).

5. Gracias al trabajo realizado por Dotta (1998) tenemos una semblanza biográfica muy bien delineada de Luigi Bona.

6. Asimismo esta voz se retomará en el glosario de los cuentos en el que se repiten algunas características vinculadas a la corteza rugosa o al follaje del ombú y se presentan algunos comentarios adicionales (Bona, 1960: 61).

7. La palabra boleadora aparece también como entrada en el glosario (Bona, 1960: 54).

8. Esta última voz se consigna también en el glosario (Bona, 1960: 60) en el que aparece con una definición de corte lexicográfico pero también enciclopédico, como veremos más adelante.

9. Estas voces aparecen como de origen guaraní ya en el Diccionario del Español del Uruguay (Academia Nacional de Letras del Uruguay, 2011), ya en el Diccionario de la Lengua Española (Real Academia Española, 2014).

10. Estas voces están consignadas como quechuismos en el Diccionario del Español del Uruguay (Academia Nacional de Letras del Uruguay, 2011) o en el Diccionario de la Lengua Española (Real Academia Española, 2014).

11. También en el glosario aparecen voces que están registradas en el Diccionario del Español del Uruguay (Academia Nacional de Letras 2011) como de “etimología en investigación” o “etimología controvertida”. Tal es el caso de chaná y charrúa.

12. El subrayado es nuestro.

13. La forma propia del piamontés debía ser maledetta (coincidente con el italiano estándar), por lo que maldita le da ese toque “acriollado” al que se refiere Bona.

14. Se trata de “buascio puerto” (Bona, 1960: 25), una elección de la que Bona no da detalles.

15. Recordemos que entre salire del italiano y salir del español no hay una correspondencia de significados, pues en italiano salire coincide con el significado de subir en español.

16. En italiano, basco. Aparece nuevamente vasco en Bona (1960: 45).

17. Mientras en el italiano actual, el verbo avere continúa teniendo el viejo significado latino de posesión, el verbo tenere, también fielmente al latín, posee el significado de asir, tener en/con la mano, soportar, aguantar, sostener. Pero también más abstractamente, o con menos referencia corporal, tiene el significado de administrar, sustentar o mantener una propiedad o persona, en el sentido de ocuparse de ella y hacerla funcionar, proveyéndole lo necesario. Por otro lado, la conjugación tenía –que se puede ver en principio como propia del español, pues difiere del italiano estándar teneva– es reconocible como una forma afín al antiguo tenea (visible en textos como la Divina Comedia) con su terminación –ea, perteneciente al paradigma de la segunda conjugación del Pretérito Imperfecto (mientras a la tercera corresponde la terminación –ia, por ejemplo, dormia). Teneva y dormiva alternaron en las variedades toscanas con tenea y dormia, pero en el italiano actual triunfaron las primeras y las segundas quedaron como formas que remiten a la antigua poesía o a los textos antiguos pero aún presentes en la memoria de los hablantes a través del conocimiento escolar.

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Anexos

Voces recogidas por Luigi Bona en su vocabulario (Bona, 1960: 52- 64):

alambrado, alambrar, algarrobo, ancha de potro, asado, baqueano o baquiano, benteveo, bodega, boleadora, bombilla, butiá, camino, carreta, criollo, curandero, chajá, chaná, charrúa, china, chiripá, chúcaro, doma, domador, espinero, espinillo, estancia, facón, fazenda, finado, flamenco, fogón, fonda, ganado, ganado lechero, gauderios, gaucho, gringo, guaraní, guayabo, hidalguía criolla, incas, lobizones, llama, mamelucos, mangangá, mate, mostrador, mulita, ñandú, ombú, pago, paja brava, parador, payador, peón, peso, quebrada, quinchar, quinta, quintero, rancho, rastreador, reducciones, rematador, remate, rompecabeza, saladero, Santiago cierra España, sierra, taba, tambo, terrón, teru-teru, tuna, yaguareté.


 

Recibido: Octubre 2015 Aceptado: Mayo 2016 Publicado: Noviembre 2016

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