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Logos (La Serena)

versão impressa ISSN 0716-7520versão On-line ISSN 0719-3262

Logos vol.26 no.2 La Serena nov. 2016

 

Aproximaciones al estudio ecocrítico de la literatura chilena1

Toward an ecocritical approach of contemporary Chilean literature

Juan Gabriel Araya Grandón


Universidad del Bío-Bío, Chile
juanarayagrandon@hotmail.com


Resumen: Postulo una lectura de la poesía chilena que tiene como objetivo poner de relieve un nuevo protocolo de interpretación, entendimiento y desciframiento de las claves que vinculan al creador, al lector, a la sociedad y a la cultura con el entorno ambiental.

Palabras Clave: Ecocrítica, literatura chilena, ecología, crítica literaria.

Abstract: By examining a corpus of contemporary poetry, I study the relationship between the environment and civilization in order to raise concern about the understanding of culture, civilization and the natural environment of contemporary Chilean poetry.

Keywords: ecological criticism, contemporary Chilean poetry, ecology, literary criticism.


Al considerar las relaciones que ha establecido la ecología con diversos aspectos que caracterizan nuestra permanencia como especie verificamos que la asociación de esta disciplina con el arte y específicamente con la literatura no se ha realizado en nuestro país en forma sistemática a la luz del carácter interdisciplinar que debieran tener los estudios literarios (Ostria, 2010; Casals , 2014; Donoso, 2015). A partir de ese punto, y dado que nuestro planeta se encuentra aquejado por un evidente deterioro medioambiental que afecta tanto a los reductos urbanos como a las reservas forestales, las aguas, hielos, pampas y bosques, nos hemos hecho el propósito de considerar materia de estudio el aporte que realiza un corpus seleccionado de la producción literaria chilena del siglo XX y XXI a una comprensión mayor de la obra literaria que incluya el pensamiento ecológico.

Junto con la aplicación de las políticas neoliberales de fines del siglo XX surgen crisis de diversa índole que afectan no solo al hombre. Se vincula a ellas el desinterés de éste por lo que no sea el goce o el provecho inmediato y lucrativo conducente a explotar desmesuradamente los recursos y atentar, a la postre, contra el futuro de la propia especie humana. Como respuesta a esta crisis se percibe el nacimiento de un nuevo humanismo que busca a una comprensión más equilibrada del hombre en el mundo. Entendemos por este humanismo una apertura hacia la diversidad y un respeto por la misma. Sin embargo, la proclamación de ese respeto y valor por lo diverso no es generalizada. Aun no constituyen un número considerable las personas que defienden abiertamente esa diversidad: se sigue destruyendo los ecosistemas llevando a la extinción a etnias y especies.

No obstante, inmersos en este contexto, se levantan voces de pensamiento crítico que postulan un discurso ecologista y ecológico tendiente a concebir de otra manera la realidad y resistir contra las expresiones más agresivas de la globalización y la depredación del ecosistema, defendiendo tradiciones y territorios amenazados frente al avance del progreso. Este nuevo discurso se ha hecho visible gracias al impacto producido por las catástrofes ecológicas de nuestro tiempo.

Es visible en el plano internacional una preocupación sobre los problemas que existen en relación con el medio ambiente, por ejemplo, la calidad del aire, el cambio climático, la lluvia ácida, la destrucción y propiedad de los recursos forestales, vegetales, marinos, minerales y biológicos, la producción de alimentos, el calentamiento global, derretimiento y destrucción de glaciares, cuestiones ligadas directamente con nuestra supervivencia y futuro como especie adquieren relevancia en los debates culturales. Podemos situar el inicio de esta conciencia crítica a inicios de los ‘70. Con la finalidad de detener el impacto nocivo de las actividades humanas para los ecosistemas a nivel global en 1972 la Organización de las Naciones Unidas formuló el primer llamado a escala mundial para preservar a la Tierra del desastre ecológico: la Conferencia sobre el medio humano. En 1982 y en 1987, respectivamente, el llamado se fortaleció con la Carta Mundial de la Naturaleza y el Informe Brundtland2, que planteaban una visión de desarrollo sustentable para resguardar la naturaleza y el desarrollo presente y futuro de la humanidad.

Más importante que estas declaraciones de las buenas conciencias de la ONU, tenemos recientemente, en el ámbito continental, geográficamente muy cercano a nosotros, la dictación en 2010 de La ley de derechos de la Madre Tierra, del Estado Plurinacional de Bolivia que establece derechos y deberes para con la Tierra, en base a las cosmovisiones indígenas y las teorías de complejidad que sustentan la disciplina ecológica. Cito tres de sus principios fundamentales:

1. Armonía. Las actividades humanas, en el marco de la pluralidad y la diversidad, deben lograr equilibrios dinámicos con los ciclos y procesos inherentes a la Madre Tierra.

2. Bien Colectivo: El interés de la sociedad, en el marco de los derechos de la Madre Tierra, prevalecen en toda actividad humana y por sobre cualquier derecho adquirido.

3. Interculturalidad. El ejercicio de los derechos de la Madre Tierra requiere del reconocimiento, recuperación, respeto, protección, y dialogo de la diversidad de sentires, valores, saberes, conocimientos, prácticas, habilidades, trascendencias, transformaciones, ciencias, tecnologías y normas, de todas las culturas del mundo que buscan un convivir en armonía con la naturaleza.

Esta declaración hace referencia a que en nombre de la civilización y el progreso, desde los tiempos de la conquista española fueron diezmadas poblaciones aborígenes completas y sus tierras convertidas en propiedades de los grandes hacendados criollos y extranjeros. De la misma forma, en la época contemporánea y en nombre del crecimiento económico, han sido destruidos los fundamentos de subsistencia natural de innúmeras poblaciones, lo que obliga a aborígenes, hombres de la costa y cordillera, mineros y labradores, a abandonar sus territorios y avanzar hacia zonas urbanas, convertidas éstas en productoras de contaminación. Por otra parte, se agrava el conflicto, tanto por la disputa de los recursos energéticos –Estados Unidos consume el 25% de la energía del planeta, y sus reservas de petróleo escasearán cada vez más–, como por las guerras imperialistas desatadas en contra de la voluntad de los pueblos del mundo.

De acuerdo con tales antecedentes, ponemos en el tapete de la discusión nuestras apreciaciones acerca de la preservación de los espacios de pureza, la denuncia de conductas reñidas con la biodiversidad y el cuidado del entorno natural, desde la trinchera que nos brinda la crítica literaria. Aunque poco estudiada aún, la Ecocrítica es una de las posturas contemporáneas que adoptan una preocupación social, cultural e interdisciplinar. Se define como “el estudio de las relaciones entre la literatura y el medio ambiente” (Glotfelty & Fromm, 1996: 13). Este enfoque explora la visión de la naturaleza en obras que manifiesten una preocupación por denunciar o hacer ver éticamente la relación del hombre con su medio natural, su lugar, su oikos. En otros términos la ecocrítica es el estudio de la relación entre literatura y el entorno físico. Así como la crítica feminista examina el lenguaje y la literatura desde una perspectiva de conciencia de género y la crítica marxista se ocupa del modo de producción y de clase económica en su lectura de los textos, la ecocrítica toma un enfoque centrado en la tierra para sus estudios literarios (Glotfelty & Fromm, 1996: 18).

Superando el paradigma antropocéntrico de otras perspectivas de estudio literario-cultural, la ecocrítica o crítica ecologista integra producciones textuales a un sistema mayor que las tradicionales series literarias, culturales e históricas, desplazando la obra hacia una nueva valoración eco-céntrica, eje que conecta a la obra y al autor con las matrices que los sustentan. Se trata, entonces, de recuperar la conexión entre la naturaleza y la cultura, y hacer visible la materialidad de las interrelaciones e integraciones de los soportes y elementos que aseguran la vida básica del planeta. El nexo literatura-naturaleza representa una unión primordial del hombre con el entorno. Se trata de una conexión que permite conjugar el mundo exterior, mítico y sagrado de la naturaleza con el mundo interior e intelectual, donde el escritor y el lector se encuentran. Es el espacio que José Manuel Marrero, siguiendo al británico Laurence Coupe, denomina “pertinencia de la ecocrítica” (2015: 61).

La producción y crítica chilena, desde su quehacer habitual, aún no se refiere suficientemente a los graves problemas que afectan al planeta. Si pensamos a la obra literaria como un procedimiento del hombre para expresar sus ideas, pensamientos, cosmovisión y deseos por medio del arte del discurso y la palabra, este sujeto debe dar cuenta, con mayor razón, del riesgo que corre su precaria condición orgánica, independientemente de las consideraciones existenciales, socio-políticas, religiosas, étnicas, de clase y de género que le son propias.

Se hace necesario resolver de una manera satisfactoria la aparente contradicción que existe entre los conceptos que definen los dominios de la ciencia de la tierra con aquellos que apuntan a la producción de subjetividad y a la actividad creadora, a fin de situarse en un territorio que vincule estrechamente a tales dominios. El ejercicio crítico deberá incluir en una totalidad el carácter técnico de los estudios ambientales y su resonancia en las artes, particularmente en la literatura.

En consecuencia, la crítica literaria ha cumplido históricamente con la función primordial de ser un intermediario o mediador entre el texto y su receptor. Sin embargo, desde un margen heredado de las utopías sociales y el humanismo verde, la ecocrítica busca mediar entre los autores, sus textos, la biosfera y el lector, estableciendo críticamente las conexiones y puentes de enlace entre el sujeto y el entorno. Los respectivos campos de contenido y esferas de acción en la dicotomía conciencia antropocéntrica / conciencia ecológica –a las que Glen Love (1996) denomina ego-conciencia y eco-conciencia, respectivamente– deben revertirse de modo urgente, ya que el predominio de la primera por sobre la segunda reproduce el desequilibrio que nos afecta. Por lo tanto, corresponde realizar el tránsito desde una ego a una eco-conciencia, esto es, evolucionar desde una conciencia especular y narcisista a una conciencia habitada por la real identificación del hombre con su matriz natural.

Félix Guattari, en su ensayo Las tres ecologías, sugiere que debemos aprender a pensar transversalmente las interacciones entre el ecosistema y el universo de referencias sociales e individuales en el que estamos insertos. Esto significa que las interrelaciones entre las esferas culturales, sociales y de entorno natural deben ser repensadas de manera simultánea para obtener la reconstrucción de las relaciones humanas con todos los estratos y tomar en cuenta un contexto global atribulado. Ejemplifica esto con los desastres de la ecología social, entendida como la praxis social en la era del capitalismo tardío, en los países del tercer mundo. Como han observado numerosos pensadores, la textura cultural de nuestras sociedades se ve disminuida y debilitada por las intervenciones foráneas, nuestros hábitat invadidos y saqueados por nuevos conquistadores, nuestros niños y jóvenes abandonan sus comunidades para buscar sustento y se sumergen en las cosmópolis que, contradictoriamente, les han sido hostiles a sus lugares de origen. Las comunidades prácticamente desaparecen, puesto que no hay población para darles la singular vida orgánico-social que las caracterizaba. Siguiendo esta lógica, Guattari (2006) indica que no sólo desaparecen especies, sino también lenguas, palabras, frases, gestos de solidaridad humana, bases fundamentales para el desarrollo social. Un claro ejemplo lo constituye el planteamiento inmerso en la obra del poeta Juan Pablo Riveros titulada De la tierra sin fuegos (1986) que se refiere a la extinción de los antiguos habitantes de la Patagonia.

Los conflictos entre cultura y naturaleza se alojan en la literatura como discursos plenos de intensidad. Niall Binns (2004) ha hecho hincapié sobre las redes de preferencias y exclusiones de estos discursos exhiben, ejemplificando con la poesía hispanoamericana. Coincido con Niall que algunos hallazgos tienen relación con el estado material de las áreas naturales, su estructura y distribución tanto en el pasado como en el presente, las interacciones de la tecnología productiva con el medioambiente y la transformación de la naturaleza. En ciertas obras literarias se privilegian discursos que establecen individuos y sociedades con la naturaleza (por ejemplo, los mitos, el derecho, la ética y paisajes culturales) que son signos de las rigurosas transformaciones que han caracterizado la actitud del ser humano y su huella en la literatura. Asimismo, es posible observar la disolución de la subjetividad en espacios y materias, algo que coincide con el concepto de devenir imperceptible de la jerga postestructuralista (Deleuze & Guattari, 2006).

Así, creemos conveniente y oportuno establecer una selección significativa que implique construir una red o serie textual que recoja, de una manera más consistente, ciertos puntos cardinales del controversial tema de la naturaleza y de la discusión de sus problemáticas en la literatura. El criterio utilizado, me parece, debe ser la inclusión en nuestro estudio de diversas escrituras creativas chilenas. Su elección es independiente del género, de las periodizaciones y tendencias instituidas canónicamente. Admitimos que un esquema diacrónico de estudio de obras literarias puede sernos útil en relación con el nacimiento, evolución y disolución de periodos o tendencias literarias, las que se acercan a la noción orgánica que subyace a las lenguas y al lenguaje, atendiendo al hecho que la literatura establece una interacción continua con la naturaleza en todos sus niveles. Pero, también puede caracterizarse a la literatura como un sistema que en su escritura y reescritura sugiere una visión de pleno movimiento y regeneración. Si bien, las tendencias literarias comportan un agotamiento inherente en su técnica y especificidad respecto a los discursos literarios que les suceden, su temática puede sobrevivir. La literatura puede repetir sus registros con mayor o menor intensidad. Es conveniente aplicar las ideas y presupuestos de lo que hoy se conoce como estudios ecocríticos y seleccionar un corpus formado por diversas escrituras de autores chilenos que permite inferir que la preocupación por la naturaleza en la literatura, sea en términos objetuales, pictórico-realistas, simbólico-poéticos o ideológicos, constituye una serie discursivo-textual centrada e identificable con un discurso que llamaremos de la Tierra. Estimamos que para una mayor precisión es conveniente denominar de esta manera en forma genérica a un conjunto de fenómenos de enunciación literaria que inciden en la apropiación y en los modos de abordar y apreciar la frágil materialidad de la naturaleza. La serie inscrita en tal discurso se inicia con una mirada amplia destinada a describir los contornos materiales, pasando por su interiorización y posterior asimilación mental, para arquitecturar un discurso de reclamo por el deterioro del patrimonio.

En suma, deberíamos aplicar un modelo de estudio crítico escasamente considerado en nuestro medio cultural. El modelo conlleva una dimensión teórico-crítica, en cuanto desde un sujeto consciente se estudia un objeto literario y su presencia en el imaginario de la tradición literaria, y una dimensión ética, pues una estimación integral y acabada de nuestro ser social debe, necesariamente, imbricar el ser social con aquel mundo que no ha sido ni diseñado ni construido por el hombre. Al poner en evidencia prácticas discursivo-textuales que se identifican con una escritura cuyo propósito es la visión de la naturaleza, como un objeto en constante dinamismo, y la interacción del hombre con ésta, se establecerán relaciones interdisciplinarias de carácter ecológico, literario, ético, estético, sociológico, político y cultural. Al mismo tiempo, se producirá una actualización de lecturas de los autores del corpus; lecturas que, distantes temporalmente, y a la luz de esta aproximación crítica, conforman, por una parte, un conjunto de escrituras ejemplares sobre la mirada de la naturaleza en Chile, y por otra, escrituras éticas que plasman una visión más contemporánea y que incluye literariamente los conflictos latentes de una naturaleza amenazada. Propiciamos, en consecuencia, una lectura de la literatura chilena del siglo XX y XXI que tiene como objetivo poner de relieve un nuevo protocolo de interpretación de las claves que vinculan al creador, al lector, a la sociedad y a la cultura con el entorno ambiental.

Un segundo criterio se refiere a segmentar en dos sub-series discursivo-textuales a las obras literarias. De un lado, nuestra materia de estudio será estimada desde el ángulo ecológico, es decir, la noción orgánica de la morada o comunidad humana integrada a su entorno que recrea, idealiza y fija un mundo o paisaje visto. Se singulariza por constituir una visión ora estática, fotográfica, ora rediviva, dinámica de un momento histórico-ambiental concreto, que obedece a razones únicamente técnicas, estéticas, literariamente instrumentales. Del otro lado, las obras se estudiarán de acuerdo a ciertos grados de desarrollo de una actitud o discurso ecologista, que apunta a una propuesta contestataria, ética y política en la literatura. Ésta actitud emerge cuando el artista toma conciencia de encontrarse en un espacio natural violentado. De esta manera, la obra, situada, inmersa en la contingencia, deconstruye el discurso antropocéntrico y utilitario del poder, vulnerando su supuesta eficacia y racionalidad al ponerla en tela de juicio.

De acuerdo con el planteamiento anterior quisiera llamar la atención sobre manifestaciones literarias concretas que pueden ser objeto de esta perspectiva crítica. Si, por ejemplo, eligiese algunos poemas de Neruda, no tardaría en darme cuenta de lo obvio: su diálogo con el oikos corresponde a un proyecto totalizador.

La expresión de este plan se encuentra representada, fundamentalmente, en el ciclo de las odas (Odas elementales, 1954; Nuevas odas elementales, 1956 y Tercer libro de las odas, 1957). El ciclo de las odas es una alabanza a las cosas terrenas. Incluye una enumeración heterogénea de objetos y hechos cotidianos que son bellamente redescubiertos. Allí encontraremos elementos antes no considerados poéticamente3, como la alcachofa, el caldillo de congrio, la papa, el aceite, el limón, la magnolia, y otros sublimes, como el aire, el fuego, la tierra, la poesía o las estrellas. Me interesa ahora avanzar ideas sobre dos composiciones cuyo análisis contrastivo permite visualizar un interesante contrapunto de discursos y temples poéticos vitales. Por una parte, Oda a la fertilidad de la Tierra es un poema que alaba a la matriz natural en constante dinamismo. El carácter prodigioso de la cubierta vegetal hace interrelacionarse a los organismos microscópicos con los mayores. El vitalismo de Neruda representa todo el poder de la naturaleza. Al mismo tiempo, incluimos Oda a la erosión en la provincia de Malleco, poema que presenta el compromiso del vate en cuestiones ecológicas y en cuyo desarrollo puede observarse un germen manifestario de índole ecologista. Revela este el horror que le causa a Neruda la devastación y el deterioro de aquello que conoció casi impoluto en su juventud vivida en el Sur de Chile. En estos dos textos, las materialidades nerudianas asombran por su radicalidad, pero caracterizadas, en este ciclo, por una sencillez y transparencia que se aleja de la obscura atmósfera residenciaria.

En el mismo tenor, Nicanor Parra incluye la preocupación ecológica activa en su producción poética. Tempranamente los poemas y antipoemas de Parra conllevan un gesto revalorizador de la naturaleza, por ejemplo, Defensa del árbol. A la par, el poeta entrega una corrosiva visión crítica de la situación actual de la humanidad en Soliloquio del individuo. Subrayamos, además, que en el curso de los años, adoptará también una predilección por un tipo de poesía que rehúya de los ambientes de café y salón, para postular una poesía de tierra firme, de la naturaleza, de la plaza pública y de protesta social (Manifiesto). Su postura se radicalizará aún más con sus artefactos y ecopoemas, con los cuales Parra subvierte su propio plan antipoético para volcarse definitivamente hacia una comprensión de la falacia de la superioridad de lo humano, ridiculizando su afán de dominio sobre la naturaleza. El mismo Parra señala su giro ecológico: muestra su desconfianza por los sistemas políticos y cimientos culturales de Occidente y su preferencia por doctrinas orientales como el taoísmo. De esta manera, con sus Ecopoemas4 (1982) , se inclina poética, académica y militantemente a la ecología profunda. Para reforzar sus ideas al respecto el año 1982 en Temuco, en un Encuentro Internacional de Escritores, en una charla en el Liceo Gabriela Mistral A-23 el escritor al reflexionar sobre el problema de la expresión poética en palabras finales dice lo siguiente:

La naturaleza está sucia, la naturaleza ha sido violada y se corre el riesgo que desaparezca, que la naturaleza muera. Ese es el problema básico, entonces –me parece a mí- de esta época: el problema de la naturaleza.

Y agrega a continuación:

Yo soy un convencido que de que todos nuestros actos, en estos momentos, de aquí al año 2000, deben estar definidos, deben estar determinados por el pensamiento ecológico. No podemos dar un paso sin pensar en qué significa ecológicamente ese paso.

Como se aprecia, resulta interesante puntualizar que tanto Parra como Neruda, poseedores de proyectos escriturales diferentes, adoptan en el interior de su lengua poética una actitud reivindicatoria y de denuncia que trasciende la retórica habitual.

Un aspecto que no puedo obviar es la propuesta de ejes discursivos útiles para el análisis de las obras literarias que, sin ser exhaustivos ni negar la posibilidad de inclusión de otros, expongo a continuación:

a) Discursos de humanización de la naturaleza (madre, protectora / invasora, devoradora) (p. ej. Gabriela Mistral, Mariano Latorre, Leonel Lienlaf, Jaime Huenún, Jorge Teillier, Graciela Huinao y otros/as).

b) Discursos de animismo, panteísmo y totemismo (p. ej. Gabriela Mistral, Sergio Mansilla, Elicura Chihuailaf, Isabel Allende, Adriana Paredes Pinda y otros/as).

c) Discursos que contienen representaciones diacrónicas de una naturaleza objetual, pictórica o paisajística (p. ej. Mariano Latorre, Luis Durand, Raúl Zurita y otros/as).

d) Discursos de anticipación, distopía y apocalipsis en la narrativa y poesía contemporánea (p. ej. Darío Oses, Diego Maquieira, Gonzalo Millán, Oscar Hahn, Jorge Baradit, Jaime Quezada, Héctor Hernández y otros/as).

e) Erotismo y naturaleza (p. ej. Pablo Neruda, Gonzalo Rojas, Vicente Huidobro, Gabriela Mistral, Carmen Berenguer, Paula Ilabaca, Floridor Pérez y otros/as).

f) Discursos que utilizan a la naturaleza como proyección del sujeto social (p. ej. Pablo Neruda, Juvencio Valle, Gabriela Mistral, Raúl Zurita, Manuel Silva Acevedo y otros/as).

g) Discursos sobre literatura y salud, medicinas, comidas (p. ej. Roberto Bolaño, Enrique Lihn, Gonzalo Millán, Pablo de Rokha, Pablo Neruda, Luis Durand, Rodrigo Lira y otros/as).

h) Discursos narrativos de frontera cultural en las historias naturales botánicas, zoológicas, geográficas (p. ej. Francisco Pineda Bascuñán, Alonso de Ovalle, Abate Molina, Miguel de Olivares, Amadeo Pissis y otros/as).

i) Discursos ecologistas manifiestos y comprometidos (p. ej. Pablo Neruda, Nicanor Parra, Luis Sepúlveda, Clemente Riedemann, Juan Pablo Riveros, Jorge Torres, Luis Oyarzún y otros/as).

j) La crítica literaria y discursos críticos acerca de la naturaleza (p. ej. Omer Emeth, Alone, Ricardo Latcham, Manuel Vega, Luis Oyarzún, Mauricio Ostria, Andrea Casals, Arnaldo Donoso y otros/as).

Indagar acerca de los fundamentos que provocan las inquietudes ecológicas, es decir, la revaloración moral, material, estética y afectiva de la Tierra en su conjunto y su cruce con la práctica de la literatura y su crítica, me parece una tarea urgente. Postulamos que el lector no sólo debe captar las virtudes estrictamente literarias, plásticas, existenciales y de otra índole de las obras, sino que además debiera contribuir de un modo eficaz a la formación de una nueva ética ambiental a través de la lectura literaria. Solo un nuevo lector promoverá la protección de todas las formas de vida y ecosistemas sean estos humanos o no humanos.

Notas

1. Esta investigación forma parte del Proyecto regular de la Universidad del Bío-Bío Nº 143425 4/R.

2. El Informe Brundtland, titulado “Nuestro futuro común”, ha sido una de las grandes contribuciones a la ecología. Efectuado por la noruega Gro Harlem Brundtland, estableció las bases del desarrollo sustentable en el mundo. En honor a sus grandes méritos, Gro Harlem fue nombrada (2007) por la ONU uno de los tres “Enviados especiales para el cambio climático”, junto al ex presidente de la República de Chile Ricardo Lagos Escobar y al ex canciller de Corea Han Seoung-Soo.

3. En la poesía chilena canónica Carlos Pezoa Véliz fue el primer poeta del siglo XX que utilizó elementos ordinarios y de la cotidianeidad, resultando, de este modo, un ilustre precedente de las odas y de la antipoesía de Nicanor Parra, quien, en el mismo año de las primeras odas (1954), publica Poemas y Antipoemas.

4. Conviene señalar que para realizar este trabajo se tomó en cuenta una edición posterior en la que se incluyen estos “ecopoemas”. Nos referimos a Poesía política (1983). La primera versión de Ecopoemas de Nicanor Parra vio la luz en 1982, en forma de plaquette, en Valparaíso.

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